NOVELA POPULAR Y CÓMIC

wonder woman readingEl cómic, el noveno arte, guarda muchas más similitudes con la novela popular de las que pueda parecer a primera vista. Al igual que ocurre con la novela popular, el cómic ha contado de forma tradicional con el rechazo de los autodenominados intelectuales, que lejos de ver en él un medio cultural serio, lo consideraban un mero entretenimiento dirigido a los niños, que no sólo no favorecía su desarrollo cognitivo, sino que únicamente servía para hacerles perder el tiempo y para llenarles la cabeza de tonterías.

Históricamente existe una percepción en ciertos círculos intelectuales de que todo aquello que gusta a un público amplio tiene que ser malo por naturaleza, mientras que si sólo unas pocas personas se sientren atraídas, debe ser bueno. Argumento absurdo, pero que persiste en la actualidad, y de forma más pronunciada en España que en otros países.

A este condicionamiento “intelectual” hay que sumar otro grave problema  específico de nuestro país, que nunca debemos olvidar cada vez que hablemos de cultura popular: la dictadura.

Inicialmente, el Régimen de Franco tuvo una postura de relativa indiferencia ante el cómic, pues era un producto cultural tan infravalorado que apenas si repararon en él.

En esta primera fase, hasta aproximadamente 1952, ni el sexo ni la violencia preocuparon en exceso al régimen, excepcto los cómics de importación, que sí tenían un mayor control por parte de la censura. Las cosas cambiaron cuando el nacionalcatolicismo cobró mayor fuerza, a partir de mediados de los años cuarenta, momento en el que el erotismo pasó a ser el enemigo público nº 1, mucho más que la violencia, que siguió sin preocupar en exceso hasta finales de los años cincuenta y, especialmente, en los sesenta.

flash gordon retocado 2

Diferencia entre la viñeta publicada en Italia y España de Flah Gordon

Esta omnipresente presencia del nacionalcatolicismo en todos los ámbitos de la vida hizo que empezaran a retocarse viñetas de forma constante, y así los bikinis y la ropa interior femenina se convirtieron de la noche a la mañana en manchas de cuerpo entero o en elegantes vestidos (en “Mandrake” y “El hombre enmascarado” era una constante), los pechos femeninos sufrieron una reducción de talla, y las faldas se estiraban hasta cubrir las rodillas. Uno de los ejemplos más llamativos y conocidos fue el de la Pantera Rubia un personaje que originariamente vestía un biquini de piel de leopardo, y que en España se convirtió en una discreta blusa blanca y una falda larga de piel de leopardo, vestimenta ideal para trepar a un árbol o para montar en elefante.

la pantera rubia

La pantera rubia, mucho más elegante en España

De cualquier modo, las historietas procedentes de Estados Unidos fueron las primeras damnificadas del cambio de régimen; no sólo superhéroes (Superman y Batman) sino otros personajes del género fantástico (Mandrake) y de la ciencia ficción (Flash Gordon). Todos estos personajes  habían sido publicados durante la segunda República, y con el franquismo fueron desapareciendo, debido a que mostraban personajes con poderes que parecían divinos, lo que era totalmente contrario a la fé católica, y además contenían fuertes dosis de violencia y sobre todo de fantasía que podían confundir a los inocentes niños españoles. Mención especial en este aspecto para Wonder Woman, que no contenta con ser una semidiosa, aparecía en todas sus historias atada o en situaciones muy sensuales en una de cada tres viñetas, motivo por el que era impensable la publicación de sus aventuras. A pesar de esta presión oficial, los editores intentaron esquivar la censura antiamericana cambiando los nombres de algunos personajes (Supermán pasó a ser “Ciclón”, Batman “Alas de Acero”, y Flash Gordon, “Flas”), pero estas artimañas no pudieron evitar finalmente su prohibición.

Con el tiempo el nuevo Régimen empezó a vislumbra que el tebeo era una inmejorable fuente de educación en los valores y principios del movimiento, y esto lógicamente redujo al mínimo cualquier tipo de libertad creativa por parte de los autores, que debían ceñirse a unas directrices muy estrictas, lo que tuvo como consecuencia directa la “infantilización” del cómic. El Decreto de 24 de junio de 1955 sobre ordenación de la prensa infantil y juvenil limitó al 25% la presencia de material extranjero en los tebeos, y además fortaleció la importancia de la censura, la cual afectó en primer lugar a las series cómicas que se tomaban a broma la institución familiar. Escobar tuvo serios problemas con su serie Doña Tula por este motivo.​

En 1962 nace la Comisión de Información y Publicaciones Infantiles y Juveniles, que actuó con contundencia  contra la violencia de las series de acción, hasta la definitiva prohibición en 1964 de las series de superhéroes, algo que no tuvo continuidad, pues en 1968 Vértice empezó a publicar las series de superhéroes Marvel; eso sí bajo la observancia de la siempre vigilante censura.

Con todos estos límites legislativos, no es difícil entender el tipo de cómic que podía leerse en España en la década de los años 50 y 60, pues la historieta nacional había sufrido un proceso de trivialización de sus contenidos, y el acceso al cómic extranjero en su versión original resultaba cada vez más complicado, lo que favoreció la visión de este medio como la de algo dirigido exclusivamente a niños e  iletrados.

Desde el punto de vista académico, el cómic, precisamente por su naturaleza de medio dirigido a las masas, supone un vehículo excepcional para conocer la realidad social de cada época, mucho más fiable que la mayoría de los ensayos de historia; otra característica que en mi opinión comparte con la novela popular, que al igual que el cómic llegaba cada semana a miles y miles de hogares, gracias a su distribución a través de los quioscos de prensa, y que no sólo eran leídos por su comprador original, pues entraban desde el momento de su primera adquisición en un inacabable circuito de intercambio de segunda mano.

el coyote Comic-quincenalOtra característica que une ambos mundos es que aparte del constante trasiego de ideas que se producía en ambos sentidos entre el mundo del cómic y el pulp,  durante un tiempo coexistieron series de tebeos que aprovechaban el gran éxito de las colecciones de novelas (Aventuras del FBI o El encapuchado, por ejemplo), guionizadas en algunos casos por los mismos autores que escribían las novelas. Hay que tener también presente que una buena cantidad de autores de novela popular trabajaron en mayor o menor medida para el mundo del cómic, como es el caso de Juan Bautista Lacasa Nebot (John Lack), Miguel María Astraín Bada (Mikky Roberts), Guillermo López Hipkiss, Francisco Ledesma (Silver Kane), Ángel Rodríguez Illera (Jan Hutton), Arturo Rojas de la Cámara (Red Arthur), Alfonso Arizmendi Regaldie (Alf Regardie), o Salvador Dulcet Altés (Roy Silverton) por citar tan sólo algunos ejemplos.

Con todos estos nexos comunes, resulta cuanto menos curioso que dado el vejatorio trato que sufría la literatura popular por parte de los escritores autodenominados “serios”, fueran los propios autores de novela popular  los que acabaran tratando del mismo modo a los profesionales del mundo del cómic: con desprecio. Al menos así se desprende de la mayoría de las referencias que he podido encontrar.

La palabra cómic apenas se empleaba en España en la década de los años 50-60, pues no empezó a usarse de forma habitual hasta los años 80, momento en el que comenzó a verse desde otra perspectiva y con mayor respeto. Empezaba a emplearse la palabra Arte asociada al cómic.

Antes de eso, al cómic se le llamaba generalmente “historietas”, o “tebeos”, y las pocas referencias que se hacía de ellos solía tener una connotación negativa, como la de algo dirigido al público infantil o a gente de muy baja capacidad intelectual. Si la novela popular estaba considerada como  subliteratura, el cómic era la infraliteratura de la subliteratura.

En este artículo intentaré poner algunos ejemplos de la visión del cómic dentro de la literatura popular, que en la mayoría de los casos se trata de forma muy tangencial, aunque os aseguro que nos encontraremos con más de una sorpresa.

Lo más frecuente es localizar someras menciones respecto del mundo del cómic, generalmente con connotaciones despectivas, o que sirven únicamente para poner de manifiesto lo absurdo de alguna de las situaciones que ocurren en las novelas. Comentarios del tipo:

“Esta vez, la Tierra fue atacada y no fue cosa de historietas de aventuras ni fantasía de novelistas” En busca del mundo de Luz. Clark Carrados (Espacio Mundo Futuro de Toray nº 441)

“A Hennis le hizo una gracia enorme la aparición del cuarteto. Parecía una escena de historieta cómica.” (La máquina de la vida. Lous G. Milk. Espacio mundo futuro  de Toray nº 504)

“— Claro, claro. Y nosotros, como unos héroes de historieta, descenderemos a ese pozo, hablaremos con los jefazos de la ciudad submarina, les amenazaremos con la destrucción y… ¿qué más?” (La ciudad de abajo. Clark Carrados. Espacio Mundo Futuro de Toray nº 392)

“—Cierra la boca. Vamos a ir al pueblo que vimos allá atrás. No me importa lo que digan los sabihondos. No me trago todo este cuento de que estamos fuera de la Tierra. Esto vale para los chiquillos que se leen a Superman, pero no para mí. Yo soy listo.” (Jinetes Satánicos. Peter Debry. La Conquista del Espacio nº 34).

Afortunadamente, en otras novelas, las referencias al tema son un poco más elaboradas, aunque siguen sin jugar un papel destacado en la trama.

En “Vivisección” (Espacio Mundo Futuro de Toray nº 218), Law Space hace mención directa al cómic Flash Gordon, que incluye el correspondiente pie de página explicativo, algo muy habitual en Enrique Sánchez Pascual. No se emplea el habitual tono peyorativo que solía usarse en la época, lo que hace pensar que el autor podía ser aficionado al mundo del cómic, argumento que se ve reforzado si tenemos en cuenta que su hijo (Enrique Sánchez Abulí), se acabaría convirtiendo en el célebre autor de Torpedo junto al dibujante Jordi Bernet.

Sin embargo, también podemos encontrar algún ejemplo en el que el autor recurre a  las historietas de forma un poco menos amable:

“No hay que soñar en rocambolescas aventuras espaciales, ni en guerras galácticas, ni en tremendismos de historieta infantil. El cosmos nos reserva sorpresas mucho más sencillas y, al mismo tiempo, mucho más terribles.”

Este párrafo se presenta al inicio de la novela “El Planeta Vivo”, de Law Space, nº 18 de la colección Héroes del Espacio  como una cita de un tal H. S. Thels, que no es más que otro seudónimo del mismo Enrique Sánchez Pascual. No es por cierto el único caso en el que este autor se cita a sí mismo en una novela.

Flash Gordon, héroe espacial por definición, vuelve a ser mencionado por Louis G. Milk en  “Ellos” (Espacio Mundo Futuro de Toray nº 10)

“Nos habíamos imaginado el interior de aquella nave interplanetaria repleto de aparatos científicos, de raros cuadros de mandos, pantallas visoras, sillones antiaceleración y demás cosas que pintaban en los dibujos de los “comics” para niños, en los que inevitablemente Flash Gordon se hartaba de matar seres de otros mundos, pero allí no había nada.”

Nuevamente Luis García Lecha, firmando como Clark Carrados vuelve a mencionar a Flash Gordon en “Las estrellas nos atacan” (Espacio Mundo Futuro  Nº 55):

“Una nave del espacio caía sobre nosotros. Y de que era un artefacto de tal categoría no cabía la menor duda; incluso habría sido capaz de jurar que los Wrysk habían leído las aventuras de Flash Gordon al construirla”.

El omnipresente Curtis Garland (Juan Gallardo Muñoz), uno de los autores consagrados de la novela popular española,  menciona de forma tangencial a los cómics en “Las cloacas” (La Conquista del espacio nº 196, de Bruguera), dando la sensación de que comparte la visión del cómic como algo perjudicial  para los niños:

—Oh, mamá. Sabes que a Jackie no le dejarían entrar a ver una película semejante. Tienen que ser invenciones suyas o de los comics.

 —No, eso que contó hoy no recuerdo haberlo visto en un comic, hija

….

—Imagine que vio un simple rapto, cometido por delincuentes habituales, y lo adornó con algún recuerdo de un filme de ciencia-ficción o un comic de esos que deberían prohibir a los niños —rezongó Harding.

Resulta llamativo que Curtis Garland, gran amante de toda cultura popular, y conocido entre otras cosas por buscar la inspiración para sus libros en la literatura o el cine, tenga tan pocas referencias al mundo del cómic en su obra.

En “Visitantes del futuro” (nº 299 de La Conquista del Espacio) Adam Surray nos aporta una destacada referencia.  Aunque los cómics no tienen ningún protagonismo en la novela, el autor aprovecha para dar pruebas de su conocimiento del medio. No debemos olvidar que Adam Surray es un gran aficionado –y coleccionista- del mundo del cómic clásico.

“George Smith, el recepcionista del edificio, alzó los ojos del comic-book. En su caballuno rostro se reflejó una ancha sonrisa. Era un individuo locuaz. Simpático. De infantil aspecto. Todos conocían su afición por el «comic». «The Phantom», «Superman», «Little Lulu», «The Lone Ranger»…”

El tal George Smith parece un alter ego del propio autor, que trabajaba en la recepción del hotel familiar, compaginando esa tarea con la escritura de novelas populares durante las largas noches en que debía permanecer tras el mostrador de la recepción.

Lem Ryan (Francisco Javier Miguel Gómez), el más joven de los escritores de novela popular también emplea en “Y ella le avisó…” (Héroes del espacio nº 123) la figura del cómic para poner de manifiesto hechos imposibles y absurdos.

“— Yo no hablo de esos zombis que nos presentan las viejas novelas y comics de terror. Esos seres son fruto de la mente de unos novelistas con demasiada imaginación en sus calenturientas cabezas.”

En “Los cazadores” (Héroes del espacio nº 4), Burton Hare (José María Lliró Olivé) hace una doble referencia al mundo del cómic:

“—       Por supuesto, no es una nave de la Tierra, eso sí que es seguro, así que si llevaba tripulantes quizá fueran esos hombrecillos verdes, con antenas en la cabeza, que pintan en las historietas infantiles.”

……

—        No comprendo una sola palabra, amigo — gruñó —. Habrá que empezar por el principio, como en las historietas de Tarzán… Yo, Dan. Dan, ¿comprende? Yo — insistió, golpeándose el pecho con el dedo—, Dan. Ella, Theda. Theda, mujer.

Nuevamente Luis García Lecha, bajo el seudónimo de Glenn Parrish, saca a relucir el cómic en varias referencias de su novela “En busca de un mundo nuevo”, nº 39 de La Conquista del Espacio de Bruguera.

El protagonista de la novela es Tiff De Kxorb, un hombre que resulta proceder de otro planeta y que se siente fascinado por las historietas de la Tierra:

“—Estas historietas de ciencia-ficción —contestó él—. Jamás he visto tal cantidad de disparates en menos espacio, aunque, eso sí, están maravillosamente dibujadas.

—Tiff, el autor de la historieta la ha escrito e ilustrado de acuerdo con la forma en que piensa será el mundo de mañana.”

……

“—¿Otra vez divirtiéndose con las historietas de ciencia ficción, Tiff? —preguntó jovialmente.

Tiff se puso en pie y corrió hacia ella para aliviarle del peso de los paquetes.

—No, esta era una historieta cómica, de esas que se ve a un tipo con un cartucho de explosivo en las manos, le estalla y lo deja tiznado y con las ropas destrozadas. Muy bueno, Doris, muy bueno —dijo Tiff, riéndose todavía.

—¿Le gustan las historietas cómicas? —preguntó ella, sonriendo.

—Mucho, Doris. Nunca había visto nada semejante hasta que vine a Santa Clara.

—Vamos, vamos, no me diga que en Kxorb no se publican historietas cómicas. Pero, ¿en qué país vive usted?

Tiff suspiró.”

A partir de este punto pasamos a un nivel distinto: en estos casos el cómic pasa de servir de mera referencia a adquirir un protagonismo mucho mayor en el desarrollo de la historia.

Inventor de Personajes - Clark.CarradosClark Carrados. Inventor de personajes. La conquista del espacio de Bruguera nº 191

Randy Chyver es un dibujante de historietas gráficas (así se denomina en la novela) que de forma repentina se ve involucrado en una aventura que parece sacada de una de sus obras. Cuatro extraños hombres intentan secuestrarlo, pero es rescatado en el último momento por una bella mujer llamada Slinia que, a bordo de una epecie de submarino volador, le lleva hasta el espacio exterior, explicándole que necesitan su ayuda en Uhlum, su planeta de procedencia, situado a 800 años luz de la Tierra, para salvar a la reina Arthior de una conspiración.

Lo más curioso del tema es que Chyver es el autor de una obra en la que aparecía un planeta llamado Uhllum, y la conspiración de la que le habla Slinia se parece mucho a un argumento que empleó es otro de sus cómics, “Denia, reina de Mathwun”.

Slinia le explica que precisan de su imaginación y sus dotes como dibujante de historietas para salvar su planeta, gracias a la intervención de un “Materializador”, un aparato que permite que se haga realidad cualquier cosa que se dibuje. Un aparato que lógicamente puede emplearse para el bien…y para el mal.

Una novela cuyo argumento recuerda un poco a Flash Gordon, pues al final trata de un terrícola que es reclutado para salvar otro planeta, pero al final la historia acaba siendo  un auténtico derroche de imaginación, con enredos de cambios de cuerpo incluídos, y en la que el dibujante de cómics (palabra que por cierto se menciona una sola vez en toda la obra) tiene un protagonismo absoluto. Eso sí, no hay menciones a obras clásicas a lo largo de la novela, y yo me quedo con la sensación de que el tema podía habe dado para mucho más a poco que el autor hubiera homenajeado a los grandes títulos de la historieta.

Silver Kane matrimonio spectroEl honorable matrimonio Spectro. Silver Kane. Selección Terror de Bruguera  nº 16

Era sólo cuestión de tiempo que Francisco González Ledesma, guionista de El Teniente negro, Inspector Dan o Glen Derby entre otras célebres colecciones de historietas, introdujera de un modo u otro el mundo del cómic en alguno de sus múltiples novelas de quiosco.

Dudley, un dibujante y guionista cuyo trabajo es diseñar personajes para las películas de terror británicas (se supone que la Hammer), acaba de comenzar la publicación de una historieta con su último personaje, un hombre de aire fantasmal y facciones afiladas que responde al nombre de Spectro. Este personaje, el más realista que ha dibujado en su vida, se ha convertido en una auténtica obsesión para él, hasta el punto de que constantemente cree verlo junto a su no menos siniestra esposa, la Sra. Spectro.

Por este motivo, Dudley alquila la más siniestra mansión del condado de Kent, a las afueras de Londres, con la idea de encontrar el reposo necesario para recuperar la cordura. Hasta allí se trasladan Dudley, su esposa Mónica, y Marta Liverpool, su joven ayudante y auténtica protagonista de la novela, que nada más ver la siniestra casa alquilada por su jefe, empieza a pensar que no debería haber dejado en sus manos la gestión del alquiler.

A los pocos días de aterrizar en su nueva residencia, Marta empieza a comprobar que Dudley, lejos de haber dejado atrás el recuerdo de Spectro, sigue obsesionado con él, primero dibujándole constantemente, y después asegurando que ha vuelto a verle observándole desde la niebla subido encima de un carruaje de caballos.

Sorprendentemente, una serie de extraños sucesos empiezan a convencer a Marta de que algo sobrenatural está sucediendo a su alrededor, y que tal vez su jefe no esté finalmente loco.

El principal problema es que los Spectro no parecen conformarse con realizar fantasmales apariciones, pues su presencia física es cada vez más palpable, hasta el punto de que en una recepción en el Museo Livingstone, Marta habla en persona con la Señora Spectro, que incluso la invita a visitarla en su residencia en Mahatma House.

Cuando Marta se decide a investigar qué se oculta en Mahatma House, descubre un mundo que no podía ni imaginar.

Como vemos, nos encontramos con una versión pulp terrorífica de “Seis personajes en busca de autor”, la famosa obra de teatro de 1921 de Luigi Pirandello en la que una serie de personajes, fruto de la imaginación de un escritor, muestran su anhelo de existir, pues por desgracia el autor jamás llegó a plasmarlos por escrito en una obra.

Aquí son dos personajes de cómic de terror –el matrimonio Spectro- los que pugnan por abrirse camino en el mundo real.

Lo inquietante de este tipo de argumentos –que por supuesto ha sido empleado en diversas ocasiones tanto en la literatura como en el cine-  es que un personaje de ficción debe comportarse siempre de la misma manera; su realidad no puede ser distinta. Necesita repetir exactamente su actuación tal y como es; y lo preocupante es que es precisamente el autor el que le dota de una determinada forma de actuar. En el caso del matrimonio Spectro, sus personajes fueron concebidos como crueles asesinos, y como tal deben comportarse.

Por desgracia, este prometedor argumento se ve lastrado por la habitual tendencia de dar explicaciones racionales a los hechos aparentemente sobrenaturales, y el libro acaba acaba enredándose en una trama llena de incoherencias. De haber mantenido la premisa inicial, podría haberse convertido en una de las mejores historias de la colección.

Adam surray comic de terror“Cómic de Terror” Adam Surray. Selección Terror de Bruguera nº 376

No es casualidad que haya dejado esta novela, ya comentada en este mismo blog, para el final, pues supone desde mi punto de vista una obra maestra que mezcla a la perfección los mundos del cómic y de la novela popular. Sólo alguien como José López García, que conocía ambos mundos –como profesional en el caso de la novela popular y como coleccionista en el caso del cómic- era capaz de realizar esta genial combinación.

Charles Williams es un joven dibujante enamorado de los comics clásicos que no consigue publicar ninguna de sus obras, por considerar los editores que su anticuado estilo no se ajusta a los gustos del público actual, ávido de historias eróticas y de terror sanguinario.

Aunque no necesita el dinero, ya que es el heredero de una gran empresa que le permite vivir de las rentas, Charles se encuentra absolutamente frustrado por no conseguir publicar sus obras, lo que unido al pequeño detalle de que está un pelín desequilibrado, le lleva a planear una obra maestra del cómic acorde con los tiempos modernos, y para ello decide basar sus dibujos en asesinatos reales que permitan captar la esencia del terror en sus viñetas. Inspirado, decide matar mujeres que se llamen igual que las novias de sus héroes de cómic favoritos: The Phantom, Mandrake, Rip Kirby… y para ello tira de guía telefónica buscando las víctimas que se ajusten a las características físicas de estas heroínas de papel.

El inspector de policía Roger Feldman tendrá que atar cabos partiendo del primer crimen, el asesinato de una mujer llamada Diana Palmer, cuyo destrozado cuerpo aparece al lado de una peculiar calavera dibujada con su propia sangre en la pared.

Una espléndida novela con protagonismo absoluto para el psicópata, plagada de referencias sobre el mundo del cómic, materia que insisto conoce sobradamente el autor, y con una de esas portadas que ya de por sí convierte el libro en una joya.

Nos encontramos sin duda con el mejor ejemplo de mestizaje entre cómic y literatura popular, dos mundos destinados a entenderse.

Como siempre, según vaya descubriendo otros títulos en los que el mundo del cómic juegue un papel destacado en el argumento, iré actualizando la reseña.

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