LA REVISTA AVENTURAS Y DETECTIVES DE HYMSA

union jack chateau blueAntes de comenzar esta reseña me gustaría señalar que he tenido conocimiento de esta revista gracias a D. Enrique, un enigmático y bohemio personaje del que poco se sabe salvo que vive rodeado de misterio, libros antiguos y mujeres de gran belleza, y que amablemente me prestó varios ejemplares de Aventuras y Detectives, una publicación completamente desconocida hasta el momento para mí, y que por supuesto me obligó a indagar al respecto. Muchas gracias por el descubrimiento.

En 1936, la editorial HYMSA, que venía publicando las colecciones La Novela Aventura y Sexton Blake desde 1933, lanzó a los quioscos una interesantísima revista dedicada en exclusiva al género policiaco llamada “Aventuras y Detectives”. Esta revista, que tan sólo duró 16 números, compaginaba la publicación de novelas por entregas, relatos cortos, artículos sobre casos policiacos reales, y además incluía diversas secciones como Misterios a resolver por el lector (con la solución en la última página), chistes gráficos, e incluso algún apartado cultural.

detective_weekly_19351005Cada revista tenía 20 páginas, más cubiertas, con un formato 22×29 cm, cercano al de un diario de prensa, y que excedía en mucho el formato habitual del bolsilibro. El texto se acompañaba de magníficas ilustraciones en blanco y negro (excepto la portada, que incluía el color rojo).

Las novelas y relatos que se publicaban eran en todos los casos traducciones de autores extranjeros, aunque al inicio de la revista había una sección dedicada a explicar casos policiacos reales llamada “El detective Universal”, que corría a cargo de un tal Arnau D´Arnaud, del que no he logrado obtener información alguna, pero que con casi total seguridad corresponde al seudónimo de un autor español. El mismo Arnau se encargaba también de la sección Díganos Cómo, que planteaba un pequeño caso detectivesco para que lo resolviera el lector antes de llegar a la última página de la revista, donde se ofrecía la ingeniosa solución al enigma.

La relación completa de las revistas publicadas es la siguiente (los títulos corresponden al relato principal que se incluía en cada número):

TITULO/AUTOR
1 El curioso caso de la diosa de cristal (Gilbert Chester)
2 El misterio del cráneo reluciente (Rex Hardinge)
3 La orza misteriosa de Alí Baba (Gwyn Evans)
4 La trinidad blanca (Anthony Skene)
5 El affaire de los traspasos futbolísticos (Geo E. Rochester)
6 El corredor de apuestas asesinado (Paul Urqhart)
7 El prisionero de la paz (Couts Brisbane)
8 Sangre sobre el hielo (Roland Howard)
9 Las apuestas de la muerte (Geo E. Rochester)
10 El secreto de La Sombra (G. H. Teed)
11 La pista de La Sombra (G. H. Teed)
12 La venganza de La Sombra (G. H. Teed)
13 El misterio del Premio Nacional (Geo E. Rochester)
14 ¡Entra la muerte1 (Gilbert Chester)
15 El Hombre que murió dos veces (Anthony Ford)
16 El vengador (Hugh Clevely)

unio jack the man who hated christmasLa colección Aventuras y detectives es una versión española de la revista “Detective Weekly” una publicación de Amalgamated Press que ya había llevado a los quioscos de prensa otras revistas similares, como “The Thriller”, y especialmente “Union jack” (que publicaba relatos de Sexton Blake).

Union Jack“ fue la revista policiaca pionera de  Amalgamated Press, que venía publicándose nada menos que desde 1890. Aunque nació con tintes patrióticos, era de género policiaco/espionaje, y se encargaba de publicar de forma habitual relatos o novelas por entregas de Sexton Blake (la primera aparición del personaje se produce de hecho en el nº 2 de Union Jack). En la larguísima trayectoria de la revista participaron todos los autores que componen la nómina de Aventuras y Detectives.

the thriller 1 edgard wallace febrero 1929The Thriller” fue otra revista semanal cuyo primer número se publicó en Febrero de 1929 intentando captar la atención de los morbosos lectores que perdían la noción del tiempo con los casos criminales de ficción o reales. En su primer número apareció “Red Aces”, del gran Edgar Wallace (1875-1932), que se convirtió en autor regular de la revista, y en uno de los más populares entre sus lectores. En los siguientes 11 años participaron algunos de los más famosos autores de novela policiaca: Leslie Charteris, Barry Perowne, Berkeley Gray/Victor Gunn, John G. Brandon, Gwyn Evans, Peter Cheyney, P.C. Wren, Sax Rohmer, John Creasey, E.P. Oppenheim, por citar tan solo algunos de ellos.

Los relatos se acompañaban de unas ilustraciones maravillosas que daban más dramatismo al texto. Con la II Guerra Mundial, la revista se convirtió en sus últimos 11 números en War Thriller, hasta su cierre definitivo en Mayo de 1940.

detective_weekly_el hombre en la silla de ruedasPero retomando el origen de este artículo, “Detective Weekly” fue la continuación de Union Jack. Aunque siguió publicando de forma ocasional  historias de Sexton Blake (los primeros 130 número se centraron en la historia de Sexton Blake y su familia),  extendió sus horizontes a todo tipo de relatos y novelas por entregas ajenas al célebre personaje. El formato de la revista era un poco diferente de las dos citadas anteriores, y destacaba por unas llamativas portadas monocromas. Esta publicación es la fuente de todos los relatos que se publicaron en Aventuras y Detectives, para la que se tradujeron los relatos originales, reciclando las  portadas, añadiéndoles color. Por cierto a mí personalmente me parece que mejoran las portadas en la versión española.

gwyn evans wrightbrown evans iron mask (full)Es importante señalar que los relatos seleccionados no eran de Sexton Blake, personaje que se reservaba Hymsa para una colección específica (Biblioteca Sexton Blake).

Con Amalgamated Press la editorial Hymsa ya había negociado los derechos para la publicación de las novelas de Sexton Blake, así que es más que probable que los derechos de “The Thriller”, “Union Jack” y “Detective weekly” entraran en el mismo saco.

Pues bien, Aventuras y detectives fue un ambicioso intento de trasladar a nuestro país el espíritu de estas revistas, empleando un formato idéntico en el que se traducían los relatos o novelas por entregas, adaptándose a los gustos de los lectores españoles, con nuevas secciones que atrajeran su atención. La cosa claramente no funcionó, pues la versión española duró tan solo 16 números.  Una lástima, pues de haber continuado, hubiéramos tenido ocasión de leer “Los piratas aéreos de la isla perdida” de Geo E. Rochester, “El secreto de las seis cerraduras”, de Anthony Skeene, o “La marca del Unicornio”, de L.C. Douthwait, por citar tan sólo los títulos de otros relatos publicados en Detective Weekly, una revista que alcanzó los 379 números. Su primer número es de 25 de Febrero de  1933, y el último, de 25 Mayo de 1940, víctima de la política de racionamiento de papel impuesta por la II Guerra Mundial.

Respecto de los autores que se publicaban, prácticamente olvidados en la actualidad, daré unos breves datos:

1- G. H. Teed.

the thriller g.h teed grey ghostGeorge Heber Hamilton Teed (1886-1938) fue un escritor canadiense (nacido en New Brunswick) especializado en literatura pulp policiaca. También escribió con los seudónimos de Peter Kingsland y Desmond Reid. Su padre, Almon Isiah Teed fue un próspero comerciante, propietario de una pequeña flota de barcos, varios molinos, e incluso una plantación en Sudamérica. Tras estudiar en la universidad de Montreal, decidió viajar por el mundo, hasta que recaló en Autralia, donde pasó a ganarse la vida durante un tiempo criando ovejas. En 1912 ya trabaja como escritor en Inglaterra, donde forma parte de la plantilla de autores que escriben aventuras de Sexton Blake, serie para la que escribió un buen número de títulos, entre ellos “El misterio de Walla-Walla”.

Durante la I Guerra Mundial  luchó en un batallón canadiense (1º King Edward´s horse), y al finalizar el conflicto pasó a trabajar en una empresa de exportación en la India, hasta que se muda a Francia, desde donde continuó escribiendo historias de Sexton Blake y relatos para diversas revistas pulp de la época. A finales de los años 30 regresa a Londres, donde fallece en 1938.

2 – Gilbert Chester.

the gemGilbert Chester es el seudónimo empleado para la escritura de –entre otras- obras de Sexton Blake por Harry Hosnsby Clifford Gibbons (1888 – 1958), un escritor inglés que también empleó los seudónimos de Ben Kempster (para una revista juvenil llamada Greyfriars Holiday Annual, también de Amalgamated Press) y Andrew Murray.

Las últimas obras de las que tengo constancia del autor son de 1938, cuando contaba con 50 años.

3 – Rex Hardinge

El nombre complete de Rex Hardinge es Charles Reginald Quintin Von Donop Hardinge (1902-1990). Nació en 1902 en la India, y en su juventud se dedicó a explorar Africa, experiencia que plasmaría en el futuro en una serie de novelas de aventuras ambientadas en este continente firmadas con el pseudónimo de Capstan. Llegó a Inglaterra en 1929, donde se convirtió en escritor a tiempo completo, participando en diversas publicaciones pulp, especialmente de relatos de Sexton Blake, que escribiría como Rex Hardinge.

union jack liga de los hombres cebolla4 – Gwyn Evans es un Autor británico nacido en 1901 y fallecido de forma prematura en 1940, con tan sólo 39 años, víctima de sus excesos con la bebida.

Tenía fama de ser un hombre que podía haberse hecho muy rico gracias a su gran talento para el periodismo y la literatura, pero al que le perdía la vida bohemia de excesos que llevaba. Decían que era difícil no encontrárselo cada día en una fiesta o cerrando un pub en que se encontraba celebrando cualquier cosa. También se rumoreaba que en más de una ocasión empeñó su máquina de escribir para poder pagarse una cerveza.

union jack plague of onion menNuevamente nos encontramos con uno de los autores que participó de la serie de novelas policiacas de Sexton Blake para la que escribió 23 títulos (el primero de ellos, “The Barton Manor Mystery” se publicó en 1925, y el último, “The Black Cap”, en 1934) y más de 70 relatos cortos.

La editorial Hymsa publicó en su colección dedicada a Sexton Blake gran parte de los títulos del autor, incluyendo la magnífica “El crimen de las figuras de Cera

De su pluma (cargada en ocasiones de un fino sentido del humor), surgieron increibles personajes que se enfrentaron a Blake como el Doble Cuatro, Mr. Niebla, La Liga de Robin Hood, Miss Muerte, el club Sombra, o la bizarra liga de los hombres cebolla.

En 1974 se publicó un libro de relatos inéditos del autor relacionados con Sexton Blake llamado “Crime at Christmas”.

union jack phantom of scotland yardAl margen del universo Sexton Blake, el autor escribió otras novelas –siempre del género policiaco- y una buena cantidad de relatos cortos que publicaba en las revistas policiacas de la época.

En 1940 decide utilizar el seudónimo de Barry Weston, con el que tuvo tiempo de publicar tres novelas antes de su fallecimiento: “The Mysterous Montague”, “The Phantom of Scotland Yard”, y “Sign of the Double Four”, todas ellas, de 1940, pero que realmente agrupaban novelas de Sexton Blake que ya habían sido publicadas por entregas en la revista “Union Jack” con su propio nombre. Posiblemente esto tenga que ver con su fama de pícaro, pues según decían, era un especialista en camuflar alguna de sus obras antiguas para venderla como si fuera nueva (en España tenemos algún ejemplo, como Vázquez, o el propio Pedro Victor Debrigode y otros autores de bolsilibros).

5 – Anthony Skene

Es uno de los pseudónimos de George Norman Phillips (1874-1972), otro autor que forma parte de la historia de Sexton Blake, en este caso famoso por ser el creador del albino Monsieur Zenith, una especie de Fantomas, que se convirtió en uno de los villanos más recordados de toda la serie de aventuras del detective. Tanto ha perdurado en el tiempo que aparece en el cómic The League of Extraordinary Gentlemen: Black Dossier, de Alan Moore como uno de los miembros de  Los Hombres Misteriosos, la versión francesa de la británica Liga de los Hombres  Extraordinarios.

Otro seudónimo con el que firmó el autor fue Philip Norman.

6 – Geo E. Rochester

George E. Rochester (Alnmouth,1898 – 1966) es otro autor británico, que escribió con su propio nombre y con multitude de seudónimos, entre los que se encuentran John Beresford, Frank Chaltam, Barton Furse, Jeffrey Gaunt, Eric Roche y Hamilton Smith. A diferencia del resto, posiblemente sea más conocido por su faceta como escritor popular de ciencia ficción y sobre todo por sus aventuras de aviación (al estilo Bill Barnes) que por su vertiente policiaca, en la que participó –cómo no- en la serie de Sexton Blake, donde escribió con su nombre y como Jeffrey Gaunt.  Empezó escribiendo relatos de la I Guerra Mundial para revistas de la época. Su primer relato de ciencia fue “The Black Vulture” (1934), sobre un científico loco que (sorpresa) pretende dominar el mundo, tema que retomaría en  “The Despot of the World” (1936).

Rochester fue extremadamente popular en los años 30 por su saga de aventuras de aviadores,  tema que conocía de primera mano al haber sido piloto en la I Guerra Mundial (fue derribado en 1918), y por su participación en las novelas de Sexton Blake; pero poco a poco fue cayendo en el olvido hasta que se pierde su rastro literario en 1954. En 1962 tuvo un accidente que le dejó parcialmente paralizado. En 1966 fallece en un accidente de aviación cuando regresaba a Portsmouth con su hija. Ni el periódico local dio la noticia, para que nos hagamos a la idea del nivel de celebridad que tenía en aquel momento.

7 – Paul Urqhart

Ladbroke Lionel Day Black (Yorkshire, 1877 – 1940) era el verdadero nombre del autor, que alternó su carrera como periodista con la de escritor. Tras cursar sus primeros estudios en Irlanda, marchó a Cambridge, y al finalizar sus estudios comenzó a trabajar como editor en “The Phoenix” en 1897, y dos años después se trasladó a Londres para empezar a trabajar en otro periódico. Además de historias de Sexton Blake, escribió una serie de tres novelas sobre Havlock Preed, un detective de su propia creación, que ya había aparecido en muchos de los relatos que publicó en magazines policiacos.

Al margen de Paul Urqhart, seudónimo que empleaba en los relatos escritos en colaboración con el escritor Thomas Meech (1868-1940),  también empleó los seudónimos de Lionel Day, John Andrews  y Ladbroke Black.

Por cierto, una gran curiosidad del autor es que era nieto del célebre pirata irlandés John Black, más conocido como “Black Jack”.

8 – Coutts Brisbane

Robert Coutts Armour (1874 Queensland, Australia – 1945 Surrey, England). Escritor australiano tardío (empezó a escribir pasados los 30 años), se especializó en escribir para revistas, con su propio nombre y con otros seudónimos como Coutts Brisbane, Pierre Quiroule, Hartley Tremayne, y Reid Whitley, entre otros. Su primer trabajo conocido es “Mixed Piggles” para The Red Magazine, de 1 de Diciembre de 1910. Es uno de los autores pioneros de la ciencia ficción de magazines. En “Beyond the Orbit” (Febrero de 1914, Red Magazine) Marte es invadida por los terrestres. Como en el resto de autores de este artículo, participó activamente en la serie de Sexton Blake.

Debo señalar que hay dudas respecto a la fecha de fallecimiento del autor, pues hay Fuentes que hablan de 1942 en lugar de 1945.

9 – Roland Howard

Uno de los multiples seudónimos de William Leslie Catchpole (W. L. Catchpole) (1900- ?), que además escribió como Percy Bolsover, Tom Dutton, Terrence Fitzgerald, The Greyfriars Rhymester, Claude Hoskins, Rowland Hunter, Gerald Loder, Mrs. Mimble, David Morgan, Mossoo, Richard Nugent, Percival Spencer Paget, Potter and Greene, y Cecil Reginald Temple & George Tubb. Ahí es nada.

Como curiosidad dentro de su ingente producción de relatos (entre los que por supuesto está el omnipresente Sexton Blake), el autor escribió dos relatos de Sherluck Jones, en concreto “Bagging the bombster!” y “Jones, The Master Spy!” (1936). No soy especialista en Sherlock Holmes, ni he leído dichos relatos, pero aparentemente suenan a homenaje/parodia homesiana.

También colaboró de forma habitual escribiendo realtos para revistas juveniles como “The Gem” (que narraba las aventuras de los alumnos de un colegio ficticio llamado St. Jim’s), “The Magnet”, o “The boys own papers”; revistas muy típicas en la Inglaterra de principios del siglo XX pensadas para fomentar la lectura entre los jóvenes y para inculcarles valores morales. Vamos, lo opuesto al Regaeton actual.

10 – Anthony Ford

Anthony Herbert Ford-Whitcombe (1903-1958) fue un escritor británico que escribió de forma ocasional relatos policiacos para Detective Weekly, contando entre su escasa producción con varios relatos de Sexton Blake. El primer relato del autor que he podido localizar del autor es “The birds Nest Murder Mistery”, publicado en Octubre de 1935 en Detective Weekly; y el último, “The mysterious affair of the man who died twice”, publicado en Abril de 1936, que casualmente fue rescatada para la española Aventuras y Detectives.

Es de suponer que la Guerra truncara la carrera literaria del escritor, como ocurrió con un buen número de autores, que al volver de la guerra decidieron abandonar la pluma para centrase en un oficio más tradicional, aunque también es posible que el autor siguiera escribiendo bajo seudónimo. Yo al menos no he podido localizar ningún seudónimo asociado al escritor.

11 – Hugh Clevely

Hugh Desmond Clevely (Warwick, 19 de Diciembre de 1897-1964) es otor autor más que fue partícipe de la serie de Sexton Blake. Además realizó gran número de relatos para revistas policiacas, especialmente para The Thriller y Detective weekly.

En 1914 empieza a trabajar como aprendiz en el Lloyd´s bank, y 1 año después se alista en la guardia de granaderos del ejército británico.

En 1917 es enviado al frente francés, donde participa en la cruenta lucha de trincheras de la I guerra mundial, hasta que unos meses después es herido, y enviado de vuelta a Inglaterra.

En 1918 ingresa en la RAF, donde llega a conseguir el rango de teniente, pero es dado de baja para pasar a prestar servicios en la unidad de ingenieros. En 1922 es destinado a la policía británica en Palestina, donde permanece hasta 1925, año en que regresa sin trabajo ni dinero a Inglaterra, con una máquina de escribir como única posesión. A partir de ahí, comienza su carrera de escritor profesional, escribiendo como Hugh Clevely, y también con el seudónimo de Tod Claymore.

En 1964, cuando el autor tenía 66 años, se encontró su cadáver cubierto de sangre en la rivera del río Stour. Jamás se descubrió qué le había sucedido. Por desgracia, en este caso, ningún detective de sus novelas pudo resolver el misterio.

Y para finalizar el artículo, os dejo imágenes comparativas entre las portadas de Aventuras y Detectives y el original de Detective Weekly.

aventuras 1

aventuras 2

aventuras 3

aventuras 4

aventuras 5

aventuras 6

aventuras 7

aventuras 8

aventuras 9

aventuras 10

aventuras 11

aventuras 12

aventuras 13

aventuras 14

aventuras 15

aventuras 16

 

Anuncios

MARIA VICTORIA RODOREDA SAYOL Y LA CRÍTICA SOCIAL

rodoreda-01

IMAGEN DE LA AUTORA (obtenida de la página de José Carlos Canalda)

No hace mucho tiempo publiqué en el blog una reseña de carácter genérico sobre las mujeres escritoras de la novela popular española, en la que prometía que dedicaría reseñas individuales a algunas de las principales autoras que participaron en el mundo del bolsilibro.

Sin lugar a dudas, una de las más importantes escritoras fue María Victoria Rodoreda Sayol (Berga, 1931 – 22 de Julio de 2010, Barcelona), tanto por el impresionante volumen de su obra como por su capacidad para escribir todo tipo de géneros literarios, algo inusual para las mujeres de la época, encasilladas en casi todos los casos dentro del género romántico. Al margen de su labor como guionista de comics, desarrolló la mayor parte de su carrera literaria dentro de la novela popular, empleando multitud de seudónimos, como Marcus Sidereo, Vic Logan, Ronald Carter, Al Sanders, Douglas Kirby, Holm Van Roffen, John Talbot, Mark Donovan, Rand Mayer, Richard Dexter, Robert Dexter, Harry Feldman, Rock Morley, Ronald Carter, T. Danforht, Dagmar Lorn, Dorian Lane, Frank Loman, Ian De Marco, Johan Bergman, Chance Lane o John Palmer. ​De todos ellos (según algunas fuentes, más de 40 seudónimos). Sin lugar a dudas los más famosos son Marcus Sidereo, -atribuido en ocasiones erróneamente a Enrique Sánchez Pascual-, y Vic Logan.

Vic logan un-hombre-llamado-reno

Autora todoterreno que tocó todos los géneros

Según una entrevista publicada en los recopilatrorios Bang Bang estás muerto, la escritora llegó a publicar más de 700 títulos con diferentes seudónimos –que según ella, por instrucciones de las editoriales debían ser siempre extranjeros-, siendo sus favoritos los del género policiaco.

Nacida en Berga, María Victoria Rodoreda se trasladó muy joven a Barcelona, donde conoció a su futuro esposo, el también escritor Juan Almirall Erliso (1931-1994), conocido en el mundo de la literatura popular por sus seudónimos de Robert Delaney, Alice Stanley, Buck Donovan, Cass Owerland, Elliot Lander, Harry Tempal, Jack Adams, John Randall, Johnny Romano, Juck Hulton, Milton Daunning, Nelson Jefferson, Paul Sepal, Peter Owen o Vie Haspe. Fue su marido Juan quien la animó a publicar sus primeras obras, sin sospechar que muy pronto le superaría en cuanto a capacidad para producir novelas, con una calidad nada desdeñable desde el punto de vista literario.

azucena_toray_1948_1170.jpgSus primeras trabajos fueron publicados en Toray, primero en forma de guiones de publicaciones como Babette, Azucena, Celia, Rosas Blancas, y similares, para pasar luego a tebeos bélicos y de espionaje, siendo la primera novela que he podido localizar suya “El fin”, nº 373 de la colección Espacio, firmada como Vic Logan.

LCDE_001.Enemigos.Indestructibles[Marcus.Sidereo]Muy pronto pasaría a trabajar para Bruguera, tras la desaparición de las colecciones de Toray, y ahí es donde realmente alcanzaría su gran popularidad, especialmente dentro de la ciencia ficción, donde destacaría en La Conquista del Espacio, colección que tuvo el honor de inaugurar con “Enemigos indestructibles”. En Bruguera, y debido a su creciente fama entre los lectores, se le exigían cada vez un mayor número de originales de todos los géneros, sin que Mª Victoria fuera capaz de asumir ella sola tal demanda, lo que provocó que el matrimonio decidiera trabajar de forma conjunta, así que hay que señalar que es seguro que una buena parte de las novelas de Marcus Sidereo o Vic Logan (los dos seudónimos empleados con mayor frecuencia en Bruguera) correspondan realmente a Juan Almirall.​

Así, aunque Mª Victoria y Juan tenían cada uno sus propios seudónimos “oficiales”, fue habitual que los compartieran, de modo que en la práctica resulta imposible distinguir quien escribió cada una de las novelas que se han editado de los diferentes géneros en los que trabajaron. La propia escritora lo confirmó en la mencionada entrevista personal.

Esta información la he obtenido en gran parte –cómo no- de un artículo de José Carlos Canalda https://www.ciencia-ficcion.com/opinion/op01585.htm , que a su vez obtuvo la información directamente de la hija de la escritora.

A mediados de los ochenta, como les ocurrió a la gran mayoría de escritores de bolsilibros, abandonó su carrera ante la decadencia de la literatura popular, cuando aún era muy joven, siendo sus últimos trabajos algunos guiones para revistas de terror como Pánico o Escorpión, de la editorial Vilmar, o del género bélico (Relatos de guerra, en 1988).

La escritora falleció en 2010 cuando contaba 79 años de edad.

vic logan el cuadroMe gustaría aprovechar esta reseña para ver si algún familiar de este matrimonio se anima a ponerse en contacto conmigo, pues me encantaría obtener más datos de ambos, pues creo que lo merecen.

Al margen de los datos biográficos de la autora, me gustaría detenerme a analizar el papel que jugaba la novela popular como vehículo de expresión de crítica social, un aspecto en el que a mi parecer destacó la autora objeto de esta reseña.

Para ello, nada mejor que añadir a modo de ejemplo la reseña de algunas de las obras de la escritora, para que el lector se haga una idea del tipo de novelas que escribía, y cómo podía esconder en ocasiones, tras una en apariencia inocente trama, una velada crítica social que difícilmente podría permitirse realizar de forma directa. Me he inclinado por dos títulos de la colección La Conquista del Espacio, de Bruguera, pues considero que es la que mejor representa la obra de esta escritora todoterreno, y por otra novela de terror, por suponer precisamente una rareza dentro de su bibliografía.

Marcus sidereo torbellino de horrorTítulo: Torbellino de horror

Autor: Marcus Sidereo

Colección La Conquista del Espacio Nº 17

Portada: José Triay

1ª edición: Enero 1970

El Doctor Karban despierta totalmente desorientado y sin memoria en un lugar que le resulta completamente extraño. Lo primero que ven sus ojos es a una bella desconocida llamada Hanora que le informa que se encuentra en el Pabellón de Recuperación.

Tras ser conducido ante el líder de tan peculiar sitio, que resulta ser otra mujer, le explican que se encuentra en Nágara, un planeta en el que todos los habitantes son mujeres que ni siquiera entienden el concepto de masculino o femenino, pues nunca han tenido que diferenciarlo.

En esta breve reunión con la reina del planeta de las mujeres, Karban empieza a comprender que no es más que un prisionero, ya que las habitantes de Nágara le relacionan con un misterioso grupo de rebeldes a los que llaman “los luchadores de Frigio”.

Tras ser trasladado a un laboratorio donde le empiezan a despertar sus recuerdos gracias a una avanzada tecnología, Karban comienza a formarse una idea parcial de quién es y cómo ha llegado a Nágara; en realidad es un eminente científico de la Tierra que se encontraba investigando un extraño virus del espacio que infectaba a cualquier nave que intentara salir de la órbita terrestre, y para el que logra descubrir un antídoto.

Al apagar súbitamente la máquina que le permite recordar, dejando parte de sus recuerdos ocultos, la Reina Nágara le exige amenazándole de muerte que produzca una peculiar arma química: el letal virus para el que fabricó el antídoto en la Tierra. A pesar de la negativa inicial de Karban, Nágara le demuestra que puede ser muy persuasiva…

Los sucesos posteriores demuestran que todas las mujeres del planeta están realmente sometidas por la Reina Nágara, mediante un complejo mecanismo de control que les han implantado quirúrgicamente, lo que les impide tomar decisiones por su cuenta y resistirse a las órdenes de la reina.

¿Quiénes son realmente las mujeres de Nágara? ¿Por qué está el Dr. Karben en ese planeta? ¿Quiénes son los luchadores de Frigia? Todas estas preguntas encontrarán su correspondiente y terrible respuesta en esta entretenida novela de Marcus Sidereo, mezcla de Flash Gordon y The Stepford Wives, que contiene toda la esencia del buen pulp, incluyendo la inocencia de algunos de sus planteamientos, lo que no evita que uno se pregunte si detrás de toda esa candidez no se esconde realmente una feroz crítica a la falta de libertad de las mujeres de la época.  Recordemos que en la novela todas las hembras del planeta se ven obligadas a cumplir hasta el último deseo de su reina/líder, pero la realidad es que al final las mujeres son salvadas por un hombre. Supongo que la editorial no hubiera permitido que las mujeres resolvieran el problema ellas solas.

Marcus Sidereo despues de la invasionTítulo: Después de la invasión

Autor: Marcus Sidereo

Colección  La Conquista del espacio nº 235. Editorial Bruguera

Portada: Jorge Núñez

1ª edición: Febrero 1975

El célebre y respetado científico Sandor trabaja en su laboratorio acompañado de su ayudante, el malcriado hijo de Rippert Teilon, uno de los máximos dirigentes del Consejo que rige el planeta Kindu. Un día descubre desde su observatorio astronómico que el vecino planeta Klenox está a punto de desaparecer fruto de una catástrofe medioambiental que destruirá la atmósfera que les da vida, y anticipa que la consecuencia inmediata es que sus habitantes intentarán invadir Kindu para lograr un sobrevivir. El profesor Sandor lleva años estudiando desde la distancia el planeta Klenox, y siempre defendió la necesidad de establecer relación con sus habitantes, que en diversas ocasiones intentaron comunicarse con ellos, pero el Consejo planetario siempre se había negado a cualquier tipo de contacto, lo que motiva que ni siquiera se conozca la apariencia física de estos seres.

Ante la negativa del Consejo de escuchar sus advertencias sobre la inminente invasión, Sandor decide que la única posibilidad de salvación para la humanidad reside en que él y otro selecto grupo de científicos se traladen en secreto al Campanario, un abandonado refugio submarino, donde intentarán desarrollar un arma que acabe con los Klenoxianos cuando éstos hayan ocupado su planeta.

Por su parte, entre los Klenoxianos existe división de opiniones entre los pacifistas, liderados por el profesor Tremens y su hija Alania, que abogan por solicitar diplomáticamente el asilo a sus vecinos Kindurianos; y los que consideran que no hay más opción que la guerra o la muerte, opción asumida por el líder de los Klenoxianos, Klato (de sospechosa similitud con Klaatu, el protagonista de Ultimátum a la Tierra, y no sólo en el nombre). Como suele ser habitual, la opción violenta es la ganadora.

La guerra ha comenzado, y ahora el destino del planeta se encuentra en manos de Sandor y sus escasos compañeros de aventura, que, gracias a su ingenio, supondrán la única resistencia  real a la invasión.

La novela trata dos temas que sinceramente considero muy interesantes y mucho más profundos de lo que en apariencia podría parecer de una lectura superficial de la historia.

Por un lado, la necesidad de comunicación, cuya ausencia acaba provocando un conflicto sin retorno.

De otra parte, los conflictos que derivan de la inmigración, tema más que premonitorio de la situación mundial actual. El eje de la historia es que un gran volumen de personas se ve obligado a huir de su hogar, buscando refugio en una tierra mejor, y la negativa del planeta de acogida a ofrecer su ayuda ante una situación límite, lo que acaba derivando en un conflicto bélico destructivo para ambas partes. Afortunadamente la moraleja de la novela aporta un mensaje de esperanza, defendiendo que es posible la convivencia de razas distintas, incluso a nivel sentimental.

Debemos considerar que la novela se publicó en 1975, un año que para España supuso un punto de inflexión muy importante en cuanto a movimientos migratorios se refiere. Ese año, debido a distintas causas (entre las que destaca el endurecimiento de las políticas migratorias de los países que de forma habitual acogían la emigración española, a partir de la crisis del petróleo de 1973), España pasó de ser un país netamente emigrante a empezar a recibir inmigrantes, en una tendencia que ha resultado imparable hasta la fecha de hoy. Si en 1975 la población en España extranjera no suponía ni el 0,5 % de la población, la cifra actual se acerca al 10 %, y ha llegado a ser del 12,5 %.

Pues bien, a nivel social el año 1975 nos enfrentó a una dura realidad: muchos españoles que trabajaban en el extranjero tuvieron que regresar a España, lo que supuso que mucha gente tomara conciencia de lo que era sentir el rechazo de aquellos países que hasta la fecha habían acogido con los brazos abiertos la mano de obra barata que suponíamos los españoles. En 1975, en las conversaciones en los cafés, en el mercado, o en la mesa familiar, no se entendía que alguien pudiera rechazar a una persona por el mero hecho de buscarse un futuro mejor, pues nosotros éramos los rechazados.

Sirva como ejemplo este párrafo de la novela, que bien podría haber sido extraído de muchos programas electorales actuales:

“ – Esa gente necesita sobrevivir. No van a resignarse a una muerte segura.     Nosotros somos su auxilio más cercano.

– Nuestro planeta no tiene por qué ayudar a nadie. Si nos lo pidieran…veríamos el modo de solucionarles el problema,  pero con calma. Para dar acogida a otras gentes habría que meditarlo.

….

– ¡Y Atacaremos a todos los extranjeros que pretendan perturbar nuestra paz!”.

Para que luego digan que la novela popular es superficial.

Vic Logan- el personajeTítulo: El personaje

Autor: Vic Logan

Colección Selección Terror  Nº 21. Editorial Bruguera

Portada: Angel Badía

1ª edición: 1973

Interesante novela que nos permite conocer la visión del Terror de María Victoria Rodoreda Sayol, una de los pocas escritoras que puede presumir de formar parte del exclusivo club de autores que superaron los 100 títulos publicados dentro de la ciencia ficción de quiosco, género en el que sin duda destacó por encima del resto, aunque se la puede encontrar en prácticamente cualquier género literario que se os ocurra.

Que yo sepa, del género de terror escribió tan sólo tres títulos, todos ellos en la colección Selección Terror de Bruguera con el seudónimo de Vic Logan (aunque me consta que volvería al género a mediados de los 80 en revistas como Pánico o Escalofrío).

TITULO

7 Los fríos labios de la muerte
21 El personaje
101 Experimento clínico

Michael Lescott es un escritor de novela popular, un artesano acostumbrado a escribir novelas de 100 páginas de distintos géneros en tiempo record por encargo de la editorial. En este caso, tras regresar de una fiesta en compañía de su esposa Sussie en un estado de evidente embriaguez, decide pulir el final de su última obra de terror, protagonizada por un horrible monstruo llamado Bedankos al que está a punto de matar en el desenlace del libro.

Cuando se encuentra a punto de acostarse, el autor descubre en la habitación una figura que le resulta estremecedoramente familiar: la de Bedankos, un ser surgido de su imaginación y que de pronto cobra vida ante sus propios ojos. Convencido de estar teniendo una alucinación fruto de la borrachera, Michael mantiene una charla con el monstruo, que –como ocurrió en su día con la criatura de Frankenstein- le acusa directamente de ser el responsable de los horribles actos a los que se ha visto avocado, y reniega de él como padre, amenazándole con destruir lo que más quiere.

Tras caer desmayado, al despertar a la mañana siguiente se convence de que todo a sido una pesadilla etílica, pero cuando su mujer, marcada por unos fuertes arañazos en la espalda, le da a entender que son fruto de la pasión cuando él entró a oscuras en el lecho conyugal la noche anterior, empieza a entender horrorizado que tal vez su pesadilla fue mucho más real de lo que pensaba, y que su horrible hijo literario, Bedankos, está intentando elegir su propio destino liberándose de los designios de su creador.

“Soy un ser monstruoso, producto de tu imaginación, y de los que, como tú, crean seres de mi especie para entretener el ocio de las gentes o para saciar la sed de sadismo de las personas…Carezco de buenas costumbres, y si algún sentimiento poseo, tú lo has hecho perverso. Soy un ente del infierno…Y no me gusta, pero tengo que comoportarme como tal…Me has dado la vida.”

Al margen de los tres personajes mencionados, en la novela adquieren gran importancia Bella, hermana de Sussie, y su marido Rennie, un médico al que Michael le confiesa sus visiones, convencido de que se está volviendo loco.

Es inevitable, viendo el argumento de esta metaficción, acordarse de “Seis personajes en busca de autor”, escrita por Luigi Pirandello en 1921, una obra de teatro en la que seis personajes fruto de la imaginación de un autor que finalmente no los emplea en ninguna obra, muestran su deseo de existir y alcanzar su propio destino; o incluso la más cercana “Niebla”, de Miguel de Unamuno, en la que Augusto, un hombre maltratado por la vida, anhela quitarse la vida para liberarse del dolor, pero descubre que en realidad es tan sólo un personaje fruto de la imaginación de Don Miguel de Unamuno, autor al que visita, y que le dice que está destinado a morirse siguiendo un guión, y no a suicidarse.

Interesante novela en la que la autora, aprovechando la profesión del protagonista,  hace en diversas ocasiones una encendida defensa de la novela popular.

“Michael era un profesional, de los buenos, de los que escriben por encargo y tienen la obligación de saber escribir todo aquello que los editores juzgan que los lectores deben leer.

Pero Michael era un autor consciente. No trabajaba pensando únicamente en los buenos estipendios que le proporcionaban sus novelas; Michael disfrutaba escribiendo y se entregaba en cuerpo y alma al último encargo de su editor.

Michael no sabía vivir sin su máquina de escribir, sin su pensamiento constante hacia el nuevo tema que tenía que desarrollar. Michael no se acostaba nunca sin sentarse siquiera unos instantes frente a unas cuartillas…”

A algunos podrá parecerles literatura barata, pero entre medio sabe decir muchas verdades, y escribe bien…

La novela, aprovechando una escena en la que el editor rechaza los cambios propuestos por el autor para que Bedankos se convierta en una criatura bondadosa,  sirve también como intrumento para criticar sutilmente la falta de ambición intelectual de los lectores de novela popular:

“Detestaba a los lectores que gustaban siempre de los mismos temas porque sabían de antemano lo que iba a ocurrir; odiaba a los inmovilistas que pretendían que todo siguiera igual pese a los cambios continuos en las costumbres mundanas; odiaba a los rutinarios…”

Otro ejemplo de que la obra de esta autora, considerada por muchos como una secundaria más dentro de la literatura popular, tiene mucho más contenido del que puede parecer a primera vista, y que si uno lee entre líneas, puede encontrar críticas sociales que en circunstancias normales nadie se habría atrevido en la época a expresar públicamente.

LA HIJA DEL VAMPIRO


PR_337_La hija del vampiro[Silver_Kane][1968]Título: LA HIJA DEL VAMPIRO

Autor: Silver Kane

Colección Punto Rojo Nº 337 Editorial Bruguera

Portada: Antonio Bernal

1ª edición: Octubre 1968

La mera aparición de la palabra vampiro en cualquier título de novela popular es ya de por sí un reclamo irresistible para el aficionado a este tipo de literatura. Si a ello la añadimos la extraordinaria portada de Antonio Bernal y que la novela corresponde a Silver Kane, uno de los más grandes escritores de bolsilibros de todos los tiempos, el resultado es que esta novela se convierte en una de las más buscadas entre los aficionados al género.

Como ocurre en otros títulos de la colección Punto Rojo, la novela podría haber sido publicada en Selección Terror perfectamente, si no fuera porque todavía faltaba algún año para que saliera al mercado. Es uno de los grandes alicientes de la colección punto rojo, teóricamente de temática policiaca, pero que en ocasiones colaba novelas con elementos del género de terror que no tenían cabida en aquel momento en ninguna colección de la editorial.

Un aspecto que ha despertado mi curiosidad es el hecho de que una vez más el protagonismo absoluto de la novela es para una mujer, cosa no muy frecuente en el género policiaco, que iba orientado principalmente a un público masculino. Y digo una vez más porque es muy habitual en las novelas de Silver Kane este protagonismo femenino, y a modo de jemplo no hay más que leer algunas de las reseñas que figuran en este mismo blog sobre obras del mismo escritor.

Ya comenté en otras ocasiones que cada vez que cae en mis manos una novela de Kane, surge la incógnita de si me encontraré con una maravilla o con una chapuza, pues una de las principales características de este autor son los bandazos que pega en lo que respecta a la calidad de su obra. Pasa de la excelencia a la mediocridad sin término medio, lo que convierte cada lectura de sus libros en una auténtica ruleta rusa.

La hija del vampiro” es uno de esos casos en los que no resulta fácil pronunciarse, pues alterna grandes virtudes con algunos de los peores defectos del escritor.

El libro comienza con nuestra joven protagonista, Stella, conduciendo durante una noche infernal en dirección a Saint Gaudens, una pequeña población del Pirineo francés,  que por cierto existe en la realidad. Según la descripción del autor, “Una región algo siniestra. Su hermosura resulta sombría, un poco misteriosa. Tras cada pedazo de espeso bosque, tras cada lago oculto, parece acechar un enigma.”

Una fuerte tormenta obliga a Stella a detener su vehículo en la primera casa que encuentra en la carretera, que como podéis imaginar, es una de esas siniestras mansiones que iluminan las luces de los relámpagos, y de la que nuestra protagonista tiene la extraña sensación de haber estado allí antes.

Cuando se acerca a la puerta principal para pedir ayuda, descubre a través de un gran ventanal la presencia de un cadáver en medio del salón de la casa, que parece por otro lado totalmente deshabitada. Aterrorizada regresa a su coche, con la intención de huir de las cercanías de la casa, pero cuando sube descubre que en el asiento del copiloto espera un hombre sentado.

Una bella mujer atrapada en una tormenta, una siniestra mansión con un oscuro pasado, y un cadáver abandonado. ¿Qué podría salir mal?.

Aunque en un principio Stella teme encontrarse sentada al lado del asesino, pronto descubre que en realidad se trata de un hombre llamado Bolden que al igual que ella ha llegado a la casa buscando refugio de la tormenta, encontrando del mismo modo el cadáver.

Ante la imposibilidad para huir en coche a buscar ayuda por el fuerte aguacero, deciden entrar en la casa juntos para ver si pueden llamar por teléfono.

Una vez que Stella se encuentra en el interior de la casa, se descubre la verdad: en la casa se está rodando una película de terror llamada “La hija del vampiro”, cuyo director, Edmund Sorensen, le explica que el cadáver no era más que un actor en medio de una escena del rodaje. Stella, completamente aliviada por el giro de los acontecimientos, descubre a su vez que el enigmático Bolden se ha esfumado sin dejar ni rastro, sin sospechar que la verdadera noche de terror en realidad no ha hecho más que comenzar.

A partir de ese momento se desencadenarán una serie de espantosos sucesos relacionados con varios asesinatos cometidos muchos años atrás en la región por alguien a quien los lugareños llamaban “el vampiro”, que finalizaron repentinamente sin que se supiera nunca la identidad del asesino.

Con esta interesante premisa, acompañada de una excelente ambientación, se alternan en la novela algunas escenas dignas del mejor Silver Kane con otra serie de incoherencias narrativas que hacen que la historia pierda fuerza. Una lástima, pues el libro podría haber sido una obra redonda a poco que se hubieran pulido determinados fragmentos en los que se nota en exceso la prisa del escritor.

Aún así, a pesar de los mencionados defectos, me ha resultado una interesante obra, y sobre todo, muy entretenida, como suele ser habitual en Kane.

Ambroce bierce spook houseLa situación de personajes que recalan accidentalmente en una siniestra mansión para refugiarse de una tormenta ha sido empleada en incontables ocasiones en la literatura de terror, como en “The Spook House” (publicada en España como “La casa espectral”) de Ambroce Bierce; y muy especialmente en la literatura pulp, en la que por poner tan sólo un ejemplo encontramos “Abandoned House”, de Beulah Poynter (interesante autora a la que me gustaría dedicarle una reseña), publicada en Black Mask en 1920, un relato en el que dos hermanos descubren el cadáver del juez McPherson en una mansión abandonada en la que se han visto obligados a refugiarse tras una fuerte tormenta.

En una nueva muestra del caos que reina en este blog, aprovecho la reseña para sacar a relucir un interesante asunto sobre el autor Francisco González Ledesma que yo al menos no he podido aclarar, y del que agradecería cualquier información que aporte algo de luz al respecto.

He leído en diversos sitios de internet –entre ellos la poco fiable Wikipedia-, que una de las hijas de Francisco González Ledesma, María Victoria González Torralba, colaboró en la redacción de algunas de las últimas novelas de Silver Kane, pero sin que se aclare en ningún caso el alcance de esta “colaboración”, ni desde qué año se pudo producir. ¿Pudiera ser entonces que parte de los libros de Silver Kane fueran realmente escritos por la hija de Francisco González Ledesma? Estaríamos en este supuesto en un caso similar al de Marcial Lafuente Estefanía.

Otra posibilidad sería que algunas de las novelas fueran escritas a “dos manos”, en colaboración padre-hija, en cuyo caso sería también muy interesante conocer la forma en que se producía esta simbiosis literaria.

El tercer supuesto es que no haya nada de cierto en esta leyenda urbana, y todos los libros de Silver Kane correspondan exclusivamente a Francisco González Ledesma.

En cualquier caso considero que es de justicia aclarar este tema, a fin de dar a cada uno el mérito que merece.

Por mi parte, cualquiera de los dos primeros supuestos –María Victoria tuvo participación en parte de la obra de Silver Kane- hubieran servido para explicar la gran diferencia que existe entre diferentes libros del autor, especialmente en los últimos años, y que hasta ahora yo achacaba única y exclusivamente a los plazos de entrega de los libros.

mendez-victoria-gonzalez-torralba

Victoria González, de tal palo tal astilla

Sobre este asunto, hay que señalar que María Victoria nació en 1966, por lo que es de suponer que en el caso de colaborar con su padre, no hubiera sido posible hasta al menos 20 años después, es decir, cuando la novela popular estaba ya en franca decadencia, y sobre todo, cuando Silver Kane se había pasado a la literatura “seria”, desde que en 1984 ganara el premio planeta con “Crónica sentimental en rojo”. Así que me temo que si existió realmente alguna colaboración padre-hija, tuvo que producirse de forma muy residual en las últimas obras del autor, presumiblemente en las novelas publicadas por astri a partir del año 2000, por lo que no nos sirve para explicar las grandes variaciones en la obra del autor, que podía pasar de una auténtica obra maestra a un desganado producto alimenticio con una facilidad pasmosa.

Fuera totalmente del mundo del bolsilibro, quiero por cierto aprovechar desde aquí para felicitar a Maria Victoria González Torralba por la publicación de “Llámame Méndez”, un libro sobre la juventud del inspector Méndez, personaje icónico en la obra de Gómez Ledesma, y, junto con Pepe Carvalho, de la novela policiaca española en general.

UN SABIO ANDA SUELTO: LOS CIENTÍFICOS LOCOS EN LA LITERATURA POPULAR

científico locoLos científicos locos han sido una constante de la literatura y el cine de terror a lo largo de la historia, aprovechando el miedo instintivo que desde tiempos inmemoriales provoca la ciencia, cosa lógica si tenemos en cuenta que los grandes descubrimientos científicos repesentan en muchas ocasiones adentrarse en terreno desconocido, y nada produce más miedo que lo desconocido. El siglo XIX fue testigo de grandes descubrimientos que causaron verdadero pavor entre la población: las máquinas de vapor, la electricidad, los grandes avances en materia de medicina y el resto de descubrimientos que se sucedían a velocidad de vértigo hicieron consciente de golpe a la gente de su insignificancia y puso en duda el poder de Dios.

cientifico loco frankensteinTodo este miedo supieron reflejarlo los escritores de la época en algunos relatos que han pasado a ser parte del imaginario colectivo. Mary W. Shelley con su “Frankenstein” (1818), obsesionado con crear vida; Robert Louis Stevenson y “El extraño caso del Dr. Jekyll & Hyde”, intentando eliminar la parte malvada de la personalidad del protagonista, con funestas consecuencias; H. G Wells con “La isla del Dr. Moreau”; Hawthorne con “La marca de nacimiento” (1843), relato acerca de la obsesión de un científico por lograr la perfección del cuerpo de su mujer; y otros muchos autores como E.T A. Hoffmann con “El Magnetizador” (1814), o Ambroce Bierce y  “El maestro de Moxon” (1893), sin olvidarnos de Edgard Allan Poe con “La verdad sobre el caso del Sr. Valdemar”.

cientificos-locos-reanimatorEste desatado interés por los sabios locos perdería fuerza a medida que los descubrimientos científicos fueron vistos con mayor normalidad, aunque seguía habiendo interesantes incursiones en el género como el de H.P. Lovecraft con “Herbert West: Reanimador”, que no deja de ser una reinvención de Frankenstein, o “Locus Solus”, de Raymond Roussel, con el excéntrico Martial Canterel y su colección de prodigios científicos.

En España creo que la mayor muestra de exaltación del miedo a la ciencia corre a cargo curiosamente de uno de nuestros más brillantes científicos: Santigo Ramón y Cajal.

Nuestro premio Nobel de medicina aportó su granito de arena con la publicación en 1905 de “Cuentos de Vacaciones, Narraciones seudocientíficas“, que recopilaba 5 relatos (“El hombre natural y el hombre artificial”, “El fabricante de honradez”,  “La casa maldita”, “El pesimista corregido” y  “A secreto agravio, secreta venganza”) de carácter pedagógico que pretendían avisar al público español de la época acerca del peligro de los avances científicos. De estos relatos, aprovechando que cuatro de ellos fueron reeditados en la colección Pulga,  ya hablé en una reseña del blog dedicada a escritores célebres de novela popular.

cientifico loco nazi

Científicos nazis, todo un clásico

Tras la 2ª guerra mundial resucita el interés por los peligros de la ciencia, especialmente por el miedo a la energía nuclear y por el conocimiento de los horrendos experimentos llevados a efecto por científicos nazis durante la contienda, amplificados con siniestras leyendas urbanas de todo tipo. Uno de los principales efectos que se produce en la visión del científico loco es que pasarían a tener desde ese momento en su mayor parte un nombre de reminiscencias germánicas, y en los añosde la guerra fría, se incorporarían los nombres rusos.

Respecto al cine, para poner de manifiesto la proliferación de sabios dementes y la visión que de estas figuras nos ofrece el séptimo arte, basta con decir que una investigación sobre 1000 películas de terror distribuidas en el Reino Unido entre 1930 y 1980 concluyó que los científicos locos o sus creaciones eran los villanos en el 30% de éstas; y, en cambio, los científicos solo fueron los héroes en once de las películas (un 1%).

Simplemente por destacar agún personaje en particular, al margen de la adaptación de obras literarias, tal vez el  Dr. Rotwang de Fritz Lang o el Dr. Caligari sean los científicos locos que le vengan en primer lugar a la cabeza al aficionado al cine.

Sabido es que por cada aplicación beneficiosa que pueda tener un avance científico, se nos ocurrirán tres catástrofes derivadas del mismo. Hoy en día hay colectivos muy influyentes que consideran que las vacunas son malas, que el empleo de productos químicos aplicados a la conservación de alimentos es peor y que la manipulación genética con fines médicos acabará por crear algún virus que será el fin de la humanidad. Y todo ello sin considerar ni por un segundo los innegables beneficios generados por estos descubrimientos. Da igual que las vacunas hayan salvado millones de vida, o que el hambre haya disminuido objetivamente gracias a la aplicación de conservantes químicos que permiten una distribución y conservación de los alimentos más eficaz; nada de eso evita que se tienda a destacar los aspectos negativos de estos avances –que los tiene- con alarmantes anuncios sobre los mismos: Las vacunas provocan que el ser humano se quede sin defensas naturales, todos los alimentos llevan sustancias cancerígenas, las máquinas acabarán rebelándose  contra la humanidad….

El científico loco es una oportunidad única de personalizar este miedo a la ciencia. Un hombre o mujer capaz de idear algo asombroso, pero que, guiados por la locura, siempre le encuentran una siniestra aplicación. Movidos por un profundo sentimiento de odio hacia la humanidad, que nunca ha reconocido su genio, buscan venganza sin que nada ni nadie pueda hacerles cambiar de idea.

cientifico loco telepatia hombre perro

Experimento de telepatía humano – perro

Inicialmente el científico loco era un señor con bata y ojos de loco que hablaba solo, refiriéndose a sí mismo en tercera persona, y que vivía en un sórdido laboratorio rodeado de bobinas de Tesla, tubos de ensayo y resto de parafernalia seudocientífica de dudosa utilidad pero muy decorativa.  Con el tiempo la imagen ha evolucionado a la de un joven superdotado, de imagen descuidada, con aspecto de informático de segundo curso de carrera, que vive rodeado de ordenadores y restos de comida rápida a domicilio.

La motivación del científico loco también ha cambiado. Al principio la falta de reconocimiento por parte de la comunidad científica a su inteligencia o el absurdo deseo de dominar el mundo, fruto de un ego insaciable, era lo que provocaba las dementes conductas de estos sabios, que siempre acababan soltando la inevitable frase de ¡Ahora el mundo sabrá por fin quien soy! antes de desatar el apocalipsis sobre la Tierra.

Con posterioridad, el detonante de la criminal conducta de estas privilegiadas mentes ha evolucionado hacia motivos menos poéticos y utópicos, siendo el rechazo de una mujer, o el vulgar dinero, las dos principales causas por las que acaban convertidos en genios del mal.

Lo que está claro es que una de las principales características del científico loco es su convicción por lograr un objetivo. El tesón que representa una virtud para la ciencia, se transforma al traspasar una línea invisible en una insana obsesión. Como prueba de ello, no tenemos más que acordarnos del Dr. Frank N. Furter (“The Rocky Horror Picture Show”), que dice en la película que una de las cosas que mueve a los científicos locos es la pasión para conseguir su objetivo; es decir, van hasta las últimas consecuencias para lograrlo (y en su caso eso incluye ponerse medias y tacones).

cientificos locos - vladimir demikhov

Uno de los más siniestros experimentos de la historia con animales

Un ejemplo real de esta insana obsesión que lleva a los científicos a realizar absurdos y monstruosos experimentos es el cirujano ruso Vladimir Demikhov (1916-1998), que fue un pionero en el transplante de órganos, pero especialmente en transplantes sin aparente motivación científica real, como un perro de dos cabezas, o el trasplante de cerebro entre monos,  por los que pasaría a la parte siniestra de la historia de la ciencia. Hay vídeos de varios de sus experimentos más crueles y horrorosos, entre los cuales se encuentra en de un trasplante de la cabeza de un cachorro a un perro adulto, creando así “una criatura grotesca con dos cabezas”, como lo describieron tras una demostración los periodistas del Daily Mail en 1954.

Entramos en un tema polémico, como son los límites de la ciencia. ¿Es ético un experimento cruel si puede servir para salvar miles de vida? Cuando hablamos de científicos locos, no siempre llevan a cabo sus locos experimentos exclusivamente por maldad, pues en su mente ven una utilidad futura aún a costa de un gran sufrimiento.

Por poner un ejemplo extremo, en el campo de concentración de Sachsenhausen tIraban prisioneros a pozos de agua helada para conocer la esperanza de vida de cada uno a diferentes temperaturas, realizando unos cuadros con tiempo de supervivencia/temperatura que se han empleado con posterioridad a la hora de valorar la posibilidad de rescates marítimos.

Para una persona normal es probable que no sea aceptable el sacrificio de un solo ser humano con vistas a investigar algo que puede salvar miles de vida, pero el científico loco no se detiene en esos detallitos, y sólo se centra en el objetivo final.

La novela popular –y antes los cómics-, siempre proclive al exceso, ha recurrido lógicamente en multitud de ocasiones a los científicos locos como parte de sus imaginativos  argumentos, aprovechando que su mera presencia es capaz de explicar cualquier cosa, por muy estrafalaria que resulte.  Al igual que para reseñas anteriores me costó encontrar títulos relacionados con una temática en particular, en este caso lo difícil ha sido no encontrarse con un científico loco como parte de la trama.

Esta sobreabundancia de genios diabólicos impide por supuesto hacer una relación detallada de novelas en las que aparecen, así que únicamente mencionaré algunos títulos a modo de ejemplo para ilustrar sus ingeniosos y diabólicos descubrimientos científicos y para conocer sus absurdas motivaciones.

No me detendré en las distintas versiones que abundan en la novela popular sobre científicos locos como Frankenstein o el Dr. Jekyll, pues han sido o serán objeto de artículos independientes. Procuraré por ese motivo centrarme en personajes menos convencionales.

En este mismo blog, en el artículo dedicado a Curtis Garland y los bichos, presentaba una reseña de “El día de la Mantis”, en la que el autor nos presenta al Doctor Hans Steiner, un brillante científico que tuvo problemas con los gobiernos de Suiza, Alemania y Francia por sus inmorales experimentos genéticos, motivo por el que se exilia a un remoto poblado de Africa para continuar con sus siniestras investigaciones. El terrible descubrimiento científico que traerá fatales consecuencias consiste en dotar de inteligencia humana a una mantis religiosa, gracias a un complejo procedimiento genético en el que el Doctor Steiner emplea parte del cerebro de su mujer fallecida. La motivación del científico en esta novela no es otra que el Ego. No intenta dominar el mundo, tan sólo está obsesionado en  demostrar que no está loco, lo que por supuesto le vuelve completamente inestable.

En “Un diablo anda suelto” Clark Carrados recurre a un científico loco para explicar una rocambolesca historia en la que se entremezclan sacrificios humanos, animales modificados genéticamente y la desfiguración quirúrgica de personas. En este caso, el doctor Farrington (cuyo nombre real es Yorkhill) es un demente médico al que mueven el deseo de venganza y dinero a partes iguales. Este buen doctor se dedica entre otras cosas a deformar con complejas operaciones quirúrgicas la apariencia física de personas de las que desea vengarse, convirtiéndolas en auténticos monstruos; y a hacer crecer de forma antinatural serpientes y arañas venenosas con el fin de emplearlas en todo tipo de actividades criminales, incluyendo sacrificios humanos que son parte de un peculiar y costoso tratamiento de fertilidad. Esta absurda trama sólo consigue sostenerse precisamente gracias a la presencia del sádico doctor Farrington, que no precisa de un móvil lógico para sus acciones, pues la locura permite justificar cualquier comportamiento.

En “Las ratas están locas”, Curtis Garland nos presenta a Arístides Markiewicz, un premio Nobel que se empeña en infectar a toda la humanidad con el virus del Odio, uno de sus más recientes descubrimientos, con la única idea de acabar con todo el mundo, sin más. Ya hablé de esta novela en la reseña dedicada a los roedores en la novela popular, así que no me extiendo sobre la misma. Simplemente destacar que la motivación del científico en este caso no es otra que el odio hacia el resto del mundo.

En “Estudios sobre el miedo”, Lou Carrigan introduce la figura de Horace Archibald Chapman, un científico loco creador de un gas llamado “Ratox”, con el que es capaz de dominar a las ratas, con la intención –qué original- de dominar el mundo. Como es habitual, la intervención de la doctora Eleanor Marsh (que recuerda mucho a Baby, el gran personaje de Lou Carrigan), pondrá fin a las siniestras intenciones del maquiavélico Dr. Chapman.

Nuevamente Lou Carrigan nos presenta otros científicos locos en “Siniestro”, nº 467 de Selección Terror. En la novela, la mansión del Doctor De Loire, situada en una remota zona boscosa de Pembroke, Canadá, resulta ser un auténtico hospital del horror.

Allí se están llevando a cabo siniestros experimentos con humanos para desarrollar una sangre artificial capaz de mejorar las capacidades físicas y mentales de las personas con capacidad económica para comprar transfusiones de este nuevo suero milagroso. La motivación de los científicos en este caso es el vil metal, y ya de paso, conseguir mujeres, como veremos después.

El procedimiento empleado para la investigación es el de secuestrar excursionistas –preferiblemente mujeres para que ofrezcan menos resistencia- a las que extraen constantemente sangre, en una cantidad que les deja completamente debilitadas, en un estado de semiinconsciencia al borde de la muerte.

Lo peor ni siquiera es el uso que les dan como cobayas humanas, sino que además las mujeres son empleadas, en su estado vegetativo, que les impide ofrecer resistencia alguna, como auténticas muñecas hinchables para saciar la inmoral lujuria de los siniestros científicos de la mansión.

Con esta situación llega a la mansión el siniestro y deformado profesor Boris Michenko, un prestigioso y polémico científico ruso al que necesitan para lograr que la sangre artificial acabe de funcionar, pues hasta el momento, y a pesar de los éxitos iniciales, la sangre acaba por matar a todos los pacientes con los que van experimentando.

Una de las primeras medidas que toma Michenko es quedarse para su “uso personal” con una bella mujer que ha sido secuestrada y forma parte de las cobayas empleadas en los experimentos; una mujer de la que no se tiene ningún dato, y a la que llaman “nameless”.

Dentro de la ciencia ficción, en “Vampyr”, nuevamente de Curtis Garland, el profesor Bela Gyor es un científico húngaro exiliado a un lejano asteroide empeñado en resucitar a los muertos. Con este objetivo lleva años realizando experimentos prohibidos basados en mutaciones. Su obsesión por imitar a Dios le lleva a crear una criatura no vista hasta ahora.

Fuera del género del terror o de la ciencia ficción, que es donde mejor parecen moverse los científicos locos, encontramos también multitud de ejemplos.

Al margen de la saga del agente M-31, de Curtis Garland, sobre el que podéis encontrar más información en este blog, en la que abundan los científicos locos, encontramos otros títulos como “Doctor Borgia”,  del brillante Peter Debry, en la que protagoniza la historia un valiente agente del F.B.I., condenado injustamente a muerte por un crimen que no ha cometido, que debe enfrentarse con el siniestro Doctor Borgia que da título a la novela, un científico loco dotado de poderes hipnóticos capaz de controlar la mente de sus victimas, a los que obliga a cometer los más horrendos crímenes en contra de su voluntad.

Vuelvo a repetir que los ejemplos son infinitos, y la gracia de estos personajes reside en la originalidad de sus locos descubrimientos y en las motivaciones que les llevan a desarrollarlos. Es posible que en un futuro próximo los científicos odien a la humanidad por llevar 20 años con un sueldo de becario después de haber dedicado toda una vida al estudio y la investigación. Como para no odiarla. Cualquier loco invento que se les ocurra nos lo tendremos merecido.

NOVELA POPULAR Y CÓMIC

wonder woman readingEl cómic, el noveno arte, guarda muchas más similitudes con la novela popular de las que pueda parecer a primera vista. Al igual que ocurre con la novela popular, el cómic ha contado de forma tradicional con el rechazo de los autodenominados intelectuales, que lejos de ver en él un medio cultural serio, lo consideraban un mero entretenimiento dirigido a los niños, que no sólo no favorecía su desarrollo cognitivo, sino que únicamente servía para hacerles perder el tiempo y para llenarles la cabeza de tonterías.

Históricamente existe una percepción en ciertos círculos intelectuales de que todo aquello que gusta a un público amplio tiene que ser malo por naturaleza, mientras que si sólo unas pocas personas se sientren atraídas, debe ser bueno. Argumento absurdo, pero que persiste en la actualidad, y de forma más pronunciada en España que en otros países.

A este condicionamiento “intelectual” hay que sumar otro grave problema  específico de nuestro país, que nunca debemos olvidar cada vez que hablemos de cultura popular: la dictadura.

Inicialmente, el Régimen de Franco tuvo una postura de relativa indiferencia ante el cómic, pues era un producto cultural tan infravalorado que apenas si repararon en él.

En esta primera fase, hasta aproximadamente 1952, ni el sexo ni la violencia preocuparon en exceso al régimen, excepcto los cómics de importación, que sí tenían un mayor control por parte de la censura. Las cosas cambiaron cuando el nacionalcatolicismo cobró mayor fuerza, a partir de mediados de los años cuarenta, momento en el que el erotismo pasó a ser el enemigo público nº 1, mucho más que la violencia, que siguió sin preocupar en exceso hasta finales de los años cincuenta y, especialmente, en los sesenta.

flash gordon retocado 2

Diferencia entre la viñeta publicada en Italia y España de Flah Gordon

Esta omnipresente presencia del nacionalcatolicismo en todos los ámbitos de la vida hizo que empezaran a retocarse viñetas de forma constante, y así los bikinis y la ropa interior femenina se convirtieron de la noche a la mañana en manchas de cuerpo entero o en elegantes vestidos (en “Mandrake” y “El hombre enmascarado” era una constante), los pechos femeninos sufrieron una reducción de talla, y las faldas se estiraban hasta cubrir las rodillas. Uno de los ejemplos más llamativos y conocidos fue el de la Pantera Rubia un personaje que originariamente vestía un biquini de piel de leopardo, y que en España se convirtió en una discreta blusa blanca y una falda larga de piel de leopardo, vestimenta ideal para trepar a un árbol o para montar en elefante.

la pantera rubia

La pantera rubia, mucho más elegante en España

De cualquier modo, las historietas procedentes de Estados Unidos fueron las primeras damnificadas del cambio de régimen; no sólo superhéroes (Superman y Batman) sino otros personajes del género fantástico (Mandrake) y de la ciencia ficción (Flash Gordon). Todos estos personajes  habían sido publicados durante la segunda República, y con el franquismo fueron desapareciendo, debido a que mostraban personajes con poderes que parecían divinos, lo que era totalmente contrario a la fé católica, y además contenían fuertes dosis de violencia y sobre todo de fantasía que podían confundir a los inocentes niños españoles. Mención especial en este aspecto para Wonder Woman, que no contenta con ser una semidiosa, aparecía en todas sus historias atada o en situaciones muy sensuales en una de cada tres viñetas, motivo por el que era impensable la publicación de sus aventuras. A pesar de esta presión oficial, los editores intentaron esquivar la censura antiamericana cambiando los nombres de algunos personajes (Supermán pasó a ser “Ciclón”, Batman “Alas de Acero”, y Flash Gordon, “Flas”), pero estas artimañas no pudieron evitar finalmente su prohibición.

Con el tiempo el nuevo Régimen empezó a vislumbra que el tebeo era una inmejorable fuente de educación en los valores y principios del movimiento, y esto lógicamente redujo al mínimo cualquier tipo de libertad creativa por parte de los autores, que debían ceñirse a unas directrices muy estrictas, lo que tuvo como consecuencia directa la “infantilización” del cómic. El Decreto de 24 de junio de 1955 sobre ordenación de la prensa infantil y juvenil limitó al 25% la presencia de material extranjero en los tebeos, y además fortaleció la importancia de la censura, la cual afectó en primer lugar a las series cómicas que se tomaban a broma la institución familiar. Escobar tuvo serios problemas con su serie Doña Tula por este motivo.​

En 1962 nace la Comisión de Información y Publicaciones Infantiles y Juveniles, que actuó con contundencia  contra la violencia de las series de acción, hasta la definitiva prohibición en 1964 de las series de superhéroes, algo que no tuvo continuidad, pues en 1968 Vértice empezó a publicar las series de superhéroes Marvel; eso sí bajo la observancia de la siempre vigilante censura.

Con todos estos límites legislativos, no es difícil entender el tipo de cómic que podía leerse en España en la década de los años 50 y 60, pues la historieta nacional había sufrido un proceso de trivialización de sus contenidos, y el acceso al cómic extranjero en su versión original resultaba cada vez más complicado, lo que favoreció la visión de este medio como la de algo dirigido exclusivamente a niños e  iletrados.

Desde el punto de vista académico, el cómic, precisamente por su naturaleza de medio dirigido a las masas, supone un vehículo excepcional para conocer la realidad social de cada época, mucho más fiable que la mayoría de los ensayos de historia; otra característica que en mi opinión comparte con la novela popular, que al igual que el cómic llegaba cada semana a miles y miles de hogares, gracias a su distribución a través de los quioscos de prensa, y que no sólo eran leídos por su comprador original, pues entraban desde el momento de su primera adquisición en un inacabable circuito de intercambio de segunda mano.

el coyote Comic-quincenalOtra característica que une ambos mundos es que aparte del constante trasiego de ideas que se producía en ambos sentidos entre el mundo del cómic y el pulp,  durante un tiempo coexistieron series de tebeos que aprovechaban el gran éxito de las colecciones de novelas (Aventuras del FBI o El encapuchado, por ejemplo), guionizadas en algunos casos por los mismos autores que escribían las novelas. Hay que tener también presente que una buena cantidad de autores de novela popular trabajaron en mayor o menor medida para el mundo del cómic, como es el caso de Juan Bautista Lacasa Nebot (John Lack), Miguel María Astraín Bada (Mikky Roberts), Guillermo López Hipkiss, Francisco Ledesma (Silver Kane), Ángel Rodríguez Illera (Jan Hutton), Arturo Rojas de la Cámara (Red Arthur), Alfonso Arizmendi Regaldie (Alf Regardie), o Salvador Dulcet Altés (Roy Silverton) por citar tan sólo algunos ejemplos.

Con todos estos nexos comunes, resulta cuanto menos curioso que dado el vejatorio trato que sufría la literatura popular por parte de los escritores autodenominados “serios”, fueran los propios autores de novela popular  los que acabaran tratando del mismo modo a los profesionales del mundo del cómic: con desprecio. Al menos así se desprende de la mayoría de las referencias que he podido encontrar.

La palabra cómic apenas se empleaba en España en la década de los años 50-60, pues no empezó a usarse de forma habitual hasta los años 80, momento en el que comenzó a verse desde otra perspectiva y con mayor respeto. Empezaba a emplearse la palabra Arte asociada al cómic.

Antes de eso, al cómic se le llamaba generalmente “historietas”, o “tebeos”, y las pocas referencias que se hacía de ellos solía tener una connotación negativa, como la de algo dirigido al público infantil o a gente de muy baja capacidad intelectual. Si la novela popular estaba considerada como  subliteratura, el cómic era la infraliteratura de la subliteratura.

En este artículo intentaré poner algunos ejemplos de la visión del cómic dentro de la literatura popular, que en la mayoría de los casos se trata de forma muy tangencial, aunque os aseguro que nos encontraremos con más de una sorpresa.

Lo más frecuente es localizar someras menciones respecto del mundo del cómic, generalmente con connotaciones despectivas, o que sirven únicamente para poner de manifiesto lo absurdo de alguna de las situaciones que ocurren en las novelas. Comentarios del tipo:

“Esta vez, la Tierra fue atacada y no fue cosa de historietas de aventuras ni fantasía de novelistas” En busca del mundo de Luz. Clark Carrados (Espacio Mundo Futuro de Toray nº 441)

“A Hennis le hizo una gracia enorme la aparición del cuarteto. Parecía una escena de historieta cómica.” (La máquina de la vida. Lous G. Milk. Espacio mundo futuro  de Toray nº 504)

“— Claro, claro. Y nosotros, como unos héroes de historieta, descenderemos a ese pozo, hablaremos con los jefazos de la ciudad submarina, les amenazaremos con la destrucción y… ¿qué más?” (La ciudad de abajo. Clark Carrados. Espacio Mundo Futuro de Toray nº 392)

“—Cierra la boca. Vamos a ir al pueblo que vimos allá atrás. No me importa lo que digan los sabihondos. No me trago todo este cuento de que estamos fuera de la Tierra. Esto vale para los chiquillos que se leen a Superman, pero no para mí. Yo soy listo.” (Jinetes Satánicos. Peter Debry. La Conquista del Espacio nº 34).

Afortunadamente, en otras novelas, las referencias al tema son un poco más elaboradas, aunque siguen sin jugar un papel destacado en la trama.

En “Vivisección” (Espacio Mundo Futuro de Toray nº 218), Law Space hace mención directa al cómic Flash Gordon, que incluye el correspondiente pie de página explicativo, algo muy habitual en Enrique Sánchez Pascual. No se emplea el habitual tono peyorativo que solía usarse en la época, lo que hace pensar que el autor podía ser aficionado al mundo del cómic, argumento que se ve reforzado si tenemos en cuenta que su hijo (Enrique Sánchez Abulí), se acabaría convirtiendo en el célebre autor de Torpedo junto al dibujante Jordi Bernet.

Sin embargo, también podemos encontrar algún ejemplo en el que el autor recurre a  las historietas de forma un poco menos amable:

“No hay que soñar en rocambolescas aventuras espaciales, ni en guerras galácticas, ni en tremendismos de historieta infantil. El cosmos nos reserva sorpresas mucho más sencillas y, al mismo tiempo, mucho más terribles.”

Este párrafo se presenta al inicio de la novela “El Planeta Vivo”, de Law Space, nº 18 de la colección Héroes del Espacio  como una cita de un tal H. S. Thels, que no es más que otro seudónimo del mismo Enrique Sánchez Pascual. No es por cierto el único caso en el que este autor se cita a sí mismo en una novela.

Flash Gordon, héroe espacial por definición, vuelve a ser mencionado por Louis G. Milk en  “Ellos” (Espacio Mundo Futuro de Toray nº 10)

“Nos habíamos imaginado el interior de aquella nave interplanetaria repleto de aparatos científicos, de raros cuadros de mandos, pantallas visoras, sillones antiaceleración y demás cosas que pintaban en los dibujos de los “comics” para niños, en los que inevitablemente Flash Gordon se hartaba de matar seres de otros mundos, pero allí no había nada.”

Nuevamente Luis García Lecha, firmando como Clark Carrados vuelve a mencionar a Flash Gordon en “Las estrellas nos atacan” (Espacio Mundo Futuro  Nº 55):

“Una nave del espacio caía sobre nosotros. Y de que era un artefacto de tal categoría no cabía la menor duda; incluso habría sido capaz de jurar que los Wrysk habían leído las aventuras de Flash Gordon al construirla”.

El omnipresente Curtis Garland (Juan Gallardo Muñoz), uno de los autores consagrados de la novela popular española,  menciona de forma tangencial a los cómics en “Las cloacas” (La Conquista del espacio nº 196, de Bruguera), dando la sensación de que comparte la visión del cómic como algo perjudicial  para los niños:

—Oh, mamá. Sabes que a Jackie no le dejarían entrar a ver una película semejante. Tienen que ser invenciones suyas o de los comics.

 —No, eso que contó hoy no recuerdo haberlo visto en un comic, hija

….

—Imagine que vio un simple rapto, cometido por delincuentes habituales, y lo adornó con algún recuerdo de un filme de ciencia-ficción o un comic de esos que deberían prohibir a los niños —rezongó Harding.

A pesar de esta aparente despreciativa visión del mundo del cómic por parte de Garland, la obra que con posterioridad comentaré de este autor nos dejará clara la auténtica visión que el escritor tenía acerca del octavo arte.

En “Visitantes del futuro” (nº 299 de La Conquista del Espacio) Adam Surray nos aporta una destacada referencia.  Aunque los cómics no tienen ningún protagonismo en la novela, el autor aprovecha para dar pruebas de su conocimiento del medio. No debemos olvidar que Adam Surray es un gran aficionado –y coleccionista- del mundo del cómic clásico.

“George Smith, el recepcionista del edificio, alzó los ojos del comic-book. En su caballuno rostro se reflejó una ancha sonrisa. Era un individuo locuaz. Simpático. De infantil aspecto. Todos conocían su afición por el «comic». «The Phantom», «Superman», «Little Lulu», «The Lone Ranger»…”

El tal George Smith parece un alter ego del propio autor, que trabajaba en la recepción del hotel familiar, compaginando esa tarea con la escritura de novelas populares durante las largas noches en que debía permanecer tras el mostrador de la recepción.

Lem Ryan (Francisco Javier Miguel Gómez), el más joven de los escritores de novela popular también emplea en “Y ella le avisó…” (Héroes del espacio nº 123) la figura del cómic para poner de manifiesto hechos imposibles y absurdos.

“— Yo no hablo de esos zombis que nos presentan las viejas novelas y comics de terror. Esos seres son fruto de la mente de unos novelistas con demasiada imaginación en sus calenturientas cabezas.”

En “Los cazadores” (Héroes del espacio nº 4), Burton Hare (José María Lliró Olivé) hace una doble referencia al mundo del cómic:

“—       Por supuesto, no es una nave de la Tierra, eso sí que es seguro, así que si llevaba tripulantes quizá fueran esos hombrecillos verdes, con antenas en la cabeza, que pintan en las historietas infantiles.”

……

—        No comprendo una sola palabra, amigo — gruñó —. Habrá que empezar por el principio, como en las historietas de Tarzán… Yo, Dan. Dan, ¿comprende? Yo — insistió, golpeándose el pecho con el dedo—, Dan. Ella, Theda. Theda, mujer.

Nuevamente Luis García Lecha, bajo el seudónimo de Glenn Parrish, saca a relucir el cómic en varias referencias de su novela “En busca de un mundo nuevo”, nº 39 de La Conquista del Espacio de Bruguera.

El protagonista de la novela es Tiff De Kxorb, un hombre que resulta proceder de otro planeta y que se siente fascinado por las historietas de la Tierra:

“—Estas historietas de ciencia-ficción —contestó él—. Jamás he visto tal cantidad de disparates en menos espacio, aunque, eso sí, están maravillosamente dibujadas.

—Tiff, el autor de la historieta la ha escrito e ilustrado de acuerdo con la forma en que piensa será el mundo de mañana.”

……

“—¿Otra vez divirtiéndose con las historietas de ciencia ficción, Tiff? —preguntó jovialmente.

Tiff se puso en pie y corrió hacia ella para aliviarle del peso de los paquetes.

—No, esta era una historieta cómica, de esas que se ve a un tipo con un cartucho de explosivo en las manos, le estalla y lo deja tiznado y con las ropas destrozadas. Muy bueno, Doris, muy bueno —dijo Tiff, riéndose todavía.

—¿Le gustan las historietas cómicas? —preguntó ella, sonriendo.

—Mucho, Doris. Nunca había visto nada semejante hasta que vine a Santa Clara.

—Vamos, vamos, no me diga que en Kxorb no se publican historietas cómicas. Pero, ¿en qué país vive usted?

Tiff suspiró.”

A partir de este punto pasamos a un nivel distinto: en estos casos el cómic pasa de servir de mera referencia a adquirir un protagonismo mucho mayor en el desarrollo de la historia.

Inventor de Personajes - Clark.CarradosClark Carrados. Inventor de personajes. La conquista del espacio de Bruguera nº 191

Randy Chyver es un dibujante de historietas gráficas (así se denomina en la novela) que de forma repentina se ve involucrado en una aventura que parece sacada de una de sus obras. Cuatro extraños hombres intentan secuestrarlo, pero es rescatado en el último momento por una bella mujer llamada Slinia que, a bordo de una epecie de submarino volador, le lleva hasta el espacio exterior, explicándole que necesitan su ayuda en Uhlum, su planeta de procedencia, situado a 800 años luz de la Tierra, para salvar a la reina Arthior de una conspiración.

Lo más curioso del tema es que Chyver es el autor de una obra en la que aparecía un planeta llamado Uhllum, y la conspiración de la que le habla Slinia se parece mucho a un argumento que empleó es otro de sus cómics, “Denia, reina de Mathwun”.

Slinia le explica que precisan de su imaginación y sus dotes como dibujante de historietas para salvar su planeta, gracias a la intervención de un “Materializador”, un aparato que permite que se haga realidad cualquier cosa que se dibuje. Un aparato que lógicamente puede emplearse para el bien…y para el mal.

Una novela cuyo argumento recuerda un poco a Flash Gordon, pues al final trata de un terrícola que es reclutado para salvar otro planeta, pero al final la historia acaba siendo  un auténtico derroche de imaginación, con enredos de cambios de cuerpo incluídos, y en la que el dibujante de cómics (palabra que por cierto se menciona una sola vez en toda la obra) tiene un protagonismo absoluto. Eso sí, no hay menciones a obras clásicas a lo largo de la novela, y yo me quedo con la sensación de que el tema podía habe dado para mucho más a poco que el autor hubiera homenajeado a los grandes títulos de la historieta.

Silver Kane matrimonio spectroEl honorable matrimonio Spectro. Silver Kane. Selección Terror de Bruguera  nº 16

Era sólo cuestión de tiempo que Francisco González Ledesma, guionista de El Teniente negro, Inspector Dan o Glen Derby entre otras célebres colecciones de historietas, introdujera de un modo u otro el mundo del cómic en alguno de sus múltiples novelas de quiosco.

Dudley, un dibujante y guionista cuyo trabajo es diseñar personajes para las películas de terror británicas (se supone que la Hammer), acaba de comenzar la publicación de una historieta con su último personaje, un hombre de aire fantasmal y facciones afiladas que responde al nombre de Spectro. Este personaje, el más realista que ha dibujado en su vida, se ha convertido en una auténtica obsesión para él, hasta el punto de que constantemente cree verlo junto a su no menos siniestra esposa, la Sra. Spectro.

Por este motivo, Dudley alquila la más siniestra mansión del condado de Kent, a las afueras de Londres, con la idea de encontrar el reposo necesario para recuperar la cordura. Hasta allí se trasladan Dudley, su esposa Mónica, y Marta Liverpool, su joven ayudante y auténtica protagonista de la novela, que nada más ver la siniestra casa alquilada por su jefe, empieza a pensar que no debería haber dejado en sus manos la gestión del alquiler.

A los pocos días de aterrizar en su nueva residencia, Marta empieza a comprobar que Dudley, lejos de haber dejado atrás el recuerdo de Spectro, sigue obsesionado con él, primero dibujándole constantemente, y después asegurando que ha vuelto a verle observándole desde la niebla subido encima de un carruaje de caballos.

Sorprendentemente, una serie de extraños sucesos empiezan a convencer a Marta de que algo sobrenatural está sucediendo a su alrededor, y que tal vez su jefe no esté finalmente loco.

El principal problema es que los Spectro no parecen conformarse con realizar fantasmales apariciones, pues su presencia física es cada vez más palpable, hasta el punto de que en una recepción en el Museo Livingstone, Marta habla en persona con la Señora Spectro, que incluso la invita a visitarla en su residencia en Mahatma House.

Cuando Marta se decide a investigar qué se oculta en Mahatma House, descubre un mundo que no podía ni imaginar.

Como vemos, nos encontramos con una versión pulp terrorífica de “Seis personajes en busca de autor”, la famosa obra de teatro de 1921 de Luigi Pirandello en la que una serie de personajes, fruto de la imaginación de un escritor, muestran su anhelo de existir, pues por desgracia el autor jamás llegó a plasmarlos por escrito en una obra.

Aquí son dos personajes de cómic de terror –el matrimonio Spectro- los que pugnan por abrirse camino en el mundo real.

Lo inquietante de este tipo de argumentos –que por supuesto ha sido empleado en diversas ocasiones tanto en la literatura como en el cine-  es que un personaje de ficción debe comportarse siempre de la misma manera; su realidad no puede ser distinta. Necesita repetir exactamente su actuación tal y como es; y lo preocupante es que es precisamente el autor el que le dota de una determinada forma de actuar. En el caso del matrimonio Spectro, sus personajes fueron concebidos como crueles asesinos, y como tal deben comportarse.

Por desgracia, este prometedor argumento se ve lastrado por la habitual tendencia de dar explicaciones racionales a los hechos aparentemente sobrenaturales, y el libro acaba acaba enredándose en una trama llena de incoherencias. De haber mantenido la premisa inicial, podría haberse convertido en una de las mejores historias de la colección.

Curtis Garland - Quien es Cat“¿Quién era Cat?”. Curtis Garland. Punto Rojo de Bruguera nº 499

Antes comentaba que resultaba extraño que Curtis Garland, un culto autor  enamorado de todo tipo de artes, no se inspirara en algún momento en el mundo del cómic. Pues bien, ¿Quién es Cat? es toda una declaración de amor del escritor al mundo de la historieta. Ya en uno de sus habituales y maravillosos prólogos (Pórtico es como el autor llama a la introducción de esta novela), Juan Gallardo Muñoz nos da un repaso de la historia del cómic (empleando esta palabra en lugar de historieta), con menciones a los principales títulos que podían encontrase en estos años en España (Dick Tracy, el Hombre enmascadrado, Rip Kirby, El hombre enmascarado, Snoopy, Diabolik….), pero sobre todo hace una encendida defensa del cómic como una “manifestación de arte muy digno de nuestra época, que las actuales generaciones supieron ver mejor que las pasadas”.

En la novela, Martin Graham es un frustado dibujante que acude al despacho del detective privado Mike Cash, con la intención de contratarle para que demuestre que Paul Karpis, una celebridad pública, le robó en su día la autoría de Sexy Cat, el célebre personaje femenino protagonista de uno de los cómics más vendidos de Estados Unidos, del que Graham asegura ser el auténtico creador. Según él, publicó la primera aventura de Sexy Cat en la editorial Gold, pero no llegó a registrar el personaje, hecho que aprovechó Paul Karpis para empezar a publicar un título con el mismo personaje en Saint James, una editorial rival.

La inminente adaptación del cómic a una serie de televisión empuja a Graham a reclamar una indemnización por lo que considera un atraco sobre su obra, y para ello necesita obtener pruebas.

Mike Cash, un detective del montón al que no le sobra precisamente el trabajo, acepta el encargo a cambio de 200 dólares, aunque en realidad no cree una sola palabra de lo que le dice su cliente, al que considera un borracho fracasado al que le mueve la envidia.

Todo da un giro radical cuando al día siguiente Martin Graham aparece asesinado con una daga veneciana, a imagen y semejanza de una de las últimas historias protagonizadas por Sexy Cat.

Inundado por un sentimiento de culpa por no haber creído a su cliente, Mike Cash se conjura para hacer todo lo que esté en su mano para llegar al fondo de este turbio asunto.

Una oleada de crímenes empieza a cebarse con cualquier persona relacionada con Sexy Cat, y todo apunta a que es la propia Sexy Cat la que de forma sobrenatural está cometiendo los asesinatos.

Una gran historia que gira alrededor del tema de la cuarta pared, en una de las novelas de Curtis Garland que tuvieron adaptación cionematográfica, en una película de 1973 dirigida por Julio Pérez Tabernero, que desde ya aviso que no es fácil de localizar. Afortunadamente la novela, que recomiendo sin lugar a dudas, es posible encontrarla  en el recopilatorio de ACHAB “sesión Continua”, que recoge las novelas de Curtis Garland que tuvieron adaptación cinematográfica. Toda una suerte poder disfrutarla.

He de destacar que aparte de un homenaje al mundo del cine, la novela puede ser también entendida como una atinada crítica del autor al mundo editorial y cinematográfico, pues en más de una ocasión Juan Gallardo Muñoz –según cuenta en su propia autobiografía- sintió que le habían engañado con la propiedad de su obra.

Adam surray comic de terror“Cómic de Terror” Adam Surray. Selección Terror de Bruguera nº 376

No es casualidad que haya dejado esta novela, ya comentada en este mismo blog, para el final, pues supone desde mi punto de vista una obra maestra que mezcla a la perfección los mundos del cómic y de la novela popular. Sólo alguien como José López García, que conocía ambos mundos –como profesional en el caso de la novela popular y como coleccionista en el caso del cómic- era capaz de realizar esta genial combinación.

Charles Williams es un joven dibujante enamorado de los comics clásicos que no consigue publicar ninguna de sus obras, por considerar los editores que su anticuado estilo no se ajusta a los gustos del público actual, ávido de historias eróticas y de terror sanguinario.

Aunque no necesita el dinero, ya que es el heredero de una gran empresa que le permite vivir de las rentas, Charles se encuentra absolutamente frustrado por no conseguir publicar sus obras, lo que unido al pequeño detalle de que está un pelín desequilibrado, le lleva a planear una obra maestra del cómic acorde con los tiempos modernos, y para ello decide basar sus dibujos en asesinatos reales que permitan captar la esencia del terror en sus viñetas. Inspirado, decide matar mujeres que se llamen igual que las novias de sus héroes de cómic favoritos: The Phantom, Mandrake, Rip Kirby… y para ello tira de guía telefónica buscando las víctimas que se ajusten a las características físicas de estas heroínas de papel.

El inspector de policía Roger Feldman tendrá que atar cabos partiendo del primer crimen, el asesinato de una mujer llamada Diana Palmer, cuyo destrozado cuerpo aparece al lado de una peculiar calavera dibujada con su propia sangre en la pared.

Una espléndida novela con protagonismo absoluto para el psicópata, plagada de referencias sobre el mundo del cómic, materia que insisto conoce sobradamente el autor, y con una de esas portadas que ya de por sí convierte el libro en una joya.

Nos encontramos sin duda con el mejor ejemplo de mestizaje entre cómic y literatura popular, dos mundos destinados a entenderse.

Como siempre, según vaya descubriendo otros títulos en los que el mundo del cómic juegue un papel destacado en el argumento, iré actualizando la reseña.

Hasta ahora, hemos visto ejemplos de cómo la novela popular hace uso del mundo del cómic, pero, en sentido inverso, ¿hay apariciones de la novela popular dentro del cómic?. El caso que voy a exponer es, al menos para mí, realmente fascinante.

En el nº 2 de “Kill or be killed”, un cómic americano del guionista Ed Brubaker, con dibujo de Sean Phillips, el protagonista es un joven que, por motivos que no vienen al caso,  busca una pistola que su padre guardó años atrás en el trastero de su casa. El padre, ya fallecido, es descrito como un antiguo ilustrador de portadas de revistas policiacas y de ciencia ficción, especializado en dibujos picantes, típicos de la cultura pulp de la época.

Pues bien, en una de las viñetas se ve al protagonista sacando unas cajas llenas de revistas, y en primer plano aparece la portada de “Cementerio Espacial”, una novela de Briggitte de Lou Carrigan publicada en la colección Archivo Secreto de Bruguera.

kill or be killed

El dibujo es una réplica exacta de la portada original en castellano (se lee prefectamente el título, autor y colección), que corrió a cargo de Prieto Muriana y que se publicó en España en 1977 en el nº 207 de la colección Archivo Secreto de Bruguera. Cómo ha llegado esa novela -que aparece hasta en cuatro viñetas de este número, y de nuevo en el número 4 de la colección- a una serie americana de un reputado guionista, es todo un misterio, pero un buen ejemplo del alcance que esta literatura ha tenido a nivel global.

lou carrigan cementerio espacialHe comprobado que estas viñetas no son ningún “añadido” local de la publicación del cómic en castellano, pues lo he comprobado con el cómic original en inglés, así que hay que suponer que este extraño homenaje es obra del propio Brubaker, o más probablemente, del dibujante Sean Phillips.

He intentado contactar con el autor, pero lógicamente no he recibido contestación (si ha leído mi correo, cosa que dudo, supongo que habrá alucinado de que alguien desde España le pregunte por algo tan extraño), así que de momento el misterio sigue sin ser develado.

JUICIO A HUGO WAST

hugo_wast

Hugo Wast, el cura sin sotana

“La muralla que ataja a un

ejército, es sobrepasada 

por una hormiga.”

Supongo que a muy poca gente que lea este artículo le dirá algo este nombre, pero Hugo Wast fue en su día uno de los autores más vendidos de Argentina, traducido a 15 idiomas, y publicado con bastante éxito en diversas colecciones de literatura popular en España, entre las que destacaría la Colección Obras maestras de la Editorial Juventud. Probablemente estemos hablando del primer escritor argentino de bestsellers, que además se caracterizó por ser uno de los precursores de la autoedición: él era el propietario de todos los derechos de sus obras, y él mismo gestionaba la publicación, distribución y promoción  de sus obras en Argentina y en el resto del mundo.

Hugo Wast es un anagrama de Ghustawo, supuesto nombre sueco inventado por el autor (el nombre real en sueco sería Gustav), muy aficionado a la mitología escandinava, y que empleó a partir de su tercera novela ya de forma permanente.

hugo wast la que no perdonoSu nombre real era Gustavo Adolfo Martínez Zuviría (Córdoba, 23 de octubre de 1883 – Buenos Aires, 28 de marzo de 1962), un escritor y político argentino de gran fama en su día y que ha ido cayendo en el olvido, en parte por el paso del tiempo, y en parte, una vez más, por motivos ideológicos que explicaré más adelante. Simpatizante del franquismo español, alcanzó gran notoriedad por sus novelas, algunas de las cuales fueron adaptadas al cine; y por su labor pública como diputado y ministro de Justicia e instrucción pública (en 1944 durante la dictadura del general Pedro Pablo Ramírez), cargo éste último desde el cual implantó la enseñanza -aunque no obligatoria- de la religión católica en todas las escuelas de Argentina. En su época una parte de Argentina se refería a él de forma despectiva como “el cura sin sotana”, pues una de las principales características de sus obras es la defensa de la fé cristiana.

Martínez Zuviría creía que la literatura tenía una misión pedagógica y de formación espiritual. A su entender, “por arriba de la libertad del artista están los deberes del hombre para consigo mismo, para con la sociedad, para con Dios”. De ahí que sus obras estuvieran cargadas de mensajes moralizantes.

Una novela, por el solo hecho de representar la vida, enseña, bien o mal, aunque su autor no lo haya pretendido. No es un cuadro ni una estatua, es toda una cadena de principios y de consecuencias que se transmiten al lector como incitaciones al bien o al mal. Por consiguiente el novelista no tiene derecho de escribir cualquier cosa, so pretexto de arte”.

El mismo autor presumía de que sus hijos podían leer cualquiera de sus obras sin que sintiera vergüenza por nada que apareciera en ellas.

Gustavo nació y estudió en la ciudad de Córdoba, en el seno de una familia adinerada con una importante tradición militar. Inició sus primeros estudios en el Colegio Santo Tomás, perteneciente a la orden de los escolapios; ya allí mostró vocación por la literatura, y publicó alguna obra juvenil en los periódicos locales, mostrando ya un el gran talento que desarrollaría más tarde.

En 1902 comenzó a estudiar derecho en la Universidad de Santa Fe, pero sin abandonar su afición por la literatura, escribiendo durante las vacaciones su primera novela, “Alegre”, que vería la luz tres años más tarde. Escribió también teatro, poesía y ensayos, en uno de los cuales defendía por cierto el creacionismo del dogma católico frente a la teoría de la evolución. No debe extrañar a nadie este hecho, pues incluso hoy en día continúa habiendo detractores de la teoría de la evolución de Darwin, y a principios del siglo pasado era algo generalizado.

Antes de convertirse en abogado en 1907, ya había publicado un volumen de versos y otro de cuentos; en esta misma época ya era un gran defensor del catolicismo. En ese mismo año publica su segunda novela y otro libro de poesía, aún firmados con su nombre verdadero.

En 1908 se casa con Matilde de Iriondo, eligiendo Europa para su luna de miel; en Roma fue recibido por el papa Pío X en audiencia pública y recibe la bendición a su matrimonio. A su regreso obtuvo plaza de profesor en el Colegio Nacional de Santa Fe, población que convertiría en su hogar, y donde un año más tarde se convertiría en profesor de la Universidad recientemente inaugurada.

hugo wast flor de duraznoFascinado por la mitología escandinava, escogió para su tercera novela, “Flor de durazno”, el seudónimo de Hugo Wast, un anagrama de su nombre de pila modificado inspirándose en la grafía sueca: «Ghustawo». La novela es un drama muy del gusto de la época que le catapultó a la fama; su adaptación al cine por Francisco Defilippis Novoa en 1917 fue también un gran éxito de taquilla, y permitió el debut de Carlos Gardel en el cine.

Entre 1910 y 1920 continuó una intensa actividad literaria, a la vez que se iniciaba en política en el PDP (Partido Demócrata Progresista), fundado por Mariano Demaría. El PDP era una coalición de socialdemócratas y conservadores, con los que se presentó a la vicegobernación de la provincia de Santa Fe, junto con Lisandro de la Torre, aunque fueron derrotados. Antes de ser elegido diputado nacional en 1916, se hizo cargo de la dirección del periódico Nueva Época de Santa Fe, labor que abandonó al aceptar el cargo público. Ese mismo año publica una de sus mejores novelas: “La casa de los cuervos”.

En 1918 publicó “Valle Negro”, novela que fue premiada por la Real Academia Española, y para la que Miguel de Unamuno tuvo muy buenas palabras, considerándola una novela para cualquier público y época.

Hugo wast caricaturaeuropeaEn las siguientes elecciones, en 1920, al no salir reelegido, regresa a Santa Fe y vuelve a ocupar su cátedra en la Universidad de Santa Fe. Poco después abandona el PDP (Partido Demócrata Progresista), pues considera que está girando en exceso hacia la izquierda, y Don Gustavo era muy conservador. Durante la década 1920-1930 se dedicó casi exclusivamente a la literatura, publicando algunas de sus más conocidas novelas: “Los ojos vendados”, “El vengador”, “La que no perdonó”, “Pata de zorra”, “Una estrella en la ventana”, o una de sus obras más célebres, “Desierto de piedra”, que consiguió el Gran Premio Nacional de Literatura y  fue traducida a numerosos idiomas.

En 1927 se marcha temporalmente de Argentina, recorriendo junto a su  esposa y sus 12 hijos durante 4 años Europa y Estados Unidos. En 1928, durante su estancia en España, fue elegido miembro de la Real Academia Española. En nuestro país ya le habían publicado varias de sus novelas, y había conseguido alcanzar una fama importante.

No volvería a Argentina hasta después del golpe militar de 1930, en que el general José Félix Uriburu -antiguo compañero de militancia en el PDP- depuso tras un golpe de estado al presidente Hipólito Yrigoyen, iniciando de este modo un periodo llamado Década Infame por los argentinos (1930-1943). En 1931 la dictadura militar nombró a Gustavo Martínez Zuviría director de la Biblioteca Nacional (en Buenos Aires), cargo que desempeñó durante casi un cuarto de siglo, hasta que en 1955 renuncia al cargo con el gobierno de Juan Domingo Perón. Durante ese tiempo, Hugo Wast continuó publicando obras, con el mismo grado de implicación con la iglesia católica que había mostrado hasta entonces, hasta el punto que en 1935 recibió la Orden de San Gregorio Magno, otorgada por el papa Pío XI, como premio al valor religioso de su obra literaria.

hugo wast kahalPrecisamente en 1935 se publica “El Kahal”, novela que con los años sería la principal culpable de la fama de antisemita que ha ido relegando a Hugo Wast al fondo de la memoria colectiva. En la novela, ambientada en Argentina, la de los judíos está regulada en todos sus detalles por un tribunal, el Kahal, que dirige todas sus actividades e impone sanciones a quienes no obedezcan sus órdenes. El libro hace referencia a un Kahal supremo, con sede en Nueva York, al que se responsabiliza de forma indirecta de dirigir de forma siniestra a todos los judíos del mundo. La obra fue un éxito entre los crecientes círculos antisemitas y nacionalistas de Argentina, y supuso un escándalo​ para la comunidad judía local, que denunció públicamente al autor. El efecto de todo esto es  que  aumentó enormemente la popularidad de Martínez Zuviría, y empezó a generarse su fama de antisemita.

Por esa misma época, Martínez Zuviría colaboraba en una revista que se autodefinía como anticomunista y antijudía (la revista Clarinadas), que difundía informaciones sobre una supuesta conjura mundial judeocomunista. Esta publicación recibió encendidos elogios en Der Stürmer (“el atacante”) ―el principal órgano de prensa del nazismo en Alemania―.​ En 1937 firmó también un manifiesto de apoyo a la insurrección de Francisco Franco en España, simpatizando con la “reivindicación heroica de la nacionalidad, la religión y las glorias tradicionales de su patria”.

hugo wast 666Unos años más tarde (1942) se publica la novela “666”, en la que en cierta forma se equipara la expansión del comunismo y el judaísmo internacional con el advenimiento del Anticristo.

El prestigio de Martínez Zuviría estaba en ese momento en su apogeo; de esta época datan la mayoría de sus colaboraciones con el cine, adaptaciones de sus novelas “La que no perdonó” (1938), ”La casa de los cuervos” (1941), “El camino de las llamas” (1942) y “Valle negro” (1943). ​ En 1944, sin embargo, el cónsul alemán en Argentina fue descubierto realizando tareas de espionaje para el Eje, y se revela públicamente en la prensa que contó con la ayuda de Martínez Zuviría, lo que le obligó a renunciar a su cargo de Ministro. La derrota del Eje en la II Guerra Mundial empeoró su situación, pues quedó marcado con la etiqueta de nazi.

La acomodada situación de Martínez Zuviría, con una importante fortuna familiar a la que sumó los abultados ingresos por derechos de autor de su obra literaria y la jubilación como diputado nacional, le permitió dedicarse en exclusiva a escribir en estos últimos años, especialmente sobre temas religiosos. En 1954 recibió la condecoración de la Gran Cruz de Alfonso X el Sabio del gobierno franquista. Hacia fines de esa década su salud comenzó a declinar visiblemente a causa de una infección pulmonar. El 28 de marzo de 1962 falleció en su casa, y fue enterrado en el panteón familiar del cementerio de la Recoleta. Cuando murió se habían vendido más de tres millones de ejemplares de sus libros.

En 2010, en Argentina se reabrió un gran debate sobre Hugo Wast que ya venía de atrás, pues se propuso cambiar el nombre de una calle de la ciudad de Córdoba que lleva su nombre, sustituyéndolo por el nombre de una de las representantes de Abuelas de Plaza de Mayo, Sonia Torres. La idea finalmente no se aceptó. Entre los argumentos esgrimidos para la supresión de su calle se subrayaba el presunto carácter antisemita de algunas de las obras de Wast, ya comentadas un poco más arriba.

hugo wast oroVolvemos de este modo a un tema recurrente en este blog: el destierro al olvido de autores por motivos ajenos a la calidad de su obra. En Argentina, desde los años 90, se inició una auténtica cruzada para borrar de la historia de la literatura a este autor, llegando al extremo de retirar algunos de sus títulos de librerías por orden judicial, con el argumento de que fomentaban el antisemitismo. No sólo eso, sino que de repente toda su obra carecía de valor literario, hasta el punto que simplemente se le ignoraba a la hora de hacer una relación de escritores argentinos.

Vaya por delante que al igual que me ha ocurrido con otros escritores de los que he hablado en este blog defendiendo su recuerdo, discrepo radicalmente de muchos de los contenidos ideológicos de este autor. Lo único que pretendo es defender la memoria de su obra, y rechazar totalmente cualquier tipo de censura. Creo sinceramente que la solución no pasa nunca por retirar libros, ni olvidar autores. Lo que hay que hacer es educar a las personas de forma que tengan la capacidad de discernir los contenidos de esos libros, y entender que lo que hoy resulta inaceptable, podía verse de forma muy distinta años atrás.

En el caso  de Hugo Wast, se le acusa de antisemitismo. ¿Se le ha ocurrido a alguien de los que quieren quemar con antorchas los libros de este autor leer “El mercader de Venecia”, de Shakespeare?. No creo que sea fácil encontrar un libro tan antisemita como este, y no he escuchado nunca a nadie decir que hay que derribar todas las estatuas dedicadas a Shakespeare, ni que haya que retirar su obra de las librerías.

¿Ha leído alguno de ellos Tintín en el Congo?. Si esto no es una apología del racismo, no sé que puede serlo.

Cualquier persona que lea estas obras tiene que tener la formación para entenderlas. La sociedad actual, al menos tal y como yo la entiendo, debe defender la igualdad entre las personas, sin distinguir sexo, raza o religión, pero esto no ha sido siempre así (ni por desgracia ahora), y lo que hay que tener es la capacidad de razonar y analizar el contenido de nuestras lecturas, que nos permitan diferenciar lo que está bien de lo que no. Si un libro es antisemita o racista, tengo que tener la capacidad intelectual de verlo, y no la imposibilidad de leerlo porque hayan destruido todos los libros con contenidos “inadecuados”. Si queremos enseñar a nuestros hijos que todo el mundo es igual, lo que hay que hacer es explicárselo, no ponerles una venda. Que opinen, que juzguen ellos mismos, y si ven normal cómo se comporta Tintín en el Congo, algo no va bien.

Si hablamos de machismo, por ejemplo, creo que es obvio que el pensamiento actual no tiene nada que ver con el de la España de los años 50 (aunque hay todavía mucho camino por recorrer). La práctica totalidad de la novela popular española de los años 50 a 70 debería desaparecer de la faz de la tierra con esta política de borrar del mapa todo aquello que se considere políticamente incorrecto. ¿No es mejor leerlo con ojo crítico, y así poder entender mejor cómo han ido evolucionando las cosas desde la perspectiva social?

Por otra parte, no conozco tan a fondo la obra de Hugo Wast como para poder opinar sobre su pensamiento real al respecto, pero sí puedo dar algún dato objetivo al respecto que hace que por lo menos nos planteemos si realmente era tan antisemita como dicen.

Las novelas por las que se acusa al autor de antisemita son básicamente tres: “El Kahal” (1935), “Oro” (1935) y “666” (1942).  Parece que se olvida que Hugo Wast tiene una extensa producción literaria, en la que la mayoría de sus obras nada tienen que ver con los judíos, y que tres títulos no llegan al 5% del total de sus novelas.

En estas tres obras, se habla de una conspiración judía para dominar el mundo, pero desde un punto de vista de ficción. Por poner un ejemplo, tanto en en “El Kahal” como en “Oro” se nos describe a modo de novela casi policial una conspiración judía para apoderarse de Buenos Aires en el lejano futuro de 1950 con técnicas alquimísticas para fabricar oro y arruinar las finanzas capitalistas.

La realidad es que Gustavo Martínez Zuviría (el “cura sin sotana”) era un encendido defensor de la Iglesia Católica, convicción que anteponía a cualquier otra cosa, y su pensamiento sostenía que había que amar al judío como prójimo, pero odiar la Sinagoga. Él estaba convencido de que el judaísmo era una traición a Jesús, y lo manifestó en multitud de ocasiones, tanto de palabra como en diversos artículos en revistas. Así que veía a los judíos como personas, iguales al resto, pero rechazaba su religión. Esta es una diferencia muy sustancial con el nazismo, que no consideraba personas a los judíos, ya que los deshumanizaba hasta el extremo de que su exterminio no suponía ningún dilema moral. Mientras que Hugo Wast veía al judío desde un punto de vista religioso, los nazis lo hacían desde un punto de vista racial.

Lo que sí parece claro es que el escritor aprovechó la corriente antisemita que recorría el mundo en aquellos años (1935), con el nazismo incipiente, para publicar El Kahal y Oro, y aprovechar así para criticar la religión (que no la raza) judía.

Este supuesto pensamiento de Gustavo Martínez no es imaginación mía. En el propio prólogo de “El Kahal”, el propio autor lo explica perfectamente:

Con la misma razón podemos decir que si el odio al judío es anticatólico, porque debemos amarlo como a prójimo, el odio a las doctrinas de la Sinagoga, autoridad civil y religiosa del judaísmo, que persigue la destrucción de la Iglesia Romana y pretende establecer en todo el mundo el imperio de su espíritu, abolido por Cristo, y el dominio del oro, instrumento de opresión de los pueblos, ese odio, mejor dicho, ese toque de somatén contra la Sinagoga, es auténticamente católico

El que se ofenda por estas palabras y defienda que decir que el católico debe odiar la religión judía (que no a los judíos) es antisemitismo, debería empezar a recoger firmas para quemar todos los ejemplares de la Biblia, plagada de pasajes en la misma línea, o peores.

El mismo Jesús se dirige a los judíos diciéndoles que “Vosotros sois hijos del diablo” (Jn 8, 38-44)

O San Esteban, que al referirse a los judíos dice lo siguiente: “Los cuales también mataron al Señor Jesús, y a los Profetas, y nos han perseguido a nosotros, y no son del agrado de Dios, y son enemigos de todos los hombres” (1 Tes, 2,15)

La publicación de las novelas “El Kahal” y “Oro” fue prohibida en la Alemania nazi, pues concluían con la redención de algún judío gracias a la intervención del buen cristiano de turno. Los nazis no podían permitir  bajo ningún concepto la idea de que existía la posibilidad de redención para un judío.

Esto va claramente en contra de algunas teorías que defienden que estos dos novelas llegaron a España por mediación de la Embajada de Alemania en Burgos, que habría comprado 40.000 ejemplares para su difusión por los países de habla hispana.

Curiosamente, en alguno de estos libros se muestra una aversión similar por el Islam, que sin embargo no ha sido objeto de ninguna crítica. ¿Está mal mostrar aversión por el Judaísmo pero no por el Islam?.

En “666”, escrito en 1942, con Gustavo Martínez ya absolutamente inmerso en el tema religioso, el autor profetiza la reconstrucción del imperio islámico, con las siguientes palabras:

El haber fomentado el panislamismo se nos muestra ahora como la más terrible equivocación de los hombres en la historia. Hoy forman una sola nación enemiga de Cristo veinte naciones, desde los montes Atlas hasta el golfo de Tonkín: Marruecos, Libia, Egipto, Arabia, Persia, Irak, Afganistán y casi toda la India; cien grados de latitud con 700 millones de hombres que perseguirán a Cristo hasta la muerte, soberbios y sin contrición“.

En resumen, en las mencionadas obras de Hugo Wast está claro que el autor no siente simpatía por el Judaísmo ni por el Islam, por la sencilla razón de que son las religiones que compiten con el cristianismo, pero eso no quiere decir que desee mal alguno a las personas que profesan dichas religiones.

¿Deberíamos quemar todos los libros editados en la actualidad que critican abiertamente a la Iglesia católica o al Islam? (y hay bastantes). Yo creo que no, siempre y cuando inviten a la reflexión y al debate dentro del marco legal.

Ahora bien, si alguien expone abiertamente que hay que matar a todos los judíos, católicos, o musulmanes, gays, o el colectivo que sea, eso rerpresenta un claro delito tipificado por la Ley de incitación al odio que nada tiene que ver con la crítica realizada en el sano ejercicio de la libertad de expresión.

Que conste que quiero dejar claro que yo soy el primero que en muchos casos no lo tengo claro. ¿Es posible que me guste la obra de alguien totalmente contrario a mi forma de pensar, hasta el punto de que lo considere inmoral o incluso deleznable –y no me refiero a Hugo Wast, con el que puedo no estar de acuerdo, pero tampoco le considero ningún monstruo-?. Pues me temo que sí, por los motivos que ya expuse en la reseña de este mismo blog “Olvidemos a Tomás Borrás”.

Para acompañar este artículo dedicado a Hugo Wast me he inclinado por comentar “La casa de los cuervos”, obra que me parece muy representativa de este autor, por su mezcla de costumbrismo y tragedia, y por su ambientación en la Argentina de la época de las revoluciones, allá por 1877.

Sin embargo, invito al lector curioso para que le dé una oportunidad a la obra de este –para mí- buen escritor, y disfrute de las aventuras del sargento Chaparro (probablemente su personaje más conocido, una especie de D’ Artagnan argentino), de la mezcla de drama/historia de novelas como “Myriam la conspiradora”; o de la divertida  “Pata de zorra”, que narra las aventuras de Don Triboniano, un serio profesor de derecho romano empeñado en casar a su hermana Maclovia.

hugo wast casa cuervosTítulo: La casa de los cuervos

Autor: Hugo wast

Colección Obras Maestras  S/N. Editorial Juventud.

Portada: Desconocido

1ª edición: 1929

Don Serafín Aldabas es un maestro de escuela de Santa Fé, un viudo que a duras penas subsiste en compañía de su bella hija Rosario gracias a la exigua subvención que recibe del gobierno.

Serafín es un buen hombre, humilde y ajeno a cualquier cosa relacionada con la política, orgulloso de su escuela, su hija Rosario y su reloj “Losada”, su propiedad más preciada. Un día, una improvisada reunión en su casa a la que acuden  Patricio Cullen, Pedro Montarón y el capitán Francisco Insúa (del que está perdidamente enamorada Rosario), provoca que, de forma involuntaria, Serafín se vea envuelto en una conspiración para iniciar una revolución contra los actuales dirigentes, cuya cabeza más visible son el gobernador Servando Bayo y el sagaz comisario de policía Braulio Jarque, quien tiene firmes sospechas de que algo se está tramando.

Hay que señalar que la revolución de la novela es en cierta forma una disputa entre familias, de forma que en la historia priman los sentimientos enfrentados que afrontan los personajes, como Syra, la hija de Don Pedro Montarón, que duda entre ser fiel a su padre, uno de los líderes revolucionarios, o a su prometido, Carmelo Borja, secretario del comisario Jarque. Syra sabe que la revolución se pondrá en marcha aprovechando precisamente su propia ceremonia nupcial, a la que está invitado todo Santa Fé, incluyendo el gobernador y el resto de mandatarios locales. La tragedia pronto caerá sobre el pueblo.

La casa de los cuervos que da nombre a la novela (llamada así porque son dos cuervos amaestrados los que cuidan de los rebaños de ovejas) es la hacienda propiedad de Braulio Jarque, y que tendrá un destacado papel en la trama. Allí vive Gabriela, la joven e infeliz esposa de Jarque, una mujer que se casó con el comisario fruto de un compromiso pactado por su padre, y que vive alejada de su marido en compañía de su madre. Fruto del fallido intento de golpe revolucionario, su esposo y su hermano (Carmelo Borja) resultan muertos por la mano del capitán Insúa, que herido de gravedad acaba llegando a la casa de los cuervos, donde es acogido por Gabriela y su madre, que no sospechan que están curando al asesino de su familia. Un auténtico drama romántico, muy Shakespeariano, con un estilo realista que, en contra de lo que podría parecer, no ha quedado anticuado, y que a mi personalmente me ha fascinado.

MIENTRAS TANTO, AL OTRO LADO DEL MUNDO (V): HUGH B. CAVE

CaveHugh Barnett Cave (11 de julio de 1910 – 27 de junio de 2004) fue uno de esos escritores estadounidense que vienen a ser el equivalente de nuestros autores de bolsilibros. Al igual que éstos, Cave escribió en prácticamente todos los géneros, aunque posiblemente destacara de forma especial en sus obras de terror y ciencia ficción (por mucho que a él le pese, pues no le gustaba que le encasillaran en ningún género).  Mientras que los autores de novela popular española  desarrollaron su carrera escribiendo novelas de pequeño formato que se vendían en los quioscos, en Estados Unidos este tipo de literatura pulp se publicaba en las clásicas revistas que contenían relatos de menor longitud.  Hugh B. Cave fue uno de los más prolíficos escritores de este tipo de revistas en los años 20 y 30, vendiendo un número de relatos que oscila entre 800 y 1.300 relatos de todo tipo de géneros: western, fantasía, aventura, crimen, romance y no ficción; de estos últimos especialmente relatos bélicos.

cave thrilling mistery aprilAdemás escribió más de 40 libros de longitud tradicional, principalmente bélicos, de aventuras y de horror.

En su carrera dentro del pulp empleó, aparte de su nombre auténtico, un buen número de seudónimos, como James Pitt o Margaret Hullinwall, y sobre todo el de Justin Case (cachondo seudónimo que aquí traduciríamos como “Por si acaso”), bajo cuyo nombre creó al ladrón de guante blanco “The Eel”, un personaje del que publicó al menos 16 relatos cortos en las diversas revistas con la denominación Spicy (picantes) entre 1936 y 1942. En concreto las historias publicadas que yo conozco del que es posiblemente su personaje más célebre fueron las siguientes:

1.”Eel Trap” (in Spicy Adventure Stories, June 1936)

2.”The Evil Flame” (in Spicy Mystery Stories, August 1936)

3.”Dark Temple of Torment” (in Spicy Adventure Stories, January 1937)

4.”River of Blood” (in Spicy Adventure Stories, April 1937)

5.”Cavern of the Damned” (in Spicy Mystery Stories, May 1937)

6.”Eel Poison” (in Spicy Detective Stories, August 1937)

7.”Death Wears No Robe” (in Spicy Detective Stories, October 1937)

8.”The Eel Slips Through” (in Spicy Detective Stories, December 1937)

9.”Eel Bait” (in Spicy Adventure Stories, February 1938)

10.”Prisoner of Tituan” (in Spicy Adventure Stories, April 1938)

11.”The Widow Wears Scarlet” (in Spicy Detective Stories, October 1940)

12.”Annie Any More” (in Spicy Detective Stories, March 1941)

13.”The Second Slug” (in Spicy Detective Stories, July 1941)

14.”A Pile of Publicity” (in Spicy Detective Stories, January 1942)

15.”Eel’s Eve” (in Spicy Detective Stories, April 1942)

16.”Eel’s bum” (in Detective Stories, May 1942)

cave thrilling_mystery_193603Hay que señalar que el propio autor comentó en una entrevista que había escrito más de 20 historias protagonizadas por The Eel, así que este listado está casi seguro incompleto, a menos que fallara la memoria del escritor.

Respecto al seudónimo Justin Case, el autor explicó que cuando le ofrecieron escribir historias para revistas Spicy (picantes), estaba también trabajando con su propio nombre para una revista seria como era el Saturday Evening Post, así que pensó que era mejor emplear un seudónimo para este tipo de revistas, peor consideradas por los círculos literarios. Inicialmente pensó en usar Barnett (que es lo que significa la B. de su nombre), pero se acabó inclinando por el gracioso “Just-in-Case”. Jamás empleó por este motivo su nombre real en las revistas Spicy.

cave pulp2La madre de Cave era una mujer inglesa nacida en la India, muy culta y gran lectora, que conoció personalmente a Rudyard Kipling. Le puso el nombre de Hugh a su hijo en honor a Hugh Walpole, su autor favorito.

El motivo por el que su madre nació en la India fue que su padre fue  responsable de la construcción de gran parte de la estructura ferroviaria de la India, e incluso llegó a ser alcalde de Bombay.

Con los años, su madre se hizo enfermera, y prestó sus servicios para el ejército inglés en Sudáfrica durante las guerras Boer. Allí se casó con Tom Cave, el padre de nuestro protagonista, con el que posteriormente se instaló  en Inglaterra.

cave horrorstories35septNacido en Chester, Inglaterra, Hugh B. Cave se trasladó durante su infancia con su familia a Boston, Massachusetts, poco después del comienzo de la Primera Guerra Mundial.  Hugh contaba entonces con 4 años y medio. Consiguió la nacionalidad estadounidense en 1935.

Ya instalados en Boston, Cave estudió en la Brookline High School donde ya empezó a escribir, siguiendo el ejemplo de su hermano Geoffrey (4 años mayor que él), y tras graduarse, pasó a la Universidad de Boston con una beca, pero lamentablemente tuvo que abandonar los estudios de forma precipitada cuando su padre resultó gravemente herido al ser atropellado en la calle. Para ayudar a la familia empezó a trabajar para una imprenta, en el que sería el único trabajo fijo que tendría en su vida –al margen de sus años como corresponsal de guerra-, pues abandonó este empleo a los 20 años tras sufrir un accidente de tráfico para comenzar su carrera como escritor, algo para lo que estaba predestinado desde muy joven, pues con apenas 15 años ya escribía relatos del Oeste, con uno de los cuales ganó un premio de relatos cortos del Boston Globe.

cave death stalks nightEl trabajo en la imprenta le sirvió de práctica, pues era un chico para todo que, entre otras cosas, debía corregir e incluso reescribir los manuscritos que enviaban los autores, además de diseñar cubiertas y escribir todos los textos de la contraportada. Mientras tanto, escribía poesías que intentaba vender por su cuenta.

He leído versiones contradictorias sobre cual fue el primer relato que Cave consiguió vender. Según algunas fuentes, éste sería “I Name Thee, Cave“,  publicado con 16 años cuando aún estudiaba en el Brookline High School; aunque en otras fuentes se cita “Island Ordeal“, escrita a los 19 años durante 1929 cuando todavía trabajaba en la imprenta. Puedo confirmar que la segunda versión es la auténtica, pues el propio autor lo explicó en 1997 durante una entrevista. Vendió “Island Ordeal” a la revista Brief Stories. A partir de ahí no paró de vender cuentos.

cave - weird tales july 1932Durante la década de 1930, Cave vivió en Pawtuxet, Rhode Island, una población cercana a Providence, donde vivía H. P. Lovecraft, autor al que no llegó a conocer nunca en persona, pero con el que mantuvo durante un tiempo un debate por correspondencia sobre la ética y la estética de la escritura para las revistas pulp.  Por desgracia esa correspondencia no se ha conservado.

Sobre el contacto real con el genio de Providence,  el propio Hugh B. Cave lo aclaró en una entrevista, en la que en respuesta a si conoció a Lovecraft, dijo lo siguiente (perdón por mi traducción):

cave Horror Stories Cover-1935-03Nunca le conocí, pero le escribí dos o tres veces, cunado se suponía que me iban a nombrar presidente de Rhode Island del American Fiction Guild, aunque finalmente la cosa quedó en nada. Era una organización que se gestó en Nueva York. Me preguntaron si me interesaría ser el Presidente de la delegación de Rhode Island y por ese motivo escribí a H.P. Lovecraft para preguntarle si querría unirse al proyecto. Él me contestó en un correo en el que amablemente me dijo que no estaba interesado. A partir de ahí intercambiamos un par de cartas más, eso fue todo.”

Nota: la American Fiction Guild era una asociación que reunía a los escritores y artistas de revistas en busca de la defensa de sus intereses comunes.

cave - Terror Tales Cover-1934-10De la correspondencia de Lovecraft con otros autores (Derleth, James F. Morton y F. Lee Baldwin) en las que menciona a Cave, se deduce que sí tuvieron en las pocas cartas que se intercambiaron un intenso y agrio debate sobre el presente y el futuro de la literatura pulp, y sus puntos de vista opuestos fueron los que provocaron que Lovecraft no accediera a la solicitud de Cave. Lovecraft, que tenía una buena imagen de Cave como escritor, le reprochaba que la mayor parte de la literatura pulp se hacía con muy poco interés por parte de los autores, que sólo buscaban cobrar rápidamente su cheque, sin importarles la calidad de sus trabajos, y preveía que esta dejadez literaria acabaría matando al pulp. Cave sin embargo defendía que nadie en su sano juicio escribía por otro motivo que no fuera el dinero. Tal vez por estas discrepancias en 1935 Lovecraft publicó tan sólo dos relatos cortos, y Cave al menos 12; y tal vez por esta diferencia de criterios Lovecraft es una leyenda de la literatura, y no demasiada gente recuerda quien es Cave.

De cualquier modo, y para completar la conexión con Lovecraft, dos relatos de Cave se asocian habitualmente con los mitos de Chtulthu: “La Isla de la Magia Oscura” (publicada en Agosto de 1934 en Weird Tales) y “El Reloj de la Muerte” (1939).

cave - detective_tales_193802Cave, a pesar de este enfrentamiento epistolar, tenía muy buen concepto de Lovecraft como escritor: “Creo que a veces se admira a Lovecraft por razones equivocadas. Sus imitadores intentan copiar su prosa, cuando lo que deberían hacer es capturar su creatividad y su habilidad para arrastrar al lector hasta un clímax final. Su trabajo ha perdurado porque es diferente, y no sólo porque August Derleth y otros admiradores hayan mantenido viva su memoria”. (Traducción mía del fragmento de una entrevista al autor)

Con la llegada de la Segunda Guerra Mundial, Cave ejerce de corresponsal de guerra en la zona del Pacífico y en el Sudeste asiático, abandonando temporalmente su labor como escritor de pulps, aunque escribió algún libro en el que relataba sus experiencias como corresponsal, entre ellos “Long Were The Nights”, considerada como una de sus obras de mayor calidad, sobre la batalla de Guadalcanal. A raíz de este éxito, el ejército de los Estados Unidos le encargó otros cuatro libros bélicos en la misma línea. Tras el fin de la contienda, Cave se traslada a Haití, donde permanece durante 5 años, y donde escribe un manual sobre el vudú que está considerado como uno de los mejores libros existentes sobre el tema, y después se establece en Jamaica, donde administró con éxito una plantación de café, aunque siempre compatibilizándolo con su carrera como escritor, en la que regresó a la escritura de relatos para revistas pulp.

cave - terror talesEn los años 50 y 60 el público perdió interés por la literatura pulp, pues la televisión pasó a ser el centro del entretenimiento popular, lo que no evitó que Cave siguiera escribiendo, aunque sin conseguir publicar con tanta frecuencia como en años anteriores. Gracias a esa situación, Cave aprovecha para escribir el que sería su mayor éxito de público, a partir de sus experiencias en Haití, que dieron como resultado “The Cross on the Drum” (1959), una historia interracial en la que un misionero cristiano blanco se enamora de la hermana de un sacerdote vudú negro.

En este periodo de su carrera, Cave se dedica a escribir para otro tipo de revistas muy distintas de las que le resultaban familiares, pero que eran las únicas que tenían unas ventas aceptables: Collier’s, Family Circle, Ladies Home Journal, Redbook y Saturday Evening Post.  En esta última publicación, publicó en 1959 “The Mission“, su cuento más popular, que fue editado posteriormente en formato de tapa dura y traducido a varios idiomas.

cave - Murgustruum redicionEn la década de los 70 Cave se ve forzado a regresar a los Estados Unidos, después de que el gobierno de Jamaica confiscara su plantación.

Tras su regreso a su país adoptivo, la popularidad de Cave tuvo un resurgimiento cuando la Carcosa Press de Karl Edward Wagner publicó “Murgunstrumm and Others”, una reedición en tapa dura de los mejores relatos pulp de Cave publicados en los años 30.  Cave se mudó a Florida y siguió publicando de forma regular material original hasta aproximadamente el año 2000, ganando incluso el World Fantasy Award por su trayectoria profesional en 1999.

Gracias a ese relanzamiento de su carrera como escritor de literatura popular publicó varias novelas de fantasía con bastante éxito de ventas: “Legion of the Dead” (1979), “The Nebulon Horror” (1980), “The Evil” (1981) y “Shades of Evil” (1982), “Lucifer’s Eye” (1991) y “The Mountains of Madness” (2004).

cave - weird tales may 32En el año 2000 se reimprimieron sus relatos publicado en Black Mask con el título de “Long live the dead”.

El 27 de junio de 2004, cuando Cave tenía 93 años, fallece en Vero Beach, Florida. Sus restos fueron incinerados.

Siempre que se habla de la obra de Hugh B. Cave (que es casi nunca) se suele decir que era poco menos que un mercenario que lo único que quería era vender realtos como churros, auque también se dice que era un experto en transformar las ciudades rurales de Estados Unidos en paisajes góticos, y a sus líderes y habitantes en siniestros demonios.

cave - Strange Tales-1932-06La realidad es que Cave era muy bueno desde el punto de vista comercial. Sabía lo que quería el público, y sobre todo, lo que le comprarían los editores. Sobre este punto dijo en una entrevista  en sus últimos años que “los editores lo que querían es cualquier excusa para que la heroína se desnudase, y cuanto antes, mejor. Eso quería decir que podías escribir frases diciendo ‘ella estrechó apasionadamente su cuerpo generosamente dotado contra el mío’, aunque, por supuesto, siempre era mejor que la chica estuviera en ese momento medio desnuda. Ahora lo llamarían machismo, y me temo que era eso, pero a pesar de todo era muy inocente“.

Pero se consideraba por encima de todo un escritor. Reconocía que una parte importante de su trabajo era vender los relatos a las editoriales, pero primero tenía que escribirlos, y en ello ponía todo su esfuerzo.

cave- weird tales 1934Lamentablemente no conozco tanto su obra como para poder opinar, pues no es sencillo encontrar su obra en castellano, y ni siquiera en inglés, pues la mayor parte de los originales que poseía el autor se perdieron en un incendio. De hecho, Barnes & Noble, con motivo de la reedición de parte de su obra, solicitó públicamente a cualquiera que tuviera una revista con relatos del autor que se la facilitara para poder escanearlas.

Entre los relatos que he tenido ocasión de leer me gustaría destacar un cuento muy corto llamado “Two were left”, protagonizado por un niño esquimal y su perro husky, que han quedado aislados en un iceberg que se ha desprendido. En la historia, el niño, deseperado por el hambre, es consciente de que debe matar a su perro para comérselo, antes de que a éste se le ocurra hacer lo mismo con él. Un bellísimo relato, alejado del tipo de historias por las que se hizo famoso Cave,  que seguro que gustará a los amantes de los animales.

Cuando le preguntaron al autor sobre lo que opinaba de la literatura pulp, Cave era consciente que dentro de esas revistas se publicaba mucha mediocridad, pero también insistía en que se podían leer relatos muy buenos. Defendía que eran historias que tenían un principio, un desarrollo, y un final, algo que gustaba a la gente y que les incitaba a leer, lo que les servía para escapar durante un rato de una realidad que era muy dura en esa época. Estaba convencido de que si el Pulp hubiera sobrevivido, muchos de los actuales escritores de éxito hubieran comenzado sus carreras en este mundo, que representaba una gran oportunidad para descubrir nuevos talentos.

Marisa Villardefrancos: su vida

Marisa villardefrancos2Entre los años 40 y 60 la escritora Mª Luisa Villardefrancos alcanzó una enorme popularidad entre el público español, tanto por su extensa obra escrita como por los diversos seriales radiofónicos que guionizó, en una época en la que la radio representaba el principal entretenimiento de los españoles. De forma silenciosa desapareció de la escena pública a finales de los años 60, sin dejar apenas rastro.

A día de hoy, no demasiada gente sabe quién es, a excepción de aquellos que oyeron o leyeron sus historias en la época en que fueron escritas, y es una profunda injusticia –otra más-, dada la calidad de una buena parte de su obra que bien merecería una reedición.

Aunque esta falta de reconocimiento es algo compartido con el resto de escritores de novela popular española, en el caso de las mujeres es aún peor, debido a que, salvo raras excepciones, el mundo editorial, gobernado por hombres, las obligaba a centrar su obra dentro del género romántico, sin lugar a dudas el más menospreciado de los géneros literarios.

Marisa villardefrancos -la-omnipotente-princesa-sofiaComo dijo una vez Luisa María Linares-Becerra y Martín, otra escritora a la que espero dedicar una reseña, “El término novela rosa es un invento que se hizo en España para desprestigiar a unos cuantos autores. En todo caso, la novela rosa sería todo el cine norteamericano hasta hace quince años”.

María Luisa Villardefrancos Legrande nació el 12 de octubre de 1915 en Vedra, un pueblecito cercano a Santiago de Compostela. Con tan sólo cinco años contrajo la poliomielitis, enfermedad que marcó su vida para siempre. Para suplir sus carencias físicas que le impedían participar de los juegos de los demás niños, Mª Luisa se dedicó a la lectura y al estudio, desarrollando de esta forma su ya de por sí gran inteligencia, y preparándose para lo que se convertiría en su pasión y profesión: la escritura.

La propia escritora lo explicó en una entrevista en 1957: “Yo me di cuenta de que era más débil que las demás niñas; comprobé que sus juegos me cansaban y, entonces, quise aventajarlas en algo y aprendí a leer… A los cinco años, después de sufrir el ataque de parálisis, ya sabía escribir. Al poco tiempo, empecé a narrar cuentos…”.

Siendo aún muy joven, la familia al completo (sus padres, Luis Villardefrancos Calé, y María de los Dolores Legrande Camino, su hermana Gloria y ella misma) se trasladó a Madrid, ciudad en la que pasaría la mayor parte de su vida, hasta que se trasladara a Alicante a finales de los años 60, cuyo clima cálido podía paliar los efectos del fuerte reuma que sufría desde hacía unos años. Allí permanecería hasta su fallecimiento el 20 de junio de 1975.

Según cuenta la propia Mª Luisa en una entrevista de 15 de abril de 1951 para la revista Chicas, sus primeros cuentos datan de los 7 años y que el primero publicado es “La tragedia de un reloj”, en la revista  Galicia en Madrid. Sobre su infancia, cuenta: “era una niña tremendamente imaginativa y bastante delicada de salud. Mi ocupación predilecta y mi gran pasión era la lectura. Aprendí sola a escribir, copiando caracteres de imprenta. Y cada vez que soñaba despierta…lo escribía. Mi primer cuento apareció cuando yo tenía dieciséis años. No me hizo mucha gracia ver mi nombre impreso; yo escribía para mí, para satisfacción personal. Después, ya sabes, Fernández Flórez dijo que yo poseía ternura para escribir y me aconsejó que me dedicase a la literatura juvenil…”.

La mención a Wenceslao Fernández Flórez se refiere a que el famoso escritor leyó un cuento suyo cuando la autora tenía tan solo 16 años, y le animó personalmente a que siguiera escribiendo.

marisa villardefrancos-siberia-tomo-3En el libro de la autora “Niños en la Historia” (una historia de España dirigida a los maestros de escuela), publicado en 1956, hay un prólogo de Wenceslao Fernández Flórez en el que explica como en cierto modo ejerció de padrino literario de Mª Luisa: “Conocí a la autora cuando ella era una adolescente, y entonces me dio a leer algunos cuentos de encantadora fantasía, que ella ilustraba también…”.

Por cierto que este mismo libro lleva una dedicatoria a su padre, “amigo, colaborador y consejero de todos mis trabajos”. Parece ser que el padre de Mª Luisa (que desconozco en que año falleció) también escribía, y le aconsejó en sus inicios.

En Madrid cursó estudios superiores de magisterio, como su madre, y su vocación didáctica se reflejaría en buena parte de su obra, que incluye guías para maestros.

Marisa Villardefrancos siberia 1Después de un periodo del que poco se sabe de la escritora, incluyendo la guerra civil española, Maria Luisa entra a colaborar en el grupo editorial de Consuelo Gil Roësset (editorial Cid), en parte gracias a la recomendación de Wenceslao Fernández Flórez, primero en los semanarios Chicos y Mis Chicas, y posteriormente como una más dentro del amplio plantel de escritores de la colección Biblioteca Chicas, donde sin lugar a dudas se encuentra lo mejor de la producción de la autora. Esta colección Biblioteca chicas, que generalmente se asocia de forma simplista y despreciativa con el género “rosa”, contiene por cierto muchas agradables sorpresas en cuanto a calidad literaria (entre otras varias obras de mi admirado Enrique Jarnés Bergua y algún otro célebre autor que prefiero no desvelar en esta reseña), con obras cuya tématica va mucho más allá del género romántico.

Cuando ya la autora estaba entregada profesionalmente a la escritura, fallece su madre en 1944, con tan solo 56 años. Sería su primera gran pérdida. En 1948 le dedica su libro “Lluvia de estrellas”, con estas breves pero sentidas palabras: “Quiero dedicar este libro a una humilde Maestra Nacional…A la memoria de mi madre, maestra…”.

Simultaneando su trabajo en la editorial Cid, Mª Luisa escribió varias obras de teatro en colaboración con su querida hermana Gloria, que debía ser en aquellos momentos su principal soporte afectivo. El mismo 1944 le dedicó en un libro las siguientes palabras: “A mi hermana, que aprendió a leer en mis cuentos y a soñar en mis fantasías”.

Marisa Villardefrancos programa teatroAsí, en 1949 se representa en el Teatro Alcázar “El arpa mágica de Amal”, una comedia infantil original de María Luisa Villardefrancos. Luis Sánchez Polak, Tip, hace de Selim, y su hermana Gloria Villardefrancos es una de las princesas protagonistas.

La temporada 1949-1950 se representa en el Albéniz “El milagro de Nochebuena”, y en la 1952-1953 en el mismo teatro “La princesa del salón secreto”.

Su amada hermana Gloria, que falleció a mediados de los años 50, debía representar un tema especialmente doloroso para Maria Luisa, hasta el punto que ninguno de sus conocidos sabe ni el momento ni la forma en que falleció, pues era incapaz de hablar de ello.

marisa villardefrancos el brezalSu participación como escritora en la editorial Cid, especialmente a partir de  inicios de los 50 en la colección Biblioteca Chicas, sería el detonante que le haría sumamente popular, especialmente a raíz de las posteriores adaptaciones que se hicieron en la radio de algunas de sus sagas literarias más conocidas. En este fértil periodo literarario encontramos obras muy distintas de lo que era habitual, con argumentos que se atrevían a tocar temas de actualidad, históricos e incluso políticos, y con un profundo conocimiento de los mismos que dejaban ver que era una mujer muy culta. En la Biblioteca Chicas escribió algunas sagas de mucho mérito, entra las que destacan tres novelas protagonizadas por la Teniente Jefferson durante la II Guerra Mundial (tema que le fascinaba y del que era gran conocedora), “Siberia”, obra dividida en tres tomos ambientada en la Rusia imperial, y sobre todo su trilogía de novelas iniciada con “Almas en la sombra”, ambientada en la Inglaterra de Cromwell y con gran influencia de “Rebeca”, de Daphne Du Maurier.

Esta fructífera etapa de Mª Luisa duró hasta 1960 (su última novela en Cid es “La cumbre de Kichinjunga”), año en que la autora se marcha por motivos desconocidos a Bruguera, donde comienza a publicar multitud de títulos en sus diversas colecciones de novela romántica, aunque con una calidad muy inferior a la de su anterior etapa, en la que podía dedicar más tiempo a cada novela, y sin tantas normas que restringieran su creatividad.

Marsa villardefrancos el acantilado almas perdidasParece ser que los últimos años de María Luisa fueron muy tristes, con toda su familia ya fallecida, y su día a día un tanto penoso tanto por cuestiones de salud como por la precariedad económica a la que se vio sometida, pues sus ingresos se le iban prácticamente en medicamentos. A pesar de haber experimentado años atrás una gran fama y éxito cuando la radio popularizó sus novelas, la salud le limitó bastante, pues sus manos estaban inutilizadas por el reuma, lo que la obligaba a dictar sus novelas a un magnetófono para que una secretaria (y al parecer a veces sus amigos) las pasaran después a máquina. Además, en la recta final de su carrera como escritora, estaba atada a un rígido contrato con la Bruguera que le exigía la entrega de tres a cuatro novelas al mes, siempre dentro del género romántico y sometida a las habituales normas de la ediorial, que limitaban su libertad a la hora de escribir. Por sus propias declaraciones, llegó a odiar tener que escribir novelas románticas en esta etapa de Bruguera, de cuya calidad además no estaba nada contenta, pero la necesidad le obligaba a seguir a un ritmo desenfrenado, especialmente para alguien con tan delicado estado de salud.

A pesar de todas estas visicitudes, por lo que he podido ver en todas partes, Mª Luisa debía ser una persona entrañable que supo rodearse de un grupo de buenos amigos que supieron darle el cariño y apoyo que necesitaba en estos últimos años de su vida.

Marisa falleció en San Vicente del Raspeig (Alicante) a causa de una negligencia médica. Era alérgica a la penicilina, y aun sabiéndolo, los médicos se la inyectaron, cuando, al regreso de un viaje a Madrid se puso enferma repentinamente, con fiebre muy alta. Al quitarle la aguja ya estaba muerta.

Tardaron tres días en enterrarla, debido a que era cataléptica y había repetido en muchas ocasiones que era su deseo que esperasen antes de darle sepultura, pues tenía pánico a ser enterrada viva (lo que no era tan extraño en esos años).

Actualmente sus restos reposan en el cementerio de San Vicente del Raspeig, con una humilde lápida en la que figura el siguiente epitafio, escrito por su amigo Vicente Maciá Hernández: VIVIÓ PARA LOS DEMÁS. Hermosas palabras.

La información que figura en este artículo la he obtenido principalmente de un  magnífico trabajo sobre la autora escrito por Enrique Martínez Peñaranda [Marisa Villardefrancos y los años de la Radio. Arbor, Madrid, CSIC, 2006]; y de una ilustrativa y emotiva entrevista de Estrella Cardona Gamio a Vicente Maciá Hernández, buen amigo de la escritora, que se puede buscar fácilmente en internet.

Dudo que Enrique Martínez, Vicente Maciá o Estrella Cardona lean alguna vez este pequeño blog, pero desde aquí quisiera que este artículo no sólo sirva de humilde homenaje a María Luisa Villardefrancos, una extraordinaria mujer que supo sobreponerse a todo tipo de adversidades, sino también a todas aquellas personas que hacen posible que conozcamos algo de estos escritores de los que trata este blog. Y entre estas personas se encuentran Enrique, Estrella y Vicente, a quienes no conozco personalmente, pero a los que me gustaría darles las gracias, pues han rendido con sus palabras y sus actos el mejor homenaje que pueda recibir nadie. Muchas Gracias por mantener viva su memoria.

Marisa villardefrancos la casaa de la nieblaTítulo: La Casa de la Niebla

Autor: Marisa Villardefrancos

Colección Biblioteca de Chicas nº 165. Editorial Cid

Portada: Xelia

1ª edición: Enero 1958

 

        Esta era una mujer que iba al mercado y le cogió la noche por el monte, y oyó tocar a misa, y mirando mirando, vio una iglesia y fue para allí para cumplir así con su devoción.

         Estaba toda llena de gente; pero por más que se afanaba por verles la cara, no podía, y al finalizar le pidió a una mujer que si le podía echar una mano a la cesta para subirla a la cabeza, y en el movimiento que hizo la otra para ayudarle se dejó ver, y entonces la pobriña se sintió que mismo se le helaba la sangre en las venas y creyó que se caía al suelo perdidos los sentidos…

Aquella mujer no tenía cara y la miraba con unas cuencas vacías de calavera, llenas de una luz azul como la de esos fuegos que andan por la noche por los cementerios. Salió la vendedora aterrada, comprendiendo que había asistido a la misa de ánimas, que es al filo de la media noche, y ocurriéndosele mirar denro del cesto, encontró la mano que el alma en pena le había echado: una mano yerta, agarrotada en el borde, fría y dura…una mano de muerto…”

Este fragmento, que parece sacado de las Leyendas de Becquer, y que podría haberse extraido de cualquier obra de la colección Selección Terror, pertenece en realidad a “La casa de la niebla”, una novela de sentimientos más que romántica de Marisa Villardefrancos que –no os hagáis ilusiones- no es de terror, pero que sirve para comprobar que estas escritoras encasilladas en la novela romántica hubieran sido capaces de escribir cualquier otro tipo de género.

Podría haberme inclinado por comentar alguna de las grandes trilogías que publicó la autora en esta colección, pero he preferido escoger para esta reseña una novela autoconclusiva que puede servir mejor como iniciación al lector. Lo primero que hay que destacar de la obra es que está muy bien escrita, con una prosa mucho más depurada de lo que suele ser habitual en la novela popular, y con múltiples referencias literarias e históricas que muestran el elevado nivel cultural de la autora. El Cid, Alejandro Magno, Pedro I el Cruel, Fausto y muchos más célebres personajes encuentran sus correspondientes referencias a lo largo de las páginas de esta historia, al igual que podemos encontrar poesías de Antonio Machado, o Tagore, lo que demuestra que el potencial destinatario de estas obras no era tan analfabeto como algunos siguen empeñados en afirmar.

Resulta curioso que mientras que se suele atacar a la novela popular con el argumento de que empleaba un estilo demasiado directo, sin apenas recursos formales, a la novela romántica se le suele culpar justo de lo contrario, de emplear demasiadas florituras estéticas en su narrativa.

Por poner un ejemplo, este es un fragmento de la novela:

Toda la luz había acudido a fisgar en el alegre gabinete de Doña Adela, en donde tomaban el desayuno

Posiblemente en otro género literario de la novela popular cualquier autor optaría por una frase mucho más simple y directa, del tipo En el cuarto de Doña Adela había mucha luz.

Jan e Irene son dos hermanastros, hijos de padres distintos,  que se ven en una difícil situación económica.La madre de Jan era una viuda polaca que sobrevivió junto a su hijo a un campo de concentración, y que acabó casándose con el padre de Irene, un médico viudo que le atendió a su llegada a España. Tras casarse, los cuatro convivieron felizmente, hasta que Jan fue enviado a Francia para cursar sus estudios.

El fallecimiento de ambos progenitores deja a los hermanos en una delicada situación económica que obliga a Jan a marchar a América en busca de fortuna, motivo por el cual se dirigen a Galicia para dejar a Irene al cuidado de su tía Isaura hasta que encuentren el momento de volver a reunirse.

Isaura es una estricta mujer que vive en una hacienda conocida como La casa de la niebla, donde sobrevive en precarias condiciones económicas en compañía de sus dos hijas, Emma y Marucha. Desde un primer momento Irene puede comprobar la rígida moral de su tía, que nunca aprobó el matrimonio de su hermano con una extranjera, y que además no ve con buenos ojos la estrecha  relación que mantienen Jan e Irene.

Según avanza la novela vamos descubriendo a partir de la correspondencia que van intercambiándose que Jan está enamorado de su hermanastra –con la que no le une ningún vínculo de sangre-, mientras que Irene sólo ve en Jan a su amado hermano.

La situación en la casa empieza a complicarse, pues Isaura, movida por sus propios intereses económicos, intenta a toda costa que Irene contraiga matrimonio con Don Juan Ramón, un hombre que acaba de regresar de Cuba con una gran fortuna y que se ha encaprichado de la bella joven, que por el contrario no muestra el más mínimo interés por él, pero que no puede evitar que le corteje gracias a la constante intervención de su tía.

Otros destacados personajes de la novela son los señores de Pardo, adinerados propietarios de Casa Grande, la más lujosa villa del pueblo que ocupan cuando vienen a descansar de Madrid; Julio, un practicante que se enamora de Marucha, una de las primas de Irene; y sobre todo, Javier, el señorito de la Casa Grande, un melancólico joven que vive en Madrid, sobrino de Adela, el ama de llaves, con el que Irene entabla una estrecha amistad que acaba derivando en algo más profundo, y que le descubrirá por primera vez en su vida el amor y el dolor del rechazo.

Las mujeres del libro son personajes complejos que se encuentran desamparadas en un mundo gobernado por los hombres, en el que parece que están destinadas a casarse con el primero que les resulte conveniente sin importar lo que piensen. A pesar de ello, en la novela muestran una fortaleza de carácter y un punto de rebeldía que muy pocas veces puede encontrase en otros géneros, en los que en la mayoría de los casos el papel de la mujer se reduce al de un florero decorativo que abandonará todo con la única finalidad de que el héroe de turno acabe sentando la cabeza.

El resto de personajes tampoco resultan ser los típicos estereotipos. El personaje de Don Juan Ramón me ha parecido muy elaborado. Podría pensarse que su papel se reduciría al del hombre malvado que acosa a la desvalida Irene con la intención de obligarle a casarse con ella, pero resulta ser un hombre pragmático que sabe que Irene jamás la querrá, y lejos de intentar engañarla, se esmera en convencerla de forma sincera de que el amor es algo secundario en un matrimonio.

Querida niña, muy pocas cosas en este mundo se hacen por amor. Por regla general nuestras ilusiones se ven siempre frustadas. A mí no me importa la razón por la que se case usted conmigo, con tal que pueda presentarla en todas partes como mi mujer. Le aseguro que el cariño vendrá después”.

La casa de la niebla” es un folletín dramático muy bien escrito, que refleja fielmente la vida rural de una aldea de Galicia llena de supersticiones en los años 50, y muestra una serie de aspectos que a mí al menos me han parecido muy interesantes e incluso sorprendentes. Por un lado, la relación entre los dos hermanos, que roza el incesto. Aunque son hermanastros de padres y madres distintos, la estrecha relación que mantienen no deja de resultar escandalosa, especialmente para la mentalidad de la época, en la que ya es extraño de por sí encontrarse este tipo de familia reconstituida.  Por otro lado,  a lo largo del libro se emplea el gallego constantemente, y además se muestra una España que en ocasiones roza la miseria en la que la situación económica obliga a la gente a emigrar a América en busca de fortuna. Resulta extraño que la censura no metiera la tijera sobre algunos de estos puntos.

Decir que “La casa de la niebla” es una novela rosa es lo mismo que decir que “2001 una odisea en el espacio” es una película de marcianos, o que “Cien años de soledad” es otra novela rosa. Hay mucho más de lo que parece a simple vista, pues no es tan sólo una historia de amor –que la hay-, sino que es también una novela costumbrista y social, y repito que la insistencia en despreciar este tipo de obras considerándolas única y exclusivamente como historias tontas de amor para mujeres, no es más que ignorancia, y posiblemente machismo.

Yo soy de la teoría de que a veces se aprende mucho más de historia en estos libros que en cualquier sesudo ensayo científico, en los que te inundan de nombres de importantes personajes y de fechas de batallas –por supuesto datos muy importantes-, pero que olvidan explicar cómo era el día a día de la gente normal: que comían las clases bajas, cómo vestían, la forma en que trabajaban, cómo se divertían, o la forma en que se relacionaban las personas entre sí. La mayor parte de las novelas históricas fallan precisamente en estos aspectos, que son en los que incide precisamente la literatura popular.

Seguro que hay muchísimas novelas de este género de muy mediocre calidad, estoy convencido de ello, al igual que en el resto de géneros, pero eso no es un argumento para denostar de forma global a la novela romántica.  Ahora bien; que guste o no, eso ya es una simple cuestión de preferencias, muy respetables todas ellas.

Gran parte de la información que figura en esta reseña la he obtenido de  https://letralia.com/ciudad/cardonagamio/34villardefrancos.htm

LA HOMOSEXUALIDAD EN LA NOVELA POPULAR

Homosexuales portada 1973Desde la implantación del cristianismo en nuestro país, la homosexualidad ha sido considerada a lo largo de la historia como una anomalía, un acto contra natura que debía ser castigado con dureza. Esta concepción procede de la visión cristiana de la sexualidad, que implica que el acto sexual debe estar dirigido única y exclusivamente a la procreación; visión por otro lado fomentada por los grandes señores medievales que precisaban de constantes remesas de siervos para las labores del campo y para sus ejércitos, y la única manera de cubrir las constantes bajas era incrementando la natalidad entre sus súbditos.

Homosexuales codigo penal 1848Desde la edad Media, la homosexualidad ha sido sancionada en España con penas muy severas –incluyendo la muerte- hasta que llegamos a 1848, año en que se aprueba por primera vez un código penal en el que la sodomía no es considerada como delito, hecho que se mantuvo en las nuevas versiones de 1850, 1860 y 1870. ​ Esta supuesta legalidad no se traducía en una aceptación real, pues la práctica habitual era emplear otras leyes, como las de «escándalo público» o sobre las «faltas contra la moral, el pudor y las buenas costumbres» para sancionar la práctica de la homosexualidad con multas económicas de diversa cuantía.

homosexuales ley-de-peligrosidad-socialAprovechando este periodo de relativa relajación legislativa, se produce en 1901 el primer intento de matrimonio de una pareja del mismo sexo en España del que se tiene constancia registral. El 8 de junio de 1901, Marcela Gracia Ibeas y Elisa Sánchez Loriga, dos mujeres, contrajeron matrimonio por al Iglesia en La Coruña al hacerse pasar una de ellas por hombre, aunque al final fueron descubiertas y tuvieron que huir de España, debido a la imposibilidad de encontrar empleo y a las burlas y homofobia de sus contemporáneos. El matrimonio por cierto nunca fue anulado, debido a que nunca se consideró válido, y del hecho en el registro figuran a día de hoy como marido y mujer.

La homosexualidad como delito fue reintroducido en el código penal de 1928, durante el reinado de Alfonso XIII, con la redacción del artículo 616 del título X:

El que, habitualmente o con escándalo, cometiere actos contrarios al pudor con personas del mismo sexo será castigado con multa de 1.000 a 10.000 pesetas e inhibición especial para cargos públicos de seis a doce años”.

Hay que tener en cuenta que una multa de 1.000 a 10.000 pesetas era una cantidad desmesurada para la época, por lo que sólo los más ricos podían permitirse su pago, lo que motivaba que en la mayoría de los casos la multa se convertía de hecho en varios años de cárcel.

Este código penal fue derogado el 13 de abril de 1931 por la Segunda República, que reintrodujo el anterior de 1870. En 1932 se publicó un nuevo código penal que seguía sin mencionar la homosexualidad, lo que legalizaba las relaciones sexuales entre hombres, con la excepción del ejército. A pesar de este cambio normativo en la República, la homosexualidad continuaba siendo un tema tabú que no contaba con movimientos sociales organizados que defendiera sus derechos. En esta época, a pesar de no ser ilegal, sí fue perseguida y marginada por la sociedad española, no sólo por los sectores de ideología más conservadora, sino también por la izquierda, que empleaban la homofobia para atacar a la aristocracia y a la Iglesia. Desde el punto de vista médico –con Gregorio Marañon a la cabeza-, la práctica habitual era que se oponían a la criminalización, pero  consideraban la homosexualidad como una enfermedad para la que había que encontrar la cura.

Tras la guerra civil, la dictadura de Franco no dio sorprendentemente prioridad a legislar como delito la homosexualidad de forma expresa, preocupado como estaba por suprimir cualquier tipo de resto ideológico contrario al Régimen mediante la represión política. No obstante, se empleaba la ley de Vagos y Maleantes impulsada por consenso durante la II República para “el control de mendigos, rufianes sin oficio conocido y proxenetas” para sancionar cualquier práctica homosexual que se detectara. Debemos recordar que aunque la homosexualidad aún no era delito de manera oficial, a Federico García Lorca se le fusiló por “rojo y maricón”. El orden no lo sé.

Una vez que la represión política había hecho efecto y dejó de ser una prioridad para el Régimen, el 15 de julio de 1954 se modifica la mencionada Ley de Vagos y Maleantes para introducir –ahora sí- un apartado específico sobre la homosexualidad:

“A los homosexuales, rufianes y proxenetas, a los mendigos profesionales y a los que vivan de la mendicidad ajena, exploten menores de edad, enfermos mentales o lisiados, se les aplicarán para que cumplan todas sucesivamente, las medidas siguientes:

  1. a) Internado en un establecimiento de trabajo o colonia agrícola. Los homosexuales sometidos a esta medida de seguridad deberán ser internados en instituciones especiales, y en todo caso, con absoluta separación de los demás.
  2. b) Prohibición de residir en determinado lugar o territorio y obligación de declarar su domicilio.
  3. c) Sumisión a la vigilancia de los delegados”
homosexuales tefia

Campo “de trabajo” de Tefía

Estos establecimientos de trabajo y colonias agrícolas eran auténticos campos de concentración, como el de Tefía en la Isla de Fuerteventura (un antiguo aeródromo que se reconvirtió en centro de reclusión), en la que los presos tenían que trabajar bajo condiciones inhumanas hasta caer agotados y sufrían palizas, castigos corporales y hambre. ​Aproximadamente 5.000 personas fueron detenidas por tener un comportamiento gay durante el franquismo, condenados a trabajos en centros similares.

homosexuales ley-de-peligrosidad-socialA pesar de esta represión, en los años 60 se producen en España una serie de movimientos en las grandes ciudades y poblaciones como Sitges o Ibiza que dan una visibilidad a los gays que preocupa al Régimen de Franco, lo que lleva a un nuevo cambio legislativo que desemboca en la aprobación de la ley sobre Peligrosidad y Rehabilitación social de 1970.

Serán declarados en estado peligroso, y se les aplicarán las correspondientes medidas de seguridad y rehabilitación los que realicen actos de homosexualidad”. Así se pronunciaba esta ley sobre Peligrosidad y Rehabilitación Social, que situaba a los homosexuales en el mismo nivel que los proxeneteas, toxicómanos, traficantes de drogas, o pandilleros, por citar tan sólo algunos ejemplos. El texto, fue aprobado para “corregir los defectos observados en el sistema” y con “el primordial compromiso de reeducar y rescatar al hombre para la más plena vida social”.

La Ley establecía penas que iban desde multas hasta penas de cinco años de internamiento en cárceles o centros psiquiátricos para la «rehabilitación» de los individuos.

Como consecuencia, los homosexuales no sólo eran sometidos al aislamiento social en manicomios y prisiones, sino que los condenados no podían reintegrarse en la sociedad hasta que no se hubiera evaluado su “curación“, por lo que, no podían beneficiarse de indultos, amnistías, redención de penas o libertad condicional como otros presos.

El tema del aislamiento vino dado por las teorías de un médico con gran influencia en el Régimen de Franco llamado Valentín Pérez Argilés, que dijo que la homosexualidad era una enfermedad contagiosa, y por lo tanto la solución pasaba por el aislamiento total, a la confinación del enfermo a lugares remotos y alejados de la sociedad sana y pura del franquismo.

Los “invertidos sexuales” se catalogaban en genuinos congénitos (o de nacimiento) y los ocasionales (o viciosos). Tan excepcional como la ley fue el tratamiento carcelario que recibieron. El régimen estableció dos penales específicos, uno en Badajoz y otro en Huelva, donde se enviaban a los pasivos y los activos respectivamente; y en la mayoría de las grandes cárceles había una galería para “invertidos”. En estos establecimientos, se pretendía reconducir la orientación sexual de los presos mediante lo que se denominó terapia de aversión: tras estímulos homosexuales se daban descargas eléctricas, que cesaban cuando había estímulos heterosexuales.

También hay evidencias de que se llegaron a practicar lobotomías para “curar” a los homosexuales, y el propio Juan José López-Ibor se jactó de algún éxito en este sentido en alguna conferencia médica.

Hay constancia documental de que aproximadamente 1.000 personas fueron conducidas a estos centros de reeducación.

Una prueba de la aceptación social real de la homosexualidad al morir Franco es que ni el indulto del 25 de noviembre de 1975 ni la amnistía del 31 de julio de 1976 beneficiaron a los homosexuales que habían sido detenidos fruto de la mencionada Ley de 1970. Nadie se acordó de ellos.

El martes 26 de diciembre de 1978, el Gobierno de Adolfo Suárez puso fin a la ilegalidad de la homosexualidad en España. El debate parlamentario llevó a la supresión de algunos artículos de la ley franquista sobre Peligrosidad y Rehabilitación social de 1970 que incluía a aquellos que practicaban la mendicidad, la homosexualidad, el vandalismo, el tráfico y consumo de drogas, la venta de pornografía, la prostitución y el proxenetismo, inmigrantes ilegales y a cualquiera que fuera considerado peligroso social por el régimen (284 votos emitidos, 278, A favor y 6 abstenciones). Por tanto, inicialmente la homosexualidad se eliminó como delito, siendo derogada la Ley definitivamente diecisiete años después, el 23 de noviembre de 1995, pero socialmente aún quedaba mucho camino por delante.

Tras este breve repaso de la evolución legislativa, podemos analizar ahora cómo ha evolucionado la forma en que la sociedad veía a los homosexuales en España, y como siempre, no hay termómetro más fiable que la novela popular.

Lo primero que quiero dejar claro es que considero que no hay que cargar las tintas en modo alguno sobre los autores responsables de los contenidos que podréis leer a partir de este momento. Desconozco el pensamiento real de cada uno de ellos en lo que respecta a la homosexualidad, pero desde luego hay que considerar que los autores son fruto de una época en la que las cosas se veían de manera muy diferente a la actual, igual que ocurre con otros temas como el racimo o el machismo. Estos libros son el fiel reflejo de un momento determinado de la historia, y juzgar a estos autores es tan absurdo como culpabilizar a los escritores de la Roma imperial de no defender el derecho de los esclavos.

I.G lectte la demenciaAntes de iniciar el repaso por las novelas de ficción, me gustaría señalar –para contextualizar- lo que se dice de la homosexualidad en uno de los característicos bolsilibros de carácter divulgativo que proliferaban en la época; en este caso “La demencia, en el umbral de la locura” (1977), nº 14 de la Biblioteca Rápida de Easa, de I. G. Lectte, un supuesto especialista en la materia que no es otra que Isabel González Lectte, una habitual de la novela popular española, que destacó en la novela romántica y también en el Terror.

El libro es un supuesto manual técnico de conductas que la propia autora define como “al límite de la locura” que incluye temas como la toxicomanía, las crisis afectivas, la neurastenia, la cleptomanía, la epilepsia…y la homosexualidad.

Respecto a esta última, la autora indica que “La homosexualidad en la mayoría de los casos, es casi siempre un mal involuntario en el que se cae por un fallo de los educadores durante la edad infantil, o como consecuencia de algún trastorno mental.

Cuando un niño acusa en su infancia unas inclinaciones y gustos puramente femeninos, hay que someterlo sin pérdida de tiempo a los cuidados de un médico adecuado”

El libro sigue al pie de la letra las teorías de Gregorio Marañon, que concluyó que la falta de educación era un factor determinante para caer en la delincuencia y la homosexualidad, y que la mayoría de los enfermos que la padecían  tenía un coeficiente intelectual inferior al tipo medio de los españoles y que además sufrían de neurosis.

Creo que este libro, que repito que no es de ficción, puede darnos una idea exacta de la situación en 1977. Y ahora vamos a lo que importa, a la visión de la literatura de ficción.

En los primeros años de la novela popular es muy difícil encontrar el más mínimo  rastro de la homosexualidad, al margen de unos pocos personajes secundarios que se mencionan muy por encima. Hasta los años 70 la homosexualidad era un tema tabú que resultaba sumamente incómodo, de modo que la mejor opción literaria era obviarla. Además, la censura resultaba especialmente férrea en los temas morales, de forma que cualquier mención a algún personaje homosexual era eliminada. Sobre este punto he tenido oportunidad de revisar muchos expedientes de censura, y no he encontrado ni una sola corrección derivada de la aparición de personajes homosexuales. El motivo es claro, y no es otro que la propia autocensura que se imponían los autores para evitar problemas con la censura en la publicación de sus obras. Resultaba tan obvio que los personajes homosexuales tan sólo podían ser un obstáculo para la autorización de la novela, que ni se molestaban en ponerlos. Lo máximo que suele encontrarse son expresiones indirectas al respecto, como que alguien tiene un rostro afeminado, o cosas parecidas.  Los hombres son todos muy masculinos, y las mujeres muy femeninas, y las historias de hecho siempre tienen que acabar con planes de boda. En estos primeros años no creo que sea sencillo que se mencione la palabra homosexual, o lesbiana, o nada similar. Mucho menos gay, término que en Estado Unidos empezó a emplearse con asiduidad en los años 60, pero que en España no se introdujo hasta muy avanzados los 80.

Para hacernos una idea de este tipo de referencias indirectas, encontramos este fragmento en “Asesinatos en el estadio” (1951), de Peter Debry, nº 46 de la colección Servicio Secreto de Bruguera, referido a un personaje que aparece de forma tangencial en la historia:

“—Ha mortificado al muchacho —comentó Vespa, al marcharse el argentino—. Y es un buen chico.

—Poquita cosa para mí. No me gustan los hombres que se perfuman y son incapaces de pelear por lo que desean.”

O esta otra de “Cadáveres ambulantes” (1951), también de Peter Debry, nº 66 de la misma coleccón:

—No puede ser, Buck; no puede ser. Usted no es un afeminado cobarde. Usted no puede ser un vergonzoso cobarde.

Más extraño es el caso de “Epidemia de plomo” (1962), del que he tenido conocimiento gracias a Gerard Martínez, un gran aficionado a la literatura popular. En esta novela, nº 86 de colección Gangsters! de Rollán, de Fred Hercey (Fernando Orviso Hercé), hay un gangster claramente homosexual al que el protagonista se dirige constantemente llamándole marica. El único motivo que explica que este personaje sobreviviera a la acción de la censura es que es malvado y tiene el final que merece.

De cualquier modo, hasta los 70 se evita de forma generalizada cualquier mención a los homosexuales. Esto cambia radicalmente al entrar en dicha década, en la que empieza a ser frecuente la aparición de personajes gays, aunque eso sí, siempre con connotaciones negativas o como elemento humorístico –de burla, más bien-,  empleando en muchas ocasiones las palabras marica, desviado, y demás términos homófobos para referirse a este colectivo.

En “Un ataúd forrado de rojo” (1972), nº 1.160 de Servicio Secreto, de Bruguera, Silver Kane hace referencia a una pareja de hombres casados, y en una de las más extraordinarias notas a pie de página que he podido ver en un bolsilibro, hace el siguiente comentario al respecto –no sé si con la intención de burlárse de la censura- :

Las reciente leyes inglesas, en efecto, toleran inexplicablemente las uniones entre personas del mismo sexo, y atribuyen a esas uniones una serie de efectos civiles, como sucesiones hereditarias, donaciones, domicilio oficial, etc. Ni que decir tiene que ningún país ha imitado hasta ahora tal extravagancia”.

Como curiosidad respecto al tema de la homosexualidad en estos años, Angel Torres Quesada confesó en una entrevista que creó el personaje de Alice Cooper –eje de algunas de las historias que conforman su famosa saga del Orden estelar- para tocarle las narices a la censura, porque en las dos primeras páginas en las que sale se ve cómo el oficial está enamorado del comandante de la nave. Lo primero que uno piensa es que el oficial es homosexual, hasta que se descubre que el comandante es Alice Cooper, y que es una mujer. En 1972, año en el que comenzaron a publicarse estas novelas, hubiera sido impensable dar el protagonismo de una historia a un homosexual.  No obstante debo destacar que en la obra de este gran autor aparecen con bastante frecuencia personajes homosexuales (lesbianas principalmente), y reciben un trato bastante aceptable para lo que podía esperarse en estos años. Quien quiera verlo con mayor detalle no tiene más que leer “Destino: Deneb IV”, “La plataforma de los Dioses”, o “La Batalla de Sarkamat”, obras en las que se hace referencia al lesbianismo de forma bastante moderada.

En “La hija de Frankenstein” (1973), nuevamente de Silver kane, nos encontramos con uno de los mejores ejemplos posibles de la idea que existía en estos años sobre la homosexualidad, derivada de la visión médica de la época: la de que eran enfermos que precisaban de una cura, muy en la línea que ofrecía la Ley de 1970, según la cual los homosexuales debían ser internados para recibir un tratamiento que corrigiera su conducta.

Uno de los personajes del libro, amigo del protagonista, es un detective llamado Michael que es gay (afeminado, según la terminología de la época), algo muy inusual en la novela popular, pues no se trata de un villano, sino de un personaje que está en el lado correcto de la ley. Pues bien, por una serie de avatares que tendrá que descubrir el lector, recibe un tratamiento médico con un extraño efecto secundario, pues de repente le empiezan a atraer las mujeres. Sí, sí, habéis leído bien.

—Debe ser el tratamiento que me han dado, chico. No sé qué me pasa… Pero ahora me doy cuenta de que las mujeres son preciosas y de que están en el mundo para algo.

Tuc musitó:

—Pues eres el que más ha salido ganando, cuerno… ¡Ya era hora de que comprendieses! ¡Ya era hora de que quitases de tu despacho todos aquellos tipos haciendo gimnasia y lo llenaras de chicas en bikini!

—Así lo haré —prometió Michael—. Así lo haré en seguida, muchacho. Todos aquellos tíos sacando músculo… ¡Uf! ¡Qué pesadez!

Y salió con él.

Pero, de pronto, se acordó de algo.

Gimió:

—Muchacho, ¡será un desastre!

—¿Por qué?

—¿Y lo preguntas? Voy a perder todos mis clientes. ¡Los perderé todos! ¡Toditos! ¡Todooooos!

El autor emplea el tema de la homosexualidad como elemento humorístico, ajeno a la realidad que debieron vivir, víctimas de una legislación que los consideraba “personas peligrosas”.

Homosexuales hermanos gaylorNo es la única ocasión en la que Silver Kane –muy aficionado al uso del humor en suis libros-  emplea este recurso en sus obras. Como curiosidad, una de sus obras del Oeste se llama “Los hermanos Gaylor”, y aunque el contenido de la obra no tiene nada que ver con la homosexualidad, el apellido de los hermanos unido a la portada, da mucho que pensar.

En “La maldición de Kaaleenx” (1975), nº 272 de La Conquista del Espacio de Bruguera, Kellton Mc Intyre nos lleva al «Transpace-15», en una peligrosa misión a bordo de un transporte de uranio que parte desde el lejano asteroide Boor, en el confín de la Vía Láctea, en compañía de una tripulación compuesta por 7 personas que por diversas causas tienen  pocos motivos para continuar viviendo. Uno de ellos es Marley, “Un desesperado. ¿Cuál era su culpa? Había nacido siendo homosexual.

Un personaje que como es habitual acaba de muy mala manera:

“Pensaba en Marley, profundamente agobiado.

En Marley, el homosexual, en Marley, un ser humano al fin, que había vivido una existencia miserable, abandonado de todos, despreciado y escarnecido; en Marley, que jamás había conocido el amor. En Marley, finalmente, que creía en Dios con intensidad desesperada.”

El mismo esquema es empleado de nuevo por Kellton McIntyre en “Cita en Ganímedes” (1981), nº 545 de La Conquista del Espacio. En esta novela, nuevamente hay una tripulación compuesta por personas desesperadas, entre las que se encuentran “Kardiss, un homosexual lleno de frustraciones, infeliz hasta la médula; Jones era un negro, un ser que perseguía desde siempre una integración honorable… que jamás conseguiría; Payne… un viudo grotesco, un suicida, que lloraba a su esposa muerta como un bebé, que se incluía en todos los lances peligrosos, ansioso por hallar la paz de la muerte.”

Es decir, que la visión de Kellton Mcyntire sobre los homosexuales es que son personas frustradas condenadas a la desesperación por su condición.

En “Los ojos de la Gorgona” (1977), nº 201 de la colección Selección Terror de Bruguera, Curtis garland introduce dos personajes homosexuales (un hombre y una mujer), cuya presencia está justificada por el desarrollo de la trama. Cuando se publica la novela, nos encontramos en plena transición, pero la homosexualidad seguía siendo vista como una anomalía, y de hecho en la novela  los dos personajes mencionados son malvados, y su sexualidad no deja de ser más que otra característica de su anómala conducta criminal.

En “Amazonas de la Galaxia” (1978), nº 431 de la colección La Conquista del Espacio, Curtis Garland nos traslada al planeta Lesbos, que como os podéis imaginar, está poblado por criaturas lesbianas que engañan a los hombres con fines reproductivos. Nuevamente homosexual=malvado, algo habitual en los libros de Garland.

Lady Killer” (1979), nº 923 de la colección Punto rojo de Bruguera, es una novela policiaca de Albert Rossbund en la que el detective Sommars investiga el brutal asesinato de una mujer, en el que la principal sospechosa es otra mujer a la que se vio huir del escenario del crimen. Todas las pistas conducen a una serie de clubs donde se reúnen homosexuales, transexuales y demás “desviados” (literal de como viene en el libro), y en donde deberá realizar sus pesquisas el detective. Esta novela la considero muy representativa, pues ya se habla con normalidad de la existencia de locales donde se reúnen los homosexuales, aunque eso sí, considerándolos de forma despectiva. Fiel reflejo de esos años, en los que la sociedad aún consideraba a los homosexuales con desprecio.

Como era de esperar, Joseph Berna, que siempre aportaba un punto picante a sus historias,  también nos da su versión sobre la homosexualidad, en la novela “Las Brujas de Atox” (1980), nº 501 de La Conquista del Espacio, una historia en la que el protagonista llega a un planeta poblado única y exclusivamente por mujeres, que son lesbianas, pero simplemente porque no hay hombres:

—Sí, pero no se me había ocurrido pensar que…

—¿Que fuéramos lesbianas?

—Eso —tosió Kevin.

—Lo somos a la fuerza, no por vicio.

—Sí, claro.

—Algunas mujeres terrestres también lo son, y no lo entiendo, la verdad. Si en Atox hubiese hombres, nosotras no seríamos lesbianas, estoy segura.”

Nuevamente la homosexualidad es una anomalía que podría evitarse, y se asimila con un vicio.

Clark Carrados es de los escritores muy poco dados a mencionar la homosexualidad en sus novelas, pero rebuscando se puede encontrar alguna referencia como la que aparece en  “Arde, Tierra, arde” (1981), nº 596 de La Conquista del Espacio. En una fecha tan avanzada, con la democracia ya en marcha, el autor escribe acerca de una cárcel en la que mete en el mismo saco a los homosexuales con todo tipo de delincuentes:

“”En la granja número 866-A había de todo: ladrones, asesinos, estafadores, violadores, homosexuales, desertores… pero la evasión era imposible.”

En “Cita en el invernadero”, selección terror nº 433 de Lou Carrigan, ya en plenos años 80, se observa una clara evolución en la visión que tenía la sociedad sobre la homosexualidad, que ya no era delito; una sociedad en la que empezaban a convivir la aceptación y el rechazo al respecto.

“- Ha venido a decírmelo la lesbiana.

-¿Quién?-Se sorprendió Emil.

– La viuda Hidoine.

-Ya. Bueno, Claudine, querida, creo que no deberías decir esas cosas. En primer lugar, cada cual puede hacer lo que le guste, y en segundo lugar, no tienes ninguna base para decir que Madame Hidoine es lesbiana.

– ¿Cómo que no tengo ninguna base¿Y la cadenita?

-¿Qué cadenita?

-¡La que lleva en el tobillo derecho!….Tú ya sabes lo que dicen que llevan eso son…pues eso.

En la misma línea Lou Carrigan introduce otro personaje gay en la novela “El comprador de recuerdos“, (Selección Terror 469), de 1982. Al igual que ocurre en el título anterior,  la homosexualidad se contempla desde dos puntos de vista enfrentados, pues mientras para unos personajes (curiosamente son siempre los femeninos) es una aberración, para otros les resulta indiferente, contemplándola como un aspecto más de la libertad humana.

Volvió la cabeza hacia la dama, que acababa de darle un golpecito en un brazo.

—Es una lástima, ¿verdad? —dijo la dama.

—¿El qué? —se desconcertó Helmutt.

—Lo de ese hombre. El muchacho es guapo, pero el de más edad es… o parece otra cosa. Lástima, sí.

Helmutt volvió a mirar a la pareja. El muchacho decía algo agitando una mano. En la muñeca destellaba un grueso nomeolvides de oro. Aunque quizá destellaban más los espléndidos y casi infantiles ojos del bello rubito.

De pronto, Helmutt comprendió. O creyó comprender: eran dos homosexuales.

Volvió la cabeza de nuevo hacia la dama, y, tras encoger los hombros, dijo:

—Creo que la entiendo, Madame, pero allá cada cual con sus cosas.”

No siempre Lou Carrigan tiene una visión tan abierta sobre la homosexualidad, y como muestra dejo este fragmento de “La gran evolución”, nº 737 de La Conquista del Espacio, publicado ni más ni menos que en 1985:

“—Pues sigo diciendo que es un asco. Y además, la señorita Parks tiene un polvo de muerte.

—Quizá el señor Wonderline sea homosexual.

—¡Hombre, no! — llegó al colmo de la pena el sargento Gruson.

—Los hay así —movió los dedos Albert como formando racimo, con las puntas hacia arriba—. Hoy día hay más maricones que cocos en una selva. Sobre todo entre los tipos con dinero, como es el caso del señor Wonderline… Ahí viene Denis.”

Son incontables los ejemplos que podemos encontrar, especialmente en los últimos años de la novela popular, pero creo que van todos en la misma línea, de modo que nos permiten ver la evolución al respecto, y confirmar que afortunadamente las cosas han cambiado en estos años, y mucho, por más que se empeñen algunos en decir que seguimos igual que en el franquismo.

Una prueba definitiva de que la novela popular es un fiel reflejo de la sociedad de cada época es “El Corsario Escarlata” (2003), de Donald Curtis. A finales de los 80 la novela de quiosco prácticamente había pasado a mejor vida, con unas pocas excepciones como la de la colección Piratas de Astri a la que pertenece esta novela.

Debido a la extinción de este tipo de literatura, no es posible analizar de forma completa la evolución del mundo gay dentro de la literatura popular, cuya visión se reduce a los años oscuros, por llamarlos de alguna manera.

Pues bien, en esta novela hay un destacado personaje homosexual que nada tiene que ver con lo que hemos visto hasta ahora, tratado desde una perspectiva que se corresponde con los años en que fue publicada, lo que demuestra que los autores se iban adaptando a cada época, dando al público en cada momento lo que esperaban ver.

Vuelvo a repetir que no se debe juzgar a los autores que se mencionan en esta reseña por lo que escribieron hace muchos años, en una época muy diferente en la que además no podías desmarcarte del pensamiento oficial. Estoy convencido de que si hoy siguieran escribiendo, tratarían el tema de forma distinta. Lo único que hacían era reflejar una realidad social.

LOS LADRONES DE GUANTE BLANCO EN LA NOVELA POPULAR

Rocambole2La imagen que tenemos del personaje del ladrón de guante blanco es la de un hombre muy atractivo, de vida aparentemente intachable, por lo general perteneciente a la nobleza, que lleva una doble vida secreta, pues dedica sus ratos libres a robar las joyas de los más ricos con la intención de destinar las ganacias a causas altruistas, o simplemente como un desafío personal. En sus robos jamás emplea la violencia, y siempre consigue eludir la acción de la justicia gracias a una astucia y habilidad fuera de lo normal.

Tal vez el origen de esta figura debamos buscarlo en Rocambole, un personaje literario mitad aventurero, mitad ladrón, creado por el prolífico escritor francés del siglo XIX Pierre Alexis Ponson du Terrail. Este olvidado personaje, cuyas primeras aventuras se publicaron entre 1857 y 1858 en el diario “La Patrie” bajo el título de “Los Dramas de París”, forma parte de los inicios del folletín literario.

Rocambole

Edición española de Rocambole

Rocambole inicialmente se presenta a los lectores como un personaje con connotaciones claramente negativas, pues es el aliado del malvado Sir Williams, al que finalmente asesina al darse cuenta de su maldad, motivo por el que acaba en prisión. Sin embargo, es a partir de la cuarta novela de la serie, cuando el personaje sufre un cambio radical, al escapar de prisión arrepentido de sus actos anteriores, convirtiéndose en un ladrón ingenioso y caballeresco que roba a los ricos para dárselo a los pobres, y que a modo de firma personal deja en el lugar de sus robos una sota de corazones.

Raffles_25A partir de ahí E. W .Hornung, cuñado de Arthur Conan Doyle, crearía en 1898 a Arthur J. Raffles, como contrapartida de Sherlock Holmes,  estableciendo de forma definitiva los principios que definen la figura del ladrón de guante blanco; es decir, la de un hombre que aparentemente lo tiene todo y que por diversos motivos, siempre nobles, se dedica a cometer robos esquivando eternamente a la policía gracias a su habilidad e inteligencia. No es difícil ver la influencia de Sherlock Holmes en Raffles, con el que comparte muchos puntos en común: tiene a su propio Watson (Harry “Bunny” Sanders); habla varios idiomas de forma fluida y puede imitar multitud de acentos; es un maestro del disfraz; su ego es enorme, lo que le lleva a cometer robos imposibles por el único motivo de demostrar que es capaz de realizarlos; e incluso tiene su propia muerte y posterior resurrección literaria.

raffles 1929Un Raffles que como todo el mundo sabrá dio lugar en España a una serie de novelitas  “inspiradas” en este personaje. Recomiendo al que quiera más información sobre este folletín hispano que se de un paseo por el que es sin lugar a dudas uno de los grandes blogs de la literatura popular, que no es otro que el Desván del Abuelito, pinchando en el siguiente enlace: https://eldesvandelabuelito.wordpress.com/2012/12/16/5479/.

Tras la aparición de Raffles surgirían personajes similares, pero que no alcanzaron un éxito que les permitiera sobrevivir al paso del tiempo.  Entre éstos destacaría Les 21 jours d’un neurasthénique (1901) de Octave Mirbeau; libro por cierto publicado en España en 2017 en el que Georges Vasseur, el neurasténico del título, narra diversos encuentros con personajes de todo tipo, uno de los cuales es Arthur Lebeau, un ladrón de guante blanco. El autor, Octave Mirbeau (1848–1917), fue un periodista y crítico de arte que además escribía obras de ficción; un anarquista al que me gustaría destacar por alguna de sus frases, que creo que están a día de hoy más vigentes que nunca:

Octave_Mirbeau

Octave Mirbeau, el anarquista que creó a un ladrón de guante blanco

 “Los corderos van al matadero. No se dicen nada ni esperan nada. Pero al menos no votan por el matarife que los sacrificará ni por el burgués que se los comerá. Más bestia que las bestias, más cordero que los corderos, el elector designa a su matarife y elige a su burgués. Ha hecho revoluciones para conquistar ese derecho”.

Una cosa que me asombra prodigiosamente, es que, en el momento científico en que estoy escribiendo, tras las innumerables experiencias y los escándalos políticos, pueda todavía existir en nuestra querida Francia un elector, un solo elector, ese animal irracional, inorgánico, alucinante, que consienta abandonar sus negocios, sus ilusiones o sus placeres, para votar a favor de alguien o de algo”.

arsenio lupinNo obstante, la figura del ladrón de guante blanco no alcanza la inmortalidad hasta que Maurice Leblanc da a luz en 1905 al que es probablemente el más popular de los ladrones de guante blanco: Arsenio Lupin. Este personaje consiguió en Francia una inmensa popularidad, similar a la de Sherlock Holmes en el Reino Unido, alcanzando un total de 20 títulos publicados, a los que debemos añadir cuatro secuelas más (autorizadas) escritas por Boileau-Narcejac. La mención al famoso de los detectives no es casual, pues Lupin llegaría a enfrentarse a él en uno de sus relatos, aunque bajo el nombre de Herlock-Sholmes, para evitar problemas legales. Difícilmente alguien podría relacionar a ambos personajes.

La figura de Arsène Lupin (nombre original de Arsenio) engrandece las características del ladrón de guante blanco: un hombre elegante y seductor; de gran cultura; experto en boxeo y todo tipo de artes marciales; y que sin embargo se dedica a robar, eso sí, siempre a los más ricos y sin emplear la violencia, ejerciendo de auténtico Robin Hood para los más desfavorecidos.

Fantomas1911Tras el enorme éxito de Arsène Lupin se produjo una auténtica invasión de ladrones de guante blanco literarios, entre los que cabe destacar a Fantomas, el personaje creado en 1911 por por Marcel Allain (1885-1970) y Pierre Souvestre (1874-1914), que llegaría a protagonizar 32 novelas y múltiples adaptaciones  al cine y televisión. He de señalar que la inclusión de Fantomas en esta reseña puede no ser acertada, pues este personaje tiene ciertas características que le alejan del concepto de ladrón de guante blanco, pues mientras que en éste último la no violencia es una de sus señas de identidad, Fantomas no duda en ser implacable cuando lo considera necesario, y de hecho en ocasiones se muestra como un sádico sin compasión. No obstante, su origen aristocrático, y el hecho de ser un protagonista que se dedica al crimen, me ha convencido para incluirlo aquí.

Otros ladrones de guante blanco a mencionar son Simon Templar, alias El Santo, el personaje creado por Leslie Charteris en 1928 que alcanzó gran fama gracias a la serie de Tv protagonizada por Roger Moore; y más adelante Henrý Prince, personaje de Cecil Freeman Gregg que apareció en los años 30 en tres novelas.

Lógicamente en la novela popular española la aparición del ladrón de guante blanco es un recurso muy habitual, pues permite a los autores mezclar de forma sencilla acción y misterio con un toque de romanticismo que sólo pueden aportar estas figuras literarias, envueltas de un halo de misterio muy característico, pues los ladrones de guante blanco son hombres intrépidos que cometen delitos, sí, pero siempre movidos por causas nobles.

Audax 02aaResulta inevitable no destacar entre los ejemplos de este tipo de personajes en la literatura popular a Audax, el personaje creado por Pedro Victor Debrigode que inició su andadura en 1946 protagonizando un total de 6 títulos, y  que bien merecería una reseña independiente. En esta serie de historias, Lord King es un distinguido coleccionista de antiguedades, un joven aparentemente apocado que vive en Nueva York  junto a su ama de llaves –Grumpy- y la sobrina de ésta –Baby- , su bella y eficiente secretaria, y que oculta tras esa fachada a un intrépido ladrón de guante blanco.

marido a medianocheEl romanticismo que envuelve a los ladrones de guante blanco permite que sean personajes con cabida en prácticamente cualquier género literario, y como muestra nos encontramos con “Marido a medianoche”, de María Adela Durango, una novela romántica publicada en 1968 en el nº 975 de la colección Rosaura de Bruguera. En la novela un ladrón de guante blanco se cuela en el apartamento de la protagonista, Nicol Veguer, una estudiante de derecho que denuncia el suceso a la policía, que no logra descubrir la identidad del ladrón. Por azares de la vida Nicol descubre que el ladrón no es otro que un compañero de facultad llamado Carlos Sort, un enigmático joven al que intentará reconducir por el buen camino, llevándose de paso alguna que otra sorpresa. Obviamente el tema del ladrón de guante blanco tan sólo sirve de fachada para organizar la habitual historia romántica, pero resulta interesante su presencia en un género tan aparentemente ajeno como es la mal llamada novela rosa.

Curtis Garland volvería a emplear la figura del ladron de guante blanco en “Halcón de plumas de oro”, nº 1.590 de la colección Servicio Secreto de Bruguera. En esta ocasión el protagonista del libro es un ladrón al que llaman “El halcón”, un hombre que roba a los ricos para dárselo a los pobres, y que recibe el encargo de recuperar el desaparecido Halcón de las Plumas de Oro, una estatua que forma parte de la milenaria ceremonia de coronación al trono de un exótico país árabe. El destino de un país está en sus manos, en una compleja  trama de política internacional en la que hay muchos intereses en juego.

Aparte del obvio homenaje al Halcón Maltés representado por la estatua, la novela es una nueva revisitación a la tradicional figura del ladrón de guante blanco en la que destaca su vertiente de intrépido y noble aventurero.

Y por último, me gustaría añadir la reseña de una curiosa novela de Terror de Curtis Garland en la que el protagonista es un ladrón de guante blanco clásico.

curtis garland Gabinte doctor sangreTÍTULO: EL GABINETE DEL DOCTOR SANGRE

AUTOR: CURTIS GARLAND

COLECCIÓN SELECCIÓN TERROR Nº 211 . EDITORIAL BRUGUERA

1ª EDICIÓN 1977

PORTADA: Desilo

Hay que reconocer que la portada de Desilo, la autoría de Garland, y un título tan llamativo hacen que resulte imposible comenzar a devorar esta terrorífica novela.

Con tan sugerente título, homenaje al mítico film de Robert Wiene, “El Gabinete del doctor Caligari” (1920), nos adentra Juan Gallardo Muñoz en una historia que mezcla todo tipo de ingredientes, empezando por médicos que recuerdan a Jack el Destripador (al que se menciona en el libro), hasta ladrones de guante blanco al más puro estilo de Raffles, el famoso personaje creado en 1890 por E. W. Hornung, cuñado de Arthur Conan Doyle. La comparación con Raffles no es gratuita, pues en más de una ocasión el autor se refiere a este personaje –y a Arsenio Lupin-  de forma expresa.

En la novela, ambientada en el Londres de 1975, James S. Quayle es un doctor especializado en cirugía que tiene su consulta en Francis Street, una calle cercana a la Catedral de Westminster. Nada más comenzar la historia se nos muestra un feroz asesinato a cargo del buen doctor, que con la complicidad de su rubia y exhuberante enfermera Gladys acaban con la vida de Sally Kane, una camarera que ha tenido la desgracia de acudir a la consulta médica equivocada.

Nos encontramos por tanto con uno de esos libros en los que el misterio no gira alrededor de quién es el asesino –que queda identificado en las primeras páginas-, sino de los motivos por los que se cometen los crímenes, lo que no quita para que haya alguna que otra sorpresa en lo relativo al asesino.

Tras este primer capítulo en el que se nos da una primera pincelada del asesino, descubrimos que Sally Kane (¿algún parentesco con Silver Kane?) no es la única víctima de un asesino que tiene en jaque a Scotland Yard. Por si no fuera suficiente la aparición de un nuevo asesino en serie de mujeres, la brutalidad de los crímenes devuelve al público la memoria del más tristemente famoso asesino de todos los tiempos, un Jack el Destripador que aparentemente ha regresado del Infierno, pues todas las víctimas aparecen con el corazón, hígado y riñones extirpados, con una precisión que apunta a que se enfrentan con alguien con grandes conocimientos médicos.

Justo en este momento conocemos a un ladrón de guante blanco al que llaman “El Enigma”, un virtuoso especializado en robar joyas en hoteles de lujo, que tiene la desgracia de ser sorprendido por la policía en plena faena dentro de una habitación en la que nuestro protagonista se encuentra de forma fortuita con el cadáver de la señora Kimball horriblemente abierta en canal con precisión quirúrgica.

Tras conseguir escapar a duras penas descolgándose por la ventana mientras la policía derriba la puerta, recala en la habitación de Hazel Marsh, una doctora que sorprendentemente decide creer la versión del ladrón, y en lugar de entregarle,  le ayuda a escapar del cerco policial que rodea el hotel haciéndole pasar por su marido. Posteriormente la doctora Marsh le explicará el motivo de tan extraña conducta, al confesar que ella misma perdió de la misma manera a una de sus mejores amigas 10 años atrás, en 1965, a manos del doctor Sangre, nombre con el que Hazel se refiere al siniestro asesino que está convencida ha vuelto desde el pasado. Hazel le pide a Enigma que en pago por no haberle entregado a la policía, le ayude a descubrir la verdadera identidad del Dr. Sangre.

Uno de los ejes de la novela es sin lugar a dudas la figura de Enigma, todo un prototipo de la figura del clásico ladrón de guante blanco:

Imaginaba que eso de los ladrones de guante blanco estaba ya en desuso…

—Las viejas modas siempre vuelven —rió el ladrón—. Como el charlestón, los pulp o las películas mudas… ¿Por qué no había de volver un Arsenio Lupin o un Raffles?”

Enigma resulta ser -¡Oh, sorpresa!- un aristócrata llamado Sir Ronald Duncan, que se dedica a robar las joyas de ricos sin escrúpulos para entregar el dinero a todo tipo de causas altruistas, sin que la policía haya sido capaz de detenerle hasta el momento. En resumen, un clon de Lord Lister, alter ego de Raffles.

La investigación de los crímenes se complica para Scotland Yard, que busca un asesino con conocimientos médicos, pues justo la noche de la muerte de la Sra. Kimball se estaba celebrando en el hotel una convención de cirujanos, lo que aumenta el número de sospechosos. Una policía que por cierto no ha relacionado las muertes que se están produciendo con el asesinato de otras cinco personas cometidos 10 años atrás a los que se refiere la doctora Marsh.

¿Por qué se están cometiendo los crímenes? ¿Por qué han vuelto a producirse pasados 10 años? ¿Habrá romance entre Enigma y la doctora Marsh?. Y lo más importante de todo, ¿Aparte de mi suegra lee alguien este blog?.

Como es habitual en Garland, la novela está plagada de todo tipo de referencias literarias y cinematográficas que son siempre un deleite para el aficionado. A lo largo del libro se mencionan a Jack el Destripador, Sherlock Holmes, Arsenio Lupin, Raquel Welch, Jekyll y Hyde, Houdini…

Resultaría muy tentador pensar que el nombre de James S. Quayle pudiera ser un homenaje del autor al actor John Anthony Quayle, que participó en “Asesinato por decreto”, la película en la que Sherlock Holmes investiga los crímenes de Jack el Destripador. En dicho film el actor interpreta a Charles Warren, principal responsable de la policía en el momento en que se cometieron los crímenes del destripador; y curiosamente en la novela de Garland el principal responsable policial de la investigación del Dr. Sangre es el Superintendente Warren… Todo encajaría si no fuera porque Asesinato por decreto se estrenó en 1979, es decir, dos años después de la publicación de la novela de Garland.

Gabinete doctor CaligariYa que ha salido el tema, me gustaría recomendar a todo el que no la haya disfrutado, que no deje de ver “El Gabinete del Doctor Caligari”, la revolucionaria y fascinante película de 1920 de Robert Wiene, toda una lección de cine y el máximo exponente del expresionismo alemán. Para los que les dé mucha pereza ver una película de 1920, en el año 2005 se estrenó un remake de la misma a cargo de David Lee Fisher, que a mi personalmente me ha parecido un buen homenaje al original.

Por otro lado, la novela de Curtis Garland no guarda relación alguna con la película en lo que se refiere al argumento.

En la vida real encontramos a otro Dr. Sangre que nada tiene que ver con el siniestro personaje de la novela, sobrenombre con el que se conocía a Norman Bethune, un médico canadiense que formó parte de los 1.700 canadienses que se ofrecieron como voluntarios dentro de las brigadas internacionales para luchar en la guerra civil española (1936-1939) a favor del bando republicano, y de los cuales fallecieron 721. A este médico se atribuye la introducción de una innovación médica extraordinaria que se ha incorporado a todos los servicios médicos militares del mundo: la primera unidad móvil de transfusión sanguínea  en combate.  “Que la sangre busque a los heridos” era su lema; una pemisa que ha salvado miles de vidas desde entonces, pues una de las principales causas de muerte en combate era precisamente la pérdida de sangre durante los traslados de heridos a los centros médicos.

El Servicio Canadiense de Transfusión de Sangre se instaló en una mansión de 15 habitaciones en el número 36 de la calle Príncipe de Vergara de Madrid, a sabiendas de que los bombardeos de Franco respetaban los barrios residenciales de los más ricos. Allí organizó un servicio de captación de donantes de sangre que tuvo una respuesta masiva por parte de la población civil, lo que permitió el éxito de su iniciativa, aunque el servicio apenas funcionó durante seis meses, pues harto de lo que él consideraba una jerarquía absurda del ejército republicano, Bethune se marchó a China en 1938, donde acabaría muriendo de una septicemia.