Harry Stephen Keeler, el Ed Wood de la literatura de misterio

Keeler

Harry Stephen Keeler,   ¿Loco o genio?

Ha llegado el momento de recordar a este olvidado y peculiar escritor, nacido claramente en una época que no le correspondía, pues su estilo narrativo, cercano al surrealismo, fue completamente incomprendido en su momento, con un público poco dispuesto a aceptar las rarezas que suponían sus relatos policiacos, que buscaban a toda costa sorprender al lector, olvidándose a veces de la coherencia narrativa, con un estilo muy cercano al dadaísmo, corriente artística que difícilmente podía asociarse con éxito a la novela policiaca. De hecho, en mi opinión el primer error es encasillar a Keeler como un escritor de novela policiaca, cuando su estilo y temática van mucho más allá del género.

Su peculiar estilo narrativo y sus extravagantes argumentos han hecho que se le compare de forma despectiva con Ed Wood, el mítico director de cine cuyas películas son tan malas que acaban resultando atractivas para un selecto público. En mi opinión esta comparación no es muy acertada, pues si bien es cierto que la escritura de Keeler es bastante burda, la verdad es que es efectiva, y sus carencias formales se ven compensadas sobradamente con la desbordante imaginación de sus planteamientos.

Keeler legsEl autor cuenta además con una muy curiosa relación con España, que explicaré un  poco más adelante.

Harry Stephen Keeler nació el 3 de Noviembre de 1890 (el mismo año que Agatha Christie) en Chicago (el Londres del Oeste, como él mismo la llama), ciudad donde pasó su infancia y donde están ambientadas gran parte de sus novelas, aunque también empleó Nueva Orleans, o Nueva York como escenario, así como ciudades imaginarias. Su padre era un mago de profesión que murió cuando Keeler contaba con apenas 5 años. Esta situación provocó que su madre, que volvió a casarse en otras tres ocasiones, enviudando cada una de ellas, se viera obligada a convertir su hogar en una casa de huéspedes, lo que hizo que Harry creciera rodeado de agentes comerciales y actores de vodevil que aparecían y desaparecían de su vida dejando supongo que no pocas anécdotas interesantes que emplear en sus futuros relatos.

En esas circunstancias transcurrió su juventud, en la que a edad muy temprana ya sintió la llamada de las letras, hasta que, cuando cumplió los 20 años, su madre lo internó por motivos desconocidos en un manicomio donde permaneció casi un año entero.

keeler novelspectaclesEsta experiencia despertó en el escritor un gran interés por las enfermedades mentales, una auténtica obsesión por la existencia de personas cuerdas ingresadas en este tipo de establecimientos, y una absoluta antipatía hacia la profesión psiquiátrica que manifestaría de forma expresa en algunas de sus obras. Tras salir del manicomio, Keeler se graduó y comenzó a trabajar con sus 22 años como electricista en una fundición de acero, mientras dedicaba las noches y los fines de semana a escribir historias cortas para algunas de las múltiples revistas pulp que inundaban las calles de Estados Unidos en esos años.

El hecho de lograr la publicación de estos relatos cortos en revistas pulp aumentó su convicción de que algún día conseguiría dedicarse en exclusiva a la literatura, a la vez que se convirtió en su mejor escuela para pulir su escritura. El escritor mantuvo a lo largo se su vida una concienzuda relación de los relatos y novelas que escribió, y el dinero que obtuvo de cada una de ellas. Dicha relación puede consultarse adentrándose en la página web de la “Harry Stephen Keeler Society”, una de esas maravillosas locuras que hacen que el mundo valga la pena. De esa magnífica  página he obtenido una gran parte de los datos bibliográficos que figuran en este artículo.

Keeler sparrowsEn 1919 se casó con la también escritora Hazel Goodwin Keeler, que por aquella época escribía bajo el seudónimo de Victoria Grey una sección de consejos femeninos en el Chicago Lodger. Con ella formaría  una interesante pareja literaria, figurando ambos como coautores de varios de los libros que de forma tradicional se adjudican exclusivamente a Harry (“El caso Jaarvik”, “El caso del reloj ladrador”, “El testamento extraño” o “The case of the two-headed idiot” por citar algunos). En muchos de los libros que publicó con posterioridad al matrimonio, comenzó a intercalar relatos de su mujer con los suyos propios, en ocasiones sin ninguna necesidad para el desarrollo de la trama.

La primera obra que escribió Keeler fue “A telescopic romance” (1910), un relato de 2.700 palabras que no fue nunca publicado, pero que recicló posteriormente como un relato intercalado dentro de su obra “Y Cheung, Business Detective”, publicada en 1938.

Entre 1911 y 1912 no existe constancia de ningún texto suyo, debido a su ya mencionado ingreso en un sanatorio mental.

Tras salir de su misterioso encierro, en 1913 Keeler escribe 7 relatos, de los cuales consigue vender (por 6 $ para ser exactos) ese mismo año uno llamado “The spender”, del que lamentablemente poco se sabe.

A partir de ese momento comienza a escribir a un ritmo mucho más elevado, animado porque cada vez consigue publicar su obra con mucha más facilidad (en 2014 escribe 22 relatos, de los cuales consigue vender 20 a revistas pulp de la época, del tipo de Black Cat, Argosy o Young´s Magazine).

Entre esa primera producción de Keeler, conviene hablar del cuento futurista John “Jones” Dollar, una interesante historia de ciencia ficción matemática publicada en el nº de Agosto de 1915 de “The Black Cat magazine” en la que se especula sobre los efectos de los intereses acumulados a larguísimo plazo, escrita en un momento (antes del crack de 1929) en el que esta teoría parecía factible. En este cuento, un hombre invierte un dólar, cuyo importe crece y crece gracias a los intereses acumulados, hasta que cientos de años después el exorbitante importe resultante es empleado para fundar una utopía socialista. Una idea que por cierto ha sido empleada con posterioridad –en tono de humor, eso sí- por Douglas Adams en “El restaurante del fin del mundo”.

Keeler murder mathematiciansLos motivos por los que destaco este relato –una ficción matemática- son, primero, porque se puede encontrar como complemento del libro del autor “La cara del hombre de Saturno” publicado por Fórum en 1984 en la colección Círculo del crimen; y segundo, porque me resulta interesante que en obras posteriores del autor las matemáticas tendrán un importante protagonismo en la historia (“El caso del reloj ladrador”, “El matemático asesinado”…). De hecho, cuando el autor explica su método para estructurar una novela (webwork, como lo llama él), parece que nos encontremos ante la explicación de un problema matemático.

Una de las principales características del escritor, sobre la que volveré más adelante, era la de “reciclar” sus relatos cortos publicados en su primera etapa como escritor, bien ampliándolos para transformarlos en novelas, o bien integrándolos dentro de una novela, como parte de la habitual estructura del autor de “cuentos dentro de cuentos”. En bastantes libros de Keeler la excusa para contar alguno de estos relatos independientes de la trama principal es que alguno de los personajes abría un libro, y se ponía a leer. Cuando termina el relato en cuestión, que no tiene nada que ver con el desarrollo de la novela, cierra el libro, y continúa la historia principal.

Keeler Judias spoilerLa primera novela del autor, escrita tras haberse curtido en el mundo del pulp durante más de 10 años, fue “La voz de los siete gorriones”, que apareció en 1924 en el Reino Unido, país donde publicaría varias obras más antes de conseguir publicar en Estados Unidos “Hallad el reloj”, en 1927. No he conseguido información sobre el motivo por el que el primer país donde consiguió ser publicado fuera Inglaterra, pues que yo sepa nunca vivió allí, pero es posible que algo tuvier que ver Adolph Kroch, un librero de Chicago al que Keeler dedicó uno de sus libros diciendo que a él le debía la publicación de la mayoría de sus obras publicadas en Estados Unidos y Gran Bretaña. En otra de sus obras aparece otra dedicatoria a una tal Tía Laura B. Jones, “con mi agradecimiento por sus primitivos esfuerzo hechos para que yo me hiciera escritor de novelas en vez de capitán de industria“.

Algunas de las dedicatorias de Keeler son por cierto antológicas, y yo me quedo personalmente con una dirigida a su gato (era un gran amante de los gatos)  Hi-Diddle-Diddle: “mi pequeño gato siamés, que se rompió el espinazo en una puerta giratoria cuando sólo tenía cuatro meses, y no volvió a crecer. Pero enano como es, y paralítico como está de sus patas traseras, corre más deprisa que yo, gatea mejor que yo, y, a juzgar por sus continuos ronroneos, que hieren los oídos, debe de ser mil veces más optimista y filósofo que yo creo con agrado que soy

Entre este año (1927) y 1942, etapa a la que pertenecen sus mayores éxitos, Keeler publicó 37 novelas para la editorial Dutton, alcanzando una notoriedad que permitió que se rodaran dos películas basadas en su obra: “Sing Sing Nights” (1933) y “The Misterious Mr. Wong” (1935), con un Bela Lugosi en el ocaso de su carrera, que no es más que la adaptación del segundo relato que aparece en “Noches de Sing Sing”.

Justo en este periodo, Keeler alternó su labor como escritor con un trabajo de editor en “Ten Story Book”, una popular revista pulp que incluía fotos de mujeres sexis ligeritas de ropa, y en la que el matrimonio Keeler participaba con pequeños relatos humorísticos de Harry, y con ilustraciones a cargo de Hazel.

Por cierto que Keeler también aprovechaba la revista para hacer publicidad de sus novelas.

A partir de 1942 la popularidad del escritor comenzó a decaer, motivo por el que Keeler pasó a publicar para la editorial Phoenix Press, con mucho menos éxito que en su etapa anterior. Su última novela se publicó en los Estados Unidos en 1948, y en el Reino Unido en 1953 (“Stand By, London Calling”). A pesar de todo, el autor siguió escribiendo de forma regular, como veremos un poco más adelante.

Keeler ejuguetesEn 1960 fallece su mujer Hazel, su compañera en el ámbito personal y profesional, sin que hubieran tenido hijos, lo que hizó que el escritor se hundiera en una fuerte depresión que hizo que dejara de trabajar durante casi tres años, hasta que en 1963 se casa con Thelma Rhinaldo, su antigua secretaria, una mujer con la que a mediados de los años 20 mantuvo una relación amorosa que provocó que estuviera a punto de separarse de Hazel. Tras estas segundas nupcias, recupera la ilusión por escribir, aún a sabiendas de que ningún editor iba ya a publicar sus libros. No parece que la fama o el dinero fueran nunca una prioridad para este escritor, que hubiera podido encauzar su carrera sin lugar a dudas renunciando a su peculiar estilo, abordando una temática más convencional cuando su popularidad estaba en la cumbre. Prefirió sin embargo ser fiel a sus señas de identidad, aún a costa de ser olvidado.

Con Thelma comparte su vida, hasta que el 22 de Enero de 1967, Harry Stephen Keeler muere en Illinois, dejando 16 obras completas inéditas y otros doce borradores en distinta fase de finalización. Sus restos reposan hoy en día en el Cementerio Rosehill de Chicago.

Keeler Case strangeEl caso de Harry Stephen Keeler es interesante por las similitudes con los escritores de novela popular en España. Vendedor masivo de ejemplares, el autor arrasaba en los quioscos de medio mundo con sus novelas baratas impresas en papel de baja calidad. Durante años, sus libros fueron devorados por miles de lectores de todo el mundo, y su nombre era más que conocido a nivel popular. Sin embargo, a lo largo de su carrera fue perdiendo lectores y mercado, hasta desaparecer casi por completo, hasta el punto que a día de hoy es casi un total desconocido.

Keeler amazing webEn España sus novelas, editadas por Ediciones Reus, gozaron de una gran popularidad. La relación del autor con Reus –una editorial especializada en publicaciones jurídicas, lo que hace todavía más incomprensible que acabara publicando la obra de este autor- fue muy peculiar, hasta el punto de que cuando Keeler ya no conseguía publicar sus obras en Estados Unidos ni en el Reino Unido, logró que se editaran sus últimas obras en España traducidas directamente al castellano: “Yo maté a Lincoln a las 10:13”, “La misteriosa bola de marfil de Wong-Shing Li”,El caso de la mujer transparente” y “El círculo blanco” sólo fueron publicadas en castellano gracias a la mediación de la editorial Reus.

El motivo de esta extraña relación con la editorial Reus podemos encontrarlo en la amistad que el escritor mantuvo con el editor Rafael Reus, al que incluso escribió una carta en la que le indicaba que estaba de acuerdo con publicar en esa editorial su obra siempre y cuando también publicaran una novela escrita por su mujer Hazel. De este modo, en 1948 se publica “Juguetes peligrosos”, de Hazel Keeler, novela en la que la autora traslada a sus personajes la situación real que sufrió su propio matrimonio por la infidelidad de su marido Harry. No he tenido oportunidad de leer este libro, pero según Alberto “Sobórnez” Oyarbide -gran admirador y conocedor de la obra del escritor- no me he perdido gran cosa. Una buena parte de la información que aparece en esta reseña la he obtenido por cierto de un extraordinario artículo suyo que os recomiendo leer íntegramente en http://www.harrystephenkeeler.com/_el_personaje_mondobrutto.html

Keeler cubo carmesíSi hubiera que emplear una única palabra para definir la obra de Keeler, en mi opinión ésta debiera ser “sorpresa”: sus tramas están llenas de giros inesperados y casualidades inverosímiles, con el propósito esencial de desconcertar y sorprender al lector después de haberle planteado situaciones aparentemente imposibles de resolver. Keeler criticó en diferentes entrevistas que la mayoría de los escritores de novelas de intriga de su época intentaban desesperadamente que sus tramas parecieran verosímiles, cuando él consideraba que eran precisamente las situaciones impensables las que debían ser la base de una buena novela. Sus obras están plagadas de coincidencias imposibles y de personajes estrafalarios, en muchas ocasiones extranjeros de países exóticos, personajes con llamativas deformidades físicas o directamente monstruos de feria. Como curiosidad, a modo de firma personal, en casi todas sus obras aparece alguna calavera; en ocasiones como parte importante de la trama; en otros como un McGuffin (un elemento en apariencia importante pero que acaba siendo irrelevante); y en la mayoría de los casos simplemente como un guiño a sus lectores. Algo similar a las fugaces apariciones de Alfred Hitchcok en sus películas, por poner sólo un ejemplo.

Como suele ser habitual en el blog, he creído conveniente añadir a este artículo la reseña de dos de las novelas del autor. Tras serias dudas sobre la elección, me he decantado por “Noches de Sing Sing” (1927) y “Las gafas del Sr. Cagliostro”, sus dos obras más conocidas y probablemente las más convencionales por cuanto que se alejan de las excéntricas situaciones que suelen primar en el resto de sus libros, pero que pueden ser muy representativas como primera toma de contacto con el autor.

Keeler singsingEl original planteamiento de Noches de Sing Sing, que comienza con una dedicatoria del autor a Hazel, es el siguiente: tres respetables escritores de nacionalidades distintas, condenados por asesinato, comparten la misma celda en Sing Sing la noche previa a su ejecución en la silla eléctrica.

Los tres reos (Mc Caigh, estadounidense; Eastwood, inglés, y Krenwicz, ruso) han sido acusados de asesinar al literato Howard Greynell, por un honorable motivo, pues un día le oyeron presumir bajo los efectos del alcohol de mantener relaciones extramatrimoniales con una jovencísima admiradora, menor de edad, a la que engañaba con falsas promesas de matrimonio.

Ahora, acompañados en la celda por Shanahan, el joven guardia encargado de su vigilancia, los tres aguardan, sin remordimiento alguno por el crimen cometido, a que les llegue su turno para sentarse en la silla eléctrica cuando amanezca.

En el correspondiente juicio por asesinato, quedó claro que cada uno de ellos había planeado sin conocimiento del resto asesinar a Greynell, pero la realidad es que a la hora de la verdad sólo dos de ellos cometieron el crimen de forma efectiva, pues el tercero –sin ser consciente de ello- no llegó a disparar su pistola, y al parecer no hay forma de saber cual de ellos fue.

En este punto quiero hacer un inciso para remarcar lo que indiqué al inicio de este artículo sobre la falta de interés del autor por dar verosimilitud a sus historias. Parece claro que bastaría comprobar las armas de los acusados para saber quién disparó el arma, pero ese pequeño detalle no es algo que le quite el sueño al autor, interesado únicamente en plantear una situación intrigante que le permita el posterior desarrollo de la historia. El lector debe aceptar estas incoherencias narrativas para poder participar del juego que ofrece el escritor y disfrutar de este modo del enigma que se nos plantea. Aquellos lectores exigentes que precisan en todo momento de credibilidad no conseguirán nunca disfrutar de la obra de Keener, como probablemente tampoco se sientan atraídos por los géneros de ciencia ficción, fantasía o terror.

Continuando con el resumen de la historia, los reos reciben de forma inesperada la visita del gobernador Willets, que les confiesa apesadumbrado que en su opinión el asesinato de Howard Greynell ha resultado ser un favor para la humanidad, pero la realidad es que a los ojos de la ley dos personas cometieron un crimen castigado con la pena de muerte, y no es posible indultarles. No obstante, hay un tercer condenado que es realmente inocente, y merece la salvación. Al resultar imposible saber cual de ellos fue el que no disparó, el gobernador les propone una extraña solución: les dejará firmada en la celda una hoja de indulto con el nombre del afortunado sin completar. Cada uno de los tres reos deberá inventar una historia, y el guardia Shanahan servirá de jurado imparcial para decidir al final de la noche cuál de ellas le ha gustado más. El autor de la misma será el afortunado indultado.

Este ingenioso planteamiento permite al autor crear una novela con una estructura que se denomina de “Relato enmarcado”, similar a la de “Las mil y una noches” (de hecho en la novela se hace alguna mención expresa a Scherezade) o a “Los Cuentos de Canterbury”, con historias independientes dentro de la trama principal, en un esquema que volvería a emplear en algunas de sus novelas posteriores. De hecho el propio Keeler publicó en 1917 una especie de manual en el que explicaba su técnica narrativa, que él bautizó como Webwork, y en el que explica la composición de las sinapsis de sus libros con unos complejos gráficos. Sinceramente he intentado leerlo (se encuentra de nuevo en la completa página web de la Keeler Society), y he empezado a entender los motivos por los que fue ingresado en un centro mental.

Keeler grafico

Uno de los habituales esquemas de Keeler siguiendo su sistema de “Webwork”

En la propia “Noches de Sing Sing”, Keeler aprovecha un interludio entre el segundo y tercer relato contado por los condenados a muerte para dar una clase magistral de boca de Krenwicz sobre cómo debe armarse la estructura de una novela, de un modo que más bien parece que se esté explicando el desarrollo de una compleja fórmula matemática.

Interludio por cierto en el que el autor expone –también por mediación de sus personajes- unas teorías acerca de cómo eliminar los conflictos interraciales que hoy en día no serían aceptables. Recordemos que la novela se escribió en el primer cuarto del siglo XX.

Es de destacar también como elemento característico del autor que la historia se desarrolla en un espacio cerrado y que transcurre en un breve periodo de tiempo, una noche en esta ocasión (y no es el único caso, pues repetiría posteriormente situación en obras como “Noches de Ladrones” o “Noches del Verdugo”).

Las historias que se cuentan a lo largo de la noche son “La extraña aventura de la mariposa gigante” (Relato de Mc Craigh), “La extraña aventura de las doce monedas de Confucio” (Krenwicz) y “La falta de un eslabón” (Eastwood); tres historias de estilos muy diferentes pero que coinciden en que tienen sorprendentes desenlaces.

Es interesante comprobar la capacidad del autor para pasar de un relato policiaco tradicional –robo de collar incluído- como es “La extraña aventura de la mariposa gigante”, al cuento de ciencia ficción que resulta ser “La falta de un eslabón”, protagonizado por un ingeniero llamado Eustaquio Annesley que, al encontrase de visita en el circo tras sufrir un desengaño amoroso, es víctima de un atentado con una bomba dirigida a otra persona que lo deja al borde de la muerte, siendo su cerebro trasplantado por el doctor Andrev Michaelovitcho y su hijo Boris al cuerpo de un gorila del circo. La historia, que recuerda en cierta forma  a “La metamorfosis” de Kafka, adquiere un interesante tinte de crítica social, desde el momento en que Eustaquio salva su vida a costa de quedar condenado a una humillante existencia al margen de la sociedad, lo que le obliga a buscar refugio en el único lugar del mundo en el que puede vivir: el circo. Un relato completamente espeluznante.

Cuando finalice la noche, Shanahan deberá completar en su papel de jurado el documento de indulto que permitirá vivir a uno de los tres condenados a muerte. Personalmente, si de mi hubiera dependido, yo habría indultado a Eastwood, pero para poder conocer el sorprendente final del libro, no os quedará más remedio que leerlo.

Sinceramente yo recomedaría “Noches de Sing Sing” como obra iniciática para aquellos lectores que no conocen la obra de keeler, por considerarla su obra más tradicional y posiblemente la mejor acabada, aunque desde mi punto de vista es mucho más interesante su obra posterior, que en ocasiones roza el dadaísmo literario, y donde se adentra en el surrealismo policiaco, a costa en ocasiones de perder toda coherencia narrativa. Para que os hagáis una idea, autores como Neil Gaiman (autor del mítico cómic “Sandman” y de novelas como “American Gods”), Phillip J. Farmer (consagrado escritor de ciencia ficción),  o Ken Keeler (sin ningún parentesco con Harry), guionista de los Simpson o Futuroscope, se han declarado admiradores de los libros de Harry Stephen Keeler, y no es difícil apreciar su influencia en algunas de sus obras.

Según las propias palabras de Neil Gaiman, uno de sus mayores admiradores (perdón por mi traducción):

“Mi más oscuro placer es Harry Stephen Keeler. Probablemente sea el más grande de los escritores mediocres que ha dado nunca América. O quizás el peor gran escritor. No lo sé. Hay unos cuantos defectos de los que se le puede acusar, y de los que no es culpable. Pero me encanta.”

Ya he comentado que una de las señas de identidad del autor es su utilización de la estructura de “cuentos dentro de cuentos”, presente en gran parte de su obra, que en muchas ocasiones se encajaban dentro de una trama principal como una mera excusa para introducir diversas historias sin ningún nexo común entre ellas, y que en ocasiones no eran más que “reciclajes” de algunos de sus cuentos que ya habían sido publicados años atrás en revistas pulp, o de historias escritas por su adorada mujer Hazel, mucho más convencionales –y aburridas- que las suyas.

keeler o casoRespecto a Hazel, Keeler no sólo fue el gran amor de su vida, sino que la admiraba sinceramente como escritora. Aparte de integrar como ya hemos dicho un buen número de relatos de su mujer en su propia obra, hay que destacar que uno de estos cuentos llamado “Spangles” le pareció tan bueno, que se convirtió en una auténtica obsesión, hasta el punto que su protagonista, el propietario de un circo llamado Angus MacWhorter -MacW para sus empleados -, acabaría protagonizando ocho de sus novelas, dentro de dos de las cuales se incluyó el relato original íntegro de su esposa, “Spangles”.

La relación de novelas protagonizadas por este curioso personaje son las siguientes:

  • The vanishing Gold Truck (1940) representa la primera aparición de MacWorther (publicada en 1941 en inglés. En castellano Reus la publica en 1951 como “El camión de oro desaparecido”).
  • The case of the Jeweled Ragpicker (1949) (publicada después en 1949 en Inglaterra en una version ampliada con el nombre “The ace of spades murder”, que es como se tituló originalmente el manuscrito cuando lo escribió en 1946. En castellano se publicó por Reus en 1955 como “El caso del Trapero enjoyado”)
  • Stand By, London Calling (1953) (Última novela que se publicó del autor en inglés antes de su muerte. En castellano Reus la publicó en 1958 como “¡Londres al habla!”)
  • The case of the crazy corpse (1953) (Publicada por primera vez traducida directamente al portugués como “O caso do cadaver endiabrado”. Inédita en castellano, se publicó en inglés por Random en 2002).
  • The Circus Stealers (1956) (Publicada por primera vez traducida al castellano por Reus en 1958 como “Ladrones de circos”. No se publicó en inglés hasta 2003, por Random).
  • A copy of Beowulf (1957) (Publicada por primera vez directamente traducida al castellano por Reus en 1960 como “Una versión del Beowulf”).
  • Report on Vanessa Hewstone (1957) (Publicada por primera vez por Random en 2002. Inédita en España)
  • The six from nowhere (Escrita en 1958 y Publicada por primera vez en 2001 por Ramble House. Inédita en España)
  • The case of the two-headed idiot (escrita en 1960, y publicada por primera vez en 2012 por Ramble House. Inédita en castellano)

Keeler cagliostroLa segunda novela que me gustaría comentar es “Las gafas del señor Cagliostro”, mi favorita de las que he tenido ocasión de leer del autor, y en la que se aborda otra de las grandes obsesiones del autor: la enfermedad mental.

El inicio de la novela tiene el siguiente preámbulo que refleja perfectamente la opinión del escritor sobre este tema:

           La misteriosa narración que se desarrolla en las siguientes páginas se ha escrito para aquellos que no se asustan de la franqueza, cuando la franqueza es esencial, y para aquellos que aceptarán la exactitud, aún cuando ésta retrate demasiado a lo vivo algunas de las resquebrajaduras, rotos y manchas de grasa de papel de nuestra pared social. Y también va dedicado este libro a esos generosos y raros individuos que son los mejores de todas las personas buenas: nuestros lunáticos; y en menor medida, a aquellas apacibles ovejas que pacen inofensivas en nuestros pastos científicos: nuestros psiquiatras y psicoanalistas.”

En el desarrollo de la trama, nuestro protagonista acaba ingresado en un manicomio, por motivos que es mejor no desvelar aquí. Este hecho le sirve al autor de excusa para trasladarnos sus inquietudes y pensamientos más profundos sobre el tema de la enfermedad mental, fruto de su propia experiencia cuando estuvo ingresado en un establecimiento similar al de la novela. Los “locos” que conviven en el manicomio con el protagonista son personas quebradas que por distintos motivos han sido desterradas de la sociedad, en ocasiones sin causa justificada, y que se ven en la angustiosa situación de ser considerados locos por el resto del mundo sin posibilidad de demostrar su cordura.  Por cierto que la novela me ha recordado en muchos aspectos a “Los renglones torcidos de Dios”, de Torcuato Luca de Tena, una maravillosa novela policiaca que transcurre entre los muros de un manicomio y que recomiendo a todo aquel que no la haya leído.

Volviendo al resumen de “Las gafas del señor Cagliostro”, Jeremy H. Middleton –Jerry para los amigos-, único hijo de Diggle Middleton, regresa los Estados Unidos para hacerse cargo de los negocios y fortuna de su padre, recientemente fallecido y con el que apenas ha tenido contacto desde que éste tomó la extraña decisión de mandarle a vivir a Australia siendo un niño, alejándole de su lado. La lectura pública del testamento, con unas extravagantes cláusulas, desencadena una sorprendente situación, pues Jerry, del que todo el mundo esperaba que fuera a heredar todo el patrimonio familiar, recibe tan solo a modo de legado una exigua renta mensual perpetua de 75 dólares, un solar en el caso de que contraiga matrimonio (lo que sucederá en breve, pues el protagonista se encuentra prometido con una bella joven que cree que va a casarse con un millonario) y la obligación de cumplir una deuda de honor pendiente de su difunto padre por la que deberá llevar puestas durante un año unas estrafalarias gafas azules que pertenecieron a un noble del siglo XVIII, el Conde de Cagliostro; un hombre que en vida presumía de tener poderes sobrenaturales.

Las sorpresas a lo largo de la novela –brillante desde mi punto de vista- están aseguradas.

Para aquellos valientes que quieran conocer de verdad los entresijos de la compleja literatura de Keeler, deberán atreverse con obras más arriesgadas y surrealistas, y yo seré el primero, pues debo reconocer que me ha cautivado la originalidad de sus historias, que me recuerdan en ocasiones a H.P. Lovecraft por su capacidad para asombrar al lector. Debo decir que existe más de un paralelismo entre ambos escritores, y a modo de ejemplo Keeler hace mención en varias de sus obras a un libro ficiticio llamado “The way out”, fuente de una enigmática sabiduría oriental ancestral. Dicho libro es el equivalente del Necronomicón Lovecraftiano.

Me han puesto los dientes largos las sinopsis que he visto de alguna de sus novelas, como “The Case of the Crazy Corpse” (novela que se publicó originalmente en 1954 directamente en portugués, tal y como figura en la dedicatoria del autor a sus lectores portugueses, y aunque se publicó en inglés en 2002, por desgracia permanece inédita en castellano) que comienza con la policía sacando un ataúd del lago Michigan, en cuyo interior aparece un cadáver desnudo cuya parte superior corresponde a una mujer china, y la parte inferior a un hombre de raza negra, ambas unidas por una extraña goma verde. Por cierto, que esta mezcla interracial es otra de las aparentes obsesiones literarias de Keeler, que cuenta en varias de sus novelas con matrimonios formados por un cónyuge asiático y otro de raza negra.

Los lectores que hayan quedado satisfechos con las dos novelas reseñadas en este artículo pueden probar (ésta sí se ha publicado en castellano) con “El Enigma del Craneo Viajero” (1934), en la que su protagonista, Clay Calthorpe, que se encuentra visitando un cementerio especializado en fenómenos de feria, se topa con la tumba de Legga, la araña humana, una mujer con 4 piernas y 6 brazos. En esta novela, cuya trama principal gira alrededor de un cráneo desaparecido, y que en el fondo no es más que una excusa para contar multitud de extrañas historias, desfilan todo tipo de estrafalarios personajes, como el ex presidiario Ichabod Chang, la poetisa Abigail Sprigge, o la radical Sophie Kratzenschneiderwümpel.

La lástima es que algunas de las más extravagantes novelas de Harry Stephen Keeler, las que hicieron que los editores empezaran a tratarle como un apestado, permanecen inéditas en castellano, pues ni siquiera su amigo Rafael Reus se atrevió en su momento a publicarlas. Tal vez el mundo actual, en el que la psicodélica segunda temporada de Twin Peaks bate records de audiencia, o en el que una vaca diseccionada puede ocupar un puesto privilegiado en los principales museos del mundo, esté por fin preparado para apreciar el estrafalario mundo de Keeler, sin lugar a dudas uno de los autores más extraños que he tenido ocasión de leer. Y para mí, en una época en la que es difícil que algo nos sorprenda, eso es una gran virtud.

En los últimos años (en 2012) Ediciones del Azar ha reeditado dos de las novelas del autor: “Las gafas del Sr. Cagliostro” y “El Hombre de la cara de Saturno”, en una encomiable labor editorial de difusión de la obra de un autor olvidado, pero en la que he echado en falta una introducción sobre la vida y obra del escritor, algo que siempre es muy de agradecer por parte del tipo de lector al que van dirigidos este tipo de reediciones. Creo sinceramente que ese tipo de contenidos adicionales –cuanto más amplios mejor- marcan la diferencia entre un buen libro y un gran libro, máxime para este tipo de reediciones de “autores malditos”.

La relación completa de novelas de Harry Stephen Keeler (y Hazel) publicadas en castellano es la siguiente:

  • Noches de Sing Sing (1941) (Reus. Hubo otra reedición en 1951)
  • Noches de ladrones (Reus 1944, hubo otra reimpresión en 1947)
  • Las gafas del Sr. Cagliostro (Reus 1945, hubo otra reimpresión en 1947)
  • El libro de hojas color naranja (1945) (Reus)
  • La cara del hombre de Saturno (1946) (Reus)
  • En busca de X-Y-Z (1946) (Reus)
  • Dos señoras extrañas (1946) (Reus)
  • Los cinco budas de plata (1946) (Reus)
  • El cuarto rey (1947) (Reus)
  • El enigma de la plaza de Washington (1947) (Reus)
  • Hallad el reloj (1947) (Reus)
  • El caso del reloj ladrador (1947) (Reus)
  • La voz de los siete gorriones (1948) (Reus)
  • El caso de las 16 judías (1948) (Reus)
  • Juguetes peligrosos, de Hazel Goodwin Keeler (1948) (Reus)
  • El libro de piel de tiburón (1949) (Reus)
  • El caso del asesino sagaz (1949) (Reus)
  • El anillo de hierro (1950) (Reus)
  • El misterioso señor Yo (1950) (Reus)
  • El camaleón (1950) (Reus)
  • El enigma del cráneo viajero (1951) (Reus)
  • El misterio del ladrón violinista (1951) (Reus)
  • El camión de oro desaparecido (1951) (Reus) (Protagonizada por Angus MacWhorter)
  • La trama asombrosa (1951) (Reus)
  • La mano de jade verde (1952) (Reus)
  • El testamento extraño (1952) (Reus)
  • El enigma de la zuri amarilla (1952) (Reus)
  • El abanico de pavo real (1953) (Reus)
  • Detrás de esa máscara (1954) (Reus)
  • ¡Dedo! ¡Dedo! (1954) (Reus)
  • El caso del trapero enjoyado (1955) (Reus) Protagonizada por Angus MacWhorter.
  • 10 horas (1955) (Reus)
  • El hombre de los tímpanos mágicos (1955) (Reus)
  • El ladrón defraudado (1955) (Reus)
  • El hombre de la caja carmesí (1956) (Reus)
  • El hombre de las gafas de madera (1956) (Reus)
  • La muchacha del maletín azulado (1956) (Reus)
  • El caso Jaarvik (1957) (Reus)
  • El asesinato de London Lew (1957) (Reus)
  • Noches del verdugo (1957) (Reus)
  • El matemático asesinado (ca. 1958) (Reus)
  • 28 sospechosos (1958) (Reus)
  • Ladrones de circos (1958) (Reus. Una novela protagonizada por Angus MacWhorter y que inicialmente no se publicó en inglés, aunque después sí)
  • ¡Londres al habla! (1958) (Reus. Figura como coautora Hazel) Protagonizada por Angus MacWhorter.
  • El cráneo del clown bailarín (1959) (Reus)
  • El cubo carmesí (1959) (Reus. En la portada de la versión española aparece un cubo de basura, cuando la novela trata de una figura cúbica)
  • Una versión del Beowulf (1960) (Reus. Una de las 6 novelas protagonizadas por Angus MacWhorter)
  • La misteriosa bola de marfil de Wong Shing Li (1961) (Reus. Nunca ha sido publicada en inglés)
  • El retrato de Jirjohn Cobb (1961) (Reus)
  • Las lágrimas de Cleopatra (1962) (Reus)
  • La botella del sello de lacre verde (1962) (Reus)
  • El caso de la mujer transparente (1963) (Reus. La censura modificó el original “nude” por mujer)
  • Yo maté a Lincoln a las 10:13 (1964) (Reus)
  • El círculo blanco (1965) (Reus)
  • La calle de los mil ojos (1966) (Reus)
  • El cuarto rey (1967) (Reus, Reedición)
  • Hallad el reloj (1967) (Reus, Reedición)
  • El hombre que cambió de piel (1967) (Reus)
  • Las gafas del Sr. Cagliostro (1968) (Reus, Reedición)
  • La cara del hombre de Saturno (1984) Colección Círculo del Crimen de Fórum, con nueva traducción.
  • Noches de Sing Sing. (2009) (Reus, Reedición)
  • La cara del hombre de Saturno (Ediciones del azar, 2012)
  • Las gafas del Sr. Cagliostro (Ediciones del Azar, 2012)

Para terminar me gustaría animar desde aquí a todo aquel que no conozca la obra de Keeler a que busque un hueco entre sus próximas lecturas y le dé una oportunidad. Tal vez abran sin saberlo una puerta que no puedan cerrar nunca más.

Ahora bien, si eres una de esas personas a las que no les gusta salir de la rutina y de lo convencional, ni te molestes en acercarte a sus libros.

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2 comentarios en “Harry Stephen Keeler, el Ed Wood de la literatura de misterio

  1. Te felicito por este gran artículo. Me has hecho descubrir a un autor que desconocía por completo. Soy un gran seguidor de la literatura pulp, que por otra parte, está cobrando cada vez más adeptos. Estas historias, mal que nos pese, se están ajustando más a nuestra delirante realidad, a nuestra enloquecida sociedad.
    Sigo con mucho placer este maravilloso blog desde hace ya mucho tiempo.

    Un cordial saludo.

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    • Amigo Francisco, me alegro que el artículo te haya despertado la curiosidad por conocer a este autor que desde mi punto de vista merece una oportunidad, por la peculiaridad de su obra, muy adelantada a su época. Un abrazo!

      Me gusta

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