TONY LAY Y EL HUMOR EN LOS QUIOSCOS

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Juan Antonio De LaIglesia    Foto:Tebeosfera

De todos es sabido que en el mundo del bolsilibro podemos encontrar historias de prácticamente cualquier género que se nos ocurra: terror, misterio, ciencia ficción, bélico, piratas, aventuras, oeste, deporte, espionaje, romántico, e incluso en menor medida,  histórico, tema del que ya hablaré en otra ocasión.

Pero, ¿y el humor?. Supongo que a la mayoría de los que lean esto no les vendrá a la cabeza ninguna colección de bolsilibros dedicada al humor, algo que resulta particularmente extraño si hablamos de un género con tanto arraigo  en España.

Ya sé, ya sé. Seguro que muchos de vosotros defenderéis que el humor sí estaba presente en el mundo del bolsilibro, gracias a autores como Silver Kane, Clark Carrados, y sobre todo, Joseph Berna, que introducían de forma habitual elementos humorísticos en sus novelas pubñicadas en colecciones tan alejadas de la comedia como Selección Terror, Servicio Secreto, o La Conquista del espacio; y no os faltará parte de razón, pero la realidad es que no eran en ningún caso colecciones de humor propiamente dichas.

Sinceramente he intentado buscar una explicación racional a la ausencia del humor en el bolsilibro, y la única conclusión a la que he llegado es que desde el punto de vista litearario es un género que nunca ha sido tomado en serio, ni se le ha dado la importancia que sin lugar a dudas merece. Si además tenemos en cuenta que posiblemente el humor sea el género más difícil de afrontar para cualquier escritor, y le añadimos la dificultad que representa un formato tan estricto en cuanto a número de páginas y plazos de entrega como el de las novelas de a duro, el resultado es que es imposible mantener el enloquecido ritmo de producción exigido para una colección regular de humor.

Por otro lado, la novela popular estaba dirgida a un público de nivel cultural supuestamente medio-bajo, por lo que el humor excesivamente intelectual estaba descartado, y un humor de perfil más popular (chabacano) tendría un grave riesgo frente a la todavía vigilante censura. Demasiado complicado y arriesgado para los editores, que preferían reservar para el humor el formato revista, que se orientaba a un público de perfil diferente.

Aún así, buscando y rebuscando, he encontrado una breve pero interesante colección dedicada al humor llamada Flecha Roja, novela poco policiaca, publicada por Maga, una editorial valenciana surgida en 1951 de la mano de Manuel Gago que se centró fundamentalmente en el mercado de los cómics y los cromos.

Los títulos de esta colección de los que tengo constancia son los siguientes:

TÍTULO
1 Ni F, ni B, ni I
2 Un blanco en salsa verde
3 El Castillo Capicúa
4 Estrangulando que es Gerundio
5 Puñalada y paso atrás

juan antonio de la iglesia inspector vega 2Hay que decir que realmente la colección constó de los 4 primeros títulos, anunciándose un nº 5 que tengo la impresión no llegó nunca a ser publicado, algo muy habitual en la novela popular.

Todas las obras corrieron a cargo de un tal Tony Lay, seudónimo que en realidad corresponde a Juan Antonio de LaIglesia González Labarga, un autor cuyo nombre se asocia principalmente al mundo de la historieta y el teatro, pero que también tuvo una participación en la literatura de quiosco nada desdeñable, especialmente con la publicación en la editorial de Saturnino Calleja –esta vez firmadas con su nombre auténtico- de una serie de novelas protagonizadas por el Inspector Vega (1952-1953). En esta interesante serie el autor supuestamente era un mero presentador de las memorias del inspector.

TÍTULO
1 Un robo inverosímil
2 El mambo de la muerte
3 El bosque de los vampiros
4 El secreto de los platillos volantes
5 El espectro de la mano cortada
6 El gol del diablo
7 Asesinato en la isla desierta
8 El enterrado vivo
9 El hombre mecánico
10 Rumbo a la Luna
11 Pánico en los estudios

Hay que destacar que el autor se consideraba a sí mismo en esencia un dramaturgo, aunque en el mundo de la historieta/cómic tuvo una participación también muy destacada, con títulos como “El audaz legionario”, “Piel de Lobo”, “Flecha roja”, “Huracán”, o “El coloso”. Además el escritor, que también empleó el seudónimo de   J. A. Igle,  mostró ser todo un todoterreno en toda clase de géneros literarios, con novelas que iban desde adaptaciones de las aventuras de Marisol (13 títulos que en ocasiones no incluían más que fotografías, pero cuando iban con texto era de Juan Antonio) y de Rocío Durcal (con formato similar a las de Marisol); literatura infantil (destacables su libro “Chuic, el contador que no sabía contar” y diversos refraneros para niños); religiosa (“Samuel, la voz del señor” entre otras); el western (“Sangriento amanecer”, publicada en el nº 429 de Oeste de Rollán”) y por supuesto el policiaco y el humor.

Por dar algo de información biográfica del autor, Juan Antonio de Laiglesia nació en Madrid en 1917, y falleció también en Madrid el 3 de Enero de 2002.

Como curiosidad, Juan Antonio era el hermano mayor del célebre Álvaro de Laiglesia (los otros tres hermanos se llamaban Eduardo, María, y Elena), escritor y editor de La Codorniz con el que llegó a escribir en su juventud alguna obra de teatro, y con el que compartía un afilado sentido del humor. Si alguien se lee alguna de las novelas de la serie aquí comentada, encontrará de hecho grandes similitudes con la obra humorística de Alvaro de Laiglesia. Entre otras, por cierto, que su obra no ha resistido el paso del tiempo  para la mayoría de los lectores, pues el humor, más que cualquier otro género, suele estar íntimamente ligado a la época en la que se escribe.

juan antonio de la iglesia inspector vega 1Juan Antonio quedó separado de su hermano con el estallido de la guerra civil española, cuando su madre partió a San Sebastián con Álvaro y sus dos hermanas, mientras que su padre y su hermano Eduardo, que se supone debían reunirse con ellos unos días más tarde, ya no consiguieron salir de la capital. Hasta el final de la guerra, no volvieron a reunirse en Madrid, y por aquel entonces Álvaro ya era un joven con muchas ocupaciones.

Aunque fue abogado y periodista de profesión, Juan Antonio se presentaba a sí mismo como dramaturgo, que es lo que se sentía en su interior. Fundó en 1950 la compañía teatral La Carreta, desde la que difundió diversos “pasos”, “misterios” y, en general, piezas de tipo religioso en las zonas rurales de España. Para dicha compañía compuso más de una treintena de obras, muchas de las cuales se editaron bajo los títulos de Retablos de La Carreta y Nuevos Retablos de La Carreta. Otras obras teatrales suyas son La rueda y El Vicario de Dios. Su labor teatral se vio reconocida con la concesión de premios importantes, tales como el Calderón de la Barca de 1954. Es autor, asimismo, de algunas obras narrativas de literatura infantil, de entre las que destacan “Cien cuentos nuevos” (1964), “Aventuras de Luciano” (1978) y “Chuic, el contador que no sabía contar!” (1984) con la que mereció un accésit del Premio Lazarillo.

Pero volviendo al origen de esta reseña, que no es otro que el descubrimiento de una colección de bolsilibros dedicada al humor, insisto en que nos encontramos ante una rara excepción.

Tony Lay el castillo capicuaLa colección Flecha Roja, novela poco policiaca, publicada en 1963, está protagonizada por el detective privado Terry Pachón y su exhuberante y verborréica secretaria Tinita, alrededor de la que giran gran parte de las situaciones humorísticas de las historias. Insisto que no se trata de novelas policiacas con un pequeño toque de humor, sino más bien todo lo contrario. El humor prevalece en todo momento, y los casos detectivescos que se presentan son una mera excusa para que el autor despliegue todo su arsenal cómiico en el que parodia las clásicas novelas de detectives, en un estilo que recuerda mucho a los libros de su hermano Álvaro.

El formato de las novelas era el clásico de los bolsilibros (15 X 10 cm), con 126 páginas, y con portadas a cargo de Miguel Quesada Cerdán, dibujante y portadista habitual de la editorial que en los años 60 trabajó dibujando cómics y portadas para la británica Fleetway.

El tono de las novelas de la colección se puede intuir ya en el título y en la portada, en la que figuran desternillantes resúmenes de lo que se avecina en el interior. Así por ejemplo en “El castillo capicúa” aparece la siguiente sentencia:

El conde Carolino era un generoso anfitrión, pero tenía el defecto de ser un poquito vampiro

En “Ni F., ni B., ni I.” la novela se presenta con “Tengo morfina, cocaína, heroína, bencina y estreptomicina. ¿Se quiere pinchar?” y en “Un blanco en salsa verde”, “Chatín, tu eres también de esa comisión de la ONU, la UNESCO o la UNASCO…

Finalmente, en “Estrangulando que es gerundio”, novela seleccionada para añadir reseña en este artículo (más que nada porque sólo tengo esa), la presentación es “El doctor Percival poseía una colección deslumbrante de calcetines de nylon, que se dejaba enrollados en las gargantas de las señoras. Era tan distraído.

 

Tony lay estrangulandoTITULO: ESTRANGULANDO QUE ES GERUNDIO

AUTOR: TONY LAY

FLECHA ROJA Nº 4. EDITORIAL MAGA

1ª EDICIÓN: 1963

PORTADA: Miguel Quesada Cerdán

El detective Terry Pachón y su inseparable secretaria Tinita se ven envueltos en la investigación de una serie de asesinatos de mujeres en pleno centro de Londres, donde están apareciendo cuerpos estrangulados con un calcetín, aunque en realidad tampoco están tan estranguladas, pues las supuestas víctimas salen andando por su propio pie en cuanto se les interroga lo más mínimo. Para resolver este extraño enigma, nuestros protagonistas trabajarán codo con codo con el inepto Peter Holmes, descendiente directo del más célebre detective de todos los tiempos, que toca la bandurria en lugar del violín, y su ayudante, el doctor Watercloset, un supuesto descendiente de Watson obsesionado con realizar la autopsia a todo lo que se le ponga por delante, con independencia de si está vivo o muerto. Juntos se enfrentarán a un gran misterio y a serias dificultades, en la mayoría de los casos provocadas por ellos mismos.

Debo reconocer que a mi personalmente me ha encantado la novela, con personajes muy bien construidos, con un ritmo endiablado que hace que la lectura se haga muy fluida, y repleta de situaciones absurdas que me han sacado más de una carcajada.

Destaca por encima del resto el personaje de Tinita, una secretaria muy decente de exhuberante belleza, que despierta la admiración masculina allí por donde pasa, y que se convierte en la auténtica protagonista de la historia, robando todas las escenas al resto de personajes. Una mujer incapaz de escribir dos líneas sin cometer al menos 20 fatas de ortografía, y que sin embargo da muestras constantes de una inteligencia y lógica aplastantes que deja a los hombres que la rodean a la altura del betún.

Hay en la trama escenas verdaderamente memorables: Terry y Tinita interrogando a un chino, contagiándose poco a poco del acento; Holmes tocando en la bandurria “Don´t kill me with tomatoes”; Tinita haciéndose pasar por una paciente del Doctor Percival, el principal sospechoso de los crímenes; o la hilarante visita de nuestros detectives a Scotland Yard para conseguir la dirección del mencionado Percival haciéndose pasar por parientes que van a visitarlo.

Sólo puedo decir que es una lástima que sólo se publicaran 4 novelas de esta serie, de las que lamentablemente sólo he podido conseguir una. Desde ya me declaro un enamorado de la serie y del autor. Hacía tiempo que no me reía tanto, y eso que yo me río bastante.

Una lástima que en el mundo de la literatura popular española el humor no consiguiera encontrar su sitio. Sinceramente creo que podrían haber salido grandes cosas.

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