FRANKENSTEIN EN LA NOVELA POPULAR

Frankenstein's_monster_(Boris_Karloff)Si no he de inspirar amor, causaré miedo”.

Recientemente publiqué una reseña sobre la presencia de la momia en la novela popular española, intentando mostrar por un lado la forma en que un resto arqueológico se convierte en un monstruo clásico, y por otro las diferentes versiones que se dieron en la literatura popular de este mito.

Ha llegado el momento, aprovechando que este año se cumplen 200 años de la publicación de la novela original, de hacer lo mismo con Frankenstein, el monstruo surgido de la imaginación de Mary Wollstonecraft Shelley una fría noche de verano a las orillas del lago Lemán, en la que es sin duda alguna una de las reuniones literarias más célebres de la historia.

frankenstein-mary-shelleyLo primero que debo señalar es que poco tiene que ver la criatura original del libro de Shelley con el monstruo icónico que ha calado en la cultura popular gracias al cine. Ese estúpido ser con dos tornillos que a todos nos viene a la cabeza al escuchar la palabra Frankenstein, no refleja en absoluto la complejidad de la criatura original, a la que por cierto no se le llama nunca monstruo en el libro. De hecho, tampoco tiene nombre, y el hecho de que todo el mundo conozca hoy en día a la criatura como Frankenstein se debe a la película “La novia de Frankenstein”.

Lo segundo que me gustaría destacar es que Frankenstein es desde mi punto de vista el personaje adolescente por definición: un ser que se siente diferente al resto, rechazado, y que tan sólo quiere encontrar su lugar en el mundo, empezando por la aceptación de su progenitor. Si acaba cometiendo horrendos actos es únicamente porque ha sido rechazado por todo el mundo.

“Maldito sea el día que recibí la vida. Maldito sea mi creador”

mary w shelley

Mary W. Shelley

Mary W. Shelley nació en Londres el 30 de agosto de 1797, hija única del peculiar matrimonio entre los filósofos William Godwin (1756-1836), considerado como el primer anarquista,  y Mary Wollstonecraft (1759-1797), una feminista autora de una revolucionaria obra que defendía que las mujeres debían ser educadas como ciudadanas concienciadas antes que como esposas sumisas.

Por cierto que esta boda fue en su día objeto de burlas por parte de la prensa, que le recordó a Godwin todas las veces en que se había mostrado públicamente contrario al matrimonio.

En la época en que nace la autora de Frankenstein, la revolución industrial se encuentra en plena expansión, y la política está aún asimilando la sangrienta revolución francesa. La ciencia y la filosofía se encontraban también en un momento clave, con los primeros estudios sobre química moderna, electricidad y magnetismo; fenómenos que despertaban serias dudas en la población, que veía estos avances con más miedo que esperanza.

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Mary Wollstonecraft. Retrato de John Opi

La madre de Mary –todo un personaje que merecería un mayor conocimiento- falleció a los 11 días de dar a luz, y su padre contrajo pronto nuevas nupcias con otra mujer, lo que provocó que la autora de Frankenstein creciera en un hogar en compañía de otros 5 hermanos de diferentes orígenes biológicos. La infancia de Mary quedó de este modo marcada por la ausencia de su madre, y por la falta de afecto de su ocupado padre, que no le procuró cariño, pero sí se preocupó de facilitarle una buena educación.

Estos dos hechos –la desconfianza hacia los avances científicos y la ausencia de afecto- tendrán una gran trascendencia en la génesis de Frankenstein, pues Mary trasladará a su criatura su propia soledad y necesidad de afecto paterno, situándola en un entorno de rechazo de la sociedad a lo desconocido.

Percy shelley

Percy Shelley el “poeta ingrato”

El caso es que Mary se crió en un hogar en el que su padre recibía constantes visitas de los más ilustres artistas y pensadores de la época. Para Mary resultaba habitual escuchar desde pequeña en su casa al poeta Samuel Taylor Coleridge, al inventor William Nicholson o al químico Humphry Davy. Su padre además la llevaba a todo tipo de conferencias, incluyendo varias sobre  electricidad, un fenómeno científico que despertaba a partes iguales el terror y la admiración entre la ciudadanía.

Entre estos asiduos visitantes de Godwin se encontraba también Percy Bysshe Shelley, el joven y polémico poeta, recién expulsado de Oxford por propagar el ateísmo, que acudía a la casa del padre de Mary atraído por su radical pensamiento, partidario de abolir la propiedad y contrario a toda forma de gobierno.

En 1814, con tan sólo 16 años, Mary se fuga con Percy, que por entonces estaba casado con una mujer que acabaría suicidándose tras ser abandonada por el poeta. La relación supuso un gran escándalo, pero dio igual, pues Mary estaba perdidamente enamorada, aunque pronto tuvo que regresar a casa por la falta de dinero, a pesar de lo cual continuaría de forma imprudente sus relaciones con el poeta, con el que acabaría teniendo 4 hijos (sólo uno sobrevivió) y finalmente casándose.

NPG 142; George Gordon Byron, 6th Baron Byron replica by Thomas Phillips

Lord Byron, el origen de Frankenstein

En 1816 Percy y Mary fueron invitados a pasar unos días del verano en Villa Diodati, una casa de campo alquilada por Lord Byron en Ginebra, a la orilla del lago Lemán. Allí coinciden Lord Byron y su médico personal y aspirante a poeta, John William Polidori, Percy Shelley, Mary Godwin (aún no tenía el apellido Shelley, pues no se casó con Percy hasta finales de ese mismo año, a pesar de que ya había tenido dos hijos con él, uno de ellos muerto), y Claire Clairmont, hermanastra de Mary y amante de Byron.

Un hecho insólito marcaría esta peculiar reunión, pues los invitados no pudieron salir del interior de la casa todo lo esperado para esa época del año, debido al mal tiempo. El motivo excepcional del inusual clima que se apoderó del verano de 1816 no es otro que la erupción en 1815 del volcán Tambora, situado en la isla de Sumbawa, en la actual Indonesia, que inspiró a Lord Byron la redacción de “Oscuridad”, una de sus más famosas obras. Esta catastrófica erupción mató al menos a 71.000 personas, muchas de ellas quemadas vivas por la lava o aplastadas por las rocas expulsadas por el cráter. Otras murieron posteriormente de hambre porque la ceniza destruyó los cultivos. La erupción, 100 veces más potente que la bomba atómica de Hisroshima, provocó la expansión a nivel mundial de una gigantesca nube de cenizas que bloqueó la luz solar y produjo tres años de enfriamiento planetario que llevaron a la peor hambruna del siglo XIX. En junio de 1816, una tormenta de nieve azotó el norte del estado de Nueva York. Ese julio y agosto, las heladas en Nueva Inglaterra asolaron las granjas. El Granizo golpeó Londres durante todo el verano. Y nuestro grupo de escritores quedó encerrado en Villa Diodati, gestando a uno de los grandes mitos del terror.

1816 es conocido como “el año sin verano” debido a la erupción del Tambora.

polidori el vampiro.jpgDebido al obligado encierro por el mal tiempo, el aburrimiento se apoderó del grupo, así que Lord Byron, imagino que rodeado de botellas vacías de absenta,  comenzó a contar historias de terror para amenizar las largas veladas, incitando a su vez a todos los asistentes a que compartieran las historias más terroríficas que se les ocurrieran, con la idea de escribirlas después. Curiosamente, como resultado de este improvisado concurso literario, pasarían a la historia los personajes más inesperados: Mary con “Frankenstein” y Polidori con “El vampiro”. Ni Byron ni Shelley, los grandes y afamados poetas, completaron nunca sus historias de fantasmas, aunque del primero se acabó publicando el fragmento inconcluso de “El entierro”, una historia sobre un extraño juramento; y de Shelley se cree que era una historia sobre un fantasma hecho de cenizas, que quería dedicar a su fallecido hijo William.

Así, cada día Percy, Byron y Polidori contaban a la luz de las velas las horribles historias que se les iban ocurriendo, ante la atenta y cada vez más asustada presencia de las impresionables Mary y Claire, que sin embargo no eran capaces de aportar sus propias historias. La propia Mary, en el prólogo de Frankenstein, comenta que “Sentía esa vacua incapacidad de invención que es el mayor infortunio de la creatividad, cuando una nada anodina responde a nuestras ansiosas invocaciones. “¿Se te ha ocurrido algún cuento?”, me preguntaba cada mañana, y cada mañana tenía que contestar con una mortificante nagativa.”

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Frankenstein, de Bernie Wrightson, obra maestra indiscutible del cómic

Según la propia Mary, una de las historias que contaron Percy -que en Oxford había realizado por su cuenta diversos experimentos relacionados con la electricidad- y Byron giró alrededor de un experimento con electricidad llevado a cabo por el médico y naturalista Erasmus Darwin con anfibios, defensor de una teoría sobre el origen único de la vida y abuelo de Charles Darwin, el autor de la teoría de la evolución:Al parecer había conservado un hilo de masa en un bote de cristal, hasta que, por algún extraordinario proceso, aquello comenzó a agitarse con un movimiento autónomo. (…) Quizá un cadáver podría reanimarse, el galvanismo había dado pruebas de cosas semejantes: quizá se podrían manufacturar las partes componentes de una criatura, y después podrían reunirse y dotarlas del calor vital”.

Así se instaló poderosamente en la mente de Mary –que no olvidemos que tan sólo tenía 18 años- esta siniestra imagen, hasta que en la madrugada del 16 de junio de 1816, la futura escritora tuvo una pesadilla que compartiría en privado a la mañana siguiente con Percy: la historia de un ser monstruoso creado a partir de retales de otros cuerpos humanos que volvía a la vida ante la atenta mirada de un joven científico.

frankenstein 1 edicionUn entusiasmado Percy animó a Mary a que escribiera la historia, y así el 1 de enero de 1818, casi dos años después de la célebre reunión en el lago Lemán, un autor anónimo publica “Frankenstein o el moderno Prometeo” con una tirada de 500 ejemplares, prólogo de Percy Shelley y una dedicatoria al gran filósofo William Godwin. Mary no quiso firmarlo, pues pensaba que nadie querría leer una obra de terror escrita por una mujer. La obra recibe un unánime rechazo de la crítica, y el prólogo hace pensar que la autoría del libro corresponde a Percy B. Shelley, que en realidad únicamente había aportado algunas correcciones al manuscrito.

El 7 de julio de 1822 fallece Percy a los 29 años de edad, ahogado mientras navegaba en Italia, país en el que vivía desde 1818 el matrimonio Shelley en compañía de su único hijo vivo (perdieron otros tres). Por este motivo Mary decide regresar a Inglaterra, y al año siguiente se realiza la segunda edición de su obra, con una tirada similar a la de la primera, con la diferencia de que en esta ocasión la autora sí se identifica como el autor, hecho que origina una gran polémica, pues muchos críticos literarios seguían convencidos de la autoría de Percy, y acusaron a Mary de apropiarse de la obra.

Esta nueva edición tiene una aceptación muy diferente entre el público, y en poco tiempo hay 10 adaptaciones teatrales diferentes, algunas de las cuales comienzan a alejarse del cultivado personaje de la criatura original (que en el libro lee a Goethe, Milton y Plutarco), para ir dando forma al estúpido monstruo que conocemos en la actualidad.

Frankenstein 4En 1831 se lanza una tercera edición de 4.020 ejemplares, una cifra importante para la época. La escritora introduce múltiples cambios y contesta en la introducción a los escépticos que siguen pensando que el libro lo escribió Percy: “Ciertamente, no le debo a mi marido la sugerencia de ningún episodio, ni siquiera de una guía en las emociones, y sin embargo, si no hubiera sido por su estímulo, esta historia nunca habría adquirido la forma con la cual se presentó al mundo”. Firma su introducción como M. W. S., olvidándose del apellido paterno, aunque de todas formas la historia de la literatura olvidará también el apellido materno, reduciéndolo a una W. La desaparición del apellido del padre se debe a que William Godwin –defensor toda su vida de la idea del amor libre- había repudiado a Mary por su escandalosa relación con Percy, el “poeta ingrato”.

La versión correspondiente a esta tercera edición es la que se popularizó, y la que se encuentra en las librerías en la actualidad.

Poco podía imaginar Mary que con sólo 18 años había dado a luz al que se convertiría en uno de los grandes mitos de la literatura universal, y que sería precisamente ella –fruto del matrimonio de dos grandes escritores y esposa de un gran poeta- la que pasaría a la historia con mayor gloria.

En 2013 salió a subasta por 477.422 euros un ejemplar de la primera edición de “Frankenstein o el moderno Prometeo” dedicado a Lord Byron “por el autor”. La letra fue autentificada como la de Mary W. Shelley, lo que puso fin a las pocas dudas que quedaban sobre la autoría real de la obra.

Ya os aviso que no fui yo el que lo compró.

Como suele ocurrir habitualmente, la adaptación del personaje al cine popularizó el personaje hasta convertirlo en el icono de la cultura popular que es hoy en día, pero a costa de modificar completamente su esencia. De hecho, mucha gente huye de la lectura del libro original, pensando que conocen la historia, asociándola a la imagen cinematográfica. Grave error, pues se pierden una obra maestra de la literatura universal.

El complejo personaje del libro es un ser culto y sensible, que lee a Milton, Goethe y Plutarco, que duda, que sufre, y con una gran agilidad física. Es en principio un ser bondadoso que trata de encontrar un sentido a su existencia, que únicamente busca la aceptación del padre y de la gente, y que acaba cometiendo actos horrendos al sentirse rechazado por todos por el mero hecho de ser diferente.

Si tan solo un ser humano me hubiera mostrado afecto, yo se lo hubiera devuelto centuplicado

frankenstein-1931-pelicula-filmEl cine convirtió de la noche a la mañana a esta compleja criatura en la personificacíon de la simpleza; en un estúpido y torpe monstruo que acaba perseguido por los aldeanos con antorchas.

A pesar de que ha habido versiones modernas del personaje que han intentado dar una imagen más fiel de la criatura literaria, fue inútil, pues ya nada podía borrar del imaginario popular la imagen del Frankenstein popularizado por Boris Karloff, con sus torpes andares, los brazos extendidos hacia delante, y sus tornillos en la cabeza.

Y llegamos a la novela popular española. El objeto de esta reseña es dar un repaso a las apariciones de esta encantadora criatura en las diferentes colecciones de quiosco, pero sobre todo comprobar si la versión de los distintos escritores se aproxima más al complejo personaje del libro, o a la más simple figura del monstruo cinematográfico.

Es fácil entender que, a diferencia de lo que ocurría con la momia,  el personaje se limita a apariciones enmarcadas dentro del género del terror, pues resulta difícil justificar la presencia de una criatura como Frankenstein en géneros como el policiaco o la ciencia ficción.

Curtis Garland-El-discípulo-de-FrankensteinTítulo: El discípulo de Frankenstein

Autor: Curtis Garland

Colección Selección Terror nº 10. Editorial Bruguera.

Portada: Alberto Pujolar

1ª edición: Mayo 1973

Leyendo esta novela -primera aproximación de Juan Gallardo Muñoz a la figura de Frankenstein- tengo la impresión de que el autor sentía una especial predilección por este mito del terror, y que debía llevar tiempo fraguando en su cabeza esta obra, que desde mi punto de vista representa una más que digna continuación a la novela original de Mary W. Shelley.

Todo comienza en 1851, con el desembarco en París de Morris Levin, un misterioso médico que se presenta en la aduana cubierto de vendas fruto de las heridas provocadas por un incendio en Nueva York.

Tras este preámbulo, la acción se traslada a una morgue de París, donde en una terrorífica escena, resulta asesinado el anciano conserje encargado de su vigilancia, tras sorprender a un extraño robando el cadáver de una joven suicida cuyo cuerpo ha sido recientemente rescatado del Sena.

El asesino, ayudado por un tal Laszlo, huye de la morgue llevándose el cadáver de la joven en un carromato, hasta que se detienen ante la residencia de un tal Martin Grindwall, profesor en Ciencias Biológicas. No sospechan que alguien les está observando oculto tras unos setos.

Este horrendo crimen hace que entre en acción el comisario Marcel Dorlacq, el policía de la Sureté de París encargado del caso, que contará con la inestimable ayuda de Stuart Fisher, un periodista americano, corresponsal del New York Times, íntimo amigo de su hija Yvette.

Las sospechas de la policía apuntan a que el asesinato podría estar relacionado con la realización de experimentos científicos de naturaleza ilícita, y por ese motivo, Dorlacq, en compañía de Fisher, empieza a interrogar a todos los médicos cercanos a la morgue, entre los que se encuentra el enigmático Martin Grindwald, que los recibe acompañado de su reciente esposa, Ilonka Wattenburg. Interrogado sobre si conoce a alguien de su entorno científico interesado en investigaciones con cuerpos humanos, Martin les da el nombre de un colega de profesión, el Dr. Van Krogg, un célebre cirujano del Hospital General del que pronto se descubrirá una desagradable sorpresa.

Por otro lado, Martin Grindwall recibe la inesperada visita de Morris Levin, que acude a él para suplicarle ayuda, invocando el nombre de un amigo en común: Victor Frankenstein.

Creo conveniente no desvelar nada más del libro, pues a partir de este punto, las sorpresas y homenajes son constantes, y creo que vale la pena disfrutarlas. Únicamente advierto que los giros argumentales de esta novela son de los más inesperados que he tenido ocasión de leer.

La novela menciona en diversas ocasiones el libro de Mary W. Shelley:

Fue un gran científico —comentó Stuart—. Anoche leí su verdadera historia, la que inspiró a Mary W. Shelley a escribir lo que muchos pensaron que era una ficción novelesca. Frankenstein era un ser real. Existió. Y fue un genio… o pudo haberlo sido…

París se convierte en este relato en el perfecto sustituto de Londres, ciudad en la que habitualmente se mueven las novelas de terror de Curtis Garland, convirtiéndose en un protagonista más de la historia, en uno de esos libros que hacen de Curtis Garland uno de los más grandes autores de la novela popular española.

Respecto de la visión del autor del monstruo en esta novela, tan sólo se le menciona de pasada, lo que no significa que no aparezcan más monstruosas criaturas, creados con siniestras intenciones, aparte de algún otro sorprendente mito clásico del terror. Como es de esperar en este tipo de literatura, se huye de todo tipo de profundidad, y se buscan los aspectos más tétricos.

Silver Kane-La-hija-de-FrankensteinTítulo: La hija de Frankenstein

Autor: Silver Kane

Colección Selección Terror nº 25. Editorial Bruguera.

Portada: Desilo

1ª edición: Agosto 1973

En “La hija de Frankenstein” nos encontramos con el reconocido Silver Kane mostrando su primera versión sobre el mito de Frankenstein. En este caso el autor, con su particular estilo cargado de humor, traslada la situación planteada por la novela de Mary W. Shelley al siglo XX, en una época carente de los prejuicios contra la ciencia que dominaban el siglo XIX.

Tuc Mallory es un agente del Servicio de Inteligencia –un asesino profesional- que ha estado sufriendo alucinaciones provocadas por el consumo masivo de centraminas durante su última misión en China, lo que le hace complicado a veces distinguir lo que es real y lo que no.

Visitando un día una siniestra exposición sobre la pena de muerte en la tétrica Clayton House, conoce a una psicóloga llamada Irene Manfred, cuyos ojos le fascinan, pues está convencido de que los visto antes, lo que sería imposible, pues los originales pertenecían a Nancy, la mujer a la que amó, fallecida dos años atrás atropellada por alguien que se dio a la fuga.

Obsesionado con sus ojos, Tuc consigue una cita con la Dra. Manfred, pero cuando acude al día siguiente a su domicilio, una mujer llamada Sandra, que dice ser la hermana de Irene, le informa que ésta ha tenido que abandonar Londres. Mientras Sandra le dice esto, Tuc no puede dejar de observar que tiene en el cuello la misma cicatriz que su fallecida novia Nancy.

A partir de este momento, comienzan los asesinatos y el horror, en una rocambolesca historia repleta de trasplantes de órganos, muertos que vuelven a la vida, amores dementes, y extraños escenarios como el cabaret de las chicas serias o la surrealista casa-museo Clayton House.

La historia, ambientada en el Londres de 1970, contiene el habitual humor tan característico del autor, y un buen número de homenajes, notas a pie de página y alusiones a mitos del terror, no sólo Frankenstein, como por ejemplo ésta a Jack El Destripador:

Hace más de setenta años aquél fue el distrito de Jack el Destripador y, según se dice, flotaban en él numerosas damiselas más o menos alegres. Ahora las damiselas están más bien mustias y tristes y sólo se preocupan de saber si van a incluirlas en los seguros sociales.

En esta novela hay un nuevo monstruo de Frankenstein, en este caso un sanguinario asesino resucitado gracias a la ciencia, que conserva –más o menos- sus facultades físicas e intelectuales anteriores, y que está obsesionado por conseguir una novia a toda costa.

Como ocurre en muchas de las novelas de terror de Silver Kane, a lo largo de la historia se suceden escenas surrealistas sin aparente sentido, pero que encuentran una disparatada explicación en el final de la narración. Divertidísimo.

Ha habido un detalle de esta novela que me ha impactado especialmente. Uno de los personajes del libro, amigo del protagonista, es un detective llamado Michael que es gay (afeminado, según la terminología de la época), algo muy inusual en la novela popular. Pues bien, por una serie de avatares que tendrá que descubrir el lector, recibe un tratamiento médico con un extraño efecto secundario, pues de repente le empiezan a atraer las mujeres. Sí, sí, habéis leído bien.

—Debe ser el tratamiento que me han dado, chico. No sé qué me pasa… Pero ahora me doy cuenta de que las mujeres son preciosas y de que están en el mundo para algo.

Tuc musitó:

—Pues eres el que más ha salido ganando, cuerno… ¡Ya era hora de que comprendieses! ¡Ya era hora de que quitases de tu despacho todos aquellos tipos haciendo gimnasia y lo llenaras de chicas en bikini!

—Así lo haré —prometió Michael—. Así lo haré en seguida, muchacho. Todos aquellos tíos sacando músculo… ¡Uf! ¡Qué pesadez!

Y salió con él.

Pero, de pronto, se acordó de algo.

Gimió:

—Muchacho, ¡será un desastre!

—¿Por qué?

—¿Y lo preguntas? Voy a perder todos mis clientes. ¡Los perderé todos! ¡Toditos! ¡Todooooos!

Para que luego digan que la novela popular no es sorprendente…

 Curtis Garland-Lady-FrankensteinTítulo: Lady Frankenstein

Autor: Curtis Garland

Colección Selección Terror nº 98. Editorial Bruguera.

Portada: Alberto Pujolar

1ª edición: 1975

En uno de esos maravillosos prólogos a los que nos tiene acostumbrados el autor se deja claro que el título de la novela puede llevar a equívocos, pues “Lady Frankenstein” tan sólo se inspira de forma lejana en uno de los personajes de la novela original. Curiosamente el mismo prólogo demuestra un gran conocimiento por parte del autor de la novela original de Mary W. Shelley, y el distinto tratamiento que ha dado el cine a la figura de su criatura.

La novela, ambientada en Londres en 1890, comienza con la ejecución de Lady Jane Charity Brown, una bella mujer de 23 años, condenada por el asesinato de cinco personas, cuyo carácter queda perfectamente reflejado en unas pocas líneas:

Soy una asesina, y lo admito. Me siento orgullosa de serlo. Creo que el Mal es mi única ciencia, y la estudié a fondo. Estoy harta de las personas honradas, honestas, buenas y afables. Estoy harta de ver piedad, compasión o ternura en los demás. Son unos hipócritas. No sienten nada de eso, pero queda bien fingirlo, y les hace sentirse mejores, aunque todos y cada uno de ellos haría lo mismo que hice yo… si no fuera porque tienen miedo. Miedo a la Justicia, miedo a los jueces, miedo a morir. E incluso miedo a Dios, reverendo.

Tras ser ahorcada, abandonada por su prometido Lord Lawrence Conway y sin familiares que se hagan cargo del cadáver, su destino es una fosa común, pero en el último momento un hombre reclama su cuerpo para darle sepultura; un médico suizo llamado Viktor Frankenstein, que tiene la intención de trasladarla a Europa.

En el trayecto en ferrocarril hacia Europa, dos ladrones de cadáveres llamados Burke y Hoggart (un claro homenaje a los célebres Burke y Hare, los asesinos de West Port) se disponen a saquear el féretro de Lady Jane, pues ha llegado a sus oídos que en su último deseo fue enterrada con todas sus joyas.

Un siniestro médico llamado Douglas Kennington, el asesinato del verdugo que acabó con la vida de Lady Jane, un cadáver que vuelve a la vida y desaparece, y los ocultos planes del doctor Frankenstein se entremezclan en esta enigmática trama, narrada con el habitual estilo del gran Curtis Garland.

La novela, que no se encuentra entre lo mejor de la producción del autor, desarrolla una trama demasiado improvisada y rocambolesca, y tan sólo se salva por el buen hacer del escritor, y por un buen número de detalles que sin duda harán disfrutar al lector lo suficientemente curtido para apreciarlos.

Silver Kane-Dulce-y-amada-FrankensteinTítulo: Dulce y amada Frankenstein

Autor: Silver Kane

Colección Selección Terror nº 135. Editorial Bruguera.

Portada: Miguel García

1ª edición: 1975

La novela comienza cuando un turista británico llamado Cox coincide con una bella mujer en el hotel de Suceava, un remoto pueblo de Rumanía (existe en la realidad), donde ha pasado la noche de camino a su próximo destino. Nada raro si no fuera porque la joven se llama Úrsula Frankenstein.

A consecuencia de una avería en su vehículo, Cox continúa su viaje en el coche  de Úrsula, una mujer que arrastra consigo un oscuro secreto, pues está convencida de ser descendiente directa de un familiar del Victor Frankenstein de la novela de Mary W. Shelley, un personaje supuestamente ficticio, pero que ella asegura que existió en realidad.

Según su teoría, sacada de un antiguo libro de su familia, el monstruo de Frankenstein había estado locamente enamorado de su bisabuela -una mujer que también se llamaba Úrsula- hasta el final de sus días, cuando éste fue destruido, quemado por los aldeanos según algunas versiones, y enterrado en un profundo pozo helado según otras.

Años más tarde, su bisabuela recogió de un camino con su carromato a un apuesto joven, se enamoró de él y pasaron la noche en una cabaña en el pueblo de Tamarov, una población que ya no existe (en este caso Tamarov es ficticia). A la mañana siguiente el joven apareció despedazado, y su aterrorizada bisabuela aseguró a todo el mundo que había sido el monstruo, que había regresado nuevamente de entre los muertos.

Tomada por una loca, permaneció años ingresada en un manicomio, hasta que un Frankenstein (no se especifica quién) acabó casándose con ella, ignorando la maldición que pesaba sobre la amada del monstruo.  Más de un siglo después Úrsula, bisnieta de la primera Frankenstein, está convencida de que la historia es real, y teme que el monstruo pueda regresar si alguna vez se enamora de un hombre. Justo cuando acaba de contar la historia a Cox mientra conduce, ven un viejo cartel que señala la distancia a Tamarov, y se cruzan con un grupo de tanques, parte de unas maniobras del pacto de Varsovia que vienen de esa dirección.

Úrsula y Cox están repitiendo, por caprichos del destino, los mismos pasos que siguieron la Úrsula original y su enamorado, pero como hay cosas que tiran más que dos carretas, Cox ignora todos estos signos, y sigue convencido de que pasar la noche con Úrsula es una gran idea. Pronto descubrirá su error.

Tras estos sucesos, la historia da un giro de 180 º y se tralada a Washington, donde se nos presenta al profesor de historia Bunsen; a su nueva vecina, la bella Greta, cuyo trabajo es por decirlo de alguna manera, sorprendente; al teniente Slim, y a un detective de la policía llamado Tucker, especializado en crímenes demoniacos.

El resto, deberá descubrirlo el lector.

Curiosa novela de Silver Kane con la criatura de Frankenstein de fondo, y ambientada parcialmente en Rumanía, tierra de vampiros por excelencia. El lector puede pensar que es una licencia literaria absurda situar la historia de Frankenstein en Rumanía, pero me temo que deberá leer la novela antes de dictar sentencia. Es de destacar que la historia transcurre en un país bajo el dominio de la Unión Soviética, con un gran protagonismo por parte de varios militares comunistas, que lejos de lo que podría esperarse por los años en que fue escrita, no salen mal parados.

Referencias a la familia Manson y el asesinato de Sharon Tate, a los crímenes de la calle Morgue de Edgard Allan Poe, y por supuesto a la novela de Mary W. Shelley acompañan a este entretenido relato de Silver Kane, que, como es habitual en el autor, presenta a lo largo de la historia situaciones muy intrigantes, aderezadas con su característico toque de humor,  que encuentran una explicación final de lo más rocambolesca.

Curtis-Garland-Yo-encontré-a-FrankensteinTítulo: Yo encontré a Frankenstein

Autor: Curtis Garland

Colección Selección Terror nº 277. Editorial Bruguera.

Portada: Desilo

1ª edición: 1978

La novela, ambientada en los años 70´, se inicia con una cita del final de la novela de Mary W. Shelley, con la criatura dirigiéndose hacia su final en un mar cubierto de hielo, tras haber satisfecho sus ansias de venganza.

El protagonista del libro es Steven Garfield, un londinense que regresa a Inglaterra de sus vacaciones en Francia, cuando su vuelo se ve obligado a aterrizar de emergencia en medio del Mar del Norte. A causa del accidente, el avión comienza a hundirse, llevándose consigo a todos los pasajeros, a excepción de nuestro protagonista y la mujer que ocupaba el asiento de al lado, una tal Suzzette, a la que consigue rescatar, y que como no podía ser de otra manera es una despampanante pelirroja. Probablemente si hubiera sido una mujer de mediana edad con sobrepeso, la hubiera dejado dentro del avión.

El caso es que ambos son rescatados por un carguero danés, el Hans Christian Andersen, que por azares de la vida había salvado también unos días atrás al superviviente del naufragio de una embarcación que procedía del puerto nórdico de Kronshtadt, en la Unión Soviética. El nombre del naufrago era Viktor Frankenstein VI, al que suben a bordo en compañía de un bulto que lleva consigo, y Kroshtadt era el lugar en el que se produce la desaparición del monstruo de Frankenstein al final de la novela de Mary W. Shelley.

Todo parece apuntar a que tal vez los hechos que se narraban en este famoso libro no fueran una mera ficción después de todo, pero nuestros protagonistas no tendrán demasiado tiempo para comprobarlo, pues la adversidad provoca que cuando se encuentran cerca de las costas escocesas deban abandonar el barco de forma inmediata, tras haber encallado aparentemente de forma fortuita en medio de una fuerte tempestad.

De este modo, la tripulación del barco, Steven, Suzzette, el Doctor Frankenstein y su extraña caja de 3 metros, alcanzan la costa de la pequeña isla escocesa de Dunsay, en donde apenas hay unas pocas casas de pescadores, un faro y un castillo escocés, habitado por la enigmática baronesa Von Halen.

El autor demuestra nuevamente un profundo conocimiento del mito de Frankenstein, con referencias históricas al modo en que se gestó la obra de Shelley, a las películas de Boris Karloff, y al carácter de la criatura que protagoniza la historia original, muy diferente del que ha mostrado el cine.

Curtis-Garland-Carne-Que-Cruje Título: Carne que cruje

Autor: Curtis Garland

Colección Selección Terror Extra nº 31. Editorial Bruguera.

Portada: Luis Almazán

1ª edición: 1983

Nueva novela de Curtis Garland, ambientada de nuevo en Francia, en esta ocasión en 1920, recién terminada la I Guerra Mundial. No es una novela de Frankenstein, pero la temática está claramente inspirada en él.

Cheryl Dawson es la señorita de compañía de Sybil Rutherford, una autoritaria millonaria británica recluida en su silla de ruedas, a la que acompaña al balneario de Montmaison. Allí conoce a un maduro caballero, el Coronel Zoltan Herzog que, ignorando a un buen número de damas de la alta sociedad que intentan atraer su atención, parece haber fijado su atención en Cheryl, hasta que aparece en el balneario una mujer llamada Irina de Fargour, una exhuberante cortesana, famosa por haber sido amante de hombres de notoria importancia.

Ese mismo día Cheryl también conoce a Archie Barnes, un joven americano que se encuentra en el balneario por negocios, y que cae rendido a los encantos de nuestra protagonista.

El horror comienza cuando a la mañana siguiente aparece en el balneario el cadáver de Irina de Fargour, a la que le han arrancado de forma monstruosa los pechos.

Los principales sospechosos para la policía del horrendo crimen resultan ser el coronel Herzog y Archie Barnes, pues ambos han abandonado esa misma mañana el balneario, y todos los indicios apuntan a que el asesinato tuvo que ser cometido por alguien hospedado en el hotel.

A partir de este momento la novela alterna la narración de la historia de Cheryl con la de un siniestro doctor llamado Luther Vorsted que, con la ayuda de su ayudante, una mujer llamada Gale, está seleccionando partes de las más bellas mujeres del mundo, con la idea de fabricar a la compañera perfecta. Lo que el buen profesor no sospecha es que la elección de una de las mujeres resultará ser un error fatal.

Ya de vuelta en Londres, Cheryl no puede imaginarse que lejos de haber dejado atrás el horror, lo peor está a punto de comenzar.

Repito que sin ser una novela sobre Frankenstein, “Carne que cruje” no deja de ser una nueva vuelta de tuerca sobre el tema de suplantar la autoridad divina mediante el empleo de la ciencia, y de hecho se hace mención expresa a la obra de Mary W. Shelley:

“—¡Frankenstein! —Repitió despectivo el hombre—. ¡Qué tontería! Es sólo una creación literaria, una estupidez. Un hombre de su inteligencia jamás hubiera fallado. La obra hubiera sido perfecta. Ésta lo será. Porque nuestra labor es muy distinta. No trabajamos con carne muerta, sino con carne viva. Carne que palpita, que cruje, por decirlo así. Mira esto, querida Gale, y juzga después si esa pobre criatura literaria imaginada por una neurótica puede compararse a mí…

Como es habitual en Curtis Garland, los guiños al lector son constantes, entre los que destacaría una mención al estreno de “El gabinete del Doctor Caligari”, la película alemana muda de Robert Wiene que se estrenó en 1920, justo el año en el que transcurre la novela; a las parodias policiales del director de cine Mack Sennett y su productora, la Keystone; o también un pasaje en el que se habla de una actriz ficticia llamada Janis Munro, que se codea con grandes actores y actrices de la época, con algún pequeño desliz, pues se menciona a Greta Garbo y a Janet Gaynor, que no consiguieron sus primeros papeles protagonistas hasta unos años después del momento en que transcurre la historia.

El formato de la colección Selección Terror Extra, con el doble de páginas de los bolsilibros convencionales, resulta perfecto para el autor, pues esta extensión adicional permite un desarrollo de la trama más elaborado, una mejor definición de los personajes, y, sobre todo, un final menos precipitado de lo habitual, digno de la mejor serie Z cinematográfica, y con elementos en común con la anterior novela del mismo autor comentada en esta misma reseña, que prefiero no desvelar para no estropear la sorpresa al lector.

En resumen, seis versiones de Frankenstein, a cargo de Curtis Garland y Silver Kane, mucho más respetuosas con la obra original –especialmente las de Curtis Garland- de lo que podría esperarse en un principio de este tipo de literatura de evasión.

Adam-Surray-El-siniestro-doctor-SternbergAl margen de las novelas reseñadas, hay un buen número de títulos que en algún momento hacen mención o se inspiran indirectamente en algunos elementos del universo Frankenstein, pero sin que puedan considerarse novelas sobre su criatura. Por poner sólo un ejemplo, “El siniestro doctor Sternberg” (1984), de mi querido Adam Surray, nos presenta a uno de esos profesores locos, mezcla de los doctores Frankenstein y Moreu, que trabaja en un laboratorio similar al de “La novia de Frankenstein”, hecho que se menciona de forma expresa en la novela, y que se refleja fielmente en la portada.

Quisiera de todas formas aprovechar esta reseña para recomendar a todas aquellas personas que desprecian el libro de Frankenstein sin haberlo leído, contaminados por la imagen facilitada por el cine, que aparquen sus prejuicios y lean la obra original de Mary W. Shelley, una mujer adelantada a su época que supo alumbrar una obra maestra de la literatura universal, y que nos enseñó que todo el mundo lleva un monstruo en su interior.

 

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LA SABIDURÍA DE LA NOVELA POPULAR

manuales cisne comportarse en sociedadAunque es obvio que el principal objetivo de la literatura popular era el puro entretenimiento, no debemos perder de vista que además existía un importante componente educativo, no sólo desde el punto de vista cultural, sino también moral, bajo la batuta del escritor y el editor, y con la siempre presente vigilancia de la censura. El bien siempre debía prevalecer sobre el mal, y la conducta de los personajes de los libros tenía que guiar al joven lector en el camino correcto a seguir para convertirse en una persona de provecho. Podemos decir que la novela popular buscaba por tanto convertirse en un referente moral para la juventud, primando los hombres fuertes, honrados, patrióticos, y temerosos de Dios; y las mujeres…. bueno, las mujeres debían ser castas y puras, y únicamente podían alcanzar la felicidad tras el matrimonio con un buen hombre. Algún autor ha comentado incluso en alguna ocasión que había instrucciones específicas en este sentido, como por ejemplo que las mujeres no podían fumar, y si lo hacían eran malvadas y debían morir o acabar en la cárcel.

manuales cisne calvicieFrancisco González Ledesma (Silver Kane), describió acertadamente los criterios narrativos de los bolsilibros: “extensión limitada, enganchar desde la primera página, mucho diálogo, mucha acción, párrafos cortos, defensa de los valores morales vigentes y de la mujer correspondiente, defensa de la virtud, siempre ha de ganar el bueno, y tener final feliz”.  (Dato obtenidos del artículo de Manuel Blanco Chivite en el volumen I del recopilatorio Bang Bang, estás muerto).

Temas como la homosexualidad o las drogas no tenían cabida, salvo para dejar claro al lector que constituían una degeneración del comportamiento humano.

manuales cisne baileTambién desde el punto de vista político existían directrices claras. Aparte de no poder hacerse referencia alguna a la guerra civil o al Régimen dictatorial vigente, debía dejarse bien claro el peligro del comunismo y de todo lo que procediera de Asia, en una época en la que la Guerra Fría dividió al Mundo en dos bloques confrontados ideológicamente, y en la que el Régimen de Franco vio la oportunidad de buscar un acercamiento con los países occidentales, especialmente Estados Unidos. Los personajes comunistas o asiáticos que aparecían en las novelas, eran –salvo raras excepciones- verdaderos estereotipos sin apenas rasgos de humanidad, auténticos monstruos sin compasión alguna cuyo comportamiento rozaba en ocasiones el ridículo.

Como regla general un personaje era bueno o malo, sin término medio; y las cosas eran blancas o negras, sin tonos de grises que pudieran confundir al lector.

Manuales cisne 75 como cuidar varicesEse referente moral, extensible también al cómic (tebeos) de la época, se ha perdido en la actualidad, con personajes mucho más complejos en los que es difícil para el lector decidir si nos encontramos con un héroe o con un psicópata. El lector de los años 50/60 no tenía ese problema, y sin lugar a dudas hubiera considerado a personajes de cómic icónicos de la actualidad como Lobezno o El Castigador (The Punisher, para todos aquellos que aún no tenéis canas)  como simples locos homicidas.

Paradójicamente, la misma novela popular que buscaba convertirse en un referente era considerada en otros ámbitos como una mala influencia para la juventud, por considerarla perniciosa para su formación moral. Mucho se ha hablado del desprecio generalizado que el mundo de la cultura sentía por la novela popular, considerada como infraliteratura perjudicial para la formación de las mentes juveniles, y son múltiples los testimonios en este sentido por parte de autores que se autodenominaban como “serios”, y que definían a los escritores de novela popular como meros “escribidores”, mercenarios de la pluma. No es tampoco difícil encontrar testimonios de algunos de esos mismos escritores de novela popular que parecían avergonzarse de su trabajo, probablemente influenciados por el sentir general del resto de profesionales de su gremio.

Las plagas de la humanidad 9

La colección de cromos “Las plagas de la Humanidad”

Como muestra del concepto existente en la época sobre la literatura popular, me gustaría mostrar lo que de ella decía uno de los 24 cromos de la colección  “Las Plagas de la Humanidad”, publicada por Chocolates Amatller en los años 30, toda una referencia moral del momento. Leamos con atención lo que se dice de una de estas grandes plagas: “Las dos literaturas”.

Una pugna terrible; no otra cosa es el espectáculo que ofrece hoy el mundo literario. De una parte, el espíritu del mal lanza a borbotones la hiel y el veneno sobre las jóvenes generaciones y sobre la más tierna adolescencia: olas de libros, folletines, de novelas cortas y largas; y en sus páginas las descripciones más detalladas, las narraciones más completas del crimen, de amores enfermizos, del robo organizado y casi elevado a la categoría de ciencia o de arte, de aventuras en que la inmoralidad y las lecciones perniciosas obran sobre el sentimiento y la inteligencia como un taladro o como un corrosivo. De otra parte, hombres abnegados, entidades inspiradas en fines nobles y generosos, lanzan contra las olas de la literatura malsana, nefasta, nubes de papel impreso que cae como rocío fecundo, como lluvia bienhechora, sobre los cerebros enloquecidos y las almas conturbadas por el espíritu maligno.

De la lectura de tan sabias palabras no se desprende debate alguno: hay algo que es poco menos que basura (la literatura popular), y lo contrario (la literatura seria), lluvia bienhechora que cae sobre los cerebros enloquecidos por la literatura popular.

manuales cisne curas urgenciaY maldita sea si no es cierto, y como prueba me gustaría poner como ejemplo algo tan aparentemente inofensivo como la colección de Manuales Cisne.

Y vosotros os preguntaréis, ¿pero cómo puede ser perjudicial un manual?. Leed, leed, insensatos.

La colección de manuales cisne fue una colección de quiosco publicada entre finales de los 40 y principio de los 60, que presumiblemente podía convertir a los españoles en auténticos expertos en prácticamente cualquier materia, y de este modo bailar, hablar en público, cocinar o el cuidado de los periquitos dejarían de ser un misterio gracias a estos en apariencia inofensivos manuales que realmente no hacían otra cosa que confundir las frágiles e inocentes mentes de sus lectores.

Por ejemplo, en uno de los números de la colección, “El tabaco, su cultivo y su historia”, uno acaba convencido de que debe empezar a fumar cuanto antes esta magnífica planta, si es que uno aspira a convertirse en alguien interesante, para acabar aterrorizado tan sólo unos meses después cuando se encuentra leyendo mientras se fuma un buen habano “Enfermedades producidas por el tabaco”.

El mismo caso se produce con el manual “Combinados, como prepararlos”. Tras unos meses aplicando los conocimientos alegremente adquiridos, poniéndonos tibios a base de Bloody Marys, Tom Collins, Gimlets, Julepes, y otros combinados de estrafalarios nombres, basta comenzar la lectura de “Bebidas sin alcohol”, para llegar a la conclusión –demasiado tarde- de que si no le echamos un chorrito de ginebra a las mismas, no nos saben a nada. Reconozcámoslo: Manuales Cisne nos ha convertido en alcohólicos.

Pero lo peor de todo lo encontramos tras la lectura de “¿Está usted satisfecha con su vida de soltera?” y “¿Piensa usted casarse?”. Cuando uno se esfuerza por encontrar a su media naranja tras la lectura de estos instructivos manuales, y lleva ya unos meses casado, va la editorial y publica “¿Por qué se casó usted?” en un alarde supremo de incoherencia, provocando que el confuso marido o esposa comience a dudar sobre si tomó la decisión acertada (no es mi caso, por supuesto, no vaya  a ser que lea esto mi suegra), y se plantea seriamente quemar la colección de Manuales Cisne en el horno recién adquirido tras la lectura de “Manual del repostero”, que ha provocado que la cocina se encuentre llena de aparatos inútiles.

En suma, un caos de colección capaz de volver loco al más centrado de los lectores de la época, que no sabían a que atenerse. Hoy en día se habla mucho del bombardeo de información procedente de la televisión y de internet, pero eso no es nada comparándolo con la colección de Manuales Cisne.

manuales cisne baileMenos mal que de vez en cuando se anunciaban títulos verdaderamente ¿educativos?, aunque es posible que hoy en día no se vea de la misma forma. Veamos por ejemplo la publicidad del manual de próxima aparición “Mariquita cocinera”, título prometedor para el moderno lector, de mente calenturienta, que pronto descubre que efectivamente se trata de un simple manual de cocina.

Por muy prosaico que pueda parecer, es ciertísimo que al corazón del hombre se llega por la cocina.

         Una mujer que sepa guisar, conquistará más fácilmente al hombre que desea, si sabe demostrarle prácticamente que la cocina no encierra secretos para ella.

         No olvides, mujer, que el hombre dice muchísimas veces, refiriéndose a ciertas muchachas, y para justificar que no se decide por ellas: ESA NO SABE HACER NI UN HUEVO FRITO.

         El guisar  bien es esencial en la vida, ya que embellece un acto forzado e inevitable. Tenemos que comer para vivir. Comamos bien. Y para comer bien hay que guisar bien, lo cual se consigue fácilmente con el MANUAL CISNE MARIQUITA COCINERA.

Obviamente, leyendo este anacrónico manual, uno se da cuenta del daño que sin lugar a dudas ha provocado la literatura popular, y más en concreto la colección de manuales Cisne.

No todo iba a ser negativo en esta colección pues hay auténticas maravillas que pueden usarse incluso hoy en día, como el prodigioso “500 piropos. Piropitos, Piropazos. Desatinos. Agudezas”, con el que es imposible no triunfar con frases como “¿De qué agua bebe usted que está tan lozana?”, “Jovencita, ¿Se puede fumar a su lado sin peligro de explosión?”, “Esas mallas le sientan como un guante”, o “¡Levante el pie por favor, que estoy apisonado por uno de sus encantos!”. Yo las he probado con mi esposa, y desde entonces me mira raro.

manuales cisne estreñimientoTampoco debemos olvidar el manual “Cartas de amor, de odio, sentimiento y de ternura”, que igual sirve para declararse a la mujer amada como para presentar una queja a la companía telefónica; o el imprescindible “Estreñimiento y los gases del intestino”, libro que evitaría más de un disgusto en las comidas familiares y cenas de empresa, pobladas de flatulentos comensales.

Podría seguir indefinidamente, pues los conocimientos que pone a nuestro alcance la inigualable colección de Manuales Cisne no tienen parangón.

 

Las plagas de la humanidad 15Quiero dar desde aquí las gracias a Pepe Cueto, un gran aficionado a la literatura popular, y editor de Matraca Ediciones -que en breve comenzará a publicar las obras completas de Joseph Berna-, que generosamente me facilitó los textos e imágenes de la preciosa colección de cromos “Las Plagas de la Humanidad”, publicada por Chocolates Amatller en los años 30, una auténtica fuente de sabiduría popular que merecería un artículo en exclusiva, y que ha sido el germen de esta reseña, educativa para algunos, absurda para la mayoría, pero que espero que al menos despierte una sonrisa.

De todas formas lo único que puede sacarse en claro de esta reseña es que es probable que los hábitos y costumbres que actualmente se consideran normales, en el futuro se verán como auténticas aberraciones.  O no. El tiempo lo dirá.

LA COLECCIÓN EASA TERROR

NuevoDocumento 2018-02-01_2La colección Easa Terror de la editorial Andina, publicada entre los años 1975 y 1982, es en mi opinión un interesantísimo caso dentro de la novela popular española, por tres motivos diferentes:

  • En la literatura de quiosco se convirtió en la segunda colección más longeva del género de terror, con 288 títulos, tan sólo por detrás de la mítica Selección Terror de Bruguera, pero mientras que de ésta última resulta relativamente sencillo conseguir ejemplares en la actualidad, es prácticamente imposible encontrar títulos de Easa Terror, tal vez porque las tiradas eran mucho más pequeñas.
  • Dentro de la propia Andina, la serie representa una rareza, pues la política de la editorial era reeditar en todas sus colecciones títulos de los fondos procedentes de las editoriales Toray y Rollán. En el caso de Terror Easa, la gran mayoría de novelas son inéditas, a excepción de algunos títulos, procedentes en su mayoría de la colección Terror de Rollán, y en algún caso de Espacio de Toray.
  • La selección de autores es muy interesante, con muchos escritores que no participaron en las colecciones de terror de Bruguera, lo que permite conocer la visión de este género de escritores consagrados en la novela policiaca, como es el caso de Jesús Navarro Carrión (Cliff Bradley), que escribía en la colección como Jeff Lassiter, Francisco Cortés Rubio (Frank Mc Fair y Russ Tyron), o José Miguel Tellez (Joseph Tell) por poner sólo tres ejemplos.

En total participaron en la colección 27 escritores, que actuaron con diversos seudónimos:

Autor

Nº obras

Nombre Escritor

Adam Surray 1 José López García
Assia Lin 1 Isabel Irigaray Echeverri (más conocida como Ada Coretti)
Burton Hare 1 José María Lliró Olivé
Carter Scott 2 Manuel Yañez Solana
César Torre 41 Antonio Martínez Torre
Donald Curtis 1 Juan Gallardo Muñoz
Fel Marty 1 Félix Martínez Orejón
Franck Morgan 5 Francisco Vera Ramírez
Frank Hunter 6 Francisco José Iñigo Martín
Frank King 4 Francisco José Iñigo Martín
Frank Martin 25 Francisco José Iñigo Martín
Frank McFair 23 Francisco Cortés Rubio
Frank Sagan 5 Francisco Faura Peñasco
Franklin Ingmar 7 Francisco José Iñigo Martín
Fred Hercey 7 Fernando Orviso Hercé
Gerard Woren 2 Gerardo Moreno Espinosa
Herman Tellgon 3 José Miguel Téllez González
Isabel González Lectte 1 Isabel González Lectte
J. L. Harwich 5 José Amador Castao
James More 1 Santiago Mas i Plaza
James V. Cobb 1 Jaime Velasco Bernabeu
Jeff Lassiter 9 Jesús Navarro Carrión
Johnny Garland 2 Juan Gallardo Muñoz
Johnny Romano 3 Juan Almirall Erliso
Joseph Berna 6 José Luis Bernabéu
Joseph Lewis 9 José Luis Bragulat Hernández
Joseph Tell 11 José Miguel Téllez González
Juan Alarcón Benito 1 Juan Alarcón Benito (Alar Benet)
Kelltom McIntire 24 José León Domínguez Esteban
Land Grey 1 Francisco Faura Peñasco
Lars Olsen 1 Francisco Faura Peñasco
Law Space 1 Enrique Sánchez Pascual
Lee Doogan 1 Francisco Faura Peñasco
Lou Carrigan 3 Antonio Vera Ramírez
Lynn Meerchang 16 José León Domínguez Esteban
Manuel Yáñez Solana 1 Manuel Yañez Solana
Morgan Franks 3 Francisco Vera Ramírez
Mortimer Cody 36 Francisco Vera Ramírez
Robert Delaney 11 Juan Almirall Erliso
Ros M. Talbot 1 María Rosa Núñez González
Russ Tryon 5 Francisco Cortés Rubio
TOTAL 288  

La relación completa de títulos de la colección, indicando qué números son reediciones de obras ya publicadas, es la siguiente:

Titulo

Autor

1 La ultima condesa de Lug Mortimer Cody
2 Infierno City Fred Hercey
3 La venganza que llega de la tumba César Torre
4 El patio de las cabezas Mortimer Cody
5 El horrible olor de las tumbas Herman Tellgon
6 He vuelto de la tumba Fred Hercey
7 Los naúfragos Mortimer Cody
8 Crisantemos para un vampiro César Torre
9 Puede ocurrir… Joseph Tell
10 La promesa Mortimer Cody
11 Ven a charlar esta noche Lou Carrigan
12 Venganza Fred Hercey
13 El difunto míster Paramann Franck Morgan
14 Cuando el horror despierta César Torre
15 Club para gente encantadora Lou Carrigan
16 Visiten mi museo Mortimer Cody
17 Avisos de muerte Fred Hercey
18 El corazón del rayo César Torre
19 Recuerdos de mi muerte Franck Morgan
20 La putrefacción de la carne Lou Carrigan
21 Magia negra Fred Hercey
22 El talismán Mortimer Cody Reedición Nº 54 Terror Rollán
23 Los extraños habitantes de la noche César Torre
24 Ladrón de tumbas Manuel Yáñez Solana
25 Salió de vuestra fosa Mortimer Cody
26 El ahorcado César Torre
27 La felicidad de mister Brattain Franck Morgan
28 Los vengadores del Korat Mortimer Cody
29 El pequeño ejército Franck Morgan
30 La casa de piedra Mortimer Cody
31 El hombre de “TMA” Franck Morgan
32 Los impostores Mortimer Cody
33 La fórmula Morgan Franks
34 Trágicas bodas de oro Morgan Franks
35 Música de organillo Mortimer Cody
36 Voces de ultratumba Juan Alarcón Benito
37 ¡Alerta: Terror! Joseph Tell
38 Comienza la pesadilla Frank McFair
39 Panteón Joseph Tell
40 La sombra negra de la muerte Joseph Tell
41 Al cumplirse el tercer siglo Frank McFair
42 Plenilunio sangriento César Torre
43 El vampiro y otros relatos Frank Martin
44 La muerte trabaja y otros relatos Frank Martin
45 El antepasado y otros relatos Frank Martin
46 El cadáver insepulto Frank Martin
47 Deja pudrirse la carne Frank Martin
48 Los hijos del cataclismo César Torre
49 El gato de angora y otros relatos Frank Martin
50 A fuego lento Joseph Tell
51 La muerte obedece Frank Martin
52 Pálpito mortal César Torre
53 El alfiler y otros relatos Frank Martin
54 Los dueños del bosque y otros relatos Frank Martin
55 Paredes palpitantes y otros relatos Frank Martin
56 El pozo ciego Mortimer Cody
57 El silbido de la cobra Joseph Tell
58 Bajo la fría lápida Frank Martin
59 Ese hedor pestilente Frank Martin
60 Colmillos de vampiro Mortimer Cody
61 Monstruosos engendros y otros relatos Frank Martin
62 Los guerreros de Wovoka Frank Hunter
63 Siniestro carnaval Mortimer Cody
64 Antes de que me ejecuten Russ Tryon
65 Horror en negro y oro César Torre
66 El pasto del horror Frank King
67 El muerto vuelve y otros relatos Frank Martin
68 Belleza letal César Torre
69 Debajo del cementerio Mortimer Cody
70 Yo, la víctima y otros relatos Franklin Ingmar
71 El horror surge del frío Frank Martin
72 Mal de luna Mortimer Cody
73 La muerte de juguete y otros relatos Frank Martin
74 La maldición de las momias Frank King
75 La noche del diablo Mortimer Cody
76 Repugnante festín y otros relatos Franklin Ingmar
77 Delirio satánico César Torre
78 Ustedes no lo creerán Frank McFair
79 El infierno se agita Frank Martin
80 Abominables criaturas y otros relatos Franklin Ingmar
81 ¡Horror! Donald Curtis Reedición Nº 814 FBI
82 Deposito de cadáveres y otros relatos Frank Martin
83 La tumba profanada Franklin Ingmar
84 Pacto diabólico y otros relatos Frank Hunter
85 El barquero de los muertos Frank Martin
86 De terror también se muere César Torre
87 Algo velludo y viscoso y otros relatos Frank Hunter
88 El loto maldito y otros relatos Frank Hunter
89 Morir lentamente Mortimer Cody
90 El rostro del espanto Frank Martin
91 Los muertos vivientes Franklin Ingmar
92 El ballestero rojo Frank McFair
93 Dentro de mi ataúd y otros relatos Frank Martin
94 Sombras aterradoras y otros relatos Frank Hunter
95 El guardián del infierno Burton Hare
96 El infierno me ha elegido César Torre
97 El fantasma y otros relatos Frank Martin
98 Horrores sin nombre Frank McFair
99  Ratas hambrientas y otros relatos Franklin Ingmar
100 Con el diablo dentro Frank King
101 Un olor a cadáver Frank McFair
102 Macabro regreso y otros relatos Frank Martin
103 Las devoradoras César Torre
104 La deformidad y otros relatos Franklin Ingmar
105 La mansión del horror y otros relatos Frank Martin
106 Cuencas vacías y otros relatos Frank Hunter
107 Satanás club Adam Surray
108 El espectro sin rostro Frank King
109 La madre oscura del crimen Frank Martin
110 La colina del horror Joseph Berna
111 Cuando los muertos llaman por teléfono Robert Delaney
112 En fuga hacia el horror César Torre
113 El castillo de los ahorcados Joseph Berna
114 El cuadro Frank McFair
115 Los discípulos de Satán Joseph Berna
116 Las garras asesinas Russ Tryon
117 Plan diabólico Joseph Berna
118 En la hora de la muerte Robert Delaney
119 El buitre Jeff Lassiter Reedición Nº 2 Terror Rollán
120 La serpiente Frank McFair
121 Los ojos de Charlotte Mortimer Cody Reedición Nº 1 Terror Rollán
122 El monstruo del lago Hunt Joseph Berna
123 Espanto Frank McFair
124 Los coleccionistas Robert Delaney
125 Los muñecos Frank McFair
126 Ella y el asesino Robert Delaney
127 El pacto Gerard Woren Reedición Nº 8 Terror Rollán
128 Los supergorilas Joseph Lewis
129 Las voces Frank McFair
130 El retorno del conde Hugo Joseph Berna
131 El acantilado del miedo Robert Delaney
132 La tinta derramada Joseph Tell Reedición Nº 5 Terror Rollán
133 El colegio Frank McFair
134 El viejo caserón Robert Delaney
135 La cabeza del degollado César Torre
136 Sucedió en Mandrágora “X” Herman Tellgon Reedición Nº 6 Terror Rollán
137 La mujer siniestra Joseph Lewis
138 Risas de horror y muerte Land Grey
139 Sombras siniestras Fred Hercey Reedición Nº 11 Terror Rollán
140 Retorno a las tinieblas Kelltom McIntire
141 La casa del más allá Joseph Lewis
142 Delirante César Torre
143 El manuscrito de Stoker Frank McFair
144 Los perros Gerard Woren Reedición Nº 14 Terror Rollán
145 Conmigo al abismo Mortimer Cody
146 ¡Corred, lobos, corred! Frank McFair
147 Todo el horror del infierno Kelltom McIntire
148 Lepra verde Jeff Lassiter Reedición Nº 18 Terror Rollán
149 La puerta azul Joseph Lewis
150 El monstruo de Hercey Kelltom McIntire
151 Los crímenes de la novia Mortimer Cody Reedición Nº 16 Terror Rollán
152 Clínica de monstruos Joseph Tell
153 El hipnotizador Joseph Lewis
154 Los herederos de la maldición César Torre
155 Sekhmet Jeff Lassiter Reedición Nº 15 Terror Rollán
156 En la umbría del Gran Oriente Frank McFair
157 La noche de la víbora Kelltom McIntire
158 Los hombres potenciados César Torre
159 He visto al asesino Mortimer Cody Reedición Nº 13 Terror Rollán
160 La casa de las mariposas Joseph Lewis
161 La noche del diablo Frank McFair
162 El espantapájaros Joseph Lewis
163 Viaje a la casa de la muerte Kelltom McIntire
164 Inmunda máscara Joseph Tell Reedición Nº 12 Terror Rollán
165 Un gorro con piel de cabra Frank McFair
166 El legado de Satanás Kelltom McIntire
167 “Ellos” César Torre Reedición Nº 27 Terror Rollán
168 Retrato macabro Joseph Lewis
169 La venganza de los monstruos Kelltom McIntire
170 Herencia diabólica Assia Lin Reedición Nº 41 Terror Rollán
171  Vacaciones en el infierno César Torre
172 En las garras del monstruo Frank Sagan
173 Conversación en el cementerio Kelltom McIntire
174 El lugar del frío Mortimer Cody Reedición Nº 21 Terror Rollán
175 ¡Quiero vivir… quiero vivir! Fel Marty
176 El hechicero Frank McFair
177 Oscuros caminos del odio Herman Tellgon Reedición Nº 42 Terror Rollán
178 Las bestias no duermen César Torre
179 El horror de la tumba negra Frank Sagan
180 Los diablos de Kassai-Mbamba Kelltom McIntire
181 Monstruo Frank McFair
182 Los zombies Law Space Reedición Nº 409 Espacio Toray
183 El hombre del perro triste Joseph Lewis
184 La canción del retorno Mortimer Cody Reedición Nº 28 Terror Rollán
185 En el piso de arriba Frank McFair
186 La gruta del pirata Fred Hercey Reedición Nº 50 Terror Rollán
187 Los espectros de la “Maison Rouge” Kelltom McIntire
188 Levántate y anda Russ Tryon
189 Retorno a la Locura Lynn Meerchang
190 Miedo súbito César Torre
191 El Barba Azul leproso Jeff Lassiter Reedición Nº 9 Terror Rollán
192 Noche de pesadilla Kelltom McIntire
193 Cabalga el rojo caballo Joseph Tell Reedición Nº 24 Terror Rollán
194 El horror que llegó del hielo Lars Olsen
195 El espectro de Kordan Lynn Meerchang
196  Los cíclopes del abismo Kelltom McIntire
197 El elegido Jeff Lassiter Reedición Nº 29 Terror Rollán
198 El futurólogo César Torre
199 La casa del horror Russ Tryon
200 Algo negro con garras Frank McFair
201 La diosa de los lobos Kelltom McIntire
202 El límite César Torre
203 La noche del licántropo Lynn Meerchang
204 Un monstruo en el cerebro Mortimer Cody Reedición Nº 31 Terror Rollán
205 Barbarroja Frank McFair
206 El enigma de Dingerhaus Kelltom McIntire
207 Las gemelas Mortimer Cody Reedición Nº 25 Terror Rollán
208 Ouija Russ Tryon
209 Bosque mortal Ros M. Talbot
210 Cadáveres en el paraíso Carter Scott Reedición Nº 38 Terror Rollán
211 La noche es para asesinar César Torre
212 El descuartizador de Saint Justin Kelltom McIntire
213 La mancha Frank McFair
214 El secreto del lago Kachapi Kelltom McIntire
215 Demasiados cadáveres Lynn Meerchang
216 Venid a mi jardín Mortimer Cody Reedición Nº 4 Terror Rollán
217 La ciudad muerta Kelltom McIntire
218 El intruso César Torre
219 Pánico en Demon Eye Lynn Meerchang
220 Riendo y muriendo Carter Scott Reedición Nº 51 Terror Rollán
221 La risa del mago Robert Delaney
222 La garra Jeff Lassiter Reedición Nº 32 Terror Rollán
223 El diablo en Rodestown Lynn Meerchang
224 Madrugada en Saint Christopher Kelltom McIntire
225 Tumbas vacías Joseph Tell
226 La casa del pantano Robert Delaney
227 El fondo del enigma Lynn Meerchang
228 Horror salvaje César Torre
229 La premonición Robert Delaney
230 Terror bajo el sol ardiente César Torre
231 Las raíces del miedo Jeff Lassiter Reedición Nº 35 Terror Rollán
232 Después de la muerte… Johnny Romano
233 El parador del bosque Robert Delaney
234 Los ángeles de la muerte Lynn Meerchang
235 Las conjuradas Mortimer Cody Reedición Nº 10 Terror Rollán
236 Ruinas tenebrosas Johnny Romano
237 Los ojos de jade Jeff Lassiter Reedición Nº 23 Terror Rollán
238 El asesino de Widemoor Kelltom McIntire
239 El museo del horror Lynn Meerchang
240 Juntos por la eternidad Robert Delaney
241 Signum diabolicus César Torre
242 Arenas movedizas (Voces en la noche) Johnny Romano
243 El espíritu diabólico Lynn Meerchang
244 El show de las sanguijuelas Mortimer Cody Reedición Nº 34 Terror Rollán
245 Los navegantes de la bruma Kelltom McIntire
246 La isla de los muertos vivos César Torre Reedición Nº 33 Terror Rollán
247 ¡Plaga! Johnny Garland Reedición Nº 300 Espacio Toray
248 Ya no eran humanos… Frank Sagan
249 La invasión de los antroposaurios Kelltom McIntire
250 La isla de las almas muertas Frank Sagan
251 La calavera de Olgerd Jeff Lassiter Reedición Nº 26 Terror Rollán
252 Diario de un profanador Lynn Meerchang
253 Noches peligrosas Kelltom McIntire
254 Entre doce cuerdas Mortimer Cody Reedición Nº 37 Terror Rollán
255 Los niños de la noche polar César Torre
256 El diabólico espíritu de Hennessy Lynn Meerchang
257 El prisionero de “Sea Country” Kelltom McIntire
258 Maleficio César Torre
259 Luna de sangre Lynn Meerchang
260 Sombras chinescas Morgan Franks Reedición Nº 45 Terror Rollán
261 Horror exótico César Torre
262 La leyenda de Hauquin Kelltom McIntire
263 Viaje a un remoto infierno Lynn Meerchang
264 ¿Por qué no hablas? Mortimer Cody Reedición Nº 7 Terror Rollán
265 La noche de los polimorfos Johnny Garland Reedición Nº 306 Espacio Toray
266 Historia de Krau Lynn Meerchang
267 Los muñecos macabros Mortimer Cody Reedición Nº 40 Terror Rollán
268 El fuego del diablo César Torre
269 El extraño caso Robinson Lynn Meerchang
270 El farero César Torre
271 La ciudad asustada J. L. Harwich
272 Solo de violín para difuntos Mortimer Cody Reedición Nº 49 Terror Rollán
273 El monstruo encadenado César Torre
274 ¿Paranoia? James V. Cobb
275 Réquiem a medianoche Lee Doogan
276 La agonía de los espectros Mortimer Cody Reedición Nº 43 Terror Rollán
277 El gran dios de los marcianos Frank Sagan
278 La expedición Mortimer Cody Reedición Nº 19 Terror Rollán
279 “Muerte en rock” César Torre
280 Los incorruptos J. L. Harwich
281 Los profanadores César Torre
282 Los perros J. L. Harwich
283 Horror electrónico Isabel González Lectte
284 Están detrás del humo Mortimer Cody Reedición Nº 52 Terror Rollán
285 El horror vino de otros mundos J. L. Harwich
286 Hasta el fin del horror César Torre Reedición Nº 47 Terror Rollán
287 El necronomicón James More
288 La maldición negra J. L. Harwich

NuevoDocumento 2018-02-01_3Es decir, que de 288 números, 242 eran inéditos, 42 fueron reediciones de la colección terror de Rollán (que constó de 54 números), 3 reediciones de títulos de Espacio Toray, y 1 reedición de un título de FBI de Rollán.

La colección contó con unas magníficas portadas a cargo de Prieto Murana, un gran ilustrador del que ya he hablado en diversos artículos del blog.

El único defecto que le pongo a la colección –y esto es una percepción totalmente subjetiva- es la letra de imprenta del texto, y que las ilustraciones de portada, de gran calidad, desmerecen por un diseño de portada desde mi punto de vista poco acertado.

Y como suele ser habitual cada vez que hablo de una colección o un autor, añado una ilustrativa reseña.

 NuevoDocumento 2018-02-01_1TÍTULO: Al Cumplirse el tercer siglo

AUTOR: Frank Mc Fair

Colección Terror  Nº   41.  Editorial Andina

1ª Edición Desconocida

PORTADA: Manuel Prieto Murana

Al cumplirse el tercer siglo” podría parecer a primera vista la clásica historia de testamentos y maldiciones, pero la realidad es que se aleja bastante de los clichés habituales, centrándose en los aspectos psicológicos de los personajes.

Ashton Meredith, profesor de la Universidad de Manchester, acaba de recibir una herencia tras la muerte de su abuelo, el Conde de Meredith, según la cual pasa a ser titular de la mansión familiar, un buen montón de acciones, y el título de Conde. Al llegar a la recién adquirida mansión en el condado de York, es recibido por su atractiva prima Ethel, que cuidó los últimos años de su abuelo, y por el fiel Winnie, mayordomo de la casa.

Como suele ocurrir en estos casos, la herencia no resulta tan ideal como pudiera pensarse, pues muy pronto Ashton descubrirá un siniestro relato acerca de la historia de su familia. En 1672, el primer conde de Meredith se volvió loco justo el día que cumplía 30 años, y asesinó a su esposa y a su doncella, suicidándose a continuación. Justo 100 años después, en 1772, un nuevo conde de Meredith se volvió también loco y mató a su hermana y a su criado a puñaladas, ahorcándose poco después. Ese mismo día también cumplía 30 años.

La cosa no acaba ahí, pues en 1872, el conde de Meredith de turno, repitió locura y muerte el día en que justo cumplía, -lo habéis adivinado-  30 años, llevándose consigo a las dos hijas de su jardinero.

Por si tan siniestra casualidad no fuera suficiente, los tres difuntos condes compartían dos detalles físicos muy peculiares: una marca de nacimiento en forma de fresa encima de la tetilla izquierda, y ojos de diferente color.

Ashton comienza a inquietarse seriamente, pues cumple 30 años en pocos días, justo 100 años después de los últimos crímenes, y además ha heredado la marca de nacimiento de la familia. Lo único que no encaja con la historia es que no tiene los ojos de distinto color, pero aún así el miedo le provoca una  irresistible obsesión que le lleva a investigar a fondo los sucesos históricos recién descubiertos en un libro familiar.

Entre los misterios que envuelven la herencia recibida, se encuentra también la desaparición de un cuadro de Burne Jones (un extraordinario pintor prerrafaelita, por cierto) de 1871, un supuesto retrato de Horacio Meredith, el conde que en 1872 se volvió loco.

Mientras tanto, Ashley se encuentra confuso al sentirse atraído al mismo tiempo por su prima Ethel y por Sally, la hija del propietario de “El conde y el Oso”, la taberna local.

Una interesante historia que tan sólo se ve lastrada por la habitual precipitación, tan característica de la literatura de quiosco, lo que resulta una lástima, pues la obsesión que va invadiendo la mente del protagonista  hubiera podido dar lugar a una verdadera obra maestra del terror. Aún así, se impone una revisión a fondo de la obra de terror de Frank McFair, autor ya consagrado en el género policiaco.

OLVIDEMOS A TOMÁS BORRÁS

Tomás Borrás Berdejo

Tomás Borrás Berdejo

Imagino que el que lea esta reseña se sorprenderá que en un blog dedicado a rescatar la memoria de los escritores de novela popular se incite al olvido de uno de ellos; un olvido que sería extrapolable a otros muchos autores de los que ya se ha hablado en esta página. Nada más lejos de mi intención; nunca he sido partidario de borrar la historia, ni de las cosas buenas, ni de las malas.

Lo primero que debo dejar claro es que Tomás Borrás no es un escritor de novela popular propiamente dicho, al menos de la forma en que yo los entiendo. La obra de este autor  en el mundo de los bolsiblibros –al menos que yo conozca- se limita al nº 49  de la colección Proezas, “Suceden cosas raras”, obra que supongo que escribiría como un divertimento, y a diversos títulos que aparecieron La Novela Semanal, una de las colecciones populares que precedieron a los posteriores bolsilibros.

Tomas borras suceden cosas raras nº 49 1953En contra de lo que suelo hacer al hablar de un escritor, no acompañaré reseña de ninguno de sus libros, pues el objeto de este artículo no es otro que debatir los motivos por los que un autor puede merecer ser olvidado, y Tomás Borrás me ha parecido una buena excusa para escribir sobre ello.


Tomás Borrás y Bermejo (Madrid, 10 de febrero de 1891-26 de agosto de 1976) fue un admirado escritor y periodista español, de permanente actualidad en su época. Su nombre aparecía a diario en los periódicos, su voz era habitual en los micrófonos de las radios y sus libros ocupaban un lugar destacado en los escaparates de las librerías.

Hijo de un tarraconense que se autodenominaba tortosino (“Tortosins, ni catalans ni valensians”) y de una segoviana, cursó el bachillerato en el Instituto de San Isidro de Madrid, y posteriormente comenzó la carrera de derecho, presionado por su padre, pero que no tardó en abandonar, en parte por su falta de vocación, pero también porque su familia se arruinó como consecuencia de las malas inversiones del patriarca, lo que le obligó a tener que trabajar en diversas profesiones, y a ver cómo toda su familia era deshauciada, encontrándose de la noche a la mañana en la calle con todos sus muebles.

Tomas Borras pared tela arañaYa desde joven sintió la llamada de las letras, y a los 14 años ya enviaba poemas y relatos a distintas publicaciones y concursos. Entró en el mundo del periodismo, e inicialmente tuvo colaboraciones periodísticas en el diario oficioso “La Nación” durante la Dictadura de Primo de Rivera. En 1911 ya escribía para “El Liberal”, hasta que entra a trabajar para “La Tribuna”, que le envía en 1914 como corresponsal de guerra a Centroeuropa, por lo visto en unas penosas condiciones, labor que continuaría en 1920 cubriendo la guerra de Marruecos para el diario “El Sol”.

A principios de los años 20, mientras colaboraba en una obra de teatro, conoce a la que sería su futura esposa, la tonadillera y cupletista Aurora Purificación Mañanos Jaufrett, más conocida como “La Goya”. Una mujer muy curiosa que era una rareza dentro del mundo de las variedades, pues pertenecía a una familia adinerada de Bilbao, por lo que no necesitaba cantar para vivir, lo que le permitió a lo largo de su carrera seleccionar sin problema los teatros donde actuar.

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La “Goya”, musa de Tomás Borrás

A modo de cotilleo, en la época se comentó que la cantante hizo creer a Tomás Borrás que estaba embarazada, para acelerar la boda. Una boda, que efectivamente se realizó en 1925 con gran premura y con muy pocos invitados.

En 1930 el autor ingresó en el diario ABC y en su publicación anexa, la revista Blanco y Negro. Estos años fueron los de mayor fama y prosperidad para el escritor, que gozaba de gran popularidad y de una envidiable posición económica.

Con la llegada de la II República, las cosas cambiarían radicalmente, pues políticamente Tomás Borrás estaba claramente posicionado en contra del sistema parlamentario y de partidos, y desde las páginas de ABC dejó muy clara su postura.

Desde 1934 militó de forma activa en política -inicialmente en las Juntas de Ofensiva Nacional-Sindicalista (JONS) y luego en Falange Española- hasta que en 1936 se produce la detención de José Antonio Primo de Rivera, y la ilegalización de la Falange, lo que no evitó que Tomás continuara trabajando desde la clandestinidad defendiendo lo que él creía una causa justa. Su esposa Aurora  –que por entonces ya había abandonado el mundo del espectáculo-, tuvo también una participación política activa, pues las mujeres podían entrar en la Cárcel Modelo sin ser registradas, lo que la convirtió en las perfecta emisaria entre José Antonio y el exterior, hasta que se decidió aislarle en Alicante.

tomas borras fotoHasta el punto estaba implicado activamente Borrás en política, que fue responsable directo de uno de los elementos más polémicos que precedieron al levantamiento militar. En sus memorias Tomás Borrás se reconoce como responsable de la interceptación y distribución de los famosos “documentos secretos” que sirvieron de argumento –entre otros- para dicho levantamiento. Para el que no lo sepa, los sublevados adujeron la existencia de una serie de “documentos secretos” que demostraban que, en vísperas de la sublevación militar de 1936, el partido comunista de España planeaba una rebelión, ayudado por los socialistas y los anarquistas, así como de múltiples elementos extranjeros, para apoderarse del gobierno, que estaba en manos del Frente Popular. Aún hoy en día, determinadas personas que se autoconsideran historiadores –y cuyos nombres no voy a detallar- defienden a capa y espada el golpe de estado militar basándose en estos documentos, sin hacer ni la más mínima mención a las fundadas dudas sobre su veracidad. Por cierto que uno de esos “autores” publicó un libro copiando sin rubor alguno gran parte de una de las obras de Tomás Borrás, en concreto, “Las Checas”.

Estos supuestos documentos han sido objeto de infinidad de estudios para determinar si existieron o no, cosa que probablemente no se sepa ya nunca con certeza, aunque hay una práctica unanimidad sobre su falsedad, si obviamos a esos cuantos revisionistas de dudosa objetividad. La realidad es que los defensores de la idea de que los papeles eran falsos sostienen la versión de que fue el propio Tomás Borrás el que los imprimió desde su casa, distribuyéndolos como si fueran ciertos. El autor jamás se pronunció claramente al respecto, pero no sería raro que así fuera, e incluso un historiador como Ricardo de la Cierva, firme defensor del Régimen de Franco, consideró que dichos papeles eran falsos.

El caso es que se produjo la infame Guerra Civil, con las consecuencias que todos conocemos. Tras el estallido de la misma, Tomás y su mujer escaparon a Praga, y no volverían a España hasta 1937, año en que regresan a San Sebastián, que ya estaba en poder de los sublevados. Allí comienza a colaborar con la revista de humor “La ametralladora”, precursora de “La Codorniz”. Poco después crea la Central Nacional Sindicalista de Madrid, y se le encarga primero la dirección en Sevilla del diario “F.E”, y después la de “España” en Tánger.

tomas borras cuentos-gnomicosTras el final de la guerra, regresa a Madrid, donde reinicia su pasión por la escritura, publicando entre otras su obra más famosa, la panfletaria “Las checas”, o sus primeros “Cuentos gnómicos”, que es como el propio autor denominaba a un conjunto de 203 relatos muy breves, de entre cuatro y menos de una página, publicados en trece libros, siendo el primero “Unos y otros fantasmas” (1940) y el último “Agua salada en agua dulce” (1969). Estas obras pueden considerarse precursoras de lo que hoy en día se conoce como Microrrelatos.

Simultáneamente Borrás inició una fecunda carrera dentro del periodismo, y se encargó de la Dirección del Sindicato Nacional de Espectáculos, con las consecuencias que explico un poco más abajo.

Con el tiempo volvió a disponer de una envidiable situación social y económica, y en 1953 llegó a ser cronista oficial de la Villa de Madrid.

Tomás Borrás, muy famoso en su momento por su faceta como escritor y periodista, tiene también una gran importancia en el ámbito cinematográfico, pues aparte de que ejerció en su juventud como explicador en el cine del Parque del Retiro de Madrid, propiedad de sus padres, fue el máximo artífice de una norma que con el tiempo marcaría el destino del cine en nuestro país.

Por su cargo como Jefe del Sindicato Nacional del Espectáculo, Tomás Borrás firmó una norma -no tenía ni siquiera rango de ley- de 23 de abril de 1941, cuya redacción imitaba el camino iniciado por Mussolini en 1930, que instauró el doblaje obligatorio, y que posteriormente, en 1938, decidió prohibir las películas y los tebeos extranjeros en Italia, a excepción de los de Mickey Mouse, que les gustaban mucho a sus hijos. España no llegó hasta el extremo de prohibir las películas extranjeras, pero sí que copió la obligación de doblarlas.

Hasta ese momento, casi todas las películas en España se estrenaban con subtítulos y por ese motivo en 1936, las películas más vistas eran las españolas, con títulos como “Morena Clara“. Hay que tener en cuenta que en esos años, el índice de analfabetismo de la población era elevadísimo, por lo que la gente no podía leer los subtítulos. El Régimen de Franco vio además en el doblaje una gran oportunidad de “retocar” los diálogos según sus conveniencias.

La norma de Tomás Borrás decía lo siguiente: “Queda prohibida la proyección cinematográfica en otro idioma que no sea el español. El doblaje deberá realizarse en estudios españoles que radiquen en territorio nacional y por personal español“. Es cierto que ya existía el doblaje -en 1931 se dobló la primera película al castellano, “Entre la espada y la pared”, en el pueblo francés de Joinville-, pero la realidad es que esta orden supuso de hecho un desarrollo enorme de la industria del doblaje, que ha concluido en la actual situación, en la que el 80% de los productos audiovisuales que se consumen en España están doblados.

Aunque la norma se derogó en 1946, debido a las grandes protestas del sector cinematográfico, el hábito del doblaje persistió, con unos espectadores ya acostumbrados a no tener que leer subtítulos. La censura, además, había descubierto una nueva arma, cambiando los diálogos a su antojo, como ya expliqué en la reseña del blog dedicada a la censura.

En 1976, ingresado en la clínica Rúber, fallece el escritor a los 85 años de una afección cardiaca.

Ese mismo año, Madrid le puso su nombre a la calle donde vivió; calle que sigue existiendo, aunque actualmente en estudio por parte del Ayuntamiento de la ciudad, que tiene que decidir si la cambian o no –junto a muchas otras-, debido a su pasado falangista. Ya sé que es un tema polémico éste, y entiendo perfectamente las dos posturas existentes, tanto los que creen que no debe honrarse con una calle a personas o eventos que representen un símbolo de la dictadura, y los que creen que ya es hora de pasar página.

Estoy totalmente de acuerdo con que en el momento en que nació la democracia debían eliminarse símbolos del franquismo –incluyendo determinadas calles-, pero una vez que han pasado 40 años, a mí personalmente no me parece que sea un grave problema el nombre de unas calles en las que llevamos viviendo desde entonces (quitando la sorprendente existencia de calles como Travesía del General Franco, Plaza de Arriba España, o Plaza del caudillo, que seguían existiendo pasados 40 años de la muerte del dictador), y que pueden ser más los perjuicios que se causen a los ciudadanos que la supuesta reparación de daños morales, pues en la mayoría de los casos, creo que a una mayoría aplastante de madrileños no les preocupa ni lo más mínimo, especialmente porque poca gente sabe quien fue el Capitán Haya, o Tomás Borrás, por poner tan sólo dos ejemplos.

El problema radica en quién es el que decide qué personas merecen una calle y quién no, y sobre todo los motivos. Obviamente el criterio varía con el tiempo. Cuando se puso el nombre de una calle de Madrid al Capitán Haya (un piloto de aviación de gran fama en el bando sublevado durante la guerra civil), se le consideraba un gran héroe, mientras que en la actualidad se ha cambiado el nombre de la calle por ser considerado un símbolo franquista.

Supongo que con este criterio, habría que revisar todas las calles y estatuas de todas las ciudades de España, y eliminar todas las que pertenezcan a militares (Madrid al menos está llena), pues todo aquel que es un héroe para un bando, suele ser visto también como un asesino y un monstruo por el bando contrario.

Este tema ya es bastante polémico respecto a militares, políticos, o reyes; personajes que nadie duda que forman parte –para bien o para mal- de la historia, pero que en mi opinión nunca debieran ser elegidos para dar nombre a una calle, sean del signo que sean, pues siempre serán mal vistos por una parte de la población, pero no es este un tema  que deba ser tratado en un blog dedicado a la literatura popular. ¿Pero que ocurre con los músicos, pintores, cineastas, escritores, y el resto de artistas?.¿Qué ocurre con Tomás Borrás?. Ya tenemos claro que este escritor era un declarado defensor del franquismo, y que incluso pudo tener una intervención decisiva en el golpe de estado de Franco que provocó la guerra civil.

Si el criterio para poner el nombre de una calle o levantar una estatua de un artista es que sean “buenas personas” (y ya hemos visto que el concepto de buena persona varía por criterios ideológicos y con el tiempo), me parece que nos quedamos sin candidatos rápidamente. ¿Alguien se ha planteado si Quevedo, Velázquez o Goya eran buenos tipos? Todos ellos vivían en connivencia con regímenes tiránicos, y no creo que nadie se plantee sobre estos personajes nada que no sea su indiscutible calidad como artistas.

¿Todos los artistas favorables al Régimen de Franco eran malas personas, merecedoras del olvido?.¿Todos los autores partidarios de la República eran buenos?.

Durante la dictadura de Franco se intentó borrar de la historia a todos los autores partidarios del bando republicano, en una lamentable política que no creo que deba ser imitada en democracia.

Por este blog han desfilado escritores de ambos bandos de la guerra civil, y siempre he procurado centrarme en su obra, pero sin olvidar a la persona. Con independencia de que lógicamente uno sienta más o menos simpatía por razón de su ideología, creo que lo importante es destacar lo positivo de cada uno de ellos (su obra), intentando entender que eran otros tiempos, y que lo que hoy parece tan fácil de juzgar, no lo sería tanto en el contexto histórico de esa época, en el que todo el mundo se vio obligado a escoger bando, en unos casos por convicción real, y en otros por obligación.

Ahora voy a dar un paso más allá, y voy a plantear la pregunta de si incluso en los casos en los que un autor fuera una persona deleznable debería ser olvidada su obra.

Por poner tan sólo algunos ejemplos, en el mundo del cine, Woody Allen -un director cuya obra admiro- se acostó con su hija adoptiva cuando ésta era menor de edad, y de hecho acabó casándose con ella. Y a todo eso hay que añadir que este mismo director fue acusado también de abusos sexuales a otra hija de Mia Farrow, aunque fue exonerado judicialmente en su día. Este comportamiento moral despierta por lo general un rechazo absoluto hacia su persona, pero ¿debemos destruir y olvidar toda su filmografía?. En Oviedo hay una estatua en su honor ¿la tiramos al mar?.

Similar caso sería el de Roman Polansky, un director de cine que no puede pisar suelo norteamericano, pues está en busca y captura desde 1977 en ese país condenado por haber tenido relaciones ilícitas con una niña de 13 años.

El pintor Caravaggio, maestro del claroscuro, era un pendenciero y un asesino (fue sentenciado a muerte por matar y cortar el pene a un hombre durante una pelea en la zona del Campo Marzio, aunque huyó de la justicia), y por su comportamiento moral sería considerado hoy día un degenerado. ¿Quemamos sus cuadros? ¿Le borramos de los libros de historia del arte?. Tiene por cierto una calle en Jávea, y no creo que la gente se haga preguntas sobre su vida.

Tal vez no se esté planteando bien el tema, y a lo mejor habría que analizar únicamente si la obra de un autor merece ser recordada, y no la persona en sí. O tal vez sería más sencillo cambiar todos los nombres de las calles, y ponerles un nº, como en Nueva York. Aunque conociéndonos, empezaríamos a discutir sobre si hay que eliminar todos los números primos, los acabados en 3, o que sé yo.

Sea como sea, yo seguiré disfrutando de los cuentos gnómicos de Tomás Borrás, al igual que de los cuadros de Caravaggio y de las películas de Woody Allen y Roman Polansky, y que sea la historia la que les juzgue.

MIENTRAS TANTO, AL OTRO LADO DEL MUNDO (IV): HENRI BENCOLIN, EL PRIMER DETECTIVE DE JOHN DICKSON CARR

John dickson carr foto

El autor, John Dickson Carr

Pocos años antes de que en España comenzaran a publicarse las primeras colecciones de novela popular de género policiaco (La novela aventura de Hymsa, con Sexton Blake a la cabeza; Popular Fama,  o las míticas Serie Oro y Hombres Audaces de editorial Molino), John Dickson Carr estaba publicando una serie de novelas protagonizadas por Henri Bencolin, el primer gran personaje de este escritor.

Supongo que quien lea esto ya estará despotricando de los motivos que han llevado al estrafalario autor de este blog a traer a John Dickson Carr a una página dedicada a la novela popular, igual que ya hizo con otros escritores como Jean Ray, S. A. Steeman, o tantos otros reputados autores. Pues el motivo no es otro que fundamentalmente eran escritores de novela popular (pulp para los más refinados), ni más, ni menos.

John Dickson Carr El rincón de la brujaLo único que los diferencia de los sufridos escritores de novela popular de España, es que mientras en sus países acabaron teniendo un reconocimiento generalizado –con múltiples reediciones de su obra- que les ha permitido llegar a nuestros días siendo más o menos conocidos, en España han sido sistemáticamente menospreciados y prácticamente borrados de la historia de la literatura. De cualquier modo, John Dickson Carr forma parte de la larga lista de autores prácticamente olvidados, y no resulta fácil en la actualidad localizar títulos de su obra en nuestro idioma.

John Dickson Carr (30 de noviembre de 1906, Pennsilvania – 27 de febrero de 1977, Carolina del Sur) fue un estadounidense que curiosamente acabó convertido en uno de los mejores escritores de novelas de misterio británico clásico, hasta el punto que mucha gente pensaba que era inglés. A lo largo de su carrera empleó los pseudónimos de Carter Dickson, Carr Dickson, y Roger Fairbairn, aparte de su propio nombre.

John Dickson Carr He who whispersDickson, cuyas principales influencias fueron Gaston Leroux, G.K. Chesterton y Arthur Conan Doyle (del que escribió una célebre biografía en 1949),  está considerado por los críticos como uno de los mejores escritores de la llamada “época dorada” de la novela de misterio. La mayor parte de sus novelas y relatos giran en torno a la resolución de asesinatos imposibles, producidos en escenarios a los que el criminal aparentemente no podría acceder, lo que provoca la sensación de que no existe una explicación racional a los mismos. Por este motivo Dickson Carr se ganó la fama de ser uno de los máximos exponentes de la novela de “habitación cerrada”, un subgénero dentro de la literatura de misterio.

De hecho, una de sus novelas, “The three Coffins” (1935), protagonizada por Gideon Fell, publicada posteriormente como “The Hollow Man”, y en España como “El hombre hueco” fue elegida en 1981 por un grupo de escritores y críticos como la mejor novela de habitación cerrada que se haya escrito nunca, y en la que el autor aprovechó para dar una lección a los lectores sobre las formas en que es posible asesinar dentro de una habitación cerrada. En esa misma novela, el propio autor se refiere a “El misterio del cuarto amarillo”, de Gaston Leroux, como la mejor novela policiaca que se ha escrito.

John dickson carr the burning courtOtra de las principales características de Dickson Carr es la aparición en muchas de sus novelas de elementos sobrenaturales: vampiros, fantasmas, hombres lobo, brujas  y otros seres de ultratumba son a veces los principales sospechosos en crímenes imposibles que aparentemente solo pueden haber sido cometidos por criaturas procedentes del más allá, hasta que la pericia del detective de turno da con una explicación racional. Pero cuidado, que en ocasiones sí hay un elemento fantástico, hecho éste que fue muy criticado en su época, en la que no se veía con buenos ojos ese mestizaje de géneros policiaco-fantástico.

John dickson carr hags nookCasas aisladas en las que se comete un crimen, rodeadas de nieve en la que no hay marcas de huellas; con doncellas que caminan hacia las casas de campo y se desvanecen como el humo; donde un hombre puede sumergirse en una piscina y desaparecer; donde las habitaciones, edificios, calles, incluso siglos enteros parecen desaparecer. Ambientes donde fantasmas, vampiros y antiguos magos parecen reales.  Como escribió el propio Carr, “Que haya una pizca de terror, cielos oscuros y maldad“. Su admiración por Edgard Allan Poe y por H. P. Lovecraft se hacía notar en sus historias (al igual que su afición por las antigüedades), aunque la resolución de los crímenes casi siempre demostraba que el hombre es el único causante de todo mal.

Nacido en Estados Unidos, vivió sin embargo la mayor parte de su vida en Inglaterra, a donde se trasladó definitivamente tras casarse en 1932 con Clarice Cleaves (1909-1993), con la que tendría tres hijos. A lo largo de su vida John Dickson Carr dio constantes muestras públicas de amor por su esposa Clarice, incluyendo cariñosas dedicatorias en alguna de sus novelas, lo que no evitó que le fuera infiel con un buen número de mujeres.

John dickson carr skeleton watchYa instalado en Inglaterra, comienza una exitosa carrera como escritor de novelas policiacas, escribiendo una media de 4 ó 5 títulos al año, hasta alcanzar un total de 120 novelas y cientos de relatos. El propio autor confesó que llegó a estar sentado más de 18 horas al día escribiendo durante mucho tiempo. En Inglaterra, donde se integró completamente, siendo el primer americano en ingresar en el exclusivo  “London Detection Club” (apadrinado por Dorothy Sayers y Anthony Berkeley, y con la presencia de su admirado Chesterton, presidente del club), ambientaría la mayoría de sus historias policiacas, protagonizadas –entre otros- por sus dos detectives más célebres, ambos de nacionalidad británica: Gideon Fell (inspirado físicamente en G.K. Chesterton) y Henry Merrivale (inspirado en Churchill), pero que no son el objeto de esta reseña.

Dickson vivió en Inglaterra desde 1932 hasta 1948, escribiendo en este periodo un total de 39 novelas, y eso teniendo en cuenta, que entre 1942 y 1948 tuvo un importante parón en su producción literaria, debido a que durante la II Guerra Mundial colaboró activamente con la BBC (de 1942 a 1945), y que dedicó dos años enteros a la redacción de “Life of Sir Arthur Conan Doyle”, la biografía autorizada del gran escritor que se publicaría en 1949 y que supondría un punto de inflexión en la carrera de Carr, al que de repente parecía no bastarle escribir novelas de Fell o Merrivale.

John dickson carr dangerous-crossing-posterEn 1948 regresa a Estados Unidos, ya de forma definitiva. Allí se dedicó a diversos proyectos, como la escritura de novelas de misterio de corte histórico, o a la redacción de guiones radiofónicos, entre los que se encuentra la exitosa Cabin B-13, un serial en el que una recién casada embarca en un crucero de luna de miel en compañía de su marido, para descubrir en plena travesía que éste ha desaparecido sin dejar rastro, y que la tripulación duda de su salud mental. Una historia que se llevó posteriormente al cine en “Dangerous Crossing” (1953).

Ya entrando en la materia objeto de esta reseña (que creo recordar que era el detective Henri Bencolin), unos años antes de recalar en Inglaterra -en 1928- los padres de Dickson le enviaron a la Universidad de la Sorbona de París. Su padre, un congresista que tenía grandes proyectos para él, no podía imaginarse que John tenía sus propios planes, pues desde muy joven había sentido la necesidad de escribir. Allí en París comenzó a fraguar una serie de novelas policiacas protagonizadas por Henri Bencolin, un sagaz juez de instrucción de París y Director de la Policía, cuya inteligencia le permitía resolver los más asombrosos crímenes. Dos años antes de llegar a París Carr ya había escrito un primer relato corto en el que aparecía este personaje, “The shadow of the goat”, que le publicaron en una revista en 1926. A ese primer relato le siguieron otros tres más, que también le fueron publicados. Ese éxito primerizo le entusiasmó de tal modo que decidió que esa sería su profesión. Ya en París, haciendo creer a su padre que estaba estudiando, se dedicó a tiempo completo a escribir una novela corta llamada “Grand Guignol”, que fue el primer borrador de “It walks by night”.

De todas formas, en 1930, al regresar Dickson a Nueva York desde París, acabaría de escribir esta serie de novelas protagonizadas por Henri Bencolin.

Los casos de Bencolin (salvo su último libro, “Las cuatro armas falsas”) están narrados en tercera persona por Jeff marle, un novelista hijo del que fuera el mejor amigo de Henri, que asume en cierta manera de este modo el papel del Watson de Holmes. No es este el único punto en común de Bencolin con su admirado personaje de Arthur Conan Doyle, pues también comparte su gusto por resolver misterios aparentemente imposibles, su adicción a las drogas, y algún que otro rasgo de su personalidad, como su misantropía.

Una de las más llamativas características de la serie de Bencolin es la ausencia de humor en sus historias, a diferencia del resto de la posterior obra de Carr, en la que el humor es un elemento esencial, a veces incluso rozando lo paródico. El personaje de Bencolin, por otra parte, es cínico, y en ocasiones Carr lo emplea para ridiculizar a otros detectives literarios:

Nosotros, los de la policía, no podemos conformarnos con conocer la identidad de los culpables. A diferencia de los detectives de las novelas, nosotros además necesitamos pruebas”. (Fragmento de “The murder in number 4”. Traducción mía). No es el único caso.

Otro aspecto característico de esta serie de novelas es que cada capítulo termina en una especie de clímax, como si nos encontráramos en un serial radiofónico, de modo que el lector se ve obligado a continuar con la lectura del siguiente capítulo.

Parece ser que Carr consideró el personaje de Bencolin demasiado sombrío (realmente tiene un carácter bastante desagradable), motivo por el que lo abandonó para experimentar con nuevos protagonistas con los que el público se sintiera más cercano. Visto su éxito posterior, acertó plenamente, aunque yo particularmente siento un gran aprecio por Bencolin, un vanidoso policía que parece crecerse cuando debe medir su inteligencia con algún otro investigador.

La relación de novelas pertenecientes a esta serie son las siguientes:

1.- Anda de noche (It Walks By Night, 1930)

John doickson Carr it walks by nightEn este primer caso, que sirve de presentación al personaje y que transcurre en 1927, Bencolin investiga la espantosa muerte del duque de Saligny, un popular deportista que ha aparecido decapitado en París el mismo día que acaba de contraer matrimonio con Louise Laurent, una mujer que estuvo anteriormente casada con Alexandre Laurent, un perturbado que tras intentar asesinarla con una navaja acabó ingresado en un manicomio, del que recientemente se ha fugado.

Todos los hechos parecen apuntar a que el asesino es Alexander Laurent, pero eso no es lo peor, pues todo indica, por las características del crimen, perpretado en una habitación cerrada en la que aparentemente era imposible entrar sin dejar rastro, que en realidad se enfrentan a un auténtico hombre-lobo.

Un clásico enigma de habitación cerrada, con tintes sobrenaturales, en el que Henri Bencolin deberá dar lo mejor de sí hasta encontrar la inesperada solución.

2.- El castillo de la calavera (Castle Skull, 1931)

John dickson carr el castillo de la calaveraDurante una fiesta, es asesinado el famoso actor teatral inglés Myron Alison. Su cuerpo aparece en llamas en el castillo de la Calavera, una fortaleza con una siniestra leyenda situada en Alemania, a la orilla del Rhin, justo enfrente del palacete residencia del actor, y desde donde los invitados presencian su horrenda muerte. El aterrador castillo lleva cerrado desde la misteriosa muerte de su propietario, Malenger, un mago de fama mundial, cuyo cadáver fué sacado del mismo río. Entre los invitados se encuentra la hermana del actor, y la flor y nata de la sociedad centroeuropea. Un banquero belga contrata en París los servicios del famoso jefe de Policía francesa, Bencolin, para investigar el crimen, convencido de que entre los invitados se encuentra el aesino. Bencolin acepta el caso, con la sorpresa de que la investigación policial oficial  está dirigida por el jefe de policía de Berlín, el Barón Von Arnheim, gran rival de Bencolin durante la I Guerra Mundial, pues eran los jefes de operaciones de espionaje de ambos bandos. Ahora deberán enfrentar de nuevo su vanidad y su inteligencia en la resolución del caso.

Otra interesante novela de crimen imposible, con tintes sobrenaturales,  con un fantasma rondando por los subterráneos del Castillo y con un monstruo prisionero desde hace años.

3.- The Lost Gallows, 1931 (que yo sepa, nunca se ha publicado en castellano).

John dickson carr lost gallowsEn este caso, la acción se traslada a Londres, a donde Marle y Bencomin se han desplazado apara acudir al estreno de una obra teatral. Londres, con su ambiente victoriano, resulta un escenario perfecto para el estilo sobrenatural de las historias de Carr.

El conductor del millonario egipcio Nezam el Moulk aparece asesinado justo cuando el coche está parando, sin que haya rastro de su pasajero. Por otro lado, un hombre llamado Dallings asegura haber visto entre la niebla la silueta de un hombre colgando de una horca, y aparece un misterioso mensaje telefónico que menciona a un hombre ahorcado “en las horcas de Ruination Street”, pero en Londres no existe ninguna “Ruination Street”…

Maldiciones egipcias, coches fantasmas que se mueven con un muerto al volante, y ahorcados en calles que no existen.

Debo reconocer que el hecho de haber tenido que leer la novela en inglés me dificulta dar una opinión fiable sobre la misma, aunque la presencia de los supuestos factores sobrenaturales ha supoesto para mi un gran aliciente.

4.- El crimen de las figuras de cera (The Waxworks Murder / The Corpse in the Waxworks, 1932)

John dickson carr crimen figuras ceraDesde mi punto de vista, la mejor novela de las que he leído de la serie. En este caso a Henri Bencolin le corresponde investigar la misteriosa muerte de Odette Duchêne, cuyo apuñalado cadáver ha sido descubierto en el río Sena. Tras las primeras averiguaciones, todo indica que el último lugar donde vieron con vida a la víctima fue en el famoso Museo Grevin de Figuras de Cera.

Al llegar allí para interrogar a los encargados del Museo, Bencolin descubre horrorizado el cadáver de otra mujer en los brazos de una de las figuras más monstruosas (el sátiro del sena).

Hay que señalar que a pesar del título de la novela, el escenario principal de la misma no es el Museo de cera, sino un local de alterne de alto standing anexo al mismo llamado “El club de la llave de plata”. Un local en el que los clientes van siempre con una máscara.

El habitual tono gótico de muchas de las novelas de Carr –y en particular las de la serie de Bencolin- destaca en este libro, en el que Marle adquiere un protagonismo mucho mayor que en los anteriores, llegando a desaparecer Bencolin durante varios capítulos completos, lo que parece presagiar la pérdida de interés del autor por este personaje, al que aparcó al finalizar el libro durante 6 años.

5.- Las cuatro armas falsas (The Four False Weapons, 1937)

John Dickson Carr Las-cuatro-armas-falsasEsta novela supuso la inesperada reaparición de Bencolin, que llevaba 5 años en el limbo, y al que todo el mundo daba por enterrado, ya que los dos principales detectives de Carr (Giddeon Fell y Merrivale) ya protagonizaban desde hacía unos años  sus nuevas historias.

Esta es la única novela de la serie en la que el narrador no es Jeff Marle, aunque también se cuenta desde el punto de vista de una tercera persona, en este caso Richard Curtis, un abogado londinense que se ve envuelto en un asesinato relacionado con uno de sus clientes, un playboy llamado Ralph Douglas, principal sospechoso de la muerte de Rose Klonec, una mujer que ha tenido incontables amantes, y que ha aparecido muerta en una casa propiedad de Douglas en extrañas circunstancias (con un peculiar corte en el brazo, y sin sangre), dentro de una habitación en la que también se encuentran una pistola, un frasco de veneno, una navaja y un estilete. Curtis le pide a Henri Bencolin -ya jubilado, viviendo en la tranquilidad de las afueras de París- que le ayude a demostrar la inocencia de su cliente.  Bencolin, un hombre muy distinto del de las novelas anteriores, mucho más humano, acepta el reto, y empieza demostrando que en realidad ninguna de las cuatro armas ha sido empleada en el crimen, lo que empieza a despertar la misma curiosidad que sentía años atrás con cada caso.

Bencolin también protagonizó 4 relatos cortos, escritos con anterioridad a las 5 novelas mencionadas, y que fueron recopilados posteriormente en un libro de relatos (“The door to doom and other detections”, no publicado en España).

    “The Shadow of the Goat” (1926)

    “The Fourth Suspect” (1927)

    “The End of Justice” (1927)

    “The Murder In Number Four” (1928)

john dickson carr poisonAdemás, Henri Bencolin es mencionado en “Poison in Jest” (1932), publicada en castellano como “veneno en broma”, una historia policiaca escrita justo después de “El crimen de las figuras de cera”, en la que Jeff Marle, el mismo narrador de las novelas protagonizadas por Bencolin, se ve envuelto en un caso de asesinato cuando regresa a su Pennsilvania natal. Bencolin no aparece físicamente en la historia, pero su recuerdo es permanente: “Ojalá Bencolin estuviera aquí”, llega a decir Marle.

El 27 de Febrero de 1977 fallece víctima de un cáncer de pulmón John Dickson Carr en Estados Unidos, a donde había regresado en 1948, dejando sin resolver un montón de crímenes imposibles que seguro que aún habitaban  en su cabeza.

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Dickson Carr reviviendo a Sherlock Holmes

De este modo desaparece este escritor, bebedor, fumador, infiel y trabajador compulsivo. Es probable que la parte más recordada en la actualidad de su obra sea la relacionada con el gran Arthur Conan Doyle; tanto en lo referente a su biografía como a la colaboración que llevó a cabo junto con su hijo, Adrian Conan Doyle, con el que escribió en 1952 “Las hazañas de Shelock Holmes”, una de las más fieles recreaciones del universo holmesiano que se han escrito jamás. Aunque es cierto que el tipo de intriga  en el que destacó realmente Dickson Carr puede resultar hoy en día algo desfasada, no debemos perder nunca la perspectiva de la importancia real de su obra, que sirvió de modelo a gran parte de los actuales escritores de novela policiaca.

EL ETERNO DESPERTAR DE LA MOMIA

momia 1932Antes de empezar este artículo, quiero dejar claro que nunca me he considerado una persona supersticiosa, y que las maldiciones nunca han despertado en mí más interés que el que procede desde un punto de vista antropológico y recreativo, pero hay un hecho cierto, y es que esta es la segunda vez que tengo que escribir esta reseña –probablemente la más larga del blog-, pues cuando consideré que el artículo estaba suficientemente pulido, lo guardé en un pendrive que desapareció de forma completamente inexplicable, así que, amigo lector, quedas avisado de las posibles consecuencias de leer lo que a continuación acontece.

Desde que a raíz del auge experimentado por la egiptología en el siglo XIX se publicara en 1858  “La novela de la momia”, de Théophile Gautier, tanto el cine como la literatura no han dejado de narrar historias  ambientadas en el antiguo Egipto; una fascinación que se vio renovada con la publicación en 1945 de “Sinuhé el egipcio”, de Mika Waltari, que despertó una auténtica obsesión en el público por todo lo relacionado con el mundo de los faraones.

Y si hablamos de Egipto, es imposible que no nos venga a la cabeza un elemento concreto: las momias, esos inofensivos objetos inanimados que la cultura popular, sin saber muy bien cómo, ha convertido en terroríficos monstruos.

Raro es el autor de novela fantástica que no ha sentido en algún momento la llamada de los faraones, escribiendo algún relato en el que una momia es protagonista.

Aunque inicialmente ya se habían escrito algunos relatos protagonizados por una momia, como “La momia, una historia del siglo XXII” (1827), una fantástica historia de ciencia ficción de Jane Webb en la que Keops resucita en el año 2126; “Conversaciones con una momia” (1845), de Edgard Allan Poe;  o la ya mencionada “La novela de la momia” (1858), de Theophile Gautier, la realidad es que todavía no era un elemento terrorífico.

Es en 1860 cuando se publica “Perdido en una pirámide, o la maldición de la momia”, de Louisa May Alcott (sí, la de “Mujercitas”), posiblemente el primer relato en el que se perfila la idea de la momia como un elemento vengativo. A partir de ahí son innumerables los autores que abrazaron esta idea.

Desde Arthur Conan doyle con “El lote nº 249”, Sax Rohmer, con “La momia misteriosa”, Rudyard Kipling (“Reyes muertos”), Robert Bloch (“Escarabajos”), E. F. Benson (“Monos”), Agatha Christie (“La venganza de Nofret”), o el mismísimo Bram Stoker con “La joya de las siete estrellas”, por citar tan sólo algunos de ellos, todos ellos nos trasladaron su versión de la leyenda de la momia.

La pregunta es: ¿en qué momento la momia se convirtió en un elemento terrorífico”.

La realidad es que las momias durante mucho tiempo no provocaban miedo, y la prueba es que los saqueadores de tumbas actuaron sin freno alguno durante cientos de años. También es sabido que el polvo de momia se empleaba como medicamento, sin temor a que cayera una maldición sobre el enfermo tratado con este peculiar método (de hecho el uso de polvo de momia fue tan generalizado que los comerciantes idearon un método para fabricar falsas momias que les permitiera seguir con el negocio); e incluso a principios del siglo XIX se puso de moda en Europa entre la aristocracia un espectáculo consistente en quitar públicamente los vendajes a una momia (y no es broma).

Pero todo eso cambiaría, a raíz del repentino interés del público por la egiptología a partir de la mitad del siglo XIX, que les permitió conocer los rituales de momificación y la existencia de tumbas egipcias que mostraban siniestras advertencias a los posibles saqueadores. Eso probablemente no hubiera sido suficiente, de no producirse una serie de noticias que convencieron a la gente de la posibilidad de que las maldiciones podían ser reales.

El caso más famoso al respecto es sin lugar a dudas el de la tumba de Tuttankamon, en 1923, pero mucho antes ya se produjo otro suceso que hizo que calara en la opinión pública un auténtico terror a las momias.

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La famosa “unlucky Mummy”

En 1865 dos excéntricos millonarios ingleses llamados Thomas Douglas Murray y Arthur F. Wheeler adquirieron en Luxor de forma una tanto irregular la tapa del sarcófago de una supuesta sacerdotisa, llevándola a Inglaterra, donde muy poco después alcanzaría fama de estar maldita.

Los hechos reales son que poco después de regresar con dicho objeto, Murray perdió un brazo en un accidente de caza, y Wheeler se arruinó completamente.

La cosa probablemente no hubiera tenido mayor repercusión si no fuera porque el propio Murray se encargó en 1900, durante una cena entre amigos, de difundir que la tabla estaba maldita, aderezándola con una serie de detalles falsos que realmente resultaban terroríficos, pues según su propia versión, tres personas que habían trabajado en la tabla habrían muerto en extrañas circunstancias (lo que resultó ser totalmente falso), y Wheeler se arruinó por culpa de la momia (obviando el pequeño detalle de que Wheeler era un ludópata que perdió todo apostando y tomando funestas decisiones en sus negocios).

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Tuttankamón, el mayor exponente de la maldición de los faraones

A partir de estos hechos, la leyenda comenzó a crecer. Tras el accidente, Murray se deshizo de la tapa de sarcófago, entregándosela a un amigo que murió poco después de un tiro. El objeto pasó a manos de otro amigo que también murió totalmente arruinado, por lo que su viuda donó la momia (de repente era ya una momia) al museo británico, donde empezaron a sucederse muertes relacionadas con la misma. En 1904 un periodista llamado Bertram Fletcher Robinson escribió un artículo sobre la momia, falleciendo tres años después. En 1909 un periodista llamado William Stead escribió otro artículo basado en el artículo anterior en el que narraba toda serie de infortunios producidos a todo aquel que tuviera algo que ver con la momia, atribuyendo incluso la muerte de Robinson (que había fallecido de tifus) a la unlucky mummy (por cierto, que Arthur Conan Doyle, amigo personal de Robinson, también opinaba lo mismo, y aseguraba que advirtió a su amigo que no escribiera sobre la momia). Poco después el Museo Británico se deshizo de la momia, que fue transportada por Stead a Estados Unidos en 1912 a bordo del Titanic, que como ya sabemos, se hundió, aunque el sarcófago de la momia sobrevivió al naufragio, y fue llevada de nuevo a tierra (buscad si queréis en internet información sobre la momia del Titanic). En 1914 el Empress of Ireland transportaba a la momia de vuelta a Inglaterra, hundiéndose en la travesía, aunque el sarcófago vuelve a salvarse, y es de nuevo recogido por otro barco. Un comerciante alemán lo compra, regalándoselo al Kaiser, provocando de este modo la I Guerra Mundial. Ya sé que pensáis que estoy de broma, pero todo lo escrito anteriormente fue publicado por diversos medios de la época.

¿Hay algo de cierto en todo lo anterior?. Absolutamente nada, salvo que sorprendentemente es cierto que William Stead viajaba a bordo del Titanic, donde falleció, por cierto tras un comportamiento heróico ayudando al resto de pasajeros.

Ante toda esta sarta de barbaridades que se publicaron, el propio Director del Museo Británico, Wallis Budge,  tuvo que salir para hacer un desmentido: la tapa del sarcófago fue donada al Museo por el propio Wheeler; jamás ocurrió en el Museo ningún hecho extraño relacionado con la misma; y el objeto jamás se movió del British (de hecho cualquiera de vosotros puede ir hoy en día a visitar la unlucky Mummy).

A pesar de desmentir públicamente todo, daba ya igual. La maldición de la momia había calado profundamente en la gente, que vio reforzada su creencia con el descubrimiento en 1922 de la tumba de Tuttankamon, demostrando una vez más que los rumores tienen vida propia, y que no hace falta mucho para que nazca una leyenda.

momia peliculaEl cine consiguió reforzar de forma definitiva la imagen de momia vengativa, especialmente gracias a la película de la Universal de Karl Freund, “La momia”  (1932), que supuso el punto de partida de una inagotable serie de películas sobre el tema, que aún hoy continúa, pero sin conseguir quitarnos de la cabeza la imagen de Boris Karloff envuelto en vendajes.

Como es lógico, la novela popular española no podía ser ajena al fenómeno de las momias, y así podemos encontrar un buen número de títulos en los que adquieren gran  protagonismo, aunque no tantos como sería previsible, debido a que no hubo colecciones de quiosco del género de terror hasta 1972, cuando las momias ya habían pasado de moda para el gran público. Quiero dejar claro que en ningún momento pretendo hacer un listado exhaustivo de las novelas dedicadas a este tema, tarea que al menos yo considero inabarcable.

momia crimenes 1941Ya  en 1935 ya nos encontramos con “La cabeza de la momia” una novela de la seie popular de Molino, protagonizada por Buffalo Bill, y escrita por H. C. Granch (Enrique Cuenca Granch, al que ya dediqué una reseña en el blog), probablemente una de las primeras aproximaciones en España al mito de la momia, aunque enmarcada en el género de aventuras.

En 1943 dentro de la colección Novela Aventura, de la editorial Hymsa, vuelve a aparecer nuestro vendado amigo en “Los crímenes de la Momia”, de F. Martín Fabiani, una nueva historia de misterio pero en la que la momia tiene truco.

momia fantastica 1944Sin embargo en la revista Fantástica, de la que ya hemos hablado en este blog, se dedicó en 1944 una parte del nº 9 a “El enigma de la momia”, de H. Acosta Waytorn (Federico Mediante Noceda, al que también dediqué una reseña), que en este caso sí tiene un argumento marcadamente sobrenatural. “La belleza de una mujer extraordinaria contrastaba con la fealdad de la muerte“. ¿Cómo resistirse a esto?

Una colección esta Fantástica, que ojalá alguien se decidiera a reeditar en algún momento, pues su contenido y la selección de autores la convierten en una joya inencontrable a día de hoy.

la mascara de escayolaA principios de los 50, el ilustre Fidel Prado, clásico entre los clásicos, abandona momentáneamente el salvaje Oeste por el que suele moverse para escribir “La máscara de escayola“, una historia de muertes relacionadas con una maldición que afecta a los que se acercan a la momia de una princesa egipcia y que se publicó en en nº 4 de la colección Florida, de la editorial Valenciana. Para comprobar el argumento de esta novela, nada mejor que adentrarse en el blog de Juan Castillo (y ya que entráis, leedlo a fondo, que no tiene desperdicio) http://bolsilibrosblog.blogspot.com.es/2016/12/la-mascara-de-escayola.html.

Momia john lack el secreto de la momiaEn 1954, en la corta pero interesante colección La Trinca de Hierro, de la editorial Calleja, se publica su número 4, a cargo de John Lack (Juan Bautista Lacasa Nebot), autor al que también dediqué una reseña en su día, “El secreto de la momia“. De nuevo no puedo aportar nada sobre esta novela, pues no he tenido ocasión de leerla, pero por lo que he podido ver de esa colección, supongo que se trata de otra “falsa momia”. De hecho, de no ser por la inestimable ayuda de Jesús Cuadrado -sin lugar a dudas una de las personas que más ha hecho por dignificar la novela popular en nuestro país-, no hubiera podido caer en la existencia de este ni el anterior título comentado.

En 1960 se publica en el nº 43 de la mítica colección S.I.P Spacial International Police “El signo de la momia”, de Johnny Garland (Juan Gallardo Muñoz), en una primera aproximación al mito desde el punto de vista de la ciencia ficción, con un autor que más adelante se reecontraría con la momia dentro del género que realmente se ajusta mejor a sus características: el terror.

Sip 43 -Johnny Garland-El signo de la momiaEsta curiosa novela se ajusta a las premisas clásicas del tema: un grupo de arqueólogos acceden a la tumba de Tanak VI, un faraón enterrado en vida que fue traicionado por su primer ministro Amenhet, tan sólo para descubrir que han liberado un horror que ha esperado durante siglos para encontrar venganza.

Hasta aquí nada nuevo, si no fuera porque Tanak  resulta ser, a la vista de un pergamino encontrado en la pirámide, un extraterrestre llamado Zorn que llegó a la Tierrra hace miles de años, como avanzadilla de una futura invasión, adoptando la figura humana del faraón Tanak,  que ahora ha quedado liberado de su encierro. Las muertes comienzan a sucederse, y una vez más el director de la SIP Donald Callowan deberá hacerse cargo de la situación, esta vez con la ayuda del audaz agente Paul Martin. Una excelente novela de intriga en la que no todo resulta ser lo que parece.

Punto rojo 35-Mikky Roberts-El secreto de las tumbasEn 1962 nos encontramos con “El secreto de las tumbas”, otra magnífica novela de misterio del gran Mikky Roberts (Miguel Astraín), publicada en el nº 35 de la colección Punto Rojo de Bruguera, que como ya hemos comentado en otras ocasiones, por esos años admitía títulos que perfectamente podían ser considerados de terror, y que a falta de una colección de ese género, se publicaban como de misterio.

En este caso nos encontramos con una novela de intriga en la que se producen una serie de extraños asesinatos en el seno de un grupo de arqueólogos que se encuentran realizando una excavación en un antiguo monasterio de El Cairo, en un Egipto que Kenny Abbot, protagonista de la historia, define como “calor durante el día, frío en la noche, y siempre la arena, invadiéndolo todo como una maldición”.  En medio de la narración, asistiremos a una escalofriante escena en la que una momia vuelve a la vida. Como suele ser habitual en el autor, los personajes femeninos están bien definidos, y juegan un papel mucho más importante de lo normal.

La momia de acero Luchadores del espacioEn 1963 se produjo un hecho de gran trascendencia para la literatura popular española, pues es el momento en que con el número 234 se da por finalizada la mítica colección Luchadores del Espacio. Precisamente este número, “La momia de acero”, de Van S. Smith (el seudónimo menos conocido de Pascual Enguidanos, alias George H. White) es uno de los mejores acercamientos al mito de la momia desde la ciencia ficción pulp hispana, con robots-momias sembrando el caos en Egipto, en un argumento  cuyo resumen podéis leer en https://www.ciencia-ficcion.com/autores/ghw/novelas/le1_234.htm , y que recuerda mucho  al de la novela que viene a continuación. (Muchas gracias a Juan Castillo por recordarme esta novela)

NuevoDocumento 2018-01-02_1En 1971 Ralph Barby nos ofrece su particular versión en “Las momias”, una nueva aproximación de la ciencia ficción al tema, publicada en el nº 41 de la colección La Conquista del espacio, de Bruguera.

En ella, un grupo de científicos de la Unión de Arqueólogos Federales de la Tierra, se encuentra a punto de adentrarse en lo que puede ser el mayor hallazgo arqueológico desde el descubrimiento de la Tumba de Tuttankamon, pues acaban de dejar al descubierto una pirámide de 420 metros que lleva enterrada más de 6.000 años (para que os hagáis una idea, la pirámide más alta de Egipto es la de Guiza, con 146 metros en la actualidad, y la más antigua es la de Zoser, con 4.700 años de antigüedad).

Debido a que se ha detectado radiación procedente del interior de la pirámide, los arqueólogos entrarán acompañados de una patrulla pentasónica de la ONU al mando del capitán Kramer, un grupo de expertos en radiación, y juntos descubrirán la sorprendente verdad de la pirámide, cuando se encuentren con un grupo de sarcófagos de más de tres metros de altura, protegidos por un mortífero guardián que muy pronto sembrará el caos.

Una novela que ahonda en la teoría de la relación existente entre la civilización egipcia y los extraterrestres, que tantos defensores tuvo en los años 70.

Como siempre que leo novelas de ciencia ficción, me gusta observar cómo pensaban los autores que sería el futuro, tanto desde el punto de vista tecnológico, como sobre todo social.

En el lejano año 2000, la tierra se ha convertido en una Federación con un único ejército al mando de la ONU, después de que en 1990 se estuviera al borde de la III Guerra Mundial. En este nuevo mundo se han superado todo tipo de prejuicios por razón de raza o religión, y sin embargo, la igualdad entre hombres y mujeres es todavía una quimera. En palabras de Svetlana, la protagonista femenina de la novela: “Estaba considerad como una gran experta, pero si decía algo respecto a su corazonada, todos le sonreirían amistosamente,y volverían a recordar que era una mujer, una mujer inteligente pero mujer al fin y al cabo. El paso de las décadas no había colocado a la mujer totalmente en igualdad de condiciones con el hombre”.

No es algo exclusivo de esta novela, y resulta curioso que da la sensación de que el avance del feminismo es posiblemente lo que les resultaba más imposible de imaginar a los autores de la época.

ST 29 Curtis Garland-La noche de la momiaPor fin, en 1973, encontramos el primer acercamiento a la figura de la momia desde el punto de vista del género de terror. En el nº 29 de la colección Selección Terror de Bruguera se publica “La noche de la Momia”, de Curtis Garland; en mi opinión lo mejor que he leído sobre el tema.

En un terrorífico prólogo en se nos describe con todo detalle el entierro en vida de Hatharit, sacerdotisa de Apophi, en compañía del recientemente fallecido  Ekothep IV, más conocido como el faraón maldito. Una sacerdotisa, que en su desesperación,  y tras asesinar a los diez arquitectos con los que comparte tumba, realiza una secreta invocación que despertará una maldición que permanecerá enterrada para siempre. ¿O no?.

Tras este trepidante inicio, la historia nos traslada a Egipto, en 1890, donde el pintoresco grupo formado por el millonario Lord Edwards y su esposa Valerie, Sir Ronald Gilling, Terence Grant, una arqueóloga llamada Yvonne Mimieux, y el periodista David Keith, están a punto de entrar en la tumba de Ekothep IV, un sepulcro que extrañamente ha sido respetado por los saqueadores de tumbas, debido a la leyenda que circula sobre el mismo.

Como ya os habréis imaginado, muy pronto se desata el horror sobre El Cairo, de una forma que puede acabar con toda la humanidad si no se detiene pronto.

Nuestros protagonistas se convencerán de que todo ha acabado, sin sospechar que muy pronto el terror se trasladará al mismísimo Londres.

Otra gran novela de terror de Juan gallardo Muñoz, con su característica ambientación victoriana, y con su habitual profusión de datos, con un buen número de pies de página explicativos, y gran cantidad de referencias a la cultura egipcia, incluyendo algún pasaje del libro de los muertos.

Como curiosidades de la novela, destacaría tres cosas:

  • El personaje de Ivonne Mimieux está claramente inspirado en la actriz Ivette Mimieux, protagonista de diversas películas entre la que destacaría “El tiempo en sus manos” (1960) y “Los cuatro jinetes del Apocalipsis” (1962). La descripción física del personaje de la novela se ajusta bastante a la de la actriz.
  • En la novela aparecen los personajes secundarios de Lord Howard Byron y su hermana Hazel, en un claro homenaje a Lord Byron (que falleció en 1824) y su hermana Augusta, con la que por cierto mantuvo relaciones incestuosas.
  • Como es habitual en el escritor, se hacen varias referencias a nuestro querido Jack el Destripador.

Incluso los crímenes de Jack el Destripador, allá en el lejano, brumoso y siniestro Whitechapel londinense, palidecerían ante el impacto de aquella noticia

Nuestra capital no sólo ha dado un Destripador últimamente, sino un Carnicero, un Sanguinario, un Degollador, y no sé cuantos encantadores caballeros asesinos más, en los últimos años…

Frank King la maldicion de las momiasUna gran historia de Curtis Garland, el mejor homenaje posible que podía dar la literatura popular a la Momia.

En 1977 Frank King (Francisco josé Iñigo Martín) nos da su versión del mito, en La maldición de las momias, en el nº 74 de la colección Terror Easa. Por desgracia no dispongo de ese título, así que no puedo dar mayor información al respecto.

ST 298-Adam Surray-La momia vivienteEn último lugar encontramos en el nº 298 de Selección Terror de Bruguera “La momia viviente”, de Adam Surray, que nos ofrece con su particular estilo gore una visión del fenómeno de la momia, personaje que por cierto volvería a aparecer de forma tangencial en otra de sus novelas, “El anticuario”, nº 415 de la misma colección.

Las momias suelen asociarse de forma inconsciente al antiguo Egipto, pero la realidad es que en muchas civilizaciones se han empleado las técnicas de embalsamamiento con el fin de honrar la figura de los muertos, y España no es una excepción. Al margen de las momias guanches de las Islas Canarias, sin duda el máximo exponente de este fenómeno antropológico en nuestro país, se pueden encontrar más ejemplos, pero como esta reseña trata de maldiciones y reseñas, voy a centrarme en un inquietante caso: la hija del Doctor Velasco, una de las más siniestras leyendas urbanas de la ciudad de Madrid. Dada la naturaleza de las leyendas, es complicado separar la realidad de la fantasía, pues en general se suelen dar por sentadas ciertas cosas que no son ciertas, así que he intentado atenerme a los hechos.

velascodoctor2El Doctor Pedro González de Velasco (23 Octubre de 1815 – 21 de Octubre de 1882) fue un reputado cirujano que hoy da nombre a la calle del Dr. Velasco de Madrid. Este eminente doctor, que ocupaba plaza en el Hospital Clínico San carlos (el actual Museo Reina Sofía, también con una siniestra historia), empleó todos sus ahorros en la construcción de una mansión que, además de servirle como residencia, emplearía como museo personal para la importante colección etnológica que poseía de sus numerosos viajes al extranjero, en los que había ido adquiriendo conchas marinas, minerales, plantas y esqueletos. Se podía considerar como el típico gabinete de historia.

No es muy conocido que el Doctor Velasco ya había empleado sus dos domicilios particulares anteriores (en la Calle Atocha 135 hasta 1864, y en la Calle Atocha 90 de 1864 a 1874)  como Museos anatómicos, exhibiendo todos sus tesoros científicos, dirigidos especialmente a estudiantes de medicina, a los que cobraba una cuota para el estudio de los mismos. En 1860, cuando vivía en Atocha 135, ya se hablaba de que tenía en su despacho una momia vestida de blanco (su hija vivía todavía, así que no era ella), una cabeza de jíbaro, y gran cantidad de restos óseos relacionados con todo tipo de enfermedades.

momia hija doctor velasco cronica 1935El caso es que la nueva residencia era un edificio de estilo neoclásico, cuya construcción se inició en 1873 y finalizó en 1875 bajo la dirección como arquitecto del Marqués de Cubas, y que alberga en la actualidad el Museo Nacional de Antropología, justo enfrente de la estación de trenes de Atocha, desde que la viuda del Doctor vendió el edificio y su contenido al estado en 1889, 7 años después de la muerte de su marido (inicialmente el edificio se utilizó como una sede del Museo de Ciencias Naturales).

El Doctor Velasco comenzó a vivir en esa casa en 1874, en compañía de su mujer, Engracia Pérez Cobo, trasladando su gabinete de curiosidades que por entonces exhibía en su domicilio en la calle Atocha 90 a este edificio de grandes proporciones, planificado con la idea de servir de Museo.

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Museo Nacional de Antropología, antigua vivienda del Dr. Velasco

Nueve años antes, Concha, la única hija de la pareja (por cierto nacida sin que los padres estuvieran casados, pues contrajeron matrimonio poco antes de su fallecimiento gracias a una dispensa papal), había contraido el tifus, cuando la niña tenía tan sólo 15 años, y no mejoraba con el tratamiento que le había recetado el Dr. Benavente, amigo personal de Velasco (y padre por cierto del escritor Jacinto Benavente). Desesperado por la situación, cada día más crítica, su padre le administró por cuenta propia un purgante que, según creyó, pondría fin a su enfermedad, pero que tuvo el efecto contrario, pues la pequeña tuvo una hemorragia interna que acabó con su vida el 12 de Mayo de 1864, cuando aún vivían en la calle Atocha 90 (hoy nº 92).

Antes de enterrarla, el Dr. Velasco empleó todos sus conocimientos técnicos en la materia para embalsamar a la niña.

La realidad es que Velasco nunca llegó a superar la muerte de su hija, e inundó todos los rincones de la casa con fotografías y recuerdos de ella. Cuentan que llevó a su cuarto todas las muñecas de Concha, y que hasta su carruaje, contaba con una imagen de su hija. Su obsesión llegaba al punto que una vez terminada la nueva mansión, en 1875, hizo construir en su interior una capilla en su honor.

Incapaz de superar su ausencia, el doctor recurrió a todos sus contactos, y valiéndose de su condición como médico consiguió un permiso para exhumar el cadáver de su hija (11 años después de haberla enterrado), transportándolo a su casa desde el Cementerio de San Isidro, con el absoluto rechazo de su mujer, a la que ignoró por completo. Su intención era que los restos de toda la familia descansaran juntos en el Salón principal del Museo cuando les llegara la hora.

Según el relato del Dr. Pulido, discípulo de Velasco y uno de los profesionales más reputados de la época, cuando se abrió el ataúd, se encontraron con un cuerpo perfectamente conservado que le daba un aspecto macabro y sobrenatural. El Dr. Velasco no pudo resistirlo y se abalanzó sobre el cuerpo, abrazándolo con sumo cuidado, dando muestras por vez primera de felicidad desde que falleció su hu hija.

Velasco decidió en ese momento que no volvería a separarse de su hija, y que ésta le acompañaría el resto de su vida, aunque fuera en ese estado: como una momia. Así, el cuerpo de Concha estuvo expuesto en una de las salas de la parte privada de la mansión (por tanto nunca se expuso al público, como cuenta la leyenda), y una vez completado el proceso de momificación de forma efectiva, su padre ordenó que la vistieran, maquillaran, peinaran y adornaran con las más exclusivas joyas, intentando darle el mismo aspecto que tuviera en vida.

La historia de la momia de Concha se extendió por toda Madrid como la pólvora. Se empezó a publicar en diversos medios que el Dr. Velasco hablaba constantemente con ella, que la sentaba a la mesa y hasta la llevaba a pasear al parque del Retiro. Incluso se dijo que fue visto con el antiguo novio de la niña, el también doctor Teodoro Muñoz Sedeño (ayudante del Dr. Velasco), subiendo por la noche a un carruaje con el cuerpo de una mujer vestida de novia, para llevarla al teatro.

Tras la publicación de todos estos bulos, probablemente eralizados de forma malintencionada por motivos políticos, la presión familiar sobre el Dr. Velasco hizo que, finalmente, y pasados los años, se le diera por fin sepultura a Concha, inicialmente bajo el suelo de la misma mansión, para ser finalmente trasladado al Cementerio de San Isidro tras la muerte del Doctor, a instancias de su esposa.

El Doctor Velasco falleció el 21 de octubre de 1882, siendo su cadáver embalsamado y expuesto durante dos días en el salón central del Museo, donde recibió miles de visitas, y donde posteriormente fue enterrado, junto a los restos de su hija, que como ya hemos dicho antes, muy pronto sería trasladada  al cementerio de San Isidro (donde acabaría también su padre).

momia hija velascoLa cosa hubiera acabado ahí, si no fuera porque en una sala de la Facultad de Medicina de la Universidad Complutense de Madrid se encontró el cuerpo momificado de una niña con una etiqueta que decía “543, momia de la hija del Dr. Velasco” (Esa momia, por cierto, aún se conserva en la Facultad de Medicina).

Esto hizo que se difundiera la idea de que el prometido de Concha, el Doctor Muñoz Sedeño, había cambiado el cuerpo enterrado en el cementerio de San Isidro, llevándoselo a la Facultad de Medicina, donde era catedrático suplente. Según esta versión, el desolado enamorado bajaba cada tarde a los sótanos de la facultada para hablar con su novia, de donde subía en un estado de clara embriaguez.

Todos estos hechos, añadiendo que muchos autores recurrieron a este tema   –incluyendo a Ramón J. Sender, que le dedicó un relato-, hicieron que la leyenda se consolidara hasta nuestros días.

En los años 60, al trasladar los restos del Doctor Velasco al nicho familiar en el Cementerio de san Isidro,  se pudo comprobar que el cuerpo momificado de la desventurada Conchita reposaba efectivamente allí mismo, por lo que definitivamente se verificó que la momia que había aparecido en la Facultad de Medicina tenía que ser de otra persona. Tras una investigación llevada a cabo en 1999 por el Dr. Enrique Dorado, se llegó a la conclusión de que el cuerpo encontrado era de Carmen Taín y Perdiguero, una niña muerta por una tisis pulmonar y cuyo cuerpo fue entregado al Dr. Velasco en 1873 por el padre de la niña, también doctor, para su investigación, y de ahí la confusión con la etiqueta, redactada al parecer por alumnos de medicina que realmente pensaron que se trataba del cuerpo de Concha. Esta niña, Carmen, al parecer, fue enterrada en un nicho defectusoso, y se momificó por las características químicas de un arroyo que pasaba junto al cuerpo.

En un apartado de prensa en marzo de 1873 figura lo siguiente: “Se ha autorizado a D. Manuel Taín para trasladar al museo anatómico patológico del doctor González de Velasco el cadáver momificado de la hija de aquél, que falleció hace seis años a los 13 de edad”.

En cualquier caso, pasados los años, diversos expertos apuntan a que la mayoría de historias que rodean a la hija del doctor Velasco es fruto de la superstición, lo que no quita que los hechos reales ya sean de por sí suficientemente inquietantes.

Recomiendo desde aquí a toda persona interesada en conocer a fondo esta fascinante historia la lectura de “La niña”, de Luis Ángel Sánchez Gómez, un extraordinario trabajo de investigación sobre el tema.

¿Os imagináis lo que hubiera podido salir si Curtis Garland hubiera manejado este material? Tal vez el resultado fuera demasiado horrible, demasiado cercano.

 

 

 

¿Más momias en la novela popular?. Habrá que seguir investigando

LA COLECCIÓN BAZOOKA DE EDICIONES CLIPER

Bazooka stalingradoEs indiscutible que la temática bélica en su conjunto debe ser considerada como un género minoritario dentro de la novela popular española, aunque también es cierto que consiguió una gran popularidad durante un periodo de tiempo muy limitado, logrando que prácticamente todas las editoriales le dedicaran  alguna colección, eso sí, centradas de forma casi exclusiva en la II Guerra Mundial (y de forma tangencial en la de Corea, iniciada en 1950), hecho éste al que no es difícil encontrar explicación.

Resulta obvio decir que la guerra Civil española fue un tema tabú en la literatura popular española. No es solo que no pudiera ambientarse una historia en este conflicto, sino que cualquier mención al mismo, por inocente que pudiera parecer, sería inmediatamente eliminada por la censura.

Bazooka alameinSin embargo uno se pregunta por la ausencia de otros conflictos bélicos en la literatura de quiosco anteriores a la 2ª guerra mundial. ¿Por qué apenas hay libros ambientados en la I Guerra Mundial (hay alguna excepción, como “Dos guerras (1914-1939)”, de Luis Aroca, nº 50 de Relatos de Guerra de Toray), en las guerras napoleónicas, o en cualquier guerra de la antigüedad?. Desde mi punto de vista esto se debe fundamentalmente a dos motivos:

  • Hoy en día cualquier persona puede conocer el minuto a minuto de los principales conflictos bélicos, con grabaciones en alta definición de las batallas, gracias a los medios de comunicación y a internet, pero hace 60 años la información era escasa, sin imágenes de televisión, y con un bajo porcentaje de personas que leyeran prensa, en la que además apenas existían imágenes, a excepción de unas pocas fotografías. La proximidad temporal con la II Guerra Mundial y la guerra de Corea  despertó un gran interés en los lectores por todo lo bélico, deseosos de conocer cómo se habían desarrollado estos conflictos, especialmente la II Guerra Mundial, de mucha mayor repercusión mediática. Según fueron pasando los años, el alejamiento de estas guerras provocó que ese interés de los lectores fuera disminuyendo, haciendo a su vez que el género bélico perdiera importancia hasta convertirse en algo minoritario.
  • La segunda razón es que la novela popular española, aparte de un entretenimiento, jugó un papel muy significativo en las políticas de lavado de imagen desplegadas por el Régimen de Franco de cara a la comunidad internacional. No olvidemos que, aunque fue un país oficialmente neutral, España dio muestras muy significativas a lo largo de los años de su simpatía por la Alemania nazi, que incluyeron desde servicios de información hasta el envío de “voluntarios” para pelear en el frente ruso contra los soviéticos por mediación de la célebre División Azul.

Bazooka Scapa FlowEsto provocó que la situación de nuestro país de cara al exterior tras la finalización de la guerra, con el Eje derrotado, fuera un tanto delicada. Aprovechando el nacimiento de la Guerra Fría, provocada por el enfrentamiento de las dos grandes potencias mundiales nacidas tras el final de la II Guerra Mundial, España se dio cuenta de que debía posicionarse claramente dentro del bloque occidental, tratando de lograr de este modo un acercamiento amistoso con las grandes potencias occidentales,  especialmente con los Estados Unidos.

Se empleó de este modo la literatura bélica de quiosco para dar una imagen heróica de los aliados durante la II Guerra Mundial, y una visión siniestra del comunismo. Curiosamente los personajes del bando nazi no salían mal parados en los argumentos, cosa que tampoco debe sorprendernos si tenemos en cuenta que para las grandes potencias occidentales el enemigo exclusivo pasó a ser el comunismo. China y la URSS se convirtieron en la maldad personificada.

Bazooka BirmaniaCon este escenario, las principales editoriales de novela popular captaron el mensaje y se pusieron manos a la obra, lanzando un auténtico bombardeo de colecciones dedicadas al género.

Inicialmente mi idea era dar unas pinceladas de las principales colecciones de género bélico de la literatura popular, pero el descubrimiento de la página web de Jesús Maroto de las Heras me ha convencido de que lo mejor es centrarme en la colección Bazooka, objeto de esta reseña, y redirigir allí a toda persona que quiera obtener un mayor conocimiento sobre el tema. Es un monumental trabajo que merece una visita, de verdad. Desde aquí mi agradecimiento a su labor.

http://jesusmaroto.es/novelapopular.aspx

Bazooka JartoffSin querer menospreciar en absoluto el resto de colecciones del género bélico, Bazooka es sin lugar a dudas una de mis colecciones favoritas dentro de la novela popular, gracias a su calidad tanto en el aspecto formal – un diseño de colección y portadas maravillosas- como de contenido,  con historias muy bien documentadas, que incluyen explicaciones de tácticas estratégicas, mapas de escenarios de batallas,  prólogos introductorios situándonos en los escenarios que se nos van a presentar, y gran número de aclaraciones técnicas a pie de página.

Los personajes en esta colección son meras excusas que permiten al autor hablar de las batallas, que se constituyen en las verdaderas protagonistas de las novelas, lo que no evita que en casi todas las historias aparezca –de forma muy marginal, eso sí- un personaje femenino que aporta el inevitable toque romántico a la historia.

Bazooka mar ensangrentadoCreo que la introducción que presenta el nº 1 de la colección es muy representativa de las principales características que distinguen a Bazooka del resto de colecciónes de género bélico:

            “Comenzamos una nueva serie, que ofrecemos al público con la esperanza de que la acepte tan benévolamente como hizo con las anteriores. EDICIONES CLIPER, con su afán de renovarse, ha buscado una nueva forma de atender a sus numerosos lectores, ofreciéndoles un relato de las más importantes batallas de la Segunda Guerra Mundial.

            No serán estas narraciones un frío bosquejo histórico de los acntecimientos bélicos, ni tampoco una hilación fantástica, producto de la mente de un novelista. Ambas cosas se unirán, para que el lector pueda conocer los acontecimientos al mismo tiempo que el ambiente que en torno a las batallas se había formado. En estas narraciones históricas, que se presentarán en forma novelada, los acontecimientos desembocarán en las grandes batallas que llenaron los titulares de los periódicos durante muchos años. Personajes históricos, que aún viven en la mayoría, aparecerán en sus páginas en los momentos en que contribuyeron a escribir la historia.

            Estas novelas han sido escritas objetivamente, sin partidismos de ninguna clase, ateniéndose tan sólo al hecho militar y al ambiente que lo rodea. Son, por lo tanto, narraciones estrictamente neutrales, buscando tan solo la importancia de la batalla y el interés histórico y militar que ella representa. Nuestro esfuerzo y nuestro entusiasmo han hecho todo lo posible para satisfacer al lecto. Confiamos en haber acertado.”

Bazooka Nueva guineaLa realidad es que es cierto que las novelas tratan de mantener un tono neutral respecto de los distintos bandos del conflicto, hasta el punto de que, según la batalla que corresponda, hay protagonistas tanto del bando alemán como del aliado. La única limitación en este sentido es que nunca se cede el protagonismo a soviéticos ni asiáticos, pero tampoco aparecen como monstruos sin corazón, a diferencia de otros géneros de la novela popular, en los que se les convierte en burdos estereotipos de la maldad pura.

 

Bazooka mision polarPor ejemplo, en “Misión Polar”, de H. Onson, los protagonistas son un equipo  de reconocimiento alemán que por un accidente caen en las regiones árticas, donde se verán sometidos a una persecución por parte de los aliados que quieren saber los motivos por los que los alemanes se interesan por esta remota región. En la novela el grupo de alemanes son los héroes, que tratan de escapar de la persecución de los ingleses, pero los aliados son tratados también desde un punto de vista heróico. Es una novela bélica sin buenos ni malos, que además representa un caso extraño dentro de la colección, al no centrar la acción en una batalla determinada, aunque sí que dentro de un contexto histórico muy interesante, pues los nazis dieron una gran importancia a los polos, enviando gran número de expediciones que han dado lugar a todo tipo de estrafalarias teorías; desde que se empleó una base Antártida llamada base 211 para la construcción de ovnis (no bromeo, hay varios libros defendiendo esta teoría), hasta que allí fueron trasladados dirigentes nazis tras la guerra, incluyendo al mismísimo Hitler, que seguiría vivo, supongo que con Elvis Presley.

bazooka radio nocturnoAunque en la novela el motivo por el que el avión estrellado estaba explorando el ártico era para cartografiar el terreno con vistas a la construcción de un aeródromo desde el que poder bombardear Noruega, la realidad es que los nazis enviaban frecuentemente aviones de reconocimiento al ártico porque era el mejor sitio desde el que poder realizar previsiones metereológicas, algo clave para la planificación de las campañas bélicas. De hecho, los nazis mantuvieron en secreto para la exploración metereológica al menos una base permanente en el ártico (descubierta en 2016), y otra en la Antártida. Dentro de las innumerables operaciones de gran importancia táctica que se produjeron en la II Guerra Mundial orientadas a ganar la guerra del clima, yo destacaría la “Operación Haudegen”, para la que Alemania seleccionó a 70 hombres que fueron adiestrados en las peores condiciones posibles en los Alpes, enseñándoles todo lo que se consideró necesario para la supervivencia, desde desplazarse por la nieve, construir iglús, curar una herida de bala, hasta amputar un miembro congelado. El objetivo final de esta operación era instalar una base metereológica permanente en  la deshabitada isla Spitzbergen, con órdenes de no comunicarse con sus familiares hasta su regreso. La base, que se montó en 1944, estuvo enviando vital información a Alemania hasta el final de la guerra, momento en el que por radio los alemanes de la base contactaron con los aliados para rendir la base. La sorpresa es que pasaban los meses y nadie contactó con ellos, hasta que finalmente el 3 de Septiembre de 1945 un barco pesquero noruego les recogió. Habían pasado casi 5 meses desde la rendición de Alemania, el 8 de mayo de 1945. Recomiendo desde aquí leer el libro de Jesús Hernández “Pequeñas grandes historias de la Segunda Guerra Mundial”, que entre otras muchas, recoge de forma completamente amena una extraordinaria investigación sobre este peculiar hecho histórico.

Bazooka Graf SpeeEl mismo caso –entre otros muchos- que en “Misión Polar” se reproduce en “La odisea del Graf-Spee”, de S. Darnell, protagonizada por los tripulantes del célebre “acorazado de bolsillo”. Los héroes vuelven a ser los alemanes, pero el papel de sus perseguidores no es menos épico, en un libro documentado de forma excepcional, más de lo que os podáis imaginar. Estaría bien que lo leyeran todas esas personas que desprecian este tipo de literatura –probablemente sin haber leído nunca nada-, a ver qué opinan luego.

En “Ofensiva en el Donetz”, el protagonismo recae de nuevo en el bando alemán, pero a diferencia de los casos anteriores, los enemigos, soviéticos en este caso, no dan muestra de los rasgos heróicos que sí acompañaban al rival en otros títulos cuando se trataba de contrincantes occidentales.

Bazooka comandos africaLa editorial Cliper inició la publicación de Bazooka en 1952, y constó de tan sólo 92 números, con unas magníficas portadas a cargo de Jesús Blasco y Chaco Pino, y escritos por H.Onson (56 títulos), S. Darnell (34), A. Lazapa (1) y Frey Phence (1).

De H. Onson (Jacinto León Ignacio Ruiz de Cárdenas) ya escribí una reseña en el blog; un magnífico escritor todoterreno que se encargó del grueso de la colección, y que demuestra en cada título sus grandes conocimentos de la II Guerra Mundial.

S. Darnell es el seudónimo de Sinesio Darnell Huerta, autor al que quiero dedicar en un futuro próximo una reseña exclusiva, y que sin mostrar tanto alarde de notas a pie de página o explicaciones técnicas como H. Onson, muestra también un gran dominio de la materia.

A. Lazapa, según la mencionada página de Jesús Maroto y el siempre presente libro de seudónimos de Ramón Charlo, corresponde a Alberto Lázaro Méndez; y  Frey Phence, según datos facilitados por el gran Jesús Cuadrado, es otro seudónimo de Ruíz de Cárdenas.

El listado de títulos que componen la colección es el siguiente:

TÍTULO AUTOR
1 Tempestades de acero en Iwo-Jima H. Onson
2 Midway hora H H. Onson
3 Diablos verdes en Monte Cassino H. Onson
4 Comandos en, Birmania H. Onson
5 Las arenas enrojecidas de Guadalcanal H. Onson
6 Cuñas de acero hacia Crimea H. Onson
7 Operación Sicilia H. Onson
8 La última hora de Stalingrado H. Onson
9 Tiburones del aire H. Onson
10 Operación Jubilee H. Onson
11 «Marines» en las Aleutianas H. Onson
12 “Africa Korps” H. Onson
13 Encuentro en el Alamein H. Onson
14 Héroes en la nieve H. Onson
15 Atolón M (Makin) H. Onson
16 …Y se ha ocupado Sebastopol H. Onson
17 Desembarco en Normandía H. Onson
18 La conquista de Guam H. Onson
19 Infierno en Filipinas H. Onson
20 Artillería de asalto (Riev) H. Onson
21 Paracaidistas sobre Creta H. Onson
22 El asalto sobre Tarawa H. Onson
23 Operación Dragón (Las Ardenas) H. Onson
24 Legionarios en Indochina H. Onson
25 La noche de Matapán H. Onson
26 Patrulla de asalto H. Onson
27 ¡Dunquerque! H. Onson
28 La batalla del Canal H. Onson
29 Con destino a Narvik H. Onson
30 ¡Narvik! H. Onson
31 Frente silencioso H. Onson
32 Torpedos humanos H. Onson
33 ¡Adelante hacia el Cáucaso! H. Onson
34 Los Chindits (Birmania) H. Onson
35 Anzio, cabeza de puente H. Onson
36 Cazadores de tanques H. Onson
37 La fortaleza de Singapore H. Onson
38 Los esquiadores de Suomussálmi H. Onson
39 Sangre en Nueva Guinea H. Onson
40 Lanchas rápidas H. Onson
41 Salerno, fin de jornada H. Onson
42 Mar ensangrentado H. Onson
43 Golpe de mano en Vaagso H. Onson
44 Ofensiva en Donetz H. Onson
45 La ruta de Cheburgo H.Onson
46 Desembarco en Okinawa H.Onson
47 El asalto a Europa H.Onson
48 Tolon, principio y fin. H.Onson
49 Misión polar H.Onson
50 La odisea del Graff-Spee S.Darnell
51 Raid nocturno S.Darnell
52 Comandos en Africa. S.Darnell
53 Jinetes de acero S.Darnell
54 Crepúsculo en Rotterdam S.Darnell
55 Duelo en Indochina S.Darnell
56 La leyenda de Kezir Danel S.Darnell
57 La marcha sobre Marsella S.Darnell
58 Fuego sobre Koritza S.Darnell
59 Cazadores en el Cáucaso S.Darnell
60 Frente roto (línea Stalin) S.Darnell
61 Incógnita en Sidi el Barrani S.Darnell
62 Gesta de titanes S.Darnell
63 Mar del norte S.Darnell
64 Rumbo a Scapa Flow S.Darnell
65 Hubo en Caen un cobarde S. Darnell
66 Fuego en los Alpes S.Darnell
67 Sangre y fuego en el Roer S.Darnell
68 Tercer batallón argelino S.Darnell
69 El sol se pone en Sumatra S.Darnell
70 Bayonetas ante Perekop S.Darnell
71 Selva ensangrentada S.Darnell
72 Jarkof, eje de batalla H.Onson.
73 Dos destinos en Kwangelen S.Darnell
74 Intriga en Shangai H.Onson
75 La ruta de Mandalay S.Darnell
76 Objetivo, cuartel general S.Darnell
77 Trío de ases S.Darnell
78 Destinos trágicos (isla de Namur) S.Darnell
79 Fu-Cheu, eje de la batalla S.Darnell
80 Ataque aéreo. S.Darnell
81 Patrulla de reconocimiento S.Darnell
82 Operación Plunder.Cruce del Rhin S.Darnell
83 Los merodeadores de Morgan S.Darnell
84 Varsovia en llamas H.Onson
85 Los aventureros del aire H.Onson
86 Tanques sobre Francia H.Onson
87 Pantelaria, isla clave S.Darnell
88 Deshonor A.Lazapa
89 Los conquistadores del Belvedere H.Onson
90 Burlando el telón de acero Frey Phence
91 A Kweil-Lin, llega una mujer S.Darnell
92 La fortaleza de Keren H.Onson

Bazooka donetzUno de los aspectos más característicos y ambiciosos de la colección Bazooka es su clara vocación pedagógica. A diferencia del resto de colecciones bélicas, más centradas en la acción y en un aspecto meramente lúdico, Bazooka busca la difusión popular de los hechos históricos, ayudándose para ello de pies de páginas explicativos que complementan muy bien la narración de la historia. Probablemente por esto, Bazooka solo duró 92 números, dado que el perfil medio del lector de quiosco era el de alguien que tan solo buscaba una evasión sin grandes complicaciones, y es probable que se acabara sintiendo abrumado por la profusión de detalles y datos históricos que acompañaban a cada número de la colección, a pesar de que en los números más tardíos de la misma da la sensación de que se buscó de forma voluntaria una mayor ligereza en las historias.

La realidad es que actualmente es en mi opinión una de las grandes joyas de la literatura popular, y su rigor histórico, que en los años 50 lastró el éxito de la colección, es hoy sin lugar a dudas su mayor virtud, a la que debe añadirse que algunos de los títulos de la serie se dedicaron a batallas de la II Guerra Mundial sobre las que habitualmente se ha pasado de puntillas tanto en el cine como en la literatura, permitiéndonos de este modo conocer episodios cruciales de la guerra muy poco conocidos.

Como suele ser habitual en esta página al hablar de un autor o colección determinada, considero que lo mejor es añadir la reseña de algunos de sus títulos, para que el lector se forme una idea de los mismos.

Bazooka Iwo JimaTítulo: Tempestad de acero en Iwo Jima

Autor: H. Onson

Colección Bazooka  Nº 1. Editorial Cliper

Portada: Jesús Blasco

1ª edición: 1952.

Con una de las excepcionales portadas del célebre historietista Jesús Blasco (3 de Noviembre de 1919 – 1 de Octubre de1995) se inició la colección Bazooka, escogiendo como eje central para este título la crucial batalla de Iwo Jima.

El autor de cómics como “Cuto”, o el mítico “Zarpa de Acero”, supo captar a la perfección en sus portadas todo el dramatismo y heroísmo de la guerra, convirtiendo sus ilustraciones en uno de los principales motivos por los que esta colección se ha convertido en un codiciado objeto de coleccionismo.

bazooka desembarco iwo jimaPara aquellas personas poco conocedoras de la historia de la II Guerra Mundial, la batalla de Iwo Jima, también conocida como Operación Detachment, fue uno de los combates más sangrientos de toda la guerra, librado de febrero a marzo de 1945 en la isla de Iwo Jima (Isla del Azufre en japonés) entre la infantería de marina de los Estados Unidos y el ejército del Imperio del Japón, como último paso para la conquista de las islas Marianas. Esta victoria de los americanos, inmortalizada con la famosa foto de Joe Rosenthal de unos soldados sujetando la bandera, supuso un importante paso hacia el final de la Guerra del Pacífico.

bazooka bandera iwo jimaGracias a esta batalla, los estadounidenses lograron conquistar esta estratégica isla, controlando sus importantes bases aéreas, que les permitieron establecer un centro de operaciones desde la que bombardear Japón.

Sin embargo, durante esta feroz batalla se encontraron con una resistencia numantina por parte de los japoneses, que acabó con la muerte de la mayoría de sus combatientes.

Bazooka Tadamichi_KuribayashiEl alto mando japonés había encomendado la defensa de Iwo Jima al general Tadamichi Kuribayashi, un militar de una familia aristocrática con larga tradición samurái, con un objetivo muy claro: planificar la forma de que la isla tuviera un alto costo en vidas para el enemigo durante su conquista. Hay que tener en cuenta que en ese momento Japón era ya consciente de que la guerra estaba perdida, tras el desastre de su flota en la batalla del golfo de Leyte, así que centró sus esfuerzos en obligar a los Estados Unidos a negociar una paz honrosa que salvaguardara la figura del Emperador, y para ello decidió hacerle ver el alto coste en vidas que tendría la conquista del archipiélago de Japón. Cada isla tenía que suponer una auténtica matanza, lo que obligaría a EEUU a replantearse su estrategia de conquistar Japón solicitando la paz..

Bajo las órdenes de Kuribayashi, que por cierto era contrario a entrar en guerra con Estados Unidos, se procedió a la evacuación de los 1.000 civiles que habitaban Iwo Jima dedicados al refinado de azufre, y se reforzó la guarnición con 21.000 soldados equipados con fusiles, granadas de mano, ametralladoras, artillería de medio y corto alcance -especialmente morteros- y con unos pocos tanques ligeros. El suministro de municiones, proyectiles, víveres y agua resultó claramente insuficiente, fruto del bloqueo de la isla provocado por los submarinos americanos, que hundían cualquier navío que se acercara a la misma. En una isla que por su naturaleza volcánica no disponía de fuentes de alimentación (apenas hay vegetación), ni de ríos ni lagos, provocó que mucho antes de que terminase la batalla, la comida y el agua se hubieran acabado, así como la munición de cañón, de mortero y de ametralladora, lo que obligó a los heróicos japoneses a resistir los últimos días con sus fusiles, pistolas y, como mucho, algunas granadas de mano, y a sobrevivir comiendo insectos y lombrices, e incluso a recurrir en algún caso documentado al canibalismo.

La estrategia de Kuribayashi se basó en una técnica conocida como “caja de píldoras” que consistía en la construcción de túneles subterráneos conectados entre sí a lo largo de toda la isla, que les permitía disparar y cambiar de posición rápidamente. Además, y probablemente lo más importante, hizo ver a sus subordinados que ninguno de ellos –incluído él- volvería con vida a casa, convenciéndoles de la necesidad de matar al mayor número de enemigos para honrar al Emperador. En la práctica supuso cambiar la habitual táctica japonesa de cargas Banzai por una auténtica guerra de guerrillas que inflinjiera el mayor daño posible.

En la noche del 25 de marzo de 1945, cuando se entendió que ya no podía hacerse más daño, un grupo de unos 280 soldados japoneses sobrevivientes, comandados por el propioTadamichi Kuribayashi, se lanzaron en una carga suicida final contra las posiciones de los estadounidenses en torno al segundo de los campos de aviación al norte de la isla, enfrentándose en cuerpo a cuerpo con marines del 5.º batallón, ingenieros y pilotos de aviación hasta el amanecer. Esta última acción supuso la muerte de todos los japoneses y causó 100 muertos y 200 heridos entre los estadounidenses.

Según el historiador Samuel E. Morison,​ las fuerzas estadounidenses sufrieron 24.480 bajas de las cuales 4.197 fueron muertos directos en los enfrentamientos, 19.189 heridos y 418 desaparecidos. Posteriormente, otros 1.401 heridos fallecieron como consecuencia de las heridas recibidas.

Por la parte japonesa, resultaron muertos 20.703 soldados, prácticamente la totalidad de las tropas, entre los cuales se cuenta al comandante Kuribayashi, a pesar de que su cuerpo nunca fue encontrado, siendo hechos prisioneros un reducido número de soldados, que inicialmente fueron 206, y que acabaron siendo poco más de 1.000, debido a que con el paso de los días iban apareciendo japoneses que  habían permanecido ocultos en el entramado de cuevas de la isla, sobreviviendo de cualquier modo, incluso recurriendo al canibalismo, hasta el punto que los dos últimos soldados japoneses de Iwo Jima que se entregaron lo hicieron el 6 de enero de 1949, cuatro años después del final de la guerra. Matsudo Linsoki, y Yamakage Kufuku aguantaron todo ese tiempo escondidos en una cueva, sobreviviendo de lo que robaban por la noche de la base americana, ignorantes de que la guerra había acabado. (El último soldado japonés que se entregó, por cierto, fue en diciembre de 1974, oculto en la isla Indonesia de Morotai).

Japón contó para la defensa de la isla con un total de 21.060 hombres, de los cuales unos 14.500 eran soldados y el resto marineros armados, acompañados por 800 cañones y 40 tanques ligeros, mientras que Estados Unidos mandó un contingente de más de 70.000 marines, perfectamente equipados y con el constante apoyo de bombardeos aéreos y navales, pese a lo cual Iwo Jima se convirtió en una auténtica pesadilla para ellos.

Desgraciadamente, Iwo Jima, cuya defensa se planificó para forzar a los americanos a negociar la paz, resultó finalmente uno de los principales argumentos de Truman para lanzar las bombas atómicas sobre Hiroshima y Nagasaki el 6 y 9 de agosto de 1945. El alto coste en vidas americanas que supuso esta batalla, de gran impacto mediático en EEUU cuando se fue conociendo el número de víctimas, convenció a Truman de que la única forma de evitar el lento chorreo de vidas de soldados que hubiera acarreado la conquista de Japón isla a isla, con un pueblo nipón dispuesto a resistir hasta la muerte para salvaguardar el honor de su emperador, era una demostración de fuerza como no se había visto nunca.

Recomiendo desde aquí ver “Banderas de nuestros padres” y “Cartas desde Iwo Jima”, dos incomprendidas películas de Clint Eastwood que muestran la visión americana y japonesa respectivamente de la popular batalla del Pacífico, desde un original punto de vista. Cartas desde Iwo Jima en particular es una rareza dentro del cine bélico americano, pues muestra a los japoneses como personas con dudas y sentimientos, algo muy poco habitual.

En el otro bando encontramos “Banderas de nuestros padres”, que se acerca al conflicto a través de la historia de la famosa foto de Joe Rosenthal antes mencionada.

Y ya de lleno en la novela, la narración no es más que un pretexto que nos encamina hacia el desarrollo de la sangrienta batalla.

Randy Sterling es un teniente de los marines americanos, cuya valentía le ha convertido en todo un símbolo del Cuerpo. Acepta cualquier misión por peligrosa que sea, sin importarle el riesgo, comportándose a veces de forma imprudente, hasta el punto que sus propios hombres le consideran un inconsciente que acabará arratrándoles a la muerte.

Un hombre que opina que “En la guerra hay dos clases de soldados: los que se mueren de miedo y los que se mueren de aburrimiento. Estos últimos regresan muchas veces al país; los otros se quedan para siempre en la trinchera”.

Tras volver a mostrar su sangre fría en la campaña de las Palaos (un grupo de islas que fueron conquistándose una a una como actuación previa a la batalla de Okinawa e Iwo Jima), convertido en una auténtica celebridad, Randy es trasladado a la isla de Guam, a la espera de un nuevo destino.

Allí, mientras Randy se debate entre el amor de la bella y dulce Mary Anne, y la egoísta pero no menos bella Judy, el almirante Nimitz y el resto del alto mando en el Pacífico planean el ataque definitivo sobre una isla llamada Iwo Jima, considerada de alto valor estratégico para el asalto definitivo sobre Japón.

Como parte de una de las muchas operaciones de diversión organizadas por el alto mando para alejar la atención del verdadero objetivo, su batallón es enviado a la isla de Babelthuap, donde son objeto de una emboscada de la que apenas salen vivos, nuevamente gracias a otra audaz intervención de Randy. Fruto de esta emboscada Randy resulta gravemente herido, y lo peor de todo, conoce por primera vez en su vida lo que es el miedo, lo que le sume en una grave crisis de identidad mientras se recupera de sus heridas una vez de vuelta en Guam.

Muy pronto Randy, considerado un héroe por todo el mundo,  deberá afrontar el desembarco en Iwo Jima en compañía de un hasta ahora desconocido acompañante: el miedo.

Tanto el desarrollo de la novela, que nos plantean los hechos previos a Iwo Jima, como los personajes portagonistas, son una mera excusa para hacer que el lector tome parte en el clímax de la historia con el desembarco en la isla, en donde descubriremos si Randy consigue recuperar el valor perdido.

Gran libro, donde insisto destaca su labor didáctica y la neutralidad con la que trata al enemigo –en este caso los japoneses-, que no sólo no asumen el habitual papel de villanos, sino que incluso se destaca en diversos episodios su tenacidad y valor en la defensa de Iwo Jima.

 

Bazooka DunquerqueTítulo: Dunquerque

Autor: H. Onson

Colección Bazooka  Nº 27. Editorial Cliper

Portada: Chaco Pino

1ª edición: 1953.

El título del libro puede llevarnos inicialmente a engaño, pues realmente abarca gran parte de la “Operación Amarillo”, la campaña de invasión por parte de Alemania de Bélgica, Países Bajos y Francia, cuyo colofón puede considerarse la célebre batalla de Dunquerque.

El milagro de Dunkerque, término con el que popularmente se conoce a la operación Dinamo, es sin lugar a dudas uno de los episodios más reconocibles de la segunda guerra mundial, especialmente a raíz del reciente estreno de la magnífica película de mismo título de Christopher Nolan, que ha conseguido que el público más joven se interese por esta auténtica catástrofe militar, aunque eso sí, obviando esenciales aspectos de este episodio bélico, que curiosamente sí ofrece esta en apariencia modesta novela.

Desde mi punto de vista, Dunkerque es el mejor ejemplo que podemos encontrar de cómo la propaganda puede transformar una derrota sin paliativos en una gran  victoria, algo en lo que Churchill se mostró un auténtico genio, como lo prueba su célebre discurso pronunciado el día después de dar por finalizada la evacuación, y tras haber dicho en la Cámara de los Comunes que “Las guerras no se ganan con evacuaciones“:

Llegaremos hasta el final. Lucharemos en Francia. Lucharemos en los mares y océanos, lucharemos con confianza creciente y fuerza creciente en el aire. Defenderemos nuestra isla, al precio que sea. Lucharemos en las playas, lucharemos en los aeródromos, lucharemos en los campos y en las calles. Lucharemos en las colinas. No nos rendiremos jamás, y si esta isla, cosa que no creo de momento, o una parte importante de ella fueran sometidas y pasaran penurias, nuestro imperio allende los mares, armado y protegido por la Flota Británica, continuará la lucha“.

Dunkerque es una ciudad portuaria francesa situada junto al mar del Norte, a 10 km de la frontera con Bélgica, que se convirtió al principio de la Segunda Guerra Mundial en el centro de evacuación de las tropas inglesas, francesas, y belgas, obligadas a replegarse ante el rápido empuje de los germanos, que habían sorprendido a los aliados con su táctica de Blitzkrieg (Guerra relámpago), que tan bien les había funcionado en la invasión de Polonia. De hecho, los propios alemanes fueron los más sorprendidos por la facilidad con la que invadieron a la vez Bégica, Países Bajos y Francia.  Una campaña en la que Hitler contaba con perder cerca de 1.000.000 de hombres y que se resolvió con un número muy inferior (el número real varía mucho según las fuentes, que van desde las 27.000 bajas que se citan en la novela, cosa muy poco probable,  a una estimación mucho más fiable de 50.000 muertos y 160.000 heridos).

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El polémico Lord Gort

El hecho es que las tropas aliadas se encontraron en un momento dado en la encrucijada de decidir si atacar hacia el Sur, o retirarse al Norte. Al general lord Gort, al mando de la Fuerza Expedicionaria Británica (FEB), se le atribuye la decisión de organizar la llamada Operación Dynamo, en contra de la opinión francesa de ofrecer resistencia hacia el sur para intentar conectar con el resto de las fuerzas aliadas, aisladas al otro lado de la potente línea alemana.

Gracias a esta épica operación de evacuación, 338.000 hombres consiguieron escapar de una trampa mortal, cuando las previsiones más optimistas estimaban que se podrían rescatar entre 30.000 y 45.000 soldados.

Teniendo en cuenta que la mayoría de las tropas eran inglesas, su rendición hubiera supuesto para Hitler una carta decisiva a la hora de negociar con Churchill la rendición militar de Inglaterra. Sin embargo, la salvación del grueso del ejército permitió una posterior reorganización de las fuerzas inglesas, además del impacto emocional que supuso este heróico episodio de cara a ganarse la simpatía de Estados Unidos.

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Fotograma de “Dunkerque”, de Christopher Nolan

Lo que probablemente no se sabrá nunca con certeza es el verdadero motivo por el que Hitler ordenó detener el avance de sus panzers, lo que dio a los aliados unos días extra que hicieron posible el éxito de la operación Dinamo, que sin lugar a dudas hubiera fracasado de haber contado los alemanes con sus unidades blindadas en Dunkerque. Lo más probable es que viera tan clara la victoria que decidiera no arriesgar más carros blindados, confiando las tareas de exterminio a la Lutwaffe.

Y sin entrar en más detalles sobre este fascinante episodio de la guerra, nos metemos de lleno a comentar la novela de H. Onson.

La primera sorpresa es que los protagonistas de la misma vuelven a ser alemanes, lo que aporta un punto de vista único a la batalla. Estamos acostumbrados a ver la evacuación desde el punto de vista aliado, así que resulta algo insólito este protagonismo germano.

La segunda sorpresa es que el protagonista de la novela es Karl Berndt, un piloto de carreras de la marca Mercedes Benz, admirado por toda Alemania, que cae en desgracia tras sufrir un accidente durante el mundial de coches en Berlín provocado por su culpa, tras haber estado la noche anterior de borrachera en compañía de un piloto rival. Tras perder esta carrera, en la que era el gran favorito, Karl acaba repudiado por todo el mundo, incluyendo su novia Lena Hassel, tras ser falsamente acusado por Anton Junger, el que hasta ese momento era su mejor amigo, de haberse vendido a la competencia. Tras abandonar el mundo de las carreras, Karl busca refugio en el ejército, en donde inicia una nueva vida como oficial al mando de un tanque que forma parte de la unidad blindada más famosa de la historia: la 7ª División Panzer del general Rommel, más conocida entre sus enemigos como la División Fantasma, por la velocidad con la que aparecía en diferentes escenarios en muy breve periodo de tiempo.

Por caprichos del destino allí coincidirá con Anton Junger, el hombre que  arruinó su vida.

A través de los ojos de Karl, seremos testigos de la audaz invasión de Francia, en la que la División Fantasma tuvo un papel determinante.

La narración, como es habitual en la colección, está perfectamente documentada desde el punto de vista histórico, plagada además de pequeñas y jugosas anécdotas que yo al menos no conocía y que consiguen que el libro sea una auténtica delicatessen para los amantes de la historia en general, y de la II Guerra Mundial en particular.

Es asombrosa la cantidad de hechos históricos que consiguen concentrarse en apenas 125 páginas, algunos de los cuales no han sido tratados en demasiadas ocasiones, como –por citar sólo dos ejemplos- la batalla de Arras, un choque entre unidades blindadas británicas y alemanas que supuso un crucial punto de inflexión en la invasión de Francia; o la épica construcción por parte de los alemanes de un puente sobre el río Mosa que permitió el crucial  avance de la División fantasma.

Destacaría muy especialmente del libro cómo aborda algunos temas muy delicados sobre los que de forma sistemática un gran número de historiadores han ido echando tierra encima, por ofrecer una visión no demasiado amable del comportamiento de los aliados en este episodio de la Guerra:

  • Lord Gort, General al mando de la Fuerza Expedicionaria Británica en Francia, desobedeció las órdenes de Maxime Weygand, el experimentado general francés al que se confió la campaña de defensa de Francia, y que supuestamente tenía el mando de todas las fuerzas aliadas. Lord Gort tenía órdenes de atacar hacia el Sur para romper el cerco alemán y reagrupar de este modo las fuerzas aliadas, y sin embargó decidió por cuenta propia huir hacia el norte, lo que provocó que el grueso de las tropas francesas quedaran aisladas y abandonadas a su suerte. Weygand siempre achacó el desastre de la defensa de Francia a esta supuesta traición. Nunca se sabrá si la decisión de Lord Gort fue un revolucionario acierto fruto de una gran visión a largo plazo, o un completo desastre consecuencia de una decisión cobarde, y a día de hoy sigue habiendo opiniones enfrentadas en este sentido.

El día en el que tomé el mando no hubiese podido imaginar que llevaría al ejército británico hacia la mayor derrota de su historia“, escribió lord Gort a Anthony Eden, ministro de la Guerra, el 26 de mayo de 1940, el  primer día de evacuación en Dunquerque.

La realidad es que tras regresar a Inglaterra públicamente fue tratado como el héroe que organizó la operación Dinamo, pero también fue depuesto del mando militar, quedando relegado a tareas menores, señal de que no debían estar muy conformes con su actuación en el continente. En descargo de Lord Gort, debo decir que, como parte de los cargos que le dieron para apartarle del mando del ejército, en 1942 fue nombrado Gobernador de Malta. Allí, en una nueva muestra de iniciativa propia, ignoró los consejos del Ministerio de la Guerra y decidió por su cuenta ampliar el aeródromo de Malta, decisión que acabaría siendo decisiva para la campaña del Mediterráneo, pues el aeródromo de Malta resultó crucial para los aliados.

  • Los aliados criticaron duramente al rey Leopoldo III de Bélgica, al que acusaron directamente de traición por su rápida rendición a los alemanes tras lo que se llamó la campaña de los 18 días (poco tiempo para rendirse si tenemos en cuenta que Bélgica contaba en 1940 con un ejército de cerca de 600.000 hombres, el 20% de la población, aunque eso sí, mal adiestrado y armado), pero la realidad es que los ingleses habían retirado previamente a todas sus tropas desplegadas en el país, lo que hizo que Leopoldo se sintiera a su vez traicionado y que considerase que la causa aliada estaba perdida. Tras la guerra, acusado de colaboracionismo, Leopoldo III se vio obligado a abdicar.
  • Cuando finalmente se acordó la evacuación de todas las tropas por la vía de Dunquerque, los ingleses habían prometido que no se haría distinción alguna entre las distintas nacionalidades: franceses, belgas y británicos tendrían el mismo tratamiento. La realidad es que 40.000 franceses se quedaron como último bastión en la defensa de los alrededores de Dunquerque, dando un tiempo extra básico que sirvió para que el resto pudieran huir de vuelta a Gran Bretaña. La huida de los ingleses fue vista por los franceses como una traición de sus aliados, y supuso un golpe moral definitivo que sin duda contribuyó de forma decisiva a la facilidad con la que los alemanes ocuparon Francia, a pesar de que este país contaba con un potente ejército, similar en cuanto a número con las fuerzas alemanas, aunque eso sí con conceptos bélicos desfasados (basaban todo en la infantería y despreciaban la importancia de los blindados), material obsoleto (especialmente en la aviación, con modelos de aviones incapaces de competir con los alemanes) y un adiestramiento bastante mejorable, tanto de tropas como de mandos.

Tras el final de la operación Dinamo, los británicos se apresuraron en llenarse de medallas, eliminando de forma premeditada cualquier mención a los méritos del resto de aliados, lo que resulta absolutamente injusto, pues una buena parte del ejército francés mostró una valentía digna de mención, y si una preocupación  tiene este blog es reivindicar la memoria de aquellos que lo merecen.

Desde el punto de vista de los fríos números, los Aliados lograron evacuar de Dunkerque 224.000 británicos, 112.000 franceses, y 2.000 belgas y holandeses, a bordo de una flotilla de 848 barcos. La RAF perdió 177 aviones y 80 pilotos y la Luftwaffe, perdió 156 aviones, aunque consiguieron hundir 6 destructores británicos y 3 franceses de los 40 que participaron en la evacuación, además de 89 buques mercantes y unos 200 barcos más pequeños. Durante los combates, los británicos tuvieron 30.000 bajas y los alemanes 10.000; unos 1.000 civiles de Dunkerque resultaron muertos.

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Rudolf Caracciola

Otra particularidad del libro es que el protagonista parece inspirado en la figura de Otto Wilhelm Rudolf Caracciola, un famoso piloto de carreras alemán de origen Napolitano nacido en Remagen, Alemania, el 30 de enero de 1901. Desde niño, Rudolf Caracciola se interesó por el motor, y con 14 años empezó a conducir. Antes de tener los 18, se había sacado la licencia. Su padre le exigía que estudiara en la universidad, pero Rudolf no quería. Como el progenitor murió antes de que llegara el momento, Rudolf pudo irse a vivir a Aquisgrán, donde empezó a trabajar en la fábrica de automóviles Fafnir, labor que compaginó con sus primeras carreras (curiosamente, la primera la ganó en moto). Más tarde se trasladó a Dresden, aún trabajando para Fafnir, esta vez como representante. Ahí siguió compitiendo. En 1923, lo contrató Daimler, y al año siguiente ya estuvo en el GP de Italia, como piloto reserva de Mercedes.

En 1926, Caracciola dio el gran salto como piloto. Disputó el GP de Alemania, el primero de todos, en el circuito AVUS de Berlín, al volante de un Mercedes. La lluvia y la niebla era tan densa que ningún piloto sabía en qué posición iba. Caracciola decidió simplemente conducir y acabar la carrera. Para su sorpresa, ganó.

Al año siguiente logró 11 carreras y en 1928, entre otras, ganó de nuevo el GP de Alemania. En 1929, subió al podio en el primer GP de Mónaco. En 1931, el piloto alemán se fue a Alfa Romeo debido a que Mercedes dejó la competición por la crisis. En la firma milanesa se afianzó como piloto de lo que sería el equivalente actual de la Fórmula 1.

En el GP de Mónaco de 1933, Caracciola tuvo un grave accidente que puso en duda que pudiera seguir compitiendo, con múltiples fracturas y con una pierna más corta que otra, lo que le dejó una permanente cojera. Pero se recuperó milagrosamente tras seis meses de hospitalización. Mientras, en su país el Partido Nazi ascendía al poder. Esta novedad benefició a las firmas alemanas, que volvieron a competir. Así, Caracciola regresó a Mercedes y en 1935 ganó su primer Mundial. En 1937 repitió triunfo. Fue en esta época cuando se ganó el título de ‘Regenmeister’ o ‘Maestro de la Lluvia’, por su dominio de las carreras con meteorología adversa.

En 1938 ganó de nuevo el Mundial y además, consiguió pasar a la historia al batir, con un Mercedes, el récord de velocidad. Compitiendo en la autopista entre Frankfurt y Darmstad, alcanzó una velocidad de 432,7 km/h, al volante de un Mercedes-Benz W125 Rekordwagen. El récord tardó décadas en ser batido, aunque a día de hoy sigue siendo la velocidad más alta jamás alcanzada en una carretera pública.

La II Guerra Mundial supuso que la competición se parara. Al acabar el conflicto, Caracciola siguió compitiendo en exhibiciones y en 1952 regresó a la competición, pero un accidente supuso su retirada. Ejerció como vendedor del grupo Daimler-Benz, aunque pronto empezó a mostrar síntomas de ictericia y luego, de cirrosis, fruto de sus excesos con el alcohol. El 28 de septiembre de 1959, Rudolf Caracciola sufrió un fallo hepático y murió. Tenía 58 años.

Como a muchos deportistas alemanes de su época, a Caracciola se le reprochó su relación con los nazis. En su contra hay que decir que ejerció de chófer de lujo para Hitler, o que estuvo afiliado al NSKK, una organización nazi paramilitar dedicada al mundo del motor. En su descargo, decir que para poder competir, la afiliación al NSKK era obligatoria, y que nunca usó su fama para darle propaganda a los nazis y que ni siquiera llegó a tener palabras elogiosas para Hitler.

En resumen, una de las mejores novelas bélicas que he tenido la oportunidad de leer, y no me estoy limitando a la literatura popular, sino a la literatura en general.

“VOODOO”, EL DOBLE MISTERIO DE FRANK MC FAIR

Frank Mc Fair vodooLa colección Selecciones FBI de Rollán se dedicó a reeditar las mejores novelas publicadas inicialmente en “FBI”, y posteriormente en “Agente Federal”, series de la misma editorial, aprovechando la gran popularidad que ambas llegaron a alcanzar entre los lectores de la época. Selecciones FBI sobrepasó ampliamente los 500 números, lo que no está nada mal para una colección de esas características.

Pues bien, dentro de esta colección se publicó en su número 35 la novela “Voodoo (Magia negra)”, de Frank McFair, libro policiaco cuya existencia supone otro misterio en sí mismo.

Me explico.

“FBI” comenzó su andadura en 1950 con “¡Culpable!” de Alf Manz, y “Agente Federal” (inicialmente la colección se llamó “Los Federales” durante sus primeros 17 números) en 1965, con “Llorad por Fanny”, de Donald Curtis.

Selecciones FBI empieza a publicarse en 1958, y la novela objeto de esta reseña es de 1959, por lo que obligatoriamente tiene que corresponder a un título publicado previamente en “FBI”, pues “Agente Federal “ no empieza a publicarse hasta 6 años después.

Es más, por la fecha de publicación (1959), obligatoriamente debiera corresponder a uno de los primeros 400 títulos de la colección “FBI”, y puedo asegurar que aunque no dispongo aún de un listado completo de la misma, los 465 primeros números sí los tengo identificados, y no existe ningún “Voodoo” entre ellos, lo que puede significar dos cosas:

  • Voodoo” de Frank McFair se publicó previamente en la colección de FBI, pero con otro título. En este sentido debo decir que he comprobado todos los títulos del autor de los que dispongo, y no he encontrado tal coincidencia, pero es una opción que no se puede descartar, pues no tengo todas las novelas publicadas por el escritor dentro de los primeros 400 números de la colección (me faltan 11 de 42).
  • La novela es inédita, lo que supondría una excepción importante en la colección Selección FBI. Yo al menos no conozco ningún otro caso, pero por supuesto no es descartable que haya más, dada la falta de información que acompaña siempre a este universo literario, especialmente en las colecciones que no son de Bruguera.

Con este enigma planteado, a ver si alguien que lea esta reseña es capaz de aclarar el misterio.

La única información que se me ha facilitado posteriormente, gracias a Antonio Guerrero, es que esta misma novela se publicó de nuevo en 1965 en el nº 8 de la colección Círculo Negro de la editorial Tesoro con el título “Las sombras del Horror“, pero esto no aclara el misterio explicado anteriormente.

Y vamos con el resumen de la novela.

Título: Voodoo (Magia negra)

Autor: Frank Mc Fair

Colección Selecciones FBI nº 35. Editorial Rollán

1ª Edición: 1959

Portada: Lobo

vudu nueva orleans.jpgLa novela comienza con el violento asesinato de un policía de vigilancia portuaria de Nueva Orleans, que para su desgracia encuentra un paquete de grandes dimensiones en medio del Puerto.

Se nos presentan de este modo a Charles y Pierre, dos matones que, cumpliendo órdenes de un siniestro jefe, trasladan el misterioso paquete a un almacén, tras haberse deshecho del molesto policía.

Tras esta escena inicial, la historia se traslada a Washington, donde el Inspector Drawing recibe la visita de un tal Mr. Connington, emisario del Gobierno, que pone en alerta al FBI sobre una posible trama de contrabando de wolframio en Nueva Orleans a la que responsabiliza del asesinato de un policía.

Para investigar sobre el terreno tan delicado asunto es escogido Neil Halloran, un indisciplinado pero eficaz agente, que se infiltra en el antiguo barrio francés bajo la falsa identidad de un escritor de novelas policiacas llamado Stephen Carey que se ha desplazado a Nueva Orleans para documentarse sobre el voodoo para su próxima novela.

Cumpliendo órdenes de sus superiores, nuestro protagonista toma contacto con la peculiar familia Fresnay: el estricto patriarca, Martin Fresnay, un adinerado hombre de negocios de inflexible carácter que parece despreciar a su esposa; Odette, la bella y caprichosa hija pequeña, acostumbrada a obtener cuanto desea; Roger, el inestable hermano mayor de Odette; y Madame Fresnay, la hermosa pero inquietante esposa del Sr. Fresnay.

El motivo por el que Halloran investiga a tan peculiar familia es que hace 10 años Martin Fresnay escribió un libro llamado “El wolframio y sus aplicaciones industriales en la moderna técnica soviética”, lo que le hace sospechoso a los ojos del FBI.

VuduHalloran se verá pronto envuelto en una trama en la que hay mucho más de lo que parece a simple vista, ya que en total son tres los policías asesinados hasta la fecha, y cada vez que el agente intenta obtener información de cualquier lugareño, se encuentra con un auténtico muro, pues todos los interrogados sienten auténtico terror a ser objeto de un rito vudú organizado por un misterioso “papaloi” si abren la boca. Un “papaloi” que empieza a convertirse en clave para la resolución de unos crímenes que amenazan además con provocar una auténtica revuelta racial, debido a que los blancos acusan directamente a los negros de los asesinatos, lo que ha provocado ya de hecho serios incidentes de corte racista.

El libro cuenta con una magnífica recreación de la ciudad de Nueva Orleans, con sus diferentes ambientes, incluyendo el de los rituales vudú, y con unos cuidados personajes, bien definidos,  que sirven de base a una narración apasionante repleta de grandes escenas. El asesinato inicial, descrito con un gran realismo; o la cena en casa de los Fresnay, donde en tan sólo dos páginas se define con gran precisión la personalidad de los personajes principales de la novela, son tan sólo dos ejemplos de cómo aprovechar el reducido espacio con el que contaban los autores de novela popular para desarrollar sus historias.

Por otro lado, el libro nos sitúa también en la realidad social de una época, donde machismo y racismo eran dos palabras con un significado muy diferente del actual, y como muestra reproduzco dos diálogos de la novela:

  • ¿Qué deseas?-preguntó el viejo, sin moverse
  • Llámame señor –respondió Neil, duramente-. No te olvides de hacerlo cuando te dirijas a un blanco.

(Esto dicho por el héroe, no por un villano)

O este otro:

-¿Qué hará después, yanquee? –preguntó dulcemente-. ¿Tal vez intentará besarme?. Entonces le juro que le arañaré.

– No será necesario. No intentaré besarla, aunque dudo que si lo hiciera después quisiera arañarme.

Es obvio que este tipo de diálogos hoy en día estarían fuera de lugar, y serían considerados racistas y machistas, pero como ya he comentado en otras ocasiones no se puede mirar lo que ocurría hace 50 años con los ojos de la época actual (error que por cierto cometen muy frecuentemente los escritores de novela histórica).

Frank Mc Fair  (Francisco Cortés Rubio) es un escritor del que ya he hablado en otra reseña del blog, y por el que ya mostré mi admiración y mi deseo de poder contactar con alguien que pudiera aportarnos más información del mismo. Esta novela, que me ha parecido simplemente sublime, sólo sirve para reafirmar mi positiva opinión sobre él. Sin lugar a dudas uno de esos escritores que merecen una revisitación, y un mayor reconocimiento a nivel popular del que de momento carece, si descontamos a los pocos afortunados que conocemos su obra. Si no eres uno de ellos, ya estás tardando.

LA CENSURA EN LOS QUIOSCOS

censura cartel ritaCon las cosas de la censura cabría escribir un libro que sería de gran regocijo si no fuese de congojoso bochorno

Estas palabras, pertenecientes a Miguel de Unamuno, definen a la perfección la acción de la censura durante la dictadura de Franco, auténtica mezcla de drama y comedia que afortunadamente hoy podemos ver desde la distancia.

Para cualquier persona nacida en la democracia resulta impensable la figura del censor, esos funcionarios, entre los que se encontraba el mismísimo Camilo José Cela, que se autodenominaban “lectores”, y cuya misión era revisar con lupa entre un mar de publicaciones buscando cualquier rastro de irregularidad moral o política.

La pregunta es: ¿qúe se consideraba aceptable y qué no?.

Lo lógico sería pensar que el censor centrara su atención en evitar la publicación de frases con gran trascendencia política o religiosa, pero la sorpresa es mayúscula cuando se comprueba en qué se concretaba realmente este trabajo, con informes llenos de insignificancias, en ocasiones tan inocuas que no pueden más que despertar la risa hoy en día. Realmente da muchas veces la sensación de que el Censor, para cubrir el expediente, comentaba aleatoriamente cualquier pasaje del libro, para dar una falsa apariencia de haber realizado su trabajo de forma eficiente, cosa también lógica si tenemos en cuenta el gran volumen de lecturas a los que seguro debían verse expuestos.

Desde sus inicios la censura tenía como meta velar por la pureza religiosa y política de todo escrito que se publicara en España, tanto si eran traducciones de libros extranjeros como originales en castellano, y dentro de este segundo grupo se otorgó especial atención a la novela popular, a sabiendas de que sería leída por un gran número de lectores, a los que además había que añadir un riesgo adicional, pues el perfil medio del lector de literatura de quiosco se asociaba a las capas sociales con mayor propensión a las malas influencias ideológicas.

Mogambo-1953Por supuesto la censura se extendía al resto de los ámbitos culturales: prensa, música, teatro, cine, e incluso al circo, con infinidad de anécdotas que en la época actual sólo pueden ser tomadas a risa, como lo ocurrido en el estreno de la película “Mogambo”, donde el celo de los censores provocó que un adulterio –inconcebible para la moral franquista- se acabara convirtiendo en un incesto; o la canción American Pie de Don McLean, que se distribuyó en nuestro país con un pitido de tres segundos para ocultar una frase que hablaba de escribir el libro del amor si la Biblia te lo dice.

Hay que tener en cuenta que la censura fue evolucionando paulatinamente, pasando de la más estricta firmeza de los primeros años a un ambiente menos exigente según fue pasando el tiempo, cosa lógica si consideramos por un lado la cada vez mayor influencia del exterior, y por otro, que tanto las editoriales como los escritores pronto aprendieron a autocensurarse para no atraer la atención de la peligrosa pluma del censor, que podía acabar con la carrera profesional de cualquiera. Al fin y al cabo, uno de los propósitos de la censura no es tanto eliminar de forma constante todo aquello que no sea del agrado del dictador de turno, sino más bien “educar” a los editores y autores para que escriban dentro de los parámetros admitidos. Y a fé que lo consiguieron, pues en la mente de todos los escritores llegó a establecerse una autocensura impuesta, factor éste a tener en cuenta por todos los críticos a la calidad de la  literatura popular, que nunca han sabido valorar ni el tiempo del que disponían los autores, ni el espacio (tenían que ajustarse obligatoriamente a un número de páginas determinado), ni la amenaza  de la censura, que les impedía escribir con libertad.

Este proceso temporal de la censura está marcado sobre todo por las dos principales normas que regularon su ámbito de actuación: la Ley de Prensa de 1938, llamada popularmente la “Ley Suñer”, y la nueva Ley de Prensa de 1966, que supuso una relativa (muy relativa) relajación del control de lo que se publicaba. No obstante, antes de que se publicara la Ley Suñer en 1938, inmersos en plena guerra civil, el bando Nacional ya había creado en Enero de 1937 la Delegación del Estado para Prensa y Propaganda, que revisaba con mano de hierro cualquier acto o publicación cultural, eliminando de inmediato todo aquello que pudiera suponer un menoscabo de las actuaciones  llevadas a cabo por los partidarios de Franco.

Sirvan como ejemplo los siguientes documentos, ambos de 1937, sobre obras de Adelardo Fernández Arias -el pintoresco autor al que dediqué en su día una reseña en el blog- y Pedro Gómez Aparicio, que ilustran perfectamente sobre el tipo de elementos cuya publicación se trataba de evitar en esta primera fase:

Documento censura 1937_ adelardo fernandez arias

Documento censura 1937_ vizcaya

Como puede verse, la censura centraba toda su atención en evitar la publicación de cualquier elemento que se considerase perjudicial para la imagen del bando nacional, o que facilitara información militar considerada confidencial. Recordemos que la guerra estaba en curso.

En el caso del libro de Adelardo Fernández Arias, aún reconociendo su espíritu patriótico, se elimina cualquier pasaje del que pueda intuirse la más mínima crítica a la actuación del bando nacional; y en el de Pedro Gómez Aparicio llama la atención que incluso una mención al desorden en la indumentaria de los soldados  sea objeto de censura.

Por cierto que habitualmente los propios informes de censura añadían una coletilla que prohibía de forma expresa a los editores a que hicieran constar  que el libro había sido visado por la censura, no fuera a ser que el lector pensara que existía manipulación oficial.

Documento censura 1937_ prohibido visado censura

Acabada la contienda, la Delegación del Estado para la Prensa y Radio continuó su labor, como una subsecretaría dentro del Ministerio de Interior, posteriormente en 1941 para el Ministerio General del Movimiento, después, a partir de 1945, para el Ministerio de Educación, hasta que el proceso de construcción de la Administración Comunicativa Franquista culminó con la creación en 1951 del Ministerio de Información y Turismo, encargado entre otras cosas de vigilar la pureza de las publicaciones extranjeras y propias.

Como curiosidad sobre la censura en las publicaciones extranjeras, la censura obligaba a suprimir toda referencia a Franco en las mismas y, por ello, la traducción de la obra de Hemingway “Al otro lado del río y entre los árboles” tuvo que salir a la venta sin mención directa alguna al dictador, y así se ha mantenido en las ediciones españolas posteriores, la última publicada por Seix Barral en 2002.

Como ejemplo de expediente de informe censor de esta segunda etapa, aquí os dejo el contenido de uno de ellos, del año 1943.

En el expediente 1748/43, que corresponde a la solicitud de Editorial Juventud S.A. para la importación, desde Argentina, y venta de la obra de Zane Grey, “Prendida en sus propias redes” (Under The Tonto Rim) el censor (que en este caso firma como Lector 3) cumplimenta así el impreso:

Valor artístico o literario: Escaso.

Deficiente traducción

Valor documental: Novela tipo «americano»

Matiz político: Nada

Tachaduras (con referencia de páginas): Nada

Otras observaciones:

Novela de ambiente americano rural. La acción en el oeste, entre caballistas, cazadores, etc. Novela tipo «rosa»

Tras esta breve introducción para entender la evolución de este fenómeno anticultural, entramos de lleno en la censura sobre la literatura popular de quiosco, a la que repito se prestó una especial vigilancia, dado el alto nivel de aceptación del que disfrutaba. Miles y miles de influenciables mentes leían cada semana la avalancha de libros que inudaban los quioscos, lo que para el Régimen de Franco suponía un claro riesgo.

En los primeros años de censura del Ministerio de Información y Turismo, al mando de Arias Salgado,  el informe que debían completar los censores (los autodenominados “lectores”) presentaba la  siguiente  estructura:

INFORME

¿Ataca al Dogma?                                      Páginas

¿A la Iglesia?                                              Páginas

¿A sus Ministros?                                       Páginas

¿A la moral?                                               Páginas

¿Al Régimen y a sus instituciones?            Páginas

¿A las personas que colaboran o han

colaborado con el Régimen?                      Páginas

RESULTANDO: y aquí ponían las conclusiones de sus trabajos.

Como puede observarse, destaca que la censura no sólo buscaba elementos polémicos de naturaleza política, conforme a los criterios del Régimen franquista; sino que también se persigue cualquier referencia contraria a la moral religiosa de esos años. Estado e Iglesia iban de la mano en esos años.

Ese era el modelo inicial de informe de censor, que fue modificándose con el tiempo, y que no se completaba en muchas ocasiones con toda la profesionalidad que se presumía a tan respetados funcionarios. Por poner algún ejemplo:

Para autorizar la edición del libro titulado “San Antonio”, del que es autor Rex Travers, el “lector” se limita a cubrir el expediente, sin completar ninguno de los apartados del informe, comentando únicamente en el apartado de RESULTANDO:

Novela del oeste sobre la consabida lucha entre ganaderos y cuatreros. Nada que objetar.”

Y lo firma el censor, con letra ilegible, el 20 de abril de 1951.

Mucho más completo es el expediente 870/60, que informa una obra de José Téllez González (al que también dediqué una reseña en el blog) bajo el pseudónimo de Joseph Tell titulada “Donde los cuervos anidan”, donde el censor dice:

Oeste. Gabea es una ciudad maldita. Jack Garret ha perdido en ella a su mujer a los tres días de casado y jura venganza. Él y sus hombres toman la ciudad por asalto y la prenden fuego; también al saloon donde está entronizada una mujer que hechiza con su belleza a Gabe Rack. Se llama Marta y lo que esta se propone es enamorar al mancebo para luego tomar venganza de la quema de la ciudad. Gabe cae en el garito pero sus amigos le liberan y Marta y sus hombres reciben su merecido.

Debe suprimirse lo tachado en la páginas 17, 22, 23, 24 y 65, Nada más que oponer.  25 de febrero de 1960.”

Lo que se manda tachar y se tacha, es:

  1. 17: ¡Cristo, qué hembra!
  2. 22: La besó procurando que se entreabrieran sus labios. Un beso que era la firma del pacto que acababan de establecer. Seco, fuerte. Sintió los dientes de ella en los suyos y que se estremecía con violencia.
  3. 23: ¡Cristo, cuanta mugre lleva encima!
  4. 24: …y encabritaba los redondos senos.

p.24: Y le ofreció la boca. Gabe la sujetó con fuerza, clavándole los dedos con fruición.

Estuvo seguro de que le hacía daño, pero no lo demostró y se besaron con voracidad…

  1. 65: ¡Cristo…

Es decir, que los excesos sexuales y referencias religiosas (no se podían emplear expresiones como ¡Cristo!, ¡Jesús!, o similares) se convirtieron en el principal objetivo de la censura, teniendo en cuenta que difícilmente algún escritor se atravería a introducir algún elemento político en sus tramas.

En el tema sexual era donde los escritores centraban sus esfuerzos tratando de burlar a la censura, pues era uno de los grandes alicientes que buscaban los lectores (sobre todo los masculinos) en este tipo de literatura, y puede decirse que los excesos en esta temática eran considerados un pecado venial por los censores. Siguiendo la metáfora, Política y Religión eran pecado mortal; Sexo y exceso de violencia, venial.

Algo muy interesante de los expedientes de censura es que podían ser revisados con el tiempo, de modo que un libro cuya publicación fuera inicialmente prohibida, podía ser autorizado años más tarde, tras la revisión del mismo por parte de otro censor, como consecuencia de la interposición de alguna reclamación por parte de los editores, o gracias a la intermediación de algún alto cargo que “recomendaba” la revisión del dictamen inicial.

Como muestra, podemos ver este expediente, sobre una obra de Rafael Azcona, que permite comprobar este tipo de cambios de criterio:

Expediente: 60-3715

Autor: Rafael Azcona

Obra: Los europeos

Fecha de presentación: 15.7.60

Solicitud de: edición

Resolución: Denegado 20.7.60; Autorizado 25.2.63

Nombre de la editorial o del importador: Arión

Tirada: 1500

Informe (1): Herrón

El joven Miguel, engañando a su padre, y con la compañía de un empleado de éste, van a las Islas Baleares en busca de aventuras. De aventuras amorosas, puesto que el relato se recrea en la descripción del goce amoroso, en la preparación del mismo, como si solamente esto fuera el eje de la vida y el motivo de vivirla. Tampoco faltan las palabras malsonantes, las escabrosas u obscenas (pags 25, 59, 60, 68, 71, 75…).- No procede ser autorizada.

Madrid, 20 de julio de 1960.

 Informe (2): F. Aguirre

¿A la moral? Sí     Páginas En todo el argumento

Novela realista. El autor presenta una graciosa sátira del veraneo en Ibiza con todos los abusos allí acostumbrados. Mujeres extranjeras que vienen decididas a divertirse sin reparo ninguno moral y muchachos españoles que van allí en busca de ellas con el mismo fin. Abundan las escenas de playa, de alcobas de hotel y de salas de fiesta en las que padece la moral. Hay un aborto que ocupa gran parte del final del libro e intimamente ligado con el argumento de la obra. El lenguaje de los personajes es atrevido con expresiones vulgares e inconvenientes. La obra está bien escrita y el autor usa lenguaje corriente y elegante en las descripciones y no aprueba ninguna de las ideas inmorales de sus personajes antes bien da al lector la impresión de que son unos canallas pero como toda la obra se desarrolla en un ambiente de completa amoralidad creo que no debe permitirse su publicación.

6-I-63

 Informe (3):

No sé qué sigla poner. Depende mucho del cristal. Si se ve en esta novela una critica de una situacion social que tan poco nos favorece, una llamada de atencion, deberia ponerse R. desde luego no es recomendable para oidos extrangeros (sic).

Un grupito de jovenes de buena posicion se marchan a Ibiza en busca de “obreras” (argot de ellos) turistas extrangeras (sic) para “trabajar” (eufemismo pudico nuestro). Y se sacian. No hay más. Fiestas, boites, playas, pinares, etc etc, no son más que música de fondo de sus desenfrenos sexual (sic). Una francesa se ha enamorado de un español. El va a lo suyo. Embarazo, aborto provocado. Ella se va en lágrimas, y él sigue con sus planes.

La nausea que produce este tipo de “niño” es fuerte. La aversion se puede generalizar ¡Estos españoles!. La lectura de esta novela en España puede no ser prejudicial (sic), quizas pueda ser un revulsivo. Quizas, no. Fuera de España seria nociva. Turísticamente desde luego. La gente ni piensa ni distingue, sobre todo tratándose de nosotros Crudeza formal no tiene, parece peinada.

Procede su autorización en España. Improcedente, llegado el caso, su traducción. No sé si eso puede evitarse.

Madrid, 21 de Febrero de 1963.

 Nota adjunta:

Ilmo. Sr.

La que suscribe, MARIA TERESA GIRALT DE BAEZA, con domicilio en San Juan de La Salle, 6, Madrid, en representación de Ediciones Arión, a V. I. con los debidos respetos

EXPONE: Que habiendo sido denegada con fecha 21 de julio de 1960 la autorización para la publicación de la obra “Los Europeos”, de Rafael Azcona, y estimando lesiva a sus intereses dicha resolución y no creyendo exista motivo bastante para la misma,

SUPLICA a V. I. se digne admitir y tramitar su REVISION, dejando sin efecto la resolución anterior y concediendo el permiso oportuno para la edición de dicho título.

Es gracia que espera alcanzar de V. I., cuya vida guarde Dios muchos años.

Madrid, 22 de Enero de 1963

[Nota manuscrita: Visto el informe del L. nº 7 y ampliado verbalmente el del L. 26 y consultada la superioridad, se autoriza. 25-II-63.]

En este caso, tras ser denegada en dos ocasiones la publicación de la obra “Los europeos”, de Rafael Azcona, por ser considerada inmoral, acaba siendo autorizada para el mercado nacional, a raíz de una reclamación presentada por la editorial. Insisto que en muchas ocasiones la única forma de lograr la revisión de las solicitudes denegatorias era consiguiendo la recomendación de algún alto cargo que sugiriera al censor una mayor apertura de miras.

Había ocasiones en que era el propio autor el que presentaba alegaciones ante la censura.

vencidosEn el libro de Antonio Ferres, “Los vencidos”, cuya publicación no fue autorizada en 1961 por mostrar simpatía por el bando republicano y dar una imagen negativa de la vida en la posguerra, el autor presentó la siguiente alegación:

Muy Sr. mío:

Con cierta sorpresa, he tenido conocimiento de que mi novela “Los vencidos”, presentada a Censura, según instancia fecha 30-12-60, por la editorial Seix Barral, de Barcelona, no ha sido autorizada para su publicación en España.

Teniendo en cuenta que mi novela es la primera parte de una trilogía y que en ella, obligadamente, ha de hacerse el enfoque de los hechos de ficción  novelados, desde los hombres que resultaron vencidos en la última guerra civil, contrariamente a lo que ocurrirá en la segunda novela del ciclo y también la tercera, me encuentro bastante confundido.

Estimo que los hechos novelados en la obra son ya tan antiguos –de hace alrededor de veinte años- que no perjudica a nadie hablar de ellos. No comprendo, por tanto, el por qué de la prohibición. Es esto lo que me determina a rogarle a usted la más pronta revisión del expediente arriba indicado.

Es gracia que espero alcanzar del recto proceder de usted, cuya vida Dios guarde muchos años.

Madrid 30 Enero 1961.

Antonio Ferres.

Tras la lectura de esta alegación, el Jefe del Servicio de Inspección de Libros de la Dirección General de Información del Ministerio de Información y Turismo denegó nuevamente la publicación, que afectaba a la trilogía entera.

La novela fue publicada en Italia en 1962 (en italiano), y posteriormente en 1965 en castellano por una editorial antifascista de París, pero no fue publicada en España hasta 2005. El autor se exilió a Estados Unidos y México, y no regresó a España hasta 1976.

Un tema del que no puedo aportar nada es acerca de las portadas de las novelas de quiosco, bolsilibros, o como quieran llamarlas.

censura dibujo bustoEs incontestable que dichas portadas, por ser la parte más visible,  buscaban llamar rápidamente la atención de los lectores, que se enfrentaba a la visión de un auténtico bosque de ilustraciones cada vez que se acercaba a un quiosco, y como todos sabemos, uno de los principales reclamos publicitarios desde que el tiempo es tiempo es el sexo. Algunas de estas portadas de bolsilibros sorprenden por su contenido, que choca con el concepto de lo que se consideraba moralmente aceptable, tal y como demuestra la censura que se aplciaba a los carteles de cine, lo que hace que me pregunte si los censores no revisaban esas portadas, y su labor se limitaba al contenido del texto, o si se emitía algún informe independiente sobre la parte gráfica. No tengo ninguna información al respecto, y la verdad es que sería un tema muy interesante.

Tampoco hay que olvidarse, volviendo al tema de la autocensura, que las editoriales realizaban una criba inicial antes de remitir las correspondientes copias de la obra al censor. Una vez que el editor leía la copia inicial, a través de la figura llamada “asesor”, comunicaba al autor las observaciones que consideraba oportunas para que éste último realizara las correspondientes modificaciones. Estas modificaciones no sólo eliminaban aspectos que consideraban que fueran a llamar la atención del censor de turno, sino que también se añadían otro tipo de recomendaciones que a juicio de asesor mejorarían la obra.

Por poner un ejemplo real, en la obra “Murder Films, S.A”, José López García (Adam Surray) recibió unas observaciones de la editorial Bruguera en la que le realizaban la siguiente sugerencia:

Nuestro asesor estima que su obra no termina satisfactoriamente. Le sugiere que añada un epílogo, corto, merced al cual, el héroe se quede con alguna chica, en plan de enamorados, con perspectivas de boda. Le enviamos la oportuna copia para que pueda efectuar este añadido, rogándole nos lo devuelva convenientemente arreglado, tan pronto le sea posible. Gracias”.

A ver si pensabais que todas las novelas de quiosco acaban igual por casualidad…

En otro caso, para la novela “La chica del F.B.I”, el asesor de Bruguera realiza la siguiente observación:

“¡CUIDADO!. No suele gustar que la protagonista sea una chica. Aparte de esto, la novela está bien.”

Por cierto que a estas observaciones de los asesores Bruguera acompañaba una calificación de las novelas: A= Muy Buena, B= Buena; y C= Acepatble.

En cualquier caso todas estas recomendaciones servían para que los escritores recibieran un toque de atención para evitar futuros excesos en sus historias, lo que acababa provocando a su vez una autocensura en el propio autor, que acababa aprendiendo lo que se consideraba correcto, aunque sólo fuera para ahorrase el trabajo que le suponían las posteriores correcciones. Esto, que en los primeros años fue tomado muy en serio por miedo a las represalias, se acabó convirtiendo con los años en una especie de juego entre los censores y los escritores, que buscaban la forma de evadir la vigilancia a la que se veían sometidos por parte de los primeros.

Otro ejemplo, Ana Vega, hija de Cristóbal Vega Alvárez (Wehg Zeravla), cuenta que en una de las novelas de su padre le obligaron a cambiar uno de los personajes, una bailarina española que resulta ser malvada y que tuvo que convertirse en siciliana, no fueran a pensar los lectores que las mujeres españolas pueden tener comportamientos inadecuados.

O el mismo Adam Surray, quien me ha facilitado personalmente un ejemplo perfecto para entender el modo en que funcionaba la censura. Nunca podré agradecer a José López García su amabilidad por toda la documentación que me ha facilitado, con una paciencia infinita conmigo.

Voy a poner un fragmento de la novela “Un alto en el camino”, publicada en 1969 en el nº 400 de la colección Oeste de Rollán. Primero mostraré la redacción original, y después cómo se publicó finalmente, tras los retoques de la censura.

Redacción Original:

La puerta de la habitación se abrió sigilosamente. No emitió el más leve chirrido. Estaba bien engrasada.

Apareció Emma Harrison.

La muchacha lucía un escotado camisón. Iba descalza. Se aproximó al lecho. Sonrió al contemplar a Julius Perkins. Dormía como un niño.

Emma deslizó por el hombro uno de los tirantes del camisón. Sus opulentos senos asomaron desafiantes.

Apartó la manta y se acomodó junto a Perkins. Este continuaba dormido.

-¡Abuelo!

El grito de la joven, casi un alarido, hizo respingar  a Julius Perkins.

-¡Que…!¿Qué ocurre?…

La puerta se abrió bruscamente para dar paso a Thomas Harrison. A tiempo de ver a la joven abrazada al perplejo Julius Perkins.

El anciano portaba un rifle en sus manos.

-¡Maldito sea!¡Le voy a liquidar!.

Emma se incorporó. Con fingido rubor se alisó el camisón.”

Redacción final tras la censura

La puerta de la habitación se abrió sigilosamente. No emitió el más leve chirrido. Estaba bien engrasada.

Apareció Emma Harrison.

La muchacha avanzó ya sin ninguna cautela. Sus pasos resonaron en la estancia. Con movimientos libres de toda precaución, llenó un pequeño recipiente de agua.

Julius siguió durmiendo.

Emma, con el vaso de agua en su mano derecha, sonrió al acercarse. Sin titubear, arrojó violentamente el líquido sobre el rostro de Perkins.

El agua estaba helada. Julius lanzó un alarido.

Como podemos ver, hay cambos muy sustanciales. La escena, pensada para que Emma haga pensar al viejo Harrison que Julius Perkins estaba tratando de aprovecharse de ella, tuvo que ser totalmente modificada, pues parece ser que no estaba bien visto que se compartiera una cama, aunque no ocurriera nada indecente.

La novela “Un alto en el camino”, fue la primera que escribió José López García como Adam Surray, aunque debido precisamente a los problemas con la censura, salió publicada en 1969, unos meses después que la segunda novela del autor, “Pistolero sin fortuna”, nº 638 de la colección Winchester, que llegó antes a los quioscos, en 1968.

En lo relativo a las hojas de expedientes de los censores, las he obtenido del estudio “Censura y género «Western» en la época de Franco: traducciones genuinas y pseudotraducciones”, de José Miguel Santamaría López, y de la página web www.represura.es, una magnífica aportación sobre la historia de la censura en España, y cuyos responsables me han facilitado el acceso a toda la información que han ido recopilando, que es mucha. Recomiendo de verdad visitar la página web a todo aquel que quiera profundizar en el tema de la censura en general.

Además he contado con los testimonios de primera mano de algunos de los autores o de sus familiares que sufrieron en sus carnes la vigilancia de nuestra Stasi particular.  Si de la lectura de este artículo alguien se anima a compartir más anécdotas, sería una gran aportación que estoy seguro agradeceremos todos.

censurado

LA REINA NEGRA DE CLARK CARRADOS

Clark Carrados aventuras reina negra archivo secreto 153Cuando dentro del ámbito de la novela popular de Bruguera se habla de sagas protagonizadas por un mismo personaje siempre se argumenta que era algo que no gustaba a la editorial, y sin embargo, a poco que se indague,  resultaba ser una situación bastante habitual. A los ya tratados en este mismo blog “M-31” de Curtis Garland, “Clive” de Silver Kane, o la grandiosa saga del Orden Estelar de A. Thorkent, habría que sumarles otros casos como “Los Justicieros” de Burton Hare, o la Reina Negra de Clark Carrados, objeto de esta reseña.

Un Clark Carrados que ya había manejado otras dos grandes sagas de ciencia ficción, como ya comenté en la reseña dedicada a las aventuras del robot Kabé, para mí su gran serie literaria,  que publicó en la colección Espacio Toray.

Clark Carrados aventuras reina negra archivo secreto 128Las aventuras de la reina negra comenzaron en la colección archivo secreto con el nº 119 “La Reina Negra”, a la que siguieron otros 9 títulos que tuvieron una breve continuidad en otras dos novelas de Punto Rojo, ambas series de la editorial Bruguera. En todos los casos las portadas de las novelas destacaban que se trataba de una aventura de la reina negra.

Los títulos que conozco  protagonizados por la bella Reina Negra son los siguientes:

COLECCIÓN

TITULO

Archivo secreto 119 La reina negra
Archivo secreto 123 Operación pez espada
Archivo secreto 128 Luz contra tinieblas
Archivo secreto 132 Agencia de asesinos
Archivo secreto 138 Atraco submarino
Archivo secreto 142 Un baño de dinero
Archivo secreto 145 Color de rubí, color de sangre
Archivo secreto 149 La isla de los paltillos volantes
Archivo secreto 153 Ciudad de muñecos
Archivo secreto 159 El gran golpe
Punto Rojo 310 Tres palabras en la pared
Punto Rojo 334 El muerto ríe

Como es habitual en estos casos, cabe la posibilidad de que existan más títulos protagonizados por este personaje, así que cualquier información al respecto será bien recibida.

Para conocer este personaje, nada mejor que una reseña del título que la presenta en sociedad.

Clark Carrados - La reina NegraTítulo: La Reina Negra

Autor: Clark Carrados

Colección Archivo Secreto nº 119. Editorial Bruguera.

1ª Edición: 1966.

Portada: Antonio Bernal

Jack Charlton y Jock Thomas (Jack y Jock para los amigos) son dos honrados ex detectives de la policía, amigos desde que compartieron batallón en Corea, que en la actualidad malviven gestionando su propia agencia de investigadores privados, hasta que un día reciben una intrigante proposición de una bella mujer que dice llamarse Jenny Smith y que les ofrece un sueldo de 1.000 dólares mensuales más gastos a cambio de sus servicios profesionales.

La tal Jenny, con el rostro oculto tras unas gafas de sol y un pañuelo,  únicamente les explica que le mueven motivos personales,  y les propone que investiguen a Harriman Drygold, alias “Cabeza de Hierro” y “Memoria de elefante”, un peligroso mafioso que dirige una compleja organización criminal, con la intención de obtener pruebas que puedan llevarle ante la justicia, a la que lleva años esquivando. Para contactar con ella a partir de ese momento, les facilita un teléfono al que deben llamar cada vez que quieran comunicarle algo, identificándose previamente con la contraseña  “Reina negra”. No deben volver a verse en persona.

Jack y Jock, que a pesar de su fama de duros son dos pedazos de pan, aceptan el encargo, a sabiendas del grave riesgo que corren, especialmente porque han reconocido a la mujer a pesar de sus intentos por ocultar su rostro. Jenny Smith es realmente Melody Kenner, hermana de Frank Kenner, otro antiguo compañero del ejército de ambos, aunque desconocen los motivos por los que Jenny/Melody está obsesionada por encerrar a Drygold.

Poco después de haber aceptado el encargo, Jack y Jock reciben la amable visita de unos pistoleros a sueldo de Drygold, que les invitan a olvidarse de todo si quieren seguir viviendo; invitación que igual de amablemente rechazan a golpe de nudillos.

La inesperada visita les hace sospechar que alguien cercano a Melody ha informado a Drygold de su intención de contratarles, lo que les da una pista de donde iniciar la investigación.

Por otro lado, el apuesto agente del FBI Brent Lothar acude al apartamento de Melody Kenner para hacerle unas preguntas acerca de su hermano Frank, asesinado tan sólo unos meses atrás. Aquí descubriremos la triste historia de un hombre arrastrado desde muy joven al lado oscuro del hampa, donde acabó convertido en un despojo humano por culpa de las drogas; y de cómo su hermana, con la ayuda de su prometido, un valiente hombre llamado Raymond Sage, intentaron salvarlo, para obtener únicamente dolor y muerte, pues tanto Frank como Raymond murieron acribillados a balazos, sin que hasta la fecha se haya podido encontrar a los culpables, aunque todos los indicios apunten a Harriman Drygold.

Brent Lothar se ha conjurado para obtener justicia encerrando a Drygold, mientras que Melody tan sólo desea venganza, pues no cree que la Justicia sea posible.

Como ya os podéis imaginar, entre el agente Lothar y Melody surge una irresistible atracción mutua, a la que Melody pone freno internamente, pues ha prometido en secreto destinar el resto de su vida a vengar la muerte de su hermano y de su prometido.

Con estos mimbres y estos personajes, que se repiten a lo largo de la saga en compañía de otros secundarios, transcurren las aventuras de la Reina Negra, una mujer convertida en una especie de justiciera contra el crimen, diestra en artes marciales y en el manejo de las armas, y cuya tarjeta de presentación es siempre una figura de ajedrez: la Reina Negra. Junto a sus leales e inseparables Jack y Jock afrontará a partir de este momento cuantos peligros y enigmas se le pongan por delante en las distintas novelas de la serie.

Clark Carrados aventuras reina negra 123Al final de “La Reina Negra” se publicita el triunfal regreso de nuestra protagonista:

Recuerde que dentro de  cuatro semanas, exactamente en el número 123 de esta Colección, aparecerá una nueva aventura de MELODY KENNER.

OPERACIÓN PEZ ESPADA

La Reina Negra de nuevo en acción con sus inseparables compañeros Jack Charlton y Jock Thomas.

¡Un sabio atómico raptado!

¡La humanidad en peligro!

No deje de leer esta novela

No falta de nada en estas novelas: misterio, acción a raudales, una vertiente romántica por las chispas que surgen cada vez que Brent y Melody coinciden; o el contrapunto cómico, que corre a cargo de Jack y Jock, los inseparables amigos que tienen la costumbre de terminar cada uno las frases del otro y de  bromear incluso en las situaciones más extremas.