NOEL GUBIE, JUD KELLER Y ALVA LA ROCHE, SEUDÓNIMOS RESUELTOS

noel gubie extraña muerteMe encontraba escribiendo un articulo (que subiré al blog inmediatamente después de esta reseña) sobre la poco conocida colección “Autores Británicos” de la editorial Cliper, y como parte de la misma decidí dar una serie de datos biográficos de todos y cada uno de los autores que participaron en los 29 números que duró la colección. Todo iba bien, hasta que llegué a un tal Noel Gubie, con el que me topé con el muro que inevitablemente uno se encuentra cuando se escarba un poco en las profundidades de la literatura popular. Absolutamente ningún dato acerca de este autor, lo que me hizo sospechar  que de británico iba a tener  poco.

Unos años antes de la publicación de esta colección de Autores Británicos, las editoriales de novela popular -Cliper entre ellas- empezaron a recurrir a autores españoles para continuar sus series de quiosco, ante las dificultades para obtener material extranjero, lo que proporcionó una fructífera y eficaz cantera de escritores capaces de sostener el infernal ritmo de producción exigido: José Mallorquí, Manuel Vallvé, Guillermo López Hipkiss, Adelardo Fernández Arias y muchos otros empezaron a hacerse un nombre entre los lectores, sin que la calidad de las novelas que llegaban a los quioscos se viera resentida en modo alguno.

Pues bien, me voy a aventurar a desvelar el auténtico nombre del escritor que se oculta detrás de Noel Gubie, y a continuación explicaré el modo en que he llegado a esta conclusión.

Noel Gubie es Jorge / Jordi  Gubern Ribalta, más conocido en el mundo de la literatura popular como Mark halloran, al que ya dediqué una reseña en el blog, autor que también empleó los seudónimos de Bruno Shalter, Pedro Lanuza, William O´Connor, Esteban Díaz, y desde ahora podemos asegurar que también el de Noel Gubie, hecho éste de no poca importancia si consideramos que en mi opinión Jorge Gubern es sin lugar a dudas uno de los escritores de mayor calidad que pasaron por la novela popular.

La información que conozco sobre el autor se puede encontrar en

https://bolsilibrosmemoriablog.wordpress.com/2016/04/07/pronostico-mortal/

Ahora explicaré cómo llegué a esta conclusión.

Mis sospechas sobre que el seudónimo corresponde a un escritor español comienzan al no localizar información alguna en las habituales fuentes que suelo consultar para conseguir datos biográficos de autores anglosajones. Ese hecho, unido a que en internet no se puede encontrar ningún libro del escritor que no estuviera publicado en español, aumentó mi convicción en este sentido.

Noel Gubie el zoo de papelUna vez centrado en que era español, lo único que tuve que hacer fue localizar todas las novelas que publicó en nuestro país, que no son muchas, por cierto: que yo tenga conocimiento, “La extraña muerte del Dr. Wireless”, publicada en la colección Autores Británicos de Cliper en 1948; “Redoble mortal”, en la 2ª serie de la colección Misterio de Cliper; y “El zoo de papel”, en la 2ª Serie Wallace, también de Cliper.

En este último título, “El zoo de papel”, aparte de una maravillosa portada a cargo de Chaco Pino, se nos presenta en la contraportada del libro una de esas falsas biografías que me fascinan, y a las que por cierto era muy aficionado Jorge Gubern:

“Noel Gubie es ciudadano americano desde 1945. Nació en Londrés, de padre francés, el 22 de junio de 1920, y cambió de nacionalidad a raíz de la guerra, en la que desempeñó importantes misiones para los servicios secretos aliados. Ha estado en España cuatro veces, y aquí ha publicado algunas de sus primeras novelas. Actualmente dirige en Chicago una agencia de investigaciones privadas. Su vasta experiencia del espionaje y los bajos fondos de dos continentes le ha permitido producir una obra maestra como es “El zoo de papel”, donde se presenta una estampa estremecedora del hampa norteamericana en la que hay bordada la intriga policiaca más original y más llena de sorpresas que la moderna literatura de emoción ha dado.

Por su duro y vibrante realismo y por su doble condición de detective y escritor, tan poco frecuente, Mark Halloran le ha seleccionado.

Noel Gubie biografia contraportada el zoo de papelAsí que tenemos que el fascinante Noel Gubie es presentado en la colección ni más ni menos que por Mark Halloran (principal seudónimo literario de Jorge Gubern, que no utilizó en su etapa en Cliper). Si a esto le unimos la similitud del apellido Gubie con Gubern, y que el autor trabajaba en esos años para esta editorial, para la que escribió todos los títulos de la colección Mike Palabras con su nombre auténtico, creo que podemos asegurar con casi total seguridad que ya hay un pseudónimo menos por resolver.

A raíz de la inicial publicación de esta reseña, se puso en contacto conmigo Antonio Guerrero, un gran conocedor de la literatura popular, para facilitarme datos de dos posibles seudónimos más de Jordi Gubern, autores de “Dinero fresco” y “Espías en Bombay“, ambos publicados dentro de la misma colección Nueva serie Wallace. Estos no serían otros que Jud Keller y Alva La Roche, ambos con fantásticas falsas biografías en la contraportada de sus respectivos títulos, presentados por Mark Halloran, lo que hace sospechar que se tratan nuevamente de sudónimos suyos, a pesar de que en este caso no hay similitudes entre los seudónimos y el nombre del autor.

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Debo agradecer de nuevo la generosidad de Antonio Guerrero  por facilitarme las imágenes escaneadas de estas dos últimas novelas, que nos permiten de este modo conocer otros dos seudónimos más de Jordi Gubern.

El motivo por el que he decidido dedicar finalmente una reseña exclusiva a este tema es que el artículo sobre la colección Autores Británicos es demasiado largo, por lo que era más que probable que la gente no lo leyera íntegramente y se perdiera este dato en las profundidades del blog.

PRONÓSTICO MORTAL

Título: PRONÓSTICO MORTAL

Autor: MARK HALLORAN

Colección Servicio Secreto  nº 413. Editorial Bruguera

Portada: Bernal

1ª edición: Julio 1958

Mark Halloran - Pronostico MortalHabrá quien piense –y no le faltará razón- que mucho he tardado en hacer una reseña de un libro de Mark Halloran, sin lugar a dudas uno de los escritores de mayor calidad que han pasado por la literatura popular.

El motivo no es otro que ni su obra es tan extensa como la de las vacas sagradas del sector, y sobre todo que el grueso de su obra se publicó muchos años antes de que yo naciera, limitándose básicamente a los géneros policiacos y el western, por lo que he tardado más tiempo en llegar a él.

Jorge Gubern y Ribalta (o Jordi Gubern, la verdad es que no sé cómo preferiría que le llamaran) (Barcelona 1924-1996), dio sus primeros pasos literarios con poco más de 20 años en Ediciones Clíper, sello propiedad del mítico Germán Plaza, que años más tarde cofundaría Plaza & Janés, iniciándose como la mayoría de escritores de la época, en el Western, de donde destacaría la creación de su personaje Mike Palabras, un extraño protagonista para los cánones de la época.

Este personaje, al que dedicó una serie de  12 números de 64 páginas,  era un charlatán de espeso bigote, pasado de peso, y  que prefería resolver los problemas empleando el cerebro en lugar de la pistola. Sus historias tenían un componente detectivesco que no era habitual en el género, y ya daban una pista del gusto del escritor por lo policiaco.

Como muestra de una de esas maravillosas presentaciones que se hacían en la época de los autores, esto es lo que aparecía anunciando el próximo número de una colección sobre Mark Halloran:

Mark Halloran es un seudónimo, pero muy pocos conocen el verdadero nombre y nadie la verdadera nacionalidad de quien lo usa. Cuando Mark Halloran llegó a España, en 1944, se dijo que venía huyendo de los agentes alemanes a través de toda Europa. Nunca se supo si era cierto o no. Habla a la perfección cinco idiomas. Desde 1947 reside habitualmente en nuestro país, pero anualmente efectúa un viaje de un par de meses con destino ignorado. Si se le pregunta si está casado o tiene familiares en el extranjero, sonríe y mueve la cabeza en una respuesta ambigua que lo mismo puede expresar afirmación o negación.

MARK HALLORAN BIENVENIDA MUERTEEn España Mark Halloran ha publicado una docena de novelas y unas cuantas narraciones breves, que inmediatamente merecieron el interés de los aficionados. Especialista en criminología, es también conocedor extraordinario de la moderna literatura policiaca, de las “rough stories” que tanto influyen en la novela, el teatro, el cine, e incluso la vida de nuestro tiempo”.

No me digáis que no es genial.

Tras sus inicios en Clíper, nuestro autor recabó en Bruguera, y con el seudónimo de Mark Halloran, y marginalmente Bruno Shalter, se convirtió en uno de los pilares de la colección Servicio Secreto, donde desde mi punto de vista ha dejado lo mejor de su producción.

Siendo aún muy joven, Gubern abandonó prácticamente la escritura, asumiendo a cambio mark halloran horror atómicodiversas responsabilidades en la gestión de la editorial. Su última novela policiaca original de la que yo tengo constancia es “Sin Aliento”, número 583 de la colección Servicio Secreto, del año 1.960. Aunque tanto en Punto rojo como en la misma Servicio Secreto se publicaron ocasionalmente con posterioridad títulos del autor, se trataban de reediciones de libros ya publicados.

Una lástima que no continuara escribiendo y que no realizara incursiones en géneros como el terror o la ciencia ficción, aunque sí se asomó a la novela de aventuras en la estupenda colección Congo.

En todos los sitios en que se menciona a Mark Halloran siempre se destaca de él  un cuidado estilo narrativo, y sobre todo el tratamiento que da a  los personajes secundarios, o episódicos, a los que dota de una complejidad verdaderamente sorprendente. Hasta el momento, de lo poco que he leído del autor, puedo decir que estoy totalmente de acuerdo.

Pronóstico mortal  comienza cuando Johnny Richmond, nuestro protagonista, descubre en la habitación de su hotel de París el cuerpo de un desconocido  asesinado con un cuchillo clavado  en la espalda.

Richmond, un comercial americano que trabaja para una empresa de productos plásticos, se ve envuelto en una investigación en la que aparecen la mafia corsa, siniestros húngaros, y  hasta el servicio secreto ruso, con el agravante de que si no descubre pronto por su cuenta al esquivo asesino, su verdadera identidad podría quedar al descubierto.

En sus averiguaciones Richmond se cruzará con una serie de personajes claves en la resolución del puzzle en el que se ha visto envuelto: Tony Ballinger, un antiguo agente de los servicios secretos americanos, hoy en día retirado, manco y alcoholizado, despechado con el país que le apartó de mala manera del servicio; René Leonarte, un mafioso corso, narcotraficante habitual, sospechoso de estar vendiendo información  confidencial a potencias enemigas; Lissette Cabanel, una mujer fatal de libro, protegida de René; Lafosse, un músico perdidamente enamorado de Lissete, sin esperanzas de llamar su atención; Marco, el lugarteniente de René, un bruto que no lloraría demasiado la muerte de su jefe; o Madame Ney,  la dueña del hotel, una mujer de dudosa reputación de vuelta de todo que en un momento dado llega a decir a nuestro protagonista “En mi negocio se aprende mucho de la vida. Si una es cándida, pierde pronto la candidez. Si no conoce a los hombres, si no los entiende, no tarda en conocerlos y entenderlos. Hace años que no me chupo el dedo”.

Unos personajes secundarios muy sólidos, en ocasiones más interesantes que el propio protagonista, un conocimiento de París por parte del autor que se confirma en cada detalle, y una cuidada prosa en una novela de espionaje puro, que me ha resultado muy amena, hacen de este un libro de notable calidad. Habrá gente que considere que muchas de estas novelas de los años 50 se han quedado desfasadas, y para algunos autores -que no es el caso de Mark Halloran- puede ser cierto, pero lo mismo podría aplicarse al cine, y no creo que mucha gente discuta las virtudes del cine de esos años. Es más, yo considero estas novelas una oportunidad única para entender la mentalidad y las costumbres de esa época.

Por cierto me da la sensación de que la censura a veces bajaba un poco los brazos, y sino tomemos de ejemplo esta conversación entre Lissete y nuestro protagonista:

“- Debo parecer una chica sencilla e ingenua. No conviene que se sepa que bailaba con una rosa.

-¿Que mal hay en bailar con una rosa?

 -Quiero decir solamente con una rosa. Prendida del pelo.“

Una mujer no del todo honesta para la época, y que sin embargo se acaba quedando con el protagonista.

A leer a Mark Halloran Ya¡¡¡