Y POR FIN LLEGAMOS AL OESTE

novelas oeste fifteen_western_tales_1946Ya he comentado en otras reseñas del blog que desde siempre he sentido una infundada animadversión hacia los bolsilibros del Oeste, imagino que provocada por la constante visión de películas del oeste a la que me vi sometido en mi infancia, en una época en la que con tan sólo dos cadenas de televisión el espectador no tenía opción alguna sobre lo que ver en la Televisión.

No quiero decir con esto que desde el punto de vista literario el western sea un género menor, pues existen auténticas obras maestras que nada tienen que envidiar de otro tipo de historias. Invito a cualquiera que vea esta reseña a que se lea la obra de Oakley Hall (yo empezaría por “Warlock”), o cualquiera de las novelas que está editando Valdemar en su magnífica colección Frontera, especialmente los libros de Dorothy M. Jhonson, Thomas Eidson (maravilloso “La última galopada”) o de Elmore Leonard.

novelas oeste estefaniaEl problema es que desde mi punto de vista la literatura popular de este género está excesivamente cargada de clichés, con personajes que parecen clonados de un libro a otro y argumentos repetitivos hasta la extenuación. Y sin embargo, es un género que logró un éxito sin precedentes en nuestro país, hasta el punto que cuando a alguien se le habla de bolsilibros, lo primero que se le viene a la cabeza son las “novelitas” del oeste.

Esta animadversión particular ha provocado que en un blog supuestamente dedicado a la novela popular no exista prácticamente mención alguna sobre uno de los géneros que mejor definen el fenómeno de la literatura de quiosco, lo que por supuesto representa una grave injusticia.

En líneas generales, y de forma un tanto simplista,  podríamos definir el género del western como aquellas historias ambientadas en los Estados Unidos de América durante el período de expansión conocido como el “salvaje oeste americano”, allá por el siglo XIX, aunque en la práctica el concepto se ha transformado en algo atemporal, y tan sólo requiere que la historia y los protagonistas cumplan una serie de características comunes.

Este género literario, que lógicamente se inició en Estados Unidos, comenzó como un conjunto de historias de aventuras con un corte histórico. Posiblemente Fenimore Cooper y su novela “El último de los mohicanos” (1826), sea la primera obra que pueda considerarse como del Oeste, y a partir de ahí le seguirían Washington Irving con “Western Journals” (1832) y más tarde las obras de Francis Bret Harte, que está considerado como uno de los padres literarios del western; o incluso del universal Mark Twain, cuyos libros van mucho más allá de cualquier género, pero que pueden ser consideradas perfectamente como novelas del Oeste.

Novelas oeste karl MayMención aparte merece Karl May (Ernstthal, 25 de febrero de 1842-Dresde, 30 de marzo de 1912), un escritor alemán especializado en libros de aventuras que ambientó gran parte de su obra en el salvaje oeste americano, con un grupo de historias protagonizadas por Old Shatterhand (interpretado por cierto en 12 películas por Lex Barker, ex marido de nuestra querida baronesa Tita Cervera) y su amigo, el indio apache Winnetou, que universalizaron el western. Muy curiosa por cierto la vida de Karl May, que estuvo ciego los 5 primeros años de su vida, y que de adulto pasó por prisión en varias ocasiones por robo. Un escritor de calidad discutible que supo ganarse el favor del público, y que tiene el dudoso privilegio de ser uno de los autores preferidos de Hitler, que dijo de él que gracias a su obra del Oeste aprendió que “la impasibilidad ante el dolor es el orgullo de los fuertes”.

Las novelas de Karl May llegaron a España en 1927, y posteriormente en los años 30 se hicieron muy populares cuando las siguió publicando la editorial Molino en su colección Biblioteca Oro.

Un importante punto de inflexión del género del Oeste fue la publicación en 1902 de “El Virginiano”, obra de Owen Wister que popularizó las características que hoy consideramos más habituales del Western: aparece la figura del cowboy como héroe indiscutible, con valores y moral muy definidos, como la lealtad, la valentía, la nobleza, el honor y un estricto sentido de la justicia. El virginiano clavó un personaje icónico cargado de romanticismo que marcaría el camino a seguir.

Es a partir de este momento cuando en el género del oeste pierde trascendencia la parte histórica para centrarse en el relato de personajes, buscando protagonistas que sigan las pautas morales que previamente había marcado el Virginiano.

Tras Owen Wister aparecen William Sydney Porter, O’Henry, Stewart Edward White, Willa Cather, Edna Ferber y muchos otros, hasta que en 1910 Zane Grey publica su primera novela del Oeste, “La herencia del desierto”, convirtiéndose desde entonces en el gran escritor de novela popular del Oeste, con permiso de Karl May, que le disputa ese título. Sus más de 90 libros sobre el tema le proporcionaron una gran fortuna, y popularizaron el género a un nivel hasta entonces impensable.

Realmente, visto hoy en día,  es un tema fascinante el intentar entender el motivo por el que el género del Oeste -desde mi punto de vista completamente repetitivo- atraía tanto al público español de los años 40 a 80. También hay que señalar que el boom del western no es algo exclusivo de España, pues en esos mismos años la práctica totalidad de países europeos tuvieron la misma experiencia, en mayor o menor medida.


novelas oeste pieles rojas contra blancosPosiblemente el público sentía este desmedido interés porque sus historias se desarrollan en un entorno virgen aún por descubrir,  repleto de peligros donde la ley brilla por su ausencia, lo que facilita la idea de aventura y donde los protagonistas son tipos individualistas, rudos, y autosuficientes, muy del gusto del estereotipo de masculinidad que imperaba en la época. Los protagonistas de cualquier novela del Oeste que se precie son personajes con un carácter muy definido, sin dualidad aparente; son hombres valientes que no conocen el miedo, generalmente forasteros,  que se ven obligados a enfrentarse a un gran peligro para ayudar a los más débiles, sin que exista la posibilidad de recurrir a nadie más que a ellos mismos. Estas novelas tratan de trasladar lo que se viene a llamar “El espíritu fronterizo americano” al ciudadano de a pie, es decir, la creencia de que todos nosotros somos capaces de afrontar cualquier peligro y que el futuro está lleno de oportunidades. En esa frontera, que separa la civilización del mundo salvaje, el héroe siempre debe defender la parte civilizada, viéndose obligado a emplear una desmesurada violencia purificadora que está siempre justificada por las circunstancias.

novelas oeste jim boyEse espíritu fronterizo nos sitúa en un lugar donde civilización y mundo salvaje se daban la mano, un entorno que la literatura y el cine mitificaron desde el punto de vista heróico, olvidándose de los aspectos negativos que rodeaban una época cargada de violencia e injusticia. Viene a ser lo mismo que sucedía con el cine bélico, que realzaba los aspectos heróicos, ignorando el horror que representa cualquier conflicto. Al ver una película bélica te entraban ganas de alistarte en el ejército, cuando la realidad es que si se mostrara un 1% de la realidad, a cualquier ser racional le daría pánico la idea de participar en una batalla.

Con estas características descritas, la novela del Oeste es la versión moderna de las novelas de caballería, que históricamente siempre habían tenido un fuerte arraigo en España.

En nuestro país, por lo que he podido encontrar, se considera que Esteban Hernández y Fernández, un olvidado divulgador científico, traductor y novelista,  fue el primer autor de una novela del Oeste en castellano, con su obra “Los hijos del desierto: Recuerdos de un viaje por la América del Norte”, publicada en 1876; toda una rareza de nuestro país por las tempranas fechas en que fue publicado. No he tenido ocasión de leerlo, pero parece ser que recoge un buen número de los elementos característicos del género, entre los que se enuentran batallas entre indios, poblados fronterizos, la construcción del ferrocarril, o estampidas de bisontes; pero lo más sorprendente es que muestra una visión del oeste americano muy moderna, pues se aleja de la visión mítica habitual, dando una imagen favorable de los nativos indios en muchas ocasiones, y no tan benigna del hombre blanco.

Para el que quiera  ampliar información sobre esta novela, le recomiendo que se dirija  a  https://arbolesmuertosymuchatinta.wordpress.com/2016/07/03/los-hijos-del-desierto-la-primera-novela-espanola-del-oeste/

Tras esta novela, las clásicas ediciones de folletines típicas de los años 20-30 inundaron el mercado de aventuras del Oeste escritas en muchos casos por autores españoles de los que lamentablemente no hay información alguna, pues en estos años no se daba importancia alguna a los autores, mientras que las portadas recibían mucha más atención editorial.

Estas publicaciones eran unos cuadernillos de unas 16 páginas que se publicaban semanalmente con unas llamativas portadas que despertaban la imaginación del lector. La temática era del género de aventuras, ambientadas en todo tipo de escenarios, como los piratas, el espacio, y por supuesto, el Oeste americano.

novelas oeste dick norton 2Por mencionar algunos de estos folletines ambientados en el Oeste, destacaría “Jim Boy, el terror de los pieles rojas” Y “Aventuras en el Oeste Americano”, ambas publicadas por El Gato Negro; “Dick Norton”, de Hispanoamericana;  “Dik Navarro, el Terror de las Praderas”; “Fitz Roy, el pequeño Cowboy”; o “Pieles Rojas contra Blancos”, una colección de 76 números publicada por la editorial Costa.

Hay que señalar que estas ediciones eran aventuras de corte muy racista (los indios americano siempre eran salvajes incultos con muy malas intenciones), pero desde mi punto de vista aún no reunían las características propias de lo que más tarde sería la literatura popular del Oeste, pues los protagonistas de esas historias carecían del espíritu que los caracterizaría más adelante.

novelas oeste el sheriffHasta los años 40, salvo raras excepciones como El Sheriff, de la editorial Prensa Moderna, de autor nacional desconocido, el Oeste americano no se prestaba de todas formas como fuente de inspiración habitual para los escritores españoles, aunque sí se venían publicando obras de autores extranjeros del género en colecciones de literatura popular de editoriales como Hymsa o Molino. Eso sí, a partir de los años 40, el género inicia una imparable carrera ascendente que inundaría los quioscos de toda España de caballos, pistolas, y sombreros tejanos, gracias a las distintas colecciones de Cliper, Molino, Cies, Valenciana, Bruguera, Toray, y hasta 50 editoriales que publicaron más de 160 colecciones del Oeste que  –ahora sí- empezaban a ser escritas por autores españoles que suplían el alto coste de conseguir derechos de publicación de obras extranjeras.

Hay que hacer una mención especial a la editorial Cies, que en 1943 inicia desde Vigo la colección Rodeo, pionera en España en la temática del Oeste, que alcanzaría los 800 títulos, y que daría una primera oportunidad a autores como Fidel Prado, Federico Mediante, Nicolás Miranda o Manuel Lafuente Estefanía.

Muy pronto le seguiría Clíper, que abriría el camino a autores que hasta entonces se habían curtido como traductores en la editorial Molino. Entre estos destacan Enrique Cuenca Granch, que en 1945 publica en Clíper Mac Larry, una serie de 34 novelas protagonizadas por un vaquero; y sobre todo, José Mallorquí, que comienza su andadura el la colección Oeste, en la que aparecería por vez primera su célebre personaje de El Coyote, un personaje para el que intentó conseguir serie propia en Molino, y que finalmente sería publicada por Clíper.

Otros autores como Jordi Gubern, Jacinto León, J.M. Diez Gómez (con sus maravillosas sagas de Alce Blanco y Alce Bill) fueron también pioneros dentro de la novela popular del Oeste hispana.

Años después prácticamente todos los autores que pasaron por el mundo de la literatura popular participarían en mayor o menor medida del fenómeno de las novelas del Oeste. Silver Kane, Donald Curtis, Keith Luger, Eddie Thorny, Cliff Bradley, Frank Mc Fair, Lou Carrigan, Joseph Berna, Adam Surray, Mikky Roberts… cualquier escritor  que se os ocurra casi seguro que en un momento u otro ha escrito, con mayor o menor fortuna, novelas del Oeste, pues la demanda editorial era insaciable. Hay que tener en cuenta que en la mayoría de los casos los contratos que firmaban las editoriales con los autores les exigían aportar mensualmente un determinado número de novelas de distintos géneros, incluyendo por supuesto del Oeste (y de forma muy especial).

El secreto de este éxito: la realidad es que el prototipo de protagonista del western se ajustaba perfectamente a los gustos del público de la época, y además lo repetitivo de los esquemas argumentales resultaba confortable a los lectores de inquietudes culturales limitadas.

Como es lógico, los clichés del western se multiplican en España en la novela del oeste de quiosco, pues la literatura popular de nuestro país siempre ha destacado por los excesos, y precisa de personajes y situaciones fácilmente reconocibles para el consumidor habitual de bolsilibros, que huía de grandes complicaciones.

De este modo, si en condiciones normales el protagonista de las novelas del oeste tradicionales es un hombre valiente y autosuficiente, en la novela popular española tienen una personalidad que hace que Chuck Norris parezca una hermanita de la caridad. Los hombres son muy pero que muy machos, acordes con la época que se vivía, y la palabra miedo no entra en su diccionario. Eso sí, detrás de esa coraza de aparente insensibilidad late un corazoncito de oro siempre dispuesto a luchar a muerte en favor de los necesitados y a entregarse en los brazos de una indefensa damisela.

Podríamos definir algunas de las principales características de la novela del Oeste española:

  • Escritores ocultos bajo seudónimo anglosajón. Resulta curioso que en las novelas del Oeste, unidas de forma inseparable a los Estados Unidos, los autores emplearan su nombre auténtico con mayor frecuencia que en otros géneros, y prueba de ello son los tres escritores que alcanzaron mayor éxito: Fidel Prado Duque, José Mallorquí y Manuel Lafuente Estefanía. Otros autores como José León, Jordi Gubern o Pedro Lanuza, que normalmente escribían bajo seudónimo, emplearon su nombre auténtico en el Oeste en muchas ocasiones.
  • Las historias están protagonizadas por personajes de carácter muy marcado sobre los que no hay duda posible: los buenos son tipos muy duros hasta el punto que parecen caricaturas de sí mismos, pero con un profundo sentido de la justicia; y los malos presentan todas las características propias de la maldad. Las situaciones y los personajes se simplifican, siendo muy sencillo distinguir el bien del mal, y sin que haya ningún tipo de comportamiento dual que confunda al lector.
  • Argumentos por lo general muy repetitivos, con grandes dosis de violencia y acción. El protagonista suele ser un Sheriff o un forastero que por circunstancias puntuales debe enfrentarse solo a grandes peligros, en un entorno donde la Ley no llega.
  • Casi siempre hay una trama secundaria romántica que acaba con el héroe y la chica bondadosa con planes de boda. Suele aparecer también un personaje femenino malvado, con unas señas de identidad muy definidas: son también mujeres de gran belleza; unas frescas que intentan seducir al protagonista, y además, en el colmo del libertinaje, hasta fuman. Desde ya aviso que si aparece en una novela del Oeste una mujer que fuma, acaba muerta seguro.
  • Aparición de un buen número de tramas aparentemente sobrenaturales (weird Westerns) que casi siempre resultan tener una explicación racional (Scooby Doo).

Como es habitual, he considerado oportuno completar este artículo con la reseña de algunos títulos del Oeste, para que el lector se pueda hacer una idea del tipo de historias que se pueden encontrar en el género.

Novelas oeste muertos luna llena silver kaneTÍTULO: LOS MUERTOS DE LA LUNA LLENA

AUTOR: SILVER KANE

COLECCIÓN BRAVO OESTE Nº 780

1ª EDICIÓN DICIEMBRE 1975

PORTADA: JOSÉ TARDAY

El protagonista de la historia es un cazarecompensas al que todo el mundo llama Lex, un duro entre los duros que sigue a rajatabla el lema de “diente por diente”, y cuyo trabajo es impartir justicia en aquellos casos en los que la Ley fracasa.

En resumen, el trabajo de Lex es quitar de en medio a los delincuentes que la ley no consigue atrapar.

En un claro ejemplo del dinamismo que tiene que tener la novela popular, el lector tiene una imagen exacta del carácter del personaje en las tres primeras páginas de la novela, cuando, tras haber liquidado a los siete miembros de la banda de los Duncan, un despiadado grupo de  asesinos, el Sheriff local le pregunta a Lex si no siente remordimientos por haber matado a una mujer que formaba parte de la banda. La respuesta de Lex es la siguiente:

“—Rosanna, la mujer, fue la que más merecía morir.

Ella secuestró a la niña y la entregó a sus compañeros. Ella pidió el rescate. Ella lo cobró. Ella torturó luego a la niña hasta darle muerte, guiada por su instinto sádico. ¿Qué iba a hacer luego yo? ¿Acariciarle las mejillas cuando me gritó que se rendía?

—Eres implacable, Lex.

—Soy el brazo de la ley. Adonde no llegan ustedes, malditos perros piojosos, tengo que llegar yo. Me ha costado mucho acorralar a esa banda en el hotel. ¿Qué quería que hiciera luego? ¿Que les invitase a cenar? Yo sabía que no tenían que vivir y no han vivido. Mi sabiduría se resume en eso.”

El personaje es muy representativo de lo que es el prototipo de protagonistas de toda novela popular del Oeste: un hombre duro y masculino, totalmente autosuficiente, aparentemente desprovisto de alma, pero poseedor de un fuerte sentido de la justicia. A pesar de ser un mercenario, el dinero no es su principal motivación, como lo demuestra el hecho de que renuncia a cobrar en determinadas ocasiones, como en el caso de la mujer antes comentado,  a cuya recompensa renuncia alegando que es una “cortesía para la señora”. Uno de esos detalles que hacen que el lector entienda rápidamente el carácter de un personaje es que Lex siempre se bebe un vaso de whisky por cada hombre que asesina.

Tras el brillante inicio del libro, que mete de inmediato de lleno al lector en la historia, Lex recibe un nuevo encargo. Un hombre llamado Kurzon, un cruel violador y asesino, se ha fugado de la cárcel. Este despiadado criminal se había librado de la horca fingiendo una enfermedad mental, gracias a lo cual consigue escapar, dejando un rastro de muertes en su camino.

Tras aceptar el encargo a cambio de 9.000 dólares, Lex recibe la amenazadora visita de tres hombres, cómplices en la fuga de Kurzon, que  le aconsejan olvidarse del asunto. Tres whiskies más para Lex que sólo suscitan un comentario por parte del pistolero:

Lástima que sólo hayan sido tres. Esta mañana tengo un poco de sed y me hubiera apetecido beberme cuatro

La cosa se complica cuando otro peligroso loco llamado Moriarty se fuga también de la misma cárcel. Este asesino de Holmesianas reminiscencias se hizo famoso en su día por despedazar a sus víctimas en noches de Luna llena, lo que le creo la fama de ser un vampiro o un hombre lobo. Para el que se esté haciendo ilusiones, a pesar de la presencia de estos supuestos elementos sobrenaturales, yo no definiría en ningún caso esta novela como un Weird Western, lo que no quita que el personaje nos dé una gran sorpresa durante el relato, en un ingenioso giro argumental que yo al menos no me esperaba.

Ya he comentado al principio de esta reseña que otra de las características de las novelas del Oeste es la aparición de una chica que aporte el punto de vista romántico, supongo que para atraer al público femenino a este género. En el fondo viene a ser lo mismo que las series actuales de televisión, que intentan incluir en sus argumentos personajes de razas, religiones y condición sexual distintas con el fin de atraer un público más amplio. En nuestro caso, a mitad de la historia aparece Marta Silvan, una inocente chica cuya hermana fue víctima de Kurzon, y que acaba de enterarse de su fuga, lo que le lleva a iniciar su búsqueda para obtener venganza. Y no sólo eso, sino que también aparece la bella Ligeia, la joven y fría madrastra de Marta, una mujer que pondrá a trabajar todos sus encantos para seducir a Lex y que guarda un oscuro secreto.

Marta es una mujer aparentemente fuerte y autosuficiente, pero pronto caerá rendida a los encantos del en principio insensible Lex, demostrando una vez más que el lugar correcto de una mujer es el matrimonio.

¿Quién está detrás de la fuga de estos dos locos asesinos? ¿Para qué los han liberado? ¿Realmente hay un hombre lobo? ¿Se beberá algún Whisky más Lex durante la novela?. A esto último podéis apostar a que sí.

novelas oeste revolver de oroTÍTULO: Un revólver de Oro

AUTOR: Mikky Roberts

COLECCIÓN BISONTE Nº 554

1ª EDICIÓN 1958

PORTADA: Desconocido

Glenn Tyler es un adinerado joven que acaba de regresar a su Texas natal, concretamente al pequeño pueblo minero de Buenas Noches, tras haber cursado sus estudios de derecho en la lejana Inglaterra, en la Universidad de Oxford. Hijo del poderoso Rudolf Tyler, en su primera toma de contacto con el pueblo, se encuentra con Sonia Romero, su antigua compañera de juegos infantiles, que con los años se ha convertido en una bella mujer; y con otra joven no menos bella llamada Alice Baird, que resulta ser la hija del propietario de uno de los ranchos vecinos al de su padre.

Ya he comentado también que algo muy característico de las novelas del Oeste en España es la presencia de un personaje femenino bueno, y el de otro malo. Os toca descubrir el papel de cada una de ellas.

En poco tiempo Glenn descubre que su padre es en realidad el cacique de Buenas noches, un hombre sin escrúpulos que se está haciendo con todas las minas de la localidad, con la ayuda de su ejército personal de matones a sueldo, que actúan a las órdenes de su mano derecha, el siniestro  Kress waller. Y entre las granjas que su padre codicia se encuentra la del padre de Alice, que muy pronto recibe la inquietante visita de Waller, que le intenta convencer con veladas amenazas para que venda su propiedad a Tyler.

Glenn deberá decidir si permanecer fiel a su padre, o seguir los dictados de su corazón, haciéndole frente. Ya os podéis imaginar cual es su elección, que no es otra que el camino difícil y correcto, lo que le llevará a convertirse en el Sheriff de Buenas noches y a interponerse en los planes de su padre.

El protagonista de esta novela simboliza de forma ejemplar el espíritu fronterizo al que hacía referencia al inicio de esta reseña, tan característico del western. Ya hemos dicho que el Oeste americano representa el punto donde la civilización y lo salvaje se dan la mano, y el papel de los héroes es defender el orden frente al caos; se convierten de hecho en el último bastión de la civilización. En este caso, Glenn viene de un entorno civilizado donde impera la ley y el orden (Oxford), tan sólo para encontrarse con un mundo en el que precisamente sólo funciona la ley del más fuerte y el ojo por ojo, sin que exista posibilidad alguna de justicia. La gracia de la novela es que el villano principal resulta ser el propio padre del protagonista, lo que le plantea un serio problema moral.

Si tuviera que resumir la novela en tres líneas, este diálogo entre Glenn y su padre sería perfecto:

O estás con la Ley, padre, o estás contra ella. Yo defiendo la Ley.

Hubo una larga pausa. Al fin, Tyler dejó caer:

—Mal camino eliges, hijo. La Ley es lo menos importante en Texas.”

Precisamente el motivo por el que he escogido una novela de Mikky Roberts es porque, a pesar de seguir esquemas muy clásicos, es un escritor cuyos argumentos suelen ser algo más elaborados de lo que era habitual en el género del Oeste, que seguía una peligrosa tendencia a la simplificación de caracteres. Muy recomendable escritor de novela policiaca también, por cierto.

 

novelas oeste manantial tragicoTíTULO: El manantial trágico

AUTOR: Fidel Prado

Nº 27 Colección Arizona Editorial Toray.

1ª Edición: 1957

La colección Arizona de Toray fue una de las múltiples series que las editoriales dedicaron al género del Oeste en la década de los 50. Una de las grandes virtudes de esta colección es que en sus inicios casi todos los títulos corrieron a cargo de Fidel Prado –autor de la novela reseñada-  y E. L. Retamosa, seudónimo tras el que se oculta el prolífico Enrique Sánchez Pascual, al que ya he dedicado varias reseñas del blog, y que fue mucho más popular por sus obras bélicas y de ciencia ficción. Gran selección de autores los que logró reunir esta longeva colección (sobrepasó los 400 números ha, que también contó con Rafael Goicoechea Martínez (Raf G. Smith), Mariano Molins Mallol (David O´Malley) o César Torre entre otros.

En “El manantial trágico”, Zachary Monroe es un vaquero que reúne todas las características que debe reunir todo protagonista que se precie de una historia del Oeste: es un hombre duro que se ha hecho sí mismo, obstinado, solitario, luchador, y provisto de un fuerte sentido de la justicia.

El autor define de forma muy acertada en muy pocas palabras al personaje: “Había nacido con un polvorín en las venas y algunos tornillos de menos en la sesera”.

Un buen día Zachary recibe una carta de su tío Jeff Buller, un hombre al que apenas conoce, que le pide que vaya a ayudarle en sus tierras en Roswell, pero el carácter rebelde de Zachary hace que ignore dicha petición. Pasados unos años, nuestro protagonista recibe la noticia de boca de un notario de que su tío ha fallecido en extrañas circunstancias, suicidándose tras haber perdido lo poco que le quedaba jugando a la ruleta. El notario entrega a Zachary una carta de su tío en la que éste le narra una serie de conflictos generados con motivo de un manantial situado en lo que eran sus prósperas tierras, y que a la postre sería el motivo de su ruina económica tras perder una serie de pleitos interpuestos por sus vecinos Dallin y Faith, en gran parte debido a que su propio abogado estaba compinchado con ellos. En la carta, su tío le deja en herencia la única propiedad que pudo mantener, que no es otra que una pequeña parcela donde se sitúa una cabaña y el manantial causante de todos sus males. A cargo de la casa legada, Buller dejó a su antiguo y leal capataz Cady Morrill, y su hija Lily. Supongo que ya habréis adivinado que el personaje de Lily representa el inevitable punto romántico de la historia.

A partir de aquí es cuando el sentido de la justicia del protagonista le lleva a aceptar el legado envenenado de su tío, con la firme intención de vengarle. La guerra con los Dallin y los Faith ha comenzado.

Una historia clásica, con todos los elementos habituales del western, a cargo de un autor, Fidel Prado, que merece sin lugar a dudas un redescubrimiento por su calidad.

novelas oeste 200 dolaresTíTULO: 200 $ mensuales, fosa incluida

AUTOR: Keith Luger

Ases del Oeste nº 903. Editorial Bruguera.

1ª Edición: Agosto 1976

En una de esas escenas que se repiten en innumerables novelas del Oeste, un hombre choca con una hermosa mujer que va cargada de paquetes, provocando una desastrosa caída y los consiguientes reproches por parte de ella. Aunque a primera vista parezca que ese primer contacto no ha sido el idóneo, el lector comprende de inmediato que tras la ácida conversación que mantienen nuestros protagonistas se oculta una clara tensión sexual no resuelta.

Ella se llama Shirley Covis, y es la hija del banquero de Gaumond City. El hombre en cuestión se llama Robert Martin, y poco después se presenta en el banco del padre de Shirley para ofrecerse para evitar un asalto que según él se va a producir sobre alguien que se dispone a transportar una importante cantidad de dinero desde el banco a su mina. Tras tomarle por loco, Frank Wheeler traslada 5.000 $ hacia su mina, acompañado por dos de sus hombres, cuando son asaltados por tres hombres enmascarados. Tan sólo la sorprendente intervención del misterioso Robert Martin consigue evitar el robo, desenmascarando de paso a uno de los hombres de Wheeler, que estaba compinchado con los ladrones.

Tras cobrar una recompensa por su intervención, Robert marcha al pueblo a celebrarlo en compañía de Eva, una fogosa pelirroja que trabaja en el Saloon del pueblo. Allí recibe la visita de su viejo amigo Rock Lewis, que le propone un plan para hacerse rico encontrando el botín de un tal Quantrell, un oficial sudista que acumuló un botín durante la guerra de secesión superior al medio millón de dólares; un botín que escondió antes de morir. La clave para encontrar el dinero se encuentra en un medallón que lleva la hija de Quantrell, una chica que fue entregada en su día por su padre al cuidado de un amigo para alejarla de todo peligro. Y si no habéis caído aún en la cuenta, esa niña es la bella Shirley Covis, que sorprendentemente no resulta ser la chica inocente que parecía a primera vista.

A partir de este punto, la novela da un giro radical cuando Robert y Rock son contratados para proteger a un ganadero de una poderosa compañía que le está amenazando si no le malvende todo su ganado. Un ganadero, que como no podía ser de otra forma, tiene una hermosa hija llamada Sonia.

Ambas tramas – la de Shirley Covis y la del ganadero- acabarán confluyendo durante el transcurso de esta enmarañada historia.

Únicamente añadiré que vuelve a repetirse la aparición de un personaje femenino bueno (en este caso dos, pues hace falta que se casen con los dos héroes) y otro malo, como suele ser habitual en casi todas las novelas del Oeste.

Una de las principales características de Keith Luger es el uso del humor, y los dinámicos y ácidos diálogos de sus personajes, que hacen que la lectura de sus novelas resulte siempre muy fácil. Posiblemente este sea uno de los motivos que lo convirtieron en uno de los autores más valorados por el gran público y con mayor índice de ventas, no sólo en sus novelas del Oeste, sino también en el resto de géneros, especialmente en el policiaco.

Debo reconocer que a raíz de la redacción de este artículo, le he cogido cierto gustillo al género, y se demuestra una vez más que los prejuicios son un lastre muy muy pesado.

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