UN RESPETO POR JOSEPH BERNA

Joseph Berna

El gran José Luis Bernabeu López

El rey del punto y aparte. Del humor surrealista. Del erotismo gratuito.

Todas estas lindezas, y alguna peor, se han dicho en muchas ocasiones sobre Joseph Berna, un incomprendido autor, del que por supuesto cada uno tendrá su propia opinión personal sobre su calidad literaria, pero lo que desde luego sería injusto es negar que amaba profundamente lo que hacía, hecho que para mi le hace merecedor del mayor de los respetos. Su única pretensión como escritor fue la de entretener a los lectores de una época que hoy nos parece lejana, y disfrutaba haciéndolo.

¿Hay algo malo en ello? Yo creo que no.

Lo primero que quiero dejar claro es que este blog tenía desde hace tiempo una deuda pendiente con Joseph Berna, y el único motivo por el que no ha aparecido antes esta reseña es porque decidí esperar a la publicación por parte de A.C.H.A.B de un volumen recopilatorio del escritor, principalmente por dos motivos:berna portada_mundo_berna_blog

  • El primero es para dar la oportunidad a cualquiera que lea esta reseña de descubrir a Berna gracias a la cuidada edición que nuevamente nos facilita A.C.H.A.B.
  • El segundo, y probablemente el más importante para mí, porque en dicho recopilatorio se incluye una introducción de Andres Ramón Pérez Blanco, el mejor defensor posible de la obra de Berna, y la persona que desinteresadamente me facilitó la ocasión para contactar con el escritor. Creo sinceramente que era de justicia que lo primero que se publicara sobre Joseph Berna saliera de su mano, pues es imposible encontrar a otra persona que le profese mayor cariño y admiración.

joseph berna stellaJoseph Berna es uno de esos escritores que se incorporaron al mundo de la novela popular en una época tardía.

Hagamos un ejercicio de objetividad, y reconozcamos que lo que las editoriales exigían en aquellos años a los autores es que ofrecieran al lector lo que quería leer; que lo entretuvieran sin ningún tipo de pretensión artística. No es poca cosa. Es más que probable que los editores hubieran despedido sin piedad al mismísimo Shakespeare por considerarlo aburrido para el lector, mientras que escritores como Joseph Berna resultaban perfectos, pues su estilo sencillo y directo sabía conectar con los gustos de la época.

El problema actual es que el moderno aficionado al bolsilibro tiene por lo general un perfil que nada tiene que ver con el original de los años 70 y 80, momento en el que Joseph Berna fue sin duda uno de los reyes de la novela popular, como lo demuestra el hecho de que fuera objeto de constantes reediciones.

Por lo que yo conozco, el perfil medio del actual coleccionista de bolsilibros corresponde a una persona muy culta, que busca desesperadamente joyas literarias ocultas entre miles de títulos; quiere encontrar autores de culto entre la multitud que alimentaba este auténtico universo literario. Rebusca –yo el primero- entre miles de páginas referencias literarias, cinematográficas, influencias culturales varias: en resumen, tiende a intelectualizar algo que en su origen no tenía ninguna pretensión más allá de entretener.

Joseph Berna CondeHugoEs por esto que actualmente todo el mundo centra su atención en Curtis Garland, Peter Debry, Silver Kane, Cliff Bradley, y muchos otros escritores que destacaban por una calidad que les hubiera permitido una carrera literaria más convencional, y se desprecia en cierta forma al resto de autores. Y entre estos autores menospreciados   –no por todo el mundo, afortunadamente- se encuentra José Luis Bernabeú López, alias Joseph Berna, que por cierto fue el único seudónimo empleado por el escritor.

Les invito desde aquí a descubrir al auténtico Joseph Berna, una persona entrañable, que me ha facilitado personalmente toda la información que figura en este artículo, con una amabilidad y paciencia que no me cansaré nunca de agradecerle. Ojalá sirva para que lo vean como lo que es: una excelente persona con un sentido del humor extraordinario, que tan sólo quiso probar suerte en la literatura, y vaya si lo consiguió.

José Luis Bernabeu López nace el 16-05-1946, en Xàtiva (Valencia). Sus padres, José Bernabeu, propietario de una peluquería de señoras y Rafaela López, una modista, proporcionaron una infancia al autor de la que no guarda en su memoria nada más que buenos momentos.

Cursó sus primeros estudios en un colegio llamado “La Ferroviaria”, de grato recuerdo para Jose Luis, tanto por el Centro en sí, como por Doña Consuelo, la maestra, una encantadora mujer que le llamaba “tragalibretas”, porque terminaba muy rápido las muestras que le ponía y las libretas le duraban muy poco. Todo un entrenamiento para su futuro como escritor, donde llegaría a verse obligado a escribir más de una novela a la semana.

Con 11 años ingresó en el Instituto de Enseñanza Media “José de Ribera”, para hacer el Bachillerato. Con 14 años su familia se trasladó a vivir a Elche (Alicante), y desde allí, a los 16 años, a Valencia, donde reside desde entonces.

En los últimos meses de su estancia en Elche (con 16 años), consigue un empleo en el Despacho Central de la RENFE, como aspirante administrativo. Ya en Valencia, continua en la misma empresa, donde poco a poco va ascendiendo de categoría: auxiliar administrativo, oficial de 3ª, oficial de 2ª…

Desde muy corta edad, como la mayoría de los niños de entonces, se aficionó a los tebeos (ahora llamados “cómics”). Recuerda perfectamente haber coleccionado “El Guerrero del Antifaz”, “El Capitán Coraje” y “Vendaval, el capitán Invencible”. Leía números sueltos de “Purk, el hombre de piedra”, “El Capitán Trueno”, “El Cachorro”, “El espadachín enmascarado”, “Roberto Alcázar y Pedrín”, “F.B.I.”, “Hazañas Bélicas”…

Con 9 años compró su primera novela de quiosco. Una novela de ciencia-ficción de la que no recuerda el título, pero sí el autor: Clark Carrados. Trataba de un marciano que llegaba a la Tierra con malas intenciones y causaba estragos con su arma, una “lámpara vital”. Le impactó de tal manera que es más que probable que esta fuera la génesis se su futuro como escritor.

Desde entonces se convirtió en un lector compulsivo. Recuerda de modo especial la colección “Historias” de la Editorial Bruguera, porque tenían viñetas y era como leer novela y tebeo a la vez. Aún conserva 7 ejemplares de la colección como un pequeño tesoro, aunque un poco deteriorados por el paso del tiempo.

Su segunda afición es la música. A los 14 años empezó a tocar la guitarra, gracias a la ayuda de su tío (que además era su padrino). Recibió también algunas clases de solfeo, hasta que más adelante, con casi 18 años, entró a formar parte del grupo “pop” valenciano “Los Mikel’s”, como guitarra rítmica. De esta aventura musical, que duró dos años, guarda el autor cientos de anécdotas que le servirían para escribir más adelante (en 1986) un libro que por el momento no ha sido publicado, pero en el que al parecer el autor ha podido dar rienda suelta al humor que caracteriza toda su obra.

Para explicar cómo llegó a convertirse en escritor, nada mejor que las propias palabras del autor:

Un buen día, con casi 25 años y sin saber exactamente por qué, me pregunté si yo sería capaz de escribir una novela. Había leído ya algunas de Keith Luger, Silver Kane, Lou Carrigan, Curtis Garland… Todas ellas me gustaron, independientemente del género.

Decidí probar con una novela policíaca, pero que resultara humorística, porque era lo que iba con mi carácter. Y empecé a escribir. Un folio, dos, tres… ¡Demonios!, aquello me gustaba. Me lo estaba pasando muy bien y continué. Cuatro, cinco, seis… Los folios se iban llenando y yo me estaba divirtiendo.

Casi sin darme cuenta, llegué hasta el final. Entonces le puse el título a lo que había escrito: “La misteriosa Stella”. Tan satisfecho me dejó, que empecé inmediatamente otra, sin pensar siquiera en enviar mi primera novela a alguna editorial. Solo me interesaba saber si yo sería capaz de escribir una segunda novela con el mismo estilo: humor, mucho humor.

Así nació “El club Vampiro”, policíaca también. Y después cambié de género: quería saber qué tal se me daba la novela del Oeste. Disfruté igualmente escribiendo “Mexicanas a granel”.

Ye tenía tres novelas escritas y seguía sin animarme a enviarlas a una editorial. ¿Temía, tal vez, que les pareciesen demasiado disparatadas…? Quizá, así que empecé mi cuarta novela, también del Oeste: “Un escocés en Texas” ¡Y más disparatada todavía!

Finalmente, cediendo a la presión de familiares y amigos (me repetían que no perdía nada enviándolas a una editorial, que el “no” ya lo tenía si no las mandaba), me armé de valor, las metí las tres en un sobre y las envié a la Editorial Bruguera de Barcelona. Fue a últimos de septiembre de 1972.

Mientras esperaba la respuesta, continué con el escocés y su gaita, tan tranquilo, porque        estaba casi seguro de que me iban a devolver los tres originales. Eso si no los habían echado ya a la papelera. Por fortuna, no fue así y a últimos de noviembre recibí una carta comunicándome que el informe de la Asesoría Literaria había sido favorable y me los iban a publicar. Y además me pedían que les enviara un nuevo original cada mes a partir de entonces.

Leí la carta una y otra vez, con unos ojos como platos, porque no me lo podía creer. Y la besé una docena de veces, por lo menos. Estaba loco de alegría.

Y así fue como me convertí en escritor.”

Joseph Berna asesinoDe este modo, alguien que no había tenido ninguna experiencia previa como escritor, se convirtió de la noche a la mañana en uno de los pilares de las colecciones de quiosco de la editorial Bruguera. Su estilo directo, y sobre todo su humor disparatado, fue acogido con entusiasmo por el público de la época, que de forma fulminante le convirtió en uno de los autores más vendidos de la editorial.

La información que tan generosamente me ha facilitado José Luis Bernabeú nos permite conocer un poco  mejor el funcionamiento de Bruguera en esos años.

El contrato tipo con Bruguera era el siguiente: no había sueldo fijo para los escriotres. Al aprobar una novela y destinarle colección, la editorial pagaba un anticipo de 4.500 pesetas (unos 27 euros), de los que se descontaban un 7,5% en concepto de impuestos, por lo que el giro postal que finalmente ingresaban al autor era de 4.162,50 pesetas. Un par de meses después de la publicación de la novela, la editorial enviaba una declaración de tirada y la liquidación correspondiente, junto con otro giro postal. Al autor le correspondía un total del 5 % recaudado según la tirada. Lógicamente, a mayor tirada, mayores ingresos. Un malpensado podría pensar que la editorial tuviera la tentación de adelgazar las cifras reales de tirada para pagar menos a los autores, lo que hace muy complicado saber cuantos ejemplares de cada novela se vendían  en realidad.

El período de cesión de los derechos a favor de la editorial era de 10 años. Una vez transcurrido este periodo, los derechos volvían a ser del escritor.

Ya sé que cualquier lector joven que lea esto pensará que se les pagaba una miseria, pero para haceros una idea de lo que vendrían a ser hoy en día 4.500 pesetas, haciendo una simple actualización a precios constantes, equivaldrían a 300 €, y hay que tener en cuenta que los niveles de precios de los bienes comunes eran muy inferiores a los actuales (los salarios han crecido a un ritmo muy inferior que los precios), por lo que podemos decir que este trabajo no estaba nada mal pagado, pero ojo, a costa de trabajar a destajo.

Saber cuanto se cobraba finalmente por novela es bastante más complicado, por lo ya comentado anteriormente acerca de las tiradas. Suponiendo una tirada media de 25.000 ejemplares, que considero probable, a un precio de 10 pesetas, que es el precio de venta de los primeros años en que publicó Berna, el autor acabarían recibiendo 1.390,00 € actuales por cada novela. Esto no son más que estimaciones, con el único fin de hacernos una idea de lo que se cobraba por aquel entonces.

Un dato muy interesante es el número de novelas que se le exigía a los autores por mes, cosa que lógicamente variaba mucho dependiendo del escritor. A los escritores más vendidos se les intentaba exprimir al máximo, y luego se tenía en cartera a otros autores a los que se les aceptaban títulos a un ritmo más suave, que servían para rellenar huecos cuando hiciera falta.

La editorial enviaba todos los años a cada autor una lista del número de novelas que debían entregar el siguiente año, especificando también de qué géneros. Si el autor tenía buenas ventas, al año siguiente se intentaba incrementar el número de títulos a entregar.

En el caso de Joseph Berna, al principio de su carrera se le exigía un original cada mes. Poco después, dos por mes, más adelante, tres, y luego, cuatro. En enero del año 1983, le pidieron seis originales al mes. El escritor les advirtió que veía muy difícil escribir 72 novelas al año, pero insistieron y se comprometió a trabajar incluso domingos y festivos, y quedarse sin vacaciones. A pesar de todos sus esfuerzos, sólo pudo escribir 61, por lo que al año siguiente, volvió a los cuatro originales mensuales. Era su límite, no podía abarcar más. Pido al lector que se imagine lo que tiene que ser escribir 61 novelas en un año, por mucho que sean “novelitas” de 100 páginas, y luego se replanteen su opinión sobre la calidad de los libros.

De hecho, desde prácticamente el principio de su carrera como escritor, Joseph Berna se dedicó en exclusiva a la literatura; al principio, porque lógicamente tardaba más tiempo en finalizar cada obra, y después porque la editorial fue incrementando el número de obras exigidas al mes.

Otro interesante aspecto de la editorial era su política para fomentar la competencia entre sus propios escritores. Durante los primeros años en que Berna empezó a trabajar para Bruguera, la Asesoría Literaria de Bruguera calificaba las novelas cuando las aprobaba: con una A si le parecía muy buena, con una B, si la consideraba buena y con una C, si la veía simplemente aceptable. También, durante algunos años, la editorial otorgaba un primer premio de 1.000 pesetas a la mejor novela del mes, y un segundo premio de 500 pesetas a la novela que le seguía en méritos. En la hoja de calificaciones, en el apartado Observaciones, se notificaba si la novela había sido premiada.

La primera novela de Berna que resultó premiada con 500 pesetas fue la quinta que escribió: “La ley descansa en Miami”, cuando todavía no había salido ninguna de sus anteriores obras a la venta. Este hecho alegró muchísimo al escritor, más que por la cuantía del premio, por el estímulo que significaba para él para continuar su carrera.

Más adelante consiguió dos primeros premios con las obras: “Los hermanos Dinamita” y “Un neoyorquino en Arizona”, y seis novelas más consiguieron el segundo premio, hasta que la editorial decidió eliminar esta política de incentivos.

Respecto a la relación que existía entre los escritores de novela popular, existe una leyenda que afirma que Bruguera hacía todo lo posible para que sus autores no se conocieran entre sí, con el fin de evitar que empezaran a comparar sus contratos, o que se organizaran entre ellos para solicitar mejoras salariales. Según la experiencia  del propio Joseph Berna, esto debía ser cierto, pues según cuenta personalmente, sólo ha llegado a conocer porr teléfono a Frank Caudett, Lou Carrigan y a Lem Ryan, en todos los casos después de que Bruguera echara el cierre.

Pero como suele suceder, el destino hizo que Joseph Berna sí que se pusiera en contacto con uno de sus colegas de profesión: Adam Surray, autor con el que 30 años después mantiene una gran amistad. Para entender comó se conocieron, nada mejor que las propias palabras del escritor:

“Es una anécdota muy curiosa. A primeros del mes de enero de 1975, recibí una carta de Bruguera indicándome el número de originales y de qué género tenía que mandar ese año. Me di cuenta, sin embargo, de que el destinatario de la carta no era yo, sino José López García, también de Valencia. Yo no sabía quién era, pero ese mismo día recibí una llamada suya. Se presentó y me dijo que él había recibido una carta destinada a mí. Por la Asesoría Literaria averiguó mi número de teléfono. Aclarada la confusión, quedamos en vernos y recibí su visita. Ahí nació una amistad que se fue agrandando con el tiempo, y que todavía perdura. Es uno de mis mejores amigos, sin duda alguna. Gran persona y excelente escritor. Le admiro sinceramente.

Y sí, nos veíamos a menudo y charlábamos mucho por teléfono también, comentando cosas de la editorial. Tiradas, portadas, contratos…Y nos seguimos viendo con regularidad, naturalmente.”

Personalmente puedo dar fé –pues he tenido la suerte de hablar con ambos-  que los dos se profesan admiración mutua, y sobre todo, un cariño sincero que a mí al menos me ha conmovido.

En 1996, unos años después del cierre de Bruguera, tras escribir otras 11 novelas del oeste para ediciones B, Joseph Berna dio por finalizada su carrera como escritor de novela popular, aunque escribiría dos obras más: una novela larga exclusivamente de humor titulada “La gran semana” y “Acordes de Juventud”, la biografía musical de su grupo de juventud, Los Mikel’s, época que el escritor recuerda con especial cariño.

Joseph Berna Operacion riñones al jerezUno de los aspectos más polémicos entre los aficionados a la novela popular acerca de Joseph Berna es el constante uso del humor en su obra, con independencia del género en el que se moviera. Ya desde muchos de los títulos de sus novelas se podía adivinar el gamberro tono de sus novelas: “A mi no me tosas, Pancho”, “¡Desenfunda, lentorro!”, “El espía que surgió de la cama”, “Soy un agente, sí…pero de seguros” u “Operación Riñones al Jerez” son sólo algunos de los múltiples ejemplos que pueden encontrase en su obra en este sentido.

Pues bien, para mí, este es precisamente el aspecto en el que destaca Berna, no sólo como autor, sino como persona, y lo que le diferencia del resto de escritores que inundaron en su día los quioscos con sus obras. Este uso del humor más cachondo y gamberro también le convirtió en un fenómeno dentro de la literatura popular de los años 70 y 80.

Hay gente que opina que el escritor no se tomaba en serio su trabajo por este constante uso del humor, incluso dentro de géneros tan ajenos a ello como el terror. Nada más lejos de la realidad, y sobre este polémico asunto se manifiesta el propio autor:

“El hecho de que el humor fuera la base de todas mis novelas, me obligaba a esforzarme al máximo para no defraudar a mi público. Ya lo tenía y sabía lo que esperaba de mí. Soy consciente de que son muchos los lectores que prefieren la novela seria, incluso dramática, y tienen muy buenos autores que les ofrecen eso. Pero también son muchos los lectores que prefieren la broma, la diversión, reírse con cualquier situación… “

La existencia de escritores como Cervantes o Curtis Garland es imprescindible, pero también la de los Joseph Berna que viven a la sombra de los más grandes, pues como muy bien dice el propio escritor, parafraseando a su admirado paisano Luis Sánchez Polack “Tip”, “la vida son cuatro días, y ya han pasado dos”.

En resumen, un escritor al que considero obligado dar una nueva oportunidad, leyéndole sin prejuicios, y simplemente intentado disfrutar de su característico sentido del humor, a veces surrealista, que le diferencia del resto de autores. En la vida tiene que haber tiempo para el arte con mayúsculas, pero también para la simple diversión.

Así que mi recomendación es que aquellos lectores que hasta ahora se han guiado única y exclusivamente por los comentarios de otros aficionados, den una oportunidad al escritor para poder formarse una opinión propia. Si sabéis entender su humor y lo disfrutáis, bienvenidos, y si no os entusiasma, pues fenomenal, pero por favor, un respeto por Joseph Berna, autor de casi 400 títulos que hicieron disfrutar (y leer, no lo olvidemos) a miles de personas, cuyos gustos eran muy diferentes a los de hoy en día.

Por mi parte desde esta página le quiero mostrar mi afecto como persona, y mi respeto y admiración por su larga y fructífera carrera como escritor.

Muchas gracias, Sr. Bernabeu.

Muchas gracias, Mr. Berna.

Y punto.

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13 comentarios en “UN RESPETO POR JOSEPH BERNA

    • La verdad es que espero que la gente empiece a mirar de otra manera la obra de Berna. Hay que situarse en la época en que se escribían, y en las condiciones en las que lo hacían, con plazos de una semana. Si sólo conseguimos que alguno de estos escritores vean que hay gente que admira su labor, de algo habrá servido el blog. Y Berna lo merece por partida doble, como escritor y como persona. Un saludo, amigo.

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    • Muchísimas gracias por tu comentario. Ya quisiera yo que este humilde blog sirviera para dar una pequeña alegría a los autores de los que se habla, o a sus familiares y conocidos. La verdad es que cada vez que me escribe alguno de ellos me emociona, y supone mi principal motivación. Mucha es la deuda que tiene el mundo de la cultura con ellos, y la pena es que la gran mayoría no podrán cobrarla.
      Un saludo.

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    • Pues no tenía conocimiento, pero viendo por internet, es un periodista nacido en 1975 que escribió esa novela como homenaje precisamente al mundo del bolsilibro. Sería curios leerlo. Un saludo y gracias por comentar

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  1. Pues eso de que es un autor menospreciado, me suena mucho a prejuicio, casi casi, racismo. Yo cuando lo leí, hace aproximadamente 35 años, me pareció, y me parece, un autor merecedor del mismo nivel que todos los que escribían en esas añoradas novelitas (como las llamamos en nuestra familia) cuando pensaba (nunca les he preguntado a mis hermanos al respecto) que todos ellos eran autores americanos o británicos, tal vez franceses, pero autores al fin y al cabo, parafraseando al gran Asimov: “Sin embargo, mi padre (que poseía elevadas teorías) estaba convencido de que un escritor —término en el que incluía a cualquiera con un manuscrito— sería tratado con el respeto debido. (Asimov, Selección 1, 1975)”, teoría, mas bien certeza, que mi padre compartía completamente, por lo cuál todo autor era, y es, merecedor del respeto que como tal merece. En lo particular me fascinaban sus novelitas, recuerdo especialmente una titulada “La reina del sistema Uta” título que, en México (¿en España tambien?) era mucho mas que hilarante debido a la similitud fonética con el nombre de la “profesión mas antigüa del mundo” y de la cual hicimos tantas bromas porque la reinita, muy joven e inexperta para gobernar era, citando lo que recuerdo de la novela: “muy joven y muy ingenua para alguna cosas, claro, porque para incitar a hacer el amor a un hombre, se las pinta sola…” Así que el Señor Don José Luis Bernabeu era, es, y será uno de los recuerdos que mas gratamente conservo. Además de haber tenido el honor de hacerselo saber ahora que aún está con nosotros.
    Dr. Ing. Manuel Yáñez Guerrero.

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    • Querido amigo, cuando digo que ha sido un autor menospreciado me refiero a que por su peculiar estilo, cargado de humor, provocaba malentendidos en algunos lectores que consideraban que no se tomaba en serio su trabajo, cuando resulta ser todo lo contrario. Su padre por otro lado tenía toda la razón del mundo. Un fuerte abrazo, y gracias por su comentario.

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      • Bolsilibrosmemoria:
        Por supuesto que no me referia a que la opinión fuera suya, me refiero a que, especificamente en la época en que se les dio difusion en México, no fue en lo que en España llaman quioscos, fué en tiendas de autoservicio (los llamados “supermercados” aquí en México en esa época, no sé como les llamen en España, es mas, ni siquiera sé si hay un equivalente allá) y el nivel cultural de la gente que usaba esas tiendas, en aquel entonces, a mediados de la década de los 70’s, no era, ni por asomo, tan bajo como lo es en la actualidad (esto aplica en México y Estados Unidos, que es dónde yo vivo y trabajo), era una clase mas conciente del civismo, y por ende, menos dada a ser menospreciante a la oferta de lo que había en esa época, tanto en alimentos, artículos de uso diario y, obvio, en literatura, teatro y cine. No menciono la T.V. porque a mi punto de vista, desde ya aquellos lejanos tiempos del siglo pasado, cuando era un imberbe jóven de menos de 20 años, me ha parecido solo un medio de manipulación de masas, el equivalente moderno de aquel “Al pueblo pan y circo” de los antigüos romanos.
        En resumen:
        El nivel cultural era realmente cultural, no como en la actualidad en que por cualquier cosa sacan lo peor de cada quién, y el hecho de menospreciar a alguien por algo que no les gusta, es una forma de hacerse notar (o al menos tratar de) entre la enorme y enmarañada red que es actualmente la internet.
        ¿Si queda claro el punto? El mencionado menosprecio es una noción actual, no de cuando se publicaron originalmente.
        Atentamente.
        Dr. Ing. Manuel Yáñez Guerrero

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      • Tiene más razón que un santo en lo referente al cambio cultural de la época de auge del bolsilibro con la actual. Lo curioso es que el aficionado de hoy en día a la novela popular suele ser -por lo que yo conozco-, gente con multitud de intereses culturales, que ven esta literatura con la importancia que merece.
        Un fuerte abrazo a todo México. Desde aquí hemos seguido con preocupación todas las noticias de estos últimos días.

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  2. Bolsilibrosmemoria.
    Gracias por la atención a la situación de mi país natal. En lo personal, a pesar de los huracanes en el mar del Golfo en Florida y el terremoto en la Ciudad de México, nos encontramos bien, tanto familiares y amigos en México, EU y Puerto Rico. Gracias otra vez.
    P. D. No respondí antes debido a que viajé a México para saber en persona de la situación, Graciasde nuevo.

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