REQUIESCAT…

Franklin Gough - RequiescatTÍTULO: Requiescat…

AUTOR: Franklin Gough

Colección La Novela Negra Nº  20.  Editorial Tesoro

1ª EDICIÓN  1963

PORTADA: JANO

Cada vez que leo alguno de los títulos de la colección Novela Negra de la editorial Tesoro, siempre me refuerzo en la idea de que los escritores de novela popular tenían por lo general una calidad muy superior de la que podía deducirse únicamente de la lectura de sus novelas de 96 ó 120 páginas habituales. A poco que se les diera un poco de tiempo y una longitud un poco mayor para el desarrollo de sus historias, su experiencia y talento les permitía ofrecer al lector una narración más pulida y carente de los finales precipitados que eran la norma habitual del bolsilibro.

Este es el caso de esta interesantísima novela de Franklin Gough, uno de los seudónimos de Octavio Cortés Faure, un autor a reivindicar -uno más-, mejor conocido como O. C. Tavin, y al que ya dediqué una reseña del blog.

El libro comienza con una rutinaria reunión de amigos en un pub de Hendon Station, una pequeña localidad al Noroeste de Londres.

Allí suelen tomar cada día una copa el escritor de novelas policiacas Nigel Bentham y su esposa Némesis con un grupo de amigos compuesto por Benjamin Manville, un viejo militar retirado; Clark Hogarth, un vendedor de coches; Harold Rusmore, un adinerado joven que vive de las rentas; y Clive Holdenby, un médico que no ejerce y que también vive de las rentas.

En una charla informal, se discute sobre si existe el crimen perfecto. Como es de suponer, el vanidoso Nigel Bentham expone con todo detalle ante todo el mundo un crimen que según él no dejaría huella alguna. Como ejemplo para explicar los motivos del crimen presenta como supuesto, ante las risas de todos los presentes,  que su mujer le es infiel con su amigo Rushmore, y acto seguido detalla los pasos que seguiría para asesinarle sin dejar rastros.

A la mañana siguiente Harold Rushmore aparece en su cuarto asesinado, exactamente a la misma hora, entrando por el mismo sitio y de la misma manera que la expuesta por Nigel la noche anterior, lo que hace recaer sobre su persona todas las sospechas. Incluso su propia esposa parece convencida de que su marido es el asesino, especialmente porque resulta ser cierto que mantenía una relación amorosa con la víctima a espaldas de su esposo. Por su parte, Nigel, alimentado por su vanidad de escritor, está obsesionado con descubrir al asesino para poder demostrar su inocencia.

El inspector Thomas Falkeith de Scotland Yard es enviado para resolver el crimen, y para ello contará con la ayuda de su ayudante Fraser y de Arthur Horder, único agente de la policía local.

La novela se soporta sobre una serie de personajes muy bien definidos, con especial mención para Némesis Bentham, la esposa del escritor, un claro ejemplo de mujer fatal, que me ha recordado en muchos aspectos al personaje de Sharon Stone en la película “Instinto Básico”.

Además la novela está muy bien resuelta, sin precipitación, con todos los personajes siendo sospechosos en uno u otro momento, y con un sangriento final que sirve de colofón a una buena historia policiaca.

Me gustaría mencionar una serie de curiosidades que han llamado mi atención de forma especial:

  • El título original de la novela, según consta en el propio libro, es “A wreith for…” en uno de esos intentos –habituales en la época- por parte de las editoriales de hacer creer al lector que se encontraba ante la traducción de una novela extranjera. Una prueba más, añadida a los propios seudónimos de los autores y a la ambientación británica de la obra, de que las editoriales consideraban que el público no podía tomarse en serio una novela policiaca española.
  • Muy llamativo un pasaje del libro en el que se defiende a capa y espada la presunción de inocencia como uno de los pilares de la democracia, hecho éste muy sorprendente si tenemos en cuenta que la novela fue publicada en 1963, en plena dictadura franquista, con una censura muy poco dada a permitir declaraciones de este tipo.
  • Hay un gran sentido del humor en un apartado de la novela en la que se habla de la faceta de escritor de novelas policiacas populares de Nigel:
    • ¿Vas a emplear ese argumento del crimen perfecto que expusiste anoche?.
    • ¡Oh, no!. Hay que variar un poco. Ese tema lo he empleado ya una docena de veces. Tengo anotados otros argumentos…
    • De otros autores, ¿no? –rió ella-. Tal vez de alguna película que has visto. ¿No temes que algún día un autor te rompa la nariz por plagiar alguno de sus argumentos?. Lo haces demasiado descaradamente.
    • Lo hacemos todos, y por eso nada podemos echarnos en cara….

Desde que Thomas De Quincey publicó su famoso ensayo titulado “El crimen entendido como una de las bellas artes” muchos han sido los autores que han perseguido plasmar en el papel el crimen perfecto. El argumento de la novela “Requiescat…” ahonda en este tema,  basándose en el clásico asesinato anunciado y en la vanidad del asesino; un argumento que me ha traido a la memoria una serie de historias que demuestran una vez más que la realidad supera con creces a la ficción.

Krystian Bala AmokEn 2007, un escritor polaco llamado Krystian Bala fue juzgado por un caso de asesinato que él mismo había descrito en una de sus novelas, con una cantidad de detalles que según la Policía sólo el asesino podía conocer. En la novela, Bala describe el asesinato de un empresario acuchillado tras sufrir una espantosa serie de torturas. En las páginas de “Amok”, la primera novela del autor,  publicada en 2003, Bala describe cómo un empresario es torturado y posteriormente asesinado. Según Bala, se inspiró en el asesinato de Dariusz J., un empresario cuyo cadáver mutilado apareció en diciembre de 2000 en el río Oder, cerca de la frontera polaca con Alemania. En su momento, la investigación policial sobre este crimen no dio ningún resultado concreto. La única pista significativa que hubo en su momento fueron unos correos electrónicos que llegaron de Indonesia y Corea y que describían el asesinato como el crimen perfecto.

Cinco años más tarde, el joven comisario Jacek Wroblewski, del Departamento de Homicidios de Wroclaw,  recibió en esa época la misión de revisar los principales casos sin resolver de la región, y coincidiendo con ello, la policía recibió una llamada anónima que sugería a los agentes que leyeran la novela “Amok”, publicada tres años después del crimen. La policía encontró asombrosas similitudes entre el asesinato de Dariusz J. y el descrito en el libro, similitudes que solo podían conocer los investigadores o el asesino, lo que llevó a Wroblewski a obsesionarse con la idea de que el asesino ficticio de la novela “Amok” era realmente un trasunto de su autor. El supuesto móvil del crimen sería que el empresario asesinado, guapo y de éxito, mantenía una relación amorosa con la ex mujer de Bala. El escritor fue arrestado, pero tras tres días de interrogatorio, en los que Bala asegura que fue torturado, fue puesto en libertad por falta de pruebas. La prensa polaca se burló de los desvaríos literarios de Wroblewski, acusándole de no distinguir entre ficción y realidad, pero la investigación continuó hasta que se descubrió que Bala había estado en Corea e Indonesia en la misma época en que se enviaron los correos electrónicos que hablaban del crimen perfecto. Después se tuvo constancia que, cuatro días después del crimen, Bala había vendido un móvil idéntico al que tenía el empresario asesinado. La ex mujer del escritor confirmó que había mantenido una relación con el empresario, y declaró en el juicio que su ex marido era un personaje obsesivo que se había vuelto muy agresivo incluso con sus propios amigos después del divorcio.

Krystian Bala, que realmente pudo haber cometido el crimen perfecto de no haberse dejado arrastrar por la vanidad,  fue condenado culpable del asesinato, y actualmente cumple una sentencia de 25 años de cárcel, desde donde sigue escribiendo una supuesta segunda parte de “Amok”.

No es este el único caso de asesino que siente la necesidad de contar al mundo lo que han hecho.

El escritor holandés Richard Klinkhamer no logró publicar inicialmente su novela “Woensdag Gehaktdag” (literalmente, “Miércoles, día de la albóndiga”) porque su editor la consideró una obra nefasta. El libro narraba  con exactitud la historia de un hombre que se deshacía del cadáver de su esposa un miércoles por la noche, utilizando una trituradora de carne. Esto era exactamente lo que Klinkhamer había hecho con su esposa un año antes tras causarle la muerte después de golpearla violentamente en una discusión. Si la novela se hubiera publicado en aquel momento, probablemente el caso se habría resuelto antes, pero no fue hasta 1997 cuando los nuevos propietarios de la casa del asesino contrataron a unos trabajadores para renovar su nuevo jardín, donde descubrieron el cadáver. Fue finalmente en 2007 cuando se publicó su libro escrito en prisión, “Woensdag Gehaktdag” (“Miercoles leñador”), en el que se describe el asesinato de su mujer. Murió el 21 de enero de ese año mientras dormía, a los 78 años de edad.

El caso más reciente es de este mismo año, 2017. El 29 de noviembre de 1995 dos criminales asesinaron a cuatro personas –incluyendo un niño de 13 años-,  tras ser sorprendidos robando en un pequeño hostal de Huzhou, una ciudad del sur de China.

Las pocas pistas que encontró la policía no les llevaron a ninguna parte y el caso quedó sin resolver.

Un escritor llamado Liu Yongbiao, de 53 años, un novelista especializado en el género policiaco que se ha ganado una cierta popularidad en la nación asiática, publicó en 2010 “El secreto culpable”. Aparte de las similitudes de los hechos que se narran en la novela con los asesinatos de Huzhou, en el prefacio del libro anunciaba la intención de escribir otra novela sobre una guapa escritora que ha matado a varias personas, sin que los casos fueran resueltos.

criaturas celestialesLa policía, sospechando que la inspiración de Yongbiao no respondía sólo a su imaginación, detuvo al escritor en su domicilio, donde no sólo confesó rápidamente el homicidio, sino que les dijo: “He estado esperando por ustedes todo este tiempo“.

Por supuesto tampoco son los únicos casos de escritores asesinos de la historia, gremio en el que en mi opinión destaca poderosamente el caso de Anne Perry, la famosa escritora de novelas policiacas, y sobre la que se basa la magnífica película “Criaturas celestiales” (si alguien no la ha visto aún, la recomiendo), aunque en este caso nos encontramos con un escenario totalmente distinto, pues la escritora ya había sido juzgada y condenada años atrás, y en ningún caso escribió posteriormente sobre el crimen.

PUNTO FINAL

Título: Punto Final

Autor: O.C. Tavin

Colección FBI nº 70. Editorial Rollán.

Portada: Amable Leal

1ª edición: Año Desconocido

Punto finalVuelvo a la colección de FBI, por la que reconozco que siento una especial debilidad, con una poco trabajada portada de Amable Leal, que parece que tenía prisa ese día, y que además no guarda relación alguna con el contenido del libro.

Octavio Cortés Faure es el escritor oculto tras el seudónimo O.C. Tavin, y constituye sin lugar a dudas uno de los soportes de la colección FBI de Rollán, junto con Alf Manz, Frank Mc Fair, y Eddie Thorny.

Hasta ahora no había leído nada suyo, y debo de decir que me ha parecido un buen escritor, que ha conseguido entretenerme con un argumento mucho más interesante de lo que puede parecer a primera vista.  Como de tantos otros escritores, tristemente no puedo contar nada sobre él, y como siempre agradecería cualquier dato biográfico para poder darlo a conocer en esta misma página.

La primera sorpresa es que el protagonista absoluto del libro es una mujer, no una investigadora del FBI, como ya podíais imaginaros, sino la esposa del inspector jefe del FBI en Chicago, un hombre que llega a decir lo siguiente:

Mi mujer es un alma cándida, que no se mete en nada, que no entiende de nada de lo que yo hago, como no se lo diga yo. Cuando usted se case, si alguna vez lo hace, escoja a una mujer buena, pero que sea mucho menos inteligente que usted, y que lo adore sin reservas, creyendo todo cuanto usted le diga”. Si hoy en día alguien dijera algo así, sale en todos los telediarios.

La novela comienza con una cita de Johann Gottlieb Fichte, que aunque ya sé que sois gente leída, os diré que era un filósofo alemán del siglo XVIII y principios del XIX considerado como uno de los padres del idealismo y nacionalismo alemán. Para que luego digan que no se aprende nada con los bolsilibros.

El hombre no puede evitar nunca sus malos pensamientos. La honestidad consiste en no convertirlos en actos”.

Y la cita viene que ni pintada con el argumento de la novela, ya que nuestra protagonista, Patricia, la leal esposa de Douglas Petz, inspector jefe del FBI en Chicago, sospecha que su marido se trae turbios negocios con un mafioso llamado Adamowsky, motivo por el cual espía a escondidas sus conversaciones.

Horrorizada, descubre que sus sospechas están más que fundadas, ya que de la conversación que escucha escondida en el despacho de su marido se desprende que Douglas está involucrado en todo tipo de negocios sucios: alcohol, drogas, prostitución, asesinatos e incluso espionaje militar, y que no sólo recibe sobornos a cambio de mirar para otro lado, sino que incluso recibe favores de señoritas de dudosa reputación como contraprestación adicional. Vamos, que este tío no ha leído a Fichte en su vida, y si lo ha leído, llegó hasta el primer punto y aparte.

Dividida entre el amor que siente por su marido y su recta conciencia y profundo patriotismo, Patricia decide fingir que no sabe nada, y utilizar todo tipo de artimañas para estropear los criminales planes de su marido, sin atreverse a denunciarlo, pues está convencida de que todavía hay tiempo para que vuelva al camino correcto, con su ayuda, la de Dios, y la de los buenos ciudadanos de los Estados Unidos de América.

Si os pasa como a mí y pensáis que seguro que todo se trata de un error de la tonta e inocente Patricia, y que seguro que el marido está infiltrado en la mafia y que todo acaba felizmente, ya os puedo anticipar que estáis muy confundidos, pues Patricia no sólo no está equivocada, sino que además llegará a extremos que no podéis ni imaginar para conseguir deshacer todo el mal provocado por su marido y sus malvados compañeros de fechorías, pasando de las denuncias anónimas a la falsificación de planos militares, y llegando incluso al asesinato.

Un buen libro, con personajes principales bien definidos, y muy bien acompañados de carismáticos secundarios, como Sally, la impetuosa hermana de la protagonista, y su novio Ernest, un competente y honrado agente del FBI, o la gruñona pero entrañable tía Cordelia.

Como curiosidad, os comentaré que el autor muestra un considerable conocimiento del Washington de la época. Tras una detallada descripción del barrio donde vive la tía Cordelia, se menciona que desde su casa, cercana al zoológico, se escuchan los rugidos de Churchill. Indagando, he podido comprobar que en los años 50 una de las máximas atracciones del zoo de Washington era precisamente un viejo león al que llamaron Churchill tras la segunda guerra mundial en honor del primer ministro británico, cuyo apodo era precisamente “El León”.

Una más que agradable sorpresa, la verdad, que me ha supuesto el descubrimiento de O.C. Tavin, otro gran autor a rescatar del olvido.