LOS LADRONES DE GUANTE BLANCO EN LA NOVELA POPULAR

Rocambole2La imagen que tenemos del personaje del ladrón de guante blanco es la de un hombre muy atractivo, de vida aparentemente intachable, por lo general perteneciente a la nobleza, que lleva una doble vida secreta, pues dedica sus ratos libres a robar las joyas de los más ricos con la intención de destinar las ganacias a causas altruistas, o simplemente como un desafío personal. En sus robos jamás emplea la violencia, y siempre consigue eludir la acción de la justicia gracias a una astucia y habilidad fuera de lo normal.

Tal vez el origen de esta figura debamos buscarlo en Rocambole, un personaje literario mitad aventurero, mitad ladrón, creado por el prolífico escritor francés del siglo XIX Pierre Alexis Ponson du Terrail. Este olvidado personaje, cuyas primeras aventuras se publicaron entre 1857 y 1858 en el diario “La Patrie” bajo el título de “Los Dramas de París”, forma parte de los inicios del folletín literario.

Rocambole

Edición española de Rocambole

Rocambole inicialmente se presenta a los lectores como un personaje con connotaciones claramente negativas, pues es el aliado del malvado Sir Williams, al que finalmente asesina al darse cuenta de su maldad, motivo por el que acaba en prisión. Sin embargo, es a partir de la cuarta novela de la serie, cuando el personaje sufre un cambio radical, al escapar de prisión arrepentido de sus actos anteriores, convirtiéndose en un ladrón ingenioso y caballeresco que roba a los ricos para dárselo a los pobres, y que a modo de firma personal deja en el lugar de sus robos una sota de corazones.

Raffles_25A partir de ahí E. W .Hornung, cuñado de Arthur Conan Doyle, crearía en 1898 a Arthur J. Raffles, como contrapartida de Sherlock Holmes,  estableciendo de forma definitiva los principios que definen la figura del ladrón de guante blanco; es decir, la de un hombre que aparentemente lo tiene todo y que por diversos motivos, siempre nobles, se dedica a cometer robos esquivando eternamente a la policía gracias a su habilidad e inteligencia. No es difícil ver la influencia de Sherlock Holmes en Raffles, con el que comparte muchos puntos en común: tiene a su propio Watson (Harry “Bunny” Sanders); habla varios idiomas de forma fluida y puede imitar multitud de acentos; es un maestro del disfraz; su ego es enorme, lo que le lleva a cometer robos imposibles por el único motivo de demostrar que es capaz de realizarlos; e incluso tiene su propia muerte y posterior resurrección literaria.

raffles 1929Un Raffles que como todo el mundo sabrá dio lugar en España a una serie de novelitas  “inspiradas” en este personaje. Recomiendo al que quiera más información sobre este folletín hispano que se de un paseo por el que es sin lugar a dudas uno de los grandes blogs de la literatura popular, que no es otro que el Desván del Abuelito, pinchando en el siguiente enlace: https://eldesvandelabuelito.wordpress.com/2012/12/16/5479/.

Tras la aparición de Raffles surgirían personajes similares, pero que no alcanzaron un éxito que les permitiera sobrevivir al paso del tiempo.  Entre éstos destacaría Les 21 jours d’un neurasthénique (1901) de Octave Mirbeau; libro por cierto publicado en España en 2017 en el que Georges Vasseur, el neurasténico del título, narra diversos encuentros con personajes de todo tipo, uno de los cuales es Arthur Lebeau, un ladrón de guante blanco. El autor, Octave Mirbeau (1848–1917), fue un periodista y crítico de arte que además escribía obras de ficción; un anarquista al que me gustaría destacar por alguna de sus frases, que creo que están a día de hoy más vigentes que nunca:

Octave_Mirbeau

Octave Mirbeau, el anarquista que creó a un ladrón de guante blanco

 “Los corderos van al matadero. No se dicen nada ni esperan nada. Pero al menos no votan por el matarife que los sacrificará ni por el burgués que se los comerá. Más bestia que las bestias, más cordero que los corderos, el elector designa a su matarife y elige a su burgués. Ha hecho revoluciones para conquistar ese derecho”.

Una cosa que me asombra prodigiosamente, es que, en el momento científico en que estoy escribiendo, tras las innumerables experiencias y los escándalos políticos, pueda todavía existir en nuestra querida Francia un elector, un solo elector, ese animal irracional, inorgánico, alucinante, que consienta abandonar sus negocios, sus ilusiones o sus placeres, para votar a favor de alguien o de algo”.

arsenio lupinNo obstante, la figura del ladrón de guante blanco no alcanza la inmortalidad hasta que Maurice Leblanc da a luz en 1905 al que es probablemente el más popular de los ladrones de guante blanco: Arsenio Lupin. Este personaje consiguió en Francia una inmensa popularidad, similar a la de Sherlock Holmes en el Reino Unido, alcanzando un total de 20 títulos publicados, a los que debemos añadir cuatro secuelas más (autorizadas) escritas por Boileau-Narcejac. La mención al famoso de los detectives no es casual, pues Lupin llegaría a enfrentarse a él en uno de sus relatos, aunque bajo el nombre de Herlock-Sholmes, para evitar problemas legales. Difícilmente alguien podría relacionar a ambos personajes.

La figura de Arsène Lupin (nombre original de Arsenio) engrandece las características del ladrón de guante blanco: un hombre elegante y seductor; de gran cultura; experto en boxeo y todo tipo de artes marciales; y que sin embargo se dedica a robar, eso sí, siempre a los más ricos y sin emplear la violencia, ejerciendo de auténtico Robin Hood para los más desfavorecidos.

Fantomas1911Tras el enorme éxito de Arsène Lupin se produjo una auténtica invasión de ladrones de guante blanco literarios, entre los que cabe destacar a Fantomas, el personaje creado en 1911 por por Marcel Allain (1885-1970) y Pierre Souvestre (1874-1914), que llegaría a protagonizar 32 novelas y múltiples adaptaciones  al cine y televisión. He de señalar que la inclusión de Fantomas en esta reseña puede no ser acertada, pues este personaje tiene ciertas características que le alejan del concepto de ladrón de guante blanco, pues mientras que en éste último la no violencia es una de sus señas de identidad, Fantomas no duda en ser implacable cuando lo considera necesario, y de hecho en ocasiones se muestra como un sádico sin compasión. No obstante, su origen aristocrático, y el hecho de ser un protagonista que se dedica al crimen, me ha convencido para incluirlo aquí.

Otros ladrones de guante blanco a mencionar son Simon Templar, alias El Santo, el personaje creado por Leslie Charteris en 1928 que alcanzó gran fama gracias a la serie de Tv protagonizada por Roger Moore; y más adelante Henrý Prince, personaje de Cecil Freeman Gregg que apareció en los años 30 en tres novelas.

Lógicamente en la novela popular española la aparición del ladrón de guante blanco es un recurso muy habitual, pues permite a los autores mezclar de forma sencilla acción y misterio con un toque de romanticismo que sólo pueden aportar estas figuras literarias, envueltas de un halo de misterio muy característico, pues los ladrones de guante blanco son hombres intrépidos que cometen delitos, sí, pero siempre movidos por causas nobles.

Audax 02aaResulta inevitable no destacar entre los ejemplos de este tipo de personajes en la literatura popular a Audax, el personaje creado por Pedro Victor Debrigode que inició su andadura en 1946 protagonizando un total de 6 títulos, y  que bien merecería una reseña independiente. En esta serie de historias, Lord King es un distinguido coleccionista de antiguedades, un joven aparentemente apocado que vive en Nueva York  junto a su ama de llaves –Grumpy- y la sobrina de ésta –Baby- , su bella y eficiente secretaria, y que oculta tras esa fachada a un intrépido ladrón de guante blanco.

marido a medianocheEl romanticismo que envuelve a los ladrones de guante blanco permite que sean personajes con cabida en prácticamente cualquier género literario, y como muestra nos encontramos con “Marido a medianoche”, de María Adela Durango, una novela romántica publicada en 1968 en el nº 975 de la colección Rosaura de Bruguera. En la novela un ladrón de guante blanco se cuela en el apartamento de la protagonista, Nicol Veguer, una estudiante de derecho que denuncia el suceso a la policía, que no logra descubrir la identidad del ladrón. Por azares de la vida Nicol descubre que el ladrón no es otro que un compañero de facultad llamado Carlos Sort, un enigmático joven al que intentará reconducir por el buen camino, llevándose de paso alguna que otra sorpresa. Obviamente el tema del ladrón de guante blanco tan sólo sirve de fachada para organizar la habitual historia romántica, pero resulta interesante su presencia en un género tan aparentemente ajeno como es la mal llamada novela rosa.

Curtis Garland volvería a emplear la figura del ladron de guante blanco en “Halcón de plumas de oro”, nº 1.590 de la colección Servicio Secreto de Bruguera. En esta ocasión el protagonista del libro es un ladrón al que llaman “El halcón”, un hombre que roba a los ricos para dárselo a los pobres, y que recibe el encargo de recuperar el desaparecido Halcón de las Plumas de Oro, una estatua que forma parte de la milenaria ceremonia de coronación al trono de un exótico país árabe. El destino de un país está en sus manos, en una compleja  trama de política internacional en la que hay muchos intereses en juego.

Aparte del obvio homenaje al Halcón Maltés representado por la estatua, la novela es una nueva revisitación a la tradicional figura del ladrón de guante blanco en la que destaca su vertiente de intrépido y noble aventurero.

Y por último, me gustaría añadir la reseña de una curiosa novela de Terror de Curtis Garland en la que el protagonista es un ladrón de guante blanco clásico.

curtis garland Gabinte doctor sangreTÍTULO: EL GABINETE DEL DOCTOR SANGRE

AUTOR: CURTIS GARLAND

COLECCIÓN SELECCIÓN TERROR Nº 211 . EDITORIAL BRUGUERA

1ª EDICIÓN 1977

PORTADA: Desilo

Hay que reconocer que la portada de Desilo, la autoría de Garland, y un título tan llamativo hacen que resulte imposible comenzar a devorar esta terrorífica novela.

Con tan sugerente título, homenaje al mítico film de Robert Wiene, “El Gabinete del doctor Caligari” (1920), nos adentra Juan Gallardo Muñoz en una historia que mezcla todo tipo de ingredientes, empezando por médicos que recuerdan a Jack el Destripador (al que se menciona en el libro), hasta ladrones de guante blanco al más puro estilo de Raffles, el famoso personaje creado en 1890 por E. W. Hornung, cuñado de Arthur Conan Doyle. La comparación con Raffles no es gratuita, pues en más de una ocasión el autor se refiere a este personaje –y a Arsenio Lupin-  de forma expresa.

En la novela, ambientada en el Londres de 1975, James S. Quayle es un doctor especializado en cirugía que tiene su consulta en Francis Street, una calle cercana a la Catedral de Westminster. Nada más comenzar la historia se nos muestra un feroz asesinato a cargo del buen doctor, que con la complicidad de su rubia y exhuberante enfermera Gladys acaban con la vida de Sally Kane, una camarera que ha tenido la desgracia de acudir a la consulta médica equivocada.

Nos encontramos por tanto con uno de esos libros en los que el misterio no gira alrededor de quién es el asesino –que queda identificado en las primeras páginas-, sino de los motivos por los que se cometen los crímenes, lo que no quita para que haya alguna que otra sorpresa en lo relativo al asesino.

Tras este primer capítulo en el que se nos da una primera pincelada del asesino, descubrimos que Sally Kane (¿algún parentesco con Silver Kane?) no es la única víctima de un asesino que tiene en jaque a Scotland Yard. Por si no fuera suficiente la aparición de un nuevo asesino en serie de mujeres, la brutalidad de los crímenes devuelve al público la memoria del más tristemente famoso asesino de todos los tiempos, un Jack el Destripador que aparentemente ha regresado del Infierno, pues todas las víctimas aparecen con el corazón, hígado y riñones extirpados, con una precisión que apunta a que se enfrentan con alguien con grandes conocimientos médicos.

Justo en este momento conocemos a un ladrón de guante blanco al que llaman “El Enigma”, un virtuoso especializado en robar joyas en hoteles de lujo, que tiene la desgracia de ser sorprendido por la policía en plena faena dentro de una habitación en la que nuestro protagonista se encuentra de forma fortuita con el cadáver de la señora Kimball horriblemente abierta en canal con precisión quirúrgica.

Tras conseguir escapar a duras penas descolgándose por la ventana mientras la policía derriba la puerta, recala en la habitación de Hazel Marsh, una doctora que sorprendentemente decide creer la versión del ladrón, y en lugar de entregarle,  le ayuda a escapar del cerco policial que rodea el hotel haciéndole pasar por su marido. Posteriormente la doctora Marsh le explicará el motivo de tan extraña conducta, al confesar que ella misma perdió de la misma manera a una de sus mejores amigas 10 años atrás, en 1965, a manos del doctor Sangre, nombre con el que Hazel se refiere al siniestro asesino que está convencida ha vuelto desde el pasado. Hazel le pide a Enigma que en pago por no haberle entregado a la policía, le ayude a descubrir la verdadera identidad del Dr. Sangre.

Uno de los ejes de la novela es sin lugar a dudas la figura de Enigma, todo un prototipo de la figura del clásico ladrón de guante blanco:

Imaginaba que eso de los ladrones de guante blanco estaba ya en desuso…

—Las viejas modas siempre vuelven —rió el ladrón—. Como el charlestón, los pulp o las películas mudas… ¿Por qué no había de volver un Arsenio Lupin o un Raffles?”

Enigma resulta ser -¡Oh, sorpresa!- un aristócrata llamado Sir Ronald Duncan, que se dedica a robar las joyas de ricos sin escrúpulos para entregar el dinero a todo tipo de causas altruistas, sin que la policía haya sido capaz de detenerle hasta el momento. En resumen, un clon de Lord Lister, alter ego de Raffles.

La investigación de los crímenes se complica para Scotland Yard, que busca un asesino con conocimientos médicos, pues justo la noche de la muerte de la Sra. Kimball se estaba celebrando en el hotel una convención de cirujanos, lo que aumenta el número de sospechosos. Una policía que por cierto no ha relacionado las muertes que se están produciendo con el asesinato de otras cinco personas cometidos 10 años atrás a los que se refiere la doctora Marsh.

¿Por qué se están cometiendo los crímenes? ¿Por qué han vuelto a producirse pasados 10 años? ¿Habrá romance entre Enigma y la doctora Marsh?. Y lo más importante de todo, ¿Aparte de mi suegra lee alguien este blog?.

Como es habitual en Garland, la novela está plagada de todo tipo de referencias literarias y cinematográficas que son siempre un deleite para el aficionado. A lo largo del libro se mencionan a Jack el Destripador, Sherlock Holmes, Arsenio Lupin, Raquel Welch, Jekyll y Hyde, Houdini…

Resultaría muy tentador pensar que el nombre de James S. Quayle pudiera ser un homenaje del autor al actor John Anthony Quayle, que participó en “Asesinato por decreto”, la película en la que Sherlock Holmes investiga los crímenes de Jack el Destripador. En dicho film el actor interpreta a Charles Warren, principal responsable de la policía en el momento en que se cometieron los crímenes del destripador; y curiosamente en la novela de Garland el principal responsable policial de la investigación del Dr. Sangre es el Superintendente Warren… Todo encajaría si no fuera porque Asesinato por decreto se estrenó en 1979, es decir, dos años después de la publicación de la novela de Garland.

Gabinete doctor CaligariYa que ha salido el tema, me gustaría recomendar a todo el que no la haya disfrutado, que no deje de ver “El Gabinete del Doctor Caligari”, la revolucionaria y fascinante película de 1920 de Robert Wiene, toda una lección de cine y el máximo exponente del expresionismo alemán. Para los que les dé mucha pereza ver una película de 1920, en el año 2005 se estrenó un remake de la misma a cargo de David Lee Fisher, que a mi personalmente me ha parecido un buen homenaje al original.

Por otro lado, la novela de Curtis Garland no guarda relación alguna con la película en lo que se refiere al argumento.

En la vida real encontramos a otro Dr. Sangre que nada tiene que ver con el siniestro personaje de la novela, sobrenombre con el que se conocía a Norman Bethune, un médico canadiense que formó parte de los 1.700 canadienses que se ofrecieron como voluntarios dentro de las brigadas internacionales para luchar en la guerra civil española (1936-1939) a favor del bando republicano, y de los cuales fallecieron 721. A este médico se atribuye la introducción de una innovación médica extraordinaria que se ha incorporado a todos los servicios médicos militares del mundo: la primera unidad móvil de transfusión sanguínea  en combate.  “Que la sangre busque a los heridos” era su lema; una pemisa que ha salvado miles de vidas desde entonces, pues una de las principales causas de muerte en combate era precisamente la pérdida de sangre durante los traslados de heridos a los centros médicos.

El Servicio Canadiense de Transfusión de Sangre se instaló en una mansión de 15 habitaciones en el número 36 de la calle Príncipe de Vergara de Madrid, a sabiendas de que los bombardeos de Franco respetaban los barrios residenciales de los más ricos. Allí organizó un servicio de captación de donantes de sangre que tuvo una respuesta masiva por parte de la población civil, lo que permitió el éxito de su iniciativa, aunque el servicio apenas funcionó durante seis meses, pues harto de lo que él consideraba una jerarquía absurda del ejército republicano, Bethune se marchó a China en 1938, donde acabaría muriendo de una septicemia.

Anuncios

QUERIDOS ROEDORES

las ratas asesinasMusofobia: aversión, asco o miedo irracional a los ratones, ratas, y en algunos casos, otros tipos de roedores.

Esta es la definición –que por cierto no recoge el Diccionario de la lengua española- que da la psicología a esta particular fobia, objeto de esta de esta reseña.

Las ratas despiertan un miedo ancestral muy extendido, debido a que son animales asociados históricamente a la transmisión de enfermedades –la peste negra entre otras-, además de por su voracidad, que más de una hambruna han provocado a lo largo de la historia, y que además ha dejado diversos episodios de ataques a humanos que aparecen de forma recurrente a lo largo de los años.

Tanto el cine como la literatura han explotado en multitud de ocasiones este tema, con mayor o menor fortuna, y como es lógico, los escritores de novela popular, siempre atentos a cualquier cosa que pueda servirles de inspiración, no podían ignorar a estos animales como punto de partida de alguno de sus relatos.

La dificultad como siempre es seleccionar dentro del caótico mundo de la novela popular unos cuantos títulos que nos permitan observar la visión de sus escritores sobre nuestros queridos roedores, sin que se pretenda realizar en ningún caso un listado exhaustivo de las obras protagonizadas por estos simpáticos parientes de Mickey Mouse, pues sería una tarea que requeriría una dedicación exclusiva durante un largo periodo de tiempo.

A. thorkent la amenaza de los muridosEn el género de la ciencia ficción nos encontramos de forma obvia con “Las ratas”, nº 120 de la colección Espacio de Toray, del gran H.S.Thels (Enrique Sánchez Pascual), novela que comentaré en otro momento. Algo menos obvia resulta “La amenaza múrida”, nº 322 de La Conquista del Espacio, de A. Thorkent (Ángel Torres Quesada), autor de culto al que ya dediqué una reseña en este mismo blog. En realidad esta novela es el segundo título de una trilogía protagonizada por los attolitas, una raza de ratas inteligentes —múridos es el término científico empleado en la saga—  que a punto están de provocar, por mediación de uno de sus miembros (un científico loco llamado Traoll), la extinción de la humanidad. Aunque  Ángel Torres incluyó el primer título del ciclo (“Invasor del más allá”, nº 143 de La Conquista del espacio) dentro del universo del Orden Estelar, la realidad es que nada tienen que ver con la misma. A pesar del peso de la presencia de ratas gigantes e inteligentes, la historia es un relato de ciencia ficción, con viajes en el tiempo incluidos, que no busca resaltar el lado terrorífico de estas criaturas, así que no me detendré sobre estos tres títulos, y me centraré en el género de terror.

Curtis Garland - Las ratas están locasEn este género nos encontramos con “Las ratas están locas” (1976), del omnipresente Curtis Garland, nº 181 de la colección Selección Terror de Bruguera.

La novela comienza con una cita de Confucio que todos y cada uno de nosotros debiéramos aplicarnos hoy en día:

“Si al odio respondemos con el odio… ¿qué otra cosa nos quedará… sino odio?”.

La historia se desarrolla en el año 1988,  en un futuro marcado por la inestabilidad entre las grandes potencias y por la presencia de un grupo terrorista llamado “Guerrilla de Activistas del odio” que sinceramente no tiene ninguna relación con la trama. El protagonista de esta peculiar novela de terror es Alex Miller, un periodista que recibe una enigmática invitación del premio Nobel Arístides Markiewicz para la “Asamblea de la Ciencia” que se celebrará la Noche de fin del año 1988 en Hatetower (premonitorio nombre), una aislada residencia en las Montañas Rocosas, con la promesa de que durante la velada se notificará un avance científico que cambiará el curso de la historia.

Con su habitual narrativa plagada de todo tipo de citas y homenajes, que van desde Bertold Brecht, Frankenstein, o James Hilton (autor de “Horizontes Perdidos”), Curtis Garland nos regala una historia que perfectamente se podía haber publicado en la colección de Servicio Secreto, pues mezcla elementos de diversos géneros en los que prevalece el de espías, y donde no puede faltar el contrapunto sentimental, representado por Crystal Jones, prometida del protagonista, y por una misteriosa y bella mujer llamada Delta.

Durante la velada se desvela que el famosos descubrimiento científico no es otra cosa que el virus del odio, creado por Markiewitz con la intención de acabar con la humanidad, y para ello tiene previsto expandirlo empleando un peculiar ejército: miles de ratas inoculadas con el virus.

Tras ser informado del plan completo, Alex Miller es expulsado de Hatetower, a sabiendas de que por mucho que cuente en el exterior nada puede hacerse para frenar el diabólico plan de Markiewitz. El problema es que Alex regresa con la memoria parcialmente borrada, y –para sorpresa de su prometida Crystal- acompañado de una despampanante secretaria llamada Delta que no se separa de Alex; un personaje que resultará ser la clave de la novela, y con la que resulta sencillo empatizar en su odio a la humanidad.

A lo largo del planeta comienzan a producirse inexplicables ataques de ratas aparentemente dotadas de gran inteligencia a humanos, que resultan infectados de una rabia sin curación posible y que les lleva a atacar a otras personas. El apocalipsis ha comenzado.

Lou Carrigan Tiempo muertoTiempo muerto” (1983), de Lou Carrigan, publicado en el nº 542 de Selección Terror, juega con el asco que provocan las ratas más que con el miedo en sí.

En la novela, Wade Ritman (de profesión dibujante, especializado en ilustración de portadas)  es un hombre que descubre aterrado una cabeza de rata en el fondo de la botella de leche que acaba de beberse. La sorpresa es que después de realizar una enérgica reclamación en el supermercado donde compró la botella, y donde por cierto conoce a la inevitable pelirroja de ojos verdes que se encarga de dirigir el establecimiento, Wade se encuentra al regresar a su casa el resto del cuerpo de la rata decapitada dentro del bolsillo de una chaqueta. Si la historia ya os tiene completamente intrigados, aviso que no es nada con lo que viene después, cuando el protagonista recibe una caja en cuyo interior aparece una cabeza humana chorreando sangre que resulta ser de plástico. Todos los indicios apuntan a que es el propio Wade quien está cometiendo estos extraños actos, lo que le hace temer por su cordura, y le lleva a contactar con un antiguo compañero de Universidad, un psiquiatra llamado Orson Copley, que tratará de ayudar a su amigo a encontrar la verdad de esta extraña situación.

La realidad es que Lou Carrigan lo borda en esta intrigante novela que parte de un hecho intrascendente que poco a poco va complicándose cada vez más. Una historia en la que destaca un sentido del humor poco habitual en su obra, y en la que el autor vuelve a poner el foco en el porqué de los crímenes antes que en el quién, algo muy habitual en Lou Carrigan,  que se preocupa siempre de meterse dentro de la mente del asesino para intentar entender sus motivaciones.

Clark Carrados el gato y las ratasEl gato y las ratas” (Selección Terror nº 165, 1976) es una peculiar novela de Clark Carrados. Un hombre llamado Bertie Vinceton se encuentra en una situación económica desesperada, cuando recibe un extraño encargo a cambio de 24.000 $: debe conseguir la mano izquierda de una mujer joven que haya fallecido recientemente. Cuando Vinceton se encuentra de regreso de un cementerio tras haber cumplido con su cometido, es asaltado por dos ladrones de bancos que le matan para robarle el coche, llevándose consigo una caja en el asiento trasero con el macabro cargamento. Poco después los dos atracadores mueren en extrañas circunstancias.

Al mismo tiempo, Mavis Gleville acude al despacho del detective privado A. Smith para encargarle que busque a su hermana Bárbara, que ha  desaparecido. Bárbara se casó hace unos años con  un estrafalario científico llamado Joshua Neagle, que dice que Bárbara se ha fugado sin dejar rastro, y Mavis sospecha que en realidad la ha asesinado. Tras explicarle a Mavis que se ha equivocado de oficina y que en realidad él es pintor (de hecho es portadista de libros, lo que resulta curioso porque en más de una ocasión Carrados introduce un portadista en sus historias), decide ayudarla a descubrir qué ha ocurrido con Bárbara, sin sospechar que las cosas no son ni mucho menos lo que parecen.

Pronto se descubrirá que alguien está cortando la mano izquierda de jóvenes mujeres, pero la pregunta es ¿Para qué? ¿Qué ocurrió con Bárbara Gleville?.

El motivo por el que incluyo esta novela –muy recomendable, por cierto- en esta erseña sobre las ratas es que tienen un escabroso y fundamental papel en el desenlace de la historia, junto al gato del título, mucho más importante de lo que puede parecer a primera vista.

Ada Coretti-Del-suelo-brotaba-la-muerteEn “Del suelo brotaba la muerte” (1975), nº 138 de Selección Terror, Ada Coretti nos aporta su terrorífica visión del miedo a las ratas. La presencia de esta escritoria es una firme garantía de encontrar sangre y vísceras a mansalva.

La novela comienza con un prólogo ambientado en 1899 en una pequeña localidad imaginaria llamada Maggawin, con una macabra historia en la que un joven matrimonio regresa a su casa para descubrir que cientos de ratas han devorado a su bebé, al que habían dejado plácidamente dormido en su cuarto. Un  espantoso suceso que por desgracia ha ocurrido en la realidad en más de una ocasión, sin ir más lejos en Johannesburgo en 2016, después de que una madre dejara solo en casa a su bebé durmiendo en la cuna para irse de fiesta.

Tras este inicio, la historia se traslada a 1971, con el ingeniero Frank Milde de vacaciones en una casa de campo a 200 Km de Maggawin. Allí conocerá a la bella Carol Powers y a su peculiar familia, incluyendo a su tío Cecil, un jorobado que vive solo en la misma casa donde se produjo la siniestra muerte del bebé del prólogo 70 años atrás, y donde Cecil ha advertido a su sobrina Carol que no debe acercarse jamás.

La familia de Carol se compone de su padre James, y sus tres hermanos, Paul, Michael y el mencionado Cecil. Su madre falleció años atrás arrollada por un tren. Una madre que primero fue novia de Cecil, y que después estuvo casada sucesivamente con los otros tres hermanos, siendo James, el padre de Carol, su último marido antes de su muerte.

Cecil acaba hospitalizado como consecuencia de un accidente de tráfico, al cuidado de su sobrina, única persona de la familia con la que se relaciona. Cuando Frank acude un día al hospital con la intención de volver a ver a Carol, le comunican que se fue hace días, y que le ha dejado una nota que dice lo siguiente:

“Estoy muy asustada. Me llevan a vivir a la casa de piedra, a Maggawin. No sé exactamente por qué, pero tengo el presentimiento de que no saldré de allí con vida… a menos que venga usted a ayudarme. Créame, no tengo a nadie más a quien recurrir. Acabo de darme cuenta de que estoy sola en este mundo.”

Sin dudarlo, Frank conduce hasta Maggawin, donde descubrirá un lúgubre pueblo en el que sólo destacan sus malolientes cloacas, la siniestra casa de Cecil, y un manicomio. A partir de ese momento se verá envuelto en una serie de macabros sucesos.

Una novela que es un buen ejemplo de la ingente mezcla de elementos que suelen abundar en la novela popular, con siniestras leyendas, locos, mayordomo, un botín de 20 millones de dólares procedente del robo de un banco, y por supuesto, ratas asesinas.

Lou Carrigan ven a charlar esta noche 1En “Ven a charlar esta noche” (nº 281 y 486 de Selección Terror de Bruguera), de Lou Carrigan, nos encontramos –en mi opinión- con una de las mejores novelas de toda la colección, en una historia en la que nuestras amigas las ratas vuelven a tener un papel decisivo.

Claudine Debré es una mujer mayor que vive sola en su desvencijada casita en el Montmartre de París, en condiciones de gran precariedad económica. Interiormente culpa de su situación a su nuera Monique, a la que considera responsable de haber alejado de su lado a su querido hijo Claude, un marido enamorado que desconoce que su esposa le es infiel con otros hombres.

Lou Carrigan ven a charlar esta noche 2Tras recibir la inesperada visita de Marie Mortier, una antigua amiga que intenta ayudarla económicamente encargándole un traje, Madame Debré comienza a tramar en su imaginación un siniestro plan para dehacerse de su nuera con la ayuda de unos inesperados cómplices: unas ratas que han anidado en su desván y a las que ha comenzado a alimentar como si fueran sus mascotas. Al principio Claudine sueña con invitar a Monique y hacerle subir al desván con cualquier excusa, haciendo que le muerda una rata, pensando que así morirá víctima de la rabia. Al comprender lo absurdo de su plan, se convence de una posibilidad aún mejor cuando un terrible accidente en el que Claudine tiene parte de culpa provoca que su amiga Marie muera de un golpe en el desván, convirtiéndose en alimento de miles de ratas que han ido anidando entre las paredes de su casa, atraídas por la comida que cada día dejaba a su grupo de mascotas.

Lou Carrigan ven a charlar esta noche 0A partir de este momento, Claudine pone en marcha un plan que afecta no sólo a Monique, sino también a sus amantes, a los que considera que debe matar para vengar el honor de su hijo.

Una gran novela, con magníficos personajes, mucho más definidos y creíbles de lo que suele ser habitual en esta literatura, que demuestran que a veces la bajeza de los sentimientos humanos supera con creces el horror que pueda producir cualquier monstruo imaginario.

Hace ya tiempo que considero a Lou Carrigan uno de los autores de mayor calidad en prácticamente todos los géneros en los que participó –aunque tengo la sensación de que la ciencia ficción no se encontraba entre sus preferencias-.

A diferencia de la mayoría del resto de autores de la novela popular, demuestra una especial maestría en la definición de sus personajes, y un gran dominio del  ritmo en sus libros; y por lo general consigue evitar los precipitados finales tan característicos de esta literatura. Si alguien se molesta en leer alguno de los libros de Lou Carrigan de mayor extensión (de la colección Murder Club por ejemplo), descubrirá un escritor que nada tiene que envidiar de la mayor parte de escritores de novela policiaca que arrasan en la actualidad.

Lou carrigan pecados capitalesPor fortuna, los lectores que tengan interés en este título, que recomiendo sin luga a dudas, pueden encontrarla en el segundo volumen de “Los pecados capitales” que la Asociación A.C.H.A.B ha publicado recientemente, acompañada de una buena selección de novelas del mismo autor relacionadas cada una de ellas con uno de los pecados capitales.

Por supuesto que hay muchas otras novelas de terror en las que los roedores tienen mucho que decir, como “Ratas hambrientas y otros relatos”, de Franklin Ingmar  (nº 99 de la colección Easa Terror), o “Las devoradoras”, de César Torre (nº 103 de Easa Terror), pero creo que con lo explicado nos podemos hacer una idea del tema. Y ahora os dejo que me ha parecido oir el ruido de unas patitas correteando por el techo….

DESILO, Y LA REIVINDICACIÓN DE LOS PORTADISTAS

desilo conquista espacio

¿Vampirella en el espacio?

Uno de los principales reclamos para vender las múltiples novelas que inundaban los quioscos de prensa en la edad de oro de la novela popular eran sus llamativas portadas, cuya finalidad era trasmitir al posible lector de un solo golpe la sugestión de todo el libro, sintetizando en una sola imagen el contenido. En este sentido, uno de los grandes encantos de este tipo de portadas en la novela popular española es que era muy habitual que la ilustración de la cubierta no tuviera absolutamente nada que ver con los hechos que posteriormente ocurrían en la historia.

Hoy en día, en una buena parte de los coleccionistas de este tipo de literatura prima más la portada que el propio contenido de las novelas, y no es de extrañar si nos atenemos al altísimo nivel de los artistas que las realizaban.

desdilo Oeste bolsillo610Con este escenario, es sorprendente la falta de atención que han merecido estos ilustradores en nuestro país, artesanos de un oficio que lamentablemente se encuentra en vías de extinción, con un panorama editorial donde, salvo honrosas excepciones, las portadas de los libros suelen ser imágenes de archivo o de agencia.

Para subsanar esta falta de atención –al menos en mi blog-, me he propuesto rendir homenaje a estos auténticos pintores, con reseñas dedicadas en exclusiva a los mismos, y para empezar, no se me ocurre nadie mejor que Desilo, uno de mis favoritos, a pesar de que sé que cuenta con un buen número de detractores.

desilo Lozano_Olivares,_el_artista_en_su_madurez

El autor, un pintor con mayúsculas

Desiderio Babiano Lozano Olivares firmó su obra como Babiano, Desilo y sobre todo como Lozano Olivares, tanto en lu labor como ilustrador como en la de historietista.

Empezó su carrera como historietista y cartelista durante la Guerra Civil para progresivamente especializarse como ilustrador de libros desde 1940 hasta 1985, ejerciendo su profesión en las más conocidas editoriales españolas: Cantín, Editorial Molino, Hymsa, Furest, Caralt, Janés, Gustavo Gili, Toray, Vergara, Cumbres, Éxito y Bruguera. También publicó en Francia para Hachette, siendo su aportación decisiva en la historia de la ilustración por su su versatilidad y su capacidad de innovación.

desilo Terror738Nació en Madrid el 25 de marzo de 1909, hijo de Julio Babiano Carrasco y de Antonia Lozano Olivares y fue el menor de tres hermanos. A los doce años abandonó la escuela para empezar a trabajar como botones en el Banco Central. Su abuelo, que descubrió y valoró sus capacidades por el dibujo y la pintura a una edad muy temprana, le regaló sus primeros utensilios: papel, pinceles y una caja de acuarelas, sembrando de este modo la semilla de lo que más tarde llegaría a ser su verdadera vocación y profesión.

De espíritu crítico y comprometido, la llegada de la República en 1931 le brindó un espacio para el desarrollo de sus múltiples inquietudes y el inicio de la Guerra Civil le llevó a integrarse en las Juventudes Socialistas Unificadas donde junto a Bardasano y otros, dibuja y firma como “Babiano” para periódicos, folletos y especialmente carteles destacando en el campo del cartelismo político; el lenguaje del cartel era un medio ágil, sintetizador e impactante que transmitía todos los mensajes urgentes desde todos los ámbitos culturales, sociales y políticos.

desilo Rosa956A partir de 1940, liberado del campo de concentración de Albatera (Alicante), gracias al ingenio, valor y tenacidad de su esposa, Manola Rodríguez, rehicieron su vida en Barcelona. Pintó tranvías, casetas de baño y paredes hasta conseguir reiniciar su labor gráfica, esta vez con el nombre artístico compuesto por los dos apellidos de su madre: Lozano Olivares. Reinició así una trayectoria creadora y artística de gran trascendencia, orientada a la edición de libros y revistas ilustradas, a la vez que en ningún momento renunció a su compromiso político en la lucha antifranquista por la libertad y la democracia, hasta el punto de que fue detenido y encarcelado en dos ocasiones por motivos políticos.

desilo Sercicio Secreto683Uno de sus primeros trabajos como ilustrador lo realizó en Publicaciones Nuevocine (Ediciones Cinema / Ediciones Grafidea S.L.) y fue uno de los creadores gráficos del cuaderno de aventuras Bravo Español; otros trabajos suyos fueron publicados en la prestigiosa revista infantil Chicos y fue el responsable gráfico de casi la totalidad de las ilustraciones de la revista Ímpetu, uno de cuyos directivos entonces era Manuel Sacristán.

Ilustró varios libros de literatura juvenil épica y de aventura, como La espada invencible, Atila y La Isla del Tesoro con litografías de una gran calidad y belleza para Ediciones Cantín. Ilustró para Hymsa cuentos infantiles y, en la revista Lecturas (1943-56), historias y relatos cortos. Para Editorial Molino (1943-1957) fue el inolvidable autor de las ilustraciones de colecciones de cuentos infantiles y de aventuras para adolescentes así como uno de los más innnovadores artistas gráficos de las colecciones policíacas, de aventuras y misterio que publicaba la editorial en su Biblioteca Oro

desilo Molino K_M_319A inicios de los años cincuenta ilustró novelas para diversos editores como Furest, Caralt, Janés y Gustavo Gili y, durante más de una década (1953-63), ilustró para la Editorial Toray innumerables portadas de novelas selectas. Durante 1954-57, desde México, Editorial Cumbre/Éxito editó una colección de libros de aventuras de escritores ilustres con sus portadas e ilustraciones y le siguió en 1959-60 una colección ilustrada en 12 volúmenes con el título “Mi libro encantado”. En 1959, para Editorial Vergara ilustró una serie de títulos para su colección de literatura clásica.

Realizó portadas e ilustraciones en prácticamente todas las colecciones de la Editorial Bruguera, desde los años 50 hasta su fin en la década de los 80. Para esta editorial se prodigó en diversidad de estilos tanto en colecciones de calidad para literatura clásica y contemporánea como para sus colecciones de novela popular de los más diversos géneros: oeste, policíacas, ciencia ficción y terror. Muchos de sus trabajos se publicaron sin firma y otros quedaron registrados con el seudónimo de Desilo. También realizó pequeñas colaboraciones en Ediciones Victoria, Editorial Mateu y Veron editor en la primera mitad de la década de los 80.

 

Con posterioridad a su fallecimiento, ciertas editoriales como Ediciones B, con sede en Barcelona, y otras subcontratadas y ubicadas en Latinoamérica, siguieron reeditando sus portadas e ilustraciones hasta nuestros días, parece ser que sin liquidar derechos de autor, algo por desgracia muy habitual en el mundillo editorial.

desilo oeste 6Desilo es un artista del que inexplicablemente he oído en muchas ocasiones comentarios no excesivamente positivos respecto a su calidad. Este ilustrador autodidacta, revolucionario en su época por su innovadora forma de entender la ilustración, experimentó con todos los recursos gráficos posibles: la pluma y el pincel para la tinta; buriles para los grabados en litografías y huecograbados; los pinceles y la espátula para el óleo; pinceles para la acuarela, el gouache…

Espero no ser el único aficionado que encuentra las portadas de Desilo maravillosas, con un estilo único capaz de captar el movimiento como nadie, con figuras que derrochan expresividad a pesar de la consciente falta de detalle con la que retrata a sus personajes, y con un uso de las luces y las sombras francamente innovador.  Desde aquí invito a todo aquel que lea esta reseña a que busque por internet sus ilustraciones, un legado que permanecerá para siempre.

La mayor parte de la información que figura en esta reseña la he obtenido de la estupenda página http://lozanoolivares.blogspot.com.es/p/blog-page.html, cuya visita considero obligada a toda persona que quiera conocer mejor al autor.

 

EL REGRESO DE ADAM SURRAY

Adam surray

José López García, un “monstruo” de la novela popular

En primer lugar me gustaría explicar que esta reseña lleva gestándose desde hace más de un año, momento en que tuve conocimiento de la futura reimpresión de algunas de las más destacadas obras del escritor a cargo de ACHAB, una Asociación de la que ya he hablado en otras reseñas, y cuyo empeño por ejercer de auténticos resucitadores del bolsilibro no deja de asombrarme.

Gracias a este proyecto tuve la suerte de poder contactar personalmente con el autor, al que ya había dedicado varias reseñas en este mismo blog, y del que tenía un más que notable concepto como escritor.

Adam Surray noche de mosntruosA raíz de estos contactos, recopilé toda la información que pude, fruto de la cual surgió este artículo, cuya publicación decidí retrasar para hacerlo coincidir con la salida de Noche de Monstruos, pues cualquier cosa   –por muy pequeña que sea- que pueda servir para que el autor tenga el reconocimiento que merece me parecía una acción de justicia.  Es un autor que de verdad  merece ser conocido. No os arrepentiréis.

La edición de Noche de Monstruos es una buena oportunidad para tener un primer y terrorífico acercamiento con Adam Surray, pues recopila 6 de sus obras del género de terror, que yo al menos considero bastante representativas, incluyendo la imprescindible “Cómic de Terror” , desde mi punto de vista una de sus novelas más logradas.

Ya sé que habéis oído cosas. Que Surray es el maestro del terror más sangriento. Que introdujo el gore, término hasta la fecha exclusivo del cine,  en la literatura de quiosco. Tal vez incluso leyerais en alguna recóndita página de internet que tras las oscuras historias de Adam Surray se ocultaba una siniestra sociedad secreta.

Dejadme que os explique.

two_thousand_maniacs-654715018-large

2.000 Maniacos, clásico del gore

Aunque podemos considerar que el origen del Gore se remonta a la compañía teatral del “Grand Guignol” de Max Maurey, que comenzó a ofrecer al público en Francia allá por 1899 escenas de matanzas y mutilaciones de brutal violencia, realmente es Herschell Gordon Lewis, un director de cortos pornográficos, la persona considerada como el precursor del “Gore” cinematográfico (término empleado por primera vez por él mismo), con su película  “Blood Feast” (1963), un largometraje producido por David Friedman, con una trama muy modesta (dos chicos que veneran a una diosa egipcia sacrifican muchachas extrayéndoles las vísceras), realizada en nueve días de rodaje con un presupuesto de 70.000 dólares, que recoge los elementos característicos del cine de este género: actores no profesionales, chicas con poca ropa, una fotografía deplorable, música inaudible, medios insuficientes, diálogos absurdos, y, sobre todo, chorros de sangre y tripas a mansalva.

Tras esta no muy conocida película vendría una cinta mítica: “2,000 Maniacos” (1964), a la que le seguirían una larga lista de subproductos que aprovecharon su éxito, hasta el rodaje de una de las obras maestras del cine de terror contemporáneo, “La noche de los muertos vivientes” (1969), de George A. Romero.

Las bases del gore quedaron así establecidas, en un género cuya principal finalidad es engañar al espectador, haciéndole creer que las brutales escenas de mutilación que se muestran en pantalla son reales, mediante el empleo de unos efectos especiales cada vez más sofisticados. Unos espectadores a los que cada vez resulta más difícil sorprender, y que precisan de escenas más y más violentas para saciar su inagotable sed de sangre.

Adam-Surray-Los-discípulos-de-SatánLógicamente en la España franquista este tipo de películas era impensable, así que el gore llegó a nuestro país, como otras muchas cosas, con años de retraso; eso sí, con un ímpetu desmedido, y con un público ávido de experiencias fuertes que hasta el momento no habían podido experimentar. Se pasó de este modo de la más férrea censura a la época del destape y a la exhibición de la violencia sin ningún tipo de límite, sin que en muchos casos tuviera ningún tipo de justificación para el desarrollo de la trama.

Y en este contexto apareció Adam Surray.

El autor se incorporó tarde a la novela de quiosco, en 1968,  primero en la editorial Rollán,  en lo que se supone debía ser el relevo generacional de los escritores consagrados, y su llegada supuso un importante soplo de aire fresco, al adoptar un estilo más moderno, más cercano al nuevo público, que deseaba nuevas experiencias.

Cuando Surray pasó a escribir para Bruguera en 1972, con el franquismo en clara decadencia, la censura había bajado la guardia de manera ostensible, hecho que se vio acrecentado con el posterior fallecimiento del dictador en 1975. Todos estos sucesos coinciden con el nacimiento de la mítica colección Selección Terror en 1973, en la que el escritor destacaría poderosamente por la originalidad de sus argumentos y por su característico uso del “gore” que iría creciendo con el paso del tiempo. Junto con Ada Coretti es probablemente el escritor que mejor uso dio a las escenas de violencia extrema en sus libros.

Adam-Surray-Simposium-de-horrorSería muy sencillo para el lector caer en la tentación de imaginarse a José  López García, el hombre detrás del seudónimo de Adam Surray, autor de algunas de las más originales y sangrientas novelas de terror de la literatura popular española, como una especie de Norman Bates, sonriendo tras la recepción del hostal familiar donde trabajaba, mientras su cabeza no paraba de imaginar nuevas maneras de morir para los protagonistas de sus historias.

Nada más lejos de la realidad. Tras el prolífico Adam Surray se esconde en realidad un hombre humilde y cabal, amante de su familia, un trabajador incansable que continúa felizmente casado con la misma mujer de la que se enamoró allá en 1970, y que en la actualidad dedica todo el tiempo que puede a su maravillosa nieta de 10 años, precoz asesora informática que enseña al asombrado José el manejo de internet y del Ipad, permitiéndole no descolgarse del mundo virtual en el que nos movemos. Un buen escritor, pero sobre todo una gran persona.

Aunque José nació en La Coruña el 7 de Mayo de 1943, su familia se trasladó a Valencia cuando contaba tan sólo con 6 años. Tras unos duros inicios en los que sus padres fueron construyendo un negocio familiar a base de préstamos que en la época rozaban la usura, su esfuerzo concluyó con un hostal de su propiedad de 38 habitaciones y con un restaurante en la planta baja. Valencia se convirtió de este modo en su ciudad adoptiva, y el hostal en su hogar.

En 1950 inicia su etapa escolar en el colegio Calderón de la Barca, y posteriormente en los Dominicos, pero se ve que los estudios no eran lo suyo (los tebeos y las novelas de Curtis Garland y Keith Luger que inundaban su habitación ganaron la batalla a los libros de texto), y sus padres decidieron ponerle a trabajar en la recepción del hostal poco después de finalizar el Bachiller.

adam surray un crimen para dos asesinosEn 1964 presta el servicio militar obligatorio, destinado a carros de combate en Bétera, pasando de Cabo furriel a cabo primero, y examinándose de sargento, aunque finalmente fue licenciado el 30 de Abril de 1966, por lo que volvió a la recepción del hostal familiar.

Desde muy joven se sintió atraído por el mundo de las letras, al que se enganchó después de leer de una tacada la colección completa del Coyote, y no perdía la ocasión de presentarse a todos los concursos de cuentos y narración de los que tenía conocimiento, especialmente las Olimpiadas del Humor patrocinadas por el Ayuntamiento de Valencia,  hasta que en 1968 escribe su primera novela de quiosco: “Pistolero sin fortuna”, publicada por Rollán ese mismo año en el nº 46 de la colección Winchester. Al principio Surray limitó su producción a títulos del Oeste, hasta que en 1969 entrega su primera novela policiaca –su género favorito-, “Un crimen para dos asesinos“, que fue aceptada y publicada en el nº 1.013 de la colección FBI, con muy buena acogida por parte de editores y lectores. Meses más tarde le seguiría “Muerte a ritmo pop“, segunda de sus novelas policiacas que motivó una curiosa anécdota con la editorial, pues a raíz del envío de esta novela, Rollán le llamó para decirle que en la historia no aparecía por ningún sitio el FBI, lo que iba en contra de las normas de la colección. Surray, ignorante de este requisito, contestó sorprendido que no tenía ni idea de que tuviera que figurar el FBI, y que de hecho en su anterior novela, la citada “Un crimen para dos asesinos”, tampoco se mencionaba ni de pasada por ningún sitio a la agencia gubernamental, lo que no fue un obstáculo para su publicación. A raíz de este toque de atención, el resto de títulos que escribió para la colección tuvieron el protagonismo del correspondiente agente federal.

Adam surray muerte a ritmo de popEn esta época se produce un hecho que influyó en el futuro como escritor de José López García. Al poco tiempo de comenzar a escribir para esta editorial conoció a Enrique Montoro Sagristá, el célebre Henry Keystone, un veterano escritor que también trabajaba para Rollán, procedente de la desaparecida editorial Valenciana. Parece ser que cuando Keystone se enteró de que había empezado a trabajar para la editorial otro escritor valenciano, movió cielo y tierra para  conseguir su dirección, hasta que finalmente consiguió ponerse en contacto con él.

Lamentablemente José no pudo mantener demasiada relación con él al margen de unas cuantas charlas amigables, pues el escritor falleció en 1985, años después de que Rollán quebrara, dejando sin trabajo a todos sus colaboradores, entre ellos un Enrique Montoro que quedó muy afectado, pues profesionalmente se dedicaba en exclusiva a la literatura, y de pronto quedó privado de medio alguno para ganarse la vida. Tanto José López García como Antonio Vera Ramírez (más conocido como Lou Carrigan), con el que también mantuvo contacto el autor,  siguen hoy en día convencidos del gran impacto que tuvo el cierre de Rollán en el fallecimiento del escritor.

José recuerda con gran tristeza aún hoy en día la breve nota que apareció en la prensa valenciana  “Enrique Montoro Sagrista, escritor de novela popular que firma a con el seudonimo de Keith Luger“, con un periodista incapaz siquiera de documentar el seudónimo correcto del autor.

adam surray satanas clubEl fin de los bolsilibros de Toray y Rollán, sumado a que acababa de formar una familia tras casarse en 1970,  con dos hijos al cumplirse el tercer aniversario, supuso un punto de inflexión para Adam Surray como escritor, pues habiendo vivido tan de cerca el desamparo de Henry Keystone, comprendió la precariedad de esta profesión, y de este modo decidió no dedicarse en exclusiva a la literatura, lo que le llevó a compaginar la novela popular con el negocio familiar hasta su jubilación, hecho éste más que sorprendente cuando comprobamos la gran extensión de la obra del autor, favorecida, eso sí, por las largas horas que el escritor pasaba detrás del mostrador de la recepción del hostal.

El propio José comenta con nostalgia su vida como pluriempleado:

Alguna noche incluso escribía novelas en la recepción. Estaba descuartizando a la chica de turno y aparecía algún cliente binguero (el bingo en aquellos años era la gran novedad); pero las noches eran tranquilas para escribir. Muchos agentes comerciales (especie ya extinguida), clientes asiduos, eran fans de Surray. Me solicitaban novelas  sin percatarse de que había un kiosco en la esquina. En fin… ¡que tiempos!

Algunos de los clientes eran habituales y conocidos durante años. Los había también fijos. Estos sí conocían mi faceta de escritor. Las tardes-noches eran muy largas. Las habitaciones no tenían tele en los 60…En la cafetería, junto con un gin-tonic, se hablaba de muchas cosas. Menos de política, claro. Algunos clientes incluso me sugerían argumentos. Otros bromeaban sobre mis novelas de terror: Oye, Pepe, cuando llegas a casa… ¿tu mujer no grita al verte aparecer?”.

Supongo que si los nuevos clientes que entraban en aquellos días al hostal se hubieran imaginado que el amable recepcionista que asomaba del mostrador estaba en aquel momento visionando en su cabeza espantosas formas de morir asesinado para los personajes de sus libros, sin duda se hubieran dado la vuelta para salir corriendo hasta perder de vista Valencia.

adam surray asesinato por correspondenciaAdam Surray trabajó para las principales editoriales de novela popular de la época: se incorporó en 1968 a Rollán, en un momento en el que la editorial comenzaba su declive; en 1969 a Toray; en 1972 en Bruguera, tras finalizar su relación laboral con Toray tras su suspensión de pagos en Septiembre de 1972 (el último nº de la colección FBI, el nº 1220 “Asesinato por correspondencia”, es obra suya); y en 1974 con producciones editoriales, para la que sólo escribió 11 títulos, pues su política editorial no acabó de convencerle.

En 1977 colaboró también con la editorial Andina, donde le publicaron fundamentalmente reediciones de las colecciones policiacas y del oeste de Rollán, a excepción de “Satanás Club”, nº 107 de la colección Easa Terror, único original que escribió para la editorial.

Adam Surray El circo del horrorA Bruguera le debe sin lugar a dudas su máxima popularidad, pues es en esta editorial donde se mantuvo más años en activo, y donde despuntó especialmente con sus novelas de terror, género que insisto no era el favorito del escritor –de hecho era el último en sus preferencias-, pero por el que posiblemente acabe siendo más recordado por los lectores, por ser uno de los precursores del gore hispano. Debo aquí reivindicar también la obra policiaca del escritor, relegada injustamente a un segundo plano por su éxito en el terror, pese a que su calidad en nada desmerece del resto de su obra.

Como curiosidad sobre la forma de escribir de Surray, uno podría pensar que conocía a la perfección las ciudades en las que se desarrollaban las historias, pero la realidad es que escribía a partir de mapas de distintas ciudades de Estados Unidos que le facilitó la compañía PANAM, y para las ciudades italianas, habituales en algunos de sus libros,  de mapas obtenidos del consulado italiano en España.

En la década de los 80, cuando Bruguera ya había declarado la suspensión de pagos (el 7 de junio de 1982 para ser exactos), se produjo un nuevo boom de la novela de kiosco, con espectaculares tiradas en sus colecciones de terror y de ciencia ficción, pero pronto se pudo comprobar que se trataba tan sólo de un espejismo.

En 1986 se produjo el fatídico cierre de Bruguera, que como muy bien dice el escritor, “terminó con deshonor”. Adam Surray, el escritor de tan sólo 43 años, decidió desaparecer, dejando paso a José López García, el hostelero, el padre de familia. Tan sólo participó desde entonces en el concurso de Cuentos de La Felguera, quedando en 1988 entre los finalistas con el relato “Juntos en la soledad“. Nunca más volvería a escribir.

En palabras el propio autor: “Me hubiera gustado dedicar más tiempo a escribir. No me arrepiento.

Me van a permitir una reflexión que alguno considerará estúpida. A mí también me hubiera gustado que Adam Surray le hubiera dedicado más tiempo a escribir, que hubiera abandonado el negocio familiar y nos hubiera permitido disfrutar de un mayor número de sus extraordinarias novelas; pero cuando te detienes a pensar en el cariño con el que el autor habla de su familia, y cómo hablan sus amigos de él (entre ellos el gran Joseph Berna), uno no puede más que rendirse a la evidencia de que tomó la decisión acertada.

Eso sí, por suerte nos dejó un enorme legado que podemos seguir disfrutando.

Muchas gracias, Adam, muchas gracias, José.

LA COLECCIÓN PROEZAS DE ROLLÁN

Proezas tamboresSi en la reseña dedicada a la colección Bazooka comentaba que el bélico era un género minoritario en la literatura de quisco, el de aventuras tuvo todavía mucha menos trascendencia, a pesar de lo cual  la mayoría de las editoriales lanzaron –con mayor o menor fortuna- alguna colección dedicada a este género.

No quiero decir con esto que el de aventuras fuera un género despreciado por el público, pues está claro que algunos de los personajes más populares de la novela de quiosco española se enmarcan dentro del mismo, como El Pirata Negro, de Arnaldo Visconti, o El Encapuchado de Guillermo López Hipkiss.

Las colecciones de aventuras a las que aludo en esta reseña son las que no tenían un protagonista único.

comandos alan kensingtonLa editorial Valenciana lanzó a principios de los años 50 (no he sido capaz de saber el año exacto) la colección Comandos, que es la que tuvo un mayor recorrido en número de títulos dentro del género de aventuras, aunque la realidad es que este dato es un poco tramposo, pues la temática de la colección era preferentemente bélica, a pesar de que incluyó títulos de aventuras propiamente dichas.

Además de Comandos, en los años 50 esta misma editorial publicó  la colección Florida, que también aunaba distintos géneros, predominando en este caso los títulos del Oeste, incluyendo algunos de aventuras.

pantera la muerte ocultaEntre 1955 y 1956 Bruguera publicó la colección Congo, maravillosa serie de aventuras en África que lamentablemente alcanzó el escaso volumen de 26 títulos, una clara prueba de que el género no acababa de cuajar entre el gran público, al que resultaba difícil sacarle del oeste americano.

Previamente la editorial había lanzado la colección Pantera, que incluía algunos títulos de aventuras, pero que se centraba de forma muy clara por el Oeste, por lo que no se puede considerar una colección de aventuras.

De hecho, Bruguera no volvió a acercarse al género hasta 20 años después, realizando un nuevo intento con la colección Tam-Tam, que tampoco consiguió un gran éxito, aunque alcanzó la nada despreciable cifra de 88 títulos, y tiene el mérito de haber contado con Curtis Garland entre sus autores, lo que siempre es una garantía.

Tam tam Lou-Carrigan-La-caja-negraEn 1952 la editorial Rollán, especializada en esos momentos en colecciones policiacas y del Oeste, decidió ampliar su catálogo, y lanzó al mercado una nueva colección que sí puede ser considerada de aventuras –aunque también incluyó títulos del género bélico-, intentando captar un público más amplio al que no llegaba con el resto de sus colecciones. Parece que lo consiguió, pues la colección Proezas alcanzó la cifra de 116 títulos, aunque incluso sobre este tema existen dudas, pues según otras fuentes (La novela Popular de Robel), el número sería de 113.

De la colección destacaría tres aspectos que la convierten desde mi punto de vista en la mejor de todas las que se publicaron en este género –a excepción de Congo, por la que siento una especial predilección- :

  • Los autores de la colección son los habituales de Rollán, lo que nos permite ver a escritores como Eddy Thornie/Edward Goodman, Frank McFair, O. C. Tavin, J. Tell o Alf Manz -por citar sólo algunos-, desenvolviéndose en un género en el que no estamos acostumbrados a verlos. Ya os digo que sorprenderán a más de uno. Además está el añadido de que se sumaron otros autores ajenos al resto de colecciones de Rollán, como es el caso de mis admirados J.M. Díez Gómez, el autor de Alce Blanco y Black Boy, Jack Grey (Rafael Segovia Ramos), Tomás Borrás, o el enigmático An Old sailor, uno de los más peculiares seudónimos que he tenido la oportunidad de ver, y del que desconozco a quién corresponde en realidad. Como aspecto negativo, por los años en que fue publicada la colección, no se habían incorporado todavía a la editorial escritores como Donald Curtis, Jeff Lassiter, Lou Carrigan o E. Jarber, lo que nos privó de la posibilidad de ver obras de estos genios de la novela popular en una colección de aventuras.
  • Aunque habrá opiniones para todos los gustos, algunas de las portadas de la colección son auténticas obras de arte, lastradas eso sí por la pésima calidad del papel, habitual por otra parte en Rollán, lo que hace que sea prácticamente imposible encontrar ejemplares en buenas condiciones.
  • La temática de la colección. Se pueden encontrar novelas bélicas, aventuras marinas, africanas, en el polo norte, de espionaje, y casi cualquier cosa que se os ocurra, pero siempre orientadas a la aventura, lo que la convierte en una colección muy interesante.

La relación de las novelas que componen la colección es la siguiente, aunque advierto que no está completa, y contiene un misterio que explicaré más adelante:

TITULO

AUTOR

Escritor

1 La jungla en armas Alf Manz Alfonso Rubio Manzanares
2 La nube sombría Frank Mc Fair Francisco Cortés Rubio
3 Supervivientes Eddie Thorny Eduardo de Guzmán espinosa
4 Infierno en Kenya O.C. Tavin Octavio Cortés Faure
5 Vuelve un hombre F. N. Graw Fermín Narvona Marzo
6 El Pacífico Amarillo Frank Mc Fair Francisco Cortés Rubio
7 Cerco de odio Edward Goodman Eduardo de Guzmán espinosa
8 Fondo de cieno Fel Marty Félix Martínez Orejón
9 Infierno en la tierra Eddie Thorny Eduardo de Guzmán espinosa
10 Evasión F. N. Graw Fermín Narvona Marzo
11 Peligro latente O.C. Tavin Octavio Cortés Faure
12      
13 El honor del sol naciente Frank Mc Fair Francisco Cortés Rubio
14 Sangre en el hielo Edward Goodman Eduardo de Guzmán espinosa
15 El último amanecer Lewis Haroc Luis Rodríguez Aroca
16 Kahoolawe O.C. Tavin Octavio Cortés Faure
17 Perlas Rojas Paul Coster Pablo Cortés Hernando
18 Oro negro A. G. Murphy Antonino González Morales
19 En la vorágine Eddie Thorny Eduardo de Guzmán espinosa
20 Apátridas Richard Jackson Eduardo de Guzmán Espinosa
21 Vuelo sobre el Ruhr F. N. Graw Fermín Narvona Marzo
22 Doris en peligro Paul Coster Pablo Cortés Hernando
23 La avalancha O.C. Tavin Octavio Cortés Faure
24 Tierra sin esperanza Edward Goodman Eduardo de Guzmán espinosa
25 Misión Internacional J. D. Gómez José María Díez Gómez
26 La cumbre del diablo Douglas McWild  
27 La plaga Eddie Thorny Eduardo de Guzmán espinosa
28 Ruta de Birmania Alv Cortroa Alvaro Cortés Roa
29 Asesinato en Tokyo F. N. Graw Fermín Narvona Marzo
30 Bajo falsa bandera H. A. Wayttorn Federico Mediante Nocedoa
31 La retirada O.C. Tavin Octavio Cortés Faure
32 Lobo Negro Jack Grey Rafael Segovia Ramos
33 Romance bárbaro de Emiliano Zapata Edward Goodman Eduardo de Guzmán espinosa
34 Tiger Frank Mc Fair Francisco Cortés Rubio
35 El Guardaespaldas Jim Tell José Miguel Téllez González
36 Ambición Eddie Thorny Eduardo de Guzmán espinosa
37 Murió dos veces O.C. Tavin Octavio Cortés Faure
38 Secreto robado Anthony Benson Antonio Benítez García
39 El reino del paraíso Richard Jackson Eduardo de Guzmán Espinosa
40 El ciego de Trieste O.C. Tavin Octavio Cortés Faure
41 Exodo Eddie Thorny Eduardo de Guzmán espinosa
42 El rey de Wall Street John L. Martyn Juan Losada Martín
43 Misión de Guerra A. Rolcest Arsenio Olcina Esteve
44 ¡Acorralado! Díez Gómez José María Díez Gómez
45 La voz del deber Eddie Thorny Eduardo de Guzmán espinosa
46 Frente al destino O.C. Tavin Octavio Cortés Faure
47 Tinieblas Frank Mc Fair Francisco Cortés Rubio
48 El capitán guerrillero Robert Deaf Roberto Taub Lamarque
49 Suceden cosas raras Tomás Borrás  
50 Aventureros O.C. Tavin Octavio Cortés Faure
51 La nave fantasma Pierre Irving  
52 Safari Jim Murray Jaime Muela González
53 Eskimo Frank Mc Fair Francisco Cortés Rubio
54 Dos mundos Louis Sand  
55 La tumba verde Louis Rock Luis Rodríguez Aroca
56 Carne llagada Jan Hutton Ángel Rodríguez Illera
57 Contrabando de guerra Pat Richardson  
58 Tres rufianes O.C. Tavin Octavio Cortés Faure
59 Mañana moriremos Edward Goodman Eduardo de Guzmán espinosa
60 4 hombres y la muerte Alv Cortroa Alvaro Cortés Roa
61 Un grupo de héroes Anthony Benson Antonio Benítez García
62 De noche y a traición Edward Goodman Eduardo de Guzmán espinosa
63 El hombre de las nieves Ralph O´Alons  
64 Sangre en el asfalto Fel Marty Félix Martínez Orejón
65 Entre el amor y la ley Angelo de Tarturis Agustín de la Torre Tagarela
66 Horas de angustia Lewis Haroc Luis Rodríguez Aroca
67 ¡Redención! Bill O´Creigh Guillermo García López
68 El abogado Anthony Benson Antonio Benítez García
69 ¡Deshonor! Albert Lazar Alberto Lázaro Méndez
70 Jugando con la muerte Jim Murray Jaime Muela González
71 Secuestro en formosa An Old Sailor  
72 El destino se burla Louis Sand  
73 La legión maldita Richard Jackson Eduardo de Guzmán Espinosa
74 Odisea Albert Lazar Alberto Lázaro Méndez
75 Con la soga al cuello Jan Hutton Ángel Rodríguez Illera
76 El mar y yo Frank Mc Fair Francisco Cortés Rubio
77 Huellas en la arena Fel Marty Félix Martínez Orejón
78 Noche sin aurora Edward Goodman Eduardo de Guzmán espinosa
79 Contrabando Herman Tellgon José Miguel Téllez González
80 Persecución Anthony Benson Antonio Benítez García
81 Jugándose la vida O.C. Tavin Octavio Cortés Faure
82 Cita en la frontera Lewis Haroc Luis Rodríguez Aroca
83 Peros contra Buitres A. de Tarturis Agustín de la Torre Tagarela
84 La epopeya del Pacífico And old sailor  
85 El diablo amarillo Frank Mc Fair Francisco Cortés Rubio
86 El invencible Alv Cortroa Alvaro Cortés Roa
87 Equipo de espías Anthony Benson Antonio Benítez García
88 Fruto Prohibido Richard Jackson Eduardo de Guzmán Espinosa
89 Cebo de alimañas Fel Marty Félix Martínez Orejón
90 Un infierno en el Sahara Frank Spey Francisco Espeita Lamata
91 Un hombre a la deriva O.C. Tavin Octavio Cortés Faure
92 Acosados en Babelthuap Fel Marty Félix Martínez Orejón
93 Cruel alternativa Fred williamson  
94 Una mujer decidida Anthony Benson Antonio Benítez García
95 Garimpeiros Jim Murray Jaime Muela González
96 Regresan los vencidos Louis Sand  
97 Petróleo, arena y sangre Edward Goodman Eduardo de Guzmán espinosa
98 Tambores en la jungla Herman Tellgon José Miguel Téllez González
99 Kimango, el diablo blanco Fel Marty Félix Martínez Orejón
100      
101 Hombres sin patria Fel Marty Félix Martínez Orejón
102 La huida Richard Jackson Eduardo de Guzmán Espinosa
103 Bandas de terror An Old Sailor  
104 Por una apuesta Lewis Haroc Luis Rodríguez Aroca
105 Jaque al valiente Alv Cortroa Alvaro Cortés Roa
106 Odio en el circo Angelo de Tarturis Agustín de la Torre Tagarela
107 A vida o muerte Fred williamson  
108 La máscara china Herman Tellgon José Miguel Téllez González
109 Tierra sin ley Jan Hutton Ángel Rodríguez Illera
110 Simiente de oro Angelo de Tarturis Agustín de la Torre Tagarela
111 Corriendo el amok O.C. Tavin Octavio Cortés Faure
112 Después de la derrota Jan Hutton Ángel Rodríguez Illera
113 El Kabaka de Uganda John L. Martyn Juan Losada Martín
114 ¡Delatados! Herman Tellgon José Miguel Téllez González
115 El rey de los siete mares Richard Jackson Eduardo de Guzmán Espinosa
116 Duelo al infinito Alv Cortroa Alvaro Cortés Roa

Proezas listadoComo puede apreciarse, falta por completar el nº 12, y el nº 100. Advierto desde ya que hay diferencias con el listado que se publicó en el libro de Robel dedicado a la novela popular. He procurado comprobar uno a uno los títulos que he puesto en este listado.

El nº 12 es un misterio inexplicable en esta colección. Aparte de que jamás he podido ver en ningún sitio dicho nº, en todos los ejemplares que he podido ver de la colección (y son bastantes), que incluyen un listado de números anteriores, en todos ellos la lista pasa del nº 11 al 13.

Proezas Misión internacionalDesconozco el motivo de este hecho, pero es posible que el supuesto nº 12 no pudiera salir a los quioscos por algún tema relacionado con la censura, y el nº 13 ya estuviera impreso. Si alguien puede aportar algo al respecto, le estaría muy agradecido.

Del nº 100 tampoco he podido localizar el título, pero ya aviso que no es el que figura en el listado de Robel.

El nº 1 de Proezas correspondió al “inaugurador” oficial de Rollán: Alf Manz (Alfonso Manzanares Rubio), al que ya dediqué una reseña en exclusiva en este mismo blog, y que no volvió a escribir ninguna novela más de la colección, pero que se ve que era el encargado de marcar la línea en la que debían moverse las series de la editorial.

A modo de presentación de Proezas, la Editorial recogió el siguiente texto al inicio de este primer título:

EDITORIAL ROLLAN

Saluda

a todos sus lectores, vendedores y distribuidores de España, Hispanoamérica, Estados Unidos, Marruecos español y Guinea, y le ofrece este primer número de PROEZAS, la colección creada expresamente para aquellos, tanto mujeres como hombres, que, por su educación refinada, sólo gustan de obras que contengan:

argumento de palpitante actualidad, realismo en las reacciones psicológicas, acción intensa y dramática, emotivo y sincero romanticismo, exactos ambientes exóticos, profunda humanidad, enseñanza moral y espiritual, calidad y altura literarias.

Y este es el nuevo rumbo que inicia Colección PROEZAS, en beneficio de los lectores entendidos y amantes de la buena literatura moderna.

¡Que maravilla estas presentaciones que le hacían sentir al lector como alguien único!.

Proezas Supervivientes

Eduardo Guzmán, uno de los grandes autores de la novela popular

Por cierto, para el joven lector que acceda a este blog, extrañado de ver que la colección se publicaba en el Marruecos español, decirle que en 1953, año de publicación de la novela, España ejercía un protectorado sobre las regiones marroquís de Rif, Yebala, y Cabo Juby, conforme a los acuerdos firmados con Francia en 1912 que se plasmaron en el Tratado de Fez. Un polémico protectorado que provocó que entre 1923 y 1927 se desatara la guerra del RIF, en la que por cierto España y Francia emplearon de forma masiva el gas mostaza contra los rebeldes bereberes. Tras ser contenida a duras penas la rebelión, el protectorado franco-español se mantuvo hasta 1956, devolviéndose la última parte del territorio ocupado (Ifni) en 1969, cuando la ONU presionó a España hasta el punto que Franco tuvo que dar su brazo a torcer.

 

alf manz la jungla en armas.jpgTítulo: La Jungla en Armas

Autor: Alf Manz

Colección Proezas  Nº 1. Editorial Rollán

Portada: Desconocido

1ª edición: 1953.

Volviendo al tema, que no es otro que la reseña de la novela, “La jungla en armas” recoge uno de esos episodios de la II Guerra Mundial no demasiado conocidos por el gran público, como es la invasión japonesa de los territorios ingleses en Asia, en concreto, en este caso, Singapur. Digo que no es un episodio muy conocido por una sencilla razón: al inicio de la guerra los japoneses pasaron por encima de los ingleses, y como es bien sabido, los vencedores de las contiendas tienen una cierta propensión a pasar por alto las derrotas y magnificar las victorias.

Como muy bien dijo Churchill, “Espero que la historia acabe dándome la razón, especialmente si la escribo yo”.

prince of wales

El orgulloso Prince Of Wales

Para situarnos en el contexto en que se desarrolla la novela, en 1940 las fuerzas japonesas habían ocupado el norte de la Indochina francesa, a lo que  Estados Unidos respondió con un embargo de petróleo y de metales necesarios para la industria bélica. En medio de las negociaciones entre ambos países, los militares japoneses movilizaron sus tropas al sur de Indochina, amenazando directamente a los intereses británicos y holandeses en la región. Esto provocó que Washington considerara que Japón estaba utilizando las negociaciones como una mera distracción, a pesar de lo cual se continuaron los contactos diplomáticos, especialmente porque el General Douglas MacArthur solicitó al Presidente Roosevelt que ganara tiempo para fortalecer el ejército desplazado en Filipinas.

Por su parte, ante el ataque japonés en Indochina, los británicos empezaron a temer por Singapur, ya que su caída significaría la pérdida del control que ejercían sobre el océano Índico. Por este motivo el Almirantazgo Británico decidió enviar una poderosa fuerza naval a Singapur con fines disuasorios frente a las pretensiones japonesas.

Proezas dibujo

Ilustración interior de la novela

Dicha fuerza fue la llamada Fuerza Z, al mando del Almirante Sir Tom Phillips, apodado Almirante Thumb (Pulgar), por su baja estatura. Sir Phillips contaba con el acorazado Prince of Wales, el crucero de batalla Repulse, y cuatro destructores (Electra, Express, Encounter, y Jupiter). Aunque inicialmente estaba previsto enviar el portaaviones Indomitable, una avería lo impidió, un detalle que podía haber cambiado radicalmente el curso de los hechos que sucederían posteriormente.

Los mandos japoneses tenían desde un principio claro que existían tres fuerzas disuasorias en el sudeste de Asia: la Flota estadounidense del Pacífico (en Hawai), la Fuerza Aérea estadounidense del Lejano Oriente (Filipinas) y la Fuerza Z británica (Singapur).

A finales de noviembre de 1941, Japón, envalentonado por la derrota de las fuerzas aliadas en Europa, se decide a atacar simultáneamente a los Estados Unidos, Tailandia, y a las colonias británicas y holandesas en la región.

El 7 de diciembre de 1941 se produce el ataque a Pearl Harbor por parte del Japón, quedando la flota del Pacífico fuera de combate temporalmente, y simultáneamente, en las Filipinas, la Fuerza Aérea del Lejano Oriente es mermada en tierra durante un bombardeo sorpresa.

Para el 8 de diciembre, solamente la Fuerza Z continuaba ofensivamente operativa, representando un serio peligro para los desembarcos japoneses en Malasia y Tailandia, iniciados horas antes del ataque a Pearl Harbor.

El 7 de diciembre de 1941, el Prince of Wales y el Repulse llevaban cerca de una semana en el estrecho de Johore, y allí llegaron las noticias de los ataques japoneses contra Estados Unidos.

El 8 de diciembre se tuvo noticias de que los japoneses desembarcaban al norte de Malasia, específicamente en Kota Bharu, Patani y Singora. En este momento surge la duda entre mantenerse seguros en Singapur o atacar a la flota de desembarco japonesa en el golfo de Siam. A pesar de la opinión de Philips, que consideraba que la flota británica era insuficiente para disuadir a los japoneses de su ataque, y que podía verse expuesta ante las fuerzas japonesas, se decide finalmente una salida “prudente”  con el fin de destruir a los convoyes de suministros japoneses. Phillips solicitó cobertura aérea al Vice-Mariscal del Aire Conway Pulford, comandante de la RAF en el Lejano Oriente, pero fue rechazada, ya que las principales bases aéreas británicas en Malasia ya habían sido capturadas por los japoneses. Aunque Phillips había dejado claro que el apoyo de cazas o aviones de reconocimiento era importante, continuó con el plan, probablemente para no frustrar las expectativas generadas alrededor de la Fuerza Z. Este error se pagaría muy caro.

La Fuerza Z sale a la media tarde del día 8 de diciembre, con el objetivo de situarse en un punto intermedio entre Nakhon y Singora para interceptar los convoyes japoneses.

A las 1:45 de la tarde del 9 de diciembre, el submarino japonés I-567​ detectó a la Fuerza Z y transmitió la ubicación más de una hora después, el mal clima había imposibilitado la transmisión inmediata del mensaje. El Contraalmirante Sadaichi Matsunaga, comandante de la 22ª Flotilla Aérea ordenó que los bombarderos se armaran con torpedos.

En la madrugada, 96 bombarderos horizontales y torpederos han despegado de Saigón, ayudados por diez aviones de reconocimiento. El Almirante Kondo considera que no es posible hundir estos grandes barcos solamente con aviones, pero cree que es posible dañar al enemigo mientras su flota se acerca con sus unidades para rematar la situación.

Al detectar aviones de reconocimiento, el comandante Phillips ordenó el regreso a Singapur.

El HMS Tenedos, que había sido enviado en misión de reconocimiento, informa haber sido bombardeado por aviones mientras regresaba a Singapur, pero no sufrió daño alguno. El Tenedos está a apenas 175 millas al Sudeste de la fuerza Z y le indica a Philips que un gran número de fuerzas se dirigen  hacia el grueso de la flota.

Mientras, ningún avión de reconocimiento japonés lograba detectar a la Fuerza Z.

Matsunaga les había dicho antes de salir:

“Es una oportunidad dorada que no se dará en mil años.”

No obstante, a las 10:15, un avión de reconocimiento japonés detecta a la flota enemiga a 120 km al sureste de Kuantan, transmitiendo su posición:

“Grandes barcos enemigos a la vista, 4° latitud norte, 104° 55′ latitud Oeste.”

Los tres Grupos Aéreos Genzan, Mihoro y Kanoya detectan el mensaje de los aviones de reconocimiento y se dirigen hacia la flota desde distintas direcciones.

Mientras, los radares de los navíos ingleses detectan la fuerza aérea en aproximación y se toca zafarrancho de combate. En ese momento la tripulación inglesa todavía estaba muy confiada, gracias a las poderosas defensas antiaéreas Pom-Pom de sus navíos, y que hasta la fecha los japoneses jamás habían bombardeado barcos desde el aire de forma efectiva. Todavía no sospechaban que venían armados con torpedos.

A las 11:00 aparecen los primeros bombarderos sobre el Repulse, recibiendo a la primera una bomba en la popa que no merma su capacidad de ataque.

hundimiento-del-acorazado-HSM-Prince-of-Wales-528x390.jpg

El triste final del Prince of Wales

Poco después, el Prince of Wales es atacado por aviones torpederos Mitsubishi G3M1 tipo 96 “Nell”, que se adentran audazmente en medio de una auténtica cortina de fuego antiaéreo, lanzando sus torpedos. Dos de ellos impactan en el Prince of Wales, causando graves daños en el barco.

A pesar de que se solicitó en ese momento desesperadamente apoyo aéreo a Singapur, únicamente se recibió la ayuda de seis cazas Brewster Buffalo, muy inferiores a los cazas japoneses en la región.

Poco después, el Repulse se acerca al Prince of Wales para ofrecer asistencia, pero en ese momento, llega el Grupo Mihoro, que le ataca de forma fulminante. Luego, el grupo de Kanoya logra impactar con tres torpedos al ya malogrado Prince of Wales y con otros seis en el Repulse, lo que es el fin para estas naves.

El Capitán Tennant ordenó a sus hombres abandonar el Repulse, pero él se niega a dejar el puente. Sus oficiales lo toman de los brazos y lo arrastran hacia afuera. ​ A las 12:33 se hunde.

El Prince of Wales, que ya ha recibido cinco torpedos, es atacado por bombarderos horizontales a las 12:44. Solamente una bomba hace impacto en el barco de 35.000 toneladas, pero es suficiente para sentenciar definitivamente al barco, apodado HMS Unsinkable (Inundible).

Aun así continúa atacando y al recibir nuevas oleadas de torpederos, logra derribar dos, explotando uno encima del acorazado. El destructor Express se acerca entonces al Prince of Wales y empieza a transferir náufragos borda con borda en una audaz acción. El Capitán Leach y el Almirante Phillips permanecen en el puente, despidiendo a los hombres, y a las 13:20, se hunden con el acorazado, que en su momento fue testigo del hundimiento del HMS Hood.

Los japoneses consiguieron 11 impactos de torpedo de los 49 lanzados. Cinco fueron para el Prince, y el resto para el Repulse.

Las pérdidas de vidas ascendieron a 840 marinos ingleses, 513 del Repulse y 327 del Prince of Wales.

Al día siguiente, un avión del Grupo Kanoya regresó al lugar del combate y arrojó dos coronas funerarias, una para honrar a los japoneses muertos y la otra para los británicos ahogados.

La destrucción de estos grandes navíos por bombarderos demostró que la edad del acorazado había llegado a su fin. Dos importantes naves enemigas habían sido destruidas y solamente se habían perdido cuatro aviones.​ Los miembros de la Fuerza Aérea en Tokio demostraron que el poder naval aéreo tendría un papel clave en la guerra naval.

La pérdida de la Fuerza Z dejó a la región sin ningún navío aliado de importancia capaz de hacer frente a los desembarcos japoneses, que se llevaban a cabo en todas partes. Singapur quedaba entonces como una base naval sin barcos que proteger, aunque en este momento era claro que el ataque japonés vendría desde tierra, atravesando Malasia. Una Malasia que los japoneses ocuparon en tan sólo 6 semanas, para vergüenza de los británicos.

El Primer Ministro británico Sir Winston Churchill fue informado en su cama del desastre. Más tarde escribiría en sus memorias:

“En toda la guerra nunca recibí un golpe más directo… No había navíos estadounidenses o británicos de importancia en los océanos Índico y Pacífico, excepto los sobrevivientes de Pearl Harbor, que se estaban retirando a California. En este vasto territorio de aguas, Japón era supremo y en todos lados nosotros estabamos débiles y desnudos.”

Con esta catástrofe naval para Inglaterra, que se cita de forma expresa en la novela de Alf Manz, las fuerzas británicas en Asia estaban desamparadas ante el poderío de Japón. En este punto, con el cerco japonés a Singapur, comienza la novela “La jungla en armas”, cuyo título coincide por cierto con el de una película de 1939, ambientada en 1906 en Manila, dirigida por Henry Hathaway y protagonizada por Gary Cooper.

El capitán John Stanley, capturado por las desalmadas tropas japonesas al mando del cruel comandante Yoshuka, es obligado a mirar mientras fusilan al Padre Ezequiel (un inocente misionero, amigo de John) y a varios huérfanos. Cuando cree que ha llegado su turno de morir, le informan que va a ser intercambiado por un espía japonés, prisionero de los ingleses.

De vuelta en Johore, con los japoneses rodeando a los ingleses, Stanley recibe un peligroso encargo: deberá hacerse cargo de una misión de infiltración en Malasia, para, con el único apoyo de un grupo de guerrilleros chinos, sabotear las posiciones japonesas en la retaguardia, y fomentar un ambiente de rebelión entre los nativos para cuando llegue el momento. Muy interesante que en la novela recibe como instrucción adicional que debe asegurarse de que los guerrilleros no se puedan atribuir el éxito de la operación, para impedir que pasada la guerra Malasia pueda lograr la independencia de Inglaterra.

Lo primero que hay que señalar es que nos encontramos con un protagonista completamente atípico. Stanley, de padre inglés y madre oriental, es leal al ejército británico, pero públicamente se muestra en absoluto desacuerdo con la política imperialista de Gran Bretaña, nación por la que se siente despreciado por su condición de eurásico. Este hecho es realmente inusual, pues en la novela popular el patriotismo de los protagonistas está siempre fuera de lugar.

Otro punto más espinoso, que a mi me resulta especialmente interesante, es la defensa que se hace en esta novela de la España de Franco, aprovechando cualquier excusa en el desarrollo de la historia. Este tipo de cosas era bastante habitual, especialmente en los años 50, aunque es cierto que en la editorial Rollán eran especialmente propensos a “hacer la pelota” al Régimen. Yo tengo una teoría al respecto, aunque reconozco que no tengo pruebas que me permitan confirmarla.

Si analizamos la nómina de autores habituales de Rollán, es fácil comprobar que un buen número de ellos eran personas que por diversos motivos habían quedado marcados por el Régimen de Franco, en ocasiones incluso con penas de cárcel por razón de su ideología. En este blog ya he hablado de algunos de ellos, entre los que claramente destaca Eduardo de Guzmán (Eddie Thorny/Edward Goodman), pero hay muchos otros ejemplos, como Alv Cortroa, Lewis Haroc, o C. Wheg Zheravla (Cristóbal Vega Alvarez), que escribía desde la cárcel, y mientras Manuel Rollán le iba anticipando dinero para pagar a su abogado.

proezas 31En resumen, Manuel Rollán Rodríguez tuvo el valor de dar una oportunidad de oro a muchos autores que habían quedado deshauciados como escritores, siendo privados por el Régimen de Franco del ejercicio de su profesión. Es de suponer que Manuel Rollán temiera llamar la atención del Régimen por este motivo, y la mejor manera de evitarlo era ser los más patriotas entre los patriotas. El hecho de que trabajaran “rojos” en la editorial no debía notarse en modo alguno, y por ese motivo la línea editorial era muy clara en la defensa del catolicismo y los ideales de Franco.

Como muestra, os dejo este fragmento de la novela objeto de esta reseña, en un momento en el que el capitán Stanley se enfrenta a sus superiores cuando le ofrecen ascenderle a Mayor, y éste lo rechaza, ofendido por el modo en que le tratan los ingleses por su condición de eurásico:

“¿Cómo puede compararse el imperio británico con el Imperio Español? En América, en África y en la misma Asia, estúdiese el caso de las Filipinas, los españoles consideraron hermanos a los indígenas, sin importarles la barrera del color, y legitimaron sus uniones como Dios manda, porque ellos eran católicos, la religión verdadera. Donde Inglaterra puso desprecio, amor turbio y avaricia, los españoles pusieron caridad, amor digno y generosidad.”

Entiendo que al lector actual le pueda parecer ridículo, e incluso deleznable, este tipo de panfletos, pero si uno es capaz de distanciarse un poco, y de analizarlo desde un punto de vista estrictamente sociológico, el tema es apasionante.

MUÑECOS Y JUGUETES DIABÓLICOS

muñeco diabolico movilLa literatura y el cine de terror están llenos de clichés cuya presencia es prácticamente obligatoria: la escena en un cuarto de baño en el que al cerrar una puerta con espejo aparece alguien de repente en el reflejo; un gato que sale de golpe maullando asustando a un personaje; o la desaparición en la cocina de un cuchillo que había aparecido claramente en pantalla tan sólo unos segundos antes, son tan sólo tres ejemplos del tipo de escenas a las que me refiero.

Pues bien, otro elemento muy característico en el género del terror es la presencia de algún muñeco o juguete que produzca escalofríos al lector o al espectador, en ocasiones de forma secundaria dentro de una trama  principal (Poltergeist o Saw, por ejemplo), o tomando el protagonismo absoluto de la historia.

silencio malCabe preguntarse porqué un muñeco, que no deja de ser un inocente elemento decorativo asociado a la infancia, se ha podido convertir en algo tan amenazante   –más cuanto más realista sea su aspecto-, pues la realidad es que cuando vemos aparecer en una película un muñeco, sabemos de forma inmediata que se avecinan problemas. Este temor o miedo hacia los muñecos, llevado al extremo, se conoce como pediofobia, y tiene sus correspondientes estudios y tratamientos médicos.

Al margen de algunas teorías que hablan del uso que se ha dado a los muñecos a lo largo de la historia como objetos mágicos, en mi opinión el origen hay que buscarlo en la infancia, en la que, como parte de nuestra educación, y en muchos casos sin ningún ánimo de asustar, se nos cuentan todo tipo de historias en las que aparecen objetos inanimados –muñecos incluídos- que cobran vida, lo que si se piensa bien no deja de ser algo terrorífico, por muy bondadosos que parezcan, pues representan una alteración del orden natural que difícilmente puede digerir un niño, como cualquier hecho para el que no encuentre una explicación racional. Para una inocente criatura en fase de aprendizaje, la idea de que algo que antes manejaba a su antojo cobre de repente vida supone que empiece a plantearse si querrá vengarse de todas las perrerías que sin lugar a dudas le habrá hecho mientras jugaba con él.

Y lo que nos ocurre durante la infancia, nos marca para toda la vida. Tus fobias de adulto son tus miedos de niño.

Un buen ejemplo de este tipo de recuerdos infantiles es Pinocho, la película de Disney, que ha provocado pesadillas a unas cuantas generaciones, cosa que no creo que fuera la intención del bueno de Walt. Cuando le descongelen tal vez pueda explicarnos qué demonios pretendía con esa película.

arde bruja ardeEse terror a que los objetos inanimados cobren vida, inoculado durante la infancia a través de los cuentos, permanece grabado en lo más profundo de nuestra memoria adulta, de modo que para un escritor o un cineasta es fácil explotarlo, especialmente si se le añaden ciertos elementos adicionales, tanto en la apariencia física de los muñecos –que no suele ser muy tranquilizadora-  como en el hecho de que adquieren vida siempre con un siniestro objetivo.

El título de esta reseña –los muñecos diabólicos- hace referencia a muñecos o juguetes infantiles que cobran vida de manera sobrenatural, y con la premisa de que tienen malignas intenciones. Por tanto no caben en esta definición muñecos sin vida propia, por muy siniestros que puedan resultar.

En el cine son múltiples los ejemplos que podemos encontrar de este subgénero del terror, y aunque no se trata de realizar una relación exhaustiva de las películas con muñecos de estas características, sí me gustaría comentar algunas de las más representativas, principalmente porque la novela popular se nutre en más ocasiones del cine que de la literatura.

chucky1Tal vez la película más conocida por el gran público sea Child´ s Play (1988), de Tom Holland, estrenada en España como Muñeco diabólico, que dio origen a una saga cinematográfica que hasta la fecha cuenta con 7 entregas protagonizadas por el siniestro y carismático Chucky. Por las fechas de estreno de la primera entrega, no pudo lógicamente servir de inspiración a la novela popular.

A raíz de Muñeco Diabólico se produjo un auténtico boom del terror protagonizado por muñecos, pero no considero importante ahondar en el tema por ser en todos los casos posteriores a la época de la novela popular, aunque destacaría Puppett Master y sus múltiples secuelas, o Silencio desde el mal, un muy interesante –aunque fallido- intento de revitalizar el género de los muñecos.

El mismo caso nos encontramos con la muñeca Annabelle, la terrorífica muñeca supuestamente basada en hechos reales que ha devuelto a la primera división del terror el tema de los muñecos diabólicos. En este caso Annabelle ha protagonizado ya dos películas más desde que apareciera de forma secundaria en Expediente Warren (The conjuring, 2013).

the boyMe gustaría recomendar a modo de curiosidad desde aquí la poco conocida The boy (2016), una película que parte de una intrigante premisa: un matrimonio de edad avanzada contrata a una joven como institutriz de su hijo de 8 años, encontrándose cuando llega a la casa que el hijo es en realidad un muñeco de porcelana de aspecto muy realista para el que debe procurarle una serie de cuidados siguiendo las estrictas instrucciones de sus “padres”. Una muy interesante película de terror e intriga a partes iguales que por desgracia acaba cayendo en ciertostópicos que le hacen bajar el nivel.

Respecto al cine o televisión que por fechas pudo influir en los escritores de novela popular española, se me ocurren los siguientes ejemplos:

El gran Gabbo (The great Gabbo, 1929). Probablemente la primera aparición de un muñeco demoniaco en el cine, de la mano de Otto, el muñeco que comienza a dominar la personalidad del famoso Gran Gabbo, un ventrílocuo que se ha enamorado de una bailarina casada con otro hombre, y que empieza a recibir consejos de su asesor infernal. Sin lugar a dudas, como veremos a continuación, dentro del subgénero muñecos los de ventrílocuos son los que de forma recurrente adquieren un mayor protagonismo.

Muñecos infernales (The devil doll, 1936). Tod Browning, el brillante director de cine, juega en esta película con el tema de los muñecos humanos. Gracias a una pócima mágica, un preso condenado de forma injusta se venga de las personas que le enviaron a prisión transformándoles en muñecos. Muy inquietante, como es habitual en la obra de Browning.

dead of nightAl morir la noche (Dead of night, 1945) Original e inquietante película, que se cuenta entre las favoritas de Martin Scorsese, en la que un hombre llega a una velada en la que no conoce a ninguno de los invitados, y comienza a dar detalles de lo que va a suceder, pues asegura que lleva meses soñando con esa misma situación. La reunión sirve de excusa para que cada uno de los seis invitados confiese a los demás una experiencia sobrenatural de las que han sido protagonistas. Una de estas historias es una de las más terroríficas historias de muñecos que he tenido ocasión de ver en el cine, en este caso protagonizada por un ventrílocuo dominado por su herramienta de trabajo, un muñeco llamado Hugo.

El ojo de cristal (1957). Episodio de Tv de la 3ª temporada de la serie Alfred Hitchcock presenta). Nuevamente se nos presenta la historia de un inquietante muñeco de ventrílocuo a partir de un peculiar ojo de cristal.

Frank mcfair los muñecosAtaque diabólico (1958). En realidad en esta película de Bert I. Gordon, de nuevo no son los muñecos los que cobran vida, sino que hay humanos que son convertidos en muñecos vivientes por un loco constructor de marionetas, tema que se repetiría en Dolls (1987), todo un clásico moderno de serie Z dirigida por Stuart Gordon.

La serie de TV La dimensión desconocida nos aporta hasta tres episodios (El Muñeco, 1962; La muñeca viviente, 1963; y César y yo, 1964). El muñeco y César y yo están protagonizados por Willy, un muñeco de ventrílocuo que hace la vida imposible a su propietario; y en La muñeca viviente, Tina Parlanchina es una muñeca de voz dulce pero siniestras y asesinas intenciones, todo un compendio de lo que se puede esperar de un muñeco diabólico.

El muñeco diabólico (1964). “Camina, habla, ve y asesina” Así se presentaba al temible Hugo (un claro homenaje a Dead Night), el espantoso muñeco de El gran Vorelli, un ventrílocuo que tras cada espectáculo debía encerrar a su inanimado compañero de trabajo en una caja con barrotes.

El Muñeco (1966). Episodio de la serie española de Tv Historias para no dormir, de Narciso Ibáñez Serrador. En este mítico episodio, una niña es visitada por el espíritu de su primera institutriz.

House of evil (1968). En una de las últimas películas de Boris Karloff, un anciano convoca a sus familiares a su lóbrega mansión para la lectura de su propio testamento. Al morir éste, los juguetes de su colección particular comienzan a asesinar a los invitados.

Amelia (1975). Uno de los tres cortometrajes que compusieron la película Trilogía del Terror, dirigida por Dan Curtis con guiones de Richard Matheson basados en algunos de sus propios cuentos de terror. En este relato (basado en el cuento corto Prey del autor), una mujer es acosada por un espantoso muñeco africano Zuni de poderosa dentadura y armado con una lanza que ha comprado para regalar a su padre.  Este perverso muñeco volvería a aparecer en “El es quien mata” una de las tres historias de Trilogía del Terror 2.

magic 1978.jpgMagic (Richard Attemborough, 1978). Otra de muñeco de ventrílocuo, en una nueva vuelta de tuerca al tema, que ha llegado a convertirse en una de las más famosas películas de muñecos de la historia.

El triángulo diabólico de las Bermudas (1978). Una película menor sobre el tema de las desapariciones de navíos en el triángulo de las Bermudas, en la que curiosamente una muñeca tiene un papel muy destacado. En su momento la vi de estreno a la tierna edad de 11 años, y me impactó muchísimo, ocasionando sin duda que nunca más volviera a ver los muñecos con los mismos ojos. Probablemente no resistiría ni de lejos un segundo visionado.

Si hablamos de literatura, el tema se complica a la hora de listar las obras relacionadas con este tema. Por citar sólo algunas:

  • El muñeco (2010). Daphne Du Maurier. Un cuento de la famosa escritora de Rebeca que en ningún caso pudo servir de inspiración a la novela de quiosco española, pues se encontró junto con otros relatos inéditos de la autora en 2010.
  • ¡Arde, bruja, arde! (1932). Abraham Merritt. En una de las primeras novelas en la que los muñecos adquieren la condición de diabólicos, una mujer llamada Madame Mandilip fabrica unos siniestros muñecos animados gracias a la magia negra. El doctor Lowell, en medio de una investigación detectivesca, tendrá que enfrentarse a este horror. Hay una película del mismo título de 1962 pero no está basada en este libro, y no hay muñecos.
  • La casa de muñecas embrujada (1923). M.R. James. Cualquiera que conozca la obra de este genial escritor, se puede hacer a la idea de la calidad de esta historia acerca de una casa de muñecas en cuyo interior se repiten por la eternidad una serie de horribles sucesos. Si alguien que lea esta reseña no conoce a este escritor, de verdad que está tardando en ir a comprar sus 13 cuentos de fantasmas, una joya de la literatura universal. Y no exagero.
  • Los autómatas (1814). E.T.A. Hoffmann. Un relato de uno de los maestros del horror que gira alrededor del turco parlante, uno de los más célebres autómatas que tan de moda se pusieron entre el público del siglo XVIII, y cuya historia real bien merecería una película.
  • La Muñeca (1900). Vernon Lee (seudónimo de Violet Page, una célebre autora británica de ensayos de arte y de viajes recordada sin embargo hoy en día por sus cuentos de fantasmas) nos narra de forma muy breve la inquietante historia de una coleccionista que consigue hacerse con un maniquí de dimensiones humanas que perteneció a un conde cuya mujer falleció tan sólo dos años después del matrimonio, hecho que enloqueció al conde, que ordenó construir la muñeca con los rasgos de su difunta esposa, con la que compartió alcoba hasta que contrajo nuevas nupcias.
  • El osito de peluche del profesor (1948). Theodore Sturgeon. Realmente es una historia de vampiros, pero en la que el juguete del título juega un papel crucial.
  • El mono (1980). Stephen King. Como no podía ser de otra forma, el maestro del terror moderno no podía dejar pasar el tema de los juguetes sobrenaturales, y para ello recurre a uno de esos inocentes monos que tocan los platillos cuando le das cuerda para estructurar una de sus mejores novelas cortas.
  • Magic (1975). William Goldman. Parece mentira que el autor de La Princesa Prometida fuera capaz de escribir una obra tan terrorífica como Magic, la historia de Corky, un fracasado mago alcohólico cuya suerte comienza a cambiar a raíz de la incorporación a su show de un muñeco llamado Fats. La novela fue adaptada al cine por Richard Attemborough, en una película de mismo título, y que en la época causó verdadero terror.

Aprovechando la reseña, me gustaría recomendar desde aquí la lectura de un cuento de Joyce Carol Oates titulado “El señor de las muñecas”, cuya temática no se corresponde exactamente con la de la reseña, pero no por ello es menos inquietante.

¿Y cual es la visión que nos ofrece la novela popular sobre el tema de los muñecos diabólicos? La verdad es que no he podido encontrar tantas novelas como pensaba, probablemente debido a dos motivos fundamentales:

  • El terror no tuvo apenas presencia en la novela popular hasta principios de los años 70 (1972 para ser exacto, con el lanzamiento de la colección de Terror de la editorial Rollán), y puede considerarse por número de títulos como un género minoritario. Antes de esas fechas, el terror en la literatura popular y en cine en España era algo residual, tanto por los gustos de la sociedad como por los impedimentos que hubiera puesto la censura.
  • El auténtico boom de este subgénero se produjo a raíz del estreno de la mencionada Muñeco diabólico en 1988, cuando la literatura popular se encontraba en vías de extinción.

Aún así, he podido localizar unos cuantos títulos, lógicamente siempre dentro del género del terror, pues el tema difícilmente podría tener encaje en cualquier otro género literario.

Esta es la relación de novelas que al menos yo he podido encontrar (agradeceré cualquier información adicional):

TITULO

AUTOR

COLECCIÓN

27 Muñecos diabólicos Joe Mogar Selección Terror
448 La espantosa muñeca Curtis Garland Selección Terror
411 Juguetes, horror y muerte Joseph Berna Selección Terror
125 Los muñecos Frank McFair Easa Terror
267 Los muñecos macabros Mortimer Cody Easa Terror
73 La muerte de juguete y otros relatos Frank Martin Easa Terror

Como es habitual en este tipo de artículos, añado reseña de algunos de estos títulos, y procuraré añadir poco a poco el resto.

Joe-Mogar-Muñecos-diabólicosTítulo: Muñecos diabólicos

Autor: Joe Mogar

Colección Selección Terror nº 27. Editorial Bruguera

Portada: Alberto Pujolar

1ª edición: Septiembre 1973

Tras una magnífica portada de Alberto Pujolar inspirada en “Los pájaros”, de Alfred Hitchcock, encontramos la que es posiblemente la primera novela de quiosco centrada en el tema de los muñecos diabólicos.

Del autor, Joe Mogar (José María Moreno García), ya escribí una reseña, así que a ella me remito para el que quiera conocer un poco más a este escritor. https://bolsilibrosmemoriablog.wordpress.com/2016/04/20/joe-mogar-y-la-legion-de-secundarios/

En la novela, un hombre llamado Richard Donovan atropella con su coche a un espantoso muñeco negro que aparece súbitamente en la carretera con un estilete en la mano y manchado de sangre, sin que haya aparente explicación al modo en que puede haber llegado hasta allí. De hecho, Jessica, que iba en el coche con Richard, asegura que vio al muñeco cruzar corriendo la carretera en el momento del atropello.

Al día siguiente, Richard lee en los periódicos que una mujer llamada Sandra Tichey ha sido asesinada en un piso que se encuentra justo en el lugar donde se produjo el atropello, con el agravante de que al parecer el crimen se cometió con un arma muy parecida a la que portaba el muñeco.

Tras un horrendo incidente sufrido por Jessica Randall, que está a punto de ser asesinada por otro muñeco en su piso, Richard comienza a investigar, y todos los indicios le llevan hasta la tienda de Alma Marlowe, una peculiar mujer propietaria de una extraña tienda de muñecos situada en pleno Chinatown.

Un buen planteamiento al que sin embargo le falta la fuerza narrativa precisa para hacer frente a una buena historia de terror, con un desarrollo muy poco elaborado, muy lejos de la maestría de otros autores de bolsilibros, como pueden ser Curtis Garland, Adam Surray o Ada Coretti, verdaderos especialistas en el género gracias a su capacidad para describir escenas que causen verdadero miedo.

 

Curtis-Garland-La-espantosa-muñecaTítulo: La espantosa muñeca

Autor: Curtis Garland

Colección Selección Terror nº 448. Editorial Bruguera

Portada: García

1ª edición: Septiembre 1981

Si alguien pensaba que por fin iba a encontrar un tema que no hubiese sido tratado por Curtis Garland, estaba muy equivocado. Era inevitable que Juan Gallardo Muñoz, un gran aficionado al cine, recurriera a los muñecos malvados para la elaboración de una de sus historias de terror, y como no podía ser de otra forma, encuentra su inspiración en una de las películas que mencioné al inicio de esta reseña, aunque no voy a desvelar cual para no estropear la sorpresa al lector.

Aún así, el autor ya había empleado el miedo hacia los muñecos en su notable “Muñecas siniestras” (1961), nº 552 de la colección Servicio Secreto de Bruguera, jugando con la presencia de tres muñecas supuestamente malditas que resultan clave para la trama, aunque como podéis imaginar, no se trata en ningún caso de muñeco diabólicos tal y como han sido definidos en esta reseña, y la historia deriva hacia el típico misterio policiaco.  La censura no hubiera permitido la aparición de algo tan impactante para la época como la figura del muñeco demoniaco.

“La espantosa muñeca” entra sin embargo de lleno en el género del terror, con un joven estudiante de arte en París llamado Peter McCoy, que tiene la desgracia de alquilar un estudio en el lugar menos indicado. Nuestro protagonista despierta una noche sobresaltado por un espantoso grito que parece proceder del edificio. Al salir al pasillo para ver qué ocurre, encuentra la puerta del vecino abierta, y una siniestra muñeca tirada justo a la entrada del piso, que desaparece misteriosamente tan sólo unos minutos después.

Al día siguiente, al preguntar al casero por los gritos nocturnos, éste dice no haber oído nada, y tampoco sabe nada acerca de ninguna muñeca, pero la realidad es que comienzan a producirse una sucesión de extrañas muertes en los habitantes del edificio. Entre los vecinos de Peter se encuentran Monsieur Pholien, un ventrílocuo retirado; una bella joven llamada Pascale Barray, que tiene unas inquietantes visiones premonitorias; y la no menos bella ni joven Mireille Descamp, el inevitable contrapunto romántico de la historia.

Como es habitual en Juan Gallardo Muñoz, la ambientación es magnífica, y su estilo narrativo resulta perfecto para una historia de terror.

Como hemos podido ver a lo largo de esta reseña, una parte importante de los relatos de muñecos diabólicos están protagonizados por muñecos de ventrilocuos, cosa lógica, pues resulta sencillo imaginarlos dotados de vida propia. Voy a contar dos llamativas historias de ventrílocuos –una real y otra falsa- que creo que son muy representativas del temor que infunden estos personajes.

En primer lugar,  comentaré la historia de un olvidado artista español, alguien que está considerado por los especialistas como el mejor ventrílocuo de la historia.

francisco-sanz-baldovi_02-3Francisco Sanz Baldoví (1871 Anna, Valencia – 1939) fue un excepcional ventrílocuo valenciano; y el calificativo de excepcional creo que está más que justificado, pues no hablamos de un ventrílocuo al uso, de los que se limita a hablar con un muñeco sentado en una silla, sino de un artista que contaba con un increíble conjunto de autómatas de tamaño natural, dotados de un mecanismo interno de una complejidad digna del mejor ingeniero, a los que Francisco Sanz manejaba con gran soltura por el escenario.

Francisco sanz actores_mecanicos

La increíble Familia de Francisco Sanz

Me imagino que estaréis pensando cómo puedo opinar con tanta alegría sobre la calidad de un ventrilócuo fallecido en 1939 sin haber visto su trabajo. La respuesta es porque lo he visto, igual que vosotros tendréis la oportunidad de verlo con vuestros propios ojos, debido a que en 1918 se rodó una película documental sobre este artista, dirigida por Maximiliano Thous, en la que se nos muestran con todo lujo de detalles sus increíbles métodos de trabajo, y en la que podréis ver las inquietantes imágenes de sus distintos muñecos en acción, cada uno de ellos una auténtica obra maestra. Dicha película, titulada “Sanz y el secreto de su arte”, fue restaurada en 1997 por la Filmoteca de la Generalidad Valenciana, aunque por desgracia es muda, lo que impide comprobar la calidad de las voces de cada muñeco. Se puede ver íntegra –de verdad que lo recomiendo- en https://youtu.be/5sMNKJdFURI

Francisco Sanz Captura_pelicula_1918_Filmoteca_ValencianaAunque comenzó muy joven una tímida carrera artística, tocando la guitarra y con diversos números cómicos, su vida cambió radicalmente cuando asistió al espectáculo de un ventrílocuo, que le dejó completamente impactado y convencido de que ese debía ser su camino. Desde su primera actuación como ventrílocuo en 1902 (en Alcoy) y hasta 1936, Sanz actuó sin descanso por toda España y Portugal y realizó cuatro giras por Latinoamérica, triunfando en Argentina, Uruguay, Brasil, Chile, Perú, Cuba y México. Sus espectáculos duraban cerca de dos horas e incluían números cómicos, canciones, recitales de guitarra y monólogos. En un mundo en el que no existía la televisión, las actuaciones de este titiritero valenciano debían ser lo más parecido a un programa de variedades. Su gran éxito le llevó a actuar en Madrid ante la familia real y a que incluso se grabaran unos cuantos discos con las distintas voces de sus personajes.

Francisco Sanz Sanz-y-el-secreto-de-su-arte-1918El hecho que diferenciaba a Sanz del resto de ventrílocuos del mundo es que cada muñeco contaba con un ingenioso armazón interno que era controlado por Sanz con sus pies. Ese mecanismo lograba que los muñecos estuvieran articulados, de manera que podían mover los brazos, girar la cabeza e incluso realizar ciertos gestos, incluyendo complejos movimientos de párpados, ojos y boca; y lo mejor de todo es que cada muñeco tenía movimientos completamente diferentes, lo que parecía dotarles de personalidad propia. En algunos casos, como por ejemplo el personaje de Don Liborio, aparte del control ejercido por los pies de Sanz, también podía realizar algunos movimientos de forma autónoma; y había otro personaje que podía fumar.

En 1939 fallece Francisco Sanz en su localidad natal de Anna, en Valencia. El que fuera uno de los más populares personajes de su época cayó de inmediato en el olvido, aunque por suerte sus criaturas pueden visitarse en la actualidad en el Museu Internacional de Titelles d’Albaida, y afortunadamente podemos verlas en movimiento gracias a la mencionada película documental.

Para que os hagáis una ideade la forma en que se veían los espectáculos de Sanz en su época, os dejo esta crítica publicada el 2 de marzo de 1912 en un semanario argentino llamado Caras y caretas a raíz de una de las giras latinoamericanas del artista:

Sanz es un poderoso ventrílocuo. Posee una admirable facilidad para cambiar el metal de voz y dar a cada una de sus marionetas una vida física real, auténtica, palpitante, sugestiva, espiritual. Puede afirmarse que los 25 o 30 autómatas que constituyen su compañía, son seres con un alma propia y con un organismo anatómico semejante al nuestro. Es preciso observar de cerca la complicadísima maquinaria de cada muñeco. (…) No se crea que son figuras con movimientos espasmódicos y de ademanes rígidos. Caminan, bailan, ríen, lloran, fuman y cantan. Hacen lo que hacemos nosotros…

La mayor parte de la información acerca de Francisco Sanz la he sacado de http://alpoma.net/tecob/?p=12046

En este caso los muñecos de Sanz, aunque de aspecto poco tranquilizador en algún caso, son cualquier cosa menos diabólicos, pero me ha parecido tan interesante su historia que no he podido resistirme a incluirla en la reseña.

La segunda historia que quería comentar –ésta sí que entra de lleno en la temática de la reseña- es la del ventrílocuo McCarthy y su muñeco Edgar.

edgard y mccarthy

La horrible leyenda de McCarthy y Edgard

A principios de los años 20 triunfaban en los Estados Unidos los espectáculos de ventriloquia llenando las salas de los principales teatros. Entre estos artistas se encontraba un ventrílocuo llamado McCarthy, que alcanzó gran popularidad gracias a su show con Edgar, un peculiar muñeco que representaba a un niño de entre 9 y 10 años con rasgos muy extraños y muy realistas que despertaban en el público rechazo y fascinación a partes iguales. La inquietante apariencia de Edgar y el exceso de celo de McCarthy, que jamás dejaba que nadie se acercara a su muñeco, provocó que empezara a circular la leyenda de que Edgar hablaba gracias a la magia negra, creándose así una fama de influencia demoníaca que hizo que muchos padres prohibieran a sus hijos ir a ver su espectáculo.

Una noche, de gira en Nueva York, antes del show, los trabajadores se acercaron al camerino para avisar a McCarthy de que el teatro estaba lleno esperando a que comenzara el espectáculo,  y se encontraron al artista muerto en el suelo y con el cuello roto. Cuando llegó la policía, buscando pruebas del crimen, sacaron al muñeco de su caja y quedaron aterrorizados.

Las manos de Edgar tenían huellas dactilares, y observaron que su rostro estaba cubierto con una máscara de látex que servía para ocultar la descomposición del cadáver de un niño. Jamás se supo qué había hecho McCarthy para conservar tan bien el cadáver, y aunque nunca se pudo probar la identidad del niño, se llegó a la conclusión que pudo ser su hijo, convertido en muñeco por un enloquecido padre que no pudo soportar su pérdida. Sobre quien mató a McCarthy, la policía cerró el caso con el sello de “No resuelto”, y sobre el destino de Edgar, nunca más se supo nada, aunque yo tengo la teoría –sin confirmar- que 70 años después lo compró un ventrílocuo llamado José Luis Moreno, lo que explicaría el componente demoniaco de muchos de sus espectáculos.

Como ya os habréis imaginado, la realidad es que nunca existió ningún ventrílocuo llamado McCarthy y mucho menos un muñeco llamado Edgar; es tan sólo otra de esas leyendas de origen desconocido que circulan por internet de forma indiscriminada. Por el contrario, quien existió realmente fue Edgar Bergen, ventrilocuo dueño de un muñeco llamado Charlie McCarthy, una marioneta de aspecto completamente convencional que alcanzó cierta fama en la televisión americana y cuya principal característica física era que llevaba un monóculo. Actualmente se conserva en el Smithsonian Museum.

La famosa y terrorífica foto que ilustra esta anécdota  corresponde realmente a Fedor Wittkowski, un ventrílocuo alemán más conocido como “Henry Rox” que fue famoso en Europa por su escalofriante muñeco Max, pero que nunca pisó los Estados Unidos.

Así que niños y no tan niños, que la historia de Edgar os sirva de aviso para no creeros nada de lo que leáis por internet –tampoco la Wikipedia-, pues es una fuente de inexactitudes, medias verdades, y mentiras a secas. ¿Y por qué nos creemos y difundimos de inmediato leyendas como la de Edgar? Pues porque en el fondo nos encantaría que fuera cierto.

De cualquier forma, debéis reconocer que cualquiera de estas dos historias (verdadera la primera y falsa la segunda) son un extraordinario punto de partida para una buena historia de muñecos diabólicos.

LAS ESCRITORAS DE NOVELA POPULAR

mujers años 50 2

Una de las 11 ilustraciones de la guía de la mujer que se publicó en 1953

Aprovechando que el tema de la igualdad de género está siendo una las noticias del año, me gustaría hacer una serie de reflexiones sobre el papel de la mujer en la novela popular en España.

En Madrid existe un recinto que se llama el Panteón de Hombres ilustres, un museo que guarda y exhibe los monumentos funerarios de algunos de los más importantes políticos españoles de finales de siglo XIX y principios del XX, como Cánovas del Castillo, Mateo Sagasta, o Eduardo Dato entre otros.

panteon hombres ilustres

Pantéon de los hombres ilustres   ¿No hay mujeres ilustres?

Pues bien, y para irnos situando en el tema de la reseña, ¿qué podemos esperar de un país en el que existe un Panteón de hombres ilustres en el que no se ha enterrado ni una sola mujer?¿Es que acaso Clara Campoamor –por citar tan sólo un ejemplo del ninguneo histórico al que se somete a la mujer-, principal impulsora del sufragio universal en España, no merecería ocupar un puesto de honor en dicho Panteón?.

clara campoamor

Clara Campoamor

Tal vez convendría recordar que las mujeres pueden votar en España desde 1931 básicamente gracias a la persistente lucha de Clara Campoamor (Madrid 1888 – Laussanne 1972), primera mujer que habló en las Cortes españolas, en el ejercicio de su cargo como diputada de la II República (la única junto a Victoria Kent), que tuvo que defender a capa y espada el sufragio universal con la oposición de su propio partido. Curiosamente se salió con la suya gracias a los votos de los diputados de derechas.

Así es la coherencia política: la derecha, que estaba absolutamente en contra de cualquier avance en la emancipación de la mujer, inclinó la balanza a favor de que pudieran votar, pensando que les favorecería en las siguientes elecciones (y así fue); mientras que la izquierda votó en contra del sufragio universal, precisamente porque coincidía en la previsión de la derecha de que las mujeres serían más propensas a votar de forma conservadora por motivos culturales y religiosos.

mujer años 50Con el inicio de la guerra civil, Clara Campoamor, que había sido marginada por su propio partido, se exilió a Suiza, país donde acabaría falleciendo en 1972. La falta de familiares o amigos que reclamaran sus restos provocó que estuviera a punto de ser enterrada en una fosa común, pero en el último momento intervino la familia Montó Riu Segú, que de forma totalmente desinteresada se hizo cargo del entierro de Clara Campoamor, trasladándola a su propio panteón familiar en Polloe (Donosti), donde aún permanece de prestado, sin que ningún gobierno de la democracia se haya acordado de ella.

De ahí mi referencia al Panteón de Hombres Ilustres, al que tal vez sea el momento de cambiarle el nombre añadiendo a las mujeres ilustres.

Con este marco histórico, si en el mundo de la novela popular española los autores masculinos han sido eliminados de forma sistemática de la historia de la literatura, empujados al olvido, no es difícil imaginar el papel que se ha reservado a las mujeres escritoras, a las que no sólo se ha ignorado, sino que además de forma premeditada se ha pretendido encasillar de forma exclusiva dentro del género romántico, posiblemente el más menospreciado de todos los géneros de la literatura de quiosco.

marisa-villardefrancos-siberia-tomo-3-biblioteca-de-chicasLo primero que hay que decir es que inicialmente se permitió el acceso a las mujeres al mundo de la literatura de quiosco exclusivamente para poder hacer frente a las necesidades que surgían del boom de las novelas del género romántico, para el que no era sencillo encontrar suficientes hombres capaces de cubrir la demanda. A pesar de que se recurría a escritores varones –en muchos casos ocultos con seudónimos femeninos-, éstos no eran suficientes, y además no siempre daban con la tecla de los gustos femeninos que sí podía aportar la visión de otra mujer.

El espectacular crecimiento del género romántico que se produjo a partir de los años 40 se debe a la doble finalidad de este tipo de literatura: por un lado se buscaba entretener a la mujer de la época (ningún hombre en sus cabales se atrevería a decir públicamente que leía novela rosa); y por otro, no menos importante, se buscaba de forma premeditada, como de refuerzo de la educación que se impartía en las escuelas, colaborar en el proceso de formación de las inocentes muchachas españolas. Las novelas del género rosa ahondan en la idea del mito del amor romántico, situando el amor en el centro de la vida de las mujeres, de manera que todo lo demás queda subordinado a él. Las historias tratan además de implantar la idea de la infelicidad como ingrediente esencial del amor, y de apuntalar una serie de ideales femeninos del régimen franquista que se presuponen en cualquier mujer decente, especialmente en lo referente a la sumisión al varón.

Una vez que las mujeres lograron este primer acceso a la novela popular a través de esta puerta que fue la novela rosa, fue para quedarse de forma definitiva.

En contra de lo que se se puede pensar, en el mundo de la literatura popular participaron bastantes más mujeres de las que cabría imaginar, y aunque es cierto que el género romántico o rosa fue el que reunió el mayor número de ellas, la realidad es que es posible encontrar autoras en prácticamente todos los géneros literarios, y creo que es algo que se olvida de forma habitual.

corin tellado

Corín Tellado, probablemente la autora más leída de la literatura española

Es posible que la única escritora que le venga a la mente a la práctica totalidad de personas poco avezadas en el mundo de la literatura popular sea Corín Tellado (María del Socorro Tellado López), que a nivel de popularidad puede situarse a la altura de Estefanía o José Mallorquí. Este blog por cierto tiene aún una deuda pendiente con esta escritora, al igual que con el autor de “El Coyote”. El único motivo por el que todavía no les he dedicado un artículo es porque son sobradamente conocidos, y la prioridad de este blog es precisamente recordar a los menos populares.

Pues bien, al margen de Corín Tellado y de la gran nómina de escritoras que limitaron su producción al género romántico (María de las Nieves Grajales, María Teresa Sesé, María Luisa Villardefrancos Legrande, Patricia Montes, María Luisa Vidal Alfonso, o María Purificación Carré Sanchez, por citar tan sólo algunas), es fácil encontrar ejemplos de autoras que escribieron un buen puñado de obras de géneros que en principio estaban dirigidos en exclusiva a lectores masculinos, lo que hacía que tuvieran que emplear pseudónimos que ocultaran su condición femenina. Recordemos que por norma general los hombres de los años 50-70 consideraban que una mujer a lo único a lo que podía aspirar era a escribir historias románticas, o como mucho de misterio, acordes con su espíritu sensible, pero que eran incapaces de escribir historias del oeste, de terror o de ciencia ficción que tuvieran interés alguno.

Tampoco debemos olvidar que una de las principales características de la novela de quiosco –especialmente según se aproximaba a la década de los 70- era la de introducir escenas de violencia y de erotismo, dirigidas a saciar las ansias de los reprimidos varones de la época, algo impensable en pleno franquismo para un autor del género femenino.

villardefrancos2

María Luisa Villardefrancos

Me gustaría destacar que dentro del nutrido grupo de escritoras que escribían novela rosa había autoras de un alto nivel, pero que por desgracia vieron limitadas sus posibilidades de dedicarse a lo que realmente les gustaba dentro siempre de ese género, sin que nunca nadie les diera la oportunidad de poder demostrar que podían triunfar en otro tipo de literatura. El caso de Marisa Villardefrancos es un buen ejemplo, pues de forma vocacional era autora de cuentos infantiles, pero las circunstancias económicas le obligaron a escribir novela rosa, -género del que declaró no sentirse muy orgullosa tras su etapa en Bruguera-, único medio en el que logró un medio de ganarse la vida, y en el que más de uno se sorprenderá al encontrar obras muy distintas de lo que era habitual, con argumentos que se atrevían a tocar temas de actualidad, históricos e incluso políticos, con un profundo conocimiento de los mismos que dejaban ver que era una mujer muy culta. En la Biblioteca Chicas, de Ediciones Cid, escribió algunas sagas de mucho mérito, entra las que destacan tres novelas protagonizadas por la Teniente Jefferson durante la II Guerra Mundial (que incluso tuvieron una adptación radiofónica), y sobre todo una trilogía de novelas iniciada con “Almas en la sombra”, ambientada en la Inglaterra de Cromwell. Algún día dedicaré una reseña a esta destacada escritora, autora de más de 250 obras, y cuya interesante vida está llena de detalles que no tienen desperdicio.

ross m talbot.jpgAl margen de la novela romántica, en el género policiaco encontramos autoras como María Fernanda Cano Caparros, más conocida como Mary Francis Colt, especialista en novelas de intriga de estilo inglés (de hecho, todo el mundo daba por sentado que era una escritora inglesa del estilo de Agatha Christie); María Rosa Núñez González (Ross M. Talbot, entre otros seudónimos), una interesante autora que se encuadra en un estilo más cercano a la novela negra de detectives; o la prolífica María Victoria Rodoreda Sayol, que en el género policiaco empleaba de modo habitual el pseudónimo de Vic Logan, y a la que dedicaré una reseña exclusiva.

Marcus sidereo el limiteEn el género de la ciencia ficción destaca de forma poderosa nuevamente la figura de María Victoria Rodoreda Sayol, que puede presumir de formar parte del exclusivo club de autores que superan los 100 títulos de este género, bajo los seudónimos de Marcus Sidereo y de Vic Logan. Sin lugar a dudas dentro del género, uno de los más importantes autores –sin distinguir género- que ha dado la literatura popular, tanto por el volumen de su obra como por la calidad media de la misma, que incluye algunas obras notables, especialmente dentro de la colección La conquista del espacio de Bruguera, para la que escribió 46 títulos; para Infinitum, de producciones editoriales, en la que escribiría 36 títulos de los 72 que constó la colección, con 14 seudónimos distintos; o para Espacio de Toray, en la que participó con 9 títulos con los seudónimos de Vic Logan y Marcus Sidereo.

No es tampoco el único caso dentro de éste género asociado tradicionalmente a los hombres, pues encontramos otros casos, como el de María Luisa Vidal Alfonso, que publicó quince novelas como J. Chandley; o María Graciela Nogués Juliá, que escribió otros dos títulos con el seudónimo de Bab Fleming.

Bab-Fleming-¡Maldito-racismoEn el género de aventuras aparecen escritoras como George Sound (María dolores Canales Bustamante) o de nuevo Bab Fleming, con seudónimos que intentaban ocultar su sexo femenino, y que escribieron unos cuantos títulos para las colecciones Tam Tam y Acción de Bruguera. Como dedicaré en un futuro un artículo sobre María dolores Canales Bustamante, no me detendré en este punto.

El terror es probablemente el género en el que más costaba imaginar a una mujer en un papel que no fuera el de víctima ligera de ropa, y mucho menos como escritora. Pues bien, incluso en un género tan orientado a los hombres como era el terror también encontramos representación femenina, en este caso de forma destacada en la figura de Ada Coretti (Isabel Irigaray Echevarri), a la que ya dediqué una reseña en el blog, una escritora capaz de poner los pelos de punta al más avanzado lector de literatura de terror con sus truculentas temáticas cargadas de sangre y vísceras, y que por cierto también escribió de forma residual novelas policiacas en la colección Punto Rojo (6 títulos) y Servicio Secreto (1).

No debemos olvidar tampoco la importantísima figura de Àngels Gimeno, autora que ha publicado novelas con su nombre auténtico al margen de la literatura popular, y responsable de la mitad del seudónimo Ralph Barby, cuya figura más visible sea probablemente su marido Rafael Barberán, que afortunadamente se ha encargado siempre de reconocer la importancia de su esposa y compañera de pluma en la ingente producción de Ralph Barby, no sólo en el terror, sino en todos los géneros imaginables. Creo honestamente que a veces nos olvidamos que Ralph Barby no es únicamente Rafael Barberán, y que hay que darle a Àngels el valor que merece.

Creo de todas formas que para cualquier persona que lea este artículo puede ser complicado valorar las dificultades con las que tuvieron que enfrentarse estas escritoras por su condición de mujeres, sin tener una visión global del marco histórico en el que se movían. También resultará más fácil entender las escenas de machismo que abundan en las novelas de la época, y que tantas veces he comentado en el blog, fruto de una sociedad muy distinta de la actual.

mujeres años 50 3A partir de 1 de enero de 1939, con el inicio de la dictadura de Franco, se obligó a dar de alta a las mujeres y a los hombres por separado. Las mujeres (los hombres no) debían declarar el nombre del cónyuge, su profesión, lugar de trabajo, salario recibido y número de hijos. Es más, a finales de ese mismo año se prohibió a las mujeres inscribirse como obreras en las oficinas de colocación, excepto si probaban que eran cabezas de familia y se veían obligadas a mantenerla con su trabajo, es decir, si estaban separadas o solteras, o el marido estaba incapacitado para trabajar. Una de las principales consecuencias de este decreto legislativo, unido a la miseria de la posguerra, fue que muchas mujeres se vieron obligadas a sobrevivir dedicándose al estraperlo o la prostitución, que acabó provocando que el Régimen de Franco tuviera que abrir un buen número de instituciones llamadas “Prisiones especiales para mujeres caídas”.

Creo que el papel que se reservaba a las mujeres queda perfectamente explicado con estas palabras de Pilar Primo de Rivera, dirigente de la sección femenina de falange durante la dictadura de Franco (de hecho fue su dirigente hasta que un decreto de Suárez la cesó en 1977) : “Las mujeres nunca descubren nada; les falta, desde luego, el talento creador, reservado por dios para inteligencias varoniles; nosotras no podemos hacer más que interpretar mejor o peor lo que los hombre nos dan hecho”.

mujeres años 50 4A finales de los años 50, en una España que por motivos estratégicos buscaba un mayor grado de apertura al resto del mundo, se publican dos leyes de 1959 y 1961 dirigidas a la no discriminación por razones de sexo respecto a la capacidad jurídica de las mujeres, es decir, respecto a sus derechos y obligaciones. El objetivo principal de esta reforma era presentar a España en el contexto internacional como un país en el que, a pesar del régimen dictatorial, la situación de las mujeres era, de algún modo, equiparable a la de las sociedades de nuestro entorno.

mujeres años 50 5Eso sí, en la propia ley se aclaraba que este principio de no discriminación hacía referencia a las mujeres solteras mayores de 23 años, porque las hijas no podían abandonar el hogar paterno hasta los veintitrés años, “salvo para tomar estado”. Las chicas menores de esa edad y las mujeres casadas continuaban respectivamente bajo la tutela de los padres y maridos, una tutela que se traducía en que las mujeres no podían elegir por sí mismas una profesión y ejercerla, realizar ninguna operación de compraventa, firmar un contrato de trabajo o abrir una cuenta bancaria sin la correspondiente autorización marital. Es decir, que las mujeres casadas no podían no solamente disponer de sus propios bienes sin la autorización del marido, sino que ni siquiera podían disponer de sí mismas: cualquier cosa que quisieran hacer debía contar con la firma del marido.

mujeres años 50 6Eso sí, esas dos normas lograron que el acceso a la educación empezara a ser considerado importante también para las mujeres (incluyendo a nivel universitario), y también les facilitó una mayor participación en la vida laboral. Esto a medio plazo provocaría que las mujeres estuvieran mejor preparadas y con una mayor implicación en la reclamación de sus derechos. Es lo que tiene la educación. Las mujeres que empezaron a estudiar derecho descubrieron por ejemplo que en el Código Civil se equiparaba a las mujeres con los locos y los dementes. El artículo 57 de dicho Código Civil establecía para las mujeres casadas que  “El marido ha de proteger a la mujer y ésta obedecerle”.

El Código Penal también castigaba duramente a la mujer que cometía adulterio (“la mujer casada que yace con varón que no sea su marido”), mientras que en los hombres sólo era delito si se trataba de amancebamiento (“que el marido tenga manceba dentro de la casa conyugal o notoriamente fuera de ella”).

Hasta 1961 la mayoría de las ordenanzas laborales y reglamentaciones de trabajo en empresas públicas y privadas establecieron despidos forzosos de las trabajadoras al contraer matrimonio y algunos reglamentos del régimen interior de las empresas prohibían a las mujeres ejercer puestos de dirección.

Con todas estas limitaciones, en 1960 el porcentaje de mujeres que trabajaban fuera de casa era del 21%.

mujeres años 50 7Con este escenario, aparece la Ley 22 de julio de 1961, que prohibió toda forma de discriminación laboral en función del sexo y expresamente la salarial, cosa que tampoco se cumplía, pues siguieron vigentes ordenanzas laborales como la del sector textil, que en 1970 establecían que en el caso de que las mujeres realizaran “funciones propias del varón”, recibirían un sueldo del 70%. A partir de esa ley, eso sí, las reglamentaciones de trabajo y ordenanzas laborales dejaron de contener cláusulas de despido por matrimonio. Esto, que en apariencia suena muy bien, supuso un avance importante, pero la mujer casada continuaba necesitando el permiso de su marido para firmar contratos de trabajo, ejercer el comercio y disponer de su propio salario.

En 1966 se permitió a las mujeres ejercer como magistrados, jueces y fiscales de la Administración de Justicia.

La comentada autorización marital para firmar un contrato laboral y ejercer el comercio no fue abolida hasta la reforma de los Códigos Civil y de Comercio de 1975. Hasta ese año, una mujer casada no podía abrir por ejemplo una cuenta corriente sin permiso de su marido.

A nivel social, la educación impartida por el franquismo también tuvo consecuencias: en una encuesta realizada justo tras la reforma legal de 1975, el 72% (hombres y mujeres a partes iguales) contestó que consideraban muy negativo para la educación de los hijos el hecho de que las mujeres trabajaran.

A pesar de esta reforma de 1975, cuando el régimen económico del matrimonio era la sociedad de gananciales, los salarios de ambos cónyuges constituían bienes gananciales, cuya administración siguió correspondiendo hasta 1981 (ya llevábamos unos años en democracia) al marido.

Con esta visión general de la situación de las mujeres durante la edad de oro de la novela popular española, considero que es más sencillo entender el gran mérito que tuvieron todas estas escritoras, que, o bien eran solteras, o debían tener la correspondiente autorización de sus maridos para firmar cualquier contrato con las editoriales, y que tuvieron que ganarse el respeto de un mundo dirigido por hombres.

La verdad es que me encantaría poder aportar datos objetivos sobre los contratos  que firmaban las escritoras de novela popular con las editoriales, en especial en lo que respecta a lo que cobraban, para poder compararlos con los que firmaban los escritores masculinos, pero de momento no he tenido esta posibilidad. Agradecería la ayuda de cualquier persona que pudiera facilitar documentación de los contratos de alguna de estas escritoras.

Y para todas aquellas personas que en algún momento han menospreciado la labor de estas auténticas partisanas de la literatura, les dejo unas palabras de la propia Corín Tellado:

“Toda persona que expresa en letras lo que siente y piensa es digna de ser leída, porque quizás…¡quizás! diga algo que ignoras.”

Desde aquí mi homenaje a todas estas escritoras, que tuvieron que enfrentarse a una doble adversidad, primero por el hecho de escribir en un mundo lleno de barreras para las mujeres, y segundo, por escribir un tipo de literatura injustamente menospreciada. Muchas gracias por vuestro legado.

Harry Stephen Keeler, el Ed Wood de la literatura de misterio

Keeler

Harry Stephen Keeler,   ¿Loco o genio?

Ha llegado el momento de recordar a este olvidado y peculiar escritor, nacido claramente en una época que no le correspondía, pues su estilo narrativo, cercano al surrealismo, fue completamente incomprendido en su momento, con un público poco dispuesto a aceptar las rarezas que suponían sus relatos policiacos, que buscaban a toda costa sorprender al lector, olvidándose a veces de la coherencia narrativa, con un estilo muy cercano al dadaísmo, corriente artística que difícilmente podía asociarse con éxito a la novela policiaca. De hecho, en mi opinión el primer error es encasillar a Keeler como un escritor de novela policiaca, cuando su estilo y temática van mucho más allá del género.

Su peculiar estilo narrativo y sus extravagantes argumentos han hecho que se le compare de forma despectiva con Ed Wood, el mítico director de cine cuyas películas son tan malas que acaban resultando atractivas para un selecto público. En mi opinión esta comparación no es muy acertada, pues si bien es cierto que la escritura de Keeler es bastante burda, la verdad es que es efectiva, y sus carencias formales se ven compensadas sobradamente con la desbordante imaginación de sus planteamientos.

Keeler legsEl autor cuenta además con una muy curiosa relación con España, que explicaré un  poco más adelante.

Harry Stephen Keeler nació el 3 de Noviembre de 1890 (el mismo año que Agatha Christie) en Chicago (el Londres del Oeste, como él mismo la llama), ciudad donde pasó su infancia y donde están ambientadas gran parte de sus novelas, aunque también empleó Nueva Orleans, o Nueva York como escenario, así como ciudades imaginarias. Su padre era un mago de profesión que murió cuando Keeler contaba con apenas 5 años. Esta situación provocó que su madre, que volvió a casarse en otras tres ocasiones, enviudando cada una de ellas, se viera obligada a convertir su hogar en una casa de huéspedes, lo que hizo que Harry creciera rodeado de agentes comerciales y actores de vodevil que aparecían y desaparecían de su vida dejando supongo que no pocas anécdotas interesantes que emplear en sus futuros relatos.

En esas circunstancias transcurrió su juventud, en la que a edad muy temprana ya sintió la llamada de las letras, hasta que, cuando cumplió los 20 años, su madre lo internó por motivos desconocidos en un manicomio donde permaneció casi un año entero.

keeler novelspectaclesEsta experiencia despertó en el escritor un gran interés por las enfermedades mentales, una auténtica obsesión por la existencia de personas cuerdas ingresadas en este tipo de establecimientos, y una absoluta antipatía hacia la profesión psiquiátrica que manifestaría de forma expresa en algunas de sus obras. Tras salir del manicomio, Keeler se graduó y comenzó a trabajar con sus 22 años como electricista en una fundición de acero, mientras dedicaba las noches y los fines de semana a escribir historias cortas para algunas de las múltiples revistas pulp que inundaban las calles de Estados Unidos en esos años.

El hecho de lograr la publicación de estos relatos cortos en revistas pulp aumentó su convicción de que algún día conseguiría dedicarse en exclusiva a la literatura, a la vez que se convirtió en su mejor escuela para pulir su escritura. El escritor mantuvo a lo largo se su vida una concienzuda relación de los relatos y novelas que escribió, y el dinero que obtuvo de cada una de ellas. Dicha relación puede consultarse adentrándose en la página web de la “Harry Stephen Keeler Society”, una de esas maravillosas locuras que hacen que el mundo valga la pena. De esa magnífica  página he obtenido una gran parte de los datos bibliográficos que figuran en este artículo.

Keeler sparrowsEn 1919 se casó con la también escritora Hazel Goodwin Keeler, que por aquella época escribía bajo el seudónimo de Victoria Grey una sección de consejos femeninos en el Chicago Lodger. Con ella formaría  una interesante pareja literaria, figurando ambos como coautores de varios de los libros que de forma tradicional se adjudican exclusivamente a Harry (“El caso Jaarvik”, “El caso del reloj ladrador”, “El testamento extraño” o “The case of the two-headed idiot” por citar algunos). En muchos de los libros que publicó con posterioridad al matrimonio, comenzó a intercalar relatos de su mujer con los suyos propios, en ocasiones sin ninguna necesidad para el desarrollo de la trama.

La primera obra que escribió Keeler fue “A telescopic romance” (1910), un relato de 2.700 palabras que no fue nunca publicado, pero que recicló posteriormente como un relato intercalado dentro de su obra “Y Cheung, Business Detective”, publicada en 1938.

Entre 1911 y 1912 no existe constancia de ningún texto suyo, debido a su ya mencionado ingreso en un sanatorio mental.

Tras salir de su misterioso encierro, en 1913 Keeler escribe 7 relatos, de los cuales consigue vender (por 6 $ para ser exactos) ese mismo año uno llamado “The spender”, del que lamentablemente poco se sabe.

A partir de ese momento comienza a escribir a un ritmo mucho más elevado, animado porque cada vez consigue publicar su obra con mucha más facilidad (en 2014 escribe 22 relatos, de los cuales consigue vender 20 a revistas pulp de la época, del tipo de Black Cat, Argosy o Young´s Magazine).

Entre esa primera producción de Keeler, conviene hablar del cuento futurista John “Jones” Dollar, una interesante historia de ciencia ficción matemática publicada en el nº de Agosto de 1915 de “The Black Cat magazine” en la que se especula sobre los efectos de los intereses acumulados a larguísimo plazo, escrita en un momento (antes del crack de 1929) en el que esta teoría parecía factible. En este cuento, un hombre invierte un dólar, cuyo importe crece y crece gracias a los intereses acumulados, hasta que cientos de años después el exorbitante importe resultante es empleado para fundar una utopía socialista. Una idea que por cierto ha sido empleada con posterioridad –en tono de humor, eso sí- por Douglas Adams en “El restaurante del fin del mundo”.

Keeler murder mathematiciansLos motivos por los que destaco este relato –una ficción matemática- son, primero, porque se puede encontrar como complemento del libro del autor “La cara del hombre de Saturno” publicado por Fórum en 1984 en la colección Círculo del crimen; y segundo, porque me resulta interesante que en obras posteriores del autor las matemáticas tendrán un importante protagonismo en la historia (“El caso del reloj ladrador”, “El matemático asesinado”…). De hecho, cuando el autor explica su método para estructurar una novela (webwork, como lo llama él), parece que nos encontremos ante la explicación de un problema matemático.

Una de las principales características del escritor, sobre la que volveré más adelante, era la de “reciclar” sus relatos cortos publicados en su primera etapa como escritor, bien ampliándolos para transformarlos en novelas, o bien integrándolos dentro de una novela, como parte de la habitual estructura del autor de “cuentos dentro de cuentos”. En bastantes libros de Keeler la excusa para contar alguno de estos relatos independientes de la trama principal es que alguno de los personajes abría un libro, y se ponía a leer. Cuando termina el relato en cuestión, que no tiene nada que ver con el desarrollo de la novela, cierra el libro, y continúa la historia principal.

Keeler Judias spoilerLa primera novela del autor, escrita tras haberse curtido en el mundo del pulp durante más de 10 años, fue “La voz de los siete gorriones”, que apareció en 1924 en el Reino Unido, país donde publicaría varias obras más antes de conseguir publicar en Estados Unidos “Hallad el reloj”, en 1927. No he conseguido información sobre el motivo por el que el primer país donde consiguió ser publicado fuera Inglaterra, pues que yo sepa nunca vivió allí, pero es posible que algo tuvier que ver Adolph Kroch, un librero de Chicago al que Keeler dedicó uno de sus libros diciendo que a él le debía la publicación de la mayoría de sus obras publicadas en Estados Unidos y Gran Bretaña. En otra de sus obras aparece otra dedicatoria a una tal Tía Laura B. Jones, “con mi agradecimiento por sus primitivos esfuerzo hechos para que yo me hiciera escritor de novelas en vez de capitán de industria“.

Algunas de las dedicatorias de Keeler son por cierto antológicas, y yo me quedo personalmente con una dirigida a su gato (era un gran amante de los gatos)  Hi-Diddle-Diddle: “mi pequeño gato siamés, que se rompió el espinazo en una puerta giratoria cuando sólo tenía cuatro meses, y no volvió a crecer. Pero enano como es, y paralítico como está de sus patas traseras, corre más deprisa que yo, gatea mejor que yo, y, a juzgar por sus continuos ronroneos, que hieren los oídos, debe de ser mil veces más optimista y filósofo que yo creo con agrado que soy

Entre este año (1927) y 1942, etapa a la que pertenecen sus mayores éxitos, Keeler publicó 37 novelas para la editorial Dutton, alcanzando una notoriedad que permitió que se rodaran dos películas basadas en su obra: “Sing Sing Nights” (1933) y “The Misterious Mr. Wong” (1935), con un Bela Lugosi en el ocaso de su carrera, que no es más que la adaptación del segundo relato que aparece en “Noches de Sing Sing”.

Justo en este periodo, Keeler alternó su labor como escritor con un trabajo de editor en “Ten Story Book”, una popular revista pulp que incluía fotos de mujeres sexis ligeritas de ropa, y en la que el matrimonio Keeler participaba con pequeños relatos humorísticos de Harry, y con ilustraciones a cargo de Hazel.

Por cierto que Keeler también aprovechaba la revista para hacer publicidad de sus novelas.

A partir de 1942 la popularidad del escritor comenzó a decaer, motivo por el que Keeler pasó a publicar para la editorial Phoenix Press, con mucho menos éxito que en su etapa anterior. Su última novela se publicó en los Estados Unidos en 1948, y en el Reino Unido en 1953 (“Stand By, London Calling”). A pesar de todo, el autor siguió escribiendo de forma regular, como veremos un poco más adelante.

Keeler ejuguetesEn 1960 fallece su mujer Hazel, su compañera en el ámbito personal y profesional, sin que hubieran tenido hijos, lo que hizó que el escritor se hundiera en una fuerte depresión que hizo que dejara de trabajar durante casi tres años, hasta que en 1963 se casa con Thelma Rhinaldo, su antigua secretaria, una mujer con la que a mediados de los años 20 mantuvo una relación amorosa que provocó que estuviera a punto de separarse de Hazel. Tras estas segundas nupcias, recupera la ilusión por escribir, aún a sabiendas de que ningún editor iba ya a publicar sus libros. No parece que la fama o el dinero fueran nunca una prioridad para este escritor, que hubiera podido encauzar su carrera sin lugar a dudas renunciando a su peculiar estilo, abordando una temática más convencional cuando su popularidad estaba en la cumbre. Prefirió sin embargo ser fiel a sus señas de identidad, aún a costa de ser olvidado.

Con Thelma comparte su vida, hasta que el 22 de Enero de 1967, Harry Stephen Keeler muere en Illinois, dejando 16 obras completas inéditas y otros doce borradores en distinta fase de finalización. Sus restos reposan hoy en día en el Cementerio Rosehill de Chicago.

Keeler Case strangeEl caso de Harry Stephen Keeler es interesante por las similitudes con los escritores de novela popular en España. Vendedor masivo de ejemplares, el autor arrasaba en los quioscos de medio mundo con sus novelas baratas impresas en papel de baja calidad. Durante años, sus libros fueron devorados por miles de lectores de todo el mundo, y su nombre era más que conocido a nivel popular. Sin embargo, a lo largo de su carrera fue perdiendo lectores y mercado, hasta desaparecer casi por completo, hasta el punto que a día de hoy es casi un total desconocido.

Keeler amazing webEn España sus novelas, editadas por Ediciones Reus, gozaron de una gran popularidad. La relación del autor con Reus –una editorial especializada en publicaciones jurídicas, lo que hace todavía más incomprensible que acabara publicando la obra de este autor- fue muy peculiar, hasta el punto de que cuando Keeler ya no conseguía publicar sus obras en Estados Unidos ni en el Reino Unido, logró que se editaran sus últimas obras en España traducidas directamente al castellano: “Yo maté a Lincoln a las 10:13”, “La misteriosa bola de marfil de Wong-Shing Li”,El caso de la mujer transparente” y “El círculo blanco” sólo fueron publicadas en castellano gracias a la mediación de la editorial Reus.

El motivo de esta extraña relación con la editorial Reus podemos encontrarlo en la amistad que el escritor mantuvo con el editor Rafael Reus, al que incluso escribió una carta en la que le indicaba que estaba de acuerdo con publicar en esa editorial su obra siempre y cuando también publicaran una novela escrita por su mujer Hazel. De este modo, en 1948 se publica “Juguetes peligrosos”, de Hazel Keeler, novela en la que la autora traslada a sus personajes la situación real que sufrió su propio matrimonio por la infidelidad de su marido Harry. No he tenido oportunidad de leer este libro, pero según Alberto “Sobórnez” Oyarbide -gran admirador y conocedor de la obra del escritor- no me he perdido gran cosa. Una buena parte de la información que aparece en esta reseña la he obtenido por cierto de un extraordinario artículo suyo que os recomiendo leer íntegramente en http://www.harrystephenkeeler.com/_el_personaje_mondobrutto.html

Keeler cubo carmesíSi hubiera que emplear una única palabra para definir la obra de Keeler, en mi opinión ésta debiera ser “sorpresa”: sus tramas están llenas de giros inesperados y casualidades inverosímiles, con el propósito esencial de desconcertar y sorprender al lector después de haberle planteado situaciones aparentemente imposibles de resolver. Keeler criticó en diferentes entrevistas que la mayoría de los escritores de novelas de intriga de su época intentaban desesperadamente que sus tramas parecieran verosímiles, cuando él consideraba que eran precisamente las situaciones impensables las que debían ser la base de una buena novela. Sus obras están plagadas de coincidencias imposibles y de personajes estrafalarios, en muchas ocasiones extranjeros de países exóticos, personajes con llamativas deformidades físicas o directamente monstruos de feria. Como curiosidad, a modo de firma personal, en casi todas sus obras aparece alguna calavera; en ocasiones como parte importante de la trama; en otros como un McGuffin (un elemento en apariencia importante pero que acaba siendo irrelevante); y en la mayoría de los casos simplemente como un guiño a sus lectores. Algo similar a las fugaces apariciones de Alfred Hitchcok en sus películas, por poner sólo un ejemplo.

Como suele ser habitual en el blog, he creído conveniente añadir a este artículo la reseña de dos de las novelas del autor. Tras serias dudas sobre la elección, me he decantado por “Noches de Sing Sing” (1927) y “Las gafas del Sr. Cagliostro”, sus dos obras más conocidas y probablemente las más convencionales por cuanto que se alejan de las excéntricas situaciones que suelen primar en el resto de sus libros, pero que pueden ser muy representativas como primera toma de contacto con el autor.

Keeler singsingEl original planteamiento de Noches de Sing Sing, que comienza con una dedicatoria del autor a Hazel, es el siguiente: tres respetables escritores de nacionalidades distintas, condenados por asesinato, comparten la misma celda en Sing Sing la noche previa a su ejecución en la silla eléctrica.

Los tres reos (Mc Caigh, estadounidense; Eastwood, inglés, y Krenwicz, ruso) han sido acusados de asesinar al literato Howard Greynell, por un honorable motivo, pues un día le oyeron presumir bajo los efectos del alcohol de mantener relaciones extramatrimoniales con una jovencísima admiradora, menor de edad, a la que engañaba con falsas promesas de matrimonio.

Ahora, acompañados en la celda por Shanahan, el joven guardia encargado de su vigilancia, los tres aguardan, sin remordimiento alguno por el crimen cometido, a que les llegue su turno para sentarse en la silla eléctrica cuando amanezca.

En el correspondiente juicio por asesinato, quedó claro que cada uno de ellos había planeado sin conocimiento del resto asesinar a Greynell, pero la realidad es que a la hora de la verdad sólo dos de ellos cometieron el crimen de forma efectiva, pues el tercero –sin ser consciente de ello- no llegó a disparar su pistola, y al parecer no hay forma de saber cual de ellos fue.

En este punto quiero hacer un inciso para remarcar lo que indiqué al inicio de este artículo sobre la falta de interés del autor por dar verosimilitud a sus historias. Parece claro que bastaría comprobar las armas de los acusados para saber quién disparó el arma, pero ese pequeño detalle no es algo que le quite el sueño al autor, interesado únicamente en plantear una situación intrigante que le permita el posterior desarrollo de la historia. El lector debe aceptar estas incoherencias narrativas para poder participar del juego que ofrece el escritor y disfrutar de este modo del enigma que se nos plantea. Aquellos lectores exigentes que precisan en todo momento de credibilidad no conseguirán nunca disfrutar de la obra de Keener, como probablemente tampoco se sientan atraídos por los géneros de ciencia ficción, fantasía o terror.

Continuando con el resumen de la historia, los reos reciben de forma inesperada la visita del gobernador Willets, que les confiesa apesadumbrado que en su opinión el asesinato de Howard Greynell ha resultado ser un favor para la humanidad, pero la realidad es que a los ojos de la ley dos personas cometieron un crimen castigado con la pena de muerte, y no es posible indultarles. No obstante, hay un tercer condenado que es realmente inocente, y merece la salvación. Al resultar imposible saber cual de ellos fue el que no disparó, el gobernador les propone una extraña solución: les dejará firmada en la celda una hoja de indulto con el nombre del afortunado sin completar. Cada uno de los tres reos deberá inventar una historia, y el guardia Shanahan servirá de jurado imparcial para decidir al final de la noche cuál de ellas le ha gustado más. El autor de la misma será el afortunado indultado.

Este ingenioso planteamiento permite al autor crear una novela con una estructura que se denomina de “Relato enmarcado”, similar a la de “Las mil y una noches” (de hecho en la novela se hace alguna mención expresa a Scherezade) o a “Los Cuentos de Canterbury”, con historias independientes dentro de la trama principal, en un esquema que volvería a emplear en algunas de sus novelas posteriores. De hecho el propio Keeler publicó en 1917 una especie de manual en el que explicaba su técnica narrativa, que él bautizó como Webwork, y en el que explica la composición de las sinapsis de sus libros con unos complejos gráficos. Sinceramente he intentado leerlo (se encuentra de nuevo en la completa página web de la Keeler Society), y he empezado a entender los motivos por los que fue ingresado en un centro mental.

Keeler grafico

Uno de los habituales esquemas de Keeler siguiendo su sistema de “Webwork”

En la propia “Noches de Sing Sing”, Keeler aprovecha un interludio entre el segundo y tercer relato contado por los condenados a muerte para dar una clase magistral de boca de Krenwicz sobre cómo debe armarse la estructura de una novela, de un modo que más bien parece que se esté explicando el desarrollo de una compleja fórmula matemática.

Interludio por cierto en el que el autor expone –también por mediación de sus personajes- unas teorías acerca de cómo eliminar los conflictos interraciales que hoy en día no serían aceptables. Recordemos que la novela se escribió en el primer cuarto del siglo XX.

Es de destacar también como elemento característico del autor que la historia se desarrolla en un espacio cerrado y que transcurre en un breve periodo de tiempo, una noche en esta ocasión (y no es el único caso, pues repetiría posteriormente situación en obras como “Noches de Ladrones” o “Noches del Verdugo”).

Las historias que se cuentan a lo largo de la noche son “La extraña aventura de la mariposa gigante” (Relato de Mc Craigh), “La extraña aventura de las doce monedas de Confucio” (Krenwicz) y “La falta de un eslabón” (Eastwood); tres historias de estilos muy diferentes pero que coinciden en que tienen sorprendentes desenlaces.

Es interesante comprobar la capacidad del autor para pasar de un relato policiaco tradicional –robo de collar incluído- como es “La extraña aventura de la mariposa gigante”, al cuento de ciencia ficción que resulta ser “La falta de un eslabón”, protagonizado por un ingeniero llamado Eustaquio Annesley que, al encontrase de visita en el circo tras sufrir un desengaño amoroso, es víctima de un atentado con una bomba dirigida a otra persona que lo deja al borde de la muerte, siendo su cerebro trasplantado por el doctor Andrev Michaelovitcho y su hijo Boris al cuerpo de un gorila del circo. La historia, que recuerda en cierta forma  a “La metamorfosis” de Kafka, adquiere un interesante tinte de crítica social, desde el momento en que Eustaquio salva su vida a costa de quedar condenado a una humillante existencia al margen de la sociedad, lo que le obliga a buscar refugio en el único lugar del mundo en el que puede vivir: el circo. Un relato completamente espeluznante.

Cuando finalice la noche, Shanahan deberá completar en su papel de jurado el documento de indulto que permitirá vivir a uno de los tres condenados a muerte. Personalmente, si de mi hubiera dependido, yo habría indultado a Eastwood, pero para poder conocer el sorprendente final del libro, no os quedará más remedio que leerlo.

Sinceramente yo recomedaría “Noches de Sing Sing” como obra iniciática para aquellos lectores que no conocen la obra de keeler, por considerarla su obra más tradicional y posiblemente la mejor acabada, aunque desde mi punto de vista es mucho más interesante su obra posterior, que en ocasiones roza el dadaísmo literario, y donde se adentra en el surrealismo policiaco, a costa en ocasiones de perder toda coherencia narrativa. Para que os hagáis una idea, autores como Neil Gaiman (autor del mítico cómic “Sandman” y de novelas como “American Gods”), Phillip J. Farmer (consagrado escritor de ciencia ficción),  o Ken Keeler (sin ningún parentesco con Harry), guionista de los Simpson o Futuroscope, se han declarado admiradores de los libros de Harry Stephen Keeler, y no es difícil apreciar su influencia en algunas de sus obras.

Según las propias palabras de Neil Gaiman, uno de sus mayores admiradores (perdón por mi traducción):

“Mi más oscuro placer es Harry Stephen Keeler. Probablemente sea el más grande de los escritores mediocres que ha dado nunca América. O quizás el peor gran escritor. No lo sé. Hay unos cuantos defectos de los que se le puede acusar, y de los que no es culpable. Pero me encanta.”

Ya he comentado que una de las señas de identidad del autor es su utilización de la estructura de “cuentos dentro de cuentos”, presente en gran parte de su obra, que en muchas ocasiones se encajaban dentro de una trama principal como una mera excusa para introducir diversas historias sin ningún nexo común entre ellas, y que en ocasiones no eran más que “reciclajes” de algunos de sus cuentos que ya habían sido publicados años atrás en revistas pulp, o de historias escritas por su adorada mujer Hazel, mucho más convencionales –y aburridas- que las suyas.

keeler o casoRespecto a Hazel, Keeler no sólo fue el gran amor de su vida, sino que la admiraba sinceramente como escritora. Aparte de integrar como ya hemos dicho un buen número de relatos de su mujer en su propia obra, hay que destacar que uno de estos cuentos llamado “Spangles” le pareció tan bueno, que se convirtió en una auténtica obsesión, hasta el punto que su protagonista, el propietario de un circo llamado Angus MacWhorter -MacW para sus empleados -, acabaría protagonizando ocho de sus novelas, dentro de dos de las cuales se incluyó el relato original íntegro de su esposa, “Spangles”.

La relación de novelas protagonizadas por este curioso personaje son las siguientes:

  • The vanishing Gold Truck (1940) representa la primera aparición de MacWorther (publicada en 1941 en inglés. En castellano Reus la publica en 1951 como “El camión de oro desaparecido”).
  • The case of the Jeweled Ragpicker (1949) (publicada después en 1949 en Inglaterra en una version ampliada con el nombre “The ace of spades murder”, que es como se tituló originalmente el manuscrito cuando lo escribió en 1946. En castellano se publicó por Reus en 1955 como “El caso del Trapero enjoyado”)
  • Stand By, London Calling (1953) (Última novela que se publicó del autor en inglés antes de su muerte. En castellano Reus la publicó en 1958 como “¡Londres al habla!”)
  • The case of the crazy corpse (1953) (Publicada por primera vez traducida directamente al portugués como “O caso do cadaver endiabrado”. Inédita en castellano, se publicó en inglés por Random en 2002).
  • The Circus Stealers (1956) (Publicada por primera vez traducida al castellano por Reus en 1958 como “Ladrones de circos”. No se publicó en inglés hasta 2003, por Random).
  • A copy of Beowulf (1957) (Publicada por primera vez directamente traducida al castellano por Reus en 1960 como “Una versión del Beowulf”).
  • Report on Vanessa Hewstone (1957) (Publicada por primera vez por Random en 2002. Inédita en España)
  • The six from nowhere (Escrita en 1958 y Publicada por primera vez en 2001 por Ramble House. Inédita en España)
  • The case of the two-headed idiot (escrita en 1960, y publicada por primera vez en 2012 por Ramble House. Inédita en castellano)

Keeler cagliostroLa segunda novela que me gustaría comentar es “Las gafas del señor Cagliostro”, mi favorita de las que he tenido ocasión de leer del autor, y en la que se aborda otra de las grandes obsesiones del autor: la enfermedad mental.

El inicio de la novela tiene el siguiente preámbulo que refleja perfectamente la opinión del escritor sobre este tema:

           La misteriosa narración que se desarrolla en las siguientes páginas se ha escrito para aquellos que no se asustan de la franqueza, cuando la franqueza es esencial, y para aquellos que aceptarán la exactitud, aún cuando ésta retrate demasiado a lo vivo algunas de las resquebrajaduras, rotos y manchas de grasa de papel de nuestra pared social. Y también va dedicado este libro a esos generosos y raros individuos que son los mejores de todas las personas buenas: nuestros lunáticos; y en menor medida, a aquellas apacibles ovejas que pacen inofensivas en nuestros pastos científicos: nuestros psiquiatras y psicoanalistas.”

En el desarrollo de la trama, nuestro protagonista acaba ingresado en un manicomio, por motivos que es mejor no desvelar aquí. Este hecho le sirve al autor de excusa para trasladarnos sus inquietudes y pensamientos más profundos sobre el tema de la enfermedad mental, fruto de su propia experiencia cuando estuvo ingresado en un establecimiento similar al de la novela. Los “locos” que conviven en el manicomio con el protagonista son personas quebradas que por distintos motivos han sido desterradas de la sociedad, en ocasiones sin causa justificada, y que se ven en la angustiosa situación de ser considerados locos por el resto del mundo sin posibilidad de demostrar su cordura.  Por cierto que la novela me ha recordado en muchos aspectos a “Los renglones torcidos de Dios”, de Torcuato Luca de Tena, una maravillosa novela policiaca que transcurre entre los muros de un manicomio y que recomiendo a todo aquel que no la haya leído.

Volviendo al resumen de “Las gafas del señor Cagliostro”, Jeremy H. Middleton –Jerry para los amigos-, único hijo de Diggle Middleton, regresa los Estados Unidos para hacerse cargo de los negocios y fortuna de su padre, recientemente fallecido y con el que apenas ha tenido contacto desde que éste tomó la extraña decisión de mandarle a vivir a Australia siendo un niño, alejándole de su lado. La lectura pública del testamento, con unas extravagantes cláusulas, desencadena una sorprendente situación, pues Jerry, del que todo el mundo esperaba que fuera a heredar todo el patrimonio familiar, recibe tan solo a modo de legado una exigua renta mensual perpetua de 75 dólares, un solar en el caso de que contraiga matrimonio (lo que sucederá en breve, pues el protagonista se encuentra prometido con una bella joven que cree que va a casarse con un millonario) y la obligación de cumplir una deuda de honor pendiente de su difunto padre por la que deberá llevar puestas durante un año unas estrafalarias gafas azules que pertenecieron a un noble del siglo XVIII, el Conde de Cagliostro; un hombre que en vida presumía de tener poderes sobrenaturales.

Las sorpresas a lo largo de la novela –brillante desde mi punto de vista- están aseguradas.

Para aquellos valientes que quieran conocer de verdad los entresijos de la compleja literatura de Keeler, deberán atreverse con obras más arriesgadas y surrealistas, y yo seré el primero, pues debo reconocer que me ha cautivado la originalidad de sus historias, que me recuerdan en ocasiones a H.P. Lovecraft por su capacidad para asombrar al lector. Debo decir que existe más de un paralelismo entre ambos escritores, y a modo de ejemplo Keeler hace mención en varias de sus obras a un libro ficiticio llamado “The way out”, fuente de una enigmática sabiduría oriental ancestral. Dicho libro es el equivalente del Necronomicón Lovecraftiano.

Me han puesto los dientes largos las sinopsis que he visto de alguna de sus novelas, como “The Case of the Crazy Corpse” (novela que se publicó originalmente en 1954 directamente en portugués, tal y como figura en la dedicatoria del autor a sus lectores portugueses, y aunque se publicó en inglés en 2002, por desgracia permanece inédita en castellano) que comienza con la policía sacando un ataúd del lago Michigan, en cuyo interior aparece un cadáver desnudo cuya parte superior corresponde a una mujer china, y la parte inferior a un hombre de raza negra, ambas unidas por una extraña goma verde. Por cierto, que esta mezcla interracial es otra de las aparentes obsesiones literarias de Keeler, que cuenta en varias de sus novelas con matrimonios formados por un cónyuge asiático y otro de raza negra.

Los lectores que hayan quedado satisfechos con las dos novelas reseñadas en este artículo pueden probar (ésta sí se ha publicado en castellano) con “El Enigma del Craneo Viajero” (1934), en la que su protagonista, Clay Calthorpe, que se encuentra visitando un cementerio especializado en fenómenos de feria, se topa con la tumba de Legga, la araña humana, una mujer con 4 piernas y 6 brazos. En esta novela, cuya trama principal gira alrededor de un cráneo desaparecido, y que en el fondo no es más que una excusa para contar multitud de extrañas historias, desfilan todo tipo de estrafalarios personajes, como el ex presidiario Ichabod Chang, la poetisa Abigail Sprigge, o la radical Sophie Kratzenschneiderwümpel.

La lástima es que algunas de las más extravagantes novelas de Harry Stephen Keeler, las que hicieron que los editores empezaran a tratarle como un apestado, permanecen inéditas en castellano, pues ni siquiera su amigo Rafael Reus se atrevió en su momento a publicarlas. Tal vez el mundo actual, en el que la psicodélica segunda temporada de Twin Peaks bate records de audiencia, o en el que una vaca diseccionada puede ocupar un puesto privilegiado en los principales museos del mundo, esté por fin preparado para apreciar el estrafalario mundo de Keeler, sin lugar a dudas uno de los autores más extraños que he tenido ocasión de leer. Y para mí, en una época en la que es difícil que algo nos sorprenda, eso es una gran virtud.

En los últimos años (en 2012) Ediciones del Azar ha reeditado dos de las novelas del autor: “Las gafas del Sr. Cagliostro” y “El Hombre de la cara de Saturno”, en una encomiable labor editorial de difusión de la obra de un autor olvidado, pero en la que he echado en falta una introducción sobre la vida y obra del escritor, algo que siempre es muy de agradecer por parte del tipo de lector al que van dirigidos este tipo de reediciones. Creo sinceramente que ese tipo de contenidos adicionales –cuanto más amplios mejor- marcan la diferencia entre un buen libro y un gran libro, máxime para este tipo de reediciones de “autores malditos”.

La relación completa de novelas de Harry Stephen Keeler (y Hazel) publicadas en castellano es la siguiente:

  • Noches de Sing Sing (1941) (Reus. Hubo otra reedición en 1951)
  • Noches de ladrones (Reus 1944, hubo otra reimpresión en 1947)
  • Las gafas del Sr. Cagliostro (Reus 1945, hubo otra reimpresión en 1947)
  • El libro de hojas color naranja (1945) (Reus)
  • La cara del hombre de Saturno (1946) (Reus)
  • En busca de X-Y-Z (1946) (Reus)
  • Dos señoras extrañas (1946) (Reus)
  • Los cinco budas de plata (1946) (Reus)
  • El cuarto rey (1947) (Reus)
  • El enigma de la plaza de Washington (1947) (Reus)
  • Hallad el reloj (1947) (Reus)
  • El caso del reloj ladrador (1947) (Reus)
  • La voz de los siete gorriones (1948) (Reus)
  • El caso de las 16 judías (1948) (Reus)
  • Juguetes peligrosos, de Hazel Goodwin Keeler (1948) (Reus)
  • El libro de piel de tiburón (1949) (Reus)
  • El caso del asesino sagaz (1949) (Reus)
  • El anillo de hierro (1950) (Reus)
  • El misterioso señor Yo (1950) (Reus)
  • El camaleón (1950) (Reus)
  • El enigma del cráneo viajero (1951) (Reus)
  • El misterio del ladrón violinista (1951) (Reus)
  • El camión de oro desaparecido (1951) (Reus) (Protagonizada por Angus MacWhorter)
  • La trama asombrosa (1951) (Reus)
  • La mano de jade verde (1952) (Reus)
  • El testamento extraño (1952) (Reus)
  • El enigma de la zuri amarilla (1952) (Reus)
  • El abanico de pavo real (1953) (Reus)
  • Detrás de esa máscara (1954) (Reus)
  • ¡Dedo! ¡Dedo! (1954) (Reus)
  • El caso del trapero enjoyado (1955) (Reus) Protagonizada por Angus MacWhorter.
  • 10 horas (1955) (Reus)
  • El hombre de los tímpanos mágicos (1955) (Reus)
  • El ladrón defraudado (1955) (Reus)
  • El hombre de la caja carmesí (1956) (Reus)
  • El hombre de las gafas de madera (1956) (Reus)
  • La muchacha del maletín azulado (1956) (Reus)
  • El caso Jaarvik (1957) (Reus)
  • El asesinato de London Lew (1957) (Reus)
  • Noches del verdugo (1957) (Reus)
  • El matemático asesinado (ca. 1958) (Reus)
  • 28 sospechosos (1958) (Reus)
  • Ladrones de circos (1958) (Reus. Una novela protagonizada por Angus MacWhorter y que inicialmente no se publicó en inglés, aunque después sí)
  • ¡Londres al habla! (1958) (Reus. Figura como coautora Hazel) Protagonizada por Angus MacWhorter.
  • El cráneo del clown bailarín (1959) (Reus)
  • El cubo carmesí (1959) (Reus. En la portada de la versión española aparece un cubo de basura, cuando la novela trata de una figura cúbica)
  • Una versión del Beowulf (1960) (Reus. Una de las 6 novelas protagonizadas por Angus MacWhorter)
  • La misteriosa bola de marfil de Wong Shing Li (1961) (Reus. Nunca ha sido publicada en inglés)
  • El retrato de Jirjohn Cobb (1961) (Reus)
  • Las lágrimas de Cleopatra (1962) (Reus)
  • La botella del sello de lacre verde (1962) (Reus)
  • El caso de la mujer transparente (1963) (Reus. La censura modificó el original “nude” por mujer)
  • Yo maté a Lincoln a las 10:13 (1964) (Reus)
  • El círculo blanco (1965) (Reus)
  • La calle de los mil ojos (1966) (Reus)
  • El cuarto rey (1967) (Reus, Reedición)
  • Hallad el reloj (1967) (Reus, Reedición)
  • El hombre que cambió de piel (1967) (Reus)
  • Las gafas del Sr. Cagliostro (1968) (Reus, Reedición)
  • La cara del hombre de Saturno (1984) Colección Círculo del Crimen de Fórum, con nueva traducción.
  • Noches de Sing Sing. (2009) (Reus, Reedición)
  • La cara del hombre de Saturno (Ediciones del azar, 2012)
  • Las gafas del Sr. Cagliostro (Ediciones del Azar, 2012)

Para terminar me gustaría animar desde aquí a todo aquel que no conozca la obra de Keeler a que busque un hueco entre sus próximas lecturas y le dé una oportunidad. Tal vez abran sin saberlo una puerta que no puedan cerrar nunca más.

Ahora bien, si eres una de esas personas a las que no les gusta salir de la rutina y de lo convencional, ni te molestes en acercarte a sus libros.

FRANKENSTEIN EN LA NOVELA POPULAR

Frankenstein's_monster_(Boris_Karloff)Si no he de inspirar amor, causaré miedo”.

Recientemente publiqué una reseña sobre la presencia de la momia en la novela popular española, intentando mostrar por un lado la forma en que un resto arqueológico se convierte en un monstruo clásico, y por otro las diferentes versiones que se dieron en la literatura popular de este mito.

Ha llegado el momento, aprovechando que este año se cumplen 200 años de la publicación de la novela original, de hacer lo mismo con Frankenstein, el monstruo surgido de la imaginación de Mary Wollstonecraft Shelley una fría noche de verano a las orillas del lago Lemán, en la que es sin duda alguna una de las reuniones literarias más célebres de la historia.

frankenstein-mary-shelleyLo primero que debo señalar es que poco tiene que ver la criatura original del libro de Shelley con el monstruo icónico que ha calado en la cultura popular gracias al cine. Ese estúpido ser con dos tornillos que a todos nos viene a la cabeza al escuchar la palabra Frankenstein, no refleja en absoluto la complejidad de la criatura original, a la que por cierto no se le llama nunca monstruo en el libro. De hecho, tampoco tiene nombre, y el hecho de que todo el mundo conozca hoy en día a la criatura como Frankenstein se debe a la película “La novia de Frankenstein”.

Lo segundo que me gustaría destacar es que Frankenstein es desde mi punto de vista el personaje adolescente por definición: un ser que se siente diferente al resto, rechazado, y que tan sólo quiere encontrar su lugar en el mundo, empezando por la aceptación de su progenitor. Si acaba cometiendo horrendos actos es únicamente porque ha sido rechazado por todo el mundo.

“Maldito sea el día que recibí la vida. Maldito sea mi creador”

mary w shelley

Mary W. Shelley

Mary W. Shelley nació en Londres el 30 de agosto de 1797, hija única del peculiar matrimonio entre los filósofos William Godwin (1756-1836), considerado como el primer anarquista,  y Mary Wollstonecraft (1759-1797), una feminista autora de una revolucionaria obra que defendía que las mujeres debían ser educadas como ciudadanas concienciadas antes que como esposas sumisas.

Por cierto que esta boda fue en su día objeto de burlas por parte de la prensa, que le recordó a Godwin todas las veces en que se había mostrado públicamente contrario al matrimonio.

En la época en que nace la autora de Frankenstein, la revolución industrial se encuentra en plena expansión, y la política está aún asimilando la sangrienta revolución francesa. La ciencia y la filosofía se encontraban también en un momento clave, con los primeros estudios sobre química moderna, electricidad y magnetismo; fenómenos que despertaban serias dudas en la población, que veía estos avances con más miedo que esperanza.

Mary_Wollstonecraft_by_John_Opie_(c._1797)

Mary Wollstonecraft. Retrato de John Opi

La madre de Mary –todo un personaje que merecería un mayor conocimiento- falleció a los 11 días de dar a luz, y su padre contrajo pronto nuevas nupcias con otra mujer, lo que provocó que la autora de Frankenstein creciera en un hogar en compañía de otros 5 hermanos de diferentes orígenes biológicos. La infancia de Mary quedó de este modo marcada por la ausencia de su madre, y por la falta de afecto de su ocupado padre, que no le procuró cariño, pero sí se preocupó de facilitarle una buena educación.

Estos dos hechos –la desconfianza hacia los avances científicos y la ausencia de afecto- tendrán una gran trascendencia en la génesis de Frankenstein, pues Mary trasladará a su criatura su propia soledad y necesidad de afecto paterno, situándola en un entorno de rechazo de la sociedad a lo desconocido.

Percy shelley

Percy Shelley el “poeta ingrato”

El caso es que Mary se crió en un hogar en el que su padre recibía constantes visitas de los más ilustres artistas y pensadores de la época. Para Mary resultaba habitual escuchar desde pequeña en su casa al poeta Samuel Taylor Coleridge, al inventor William Nicholson o al químico Humphry Davy. Su padre además la llevaba a todo tipo de conferencias, incluyendo varias sobre  electricidad, un fenómeno científico que despertaba a partes iguales el terror y la admiración entre la ciudadanía.

Entre estos asiduos visitantes de Godwin se encontraba también Percy Bysshe Shelley, el joven y polémico poeta, recién expulsado de Oxford por propagar el ateísmo, que acudía a la casa del padre de Mary atraído por su radical pensamiento, partidario de abolir la propiedad y contrario a toda forma de gobierno.

En 1814, con tan sólo 16 años, Mary se fuga con Percy, que por entonces estaba casado con una mujer que acabaría suicidándose tras ser abandonada por el poeta. La relación supuso un gran escándalo, pero dio igual, pues Mary estaba perdidamente enamorada, aunque pronto tuvo que regresar a casa por la falta de dinero, a pesar de lo cual continuaría de forma imprudente sus relaciones con el poeta, con el que acabaría teniendo 4 hijos (sólo uno sobrevivió) y finalmente casándose.

NPG 142; George Gordon Byron, 6th Baron Byron replica by Thomas Phillips

Lord Byron, el origen de Frankenstein

En 1816 Percy y Mary fueron invitados a pasar unos días del verano en Villa Diodati, una casa de campo alquilada por Lord Byron en Ginebra, a la orilla del lago Lemán. Allí coinciden Lord Byron y su médico personal y aspirante a poeta, John William Polidori, Percy Shelley, Mary Godwin (aún no tenía el apellido Shelley, pues no se casó con Percy hasta finales de ese mismo año, a pesar de que ya había tenido dos hijos con él, uno de ellos muerto), y Claire Clairmont, hermanastra de Mary y amante de Byron.

Un hecho insólito marcaría esta peculiar reunión, pues los invitados no pudieron salir del interior de la casa todo lo esperado para esa época del año, debido al mal tiempo. El motivo excepcional del inusual clima que se apoderó del verano de 1816 no es otro que la erupción en 1815 del volcán Tambora, situado en la isla de Sumbawa, en la actual Indonesia, que inspiró a Lord Byron la redacción de “Oscuridad”, una de sus más famosas obras. Esta catastrófica erupción mató al menos a 71.000 personas, muchas de ellas quemadas vivas por la lava o aplastadas por las rocas expulsadas por el cráter. Otras murieron posteriormente de hambre porque la ceniza destruyó los cultivos. La erupción, 100 veces más potente que la bomba atómica de Hisroshima, provocó la expansión a nivel mundial de una gigantesca nube de cenizas que bloqueó la luz solar y produjo tres años de enfriamiento planetario que llevaron a la peor hambruna del siglo XIX. En junio de 1816, una tormenta de nieve azotó el norte del estado de Nueva York. Ese julio y agosto, las heladas en Nueva Inglaterra asolaron las granjas. El Granizo golpeó Londres durante todo el verano. Y nuestro grupo de escritores quedó encerrado en Villa Diodati, gestando a uno de los grandes mitos del terror.

1816 es conocido como “el año sin verano” debido a la erupción del Tambora.

polidori el vampiro.jpgDebido al obligado encierro por el mal tiempo, el aburrimiento se apoderó del grupo, así que Lord Byron, imagino que rodeado de botellas vacías de absenta,  comenzó a contar historias de terror para amenizar las largas veladas, incitando a su vez a todos los asistentes a que compartieran las historias más terroríficas que se les ocurrieran, con la idea de escribirlas después. Curiosamente, como resultado de este improvisado concurso literario, pasarían a la historia los personajes más inesperados: Mary con “Frankenstein” y Polidori con “El vampiro”. Ni Byron ni Shelley, los grandes y afamados poetas, completaron nunca sus historias de fantasmas, aunque del primero se acabó publicando el fragmento inconcluso de “El entierro”, una historia sobre un extraño juramento; y de Shelley se cree que era una historia sobre un fantasma hecho de cenizas, que quería dedicar a su fallecido hijo William.

Así, cada día Percy, Byron y Polidori contaban a la luz de las velas las horribles historias que se les iban ocurriendo, ante la atenta y cada vez más asustada presencia de las impresionables Mary y Claire, que sin embargo no eran capaces de aportar sus propias historias. La propia Mary, en el prólogo de Frankenstein, comenta que “Sentía esa vacua incapacidad de invención que es el mayor infortunio de la creatividad, cuando una nada anodina responde a nuestras ansiosas invocaciones. “¿Se te ha ocurrido algún cuento?”, me preguntaba cada mañana, y cada mañana tenía que contestar con una mortificante nagativa.”

frankenstein-wrightson

Frankenstein, de Bernie Wrightson, obra maestra indiscutible del cómic

Según la propia Mary, una de las historias que contaron Percy -que en Oxford había realizado por su cuenta diversos experimentos relacionados con la electricidad- y Byron giró alrededor de un experimento con electricidad llevado a cabo por el médico y naturalista Erasmus Darwin con anfibios, defensor de una teoría sobre el origen único de la vida y abuelo de Charles Darwin, el autor de la teoría de la evolución:Al parecer había conservado un hilo de masa en un bote de cristal, hasta que, por algún extraordinario proceso, aquello comenzó a agitarse con un movimiento autónomo. (…) Quizá un cadáver podría reanimarse, el galvanismo había dado pruebas de cosas semejantes: quizá se podrían manufacturar las partes componentes de una criatura, y después podrían reunirse y dotarlas del calor vital”.

Así se instaló poderosamente en la mente de Mary –que no olvidemos que tan sólo tenía 18 años- esta siniestra imagen, hasta que en la madrugada del 16 de junio de 1816, la futura escritora tuvo una pesadilla que compartiría en privado a la mañana siguiente con Percy: la historia de un ser monstruoso creado a partir de retales de otros cuerpos humanos que volvía a la vida ante la atenta mirada de un joven científico.

frankenstein 1 edicionUn entusiasmado Percy animó a Mary a que escribiera la historia, y así el 1 de enero de 1818, casi dos años después de la célebre reunión en el lago Lemán, un autor anónimo publica “Frankenstein o el moderno Prometeo” con una tirada de 500 ejemplares, prólogo de Percy Shelley y una dedicatoria al gran filósofo William Godwin. Mary no quiso firmarlo, pues pensaba que nadie querría leer una obra de terror escrita por una mujer. La obra recibe un unánime rechazo de la crítica, y el prólogo hace pensar que la autoría del libro corresponde a Percy B. Shelley, que en realidad únicamente había aportado algunas correcciones al manuscrito.

El 7 de julio de 1822 fallece Percy a los 29 años de edad, ahogado mientras navegaba en Italia, país en el que vivía desde 1818 el matrimonio Shelley en compañía de su único hijo vivo (perdieron otros tres). Por este motivo Mary decide regresar a Inglaterra, y al año siguiente se realiza la segunda edición de su obra, con una tirada similar a la de la primera, con la diferencia de que en esta ocasión la autora sí se identifica como el autor, hecho que origina una gran polémica, pues muchos críticos literarios seguían convencidos de la autoría de Percy, y acusaron a Mary de apropiarse de la obra.

Esta nueva edición tiene una aceptación muy diferente entre el público, y en poco tiempo hay 10 adaptaciones teatrales diferentes, algunas de las cuales comienzan a alejarse del cultivado personaje de la criatura original (que en el libro lee a Goethe, Milton y Plutarco), para ir dando forma al estúpido monstruo que conocemos en la actualidad.

Frankenstein 4En 1831 se lanza una tercera edición de 4.020 ejemplares, una cifra importante para la época. La escritora introduce múltiples cambios y contesta en la introducción a los escépticos que siguen pensando que el libro lo escribió Percy: “Ciertamente, no le debo a mi marido la sugerencia de ningún episodio, ni siquiera de una guía en las emociones, y sin embargo, si no hubiera sido por su estímulo, esta historia nunca habría adquirido la forma con la cual se presentó al mundo”. Firma su introducción como M. W. S., olvidándose del apellido paterno, aunque de todas formas la historia de la literatura olvidará también el apellido materno, reduciéndolo a una W. La desaparición del apellido del padre se debe a que William Godwin –defensor toda su vida de la idea del amor libre- había repudiado a Mary por su escandalosa relación con Percy, el “poeta ingrato”.

La versión correspondiente a esta tercera edición es la que se popularizó, y la que se encuentra en las librerías en la actualidad.

Poco podía imaginar Mary que con sólo 18 años había dado a luz al que se convertiría en uno de los grandes mitos de la literatura universal, y que sería precisamente ella –fruto del matrimonio de dos grandes escritores y esposa de un gran poeta- la que pasaría a la historia con mayor gloria.

En 2013 salió a subasta por 477.422 euros un ejemplar de la primera edición de “Frankenstein o el moderno Prometeo” dedicado a Lord Byron “por el autor”. La letra fue autentificada como la de Mary W. Shelley, lo que puso fin a las pocas dudas que quedaban sobre la autoría real de la obra.

Ya os aviso que no fui yo el que lo compró.

Como suele ocurrir habitualmente, la adaptación del personaje al cine popularizó el personaje hasta convertirlo en el icono de la cultura popular que es hoy en día, pero a costa de modificar completamente su esencia. De hecho, mucha gente huye de la lectura del libro original, pensando que conocen la historia, asociándola a la imagen cinematográfica. Grave error, pues se pierden una obra maestra de la literatura universal.

El complejo personaje del libro es un ser culto y sensible, que lee a Milton, Goethe y Plutarco, que duda, que sufre, y con una gran agilidad física. Es en principio un ser bondadoso que trata de encontrar un sentido a su existencia, que únicamente busca la aceptación del padre y de la gente, y que acaba cometiendo actos horrendos al sentirse rechazado por todos por el mero hecho de ser diferente.

Si tan solo un ser humano me hubiera mostrado afecto, yo se lo hubiera devuelto centuplicado

frankenstein-1931-pelicula-filmEl cine convirtió de la noche a la mañana a esta compleja criatura en la personificacíon de la simpleza; en un estúpido y torpe monstruo que acaba perseguido por los aldeanos con antorchas.

A pesar de que ha habido versiones modernas del personaje que han intentado dar una imagen más fiel de la criatura literaria, fue inútil, pues ya nada podía borrar del imaginario popular la imagen del Frankenstein popularizado por Boris Karloff, con sus torpes andares, los brazos extendidos hacia delante, y sus tornillos en la cabeza.

Y llegamos a la novela popular española. El objeto de esta reseña es dar un repaso a las apariciones de esta encantadora criatura en las diferentes colecciones de quiosco, pero sobre todo comprobar si la versión de los distintos escritores se aproxima más al complejo personaje del libro, o a la más simple figura del monstruo cinematográfico.

Es fácil entender que, a diferencia de lo que ocurría con la momia,  el personaje se limita a apariciones enmarcadas dentro del género del terror, pues resulta difícil justificar la presencia de una criatura como Frankenstein en géneros como el policiaco o la ciencia ficción.

Curtis Garland-El-discípulo-de-FrankensteinTítulo: El discípulo de Frankenstein

Autor: Curtis Garland

Colección Selección Terror nº 10. Editorial Bruguera.

Portada: Alberto Pujolar

1ª edición: Mayo 1973

Leyendo esta novela -primera aproximación de Juan Gallardo Muñoz a la figura de Frankenstein- tengo la impresión de que el autor sentía una especial predilección por este mito del terror, y que debía llevar tiempo fraguando en su cabeza esta obra, que desde mi punto de vista representa una más que digna continuación a la novela original de Mary W. Shelley.

Todo comienza en 1851, con el desembarco en París de Morris Levin, un misterioso médico que se presenta en la aduana cubierto de vendas fruto de las heridas provocadas por un incendio en Nueva York.

Tras este preámbulo, la acción se traslada a una morgue de París, donde en una terrorífica escena, resulta asesinado el anciano conserje encargado de su vigilancia, tras sorprender a un extraño robando el cadáver de una joven suicida cuyo cuerpo ha sido recientemente rescatado del Sena.

El asesino, ayudado por un tal Laszlo, huye de la morgue llevándose el cadáver de la joven en un carromato, hasta que se detienen ante la residencia de un tal Martin Grindwall, profesor en Ciencias Biológicas. No sospechan que alguien les está observando oculto tras unos setos.

Este horrendo crimen hace que entre en acción el comisario Marcel Dorlacq, el policía de la Sureté de París encargado del caso, que contará con la inestimable ayuda de Stuart Fisher, un periodista americano, corresponsal del New York Times, íntimo amigo de su hija Yvette.

Las sospechas de la policía apuntan a que el asesinato podría estar relacionado con la realización de experimentos científicos de naturaleza ilícita, y por ese motivo, Dorlacq, en compañía de Fisher, empieza a interrogar a todos los médicos cercanos a la morgue, entre los que se encuentra el enigmático Martin Grindwald, que los recibe acompañado de su reciente esposa, Ilonka Wattenburg. Interrogado sobre si conoce a alguien de su entorno científico interesado en investigaciones con cuerpos humanos, Martin les da el nombre de un colega de profesión, el Dr. Van Krogg, un célebre cirujano del Hospital General del que pronto se descubrirá una desagradable sorpresa.

Por otro lado, Martin Grindwall recibe la inesperada visita de Morris Levin, que acude a él para suplicarle ayuda, invocando el nombre de un amigo en común: Victor Frankenstein.

Creo conveniente no desvelar nada más del libro, pues a partir de este punto, las sorpresas y homenajes son constantes, y creo que vale la pena disfrutarlas. Únicamente advierto que los giros argumentales de esta novela son de los más inesperados que he tenido ocasión de leer.

La novela menciona en diversas ocasiones el libro de Mary W. Shelley:

Fue un gran científico —comentó Stuart—. Anoche leí su verdadera historia, la que inspiró a Mary W. Shelley a escribir lo que muchos pensaron que era una ficción novelesca. Frankenstein era un ser real. Existió. Y fue un genio… o pudo haberlo sido…

París se convierte en este relato en el perfecto sustituto de Londres, ciudad en la que habitualmente se mueven las novelas de terror de Curtis Garland, convirtiéndose en un protagonista más de la historia, en uno de esos libros que hacen de Curtis Garland uno de los más grandes autores de la novela popular española.

Respecto de la visión del autor del monstruo en esta novela, tan sólo se le menciona de pasada, lo que no significa que no aparezcan más monstruosas criaturas, creados con siniestras intenciones, aparte de algún otro sorprendente mito clásico del terror. Como es de esperar en este tipo de literatura, se huye de todo tipo de profundidad, y se buscan los aspectos más tétricos.

Silver Kane-La-hija-de-FrankensteinTítulo: La hija de Frankenstein

Autor: Silver Kane

Colección Selección Terror nº 25. Editorial Bruguera.

Portada: Desilo

1ª edición: Agosto 1973

En “La hija de Frankenstein” nos encontramos con el reconocido Silver Kane mostrando su primera versión sobre el mito de Frankenstein. En este caso el autor, con su particular estilo cargado de humor, traslada la situación planteada por la novela de Mary W. Shelley al siglo XX, en una época carente de los prejuicios contra la ciencia que dominaban el siglo XIX.

Tuc Mallory es un agente del Servicio de Inteligencia –un asesino profesional- que ha estado sufriendo alucinaciones provocadas por el consumo masivo de centraminas durante su última misión en China, lo que le hace complicado a veces distinguir lo que es real y lo que no.

Visitando un día una siniestra exposición sobre la pena de muerte en la tétrica Clayton House, conoce a una psicóloga llamada Irene Manfred, cuyos ojos le fascinan, pues está convencido de que los visto antes, lo que sería imposible, pues los originales pertenecían a Nancy, la mujer a la que amó, fallecida dos años atrás atropellada por alguien que se dio a la fuga.

Obsesionado con sus ojos, Tuc consigue una cita con la Dra. Manfred, pero cuando acude al día siguiente a su domicilio, una mujer llamada Sandra, que dice ser la hermana de Irene, le informa que ésta ha tenido que abandonar Londres. Mientras Sandra le dice esto, Tuc no puede dejar de observar que tiene en el cuello la misma cicatriz que su fallecida novia Nancy.

A partir de este momento, comienzan los asesinatos y el horror, en una rocambolesca historia repleta de trasplantes de órganos, muertos que vuelven a la vida, amores dementes, y extraños escenarios como el cabaret de las chicas serias o la surrealista casa-museo Clayton House.

La historia, ambientada en el Londres de 1970, contiene el habitual humor tan característico del autor, y un buen número de homenajes, notas a pie de página y alusiones a mitos del terror, no sólo Frankenstein, como por ejemplo ésta a Jack El Destripador:

Hace más de setenta años aquél fue el distrito de Jack el Destripador y, según se dice, flotaban en él numerosas damiselas más o menos alegres. Ahora las damiselas están más bien mustias y tristes y sólo se preocupan de saber si van a incluirlas en los seguros sociales.

En esta novela hay un nuevo monstruo de Frankenstein, en este caso un sanguinario asesino resucitado gracias a la ciencia, que conserva –más o menos- sus facultades físicas e intelectuales anteriores, y que está obsesionado por conseguir una novia a toda costa.

Como ocurre en muchas de las novelas de terror de Silver Kane, a lo largo de la historia se suceden escenas surrealistas sin aparente sentido, pero que encuentran una disparatada explicación en el final de la narración. Divertidísimo.

Ha habido un detalle de esta novela que me ha impactado especialmente. Uno de los personajes del libro, amigo del protagonista, es un detective llamado Michael que es gay (afeminado, según la terminología de la época), algo muy inusual en la novela popular. Pues bien, por una serie de avatares que tendrá que descubrir el lector, recibe un tratamiento médico con un extraño efecto secundario, pues de repente le empiezan a atraer las mujeres. Sí, sí, habéis leído bien.

—Debe ser el tratamiento que me han dado, chico. No sé qué me pasa… Pero ahora me doy cuenta de que las mujeres son preciosas y de que están en el mundo para algo.

Tuc musitó:

—Pues eres el que más ha salido ganando, cuerno… ¡Ya era hora de que comprendieses! ¡Ya era hora de que quitases de tu despacho todos aquellos tipos haciendo gimnasia y lo llenaras de chicas en bikini!

—Así lo haré —prometió Michael—. Así lo haré en seguida, muchacho. Todos aquellos tíos sacando músculo… ¡Uf! ¡Qué pesadez!

Y salió con él.

Pero, de pronto, se acordó de algo.

Gimió:

—Muchacho, ¡será un desastre!

—¿Por qué?

—¿Y lo preguntas? Voy a perder todos mis clientes. ¡Los perderé todos! ¡Toditos! ¡Todooooos!

Para que luego digan que la novela popular no es sorprendente…

 Curtis Garland-Lady-FrankensteinTítulo: Lady Frankenstein

Autor: Curtis Garland

Colección Selección Terror nº 98. Editorial Bruguera.

Portada: Alberto Pujolar

1ª edición: 1975

En uno de esos maravillosos prólogos a los que nos tiene acostumbrados el autor se deja claro que el título de la novela puede llevar a equívocos, pues “Lady Frankenstein” tan sólo se inspira de forma lejana en uno de los personajes de la novela original. Curiosamente el mismo prólogo demuestra un gran conocimiento por parte del autor de la novela original de Mary W. Shelley, y el distinto tratamiento que ha dado el cine a la figura de su criatura.

La novela, ambientada en Londres en 1890, comienza con la ejecución de Lady Jane Charity Brown, una bella mujer de 23 años, condenada por el asesinato de cinco personas, cuyo carácter queda perfectamente reflejado en unas pocas líneas:

Soy una asesina, y lo admito. Me siento orgullosa de serlo. Creo que el Mal es mi única ciencia, y la estudié a fondo. Estoy harta de las personas honradas, honestas, buenas y afables. Estoy harta de ver piedad, compasión o ternura en los demás. Son unos hipócritas. No sienten nada de eso, pero queda bien fingirlo, y les hace sentirse mejores, aunque todos y cada uno de ellos haría lo mismo que hice yo… si no fuera porque tienen miedo. Miedo a la Justicia, miedo a los jueces, miedo a morir. E incluso miedo a Dios, reverendo.

Tras ser ahorcada, abandonada por su prometido Lord Lawrence Conway y sin familiares que se hagan cargo del cadáver, su destino es una fosa común, pero en el último momento un hombre reclama su cuerpo para darle sepultura; un médico suizo llamado Viktor Frankenstein, que tiene la intención de trasladarla a Europa.

En el trayecto en ferrocarril hacia Europa, dos ladrones de cadáveres llamados Burke y Hoggart (un claro homenaje a los célebres Burke y Hare, los asesinos de West Port) se disponen a saquear el féretro de Lady Jane, pues ha llegado a sus oídos que en su último deseo fue enterrada con todas sus joyas.

Un siniestro médico llamado Douglas Kennington, el asesinato del verdugo que acabó con la vida de Lady Jane, un cadáver que vuelve a la vida y desaparece, y los ocultos planes del doctor Frankenstein se entremezclan en esta enigmática trama, narrada con el habitual estilo del gran Curtis Garland.

La novela, que no se encuentra entre lo mejor de la producción del autor, desarrolla una trama demasiado improvisada y rocambolesca, y tan sólo se salva por el buen hacer del escritor, y por un buen número de detalles que sin duda harán disfrutar al lector lo suficientemente curtido para apreciarlos.

Silver Kane-Dulce-y-amada-FrankensteinTítulo: Dulce y amada Frankenstein

Autor: Silver Kane

Colección Selección Terror nº 135. Editorial Bruguera.

Portada: Miguel García

1ª edición: 1975

La novela comienza cuando un turista británico llamado Cox coincide con una bella mujer en el hotel de Suceava, un remoto pueblo de Rumanía (existe en la realidad), donde ha pasado la noche de camino a su próximo destino. Nada raro si no fuera porque la joven se llama Úrsula Frankenstein.

A consecuencia de una avería en su vehículo, Cox continúa su viaje en el coche  de Úrsula, una mujer que arrastra consigo un oscuro secreto, pues está convencida de ser descendiente directa de un familiar del Victor Frankenstein de la novela de Mary W. Shelley, un personaje supuestamente ficticio, pero que ella asegura que existió en realidad.

Según su teoría, sacada de un antiguo libro de su familia, el monstruo de Frankenstein había estado locamente enamorado de su bisabuela -una mujer que también se llamaba Úrsula- hasta el final de sus días, cuando éste fue destruido, quemado por los aldeanos según algunas versiones, y enterrado en un profundo pozo helado según otras.

Años más tarde, su bisabuela recogió de un camino con su carromato a un apuesto joven, se enamoró de él y pasaron la noche en una cabaña en el pueblo de Tamarov, una población que ya no existe (en este caso Tamarov es ficticia). A la mañana siguiente el joven apareció despedazado, y su aterrorizada bisabuela aseguró a todo el mundo que había sido el monstruo, que había regresado nuevamente de entre los muertos.

Tomada por una loca, permaneció años ingresada en un manicomio, hasta que un Frankenstein (no se especifica quién) acabó casándose con ella, ignorando la maldición que pesaba sobre la amada del monstruo.  Más de un siglo después Úrsula, bisnieta de la primera Frankenstein, está convencida de que la historia es real, y teme que el monstruo pueda regresar si alguna vez se enamora de un hombre. Justo cuando acaba de contar la historia a Cox mientra conduce, ven un viejo cartel que señala la distancia a Tamarov, y se cruzan con un grupo de tanques, parte de unas maniobras del pacto de Varsovia que vienen de esa dirección.

Úrsula y Cox están repitiendo, por caprichos del destino, los mismos pasos que siguieron la Úrsula original y su enamorado, pero como hay cosas que tiran más que dos carretas, Cox ignora todos estos signos, y sigue convencido de que pasar la noche con Úrsula es una gran idea. Pronto descubrirá su error.

Tras estos sucesos, la historia da un giro de 180 º y se tralada a Washington, donde se nos presenta al profesor de historia Bunsen; a su nueva vecina, la bella Greta, cuyo trabajo es por decirlo de alguna manera, sorprendente; al teniente Slim, y a un detective de la policía llamado Tucker, especializado en crímenes demoniacos.

El resto, deberá descubrirlo el lector.

Curiosa novela de Silver Kane con la criatura de Frankenstein de fondo, y ambientada parcialmente en Rumanía, tierra de vampiros por excelencia. El lector puede pensar que es una licencia literaria absurda situar la historia de Frankenstein en Rumanía, pero me temo que deberá leer la novela antes de dictar sentencia. Es de destacar que la historia transcurre en un país bajo el dominio de la Unión Soviética, con un gran protagonismo por parte de varios militares comunistas, que lejos de lo que podría esperarse por los años en que fue escrita, no salen mal parados.

Referencias a la familia Manson y el asesinato de Sharon Tate, a los crímenes de la calle Morgue de Edgard Allan Poe, y por supuesto a la novela de Mary W. Shelley acompañan a este entretenido relato de Silver Kane, que, como es habitual en el autor, presenta a lo largo de la historia situaciones muy intrigantes, aderezadas con su característico toque de humor,  que encuentran una explicación final de lo más rocambolesca.

Curtis-Garland-Yo-encontré-a-FrankensteinTítulo: Yo encontré a Frankenstein

Autor: Curtis Garland

Colección Selección Terror nº 277. Editorial Bruguera.

Portada: Desilo

1ª edición: 1978

La novela, ambientada en los años 70´, se inicia con una cita del final de la novela de Mary W. Shelley, con la criatura dirigiéndose hacia su final en un mar cubierto de hielo, tras haber satisfecho sus ansias de venganza.

El protagonista del libro es Steven Garfield, un londinense que regresa a Inglaterra de sus vacaciones en Francia, cuando su vuelo se ve obligado a aterrizar de emergencia en medio del Mar del Norte. A causa del accidente, el avión comienza a hundirse, llevándose consigo a todos los pasajeros, a excepción de nuestro protagonista y la mujer que ocupaba el asiento de al lado, una tal Suzzette, a la que consigue rescatar, y que como no podía ser de otra manera es una despampanante pelirroja. Probablemente si hubiera sido una mujer de mediana edad con sobrepeso, la hubiera dejado dentro del avión.

El caso es que ambos son rescatados por un carguero danés, el Hans Christian Andersen, que por azares de la vida había salvado también unos días atrás al superviviente del naufragio de una embarcación que procedía del puerto nórdico de Kronshtadt, en la Unión Soviética. El nombre del naufrago era Viktor Frankenstein VI, al que suben a bordo en compañía de un bulto que lleva consigo, y Kroshtadt era el lugar en el que se produce la desaparición del monstruo de Frankenstein al final de la novela de Mary W. Shelley.

Todo parece apuntar a que tal vez los hechos que se narraban en este famoso libro no fueran una mera ficción después de todo, pero nuestros protagonistas no tendrán demasiado tiempo para comprobarlo, pues la adversidad provoca que cuando se encuentran cerca de las costas escocesas deban abandonar el barco de forma inmediata, tras haber encallado aparentemente de forma fortuita en medio de una fuerte tempestad.

De este modo, la tripulación del barco, Steven, Suzzette, el Doctor Frankenstein y su extraña caja de 3 metros, alcanzan la costa de la pequeña isla escocesa de Dunsay, en donde apenas hay unas pocas casas de pescadores, un faro y un castillo escocés, habitado por la enigmática baronesa Von Halen.

El autor demuestra nuevamente un profundo conocimiento del mito de Frankenstein, con referencias históricas al modo en que se gestó la obra de Shelley, a las películas de Boris Karloff, y al carácter de la criatura que protagoniza la historia original, muy diferente del que ha mostrado el cine.

Curtis-Garland-Carne-Que-Cruje Título: Carne que cruje

Autor: Curtis Garland

Colección Selección Terror Extra nº 31. Editorial Bruguera.

Portada: Luis Almazán

1ª edición: 1983

Nueva novela de Curtis Garland, ambientada de nuevo en Francia, en esta ocasión en 1920, recién terminada la I Guerra Mundial. No es una novela de Frankenstein, pero la temática está claramente inspirada en él.

Cheryl Dawson es la señorita de compañía de Sybil Rutherford, una autoritaria millonaria británica recluida en su silla de ruedas, a la que acompaña al balneario de Montmaison. Allí conoce a un maduro caballero, el Coronel Zoltan Herzog que, ignorando a un buen número de damas de la alta sociedad que intentan atraer su atención, parece haber fijado su atención en Cheryl, hasta que aparece en el balneario una mujer llamada Irina de Fargour, una exhuberante cortesana, famosa por haber sido amante de hombres de notoria importancia.

Ese mismo día Cheryl también conoce a Archie Barnes, un joven americano que se encuentra en el balneario por negocios, y que cae rendido a los encantos de nuestra protagonista.

El horror comienza cuando a la mañana siguiente aparece en el balneario el cadáver de Irina de Fargour, a la que le han arrancado de forma monstruosa los pechos.

Los principales sospechosos para la policía del horrendo crimen resultan ser el coronel Herzog y Archie Barnes, pues ambos han abandonado esa misma mañana el balneario, y todos los indicios apuntan a que el asesinato tuvo que ser cometido por alguien hospedado en el hotel.

A partir de este momento la novela alterna la narración de la historia de Cheryl con la de un siniestro doctor llamado Luther Vorsted que, con la ayuda de su ayudante, una mujer llamada Gale, está seleccionando partes de las más bellas mujeres del mundo, con la idea de fabricar a la compañera perfecta. Lo que el buen profesor no sospecha es que la elección de una de las mujeres resultará ser un error fatal.

Ya de vuelta en Londres, Cheryl no puede imaginarse que lejos de haber dejado atrás el horror, lo peor está a punto de comenzar.

Repito que sin ser una novela sobre Frankenstein, “Carne que cruje” no deja de ser una nueva vuelta de tuerca sobre el tema de suplantar la autoridad divina mediante el empleo de la ciencia, y de hecho se hace mención expresa a la obra de Mary W. Shelley:

“—¡Frankenstein! —Repitió despectivo el hombre—. ¡Qué tontería! Es sólo una creación literaria, una estupidez. Un hombre de su inteligencia jamás hubiera fallado. La obra hubiera sido perfecta. Ésta lo será. Porque nuestra labor es muy distinta. No trabajamos con carne muerta, sino con carne viva. Carne que palpita, que cruje, por decirlo así. Mira esto, querida Gale, y juzga después si esa pobre criatura literaria imaginada por una neurótica puede compararse a mí…

Como es habitual en Curtis Garland, los guiños al lector son constantes, entre los que destacaría una mención al estreno de “El gabinete del Doctor Caligari”, la película alemana muda de Robert Wiene que se estrenó en 1920, justo el año en el que transcurre la novela; a las parodias policiales del director de cine Mack Sennett y su productora, la Keystone; o también un pasaje en el que se habla de una actriz ficticia llamada Janis Munro, que se codea con grandes actores y actrices de la época, con algún pequeño desliz, pues se menciona a Greta Garbo y a Janet Gaynor, que no consiguieron sus primeros papeles protagonistas hasta unos años después del momento en que transcurre la historia.

El formato de la colección Selección Terror Extra, con el doble de páginas de los bolsilibros convencionales, resulta perfecto para el autor, pues esta extensión adicional permite un desarrollo de la trama más elaborado, una mejor definición de los personajes, y, sobre todo, un final menos precipitado de lo habitual, digno de la mejor serie Z cinematográfica, y con elementos en común con la anterior novela del mismo autor comentada en esta misma reseña, que prefiero no desvelar para no estropear la sorpresa al lector.

En resumen, seis versiones de Frankenstein, a cargo de Curtis Garland y Silver Kane, mucho más respetuosas con la obra original –especialmente las de Curtis Garland- de lo que podría esperarse en un principio de este tipo de literatura de evasión.

Adam-Surray-El-siniestro-doctor-SternbergAl margen de las novelas reseñadas, hay un buen número de títulos que en algún momento hacen mención o se inspiran indirectamente en algunos elementos del universo Frankenstein, pero sin que puedan considerarse novelas sobre su criatura. Por poner sólo un ejemplo, “El siniestro doctor Sternberg” (1984), de mi querido Adam Surray, nos presenta a uno de esos profesores locos, mezcla de los doctores Frankenstein y Moreu, que trabaja en un laboratorio similar al de “La novia de Frankenstein”, hecho que se menciona de forma expresa en la novela, y que se refleja fielmente en la portada.

Quisiera de todas formas aprovechar esta reseña para recomendar a todas aquellas personas que desprecian el libro de Frankenstein sin haberlo leído, contaminados por la imagen facilitada por el cine, que aparquen sus prejuicios y lean la obra original de Mary W. Shelley, una mujer adelantada a su época que supo alumbrar una obra maestra de la literatura universal, y que nos enseñó que todo el mundo lleva un monstruo en su interior.

 

LA SABIDURÍA DE LA NOVELA POPULAR

manuales cisne comportarse en sociedadAunque es obvio que el principal objetivo de la literatura popular era el puro entretenimiento, no debemos perder de vista que además existía un importante componente educativo, no sólo desde el punto de vista cultural, sino también moral, bajo la batuta del escritor y el editor, y con la siempre presente vigilancia de la censura. El bien siempre debía prevalecer sobre el mal, y la conducta de los personajes de los libros tenía que guiar al joven lector en el camino correcto a seguir para convertirse en una persona de provecho. Podemos decir que la novela popular buscaba por tanto convertirse en un referente moral para la juventud, primando los hombres fuertes, honrados, patrióticos, y temerosos de Dios; y las mujeres…. bueno, las mujeres debían ser castas y puras, y únicamente podían alcanzar la felicidad tras el matrimonio con un buen hombre. Algún autor ha comentado incluso en alguna ocasión que había instrucciones específicas en este sentido, como por ejemplo que las mujeres no podían fumar, y si lo hacían eran malvadas y debían morir o acabar en la cárcel.

manuales cisne calvicieFrancisco González Ledesma (Silver Kane), describió acertadamente los criterios narrativos de los bolsilibros: “extensión limitada, enganchar desde la primera página, mucho diálogo, mucha acción, párrafos cortos, defensa de los valores morales vigentes y de la mujer correspondiente, defensa de la virtud, siempre ha de ganar el bueno, y tener final feliz”.  (Dato obtenidos del artículo de Manuel Blanco Chivite en el volumen I del recopilatorio Bang Bang, estás muerto).

Temas como la homosexualidad o las drogas no tenían cabida, salvo para dejar claro al lector que constituían una degeneración del comportamiento humano.

manuales cisne baileTambién desde el punto de vista político existían directrices claras. Aparte de no poder hacerse referencia alguna a la guerra civil o al Régimen dictatorial vigente, debía dejarse bien claro el peligro del comunismo y de todo lo que procediera de Asia, en una época en la que la Guerra Fría dividió al Mundo en dos bloques confrontados ideológicamente, y en la que el Régimen de Franco vio la oportunidad de buscar un acercamiento con los países occidentales, especialmente Estados Unidos. Los personajes comunistas o asiáticos que aparecían en las novelas, eran –salvo raras excepciones- verdaderos estereotipos sin apenas rasgos de humanidad, auténticos monstruos sin compasión alguna cuyo comportamiento rozaba en ocasiones el ridículo.

Como regla general un personaje era bueno o malo, sin término medio; y las cosas eran blancas o negras, sin tonos de grises que pudieran confundir al lector.

Manuales cisne 75 como cuidar varicesEse referente moral, extensible también al cómic (tebeos) de la época, se ha perdido en la actualidad, con personajes mucho más complejos en los que es difícil para el lector decidir si nos encontramos con un héroe o con un psicópata. El lector de los años 50/60 no tenía ese problema, y sin lugar a dudas hubiera considerado a personajes de cómic icónicos de la actualidad como Lobezno o El Castigador (The Punisher, para todos aquellos que aún no tenéis canas)  como simples locos homicidas.

Paradójicamente, la misma novela popular que buscaba convertirse en un referente era considerada en otros ámbitos como una mala influencia para la juventud, por considerarla perniciosa para su formación moral. Mucho se ha hablado del desprecio generalizado que el mundo de la cultura sentía por la novela popular, considerada como infraliteratura perjudicial para la formación de las mentes juveniles, y son múltiples los testimonios en este sentido por parte de autores que se autodenominaban como “serios”, y que definían a los escritores de novela popular como meros “escribidores”, mercenarios de la pluma. No es tampoco difícil encontrar testimonios de algunos de esos mismos escritores de novela popular que parecían avergonzarse de su trabajo, probablemente influenciados por el sentir general del resto de profesionales de su gremio.

Las plagas de la humanidad 9

La colección de cromos “Las plagas de la Humanidad”

Como muestra del concepto existente en la época sobre la literatura popular, me gustaría mostrar lo que de ella decía uno de los 24 cromos de la colección  “Las Plagas de la Humanidad”, publicada por Chocolates Amatller en los años 30, toda una referencia moral del momento. Leamos con atención lo que se dice de una de estas grandes plagas: “Las dos literaturas”.

Una pugna terrible; no otra cosa es el espectáculo que ofrece hoy el mundo literario. De una parte, el espíritu del mal lanza a borbotones la hiel y el veneno sobre las jóvenes generaciones y sobre la más tierna adolescencia: olas de libros, folletines, de novelas cortas y largas; y en sus páginas las descripciones más detalladas, las narraciones más completas del crimen, de amores enfermizos, del robo organizado y casi elevado a la categoría de ciencia o de arte, de aventuras en que la inmoralidad y las lecciones perniciosas obran sobre el sentimiento y la inteligencia como un taladro o como un corrosivo. De otra parte, hombres abnegados, entidades inspiradas en fines nobles y generosos, lanzan contra las olas de la literatura malsana, nefasta, nubes de papel impreso que cae como rocío fecundo, como lluvia bienhechora, sobre los cerebros enloquecidos y las almas conturbadas por el espíritu maligno.

De la lectura de tan sabias palabras no se desprende debate alguno: hay algo que es poco menos que basura (la literatura popular), y lo contrario (la literatura seria), lluvia bienhechora que cae sobre los cerebros enloquecidos por la literatura popular.

manuales cisne curas urgenciaY maldita sea si no es cierto, y como prueba me gustaría poner como ejemplo algo tan aparentemente inofensivo como la colección de Manuales Cisne.

Y vosotros os preguntaréis, ¿pero cómo puede ser perjudicial un manual?. Leed, leed, insensatos.

La colección de manuales cisne fue una colección de quiosco publicada entre finales de los 40 y principio de los 60, que presumiblemente podía convertir a los españoles en auténticos expertos en prácticamente cualquier materia, y de este modo bailar, hablar en público, cocinar o el cuidado de los periquitos dejarían de ser un misterio gracias a estos en apariencia inofensivos manuales que realmente no hacían otra cosa que confundir las frágiles e inocentes mentes de sus lectores.

Por ejemplo, en uno de los números de la colección, “El tabaco, su cultivo y su historia”, uno acaba convencido de que debe empezar a fumar cuanto antes esta magnífica planta, si es que uno aspira a convertirse en alguien interesante, para acabar aterrorizado tan sólo unos meses después cuando se encuentra leyendo mientras se fuma un buen habano “Enfermedades producidas por el tabaco”.

El mismo caso se produce con el manual “Combinados, como prepararlos”. Tras unos meses aplicando los conocimientos alegremente adquiridos, poniéndonos tibios a base de Bloody Marys, Tom Collins, Gimlets, Julepes, y otros combinados de estrafalarios nombres, basta comenzar la lectura de “Bebidas sin alcohol”, para llegar a la conclusión –demasiado tarde- de que si no le echamos un chorrito de ginebra a las mismas, no nos saben a nada. Reconozcámoslo: Manuales Cisne nos ha convertido en alcohólicos.

Pero lo peor de todo lo encontramos tras la lectura de “¿Está usted satisfecha con su vida de soltera?” y “¿Piensa usted casarse?”. Cuando uno se esfuerza por encontrar a su media naranja tras la lectura de estos instructivos manuales, y lleva ya unos meses casado, va la editorial y publica “¿Por qué se casó usted?” en un alarde supremo de incoherencia, provocando que el confuso marido o esposa comience a dudar sobre si tomó la decisión acertada (no es mi caso, por supuesto, no vaya  a ser que lea esto mi suegra), y se plantea seriamente quemar la colección de Manuales Cisne en el horno recién adquirido tras la lectura de “Manual del repostero”, que ha provocado que la cocina se encuentre llena de aparatos inútiles.

En suma, un caos de colección capaz de volver loco al más centrado de los lectores de la época, que no sabían a que atenerse. Hoy en día se habla mucho del bombardeo de información procedente de la televisión y de internet, pero eso no es nada comparándolo con la colección de Manuales Cisne.

manuales cisne baileMenos mal que de vez en cuando se anunciaban títulos verdaderamente ¿educativos?, aunque es posible que hoy en día no se vea de la misma forma. Veamos por ejemplo la publicidad del manual de próxima aparición “Mariquita cocinera”, título prometedor para el moderno lector, de mente calenturienta, que pronto descubre que efectivamente se trata de un simple manual de cocina.

Por muy prosaico que pueda parecer, es ciertísimo que al corazón del hombre se llega por la cocina.

         Una mujer que sepa guisar, conquistará más fácilmente al hombre que desea, si sabe demostrarle prácticamente que la cocina no encierra secretos para ella.

         No olvides, mujer, que el hombre dice muchísimas veces, refiriéndose a ciertas muchachas, y para justificar que no se decide por ellas: ESA NO SABE HACER NI UN HUEVO FRITO.

         El guisar  bien es esencial en la vida, ya que embellece un acto forzado e inevitable. Tenemos que comer para vivir. Comamos bien. Y para comer bien hay que guisar bien, lo cual se consigue fácilmente con el MANUAL CISNE MARIQUITA COCINERA.

Obviamente, leyendo este anacrónico manual, uno se da cuenta del daño que sin lugar a dudas ha provocado la literatura popular, y más en concreto la colección de manuales Cisne.

No todo iba a ser negativo en esta colección pues hay auténticas maravillas que pueden usarse incluso hoy en día, como el prodigioso “500 piropos. Piropitos, Piropazos. Desatinos. Agudezas”, con el que es imposible no triunfar con frases como “¿De qué agua bebe usted que está tan lozana?”, “Jovencita, ¿Se puede fumar a su lado sin peligro de explosión?”, “Esas mallas le sientan como un guante”, o “¡Levante el pie por favor, que estoy apisonado por uno de sus encantos!”. Yo las he probado con mi esposa, y desde entonces me mira raro.

manuales cisne estreñimientoTampoco debemos olvidar el manual “Cartas de amor, de odio, sentimiento y de ternura”, que igual sirve para declararse a la mujer amada como para presentar una queja a la companía telefónica; o el imprescindible “Estreñimiento y los gases del intestino”, libro que evitaría más de un disgusto en las comidas familiares y cenas de empresa, pobladas de flatulentos comensales.

Podría seguir indefinidamente, pues los conocimientos que pone a nuestro alcance la inigualable colección de Manuales Cisne no tienen parangón.

 

Las plagas de la humanidad 15Quiero dar desde aquí las gracias a Pepe Cueto, un gran aficionado a la literatura popular, y editor de Matraca Ediciones -que en breve comenzará a publicar las obras completas de Joseph Berna-, que generosamente me facilitó los textos e imágenes de la preciosa colección de cromos “Las Plagas de la Humanidad”, publicada por Chocolates Amatller en los años 30, una auténtica fuente de sabiduría popular que merecería un artículo en exclusiva, y que ha sido el germen de esta reseña, educativa para algunos, absurda para la mayoría, pero que espero que al menos despierte una sonrisa.

De todas formas lo único que puede sacarse en claro de esta reseña es que es probable que los hábitos y costumbres que actualmente se consideran normales, en el futuro se verán como auténticas aberraciones.  O no. El tiempo lo dirá.