MAURICE PROCTER Y EL CARNICERO DE HALLIFAX

Maurice Procter

Maurice Procter (4 de febrero de 1906 – 28 de abril de 1973) fue un novelista inglés nacido en Nelson, Inglaterra. Sus padres fueron Rose Hannah y William Procter, un artesano del sector textil, que tuvieron otros dos hijos, Edward y Emmot. Maurice asistió a la Escuela Primaria Nelson antes de huir para unirse al ejército a los 15 años. Consigue alistarse mintiendo sobre su edad (algo bastante habitual en esos años), lo que hizo que sus padres intentaran revertir la situación a toda costa, tarea en la que no tuvieron éxito. Tras su servicio en el ejército, Maurice trabajó brevemente como tejedor en una fábrica de algodón de Lancashire.

Nuevamente la colección Rastros es una excusa para traer al blog una de esas historias más propias del argumento de una película o novela de serie B que de la vida real. Pues bien, la historia objeto de este artículo no solo ocurrió tal y como veremos a continuación, sino que llenó páginas y páginas de los diarios de la época. Y en el medio de este escabroso suceso nos encontraremos con uno de esos escritores de los que suele hablar este blog: Maurice Procter.

En 1927, Maurice ingresó en la policía. En ese momento, a un policía no se le permitía servir en su ciudad natal, por lo que tuvo que buscarse plaza en otra localidad, y la elegida fue Hallifax, una pequeña ciudad situada en el condado de Yorkshire del Oeste, en Inglaterra, a 272 km de Londres, que creció alrededor de la industria de la lana durante la revolución industrial, y que en la actualidad no alcanza los 90.000 habitantes. Una ciudad por cierto con un largo historial de extraños crímenes, y que sería un buen escenario para una novela de Stephen Kimg. Allí tenía Maurice su base en la comisaría de policía de King Cross, donde no sólo trabajaba, sino que también residió durante un tiempo. Más tarde se alojó en el 24 de Cromwell Street, alquilando una habitación en la casa propiedad de un electricista llamado Arthur Edwin Blakey y de su esposa Isabella, una pareja con tres hijas llamadas Phyllis, Eve y Winifred. Maurice se casó con la hija menor, Winifred, en 1933, en la Iglesia de Santa María, Lister Lane, Halifax.

La ciudad de Hallifax

Pues bien, Maurice prestaba en esos años su servicio policial como parte de la patrulla motorizada, que eran un grupo de agentes que cumplían sus labores de vigilancia encima de sus motos; labores absolutamente rutinarias, dado que Hallifax era una de esas poblaciones casi rurales en las que apenas se producían incidentes, al margen de pequeñas trifulcas entre vecinos, o algún que otro robo sin importancia. 

Todo eso cambiaría radicalmente en 1938, con el agente Maurice Procter patrullando tranquilamente con su moto las calles y caminos de Hallifax, sin sospechar que la tranquila población se iba a convertir en un infierno.

El 16 de noviembre de ese año, de noche temprana, dos mujeres de 21 años llamadas Mary Gledhill y Gertrude Watts volvían a casa a la salida del molino donde trabajaban, a unas seis millas de Hallifax, cuando fueron repentinamente golpeadas por lo que parecía ser un mazo o un hacha. Tras conseguir huir de su atacante, corrieron con sus cabezas llenas de heridas y llegaron aterrorizadas a la cabaña de Mr y Mrs Helliway. Lo único que recordaban del misterioso atacante que se desvaneció en la niebla es que era un hombre de unos 30-40 años, que iba con un abrigo largo y una capucha que le tapaba la cara, y del que solo consiguieron destacar que tenía una boca enorme y que llevaba unas llamativas hebillas metálicas en los zapatos.

Este hecho causó de primeras bastante inquietud, especialmente porque en Hallifax ya habían sufrido en 1927 los ataques de un psicópata llamado James Leonard que fue condenado a 6 meses de cárcel por acechar y cortar la ropa a seis mujeres de la ciudad. La figura de Leonard como sospechoso fue rápidamente desechada por la policía porque tenía rasgos físicos que le hacían muy reconocible (una nariz descomunal), y las mujeres atacadas lo descartaron de inmediato.

No sólo eso, la prensa local ya se encargó de empezar a sembrar el pánico al ligar este extraño suceso con el asesinato de un niño llamado Phyllis Hirst en la próxima localidad de Bradford tan solo unas semanas antes. El Hallifax Daily Courier publicó un artículo en primera página alertando de que nadie dormiría tranquilo hasta que el culpable fuera detenido.

El 21 de noviembre de ese mismo año, tan solo cinco días más tarde, otra mujer de 21 años llamada Mary Sutcliffe denunció que un hombre había intentado atacarla con un cuchillo cuando volvía de trabajar de la fábrica de chocolates Mackintosh a la altura de la calle Francis, donde se encuentra una iglesia que 15 años después sería protagonista del asesinato de una nña de 6 años. Tras lograr huir de su atacante, Mary descubrió al llegar a casa que tenía un corte en la muñeca que requirió 4 puntos de sutura. La descripción de su atacante: un hombre de 25-35 años, de 1,80 de estatura, vestido con un abrigo militar, y con unos ojos especialmente saltones.

El pánico se extendió por todo Hallifax, con la gente encerrada en sus casas, las mujeres saliendo a la calle con silbatos de policía y botes de pimienta, y los negocios con la persiana bajada, hasta el punto de que inmediatamente se organizaron patrullas ciudadanas por las noches para vigilar las calles. La policía local (con nuestro autor Maurice Procter entre ellos) inició sus primeras investigaciones, pero las descripciones de las mujeres atacadas eran muy confusas y totalmente inútiles.

El 24 de noviembre, otra mujer llamada Clayton Aspinall acudió aterrorizada a la comisaría a denunciar que un hombre armado con una navaja de barbero le había perseguido cuando estaba buscando fieles para la misa nocturna de la iglesia de St Andrews, alcanzándola a la altura de la escuela de arte situada en Jasper Street. Aspinall pudo ver a un hombre joven corriendo hacia ella, que la empujó y empezó a hacerle cortes en un brazo que empleó para protegerse la cara.  El hombre siguió corriendo, desapareciendo rápidamente de su vista. La descripción del atacante: un hombre de unos 30 años y 1,75 metros de altura, bien peinado, y tirando a pelirrojo. Importante que la víctima insistía en que el hombre debía ser de Hallifax, pues parecía conocer muy bien las calles al huir.

El Daily Courier de Hallifax emplea por primera el nombre de Hallifax Slasher para referirse al misterioso atacante, que yo he rebautizado como el carnicero de Hallifax, porque en castellano la palabra Slasher, derivada de Slash/cuchillada, no tiene una traducción adecuada (acuchillador no suena demasiado bien). La policía local ofrece las primeras recompensas a cambio de cualquier información.

El 25 de noviembre, al día siguiente del ataque a Clayton Aspinall, Un hombre llamado Percy Waddington apareció en la comisaría con cortes en una mano y en la espalda, gritando que había sido atacado por un hombre con una navaja de barbero cuando salía de su tienda, en Elland Lane.

Ese mismo día, otras tres mujeres fueron atacadas: Mrs Annie Cannon dijo haber sido atcada a las 6:20 de la tarde en Highroad Well; Mrs Alice McDonald en Ovenden pocos minutos más tarde; y finalmente Hilda Lodge, una mujer de 35 años, informó que también había sido atacada cerca de allí, en Green Lane, a las 22:00, cuando salió a comprar vinagre para hacerse unas patatas. Lodge se presentó en casa de un vecino con la cara y el antebrazo llenos de cortes. La descripción del atacante volvía a ser en todos los casos completamente inútil.

Hallifax en la actualidad

La misma noche del 25 se produce el segundo herido, pero en esta ocasión por una paliza que un grupo de vigilantes propinan por error a un hombre llamado Clifford Edwards, que lo único que hizo era acudir en ayuda de Hilda Lodge al oírla gritar. La policía tuvo que escoltarlo de vuelta a su casa porque la turba quería matarlo.

Esta noche disparó definitivamente el pánico, ya que era la primera vez que alguien presenta heridas importantes,  y porque el atacante, de carácter casi sobrenatural, parecía ser capaz de encontrarse en varios sitios a la vez. Se decide solicitar la ayuda de Scotland Yard ante la presión de una población que ahora ya se encontraba al borde de la histeria.

El 26 de noviembre otras dos mujeres denunciaron ataques similares, aunque sin daños personales: Leslie Nicholls, de 21 años, fue atacada a las 19:30 y Margaret Reynolds en Caddy Field sobre las 23:30.

El 27 de noviembre una joven de 19 años llamada Beatrice Sorrel entra gritando en la estación de bombreos gritando que ha sido atacada en un brazo (con heridas muy superficiales), y dice que tan sólo pudo ver un brazo con un guante blanco, y pocas horas después un hombre llamado Fred Baldwin recibe una brutal paliza por parte de otro grupo de vigilantes nocturnos que patrullaban en un lamentable estado de embriaguez.

El 29 de noviembre se produce una avalancha de sucesos:  Margaret Kenny denuncia haber sido atacada en Dean Clough a las 7:20 por un hombre bien vestido, de cara ancha, y con botas de agua, realizándole varios cortes en su brazo izquierdo. Margaret muestra una enorme sagre fría, pues asegura haber intentado sujetar al hombre durante casi tres minutos con la esperanza de que alguien viniera a detenerle. Mary Sutcliffe, que ya había denunciado un ataque el 21 de ese mismo mes, denuncia un segundo ataque, aunque esta vez se presentó con diversos cortes en el abdomen; y otra mujer llamada Winifred McCall informa que también había sido atacada. Lo más grave es que empiezan a recibirse denuncias de similares características en Manchester y en Bradford.

Ese mismo 29 de noviembre llegan a Hallifax el Inspector jefe de Scotland Yard William Salisbury (conocido como el terror de los bajos fondos del norte de Lodres) y el Sargento Harry Studdard, que en muy poco tiempo resolverían el caso. Estos dos agentes sin duda alguna impresionaron de forma extrema a Maurice Procter, y seguro que tuvieron mucho que ver con su serie policiaca más conocida, protagonizada por el Inspector jefe Harry Martineau.

Cuando la cosa parecía estar más complicada, ese mismo día el caso daría un inesperado giro, cuando Percy Waddington, el hombre que resultó herido por el carnicero, confesó ante los agentes de Scotland Yard haberse inflingido las heridas a sí mismo con una navaja de afeitar, algo que por cierto le supuso una condena de tres años de cárcel. Esta sorprendente revelación hizo que 9 de las supuestas víctimas confesaran haberse inventado todo. Winnie McCall, Hilda Lodge (condenada a 4 semanas de prisión), Leslie Nicholls, Beatrice Sorell (pena de 4 semanas), y Lily Woodhead; todas ellas confesaron que todo había sido fruto de su imaginación. Beatrice Sorell dijo haberse hecho las heridas tras haber descubierto que estaba embarazada de su novio, con el que acababa de discutir. Hilda Lodge dijo que no entendía porqué lo había hecho, y que comenzó a contar todo tipo de mentiras a los periodistas fruto de los nervios producidos por las constantes noticias sobre el carnicero de Hallifax.

Sin embargo, hubo tres de las supuestas víctimas (Clayton Aspinall, Margaret Kenny, y la doblemente atacada Mary Sutcliffe) que jamás reconocieron haber mentido, así que cabe la duda de si realmente existió algún ataque, aunque fuera de algún perverso imitador que buscara satisfacer sus oscuros deseos. Respecto a Mary Sutcliffe, la policía dudó en todo momento de sus testimonios, llenos de incoherencias, pero no pudo probarse que mintiera.

Aún así, los días 30 de noviembre y 1 y 2 de diciembre, siguieron produciéndose en diversas ciudades inglesas denuncias por parte de personas que aseguraban haber sido atacadas por un hombre con una navaja de barbero.

Scotland Yard dictaminó que el supuesto atacante de Hallifax jamás existió, y que todo había resultado ser un extraordinario caso de histeria colectiva. El 2 de diciembre el Halifax Courier, cuyos titulares fueron posiblemente uno de los principales culpables del pánico creado, publicó un artículo en el que se explicaba la confesión de Percy y del resto de falsas víctimas, y se daba por zanjado el caso del inexistente psicópata de Hallifax, una especie de hombre del saco nacido de la mentira y el miedo.

El suceso de Hallifax ha perdurado en la memoria, e incluso podemos encontrar una mención expresa en la obra From Hell, el famoso cómic de Alan Moore sobre los asesinatos de Jack el destripador, relacionando el suceso de Halifax con otros terribles hechos criminales de la historia de Inglaterra que se repetirían de forma recurrente: en 1788, el monstruo de Londres; en 1888 (100 años después), Jack el Destripador; en 1938 (50 años más tarde), el carnicero de Hallifax; en 1963 (25 años después) los crímenes de Ian Brady y Myra Hindley; y en 1976 (12´5 años después), los asesinatos de Peter Sutcliffe…

Es más que posible que la novela de Maurice Procter titulada  I Will Speak Daggers (1956), publicada también como Ripper Murders o The Ripper en Estados Unidos, esté basada en su experiencia en Hallifax con el carnicero. En esta novela, una de las protagonizadas por el Inspector jefe Phillip Hunter, un psicópata armado con una navaja de afeitar está asesinando mujeres en una pequeña población inglesa, sembrando el pánico entre los lugareños. La policía local se ve obligada a pedir la ayuda de Scotland Yard, que envía a Hunter para resolver tan siniestro caso.

Tras los sucesos de 1938, la vida de Maurice Procter cambió radicalmente. Durante la guerra, Maurice fue trasladado de King Cross a la comisaría de Mixenden. En aquellos días, Mixenden era solo un pequeño pueblo, por lo que Maurice era el policía del pueblo y él y su esposa vivieron en la casa de policía durante 5 años. Maurice y Winifred tuvieron un hijo, un hijo llamado Noel. En total, Maurice sirvió en la fuerza policial de Halifax durante 19 años, permaneciendo como agente durante todo ese tiempo.

Su experiencia como policía en ese periodo es lo que hizo que el autor tuviera conocimientos de primera mano acerca de los procedimientos policiales, lo que se tradujo años después en un gran realismo en su obra policial, algo que elogiaron muchos críticos.

Comenzó a escribir ficción estando todavía como policía en servicio. Su primer libro, No Proud Chivalry, se publicó en 1947 y tan pronto como empezó a ganar dinero escribiendo, renunció a la policía. Gran parte de su obra la escribió en el estudio de su casa en Willowfield Road, en Hallifax, aunque años más tarde él y su esposa acabarían pasando gran parte del año en España y Gibraltar.  El principal personaje de las novelas de Procter ya he comentado que es el inspector jefe Harry Martineau (15 novelas), de la policía de la ciudad de Granchester, una ficticia ciudad industrial del norte de Inglaterra basada en Manchester. Su novela Hell Is a City (1954), primera de la serie de Martineau, (que se publicó en los Estados Unidos como Somewhere in This City ) se trasladó al cine en 1960 con Stanley Baker como Martineau. El otro gran personaje del autor es Phillip Hunter, que protagonizó otras tres novelas entre 1951 y 1956. Almargen de estos dos personajes, el autor escribió otras 7 novelas policiacas sin protagonista fijo, entre las que se encuentra The sprahead death, publicada en Rastros como A punta de lanza, novela que me ha servido de excusa para traer al blog la fascinante historia del carnicero de Hallifax.

Maurice Procter murio en 1973, en -lo han adivinado- Hallifax.

Alberto Sánchez Chaves. Abril de 2022

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