LA MALDICIÓN DEL RAGNAROK

maldicion ragnarokMe voy a permitir incluir en el blog una reseña sobre esta novela, que en ningún caso puede ser considerada ni un bolsilibro, ni tampoco novela popular con el concepto que al menos yo he venido defendiendo a lo largo de las distintas reseñas de este blog.

Si saco a relucir este título es por un doble motivo: que el autor es uno de los más grandes escritores de novela popular de España; y que la edición corre a cargo de A.C.H.A.B, una asociación de la que ya he hablado en ocasiones anteriores cuya labor está estrechamente ligada a la recuperación de la novela popular española. Valiente labor, por cierto.

La fantasía heróica –o novelas de espada y brujería, término acuñado por primera vez por el escritor Fritz Leiber y que a mi personalmente me parece más apropiado- no deja de ser un subgénero dentro de la ciencia ficción, en la que Ángel Torres Quesada ha demostrado ser a lo largo de su dilatada carrera un auténtico maestro; y en este sentido, el autor se siente francamente cómodo en el desarrollo de una historia que desde ya aviso nada tiene que envidiar de los mejores títulos del género que se están publicando en la actualidad. Considero que todos aquellos lectores que disfrutan leyendo a George R. Martin, Joe Abercrombie, Robin Hobb o Patrick Rothfuss entre otros, no tienen excusa para no leer La maldición del Ragnarok.

La novela de espada y brujería sigue, en términos generales, siempre un mismo esquema: en un mundo tecnológicamente atrasado en el que se entremezcla lo medieval con la magia, un personaje puro de corazón es escogido por un poder superior para hacer frente a un mal ancestral que cada cierto tiempo vuelve a resurgir de sus cenizas amenazando la supervivencia de la humanidad. El aprendizaje del protagonista y el proceso por el que asume el gran peso que recae sobre sus hombros, es la base de la narración, que debe acompañarse de todo un elenco de personajes secundarios que ayuden en el camino al héroe seleccionado en contra de su voluntad para salvar el mundo.

Este argumento, a pesar de haberse repetido hasta la saciedad, sigue enganchando a los lectores de medio mundo, pues no deja de ser una metáfora de la vida misma: todo el mundo se siente en un momento u otro de su vida obligado a enfrentarse a situaciones para las que no se cree preparado, y esa es la clave del éxito de estas historias, populares especialmente entre la gente más joven, propensa a sentirse más identificados con el correspondiente héroe de la narración.

Con este corsé narrativo, la clave para alcanzar el éxito en una novela de estas características recae prácticamente de forma exclusiva en los personajes, y en este aspecto es donde brilla de forma especial el libro de Ángel Torres Quesada.

La historia de “La Maldición de Ragnarok” no se aleja en absoluto del esquema descrito anteriormente: en un mundo medieval en el que conviven la pólvora y la magia, Aesyré, séptimo hijo de Satanás, derrotado tiempo atrás por los hombres, vuelve a ganar fuerzas y amenaza con salir del inframundo  en busca de venganza.

Para hacer frente a la cercana catástrofe, la hermandad de magos, debilitada por la reciente desaparición de su líder Balduré, invoca el poder del Ragnar, una entidad que se reencarnará de forma caprichosa en un humano para hacer frente a la amenaza. El Ragnar puede ser visto como una bendición para la humanidad y una maldición para el humano que resulte seleccionado, pues se convertirá en un ser sobrenatural cuya vida estará supeditada a la misión encomendada.

Tras esta primera escena de invocación del Ragnar, se nos presenta a los principales personajes de la trama, cuyas vidas se irán entrelazando para formar una compañía que será la encargada de afrontar el regreso de Aesyré, que empieza a manifestarse cada vez con más fuerza.

Amerle, un mago que se ve obligado a asumir una gran responsabilidad tras la desaparición del maestro Balduré; un solitario cazador de ogros llamado Gabel; la bella Néctar, líder  de otro grupo de cazadores; David, un extraño niño que ha quedado huérfano tras un ataque de los ogros a su aldea; Damián, un valeroso y egocéntrico caballero; el rey Arwall, señor del reino, que debe enfrentarse a la posible guerra con el mal; o el maestro alquimista Menhier, un experto constructor de armas enamorado de Néctar.

Tan variopinto grupo de personajes, del que no pienso desvelar más detalles para no destripar la historia,  deberán superar sus propios temores y la maraña de traiciones que se pondrán en su camino si quieren vencer definitivamente a Aesyré.

Tengo que decir que personalmente me siento afortunado de contar con un ejemplar de este libro, en primer lugar porque he disfrutado de verdad de su lectura, y en segundo, porque soy consciente de que soy propietario de un producto exclusivo, que con el tiempo –estoy convencido de ello- se convertirá en objeto de coleccionismo. Es sorprendente que esta obra inédita de un autor de la talla de Ángel Torres Quesada haya sido publicada por una modesta editorial como es ACHAB, cuyo alcance es muy limitado, tanto por infraestructura como por su propio carácter de entidad sin ánimo de lucro. Desconozco el diabólico pacto que los responsables de ACHAB habrán alcanzado para lograrlo –probablemente más de un alma habrá cambiado de manos-, pero no puedo dejar de alegrarme de ello, pues el resultado final es que el libro adorna mi estantería en la zona reservada a las grandes obras.

Una cuidada edición en la que una vez más se nota el esfuerzo y entusiasmo que han puesto los responsables –doy gracias de forma especial a la introducción de Angel Rodríguez Sánchez, todo un experto sobre el autor-, algo que se echa de menos en gran parte de los productos que se publican actualmente en las grandes editoriales.

Si a esto añadimos que “La maldición del Ragnarok” no es para nada una novela menor del autor, mi asombro es aún mayor.

Desde aquí quier manifestar mi deseo de ver pronto publicadas nuevas obras de Ángel torres Quesada, sean del género que sean. En mí siempre encontrará un fiel lector. Ojalá que seamos suficientes.

En una reciente entrevista concedida por Angel Torres Quesada, decía que “por lo visto, Bruguera pensaba que el lector era gilipollas y que no iba a comprar las novelitas de un autor español”. La realidad parece empeñada en demostrar que los lectores actuales siguen pensando que los escritores españoles no son capaces de escribir buena ciencia ficción, así que tal vez el tema de los seudónimos no fueran tan mala idea como pudiera parecer.

KABÉ, EL ROBOT DETECTIVE DE CLARK CARRADOS

EEMF065- Clark Carrados - MEMORIAS DE UNA MÁQUINAComo suele ser habitual, el mayor conocimiento que existe sobre la obra publicada en las colecciones de Bruguera, tanto por la proximidad temporal como por una mayor tirada de ejemplares, permite que haya un cierto reconocimiento por parte de los aficionados acerca de las sagas escritas por Luis García Lecha para esta editorial.

Es relativamente sencillo encontrar información sobre estas series, así que me limitaré a mencionarlas antes de entra en la temática objeto de esta reseña.

 

1- En la colección La Conquista del Espacio, el autor escribió una trilogía –en una época en la que no todo tenía por que ser una trilogía- protagonizada por el Coronel Alan Ardax, compuesta por las siguientes novelas:

  • “El hombre y su robot”. La Conquista del Espacio nº 211. Clark Carrados
  • “Mercado de “hubots”. La Conquista del Espacio nº 219. Clark Carrados
  • “Los bicéfalos”. La Conquista del Espacio” nº 236. Glenn Parrish.

A lo largo de estos tres títulos se nos narran las aventuras del mencionado Alan Ardax, un militar que ha sido injustamente condenado al destierro por  traición, debiendo permanecer de por vida en un inhóspito planeta deshabitado. Acompañado por un fiel robot llamado IAKO y por una bella mujer que le rescata del destierro, recorrerá el Universo buscando pruebas que le permitan demostrar su inocencia.

2. La reina negra es un personaje recurrente del autor en su vertiente policiaca que ya he mencionado en otras reseñas de este mismo bllog, y que aparecía ocasionalmente en las colecciones Punto Rojo y Archivo Secreto de Bruguera. Mi intención es dedicarle cuando pueda una reseña en exclusiva a este personaje, así que no digo nada más al respecto.

3. En la colección Enviado Secreto, también mencionada en diferentes reseñas del blog, uno de los agentes (EO-003) surgió de la pluma de Carrados. Tampoco es el objeto de esta reseña, y además hay una magnífica reseña sobre esta colección, de la que creo que no puedo aportar nada nuevo, en http://unaplagadeespias.blogspot.com.es/2014/08/bolsilibros-enviado-secreto-dans.html

Pues bien, años antes de la publicación de las aventuras del Coronel Ardax y del resto de sagas expuestas, Clark Carrados ya recurrió en su etapa de Toray a un curioso personaje que le sirvió de hilo conductor en diferentes novelas dentro del género que le hizo más popular: la ciencia ficción.

En la colección Espacio Mundo Futuro de la editorial Toray, Luis García Lecha escribió al menos diez títulos protagonizados por un peculiar robot llamado Kabé, especializado en la resolución de enigmas gracias a su avanzado cerebro electrónico, que le permitía las más brillantes reflexiones, que solía acompañar de un particular sentido del humor, seña de identidad por otra parte  de esta serie.

El nº 65 de la colección,“Memorias de una máquina” da comienzo a esta saga literaria, que continuaría con “El Oro de las Estrellas” (Nº 75) “El País de los robots” (Nº 87) , “Los trabajos de Kabé” (Nº 91 Espacio Mundo Futuro), “Justicia Robótica” (Nº 102), “Maquiavelo artificial” (Nº 108), “Homo Mechanicus” (Nº 115), “Raza de señores” (Nº 117), “El planeta de los hombres de oro” (Nº 137), y “Una mota de polvo” (Nº 222).

La mencionada “Memorias de un hombre máquina” empieza con una dedicatoria muy especial, que nos da una idea de lo que nos espera a lo largo de la saga:

A mi buen amigo y colega Law Space.

Todos los «robots» no son necesariamente malos ni tiranos. También los  hay buenos y simpáticos, como Kabé, el protagonista de esta historia…, a quien no le desagrada hasta hacer un poco de Cupido.”

Interesante dedicatoria que nos permite suponer que Luis García Lecha conocía personalmente a Enrique Sánchez Pascual (Law Space entre otros), autor con el que compartió la mayor parte del peso de la colección de Toray.

En esta primera novela de la saga, escrita a modo de memorias, se nos da a conocer a K.B. 000 459-3D5 -Kabé para los amigos-, el más avanzado robot de la galaxia, una máquina con el aspecto de un atractivo hombre joven, imposible de diferenciar a simple vista de un humano real, que vive en compañía del brillante profesor Crandon, al que sirve como ayudante en el observatorio del Monte Hadley, en la Luna.

Kabé, que siente un gran aprecio por el profesor, está empeñado en convencer a su jefe de que trabaja demasiado, y que necesita casarse. Cuando está intentando convencerle para que se tome unas vacaciones en Cannes o en las playas de Mallorca, reciben órdenes de embarcarse en una misión para investigar la aparición de un décimo planeta en el Sistema Solar, y para ello zarpan desde la Luna en una nave comandada por otro robot de apariencia femenina llamado Eva, una fría y eficiente máquina cuya atractiva apariencia provocará cierta tensión a lo largo del viaje.

Me ha llamado poderosamente la atención el siguiente pasaje de la novela:

“—¿Cómo te atreves a violar —aulló—, la primera y más fundamental ley de todo «robot»? Has golpeado a un humano.”

Curiosa esta referencia a las famosas leyes de la robótica de Isaac Asimov, aparecidas por primera vez en el relato «Círculo vicioso» en 1942,  y que se ve que Luis García Lecha conocía a la perfección. Estas leyes establecen lo siguiente:

  1. Un robot no hará daño a un ser humano o, por inacción, permitir que un ser humano sufra daño.
  2. Un robot debe hacer o realizar las órdenes dadas por los seres humanos, excepto si estas órdenes entrasen en conflicto con la 1ª Ley.
  3. Un robot debe proteger su propia existencia en la medida en que esta protección no entre en conflicto con la 1ª o la 2ª Ley.

En resumen, una primera novela desbordante de aventuras y de humor, que nos sitúa en una Tierra futura plagada de interesantes detalles tanto a nivel social como tecnológico, y que tiene una digna continuación en los siguientes títulos de la saga, ya sin la presencia del profesor Crandon y Eva, pero siempre con Kabé ejerciendo de Cupido de los distintos protagonistas que se van incorporando a la serie. He de decir que Kabé es un gran personaje, de personalidad bien definida y con el que resulta fácil identificarse.

En el título de la saga “Maquiavelo artificial”, la novela acaba con estas hermosas palabras a cargo de Kabé, que bien pudieran haber servido de despedida del personaje (aunque ya sabemos que sus aventuras continuaron):

—Entonces, ¿dónde piensas ir ahora, Kabé? —inquirió Melphys.

Pero ¿quién podía responder a aquella pregunta? Soy un robot casi enteramente humano, tanto que, como éstos, carezco de la facultad de profetizar, y por lo tanto ignoro lo que me reserva el porvenir. Aunque, por otra parte, ¿es tan difícil averiguarlo? ¿Quién será el próximo humano a quien tendré que sacar de líos? Porque, eso sí que es seguro, que cuando menos lo piense andaré enzarzado en alguna aventura. Cuándo, cómo y dónde, no lo sé; pero acaso antes de muy poco vuelva a tener que escribir un nuevo relato.

Y desde ahora, puedo garantizar que, si sucede, lo haré con mucho gusto.”

No obstante, las aventuras de Kabé continuarían, llegando incluso nuestro protagonista a conocer el amor en “Una mota de polvo”, última novela de la saga de la que tengo constancia, aunque es más que probable que haya más títulos, que espero ir descubriendo con el tiempo.

TERROR EN ALTA MAR

barco fantasmaEl mar. Antes de la exploración espacial, la última frontera del hombre. Un entorno hostil plagado de misterios del que resulta imposible escapar. ¿Puede existir un escenario mejor para una historia de terror?.

Tradicionalmente el mar ha sido una fuente inagotable de inspiración para los escritores y cineastas especializados en el terror. Procedente del mar encontramos todo tipo de bestias habitantes de las insondables e inexploradas profundidades de los océanos, así como multitud de leyendas sobre fantasmales barcos portadores de malos augurios.

Sobre estos últimos –barcos fantasmas- trata esta reseña, que recomiendo leer únicamente a todos aquellos que en estos momentos se encuentren en tierra firme. Absterse de seguir leyendo marineros y turistas de cruceros.

La literatura de terror tiene una importante vertiente marítima, de la que resulta difícil facilitar una relación. No es el lugar adecuado para ello un blog sobre novela popular española, pero raro es el autor de historias de terror que no ha escogido en un momento u otro el mar como escenario para sus relatos. Autores como Joseph Conrad (El bruto), Robert Louis Stevenson (El barco que se hunde), H. P. Lovecraft (Dagón entre otros), Ambroce Bierce (Un naufragio psicológico) o Robert E. Howard (Maldición marina), por mencionar sólo a algunos, han dado al mar el protagonismo absoluto en alguno de sus relatos cortos. Sí me gustaría destacar en este aspecto la obra de William H. Hodgson y más recientemente la de Jack Cady (imprescindible para mi su novela “La guardia de Jonás”), dedicada de modo casi exclusivo precisamente al horror en el mar.

Como no podía ser de otra forma, la novela popular española no es ajena a este subgénero –el terror marítimo- , y prueba de ello es la existencia de un buen número de títulos en los que un barco adquiere un protagonismo crucial en la historia.

Centramos de este modo la atención en los barcos fantasmas en las colecciones populares de Terror, pero antes de relacionar los títulos que conozco sobre esta materia, me gustaría hacer un pequeño resumen de algunos de los más famosos barcos fantasmas de la historia, inquietantes fuentes de inspiración de la mayor parte de los relatos de terror que se han escrito sobre el tema.

  • El Holandés Errante: sin lugar a dudas, una de las más antiguas y arraigadas leyendas sobre barcos fantasmas. Según la leyenda, el capitán de un barco holandés llamado Willem van der Decken hizo un pacto con el diablo para poder surcar siempre los mares sin importar las inclemencias naturales que pudieran surgir en la travesía. Cuando Dios se entera de esto le condena a navegar eternamente sin rumbo y sin tocar tierra, por lo que recibe el nombre de «Holandés Errante». Desde ese momento, a lo largo de los siglos son muchos los testimonios que aseguran haber visto el navío navegando sin rumbo con las velas ajadas y sin tripulación en cubierta. La leyenda fue inmortalizada entre otras cosas gracias a la ópera de Wagner y a la novela del capitán Marryat “El buque fantasma”. Desde entonces el holandés errante ha pasado a formar parte del imaginario popular colectivo, encontrándose como personaje en los más insospechados escenarios (a modo de ejemplo, en un cómic de Silver Surfer, aparece como un personaje destacado).

Según  ciertas versiones, el capitán holandés Bernard Fokke (un marino del siglo XVII) es quien sirvió de modelo para la leyenda. Fokke fue célebre por la alta velocidad que alcanzaba en las travesías entre Holanda y Java, por lo que se sospechaba que había sellado un trato con el demonio.

Como parte de la chismología de la época, se decía que Fokke juró, de cara a una tormenta, que no daría marcha atrás hasta doblar el cabo de Buena Esperanza, aunque le tomase hasta el día del Juicio Final hacerlo. También se hablaba de un horrible crimen cometido a bordo del barco (ene sta versión el capitán sacrificó a un oficial a cambio de atravesar una tormenta) e incluso de una terrible epidemia que infectó a la tripulación, a la que por ese motivo no se permitió desembarcar en ningún puerto, siendo condenados desde entonces a navegar eternamente, sin posibilidad de pisar tierra.

  • Mary Celeste: probablemente el barco fantasma más conocido a nivel popular, fuente de inspiración de todo tipo de relatos (incluyendo alguna novela del escritor, editor y bolsilibrólogo Alberto López Aroca), y que ha dado lugar a interpretaciones y especulaciones de todo tipo a lo largo de los años.

mary celesteEl Mary Celeste era un pequeño bergantín construido en 1861 en Nueva Escocia bautizado inicialmente como el “Amazon”.

Desde su origen, obtuvo fama de provocar mala suerte, pues su primer capitán no alcanzó a dirigir el barco, ya que murió ahogado, y su segundo capitán también falleció durante el viaje inaugural. Sin embargo, después de su desafortunado comienzo, el barco navegó varios años sin sobresaltos hasta que fue vendido a un estadounidense llamado Benjamin S. Briggs, quien realizó modificaciones importantes y lo rebautizó como Mary Celeste en 1869.

El 5 de noviembre de 1872 el barco zarpó desde Nueva York rumbo a Italia, cargado con barriles de alcohol industrial, con el capitán Briggs al mando, acompañado de su mujer y su hija de dos años, y una tripulación de siete hombres.

Un mes después, el 5 de diciembre, la tripulación del Dei Gratia, un barco que navegaba desde Nueva York hasta Gibraltar, avistó el bergantín cerca de las Azores. El capitán de este barco, David Reed Morehouse, era amigo de Briggs, por lo que, cuando estuvieron los dos barcos lo suficientemente cerca y leyó el nombre de la nave, reconoció de inmediato el barco.

Oliver Deveau, primer oficial del buque “Dei Gratia ​declaró posteriormente que, por órdenes del Capitán Morehouse, él y cuatro marinos más fueron a inspeccionar el buque, y que tras una rápida inspección comprobó que no había personas a bordo, que el único bote había desaparecido y que todo apuntaba a una huida precipitada del barco.

En el barco no pudo encontrarse nada que explicara el motivo de tan súbito abandono. En el interior se encontraron restos de comida, colocados ordenadamente sobre la mesa, al igual que objetos pequeños en los estantes, lo que descartaría que el buque hubiese sido afectado por un temporal. Un sable fue encontrado manchado por algo que parecía sangre, aunque después se supo que era óxido. Tampoco había evidencias de robo, ya que el dinero y equipaje de la tripulación estaban en sus lugares respectivos.

La última anotación del diario de navegación era del 25 de noviembre de 1872, y en ella no se encontró ninguna pista que pudiera explicar la desaparición de la tripulación. No se encontró la documentación del barco, un sextante y algunas provisiones.

La tripulación del Dei Gratia llevó al Mary Celeste a Gibraltar, para examinarlo mejor. El capitán Morehouse se convirtió en sospechoso, acusándole de haberse confabulado con Briggs para simular la desaparición del buque y cobrar el seguro. Sin embargo, Morehouse salió absuelto, y fue recompensado con 8.000 libras esterlinas de la época por el rescate. ​

La nave recuperada fue utilizada durante los doce años posteriores al suceso por distintos propietarios, hasta que en 1885 encalló en la costa de Haití.

El 9 de agosto de 2001, una expedición encabezada por Clive Cussler y el productor canadiense John Davis anunciaron que habían hallado los restos del navío en la isla de la Gonâve, Haití. El arqueólogo James P. Delgado identificó los restos como los del Mary Celeste.

En la actualidad aún se sigue buscando una explicación para lo ocurrido. La versión oficial fue que debido a una fuga de gases del alcohol que se transportaba, el capitán pensó que una explosión o envenenamiento general iban a tener lugar, dando la orden de desalojar el barco inmediatamente.

Los únicos hechos ciertos son que el capitán Briggs, su mujer, su hija Sofía de dos años y los siete marinos restantes, desaparecieron sin dejar rastro en la inmensidad del océano.

Recientemente el escritor y periodista Francisco García Novell (del que por cierto recomiendo leer su libro “Naufragio”, sobre el hundimiento en 1916 del Príncipe de Asturias, más conocido como el Titanic español) ha relacionado la desaparición de la tripulación del Mary Celeste con la aparición de varias personas muertas, en el interior de dos balsas, cerca de las costas asturianas seis meses después de los sucesos acaecidos al Mary Celeste, noticia que se publicó en el periódico El Imparcial en mayo de 1873. Lamentablemente la noticia no daba detalles sobre las personas que aparecieron muertas.

Yo debo decir sobre este caso que en mi opinión resulta francamente sospechoso que el primer barco que encontró al Mary Celeste fuera precisamente el del capitán Morehouse, amigo personal del capitán Briggs.

  • El Fausto: Un caso no tan conocido es el del “Fausto”, el barco fantasma español por excelencia. Tan desoladora como la obra de Goethe es la historia de este barco canario, desaparecido en 1968. El “Fausto” era un pesquero de 14 metros de eslora, con base de operaciones en La Palma. El 20 de julio tres de los tripulantes habituales del barco, los hermanos Ramón y Heriberto Concepción, su primo Miguel Acosta y un mecánico llamado Juan Gracía Pino partieron con el encargo de transportar plantones de platanera a la isla de El Hierro. Se trataba de un trabajo rutinario, sin sobresaltos posibles.

El 21 de julio debería haber regresado el “Fausto” a la Palma. El pesquero se perdió en una mar en calma, frente a una de las islas más altas y visibles del mundo. Las autoridades desplegaron al momento un dispositivo de búsqueda que incluía un avión del Ejército del Aire, hasta que el 25 de julio, un buque de bandera inglesa llamado la «Duquesa», avisó de que había hallado al barco canario a unos cien kilómetros al oeste de Tazacorte y de que sus tripulantes estaban bien. Ni siquiera informaron de avería alguna. La comunidad pesquera respiró aliviada. Lo más probable es que el “Fausto” se hubiera desviado de su ruta por algún problema mecánico hasta terminar a 176 kilómetros de La Palma.

Lo inquietante del caso empieza aquí. Los tripulantes del “Fausto” declinaron que el barco inglés les remolcara o les acompañara hasta La Palma. A pesar de llevar días desaparecidos, los cuatro marineros estaban bien y pidieron únicamente combustible y provisiones para volver por cuenta propia.

En pocas horas, el puerto de Tazacorte se llenó de familiares, amigos y vecinos para recibir al fin al barco perdido, cuya llegada calcularon los ingleses para las 17.00 horas de ese 25 de julio. Pero esta nunca se produjo. Hubo quien permaneció en el puerto hasta la madrugada, sin que la embarcación apareciera en el horizonte canario. Tampoco lograron dar con ella los barcos que salieron a su encuentro.

Al día siguiente se reanudó el rastreo, ya con cuatro aviones desplegados en las coordenadas en las que el barco inglés decía haberse encontrado con el “Fausto”. El mayor dispositivo aeronaval de la historia de Canarias, que fue languideciendo con el paso de las semanas y la pobreza de resultados. Era como si el pesquero se hubiera esfumado de la faz de la tierra.

El barco permaneció en el limbo del Atlántico hasta tres meses después. El 7 de agosto se declaró oficialmente desaparecido. Y cuando parecía que el agua se había tragado hasta sus huesos, el pesquero canario dio de nuevo señales de vida. Un buque italiano llamado «Anna di Maio» informó el 9 de octubre de que se había topado con un barco fantasma, abandonado en pleno océano, a la altura del Trópico de Cáncer, con una matrícula similar al “Fausto”.

En el interior del barco no había nadie con vida, únicamente un cadáver desnudo y en proceso de momificación situado en la sala de máquinas junto a un aparato de radio. Más tarde se identificó el cuerpo como el de Julio García Pino, aunque nunca podrá aclararse con certeza. Los italianos acordaron remolcar el pesquero hasta Puerto Cabello, en Venezuela, pero solo dos días después la tripulación volvió a comunicarse con las autoridades para decirles que habían perdido la embarcación, debido a que el cabo que unía los dos barcos se había soltado (cortado, según algunas versiones) y resultó imposible dar con él. O al menos eso dijeron los italianos. Tampoco en tierra pudieron aportar restos o pistas de lo que había ocurrido en el interior del “Fausto”. Solo en una segunda conversación con las autoridades los italianos mencionaron la existencia de una libreta con las hojas arrancadas que habría pertenecido a García Pino, el marinero que se había embarcado en el último momento.

En la única hoja sin arrancar, la última, el mecánico canario daba instrucciones sobre cómo debía administrar su mujer las propiedades cuando él faltara, así como dos frases terriblemente inconclusas: “Nunca le digas a Julín (uno de sus hijos) lo que ha pasado”. A lo que añadía, también dirigiéndose a su esposa Luz: “Tu sabes que Dios quiso para mí este destino”.

Luis Javier Velasco, autor de “El Fausto. Historia y misterio de una tragedia” defiende que el trágico desenlace pudo tener su origen, simplemente, en una serie de desafortunadas casualidades. Para empezar es posible que la niebla del amanecer hubiera confundido a los tripulantes del pesquero en su regreso de El Hierro, haciendo que pasaran de largo La Palma. Sin olvidar que los remolinos atlánticos siempre pueden dificultar incluso la navegación más plácida.

No faltan sin embargo teorías más estrafalarias, llegando a involucrar a los marineros en un caso de contrabando de drogas; o protagonizando el trasladado imposible de un viejo oficial nazi refugiado en El Hierro hasta Venezuela. En términos de la leyenda urbana, se especuló también con que el barco se vio afectado por un incidente entre submarinos de EE.UU. y de la URRS en el contexto de la Guerra Fría.

La realidad es que no hay una explicación fiable sobre la desaparición de los marineros del barco.

  • Ourang Medan: este es probablemente uno de los casos más escalofriantes que existen en relación con barcos fantasmales, especialmente si nos ponemos en la piel de los primeros marineros que acudieron a la señal de rescate emitida por el barco.
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¿Una de las víctimas del Ourang Medan?

En 1948 dos barcos americanos que navegaban por el estrecho de Malaca (entre Malasia y Sumatra) recibieron una señal en Morse procedente de un barco no identificado. El texto del mensaje decía lo siguiente: “Toda la tripulación icluido el capitán están muertos, tumbados en la cubierta y el puente. Me muero”.

Tras detectar el origen de la señal, el primer barco que acudió en su ayuda fue el Silver Star, que intentó contactar sin éxito con el Ourang Medan, que navegaba a la deriva, sin responder a ningún tipo de señal.

Al abordar el barco, el capitán del Silver Star, acompañado de 11 hombres, se encontró con un panorama aterrador. Los cadáveres de la tripulación se encontraban esparcidos por la cubierta, con los cuerpos rígidos, los ojos abiertos mirando hacia el sol, y con un rictus terrorífico en sus rostros. No se encontró ningún superviviente ni motivo aparente para tan extrañas muertes.

Tras decidir remolcar la embarcación hasta el puerto más c ercano, una fuerte explosión partió el barco por la mitad, lo que obligó a cortar el cabo que unía ambas embarcaciones. El Ourang Medan se hundió sin remisión, con todos los cuerpos a bordo, lo que impidió un mejor estudio de lo que había ocurrido a bordo.

Aunque nunca ha podido confirmarse lo que ocurrió, la versión más extendida es que el barco, que no figuraba registrado en ningún sitio, transportaba mercancías peligrosas, probablemente procedentes de experimentos secretos de los americanos con armas químicas o incluso radioactivas, que acabaron provocando la espantosa muerte de la tripulación tras alguna fuga del material almacenado en la bodega.

La realidad es que ninguno de estos hechos está suficientemente documentado, bien porque se trate tan sólo de otra leyenda urbana más –lo más probable-, o bien porque realmente el barco transportara materiales que el gobierno americano decidiera ocultar.

  • BaychimoBaychimo: probablemente el único caso real de todos los que aparecen en esta reseña, y por ello, el menos terrorífico. El Baychimo era un carguero que fue abandonado y dejado a la deriva en el mar cerca de Alaska durante casi 40 años. El barco era propiedad de la Hudson Bay Company, y fue botado a principios de los años 20 para el comercio de pieles con los Inuits del norte de Canadá. En 1931, el Baychimo se quedó atrapado en el hielo cerca de Alaska y después de muchos intentos para liberarlo del hielo, su tripulación fue trasladada por aire hacia tierra firme, a la población de Barrow (para los aficionados al cómic, donde se desarrolla la terrorífica 30 días de noche). Después de una gran ventisca, el barco consiguió liberarse por su cuenta del hielo, pero se encontraba tan dañado que fue abandonado por la Hudson Bay Company, tras asumir que no sobreviviría al invierno. De forma increible, el Baychimo logró mantenerse a flote por los siguientes 38 años, y siguió a la deriva por las aguas de Alaska, convirtiéndose en una leyenda local, y fue frecuentemente avistado sin rumbo cerca de los icebergs por esquimales y otras embarcaciones. Se abordó varias veces, pero las condiciones climatológicas impidieron salvarlo. La última vez que se vio el Baychimo fue en 1969, otra vez congelado en el hielo de Alaska, pero desde entonces no ha vuelto a ser visto. Se cree que el barco se hundió, pero recientemente varias expediciones se han puesto en marcha para encontrar al barco fantasma de casi 80 años, aunque sin resultados.

Por supuesto hay muchos más casos, con mayor o menor fundamento, pero tan sólo he querido dar unas pinceladas para mostrar el caldo de cultivo que estos sucesos/leyendas pueden suponer para un escritor. Aún a sabiendas de que todas estas leyendas no dejan de ser o directamente mentira, o simples hechos con una explicación racional, es difícil imaginar un mejor escenario para una historia de terror que un barco desaparecido hace años y que aparece de repente a la deriva sin tripulación a bordo. Tema manido y repetido hasta la saciedad, y del que sin embargo no nos cansamos-al menos yo-.

the_mystery_of_the_mary_celeste_phantom_ship-173822595-largeEl cine por supuesto se ha hecho también eco de estos sucesos, y aunque no pienso enumerar las películas inspiradas en los barcos fantasmas, me gustaría recordar simplemente tres películas: “El misterio del Mary Celeste” (película de 1935 con Bela Lugosi en el reparto), “El triángulo de las Bermudas” (película de 1978 que no he vuelto a ver, pero que me quitó todas las gans de coger un barco cuando la vi de pequeño) y la reciente “Triangle” (2009), genial película que sorprendentemente no ha sido estrenada en castellano, y que para mí es un clásico moderno del cine de terror.

Y por fin, llegamos a los bolsilibros. Los autores de novela popular de terror debían recurrir a todo tipo de temas para no repetirse en exceso: herencias, vampiros, hombres lobo, psicópatas, maldiciones, demonios, muertos vivientes, y, como cabía esperar,  barcos fantasmas.

  • Silver Kane abordó –nunca mejor dicho- el tema en “El buque del horror”, nº  4 de la colección Selección Terror, novela sobre un barco japonés llamado Kosi-Maru que reserva desagradables sorpresas a la protagonista del relato, la periodista Mara Seymour.
  • El inagotable Ralph Barby es el que más veces lleva a lector a alta mar, con …Y surgieron de la niebla”, nº 12 de la colección, en un relato que aúna los aspectos más clásicos del buen barco fantasma. En este caso los supervivientes del naufragio de un crucero encuentran milagrosamente un barco que surge de la niebla, sin sospechar que lo que pensaban podía ser su salvación pronto se convertirá en la peor de sus pesadillas. Nuevamente hace una curiosa aproximación al género en “Broma de carnaval” (Nº 176), novela con reseña propia en este blog, que no es propiamente de barcos fantasmas, pero es tal la importancia que adquiere un barco en la historia, que he decidido incluirla. Del mismo autor encontramos también en el nº 311 “El archipiélago del horror”, aunque debo reconocer que no lo he leído, así que igual no tiene nada que ver con el tema.
  • El gran Curtis Garland, como no podía ser menos, nos ofrece sobre el tema “Miedo en los sargazos” (nº 115), y  “Viaje al horror” (nº 187). Prefiero dedicarles en su momento una reseña exclusiva a estas novelas, que como es habitual están plagadas de todo tipo de referencias y homenajes.
  • Joseph Berna aborda el tema desde su particular e inigualable estilo en “La bahía del Horror, nº 454 de la colección, que lamentablemente no he podido leer por no disponer del correspondiente ejemplar.
  • El prolífico Clark carrados tampoco podía faltar a la cita, y en el nº 507 presenta “Pánico a bordo”, con el correspondiente protagonismo de un siniestro barco.
  • Kellton McIntire publicó “Los navegantes de la bruma” en el nº 245 de la colección Easa Terror. El título invita desde luego a pensar en que puede estar relacionado con el tema, pero lamentablemente no puedo confirmarlo, pues tampoco dispongo de un ejemplar de la misma.
  • En la misma colección que la anterior, en su nº 7, se publicó también “Los Naúfragos”, de Mortimer Cody, aunque de nuevo no puedo confirmar la temática, pues de Easa terror es complicado encontrar ejemplares.

Como suele ocurrir, es más que probable que existan más títulos sobre el tema, así que si van apareciendo los iré incorporando a la reseña. Me extraña mucho que autores habituales de las colecciones de terror como Lou Carrigan, Adam Surray o Ada Coretti no tengan un barco fantasma en su historial.

Así que amigos, si este verano tenéis contratado un crucero, comprobad el nombre del barco antes de subir, no vaya a tratarse de un navío desaparecido en la bruma años atrás. Aseguraos también que la tripulación que os recibe no mire vuestros cerebros con gula.

INVESTIGANDO A ALAR BENET Y JOHN A. LAKEWOOD

Juan alarcon

Única fotografía que he localizado del autor

No es que se vaya a tratar en esta reseña una versión de Jekyll y Hyde español, aunque a veces el tema de los seudónimos nos recuerde al temible personaje de Stevenson. En realidad Alar Benet y John A. Lakewood son los dos seudónimos más populares con los que escribió Juan Alarcón Benito (Madrid, 13-05-1923 -¿?), periodista, guionista, crítico literario, y por encima de todo, escritor, que no sólo fue un prolífico autor de literatura popular, sino que además desarrolló una amplia carrera como ensayista especializado en historia y temas religiosos. Famosas son sus biografías sobre Francisco Franco, o su libro “Hombres de España, 70 años de vida y política española”, escritas con su nombre auténtico, y que en ningún caso pueden ser considerados como un ejemplo de objetividad histórica. Eran otros tiempos.

También empleó durante su carrera como escritor de novela popular otros seudónimos menos conocidos, como M. de Medrano, Andrea Melotti, Magda de Medrano, Fatt Rowner, July Bungler, o John Strong.

Como ya he comentado en anteriores artículos, este blog pretende olvidarse de la ideología de los autores, con independencia del bando por el que optaran a raíz de la guerra civil española. Al final, por los años de los que estamos hablando, todo el mundo tuvo que escoger con quien luchar, y aunque lógicamente pueda sentir más simpatía o admiración por las vidas de determinados autores –en mi caso siempre tiendo a ponerme del lado del perdedor-, la realidad es que considero justo opinar exclusivamente sobre la obra, y no sobre su vida o forma de pensar.

De Juan Alarcón Benito, como es habitual, no se sabía mucho, pero puede ser que, tras una ardua labor de investigación, en este artículo aporte información desconocida hasta el momento. Incluso he localizado una fotografía del autor, aunque de muy mala calidad.

Cuando comenzó la guerra civil apenas contaba 13 años, por lo que no pudo tener una participación muy activa en la misma. Lógicamente, cuando ésta finalizó, un chico de 16 años no podía tener más versión sobre los acontecimientos que la oficial del ganador, por lo que, como tantos y tantos españoles del momento, vería a Franco como el salvador de la patria, y a los republicanos poco menos que como demonios que habían conducido al país al desastre.

De su juventud nada puedo contar, así que la reconstrucción de su vida empieza cuando apenas contaba 23 años, a partir de una carta que envía el 13 de julio de 1946 a Guillermo Fernández Shaw (un afamado poeta y libretista de teatro y zarzuela de la época, del que debía ser amigo) desde una clínica donde se encontraba ingresado por una grave enfermedad:

Respetado y querido D. Guillermo:

Heme aquí, encerrado, ignoro por cuantos años, en el sanatorio Yturralde que dirige D. José Codina (hijo). Después de mi última conversación telefónica con usted, en la que comuniqué mi notable mejoría y mis deseos de empezar a trabajar, tuve una nueva recaída que se tradujo en el descubrimiento de lesiones en el otro pulmón, el izquierdo. Y en esta situación no había más que dos caminos viables: sanatorio o cementerio. Por fortuna ha salido lo primero.

Yturralde, como creo sabrá, se encuentra situada en el término  de Carabanchel bajo, en pleno campo. Habitaciones de dos camas, plenas de comodidades, y una amplia galería para reposar. En suma creo que ganaré más aquí que en Madrid, sobre todo en estos terribles meses de calor. ¿Cuánto tiempo estaré aquí?. Lo ignoro, pero a juzgar por lo que veo en los que ingresan mejor que yo, el tiempo habré de contarlo por años, y no por meses. Es triste verse aquí encerrado a los 23 años y con una enfermedad incurable….

El sanatorio Yturralde era una clínica privada fundada en 1935 para el tratamiento de la tuberculosis, enfermedad que en los años de posguerra representaba una importante causa de mortandad. Poco a poco el hospital fue deteriorándose, hasta quedar totalmente abandonado, hasta que a mediados de los años 80´ acabó siendo demolido para ser sustituido por un colegio que sigue estando en el mismo emplazamiento, y que mantiene en los antiguos jardines del hospital un maravilloso jardín botánico.

En una segunda carta de noviembre del mismo año, se desprenden varios hechos de gran interés para el tema que nos atañe. El autor ha mejorado ostensiblemente de su dolencia pulmonar, aunque está pendiente de una operación sumamente delicada. Por otro lado, Juan Alarcón explica que tiene miedo de fallecer como su padre, en lo mejor de la vida, y muestra el afecto y agradecimiento que siente por su hermano Tomás, y por su madre, a la que le ha ocultado la gravedad de su enfermedad. Y lo más importante: le dice a Guillermo Fernández Shaw que para matar las horas de tedio se pasa todo el día escribiendo, y que ha terminado un libro de poemas titulado “Volver”, y una comedia llamada “Del llano a la cumbre”. Incluso ruega a Don Guillermo que realice el prólogo de su librito de poesía.

Años más tarde Guillermo Fernández Shaw realizaría el prólogo de la obra del autor “Mi enamorada, la muerte”.

Podríamos decir que si normalmente cualquier escritor nace en la maternidad, en este caso el alumbramiento se produjo en un hospital para tuberculosos.

Desconozco la fecha en la que Juan Alarcón fue dado de alta del hospital, pero está claro que al poco tiempo inició su imparable y fructífera carrera como escritor de literatura popular. Los primeros libros que he encontrado suyos datan de 1949, casi todos ellos del Oeste.

Alar Benet inspector waringA partir de 1950 comienza su participación con las editoriales Rollán, Dólar y Alhambra, convirtiéndose en un habitual en las colecciones de FBI y CIA, y poco después se incorporaría también a la nómina de Bruguera, en sus colecciones del Oeste, bélicas, aventuras (en Congo) y especialmente en las policiacas Servicio Secreto y Punto Rojo, para retomar con posterioridad su colaboración con Rollán, en las que continuó escribiendo con su nuevo seudónimo de John A. Lakewood. Un auténtico todoterreno al nivel de Juan gallardo Muñoz o de Luis García Lecha en cuanto a promiscuidad literaria.

Por esta época ya debía estar casado, pues en una de sus novelas de la colección CIA hace una dedicatoria a su esposa, con la que tuvo dos hijos. También  sabemos de él que obtuvo una diplomatura en historia social y política.

No le conozco ninguna incursión en la ciencia ficción ni en el terror, a excepción de la novela “Voces de ultratumba”, nº 36 de la colección Easa Terror, cosa lógica si tenemos en cuenta que si ya de por sí consideraba este tipo de novelas como infra literatura (como veremos un poco más adelante), es de suponer que la ciencia ficción y el terror estuvieran en lo más bajo de su escala de valores literarios, aunque curiosamente Voces de ultratumba la firmó con su propio nombre.

Aquí dejo un listado de las novelas populares del autor de las que tengo constancia, sin tener en consideración las del Oeste y bélicas, géneros en los que también tuvo una ingente producción.

NOMBRE

AUTOR

COLECCION

22 Sangre entre brumas Alar Benet Archivo Secreto
25 Misión suicida Alar Benet Archivo Secreto
30 Vivir es lo que importa Alar Benet Archivo Secreto
39 Doble vida Alar Benet Archivo Secreto
44 Trampa para un traidor Alar Benet Archivo Secreto
49 Legión suicida Alar Benet Archivo Secreto
63 El úlltimo de la promoción Alar Benet Archivo Secreto
79 Doble juego en Africa Alar Benet Archivo Secreto
93 Guerra implacable Alar Benet Archivo Secreto
98 El ejército de las drogas Alar Benet Archivo Secreto
101 La muerte y yo Alar Benet Archivo Secreto
105 Réquiem Alar Benet Archivo Secreto
115 Un culpable en las sombras Alar Benet Archivo Secreto
121 El legionario Alar Benet Archivo Secreto
3 Trágico safari Alar Benet Congo
11 Continente negro Alar Benet Congo
15 Tráfico de esclavos Alar Benet Congo
18 La diosa blanca Alar Benet Congo
25 La montaña sagrada Alar Benet Congo
40 Sangre entre brumas Alar Benet Detective
43 Misión suicida Alar Benet Detective
36 Voces de ultratumba Juan Alarcón Benito Easa Terror
146 Tres días en blanco Alar Benet Punto Rojo
166 Un hombre sin pasado Alar Benet Punto Rojo
172 Puños de hierro Alar Benet Punto Rojo
195 Locura homicida Alar Benet Punto Rojo
751 Cita con el horror Alar Benet Punto Rojo
147 Lucha en la sombra Alar Benet Servicio Secreto
150 Burlando a la muerte Alar Benet Servicio Secreto
169 Un cadáver tras sus huellas Alar Benet Servicio Secreto
171 La ciudad maldita Alar Benet Servicio Secreto
174 Trágica herencia Alar Benet Servicio Secreto
177 Asesinato en el Waldorf Alar Benet Servicio Secreto
181 El criminal nunca escapa Alar Benet Servicio Secreto
187 El inspector fantasma Alar Benet Servicio Secreto
194 Con la muerte a la espalda Alar Benet Servicio Secreto
196 Vacaciones de sangre Alar Benet Servicio Secreto
211 Misión secreta Alar Benet Servicio Secreto
214 Tres sombras en el suelo Alar Benet Servicio Secreto
227 Acepto el desafío Alar Benet Servicio Secreto
239 La “bomba” de diamantes Alar Benet Servicio Secreto
252 Gángsters en Nueva York Alar Benet Servicio Secreto
261 Cuatro zonas en Berlín Alar Benet Servicio Secreto
268 Pánico en la ciudad Alar Benet Servicio Secreto
280 Asesinato sin asesino Alar Benet Servicio Secreto
293 Noche de angustia Alar Benet Servicio Secreto
297 Deuda siniestra Alar Benet Servicio Secreto
315 A tus órdenes, inspector Alar Benet Servicio Secreto
321 La muerte llega con retraso Alar Benet Servicio Secreto
716 Morir no me importa Alar Benet Servicio Secreto
728 El hombre impasible Alar Benet Servicio Secreto
745 Infierno en el barrio chino Alar Benet Servicio Secreto
760 Agente X-27 Alar Benet Servicio Secreto
769 La isla maldita Alar Benet Servicio Secreto
773 ¡Yo no maté a Forrest! Alar Benet Servicio Secreto
776 La ley del soborno Alar Benet Servicio Secreto
786 Muerte al traidor Alar Benet Servicio Secreto
794 Falta un cadáver Alar Benet Servicio Secreto
798 Al filo de la muerte Alar Benet Servicio Secreto
801 Derby sangriento Alar Benet Servicio Secreto
819 La muerte en celuloide Alar Benet Servicio Secreto
829 Una mujer diabólica Alar Benet Servicio Secreto
838 La sombra de míster Smith Alar Benet Servicio Secreto
851 Affaire internacional Alar Benet Servicio Secreto
870 La dama del expreso Alar Benet Servicio Secreto
880 Espionaje en Corea Alar Benet Servicio Secreto
921 Las mujeres también mueren Alar Benet Servicio Secreto
929 Los ángeles negros Alar Benet Servicio Secreto
933 Un clima extraño Alar Benet Servicio Secreto
974 Lucha sin piedad Alar Benet Servicio Secreto
14 La rebelión de los muertos Alar Benet FBI
21 El delator Alar Benet FBI
29 El coloso de hierro Alar Benet FBI
34 Muerte en el caribe Alar Benet FBI
42 La promoción de la muerte Alar Benet FBI
45 Fidelidad Alar Benet FBI
51 Tras el telón de acero Alar Benet FBI
55 El genio del mal Alar Benet FBI
64 A la deriva Alar Benet FBI
79 Sentenciado Alar Benet FBI
86 Rastros perdidos Alar Benet FBI
711 La muerte se anticipa Alar Benet FBI
774 Chantaje a la ley Alar Benet FBI
790 ¡Soy extraordinario! John A. Lakewood FBI
795 ¿Por qué? John A. Lakewood FBI
801 Una fiera anda suelta John A. Lakewood FBI
806 Sobre la ardiente arena John A. Lakewood FBI
824 Yo, el gorila John A. Lakewood FBI
845 Un pichón en la jungla John A. Lakewood FBI
868 Un pavo frío John A. Lakewood FBI
884 Soy un cadáver John A. Lakewood FBI
894 ¡Yo llevo la batuta! John A. Lakewood FBI
906 Viento del Oeste John A. Lakewood FBI
911 Epidemia de decencia John A. Lakewood FBI
920 El déspota John A. Lakewood FBI
928 Camino fácil John A. Lakewood FBI
983 Misión cangrejo John A. Lakewood FBI
995 Carne de perro John A. Lakewood FBI
1006 Peter K.O John A. Lakewood FBI
1032 Espionaje en Saigón John A. Lakewood FBI
1042 Fugitivos del terror John A. Lakewood FBI
1076 Uranio latitud cero John A. Lakewood FBI
1088 Desterrado John A. Lakewood FBI
1098 Masacre es Tokyo John A. Lakewood FBI
1102 La araña muere en su trampa John A. Lakewood FBI
1098 Masacre es Tokyo John A. Lakewood FBI
1107 Yo, “Cara de palo” John A. Lakewood FBI
1151 Melodías de muerte John A. Lakewood FBI
1157 Dos veces traidor John A. Lakewood FBI
19 Contrabando humano John A. Lakewood Agente Federal
28 El hombre que volvió por su cabeza John A. Lakewood Agente Federal
35 Sopa a 40 centavos John A. Lakewood Agente Federal
44 Peores que fieras John A. Lakewood Agente Federal
73 Como una pesadilla John A. Lakewood Agente Federal
81 Cortina de humo John A. Lakewood Agente Federal
85 Espionaje industrial John A. Lakewood Agente Federal
91 Humor negro John A. Lakewood Agente Federal
99 Un cebo vivo John A. Lakewood Agente Federal
125 Sabotaje en blanco John A. Lakewood Agente Federal
156 Promoción de hierro John A. Lakewood Agente Federal
175 El oro del diablo John A. Lakewood Agente Federal
250 Todos mueren John A. Lakewood Agente Federal
258 Como perros de presa John A. Lakewood Agente Federal
284 No hay tregua John A. Lakewood Agente Federal
21 Un asesino anda suelto John A. Lakewood Murder Club
0 El secreto del inspector Waring Alar Benet CIA
4 Intriga en Tokio Alar Benet CIA
8 ¡Traición! Alar Benet CIA
13 ¡Petróleo! Alar Benet CIA
16 Ceylan Alar Benet CIA
18 Espanto en Hollywood Alar Benet CIA
28 Mensaje cifrado Alar Benet CIA
30 La ruta del infierno Alar Benet CIA
33 Viaje sin fin Alar Benet CIA
38 Entre la ley y el crimen Alar Benet CIA
48 La sombra del gerenal Mac Arthur Alar Benet CIA
55 Siguiendo la pista Alar Benet CIA
62 El reloj de la muerte Alar Benet CIA
70 ¡Ajusticiado! Alar Benet CIA
76 Vidas en peligro Alar Benet CIA
84 El diablo rubio Alar Benet CIA
92 A la caza del hombre Alar Benet CIA
99 Niebla en la sangre Alar Benet CIA

He de señalar que en la colección FBI de Rollán es probable que tenga más títulos firmados como John A. Lakewood, pues aún no he conseguido completar un listado de la misma.

Como datos de interés comentaré que el autor empleó en varias de sus novelas un personaje recurrente, el Inspector Waring, aunque de momento no puedo dar demasiados detalles al respecto. También es destacable que es uno de esos autores amigo de poner citas al inicio de sus novelas, e incluso ocasionalmente escribía prólogos, generalmente de carácter moralizador, pues una de las principales características del escritor es que era un defensor a ultranza de los valores católicos y patrióticos.

Alar benet franco

Nº especial de la colección Celebridades, dedicado-cómo no- a Franco

En 1952 hay otra interesantísima carta a Guillermo Fernández Shaw, con el que seguía manteniendo una estrecha relación de amistad, donde aparte de felicitarle por el éxito de su última obra teatral, “La canastilla de fresas”,  le recuerda que le va a mandar dos novelas de “esas”, firmadas por Alar Benet, por las que anteriormente había mostrado interés. Le dice que le manda las dos últimas aparecidas, una de las cuales, “Capone” (nº 1 de la colección Celebridades de la editorial Dólar) se había agotado en toda España, lo que demostraba el avance cultural de “las masas” en nuestro país, y acto seguido se apresura a hablarle de sus proyectos dentro de la literatura seria, la que escribe sin seudónimo.

Del contenido de la carta se desprende claramente que el autor menospreciaba al menos públicamente la escritura de este tipo de libros, pero en el fondo se muestra orgulloso por el gran éxito de ventas de sus obras.

Quiero aprovechar desde aquí para agradecer la labor de la Fundación Juan March, que gestiona entre otros muchos recursos documentales, el archivo Guillermo Fernández Shaw, fuente de la que he obtenido las tres cartas que menciono en el artículo.

Guillermo Fernández Shaw, gran apoyo de Juan Alarcón durante toda su vida, falleció en su domicilio de la calle Claudio Coello de Madrid el 17 de agosto de 1965, cuando era director de la sociedad general de autores, lo que debió suponer un duro golpe para nuestro escritor, que hasta finales de los años 60 siguió publicando novelas populares bajo seudónimo, para pasar a escribir libros de carácter más serio conforme a su propio criterio con su nombre real hasta bien avanzados los años 90.

Juan Alarcón alternaba la escritura con cargos de director de grupos editoriales como Fomento Editorial, Ediciones Alonso, Escelicer, o Artes Gráficas Alcalá.

Según consta en un artículo periodístico de ABC del año 1971, en el que se anuncia la presentación del libro “Estafa a la humanidad”, se destaca que en 1969 Juan Alarcón había quedado finalista del Premio Planeta con su novela “Los déspotas”. Según la página oficial de la editorial Planeta, dicho libro jamás ha sido finalista del premio, por lo que es de suponer que la novela fuera seleccionada entre las diez primeras, en el primer filtro que realiza de forma habitual Planeta antes de decidir el ganador y finalista de cada año. Por lo que he podido comprobar, “Los déspotas” no se publicó hasta 1977.

Al comienzo de la década de los setenta el Vicepresidente  del Gobierno Español, el almirante Carrero Blanco, encargó un proyecto a los directores de TVE: realizar un programa  de ficción para emitirse en el horario de máxima audiencia, que tratase  de divulgar los textos de las Leyes Fundamentales del Reino (Fuero de los Españoles, Fuero del trabajo, Principios del Movimiento Nacional…).

Este programa estuvo listo en el otoño de 1971 y se denominó CRÓNICAS DE UN PUEBLO. Durante tres años mantuvo una enorme aceptación de audiencia, hasta que su estilo se desvirtuó con la entrada de guionistas más progresistas. El programa se rodaba en blanco y negro cerca de Madrid en un pueblecito llamado Santorcaz, y se emitía los domingos por la noche en horario de máxima audiencia.

Los realizadores que pusieron al frente del proyecto fueron profesionales de gran prestigio: Miguel Picazo, al  principio de la serie, para ser sustituido con posterioridad por otros directores, como Antonio Giménez Rico o Antonio, que por entonces comenzaban su carrera. A este último director este programa le sirvió de lanzamiento para, posteriormente, cosechar éxitos antológicos para TVE, como La Cabina o Verano azul que le consagraron en el mundo de la televisión.

 Los guiones de Crónicas de un pueblo fueron encomendados a dos escritores “fiables” para  asegurar la estrategia y los objetivos marcados por el Almirante Carrero Blanco: Juan Farias y nuestro buen amigo Juan Alarcón Benito, que  se encargaba de meter con calzador las píldoras políticas, principalmente en boca del personaje del maestro de escuela.

La serie, que duró tres años, funcionó muy bien gracias a sus personajes, que conectaban perfectamente con la audiencia del momento, especialmente en las poblaciones rurales.

Antonio Mercero, tacha hoy en día a la serie de TV de anacrónica, y asegura que le obligaron a realizarla.

Alternando su labor como guionista, el autor continuó escribiendo, llegando incluso a ganar el 2º premio café de Gijón en 1971 con su obra “Mi querido Infarto”, que tuvo que ser publicada por entregas ¡por problemas con la censura!, lo que resulta insólito, si tenemos en cuenta la marcada ideología del autor.

En agradecimiento a su labor, Juan Alarcón Benito fue nombrado en 1975 subjefe del movimiento nacional en Ávila, y así consta en el nombramiento de 31 de Enero publicado en el BOE el 4 de Febrero de ese mismo año.

Tras finalizar su etapa como guionista, publica en 1975 “Estafa a la humanidad” (una novela ambientada en la guerra civil), en 1977 “Resumen político de la paz de Franco”, en 1983 “Franco y su tiempo”, y en 1985 “Hombres de España, 70 años de vida y política española”. En todas ellas lógicamente presenta una visión subjetiva de la figura de los principales líderes del franquismo, aunque empieza a apreciarse un cambio en su visión de la historia reciente.

Imagino que viendo que los tiempos habían cambiado y que ese tipo de libros no tenían tanto público como hubiera deseado, optó por dedicarse a escribir sobre temas religiosos y esotéricos, como “La Sábana santa: el gran misterio del cristianismo” (1994), o “Jesús de Nazareth, el gran desconocido” (1988); y a otras labores relacionadas con el mundo editorial, pues aparece como prologuista en varios libros, entre ellos “La divina comedia”, en una edición de 1994.

En 1989 era un colaborador habitual de la revista Más Allá (dirigida por el Dr. Jiménez del Oso), dedicada a temas esotéricos, y donde escribía artículos desde un punto de vista cristiano sobre este tipo de temas.

En 1996, retoma su pasión por la reciente historia de España,  publicando “Historia anecdótica de España: de la boda de Alfonso XII a la proclamación de la II República”.

El libro, editado por Temas de Hoy, con un tono más sereno que en libros anteriores,  sigue el hilo conductor de los más relevantes hechos políticos de esta etapa que se inicia con el matrimonio de Alfonso XII y culmina con la proclamación de la Segunda República, y tendría un segundo libro de 1997 a modo de continuación cronológica titulado “España en carne viva”, que recoge desde 1931 (proclamación de la II República) hasta 1997, en el que el autor, con un buen nivel literario, todo sea dicho,  no puede evitar su sesgada visión de la historia, pero en la que no sólo ya no defiende a ultranza la dictadura de Franco, sino que llega a decir que “las dictaduras jamás tienen porvenir, sean del signo que fueren”, y anima a los últimos reductos del franquismo a que se incorporen a la democracia y olviden los viejos tiempos.

Desde aquí quiero mostrar mi respeto a un escritor que tal vez no sea recordado como uno de los mejores historiadores que ha alumbrado España –creedme si os digo, sin decir nombres,  que en la actualidad los hay peores -, pero que desde luego al menos debería ser recordado precisamente por la faceta de la que en su día parecía avergonzarse: la novela popular de entretenimiento, en la que fue un muy buen artesano.

Por mi parte, esté donde esté, muchas gracias, Sr. Alarcón.

PRINCIPIO Y FIN DE LA S.I.P

John Wood Campbell Jr, editor y fundador de la revista Astounding Science Fiction en plena  “edad de oro” de la ciencia ficción, defendía la imposibilidad de mezclar la ciencia ficción con el género policiaco. Según él, el detective podría recurrir en cualquier momento a una máquina que resolviese el crimen, de modo que la intriga literaria no tendría sentido.

Isaac Asimov no estaba de acuerdo, y para demostrar que Campbell se equivocaba experimentó en este terreno, cuyo camino ya había inaugurado Alfred Bester en 1953 con la publicación de “El hombre demolido”.

Asimov, uno de los más grandes escritores de ciencia ficción de la historia, está considerado por tanto como uno de los primeros autores en mezclar la ciencia ficción con la novela policiaca, y de hecho ha recurrido de forma habitual a este “transgénero” con obras como “Las bóvedas de acero” (1954), “El sol desnudo” (1957), “Estoy en Puertomarte sin Hilda”, o en gran parte de sus relatos de robots, donde el detective debía encontrar al responsable de un crimen que en muchos casos parecía responsabilidad de un robot.

La línea marcada por Asimov sería después asumida por otros autores como Philip K Dick, con “Sueñan los androides con ovejas eléctricas”, escrita en 1968, obra a la que le seguirían una larga lista de libros de tinte similar.

Pues bien, a finales de 1959 la editorial Toray publica el primer número de una colección que, por su original temática, se ha convertido con el tiempo en uno de los grandes clásicos  de la literatura pulp en español. No es que fuera la primera muestra de esta fusión de géneros, pues hay múltiples ejemplos en la colección espacio futuro de Toray, pero sí que es el primer caso en el que se dedicaba una colección en exclusiva al tema.

Estamos hablando de S.I.P (Spacial International Police), una curiosa colección mezcla de los géneros de ciencia Ficción y policiaco, cuya principal característica es que cada número estaba protagonizado por un agente distinto, debido a un peculiar motivo que explicaremos más adelante, y cuyo espíritu se define perfectamente en la contraportada del primer título de la colección:

El hombre ha dominado el espacio, pero la ambición, la maldad y el crimen han seguido a los abnegados pioneros que han posado sus plantas en los nuevos planetas. Por eso la Tierra, para defender la Ley y la justicia, ha creado una nueva fuerza: la Spacial International Police

sip 5La colección constó de un total de 81 números, cifra considerable teniendo en cuenta la poco habitual temática de la serie, y se publicó entre los años 1959 y 1962, al precio de 6 pesetas al principio, y 7 pesetas al final.

Con el clásico formato de 15,5 × 10,5 centímetros y 128 páginas, estas novelas destacan poderosamente por sus llamativas portadas firmadas de forma habitual por Ayné y un tal Jorge.

Respecto a los autores responsables de la colección,  no tengo que dedicarle mucho espacio, pues fueron únicamente dos: Juan Gallardo Muñoz  y Enrique Sánchez Pascual, dos de los pilares de la editorial. El primero de ellos empleó su conocido seudónimo de Johnny Garland para escribir un total de 20 novelas, mientras que Sánchez Pascual, como era habitual en él, recurrió a tres seudónimos distintos: W. Sampas (31 títulos), Alan Star (27) y Alan Comet (3), con lo que los lectores de la época tenían la sensación de que la colección la escribían entre cuatro autores.

La relación completa de los títulos de la colección es la siguiente:

TÍTULO

AUTOR

1 El secreto del circo espacial W. Sampas
2 Asesinato en Luna-término Alan Comet
3 Chantaje, S. A. Alan Star
4 Canales de sangre W. Sampas
5 Hombres sin alma Alan Star
6 Banda de telépatas W. Sampas
7 Arma secreta Alan Star
8 Traficantes cósmicos W. Sampas
9 Traidor al servicio Alan Star
10 ¡Perjuro! W. Sampas
11 El gang del terror Alan Star
12 Asesinato, servicio garantizado W. Sampas
13 El valle de los muertos Alan Star
14 Seguro de muerte W. Sampas
15 Lista negra Alan Star
16 Asesino telépata Alan Star
17 Simbiota criminal Alan Star
18 El imperio de la muerte W. Sampas
19 El continente maldito Alan Star
20 Raptores espaciales W. Sampas
21 La banda del cerebro W. Sampas
22 Sindicato de bandidos W. Sampas
23 Agente espacial Alan Star
24 Asalto al heliexpreso W. Sampas
25 Primera misión W. Sampas
26 ¡Miedo en la S. I. P.! Alan Comet
27 Fábrica de asesinos W. Sampas
28 Virus fatal Alan Star
29 Prueba de sangre W. Sampas
30 Ídolos de barro Alan Star
31 Hermandad negra Johnny Garland
32 Tongo, ciudad prohibida W. Sampas
33 Emisión de muerte W. Sampas
34 La peste dorada Johnny Garland
35 Con el agua al cuello Alan Star
36 Contrato fatal Alan Comet
37 ¡Muerte a distancia! Alan Star
38 El horror verde Johnny Garland
39 Muerte fosforescente Johnny Garland
40 Garras invisibles W. Sampas
41 Cráneo de plata Johnny Garland
42 Rejas arena de Alan Star
43 El signo de la momia Johnny Garland
44 Fuego mortal W. Sampas
45 Policía podrida Alan Star
46 El planeta negro Johnny Garland
47 ¡Llega el Ku-Klux-Klan! Alan Star
48 La plaga azul Johnny Garland
49 Agente femenino W. Sampas
50 Cadáver en el espacio Johnny Garland
51 La banda de los nictálopes W. Sampas
52 ¡Callowan culpable! Alan Star
53 ¡S. I. P. contra la ley! Johnny Garland
54 Un gangster en la S. I. P. Alan Star
55 Tela de araña W. Sampas
56 Trampa para caballeros Alan Star
57 ¡S. O. S., Tierra! Johnny Garland
58 Tráfico inhumano Alan Star
59 Space boys W. Sampas
60 El supercerebro Johnny Garland
61 Locura dirigida Alan Star
62 Póquer de damas Alan Star
63 Cadáveres incompletos W. Sampas
64 Asesinos en la torre W. Sampas
65 Poder infernal Alan Star
66 Ladrones de tumbas W. Sampas
67 Piratas submarinos W. Sampas
68 ¡Ultimátum! Alan Star
69 Ojo por ojo Alan Star
70 Huellas sobre la arena W. Sampas
71 ¡Pánico! Johnny Garland
72 Sinfonía en lüger sostenido W. Sampas
73 El legado de un gangster Alan Star
74 Tráfico siniestro Johnny Garland
75 Voluntario para morir W. Sampas
76 Asesino del tiempo Johnny Garland
77 La torre de la galaxia Johnny Garland
78 Con la muerte en órbita Johnny Garland
79 ¡Sucederá mañana! Johnny Garland
80 La fórmula del Apocalipsis Johnny Garland
81 El fin de la S. I. P. Johnny Garland

Los argumentos de la colección responden a una trama policíaca ambientada en un futuro próximo –finales del siglo XXI-, en el que la humanidad ya ha colonizado el Sistema Solar, desarrollándose gran parte de las historias en la Luna o Marte, aunque también en la Tierra.

El eje conductor de la serie es la S.I.P., (Siglas de la Policía Internacional Espacial),  un sucedáneo interplanetario del F.B.I., y, como ya comenté antes, cada libro está protagonizado por un agente distinto de la organización. El motivo de que no repitan protagonismo es que entre los muchos requisitos que se exigen al selecto grupo de personas capacaes de acceder al S.I.P, es que deben mantener el más estricto celibato, y  como en cada libro el protagonista acaba comprometiéndose con la heroína de turno, el resultado es que debe abandonar la organización. Si esto os parece extraño, me gustaría recordaros que en España, en 1964, si una mujer contraía matrimonio, perdía la condición de funcionaria, así que en este caso al menos la norma absurda es igual para todo el mundo.

El único personaje recurrente en la colección, que servía de enlace entre un número y otro, era el agente Callowan, director de la S.I.P., del que debemos esperar que no se comía un rosco, o que tenía una tendencia sexual no muy bien vista en la época en que fueros escritas las aventuras del SIP. Si nadie sospechaba en aquellos años nada raro de la eterna soltería de Batman y su extraña relación con Robin, ¿cómo iba a dudar nadie del buen agente Callowan?.

Al final del primer título de la colección, el propio Donald Callowan lo explica perfectamente:

Nadie tan hermoso como Sonia le esperaba a él, eterno soltero, enamorado solamente de aquella singladura que hacía temblar a los criminales de todo el universo: la Spacial International Police

Además de Donald Callowan, otros personajes repetían personaje, aunque con un protagonismo y frecuencia muy inferior, como Pat Sullivan, un genio científico que colabora con la organización, o Iko Namura, director de la sección oriental de la S.I.P.

Para hacer un resumen de la colección no se me ha ocurrido nada mejor que redactar una reseña del primer y último título de la misma, siendo además especialmente representativos por corresponder cada uno de ellos a los dos únicos autores que participaron en la serie.

NuevoDocumento 2017-07-07 (1)_1Título: EL SECRETO DEL CIRCO ESPACIAL

Autor: W. SAMPAS

Colección S.I.P Nº 1 Editorial Toray

Portada: Jorge

1ª edición: 1959

Mi admirado Enrique Sánchez Pascual fue el encargado de abrir la colección, sentando las bases de la que sería su estructura habitual, empleando para ello su seudónimo de W. Sampas (William /Enrique – Sam/Sánchez –Pas/Pascual).

El director de la S.I.P, Donald Callowan, hace llamar al novato Lam Curtis, un agente recién salido de la academia, para asignarle su primera misión: deberá infiltrase en el circo espacial, una compañía que ha ido viajando por distintos planetas exhibiendo su colección de extravagantes criaturas y que ha solicitado instalarse en Nueva York con carácter indefinido. El objeto de la misión no es otro que asegurarse de que los ocho extraños seres que se exhiben –uno por cada planeta del sistema solar, a excepción de la Tierra-  no representan peligro alguno para la ciudad. Las originales criaturas que sirven de base del circo son Elena, una ventosa gigante de Venus; Duende, un simio telepático de Urano; Thula, una babosa de 5 toneladas de Júpiter; Focus, un humanoide primigenio de Mercurio; Októn, un visón de Marte; Milcaras, un metamórfico caracterizador de Saturno; un tal Trak de Neptuno; y Glazón, un extraño humanoide de Plutón.

Sin más dilación, el novato Curtis, haciéndose pasar por un tal John Caster, se presenta a la entrevista de trabajo, donde es seleccionado, entre los muchos aspirantes que se presentan, por Sonia Kleber, la bella y arrogante hija del director del Circo, para que se encargue de la alimentación de las criaturas, y de la limpieza de su carromato personal. Como deja muy claro el agente Curtis, son increíbles las espantosas labores que debe realizar un agente de la SIP. ¡No sólo ponen en riesgo sus vidas, sino que tienen que rebajarse a limpiar!

Además de tener que soportar las órdenes personales de la Srta. Kleber, Curtis recibe de Tom Ferguson, el domador de las 8 criaturas del circo, las correspondientes instrucciones para su mantenimiento. Unas criaturas que requieren cada una de ellas unos particulares cuidados, especialmente en lo que respecta a su alimentación, vegetariana en unos casos, carnívora en otras, y simplemente extraña para el resto.

Al día siguiente, tiene lugar la primera representación del espectacular circo espacial, a la que acude el propio Donald Callowan en compañía de otro agente de la SIP. Allí se presentan al público los principales responsables del  espectáculo: Martin Kleber, director del circo; Fred Cunnigan, el cazador que capturó a todas las criaturas; el ya mencionado Tom Ferguson, domador de las mismas; y la propia Sonia Kleber, que se encarga de la presentación de uno de los números.

La representación muestra al público asistente las especiales habilidades de cada una de las 8 criaturas exhibidas, poniendo en pie a todos los espectadores de tan asombroso espectáculo, con la excepción de Donald Callowan, que entiende el grave peligro que puede suponer la existencia del circo espacial.

Nadie sospecha que esta representación será el principio de una serie de escalofriantes asesinatos sin aparente explicación.

No sé si será casualidad que entre los personajes de este primer título de la SIP se encuentren DONALD Callowan y Lam CURTIS, o se trata de un guiño de Enrique Sánchez Pascual al que pronto sería su compañero de fatigas en la colección, Juan Gallardo Muñoz, más conocido en aquel momento como Donald Curtis.

Por otro lado, el falso nombre con el que entra a trabajar en el circo el agente Curtis     -John Caster-, parece un claro homenaje a John Carter, el maravilloso personaje de la serie marciana de Edgard Rice Burroughs. De hecho, durante el libro, supongo que por error de imprenta, se emplea en muchas ocasiones directamente el nombre de John Carter.

También me he planteado si los personajes de Martin y Sonia Kleber no serán un arriegado homenaje del autor a Manfred Zalmánovich Stern, un conocido militante comunista que adoptó en las brigadas internacionales el sobrenombre de Emilio Kleber, llegando a ser conocido como “el salvador de Madrid” por su importante papel en la batalla de la ciudad universitaria, decisiva en la defensa de la capital durante la guerra civil española. Hay que recordar que Enrique Sánchez Pascual militó en el bando republicano durante el conflicto, motivo por el que tuvo que exiliarse posteriormente a Francia, aunque desconozco si pudo conocer personalmente a Kleber, que por otro lado se convirtió en un símbolo propagandístico para los partidarios de la República.

Como siempre que leo ciencia ficción en este tipo de libros, me gusta analizar la visión del futuro que tienen los autores, especialmente en los aspectos sociales.

No parece a finales del siglo XXI, el futuro en el que se sitúa la acción de la S.I.P., hayan cambiado mucho las cosas respecto a principios de los años 60, cuando fue escrita la colección.

El papel de la mujer sigue siendo el de un florero sometido a los designios de los hombres, y aunque el personaje de Sonia Kleber –única mujer con un papel destacable en la trama- posee en apariencia un fuerte carácter indomable, a la hora de la verdad cumple con el papel de hembra obediente cuya máxima aspiración en la vida es el matrimonio, tal y como se espera en esta clase de obras.

Respecto al tema del racismo, los negros son ciudadanos de segunda clase cuya máxima aspiración es lograr un trabajo de sirviente o aquellos cuyas tareas no requieran un especial esfuerzo intelectual. Para que os hagáis a la idea, hay un personaje en la novela llamado Minie, que es la sirvienta negra de la familia Kleber, y que como mandan los cánones llama “amita” a Sonia Kleber.

Otro personaje de color es Lewis, un asustadizo trabajador que ayuda a Lam Curtis en las labores de mantenimiento del circo, y que no destaca precisamente por su coeficiente intelectual. Cada vez que el autor alude a este personaje se refiere a él simplemente como “el negro”. Habrá quien se escandalice con estos contenidos, o incluso quien piense que habría que censurar estos pasajes en caso de una hipotética reedición de estas obras, pero no debemos olvidar que no dejan de ser el fiel reflejo de otra época. Si nos ponemos a tachar, a ver cuantas obras clásicas de la literatura universal resisten el paso del tiempo.

NuevoDocumento 2017-07-07_1Título: EL FIN DE LA S.I.P

Autor: JOHNY GARLAND

Colección S.I.P Nº 81 Editorial Toray

Portada: Ayné

1ª edición: 1962

El afamado Juan Gallardo Muñoz fue el encargado de echar el cierre a la colección de la S.I.P, escribiendo los 6 últimos números de la misma, incluyendo esta novela –la última-  cuyo  título no puede ser más apropiado: el fin de la S.I.P.

La historia empieza con un preludio donde un derrotado Donald Callowan se lamenta porque la S.I.P ha sido disuelta como consecuencia de una conspiración perpretada con precisión milimétrica por el crimen organizado, que ha vencido en la guerra que mantenía con las fuerzas del orden. No sólo se ha ordenado la disolución de la S.I.P, sino que además los pocos agentes que quedan en activo son perseguidos por la justicia internacional, viéndose obligados a ocultarse tras identidades falsas.

A partir de este momento la novela narra cómo se ha llegado a esta desastrosa situación. Todo comienza cuando la S.I.P comienza a investigar el misterioso robo de un artefacto llamado la “Supermachine” y  la desaparición de su inventor, el brillante profesor Silas Caldwell. Para tan compleja misión resulta elegido uno de los mejores agentes de la organización,  Larry Karvis, que es enviado a Australia para encontrar las claves del caso.

La SIP está especialmente preocupada por la desaparición de la mencionada máquina, pues se dice que es capaz de ejercer un completo dominio sobre la naturaleza humana, tanto sobre la mente como sobre el cuerpo, lo que podría dar un poder casi absoluto a su poseedor.

Con este preocupante panorama Karvis inicia su investigación en el Kangaroo, un lujoso night club de Melbourne regentado por un siniestro personaje llamado Snake, último lugar en el que fue visto el profesor Caldwell antes de su desaparición, acompañado de una bella joven.

Intentado localizar a la misteriosa mujer que acompañaba al profesor, Larry conoce a Agnes Kahr, una cándida joven que por tristes circunstancias de la vida se ve obligada a trabajar como chica de compañía en el Kangaroo y que se convierte de inmediato en el mejor aliado del agente Karvis, sin sospechar que los eventos que acompañan a la investigación provocarán el fin de la S.I.P.

¿O no?

Una novela con escenas dignas del pulp más delirante, como la pelea con cuchillos eléctricos, o el asesinato de un testigo crucial, que muere atravesado con ¡un dardo de oro!. Goldfinger anda suelto en el futuro.

La trama podría perfectamente haberse desarrollado en Chicago en los años 30, pues no deja de ser una historia de las fuerzas del orden contra la mafia, lo que obliga a Juan Gallardo a introducir un montón de detalles que nos permiten situarnos en el futuro imaginado por el autor: las ejecuciones de presos se llevan a cabo en cámaras electrónicas; la existencia de “telecards”, que vendría a ser como un fax; los turbomóviles, unos vehículos  que funcionan con turbinas de retropropulsión; pistolas magnéticas…..

La tecnología puede haber cambiado mucho en el futuro, pero nuevamente los aspectos sociales parecen haberse estancado en lo referente al papel de la mujer, y como muestra, esta conversación que se desarrolla en el primer encuentro que mantienen Larry Karvis y Agnes Kahr en el Kangaroo:

– Lo único penoso es que perdiste a tus padres, Agnes, pero sé que este no es el final para una chica como tú. Hay otras metas mejores.

-¿Por ejemplo?

– Casarte.

– No digas tonterías. Una chica de club nocturno rara vez se casa.

Parece ser que en el futuro, el único destino decente de cualquier mujer sigue siendo contraer matrimonio. Y yo os pregunto:

¿Estarán las mujeres de hoy en día de acuerdo con este futuro?

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CLIVE MURDOCK, AL SERVICIO DE SILVER KANE

Silver kane 1 el hombre de little rockAunque es obvio que Francisco González Ledesma pasará a la historia principalmente por su personaje del inspector Méndez, un auténtico mito de la novela negra española, me gustaría hacer mención a otro de sus grandes personajes: Clive Murdock, el agente del FBI nacido de la mano de Silver Kane durante los años 1966 y 1967, y que protagonizó, al menos que yo sepa,  un total de 14 novelas, aunque como veremos más adelante sobre este punto hay un enigma sin resolver.

Ya comentamos en otra reseña de este blog dedicada al agente M-31 de Curtis Garland que siempre se habla y se da por sentado que Bruguera se oponía a que en sus colecciones los autores repitiesen protagonista, asunto del que yo personalmente discrepo, si nos atenemos a la larga lista de excepciones: La reina negra, de Clark carrados; M-31, de Curtis Garland; Los Justicieros, be Burton Hare; Baby, de Lou Carrigan; los personajes de la saga del imperio galáctico, de A. Thorkent; la colección DANS Enviado Secreto, con cuatro protagonistas repetitivos a cargo de cuatro autores; o el mismo Clive, personaje objeto de esta reseña, creación de Silver Kane, que por cierto también tiene algún otro personaje recurrente del que hablaré en una futura reseña.

Este mismo autor, de hecho, colaboró en la colección DANS, Enviado Secreto, encargándose del agente EO-004. Esta colección,  de formato algo mayor que el clásico bolsilibro y al precio de diez pesetas, narraba las aventuras de cuatro agentes, cada uno de ellos bajo la pluma de cuatro habituales de la casa: Frank Caudet (Francisco Caudet), Clark Carrados (Luis García Lecha), Burton Hare (José María Lliró), y el propio Silver Kane.

Cada autor aportó un protagonista a la colección, identificado con su correspondiente código clave de agente, que iban de EO-001 a EO-004. Silver Kane se encargó de las andanzas de Johnny Klem (EO-004), personaje que al igual que el resto de agentes se veía envuelto en historias que mezclaban aventura, espionaje, y ciencia ficción.

Pero el objeto de esta reseña son las andanzas de Clive Murdock, un agente del FBI cuyos casos fueron recopilados por Silver Kane en las páginas de las colecciones Servicio Secreto y Punto Rojo entre los años 1966 y 1968.

La relación de novelas que constituyen esta auténtica saga literaria son las siguientes:

TITULO

Colección

Año Publicación

824 El hombre de Little Rock Servicio Secreto

1966

834 Protagonista: Clive Servicio Secreto

1966

837 Todas quieren matarme Servicio Secreto

1966

841 La casa de las modelos Servicio Secreto

1966

845 Los pies en el infierno Servicio Secreto

1966

849 La ciudad secreta Servicio Secreto

1966

853 Un cuchillo para la señora Servicio Secreto

1966

856 ¡Cítese conmigo! Servicio Secreto

1966

860 Lo mataré con mis manos Servicio Secreto

1966

864 La tigresa china Servicio Secreto

1967

867 A ciegas hacia la muerte Servicio Secreto

1967

872 El emperador Servicio Secreto

1967

877 Un infierno en el Caribe Servicio Secreto

1967

934 Misión en Vietnam Servicio Secreto

1968

316 Veintiuna guapas…¡Y la muerte! Punto Rojo

1968

866 Hay sangre en tus pupilas Punto Rojo

1978

De ésta relación, tan sólo 12, todas ellas de la colección Servicio Secreto, se acreditan como novelas de Clive Murdock en las portadas. La primera aparición del personaje, “El hombre de Little Rock”, no presenta esa acreditación, probablemente porque no estaría previsto en ese momento que se fueran a continuar sus aventuras.

Las novelas de “Misión en Vietnam” y “Veintiuna guapas…¡Y la muerte!” ya no acreditan en portada el protagonismo de Clive Murdock, sin que podamos saber el motivo. Esta última, por cierto, publicada en Punto Rojo, obliga al pobre superagente a infiltrarse en el concurso de Miss Universo. Como meter al zorro en el gallinero.

La última novela protagonizada por Clive, “Hay sangre en tus pupilas”, se publicó 10 años después en la colección Punto Rojo, y constituye un peculiar renacer del personaje, como veremos después.

Como no podía ser de otra manera en este indomable mundo de la novela popular, existe un misterio respecto a la serie, que espero que alguien pueda aclarar: en distintas fuentes he podido observar que se incluye dentro del ciclo original de Clive Murdock una decimotercera novela llamada “La ruta de las esclavas”, publicada supuestamente en 1966, y sin embargo nunca se cita “Lo mataré con mis manos”, nº 860 de la colección de servicio secreto. Yo al menos no tengo noticia de la existencia de la novela “La ruta de las esclavas” en ninguna de las colecciones de Bruguera, así que si alguien puede dar algún dato al respecto, le estaría muy agradecido. ¿Pudiera ser que se cambiara el título La ruta de las esclavas por Lo mataré con mis manos, por temas de censura?. Por desgracia no dispongo del ejemplar de ésta última, por si aportaba alguna pista.

Tampoco descarto la existencia de alguna aparición más del agente Clive en otras novelas del autor, así que en este sentido cualquier otra aportación será bienvenida.

Volviendo a la novela “Hay sangre en tus pupilas”, de 1978, supone una curiosa reaparición de nuestro protagonista, al más puro estilo Sherlock Holmes:

Silver kane 14 hay sangre en tus pupilas

El renacer de Clive

Un hombre llamado John Burbank que trabaja en el manicomio de Salt Bell se encuentra metido en un callejón sin salida, pues unos matones le están amenazando con matarle en caso de no pagar una deuda de juego de 1.000 $ que adquirió con un mafioso llamado Druryson. Su única esperanza es el dinero que está a punto de recibir por una novela que va a entregar de forma inminente a una joven editora llamada Patty.

De camino al encuentro con Patty, es asesinado sin contemplaciones por los hombres de Druryson que – sin que parezca tener mucho sentido, todo sea dicho- se llevan consigo el manuscrito, sin sospechar que el autor real del mismo no era Burbank, sino alguien del manicomio que le había pedido que lo firmara con su propio nombre.

Un hombre llamado “El General”, superior de Druryson y jefe supremo de la organización mafiosa que controla el negocio del tráfico de armas, drogas y mujeres de Nueva York, acaba leyendo el manuscrito, un sorprendente relato ambientado en Vietnam, donde se narran las investigaciones llevadas a cabo por el agente federal Clive Murdock con el fin de desmantelar las operaciones mafiosas que un selecto grupo de mandos militares están llevando a cabo en suelo vietnamita en pleno conflicto bélico. Como colofón de sus investigaciones, Clive Murdock descubre y documenta el asesinato de una mujer, cuyo cuerpo hacen desaparecer tirándolo junto a las bombas que lanza un B’52 sobre el aeropuerto de Saigón, simulando un aatque del Vietcong.

A pesar de las pruebas que reunió Clive Murdock, al volver a Estados Unidos no consigue incriminar a los mandos militares, pues su propio Gobierno le da la espalda para evitar un escándalo que sólo conseguiría empeorar la imagen del ejército americano durante el conflicto.

Al leer el manuscrito, “El General”, que como ya podéis imaginaros era uno de los militares corruptos que salen en el relato, comprende que si la verdad sale a la luz, todo su imperio podría desmoronarse. Alguien sabe todo lo que sucedió en Vietnam, y lo peor de todo es que, Clive Murdock, desaparecido desde hacía años, puede estar vivo. Dos de los hombres del General reciben el encargo de investigar el paradero de Murdock, y acaban localizando la tumba del agente, fallecido según la lápida tres años atrás,  en el condado de Meadow.

Si es verdad que no hay nada después de  la muerte, si es verdad que no hay más que olvido y niebla, aquella lápida podía ser una palpable demostración de eso”. Así describe el autor la tumba de Clive Murdock.

NuevoDocumento 2017-07-07 (2)_2Poco tiempo después ambos sicarios son encontrados en la tumba del agente, asesinados de un balazo en mitad de la frente. Clive Murdock parece haber salido de la tumba para vengar una injusticia que no pudo solventar en su momento.

Mientras tanto, la bella editora que ina a recibir el manuscrito del malogrado Burbank, recibe la siniestra visita de un cruel asesino profesional, hombre de confianza del general, sacado de la mejor galería de villanos de James Bond, que recibe el encargo de hacer hablar a la chica empleando todos los medios que sean necesarios. Este logrado personaje secundario es un tal Marcus, un ex militar entrenado en los cuerpos de élite que se vio involucrado en las matanzas de My Lai en Vietnam (un caso real en el que un teniente del ejército americano llamado William Calley fue juzgado por el cruel asesinato a sangre fría de 504 civiles, incluyendo 182 mujeres –que también fueron violadas-  y 173 niños de una aldea vietnamita, asunto del que salió en libertad tras una simbólica condena de 3 años de arresto domiciliario).

Destaca también en el libro el personaje de Kaly, una vietnamita esclava sexual del General desde los 15 años, que tendrá un espeluznante papel en la trama final.

Una dura y sangrienta historia de venganza que supone en efecto el decimocuarto libro del agente Clive, con un tono mucho más oscuro que sus anteriores novelas; cosa lógica si tenemos en cuenta que este último título es de 1978, en plena transición y con la censura en horas bajas.

La misma trama del libro, las brutales escenas de violencia, y ciertos pasajes cargados de muy mala leche, son una buena prueba de este radical cambio de estilo producido en este intervalo de 10 años, y como ejemplo reproduzco este fragmento, cuando el autor describe al asesino profesional Marcus:

Estuvo envuelto en el proceso del teniente Calley, aunque salió absuelto, porque los Estados Unidos están dispuestos a ensuciar un poco su imagen, pero mucho no”.

Este simple párrafo no hubiera sido posible ni de lejos 10 años antes.

NuevoDocumento 2017-07-07 (2)_1En resumen, que podemos confirmar que el agente Clive Murdock protagonizó al menos 16 libros, aunque no me sorprendería que asomara la patita en alguna novela más del autor.

Qué grande Clive Murdock, tipo duro de los de antes, y más grande aún Silver Kane.

 

INVITAD UN MONSTRUO A CENAR

Curtis garland invitad a un monstruo a cenarTítulo: INVITAD UN MONSTRUO A CENAR

Autor: Curtis Garland

Colección Selección Terror Nº 72 Editorial Bruguera

Portada: Francisco González Vilanova

1ª edición: Julio 1974

Como es habitual en la obra de Juan Gallardo Muñoz, la novela comienza con una de esas introducciones que invitan a no dejar de leer la historia, para continuar con otra de sus habituales citas, en este caso del capítulo I de Drácula, obra a la que se alude en más de una ocasión durante el desarrollo de la trama:

“…El y su mujer, la anciana que me había recibido, se miraron con temor. Cuando le pregunté si conocía a mi anfitrión, y si podí decirme algo de su morada, tanto él como su mujer se persignaron, diciendo que no sabían de nada, y negándose a agregar más.”

Si a eso le añadimos que en el libro se entremezclan algunos de los más famosos monstruos clásicos, podemos afirmar que nos encontramos con una obra imprescindible dentro de la colección Selección Terror.

El periodista Ross Haggard recibe una extraña invitación para desplazarse, junto a otros invitados sin aparente relación entre sí, el 4 de Mayo a la isla Moon-Star, un islote situado en el mar del Norte propiedad de Malcolm Conrad, un excéntrico millonario, gran cazador y autor de un libro titulado “Yo sé que existen los monstruos”, que ha organizado una singular fiesta de la que en principio poco se sabe.

Un barco llamado North Sea traslada a la isla a los 9 invitados, que poco a poco van presentándose entre sí: el mencionado Haggard y su novia Honor Shelley, una acriz secundaria en películas de terror que de forma sorprendente también ha sido invitada; Elliot Gilling, un anticuario de Chelsea; un doctor en biología llamado Gordon Castle; Clemence Hunt, considerado el mejor cazador del mundo, gran rival de Lord Conrad; Lee Strasberg, una fascinante escultora de gran belleza conocida por su peculiar obra llamada “Los monstruos del miedo”;  Cecil Waxman, un técnico en efectos especiales cinematográficos, desfigurado por un terrible accidente; Raquel Emery, una adivinadora ambulante, y Alec Helmore, un alegre y borrachín músico callejero.

En compañía de Lady Felicia Conrad, esposa del anfitrión, y del capitán del barco Jeff Daniels, el pintoresco grupo de invitados se dirige hacia la isla, donde se encontrarán con Lord Conrad, que les espera para explicar el verdadero motivo de la reunión: está convencido de que entre los invitados hay un hombre lobo y un vampiro, y con una serie de ingeniosos mecanismos hará que su verdadera  naturaleza salga a la luz para darles caza, en una competición mano a mano con su gran rival Clemence Hunt, para demostrar cual de los dos es el mejor cazador del mundo.

Para culminar esta locura, los invitados están aislados en la isla, pues el barco ha partido de vuelta a Inglaterra, y no volverá hasta que ambos monstruos hayan sido abatidos.

¿Está loco Lord Conrad? ¿Por qué motivo han sido seleccionados los invitados? ¿Existen de verdad los monstruos? Y si es así, ¿cuál de ellos lo es?

Novela muy disfrutable, siempre y cuando sepamos tener la mente abierta y aceptar ciertas premisas poco creíbles. Si ya de por sí en los géneros de terror y ciencia ficción el lector debe tener siempre una buena predisposición para aceptar incoherencias, en el bolsilibro este requisito se multiplica, ya que lo habitual es que los autores tuvieran que recurrir a múltiples trampas argumentales en la trama para poder finalizar las novelas. Para mí al menos es uno de los grandes alicientes de este tipo de libros: el ingenio de los escritores para dar explicación en tres líneas a situaciones rocambolescas en las que ellos mismo se han ido metiendo.

El estilo del libro recurre a un recurso muy habitual en la obra de Curtis: la alternancia de la narración por parte del protagonista con otros capítulos en los que uno de los “monstruos” explica en primera persona sus pensamientos, sin que sepamos de quién se trata hasta el final del libro.

Como siempre ocurre con los libros de Garland, surgen diversas curiosidades para comentar de la novela. Es increíble, con el volumen de producción que acumuló,  la capacidad que tenía el autor para introducir homenajes y referencias culturales de todo tipo en sus libros.Es sin lugar a dudas el gran pastichero de la novela popular.

En una de esas magníficas notas a pie de página a las que nos tiene acostumbrados Curtis Garland, se hace referencia a que en el libro de Drácula, de Bram Stoker, se considera el 4 de mayo, víspera de San Jorge, como una noche en la que los espíritus campan a sus anchas cuando dan las 12 de la noche.

El lector seguramente se preguntará –siempre que sea tan rarito como yo-  el porqué de esa fecha, pues San Jorge se celebra el 23 de Abril, desde que en 1222 se estableciera ese día para conmemorar la muerte del más famoso asesino de dragones de la historia, por encima incluso de Jamie Lannister.

La confusión -o no-, viene dada por el caos originado por el cambio del calendario Juliano al Gregoriano.

El Papa Gregorio XIII emprendió una nueva reforma para corregir las discrepancias del calendario Juliano, y así obligar a las estaciones a empezar cuando deben. De este modo, por un decreto pontificio de marzo de 1582, se abolió el calendario juliano y se impuso el calendario gregoriano.

El calendario gregoriano tiene los mismos meses que el calendario juliano, y en ambos sistemas los años cuyo número es múltiplo de 4 son bisiestos, con la salvedad de que en el calendario gregoriano los años que son múltiplos de 100 no son años bisiestos, excepto los que sí son divisibles por 400. En resumen, por este follón, desde su creación, la fecha del calendario juliano ha acumulado un retraso de 13 días con respecto al paso de las estaciones. En consecuencia, la fecha juliana permanecerá 13 días por detrás desde el 14 de marzo de 1900 gregoriano /1 de marzo juliano hasta el 28 de febrero de 2100 gregoriano/15 de febrero juliano, momento en que dicha diferencia se incrementará en 1 día más. Esta diferencia entre los dos calendarios se irá incrementando con el paso de los siglos. En términos astronómicos, el calendario juliano se retrasa con respecto al año Gregoriano aproximadamente un día cada 128 años.

El calendario juliano fue reemplazado como calendario civil por el calendario gregoriano en casi todos los países donde se utilizaba, aunque siguió vigente en algunos países hasta comienzos del siglo XX. Por ejemplo, Egipto pasó del 20 de diciembre de 1874 (juliano), al 1 de enero de 1875 (gregoriano). Turquía cambió del 16 de febrero (juliano) al 1 de marzo (gregoriano) de 1917. Rusia pasó del 1 al 14 de febrero de 1918. La propuesta original en Rusia había sido corregir 1 día cada año, extendiendo el cambio a un periodo de trece años, y pasar el día bisiesto a los años exactamente divisibles por 128 (por ejemplo, 1920), pero como internacionalmente no se le hizo caso alguno, optó por adoptar el criterio del resto del mundo para evitar mayor confusión.

Grecia fue el último páis europeo en adoptar el cambio con fines civiles, pasando del 16 de febrero al 1 de marzo de 1923.

Las leyendas eslavas consideraban que en las vísperas de San Andrés y San Jorge, en la de la Pascua de Resurección y en la de año nuevo, había que untar las ventanas y los ojos de las cerraduras con ajo, pues esas noches es cuando el poder de los malos espíritus encuentra su apogeo.

En el calendario Juliano por tanto el 22 de Abril sería la víspera de San Jorge (cuya celebración se ha mantenido en el calendario Gregoriano el 23 de Abril), mientras que en el Gregoriano, ese día pasaría a ser el 4 de Mayo, así que el dato de Curtis Garland    –que efectivamente  se cita en Drácula- puede considerarse correcto, siempre que los espíritus no se hayan enterado del cambio de calendario.

El mismo argumento de la novela es en sí una revisitación de “El malvado Zaroff” (“The most dangerous game” en el original), la imprescindible película de 1931 basada en una novela de Richard Connell. No creo apropiado extenderme más sobre el tema, porque cualquier aficionado al cine ya sabe de lo que estoy hablando, y el que no la conozca, ya tiene deberes.

Algunos de los personajes de la novela son claros homenajes al mundo de la literatura y del cine. El protagonista del libro se llama Ross Haggard, en clara referencia a H. Rider Haggard, escritor victoriano creador de Allan Quatermain (protagonista entre otros libros de “Las minas del Rey Salomón”) y de Ayesha, la mujer inmortal de Africa.

Su novia, Honor Shelley, trabaja en películas de terror en los típicos papeles de bella heroína en apuros, tipo Fay Wray, conocida en su época como la reina del grito, y protagonista del “King Kong” de 1933, película a la que por cierto también se hace referencia en la novela, y de la ya mencionada “El malvado Zaroff”. Es de suponer que su apellido sea un guiño a la creadora de Frankenstein, Mary W. Shelley.

El personaje femenino de Lee Strasberg se llama igual que el actor/director/productor Israel “Lee” Strasberg, uno de los creadores del Actor´s Studio, aunque también podría basarse en su esposa Paula Strasberg, o en su hija, la actriz Susan Strasberg, ambas íntimas amigas por cierto de Marilyn Monroe.

Raquel Emery pudiera ser un homenaje a la actriz Katherine Emery, protagonista junto a Boris Karloff de una película de 1945 titulada “La isla de la muerte” (citada por cierto por Scorsese como una de sus favoritas), cuya trama curiosamente también gira alrededor de una serie de personajes aislados en una isla.

Otros dos personajes del libro se apellidan Castle y Gilling, que bien pudieran proceder de los directores de cine de terror de serie B William Castle y John Gilling.

Cecil Waxman es un claro homenaje al personaje de Vincent Price de la película de 1953 “Los crímenes del Museo de cera”, y de hecho el propio personaje hace mención a dicho film.

He de reconocer que es más que probable que la mayoría de estos supuestos homenajes no tengan ninguna base, y los apellidos los tomara de una guía de teléfonos de Michigan, pero la realidad es que tratándose de Curtis Garland siempre tengo la sensación de que detrás de cada nombre y cada dato hay algo oculto. Es una de sus múltiples virtudes.

En resumen, una nueva muestra del buen hacer de Juan Gallardo Muñoz, un autor sobre el que creo que hay unanimidad absoluta sobre su grandeza, y del que siempre pienso que nació antes de tiempo. Estoy convencido que alguien con su capaciad de trabajo, imaginación y talento sería hoy en día un destacado guionista de cine y televisión.

Porque hoy en día lo que triunfa es el talento, el trabajo y la imaginación ¿no?. No hay más que encender la televisión cualquier tarde para comprobarlo.

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UN RESPETO POR JOSEPH BERNA

Joseph Berna

El gran José Luis Bernabeu López

El rey del punto y aparte. Del humor surrealista. Del erotismo gratuito.

Todas estas lindezas, y alguna peor, se han dicho en muchas ocasiones sobre Joseph Berna, un incomprendido autor, del que por supuesto cada uno tendrá su propia opinión personal sobre su calidad literaria, pero lo que desde luego sería injusto es negar que amaba profundamente lo que hacía, hecho que para mi le hace merecedor del mayor de los respetos. Su única pretensión como escritor fue la de entretener a los lectores de una época que hoy nos parece lejana, y disfrutaba haciéndolo.

¿Hay algo malo en ello? Yo creo que no.

Lo primero que quiero dejar claro es que este blog tenía desde hace tiempo una deuda pendiente con Joseph Berna, y el único motivo por el que no ha aparecido antes esta reseña es porque decidí esperar a la publicación por parte de A.C.H.A.B de un volumen recopilatorio del escritor, principalmente por dos motivos:berna portada_mundo_berna_blog

  • El primero es para dar la oportunidad a cualquiera que lea esta reseña de descubrir a Berna gracias a la cuidada edición que nuevamente nos facilita A.C.H.A.B.
  • El segundo, y probablemente el más importante para mí, porque en dicho recopilatorio se incluye una introducción de Andres Ramón Pérez Blanco, el mejor defensor posible de la obra de Berna, y la persona que desinteresadamente me facilitó la ocasión para contactar con el escritor. Creo sinceramente que era de justicia que lo primero que se publicara sobre Joseph Berna saliera de su mano, pues es imposible encontrar a otra persona que le profese mayor cariño y admiración.

joseph berna stellaJoseph Berna es uno de esos escritores que se incorporaron al mundo de la novela popular en una época tardía.

Hagamos un ejercicio de objetividad, y reconozcamos que lo que las editoriales exigían en aquellos años a los autores es que ofrecieran al lector lo que quería leer; que lo entretuvieran sin ningún tipo de pretensión artística. No es poca cosa. Es más que probable que los editores hubieran despedido sin piedad al mismísimo Shakespeare por considerarlo aburrido para el lector, mientras que escritores como Joseph Berna resultaban perfectos, pues su estilo sencillo y directo sabía conectar con los gustos de la época.

El problema actual es que el moderno aficionado al bolsilibro tiene por lo general un perfil que nada tiene que ver con el original de los años 70 y 80, momento en el que Joseph Berna fue sin duda uno de los reyes de la novela popular, como lo demuestra el hecho de que fuera objeto de constantes reediciones.

Por lo que yo conozco, el perfil medio del actual coleccionista de bolsilibros corresponde a una persona muy culta, que busca desesperadamente joyas literarias ocultas entre miles de títulos; quiere encontrar autores de culto entre la multitud que alimentaba este auténtico universo literario. Rebusca –yo el primero- entre miles de páginas referencias literarias, cinematográficas, influencias culturales varias: en resumen, tiende a intelectualizar algo que en su origen no tenía ninguna pretensión más allá de entretener.

Joseph Berna CondeHugoEs por esto que actualmente todo el mundo centra su atención en Curtis Garland, Peter Debry, Silver Kane, Cliff Bradley, y muchos otros escritores que destacaban por una calidad que les hubiera permitido una carrera literaria más convencional, y se desprecia en cierta forma al resto de autores. Y entre estos autores menospreciados   –no por todo el mundo, afortunadamente- se encuentra José Luis Bernabeú López, alias Joseph Berna, que por cierto fue el único seudónimo empleado por el escritor.

Les invito desde aquí a descubrir al auténtico Joseph Berna, una persona entrañable, que me ha facilitado personalmente toda la información que figura en este artículo, con una amabilidad y paciencia que no me cansaré nunca de agradecerle. Ojalá sirva para que lo vean como lo que es: una excelente persona con un sentido del humor extraordinario, que tan sólo quiso probar suerte en la literatura, y vaya si lo consiguió.

José Luis Bernabeu López nace el 16-05-1946, en Xàtiva (Valencia). Sus padres, José Bernabeu, propietario de una peluquería de señoras y Rafaela López, una modista, proporcionaron una infancia al autor de la que no guarda en su memoria nada más que buenos momentos.

Cursó sus primeros estudios en un colegio llamado “La Ferroviaria”, de grato recuerdo para Jose Luis, tanto por el Centro en sí, como por Doña Consuelo, la maestra, una encantadora mujer que le llamaba “tragalibretas”, porque terminaba muy rápido las muestras que le ponía y las libretas le duraban muy poco. Todo un entrenamiento para su futuro como escritor, donde llegaría a verse obligado a escribir más de una novela a la semana.

Con 11 años ingresó en el Instituto de Enseñanza Media “José de Ribera”, para hacer el Bachillerato. Con 14 años su familia se trasladó a vivir a Elche (Alicante), y desde allí, a los 16 años, a Valencia, donde reside desde entonces.

En los últimos meses de su estancia en Elche (con 16 años), consigue un empleo en el Despacho Central de la RENFE, como aspirante administrativo. Ya en Valencia, continua en la misma empresa, donde poco a poco va ascendiendo de categoría: auxiliar administrativo, oficial de 3ª, oficial de 2ª…

Desde muy corta edad, como la mayoría de los niños de entonces, se aficionó a los tebeos (ahora llamados “cómics”). Recuerda perfectamente haber coleccionado “El Guerrero del Antifaz”, “El Capitán Coraje” y “Vendaval, el capitán Invencible”. Leía números sueltos de “Purk, el hombre de piedra”, “El Capitán Trueno”, “El Cachorro”, “El espadachín enmascarado”, “Roberto Alcázar y Pedrín”, “F.B.I.”, “Hazañas Bélicas”…

Con 9 años compró su primera novela de quiosco. Una novela de ciencia-ficción de la que no recuerda el título, pero sí el autor: Clark Carrados. Trataba de un marciano que llegaba a la Tierra con malas intenciones y causaba estragos con su arma, una “lámpara vital”. Le impactó de tal manera que es más que probable que esta fuera la génesis se su futuro como escritor.

Desde entonces se convirtió en un lector compulsivo. Recuerda de modo especial la colección “Historias” de la Editorial Bruguera, porque tenían viñetas y era como leer novela y tebeo a la vez. Aún conserva 7 ejemplares de la colección como un pequeño tesoro, aunque un poco deteriorados por el paso del tiempo.

Su segunda afición es la música. A los 14 años empezó a tocar la guitarra, gracias a la ayuda de su tío (que además era su padrino). Recibió también algunas clases de solfeo, hasta que más adelante, con casi 18 años, entró a formar parte del grupo “pop” valenciano “Los Mikel’s”, como guitarra rítmica. De esta aventura musical, que duró dos años, guarda el autor cientos de anécdotas que le servirían para escribir más adelante (en 1986) un libro que por el momento no ha sido publicado, pero en el que al parecer el autor ha podido dar rienda suelta al humor que caracteriza toda su obra.

Para explicar cómo llegó a convertirse en escritor, nada mejor que las propias palabras del autor:

Un buen día, con casi 25 años y sin saber exactamente por qué, me pregunté si yo sería capaz de escribir una novela. Había leído ya algunas de Keith Luger, Silver Kane, Lou Carrigan, Curtis Garland… Todas ellas me gustaron, independientemente del género.

Decidí probar con una novela policíaca, pero que resultara humorística, porque era lo que iba con mi carácter. Y empecé a escribir. Un folio, dos, tres… ¡Demonios!, aquello me gustaba. Me lo estaba pasando muy bien y continué. Cuatro, cinco, seis… Los folios se iban llenando y yo me estaba divirtiendo.

Casi sin darme cuenta, llegué hasta el final. Entonces le puse el título a lo que había escrito: “La misteriosa Stella”. Tan satisfecho me dejó, que empecé inmediatamente otra, sin pensar siquiera en enviar mi primera novela a alguna editorial. Solo me interesaba saber si yo sería capaz de escribir una segunda novela con el mismo estilo: humor, mucho humor.

Así nació “El club Vampiro”, policíaca también. Y después cambié de género: quería saber qué tal se me daba la novela del Oeste. Disfruté igualmente escribiendo “Mexicanas a granel”.

Ye tenía tres novelas escritas y seguía sin animarme a enviarlas a una editorial. ¿Temía, tal vez, que les pareciesen demasiado disparatadas…? Quizá, así que empecé mi cuarta novela, también del Oeste: “Un escocés en Texas” ¡Y más disparatada todavía!

Finalmente, cediendo a la presión de familiares y amigos (me repetían que no perdía nada enviándolas a una editorial, que el “no” ya lo tenía si no las mandaba), me armé de valor, las metí las tres en un sobre y las envié a la Editorial Bruguera de Barcelona. Fue a últimos de septiembre de 1972.

Mientras esperaba la respuesta, continué con el escocés y su gaita, tan tranquilo, porque        estaba casi seguro de que me iban a devolver los tres originales. Eso si no los habían echado ya a la papelera. Por fortuna, no fue así y a últimos de noviembre recibí una carta comunicándome que el informe de la Asesoría Literaria había sido favorable y me los iban a publicar. Y además me pedían que les enviara un nuevo original cada mes a partir de entonces.

Leí la carta una y otra vez, con unos ojos como platos, porque no me lo podía creer. Y la besé una docena de veces, por lo menos. Estaba loco de alegría.

Y así fue como me convertí en escritor.”

Joseph Berna asesinoDe este modo, alguien que no había tenido ninguna experiencia previa como escritor, se convirtió de la noche a la mañana en uno de los pilares de las colecciones de quiosco de la editorial Bruguera. Su estilo directo, y sobre todo su humor disparatado, fue acogido con entusiasmo por el público de la época, que de forma fulminante le convirtió en uno de los autores más vendidos de la editorial.

La información que tan generosamente me ha facilitado José Luis Bernabeú nos permite conocer un poco  mejor el funcionamiento de Bruguera en esos años.

El contrato tipo con Bruguera era el siguiente: no había sueldo fijo para los escriotres. Al aprobar una novela y destinarle colección, la editorial pagaba un anticipo de 4.500 pesetas (unos 27 euros), de los que se descontaban un 7,5% en concepto de impuestos, por lo que el giro postal que finalmente ingresaban al autor era de 4.162,50 pesetas. Un par de meses después de la publicación de la novela, la editorial enviaba una declaración de tirada y la liquidación correspondiente, junto con otro giro postal. Al autor le correspondía un total del 5 % recaudado según la tirada. Lógicamente, a mayor tirada, mayores ingresos. Un malpensado podría pensar que la editorial tuviera la tentación de adelgazar las cifras reales de tirada para pagar menos a los autores, lo que hace muy complicado saber cuantos ejemplares de cada novela se vendían  en realidad.

El período de cesión de los derechos a favor de la editorial era de 10 años. Una vez transcurrido este periodo, los derechos volvían a ser del escritor.

Ya sé que cualquier lector joven que lea esto pensará que se les pagaba una miseria, pero para haceros una idea de lo que vendrían a ser hoy en día 4.500 pesetas, haciendo una simple actualización a precios constantes, equivaldrían a 300 €, y hay que tener en cuenta que los niveles de precios de los bienes comunes eran muy inferiores a los actuales (los salarios han crecido a un ritmo muy inferior que los precios), por lo que podemos decir que este trabajo no estaba nada mal pagado, pero ojo, a costa de trabajar a destajo.

Saber cuanto se cobraba finalmente por novela es bastante más complicado, por lo ya comentado anteriormente acerca de las tiradas. Suponiendo una tirada media de 25.000 ejemplares, que considero probable, a un precio de 10 pesetas, que es el precio de venta de los primeros años en que publicó Berna, el autor acabarían recibiendo 1.390,00 € actuales por cada novela. Esto no son más que estimaciones, con el único fin de hacernos una idea de lo que se cobraba por aquel entonces.

Un dato muy interesante es el número de novelas que se le exigía a los autores por mes, cosa que lógicamente variaba mucho dependiendo del escritor. A los escritores más vendidos se les intentaba exprimir al máximo, y luego se tenía en cartera a otros autores a los que se les aceptaban títulos a un ritmo más suave, que servían para rellenar huecos cuando hiciera falta.

La editorial enviaba todos los años a cada autor una lista del número de novelas que debían entregar el siguiente año, especificando también de qué géneros. Si el autor tenía buenas ventas, al año siguiente se intentaba incrementar el número de títulos a entregar.

En el caso de Joseph Berna, al principio de su carrera se le exigía un original cada mes. Poco después, dos por mes, más adelante, tres, y luego, cuatro. En enero del año 1983, le pidieron seis originales al mes. El escritor les advirtió que veía muy difícil escribir 72 novelas al año, pero insistieron y se comprometió a trabajar incluso domingos y festivos, y quedarse sin vacaciones. A pesar de todos sus esfuerzos, sólo pudo escribir 61, por lo que al año siguiente, volvió a los cuatro originales mensuales. Era su límite, no podía abarcar más. Pido al lector que se imagine lo que tiene que ser escribir 61 novelas en un año, por mucho que sean “novelitas” de 100 páginas, y luego se replanteen su opinión sobre la calidad de los libros.

De hecho, desde prácticamente el principio de su carrera como escritor, Joseph Berna se dedicó en exclusiva a la literatura; al principio, porque lógicamente tardaba más tiempo en finalizar cada obra, y después porque la editorial fue incrementando el número de obras exigidas al mes.

Otro interesante aspecto de la editorial era su política para fomentar la competencia entre sus propios escritores. Durante los primeros años en que Berna empezó a trabajar para Bruguera, la Asesoría Literaria de Bruguera calificaba las novelas cuando las aprobaba: con una A si le parecía muy buena, con una B, si la consideraba buena y con una C, si la veía simplemente aceptable. También, durante algunos años, la editorial otorgaba un primer premio de 1.000 pesetas a la mejor novela del mes, y un segundo premio de 500 pesetas a la novela que le seguía en méritos. En la hoja de calificaciones, en el apartado Observaciones, se notificaba si la novela había sido premiada.

La primera novela de Berna que resultó premiada con 500 pesetas fue la quinta que escribió: “La ley descansa en Miami”, cuando todavía no había salido ninguna de sus anteriores obras a la venta. Este hecho alegró muchísimo al escritor, más que por la cuantía del premio, por el estímulo que significaba para él para continuar su carrera.

Más adelante consiguió dos primeros premios con las obras: “Los hermanos Dinamita” y “Un neoyorquino en Arizona”, y seis novelas más consiguieron el segundo premio, hasta que la editorial decidió eliminar esta política de incentivos.

Respecto a la relación que existía entre los escritores de novela popular, existe una leyenda que afirma que Bruguera hacía todo lo posible para que sus autores no se conocieran entre sí, con el fin de evitar que empezaran a comparar sus contratos, o que se organizaran entre ellos para solicitar mejoras salariales. Según la experiencia  del propio Joseph Berna, esto debía ser cierto, pues según cuenta personalmente, sólo ha llegado a conocer porr teléfono a Frank Caudett, Lou Carrigan y a Lem Ryan, en todos los casos después de que Bruguera echara el cierre.

Pero como suele suceder, el destino hizo que Joseph Berna sí que se pusiera en contacto con uno de sus colegas de profesión: Adam Surray, autor con el que 30 años después mantiene una gran amistad. Para entender comó se conocieron, nada mejor que las propias palabras del escritor:

“Es una anécdota muy curiosa. A primeros del mes de enero de 1975, recibí una carta de Bruguera indicándome el número de originales y de qué género tenía que mandar ese año. Me di cuenta, sin embargo, de que el destinatario de la carta no era yo, sino José López García, también de Valencia. Yo no sabía quién era, pero ese mismo día recibí una llamada suya. Se presentó y me dijo que él había recibido una carta destinada a mí. Por la Asesoría Literaria averiguó mi número de teléfono. Aclarada la confusión, quedamos en vernos y recibí su visita. Ahí nació una amistad que se fue agrandando con el tiempo, y que todavía perdura. Es uno de mis mejores amigos, sin duda alguna. Gran persona y excelente escritor. Le admiro sinceramente.

Y sí, nos veíamos a menudo y charlábamos mucho por teléfono también, comentando cosas de la editorial. Tiradas, portadas, contratos…Y nos seguimos viendo con regularidad, naturalmente.”

Personalmente puedo dar fé –pues he tenido la suerte de hablar con ambos-  que los dos se profesan admiración mutua, y sobre todo, un cariño sincero que a mí al menos me ha conmovido.

En 1996, unos años después del cierre de Bruguera, tras escribir otras 11 novelas del oeste para ediciones B, Joseph Berna dio por finalizada su carrera como escritor de novela popular, aunque escribiría dos obras más: una novela larga exclusivamente de humor titulada “La gran semana” y “Acordes de Juventud”, la biografía musical de su grupo de juventud, Los Mikel’s, época que el escritor recuerda con especial cariño.

Joseph Berna Operacion riñones al jerezUno de los aspectos más polémicos entre los aficionados a la novela popular acerca de Joseph Berna es el constante uso del humor en su obra, con independencia del género en el que se moviera. Ya desde muchos de los títulos de sus novelas se podía adivinar el gamberro tono de sus novelas: “A mi no me tosas, Pancho”, “¡Desenfunda, lentorro!”, “El espía que surgió de la cama”, “Soy un agente, sí…pero de seguros” u “Operación Riñones al Jerez” son sólo algunos de los múltiples ejemplos que pueden encontrase en su obra en este sentido.

Pues bien, para mí, este es precisamente el aspecto en el que destaca Berna, no sólo como autor, sino como persona, y lo que le diferencia del resto de escritores que inundaron en su día los quioscos con sus obras. Este uso del humor más cachondo y gamberro también le convirtió en un fenómeno dentro de la literatura popular de los años 70 y 80.

Hay gente que opina que el escritor no se tomaba en serio su trabajo por este constante uso del humor, incluso dentro de géneros tan ajenos a ello como el terror. Nada más lejos de la realidad, y sobre este polémico asunto se manifiesta el propio autor:

“El hecho de que el humor fuera la base de todas mis novelas, me obligaba a esforzarme al máximo para no defraudar a mi público. Ya lo tenía y sabía lo que esperaba de mí. Soy consciente de que son muchos los lectores que prefieren la novela seria, incluso dramática, y tienen muy buenos autores que les ofrecen eso. Pero también son muchos los lectores que prefieren la broma, la diversión, reírse con cualquier situación… “

La existencia de escritores como Cervantes o Curtis Garland es imprescindible, pero también la de los Joseph Berna que viven a la sombra de los más grandes, pues como muy bien dice el propio escritor, parafraseando a su admirado paisano Luis Sánchez Polack “Tip”, “la vida son cuatro días, y ya han pasado dos”.

En resumen, un escritor al que considero obligado dar una nueva oportunidad, leyéndole sin prejuicios, y simplemente intentado disfrutar de su característico sentido del humor, a veces surrealista, que le diferencia del resto de autores. En la vida tiene que haber tiempo para el arte con mayúsculas, pero también para la simple diversión.

Así que mi recomendación es que aquellos lectores que hasta ahora se han guiado única y exclusivamente por los comentarios de otros aficionados, den una oportunidad al escritor para poder formarse una opinión propia. Si sabéis entender su humor y lo disfrutáis, bienvenidos, y si no os entusiasma, pues fenomenal, pero por favor, un respeto por Joseph Berna, autor de casi 400 títulos que hicieron disfrutar (y leer, no lo olvidemos) a miles de personas, cuyos gustos eran muy diferentes a los de hoy en día.

Por mi parte desde esta página le quiero mostrar mi afecto como persona, y mi respeto y admiración por su larga y fructífera carrera como escritor.

Muchas gracias, Sr. Bernabeu.

Muchas gracias, Mr. Berna.

Y punto.

LA FABRICA DE ESTATUAS

Título: LA FABRICA DE ESTATUAS

Autor: Clark Carrados

Colección Selección Terror Nº 50 Editorial Bruguera

Portada: Jorge Sampere

1ª edición: Febrero 1974

Clark Carrados La-fábrica-de-estatuasEn mi opinión, el secreto para que funcione cualquier relato de terror radica en su facilidad para acercar al lector a alguno de sus temores primarios, si bien es cierto que hay que considerar que no a todo el mundo le provocan miedo las mismas cosas, o que incluso en cada época prevalece un tipo de terror distinto.

La novela de esta reseña, “La fábrica de las estatuas”, del incombustible Clark Carrados, es un buen ejemplo de uno de estos temores primarios: el miedo a ser enterrado vivo.

Si bien es cierto que la tapefobia se define como el terror irracional a ser enterrado vivo como consecuencia de un erróneo diagnóstico médico, la realidad es que hoy en día persiste de forma inexplicable en mucha gente un cierto temor subconsciente a despertar en el interior de una tumba.

Lógicamente este miedo ha ido disminuyendo con los años gracias a los avances de la medicina, que han hecho que hoy en día sea prácticamente imposible un entierro prematuro, pero no hay que olvidar que en un tiempo no muy lejano, en el siglo pasado sin ir más lejos,  estas situaciones se producían con mayor frecuencia de la esperada, principalmente como consecuencia de catalepsias no diagnosticadas, o simplemente fruto de la incompetencia de ciertos médicos.

Los numerosos casos reales, aderezados con las correspondientes leyendas urbanas, provocaban que en el siglo XIX y buena parte del siglo XX, el miedo a ser enterrado vivo fuera una constante, lo que favoreció  el desarrollo de una próspera industria de ataúdes de seguridad, con ingeniosos mecanismos que permitían que alguien que hubiera sido enterrado vivo tuviera un sofisticado sistema de respiración, o incluso una cuerda que hacía sonar una campanilla en el exterior de la tumba.

Cuando se produjo el traslado del cementerio de Les Inocents de París, los operarios se sorprendieron de la gran cantidad de cuerpos que estaban boca abajo con todos los síntomas de haber sido enterrados vivos.

De hecho, en las últimas décadas del siglo XVIII y las primeras del XIX, era muy habitual redactar complejos testamentos con instrucciones para impedir ser enterrado vivo, llegando incluso los moribundos  en ocasiones a pedir ser decapitado antes del entierro.

Como ejemplo de este extendido temor, el 17 de octubre de 1849 falleció el compositor Frederic Chopin, víctima de la tuberculosis. Poco antes de morir, dejó escritas las siguientes líneas: “Si esta tos acaba asfixiándome os suplico abráis mi cuerpo para que no sea enterrado vivo”. Este es el motivo por el que el cuerpo del músico fue enterrado en París, mientras que su corazón está depositado en la Iglesia de la Santa Cruz de Varsovia.

Aunque la novela objeto de esta reseña no trata exactamente el tema de los enterramientos en vida, sí sabe acercarse a este temible tabú con una ingeniosa trama que despierta la imaginación del lector. Lord James Willmont Guthford es un adinerado coleccionista de arte que acaba de recibir su última adquisición, una impresionante estatua que representa un desnudo femenino en bronce. Cuando están a punto de colocar la pesada efigie encima del pedestal habilitado para tal fin, un fatal accidente provoca que la obra de arte caiga contra el suelo, partiéndose en mil fragmentos, y descubriendo a los asistentes un  terrorífico hallazgo: en el interior de la estatua se encuentra el cadáver descompuesto de una mujer llamada Scylla Watson, cuyo aterrorizado rostro da a entender que fue introducida con vida dentro de la estatua.

La investigación policial conduce a un anticuario, responsable de la venta de la estatua a Lord Guthford, y todas las pistas apuntan a un encargado de almacén que ha desaparecido misteriosamente, y cuyo cuerpo aparece poco tiempo despúes flotando en el Támesis, dejando la investigación en una vía muerta.

Días más tarde, Alan Darney, detective privado, recibe la visita de Lynn Dickerson, que quiere encargarle investigar la reciente desaparición de su hermana, amiga íntima de la malograda Scylla Watson. Lynn, después de ver las noticias en los periódicos, teme que su hermana haya sufrido el mismo destino que la víctima.

Así comienza una peligrosa investigación que llevará a nuestros protagonistas a una siniestra fábrica de estatuas en Kinlochbervie, Escocia, poniendo en el camino en riesgo sus vidas, e incluso su cordura. ¿Por qué fue convertida Scylla en una estatua viviente? ¿Quiés está detrás de la siniestra fábrica?. Estas y otras preguntas encontrarán su respuesta en esta nueva muestra del buen hacer de Luis García Lecha, más conocido como Clark Carrados, y al que ya he dedicado anteriores artíulos en este mismo blog.

Como curiosidad, la localidad de Kinlochbervie existe en la realidad. Es un pequeño pueblecito cuya descripción se asemeja bastante al contenido del libro, en el norte de Escocia, cercano a Sandwood bay beach, playa con una curiosa leyenda local sobre un tesoro procedente de un galeón español, custodiado por fantasmas de marinos muertos en naufragios.

Quiero aprovechar estas líneas para decir que si me encontráis en el sofá con los ojos cerrados, por favor, lo más probable es que esté dormido. No tengáis prisa en enterrarme. Y sobre todo lo digo por si lee esta reseña mi suegra.

LANDRÚ EN EL BOLSILLO

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Monsieur Landrú

La fascinación popular por el horror es una condición intrínseca del ser humano. Claro ejemplo de ello es la insana atracción que sentimos por conocer la vida y obra de los más famosos asesinos en serie de la historia, y nuevamente la novela popular española vuelve a ser un excelente reflejo de este hecho.

Se podría pensar que en los años de la dictadura de Franco, la censura no permitiría a las editoriales mostrar al público temas tan morbosos y siniestros como los asesinos en serie, pero la realidad es que la edad de oro de la novela popular trató en múltiples ocasiones tan delicada cuestión, y no estoy hablando tan sólo de obras de ficción- que también-  sino de bien documentadas biografías.

landru n 13 coleccion pildoraAparte de la colección “Galería Siniestra” de Rollán, tratada en otro artículo, todo un homenaje a los más célebres asesinos de la historia, otras colecciones de novela popular de temática variada sacaron diversos títulos dedicados a famosos asesinos en serie, como es el caso de la Colección Pulga, ya comentada en un artículo dedicado al doctor Crippen, o en la biblioteca Píldora, de la editorial Gráficas Espejo, desconocida colección a la que en algún momento dedicaré una reseña.

Dentro de esta última colección, de tamaño un poco menor que la de Pulga, se publicaron diversos títulos dedicados a famosos asesinos en serie, como son los casos del Vampiro de Düsserdolf, Rasputín o a Landrú, personaje objeto de esta reseña, todos ellos a cargo de una tal Elena Clemens, de la que no he conseguido obtener ninguna información (y como siempre, agradecería la amable colaboración de cualquiera que sepa algo al respecto).

Henri Désiré Landrú (París, 12 de abril de 1869 – Versalles, 25 de febrero de 1922) fue un famoso asesino en serie francés, más conocido como el “Barba Azul de Gambais”.

Landrú nació en una familia modesta obrera parisina que vivía al lado de la catredal de Notre Dame. Su padre, un hombre severo y religioso, trabajaba como fogonero en una fundición industrial mientras que su madre era costurera. El pequeño Henri demostró ser un brillante estudiante con grandes ambiciones para su futuro. Un joven que decía admirar al relojero Pel y al envenenador Liebez, dos asesinos que se especializaron en no dejar rastro de los cadáveres.

En 1889, cuando había iniciado una carrera en el ejército, alcanzando el rango de sargento, sus compañeros militares aseguraban que el carácter obsesivo de Henri llegaba hasta el punto que se dedicó a recortarse la barba en medio de la batalla del río Marne.

Pronto Henri se ve forzado a casarse con su prima hermana Marie Reny a causa de un embarazo no deseado. Con ella, tendría tres hijos más. Durante esa época, Landrú trató en un principio de ganarse la vida honradamente como vigilante de garaje y comerciante de muebles, pero su ambición por alcanzar un nivel de vida más alto lo empujaría hacia la delincuencia. Entre 1902 y 1914, algunos delitos menores por estafa le valieron tres penas de cárcel sucesivas, lo que acarreó que su padre, avergonzado por el comportamiento de su hijo, se quitara la vida ahorcándose en un árbol del Bois de Boulogne.

Una tarde de 1909, Landrú acudió a la cita de una viuda llamada madame Izoret, que ofrecía en un anuncio de prensa su patrimonio a cambio de un varón que le hiciera compañía. El estafador se presentó en su casa y le engatusó a base de falsas promesas de matrimonio, para luego llevarse 20.000 francos. Con el tiempo, Madame Izoret empezó a sospechar y acabó denunciando a Landrú, que fue arrestado y condenado. Durante esa condena por estafa, Landrú comenzó a trazar siniestros planes de futuro, madurando la idea de seguir siendo el perfecto compañero de viudas solitarias, pero asesinándolas para que no pudieran acusarlo más.

En 1914, favorecido por el estallido de la I Guerra Mundial y por la falta de pruebas,  Landrú escapa de una condena de varios años por el último de sus fraudes.

La Gran Guerra proporcionó además a Landrú la oportunidad de perfeccionar su talento de consolador de jóvenes viudas. Dado que las bajas que a diario se producían en el frente de batalla aumentaban constantemente el número de viudas que colocaban en los periódicos anuncios matrimoniales, Landrú comprendió que un hombre como él, atractivo y joven aún, podía aprovecharse de esta situación.

Y así fue como el futuro asesino volvió a publicar anuncios en la prensa. El de mayor impacto fue uno que apareció en Le Journal en el que decía: “Viudo, dos hijos, cuarenta y tres años, solvente, afectuoso, serio y en ascenso social desea conocer a viuda con deseos matrimoniales”. En seguida centenares de mujeres respondieron a su propuesta. Landrú fue descartando a todas aquellas con pocas posibilidades. A las otras, les enviaba una respuesta para recoger más información y asegurarse de la rentabilidad del idilio.

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Jeanne Cuchet, primera víctima de Landrú

La primera seleccionada fue Jeanne Cuchet, una hermosa mujer de 39 años, con un hijo de diecisiete (André), una mujer que contaba con unos ahorros de unos 5.000 francos. Landrú alquiló un piso en el barrio de Vernouillet y adoptó la identidad de Raymond Diard, inspector de correos, proveniente de Lille, que había tenido que huir debido a la ocupación alemana. Nuestro protagonista se comportó como un educado pretendiente, y evidentemente prometió matrimonio a madame Cuchet. En enero de 1915, madre e hijo desaparecieron para siempre. Landrú los descuartizó en el pequeño apartamento para luego quemarlos en la chimenea.

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Parte de la desgraciada galería de víctimas de Barba azul

Posteriormente, Landrú perfeccionó su siniestro método delictivo. Alquiló una casa en las afueras de París, a la que fue invitando a sus sucesivas conquistas, bajo la promesa de matrimonio. En una libretita negra escribía cada detalle de las citas, y anotaba por ejemplo: “infructífera” o “capital presumible” o “bienes sólidos”. Consiguió así su segunda víctima: de nuevo una viuda, con más dinero que la anterior, madame Laborde-Line. Con ella siguió la misma técnica que con madame Cuchet, se presentó como Dupont, empleado del servicio secreto, y al tiempo le propuso que se marchara a vivir fuera de París quedándose él con sus ahorros para invertirlos en aquella desastrosa época de guerra. Poco después, madame Laborde-Line sería asesinada e incinerada en el salón de la casa parisina.

Para la realización de sus espantosos crímenes, Henri dejó de usar su nombre y se convirtió en el doctor Fréymet, el geómetra Dupont, el ingeniero Lucien Guillet, o el viudo Raymond Diard, entre otras muchas falsas identidades.

Landrú disfrutaba felizmente de sus nuevas riquezas, sin levantar sospecha alguna por sus crímenes. Pero el hecho de cambiar constantemente de casa suponía un fastidio por el hecho de dar constantes explicaciones tanto al casero y a los vecinos por su marcha como a su propia mujer por sus constantes idas y venidas. Así que alquiló una casa en la localidad de Gambais, a la que llamó “Ermitage”.

De 1914 a 1918, Landrú siguió empleando el mismo método criminal, sin importar la edad de sus presas, que podía ir desde los 19 hasta los 51 años. Invitaba a las viudas para prometerles matrimonio y, cuando se aseguraba que disponía de su dinero para “inversiones futuras”, las asesinaba y las quemaba en el horno de la casa. Landrú logró reunir una fortuna con los bienes de sus novias. Entre 1915 y 1919 nada menos que 35.642 francos con 50 centavos.

Mientras todo eso pasaba, llevaba una vida casi normal. Visitaba a sus hijos con frecuencia, mostrándose con ellos como un padre atento y a su esposa le hacía regalos carísimos.

Pero, una vez acabada la guerra, los parientes empezaron a buscar a sus desaparecidos. Ese fue el caso de los familiares de Madame Collomb, que enviaron una carta al alcalde de Gambais, solicitando cualquier tipo de información sobre su pariente, a la que se había visto en ese pueblo en compañía de un tal Dupont.

Pero no fue hasta la intervención del inspector Belin, cuando el cerco a Landrú empezó a estrecharse. La clave la dio la hermana de madame Buisson que acudió a la policía cuando se cruzó con el “pretendiente” de su hermana desaparecida comprando obras de arte en una tienda de Rue Rivoli. La policía interrogó al comerciante y encontró que Désiré, había dejado su tarjeta “Lucien Guillet, 76, Rue Rochechouart”. Allí se dirigió la polícia para detener al asesino el 11 de abril de 1919 en compañía de su nueva “amante”, la actriz Fernande Segret.

Una vez en la prefectura se pudo conocer la auténtica identidad del asesino gracias a una agenda. En ella, también se pudieron encontrar once nombres, cuatro de ellas coincidían con desapariciones ya constatadas y también, con una meticulosidad asombrosa de ahorrador compulsivo, los precios de los boletos de ferrocarril de París a Gambais. Cada vez que una de las víctimas acompañaba a Henri a Gambais, éste anotaba la compra de dos billetes de de ida, y sólo uno de vuelta.

Al ser interrogado por la policía sobre estas muejres de la agenda, Landrú contestó: “Un hombre de honor no habla de sus relaciones íntimas con las mujeres; no comenta nada de ellas con extraños, y menos aún con agentes de policía”.

Si este hombre viera hoy en día Sálvame le daba un infarto.

El 29 de abril, Landrú, acompañado de los gendarmes, viajó a Gambais. Allí se pudieron encontrar 295 huesos humanos semicarbonizados, un kilo y medio de cenizas y 47 piezas dentales de oro que Landrú guardaba en un cajón. Poco después, se pudo confirmar que el psicópata había vendido ropas, muebles y enseres de sus víctimas.

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Landrú en el juicio

El juicio de Landrú duró dos años y fue uno de los más sonados del París de la época. Aunque reconoció haberlas engañado, jamás confesó la autoría de los asesinatos: “Me procesan por diez mujeres —dijo— cuando he conocido centenares… ¡Qué generoso es este tribunal!… Estafador, lo admito; pero asesino, no. Ellas estaban solas y yo les he dado un poco de esperanza. Las he amado, las he despojado, pero no las he matado. ¿Qué fue de ellas? No sé. Es increíble cómo pueden desaparecer tantas mujeres sin dejar rastros… ¡Que me traigan las pruebas!”.

Al final, el 30 de noviembre de 1921 sería condenado tan sólo por once asesinatos probados, aunque la policía calculó entre 117 y 300 el número de mujeres asesinadas por Barba Azul. Al oir impasible la sentencia, Henri se dirigió a su abogado: “Gracias, Su Señoría. Si alguien hubiera podido salvarme habría sido usted. Pero en toda batalla hay muertos“.

landru_guillotinaEl 25 de febrero de 1922, Landrú fue guillotinado en la cárcel de Versalles.

Algo debía tener este siniestro Don Juan, pues tras su ejecución, Fernande Segret, última amante y tal vez el verdadero amor de Landrú, se fue al Líbano como institutriz. Regresó a Francia 40 años después. Se suicidó el 24 de febrero de 1972 arrojándose al foso del castillo de Flers-de-l´One, con una foto de Landrú en el bolsillo. Dejó una breve nota que decía: “Aún le amo y sufro demasiado. Me quitaré la vida“.

Unos años después de la ejecución de Landrú, otro psicópata, Peter Kürten, más conocido como el Vampiro de Düsserdolf, se declaró un gran admirador de Barbazul.

En 1963, se descubrió por casualidad una carta de Landrú en la que reconocía ser el autor de los crímenes.

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Orden de ejecución de Landrú

Landru_film_posterLa vida de este psicópata fue llevada al cine en una famosa película llamada “Landrú”, dirigida por Claude Chabrol ese mismo año. Previamente, en 1947, Charles Chaplin hizo una película inspirada también en su vida, llamada Monsieur Verdoux.

museum-of-death-los-angelesHoy en día es posible ver la cabeza guillotinada de Barbazul en el Hollywood’s Museum of Death, curiosísimo museo abierto en 1995 por J.D. Healy y Catherine Shultz con el objetivo declarado de “hacer que la gente se sienta feliz de estar viva“. Desconozco cómo llegarían a Estados Unidos los restos del famoso criminal.

En la novela popular el personaje de Landrú tuvo, al menos que yo conozca, dos versiones:

La primera de ellas, en la mencionada biblioteca Píldora, de la editorial Gráficas Espejo, a cargo de Elena Clemens, autora especializada en esta editorial en la realización de biografías, especialmente de oscuros personajes de la historia.

Las segunda de ellas corresponde a la tantas veces mecionada colección Galería Siniestra de Rollán, en cuyo nº 20, “Monsieur Landru, el Don Juan Siniestro”, a cargo de H. Lindser (Mariano Rodríguez Tudela), se narraban de forma novelada, pero muy bien documentada, las andanzas de nuestro fascinante protagonista.

Como curiosidad, en una novela de terror de Curtis Garland, “Cámara de los horrores”, nº 20 de Selección terror de Bruguera, se hace también mención a Landrú, entre otros muchos monstruos que habitan un siniestro museo de cera.

Para la gente que opina que este tipo de literatura no tiene utilidad alguna, sirva esta reseña de advertencia a jóvenes viudas y divorciadas: mucho cuidado con las actuales páginas de contactos de internet, no vaya a haber un Landrú acechando.