LA COLECCIÓN CONGO DE BRUGUERA

Ya he mencionado en diversas reseñas esta maravillosa colección de aventuras publicada por Bruguera, una de mis favoritas dentro del mundo del bolsilibro, pero que por desgracia sólo alcanzó 26 números; una prueba de que el género de aventuras no se encontraba entre las primeras elecciones de un público demasiado acomodado en el Oeste Americano, y todo ello a pesar de que la nómina de autores de la colección contó con algunos de los más populares escritores de Westerns (Estefanía, Keith Lugger y Silver Kane eran tres de los más reputados autores de novelas del Oeste).

Entre 1955 y 1956 se publicaron las 26 novelas que componen esta codiciada colección, una serie de relatos que se desarrollan en su práctica totalidad en África, a excepción de alguna historia que transcurre en un escenario tan éxotico para la época como es Australia.

El único motivo de realizar este artículo es que el aficionado cuente con un listado completo de la colección (nada nuevo, pues ya ha sido colgado en diversas páginas) y con todas sus maravillosas portadas (que yo sepa es la primera vez que se pueden ver todas juntas).

TITULO AUTOR
1 Las joyas sagradas Marcial L. Estefanía
2 Reguero de sangre Keith Luger
3 Trágico safari Alar Benet
4 Los diamantes de Kwan Mark Halloran
5  Bulane Marcial L. Estefanía
6 Sahara en rojo Clark Carrados
7 Trágico botín Keith Luger
8 El vencedor de la selva Rogers Kirby
9 La pitonisa Marcial L. Estefanía
10 Revuelta en el Sudán Keith Luger
11 Continente negro Alar Benet
12 Tragedia en la selva Marcial L. Estefanía
13 La ruta de los Massai Rogers Kirby
14 El diablo de la selva Charles Mitchel
15 Tráfico de esclavos Alar Benet
16 La hija de la magia Marcial L. Estefanía
17 Atentado en Africa Keith Luger
18 La diosa blanca Alar Benet
19 Calen la bayoneta Keith Luger
20 Contrabando de ébano Marcial L. Estefanía
21 Muramos juntos, querida Silver Kane
22 Oro envenenado Rogers Kirby
23 Rebelión en Argelia Keith Luger
24 Selva cruel J. Dixon
25 La montaña sagrada Alar Benet
26 Soplo de Terror Peter Debry

Como puede verse, el popular Estefanía fue el responsable de 6 títulos, Keith Lugger (Miguel Oliveros Tovar) otros 6, Alar Benet (Juan Alarcón Benito) 5, Rogers Kirby (Ángel Gordón González) 3, y Mark Halloran (Jordi Gubern Ribalta), Charles Mitchel (Carlos Miguel Martínez), Clark Carrados (Luis García Lecha), Peter Debry (Pedro Victor Debrigode), Silver Kane (Francisco Ledesma)  y J. Dixon (Jacinto León Ignacio Ruiz de Cárdenasa) aportaron 1 cada uno.

Fascinante colección que recomiendo enfervorecidamente  a todo el mundo, aunque por desgracia es muy complicado encontrar cualquier ejemplar de la misma. Al menos, os dejo las portadas de todos los títulos de la serie.

 

MARCIAL LAFUENTE ESTEFANÍA EN ÁFRICA

TITULO: LAS JOYAS SAGRADAS

AUTOR: M. L. ESTEFANÍA

COLECCIÓN: CONGO nº 1. Editoral Bruguera.

PORTADA: Antonio Bosch Penalva. 1ª Edición Noviembre 1.955

congo 01

Primer título de la mítica CONGO

Uno de los grandes objetivos por los que abrí este blog era homenajear a los autores de novela popular, con especial atención para aquellos de los que nadie se acuerda. Pues bien, en esta más que probablemente infructuosa misión he caído en la cuenta de que yo mismo estaba cometiendo una injusticia de igual o mayor magnitud que la que yo achaco a los lectores que se limitan a leer a dos o tres autores, sin dar una oportunidad a escritores menos reconocidos.

En mi caso mi autolimitación viene dada por mi voluntaria renuncia a leer nada que pueda considerarse dentro de los géneros del Oeste y romántico, lo que provocaría que casi con toda seguridad no dedicara nunca una miserable reseña a auténticas vacas sagradas de la literatura popular como son José Mallorquí, Corín Tellado o el mismo Manuel Lafuente Estefanía, escritores que sin lugar a dudas no necesitan para nada aparecer en esta humilde página, pues son sobradamente conocidos y disponen de abundante información en la red, pero tampoco creo justo que en un blog que dice ser un homenaje a los escritores de novela popular no les dedique al menos un artículo en exclusiva a cada uno de ellos, así que comenzaré por Estefanía, un hombre del que se siguen publicando novelas inéditas 32 años después de su fallecimiento.

Estefanía.3

Marcial Lafuente Estefanía, el escritor de western por definición

Marcial Antonio Lafuente Estefanía nació en 1903 en Toledo. Su padre, Federico Lafuente López-Elías, que además de abogado fue periodista y escritor, enseñó a su hijo a amar el teatro clásico del Siglo de Oro, que llegó a conocer muy bien. Sin embargo, Marcial optó inicialmente por estudiar ingeniería de caminos, canales y puertos, profesión que ejerció en España, África y América. Su trabajo le llevó a recorrer este último continente entre 1928 y 1931, especialmente los Estados Unidos -donde parece ser quedó impactado con el genocidio de los indios nativos- , lo que le sirvió luego para ambientar sus historias, cuyos detalles y localizaciones parece ser –según los expertos en el tema- que están rigurosamente documentados.

Se casó con María Luisa Beorlegui Carril, con quién tuvo dos hijos, Francisco María Lafuente Beorlegui y Federico María Lafuente Beorlegui, que en el futuro colaborarían en la producción literaria de su padre.

Al estallar la guerra civil, Marcial tomó partido por el bando republicano, en cuyo ejército llegó a ser general de Artillería en el frente de Toledo. Al final de la contienda, tuvo la posibilidad de exiliarse, pero prefirió quedarse en España e ir a la cárcel, lo que de hecho estuvo a punto de costarle la vida: se salvó de ser fusilado gracias a la providencial aparición de una prostituta, que se llevó al oficial al mando para ofrecerle sus servicios justo cuando se iba a producir la ejecución, postergándola para siempre, para ser finalmente trasladado a la prisión de Ocaña. Quizás por esta milagrosa aparición en muchas de las novelas del autor hay una prostituta de buen corazón.

Fue en prisión donde comenzó a escribir obsesivamente para matar el tiempo, aprovechando cualquier trozo de papel que pudiera conseguir, incluyendo el higiénico.

Durante la guerra, el escritor y dramaturgo Enrique Jardiel Poncela le había dado un consejo: «Escribe para que la gente se divierta, es la única forma de ganar dinero con esto». Ese parece ser que fue el fundamento de su manera de escribir; desde el principio buscó la amenidad, prescindiendo de las largas descripciones, y trabajó sobre todo los diálogos, con unos modismos muy característicos y una acción continua.

estefania y ledesma en 1964

Eugenio Barrientos, dueño de la librería Tetilla y fundador de la editorial Cíes, le dio su primera oportunidad al salir de prisión, reclutándolo en su nómina de escritores a granel, fundamentalmente hombres procedentes del bando Republicano que no sólo perdieron la guerra, sino también su anterior medio de ganarse la vida y en la mayoría de los casos, su nombre auténtico, viéndose obligados a adoptar seudónimos para poder trabajar. Para Cies escribió inicialmente novelas policiacas y románticas.

Para Cies tengo constancia que escribió en 1.943 una novela policiaca llamada “El crimen perfecto”, bajo el seudónimo de Dan Lewis, como suplemento nº 1 de la biblioteca X.

Sus primeras novelas del Oeste las firmó bajo los pseudónimos de “Tony Spring” o “Arizona”, y las románticas con el nombre de su esposa, “María Luisa Beorlegui” o como “Cecilia de Iraluce”, aunque también usó otros seudónimos como “Dan Luce” y “Dan Lewis”. Al empezar a trabajar para Bruguera, comenzó a publicar ya siempre novelas del oeste con las siglas M. L. Estefanía,  convirtiéndose en uno de los principales activos de la editorial,  y mucho más adelante, cuando se descubrió su verdadera  identidad en los años 70, con su nombre completo, Marcial Lafuente Estefanía.

Escribió su primera novela del oeste en 1942, con el título de “La mascota de la pradera” (Ediciones Maisal: Biblioteca Aventuras, núm.78), y desde ese momento ya nunca abandonó el salvaje Oeste.

Hay que decir que la verdadera identidad de M. L. Estefanía fue uno de los secretos mejor estefania novelaguardados de la época. En los años 70, el misterio se desveló: a pesar de los rumores de que M. L. Estefanía era María Luisa Estefanía, un ama de casa asturiana con gusto por los vaqueros, la realidad resultó ser más prosaica. Más adelante llegó el fin del bolsilibro, devorado por otras formas de cultura popular, como la televisión o la radio. Aunque las novelas de Estefanía nunca desaparecieron del mercado, las ventas cayeron poco a poco por debajo de los 10.000 ejemplares, cuando en la época dorada superaban con creces los 100.000.

Resulta difícil saber si esa vida de artesano de la literatura, jamás reconocido por el mundo literario, le era totalmente satisfactoria. Su familia asegura que nunca dio la sensación de importarle el menosprecio hacia su trabajo por parte de los autodenominados “escritores serios” o la falta total de reconocimientos incluso a nivel popular. Pero la realidad es que intentó publicar sin éxito una novela seria, “El maleficio de Toledo”, fruto de sus notables conocimientos históricos sobre su ciudad natal (¿Ningún editor que se anime a recuperar esta obra?). Y se dice –aunque entre tantas novelitas sea complicado demostrarlo– que tomó algunos de los argumentos de sus westerns de las obras teatrales del Siglo de Oro español, que conocía bien, traspasando sus temáticas al salvaje Oeste.

Según confesaba el escritor, para la escritura de todas sus novelas recurría a tres libros en particular: una obra muy completa de historia de Estados Unidos, un atlas muy antiguo de este país, donde aparecían los pueblos de la época de la conquista del Oeste, y una guía telefónica estadounidense en la que encontraba los nombres de sus personajes.

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Las actuales novelas de Estefanía

Marcial se levantaba a eso de las cuatro de la mañana y escribía hasta la hora del aperitivo. Después de comer, aún trabajaba un rato. La incorporación de los hijos al negocio familiar tuvo un origen casual. En unas vacaciones, unos amigos apostaron con Federico, cuando tenía poco más de 20 años, que no sería capaz de escribir una novela como las de su padre. El chaval se puso a la labor y le entregó la novela luego a Marcial para que la juzgara. El padre no respondió durante semanas, hasta que un buen día le entregó a Federico la novela, ya publicada y firmada por Estefanía. «No lo interpreté negativamente. Entonces, nadie sabía quién era Estefanía; las novelas se firmaban M. L. Estefanía. Mi padre me dijo: “¿Para qué hacernos la competencia, si podemos ganar más dinero juntos?”. Y así comenzó nuestra colaboración».

Tras su hijo Federico, que continuó la publicación de obras de M. L. Estefanía, se incorporó su nieto, que a día de hoy sigue manteniendo vivo al escritor más famoso del salvaje Oeste, con una obra que supera ya los 3.000 títulos, y aumentando, aunque lógicamente con unas tiradas que se encuentran muy lejos de las de la edad dorada de la novela popular.

El matrimonio Lafuente vivió en Madrid, pero Marcial fue un enamorado de Arenas de San Pedro (Ávila), donde residió mucho tiempo y donde su esposa falleció el 28 de julio de 1975, a los 71 años de edad. Él, que presumía de haber enterrado en sus obras a más de 200.000 personas, falleció de pulmonía a los 81 años, el 7 de agosto de 1984 en Madrid, y fue enterrado en el cementerio de Arenas, la ciudad que tanto amó, donde se puede contemplar el nicho en que reposan sus restos.

Dada mi inexplicable aversión por el Oeste (supongo que haber visto tantas películas de ese género en mi infancia tendrá que ver mucho con esto), he decidido acercarme a Estefanía a través de la colección Congo de Bruguera, para la que extrañamente el autor –que rara vez abandonaba el wertern- escribió 6 títulos de un total de 26. Una de mis colecciones favoritas, en la que encontramos títulos de Keith Luger, Clark Carrados, Silver Kane, Peter Debry y Charles Mitchel entre otros, estos cuatro últimos con un único título por cabeza (todas ellas en mis estanterías, por cierto).

Las novelas de Estefanía en la colección son los siguientes:

1 – Las joyas sagradas – Marcial L. Estefanía
5 – Bulane – Marcial L. Estefanía
9 – La pitonisa – Marcial L. Estefanía
12 – Tragedia en la selva – Marcial L. Estefanía
16 – La hija de la magia – Marcial L. Estefanía
20 – Contrabando de ébano – Marcial L. Estefanía

En el magnífico blog de Juan Castillo podemos encontrar otra reseña del primer título de la extraordinaria colección Congo de Bruguera, inaugurada por M.L Estefanía, con “Las joyas sagradas”.  Tenéis la reseña en el enlace http://bolsilibrosblog.blogspot.com.es/2011/06/las-joyas-sagradas.html  congo 12

A pesar de disponer de la mayoría de las novelas del autor en esta colección, no he podido evitar empezar también por este número 1, ya que sigo con esa teoría absurda de que la primera novela de un autor tiene por fuerza que ofrecer lo mejor del mismo. Por cierto, maravillosa portada de Bosch Penalva (Barcelona, 12-11-1.925- ), autor de otras cuantas portadas de la colección.

Tras una pequeña introducción sobre la ciencia de la etnología, donde el autor muestra un conocimiento de África que sorprenderá a más de uno, fruto de los años que pasó en Angola y Mozambique trabajando como ingeniero, la acción se inicia con Lord Gregoryn, un hombre de avanzada edad, años atrás un osado explorador, que hoy se encuentra aterrorizado por una supuesta maldición que persigue a todos los que hace años participaron en una incursión en Africa de la que volvieron con una valiosa joya robada de un templo bantú que representa al ibumbuni, una criatura de la mitología africana dotada una poderosa cola con la que sujetaba a sus víctimas hasta matarlas.

El cazador de fieras terrible, había sido cazado por la muerte, que se le llevaba de un modo inexorable

Cada uno de los tres hombres –Gregoryn, Thompson, y Burkon- que volvieron de esa infame expedición, de la que nunca quieren hablar y que preferirían olvidar, conserva una parte de la sagrada joya, y todos y cada uno de ellos han sufrido a lo largo de los años una serie de desgracias que sólo con los años han ido asociando a la maldición.

Gravemente enfermo, convencido de que en breve morirá a manos del ibumbuni, al que constantemente oye rugir desde el interior de la caja fuerte donde guarda su fragmento de joya, Lord Gregoryn decide encargar a su hijo, el apuesto y valiente Joe Gregoryn, que devuelva la joya a su ubicación original, a la sombra del Kilimajaro, con el fin de acabar con la maldición.

Con los dos fragmentos que le entregan su padre y Thompson –cuyo hijo lleva desaparecido años- debe dirigirse a la bahía de Ungama (Kenia), donde vive Burkon, el tercer componente de la expedición original, para que le entregue el tercer fragmento de la joya, y desde allí ir a buscar un cuarto trozo que fue escondido en una gruta en el corazón de la jungla por uno de los nativos que servía de guía a la expedición.

Comienza así desde Southampton un viaje en barco plagado de peligros, donde el protagonista, acompañado de una letal caja donde guarda los fragmentos de la joya, compartirá travesía con cuatro enigmáticos personajes: Helen Custer, una bella joven que tiene la intención de robar la joya, para lo que intenta seducir a Joe; Emil Golding y Alma Bradford, una pareja de supuestos cafeteros que también intentan hacer amistad con Joe con pérfidas intenciones, y Gordon Mac Lean, un polizón huido de la justicia, que chantajea a Helen obligándole a compartir camarote con él.

Un viaje en el que los protagonistas conocerán el miedo, la traición, y por supuesto, el amor, como mandan los cánones.

He de reconocer que la ágil redacción, no exenta de calidad de Estefanía, al menos en este libro, me ha sorprendido gratamente, así que me lanzo a la búsqueda de sus escasas novelas policiacas, a ver cómo se desenvuelve en otro género distinto.

Conclusión: esto me va a costar más tiempo y dinero, como siempre.