LOS MUERTOS RECUERDAN MI NOMBRE

seleccion-terror-32TÍTULO: LOS MUERTOS RECUERDAN MI NOMBRE

AUTOR: SILVER KANE

COLECCIÓN SELECCIÓN TERROR  Nº   32.  EDITORIAL BRUGUERA

1ª EDICIÓN  OCTUBRE 1973

PORTADA: ALBERTO PUJOLAR

Tal vez no nos encontramos ante una de las mejores obras de Silver Kane, pues en ocasiones el desarrollo de la trama resulta algo precipitado, pero sí con un punto de partida sobre el que el autor construye una historia que a mí me ha resultado fascinante, y que de haberse desarrollado con menos premura podría haber dado lugar a una grandísima novela. Punto de partida por otro lado que no entenderemos hasta el final del libro.

Un enfermo mental fallece al caer violentamente desde una ventana del manicomio de Issy. En la otra punta de París, una empleada de seguros llamada Jacqueline recibe un correo de su íntima amiga Patrice, a la que no ve desde hace unos años, anunciándole que va a pasar unos días con ella. Cuando entra en su apartamento para preparar una cena especial de bienvenida, se encuentra a su amiga en el centro del salón dentro de un ataúd.

Mientras tanto, Natalie Balfour, una bella joven que se encuentra en tratamiento psicológico por problemas nerviosos bajo la supervisión del prestigioso doctor Mercier, acude a una visita regular a su consulta. Cuando se encuentra esperando al médico en su despacho, dentro del manicomio de Issy, tiene una horrible alucinación al ver en una gran pantalla apagada situada en su consulta un escalofriante y sangriento crimen cometido con un arma medieval, lo que lleva al médico y a la propia paciente a pensar que Natalie está recayendo en sus antiguas dolencias. Poco tiempo después la propia Natalie es atacada con un arma similar a la de su alucinación  por alguien vestido como un monje medieval, ¿o se trata tan sólo de otra alucinación producto de su mente enferma?.

Estos tres hechos, aparentemente sin relación alguna, forman parte de un mismo misterio, en el que por motivos casuales se ve envuelto el intrépido Lejeume, un joven y atractivo reportero del París Match.

En la novela se hace referencia a unos experimentos de un tal Giorgy Adan, de la universidad de Budapest, indicándose a pie de página que dichos experimentos son rigurosamente  ciertos. Aviso que lo relacionado con estos experimentos resulta ser la clave de la novela.

Según el autor, los trabajos del tal Giorgy consistían en inyectar en el cerebro de las ratas una sustancia obtenida del cerebro de otras de sus congéneres que les permitía absorber sus recuerdos, de modo que una rata a la que se le inyectaba dicha sustancia era capaz de encontrar la salida de un laberinto, pues heredaba los recuerdos de otra rata entrenada previamente.

Pues bien, una vez más el detective del bolsilibro (o sea, yo) se puso en marcha para investigar qué hay de cierto en todo esto.

Para empezar, no encontré referencia alguna al tal Giorgy Adan, lo que no significa que no existiera. Es más que probable que el Sr. Ledesma (Silver Kane) leyera en algún periódico de la época alguna noticia relativa a los experimentos de este señor, pues en los años 70 se produjo un auténtico boom científico en este campo.

En 1953, dos estudiantes de doctorado de la Universidad de Texas, James V. McConnell  y

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James V. McConell

Robert Thompson, empezaron una investigación sobre la transmisión de la memoria utilizando como animal de experimentación unos gusanos llamados planarias. El objetivo inicial de McConnell y Thompson era demostrar que las planarias, uno de los animales más primitivos que existen, podían aprender y recordar un estímulo condicionado.

Las planarias tienen una propiedad fascinante: si se les corta por la mitad, tanto la parte de la cabeza como la parte de la cola son capaces de regenerar la mitad que les falta. Es algo asombroso en unos animales que tienen una organización compleja, incluido un sistema nervioso. Con estos gusanos, McConnell planteó la siguiente cuestión: si hemos hecho a una planaria aprender y recordar algo y la cortamos por la mitad, las dos partes regeneradas recordarán lo aprendido.

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Las asombrosas Planarias

Tras esta primera tesis, McConell intentó “traspasar” estos recuerdos de una planaria a otra, inyectándoles un “batido” de planaria, pero no resultó posible por el diminuto tamaño de estos animales. Ante esta dificultad, el científico se encontró con una especie de planaria que practicaba el canibalismo, lo que le permitió que ya en solitario, McConell publicara el famoso estudio «Transferencia de memoria a través del canibalismo en planarias», en el que sostenía que las planarias que devoraban a otras planarias que habían sido condicionadas para responder a un estímulo aprendían a responder a dicho estímulo más rápido que otras planarias. McConnell consideraba esto una evidencia de que la memoria tiene una base química, una sustancia distribuida por el cuerpo a la que denominó «memoria ARN».

Esta tesis fue llamada en su momento la “Hipótesis Mau Mau”, en referencia al grupo organizado que en África fue demonizado por los ingleses, acusándolos entre otras lindezas de canibalismo, que permitía a sus miembros heredar los recuerdos de las víctimas que devoraban (casualmente en este mismo blog hay un artículo sobre los Mau Mau, a colación de una novela del mismo título de Keith Luger).

Aunque sus hallazgos recibieron abundante publicidad, otros científicos no pudieron reproducirlos, y por tanto cayeron en el descrédito; sin embargo, a finales de los 90 se descubrió que había muchos tipos de moléculas de ARN, y que la función de éstas era más compleja de lo que se creía, lo que hoy en día ha abierto la puerta a una revaluación de los experimentos de McConnell, siempre y cuando se logre replicarlos.

En los años 60s, McConell tuvo una importante repercusión mediática, apareciendo en todo silver-kane-worm-digesttipo de medios ajenos al mundo científico, e incluso recibió el apodo de MacCanibal, pero poco le importaría, pues se hizo con una auténtica fortuna con el tema de las planarias. Le gustaba hacer en público afirmaciones provocadoras. Convencido de que la memoria tenía una base química, solía decir que en el futuro se programaría a la humanidad mediante drogas, de modo que una persona pudiera aprender a tocar la guitarra o memorizar la obra completa de Shakespeare ingiriendo una pastilla o mediante una inyección. Llegó a publicar dos revistas distintas conjuntamente: una con sus avances científicos sobre las planarias, y otra segunda satírica de humor sobre planarias (no es broma) llamada Worm Runner’s Digest, que se publicaba con las hojas orientadas al revés para distinguirlas. ¿Quién quiere leer “El Jueves” teniendo el Worm Runner’s Digest?. Propongo desde aquí una sección diaria en algún diario con viñetas de planarias.

La fama de McConnell fue tal que lo convirtió en una de las víctimas de Theodore Kaczynski, más conocido como “Unabomber”. El 15 de noviembre de 1985 McConnell recibió un paquete al que acompañaba la siguiente nota: «Me gustaría que leyese este libro. Cualquiera en su posición debería leerlo». El ayudante de McConnell, Nicklaus Suino, abrió el paquete, que resultó ser la décima bomba del famoso terrorista. A consecuencia de la detonación, Nicklaus sufrió gravísimas heridas y McConnell padeció una pérdida de audición permanente.

En los años 60, cuatro laboratorios (probablemente entre ellos estaría el supuesto trabajo de Giorgy Adam) informaron de que habían tenido éxito haciendo transferencias de memoria en ratas, empleando distintos mediadores químicos. Más de 50 laboratorios incluyendo algunos de universidades prestigiosas como Harvard, Yale, Berkeley o el MIT se incorporaron a la investigación sobre transferencias de memoria.

De los continuadores de la investigación en las transferencias de memoria, el más famoso de todos fue sin lugar a dudas Georges Ungar, quien en 1972 publicó que había descubierto una pequeña molécula, llamada escotofobina, que inyectada en ratas inducía miedo a la oscuridad. Según este autor norteamericano de origen francés, cada recuerdo estaba codificado por una serie de moléculas que establecían relaciones entre grupos de neuronas. Ungar realizó un test de aversión a la oscuridad. Para eso, en las jaulas de las ratas se fabricaban dos compartimentos, uno oscuro y otro con luz. El animal recibía una descarga eléctrica cada vez que se iba a “lo oscuro”. Ungar entrenó a unos 6.000 animales y les extrajo los cerebros, juntando de ese modo unos 5 kilogramos de cerebros de rata (para que luego os quejéis de vuestro trabajo). Fue purificando ese material biológico hasta conseguir aislar una molécula de quince aminoácidos que en teoría transmitía esa aversión a la oscuridad y que fue bautizada como “el recuerdo en un tubo de ensayo”, la escotofobina (de scotos, oscuridad y fobos, miedo). Según Ungar al inyectar la sustancia del cerebro de la rata en un ratón (esto último por consideraciones económicas, pues los ratones son mucho más baratos que las ratas), el ratón “asumía” o “incorporaba” el miedo a la oscuridad para el que había sido entrenada la rata.

Es decir, que damos un pasito más: no sólo se heredarían los recuerdos, sino también los comportamientos. Poco importa que esta teoría se demostrara años después absolutamente errónea; la verdad es que la idea es muy atrayente, y sirve en este caso a Silver Kane como tema alrededor del que gira el argumento de esta novela, cuyo título no puede ser más apropiado.

Aparte del interesante desenlace del libro, es de destacar que la novela tiene las mismas dosis de humor que de terror. Si bien es habitual en los libros de Kane encontrar siempre algún pasaje humorístico, en este libro alcanza cotas poco habituales. Uno de los principales hilos argumentales de la novela es un personaje llamado Cliff Soustelle, un empleado de los juzgados amigo del protagonista Lejeume, un  mujeriego empedernido, cuya táctica es que tras conquistar a una chica se la lleva a un apartado rincón cercano al manicomio de Issy, para rematar la faena, con la desgracia de que cada vez que la chica de turno está a punto de caramelo, un cuerpo cae desde alguna ventana destrozando el vehículo que ha alquilado para impresionar a sus conquistas (con la primera empieza alquilando un deportivo, y con la última apenas le da para una bicicleta).

Para que luego digan que no se aprende nada con estos libros. Pura ciencia.

LA BRUJA DE LA COLINA ROJA

Título: LA BRUJA DE LA COLINA ROJA

Autor: CLARK CARRADOS

Colección Selección Terror nº 88. Editorial Bruguera

Portada: Alberto Pujolar

1ª edición: Noviembre 1974

BRUJA COLINA ROJAVolviendo a las microreseñas, que de eso se trataba en teoría este blog, regreso a la colección Selección Terror, por la que claramente tengo preferencia, y aprovecho para comentar otra novela de Clark Carrados, del que ya hice una reseña anterior, lo que me permite centrarme en el resumen del libro.

Los jóvenes Roy y Chuckie están apoyados despreocupadamente en la calle sobre una pared, cuando se encuentran sorpresivamente con una entrañable anciana que les advierte de manera inexplicable de que van a morir al intentar atracar un banco. Impresionados por la siniestra predicción, los dos jóvenes, que efectivamente se encuentran a punto de atracar un banco armados con sendos revólveres, ignoran a la extraña mujer, y deciden seguir adelante con su plan, muriendo asesinados a tiros, al encontrarse con otros dos atracadores a los que se les había ocurrido milagrosamente la idea de robar en ese mismo instante el banco.

Una anciana mujer llamada Flavia Covington apodada en el vecindario como “La bruja de la casa de la colina roja”, un joven pintor llamado Boris Shard que por casualidad llega a casa de la misma y recibe el encargo de realizar un retrato, y Paula Gordon, una joven amenazada, testigo de las intenciones de los dos jóvenes de atracar el banco, convergen en una historia cuyos caminos conducen hasta la joven nieta de la señora Covington, Charlotte Sutts, asesinada 10 años atrás por un grupo de personas que poco a poco están muriendo de forma sobrenatural.

La novela, con otra extraordinaria portada de Pujolar, contiene referencias expresas al pozo y el péndulo de Edgard Allan Poe, uno de los mejores cuentos de terror jamás escrito, así como los habituales homenajes/plagios –según el cariño con el que miremos estos libros- a multitud de novelas y películas del género, que no mencionaré por no destripar la historia.

Aunque a ratos la novela es un poco deslavazada en cuanto a la historia, con cierta precipitación en la resolución de escenas, la narración de Clark Carrados, que no es Edgard Allan Poe, es, como siempre, correcta, y consigue mantener la intriga sobre determinados aspectos de la trama hasta el final del libro,que como suele ocurrir en estos casos, resulta sumamente decepcionante por la precipitación con que se resuelven los nudos argumentales pendientes.

Sin embargo, centrándome en los aspectos positivos,  me ha resultado muy interesante la parte de la trama que afecta al joven y prometedor pintor que llega a casa de Ms. Flavington, tanto respecto del análisis que hace del misterioso retrato de su nieta, como de la obsesión que poco a poco le invade según avanzan sus trabajos en la elaboración del retrato de la propia Flavia Convington.

Por cierto, me ha resultado muy gracioso un pasaje del libro en el que le preguntan a Boris Sharp qué haría en caso de fracasar como pintor, y éste contesta “dibujar carteles para anuncios publicitarios o portadas de novelas de aventuras”. Clark Carrados llamando fracasados a los portadistas de Bruguera; vamos, haciendo amigos.

¿Por qué han empezado a morir ahora los responsables de la muerte de Charlotte, años después de su asesinato?.

¿Qué ocurrió realmente aquel día?¿Está realmente muerta?¿Cuál es el papel en la trama del retrato que está realizando Boris de la Señora Covington?

Y lo más importante, ¿hará alguna vez alguien algún comentario en este blog?. Que nerviosssss.

SANGRE EN UN CRÁNEO

Título: Sangre en un cráneo

Autor: Curtis Garland

Colección Selección Terror Nº 172

Portada: Alberto Pujolar

1ª edición Junio 1976

Sangre en un craneo “…Pero desde entonces, es muy raro que duerma bien de noche. De cualquier lado que me vuelva, hay siempre un rostro que me hostiga. Y una risa histérica resonará para siempre en mis oídos.”

Con esta cita de “La caja oblonga”, relato de Edgar Allan Poe, comienza esta novela de Curtis Garland, en la que se narra la historia del joven Dr. Paul Harding, que atraviesa graves penurias económicas en Londres, cuando recibe sorpresivamente la noticia de que ha heredado todos los bienes de su tío Eric, con la extraña condición de que para poder aceptar la herencia debe también comprometerse a vivir durante al menos un año en Hetzgerstein, la residencia del fallecido, situada en Zwickberg, un pueblecito de Alemania cercano a Dresden (ciudad que por cierto recomiendo visitar a todo el mundo).

Acuciado por las circunstancias, el joven acepta trasladarse a vivir a Alemania, con la intención de iniciar su andadura como médico en su nuevo hogar, una mansión vecina a una casa sobre la que pesa una maldición familiar relacionada con la muerte del  barón Konrad Meinster, fundador de su dinastía, que murió violentamente acusado de vampirismo, maldiciendo a sus descendientes por no haber hecho nada para evitarlo, y al que se decapitó, enterrándole sin cabeza, para evitar que volviera de la tumba.

La llegada del Paul Harding a la localidad desencadenará una serie de siniestras muertes  en las que los cuerpos aparecen decapitados, relacionadas con la antigua maldición, que llevarán a nuestro protagonista a la búsqueda del desaparecido cráneo del barón.

Otra novela de ambientación victoriana de Curtis Garland (no especifica el año en que se desarrollan los hechos), con la calidad a la que nos tiene habituados, especialmente por la ambientación de las situaciones, y en la que recurre a un recurso bastante habitual en él, como es el uso de capítulos que reflejan las anotaciones de un diario, alternándolos con capítulos que narran los hechos del momento en que se desarrolla la historia.

Como curiosidad, decir que hay dos escritores llamados Paul Harding, como el protagonista de nuestra novela, uno de ellos ganador del premio Pulitzer en 2010, y el otro, un seudónimo empleado por Paul Doherty, escritor especializado en novelas históricas. Ambos casos posteriores a las obras de Curtis Garland.

ESCRITO EN EL TIEMPO

Título: Escrito en el tiempo

Autor: Silver Kane

Colección La Conquista del espacio nº 181

Portada: Albert Pujolar

1ª edición Enero 1974

silver kane 3A pesar de la extensa obra de Francisco González Ledesma en la literatura popular, en la que abarcó prácticamente todos los géneros, en  la ciencia ficción no se prodigó mucho, y a la vista de la lectura de esta novela, debo decir que es una auténtica lástima (aunque no me he leído el resto de momento).

Como de Silver Kane ya he dado en una entrada anterior algunos datos de su vida, permítanme una breve pincelada acerca de Albert Pujolar, para mi uno de los mejores portadistas de bolsilibros. (Datos sacados de http://www.tebeosfera.com/autores/pujolar.html en su mayor parte)

Pujolar (Barcelona, 10-10-1938) es un dibujante, ilustrador y pintor con mayúsculas, autor

PUJOLAR3

Muestra del trabajo de Albert Pujolar

de numerosas portadas para revistas y literatura de quiosco e ilustraciones tanto para el mercado nacional como para el extranjero, que continúa en la actualidad  pintando (y muy bien).

Albert Pujolar nace en el seno de una familia pudiente de la Barcelona alta. Su padre ocupaba el puesto de secretario de Joan Comorera, conseller de Agricultura de la Generalitat republicana. Su madre era la secretaria de su marido.

A los pocos días de nacer Albert, sus padres se ven obligados a huir a Francia al enterarse de que el marido va a ser arrestado y condenado a muerte. El niño queda con sus abuelos paternos en Hostalrich, donde pasará la mayor parte de su infancia. Sus padres acaban en un campo de concentración en Argelès-sur-Mer, donde su padre permanecería durante siete años; no así su madre, que logró abandonar el campo gracias a sus influencias. Tras dar a luz a una niña, decide dejarla junto a Albert al cuidado de sus propios padres, de origen humilde y trabajador (su abuela fue modista del Liceo), por lo que Albert regresa a Barcelona para vivir con ellos, y con ellos viviría hasta su boda, a los veinticinco años.

PUJOLAR FOTOAlbert Pujolar estudió en el colegio nacional de la calle San Pablo, el Collazo y Gil, pero a los seis años, y gracias a su tío, ingresa en La Salle Condal, donde permanece hasta los catorce años. A los quince comienza a trabajar como meritorio en un despacho.

Albert confiesa no saber a ciencia cierta cómo descubre sus habilidades artísticas, ya que recuerda desde bien niño refugiarse en el dibujo para olvidarse de su entorno, lo que no pasa inadvertido en la escuela, donde se le pone al cargo de decorar las pizarras en el mes de María y los decorados de las obras teatrales.

Autodidacta, pasaba los veranos en el Barrio Gótico barcelonés realizando dibujos, lo que le hace aprender las bases de la perspectiva. Gracias a Enrique Badía Romero, que era su vecino, comienza a ilustrar cromos sobre el espacio y posteriormente empieza a trabajar en el estudio en que Jorge Badía y Enrique trabajaban, en la calle Secretario Coloma esquina con la avenida del General Mitre.

A través de un familiar emparentado con los hermanos Bruguera consigue entrevistarse conPUJOLAR2 Rafael González, que le dice que su trabajo no es bueno pero que le da una oportunidad por haber sido enviado por un familiar. Es así como Albert llega al estudio de Bruguera de República Argentina, donde realiza cinco o seis series de Bisonte, de 35-36 páginas cada una. Tenía 18 años y trabajaba para Bruguera por las tardes mientras por la mañana realizaba el servicio militar.

Pujolar no estaba satisfecho realizando historietas, por lo que pide a Lluís Casamitjana, director del estudio, el poder realizar las portadas. Casamitjana accedió a que lo intentara y, contento con la primera, ya no volvió a realizar historietas.

pujolar-redsonjaProlífico en su obra, llegó a ilustrar tres portadas por semana para la colección de bolsilibros y dos portadas semanales para Creaciones Editoriales. Paralelamente, Casamitjana le consigue trabajo para Inglaterra realizando ilustraciones para cómics bélicos y para diversas revistas, entre ellas Valentine. Alternativamente realiza portadas para Vértice, Molino, AFHA, Mateu, y cromos de Rin-Tin-Tin para Marco. A continuación comienza a trabajar en ilustraciones románticas para Bardon Art y posteriormente para Selecciones Ilustradas, trabajando desde casa.

Dada su falta de relación personal con los compañeros del estudio, a los que sólo veía cuando acudía al estudio de Diagonal, se gana el apodo de “el alemán” por firmar su trabajo para este país bajo el seudónimo de “Schöller”.

Cofundó el Club de Tenis Pedralbes junto al matrimonio Sánchez Benito, padres de los silver kane 2tenistas Sánchez Vicario. Abandona la ilustración para montar un negocio de baños galvánicos que fracasa, lo que hace que un año después regrese con Toutain, para el que continúa ilustrando portadas y también una edición ilustrada de la Biblia. Trabaja para Warren brevemente, conociendo al propio Warren cuando éste le visita en su casa en Sitges junto a Miralles. Tras abandonar la ilustración, se concentra en la pintura y realiza su primera exposición con Pepe, Miralles, Félix Mas y Petronius en el catálogo Color 6. Su siguiente exposición sería en Barcelona en la Sala Gaudí.

Como curiosidad, Pujolar  participó en un corto de 35 minutos que representaría a Cataluña en el Festival de Cortos de Huesca. En él interpretaría a un pintor que pretende, en su juventud, capturar la belleza de ojos de una joven. El papel estaba interpretado por dos actores, siendo Pujolar el que daba vida al pintor maduro, que en realidad no es otro que Satán.

Al margen de su trabajo como  portadista de bolsilibros, donde se caracteriza por intentar resumir la historia de la novela con una sola imagen, destacan sus trabajos en las portadas de comics como Escalofríos, Delta, Vampus, y Creepy.

Volviendo a la reseña, nos encontramos ante una de las historias más originales y peculiares que he tenido ocasión de leer en la colección La Conquista del Espacio, con unos personajes mucho más complejos que los que suelen poblar en estos libros.

El protagonista de nuestra novela se llama Milton, un hombre de oscuro pasado que trabaja de técnico en Secretville (Arizona), una ciudad de acceso restringido cuyos habitantes están relacionados en su práctica totalidad con pruebas científicas de alto nivel (¿Alguien ha visto la serie de tv Eureka?)

La primera sorpresa es que nuestro protagonista es un psicópata que acabó en Secretville huyendo del asesinato y violación de una joven. Incapaz de contener sus impulsos homicidas, Milton fija su atención en una nueva víctima, una mujer de extraordinario parecido con la mujer  a la que asesinó anteriormente.  Tras seguirla en su Harley Davidson a las afueras de la ciudad y consumar su nuevo crimen, Milton lo arregla todo para que parezca un accidente de coche, con la desgracia de que en el camino de regreso, tiene un grave accidente con su moto, siendo socorrido por un misterioso hombre vestido de negro que ofrece su propia sangre en el hospital donde Milton es ingresado en estado crítico, salvándole la vida por partida doble.

Cuando Milton despierta del coma, el mundo que recordaba ha sufrido cambios considerables, y además descubre que dos agentes del FBI se encuentran en Secretville siguiendo el rastro de su primer asesinato.

silver kane 1¿Qué es lo que le está ocurriendo a Milton tras el accidente?¿Quién es el misterioso hombre de negro que le salvó la vida? . Tendréis que leerlo para descubrirlo.

Sobre el resto de novelas de Silver Kane de la serie La conquista del espacio (nº 169 “La casa del frío eterno”, nº 179 “El cerebro” y nº 182 “Mil millomes de ojos”) os dejo las portadas para ir abriendo boca. Como las tengo todas, tarde o temprano caerá otra reseña. Ojo a la portada de “El cerebro”, con la novia de Frankenstein en primer plano, y para ojos, la última.

BAJO LA VENTISCA

BAJO LA VENTISCA                                                                       

CLARK CARRADOS.

COLECCIÓN SELECCIÓN TERROR. EDITORIAL BRUGUERA.

ENERO 1974.

PORTADA: ALBERTO PUJOLAR

45seleccic3b3n-terrorLuis García Lecha, nacido en Haro, La Rioja, el 11 de junio de 1919, y fallecido en Barcelona el 14 de mayo de 2005, fue un novelista y guionista de cómic español.

La guerra civil española lo llevó a la legión, y al acabar el conflicto consiguió un puesto de funcionario de prisiones, para el que pidió la excedencia desde 1.962 (trabajaba en la Prisión modelo de Barcelona). Tras recibir unas novelas de regalo de manos de un familiar de Francisco González Ledesma (Silver Kane), decidió probar fortuna y acabó convirtiéndose en uno de los más fecundos escritores de literatura popular española. Según la Wikipedia, su obra alcanza la cifra de 2.003 novelas de gran variedad de géneros, aunque yo personalmente veo casi imposible el poder dar un número exacto del total de obras publicadas. En cualquier caso, más de 2.000 novelas para alguien que empezó a escribir a los 35 años como una afición que le permitiera obtener unos ingresos extra, no es una cifra desdeñable.

Probablemente el género por el que sea más conocido es el de Ciencia Ficción, con más de clark-carrados-852650 novelas publicadas entre las editoriales Toray, Bruguera, Ediciones B, Editorial Andina y Ediciones Ceres, aunque también cultivó el western, el género bélico, policíaco, de aventuras y el de terror y usó los seudónimos de Clark Carrados, Louis G. Milk, Glenn Parrish, Casey Mendoza, Konrat von Kasella y Elmer Evans.

Su carrera se inició a mediados de los años cincuenta, en plena época de esplendor de la literatura popular. Como funcionario de prisiones, durante algún tiempo compaginó su trabajo con la creación literaria, hasta que en 1962, y en vista del gran éxito cosechado entre los lectores, solicitó y obtuvo la excedencia para dedicarse por completo a la escritura. Aunque publicó en varias editoriales, durante años fue el autor estrella de la barcelonesa Editorial Toray, para la que escribió novelas de guerra y, sobre todo, de ciencia ficción.

Posteriormente, ya en los setenta, pasaría a escribir casi exclusivamente para Bruguera, empresa que acabaría monopolizando el mercado del bolsilibro. Junto con Marcial Lafuente Estefanía, Corín Tellado, Curtis Garland y Lou Carrigan, fue uno de los autores más populares de la casa, destacando especialmente en la ciencia ficción, llegando a ser el autor que más títulos publicó en la serie La Conquista del Espacio.

EEMF002 - Clark Carrados - EL CEREBRO

Recomiendo ir al enlace http://www.ciencia-ficcion.com/autores/lgl/documentos/mn.htm, y leer el magnífico artículo de Antonio Carraldi, dedicado a la obra de ciencia ficción de Luis García Lecha. Según este estudioso del tema, sus mejores obras de ciencia ficción se encuentran en la colección Espacio de Toray, y sobre todo las de fecha anterior a 1.962, es decir, cuando el autor compaginaba su trabajo de funcionario de prisiones con la escritura, probablemente por poder dedicarle más tiempo a cada obra.

Los motivos por los que su mejor obra (de ciencia ficción) se encuentra en Toray, cosa que comparto, son en mi opinión dos: La periodicidad de la serie Espacio Toray era quincenal, lo que permitía a los autores un mayor margen para presentar las obras; y por otro lado, la extensión de las novelas era de 126 páginas, en lugar de las 96 habituales en otras colecciones, lo que permitía un mejor desarrollo de las tramas.

En el género policíaco publicó un total de 361 novelas entre las colecciones de punto rojo y Servicio Secreto, y otras 32 en Archivo Secreto, con los seudónimos de Clark Carrados y Louis G. Milk. Ya tendremos ocasión de comentar su obra policiaca.

En la colección Selección Terror es también el autor con más títulos publicados, con un total de 135 sobre un total de 616, todos ellos bajo el seudónimo de Clark Carrados, excepto uno con el nombre de Glen Parrish, seudónimo habitual en la colección La Conquista del Espacio.

Respecto a la novela objeto de reseña, Bajo la ventisca me ha recordado en muchos aspectos a  “El enigma de otro mundo”, la película de 1951 dirigida por Christian Nyby y Howard Hawks (para los más jóvenes, el precedente de La Cosa, de John Carpenter), basada a su vez en el relato de John W. Campbell “Who goes there?”.

El profesor Jim Crest es un investigador que trabaja aislado en una cabaña en medio de los bosques del noroeste de Canadá, con la única compañía de sus perros North y Utta, a 20 km de Camp Shawanee, un pequeño poblado de leñadores, y con un único vecino en las cercanías de su cabaña, el profesor Kahawan, un hombre al que ha visto una sola vez en su vida, pero con el que se comunica de vez en cuando por radio.

Coincidiendo con una fuerte ventisca que le aísla del resto del mundo y con la caída de un meteorito en las inmediaciones de la cabaña, una bella joven irrumpe en el hogar de Jim; una mujer que no recuerda nada salvo su propio nombre: Aline Rambault.

Pronto estos dos personajes se encontrarán encerrados en la cabaña asediados por una extraña criatura que ronda por los bosques y que pondrá en peligro no sólo la vida de nuestros protagonistas, sino tal vez el futuro de la misma especie humana.

Una más que correcta novela, de muy agradable lectura, con algunas ideas muy interesantes, y que si no fuera porque lo considero imposible, me haría pensar que Bill Lancaster, el guionista de “La Cosa”, película estrenada en 1.982,  se había leído la novela.  En este punto, la colección Selección Terror todavía tenía 126 páginas, lo que permitía un mejor desarrollo de las tramas, a pesar de lo cual, el único pero que le pongo al libro es un desenlace un tanto precipitado.

Enigmas sin resolver, mujeres con amnesia, y terror en la nieve. ¿Se puede pedir más?