EL CALDITO

Media gallina, una patata, una zanahoria, un puerro y un hueso de jamón. Esa, exactamente esa, es la receta de mi madre para hacer lo que ella denominaba un “caldito”; receta que, por cierto, no se sabe cómo, conseguía colar en cualquier conversación, algo que siempre era motivo de risa para sus nietos, que esperaban expectantes el momento en que su abuela acabara sacando el tema. Si le hablabas del último Barca-Madrid de liga, todo  derivaba  en que Cristiano Ronaldo había estado un poco flojo, problema que claramente se hubiera solucionado si hubiera tomado un caldito antes del partido. Ẹlla lo hacía con media gallina, una patata, una zanahoria, un puerro, y un hueso de jamón.

Daba igual que el tema fuera la prima de riesgo, la guerra de Irak, o el resultado de las últimas elecciones; la única preocupación de mi madre era encontrar el momento exacto para soltar a traición la receta del caldito. Hablando del accidente nuclear de Chernobyl, ella empezaba a comentar que dónde estaba eso, que qué chapuzas eran los rusos, que qué buena está la ensaladilla rusa, que si murió mucha gente, que si en España teníamos centrales de esas -Ay Dios que miedo-, y preguntaba y preguntaba en busca de la ocasión perfecta, y cuando ya te había vuelto loco y le estabas explicando que para mantener fríos los núcleos de las centrales se  sumergían en una gran piscina de agua, ella te soltaba de golpe y sin cambiar el gesto que, como la piscina estaba tan calentita, si le hubieran echado media gallina, una patata, una zanahoria, un puerro y un hueso de jamón, hubieran tenido un caldito. A lo mejor había que echar un poco más, eso sí, que era mucha agua.

Y tú, con cara de portero goleado, ya podías maldecir protestando que qué leches tenía eso que ver con una catástrofe nuclear, que a ella le daba igual. Ya te la había colado. Objetivo cumplido.

El motivo por el que viene al caso esta anécdota es que en muchos casos el proceso de creación de los bolsilibros seguía el mismo esquema que el caldito de mi madre.

Sabido es que los saturados autores de los que habla este blog tomaban prestadas ideas de todas partes -cine, literatura, comics, e incluso sucesos de los periódicos-, pero hasta eso a veces resultaba insuficiente, nada raro si consideramos que gran parte de ellos debían entregar un nuevo original con una periodicidad semanal.

Invito a los lectores del blog a intentar, no ya escribir, sino tan sólo pensar el argumento de una novela cada semana, y así durante años y años. Esto provocaba que en ocasiones los escritores montaran una trama en torno a cualquier anécdota aparentemente intrascendente. Tal era el oficio de estos autores que estoy convencido que Curtis Garland o Adam Surray hubieran sido capaces de escribir una terrorífica novela partiendo de la receta del caldito, o que mi querido Joseph Berna habría desarrollado una de sus hilarantes y disparatadas historias alrededor de la sencilla receta de mi madre.

Como muestra de lo que digo, voy a contar una anécdota sobre una novela de Ray Lester (Juan Mora Gutiérrez), uno de esos olvidados autores objeto de este blog al que en su momento dedicaré un artículo, y del que por cierto la Asociación ACHAB dedicó uno de sus estupendos volúmenes recopilatorios.

Toni Mora Díaz, hijo del escritor, recuerda cuando su padre estaba escribiendo la novela Telefonistas agresivas (nº 731 de Punto Rojo, Bruguera, 1976):

Pues resulta que mi tía (hermana de mi padre) trabajaba en telefónica y tenía un grupo de amigas que eran de miedo. Imaginaros que allá por los 70 viajaban solas por Europa en un 600 que llevaba mi tía y que cuando paraban y salían parecía que entraban por una puerta y salían por la otra de lo apretadas que iban.

Yo era un niño y me gustaba cuando me lo explicaban porque reíamos mucho de las aventuras y desventuras que les pasaban. Mi padre se inspiró en ellas, que andaban como locas de verse reflejadas en los personajes. Tenían entre 25 y 30 años, y con lo que cobraban en telefónica se lo pasaban bomba”.

Una vez que conocemos este detalle, podemos comprobar que la novela -una convencional historia policiaca-, no es más que una excusa para que el autor incluya una serie de anécdotas basadas sin duda en los personajes citados por su hijo.

Un auténtico especialista en esto era Silver Kane, autor al que he dedicado un buen número de reseñas en el blog, que estructuraba tramas policiacas o de terror a partir de cualquier cosa que en un momento dado pudiera haberle llamado la atención, muchas veces artículos de sucesos de cualquier diario. Se nota que hay ocasiones en las que Kane orquesta la historia con la única finalidad de comentar algo que le resultara curioso, incluyendo notas a pie de página tan características de su obra, pero es tal el oficio del autor, que suele integrar de forma más que aceptable este tipo de cuestiones.

Este artículo está dedicado a mi madre Lucía, y al resto de madres que ya no están con nosotros.  Vosotras sois y seréis las que hacéis girar el mundo.  Quién me iba a decir lo que iba a echar de menos oír la receta del caldito.

Alberto Sánchez Chaves. Agosto 2021.

¿A QUÉ HORA LE MATARON, MR. LUGER?

Aunque ya he dedicado en el blog diversas reseñas de obras de Keith Luger (Miguel Oliveros Tovar, La Coruña, 17-3-1924 – Madrid,  16-11-1971), lo que me permite ahorraros los habituales datos biográficos, creo que es una buena oportunidad para profundizar un poco más en la obra este autor, uno de los más reconocibles por el gran público, y uno de los de mayor éxito de ventas en su época si nos atenemos a la cantidad de reediciones que se realizaron de sus obras (de los 206 títulos policiacos que publicó en Bruguera, se reeditaron 137, y posiblemente en el género del oeste el porcentaje sea similar).

Para esta ocasión he optado por comentar una curiosa tetralogía cuyo nexo en común es que los títulos de las novelas comienzan por la enigmática pregunta ¿A qué hora le mataron? (en el caso de las mujeres les tutea, y la pregunta es ¿A qué hora te mataron?), dedicada en cada título a un famoso personaje distinto que murió asesinado, algo curioso pues según parece el autor considera entonces que la muerte de Marilyn Monroe no fue accidental.

Sin más preámbulos, la supuesta tetralogía estaría formada por los siguientes títulos:

TÍTULOCOLECCIÓN/NºAÑO
¿A qué hora te Mataron, Marilyn Monroe?Servicio Secreto/ 1.1021971
¿A que hora te mataron, Sharon Tate?  Servicio Secreto/ 1.0181970
¿A que hora le mataron, Míster Lutero King?  Servicio Secreto/ 953 Punto Rojo/ 864 (Reed.)1968  
¿A que hora le mataron, Mr. Kennedy?  Punto Rojo/ 3191968

Como puede verse, los personajes seleccionados por el autor no son poca cosa. Marilyn Monroe falleció en 1962 víctima de una sobredosis de barbitúricos, en un supuesto suicidio que a día de hoy sigue dando lugar a todo tipo de especulaciones; Sharon Tate, esposa de Roman Polansky y embarazada de 8 meses y medio, fue una de las cinco víctimas de los salvajes asesinatos de 1969 perpetrados por “la Familia”, la secta de Charles Manson; Martin Luther King fue asesinado en 1968, oficialmente por el segregacionista blanco llamado James Earl Ray, pero es otro de esos casos en los que siempre ha habido una sombra de sospecha; y finalmente, qué decir de John Fitzerald Kennedy, asesinado en 1963 por Lee Harvey Oswald, en el que es probablemente el crimen que más teorías conspiratorias ha generado a lo largo de la historia.

Pues bien, de todos estos sucesos Keith Luger nos aporta su particular versión de bolsillo de estas muertes, en una serie de novelas en las que se palpa que el autor puso un especial interés, y el resultado se nota.

Quiero reiterar que estas novelas suponen una rareza dentro del mundo de la novela popular, pues no es fácil encontrar ejemplos de tramas montadas a partir de hechos históricos, y menos tan bien documentadas como en estos casos. Estoy convencido de que cualquier lector disfrutará enormemente de esta magnífica saga.

TITULO: ¿A QUÉ HORA TE MATARON, SHARON TATE?

AUTOR: KEITH LUGER

SERVICIO SECRETO 1.018. EDITORIAL BRUGUERA

1ª EDICIÓN SEPTIEMBRE 1970

PORTADA: DESCONOCIDO

La novela comienza un 11 de Agosto de 1969, con el detective privado Paul Forrest hablando con su abogado, que le ha llamado para decirle que su esposa Judy ha presentado una demanda de divorcio contra él.

Judy abandonó a Paul justo dos días antes, después de tirarle a la cara unas comprometidas fotos suyas junto a una despampanante pelirroja. Un día difícil de olvidar, pues ese mismo día se produjo el horrible asesinato de Sharon Tate y sus cuatro invitados, una noticia que inundaba las portadas de todos los periódicos.

Justo en ese momento llaman a la puerta de Paul, y resulta ser un periodista llamado Jack Drake, un tipo por el que Paul no siente ninguna simpatía, pero que tiene para él un trabajo por el que le ofrece nada menos que medio millón de dólares por una investigación relacionada con el asesinato de Sharon Tate.  Sin querer escuchar más detalles, Paul manda a Drake a freir espárragos, pues no confía en absoluto en él, y además en esos momentos su única preocupación es que su mujer va a dejarle.

Poco después Paul se entera casualmente de que Drake ha contratado como segunda opción a Mark Price, otro investigador privado de turbia reputación que en su día fue amigo suyo, y al rato recibe la llamada de una tal Clara Allen, amiga de Price, y le dice que Mark quiere que se encuentre con él, por un asunto de vida o muerte. Por lo visto Mark llevaba horas intentando ponerse en contacto con él sin éxito, y al parecer temía gravemente por su vida.

De este modo nuestro protagonista se verá envuelto de lleno en uno de los asesinatos más famosos de la historia, en un momento en que todavía no se había oído hablar de Charles Manson y su extravagante “familia”.

El autor nos muestra una sorprendente versión alternativa sobre el asesinato de Sharon Tate que descolocará a más de uno. Recordemos que hasta finales de Noviembre de 1969 no se supo nada de los autores reales de los asesinatos, cuando Susan Atkins alardeó desde la cárcel de haber matado a Sharon. A partir de ahí se empezó a tirar del hilo, hasta que la investigación condujo hasta la secta de Charles Manson. El juicio contra Manson y compañía comenzó en Junio de 1970, y no fueron condenados hasta el 25 de Enero de 1971, unos meses después de la publicación de la novela de Luger (Septiembre de 1970). Esto quiere decir que es más que posible que la novela fuera escrita sin que el autor hubiera oído hablar de Charles Manson, y se basara únicamente en el mar de especulaciones informativas que inundaron la prensa durante los meses siguientes al asesinato. Recordemos que en Estado Unidos el asesinato provocó una auténtica ola de terror, especialmente entre los ricos y famosos, que de repente se sintieron amenazados.

Debe destacarse que la novela aporta detalles que se ajustan perfectamente a los días que siguieron al asesinato. Por poner tan solo un ejemplo, se menciona que la prensa publicó tres días después de los horribles crímenes que los asesinos podían ser invitados a la fiesta que tras ingerir todo tipo de drogas iniciaron un ritual satánico con los cinco asesinados (de los que también se da un exhaustivo informe en la novela). Esta noticia es cierto que se publicó inicialmente, basándose en los horribles detalles de los crímenes, aunque luego se demostró totalmente falsa.

La historia contiene elementos fascinantes, y el único pero que le pongo es que la historia secundaria que supone la inestable relación entre Paul y su esposa Judy ocupa demasiado espacio, alejando en ocasiones al lector de la trama principal, e incluso llegando a resultar irritante por sus inaceptables tintes machistas. Es de esas historias (algo común por otra parte en los bolsilibros) que requieren que el lector respire profundamente y vea la historia con ojos de los años 60. Recordemos que el divorcio no era legal en España, y la mentalidad de los hombres era que la mujer es una posesión más de sus maridos.

Como muestra de lo que digo, creo que basta con esta breve conversación:

“—¿Qué me hiciste, Paul? ¿Qué me hiciste?

—Lo que un marido tiene derecho a hacer con su mujer.”

Como suele ser habitual en el autor, hay una buena cantidad de referencias y homenajes cinematográficos, y por supuesto, toques de humor que suponen una de las principales señas de identidad de la obra de Keith Luger.

TITULO: ¿A QUÉ HORA TE MATARON, MARILYN MONROE?

AUTOR: KEITH LUGER

SERVICIO SECRETO 1.102. EDITORIAL BRUGUERA

1ª EDICIÓN SEPTIEMBRE 1971

PORTADA: JORGE NÚÑEZ

Con un retrato de la mítica Marilyn Monroe se abre al lector esta fascinante versión de Keith Luger sobre la fatídica muerte de esta leyenda del cine. Una historia a la que no le falta de nada: homenajes constantes al cine, misterio, acción, e incluso nostalgia, y sorprendentemente, un relato muy alejado del habitual y característico sentido del humor que tanto abunda en otras obras del autor. Una gran novela, la verdad, para mí la mejor de las que componen este artículo.

Alex Carrigan es un joven periodista del Star, el típico rebelde rompecorazones pero con buen fondo que se verá envuelto en una historia que puede suponer la noticia del siglo. Un detalle muy curioso es que el personaje de Alex Carrigan volvería a aparecer en al menos otra novela del autor: Las hijas de Neptuno (Punto Rojo nº 489, también de Septiembre de 1971), que reseñaré en otro artículo del blog.

Cuando Alex está a punto de abandonar los Estados Unidos temporalmente debido a un lío de faldas con la hija del embajador ruso, recibe la llamada de Spencer Holden, un periodista que en su época dorada ganó el Pulitzer, pero que con los años se ha ido hundiendo en un pozo sin fondo, víctima del alcoholismo; un despojo humano que de vez en cuando llama a Alex para que le preste algún dólar.

El caso es que Spencer se encuentra muy agitado, y asegura que tiene pruebas de lo que puede ser la noticia del siglo: Marilyn Monroe está viva.

Convencido de que Spencer ha enloquecido definitivamente, Alex le ignora y se dirige rumbo a su destierro en Noruega, pero el destino quiere que tenga que ver cómo Spencer es asesinado de tres disparos en el propio aeropuerto.

Afligido por la culpa de no haber hecho caso a su amigo, decide suspender su viaje, para investigar su muerte hasta las últimas consecuencias, con la inestimable ayuda de la bella secretaria de su jefe, Joan Foster. Las primeras pistas le llevan al club La Orquídea, donde contacta con Frank Oliver, un transformista que se gana la vida imitando a Raquel Welch, Rita Heyworth, Marilyn Monroe y otras celebridades de la época. Un personaje por cierto muy llamativo por el respetuoso trato que le da el autor, algo francamente extraño en el año 1971, momento en el que la homosexualidad y el travestismo se veían en nuestro país como una desviación.

A partir de aquí, Alex irá atando cabos en una investigación que le irá conduciendo hasta el descubrimiento de una historia increíble, y que por supuesto no desvelaré para no arruinar la lectura de una obra que aporta una magnífica versión de la muerte de Marilyn, y que considero imprescindible para cualquier amante de la novela de quiosco.

La historia es un constante homenaje al mundo del cine. Los nombres de todos los personajes (Norman Burton, James Fonda, Spencer Holden, Tony Harris, Frank Oliver, Clark Malden…), son una clara referencia a famosas figuras del cine por la combinación de nombres y apellidos, pero además a lo largo de la novela se van dando interesantes detalles de la vida y filmografía de Marilyn Monroe que harán las delicias todos los apasionados del séptimo arte.

TITULO: ¿A QUÉ HORA LE MATARON, MISTER LUTERO KING?

AUTOR: KEITH LUGER

SERVICIO SECRETO 953. EDITORIAL BRUGUERA

1ª EDICIÓN SEPTIEMBRE 1968

PORTADA: DESCONOCIDO

Con un tono muy diferente de la novela antes reseñada, nos encontramos sin embargo con otra fascinante versión de un crimen; en este caso el asesinato de Martin Luther King, abatido de un tiro en la cabeza por un francotirador mientras saludaba a sus seguidores desde el balcón de la habitación nº 306 del motel Lorraine de Mempkis el 4 de abril de 1968 (tan sólo 5 meses antes de la publicación de la novela de Luger).

El asesinato de King, que sólo tenía 39 años al morir, fue atribuido a un tirador solitario, un hombre llamado James Earl Ray que aceptó declarase culpable para evitar la pena de muerte, siguiendo los consejos de su abogado, lo que le supuso una condena de 99 años de prisión (acabarían siendo 100, porque se fugó de prisión en 1977, pero le pillaron a los tres días aumentándole la pena 1 año más). El caso es que Ray (que falleció en prisión en 1988) se pasó toda su vida defendiendo que él no había matado a King, y la propia familia del reverendo siempre estuvo convencida de que nunca se detuvo al verdadero culpable.

La novela de Luger –en la que esta vez sí que aparece su humor característico- está protagonizada por Bruce Frazer, el típico investigador privado duro como el mármol, pero con principios irreductibles.

Estamos en Abril de 1968. Bruce está investigando la desaparición de una joven negra llamada Martha Monroe, y todas las pistas le han conducido hasta un mafioso llamado Charles Larkin. Tras recibir una terrible paliza por parte de dos de los matones de Larkin, Bruce regresa al día siguiente acompañado de su fiel Luger (arma que suele aparecer siempre en las novelas del autor) para devolver las caricias del día anterior, encontrándose el cadáver de Larkin, con tan mala suerte que se convierte  en el principal sospechoso de su asesinato, pues todo apunta en esa dirección.

La situación obliga a Bruce a descubrir al verdadero asesino para poder limpiar su nombre, pues está en busca y captura, y la única pista de la que dispone es que Larkin estaba chantajeando a un tal Farrell exigiéndole el pago de 100.000 $ por su silencio.

A partir de aquí conoceremos a Jeanne Logan, una inocente corista aficionada a la lectura, y a un buen montón de gángsters sin escrúpulos que acaban conduciendo a Bruce a Memphis, justo el 3 de abril de 1968. En este momento Bruce descubre que la intención de Farrell y sus matones es matar a Luther King, y quieren usarle a él como chivo expiatorio. A pesar de que Bruce avisa de forma anónima a la policía del próximo asesinato, nadie parece creerle, lo que le obliga a ir en persona al hotel Lorraine para intentar avisar al propio King en persona.

En la novela se dan todo tipo de detalles reales sobre lo que estaba haciendo King en Memphis, y donde se alojaba (incluso el nº de habitación).

La novela de Luger tiene un trasfondo social muy por encima de lo que era habitual en la literatura popular, pues aprovechando el asesinato de Luther King (al que se cita constantemente, incluyendo algunas de sus más célebres frases)  se aborda el tema del racismo en diversas ocasiones. A modo de ejemplo reproduzco una conversación entre dos gángsters:

“- Escucha lo que dice ese Martin Luthero King: he leido en alguna parte que todos los ciudadanos de color tienen libertad de palabra. He leído en alguna parte que cualquier ciudadano de color tiene libertad de expresión. He leído en alguna parte que cualquier ciudadano de cualquier color tiene derecho a manifestarse.

Si los dejásemos manifestarse nos pisarían el cuello”.

Queda pendiente en este artículo la reseña de la cuarta obra que compone esta inusual tetralogía. En cuanto pueda, colgaré la reseña de ¿A qué hora le mataron, Mr. Kennedy?

TITULO: ¿A QUÉ HORA LE MATARON, MR. KENNEDY?

AUTOR: KEITH LUGER

PUNTO ROJO 319. EDITORIAL BRUGUERA

1ª EDICIÓN 1968

PORTADA: DESCONOCIDO

Próximamente

LA NOVELA POPULAR Y EL ESPIRITISMO

Probablemente cualquiera que lea este artículo haya soñado en algún momento de su vida con la idea de comunicarse con los espíritus, bien como resultado de una morbosa curiosidad, o incluso como una necesidad de contactar con algún ser querido que ya no está entre nosotros.

El caso es que el espiritismo, que nació como una corriente pseudo-científica, desde el punto de vista literario ha acabado siendo un recurso más dentro del género del terror. Si alguien contacta con el Más Allá, siempre hay un precio a pagar. Hay consecuencias, y casi nunca son agradables.

El espiritismo ​ es una doctrina originada en Francia a mediados del siglo XIX, cuyo máximo exponente fue Allan Kardec (1804-1869). Esta doctrina establece como principios fundamentales la inmortalidad del alma, lo que da pie a la existencia de los espíritus, que pueden relacionarse con los hombres con la ayuda de diversos médiums. De estos espíritus se podrían obtener grandes enseñanzas sobre diversos aspectos actuales, e incluso sobre el futuro.

Kardec definió al espiritismo como la ciencia que estudia la naturaleza, origen y destino de los espíritus, además de su relación con el mundo corporal y como filosofía, ya que estudia las consecuencias morales que resultan de esas relaciones.

El espiritismo se puso de moda en la era victoriana, convirtiéndose en un pasatiempo para las clases altas británicas y, entre sus ilustres practicantes, podemos encontrar -por citar a algunos- a Arthur Conan Doyle, Charles Dickens, Leon Tolstoi, y al mismísimo Victor Hugo, que pasó una larga temporada en Gran Bretaña cuando decidió exiliarse a la isla de Jersey después de haber publicado un panfleto contra Napoleón III.

Precisamente de Victor Hugo se publicó en Francia en 1964 “Lo que dicen las mesas parlantes”, un libro que no es más que la supuesta transcripción realizada por el propio autor de las comunicaciones que a lo largo de diversas sesiones tuvo con los espíritus de Shakespeare, Platón, Galileo, Jesucristo, Napoleón, Aristóteles o incluso con entes como el Drama o la Muerte. En 2014 por fin se publicó en castellano.

Afectado por la muerte de su hija Leopoldine, Victor Hugo decidió probar a pesar de su escepticismo inicial el tema del espiritismo gracias a la mediación de la poetisa Delphine de Girardin, ilusionado con la idea de poder comunicarse con su hija. Poco a poco Victor Hugo fue obsesionándose con el tema, disminuyendo el tiempo entre sesión y sesión hasta hacerlas casi diariamente, hasta el punto de que llegó a creer que los espíritus le dictaban algunas de sus obras. El propio autor duda en alguno de sus poemas de su capacidad como escritor, preguntándose si es un poeta o un mero profeta, en una interesante reflexión que nos recuerda a la intervención de las musas de la cultura griega.

Hoy en día hay todo tipo de teorías sobre si Victor Hugo creía realmente o no en los espíritus, y hay quien dice que padecía parafrenia fantástica, un trastorno mental que se manifiesta por lo general antes de los 30 años, con síntomas como la inquietud o la ansiedad y que progresivamente va avanzando hacia las ideas extravagantes y las alucinaciones, no solamente acerca de la relación del sujeto con su entorno sino también sobre todo tipo de elementos, como los conflictos políticos y, sobre todo, las fuerzas del más allá.

El caso de Leon Tolstoi no merece demasiada atención, pues, aunque recoge episodios de sesiones espiritistas en algunas de sus obras más conocidas como Anna karerina o Resurección, parece ser que se limitó a narrar algo que estaba de moda entre la clase alta de la época como parte de las tramas, pero al menos que yo sepa, a título personal no era un creyente del espiritismo.

En el polo opuesto, es más que conocida la relación de Arthur Conan Doyle con el espiritismo y con el mundo de lo sobrenatural en general. El autor de Sherlock Holmes afirmaba haber hablado con su hijo fallecido en multitud de sesiones de espiritismo, e incluso tenía supuestas fotos suyas desde el más allá, algo muy común en esa época (un fraude fotográfico, por supuesto), y cuyo ejemplo más conocido tal vez sea una fotografía del espíritu de Abraham Lincoln abrazando a su viuda, y que reproduzco en este artículo. Para el que no conozca a fondo el tema, y por no extenderme demasiado, recomiendo buscar información sobre el suceso de las hadas fotografiadas, un misterio que Doyle defendió a capa y espada, y que acabó demostrándose que tal sólo era un vulgar fraude, para decepción del escritor, que aún así siguió creyendo firmemente en los espíritus.

Para mi gusto lo más fascinante que podemos encontrar relativo a Doyle y el espiritismo es todo lo que atañe a su relación con Houdini. El rey de los magos y Doyle eran buenos amigos, y éste último le introdujo en el mundo del espiritismo cuando Houdini mostró su interés por contactar con su madre muerta. En medio de una sesión espiritista organizada por Doyle, Houdini entendió que todo era un fraude cuando la médium le entregó un mensaje escrito por su madre ¡en inglés!, un idioma que ella nunca había hablado. Por mucho que Doyle intentara convencer a su amigo de que su madre podía haber aprendido inglés en el cielo, la realidad es que esa sesión llevó a Houdini a convertirse en una especie de justiciero que se dedicaba a desenmascarar a médiums que se aprovechaban de la buena fé de la gente desesperada que intentaba contactar con un ser querido fallecido. Las opiniones enfrentadas de ambos amigos -uno un firme defensor del mundo de lo oculto, y el otro un detractor que veía que todo era una patraña- hizo que su amistad acabara rompiéndose.

El final del enfrentamiento entre los antiguos amigos no tuvo tampoco desperdicio. En 1925 una médium pronosticó durante una sesión el fallecimiento de Houdini a finales de año. El 31 de octubre de 1926, con un poco de retraso respecto a la predicción, Houdini fallece de forma trágica y prematura. Su esposa Bess cumplió con el plan que había acordado con su marido tiempo atrás: habían creado un código secreto (diez palabras secretas extraidas curiosamente de una carta de Conan Doyle) que guardaron celosamente, con el fin de que el superviviente de la pareja contactara con el otro en una sesión de espiritismo, y el espíritu debía decir las diez palabras. Lo extraño del caso es que Bess contó para llevar a cabo la tarea con Arthur Conan Doyle, que en esos tiempos ya tenía un enfrentamiento público con Houdini.  El final de la historia nunca ha quedado muy claro. Según algunas versiones, el médium, un hombre llamado Arthur Ford, logró descifrar el código y Bess terminó por creer en la existencia del más allá. Otras versiones afirman que Bess destapó que Ford usó una serie de engaños en el supuesto mensaje desde el Más Allá de su marido, y demostró que todo era falso. Por otro lado, Conan Doyle se fue a la tumba muchos años después (el 7 de julio de 1930) totalmente convencido de que el mundo de los espíritus era real.

Para hecernos una idea de la importancia que Conan Doyle tenía sobre el movimiento espiritista, el día de su muerte, una multitud de unos 8 mil espiritistas se reunieron en el Royal Albert Hall de Londres para homenajear al escritor. Entre la multitud, una famosa medium inglesa llamada Stelle Roberts dijo que vio entrar a Conan Doyle a la sala y sentarse junto a ella.

Los meses posteriores, muchos mediums aseguraron haber entrado en contacto con el escritor; sin embargo, tuvieron que pasar cuatro años para que, finalmente se realizara una sesión espiritista multitudinaria con la finalidad de escuchar lo que sir Arthur Conan Doyle tenía que decir desde el más allá.

El 28 de abril de 1934, un medium llamado Noah Zerdin invocó a Arthur Conan Doyle en medio de una multitud en Aeolian Hall de Londres y, con ayuda de un fonógrafo, grabaron la voz del escritor (o al menos eso decían ellos). Para los muy curiosos, se puede encontrar en internet la supuesta grabación de esa sesión.

El caso de Charles Dickens es algo distinto, pues realmente en el escritor confluían el escepticismo y la curiosidad por el mundo de lo sobrenatural; una curiosidad que le llevó a obsesionarse con el tema, algo por cierto muy habitual, y que estoy convencido más de uno de los que lean este artículo habrán experimentado de jóvenes si es que en algún momento tuvieron una época de participar en Ouijas.

Dickens asistió a numerosas sesiones de espiritismo organizadas por El Club de los Fantasmas (una sociedad fundada en Londres en 1862 dirigida a investigar fenómenos paranormales, y de la que formarían parte años después Arthur Conan Doyle, el poeta W.B. Yeats, o Algernon Blackwood entre otros), con la intención de convencerse de que todo era un fraude, pero lo cierto es que en su interior quería creer que ese mundo existía.

El Club de los fantasmas sigue existiendo en la actualidad, por cierto.

Lo paranormal es de hecho un elemento muy importante en la carrera literaria de Dickens. A lo largo de su vida escribió más de dos docenas de historias de fantasmas, muchas de ellas pequeños relatos incluídos dentro de novelas más extensas, como Los papeles póstumos del Club Pickwick (mi obra favorita de Dickens), Nicholas Nickleby, o Casa desolada, aunque probablemente sus historias fantasmales más conocidas sean sin duda Un cuento de Navidad y El guardavía. En el primer capítulo de la novela David Copperfield se dice que el niño nació un viernes a las doce de la noche y que podía ver fantasmas.

Como curiosidad, de todos es conocido que Charles Dickens falleció en 1870, dejando inacabada su obra El misterio de Edwin Drood, una de esas obras malditas sobre las que se han escrito miles de teorías.  Pues bien, en 1872 comienza a circular una historia según la cual el fantasma de Charles Dickens habría contactado con un médium americano llamado Thomas P. James, para dictarle el final de El misterio de Edwin Drood. El propio James afirmaba haber sido un incrédulo del mundo del espiritismo (algo que se demostró que era falso, pues asistía regularmente a sesiones), hasta que un día asistió casualmente a una sesión y cayó en trance, y con un lapicero empezó a escribir una extraña comunicación que le transmitía el propio Dickens, diciendo que desde el mismo día de su muerte había buscado a un médium para dictarle el final de su novela, y que por fin había encontrado uno adecuado. Además, el escritor le habría propuesto que le dedicara horas, y que Dickens se encargaría de ir dictándole el final de la novela. Cumplió el mandato que recibió y según algunas versiones el resultado de fue asombroso, pues aseguran que el estilo con el que finalizó la novela era tan parecido al del propio Dickens que parecía que el final de la obra había sido escrito por el propio autor desde el otro mundo. Yo personalmente me he negado siempre a leer cualquiera de las múltiples versiones que existen sobre el final de la obra incabada de Dickens, así que no puedo opinar al respecto.

Me gustaría aprovechar para recomendar desde aquí la lectura de La Soledad de Charles Dickens, una infravalora novela de Dan Simmons en las que se nos ofrece una interesante versión de los últimos días de Charles Dickens a raíz de un accidente ferroviario que le cambió la vida, y en la que se presenta una fascinante explicación sobre el misterio de Edwin Drood.

¿Y qué pasa con el espiritismo en la literatura española? Hay que tener en cuenta que el espiritismo ha sido considerado durante muchos años un tema tabú en sociedades como la española, fuertemente influenciadas por la religión católica, ya que el mundo de los espíritus choca frontalmente con las premisas de la religión.

Aún así, en consonancia con lo que estaba pasando en el resto de Europa, llega en 1853 a España el fenómeno de las mesas giratorias, con toda la parafernalia habitual de la época, y entre abril y julio de ese mismo año se desata una auténtica epidemia espiritista, que llama la atención incluso de la prensa médica y científica de la época.

La propia reina, Isabel II, acompañada del resto de la familia real, se deja seducir por el fenómeno, y celebra en su residencia de Aranjuez una sesión, contando con la presencia de una familia vecina de la localidad, famosa por sus dotes como mediums.

Por supuesto Su Majestad y el resto de la familia real permanecen ajenos físicamente al experimento, manteniéndose observantes a distancia, haciendo que participen directamente sus criados, oficiales y caballerizos.

A nivel literario, podemos encontrar rastros del espiritismo en la mayor parte de las leyendas de Gustavo Adolfo Bécquer (1836-1870), en cuya obra el mundo no visible tiene una constante presencia, y del que hay indicios de que podría haber participado directamente en sesiones espiritistas que estaban comenzando a celebrarse en España. Posteriormente, autores como Valle-Inclán (1866-1936), especialmente en La Lámpara Maravillosa y en Ligazón; o Eduardo Zamacois (1873-1971), que, sobre todo en su fascinante “El Otro” (1910), también deja muestras del mundo del espiritismo en su obra. En esta terrorífica novela, Adelina y su amante Juan Enrique Halderg, asesinan al doctor Riaza, el impotente y sádico marido de Adelina. Al recomponer sus vidas juntos, comienzan a sentir una presencia acechante que a mi me recuerda a la figura del Horla de Guy de Maupassant. La sombra del muerto, del otro, parece interponerse entre su amor, hasta el punto de convertirse en un íncubo que va reconquistando a la viuda y debilitando la virilidad del amante, que poco a poco va enloqueciendo y acaba suicidándose después de haber matado a Adelina. Una fascinante novela que invita a que el lector se plantee diversas cuestiones sobre el más allá.

Otra autora que se tomó muy en serio el tema fue Carmen de Burgos (1867-1932), más conocida como Colombine, pionera del periodismo y de los derechos de la mujer, publicó en 1922, “El Retorno: novela espiritista”, en la que recoge sus experiencias espiritistas vividas en Portugal, narradas en un tono serio que en ocasiones parece una novela de terror. No es la única obra de Colombine relacionada con el mundo del Más Allá, como ocurre también en “La voz de los muertos” o en “Los endemoniados de Jaca”. Otra de esas autoras totalmente borradas de la historia a raiz de la irrupción del franquismo que merece la pena recuperar.

También me gustaría mencionar la visión de la literatura más bohemia sobre el fenómeno del espiritismo, que en ocasiones no se tomaba demasiado en serio el fenómeno.  Pío Baroja confesó haber asistido a varias sesiones espiritistas, que suelen tener como resultado, según recuerda en sus Memorias, “que alguna criada quede misteriosamente encinta, a resultas de sus supuestos encuentros con los espíritus”.

Por supuesto otro caso similar es el de mi admirado Emilio Carrere, que en novelas como El Sexto sentido o Un crimen inverosímil da muestra de su interés por el tema, pero no parece acabe por tomárselo demasiado en serio; y qué decir de Pedro Muñoz Seca, que en La Plasmatoria (1935) resucita a Don Juan tenorio en una desternillante parodia de una sesión espiritista.

Para terminar esta “breve” introducción, me gustaría mencionar la figura de Amalia Domingo Soler (1835-1909), la gran dama del Espiritismo español, y que fue en su momento la máxima defensora de un movimiento que no se limitaba únicamente al terreno de lo sobrenatural, sino que acabó convirtiéndose en todo un movimiento político. Como prueba, en un congreso espiritista internacional celebrado en Barcelona en 1888 y del que Amalia fue vicepresidenta, se aprobaron una serie de principios del movimiento, y que en esos momentos resultaba absolutamente revolucionario. Por citar tan solo algunos de estos principios, se incluían la Reinvindicación de la igualdad entre géneros y liberación de la mujer; Enseñanza laica; la abolición completa de la esclavitud; la supresión gradual de las fronteras políticas o el desarme de los ejércitos, sin olvidar que se pedía la Interpretación del espiritismo en calidad de religión laica, antiautoritaria, igualitaria y socializadora.

Creo importante destacar el peligro que la Iglesia católica vio en el creciente interés por el espiritismo, en tanto en cuanto podía suponer una grave competencia, y de hecho en España se produjeron constantes enfrentamientos que ahora no viene al caso detallar.

La Carta Encíclica del Santo Oficio del 1856 alertó contra la evocación de las almas de los difuntos, así el 4 de agosto de 1856, vista la difusión del fenómeno del Espiritismo, el Santo Oficio declaró “ilícita, herética y escandalosa, la práctica de evocar las almas de los muertos, y recibir sus respuestas”.

El 1 de febrero de 1882, la Sacra Penitenciaría declaró ilícito incluso tan sólo asistir a las sesiones y a los juegos espiritistas.

El Catecismo de S. Pío X de 1905 recoge que “Todas las prácticas del espiritismo son ilícitas porque son supersticiosas y no están inmunes de la intervención diabólica, y por eso fueron justamente prohibidas por la Iglesia”.

Lógicamente, la guerra civil española y el inicio de la larga dictadura de Franco supusieron un parón en seco del incipiente movimiento espiritista en España.  La Iglesia católica veía en este tipo de movimientos un enemigo claro, y dada la estrecha relación Iglesia-Estado que se estableció durante la dictadura de Franco, el espiritismo desapareció, al menos oficialmente. Todos los libros espiritistas fueron prohibidos, y retirados de las librerías.

El 1 de marzo de 1940, apenas un año después de acabar la guerra civil, apareció la “Ley sobre la Represión de la Masonería y el Comunismo”, que extendía todos sus preceptos a otras organizaciones como la espiritista. Aunque esta Ley no consideraba la pena de muerte, establecía penas de cárcel de hasta treinta años de cárcel, destierro, y la inhabilitación perpetua y absoluta para cargos de dirección de empresas y organismo públicos y privados.

La censura empezó a actuar, de modo que ninguna nueva publicación pudiera incluir entre otras cosas, ningún aspecto que supusiera una defensa del espiritismo.

Con este marco jurídico y social, ya podéis imaginar el margen que tenía la novela popular de posguerra para incluir cualquier referencia al espiritismo, que solo podría aparecer para ser ridiculizado y siempre asociado como un elemento oscuro o terrorífico. Precisamente, uno de los logros de la Iglesia católica a lo largo de este gris periodo de la historia de España fue lograr que la gente viera el espiritismo -que recordemos que nació curiosamente como una corriente científica y como un movimiento casi filosófico- como un fraude que podía poner en peligro nuestras almas.

Como suele ser habitual en este tipo de artículo que se centran en un tema concreto, no pretendo bajo ningún concepto el realizar una relación exhaustiva de novelas en las que aparezca el espiritismo. La novela popular es sencillamente inabarcable, y por ello únicamente quiero dar unas pequeñas pinceladas de cómo se trataba el tema.

Aunque siempre ha sido habitual en la novela popular la presencia de fantasmas, la censura no permitía la aparición de elementos espiritistas, entendiendo como tal la convocación voluntaria de los espíritus para hacerles preguntas. Tan sólo a partir de los años 70, con la dictadura dando sus últimos coletazos y la censura ya muy suavizada, es cuando podemos encontrar referencias claras al espiritismo en la novela popular de quiosco, y como es lógico, de forma casi exclusiva en el género de terror, pues en este momento la imagen del espiritismo ya era la de algo clandestino y terrorífico.

En mi búsqueda sobre novelas populares que traten el espiritismo, he localizado bastantes referencias, de las que sólo mencionaré unas cuantas, intentando recoger el mayor número posible de autores, entre los que encontraremos a Curtis Garland, Silver Kane, y, sobre todo, Ralph Barby, sin lugar a dudas el autor que en más ocasiones recurre a este tema, que intuyo conocía muy bien.

Por lo que he podido saber, gracias a la propia hija de Curtis Garland (muchas gracias, Mercedes), Juan Gallardo Muñoz, acompañado de su esposa Teresa, tuvo de forma ocasional contacto con el mundo del espiritismo, al participar en varias sesiones que imagino que en aquellos años debían practicarse en domicilios particulares de forma clandestina. Por lo visto, lo dejaron porque se estaba convirtiendo en algo muy intenso, una sensación que creo que puede entender perfectamente todo el que de joven haya participado alguna vez en sesiones similares o con la célebre Ouija. Algo que empieza como un juego, puede convertirse en una peligrosa obsesión. Para todos los que conocemos mínimamente la obra del autor, no sorprende descubrir el hecho de que se interesara en un momento dado por el espiritismo, en una persona de amplia cultura que aparentemente sentía curiosidad por absolutamente todo lo que le rodeaba. Mercedes me comentaba que pensaba que su padre tenía para muchas cosas una mentalidad de finales del siglo XIX, momento en el que el espiritismo experimentó su mayor auge. Yo simplemente creo que era un genio atemporal.

Lo que daría yo por conocer a fondo los detalles de esas sesiones de espiritismo en las que participó Curtis, y saber a quién se invocaba.

El caso es que la experiencia debió dejarle huella, pues es bastante frecuente encontrar referencias al espiritismo en sus obras, y aunque trata el tema desde un punto de vista terrorífico, al menos en sus novelas no resulta ser un fraude, y se nota que dominaba la materia por la cantidad de detalles que aporta.

Ya en la primera novela que publicó para la colección Selección Terror (Anoche salí de la tumba, nº2, 1973), hay una escena al respecto, con la esposa de un hombre recién fallecido haciendo una sesión espiritista para contactar con su marido. En ella aparecen todos los elementos típicos de una sesión de este tipo, con el círculo de manos, la médium, e incluso la mención a un espíritu burlón.

En Viaje hacia el horror (Selección Terror nº 187, 1976), se hace mención a realizar una sesión de espiritismo a bordo del Sally Ann, uno de esos barcos malditos de los que ya hablé en una reseña de este mismo blog dedicado al Terror en alta mar.

En Morgana (Selección Terror Extra nº 18, 1983), la histortia gira alrededor de Morgana de Wilders, una mujer acusada a finales del siglo XIX de practicar espiritismo y convocar a los muertos. Durante la novela se produce alguna sesión de espiritismo, con un interesante comentario de uno de los protagonistas: “Hacer una sesión de espiritismo no es delito aquí, salvo para el reverendo Moore”, en referencia a la visión de la Iglesia sobre el tema.

En Dinastía diabólica (Selección Terror nº 487, 1982), el autor nos ofrece una curiosa visión científica del espiritismo que no chocaría con la religión:

Si existen los espíritus, es que existe otra vida. Si esa otra vida existe, es que existe Dios. Y si existe Dios, existe el demonio, del mismo modo que, si existe el Bien, tiene por fuerza que existir el Mal.

Una conjetura fría y lógica —aceptó el regente de Morgenstein—. Pero yo no digo que los espíritus sean obra simplemente de la existencia de otra vida ultraterrena, sino que pueden materializarse, quizás, a través de nuestra propia mente.

—Ya veo. El espiritismo, según eso, seria simplemente un fenómeno parapsicológico, creado por la mente humana.

—Es posible científicamente, ¿no?

—Por supuesto. La ciencia sólo admite esa clase de fenómenos como resultado de una sugestión o de un hecho parapsicológico, obra del propio ser humano. Pero la ciencia no siempre lo explica todo.”

Permítanme que no me extienda más con Curtis Garland, para dar paso a otros autores.

Un caso muy interesante es el de la novela Sonata maquiavélica (Punto Rojo nº 258 de Bruguera, 1967), de Frank Caudett (Francisco Caudet Yarza), un autor que era íntimo amigo de Juan Gallardo Muñoz, así que cabe la posibilidad de que compartieran en algún momento afición por el mundo del espiritismo.  Lo interesante de esta novela es que se publicó en 1967, en medio de la dictadura de Franco, aunque es cierto que en estos años la censura ya no era tan incisiva como unos años atrás.

En la novela, en la que por cierto aparece un personaje llamado Kent Davis (uno de los pseudónimos de Juan Gallardo Muñoz), dos mujeres que no se conocen entre sí reciben una misteriosa llamada telefónica en las que les aseguran que pueden contactar con sus maridos, recientemente asesinados y decapitados, a través de una médium, y para ello les invitan a que acudan clandestinamente a un viejo caserón aparentemente abandonado, con la amenaza de que, si se lo cuentan a alguien, se reunirán con sus maridos en el Más Allá.

Una interesante premisa no tan bien desarrollada en la que el espiritismo y la Sonata pathétique n° 8 de Beethoven tienen un protagonismo decisivo, y en la que, como no podía ser de otra forma en esos años, se muestra una imagen del espiritismo como un fraude para sacar dinero a la gente.

En Yo volví del más allá (Punto rojo nº 1.119 de Bruguera), de Rocco Sarto, se nos presenta a Elmer Fallon, considerado el mejor médium de Nueva York, un hombre que ha recibido un mensaje de los espíritus en el que le avisan de que va a ser asesinado. A través de Fallon se manifiesta una tal Gloria Mendoza, un espíritu que vuelve del Más Allá para vengarse, ordenando a tres hombres que atraquen un banco…

Lou Carrigan nos presenta al principio de Juegos de Cementerio (Selección Terror nº 440, 1981) a ocho personas que se encuentran alrededor de una mesa realizando una sesión de espiritismo, haciendo las clásicas preguntas que el espíritu responde dando un golpe en la mesa cuando la respuesta es afirmativa. Los protagonistas de la sesión se la toman a modo de broma, haciendo preguntas absurdas y aprovechando para meter mano a la chica que tienen al lado. Se presenta por tanto el espiritismo como un juego de mesa más, sin ningún viso de verdad. A partir de aquí la novela toma derroteros distintos, muy interesantes, en una historia que perfectamente podría haber sido adaptada para un episodio televisivo de Alfred Hitchcok presenta. Muy representativa esta novela para reflejar esa visión del espiritismo como un juego, que tan de moda se puso en los años 70 y 80 en España. Por lo que he podido leer de Lou Carrigan en el género del terror, es un autor que huye de los argumentos sobrenaturales, posiblemente porque considera este tipo de elementos un mero fraude, y por ello recurre con frecuencia al típico Mad Doctor en sus argumentos.

Silver Kane recurre al espiritismo en Tres noches con los espíritus (Nº 333 de Punto Rojo de Bruguera), una novela supuestamente policiaca, pero que podría haber sido publicada perfectamente en Selección Terror, algo que ya he comentado en otras ocasiones. En la novela, la clásica historia sobre una herencia con cláusula excéntrica, los herederos se ven obligados a pasar 3 noches en una siniestra mansión, en la que no se les ocurre otra cosa que celebrar una sesión de espiritismo. Nuevamente vuelve a recurrirse al tema como un elemento terrorífico.

El siempre interesante Burton Hare también nos deja una interesante historia de espiritismo en Cita con los espíritus (Selección Terror nº 197, 1976). Una historia que se desarrolla en una mansión del siglo XVIII llamada Shadow House ya promete de antemano. Allí ha decidido ir a vivir un millonario espiritista llamado Robert Huntsville con su nueva y flamante esposa, Eva Allen, y con ellos se encuentra temporalmente de visita su prima Patricia, una periodista que quiere escribir sobre la siniestra casa. Una noche, Patricia cree sentir una extraña presencia en su habitación, y tras comentárselo a sus anfitriones, su primo Robert decide realizar una sesión de espiritismo en la casa esa misma noche junto con un matrimonio amigo de Eva que también está de visita. Robert intenta convocar el espíritu de su fallecido hermano George, dando lugar a una terrorífica trama que no destriparé.

El caso es que vuelve a emplearse el espiritismo como algo siniestro, ofreciendo esa visión de que el intentar contactar con los difuntos siempre trae consecuencias funestas.

Del mismo Burton Hare nos encontramos con La venganza de los espíritus (Selección Terror nº 580, 1984), donde volveremos a tener otra terrorífica sesión de espiritismo en una noche de tormenta dirigida por Amos Lundgrem, con el habitual círculo de manos alrededor de una mesa redonda que se mueve sola. Amos Lundgrem invoca a su fallecido hermano Geoffrey. Pues bien, puedo confirmar que La venganza de los espíritus no es más que la reescritura de Cita con los espíritus. Se han cambiado los nombres de todos los personajes, y se ha hecho una nueva redacción, por lo que en apariencia son dos novelas diferentes, pero el argumento es prácticamente idéntico en ambos casos.  Aquí la casa se llama Black House en lugar de Shadow House, pero se repite lo de la prima viviendo con el matrimonio reciente, el millonario espiritista, la sesión en la que se invoca al hermano muerto, y el desenlace de la historia. Los autores de bolsilibros eran unos genios en esto de colar obras antiguas como nuevas, aunque hay que reconocer que en este caso el engaño no es tan evidente como en otros que hemos analizado en este mismo blog, y en los que apenas se cambiaba nada.

Ada Coretti, reina del Gore (con permiso de mi admirado Adam Surray), también nos regala una peculiar sesión de espiritismo en Los muertos quieren vivir (Selección Terror nº 556, 1983), una historia en la que no faltan las habituales escenas truculentas de la autora y en la que una especie de mago llamado Orson Wyn, que dice tener entre otros poderes el de devolver la vida a los muertos, organiza una sesión para invocar el espíritu de una joven muerta recientemente con la intención de resucitarla. Sin ser exactamente una sesión espiritista de las que estamos analizando, en el libro sí se hace mención al espiritismo más convencional, aunque de una forma superficial que denota que no es un tema que dominara la autora.

El autor que he dejado para el final es Ralph Barby, que probablemente sea el que más títulos tiene relacionados con el espiritismo, y que demuestra conocer el tema en profundidad.

En Pensión de París (Selección Terror nº 189, 1976) tienen gran protagonismo Marguerite y Hortense Magenta dos ancianas hermanas que regentan una pensión parisina, y que comparten una gran afición por el espiritismo, que practican con unos extraños instrumentos.

En Foto Sex (Selección Terror nº 173), la joven Lumiére asiste aterrada a la horrible e inexplicable muerte de su anciana tía, que está a su cuidado, y acaba encerrada en un centro psiquiátrico. Al poco tiempo la dejarán salir al no haber pruebas en su contra y un joven policía encargado del caso intentará ayudarla a investigar la extraña muerte de su tía, de la que el principal sospechoso es un misterioso espiritista llamado Joverek.

En Regresa a tu sepulcro (Selección Terror nº 397,  1980) un grupo de personas deciden realizar una sesión espiritista en la Maison des Arbres, una vieja casa de huéspedes a la que han llegado de forma accidental,  y deciden contactar con el espíritu más cercano. El autor da todo tipo de detalles sobre el desarrollo de una sesión espiritista, con las habituales palabras de invocación, y el código de golpes para las respuestas del espíritu invocado (Tres golpes es presencia, un golpe, sí; dos, no), demostrando una vez más que conoce bien el tema.

El caso es que a la invocación responde una joven llamada Aurore, que dice no estar en paz en el mundo del Más Allá.

En la novela Alguien pintó el mal (Selección Terror nº 425, 1981), el juez Cunning saca de forma clandestina durante la noche a Dorothy Ambross con la complicidad de la enfermera Laura Berner. Los tres se dirigen a una pequeña isla, donde son recibidos por Aldo Wassermann, sobrino de Florence Wassermann, en el único caserón que ocupa la isla. El motivo de tan extraña reunión: celebrar una sesión de espiritismo en el caserón, que tiene fama de estar encantado, y el motivo de llevar a Dorothy es que supuestamente es una médium extraordinaria. El plan es celebrar la sesión para contactar con una tal Natalie Norton, para descubrir al hombre que la asesinó dos años atrás.

En el libro toma un gran protagonismo el espiritismo, y se hace referencia a temas como los supuestos poderes de Hitler como Medium, o al empleo del espiritismo en la resolución de ciertos crímenes.

En Profesor de espiritismo (Selección Terror nº 348, 1979) nos encontramos con un moderno edificio de oficinas llamado Midas Buiding en el que se están produciendo una serie de extraños sucesos sobrenaturales de los que parece ser responsable un horrendo fantasma. Los dueños del Midas Building recurren al profesor Wassermann, catedrático universitario, experto en espectrología, ocultismo y otras ramas de la paraciencia, para que intente resolver el misterio, y por supusto tendremos una sesión de espiritismo clásico, con su círculo, médium, y toda la parafernalia habitual. Ralph Barby vuelve a dar muestras de conocer perfectamente el mundo de la parapsicología y del hipnotismo, y nos obsequia con la siguiente reflexión de boca de uno de los protagonistas de la novela:

El espiritismo no es una afición para quien cree en ello, sino una doctrina, aunque para la mayoría de la gente sea una estupidez y un engaño. Claro que muchos de los que pueden decir tales cosas sobre los espiritistas no irían con uno de ellos a un cementerio y de noche

Esta novela es un perfecto ejemplo de algo que no habría sido posible publicar durante la dictadura, dado que da una visión del espiritismo casi como una rama científica, algo impensable unos años atrás.

Otra muestra más que prueba el amplio conocimiento de Ralph Barby en temas parapsicológicos es Mis amigos los muertos (Selección Terror nº 320, 1979), en la que, aparte de múltiples referencias al espiritismo, adquieren una gran importancia en la trama las psicofonías.

En Oui-ja para Recordar (Selección Terror nº   609) Nadia Darwis, una mujer con un trauma infantil oculto, acaba de salir de un hospital psiquiátrico, donde ha permanecido ingresada durante dos meses por orden judicial tras haber sufrido un extraño accidente. Al reincorporarse al trabajo, empieza a rehacer su vida con un grupo de nuevas amistades, a los que les ofrece pasar un fin de semana en una alejada casa de montaña propiedad de sus padres que se encuentra en Black Hills, cerca de un lugar que llaman el cementerio de los gambusinos. La intención de Nadia es afrontar sus traumas infantiles, que sospecha están asociados con esa casa familiar, pues allí murió su hermano Louis ahogado cuando tan solo tenía 8 años. De este modo, Nadia y sus nuevos amigos Maxwell, Micky, Sheila, Peter, Arthur, y Lizzy, inician un viaje que tendrá funestas consecuencias, pues cuando están allí, Sheila propone jugar a la Ouija, lo que, como ya os podéis imaginar, no acabará nada bien. Otra gran historia de Ralph Barby que consigue momentos verdaderamente inquietantes a lo largo de la trama, especialmente la sesión de ouija, que a mi al menos me causó auténtico miedo.

Es interesante el tratamiento que se da a la Ouija en la novela, pues coincide con la imagen popular que existe sobre la misma. Lo que supuestamente no es más que un simple juego, acaba siendo una prueba individual para todos aquellos que presumen interiormente de no creer en el Más Allá. Si me atrevo a jugar con la Ouija, me demuestro a mi mismo que todo eso no son más que tonterías. El problema es que casi todo el mundo se da cuenta de que en el fondo no tiene tan claras sus ideas al respecto.

No quiero extenderme más, porque hay muchas más novelas de Raph Barby en las que emplea el espiritismo como un recurso importante dentro de sus tramas (Las maravillas de ultratumba, Carta a los espíritus de los muertos, Tengo miedo, ayúdame…).

Debo destacar que el propio Ralph Barby confirmó haber investigado durante un tiempo diversos temas relacionados con la parapsicología, entre los que por supuesto se encontraba el espiritismo. Al margen de consultar libros sobre el tema, asistió a seminarios de los parapsicólogos y científicos Óscar González Quevedo y Linares de Mulas, entre otros expertos sobre el tema.

Es una lástima que no puedo comentar una novela de la colección Easa Terror llamada Ouija (nº 208 de la colección), obra de Russ Tryon, seudónimo de Francisco Cortés Rubio, más conocido en el mundillo de la novela popular como Frank McFair, un autor que me interesa especialmente y del que me hubiera encantado mostrar su visión del espiritismo. Por desgracia, no dispongo de un ejemplar de la novela.

Y sin más, queridos lectores, tras haberos invocado, apago las velas, y rompo el círculo de manos.

Alberto Sánchez Chaves. Abril, 2021.

LA REALIDAD SUPERA A LA FICCIÓN (IV): RICHARD SHARPE SHAVER Y LOS MUNDOS DE LA LOCURA

Supongo que los lectores de este blog entienden perfectamente la diferencia entre fantasía y realidad, a pesar de vivir en un mundo en el que la sobreinformación a la que estamos expuestos nos haga a veces imposible distinguir dónde se encuentra la frontera entre lo real y lo imaginario.

Pues bien, voy a exponer un curioso caso en el que una famosa revista Pulp hizo creer a sus lectores que una serie de fantásticos relatos eran completamente reales.

La mítica Amazing Stories fue la primera revista estadounidense que se dedicó de forma exclusiva a publicar relatos de ciencia ficción. Lanzó su primer número en abril de 1926, publicada por la editorial Experimenter Publishing, propiedad de Hugo Gernsback. Antes de su aparición ya se publicaban relatos de ciencia ficción en otras revistas, pero Amazing fue la primera en dedicarle un espacio exclusivo, lo que contribuyó a consolidar el género dentro de la literatura Pulp, en la que hasta entonces reinaban el western, la aventura, y el género policiaco.

El hecho es que Amazing Stories se convirtió en una revista de referencia mundial, logrando sobrevivir a todo tipo de incidencias y cambios hasta su definitiva desaparición en el año 2005.

Precisamente uno de los mayores cambios que experimentó la revista se produjo por la súbita aparición de Richard Sharpe Shaver. En septiembre de 1943, un lector de Amazing, comenzó a mantener correspondencia con Raymond A. Palmer, el editor de la revista desde 1938. Este lector no era otro que Richard Shaver, que en sus cartas narraba una serie de fantásticos hechos que aseguraba haber vivido en primera persona. Tan fascinantes resultaron ser sus narraciones, que Palmer acabaría convenciéndole para que escribiera algo para la revista, con la peculiaridad de que decidió darse un giro editorial de 180 º al empezar a venderse los relatos publicados como hechos reales.

Richard Shaver, a principios de los 70´

¿Pero quién era Richard Sharpe Shaver?

Richard nació el 7 de octubre de 1907 en Virginia, ciudad en la que pasó sus primeros años hasta que su familia se traslada a Berwick (Pensilvania), en el año 1910. Cuarto hijo de cinco de Ziba y Grace Shaver, sobre su infancia y juventud no hay demasiados datos, aunque por lo visto, el hecho de que su madre escribiera posesía y que su hermano mayor ya vendiera desde muy joven diversos cuentos a publicaciones de poca monta, le inculcaron desde muy pequeño el interés por la literatura. Resulta inquietante que, según comentó el propio Richard en una carta, desde muy pequeño tenía dos amigos imaginarios -uno bondadoso y otro malvado-, con los que hablaba constantemente.

Dibujo de Sphie Gurvitch
Dibujo de Sophie Gurvitch

En 1929 se traslada a Detroit con su familia, ciudad en la que empieza a buscarse la vida, en labores tan dispares como hacer de modelo posando desnudo en clases de pintura, o fabricando alcohol en la bañera de su casa en plena ley seca. En 1930 se introdujo brevemente en una organización comunista, y comienza a dar clases de pintura en una escuela en la que acaba conociendo a Sophia Gurvitch, una mujer cuatro años mayor que él, de ideología comunista y nacida en Ucrania con la que contrae matrimonio en 1932 (el 29 de junio, para ser precisos). A finales de ese mismo año nace su hija Evelyn Ann Shaver. Según relata el propio Shaver, en 1932 empieza a trabajar en una fábrica de coches, lugar donde empieza a experimentar una serie de sucesos inexplicables que acabarían narrados en la revista Amazing Stories. Según contaba Shaver a Palmer en sus cartas, “empezó a notar que una de las pistolas de soldar de su lugar de trabajo, debido a algún fenómeno extraño de sintonía en torno a la bobina, le permitía escuchar los pensamientos de los hombres que trabajan a su alrededor”.  No sólo eso, sino que días más tarde empezó a oír telepáticamente cómo una serie de entidades malignas en profundas cavernas del interior de la tierra sometían a alguien a horrendas torturas. En cartas posteriores Shaver ofreció todo tipo de detalles de cómo de cómo decidió abandonar su trabajo en la fábrica para convertirse en un vagabundo durante unos años, hasta que en su peregrinaje descubrió por primera vez el mundo de las cavernas ocultas de la mano de una mujer ciega llamada Nydia.

Eso es lo que Shaver contaba en sus cartas a Palmer.

La realidad es que, como podéis imaginaros, Shaver desarrolló un problema de salud mental y en 1934 se produjo una grave crisis: en febrero de ese mismo año murió de una neumonía su hermano mayor, Taylor Victor Shaver (Tate), al que estaba muy unido, lo que posiblemente influyera en un empeoramiento de la enfermedad de Richard. A partir de ahí empezó a decir que su hermano había sido asesinado, fruto de una conspiración.

Para ser más precisos, Richard estaba convencido de que un demonio llamado Max era el responsable de la muerte de Taylor, e incluso aseguraba que la cosa que le mató -y que ya habría matado a mucha más gente-  le perseguía desde entonces y hablaba con él constantemente.

El 16 de julio de 1934, lo llevaron a la sala de emergencias del Detroit Receiving Hospital, donde dijo que sentía que lo vigilaban y lo seguían y que temía que los médicos lo envenenaran. El 27 de julio, su esposa solicitó que lo ingresaran, y el 17 de agosto fue admitido en el Hospital Estatal de Ypsilanti, una institución que en aquellos años lo mismo funcionaba como residencia de ancianos que como manicomio.

Aunque en la mayor parte de los sitios que pueden consultarse siempre se lee que el paradero de Shaver en los siguientes ocho años es un misterio, la verdad es que sí hay bastante documentación al respecto. La confusión viene porque Ray Palmer expresó en una entrevista en 1977 y en su obra autobiográfica The Secret World, que Shaver había pasado este tiempo en un estado catatónico en una institución psiquiátrica.  La realidad es que Shaver efectivamente ingresó en el hospital estatal de Ypsilanti en 1934, pero fue dado de alta en 1936.

Ese mismo año, poco antes de que Shaver saliera del hospital, su esposa Sophia, que tenía tan sólo 33 años, murió electrocutada en su apartamento. En ese momento su marido seguía ingresado en un hospital mental, y su hija, que tenía tan solo dos años, estaba hospitalizada en el Herman Kiefer Hospital, con escarlatina. Dos hombres la encontraron muerta en la bañera, con un calentador eléctrico dentro del agua. Oficialmente se consideró un accidente. Su hija fue acogida por sus abuelos maternos, quienes también recibieron la custodia en 1937, dado el estado mental de Richard.

Podemos imaginarnos a Shaver, recién salido del hospital, encontrándose con la muerte de su esposa, y con unos abuelos maternos que posiblemente le culparían de la muerte de su hija, y que bajo ningún concepto querían que se acercase a Evelynn, convencidos de que estaba completamente loco.

Evelynn vivió por tanto con sus abuelos, que le dijeron que su padre había muerto. De este modo creció sin un recuerdo de su padre, y ni tan siquiera su apellido, pues se crió como Evelyn Ann Gurvitch y más adelante pasó a ser Evelyn Ann Bryant, tras adoptar el apellido del hombre con el que se casó, y con el que se fue a vivir a Israel. Nunca volvió a ver a su padre en vida, aunque acabó sabiendo toda la verdad, y en 2003 visitó su tumba, donde reposa junto a su última esposa, Dorothy.

La horrenda situación que se encontró Richard al salir del hospital le hizo enloquecer completamente, y acabó huyendo, deambulando por todo el país como un vagabundo, víctima de todo tipo de visiones, trabajabando aquí y allá en cualquier chapuza que le saliera, y finalmente, metiéndose en problemas con la ley, pues fue detenido en 1937 en canadá, donde fue sorprendido como polizón en un barco mercante.

A principios de 1938 fue deportado desde Canadá y enviado al Grafton State Hospital en Massachusetts (de donde por lo visto intentó fugarse para ir a ver a su hija), y posteriormente transferido al Ionia State Hospital para criminales mentales en Michigan, donde permaneció otros 5 años, y donde por lo visto recibió sesiones de electroshock, algo que por cierto explicaría en parte sus visiones de los Deros torturando a humanos con avanzadas tecnologías. En mayo de 1943 fue dado de alta, y nada más salir comenzó a enviar las primeras cartas a Amazing Stories.

Durante este período de confusión, en el que apenas podía distinguir el sueño de la realidad, es cuando Shaver imagina su contacto con la niña ciega Nydia, y su visita al mundo subterráneo de Lemuria, con sus avanzadas máquinas de tiempos pasados ​​y los siniestros habitantes que aún acechaban por allí.

El caso es que cuando Richard escribió su primera carta a Amazing Stories en 1943, vivía con sus padres en Barto (un pequeño pueblo de Pensilvania), trabajando como operador de grúa en Bethlehem Steel. El 10 de junio de ese mismo año fallece su padre Ziba, en una muestra más de que la desgracia parecía acompañar a Richard.

En el número de enero de 1944, Amazing Stories publica una carta de Richard -apenas media página-, en la que éste aseguraba haber descifrado un lenguaje ancestral que él mismo bautizó como Mantong, y que resultaba ser en su opinión una prueba definitiva de la existencia de Atlantis. Intrigado por esta rocambolesca carta, fue el propio Palmer el que solicitó a Shaver más información al respecto, a lo que éste respondió con una serie de cartas en las que narraba sucesos cada vez más extraordinarios.

Se ve que Palmer se aficionó a mandar cartas, y no sólo a las revistas, pues el 29 de enero de 1944 se casa en segundas nupcias con Virginia Fenwick, una mujer de Brownsville, Texas, a la que conoció precisamente en un intercambio de correspondencia.  Virigina era una mujer polifacética (pianista, escritora, y cantante) que pensó haber encontrado un alma gemela en Richard, especialmente por el amor que ambos compartían por la literatura. En el anuncio de su boda Richard se presentaba como escritor, e incluso especificaba que su último trabajo, “Warning to Future Man” (el embrión original de I Remember Lemuria) acababa de ser aceptada para su publicación en una popular revista de ficción.

El matrimonio con Virginia fue muy efímero, y duró apenas unos meses. Supongo que Virginia descubriría muy pronto la cruda realidad de la enfermedad mental de Richard.

Virginia Fenwick, la segunda esposa

La historia narrada por Richard en sus cartas a Amazing, haría pensar a cualquier persona cabal en la existencia de un trastorno mental, pero parece ser que donde la mayoría de nosotros ve una enfermedad, Palmer vio una oportunidad, y convenció a Richard de que escribiera su historia para publicarla en Amazing. Lógicamente Palmer tuvo que retocar la historia de Shaver dotándola de una estructura más literaria y eliminando ciertos pasajes que resultaban demasiado estrafalarios o simplemente inaceptables para la época en lo referente a escenas de sexo, sadismo y antropofagia.

Dicho y hecho. En marzo de 1945 se publica en la revista Amazing Stories el relato I Remember Lemuria, primera entrega de lo que vendría a conocerse como The Shaver Mistery, toda una serie de relatos en las que el autor narraba su terrorífica experiencia personal con una antigua civilización que escondía una avanzada tecnología en las más profundas cavernas bajo la superficie de la tierra. El origen de dicha civilización se encontraba en los antiguos titanes y atlantes, que mucho antes de la aparición del hombre ya habitaban un mundo subterráneo que fue abandonado tras la desaparición de los continentes de Lemuria y la Atlántida. Una raza extraterrestre colonizó posteriormente este mundo primitivo, pero también tuvieron que abandonar la Tierra por el efecto de las radiaciones solares, dejando tras de sí unas criaturas que acabarían evolucionando en dos especies diferentes: una bondadosa llamada Teros, y otra maligna a la que Shaver bautizó como Deros, a los que consideraba responsables de la mayoría de las catástrofes y enfermedades a las que se enfrentaba la humanidad.

Insisto en que lo chocante del tema es que estas historias eran presentadas como historias reales (muy reales para Shaver, que siempre defendió que todo era cierto, pero que tuvo que suavizar el relato porque la verdad era demasiado espantosa), algo que supuso un cambio radical en una revista que hasta la fecha vendía sus publicaciones como ciencia ficción.

El caso es que esta aparente locura supuso un gran éxito de ventas, iniciando una corriente que acabaría denominándose “Shaverismo”, y que incluso hoy en día sigue vivo en algunos exóticos movimientos, como el nuwaubianismo, una particularísima secta religiosas supremacista negra fundada por Dwight York con creencias tan originales como que Hollywood narra eventos reales en todas las películas de ciencia ficción, aunque disfrazados para que nadie crea a quienes saben la verdad; o que los blancos hacen que las bebidas alcohólicas sean baratas para que los negros puedan acceder a ellas y de esa manera sus órganos puedan preservarse mejor para ser usados posteriormente en trasplantes para blancos. Simplemente fascinante. De verdad que recomiendo al lector ampliar información sobre el nuwaubianismo porque sus directrices ideológicas no tienen desperdicio.

Tras la publicación en 1945 de I Remember Lemuria, Amazing Stories continuó publicando un relato de Shaver mensualmente, siempre con la etiqueta de mezcla de realidad y ficción, comenzando así una espiral de éxitos que culminaría en una edición especial en junio de 1947 dedicada exclusivamente al Shaver Mystery. Para hacernos una idea del bombazo que supuso el Shaverismo, Amazing Stories pasó de recibir 40 o 50 correos de lectores al mes, a una media de 2.500 (la mayoría de ellos de gente que aseguraba haber pasado por experiencias similares a las de Shaver), y la revista llegó a alcanzar una tirada de más de 50.000 ejemplares.

El mítico I Remember Lemuria

La explicación de este éxito es en realidad muy sencilla: el hecho de que se presentara la historia de Shaver como cierta supuso un alivio para miles y miles de personas que oían voces en su cabeza, en una época en la que apenas se sabía nada de los trastornos mentales. Si la historia de Shaver era real, eso significaba que no estaban locos, que era como se consideraba en esos años a una persona que oyera voces.

El problema es que el éxito económico fue acompañado de una feroz crítica por parte del resto del sector editorial, que comenzó a ridiculizar a la revista y a todos los lectores que realmente pensaban que detrás del Shaverismo había algo real. Dos demoledores artículos de burla publicados en 1946 en Life y Harper’s, hicieron que el propietario de la editorial exigiera a Palmer -que acabaría siendo despedido- que limitara la cantidad de material relacionada con Shaver en la revista, lo que provocó que el exótico autor acabara despareciendo de Amazing Stories, y que la revista volviera a su senda original de publicar historias de ciencia ficción. Tras ser despedido, Palmer funda en 1947 por su cuenta Clark Publications, editorial desde la que lanzaría la revista Fate en 1948, para seguir publicando relatos que se intentaban hacer pasar como ciertos, especialmente sobre supuestos avistamientos de Ovnis, un fenómeno que se puso muy de moda a partir de 1947, en una clara prueba de que Palmer en realidad era un oportunista que supo ver las posibilidades comerciales de este tipo de relatos. De hecho, ya fuera de Amazing Stories, Palmer continuó publicando algunas historias de Shaver en diversas revistas de su nueva editorial, pero con una repercusión mucho menor de la que logró en años anteriores.

Afortunadamente para los lectores actuales, La Biblioteca del Laberinto publicó en 2010 por primera vez en España un compendio de los relatos pertenecientes al ciclo de los Misterios de Shaver, con el título Recuerdos de Lemuria, en una de esas maravillas a las que nos tiene acostumbrados esta valiente editorial. Por lo visto, en el nº 4 de la revista Delirio, del año 2009, Oscar Mariscal publicó un artículo sobre el Shaverismo, pero por desgracia no he podido conseguirlo. Sabiendo de dónde procede, estoy convencido de que aportará una información mucho más completa y jugosa que la que aparece en este artículo.

¿Y qué pasó con Richard Shaver?

El diagnóstico clínico de Shaver nunca ha quedado claro, pero todo parece indicar que padecía algún tipo de esquizofrenia o trastorno bipolar, y que probablemente no siguiera un tratamiento adecuado en su vida.

Tras salir del hospital psiquiátrico, inicia la mencionada etapa como autor para Amazing Stories, al amparo de su gran valedor, Raymond A. Palmer, un periodo que. como ya hemos indicado, dura hasta 1947. En los siguientes años, Shaver siguió publicando relatos Pulp más convencionales en otras revistas, e incluso alguna nueva entrega de los misterios de Shaver en las publicaciones de la nueva editorial de Palmer. De los primeros, he tenido oportunidad de leer “La ciudad de los hielos”, coescrita junto a Chester Geier (1921-1991), una historia ambientada en el continente antártico que reincide en las habituales obsesiones de Palmer: mundos subterráneos, y civilizaciones olvidadas cuyos descendientes han evolucionado a dos razas antagónicas (una bondadosa y sabia, y la otra, hacia la maldad más pura).

A finales de los años 50 la figura de Shaver cae prácticamente en el olvido, a pesar de que Palmer seguía haciendo de vez en cuando referencia a su obra desde la revista Fate, ligando en ocasiones el fenómeno Ovni con el Shaverismo.

A mediados de 1960, Shaver se mudó a Summit (Arkansas) con su tercera esposa, Dorothy (1911-1985), una mujer de la que no he podido obtener información alguna,  y con la que siguió viviendo hasta el final de sus días. Shaver afirmó en esta época haber descubierto una evidencia física clara de la existencia de extraterrestres en lo que él denominaba “libros de piedra”, que no eran más que unas piedras que consideraba que habían sido creadas por antiguas razas avanzadas, y en las que podían encontrarse incrustadas imágenes y textos legibles que sólo él parecía entender. Estaba convencido de que estaba logrando descifrar lo que consideraba era una auténtica biblioteca atlante prehistórica.

Uno de los cuadros de Shaver

Además de escribir sobre estos “libros de piedra”, realizó una serie de pinturas basadas en las imágenes de las rocas, y más tarde se pasó a la fotografía (la gente le acusaba de que sus pinturas eran una libre interpretación de las piedras), todo ello porque le desesperaba que los demás no conseguían ver lo mismo que él.

El 5 de noviembre de 1975 muere Richard Shaver. Fue enterrado en el cementerio de Layton en Yellville, condado de Marion, libre por fin de las voces que le persiguieron hasta el fin de sus días.

Tras su muerte, Shaver ganó cierta reputación como artista y sus cuadros y fotos se acabaron exhibiendo en Los Ángeles, Nueva York, y otras importantes ciudades de Estados Unidos, alcanzado su obra precios nada desdeñables.

Su esposa Dorothy, con la que en apariencia vivió un feliz matrimonio, falleció en 1985. 

Me gustaría dedicar este artículo a un amigo llamado Sergio, que, por desgracia, ya no está entre nosotros.

A ti, Sergio, y a todos los que como tú han oído alguna vez en su vida voces que nadie más podía oir.

Para todos los que recordáis Lemuria; tal vez los locos seamos el resto.

Alberto Sánchez Chaves. Abril, 2021

FRED HERCEY: ¿TERROR EN EL FBI?. UN RETRATO DE FERNANDO ORVISO HERCE

El blog vuelve a centrarse en lo que considero debe ser su principal objetivo, que no es otro que facilitar información de autores de novela popular de los que se habla muy poco, por no decir que han sido prácticamente olvidados. En este caso centro mi atención en Fernando Orviso Herce, un escritor sin grandes pretensiones que firmó una nada desdeñable producción de novelas populares (más de 500 títulos) del Oeste, policacas, bélicas, terror, o incluso románticas, bajo los pseudónimos de Fred Hercey (principal nombre empleado para sus novelas en Rollán), Alex Colins, y los menos conocidos Fred H. Collins (empleado exclusivamente en la colección Los Intocables) y Eduardo de Rioja (en las pocas incursiones que realizó en la novela romántica, de las que sólo escribió tres títulos).

Fernando Alejandro Orviso Herce nació en Logroño en 1926, ciudad en la que también falleció a los 81 años de edad en 2007.

Como es habitual en los autores de los que habla este blog, le tocó vivir tiempos difíciles. Quedó huérfano de padre con tan sólo 2 años, y de madre con 8, lo que provocó que unas tías suyas se hicieran cargo de él y de sus dos hermanos (la mayor, Carmen, y Eduardo, que fallecería en Rusia enrolado en la División Azul). En tan difíciles circunstancias no pudo terminar ni siquiera los estudios primarios, pues tuvo que ponerse a trabajar de carpintero con tan sólo 13 años.

Algo muy importante en la vida de Fernando es que sus tías eran taquilleras en un teatro y un cine de Logroño, lo que hizo que prácticamente cada día al salir del colegio acabara viendo una película tras otra esperando a que sus tías finalizaran su jornada laboral. El propio autor reconoció en una entrevista para ETB la importancia vital del cine en su posterior obra literaria. “Cuando tendría 7 u 8 años recuerdo haber visto Doctor Frankenstein en el cine y que luego me dejaron mis hermanos solo en casa”. También recordaba haber visto el estreno de King Kong y Tarzán de los monos, así que podemos hacernos una idea del tipo de películas que marcaron la infancia del autor.

Siendo todavía muy joven (desconozco si sus tías fallecieron o eran demasiado mayores), Fernando va a vivir con su hermana Carmen y su marido Miguel, que se hacen cargo de él hasta que el autor se casa con Matilde Fernández, con la que acabaría teniendo dos hijas. A sus nuevos padres adoptivos dedicó su primera novela: “A mis queridos hermanos Carmen y Miguel, con mi más profundo cariño”.

Volviendo a la carrera profesional de Fernando Orviso, empieza a trabajar de carpintero con 13 años, aunque el oficio sólo le dura dos meses, tras ser despedido al plantear una reivindicación salarial. Consigue entrar en una ebanistería como aprendiz, y poco después en una fábrica de conservas donde estuvo dos años haciendo prácticamente de todo, para terminar en una fábrica de radiadores de automóviles, donde consiguió la categoría de especialista, y donde permaneció durante 22 años hasta que decide dedicarse en exclusiva a la literatura a principios de los años 60, en un momento en el que el mercado de la novela popular estaba a pleno rendimiento y se podía ganar bastante dinero. 

No le duró demasiado la alegría, pues hacia mediados de los años 70 la novela popular empieza su declive, y Fernando tiene que volver a un trabajo más tradicional, primero en una fábrica de muebles, y finalmente en una bodega de denominación de origen, donde acabaría prejubilado a los 58 años de edad (en 1984), como consecuencia de una fuerte artrosis, lo que no impidió que continuara escribiendo durante un tiempo. Hacia 1974, Plaza & Janés le encargó la redacción de una historia de la Guerra Civil española, y pasó a escribir un tipo de literatura muy diferente del que venía practicando, inclinándose por la investigación histórica. La realidad es que muchos de esos nuevos proyectos –entre ellos la historia de la Guerra Civil- no vieron finalmente la luz. Entre estos proyectos destaca “Páginas Negras de la Historia”, que a causa de la censura franquista (que por entonces daba sus últimos coletazos) no fue publicada.

Respecto a cómo se introdujo en el mundo de la literatura una persona que ni siquiera terminó los estudios primarios, comenzó escribiendo durante su servicio militar en Burgos para el periódico El Escopín, y como se vio que le cogió el gustillo, escribió tras licenciarse una primera novela en 1944 (con tan sólo 18 años), que fue rechazada por la editorial: “No está mal, pero es preciso ir al grano. Sin grandes parrafadas ni encendidas retóricas”. Esa novela, “Falsos cadáveres”, sería reescrita por el autor varias veces, hasta que finalmente fue publicada por Rollán en 1959 (supuestamente en FBI, pero no he localizado el número, aunque fue reeditada en 1960 en Selecciones FBI en su nº 67).

Lejos de desanimarle, esas palabras hicieron que el autor siguiera escribiendo, intentando corregir los errores de ese primer intento, y así consigue publicar su primera novela en 1945, firmada como F. Orviso, con tan sólo 19 años: Jinetes del destino, número 29 de la colección Texas de la barcelonesa editorial Ameller.

A partir de su entrada en la por entonces poderosa Rollán, comienza a publicar de forma regular, primero de forma más espaciada (recordemos que alternaba la escritura con su trabajo en la fábrica de radiadores), hasta que consigue contratos para escribir por encargo hasta dos novelas por semana, momento en que decide dedicarse en exclusiva a escribir.

En esos momentos, el autor cobraba un fijo de 2.500 pesetas por novela del Oeste y 3.000 por policiaca, además de un 5% del porcentaje del total de ventas, por lo que de media acababa cobrando unas 10.000 pesetas por novelita. El hecho de que las ventas influyeran de forma directa en el dinero que el autor acababa cobrando provocaba que los mismos autores se preocuparan por calar los gustos de los lectores. El propio Fernado Orviso aseguró que realizó una encuesta entre el publico, para llegar a la conclusión de que los lectores preferían en el género policiaco no saber quien era el asesino hasta el final.

La mitad de las novelas del autor son del género del Oeste –el propio autor dijo en una entrevista que era el que más le gustaba-,  que además era el más demandado por las editoriales en esos años. Aún así, tengo la sospecha de que el autor empezó a sentir una cierta preferencia por el policiaco (género que empezó a publicar a finales de los años 50) y el terror (a partir de 1972), supongo que cansado de escribir tantas novelas del Oeste, y muy influido sin duda por sus largas sesiones de cine en su infancia.

Reconozco que no he podido leer ninguna novela del oeste del autor, pero me ha llamado la atención que él mismo decía que sus protagonistas siempre salían en defensa de los oprimidos, en particular de los negros y de los indios, algo que resulta cuando menos sorprendente para esos años.

Desconozco el motivo de la elección de sus seudónimos de Fred Hercey (Rollán) o Alex Colins (Bruguera), pero el caso es que el propio autor explicó en una entrevista que eran las editoriales las que le pedían que firmara con un seudónimo.

La mayor parte de su obra se publicó en Rollán y en su sucesora Andina (ahí publicó 5 títulos nuevos, y le reeditaron dos novelas ya publicadas en Terror Rollán), con el pseudónimo de Fred Hercey, y ocasionalmente como Fred H. Collins, aunque también publicó un total de 82 títulos en Bruguera firmando como Alex Colins.

Fernando supo entender muy bien el mensaje que le habían trasladado al rechazar su primera novela: Las historias debían transcurrir de forma rápida, estaban dirigidas a un lector no culto y buscaban el único fin de la diversión, de la evasión de la vida cotidiana, de sus problemas, sus presiones y sus carencias.

Por mucho que se critique desde ciertos ámbitos la literatura popular por su ausencia de calidad (algo que tampoco es cierto en todos los casos), no debemos olvidar que efectivamente iba dirigida a un tipo de público muy diferente del actual, y en un marco educativo que aún estaba muy lejos del grado de alfabetización del que gozamos hoy en día (aunque a ratos parezca que hemos dado un paso atrás). Se buscaba un objetivo muy definido, que no es otro que entretener. Gracias a ello, miles de españoles se introdujeron en el mundo de la lectura, y posteriormente darían el salto a otro tipo de literatura más elaborada. En la mayoría de los casos, esas novelas se maltrataban, se tiraban o se cambiaban por otras, pero la realidad es que lo que está claro es que se compraban para ser leídas. Aunque suene absurdo, no todos los libros tienen esa finalidad tan clara. Pensad en cuantos libros tenéis en casa que no habéis leído, y que probablemente no leeréis nunca. Con estas novelas, eso no pasaba: la comprabas, la leías, y a por otra.

Fernando Orviso Herce, un hombre sin apenas estudios, supo captar muy bien ese espíritu, conectando con el gran público a través de un estilo sencillo, pero muy ágil y con argumentos que enganchaban al lector desde las primeras páginas.

Afortunadamente, Fernando Orviso explicó brevemente de dónde sacaba las ideas para sus novelas, y la forma en que moldeaba las tramas. Nunca salió de España, así que no conocía de primera mano las localizaciones donde situaba sus historias. Su inspiración venía del cine y de otros libros, y de la documentación que amablemente le envió la embajada de EEUU (un ejemplar de la Constitución y un mapa detallado con los parques naturales y las reservas indias). “Te informabas un poco, no ibas a decir que en Montana había indios Sioux, porque eso no era así, o que en Texas había cheyennes, porque no era así”. Otras veces se basaba en experiencias personales, cambiando lugares y nombres: “El río Ebro, con el monte Cantabria, ha aparecido en más de una novela que he escrito, pero con otro nombre. Y también algún personaje, como Juanito el Manco, que tiene un bar y que ha salvado a mucha gente de morir ahogada en el Ebro”.

Hasta tal punto llegaba el tema, que él mismo decía que “El 20% son personajes ficticios, de la imaginación, y el 80% son amigos, vecinos, compañeros de trabajo o personas que has conocido alternando por ahí. Si a alguno le tienes inquina, le pones el personaje de malo o lo ridiculizas. A esos personajes es mejor dejarlos vivos, así sufren más”.

Una cosa muy llamativa de este autor es que –según decía él mismo-, al margen de su círculo más estrecho, siempre mantuvo en secreto que se dedicaba a la novela popular. Explicaba que le encantaba cuando iba a a un quiosco y veía a alguien comprando o cambiando sus novelas, o cuando iba a Barcelona y veía gente leyéndolas, aunque “nunca confesó ser su autor a aquellas personas que le leían por la calle, en los bares y en los trenes: Quizá yo sea muy sencillo pero me parecía una fanfarronada abordarla y decir que el autor de esa novela era yo”.

Esa humildad se dejaba ver también cuando hablaba de su falta de formación académica: “Yo reconozco que no tengo capacidad para intentar cosas más profundas. Pero yo quería escribir y ver mi obra en una librería”. A mi personalmente me parece una actitud para quitarse el sombrero, y cada vez me repele más cuando leo en algún sitio críticas feroces contra este tipo de autores o de literatura. Una cosa es que no guste, que lo entiendo, y otra muy distinta es que se falte al respeto a unas personas que lo único que pretendían era entretener y de paso ganarse la vida haciendo lo que les gustaba. ¿Podemos decir todos lo mismo?.

En una entrevista concedida al programa Detrás del Sirimiri de la televisión autonómica vasca, el autor pronunció unas palabras que para mi definen perfectamente a muchos de los autores de novela popular en España: “Todos nacemos para la aventura en la realidad, aunque no la hagamos nunca”. Porque seamos sinceros, la mayoría de estos escritores tuvieron que enfrentarse a tiempos muy difíciles, y tuvieron que adaptarse a lo que se les viniera encima. Que gente sin estudios como puede ser el caso de Fernando Orviso acabaran haciendo leer a millones de personas escribiendo cientos de títulos en periodos de tiempo ridículos, es, más que una aventura, un milagro.

Y volviendo al título del artículo, alguno se preguntará del porqué ese ¿Terror en FBI?. La explicación es que una de las principales características de la colección FBI de Rollán es que tenía una estructura narrativa muy clásica y definida. Las historias debían estar protagonizadas por un agente del FBI y debía predominar la acción sobre cualquier otro aspecto. Podía haber un componente de misterio, pero sin presencia de lo sobrenatural en los argumentos, a diferencia de otras colecciones como Punto Rojo o Servicio Secreto de Bruguera, donde es relativamente fácil (sobre todo en Punto Rojo) encontrar fusiones de géneros, especialmente del policiaco y del terror, incluso sugiriendo componentes sobrenaturales en las tramas.

Eso hasta que a raíz de la elaboración de este artículo me encontré con El hombre lobo, de Fred Hercey (Nº 699 de FBI, 1964). Tanto el título como la sugerente portada de Prieto Muriana invitaban a hacerse ilusiones, pero la realidad es que en esta colección ya había encontrado casos similares que acababan resultando ser tradicionales novelas sin rastro de terror en sus páginas, como por ejemplo El hombre de Whitechapel, de O. C. Tavin (nº 115 de FBI), en la que soñaba con encontrar a Jack el Destripador, sin éxito.

El caso de El hombre Lobo es completamente diferente. En la historia la presencia de un  hombre lobo es crucial, y no sólo eso, sino que hay otros elementos sobrenaturales presentes en la trama, como el fantasma sin rostro de un soldado confederado, un siniestro manicomio sobre el que parece girar toda la trama, o una supuesta maldición que afecta a la familia Garland…

La novela comienza con el agente federal Hen en busca del rastro de otro agente llamado Hardestey, del que no hay señales de vida desde que fuera enviado a investigar a varias personas acusadas de diversos fraudes, todas ellas desaparecidas en las cercanías del manicomio de Foot Hill. El caso es que la investigación de Hen le lleva a bucear hacia una gruta submarina donde encuentra el cadáver de Hardestey flotando atado a un bloque de cemento, y, lo peor de todo, a un hombre lobo y a un esqueleto vestido con el uniforme confederado que acaba disparándole, hiriéndole de muerte. Tras salir a duras penas de la gruta, acaba falleciendo, no sin antes comunicar su descubrimietno a sus superiores del FBI.

El agente Zachary Hume es enviado para intentar desentrañar tan extraño misterio, en una trama en la que pronto se verá envuelto en la maldición del último de los Garland, que incluye la presencia del fantasma de un soldado confederado, y del hombre lobo que le asesinó.

Lógicamente esta historia de corte sobrenatural, en la que se deja ver claramente la inspiración cinematográfica que comentaba al inicio de este artículo, ha llamado mi atención, y ha provocado que me fije en otras novelas del autor en FBI y Agente Federal, cuyos títulos o portadas invitan a pensar que tal vez El Hombre Lobo no sea una excepción. Terror en Madison City, El lago de la muerte, La casa de las montañas, o El último de su promoción son algunas de estasnovelas que espero ir descubriendo poco a poco. Si alguien las ha leído, le invito a que comente de qué van. Tal vez nos encontremos con alguna que otra sorpresa.

Tras la lectura de esta novela, está claro que el autor no es literariamente Cervantes, ni tampoco de lo mejor que he podido leer en este tipo de literatura, con un estilo excesivamente sencillo y directo, pero la realidad es que sabe captar la atención del lector desde las primeras páginas, cumpliendo a la perfección con su objetivo, que no es otro que entretener.

No quisiera acabar este breve retrato de Fernando Orviso Herce sin dar las gracias a los periodistas que en su día publicaron diversas entrevistas con el autor, y que han sido la fuente de este artículo, que no ha tenido más mérito que hacer un compendio de aquello que he considerado más interesante, a fin de hacer más accesible la información biográfica sobre el autor.

En particular, muchas gracias a Julia Cibrián por su artículo publicado en el diario Nueva Rioja en 1974, a Miguel Ángel Rojo por su artículo de 1981 publicado en El Correo Español, y a Antxon Urrusolo por otro artículo del mismo diario publicado en 1986. Sin ellos, probablemente no habría llegado a saber nada de la persona que estaba detrás de Fred Hercey.

EL COMISARIO X, DE BERT F. ISLAND

En el año 1962, una desconocida editorial de Barcelona llamada Cibeles se unió a la fiebre por publicar novelas populares, y para ello optó por traducir una serie de novelas protagonizadas por el Comisario X, un curioso personaje surgido de la pluma de un tal Bert. F. Island, un pseudónimo atribuido durante mucho tiempo a Paul Alfred Müller (Halle, 18 de octubre de 1901 – Murnau am Staffelsee, 1 de enero de 1970), un autor alemán que alcanzó gran popularidad en su país por sus sagas policiacas por entregas y por sus obras de ciencia ficción.

Paul Alfred Müller, trabajó en su juventud como maestro de escuela primaria desde 1923 hasta 1930, año en que fue nombrado jefe del departamento de construcción de la Escuela Superior Alemana de Oficios de Leipzig. ​

A principios de la década de 1930, Müller comenzó a escribir compatibilizando esta afición con su trabajo de profesor en la escuela de oficios. Una de sus primeras obras conocidas fue la serie de libros Sun Koh, que obtuvo un gran reconocimiento por el público.

Sun Koh (Subtitulada como El heredero de Atlantis) es una serie de novelas por entregas de fantasía que tuvo una duración de 150 escritos por Müller con el seudónimo de Lok Myler entre 1933 y 1936 para la editorial Bergmann-Verlag en Leipzig.

La serie alcanzó tres ediciones hasta 1945, con importantes correcciones de texto desde la segunda edición, así como otra edición en forma de libro. Tras la guerra, se publicaron tres ediciones más en Alemania, Austria y Suiza, con un formato abreviado que eliminaba de la obra todas las expresiones racistas y nacionalistas alemanas que inundaban la versión original. Entre 1978 y 1980 se realizó una importante reedición en formato de bolsillo, bajo el seudónimo de Freder van Holk.

En la primera entrega de la serie, un hombre vestido con un pijama aterriza con un paracaídas en Londres. Es Sun Koh, el Príncipe de la Atlántida, último superviviente del continente perdido que lleva sobre sus hombros un gran peso, pues según las antiguas leyendas, la Atlántida emergerá del océano nuevamente. Sun Koh sólo tiene un breve recuerdo del hotel Excelsior de Londres, y por ello se dirige hacia allí, donde  conocerá a los que se convertirán en sus fieles  compañeros de  aventuras: el pequeño y descarado botones Hal Mervin y el boxeador Jack Holligan, un hombre de la tribu yoruba, que desde ese mismo momento pasa a ser llamado Nimba. También conoce a su archienemigo, el mexicano Juan García, responsable de la muerte de sus padres, y de cuyas garras Sun Koh tendrá que liberar a su amor eterno, la bella Joan Martini.

A lo largo de toda la serie, Sun Koh deberá afrontar multitud de peligros y aventuras (150 números dan para mucho), pero finalmente conseguirá derrotar a García y poner pie en el continente renacido, justo en la última entrega de la serie, titulada como no podía ser de otra forma,  “Atlantis”.

Animado por este inesperado éxito que supuso un auténtico boom editorial, decidió dedicarse de pleno a la literatura, tanteando todo tipo de géneros. Escribió novelas de misterio, del salvaje oeste, de aventuras, y por supuesto, ciencia ficción, tal vez el género por el que sea más recordado (si es que alguien lo recuerda) en la actualidad.

Siguiendo la estela de Sun Koh,  escribió otra serie de novelas por entregas sobre un personaje llamado Jan Mayen, el señor de la energía nuclear (entre 1936 y 1938), pero su éxito quedó muy lejos de la del primero.

En 1948 se mudó a Murnau am Staffelsee, en Baviera. En esta ciudad, donde ya permanecería hasta su muerte, siempre se mantuvo activo literariamente, intentando repetir un éxito que nunca llegó a materializarse. La serie der Eroberer des Weltalls (Rah Norten, el conquistador del espacio) empezó a perder fuerza a los 20 episodios, y también escribió otras sagas policiacas como las protagonizadas por Mark Powers y el Kommissar X, objeto en teoría de este artículo. Con toda esta actividad que le permitió vivir holgadamente de la literatura, se mantuvo hasta el día de su muerte, el 1 de enero de 1970.

Müller escribió y publicó bajo diversos seudónimos. La serie Sun Koh se publicó originalmente con el nombre de Lok Myler, pero la realidad es que tras su muerte se decidió ponerse a la venta bajo el nombre Freder van Holk, pseudónimo más famoso del autor, y que ya había empleado ocasionalmente en alguna novela de corte fantástico. También empleó de forma residual otros seudónimos como PA Müller, PA Müller-Murnau, Lok Müller, Jan Holk y Werner Keyen.

En total, a lo largo de su carrera Müller escribió varios cientos de novelas de entretenimiento de todo tipo de géneros, e incontables relatos cortos.

La serie del Kommissar X fue firmada como Bert F. Island, un pseudónimo que repito se asignó durante un tiempo de forma exclusiva a Müller (y de hecho en internet hay varios sitios donde aún sigue dándose esta información como cierta), pero la realidad es que es un pseudónimo editorial que fue empleado por un buen número de autores para publicar las múltiples entregas del Comisario X.

Centrándonos ya en la serie del Comisario X (Kommisar X en el original), nació como un intento de aprovechar el éxito de Jerry Cotton, sin duda alguna el personaje policiaco más famoso de la literatura popular germana.

Hay una importante laguna respecto a cuantos títulos protagonizó el Comisario X (no penséis que la falta de información sobre la novela popular es algo exclusivo de España), aunque sí parece haber unanimidad respecto a que la saga empezó en 1958. Alguna fuente indica que en total se escribieron 620 novelas del personaje, aunque la página más completa que he podido encontrar sobre el tema detalla que hasta 2019 se habían publicado ni más ni menos que 1.740 entregas.

El primer número del Comisario X, publicado en 1958, se tituló Das Attentat (El Asesinato), y fue escrito por C. H. GUENTER (24/03/1924 – 5/06/2005), probablemente el autor más destacado de la serie, al menos en cuanto a número de títulos escritos. Que se conozcan, hay más de 20 autores que escribieron obras del comisario X empleando el pseudónimo de Bert F. Island, y eso sin contar que hay muchísimos títulos que no están atribuidos a un autor en particular.

El caso es que lo que está claro es que Paul Alfred Müller es tan sólo una pequeña parte de Bert F. Island, y ni siquiera la más importante (de hecho sólo hay 26 novelas de las 1.740 cuya autoría esté oficialmente atribuida al autor, aunque probablemente escribió más).

Entre 1965 y 1971 se hicieron siete películas de Kommissar X con Tony Kendall como el relajado detective privado de la ciudad de Nueva York Joe Walker contra el capitán de policía de la ciudad de Nueva York Tom Rowland interpretado por Brad Harris. Yo sólo digo que empecé a ver una de estas películas, y la abandoné a la mitad de lo mala que me pareció.

Los títulos publicados en en castellano por la editorial Cibeles que conozco son los siguientes:

TITULOTITULO ORIGINAL
1El hombre que todo lo sabíaEiner weiss alles
2El próximo eres túDer Nachste Bist du
3Más Rápido que una bala 
4Muertes a medianocheMitternacht und der Tote
5A sangre y FuegoUm Kopf und Kragen
6Rumbo al infiernoKursaenderung Hoelie
7La muerte en escenaDen Mord noch einmal 
8Rumbo hacia lo desconocidoDer Weg ins Ungewisse 
999 años de cárcel99 Jahre Zuchthaus
10Un hombre en la sombraDer mann im schatten
11Un lugar en el infiernoMit eddy karussell gefahren
12Sólo una hoja de papelNur ein blatt papier
13El hijo del Gángster 
14Vértigo 

Respecto a la figura del Comisario X, nada mejor para conocerle que reproducir el texto explicativo que acompaña a la contraportada de todos los títulos de la colección:

¿Quién es el Comisario X?

Jo Louis Walker, más vulgarmente conocido por el nombre de Comisario X, nace a la fama a raíz de una intervención desconcertante. Cuando a los 22 años nuestro hombre había llegado de Corea, herido en la contienda armada, la policía neoyorquina andaba desesperada en la búsqueda de un gangster tan famoso como sanguinario; se habían empleado todos los medios para echarle el guante, pero el fracaso fue completo, con gran escándalo de la prensa y la opinión pública. Entonces el “Comisario X” estudió el caso, investigó pacientemente, y… al poco tiempo captura al que era considerado el enemigo público número uno.

El éxito fue tan resonante que todos los periódicos de los EE.UU. publicaron su fotografía. El “Comisario X”, decía la prensa, es el mejor detective de la Unión y su mente es tan poderosa como elocuentes sus puños. No hay para él caso difícil o insoluble. Joven, audaz, inteligente y enamorado de su profesión, Jo no es, sin embargo, un dechado de perfecciones o un ser sobrehumano. Es un hombre de nuestro tiempo, sencillamente, pero a quien le repugnan las fechorías de toda índole, y que en presencia del malvado o del ladrón, su ser vibra de indignación.

El Cuerpo de Policía del Estado de Nueva York lamenta haberse desprendido de Jo. Esto ocurrió hace años y cuando los senadores protestan por tal hecho, la respuesta es sólo: “Jo era un poco violento”, mas esta versión no es exacta. Jo es un experto en la lucha —adora el boxeo— pero valora muy alto la agudeza del espíritu y puede decirse que su intuición o su penetrante poder deductivo le hacen innecesario, en la mayoría de las veces, recurrir al extremo poder de su cuerpo, enjuto y ágil.

No quisiera acabar el artículo sin hacer una aclaración. Empecé a escribir este artículo a raíz de encontrar una de las novelas de la serie en un puesto de la Cuesta de Moyano. Nunca había oído hablar del personaje, lo que motivó que investigara un poco, y me animó a intentar dar a conocer en el blog lo poco que descubriera sobre él, ya que no encontré demasiada información en internet en castellano. De hecho me costó bastante trabajo realizar el listado de novelas de la colección de la editorial Cibeles.

La sorpresa me la llevé cuando buscando información sobre una de las novelas de la serie el buscador me llevó al blog Una Plaga de espías, una página que he consultado en multitud de ocasiones y que en esta ocasión se me había pasado por alto en mi búsqueda inicial. Allí resulta que hay un excepcional artículo (de hecho dos, pues hay otra entrada dedicada a las películas de la serie) dedicado al Comisario X, así que considero de justicia aclarar que ya existía una información pública previa sobre el personaje (incluyendo un listado al que poco nuevo he aportado en este blog), del que dejo enlace, y la recomendación de que lo visitéis con atención, pues merece mucho la pena.

http://unaplagadeespias.blogspot.com/2011/04/series-invitadas-comisario-x-cibeles.html

EL CAPITÁN PANTERA, DE PEDRO VICTOR DEBRIGODE

Si tuviéramos que elegir un personaje icónico fruto de la fértil imaginación de Pedro Víctor Debrigode, sería sin lugar a duda Carlos Lezama, protagonista de El Pirata Negro, en mi opinión la mejor serie de aventuras de novela popular que se ha publicado en España, con permiso de El Coyote de José Mallorquí y El Encapuchado de Guillermo López Hipkiss.

Pero al margen de este inmortal y noble pirata, Pedro Víctor Debrigode dio a luz a otros excepcionales personajes de los que seguro acabaré hablando en el blog, y que, con mayor o menor éxito, protagonizaron algunas series de gran interés literario. Uno de estos personajes es el Capitán Ross Maloney, más conocido como El Capitán Pantera.

Para esta colección, editada por Publicaciones Lux (una filial de Bruguera), el autor empleó la firma de P.V. Debrigode, alcanzando la serie un total de 10 números, aunque se anunciaron otros dos más que, al menos que yo sepa, no llegaron a publicarse nunca. La gran pregunta es si llegaron a escribirse, pero, conociendo a Debrigode, con total seguridad los habría reciclado en cualquier otra colección. Me inclino por pensar que en su momento no se escribieron más que diez títulos, especialmente porque el nº 10 El infierno del Pacífico -presunto último título de la colección-, finaliza con la aparente muerte del protagonista, algo que como veremos más adelante no está tan claro.

La gran duda existente con esta colección es en qué años se publicó, pues una de las características de la editorial LUX es que no figuraba esa información en sus publicaciones. Según algunas fuentes, los 10 títulos se habrían publicado entre 1946 y 1948, pero en otros sitios figura 1943 como año de inicio de la serie.

La colección tenía un formato de 14,5 X 19 cm, y contaba con unas atractivas portadas en color e ilustraciones interiores en blanco y negro a cargo del dibujante Girbau

En concreto los títulos de la colección del Capitán Pantera son los siguientes:

TITULO
1 Piratas modernos
2 La ley del hampa
3 La hija de Yuan-Kang
4 La muerte viaja en yate
5 Terror en el Jai-Alai
6 El tiburón malayo
7 Las siete perlas
8 La isla prohibida
9 Boomerang
10 El infierno del Pacífico
11 Idilio entre nieblas (anunciada, pero no publicada)
12 Gangsters de Asia (anunciada, pero no publicada)

Todos estos títulos estaban protagonizados por el pelirrojo Ross Maloney, natural de Kansas, estado que abandonó a los 16 años en busca de aventuras, embarcándose como grumete a bordo de un mercante. El infortunio le conduce a ser capitán de barco con tan sólo 21 años, primero del Furia, embarcación destinada al contrabando, una actividad que abandonaría posteriormente para dedicarse al comercio (ladrones honestos, como lo define el propio protagonista). En los últimos números de la colección el Furia será sustituido por el Panther, su nueva embarcación. Nuestro héroe se verá envuelto a lo largo de las 10 entregas que duró la colección en una serie de peligrosas aventuras ambientadas en los exóticos mares del Sur, en unas tramas que a mi personalmente me recuerdan mucho a Terry y los Piratas, el inmortal cómic de Milton Caniff.

Estas historias se desarrollan a principios de los años 20. En la primera entrega de la colección (Piratas modernos, supuestamente publicado en 1946), un imberbe Ross de 18 años se encuentra en Shangai sin dinero, tras haber sido abandonado por el patrón de la goleta donde prestaba servicios como grumete. Tras conseguir un trabajo como sparring de un boxeador llamado Perry Carter, Ross inicia uno de esos viajes literarios en los que un inocente muchacho se convierte en dos años en un hombre hecho y derecho a base de coraje y golpes, hasta que tras una serie de visicitudes acaba conociendo al temible Yuan Kang, dueño de una gran flota y rey del crimen de Shangai, gracias al cual consigue el puesto de capitán del Furia, un barco de contrabandistas, en el que acabará acompañado de sus dos fieles lugartenientes (el viejo Tian, siempre abierto a dar sabios consejos; y el corpulento luchador Ling, que se inclina más por la acción directa), y una tripulación de 90 fieles piratas chinos dispuestos a morir por él en cualquier momento.

Yuan Kang por cierto se convertirá en uno de los mayores enemigos de Maloney a lo largo de la serie.

Como no podía ser de otra forma en este tipo de literatura, no podía faltar el elemento femenino, representado en esta ocasión por una serie de interesantes mujeres que tendrán en mayor o menor medida continuidad a lo largo de la serie: Mei-Hsi, una bella joven que ayuda a nuestro protagonista cuando más lo necesitaba, pero que tal vez no sea lo que aparenta; Margaret Simpson, una mujer que Ross considera que está fuera de su alcance, por su alta condición social; Guillermina Van Bloeng, una rica heredera holandesa; Chiao Yun, la pérfida hija de Yuan Kang; la misteriosa Sandra Vronin; o la seductora Patsy Brend.

Hasta aquí estaríamos hablando de una colección más -de gran calidad, eso sí, como es habitual en cualquier obra de Debrigode-, pero sin nada que la diferencie de tantas otras colecciones de aventuras.

La sorpresa llega cuando descubrimos que Ross Maloney no aparece exclusivamente en la colección del Capitán Pantera (gracias a Armando Boix por esta información). En 1945 Bruguera comenzó a publicar una colección de 16 números llamada Superhombres que alternaba cuatro protagonistas distintos: Espectro (4 títulos); Doctor Niebla (2 títulos); El Fantasma (4 títulos); y Red Colt, el ametrallador (6 títulos). Estos dos últimos personajes fueron obra de Debrigode.

Pues bien, en la serie de Red Colt se narra la historia de un elegante abogado de 32 años (también boxeador, por supuesto) que ha jurado vengar la muerte de Nelly, su reciente esposa, víctima del fuego cruzado entre dos bandas de gangsters. Dado que no puede hacer nada desde el punto de vista legal, decide tomarse la justicia por su cuenta, con el beneplácito de Angus Mac Callum y Jossie Flats, dos inspectores que están hartos de ver cómo los convencionales métodos policiales no sirven de nada contra el mundo del hampa. Desde la primera novela de esta serie (Un inglés entre gangsters, 1945) aparece un personaje de unos 40 años llamado Ross Maloney, el adinerado propietario de un club de Saint Louis llamado Plantation Club; un hombre de misterioso pasado que se presenta a sí mismo como un antiguo contrabandista de alcohol y que se convertirá en el principal amigo y aliado de Red Colt en su lucha contra el crimen. Para los que tengan dudas de que se trata del mismo personaje, hay un momento en la novela en la que Ross Maloney habla de un antiguo amor de adolescencia del que sigue enamorado, una mujer a la que dejó más de 20 años atrás cuando su “carácter aventurero le llevó a otros ambientes”. Este detalle concuerda con el Ross Maloney del Capitán Pantera que se enrola con 16 años en un mercante.

Toda duda queda despejada cuando en La danza de la muerte (último título de Red Colt), Maloney hace referencia a que conoce el empleo del cuchillo de hoja candente como cauterizador por su etapa como explorador. Poco después comenta que “un muy íntimo amigo mío, tan feo como yo soy y de mi edad, y creo que lleva mis mismos nombres, en su mocedad surcó en todas direcciones los ríos asiáticos, mandando barcos chino repletos de macacos llamados piratas. A aquel mozo pecoso le llamaban Capitán Pantera”.

Por el contenido de las novelas de Red Colt y la edad del personaje, sus aventuras se inician a finales de los años 30, poco antes antes del estallido de la II Guerra Mundial, y terminan como hacia 1940 (en El evadido de Sing Sing se hace referencia expresa a este año).

Los títulos de Red Colt el Ametrallador son los siguientes:

  • Un inglés entre gangsters. (nº 1 de Superhombres)
  • Pánico en Hollywood. (nº 4 de Superhombres)
  • Noches de Chicago. (nº 6 de Superhombres)
  • El evadido de Sing Sing. (nº 8 de Superhombres)
  • La muerte viste smoking. (nº 10 de Superhombres)
  • La danza de la muerte. (nº 14 de Superhombres)

En todas ellas Ross Maloney tiene presencia, en unos casos con gran protagonismo, y en otros con apenas alguna referencia.

El tema es que dependiendo del año de publicación de El Capitán Pantera (ya he indicado antes la confusión existente al respecto), nos encontraríamos que Red Colt sería una continuación de las aventuras de Ross Maloney (en el caso de que hubiera empezado a publicarse en 1943), o, por el contrario, que El Capitán Pantera fuera una especie de Orígenes Secretos del personaje, en el supuesto de que hubiera empezado a publicarse en 1946.

En cualquiera de los dos casos, está claro que Maloney es un personaje que encandiló al propio Debrigode, hasta el punto de emplearlo en series totalmente distintas y aprovechando dos momentos muy diferentes en la biografía del personaje (sus inicios y su madurez).

Lo peculiar del caso es que ya hemos dicho que el último número de la colección de El Capitán Pantera (El infierno del Pacífico) finaliza con la aparente muerte de Ross Maloney hundiéndose en el mar:

Muerte. Le pareció agradable la idea de morir. Eso era. Moría…Solo, en una canoa que crujía al embate de las olas, desorientado, sin brújula…

Los que mueren en lenta agonía ven desfilar su vida en rápida proyección, donde unos trazos faciales evocan los muchos acontecimientos que les rodearon al sonreír, hablar, amenazar…

Poco después se estrellaba y desmenuzaba en múltiples maderos, reventada por su choque contra las rocas.

Unos rojos cabellos sucedían la aparición de la tela blanca. Hundíanse y por unos segundos sólo había olas y encajes de espuma.

Para Ross Maloney el mundo había dejado de existir. El infierno del Pacífico le había vencido.”

La realidad es que Maloney -no sabemos cómo- consigue salvarse para vivir más adelante sus aventuras con Red Colt que terminarían tras seis números en La danza de la muerte, cuyo final deja entrever que las aventuras de ambos personajes iban a continuar, algo que no sucedió por el cierre de la colección Superhombres de Bruguera.  

Pero la cosa no acaba aquí, porque el Capitán Pantera tendrá al menos otra aparición posterior, esta vez en la mítica colección Servicio Secreto de Bruguera, concretamente en su nº 123, Tres en el infierno (1952).

En esta novela, ambientada durante la Segunda Guerra Mundial, vuelve a aparecer un maduro Ross Maloney de 45 años, ahora Capitán de la marina norteamericana, que se presenta a sí mismo como exgrumete, contrabandista, y en su día capitán en Shangai de un barco llamado Furia. No hay el más mínimo atisbo de duda al respecto de que se trate del mismo personaje.

Maloney comparte el protagonismo de la novela con el joven y bravucón Kirk Silverston, alguien que recuerda mucho al joven Capitán Pantera por su arrojo e inteligencia.

Ambos deberán llevar a cabo la operación “3 en el infierno”, para cortar el suministro de munición antiaérea en la costa de Zuiderzee, una tarea casi suicida en la que hasta el momento han fracasado todos los grupos que lo han intentado con anterioridad.

Debo decir que la novela está bien, pero creo que se desperdicia la ocasión de haber dado un digno final al personaje de Ross Maloney.

Otra curiosidad que he descubierto gracias -como no- a Jesús Cuadrado es que el dibujante Antonio Pérez Carrillo publicó en 1954 una serie de cómics titulados El Capitán Pantera con un protagonista y temática que recuerdan mucho a las novelas de Debrigode, aunque el autor nunca acreditó que fuera una versión en viñetas del mismo personaje. En el cómic de Carrillo, el protagonista también se llama Ross Maloney, y es capitán de un barco llamado el Panther (segunda embarcación del personaje original de Debrigode), así que creo que las coincidencias son demasiadas.

Posteriormente, ya en los años 70, Carrillo retomaría el personaje, rebautizándolo como El Tiburón, supongo que para esquivar las suspicacias por los derechos del personaje.

Con todo, no pierdo la esperanza de volver a encontrar a Ross Maloney en alguna de las muchas novelas de Peter Debry que me faltan por leer, en las que tal vez se cubran algunas de las lagunas que hay en la biografía del personaje (¿Cómo sobrevivió al naufragio del último nº del Capitán Pantera?, ¿Se nos contará su vida como contrabandista de licor durante la ley seca?, ¿Cómo acabó siendo propietario del Plantation Club?…), o incluso -ya soñando- se nos narre un digno final que esté a la altura de su leyenda. Un capitán pirata merece un final épico.

Alberto Sánchez Chaves. Madrid, marzo 2021.

SILVER KANE Y EL MISTERIO

Este blog ha dedicado un buen número de reseñas a obras de terror de Francisco González Ledesma, conocido en el mundo de la literatura popular como Silver Kane, y que más tarde acabaría convirtiéndose en uno de los más afamados autores españoles de novela negra gracias a su inmortal personaje del comisario Ricardo Méndez. Pero esta reseña no va de novela negra (género en el que Ledesma se convirtió en una leyenda), sino de misterio o suspense, entendiendo estos términos como aquellas narraciones en las que prima la incertidumbre en el lector acerca de determinados sucesos que se producen en la trama.

Con la idea de analizar su obra de misterio dentro de la novela de quiosco, he considerado oportuno realizar la reseña de unas cuantas de sus obras de la colección punto rojo de Bruguera, con el fin de encontrar elementos comunes que permitan describir las principales señas de identidad del autor en este género. El motivo por el que las reseñas son de la colección Punto Rojo no es otro que en esta colección primaba (especialmente en los 300 primeros números)  el misterio mezclado con el terror, mientras que la colección Servicio Secreto se inclinaba más por el policiaco de acción, la novela negra y el espionaje, dejando en un segundo plano el componente de misterio.

Como resumen, estas pueden ser algunas de las principales características de la obra de misterio de Silver Kane:

  • No existen grandes diferencias entre las novelas del autor publicadas en Selección Terror con las publicadas en Punto Rojo. En ambos casos se entremezcla el misterio y el terror, introduciendo supuestos elementos sobrenaturales que acaban teniendo una explicación más o menos racional. Y con ese más o menos quiero decir que las soluciones son a veces tan exageradamente estrafalarias que resultaría más creíble la presencia de hombres lobos, muertos vivientes, o vampiros. Debemos reconocer que explicar el supuesto ataque de un hombre lobo con pirañas metidas por el asesino en una bañera (esto pasa en una de las novelas el autor) requiere una buena dosis de transigencia por parte del lector.
  • A diferencia de la mayoría de autores que situaban la acción de sus novelas de forma casi exclusiva en Estados Unidos o en Inglaterra, Silver Kane recurría de forma frecuente a Francia y a su cultura, país que conocía muy bien y al que se sentía muy ligado.
  • La importancia de las mujeres es crucial en la obra de Silver Kane, con un protagonismo muy superior a lo que era habitual en la literatura popular, que les asignaba un papel completamente secundario, pues prácticamente aparecen para ser salvadas por el protagonista masculino de turno y acabar casándose con él. Silver Kane reserva a las mujeres en muchas de sus obras el protagonismo absoluto.
  • En buena parte de sus novelas Francisco González Ledesma introduce curiosas anécdotas históricas, citas de personajes famosos o interesantes notas a pie de página que ponen de manifiesto la gran cultura del escritor.
  • La enfermedad mental es un elemento muy presente en la obra de Kane: en muchos de los argumentos del autor es un instrumento para sembrar dudas en el lector acerca de si los hechos que se producen en la trama son reales o fruto de la enfermedad, y de forma muy especial se juega con la idea de un muerto que regresa del más allá. Gran número de títulos del autor se desarrollan en buena parte en manicomios.
  • Otra fijación del escritor son los cuerpos embalsamados o cadáveres dentro de un ataúd. Es llamativo la cantidad de historias de Kane en las que hay alguna escena en la que aparece en extrañas circunstancias un ataúd o el cuerpo momificado de alguien, algo francamente curioso si tenemos en cuenta que estamos hablando de novelas de misterio.
  • El humor es otro recurso habitual en la obra de Kane, especialmente con chistes relacionados con las mujeres, muy del gusto de los hombres de los años 60-70, y empleando un tono absolutamente desenfadado en sus diálogos, hasta el punto que en alguna de sus novelas puede dar la falsa sensación de que no se toma muy en serio a sí mismo. Por poner un ejemplo de hasta donde llega el humor del autor, Javier Garrido Tyla descubre una divertida anécdota en la novela del Oeste ¡Pistoleros Alerta!, de 1973: en ella, el autor, forofo reconocido del Club de Futbol Español (ahora Espanyol), incluye un personaje llamado Cruyff (que acababa de fichar ese año por el Barcelona, gran rival de su equipo), al que se encarga de ridiculizar constantemente.
  • La irregularidad de su obra es una de las más llamativas características del autor, que alterna obras notables con mediocridades fruto de las prisas o la desgana, hasta tal punto que puede dar la sensación de encontrase con autores diferentes. A pesar de ello –o gracias a ello-,  representa para el lector de Kane un incentivo adicional descubrir con cada lectura si se encontrará a un Kane en horas bajas o en estado de gracia.
  • En la obra de Silver Kane asoma de vez en cuando la crítica social sobre temas complicados de tratar en los años en que fueron escritas sus novelas (años 60-70), como la violencia de género, la drogadicción, o la prostitución; algo más propio de la novela negra , género por el que el autor se decantaría en el futuro.
  • Una curiosidad de Silver Kane es que no sólo es el principal pseudónimo de Francisco González Ledesma, sino que además se convierte al mismo tiempo en protagonista de algunas de sus propias novelas: Semana Negra (Servicio Secreto nº 306); Recuérdame al morir (Servicio Secreto nº 360); Ataúd B-4 (Servicio Secreto nº 610); El lago de Satanás (Punto Rojo nº 311) y En el Reino de los Muertos (Punto Rojo nº 365), con la posibilidad de que aparezca en más títulos. 

Y sin más, pasamos a la ronda de reseñas.

TITULO: UN SOLO ATAUD

AUTOR: SILVER KANE

PUNTO ROJO Nº 1 EDITORIAL BRUGUERA

1ª EDICIÓN ABRIL 1962

PORTADA: DESILO

En la editorial Bruguera la colección Selección Terror no existía y Servicio Secreto andaba por el número 610 cuando se publicó el primer número de Punto Rojo. Esta colección pretendía distinguirse de Servicio Secreto recopilando obras que incidieran en los elementos de misterio, dejando el espionaje y la acción para la primera publicación.

La novela que inaugura Punto Rojo se inicia con un inquietante velatorio, en el que Magda, nuestra protagonista, mantiene una animada conversación con Percy sobre el Más Allá, nada extraño si no fuera porque Percy es el cadáver de su prometido, recientemente fallecido de un infarto.

La señora Fremont, tía de Magda, pronto se encarga de contarle a un viejo amigo de Percy que su sobrina estuvo ingresada en un manicomio, víctima de terribles alucinaciones que le hacían escuchar voces del más allá, y aunque ya había recibido el alta, la muerte de su prometido parece estar haciéndole recuperar su malsano comportamiento.

El amigo en cuestión se llama Clive Sanders (no confundir con el famoso personaje de Silver Kane, Clive Murdock), un antiguo compañero de Percy de los Servicios especiales de la Armada durante la guerra de Corea, que nada más ver a Magda cae absolutamente enamorado.

Tras un solemne funeral en el que se envía el cuerpo de Percy al fondo del mar, la acción se traslada al Worthington College, un enorme y siniestro caserón de finales del siglo diecinueve situado en una población al Norte de Nueva York. Si sois de los que pensáis que lo ideal para recuperarse de una pérdida es empezar a trabajar como maestra de francés en un siniestro caserón  cercano a un hospital de salud mental y a un cementerio donde antiguamente se enterraban a los marinos, no os resultará extraño si os digo que es justo aquí donde ha ido a parar Magda en busca de tranquilidad.

El doctor Kinsey, gran amigo del fallecido Percy, es el director del hospital mental próximo al Worthington College, y se ha comprometido a vigilar el comportamiento de Magda por si vuelven a apreciarse en ella síntomas de alucinaciones.

El Worthington es el típico colegio de disciplina inglesa, dirigido por la estricta Señorita Ulster, donde van a parar los alumnos problemáticos, un lugar siniestro de largos y oscuros pasillos que muestra su aspecto más sombrío en cuanto desaparecen los estudiantes de las aulas.

Colegio siniestro, hospital mental, cementerio…con esta ambientación ya os podéis imaginar lo que se avecina en esta sorprendente novela –porque ya aviso que la trama no acaba siendo lo que parece-, una gran elección para inaugurar una colección en la que los amantes del suspense se pueden  encontrar grandes sorpresas.

Interesante un pasaje de la novela en la que se trata abiertamente el tema de los malos tratos, algo para nada habitual en los años 60. Clive Sanders, cumpliendo una promesa realizada a una amiga asesinada por su marido, que le propinaba constantes palizas, avisa a una mujer llamada Sally de que se aleje de su novio, pues es otro maltratador.

                       – “¿Por qué seréis así los hombres? ¡Qué asco!

                       – No te lo discuto. Los hombres damos tanto asco que te conviene estar lejos de  nosotros. Al menos de los tipos como Quimby.

                        – Sois unos bichos que sólo servís para pagar las facturas. Pero, eso sí, lo de pagar, no hay nadie que lo haga tan bien como vosotros.”

Cuando Sally le pregunta a Clive dónde está el hombre que asesinó a su amiga, éste le dice que en la cárcel, a lo que ella contesta: 

                         – “Muy poco. ¡Sólo la cárcel por matar a golpes a una mujer! ¡Merece la silla eléctrica!”

Por cierto que por casualidades de la vida, huyendo de su peligroso prometido, Sally se verá envuelta en la trama con no muy buenas perspectivas. Como muy bien dice la novela, “si una chica que se ganaba la vida enseñando las piernas a los hombres, ha venido a morir a un sitio donde se enseña el latín a los niños, tiene que existir alguna razón”.

Otro aspecto interesante y poco habitual es la mención al cine pornográfico clandestino: “Se proyectaban allí películas rigurosamente prohibidas, películas pornográficas, cuyos personajes fijos eran siempre parejas que sostenían relaciones extraordinariamente amistosas. Un público formado casi exclusivamente por jovenzuelos y por viejos perversos que estaban de vuelta de todo, asistía, babeante, al espectáculo proyectado en la pantalla. A Clive le repugnó pensar que por el solo hecho de entrar allí pudiesen tomarle por uno de aquellos degenerados de siete ojos.”

Muy extraño que se haga en la novela mención al tema de los malos tratos y al de la pornografía, lo que demuestra el interés del autor por la novela policiaca como vehículo de crítica social, algo muy característico de la novela negra, pero excepcional en la novela popular, que huía de grandes complicaciones. Prueba del temprano interés del autor por la novela negra es que se cita en la novela a Mickey Spillane, célebre escritor americano creador del personaje de Mike Hammer (y para los aficionados al cómic, guionista del Capitán Marvel original –ahora Shazam- y del Capitán América)

TITULO: EL HORROR Y TU

AUTOR: SILVER KANE

PUNTO ROJO Nº 16 EDITORIAL BRUGUERA

1ª EDICIÓN AGOSTO 1962

PORTADA:

Frank Purdom es un detective privado que está a punto de casarse con su prometida Marjorie, una estupenda mujer a la que conoció cuando un año atrás acudió en busca de sus servicios profesionales contratándole para que buscara a su madre desaparecida. Aunque de la suegra no hubo rastro alguno (que astuto, Frank…), en su lugar encontró el amor.

A pesar de que la boda es al día siguiente, y de que Frank aún se encuentra recuperándose de un disparo que le ha paralizado una pierna, el detective acude a su despacho para rematar algunos papeleos pendientes.

Quiere el destino que justo esa tarde recibe la visita de una cliente que quiere contratarle para que le ayude a resolver un extraño misterio: desde hace un tiempo sueña con que huye de un hombre cojo, y que en la huida se encuentra el cadáver de su hija metida dentro de un ataúd colocado delicadamente en un claro en mitad del bosque con un cirio encendido.

Lógicamente, Frank recomienda educadamente a la buena señora que lo que debe hacer es acudir a un psiquiatra y no a un detective, y le invita a abandonar su despacho, pero justo en ese momento aparece Marjorie y se descubre que esa mujer es en realidad su madre desaparecida. La alegría es enorme, pues Marjorie descubre que su madre sufrió un ataque de amnesia que le hizo olvidarse de todo, pero al verla de nuevo, recupera la memoria.

El caso es que la boda se celebra, y los novios se marchan a una retirada cabaña para pasar una tranquila luna de miel. La primera noche, Marjorie desaparece de súbito, y cuando Frank, alarmado, se pone a buscarla, la encuentra dentro de un ataúd en mitad del bosque, junto con un solitario cirio encendido.

Horrorizado, Frank sube al coche para acudir a la policía, con la sorpresa de que se encuentra a Marjorie esperándole vivita y coleando en el garaje.

A partir de aquí comienza una trama que pondrá en duda la cordura de nuestro protagonista, que se encontrará con siniestros hombres cojos, cadáveres que aparecen y desaparecen, mucho, mucho misterio, y algunas perlas de humor, tan típicas del autor.

Como es habitual en Silver Kane, el brillante planteamiento inicial se acompaña de un vertiginoso desarrollo que hace que el lector devore literalmente la novela de una sola tacada para llegar a una solución final que a mi personalmente me parece bastante tramposa, pero es un tema tan habitual en la novela popular que francamente no le doy importancia. De hecho, cada vez disfruto más del surrealismo de Kane, que convierte la lectura de cada uno de sus libros en toda una aventura.

TITULO: CUATRO PUERTAS ROJAS

AUTOR: SILVER KANE

PUNTO ROJO Nº 46 EDITORIAL BRUGUERA

1ª EDICIÓN ABRIL 1963

PORTADA:

El ladrón profesional Jimmy Logan recuerda su infancia junto a sus primas Ketty y Sigrid en la siniestra casa de su abuelo Archibald, una antigua abadía rodeada de tumbas situada en la costa sur de Inglaterra en la que pasaban las largas tardes de verano jugando a quien veía antes un fantasma en la ventana. Una casa en cuyo piso superior se encontraba una enorme biblioteca de la que salía un largo pasillo flanqueado por cuatro puertas rojas, a los pies de una de las cuales apareció el cuerpo asesinado de su abuelo, sin que jamás se encontrara al culpable del crimen.

10 años después, su bella prima Ketty ha sido condenada a muerte por asesinar a su esposo, y le pide a Jimmy que acuda a la prisión de Broadmoor para hacerle una sorprendente revelación: su abuelo había hecho un testamento que estaba oculto en la casa familiar, y había dejado instrucciones de que no se abriera hasta justo dentro de una semana. Según Ketty, el abuelo le dijo que en el testamento legaba su inmensa fortuna a Jimmy, Sigrid, ella misma y a su difunto marido, un amigo de su abuelo con el que se había empeñado que debía casarse. Lo peor de todo es que al parecer el testamento incluía una cláusula según la cual todos los bienes debían repartirse entre los herederos vivos a la fecha de apertura  del testamento.

El motivo por el que Ketty le cuenta esto a Jimmy es porque quiere que encuentre el testamento, y lo haga aparecer en la caja fuerte del despacho de su marido, con la idea de que parezca que él lo conocía y ella no, para utilizarlo en su defensa justificando que le mató en defensa propia, pues su marido pretendía asesinarla para quedarse con su parte de la herencia.

Jimmy, que siempre ha estado enamorado de su prima Ketty, decide ayudarla, lo que le obliga a regresar a la casa de su  abuelo y a buscar el testamento en las misteriosas habitaciones de las cuatro puertas rojas, pero no lo hará solo, pues su otra prima, Sigrid, también tiene sus motivos para acudir a la casa. Sigrid, que por supuesto es una chica que aparte de estar como un queso, tiene una peculiar afección visual, y arrastra un turbulento pasado que provoca que unos matones la anden buscando.

Juntos, entrarán a descubrir los secretos de la casa de las cuatro puertas rojas, sin sospechar que lo primero que se encontrarán detrás de la primera puerta es una mecedora con el cuerpo embalsamado de su abuelo; un cuerpo que a la mañana siguiente ha desaparecido sin dejar rastro.

El relato tiene un inicio y un planteamiento apasionante, con una complejidad muy superior a lo habitual, y con el autor luciéndose en la ambientación terrorífica, pero por desgracia, según avanza la trama, da la sensación de que comienza a improvisarse todo de forma muy precipitada, con la aparición de personajes de forma repentina, sin orden ni concierto, lo que hace que el ritmo de la novela sea demasiado irregular. Ya he comentado que una de las características de Kane es precisamente esa irregularidad en su obra, alternando muy buenas ideas con desarrollos mediocres que lastran la calidad media de sus libros. Personalmente considero esta novela una de las más flojas de las que he podido leer de Kane.

TITULO: EL ASESINO DE LAS DOCE EN PUNTO

AUTOR: SILVER KANE

PUNTO ROJO Nº 531 EDITORIAL BRUGUERA

1ª EDICIÓN ABRIL 1971

PORTADA: ¿?¿¿?

Si hay algo en lo que destaca Silver Kane es en meterse al lector en el bolsillo desde la primera página de sus obras. Consciente de la necesidad de enganchar cuanto antes al lector, el autor suele tener unos inicios absolutamente contundentes. Valga de ejemplo el primer párrafo de El asesino de las doce en punto.

Anoche soñé que entraba en el reino de los muertos.

Siempre había creído que el mundo de los muertos sería algo siniestro, aterrador, lleno de tinieblas. Siempre había creído que oiría gritos ululantes en la noche. Que me contemplarían facciones macabras desde la oscuridad. Que manos descarnadas se tenderían hacia mí, surgiendo de jirones de niebla.

Reconoced que es difícil resistirse a seguir leyendo después de este inicio tan a lo Rebeca de Daphne Du Maurier.

Pues bien, todo lo anterior no es más que parte de una alucinación reiterativa que lleva días teniendo el protagonista de la novela, Stirling. En estas visiones, oye a una mujer llamada Nancy, que habla de una mansión con habitaciones ocultas en las que se encuentran cadáveres de familiares fallecidos años atrás. Estos hechos, en apariencia sobrenaturales, se entienden mejor si tenemos en cuenta que Stirling es un policía que se encuentra ingresado en un manicomio, al cuidado del doctor Stanton, tras haber caído en las garras de la droga como consecuencia de haber llevado demasiado lejos una heroica misión de infiltración en el mundo del hampa, en la que debía hacerse pasar por un drogadicto.

La novela, que nuevamente podría haber sido publicada como de terror,  va alternando el supuestamente imaginario relato de Nancy con el internamiento de Stirling, de modo que el lector irá descubriendo poco a poco la verdadera relación entre ambas historias, según avanza la investigación que lleva a cabo el propio Stirling desde el mismo manicomio sobre los hechos que se desprenden de la narración de Nancy.

Una guía turística del Sur de Estados Unidos convence a Stirling de que el lugar que aparece en sus alucinaciones existe en la realidad, lo que le lleva a fugarse del manicomio hasta la pequeña localidad de Wilbur, cuya descripción se ajusta hasta en el más mínimo detalle a lo que ha escuchado en sus alucinaciones de boca de Nancy.

Todo esto lleva a Stirling a una siniestra mansión en un recóndito pueblo de el Sur de Estados Unidos, guiado por una misteriosa voz escuchada desde el otro extremo del país. El misterio está servido.

¿Cómo es posible que Stirling oyera la voz de Nancy? ¿Qué es en realidad lo que está sucediendo en Wilbur?.

En 2007 esta novela fue reeditada como parte del volumen recopilatorio “Recuérdame al morir”, editado por La Factoría de las Ideas, y que reunía tres novelas cortas policiacas de Silver Kane, en un loable pero aislado intento por recuperar el espíritu del pulp hispano.

TITULO: UN PEDAZO DEL MÁS ALLÁ

AUTOR: SILVER KANE

PUNTO ROJO Nº 559 EDITORIAL BRUGUERA

1ª EDICIÓN ENERO 1973

PORTADA: JORGE SAMPERE

John Bowery es un detective privado que se encuentra de camino a Fresno, a donde se dirige para sustituir al señor Palmer, dueño de una Agencia de detectives.

Tras resultar imposible encontrar un hotel donde pasar la noche, pues están todos abarrotados de soldados que van de camino a las bases del Pacífico en dirección a Vietnam, un conocido de Palmer le envía a una residencia de jovencitas situada en Yucca Valley, con la instrucción de que pregunte por Miss Forsyte.

Como ya os podéis imaginar Miss Forsyte no es la típica institutriz mayor y estirada, sino que resulta ser una despampanante mujer de 26 años que está encargada de gestionar la escuela femenina, que está a punto de cerrar definitivamente sus puertas.

Sorprendentemente, Miss Forsyte no pone ninguna pega a que John pase la noche en la escuela, y le facilita una cama en una de las salas que empleaban de forma habitual las alumnas.

En mitad de la noche, John ve que entra en la sala otra escultural mujer cuyo comportamiento resulta sumamente inquietante, pues ríe como una loca mientras dice en voz alta  “No hay muertos… Los muertos están entre nosotros… Los muertos siguen en nuestras habitaciones, se sientan a nuestras mesas…”.

Después oye a otra mujer distinta realizando extraños cánticos. John decide no entrometerse, y permanece en su cama sin moverse, pensando que la casa está habitada por locas y borrachas, y con la única idea en mente de salir corriendo de allí en cuanto amanezca.

Finalmente cae rendido, y al despertar a la mañana siguiente, se encuentra en su cama el cadáver de una de las jóvenes de la noche anterior, con la garganta destrozada.

Aterrorizado, baja las escaleras, para encontrase en la planta baja con el cadáver de Miss Forsyte, colgado boca abajo y con el cuerpo abierto en canal. De la tercera mujer que vio por la noche, no hay ni rastro.

A sabiendas de que la gente le considerará el asesino, pues todas las pruebas apuntan hacia él, decide huir en su coche, alejándose alocadamente en dirección a Fresno, hasta que se queda sin gasolina en mitad del desierto. Para suerte o desgracia, el destino decide que el primer coche que se cruza con él es el de la policía, que le lleva hasta la gasolinera más cercana, que por supuesto está en la localidad de la que acaba de huir por la mañana.

En el camino el policía le explica las leyendas que circulan sobre el pueblo, relacionadas con unos muertos desenterrados de una cueva, con todo tipo de alucinaciones provocadas por el desierto, y con una compañía teatral de guapísimas chicas que años atrás pasó por la localidad.

Agobiado por los remordimientos, John confiesa al policía todo lo que ha pasado desde su llegada al pueblo, pero cuando acuden a la escuela de señoritas, no encuentran señal alguna de los salvajes asesinatos ocurridos la noche anterior. Además, el policía le dice que Miss Forsyte es una estricta mujer cuya descripción en nada se parece al monumento que le invitó a hacer noche en la escuela. Todo parece haber sido una terrible alucinación.

Tras llegar a Fresno, John recibe su primer encargo como detective: debe investigar al marido de una tal Sra. Mortimer para reunir pruebas para su divorcio. Cuando se entrevista con ella, la Sra. Mortimer (que está estupenda, por supuesto) se muestra esquiva, y le informa que ya no está interesada en divorciarse de su marido, un adinerado abogado con una extraña afición por la arqueología.

Justo cuando sale de casa de su ex cliente, a John le da un vuelco al corazón cuando ve en la acera de enfrente a la tercera joven que entró en su cuarto la horrible noche de los asesinatos, la única que no apareció muerta a la mañana siguiente en la escuela femenina.

Esto es tan sólo el principio de una compleja historia que llevará a nuestro protagonista de vuelta a la escuela para señoritas de Yucca Valley, a enfrentarse con la siniestra verdad y con un pedazo del más allá.

Y por cierto, la novela contiene interesantes referencias a Charles Manson y a los asesinatos de Sharon Tate y de Robert Kennedy, e incluso una cita de Rommel, en una de esas muestras de cultura que deja de vez en cuando en sus novelas el Sr. Ledesma:

“El desierto es como un mar”. Esto no lo había dicho un cualquiera, sino nada menos que el mariscal Rommel, el jefe del “Afrika Corps”, quien comprendió que un día que sobre los arenales no había que emplear las tácticas del ejército de Tierra, sino las tácticas de la Marina. Y bien que le resultó durante mucho tiempo… Definitivamente, Rommel fue uno de los hombres que, en este mundo, mejor conocieron el desierto.

TITULO: NO PREGUNTES LA HORA AL MUERTO

AUTOR: SILVER KANE

PUNTO ROJO Nº 638 EDITORIAL BRUGUERA

1ª EDICIÓN ABRIL 1974

PORTADA: ALBERTO PUJOLAR

John Milton Craven es un joven de 23 años que acaba de ser repatriado de Vietnam tras sufrir una grave herida en una pierna, y buscando empleo comienza a trabajar para el Washington Post gracias a Tony Adams, un hombre al que años atrás había salvado la vida al donarle sangre cuando intentó suicidarse tras la horrible violación y asesinato de su esposa a manos de los secuaces del hampón Sammy Müller.

El problema es que Tony Adams parece estar totalmente desequilibrado desde la muerte de su esposa, pues aparte de pequeños detalles como que sigue viéndola por la ventana y de que recibe mensajes suyos, Tony lleva un cadáver en la parte trasera de su coche, y continúa obsesionado con la idea de encerrar a Müller, asegurando que tiene oculto un testigo que le llevará a la cárcel.

Como prueba para poder entrar a trabajar en el Washington Post, John tiene que escribir tres crónicas para que Tony les dé el visto bueno, y para ello le entrega unas cintas con ideas para artículos que ha ido recopilando el propio Adams en los últimos meses.

La primera idea grabada, narrada por una misteriosa voz femenina,  trata sobre unos traficantes de droga que emplean máscaras africanas para ocultar la mercancía y poder pasar así la frontera, con la peculiaridad de que una de las máscaras está recubierta con la piel de la mujer de uno de los camellos que recibe la mercancía, asesinada por los narcotraficantes en venganza por haber abandonado la organización.

Poco sospecha John que a partir de aquí todo se va a complicar hasta extremos insospechados, comprobando que la historia acerca de la máscara de piel humana grabada en el magnetófono es real, lo que le lleva a oir las otras dos historias, con el fin de comprobar si también pueden ser ciertas. Y todo esto sin la posibilidad de que Tony Adams le aclare algo, pues parece haber desaparecido de la faz de la tierra.

Resulta sorprendente  la compleja trama de esta novela, muy alejada de los sencillos planteamientos en los que solía moverse la literatura de quiosco, orientada a un público poco amigo de complicarse la existencia.

Realmente no queda claro si esta complejidad es fruto de una sesuda planificación por parte del autor, o más bien fruto de la improvisación. Sea como sea, el resultado me ha parecido notable, con una intriga que acaba encontrando una convincente explicación final.

TITULO: LA MUERTE COLOR DE LLUVIA

AUTOR: SILVER KANE

PUNTO ROJO Nº 672 EDITORIAL BRUGUERA

1ª EDICIÓN ABRIL 1975

PORTADA: MIGUEL GARCÍA

Mónica es una joven que vive en la mansión familiar en compañía de su tío Patrick, después de que hace unos años su madre Silvia asesinara a un hombre con un cuchillo y fuera encerrada en el manicomio de Black Hill, una institución mental para enfermos peligrosos que sigue un peculiar procedimiento de curación.

Una noche, Mónica tiene una horrible pesadilla en la que ve a su tío Patrick asesinando con un cuchillo a su tía Evelyn, fallecida años atrás en un accidente de aviación. El problema es que las pesadillas comienzan a ser cada vez más habituales; unas pesadillas en las que la lluvia siempre es sinónimo de muerte, exactamente iguales a las que empezó a tener su madre poco antes de volverse loca, lo que hace temer a Mónica que puede haber heredado la enfermedad de su madre.

De hecho, su tío Patrick, preocupado por su sobrina, le convence de la necesidad de comenzar a tratarse.

Mientras tanto, un escritor fracasado llamado Taylor Flynt conoce de forma accidental a Mónica, quedando absolutamente enamorado. A partir de ese momento decide ayudarla sin que ella sepa nada de su intervención.

Locos que salen del manicomio de alta seguridad como Pedro por su casa, asesinatos de doncellas bajo la lluvia, un cuadro de Millet, cadáveres que aparecen y desaparecen, misterios del pasado…. No falta de nada en esta novela, muy del estilo de Silver Kane, lo que incluye surrealistas explicaciones a los misterios que se van presentando a lo largo de la historia. No quiero destripar demasiado acerca de la trama, pero para que os hagáis una idea del nivel de sucesos estrafalarios, se explica la aparición de un cadáver dentro de los jardines del manicomio argumentando que el asesino lo descuelga desde un helicóptero en mitad de la noche, y esto no es lo más raro que encontraréis en esta novela. Pulp en estado puro.

En la novela se encuentra también una fascinante y extensa nota del autor a pie de página en defensa de la psiquiatría, una especialidad médica vista con desconfianza en esos años en nuestro país, pero que en Estados Unidos experimentaba un gran auge.

TITULO: TRES NOCHES CON LOS ESPIRITUS

AUTOR: SILVER KANE

PUNTO ROJO Nº 333 EDITORIAL BRUGUERA

1ª EDICIÓN 1968

PORTADA: DESILO

La novela comienza con El Sheriff local acompañando en coche a una bella joven llamada Norma hasta una alejada casa de estilo francés que domina lo alto de una colina cercana a la población de Kinder, en Lousiana (población que por cierto existe). Una vez allí, Norma le pide al Sheriff que la deje sola.

La casa, en la que Norma vivió hasta cumplir 10 años, era propiedad de su tía Eleanore Deville, recién fallecida en un atentado en el avión en el que viajaba. Norma ha regresado ahora para cumplir con las últimas voluntades de su tía. Como no puede ser de otra forma en este tipo de novelas, el testamento incluye una de esas excéntricas clásusulas que hacen que nos frotemos las manos.

Eleanor tenía cinco sobrinos, y el testamento establece que todos sus bienes -una inmensa fortuna- se repartirán a partes iguales entre ellos, siempre y cuando pasen tres noches juntos en su casa a partir del día en que Norma cumpla la mayoría de edad, y ese día es justo hoy. Todo el que muera o abandone la casa antes del tercer día, perderá todo derecho sobre la herencia.

De este modo, Norma, Ethel (una joven viuda obsesionada con los espíritus), Rock (un rufián que acaba de salir de prisión), Alan (un alcohólico consentido)  y Bates (un veterano de la guerra de Corea que quedó mudo por la explosión de una granada)  -los cinco sobrinos de Eleanore- se disponen a pasar tres noches juntos que no olvidarán en lo que les resta de vida, lo que para algunos de ellos no será demasiado tiempo.

En la novela hay un sexto personaje, el habitual héroe masculino, que en este caso corresponde a Bob Halloran, un afamado periodista que iba camino de entrevistar a Robert Kennedy, y que por un accidente de coche se verá envuelto de forma involuntaria en esta siniestra historia.

Por supuesto la casa en la que van a convivir es muy tranquilizadora, con todo intacto pero cubierto de polvo, con un espantoso alarido que resuena de vez en cuando, y con un cementerio familiar en la parte trasera…y claro, lo lógico es hacer una sesión de espiritismo.

Para aquellos lectores curtidos que están acostumbrados a este tipo de excentricidades en la novela popular, hay que añadir que Norma tiene un defecto de nacimiento que le impide cerrar los párpados, lo que hace que esté condenada a tener siempre los ojos abiertos, incluso mientras duerme (esto por cierto, existe en la realidad, y se llama lagoftalmos); y además, en los alrededores de la casa de los Deville se cometieron unos años atrás una serie de asesinatos a manos de un asesino que mataba siempre descalzo dejando una huella de seis dedos…

No cuento más de la novela, para no destripar una historia que una vez más podía haberse publicado perfectamente en la colección de Selección Terror, lo que no quita que el misterio esté presente en todo momento.

Hay un detalle de la novela que me ha parecido genial por lo estrafalario, y es que Bob Halloran está en proceso de divorciarse de su esposa porque han tenido un hijo negro. Hay una conversación sencillamente impagable entre Bob y su aún esposa Alma, que acabará teniendo su explicación en la novela:

         – Me casé contigo enamorada como una loca. Nunca hubo otro hombre en mi vida y nunca más lo habrá. Tú y yo somos sanos, somos blancos, es un castigo del cielo el que hayamos tenido un hijo negro.

       – Alguien debió explicarte que, en ese y otros aspectos, se suele saltar una generación. Que el color de piel del abuelo puede transmitirse no al hijo, sino al nieto.

       -Yo no sabía nada de eso. Yo sólo sabía que estaba enamorada de ti. Para casarme creí que era suficiente. Además, el hijo es nuestro, y tú lo sabes. No es ninguna monstruosidad tener un hijo negro.

        -Para los que viven en Alabama, sí —dijo bruscamente—. Un hombre que trate de prosperar en el seno de una sociedad racista, debe tener en cuenta esas cosas. Yo no he inventado eso de que la gente se clasifique según el color de su piel. Cuando nací, la cosa ya estaba inventada, y tengo que amoldarme a ella. Un hijo negro me hundirá. Por eso he pedido el divorcio.

Y todo esto en 96 páginas que son un verdadero torbellino de diversión.

Y sin más, finalizo este artículo, con la seguridad de que no será la última vez que hable de Silver Kane, un autor que cada vez me gusta más.

BUSCANDO AL MONSTRUO DE LA LAGUNA NEGRA DEL QUIOSCO

        Cuando hablamos de monstruos clásicos, a todos nos viene a la cabeza Drácula, Frankenstein, el hombre Lobo, o la momia, pero existen otros monstruos cinematográficos y literarios que, sin alcanzar la grandeza de los mencionados, también forman parte del imaginario popular. Entre éstos se encuentra sin lugar a dudas el monstruo de la laguna negra, una criatura mitad humana mitad anfibia que, a diferencia de otros grandes mitos nacidos de la literatura, tiene su origen en el cine.

La década de los 50´ se caracterizó en el cine por el auge de las películas del género de terror y ciencia ficción. Los avances tecnológicos permitieron filmar todo tipo de ideas imposibles de realizarse hasta la fecha, gracias al uso de ingeniosos efectos especiales, y también gracias a logrados maquillajes. En esta década es cuando se produce la aparición del monstruo de la laguna negra, que acabó protagonizando tres títulos que alcanzaron un notable éxito de público, en gran parte, gracias a la novedosa pantalla tridimensional (3-D). Esta propuesta tecnológica brindaba a los espectadores una experiencia inédita mediante la utilización de unas gafas especiales, que causó un furor sin precedentes, pero que no duraría mucho, ya que hacia 1953 los espectadores se quejaban de fuertes mareos y dolores de cabeza después de las proyecciones, lo que supuso la muerte de esta novedad cinematográfica, que no obstante intenta resucitar cíclicamente, y que incluso en la actualidad, con una increíble mejora en el sistema 3D, no acaba de cuajar del todo. Pues bien, la trilogía que nos ocupa hizo un interesante uso del 3D en los cines, lo que sumado a una buena dirección y una cuidada producción, provocó un enorme éxito de la franquicia.

La criatura de la Laguna Negra tiene una naturaleza científica, por lo que no tenía el carácter sobrenatural de la mayoría de los monstruos clásicos, ya que viene a ser un eslabón perdido de la evolución.  El resultado: una criatura mitad humano y mitad pez, con unas manos/garras palmípedas que mejoraban su habilidad para nadar, y a la vez le servía de arma; y con una especie de dientes de sierra recorriéndole la espalda que le proporcionaban una apariencia amenazante y a la vez le aportaba estabilidad al nadar.

Además el monstruo tiene unas características escamas que le aseguran un fuerte escudo defensivo. En la cabeza, tipo casco, destacan unas branquias que le permiten respirar bajo el agua. Respecto a sus pies tipo aletas, le facilitan nadar a gran velocidad, y caminar en tierra firme cuando sea preciso (normalmente para secuestrar a una bella mujer).

En resumen, una abominación que se transformó en una figura clásica del cine de terror y ciencia ficción, pero que ha envejecido muy mal, perdiendo la condición de monstruo por el camino para convertirse en un icono pop relanzado con la más moderna y exitosa “La forma del agua”, de Guillermo del Toro, una película que rinde homenaje al monstruo más clásico al amparo de una historia romántica.

La primera película de la trilogía fue Creature From the Black Lagoon (El monstruo de la Laguna Negra, 1954), dirigida por Jack Arnold. En la misma, un paleontólogo desentierra una monstruosa mano prehistórica en el Amazonas, enviándose una expedición para buscar el resto del fósil. Los exploradores están liderados por el científico David Reed (Richard Carlson) y por un empresario llamado Mark Williams (Richard Denning). Pronto se encontrarán con un ser lleno de escamas que vive en un hábitat acuático llamado la Laguna Negra, y que no parece muy contento con la visita del ser humano, a pesar de lo cual, el muy bribón se obsesiona con la bella Kay (Julia Adams), que también forma parte  del grupo explorador. En la película abundan las escenas bajo el agua, que supieron aprovechar al máximo la primitiva tecnología de 3D de la época.

La segunda de las películas, Revenge of the Creature (El regreso del monstruo, 1955) también fue dirigida por Arnold.  En ésta, la trama se centra en los preparativos para la captura de la criatura en un afluente del Amazonas, y en su transporte a un acuario de Florida. Allí se intenta domesticarla con técnicas que suponen una auténtica tortura a la criatura durante su cautiverio. Esta vez, la criatura, que no es tonta, se siente atraída por la bella Helen Dobson (Lori Nelson). Finalmente, el monstruo se las arregla para escapar de su prisión, desapareciendo en el mar. Aunque esta secuela no tuvo tanto éxito como la primera entrega, personalmente considero que tiene una fuerza visual impresionante, superando en calidad al título inicial de la saga.  El uso de las sombras me parece brillante. Aunque también fue filmada en 3-D, la película, salvo unas pocas copias en Estados Unidos, se proyectó en salas en 2D, ya que en 1955, año de su estreno, la tercera dimensión había perdido el interés para el gran público por los motivos expuestos anteriormente.

The Creature Walks Among Us (1956) fue el tercer título de la serie, estrenado en España como El Monstruo camina entre nosotros. No la he visto, así que no puedo opinar, pero por lo que he podido leer, se considera la más floja de la saga. Fue dirigida por John Sherwood, un ex-alumno de Arnold. En la película, la criatura sufre en tierra graves quemaduras que debilitan su armadura, y dos científicos descubren que bajo las escamas hay un animal herido que respira con dificultad. Durante toda la película la criatura intenta llegar al agua para curar sus heridas.

Como prueba de la gran popularidad del personaje, tuvo un encuentro con los cómicos del momento en Abbott and Costello Meet the Creature from the Black Lagoon. Cualquier monstruo que no haya tenido una entrega cinematográfica con Abbott y Costello no merece la calificación de clásico.

El gran éxito de las películas de la criatura de la laguna negra motivó la aparición de innumerables intentos de repetir el personaje, manteniendo una estructura casi idéntica. The Phantom from 10,000 Leagues (El fantasma de las 10.000 leguas, 1956) presenta un monstruo fruto de una mutación,  y  The Monster of Piedras Blancas (El monstruo de Piedras Blancas, 1958), una película americana dirigida por  Irvin Berwick, en la que vuelve a presentarse un ser prehistórico con una apariencia idéntica a la del monstruo de la laguna negra. 

En El caimán humano (1959), una mujer realiza la búsqueda de su marido, al que ha perdido accidentalmente en una zona cercana a los pantanos del sur y lo halla en la mansión de la familia, pero habiéndose mutado parcialmente en un cocodrilo. Ahora deberá encontrar la manera de salvar a su marido del científico culpable de la metamorfosis y de un borracho cazador de cocodrilos. Curiosamente la actriz protagonista de la película, Beverly Garland, comparte apellido con nuestro autor de referencia.

Estos son tan sólo tres ejemplos de una larga lista de subproductos de la época, pero la cosa no acaba ahí, pues cuando pensábamos que la criatura era ya tan sólo un recuerdo para nostálgicos, en 1982, John Landis convenció a Jack Arnold para dirigir un remake de la película, que incluía la aparición de dos criaturas, una malvada y destructiva, y otra bondadosa. La película fue finalmente cancelada.

En 1992 John Carpenter también lo intentó, Peter Jackson en 1995, e Ivan Reitman en 1996, pero sus proyectos tampoco salieron adelante.

Finalmente, Guillermo del Toro, un director que se autodefine como un amante de los monstruos, estrenó en 2017 La forma del agua, una clara reinvención del monstruo de la laguna negra, por mucho que gran parte del público sólo vea en el film el origen de Abraham sapien, el personaje de Hellboy.

Ahora que conocemos a este monstruo que forma parte de la cultura popular, cabe preguntarse acerca de su presencia en la literatura de bolsillo. ¿Aparece el monstruo de la laguna negra en los populares bolsilibros?. Para responder esta pregunta, me he puesto a investigar, y como no podía ser de otra forma, he acabado encontrando al monstruo, aunque no con tanta frecuencia como me esperaba. Sabido es que la literatura de quiosco encontraba su inspiración en todo tipo de literatura y cine, y aparentemente una criatura como la del Lago Negro es muy del gusto de la época, y sin embargo pocos de nuestros habituales autores mostraron su   –llamadlo como queráis-  versión/homenaje/copia.

Como siempre digo en estos casos, esta reseña no pretende en ningún caso realizar una relación exhaustiva de novelas en las que aparezcan criaturas similares a las de la laguna negra. Es imposible. Simplemente pretendo mostrar algunos títulos que sirvan  de muestra para comprobar la visión de los autores, y la forma en que se adaptaron al formato del bolsilibro. Si con el tiempo voy descubriendo nuevos títulos, los incorporaré a la reseña.

En Largo viaje hacia la nada (1974), de Curtis Garland (La conquista del Espacio nº 201) el protagonista narra cómo ha llegado a ser el único ser humano superviviente sobre la Tierra. Nos encontramos en el año 277 Después de Cero, dentro de un búnker hermético, donde Paul, nuestro héroe, ha permanecido dormido desde que sus padres le introdujeran siendo un adolescente, aislándole de la radiación. Tras despertar de su letargo, transcurren otros 7 años en los que Paul comienza a ser víctima de una enloquecedora soledad dentro del búnker, hasta que un día suena una alarma que le avisa de que otro ser vivo ha entrado en el refugio. A partir de este momento, nuestro protagonista –que pasa a ser llamado Zero por exigencias del guion- deberá afrontar todo tipo de peligros provocados por la radicación que ha campado a sus anchas durante más de doscientos años, que incluyen a unos seres anfibios cuya descripción se ajusta mucho a la de la criatura del lago negro.

Sin embargo, esta es una aproximación muy tangencial al monstruo de la laguna negra por parte de Curtis Garland, que rendiría ya sin tapujos un homenaje como dios manda a la criatura en Los ojos de la iguana (Colección Tam Tam Nº  20, Bruguera, 1982), que os recomiendo leáis si alguna vez tenéis la suerte de poder haceros con un ejemplar.

En La Leyenda de la Bestia (Selección Terror de Bruguera nº  178, 1976) una bella mujer llamada Pamela Graves es asesinada en mitad de la noche en una solitaria carretera, poco después de haber abandonado de forma precipitada a su esposo, el productor cinematográfico de películas de serie B Richard Graves. La brutalidad del crimen parece presagiar la presencia de un sádico asesino, una teoría que se ve reforzada cuando se descubre que otra mujer ya había fallecido en circunstancias similares un año antes, a lo que hay que añadir que todavía habrá alguna muerte más. El sargento Baxter debe investigar una sucesión de crímenes en los que pronto tendrá varios sospechosos: el mencionado Richard Graves; un tal Howard Matheson, antiguo propietario de la casa donde vive Graves; los miembros de la extraña familia Graham, compuesta por la anciana Glenda Graham, que convive con sus dos extraños hijos, y con un sobrino escritor llamado Darrel Graham que ha llegado a la casa hace menos de una semana; y el matrimonio propietario de un motel de carretera cercano. Por si esto fuera poco, durante la investigación sale a la luz una leyenda de la que hablaban los leñadores de la zona sobre un misterioso ser anfibio, mitad hombre, mitad reptil, que supuestamente habita una zona pantanosa cercana al lugar en que se cometieron los crímenes. Otra fascinante historia de Curtis Garland cargada de misterio y que en este caso rinde un digno homenaje a la criatura objeto de este artículo.

Los ojos de la Iguana narra una expedición a lo más remoto de la selva amazónica de Brasil, organizada por la bella Lizabeth Vaughan para buscar a su padre, desaparecido hace un año junto a su ayudante Karl Walters después de anunciar que estaba a punto de descubrir algo que cambiaría el mundo para siempre. Por supuesto Lizabeth no se encontrará sola, pues contará con la inestimable ayuda de su amigo Robin Bradley y la del Mayor Scott Kingsby, un exmilitar escocés que ahora se gana la vida como mercenario. No cuento nada más, pero es esta una novela más que recomendable, una prueba más de que Curtis Garland era capaz de manejar con maestría prácticamente cualquier género, y de hacer interesante hasta las instrucciones de una tostadora, si hubiera recibido el encargo de escribirlas.

En el género del terror, El estanque, de Ralph Barby (Selección Terror nº 255, 1978) era, por la portada, la opción más probable para encontrarse con el monstruo de la Laguna negra, y sin embargo resulta ir por otros derroteros que nada tienen que ver, lo que no quita que la novela tenga elementos muy interesantes, que comentaré en otra reseña, pues en este blog soy muy partidario del reciclaje.

En Puerta a la Muerte (Nº 208 de selección Terror), de Alf Regardie (Alfonso Arizmendi Regaldie, 1911-2004), una pelirroja llamada Nancy Lester intenta conseguir una foto del monstruo del lago, un ser de leyenda que mucha gente afirma haber visto, pero del que no existe ninguna prueba. Cuando se encuentra en el lago, es atacada por un enorme hombre con una máscara monstruosa que intenta violarla, librándose únicamente gracias a la oportuna aparición de Patrick Baker, un joven que casualmente pasa por allí para visitar a su tío William Locksley, que resulta que acaba de fallecer sin él saberlo. Una olvidable novela de un autor del que se nota demasiado que no se siente nada cómodo en el género del terror, y que además nada tiene que ver con el monstruo de la Laguna Negra, salvo las referencias que se hacen al inicio de la historia para despistar al lector.

Sin embargo, en La bahía del Horror (Selección Terror nº 454, Bruguera), de mi querido y recientemente desaparecido Joseph Berna, el autor nos presenta con su habitual estilo picantón una criatura mitad humana, mitad anfibia muy similar al Monstruo de la Laguna Negra, acosando a tres parejas que viajan a bordo del Mary Ann. Tras ser asesinado en cubierta uno de los hombres por la fuerza de las garras de la criatura, el resto intenta huir, pero el barco no consigue abandonar la bahía donde se encuentra, debido a una inoportuna avería en las hélices del barco. Los dos hombres restantes harán guardia constante sobre la cubierta, por si la criatura vuelve a atacar.

Como en la película, el monstruo también secuestra a una de las chicas, y dando muestras de una inteligencia casi humana, la abandona en la playa para atraer al resto del grupo a su terreno.

El autor nos regala de este modo, con sus habituales toques de humor y su erotismo desatado, este entretenido homenaje al monstruo de la laguna negra, pero que carece, de lejos, de la fuerza del personaje original.

Pero Joseph Berna no se conforma con esta novela, pues descubrimos que Terror en el Lago Negro (Selección Terror nº 398, Bruguera) es una nueva versión de nuestra criatura. En la novela, un joven llamado Francis es arrastrado hasta el fondo del lago negro mientras nada en compañía de su novia Sandy bellows, que a duras penas consigue huir. A partir de ahí, un periodista llamado Bert Rialson se encargará de investigar la muerte de Francis, encontrando –esta vez sí- a un monstruo mitad humano mitad pez, con una apariencia que recuerda mucho –pero mucho- a nuestra querida criatura cinematográfica, aunque ambas tiene un origen muy diferente.  El monstruo de la novela también parece sentir una especial debilidad por secuestrar mujeres guapas, y sin embargo no tiene el más mínimo reparo en descuartizar a todo hombre que se ponga en su camino, especialmente cuando se inicia la caza de la criatura por parte de la policía local. Como curiosidad en la novela hay un personaje llamado Edward Morley, un científico cuyo nombre coincide con el de un célebre químico y físico nacido en 1838. ¿Casualidad?.

Con su habitual humor (de verdad que me he reído a carcajadas, especialmente con las escenas relacionadas con la futura boda del protagonista), y su inevitable sesión de escenas erótico-festivas (aunque hoy resulta ridículo era lo que se reclamaba en la época), Joseph Berna nos brinda un más que correcto homenaje a nuestro monstruo acuático, y ya de paso, a La novia de Frankenstein. Cuando leáis la novela, podréis comprobarlo. 

Con suerte, la editorial Matraca, que está en la actualidad reeditando las novelas de Terror de Joseph Berna, recuperará estas novelas. Para aquellos que estéis interesados, os recomiendo que visitéis  https://www.matracaediciones.com/ y comprobaréis que este valiente editor está realizando una labor impagable, logrando un fondo editorial más que interesante para cualquier aficionado a la literatura pulp.

Y de momento, hasta aquí este artículo sobre la criatura del lago negro, con la esperanza de volverla  a ver en un futuro próximo, en cuyo caso, actualizaré la reseña.

LA ¿CIENCIA FICCIÓN? POLICIACA DE KEITH LUGER

A raíz del descubrimiento de la novela de Keith Luger “El Ser de otro planeta”, nº 23 De la colección Scotland Yard de la editorial Alhambra, a la que dediqué un artículo en este mismo blog, comprobé sorprendido que era posible encontrar novelas de ciencia ficción camufladas dentro de colecciones policiacas, porque sin lugar a dudas “El ser de otro planeta” es una novela de ciencia ficción. Este hecho representaba una rareza,  pues mientras que la fusión de Policiaco/Terror era algo habitual  –especialmente cuando aún no existían colecciones dedicadas al Terror- , la aparición de la ciencia ficción en colecciones ajenas al género era una intrusión poco habitual. El único caso en este sentido lo representaba la colección SIP, Spacial Police, que se caracterizaba precisamente por mezclar lo mejor de ambos mundos hasta el punto de constituir un auténtico subgénero fruto de este mestizaje.

Recientemente Juan Carlos Canalda, nombre imprescindible en todo lo referente a la novela popular de ciencia ficción, publicó un artículo sobre lo que él llama muy acertadamente “novelas huérfanas”, refiriéndose a títulos de ciencia ficción que fueron publicados en colecciones de géneros diferentes, y entre los ejemplos que menciona figuran varias de las novelas de las que hablo en este artículo. Invito desde aquí a todo el mundo a visitar su imprescindible página web http://www.jccanalda.es

El caso es que la lectura de “El ser de otro Planeta” despertó mi curiosidad acerca de la posibilidad de localizar casos similares, así que me puse a indagar al respecto. Quiero destacar desde aquí que los lectores tendrán la oportunidad de leer este extraño y apasionante título de Luger gracias a la reedición que en breve publicará ACHAB, junto con una excelente selección de obras del autor. Una gran noticia, sin lugar a dudas, y posiblemente la única posibilidad que tendrá el lector para poder acceder a esta novela que se ha convertido en un auténtico lujo por la imposibilidad de conseguirla. Para el que tenga interés, le recomiendo que se pase por este enlace, en una iniciativa de la que soy un firme defensor, pues creo que están realizando una labor impagable por recuperar la memoria de los autores de la novela popular.

http://amigosdelbolsilibro.blogspot.com/

Dentro de la ingente producción literaria de Keith Luger (Miguel Oliveros Tovar, 17 de marzo de 1924 ​ – 16 de noviembre de 1971) encontramos en colecciones policiacas un montón de títulos que a simple vista pudieran ser de terror (“Anoche vi un espectro”, “El motel de los fantasmas”, Horror en la casa del crimen”, “La casa de los fantasmas”, “La noche de los monstruos”, “Me casé con un vampiro”, o “Un castillo con vampiro”,  entre otras).

De las que he leído, puedo decir que de terror tienen muy poco, algo nada sorprendente si tenemos en cuenta que el autor –que se prodigó en todos los géneros habidos y por haber- no publicó ni un solo título en una colección de terror.

Respecto a los títulos del autor con reminiscencias a la ciencia ficción a los que hace referencia este artículo, estos son los que he localizado:

 “Orden: acaben con los terrícolas” (nº 793 de Punto Rojo de Bruguera y 136 de Archivo Secreto de Bruguera).

Los hombres de la cuarta dimensión” (Nº 432 de Punto Rojo).

Una mujer llamada Venus” (Nº 1.071 de Servicio Secreto de Bruguera)

Mañana se acaba el mundo”. (Nº 706 de Punto Rojo y 62 de Archivo Secreto)

El ojo del cíclope”. (Nº 697 de Punto Rojo y 47 de Archivo Secreto)

Las hijas de Neptuno” (Nº 489 de Punto Rojo)

El objetivo de este artículo no es otro que ir añadiendo reseñas de las novelas, para analizar si realmente aparecen componentes fantásticos en la trama, o todo queda en una ciencia ficción interruptus limitada al título.

En primer lugar, señalar que Una mujer llamada Venus queda descartada totalmente dentro de la categoría de ciencia ficción.  La historia –bastante entretenida, por cierto-, gira alrededor de un detective privado llamado Mike Roland que busca por encargo a una mujer llamada Venus Foster, una corista que desapareció cuando fue contratada para trabajar en un club en Jefferson City. Una convencional novela detectivesca que como se puede observar, no contiene ningún elemento fantástico.

Como suele ser habitual en esta página, un gran conocedor del mundillo de la novela popular (muchas gracias, Alex Stark) me hizo una interesante puntualización, pues estaba convencido de que al menos Los hombres de la cuarta Dimensión y Las hijas de Neptuno se escribieron para la colección de La Conquista del espacio, no sólo por el contenido claramente de ciencia ficción, sino por el diseño de las portadas, muy característico de la primera etapa de La Conquista del Espacio.

TITULO: OBJETIVO: ACABEN CON LOS TERRÍCOLAS

AUTOR: KEITH LUGER

PUNTO ROJO Nº 793 EDITORIAL BRUGUERA

1ª EDICIÓN 1966 en Archivo Secreto (La edición de Punto Rojo es de 1977)

PORTADA: DESCONOCIDO

Pierre Bresson es un guionista de cine que accidentalmente es secuestrado por un hombre que a punta de pistola le obliga a llevarle hasta París, huyendo de unos misteriosos hombres que le persiguen. En mitad del trayecto, cercados por sus perseguidores, el hombre se lanza del coche en marcha mientras Pierre continúa su camino. Preocupado por el incierto destino de su secuestrador, Pierre decide regresar al punto desde el que se arrojó del vehículo, y allí le encuentra moribundo a causa de la fuerte caída. Con sus últimas palabras le entrega un papel que lleva oculto en el tacón de un zapato, y le ruega que se lo entregue en París a una tal Anne Marieque vive en Rue Margueritte, 277.

El papel en sí tan sólo recoge un enigmático y en apariencia absurdo mensaje:

“Por lo cual, yo repito ser preciso

Que declinen los átomos un poco,

Para que no parezca introducimos

Movimientos oblicuos, que reprueba

La razón verdadera; es evidente,

Y ven los ojos, que los cuerpos graves

Seguir no pueden dirección oblicua

En su caída; ¿Pero qué ojo agudo

Verá que no se apartan de la recta?”

Como suele ocurrir en estos casos, la curiosidad es un veneno que se introduce en la sangre, y así comienza para Pierre una loca aventura en la que se verá envuelto en una enmarañada trama de espionaje internacional.

¿Y la posible ciencia ficción?. Me temo que nos encontramos con una clásica novela de espionaje en la el único elemento fantástico que aparece es la existencia de un virus capaz de crear malformaciones en todos los fetos humanos.

A pesar del disgusto que puede suponer para aquellos lectores que esperaran encontrarse con una novela de ciencia ficción oculta, el libro resulta francamente interesante, a lo que hay que añadirle las múltiples citas cinematográficas que aparecen amparadas por la profesión de guionista del protagonista de la novela.

Otro hecho interesante es una velada crítica que introduce el autor acerca de las políticas editoriales, aprovechando precisamente que su protagonista es un guionista:

El productor de mi próxima película me había dicho que mi guión erea un desastre. Les diré en qué consistía el desastre. El protagonista moría. No se quedaba con la chica, no había beso final, ni música gloriosa. El protagonista moría en medio de un silencio, con dos balas en el estómago, arrastrándose por el suelo tratando de llegar a casa de su amada.

Eso era imposible según mi productor. El chico tenía que burlar los plomos. Ni siquiera un rasguño. Y luego, silbando alegremente, debería ir al encuentro de la muchacha que le había tocado el corazón….”

Este tipo de exigencias era habitual en la novela popular española, en la que el protagonista debía acabar siempre en los brazos de su amada, que por lo general tenía un papel decorativo durante la historia.

Y por si lo estáis dudando, “Orden: acaben con los terrícolas” acaba con Pierre abrazando a la chica de la que se ha enamorado, que como no podía ser menos es una mezcla de Sofía Loren y Briggitte Bardot.

TITULO: LOS HOMBRES DE LA CUARTA DIMENSIÓN

AUTOR: KEITH LUGER

PUNTO ROJO Nº 432 EDITORIAL BRUGUERA

1ª EDICIÓN: AGOSTO 1970

PORTADA: JORGE NÚÑEZ

Nuevamente un sugestivo título invita a pensar en una historia de ciencia ficción encubierta en una colección policiaca como es la de punto rojo, si bien ya he comentado que en la misma tuvieron cabida (especialmente en los 150 primeros números) un buen número de historias que perfectamente podrían haber visto la luz en la mítica Selección Terror, si no fuera porque aún no había sido lanzada al mercado.

Más extraño resulta el caso objeto de esta reseña, pues desde ya anticipo que Los hombres de la cuarta dimensión es, sin discusión posible, una novela de ciencia ficción, por lo que resulta sorprendente su aparición en Punto Rojo, cuando la propia Bruguera disponía ya en el mercado de una colección dedicada en exclusiva a este género, ya que desde mayo de 1970 los lectores podían encontrar La Conquista del Espacio en los más selectos quioscos de su ciudad.

En la portada de la novela, a cargo del correcto Jorge Núñez, aparece una mujer aterrorizada por una serpiente de la que surgen rayos luminosos de sus ojos, una surrealista escena que se ajusta de forma rigurosa al contenido de la historia.

John Emerson y Ruth Harris se encuentran de camino a Nemo, una pequeña población donde se disponen a pasar su luna de miel. Todo transcurre con normalidad hasta que Ruth palidece al ver a la salida de la agencia de alquiler de coches en Springfield (sí, el hogar de los Simpsons) a una mujer llamada Bárbara Lancáster con la que coincidió en el laboratorio donde trabaja, nada extraño si no fuera porque Bárbara falleció en un horrible accidente tres años atrás.

Tratando de tranquilizar a su esposa, John se acerca a la mujer, que amablemente le dice que se llama Glenda Connors, que trabaja en un laboratorio cercano, y que no conoce de nada a su esposa.

Convencida de que tiene razón, Ruth decide esa misma noche acercarse al centro experimental de Jackson mientras deja a su marido durmiendo, con el fin de averiguar quién es realmente Glenda Connors, sin sospechar que su curiosidad le llevará a su propia muerte, o algo incluso peor.

Tras enterrar a su esposa, un desolado John inicia su regreso a Nueva York, pero justo cuando está a punto de coger su vuelo, cree ver a la propia Ruth andando por el aeropuerto…

Una muy curiosa novela, plagada de la habitual ingenuidad de este tipo de historias y con intrigantes personajes como el comisario Troy Malden o el doctor Reisner, aunque también cuenta con fascinantes detalles, como la teoría que propone que el único motivo por el que envejecemos es porque somos conscientes del paso de los años. No me extiendo más por no destripar la historia, que creo que merece la pena descubrir.

TITULO: MAÑANA SE ACABA EL MUNDO

AUTOR: KEITH LUGER

ARCHIVO SECRETO Nº 62 (REEDITADO EN PUNTO ROJO Nº 706). EDITORIAL BRUGUERA

1ª EDICIÓN junio 1965

PORTADA: DESILO

Burt Finney, reciente ganador del Gran premio de Humor negro por su novela “No más guerras”, es un joven y brillante periodista del Star, periódico en el que está recibiendo una fiesta de despedida, pues ha decidido dedicarse en exclusiva a la literatura. Como curiosidad comentaré que el Star es un periódico que aparece de forma recurrente en varias obras de Keith Luger. De hecho es el diario donde trabaja Alex Carrigan, un periodista que protagoniza varias novelas del autor.

El director del periódico, John Adams, recibe en ese momento una misteriosa llamada que le traslada un escueto mensaje: Mañana se acaba el mundo. Por supuesto Adams piensa que todo se trata de una broma de Finney, y cuelga de mala manera al anónimo informante, pero poco después el hombre al que llamaremos Sr. X vuelve a llamar, asegurando que no se trata de una broma, y como prueba le anticipa a Adams tres hechos que van a suceder en tres ciudades diferentes del mundo tan sólo dos minutos después de la llamada.

En Bombay, en la avenida Clive, arderá el hotel Victoria dejando un gran número de víctimas.

En Nueva York, estallarán las calderas del barco que esté más próximo al edificio de las Naciones Unidas.

En El Cairo un tren saltará de la vía, produciendo un descarrilamiento.

Tras este fatídico vaticinio, el Sr. X le dice que volverá a llamar en una hora, y cuelga el teléfono.

Como os podéis imaginar, los tres hechos se cumplen tal y como pronosticó el misterioso Sr. X, lo que hace que su aviso de que mañana se acaba el mundo  ya no tenga ninguna gracia.

El Sr.X cumple su palabra, y vuelve a llamar una hora más tarde a la redacción del Star, para reiterar su aviso de que el mundo acabará mañana. Asegura haber sido él el que ha porvocado los fatales hechos que profetizó, y de hecho da a Adams una nueva prueba irrefutable de que puede hacer lo que quiera en cualquier lugar del planeta. Su plan es terminar con el mundo porque la humanidad no merece vivir, dejando únicamente vivos a un hombre y a una mujer para que empiecen desde cero.  El Sr. X quiere que el Star lo anuncie en la edición matutina.

Burt Finney, John Adams, la bella caricaturista Marion Ratigan, y el profesor Oscar Conway disponen de 24 horas para salvar el mundo de alguien del que ni siquiera saben si es humano.

No contaré más, pero sí decir que nos encontramos con otra novela que perfectamente podría haber sido publicada como Ciencia Ficción, y que es todo un ejemplo de lo que debe ser el pulp más alocado: científicos de apellido alemán, chicas explosivas, apuestos y valerosos héroes, inventos imposibles, amenazas orientales…y el humor; ese humor que siempre es una garantía en Keith Luger.

TITULO: EL OJO DEL CÍCLOPE

AUTOR: KEITH LUGER

ARCHIVO SECRETO Nº 47 (REEDITADO EN PUNTO ROJO Nº 697). EDITORIAL BRUGUERA

1ª EDICIÓN FEBRERO 1965

PORTADA: ANTONIO BERNAL

Estamos en 1964. Milton Moore, piloto de profesión,  se encuentra en Londres, ciudad en la que se encuentra casualmente con una rubia escultural llamada Janet, que resulta ser actriz de teatro clásico. Tras ser rechazado por la chica, Milton se retira cabizbajo a su hotel. Resulta que Janet está esperando a un tal Lord Trevelyan para convencerle de que financie una obra llamada “Oh, abuelita, has matado con arsénico a siete maridos, pero recuerda lo que le pasó a Barba Azul con su octava mujer”.

Ya en el hotel, en mitad de la noche Milton oye un horrendo grito procedente de la habitación contigua. Al acercarse a ver qué ocurre, se encuentra sorprendentemente con la bella Janet, que en estado de shock le cuenta que Lord Trevelyan ha sido convertido en cenizas mientras cenaban en la  terraza de la habitación por un rayo procedente de un gran ojo aparecido de la nada.

Aunque Milton piensa que Janet está loca, decide ayudarla (supongo que si hubiera sido fea le habría mandado a paseo), y pronto se verá envuelto en una peligrosa odisea.

La cosa empieza a resultar verdaderamente sospechosa para Milton cuando descubre que en la siguiente habitación también ha desaparecido de forma misteriosa otra mujer sin dejar ni rastro; o mejor dicho, dejando como único rastro restos fundidos de un metal que no parece de este mundo. Milton decide por su cuenta y riesgo investigar a Lord Trevelyan, que parece ser el epicentro del misterio, lo que le llevará hasta el Instituto de Investigaciones espaciales Walter Griffith, en Pleasant.

Una curiosidad de la novela que ha llamado mi atención es que mientras Milton y janet viajan en tren rumbo a Pleasant, comparten sitio con una mujer llamada Molly Tashman que dice ser aficionada a los crímenes reales, y menciona tres casos de los que yo no he logrado obtener información alguna: el hornero de Oxford (que según esta mujer descuartizó a su esposa en 117 trozos); una tal Eleonora Roth, que resultó ser un hombre disfrazado de mujer que asesinaba a las criadas a las que contrataba, ofreciéndolas en sacrificio sobre un altar dedicado a la diosa Hécabe; y un diplomático que después de asesinar a su secretaria la llevaba descuartizada en la valija diplomática cuando iba de vacaciones.

¿Estaba Keith Luger pensando nuevos argumentos para sus novelas o es posible que sean sucesos reales?

Es un detalle que resulta chocante, pues no tiene nada que ver con la historia principal de esta novela, que nuevamente yo calificaría no sé si de locura o de ciencia ficción, por la cantidad de elementos extravagantes que contiene, en una historia que parece fruto de la improvisación, y aún así, muy divertida, siempre que uno sepa entrar en el juego que supone adentrarse en este tipo de literatura.

TITULO: LAS HIJAS DE NEPTUNO

AUTOR: KEITH LUGER

PUNTO ROJO Nº 489

1ª EDICIÓN SEPTIEMBRE 1971

PORTADA: JOSÉ TRIAY

La misteriosa aparición del cadáver de tres jóvenes sin aparente relación entre sí despierta el interés del director del Star, el periódico donde trabaja el afamado periodista Alex Carrigan, un personaje que ya protagonizó ¿A que hora te mataron, Marilyn Monroe?, del propio Keith Luger.

El tema es que tres chicos menores de 20 años han aparecido ahogados en un corto periodo de tiempo en tres playas distintas del sur de California. Aunque ninguno de los cuerpos presenta signos de violencia que hagan pensar en que puedan haber sido asesinados, hay circunstancias que hacen sospechar al director del Star que puede haber una conexión entre las muertes, y para investigar el suceso envía a su periodista estrella, Alex Carrigan, que no acepta el encargo de muy buena gana, pues no ve tan claro que se trate de algo más allá de un trágico accidente.

Pronto cambiará de opinión cuando tras una ardua investigación descubra que en las tres muertes parece estar involucrada una misteriosa y bella mujer rubia de ojos verdes con la que los fallecidos parecían estar viéndose; una mujer que en unos casos llamaban Perla, Nereida, Sirena o Marina…

La investigación va viento en popa, y además nuestro protagonista  encuentra la siempre agradable compañía de Eva Harris, una compañera de trabajo del Star. El único problema es que Alex Carrigan está destinado a convertirse en la próxima víctima de la misteriosa sirena.

Otra interesante historia que va mucho más allá de unos simples asesinatos, en una trama que mezcla elementos del género policiaco con la más pura ciencia ficción.

Como suele ser habitual en el blog, este artículo será actualizado si aparecen más novelas del autor de tinte fantástico en colecciones policiacas.

Alberto Sánchez Chaves. Febrero 2021.