CLIVE MURDOCK, AL SERVICIO DE SILVER KANE

Silver kane 1 el hombre de little rockAunque es obvio que Francisco González Ledesma pasará a la historia principalmente por su personaje del inspector Méndez, un auténtico mito de la novela negra española, me gustaría hacer mención a otro de sus grandes personajes: Clive Murdock, el agente del FBI nacido de la mano de Silver Kane durante los años 1966 y 1967, y que protagonizó, al menos que yo sepa,  un total de 14 novelas, aunque como veremos más adelante sobre este punto hay un enigma sin resolver.

Ya comentamos en otra reseña de este blog dedicada al agente M-31 de Curtis Garland que siempre se habla y se da por sentado que Bruguera se oponía a que en sus colecciones los autores repitiesen protagonista, asunto del que yo personalmente discrepo, si nos atenemos a la larga lista de excepciones: La reina negra, de Clark carrados; M-31, de Curtis Garland; Baby, de Lou Carrigan; los personajes de la saga del imperio galáctico, de A. Thorkent; la colección DANS Enviado Secreto, con cuatro protagonistas repetitivos a cargo de cuatro autores; o el mismo Clive, personaje objeto de esta reseña, creación de Silver Kane.

Este mismo autor, de hecho, colaboró en la colección DANS, Enviado Secreto, encargándose del agente EO-004. Esta colección,  de formato algo mayor que el clásico bolsilibro y al precio de diez pesetas, narraba las aventuras de cuatro agentes, cada uno de ellos bajo la pluma de cuatro habituales de la casa: Frank Caudet (Francisco Caudet), Clark Carrados (Luis García Lecha), Burton Hare (José María Lliró), y el propio Silver Kane.

Cada autor aportó un protagonista a la colección, identificado con su correspondiente código clave de agente, que iban de EO-001 a EO-004. Silver Kane se encargó de las andanzas de Johnny Klem (EO-004), personaje que al igual que el resto de agentes se veía envuelto en historias que mezclaban aventura, espionaje, y ciencia ficción.

Pero el objeto de esta reseña son las andanzas de Clive Murdock, un agente del FBI cuyos casos fueron recopilados por Silver Kane en las páginas de la colección Servicio Secreto entre los años 1966 y 1967.

La relación de novelas que constituyen esta auténtica saga literaria son las siguientes:

TITULO

Colección

Año de Publicación

824 El hombre de Little Rock Servicio Secreto 1966
834 Protagonista: Clive Servicio Secreto 1966
837 Todas quieren matarme Servicio Secreto 1966
841 La casa de las modelos Servicio Secreto 1966
845 Los pies en el infierno Servicio Secreto 1966
849 La ciudad secreta Servicio Secreto 1966
853 Un cuchillo para la señora Servicio Secreto 1966
856 ¡Cítese conmigo! Servicio Secreto 1966
860 Lo mataré con mis manos Servicio Secreto 1966
864 La tigresa china Servicio Secreto 1967
867 A ciegas hacia la muerte Servicio Secreto 1967
872 El emperador Servicio Secreto 1967
877 Un infierno en el Caribe Servicio Secreto 1967
866 Hay sangre en tus pupilas Punto Rojo 1978

De éstas, las 13 primeras, las de la colección Servicio Secreto, son las que realmente componen el ciclo del personaje, y se acreditan como tal en las portadas de las novelas, a excepción de la primera aparición del personaje, “El hombre de Little Rock”. La última de ellas, “Hay sangre en tus pupilas” se publicó 10 años después en la colección Punto Rojo, y constituye un peculiar renacer del personaje, como veremos después.

Como no podía ser de otra manera en este indomable mundo de la novela popular, existe un misterio respecto a la serie, que espero que alguien pueda aclarar: en distintas fuentes he podido observar que se incluye dentro del ciclo original de Clive Murdock una decimotercera novela llamada “La ruta de las esclavas”, publicada supuestamente en 1966, y sin embargo nunca se cita “Lo mataré con mis manos”, nº 860 de la colección de servicio secreto. Yo al menos no tengo noticia de la existencia de la novela “La ruta de las esclavas” en ninguna de las colecciones de Bruguera, así que si alguien puede dar algún dato al respecto, le estaría muy agradecido. ¿Pudiera ser que se cambiara el título La ruta de las esclavas por Lo mataré con mis manos, por temas de censura?. Por desgracia no dispongo del ejemplar de ésta última, por si aportaba alguna pista.

Tampoco descarto la existencia de alguna aparición más del agente Clive en otras novelas del autor, así que en este sentido cualquier otra aportación será bienvenida.

Volviendo a la novela “Hay sangre en tus pupilas”, de 1978, supone una curiosa reaparición de nuestro protagonista, al más puro estilo Sherlock Holmes:

Silver kane 14 hay sangre en tus pupilas

El renacer de Clive

Un hombre llamado John Burbank que trabaja en el manicomio de Salt Bell se encuentra metido en un callejón sin salida, pues unos matones le están amenazando con matarle en caso de no pagar una deuda de juego de 1.000 $ que adquirió con un mafioso llamado Druryson. Su única esperanza es el dinero que está a punto de recibir por una novela que va a entregar de forma inminente a una joven editora llamada Patty.

De camino al encuentro con Patty, es asesinado sin contemplaciones por los hombres de Druryson que – sin que parezca tener mucho sentido, todo sea dicho- se llevan consigo el manuscrito, sin sospechar que el autor real del mismo no era Burbank, sino alguien del manicomio que le había pedido que lo firmara con su propio nombre.

Un hombre llamado “El General”, superior de Druryson y jefe supremo de la organización mafiosa que controla el negocio del tráfico de armas, drogas y mujeres de Nueva York, acaba leyendo el manuscrito, un sorprendente relato ambientado en Vietnam, donde se narran las investigaciones llevadas a cabo por el agente federal Clive Murdock con el fin de desmantelar las operaciones mafiosas que un selecto grupo de mandos militares están llevando a cabo en suelo vietnamita en pleno conflicto bélico. Como colofón de sus investigaciones, Clive Murdock descubre y documenta el asesinato de una mujer, cuyo cuerpo hacen desaparecer tirándolo junto a las bombas que lanza un B’52 sobre el aeropuerto de Saigón, simulando un aatque del Vietcong.

A pesar de las pruebas que reunió Clive Murdock, al volver a Estados Unidos no consigue incriminar a los mandos militares, pues su propio Gobierno le da la espalda para evitar un escándalo que sólo conseguiría empeorar la imagen del ejército americano durante el conflicto.

Al leer el manuscrito, “El General”, que como ya podéis imaginaros era uno de los militares corruptos que salen en el relato, comprende que si la verdad sale a la luz, todo su imperio podría desmoronarse. Alguien sabe todo lo que sucedió en Vietnam, y lo peor de todo es que, Clive Murdock, desaparecido desde hacía años, puede estar vivo. Dos de los hombres del General reciben el encargo de investigar el paradero de Murdock, y acaban localizando la tumba del agente, fallecido según la lápida tres años atrás,  en el condado de Meadow.

Si es verdad que no hay nada después de  la muerte, si es verdad que no hay más que olvido y niebla, aquella lápida podía ser una palpable demostración de eso”. Así describe el autor la tumba de Clive Murdock.

Poco tiempo después ambos sicarios son encontrados en la tumba del agente, asesinados de un balazo en mitad de la frente. Clive Murdock parece haber salido de la tumba para vengar una injusticia que no pudo solventar en su momento.

Mientras tanto, la bella editora que ina a recibir el manuscrito del malogrado Burbank, recibe la siniestra visita de un cruel asesino profesional, hombre de confianza del general, sacado de la mejor galería de villanos de James Bond, que recibe el encargo de hacer hablar a la chica empleando todos los medios que sean necesarios. Este logrado personaje secundario es un tal Marcus, un ex militar entrenado en los cuerpos de élite que se vio involucrado en las matanzas de My Lai en Vietnam (un caso real en el que un teniente del ejército americano llamado William Calley fue juzgado por el cruel asesinato a sangre fría de 504 civiles, incluyendo 182 mujeres –que también fueron violadas-  y 173 niños de una aldea vietnamita, asunto del que salió en libertad tras una simbólica condena de 3 años de arresto domiciliario).

Destaca también en el libro el personaje de Kaly, una vietnamita esclava sexual del General desde los 15 años, que tendrá un espeluznante papel en la trama final.

Una dura y sangrienta historia de venganza que supone en efecto el decimocuarto libro del agente Clive, con un tono mucho más oscuro que sus anteriores novelas; cosa lógica si tenemos en cuenta que este último título es de 1978, en plena transición y con la censura en horas bajas.

La misma trama del libro, las brutales escenas de violencia, y ciertos pasajes cargados de muy mala leche, son una buena prueba de este radical cambio de estilo producido en este intervalo de 10 años, y como ejemplo reproduzco este fragmento, cuando el autor describe al asesino profesional Marcus:

Estuvo envuelto en el proceso del teniente Calley, aunque salió absuelto, porque los Estados Unidos están dispuestos a ensuciar un poco su imagen, pero mucho no”.

Este simple párrafo no hubiera sido posible ni de lejos 10 años antes.

En resumen, que podemos confirmar que el agente Clive Murdock protagonizó al menos 14 libros, aunque no me sorprendería que asomara la patita en alguna novela más del autor.

Qué grande Clive Murdock, tipo duro de los de antes, y más grande aún Silver Kane.

INVITAD UN MONSTRUO A CENAR

Curtis garland invitad a un monstruo a cenarTítulo: INVITAD UN MONSTRUO A CENAR

Autor: Curtis Garland

Colección Selección Terror Nº 72 Editorial Bruguera

Portada: Francisco González Vilanova

1ª edición: Julio 1974

Como es habitual en la obra de Juan Gallardo Muñoz, la novela comienza con una de esas introducciones que invitan a no dejar de leer la historia, para continuar con otra de sus habituales citas, en este caso del capítulo I de Drácula, obra a la que se alude en más de una ocasión durante el desarrollo de la trama:

“…El y su mujer, la anciana que me había recibido, se miraron con temor. Cuando le pregunté si conocía a mi anfitrión, y si podí decirme algo de su morada, tanto él como su mujer se persignaron, diciendo que no sabían de nada, y negándose a agregar más.”

Si a eso le añadimos que en el libro se entremezclan algunos de los más famosos monstruos clásicos, podemos afirmar que nos encontramos con una obra imprescindible dentro de la colección Selección Terror.

El periodista Ross Haggard recibe una extraña invitación para desplazarse, junto a otros invitados sin aparente relación entre sí, el 4 de Mayo a la isla Moon-Star, un islote situado en el mar del Norte propiedad de Malcolm Conrad, un excéntrico millonario, gran cazador y autor de un libro titulado “Yo sé que existen los monstruos”, que ha organizado una singular fiesta de la que en principio poco se sabe.

Un barco llamado North Sea traslada a la isla a los 9 invitados, que poco a poco van presentándose entre sí: el mencionado Haggard y su novia Honor Shelley, una acriz secundaria en películas de terror que de forma sorprendente también ha sido invitada; Elliot Gilling, un anticuario de Chelsea; un doctor en biología llamado Gordon Castle; Clemence Hunt, considerado el mejor cazador del mundo, gran rival de Lord Conrad; Lee Strasberg, una fascinante escultora de gran belleza conocida por su peculiar obra llamada “Los monstruos del miedo”;  Cecil Waxman, un técnico en efectos especiales cinematográficos, desfigurado por un terrible accidente; Raquel Emery, una adivinadora ambulante, y Alec Helmore, un alegre y borrachín músico callejero.

En compañía de Lady Felicia Conrad, esposa del anfitrión, y del capitán del barco Jeff Daniels, el pintoresco grupo de invitados se dirige hacia la isla, donde se encontrarán con Lord Conrad, que les espera para explicar el verdadero motivo de la reunión: está convencido de que entre los invitados hay un hombre lobo y un vampiro, y con una serie de ingeniosos mecanismos hará que su verdadera  naturaleza salga a la luz para darles caza, en una competición mano a mano con su gran rival Clemence Hunt, para demostrar cual de los dos es el mejor cazador del mundo.

Para culminar esta locura, los invitados están aislados en la isla, pues el barco ha partido de vuelta a Inglaterra, y no volverá hasta que ambos monstruos hayan sido abatidos.

¿Está loco Lord Conrad? ¿Por qué motivo han sido seleccionados los invitados? ¿Existen de verdad los monstruos? Y si es así, ¿cuál de ellos lo es?

Novela muy disfrutable, siempre y cuando sepamos tener la mente abierta y aceptar ciertas premisas poco creíbles. Si ya de por sí en los géneros de terror y ciencia ficción el lector debe tener siempre una buena predisposición para aceptar incoherencias, en el bolsilibro este requisito se multiplica, ya que lo habitual es que los autores tuvieran que recurrir a múltiples trampas argumentales en la trama para poder finalizar las novelas. Para mí al menos es uno de los grandes alicientes de este tipo de libros: el ingenio de los escritores para dar explicación en tres líneas a situaciones rocambolescas en las que ellos mismo se han ido metiendo.

El estilo del libro recurre a un recurso muy habitual en la obra de Curtis: la alternancia de la narración por parte del protagonista con otros capítulos en los que uno de los “monstruos” explica en primera persona sus pensamientos, sin que sepamos de quién se trata hasta el final del libro.

Como siempre ocurre con los libros de Garland, surgen diversas curiosidades para comentar de la novela. Es increíble, con el volumen de producción que acumuló,  la capacidad que tenía el autor para introducir homenajes y referencias culturales de todo tipo en sus libros.Es sin lugar a dudas el gran pastichero de la novela popular.

En una de esas magníficas notas a pie de página a las que nos tiene acostumbrados Curtis Garland, se hace referencia a que en el libro de Drácula, de Bram Stoker, se considera el 4 de mayo, víspera de San Jorge, como una noche en la que los espíritus campan a sus anchas cuando dan las 12 de la noche.

El lector seguramente se preguntará –siempre que sea tan rarito como yo-  el porqué de esa fecha, pues San Jorge se celebra el 23 de Abril, desde que en 1222 se estableciera ese día para conmemorar la muerte del más famoso asesino de dragones de la historia, por encima incluso de Jamie Lannister.

La confusión -o no-, viene dada por el caos originado por el cambio del calendario Juliano al Gregoriano.

El Papa Gregorio XIII emprendió una nueva reforma para corregir las discrepancias del calendario Juliano, y así obligar a las estaciones a empezar cuando deben. De este modo, por un decreto pontificio de marzo de 1582, se abolió el calendario juliano y se impuso el calendario gregoriano.

El calendario gregoriano tiene los mismos meses que el calendario juliano, y en ambos sistemas los años cuyo número es múltiplo de 4 son bisiestos, con la salvedad de que en el calendario gregoriano los años que son múltiplos de 100 no son años bisiestos, excepto los que sí son divisibles por 400. En resumen, por este follón, desde su creación, la fecha del calendario juliano ha acumulado un retraso de 13 días con respecto al paso de las estaciones. En consecuencia, la fecha juliana permanecerá 13 días por detrás desde el 14 de marzo de 1900 gregoriano /1 de marzo juliano hasta el 28 de febrero de 2100 gregoriano/15 de febrero juliano, momento en que dicha diferencia se incrementará en 1 día más. Esta diferencia entre los dos calendarios se irá incrementando con el paso de los siglos. En términos astronómicos, el calendario juliano se retrasa con respecto al año Gregoriano aproximadamente un día cada 128 años.

El calendario juliano fue reemplazado como calendario civil por el calendario gregoriano en casi todos los países donde se utilizaba, aunque siguió vigente en algunos países hasta comienzos del siglo XX. Por ejemplo, Egipto pasó del 20 de diciembre de 1874 (juliano), al 1 de enero de 1875 (gregoriano). Turquía cambió del 16 de febrero (juliano) al 1 de marzo (gregoriano) de 1917. Rusia pasó del 1 al 14 de febrero de 1918. La propuesta original en Rusia había sido corregir 1 día cada año, extendiendo el cambio a un periodo de trece años, y pasar el día bisiesto a los años exactamente divisibles por 128 (por ejemplo, 1920), pero como internacionalmente no se le hizo caso alguno, optó por adoptar el criterio del resto del mundo para evitar mayor confusión.

Grecia fue el último páis europeo en adoptar el cambio con fines civiles, pasando del 16 de febrero al 1 de marzo de 1923.

Las leyendas eslavas consideraban que en las vísperas de San Andrés y San Jorge, en la de la Pascua de Resurección y en la de año nuevo, había que untar las ventanas y los ojos de las cerraduras con ajo, pues esas noches es cuando el poder de los malos espíritus encuentra su apogeo.

En el calendario Juliano por tanto el 22 de Abril sería la víspera de San Jorge (cuya celebración se ha mantenido en el calendario Gregoriano el 23 de Abril), mientras que en el Gregoriano, ese día pasaría a ser el 4 de Mayo, así que el dato de Curtis Garland    –que efectivamente  se cita en Drácula- puede considerarse correcto, siempre que los espíritus no se hayan enterado del cambio de calendario.

El mismo argumento de la novela es en sí una revisitación de “El malvado Zaroff” (“The most dangerous game” en el original), la imprescindible película de 1931 basada en una novela de Richard Connell. No creo apropiado extenderme más sobre el tema, porque cualquier aficionado al cine ya sabe de lo que estoy hablando, y el que no la conozca, ya tiene deberes.

Algunos de los personajes de la novela son claros homenajes al mundo de la literatura y del cine. El protagonista del libro se llama Ross Haggard, en clara referencia a H. Rider Haggard, escritor victoriano creador de Allan Quatermain (protagonista entre otros libros de “Las minas del Rey Salomón”) y de Ayesha, la mujer inmortal de Africa.

Su novia, Honor Shelley, trabaja en películas de terror en los típicos papeles de bella heroína en apuros, tipo Fay Wray, conocida en su época como la reina del grito, y protagonista del “King Kong” de 1933, película a la que por cierto también se hace referencia en la novela, y de la ya mencionada “El malvado Zaroff”. Es de suponer que su apellido sea un guiño a la creadora de Frankenstein, Mary W. Shelley.

El personaje femenino de Lee Strasberg se llama igual que el actor/director/productor Israel “Lee” Strasberg, uno de los creadores del Actor´s Studio, aunque también podría basarse en su esposa Paula Strasberg, o en su hija, la actriz Susan Strasberg, ambas íntimas amigas por cierto de Marilyn Monroe.

Raquel Emery pudiera ser un homenaje a la actriz Katherine Emery, protagonista junto a Boris Karloff de una película de 1945 titulada “La isla de la muerte” (citada por cierto por Scorsese como una de sus favoritas), cuya trama curiosamente también gira alrededor de una serie de personajes aislados en una isla.

Otros dos personajes del libro se apellidan Castle y Gilling, que bien pudieran proceder de los directores de cine de terror de serie B William Castle y John Gilling.

Cecil Waxman es un claro homenaje al personaje de Vincent Price de la película de 1953 “Los crímenes del Museo de cera”, y de hecho el propio personaje hace mención a dicho film.

He de reconocer que es más que probable que la mayoría de estos supuestos homenajes no tengan ninguna base, y los apellidos los tomara de una guía de teléfonos de Michigan, pero la realidad es que tratándose de Curtis Garland siempre tengo la sensación de que detrás de cada nombre y cada dato hay algo oculto. Es una de sus múltiples virtudes.

En resumen, una nueva muestra del buen hacer de Juan Gallardo Muñoz, un autor sobre el que creo que hay unanimidad absoluta sobre su grandeza, y del que siempre pienso que nació antes de tiempo. Estoy convencido que alguien con su capaciad de trabajo, imaginación y talento sería hoy en día un destacado guionista de cine y televisión.

Porque hoy en día lo que triunfa es el talento, el trabajo y la imaginación ¿no?. No hay más que encender la televisión cualquier tarde para comprobarlo.

monstruos meando

UN RESPETO POR JOSEPH BERNA

Joseph Berna

El gran José Luis Bernabeu López

El rey del punto y aparte. Del humor surrealista. Del erotismo gratuito.

Todas estas lindezas, y alguna peor, se han dicho en muchas ocasiones sobre Joseph Berna, un incomprendido autor, del que por supuesto cada uno tendrá su propia opinión personal sobre su calidad literaria, pero lo que desde luego sería injusto es negar que amaba profundamente lo que hacía, hecho que para mi le hace merecedor del mayor de los respetos. Su única pretensión como escritor fue la de entretener a los lectores de una época que hoy nos parece lejana, y disfrutaba haciéndolo.

¿Hay algo malo en ello? Yo creo que no.

Lo primero que quiero dejar claro es que este blog tenía desde hace tiempo una deuda pendiente con Joseph Berna, y el único motivo por el que no ha aparecido antes esta reseña es porque decidí esperar a la publicación por parte de A.C.H.A.B de un volumen recopilatorio del escritor, principalmente por dos motivos:berna portada_mundo_berna_blog

  • El primero es para dar la oportunidad a cualquiera que lea esta reseña de descubrir a Berna gracias a la cuidada edición que nuevamente nos facilita A.C.H.A.B.
  • El segundo, y probablemente el más importante para mí, porque en dicho recopilatorio se incluye una introducción de Andres Ramón Pérez Blanco, el mejor defensor posible de la obra de Berna, y la persona que desinteresadamente me facilitó la ocasión para contactar con el escritor. Creo sinceramente que era de justicia que lo primero que se publicara sobre Joseph Berna saliera de su mano, pues es imposible encontrar a otra persona que le profese mayor cariño y admiración.

joseph berna stellaJoseph Berna es uno de esos escritores que se incorporaron al mundo de la novela popular en una época tardía.

Hagamos un ejercicio de objetividad, y reconozcamos que lo que las editoriales exigían en aquellos años a los autores es que ofrecieran al lector lo que quería leer; que lo entretuvieran sin ningún tipo de pretensión artística. No es poca cosa. Es más que probable que los editores hubieran despedido sin piedad al mismísimo Shakespeare por considerarlo aburrido para el lector, mientras que escritores como Joseph Berna resultaban perfectos, pues su estilo sencillo y directo sabía conectar con los gustos de la época.

El problema actual es que el moderno aficionado al bolsilibro tiene por lo general un perfil que nada tiene que ver con el original de los años 70 y 80, momento en el que Joseph Berna fue sin duda uno de los reyes de la novela popular, como lo demuestra el hecho de que fuera objeto de constantes reediciones.

Por lo que yo conozco, el perfil medio del actual coleccionista de bolsilibros corresponde a una persona muy culta, que busca desesperadamente joyas literarias ocultas entre miles de títulos; quiere encontrar autores de culto entre la multitud que alimentaba este auténtico universo literario. Rebusca –yo el primero- entre miles de páginas referencias literarias, cinematográficas, influencias culturales varias: en resumen, tiende a intelectualizar algo que en su origen no tenía ninguna pretensión más allá de entretener.

Joseph Berna CondeHugoEs por esto que actualmente todo el mundo centra su atención en Curtis Garland, Peter Debry, Silver Kane, Cliff Bradley, y muchos otros escritores que destacaban por una calidad que les hubiera permitido una carrera literaria más convencional, y se desprecia en cierta forma al resto de autores. Y entre estos autores menospreciados   –no por todo el mundo, afortunadamente- se encuentra José Luis Bernabeú López, alias Joseph Berna, que por cierto fue el único seudónimo empleado por el escritor.

Les invito desde aquí a descubrir al auténtico Joseph Berna, una persona entrañable, que me ha facilitado personalmente toda la información que figura en este artículo, con una amabilidad y paciencia que no me cansaré nunca de agradecerle. Ojalá sirva para que lo vean como lo que es: una excelente persona con un sentido del humor extraordinario, que tan sólo quiso probar suerte en la literatura, y vaya si lo consiguió.

José Luis Bernabeu López nace el 16-05-1946, en Xàtiva (Valencia). Sus padres, José Bernabeu, propietario de una peluquería de señoras y Rafaela López, una modista, proporcionaron una infancia al autor de la que no guarda en su memoria nada más que buenos momentos.

Cursó sus primeros estudios en un colegio llamado “La Ferroviaria”, de grato recuerdo para Jose Luis, tanto por el Centro en sí, como por Doña Consuelo, la maestra, una encantadora mujer que le llamaba “tragalibretas”, porque terminaba muy rápido las muestras que le ponía y las libretas le duraban muy poco. Todo un entrenamiento para su futuro como escritor, donde llegaría a verse obligado a escribir más de una novela a la semana.

Con 11 años ingresó en el Instituto de Enseñanza Media “José de Ribera”, para hacer el Bachillerato. Con 14 años su familia se trasladó a vivir a Elche (Alicante), y desde allí, a los 16 años, a Valencia, donde reside desde entonces.

En los últimos meses de su estancia en Elche (con 16 años), consigue un empleo en el Despacho Central de la RENFE, como aspirante administrativo. Ya en Valencia, continua en la misma empresa, donde poco a poco va ascendiendo de categoría: auxiliar administrativo, oficial de 3ª, oficial de 2ª…

Desde muy corta edad, como la mayoría de los niños de entonces, se aficionó a los tebeos (ahora llamados “cómics”). Recuerda perfectamente haber coleccionado “El Guerrero del Antifaz”, “El Capitán Coraje” y “Vendaval, el capitán Invencible”. Leía números sueltos de “Purk, el hombre de piedra”, “El Capitán Trueno”, “El Cachorro”, “El espadachín enmascarado”, “Roberto Alcázar y Pedrín”, “F.B.I.”, “Hazañas Bélicas”…

Con 9 años compró su primera novela de quiosco. Una novela de ciencia-ficción de la que no recuerda el título, pero sí el autor: Clark Carrados. Trataba de un marciano que llegaba a la Tierra con malas intenciones y causaba estragos con su arma, una “lámpara vital”. Le impactó de tal manera que es más que probable que esta fuera la génesis se su futuro como escritor.

Desde entonces se convirtió en un lector compulsivo. Recuerda de modo especial la colección “Historias” de la Editorial Bruguera, porque tenían viñetas y era como leer novela y tebeo a la vez. Aún conserva 7 ejemplares de la colección como un pequeño tesoro, aunque un poco deteriorados por el paso del tiempo.

Su segunda afición es la música. A los 14 años empezó a tocar la guitarra, gracias a la ayuda de su tío (que además era su padrino). Recibió también algunas clases de solfeo, hasta que más adelante, con casi 18 años, entró a formar parte del grupo “pop” valenciano “Los Mikel’s”, como guitarra rítmica. De esta aventura musical, que duró dos años, guarda el autor cientos de anécdotas que le servirían para escribir más adelante (en 1986) un libro que por el momento no ha sido publicado, pero en el que al parecer el autor ha podido dar rienda suelta al humor que caracteriza toda su obra.

Para explicar cómo llegó a convertirse en escritor, nada mejor que las propias palabras del autor:

Un buen día, con casi 25 años y sin saber exactamente por qué, me pregunté si yo sería capaz de escribir una novela. Había leído ya algunas de Keith Luger, Silver Kane, Lou Carrigan, Curtis Garland… Todas ellas me gustaron, independientemente del género.

Decidí probar con una novela policíaca, pero que resultara humorística, porque era lo que iba con mi carácter. Y empecé a escribir. Un folio, dos, tres… ¡Demonios!, aquello me gustaba. Me lo estaba pasando muy bien y continué. Cuatro, cinco, seis… Los folios se iban llenando y yo me estaba divirtiendo.

Casi sin darme cuenta, llegué hasta el final. Entonces le puse el título a lo que había escrito: “La misteriosa Stella”. Tan satisfecho me dejó, que empecé inmediatamente otra, sin pensar siquiera en enviar mi primera novela a alguna editorial. Solo me interesaba saber si yo sería capaz de escribir una segunda novela con el mismo estilo: humor, mucho humor.

Así nació “El club Vampiro”, policíaca también. Y después cambié de género: quería saber qué tal se me daba la novela del Oeste. Disfruté igualmente escribiendo “Mexicanas a granel”.

Ye tenía tres novelas escritas y seguía sin animarme a enviarlas a una editorial. ¿Temía, tal vez, que les pareciesen demasiado disparatadas…? Quizá, así que empecé mi cuarta novela, también del Oeste: “Un escocés en Texas” ¡Y más disparatada todavía!

Finalmente, cediendo a la presión de familiares y amigos (me repetían que no perdía nada enviándolas a una editorial, que el “no” ya lo tenía si no las mandaba), me armé de valor, las metí las tres en un sobre y las envié a la Editorial Bruguera de Barcelona. Fue a últimos de septiembre de 1972.

Mientras esperaba la respuesta, continué con el escocés y su gaita, tan tranquilo, porque        estaba casi seguro de que me iban a devolver los tres originales. Eso si no los habían echado ya a la papelera. Por fortuna, no fue así y a últimos de noviembre recibí una carta comunicándome que el informe de la Asesoría Literaria había sido favorable y me los iban a publicar. Y además me pedían que les enviara un nuevo original cada mes a partir de entonces.

Leí la carta una y otra vez, con unos ojos como platos, porque no me lo podía creer. Y la besé una docena de veces, por lo menos. Estaba loco de alegría.

Y así fue como me convertí en escritor.”

Joseph Berna asesinoDe este modo, alguien que no había tenido ninguna experiencia previa como escritor, se convirtió de la noche a la mañana en uno de los pilares de las colecciones de quiosco de la editorial Bruguera. Su estilo directo, y sobre todo su humor disparatado, fue acogido con entusiasmo por el público de la época, que de forma fulminante le convirtió en uno de los autores más vendidos de la editorial.

La información que tan generosamente me ha facilitado José Luis Bernabeú nos permite conocer un poco  mejor el funcionamiento de Bruguera en esos años.

El contrato tipo con Bruguera era el siguiente: no había sueldo fijo para los escriotres. Al aprobar una novela y destinarle colección, la editorial pagaba un anticipo de 4.500 pesetas (unos 27 euros), de los que se descontaban un 7,5% en concepto de impuestos, por lo que el giro postal que finalmente ingresaban al autor era de 4.162,50 pesetas. Un par de meses después de la publicación de la novela, la editorial enviaba una declaración de tirada y la liquidación correspondiente, junto con otro giro postal. Al autor le correspondía un total del 5 % recaudado según la tirada. Lógicamente, a mayor tirada, mayores ingresos. Un malpensado podría pensar que la editorial tuviera la tentación de adelgazar las cifras reales de tirada para pagar menos a los autores, lo que hace muy complicado saber cuantos ejemplares de cada novela se vendían  en realidad.

El período de cesión de los derechos a favor de la editorial era de 10 años. Una vez transcurrido este periodo, los derechos volvían a ser del escritor.

Ya sé que cualquier lector joven que lea esto pensará que se les pagaba una miseria, pero para haceros una idea de lo que vendrían a ser hoy en día 4.500 pesetas, haciendo una simple actualización a precios constantes, equivaldrían a 300 €, y hay que tener en cuenta que los niveles de precios de los bienes comunes eran muy inferiores a los actuales (los salarios han crecido a un ritmo muy inferior que los precios), por lo que podemos decir que este trabajo no estaba nada mal pagado, pero ojo, a costa de trabajar a destajo.

Saber cuanto se cobraba finalmente por novela es bastante más complicado, por lo ya comentado anteriormente acerca de las tiradas. Suponiendo una tirada media de 25.000 ejemplares, que considero probable, a un precio de 10 pesetas, que es el precio de venta de los primeros años en que publicó Berna, el autor acabarían recibiendo 1.390,00 € actuales por cada novela. Esto no son más que estimaciones, con el único fin de hacernos una idea de lo que se cobraba por aquel entonces.

Un dato muy interesante es el número de novelas que se le exigía a los autores por mes, cosa que lógicamente variaba mucho dependiendo del escritor. A los escritores más vendidos se les intentaba exprimir al máximo, y luego se tenía en cartera a otros autores a los que se les aceptaban títulos a un ritmo más suave, que servían para rellenar huecos cuando hiciera falta.

La editorial enviaba todos los años a cada autor una lista del número de novelas que debían entregar el siguiente año, especificando también de qué géneros. Si el autor tenía buenas ventas, al año siguiente se intentaba incrementar el número de títulos a entregar.

En el caso de Joseph Berna, al principio de su carrera se le exigía un original cada mes. Poco después, dos por mes, más adelante, tres, y luego, cuatro. En enero del año 1983, le pidieron seis originales al mes. El escritor les advirtió que veía muy difícil escribir 72 novelas al año, pero insistieron y se comprometió a trabajar incluso domingos y festivos, y quedarse sin vacaciones. A pesar de todos sus esfuerzos, sólo pudo escribir 61, por lo que al año siguiente, volvió a los cuatro originales mensuales. Era su límite, no podía abarcar más. Pido al lector que se imagine lo que tiene que ser escribir 61 novelas en un año, por mucho que sean “novelitas” de 100 páginas, y luego se replanteen su opinión sobre la calidad de los libros.

De hecho, desde prácticamente el principio de su carrera como escritor, Joseph Berna se dedicó en exclusiva a la literatura; al principio, porque lógicamente tardaba más tiempo en finalizar cada obra, y después porque la editorial fue incrementando el número de obras exigidas al mes.

Otro interesante aspecto de la editorial era su política para fomentar la competencia entre sus propios escritores. Durante los primeros años en que Berna empezó a trabajar para Bruguera, la Asesoría Literaria de Bruguera calificaba las novelas cuando las aprobaba: con una A si le parecía muy buena, con una B, si la consideraba buena y con una C, si la veía simplemente aceptable. También, durante algunos años, la editorial otorgaba un primer premio de 1.000 pesetas a la mejor novela del mes, y un segundo premio de 500 pesetas a la novela que le seguía en méritos. En la hoja de calificaciones, en el apartado Observaciones, se notificaba si la novela había sido premiada.

La primera novela de Berna que resultó premiada con 500 pesetas fue la quinta que escribió: “La ley descansa en Miami”, cuando todavía no había salido ninguna de sus anteriores obras a la venta. Este hecho alegró muchísimo al escritor, más que por la cuantía del premio, por el estímulo que significaba para él para continuar su carrera.

Más adelante consiguió dos primeros premios con las obras: “Los hermanos Dinamita” y “Un neoyorquino en Arizona”, y seis novelas más consiguieron el segundo premio, hasta que la editorial decidió eliminar esta política de incentivos.

Respecto a la relación que existía entre los escritores de novela popular, existe una leyenda que afirma que Bruguera hacía todo lo posible para que sus autores no se conocieran entre sí, con el fin de evitar que empezaran a comparar sus contratos, o que se organizaran entre ellos para solicitar mejoras salariales. Según la experiencia  del propio Joseph Berna, esto debía ser cierto, pues según cuenta personalmente, sólo ha llegado a conocer porr teléfono a Frank Caudett, Lou Carrigan y a Lem Ryan, en todos los casos después de que Bruguera echara el cierre.

Pero como suele suceder, el destino hizo que Joseph Berna sí que se pusiera en contacto con uno de sus colegas de profesión: Adam Surray, autor con el que 30 años después mantiene una gran amistad. Para entender comó se conocieron, nada mejor que las propias palabras del escritor:

“Es una anécdota muy curiosa. A primeros del mes de enero de 1975, recibí una carta de Bruguera indicándome el número de originales y de qué género tenía que mandar ese año. Me di cuenta, sin embargo, de que el destinatario de la carta no era yo, sino José López García, también de Valencia. Yo no sabía quién era, pero ese mismo día recibí una llamada suya. Se presentó y me dijo que él había recibido una carta destinada a mí. Por la Asesoría Literaria averiguó mi número de teléfono. Aclarada la confusión, quedamos en vernos y recibí su visita. Ahí nació una amistad que se fue agrandando con el tiempo, y que todavía perdura. Es uno de mis mejores amigos, sin duda alguna. Gran persona y excelente escritor. Le admiro sinceramente.

Y sí, nos veíamos a menudo y charlábamos mucho por teléfono también, comentando cosas de la editorial. Tiradas, portadas, contratos…Y nos seguimos viendo con regularidad, naturalmente.”

Personalmente puedo dar fé –pues he tenido la suerte de hablar con ambos-  que los dos se profesan admiración mutua, y sobre todo, un cariño sincero que a mí al menos me ha conmovido.

En 1996, unos años después del cierre de Bruguera, tras escribir otras 11 novelas del oeste para ediciones B, Joseph Berna dio por finalizada su carrera como escritor de novela popular, aunque escribiría dos obras más: una novela larga exclusivamente de humor titulada “La gran semana” y “Acordes de Juventud”, la biografía musical de su grupo de juventud, Los Mikel’s, época que el escritor recuerda con especial cariño.

Joseph Berna Operacion riñones al jerezUno de los aspectos más polémicos entre los aficionados a la novela popular acerca de Joseph Berna es el constante uso del humor en su obra, con independencia del género en el que se moviera. Ya desde muchos de los títulos de sus novelas se podía adivinar el gamberro tono de sus novelas: “A mi no me tosas, Pancho”, “¡Desenfunda, lentorro!”, “El espía que surgió de la cama”, “Soy un agente, sí…pero de seguros” u “Operación Riñones al Jerez” son sólo algunos de los múltiples ejemplos que pueden encontrase en su obra en este sentido.

Pues bien, para mí, este es precisamente el aspecto en el que destaca Berna, no sólo como autor, sino como persona, y lo que le diferencia del resto de escritores que inundaron en su día los quioscos con sus obras. Este uso del humor más cachondo y gamberro también le convirtió en un fenómeno dentro de la literatura popular de los años 70 y 80.

Hay gente que opina que el escritor no se tomaba en serio su trabajo por este constante uso del humor, incluso dentro de géneros tan ajenos a ello como el terror. Nada más lejos de la realidad, y sobre este polémico asunto se manifiesta el propio autor:

“El hecho de que el humor fuera la base de todas mis novelas, me obligaba a esforzarme al máximo para no defraudar a mi público. Ya lo tenía y sabía lo que esperaba de mí. Soy consciente de que son muchos los lectores que prefieren la novela seria, incluso dramática, y tienen muy buenos autores que les ofrecen eso. Pero también son muchos los lectores que prefieren la broma, la diversión, reírse con cualquier situación… “

La existencia de escritores como Cervantes o Curtis Garland es imprescindible, pero también la de los Joseph Berna que viven a la sombra de los más grandes, pues como muy bien dice el propio escritor, parafraseando a su admirado paisano Luis Sánchez Polack “Tip”, “la vida son cuatro días, y ya han pasado dos”.

En resumen, un escritor al que considero obligado dar una nueva oportunidad, leyéndole sin prejuicios, y simplemente intentado disfrutar de su característico sentido del humor, a veces surrealista, que le diferencia del resto de autores. En la vida tiene que haber tiempo para el arte con mayúsculas, pero también para la simple diversión.

Así que mi recomendación es que aquellos lectores que hasta ahora se han guiado única y exclusivamente por los comentarios de otros aficionados, den una oportunidad al escritor para poder formarse una opinión propia. Si sabéis entender su humor y lo disfrutáis, bienvenidos, y si no os entusiasma, pues fenomenal, pero por favor, un respeto por Joseph Berna, autor de casi 400 títulos que hicieron disfrutar (y leer, no lo olvidemos) a miles de personas, cuyos gustos eran muy diferentes a los de hoy en día.

Por mi parte desde esta página le quiero mostrar mi afecto como persona, y mi respeto y admiración por su larga y fructífera carrera como escritor.

Muchas gracias, Sr. Bernabeu.

Muchas gracias, Mr. Berna.

Y punto.

LA FABRICA DE ESTATUAS

Título: LA FABRICA DE ESTATUAS

Autor: Clark Carrados

Colección Selección Terror Nº 50 Editorial Bruguera

Portada: Jorge Sampere

1ª edición: Febrero 1974

Clark Carrados La-fábrica-de-estatuasEn mi opinión, el secreto para que funcione cualquier relato de terror radica en su facilidad para acercar al lector a alguno de sus temores primarios, si bien es cierto que hay que considerar que no a todo el mundo le provocan miedo las mismas cosas, o que incluso en cada época prevalece un tipo de terror distinto.

La novela de esta reseña, “La fábrica de las estatuas”, del incombustible Clark Carrados, es un buen ejemplo de uno de estos temores primarios: el miedo a ser enterrado vivo.

Si bien es cierto que la tapefobia se define como el terror irracional a ser enterrado vivo como consecuencia de un erróneo diagnóstico médico, la realidad es que hoy en día persiste de forma inexplicable en mucha gente un cierto temor subconsciente a despertar en el interior de una tumba.

Lógicamente este miedo ha ido disminuyendo con los años gracias a los avances de la medicina, que han hecho que hoy en día sea prácticamente imposible un entierro prematuro, pero no hay que olvidar que en un tiempo no muy lejano, en el siglo pasado sin ir más lejos,  estas situaciones se producían con mayor frecuencia de la esperada, principalmente como consecuencia de catalepsias no diagnosticadas, o simplemente fruto de la incompetencia de ciertos médicos.

Los numerosos casos reales, aderezados con las correspondientes leyendas urbanas, provocaban que en el siglo XIX y buena parte del siglo XX, el miedo a ser enterrado vivo fuera una constante, lo que favoreció  el desarrollo de una próspera industria de ataúdes de seguridad, con ingeniosos mecanismos que permitían que alguien que hubiera sido enterrado vivo tuviera un sofisticado sistema de respiración, o incluso una cuerda que hacía sonar una campanilla en el exterior de la tumba.

Cuando se produjo el traslado del cementerio de Les Inocents de París, los operarios se sorprendieron de la gran cantidad de cuerpos que estaban boca abajo con todos los síntomas de haber sido enterrados vivos.

De hecho, en las últimas décadas del siglo XVIII y las primeras del XIX, era muy habitual redactar complejos testamentos con instrucciones para impedir ser enterrado vivo, llegando incluso los moribundos  en ocasiones a pedir ser decapitado antes del entierro.

Como ejemplo de este extendido temor, el 17 de octubre de 1849 falleció el compositor Frederic Chopin, víctima de la tuberculosis. Poco antes de morir, dejó escritas las siguientes líneas: “Si esta tos acaba asfixiándome os suplico abráis mi cuerpo para que no sea enterrado vivo”. Este es el motivo por el que el cuerpo del músico fue enterrado en París, mientras que su corazón está depositado en la Iglesia de la Santa Cruz de Varsovia.

Aunque la novela objeto de esta reseña no trata exactamente el tema de los enterramientos en vida, sí sabe acercarse a este temible tabú con una ingeniosa trama que despierta la imaginación del lector. Lord James Willmont Guthford es un adinerado coleccionista de arte que acaba de recibir su última adquisición, una impresionante estatua que representa un desnudo femenino en bronce. Cuando están a punto de colocar la pesada efigie encima del pedestal habilitado para tal fin, un fatal accidente provoca que la obra de arte caiga contra el suelo, partiéndose en mil fragmentos, y descubriendo a los asistentes un  terrorífico hallazgo: en el interior de la estatua se encuentra el cadáver descompuesto de una mujer llamada Scylla Watson, cuyo aterrorizado rostro da a entender que fue introducida con vida dentro de la estatua.

La investigación policial conduce a un anticuario, responsable de la venta de la estatua a Lord Guthford, y todas las pistas apuntan a un encargado de almacén que ha desaparecido misteriosamente, y cuyo cuerpo aparece poco tiempo despúes flotando en el Támesis, dejando la investigación en una vía muerta.

Días más tarde, Alan Darney, detective privado, recibe la visita de Lynn Dickerson, que quiere encargarle investigar la reciente desaparición de su hermana, amiga íntima de la malograda Scylla Watson. Lynn, después de ver las noticias en los periódicos, teme que su hermana haya sufrido el mismo destino que la víctima.

Así comienza una peligrosa investigación que llevará a nuestros protagonistas a una siniestra fábrica de estatuas en Kinlochbervie, Escocia, poniendo en el camino en riesgo sus vidas, e incluso su cordura. ¿Por qué fue convertida Scylla en una estatua viviente? ¿Quiés está detrás de la siniestra fábrica?. Estas y otras preguntas encontrarán su respuesta en esta nueva muestra del buen hacer de Luis García Lecha, más conocido como Clark Carrados, y al que ya he dedicado anteriores artíulos en este mismo blog.

Como curiosidad, la localidad de Kinlochbervie existe en la realidad. Es un pequeño pueblecito cuya descripción se asemeja bastante al contenido del libro, en el norte de Escocia, cercano a Sandwood bay beach, playa con una curiosa leyenda local sobre un tesoro procedente de un galeón español, custodiado por fantasmas de marinos muertos en naufragios.

Quiero aprovechar estas líneas para decir que si me encontráis en el sofá con los ojos cerrados, por favor, lo más probable es que esté dormido. No tengáis prisa en enterrarme. Y sobre todo lo digo por si lee esta reseña mi suegra.

LANDRÚ EN EL BOLSILLO

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Monsieur Landrú

La fascinación popular por el horror es una condición intrínseca del ser humano. Claro ejemplo de ello es la insana atracción que sentimos por conocer la vida y obra de los más famosos asesinos en serie de la historia, y nuevamente la novela popular española vuelve a ser un excelente reflejo de este hecho.

Se podría pensar que en los años de la dictadura de Franco, la censura no permitiría a las editoriales mostrar al público temas tan morbosos y siniestros como los asesinos en serie, pero la realidad es que la edad de oro de la novela popular trató en múltiples ocasiones tan delicada cuestión, y no estoy hablando tan sólo de obras de ficción- que también-  sino de bien documentadas biografías.

landru n 13 coleccion pildoraAparte de la colección “Galería Siniestra” de Rollán, tratada en otro artículo, todo un homenaje a los más célebres asesinos de la historia, otras colecciones de novela popular de temática variada sacaron diversos títulos dedicados a famosos asesinos en serie, como es el caso de la Colección Pulga, ya comentada en un artículo dedicado al doctor Crippen, o en la biblioteca Píldora, de la editorial Gráficas Espejo, desconocida colección a la que en algún momento dedicaré una reseña.

Dentro de esta última colección, de tamaño un poco menor que la de Pulga, se publicaron diversos títulos dedicados a famosos asesinos en serie, como son los casos del Vampiro de Düsserdolf, Rasputín o a Landrú, personaje objeto de esta reseña, todos ellos a cargo de una tal Elena Clemens, de la que no he conseguido obtener ninguna información (y como siempre, agradecería la amable colaboración de cualquiera que sepa algo al respecto).

Henri Désiré Landrú (París, 12 de abril de 1869 – Versalles, 25 de febrero de 1922) fue un famoso asesino en serie francés, más conocido como el “Barba Azul de Gambais”.

Landrú nació en una familia modesta obrera parisina que vivía al lado de la catredal de Notre Dame. Su padre, un hombre severo y religioso, trabajaba como fogonero en una fundición industrial mientras que su madre era costurera. El pequeño Henri demostró ser un brillante estudiante con grandes ambiciones para su futuro. Un joven que decía admirar al relojero Pel y al envenenador Liebez, dos asesinos que se especializaron en no dejar rastro de los cadáveres.

En 1889, cuando había iniciado una carrera en el ejército, alcanzando el rango de sargento, sus compañeros militares aseguraban que el carácter obsesivo de Henri llegaba hasta el punto que se dedicó a recortarse la barba en medio de la batalla del río Marne.

Pronto Henri se ve forzado a casarse con su prima hermana Marie Reny a causa de un embarazo no deseado. Con ella, tendría tres hijos más. Durante esa época, Landrú trató en un principio de ganarse la vida honradamente como vigilante de garaje y comerciante de muebles, pero su ambición por alcanzar un nivel de vida más alto lo empujaría hacia la delincuencia. Entre 1902 y 1914, algunos delitos menores por estafa le valieron tres penas de cárcel sucesivas, lo que acarreó que su padre, avergonzado por el comportamiento de su hijo, se quitara la vida ahorcándose en un árbol del Bois de Boulogne.

Una tarde de 1909, Landrú acudió a la cita de una viuda llamada madame Izoret, que ofrecía en un anuncio de prensa su patrimonio a cambio de un varón que le hiciera compañía. El estafador se presentó en su casa y le engatusó a base de falsas promesas de matrimonio, para luego llevarse 20.000 francos. Con el tiempo, Madame Izoret empezó a sospechar y acabó denunciando a Landrú, que fue arrestado y condenado. Durante esa condena por estafa, Landrú comenzó a trazar siniestros planes de futuro, madurando la idea de seguir siendo el perfecto compañero de viudas solitarias, pero asesinándolas para que no pudieran acusarlo más.

En 1914, favorecido por el estallido de la I Guerra Mundial y por la falta de pruebas,  Landrú escapa de una condena de varios años por el último de sus fraudes.

La Gran Guerra proporcionó además a Landrú la oportunidad de perfeccionar su talento de consolador de jóvenes viudas. Dado que las bajas que a diario se producían en el frente de batalla aumentaban constantemente el número de viudas que colocaban en los periódicos anuncios matrimoniales, Landrú comprendió que un hombre como él, atractivo y joven aún, podía aprovecharse de esta situación.

Y así fue como el futuro asesino volvió a publicar anuncios en la prensa. El de mayor impacto fue uno que apareció en Le Journal en el que decía: “Viudo, dos hijos, cuarenta y tres años, solvente, afectuoso, serio y en ascenso social desea conocer a viuda con deseos matrimoniales”. En seguida centenares de mujeres respondieron a su propuesta. Landrú fue descartando a todas aquellas con pocas posibilidades. A las otras, les enviaba una respuesta para recoger más información y asegurarse de la rentabilidad del idilio.

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Jeanne Cuchet, primera víctima de Landrú

La primera seleccionada fue Jeanne Cuchet, una hermosa mujer de 39 años, con un hijo de diecisiete (André), una mujer que contaba con unos ahorros de unos 5.000 francos. Landrú alquiló un piso en el barrio de Vernouillet y adoptó la identidad de Raymond Diard, inspector de correos, proveniente de Lille, que había tenido que huir debido a la ocupación alemana. Nuestro protagonista se comportó como un educado pretendiente, y evidentemente prometió matrimonio a madame Cuchet. En enero de 1915, madre e hijo desaparecieron para siempre. Landrú los descuartizó en el pequeño apartamento para luego quemarlos en la chimenea.

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Parte de la desgraciada galería de víctimas de Barba azul

Posteriormente, Landrú perfeccionó su siniestro método delictivo. Alquiló una casa en las afueras de París, a la que fue invitando a sus sucesivas conquistas, bajo la promesa de matrimonio. En una libretita negra escribía cada detalle de las citas, y anotaba por ejemplo: “infructífera” o “capital presumible” o “bienes sólidos”. Consiguió así su segunda víctima: de nuevo una viuda, con más dinero que la anterior, madame Laborde-Line. Con ella siguió la misma técnica que con madame Cuchet, se presentó como Dupont, empleado del servicio secreto, y al tiempo le propuso que se marchara a vivir fuera de París quedándose él con sus ahorros para invertirlos en aquella desastrosa época de guerra. Poco después, madame Laborde-Line sería asesinada e incinerada en el salón de la casa parisina.

Para la realización de sus espantosos crímenes, Henri dejó de usar su nombre y se convirtió en el doctor Fréymet, el geómetra Dupont, el ingeniero Lucien Guillet, o el viudo Raymond Diard, entre otras muchas falsas identidades.

Landrú disfrutaba felizmente de sus nuevas riquezas, sin levantar sospecha alguna por sus crímenes. Pero el hecho de cambiar constantemente de casa suponía un fastidio por el hecho de dar constantes explicaciones tanto al casero y a los vecinos por su marcha como a su propia mujer por sus constantes idas y venidas. Así que alquiló una casa en la localidad de Gambais, a la que llamó “Ermitage”.

De 1914 a 1918, Landrú siguió empleando el mismo método criminal, sin importar la edad de sus presas, que podía ir desde los 19 hasta los 51 años. Invitaba a las viudas para prometerles matrimonio y, cuando se aseguraba que disponía de su dinero para “inversiones futuras”, las asesinaba y las quemaba en el horno de la casa. Landrú logró reunir una fortuna con los bienes de sus novias. Entre 1915 y 1919 nada menos que 35.642 francos con 50 centavos.

Mientras todo eso pasaba, llevaba una vida casi normal. Visitaba a sus hijos con frecuencia, mostrándose con ellos como un padre atento y a su esposa le hacía regalos carísimos.

Pero, una vez acabada la guerra, los parientes empezaron a buscar a sus desaparecidos. Ese fue el caso de los familiares de Madame Collomb, que enviaron una carta al alcalde de Gambais, solicitando cualquier tipo de información sobre su pariente, a la que se había visto en ese pueblo en compañía de un tal Dupont.

Pero no fue hasta la intervención del inspector Belin, cuando el cerco a Landrú empezó a estrecharse. La clave la dio la hermana de madame Buisson que acudió a la policía cuando se cruzó con el “pretendiente” de su hermana desaparecida comprando obras de arte en una tienda de Rue Rivoli. La policía interrogó al comerciante y encontró que Désiré, había dejado su tarjeta “Lucien Guillet, 76, Rue Rochechouart”. Allí se dirigió la polícia para detener al asesino el 11 de abril de 1919 en compañía de su nueva “amante”, la actriz Fernande Segret.

Una vez en la prefectura se pudo conocer la auténtica identidad del asesino gracias a una agenda. En ella, también se pudieron encontrar once nombres, cuatro de ellas coincidían con desapariciones ya constatadas y también, con una meticulosidad asombrosa de ahorrador compulsivo, los precios de los boletos de ferrocarril de París a Gambais. Cada vez que una de las víctimas acompañaba a Henri a Gambais, éste anotaba la compra de dos billetes de de ida, y sólo uno de vuelta.

Al ser interrogado por la policía sobre estas muejres de la agenda, Landrú contestó: “Un hombre de honor no habla de sus relaciones íntimas con las mujeres; no comenta nada de ellas con extraños, y menos aún con agentes de policía”.

Si este hombre viera hoy en día Sálvame le daba un infarto.

El 29 de abril, Landrú, acompañado de los gendarmes, viajó a Gambais. Allí se pudieron encontrar 295 huesos humanos semicarbonizados, un kilo y medio de cenizas y 47 piezas dentales de oro que Landrú guardaba en un cajón. Poco después, se pudo confirmar que el psicópata había vendido ropas, muebles y enseres de sus víctimas.

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Landrú en el juicio

El juicio de Landrú duró dos años y fue uno de los más sonados del París de la época. Aunque reconoció haberlas engañado, jamás confesó la autoría de los asesinatos: “Me procesan por diez mujeres —dijo— cuando he conocido centenares… ¡Qué generoso es este tribunal!… Estafador, lo admito; pero asesino, no. Ellas estaban solas y yo les he dado un poco de esperanza. Las he amado, las he despojado, pero no las he matado. ¿Qué fue de ellas? No sé. Es increíble cómo pueden desaparecer tantas mujeres sin dejar rastros… ¡Que me traigan las pruebas!”.

Al final, el 30 de noviembre de 1921 sería condenado tan sólo por once asesinatos probados, aunque la policía calculó entre 117 y 300 el número de mujeres asesinadas por Barba Azul. Al oir impasible la sentencia, Henri se dirigió a su abogado: “Gracias, Su Señoría. Si alguien hubiera podido salvarme habría sido usted. Pero en toda batalla hay muertos“.

landru_guillotinaEl 25 de febrero de 1922, Landrú fue guillotinado en la cárcel de Versalles.

Algo debía tener este siniestro Don Juan, pues tras su ejecución, Fernande Segret, última amante y tal vez el verdadero amor de Landrú, se fue al Líbano como institutriz. Regresó a Francia 40 años después. Se suicidó el 24 de febrero de 1972 arrojándose al foso del castillo de Flers-de-l´One, con una foto de Landrú en el bolsillo. Dejó una breve nota que decía: “Aún le amo y sufro demasiado. Me quitaré la vida“.

Unos años después de la ejecución de Landrú, otro psicópata, Peter Kürten, más conocido como el Vampiro de Düsserdolf, se declaró un gran admirador de Barbazul.

En 1963, se descubrió por casualidad una carta de Landrú en la que reconocía ser el autor de los crímenes.

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Orden de ejecución de Landrú

Landru_film_posterLa vida de este psicópata fue llevada al cine en una famosa película llamada “Landrú”, dirigida por Claude Chabrol ese mismo año. Previamente, en 1947, Charles Chaplin hizo una película inspirada también en su vida, llamada Monsieur Verdoux.

museum-of-death-los-angelesHoy en día es posible ver la cabeza guillotinada de Barbazul en el Hollywood’s Museum of Death, curiosísimo museo abierto en 1995 por J.D. Healy y Catherine Shultz con el objetivo declarado de “hacer que la gente se sienta feliz de estar viva“. Desconozco cómo llegarían a Estados Unidos los restos del famoso criminal.

En la novela popular el personaje de Landrú tuvo, al menos que yo conozca, dos versiones:

La primera de ellas, en la mencionada biblioteca Píldora, de la editorial Gráficas Espejo, a cargo de Elena Clemens, autora especializada en esta editorial en la realización de biografías, especialmente de oscuros personajes de la historia.

Las segunda de ellas corresponde a la tantas veces mecionada colección Galería Siniestra de Rollán, en cuyo nº 20, “Monsieur Landru, el Don Juan Siniestro”, a cargo de H. Lindser (Mariano Rodríguez Tudela), se narraban de forma novelada, pero muy bien documentada, las andanzas de nuestro fascinante protagonista.

Como curiosidad, en una novela de terror de Curtis Garland, “Cámara de los horrores”, nº 20 de Selección terror de Bruguera, se hace también mención a Landrú, entre otros muchos monstruos que habitan un siniestro museo de cera.

Para la gente que opina que este tipo de literatura no tiene utilidad alguna, sirva esta reseña de advertencia a jóvenes viudas y divorciadas: mucho cuidado con las actuales páginas de contactos de internet, no vaya a haber un Landrú acechando.

JARDÍN SINIESTRO Y LOS 7 PECADOS CAPITALES

Título: JARDÍN SINIESTRO

Autor: Lou Carrigan

Colección Los Libros de la Medianoche Nº 10 Editorial VOSA

Portada: Agencia

1ª edición: Mayo 1996

jardin siniestro lou carriganCuando ya habían pasado años desde el fin de la edad de oro de la literatura de kiosco, aparece este título de Lou Carrigan para despertar la nostalgia del viejo lector.

Aunque ni el libro ni la colección donde se encuadra pueden en ningún caso considerarse bolsilibros, por formato y extensión, es iimposible desligar el nombre de Lou Carrigan de este mundo.

EDICIONES VOSA SL es una editorial que nace a finales de 1983 con el nombre de Ediciones Vanguardia Obrera SA. En su primera etapa se limitó a publicar títulos de fuerte contenido político, de ideología de izquierdas, aunque pronto ampliaron sus horizontes, con la creación de colecciones dedicadas a diversos géneros: ensayo, historia, narrativa, poesía e incluso humor.

En una segunda etapa, la editorial  pasó de sociedad anónima a sociedad limitada, en 1991 incorporando nuevos autores y creando nuevas colecciones: “La Nave de los locos”, “POP VOSA” -dedicada a biografías de grupos musicales-, y “Los libros de la Medianoche”, dedicado a la novela policíaca.

Dentro de esta última colección se publica en su nº 10 la obra “Jardín Siniestro”, de Lou Carrigan, una novela que por su extensión perfectamente podría haber sido publicada en su momento en Murder Club, de Rollán, si no fuera porque contiene una escandalosa componente sexual que no hubiera superado la estricta censura de la época.

La única conexión que existe en esta colección con el mundo del bolsilibro es precisamente la aparición entre los autores de Lou Carrigan y de Manuel Blanco Chivite, tada una eminencia y fuente de conocimiento de referencia en cualquier tema relacionado con la literatura popular española.

La relación de títulos publicados en la colección de los que tengo constancia es la siguiente:

Los comunicados del lobo. Manuel Blanco Chivite

Y a ti, ¿Dónde te entierro, hermano?. Julián Ibáñez

Vía muerta. Fernando Martínez Lainez.

Razones para ser feliz. Carlos Pérez Merinero.

Acción directa. José Miguel Fernández Urbina.

Trío de negras. (Tres relatos de Manuel Blanco Chivite, Fernando Martínez Lainez y José Miguel Fernández Urbina)

Siempre hay alguien detrás. Juan Antonio de Blas.

Para matar. Mariano Sánchez Soler

Jardín Siniestro. Lou Carrigan

Maceta. Luis Adrián Betancourt

Carvalho. Biografía de un detective de ficción. Manuel Blanco Chivite

“No hay que escandalizarse con el novelista por las cosas que escribe, sino con la humanidad por las cosas que hace, pues éstas son la base de los argumentos literarios.”

Con esta cita del autor da comienzo esta interesantísima novela, dejando claro desde un primer momento que algo horrible nos espera en el interior de sus páginas.

El inspector Martín Martínez, jefe del grupo de la policía judicial, es asignado para atender un siniestro caso de asesinato: una bella mujer de clase alta llamada Ana Roca ha aparecido desnuda salvajemente asesinada en el jardín de una lujosa mansión de uno de los mejores barrios de Barcelona. Tras un primer interrogatorio, queda claro que el motivo por el que la mujer se encontraba desnuda fuera de la casa no era otro que estaba participando en un exótico juego de intercambio de parejas promovido por un grupo de cuatro matrimonios de la alta sociedad, que se encontraban en el interior de la casa en el momento en que se produjo el crimen.

La casualidad hace que Aurelio Durán Mir, un abogado amigo del grupo de sospechosos, se vea involucrado en la investigación del crimen. Aurelio acude a la mansión justo después del asesinato, buscando a un colega abogado que le había dejado un enigmático mensaje en el contestador automático pidiéndole que se reuniera urgentemente con él.

La estructura de la novela alterna pasado/presente, con capítulos en los que poco  a poco se van desvelando hechos claves anteriores al asesinato – incluyendo alguno protagonizado por la víctima -, y otros en el presente  en los que presenciamos la investigación llevada a cabo por Aurelio en compañía de su inseparable secretaria, Angeles Casadevall, contrapunto romántico del relato.

Como en otros libros de Antonio Vera Ramírez, el foco de la narración se centra más en el porqué y en el modo en que se comete el crimen que en quién es el asesino. La extensión de la novela, superior a lo habitual, permite un mejor desarrollo de la historia, y sobre todo una mejor definición de los personajes, algo casi imposible en en habitual formato del bolsilibro.

Por mi parte destacaría la españolización de la novela, tanto en la ubicación de los escenarios como en los propios personajes, alejándose en este sentido de la novela popular tradicional, marcada por la necesidad de facilitar al lector ambientes más exóticos.

No es casualidad la aparición en el blog en este preciso momento de una nueva reseña sobre una obra de Lou Carrigan, pues quiero aprovechar para destacar una vez más la gran labor que está haciendo A.C.H.A.B para perpetuar la memoria de la novela popular, con una nueva aportación en este sentido con la reciente publicación del primer volumen de “Los 7 pecados capitales  de Lou Carrigan”.

004_portada_7_pecados_blogEn este nuevo recopilatorio se publican 4 obras del prolífico autor, cada una de ellas protagonizadas en cierta manera por un pecado capital.

Acertada recopilación desde mi punto de vista, con una evidente mejoría editorial respecto a anteriores obras de la Asociación –también muy recomendables, por cierto-, alcanzando una soberbia calidad que nada tiene que envidiar de ediciones más profesionales.

No doy detalles sobre el contenido del libro, pues considero que es mejor que lo veais en su propia página web. http://amigosdelbolsilibro.blogspot.com.es/p/plan-editorial-2017.html

Como es habitual en A.C.H.A.B, el recopilatorio se inicia, no con una, sino con dos introducciones que aportan un extraordinario valor añadido al libro: la primera de ellas a cargo nada más y nada menos que de Ramón Charlo, que humildemente se presenta como investigador aficionado de la novela popular, pero al que desde aquí quiero reivindicar como auténtico maestro y eminencia en la materia.  La segunda, muy de agradecer también, la firma un tal profesor cadaverus, que me trae a la memoria a un curioso personaje que firmaba correos en los años 70 en revistas de terror de la editorial Vértice.

Y lo más importante de todo: Lou Carrigan es un gran escritor que merece ser leído.

LOS ESPECIALES DE LAS COLECCIONES FBI Y SERVICIO SECRETO

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En este mismo blog ya he dedicado varias reseñas a novelas de la colección F.B.I de Rollán, probablemente la única que consiguió hacer sombra en los quioscos durante los años 50´ a la mítica Servicio Secreto de Bruguera.

NuevoDocumento 2017-02-15 (6)_2Una de las características de ambas colecciones es que todos sus títulos tenían un número de páginas constante, inicialmente de unas 128, que fue reduciéndose con el tiempo hasta alcanzar las 96 páginas por ejemplar. Sin embargo, de vez en cuando las editoriales sorprendían a sus lectores con la publicación de volúmenes especiales de mayor duración que los números normales. En el caso de Bruguera estos volúmenes ni siquiera se publicitaban como extraordinarios, y aparecían de forma caprichosa y esporádica, sin una aparente explicación del motivo por el que ese número y no otro debía ser considerado especial. Es más que probable que el criterio respondiera simplemente a que un autor presentara un borrador con mayor longitud de la esperada, y que, dadas las premuras de tiempo con las que se trabajaba, se publicara tal cual se había entregado.

A continuación relaciono los títulos especiales de la colección de los que yo tengo constancia. Es más que probable que haya más, ya que me faltan muchos números, así que agradecería cualquier información al respecto, para añadirla a la reseña.

TÍTULO AUTOR
400 Crímenes en primavera Mark Halloran
543 Oferta para el asesinato Keith Luger
551 Congo Hora Cero Silver Kane
561 Margarita Negra Clark Carrados
700 Fuego Maldito Mikky Roberts

No tengo constancia de otras colecciones de Bruguera en las que hubiera volúmenes extra, al margen de las creadas específicamente para albergar títulos de mayor duración, como es el caso de “Selección Terror Extra” y “Extra Conquista del espacio”. El único caso que conozco similar al de Servicio Secreto es en diversas colecciones de novela romántica, como “Alondra”, o “Pimpinela”, que publicaron unos cuantos volúmenes especiales de gran longitud.fbi 200

Por el contrario, Rollán optó por un sistema más regular, de modo que los números 100, 125, 150, 200, 300 y 400 se convirtieron en números especiales, conmemorando el haber alcanzado tan insignes números con ejemplares de mayor longitud de la habitual y con unas preciosas portadas cuyo dibujo continuaba en la contraportada. Puedo confirmar que los números 250 y 500 no fueron especiales, pues dispongo de ambos ejemplares.

De estos especiales, los números 100 y 200 –ambos escritos por el gran Alf Manz, del que se puede encontrar más información en este mismo blog- llevaban además en sus páginas interiores un montón de fotografías sobre el funcionamiento interno del FBI, y sobre la figura del carismático Edward J. Hoover, en aquellos años mostrado como todo un héroe, y hoy en día, con la visión calmada que da el paso del tiempo, convertido en un más que polémico personaje.

En concreto los números extraordinarios de FBI fueron los siguientes:

TÍTULO AUTOR
100 Yo, director del F.B.I Alf Manz
125 Fidelidad, Bravura, Integridad Frank Mc Fair
150 Héroes del FBI O.C Tavin
200 Crimen S.A Alf Manz
300 National 71117 Fel Marty
400 ¡Valiente Watson! Alv Cortroa

fbi 300

Sobre el nº 400 ya realicé una reseña en el blog al hablar del autor, en la que explicaba que la colección tenía dos números 400, uno de ellos extraordinario.

Respecto de otras colecciones de Rollán, no tengo constancia de la publicación de números especiales.

Otras editoriales no participaron de esta política de números extraordinarios, aunque también es cierto que ninguna consiguió publicar alguna colección que se acercara ni de lejos a la longevidad de FBI o Servicio secreto.

CIA 0Sí se publicó en la colección C.I.A de la editorial Dólar un nº extraordinario (nº 0 de la colección) titulado “El secreto del inspector Waring”, de Alar Benet, pero que realmente tenía el mismo número de páginas que los demás títulos (176). La única peculiaridad que podía tener este libro –aparte de la numeración- era que incorporaba un interesante artículo después de finalizar la novela sobre el funcionamiento de la C.I.A.

Como muestra del apasionado artículo sobre la C.I.A de 7 páginas,  donde se explica con pelos y señales el organigrama y modo de actuar de la agencia, os dejo un pequeño fragmento:

Las más hermosas mujeres, que saben usar el arma infalible de la belleza y flirtear en varios idiomas, alternan con ministros, diplomáticos y especuladores, recogiendo entre sonrisa y sonrisa, datos de grave importancia política, militar y financiera. Son mujeres que hicieron profesión de frialdad de sentimientos al convertirse en espías. Prefieren convencer con un beso, pero, si es necesario, sin temblor aprietan el gatillo de la nacarada automática”.

EMILIO CARRÈRE, EL BOHEMIO FUNCIONARIO

emilio carrere

Emilio Carrère

Nuevamente vuelvo a traer a las páginas de este blog a un escritor cuya relación con el mundo del bolsilibro muchos pensaréis que es gratuita, pero en mi opinión, cuando entre los años 1916 y 1922 publicó de forma habitual en la popular colección La Novela Semanal, se convirtió en uno de los precursores del Pulp, en unos años en los que esa palabra aún no se había inventado. A diferencia de la mayor parte de escritores que se asoman por este blog, Carrére es un escritor sobre el que se encuentra fácilmente abundante información, pero aún así, a punto de cumplirse 70 años de su muerte, me gustaría rendirle un pequeño homenaje, pues le considero un adelantado a su época, merecedor de ocupar un lugar mucho más destacado dentro de la historia de las letras españolas del que ha tenido hasta el momento.

La lectura de los relatos de Carrère me hace dudar sobre si realmente el escritor era un loco, o simplemente se burlaba del lector, sin tomarse demasiado en serio sus propias historias, plagadas en la mayoría de los casos de ironía y humor sin disimulo. A mi personalmente me han sorprendido gratamente. ¿Quién puede resistirse a una criatura con extremidades de murciélago, pico de lechuza, cráneo de cristal y cabellera de algas, que asegura llamarse Selenito de la Blanca Isis y ser habitante de la Luna; un ser  que come manzanas reineta, y que acaba procesado por la Inquisición tras una visita a un prostíbulo?.

Pero cuidado, no todos los relatos del escritor buscan el absurdo. En ocasiones nos encontramos con cuentos como “La Casa de la Cruz“, que a diferencia de otras historias, no contiene ni rastro de humor; tan sólo horror, dolor y muerte. Una historia que transcurre en el Madrid del siglo XVII, durante el reinado de Carlos II “El hechizado”, en la que el propio autor se convierte en personaje y es testigo junto al lector de los espantosos sucesos que allí se narran.

Como en muchos otros casos tratados en este mismo blog, Carrère es un escritor de gran calidad que por distintos motivos ha caído en el limbo de la memoria literaria, y sólo gracias a que la editorial Valdemar ha reeditado desde hace unos años parte de su obra, ha recuperado un cierto prestigio, aunque dudo mucho que si preguntáramos por la calle a diez personas al azar más de uno supiera quién es.

Emilio Carrère Moreno (Madrid, 18 de diciembre de 1881-Madrid, 30 de abril de 1947), nació en el número 7 de la calle Plaza del Matute, calle corta ubicada entre las de Atocha y Huertas, en el actual Barrrio de las Letras.

Tras cursar estudios en la escuela Politécnica y en la Universidad, obtuvo el título de Licenciado en Filosofía y Letras

Fue periodista, escritor y poeta, perteneciente a la llamada corriente poética del decadentismo, que consiste en encontrar la belleza no sólo en las cosas hermosas, sino también en lo prohibido, el crimen, en lo desgradable y en todo lo extraño que puebla la realidad.

emilio carrere padre

D.Senén Canido Pardo

Su madre fue Eloísa Carrere Moreno, madre soltera de veintinueve años, edad muy avanzada para tener hijos en esá época, que murió al mes de dar a luz. Su padre, Senén Canido Pardo, era un abogado con una importante proyección política (fue senador vitalicio, magistrado del supremo, diputado, y Presidente del Tribunal de Cuentas) que se desentendió de él, pues le consideraba un obstáculo para su carrera. De este modo Emilio fue confiado a su abuela materna, Manolita Moreno, con la que permaneció hasta que en 1901 cayó gravemente enferma, cuando el escritor apenas tenía 19 años, momento en que su padre, aprovechando su cargo en el Tribunal de Cuentas (desde 1895 tenía un alto cargo y llegó a ser Presidente de 1915 a 1922), acudió en su ayuda colocando a Carrère como funcionario en dicha institución, puesto para el que aprobó una oposición, sobre la que caben ciertas dudas sobre la limpieza del proceso (menos mal que hoy en día eso no ocurre, ¿no?). El padre, que había estado ausente desde el momento del nacimiento, quiso tener cierto contacto con el niño cuando este contaba unos 10 años de edad, momento en el que empezó una compleja relación paterno filial, hasta el punto que D. Senén, viendo que su hijo precisaba de autoridad paterna y que iba por mal camino, intentó llevárselo a su casa, pero Emilio siempre escaba para volver con su abuela Manolita, con la que tenía más facilidad para hacer lo que le viniera en gana. Con el tiempo se suavizarían las relaciones entre ambos, de modo que el padre, más tarde, le reconoció como hijo en su testamento, aunque Emilio jamás adoptó el apellido paterno, firmando siempre su obra con el apellido materno Carrere, unas veces castellanizado, y otras con el afrancesado Carrère.

La primera vocación artística de Emilio fue la pintura; después se interesó por el teatro, lo que le llevó a inscribirse en la escuela de declamación del Centro Instructivo Obrero, donde se impartían clases a los pobres. En la escuela conoció al compositor de zarzuela Federico Chueca.

El propio Carrère explica su breve aventura en el mundo del teatro en la compañía de Juan Casañer:

“Me gustaba la vida de la farándula, de inquietud y aventura, que armonizaba con mi rebeldía espiritual. Cuando apenas tenía bozo, entré en una compañía de melodramas domingueros que dirigía D. Juan Casañer, un viejo actor de la época romántica… Algunas veces hicimos obras de Zorrilla y del Duque de Rivas, y declamando los versos de Don Álvaro en el escenario o por las calles y jardines, a la luz de la luna, comencé a sentir la emoción de la poesía… Don Álvaro o la fuerza del sino es la obra que más me gusta de esa escuela. Además, me recuerda la adolescencia, cuando yo era un niño muy triste y muy pobre -¡siempre la Miseria, desde las primeras horas de mi vida!- tenía entonces una novia que se burlaba de mi traje deslucido, y a la que nunca besé en los labios… A fuerza de dolor comencé a ser poeta… Recuerdo que mis primeros versos los escribí para recitarlos en público. Estaba la compañía de Casañer en Barbieri. Me repartieron un papel de Rey mago en El nacimiento del Mesías. La obra era detestable; yo tenía que decir dos quintillas realmente repugnantes… Yo abomino de las quintillas: son ramplonas, rellenas de ripios y latiguillos, son versos dignos de los poetas del siglo pasado -Camprodón, Rodríguez Rubí y demás paladines del cascote poético-. Pues bien; entonces escribí ocho endecasílabos y se los di al apuntador, y ya en escena, cuando tenía que decirle mi pequeño parlante al Niño Dios, me equivoqué; el público me largó una grita enorme, me echaron a la calle y… me hice poeta. “

Carrère publicó sus primeros versos en los semanarios “La Avispa” y “La Chispa”, y comenzó a frecuentar las tertulias literarias, donde hizo amistad con el pintor Julio Romero de Torres. En 1902 publicó su primer libro, “Románticas”, un poemario de tono becqueriano. Bajo la influencia de los poetas malditos franceses (en especial, Verlaine, cuyos Poemas saturnianos tradujo y publicó en 1928), se sintió fascinado por la vida bohemia.

En 1903 publicó en El Imparcial «La Musa del Arroyo», un poema modernista, que le otorgó renombre entre los literatos, aunque, al no tener gran difusión, de inicio no llegó a demasiada gente.

emilio carrere elvira

En una fiesta conoce a la que sería su futura esposa, Milagro Sáenz de Miera, con la que se casó en 1906, y con la que tuvo 5 hijos. En ese mismo año, su amistad con el librero y editor Gregorio Pueyo le llevó a preparar una antología de poesía modernista, que se publicó con el título de “La corte de los poetas”, en cuyo prólogo defiende la nueva estética y a su mentor, Rubén Darío. En 1908 se reedita el poema “La musa del arroyo“, incluyéndolo en su segunda colección de versos, “El caballero de la muerte”, libro en el que plasmó su concepción bohemia y decadente de la vida, obteniendo una enorme popularidad desde ese mismo instante. En 1907 comenzó a publicar en revistas novelas cortas sobre el inframundo madrileño de la época: “La cofradía de la pirueta”, “La tristeza del burdel”, “La conquista de la Puerta del Sol”,  o “Un hombre terrible”.

emilio carrer caballeroEn algunas de las novelas posteriores del autor, como “El sexto sentido”, o “Un crimen inverosímil”, refleja su afición por determinados temas esotéricos como el espiritismo, interés que compartía con su amigo Mario Roso de Luna, un escritor y astrónomo que en 1893 avistó un cometa que desde entonces lleva su nombre, y que llegó a tener una calle con su nombre en Madrid (la actual calle del buen suceso).

En estos años el escritor era muy conocido en los círculos literarios. El propio Wenceslao Fernández Flores le cita en su autobiografía, cuando habla de un original café de Estocolmo, comparándolo con los que Emilio Carrere solía frecuentar en Madrid (entre ellos el actual café Varela).

En Madrid lleva una vida desordenada, en compañía de otros bohemios, como Pedro Barrantes, Alejandro Sawa (famoso por su frase “Yo no quise nacer, pero me resulta insoportable morir”), Ciro Bayo y Pedro Luis de Gálvez. Sobre este último escribió Pío Baroja en “La caverna del humorismo” que iba por los cafés con su hijo recién nacido muerto en una caja pidiendo dinero para enterrarlo. Sin embargo, el propio Gálvez atribuyó esa mentira a Emilio Carrère y asegura que lo único que le pidió a Carrère fue algo de dinero para alquilar un coche en el que llevar a su madre hasta el cementerio de la Almudena.

En pleno Madrid represivo frentepopulista, y pese a su militancia anarquista, Gálvez albergó en su propia casa al escritor Ricardo León y salvó la vida a Ricardo Zamora, guardameta internacional español y alertó a varios escritores, entre ellos Emilio Carrère, con lo que evitó su detención.

Cuando se habla de Emilio Carrere como de un bohemio, debe tenerse en cuenta que lo era de un modo peculiar, alejado del concepto popular que hay sobre esa palabra: curiosamente era abstemio, y no se dedicaba a sablear a los demás; todo lo contrario, prestaba dinero siempre que podía a aquel que se lo pidiese, aunque sí es cierto que vivía de noche, era jugador, y era mujeriego.  Respecto al juego, era un fervoroso creyente de los métodos para ganar siempre, “aunque se pierda”, como él mismo decía, en una muestra más de la genial incoherencia de este autor.

Su puesto de trabajo como funcionario del Tribunal de Cuentas provocaba que se burlaran de él llamándole “el funcionario bohemio”.

Entre 1910 y 1912 Emilio Carrère colaboró en “Vida Socialista”, llevado por su simpatía por los oprimidos. Allí escribe las iguientes líneas:

«Yo declaro con orgullo que entre los poetas de ahora soy el más sincero poeta de la miseria. No me importa que los próceres se mofen ni que el pueblo desconfíe de mis estrofas. Me basta con que las oiga mi propio corazón. No puede adaptarse ni venderse un hombre a quien no le importa morirse de hambre en el arroyo“.

Entre 1919 y 1922 se publicaron sus Obras completas.

En 1922 publica “El sacrificio”, una novela ambientada en las guerras de Marruecos.

emile carrere pelicula jorobados

Dos años antes, en 1920 se publica por vez primera la que es probablemente su obra más conocida, “La torre de los 7 jorobados”, libro de corte fantástico, considerada como una precursora de la novela policiaca en España, que se convirtió en todo un fenómeno en su época y que llegó a tener una adaptación al cine a cargo de Edgard Neville en 1944 (por los derechos el escritor recibió la desorbitante cantidad de 10.000 pesetas, unos 60 euros).

Sobre esta novela hay grandes discrepancias, tanto en la fecha de publicación (algunos expertos hablan de 1924, y otros de 1920) como en que ni siquiera podemos decir a ciencia cierta qué parte de la obra corresponde realmente a Emilio Carrère y qué parte a la persona que se encargó de acabarla, Jesús de Aragón,  pues la realidad es que el bueno de Emilio entregó al editor un manuscrito con la obra inacabada; eso sí, después de haber cobrado el correspondiente anticipo.

Recomiendo la lectura de un ensayo sobre el tema que puede encontrarse en http://revistadeliteratura.revistas.csic.es/index.php/revistadeliteratura/article/viewFile/180/190 del que he obtenido una buena parte de la información que figura en este artículo.

Cuando el editor instó a Carrère a que finalizara la obra entregada, éste se negó, a pesar de ser amenazado con que en caso contrario se le encargaría a otro escritor y que se publicaría con su nombre. Parece ser que Carrère le contestó que hiciera lo que le diera la gana, y por ese motivo se realizó el encargo a un hasta la fecha desconocido escritor llamado Jesús de Aragón, un contable de la editorial Aguilar con aspiraciones literarias que acabaría con el tiempo siendo conocido como “el Julio Verne español”, que aceptó el reto, estudiando según él mismo durante tres meses la obra completa del autor, con el fin de conocer al detalle su forma de escribir. A cambio del encargo, en el que no figuraría su nombre, le publicarían posteriormente dos obras de su propia autoría.

En palabras del propio Jesús de Aragón,  el propio Carrère felicitó personalmente por su trabajo, tras leer por vez primera la obra finalizada.

jesus de aragon una extraña aventura

La figura de Jesús de Aragón es francamente interesante, un autor por cierto de gran importancia en la novela popular española, que escribió con los seudónimos de Capitán Sirius y J. de Nogara.

Alternando su labor como poeta y escritor, Carrère participó en múltiples periódicos y en revistas literarias. Como gacetillero literario mantuvo una interesante sección en el semanario Madrid Cómico, titulada «Retablillo literario», en la cual, Carrère escribía y describía, en clave de humor, con gran ironía, la sociedad, los problemas de la época y por supuesto sobre los personajes mas representativos y conocidos de su tiempo.

Aunque Carrère ya era un poeta muy popular, y tras haber perdido su puesto de trabajo fijo en el Tribunal de Cuentas (de joven ingresó en 1901 como funcionario en el Tribunal de Cuentas de la calle Fuencarral, puesto que mantuvo hasta 1923, momento  en el que Primo de Rivera cesa a todos los funcionarios, dedicándose desde entonces a la literatura), la afición al juego y el despilfarro le forzaron a buscar una fuente de ingresos suplementaria en el teatro. Hay que tener en cuenta que la condición de funcionario de Carrere le proporcionaba una nómina anual de 6.000 pesetas, cifra nada desdeñable en la época, especialmente para alguien que no pisaba el trabajo, salvo para cobrar la nómina.

No obstante, su economía no se estabilizó hasta 1929, año en que murió su padre dejándole una sustanciosa herencia (175.000 pesetas, toda una fortuna), que tampoco sabría administrar.

Quiero señalar aquí una anécdota que se cuenta dentro del Tribunal de Cuentas, que como suele ocurrir en estos casos, es imposible saber si es cierta o no, pero que a mi me ha resultado muy graciosa, aunque poco creíble. Según este chascarrillo, Emilio iba a trabajar a la sede del Tribunal de Cuentas en la calle Fuencarral elegantemente vestido con su capa negra, y un día, cuando salía del edificio, comenzaron a sonar unas campanadas que parecían proceder de su indumentaria. Alarmados por el sonido, la sorpresa de los guardias fue mayúscula cuando le hallaron un gran reloj propiedad del Tribunal oculto tras la capa.

Imposible saber si hay algo de verdad en esta rocambolesca anécdota, pero la historia es tan buena, que debería ser cierta.

La realidad es que lo que sí parece cierto es que el escritor frecuentaba más la noche madrileña que su puesto de trabajo de funcionario, y prueba de ello es que el propio autor publicó en 1943 en el diario Madrid un artículo llamado “El encanto de no saber sumar”, donde justificaba su absentismo laboral:

Un poeta en el Tribunal de Cuentas es una cosa absurda. Ya lo sé, pero yo no tenía la culpa. Tuve esa desgracia igual que me podía haber dado el tifus o las viruelas. A los 20 años la vida se impone a la vocación. Yo era por temperamento lo contrario de un chupatintas….”

Se cuenta también una anécdota del Sr. Catalina, jefe por entonces de Carrere en el Tribunal de Cuentas, que le dijo: “Emilio, ¿me ha hecho usted el balance?”. A lo que Carrere le contestó: “Sí señor, lo he hecho 5 veces. Aquí tiene si quiere los 5 resultados diferentes”.

Tras recibir de su difunto padre la importante suma monetaria mencionada antes y su biblioteca personal, Emilio se mudó a un piso de lujo en la calle de Rosales y se compró un automóvil. Por entonces, se había vuelto monárquico y antirrepublicano (curiosamente en cuanto mejoró su situación financiera).

Coincidiendo con esta herencia, la producción literaria de carrère sufre un importante parón, lo que viene a probar que realmente el autor escribía para vivir, pues casualmente volvía a crecer su trabajo en el momento en que sus finanzas volvieron a decaer.

Los que le conocieron siempre conceptuaron al escritor de extravagante y excéntrico, y cada vez que se habla de él es inevitable que surja la palabra bohemio. El propio Emilio Carrère definía del modo siguiente su forma de vida: «La bohemia es una forma espiritual de aristocracia, de protesta contra la ramplonería estatuida. Es un anhelo ideal de arte más alto, de una vida mejor. Eso de la bohemia ha llegado a fastidiarme por la falta de comprensión de la gente. Mi bohemia nunca ha sido la del andrajo y de la pipa. Es una indisciplina espiritual, falta de adaptación a los ambientes vulgares y antiartísticos. Yo he satirizado ferozmente a los grotescos polichinelas de la bohemia. Yo creo que la bohemia es, para los artistas jóvenes, una especie de puente, desde el anónimo y la pobreza, hasta el triunfo o el hospital.»

Entre 1935 y 1936 colaboró en Informaciones, una publicación ultraconservadora financiada por el banquero Juan March, desde donde criticó severamente a destacados políticos de la II República. Su nueva inclinación política provoca que fuera sentenciado por una checa. Cuenta la leyenda que se salvó del “paseíllo al comenzar a declamar poesía, aunque lo más probable es que esa versión fuera una exageración del propio autor, siendo la realidad que fue advertido por su amigo Pedro Luis de Gálvez, evitando así su detención.

Tras ser avisado del peligro, Carrere intentó que le dieran asilo en una embajada, y al no conseguirlo, pidió ayuda a sus amistades para encontrar un refugio seguro. Se comenta incluso que buscó unos días en compañía de José María Carretero refugio en un cementerio, siendo en una ocasión confundido con un fantasma por un sepulturero que huyó despavorido. Con idependencia de si esta última anécdota es cierta o no, la realidad es que el escritor ingresó voluntariamente gracias a la ayuda de un amigo médico en el manicomio del Dr. León de la Plaza Mariano de Cavia, con el falso diagnóstico de “psicosis de situación con manía persecutoria”. Allí permaneció recluido siete meses entre el 20 de octubre de 1936 y el 22 de mayo de 1937, periodo en el que fue dado por muerto, leyendo un día el escritor su propia esquela en el periódico. Su amigo Juan Puyol escribió una necrológica en el periódico que emocionó de tal modo a Carrere, que se comenta que la llevaba siempre plegada en el bolsillo.  Tras abandonar el sanatorio, vivió otros dos años enclaustrado, sin siquiera pisar la calle, en el piso de unos amigos en la calle Menéndez Pelayo, hasta el término de la guerra civil, en Abril de 1939. Fue el único modo de salvarse de un tiro en la nuca en un lugar de las afueras.

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El propio autor escribió un artículo periodístico a finales de 1939 titulado “Memorias de un resucitado”, en el que detallaba su experiencia en el manicomio.

«Fueron tres meses de sentirme muerto de un momento a otro. Cuando me refugié en un manicomio empecé a resucitar; ved qué paradoja en aquella fosa común de las almas».

Acabada la Guerra Civil, trabajó en el diario Madrid, adquiriendo de nuevo cierta notoriedad, aunque ya no volvió a publicar ninguna novela. Fue nombrado cronista oficial de la villa de Madrid el 11 de noviembre de 1943. (Figura por cierto la del cronista de la villa que sigue existiendo en la actualidad).

Gran defensor de régimen franquista, murió el 30 de abril de 1947, no sin antes haber escrito unas palabras premonitorias previas: “me muero con una estilográfica en la mano”.

PEDRO LUIS DE GALVEZ

Pedro Luis de Gálvez

Me gustaría hacer en este punto un inciso sobre un hecho que ha pesado injustamente siempre sobre la memoria  de Emilio Carrere. Se le ha acusado en diversas ocasiones de no haber hecho nada por salvar la vida de su amigo Pedro Gálvez, que fue condenado sin pruebas a muerte el 5 de diciembre de 1939 por el régimen franquista por «conspiración marxista y otros cargos más, entre ellos la muerte de varias decenas de monjas». Gálvez, que como ya comenté antes intervino en su momento para salvar la vida de Carrère, se negó a dejar España tras la guerra, pues estaba convencido de no haber cometido ningún delito. Cuando se vio detenido, sin que se le comunicaran los cargos, solicitó la ayuda de su amigo Emilio, para que testificara en su favor.

Aunque es difícil conocer la verdad, no considero justo dar por sentado que el autor no hiciera absolutamente nada para ayudar a su amigo y salvador, como he leído en más de una ocasión, cuando según la propia familia del escritor existen cartas que prueban que sí hizo diversas gestiones para interceder en favor de Gálvez, aunque no tuvo éxito.

Pedro Luis de Gálvez fue fusilado en la cárcel de Porlier el 20 de abril de 1940, pero previamente dejó a Carrère una última nota en la que le pedía que se hiciera cargo de su hijo Pepe. No parece muy creible que una última voluntad tan personal como el cuidado de su hijo se solicite a quien se considera un traidor.

Carrère se hizo efectivamente cargo del hijo de Gálvez, al que acogió en su casa hasta que consiguió emigrar a Venezuela.

Como en otros autores aparecidos en este blog, que se significaron a favor de la dictadura, la obra de Carrére cayó en un largo olvido, siendo redescubierta en los últimos años del siglo XX, coincidiendo con un interés renovado por la bohemia y la literatura fantástica.

De la mano de la editorial Valdemar se han reeditado recientemente diversas obras de este escritor, todas de corte fantástico, que merecen ser leídas:

  • Los muertos huelen mal y otros relatos espiritistas
  • El reino de la calderilla
  • La calavera de Atahualpa
  • La Casa de la Cruz y otras historias góticas
  • La Torre de los Siete Jorobados

No quiero finalizar esta reseña sin hacer hincapié en que Emilio Carrere fue probablemente, por encima de todo, poeta. También en esta faceta mostró el escritor su interés por lo fantástico, y me gustaría reproducir, a modo de ejmplo, un fragmento de su poema “Las casas deshabitadas”:

¿Qué ruido tienen de noche

las casas deshabitadas?

Es que vuelven los difuntos

de sus antiguas estancias.

Las tristes casas vacías

yo sé que tienen un alma,

Y en los ruidos misteriosos

Oigo su voz sin palabras.

Ya tejen en las vidrieras

sus telares las arañas,

y hay un silencio de siglos

en las polvorientas cámaras.”

emile carrere dolar

Para el pobre y sufrido aficionado al bolsilibro que haya conseguido terminar el artículo, comentar que en la colección Escritores Célebres de editorial Dólar se publicó “La torre de los 7 jorobados”, en una maravillosa edición para el coleccionista, aunque para leer al autor yo recomiendo particularmente las reediciones de Valdemar.

Para el que tenga interés en conocer de verdad al escritor, recomiendo fervientemente visitar https://aculturalemiliocarrere.wordpress.com/, página web de una meritoria Asociación cultural a la que desde aquí quiero agradecer su encomiable labor en apoyo de los jóvenes escritores y en recuperar la memoria del gran Emilio Carrére.

Desde aquí, mi modesto homenaje a un escritor que sin duda merece mucha más atención, y mi reconocimiento a sus familiares que conservan su memoria.

LA EDITORIAL DÓLAR

Muchas veces da la sensación de que el bolsilibro nace y muere con la editorial Bruguera, y aunque es obvio el peso que ha tenido en la historia de la literatura popular en España, la realidad es que durante mucho tiempo convivió y compitió con otras editoriales que intentaron hacerse un hueco en los quioscos y en el bolsillo del lector de la época. Una de estas editoriales fue Dólar, que durante unos cuantos años sacó al mercado un buen puñado de interesantes colecciones de bolsilibros.

Debo reconocer que he encontrado muy poca información acerca de esta editorial. Tan sólo que su sede se encontraba en Madrid (en la C/ San Bernardo 67), que comenzó su andadura a principios de los años 50 publicando colecciones de novelas de quiosco, y que posteriormente, a partir de 1958 se introdujo en el mundo del comic (de hecho fue la primera que se refirió a los “tebeos” con este anglicismo en España), intentando competir con la editorial  Novaro, especialmente con la traducción de tiras de King Features Syndicate (Flash Gordon o El Hombre Enmascarado entre otras), aunque con alguna excepción, como las tiras de prensa de Supermán o la traducción de algún comic de Dell, como Cosmic Boy.

A la espera de que algún alma caritativa aporte alguna luz sobre la verdadera historia de la editorial, tan sólo puedo decir que es posible que uno de los copropietarios de Dólar fuera Jose Antonio Rodríguez Heredero, guionista de diferentes colecciones de cómics, y escritor, bajo el seudónimo de Tom Rodher. También  sospecho que la editorial tenía que tener algún nexo con Rollán, aunque no deja de ser una conjetura basada en los siguientes hechos:

  • La sede de la editorial Rollán estaba en la C/ San Bernardo nº 67, y la de editorial Dólar en el nº 68.
  • El hecho de que la colección estrella de Dólar (CIA) tuviera como escritor clave al principio a Alf Manz, autor más que conocido por inaugurar la mayoría de las colecciones de la editorial Rollán.
  • Hay un buen número de autores que escribían para Dólar que también desarrollaron sus carreras en Rollán. Además, hay un importante número de seudónimos empleados en la editorial Dólar de los que se desconoce el autor real, lo que invita a pensar que pudiera corresponder a autores de Rollán.

cia logo

El símbolo de la editorial que aparece en de cada uno de sus libros es un rascacielos, cuyo significado queda explicado en un pequeño artículo que figura en la novela “El secreto del inspector Waring”, de Alar Benet, nº 0 de la colección CIA, y que reproduzco a continuación:

¿Sabe usted qué significa la marca de editorial Dólar?:

Adoptamos el rascacielos “Woolworth”, como modelo de laboriosidad y voluntad.

Toda América conoce la historia del más alto edificio del mundo.

En el año 1879, un joven americano, humilde y trabajador, pidió prestados a un amigo 300 dólares, con los que se estableció en un suburbio de Nueva York. Pcoo a poco, de ser propietario en la mísera tienda de baratijas, se convirtió en el mayor sindicato que poseen los Estados Unidos, Canadá e Inglaterra. Mister Woolworth conrola directamente los 870 bazares, cuyos ingresos globales ascienden anualmente a 80.000.000 de dólares, o sea, 4.000.000.000 de pesetas.

Este rascacielos es un ejemplo latente de lo que puede conseguir un hombre decidido: Indudablemente Mr. Woolworth tenía amplia visión del comercio. Un gran talento lleno de decisión y perseverancia. Él fue el único empleado en su negocio inicial; hoy tiene a sus órdenes 80.000 personas.

El gigantesco edificio de arquitectura gótica, conocido en todo Nueva York por la catedral del comercio, gravita sobre profundos cajones neumáticos, pesa 223.000 toneladas, tiene 58 pisos, 28 ascensores, 1670 teléfonos interiores, cuatro centrales al exterior y en los sótanos una potente fábrica de energía eléctrica para la producción de 1.500 kilowatios. En la planta 58, a la que se llega en 45 segundos por cualquiera de los ascensores a presión, se encuentra el maravilloso observatorio Galleri.

Mister Woolworth, propietario del rascacielos, tiene su despacho The empire room orientado al Sur, observándose desde allí verdaderas maravillas panorámicas del bosque de cemento. En días despejados se ve la estatua de la libertad, símbolo de la gran nación americana, en donde muchas obras de esta embergadura fueron realizadas por hombres humildes a los que se les cultivó en don enviado por Dios, en beneficio propio y del mundo entero.

Ya conoces, querido lector, el motivo de admirar este monumento, poniéndolo como emblema de nuestros triunfos, los cuales, en el año entrante se centuplicarán.

Todo esto por si pensabais que poner un edificio de logotipo era una casualidad.

Las colecciones de bolsilibros que publicó Dólar, con una original línea editorial que se diferenciaba del resto, fueron las siguientes:

  • C.I.A. El estandarte de la editorial, recogía vibrantes historias policiacas y de espionaje protagonizadas por integrantes de la famosa agencia americana, con un formato tanto de papel como de longitud muy similar al de FBI de Rollán. Con una muy interesante nómina de autores, muchos de ellos correspondientes a seudónimos que hoy en día siguen siendo una incógnita, consiguió reunir a algunos de los más afamados autores de la literatura popular, como Alf Manz, Pedro Victor Debrigode, M. L. Estefanía, Mikky Roberts o Guillermo López Hipkiss. La colección alcanzó la nada despreciable cifra de 250 números, muy lejos de FBI de Rollán o de Servicio Secreto de Bruguera, principales competidores del momento.

CIA 27

La editorial, conocedora del gran potencial comprador que representaban las mujeres, poco dadas habitualmente a la lectura del género policiaco o de espionaje, intentó captar su atención con el siguiente anuncio:

MUJER: esta novela que tu hermano o tu hijo dejó abandonada sobre la mesa y que con aire distraído estás hojeando sin saber cómo matar tu aburrimiento, puedes y debes leerla.

Ya sé que no te convencen las novelas de tiros, y que hace mucho tiempo careces de atención suficiente y te consideras incapaz de concluir, abandonándolas nada más empezadas, aquellas que llamas rosas, por su falta de interés y repetición de temas insustanciales e insulsos; pero ésta es totalmente diferente.

En la colección C.I.A encontrarás, perfectamente conjugados, aquellos ingredientes que a ti más te gustan: ¡Amor!. ¡Intriga!.¡Emoción!. Lee uno y esperarás con impaciencia el número siguiente.”

Estoy convencido de que ninguna mujer de la época podría resistirse a publicidad semejante.

  • Interpol. Segunda colección policiaca de la editorial, que intentó reproducir el éxito conseguido por CIA, sin conseguirlo aparentemente, si nos atenemos a la corta duración que tuvo la colección, que tan sólo alcanzó los 25 números, a pesar de contar con un interesante elenco de autores, entre los que destacaría la participación de Guillermo López Hipkiss, Mallorquí, o Pedro Victor Debrigode.
  • Espionaje: colección que se dedicó a reeditar los mejores títulos de CIA, con una calidad de papel y portadas algo mejor que la original, aunque tan sólo llegó al nº 4, más un nº 0.

6 dias fuera del mundo

  • Escritores Célebres. Magnífica colección que reunía en pequeño formato obras clásicas de la literatura y en ocasiones no tan clásicas, permitiendo dar a conocer a autores de literatura fantástica a los que no era fácil tener acceso, como es el caso de la interesantísima “6 días fuera del mundo, un viaje involuntario”, de Juan Pérez Zúñiga, donde se narra un desternillante viaje a la luna dentro de un armario, todo un homenaje humorístico a Julio Verne y a H. G. Wells; o la más conocida “La torre de los 7 jorobados”, de Emilio Carrère.

En la colección, que alcanzó los 75 números, se encuentran obras de Charles Dickens, Mark Twain, Wenceslao Fernández Flores, Edgard Allan Poe, Leon Tolstoi, y muchos otros afamados autores nacionales e internacionales.

Sinceramente, una deliciosa colección, que probablemente fracasaría en su día al estar el público acostumbrado a lecturas más ligeras.

  • MIA. La versión de novela romántica de la editorial Dólar, que intentó revestirla de un mayor glamour que la distinguiera de otras colecciones de novela rosa de la competencia, con la siguiente publicidad:

Ante todo queremos hacer una aclaración: la colección MIA no es una serie de novelas rosas. Es simplemente una selección de argumentos cinematográficos inéditos: es la novela ágil, entretenida, moderna, que puede desarrollarse en cualquier parte del mundo y en cualquier época, con un argumento humano que sea un reflejo de la vida misma.

En la colección MIA daremos semana tras semana, una serie de interesantes argumentos escritos por los mejores autores y para el mejor público.

Pretendemos que esta nueva publicación tenga el éxito de las que hemos iniciado anteriormente, y estamos seguros de que la colección MIA será la más leída de cuantas se editan, porque en ellos los lectores encontrarán, junto a los temas apasionantes, las historias más novelescas y los conmovedores idilios de amor llevados a un libro por los más reputados autores.”

La idea era sacar una colección que pudiera diferenciarse del resto del mismo género, en un mercado sobresaturado, aunque no debió tener mucho éxito, pues no he podido encontrar casi ninguna información sobre ella. El primer nº de la colección se tituló “Por encima del Odio”, del autor John Lack, al que por cierto también he dedicado una reseña en el blog, y tan sólo conozco otro título de Alar Benet llamado “Dos hombres y una mujer”.

celebridades lutero

  • CELEBRIDADES. En mi opinión, la más interesante de las colecciones que publicó Dólar, por cuanto resulta ser la propuesta más original de todas ellas. Biografías noveladas de grandes personajes históricos, mezclando personajes reales – a veces verdaderamente curiosos en cuanto a su supuesta importancia- con personajes ficticios, como Sherlock Holmes o Fantomas. No me extiendo sobre esta colección, en la que participaban los habituales autores de la editorial, pues es mi intención dedicarle un artículo exclusivo, pues creo que la ocasión lo merece.

Además la editorial publicó otra colección de novela romántica llamada Prometida, que sólo alcanzó los 9 números, y las inevitables colecciones del Oeste: Ranger (350 títulos), Texas rangers (100), y Selecciones del Oeste (26).

Una de las principales características de todas las colecciones de Dólar era la llamativa publicidad que solía lucir en sus novelas, así como los más peculiares concursos, que iban desde el “Concurso de espionaje”, “¿Qué sabe usted de la CIA?”, “Cuatro veraneos CIA”, “¿Quiere usted ser escritor?”, al más insólito de todos ellos, “YO ACUSO”, en el que se daba al lector la oportunidad de escoger el escritor que menos le gustaba de los que participaban en su colección favorita, dando una breve explicación de los motivos, para que una vez finalizado el recuento de votos, jamás volviera a escribir nunca más. En la colección Celebridades el defenestrado fue Ted Ramson, seudónimo correspondiente a Alfonso Gallardo Ramos, que fue votado como el peor valorado. Autor por cierto que a mi me encanta, al menos en sus obras  que he leído como Al Gallard.

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JACINTO LEON-IGNACIO RUIZ DE CARDENAS, DE LOS MARES DEL CARIBE A OKINAWA

j-leon-962Nacido en Barcelona en 1919, J. León fue el principal  pseudónimo utilizado por Jacinto León-Ignacio Ruiz de Cárdenas, prolífico escritor que falleció en 1991 dejando un destacado legado literario.

En el mundo editorial también se dio a conocer con los nombres de León-Ignacio, Jacinto León Ignacio, Jacinto León Ruiz de Cárdenas, J. de Cárdenas, J. Dixon, H. Onson, y más que probablemente, Sterling Graham.

Cuando era niño vivía en la Avenida Vallvidrera, cerca de la estación de Pie Funicula, una de las zonas más exclusivas de Barcelona. Allí fue donde tuvo su primer contacto con Fraser Lawton, de infausta memoria como director general de ‘La Canadiense’, que vivía en un chalet al lado del suyo, y del que acabaría contando su historia en un libro.

Fraser Lawton era el gerente en 1919 de la Barcelona Traction, Light and Power Company, limited, más conocida como “La Canadiense” (al ser su principal accionista el Banco Canadiense de Comercio), fue el responsable, en gran parte por su despótica actitud, de que estallara ese año una de las más importantes huelgas generales que han existido en nuestro país, gracias a la cual se consiguió, entre otras cosas, que España fuera el primer país europeo en fijar una jornada laboral de 8 horas.

jacinto-leon-anos-pistolerismo

Estos recuerdos le sirvieron a Jacinto para escribir muchos años después una de sus obras históricas más destacadas: “Los años del pistolerismo en Barcelona. Ensayo para una guerra civil”, publicada en 1981 por la editorial Planeta, donde se narran los convulsos años en los que en Barcelona los problemas laborales se resolvían mediante la contratación de matones a sueldo, al más puro estilo del salvaje Chicago de los gánsteres.

Estudió en el colegio del Redentor y en la English School, ambos en Barcelona, con breves intermedios en el Lycée de Foix (Ariège, Francia), y en el Institut Tecnic Eulalia de Barcelona.

Tras acabar sus estudios, empezó a trabajar como redactor de la revista “Fotogramas” y colaboró en “El Correo Catalán”, “’Algo”’, ”’Horizonte” y  “TeleExprés” de Barcelona.

Fue también un prolífico traductor, sobre todo de obras en inglés, destacando su labor con la obra de Hemingway y Jack London entre otros.

Dentro de la literatura popular, firmó sus novelas como León-Ignacio, J. León, J. Cárdenas, H.Onson, J. Dixon o Sterling Graham (este último seudónimo es dudoso, como veremos más adelante).

Como León-Ignacio escribió sus obras más complejas, de corte histórica y al margen de la literatura popular: “A ras de tierra”(publicada en 1966 en la colección novela y documento), “Corpus de Sangre en Barcelona”(publicada en 1972, en la que narra la rebelión de los segadores), “Los quinquis” (1974, aunque ha tenido varias ediciones)  y especialmente “Los años del pistolerismo en Barcelona”, de 1981, ya mencionada antes.

bazooka11-001Bajo el nombre de J. León, firmó multitud de novelas de aventuras, policíacas y especialmente del Oeste, entre ellas la gran mayoría de las novelas de la colección “Hombres del Oeste”,  de Clíper, y un buen número de títulos en otras colecciones como pueblos del Oeste, también de Clíper, y en varias de las series dedicadas al western de Bruguera, donde también escribía como J. de Cárdenas en la colección Bisonte.

Dentro del género bélico, como H. Onson firmó sus colaboraciones en la colección “Bazooka”’, así como otras tres novelas que publicó para la editorial Bruguera dentro de la colección Servicio Secreto, que en aquellos años recogía títulos de este género que incluyeran cualquier elemento de espionaje, por mínimo que éste fuera.

286 Frente a su propia sangre H. Onson Servicio Secreto
317 Metralla para todos H. Onson Servicio Secreto
322 El sargento Harry H. Onson Servicio Secreto

También escribió otras 5 novelas del género bélico en la colección con el seudónimo de Sterling Graham:

238 Cuidado con los muertos Sterling Graham Servicio Secreto
253 La muerte ataca a traición Sterling Graham Servicio Secreto
275 Grupo de asalto Sterling Graham Servicio Secreto
351 Cadáveres en la ruta Sterling Graham Servicio Secreto
354 Misión de guerra Sterling Graham Servicio Secreto

He de señalar, que dentro de la confusión habitual en este mundillo, según las fuentes que j-dixon-expediente-b-25se consulten, el seudónimo de Sterling Graham podría corresponder a Jorge León-Ignacio Ruiz de Cárdenas, que se supone sería hermano de Jacinto (Incluso en alguna otra fuente todos los seudónimos serían compartidos entre Jacinto y Jorge). Nada he podido validar al respecto, en un caso similar al de J. Tell que traté en otra reseña del blog, así que agradecería cualquier dato documentado al respecto, para poder atribuir de una vez por todas la identidad real de cada seudónimo.

Dentro de esta misma colección el autor publicó también otras 5 novelas con el seudónimo de J. Dixon, esta vez de corte policiaco, género en el que no se prodigó demasiado:

68 Remitente : Los Ángeles J. Dixon Servicio Secreto
258 Un cadáver a medida J. Dixon Servicio Secreto
260 Solución ayer J. Dixon Servicio Secreto
324 El expediente B-25 J. Dixon Servicio Secreto
356 “Rock and Roll” J. Dixon Servicio Secreto

Al margen de sus novelas policiacas escritas como J. Dixon, el escritor empleó el habitual   J. León para publicar un reducido número de novelas del mismo género en la colección CIA de Dólar.

174 Un microfilm J. León CIA
188 Corrijan mi esquela J. León CIA
194 El error no tenía importancia J. León CIA

Si la obra del género bélico del autor es francamente impresionante tanto en número de obras como en calidad literaria, es probablemente en el género del Oeste donde alcanzó mayor éxito y una producción más amplia, inabarcable para este modesto artículo.

jacinto-leon-el-corsario-azulSí quiero destacar de modo especial de la obra del escritor una serie de novelas que desde mi punto de vista han permanecido en la memoria colectiva de los aficionados a la novela popular: EL CORSARIO AZUL.

Cuando la colección del Pirata Negro de Bruguera se encontraba al final de su camino, la editorial Cliper decidió intentar aprovechar el gran éxito que estaba teniendo la saga de culto escrita por el genial Arnaldo Visconti -que no era otro que nuestro buen amigo Pedro Victor Debrigode-, y para ello optó por sacar al mercado otra serie de piratas, esta vez con protagonistas genuinamente españoles, adornadas con unas maravillosas portadas de Francisco Batet. Así nace El Corsario Azul, que narra las aventuras por los mares del Caribe del siglo XVII del caballero de Santiago Don Diego de Villegas, Marqués de Castro, apodado el Corsario Azul con motivo de su indumentaria, que incluía una capa azul y una vistosa pluma en el sombrero del mismo color.

Este antiguo soldado, veterano de Flandes, Italia y el Mediterráneo, era capitán de un galeón llamado “El Antillano”, un enorme barco de cuarenta cañones, que tenía encomendada la misión de limpiar los mares de la plaga de piratas que dificultaban en la época el comercio marítimo.

j-leon-el-corsario-azul-1La tripulación del Antillano estaba compuesta por Juan Pérez de Lerma, un salmantino alférez de alabarderos; un gigante vasco llamado Martín de Ochando, piloto del Antillano; el contramaestre andaluz, Vicente de Azogue; el sargento alemán de arcabuceros, Gustavus Leyden; el siciliano Luigi Matholi, a cargo de los artilleros y el catalán Pedro Fajeda, mano derecha del Corsario Azul.

Obviamente queda claro que el principal mérito del corsario azul no es la conquista de los mares, ni la lucha contra poderosos piratas, que va: es lograr que un vasco, un catalán y un andaluz trabajen codo con codo (los salmantinos son menos problemáticos, así que ese no cuenta). Disculpen mi absurdo humor, no puedo evitarlo.

La serie, de tirada quincenal, de formato 14,5 X 19 cm y con un número de páginas que oscilaba entre las 64 y 87,  fue publicada entre Marzo y Septiembre de 1949, alcanzando un total de doce números, aunque tuvo una secuela en forma de cómic, que se publicó como complemento en las páginas de la revista El Coyote, con guión del mismo J. León y dibujo de Francisco Batet.

Sobre esta serie, recomiendo ir al siguiente enlace, del que he obtenido la mayor parte de la información. Ya de paso, aprovechad para ver el resto del blog, que merece la pena, de verdad. Es más, si sólo tenéis tiempo para ver el mío o ese, id a ese sin dudarlo.

http://noveladeaventuras.blogspot.com.es/2009/07/el-corsario-azul.html