LA NOVELA POPULAR Y EL ESPIRITISMO

Probablemente cualquiera que lea este artículo haya soñado en algún momento de su vida con la idea de comunicarse con los espíritus, bien como resultado de una morbosa curiosidad, o incluso como una necesidad de contactar con algún ser querido que ya no está entre nosotros.

El caso es que el espiritismo, que nació como una corriente pseudo-científica, desde el punto de vista literario ha acabado siendo un recurso más dentro del género del terror. Si alguien contacta con el Más Allá, siempre hay un precio a pagar. Hay consecuencias, y casi nunca son agradables.

Allan Kardec

El espiritismo ​ es una doctrina originada en Francia a mediados del siglo XIX, cuyo máximo exponente fue Allan Kardec (1804-1869). Esta doctrina establece como principios fundamentales la inmortalidad del alma, lo que da pie a la existencia de los espíritus, que pueden relacionarse con los hombres con la ayuda de diversos médiums. De estos espíritus se podrían obtener grandes enseñanzas sobre diversos aspectos actuales, e incluso sobre el futuro.

Kardec definió al espiritismo como la ciencia que estudia la naturaleza, origen y destino de los espíritus, además de su relación con el mundo corporal y como filosofía, ya que estudia las consecuencias morales que resultan de esas relaciones.

El espiritismo se puso de moda en la era victoriana, convirtiéndose en un pasatiempo para las clases altas británicas y, entre sus ilustres practicantes, podemos encontrar -por citar a algunos- a Arthur Conan Doyle, Charles Dickens, Leon Tolstoi, y al mismísimo Victor Hugo, que pasó una larga temporada en Gran Bretaña cuando decidió exiliarse a la isla de Jersey después de haber publicado un panfleto contra Napoleón III.

Precisamente de Victor Hugo se publicó en Francia en 1964 “Lo que dicen las mesas parlantes”, un libro que no es más que la supuesta transcripción realizada por el propio autor de las comunicaciones que a lo largo de diversas sesiones tuvo con los espíritus de Shakespeare, Platón, Galileo, Jesucristo, Napoleón, Aristóteles o incluso con entes como el Drama o la Muerte. En 2014 por fin se publicó en castellano.

Afectado por la muerte de su hija Leopoldine, Victor Hugo decidió probar a pesar de su escepticismo inicial el tema del espiritismo gracias a la mediación de la poetisa Delphine de Girardin, ilusionado con la idea de poder comunicarse con su hija. Poco a poco Victor Hugo fue obsesionándose con el tema, disminuyendo el tiempo entre sesión y sesión hasta hacerlas casi diariamente, hasta el punto de que llegó a creer que los espíritus le dictaban algunas de sus obras. El propio autor duda en alguno de sus poemas de su capacidad como escritor, preguntándose si es un poeta o un mero profeta, en una interesante reflexión que nos recuerda a la intervención de las musas de la cultura griega.

La famosa fotografía del fantasma de Lincoln con su viuda

Hoy en día hay todo tipo de teorías sobre si Victor Hugo creía realmente o no en los espíritus, y hay quien dice que padecía parafrenia fantástica, un trastorno mental que se manifiesta por lo general antes de los 30 años, con síntomas como la inquietud o la ansiedad y que progresivamente va avanzando hacia las ideas extravagantes y las alucinaciones, no solamente acerca de la relación del sujeto con su entorno sino también sobre todo tipo de elementos, como los conflictos políticos y, sobre todo, las fuerzas del más allá.

El cao de Leon Tolstoi no merece demasiada atención, pues, aunque recoge episodios de sesiones espiritistas en algunas de sus obras más conocidas como Anna karerina o Resurección, parece ser que se limitó a narrar algo que estaba de moda entre la clase alta de la época como parte de las tramas, pero al menos que yo sepa, a título personal no era un creyente del espiritismo.

Arthur Conan Doyle con un supuesto ectoplasma

En el polo opuesto, es más que conocida la relación de Arthur Conan Doyle con el espiritismo y con el mundo de lo sobrenatural en general. El autor de Sherlock Holmes afirmaba haber hablado con su hijo fallecido en multitud de sesiones de espiritismo, e incluso tenía supuestas fotos suyas desde el más allá, algo muy común en esa época (un fraude fotográfico, por supuesto), y cuyo ejemplo más conocido tal vez sea una fotografía del espíritu de Abraham Lincoln abrazando a su viuda, y que reproduzco en este artículo. Para el que no conozca a fondo el tema, y por no extenderme demasiado, recomiendo buscar información sobre el suceso de las hadas fotografiadas, un misterio que Doyle defendió a capa y espada, y que acabó demostrándose que tal sólo era un vulgar fraude, para decepción del escritor, que aún así siguió creyendo firmemente en los espíritus.

Conan Doyle y Houdini, de amigos a enemigos

Para mi gusto lo más fascinante que podemos encontrar relativo a Doyle y el espiritismo es todo lo que atañe a su relación con Houdini. El rey de los magos y Doyle eran buenos amigos, y éste último le introdujo en el mundo del espiritismo cuando Houdini mostró su interés por contactar con su madre muerta. En medio de una sesión espiritista organizada por Doyle, Houdini entendió que todo era un fraude cuando la médium le entregó un mensaje escrito por su madre ¡en inglés!, un idioma que ella nunca había hablado. Por mucho que Doyle intentara convencer a su amigo de que su madre podía haber aprendido inglés en el cielo, la realidad es que esa sesión llevó a Houdini a convertirse en una especie de justiciero que se dedicaba a desenmascarar a médiums que se aprovechaban de la buena fé de la gente desesperada que intentaba contactar con un ser querido fallecido. Las opiniones enfrentadas de ambos amigos -uno un firme defensor del mundo de lo oculto, y el otro un detractor que veía que todo era una patraña- hizo que su amistad acabara rompiéndose.

Houdini, mostrando cómo enseñar espíritus falsos

El final del enfrentamiento entre los antiguos amigos no tuvo tampoco desperdicio. En 1925 una médium pronosticó durante una sesión el fallecimiento de Houdini a finales de año. El 31 de octubre de 1926, con un poco de retraso respecto a la predicción, Houdini fallece de forma trágica y prematura. Su esposa Bess cumplió con el plan que había acordado con su marido tiempo atrás: habían creado un código secreto (diez palabras secretas extraidas curiosamente de una carta de Conan Doyle) que guardaron celosamente, con el fin de que el superviviente de la pareja contactara con el otro en una sesión de espiritismo, y el espíritu debía decir las diez palabras. Lo extraño del caso es que Bess contó para llevar a cabo la tarea con Arthur Conan Doyle, que en esos tiempos ya tenía un enfrentamiento público con Houdini.  El final de la historia nunca ha quedado muy claro. Según algunas versiones, el médium, un hombre llamado Arthur Ford, logró descifrar el código y Bess terminó por creer en la existencia del más allá. Otras versiones afirman que Bess destapó que Ford usó una serie de engaños en el supuesto mensaje desde el Más Allá de su marido, y demostró que todo era falso. Por otro lado, Conan Doyle se fue a la tumba muchos años después (el 7 de julio de 1930) totalmente convencido de que el mundo de los espíritus era real.

La medium Stelle Roberts

Para hecernos una idea de la importancia que Conan Doyle tenía sobre el movimiento espiritista, el día de su muerte, una multitud de unos 8 mil espiritistas se reunieron en el Royal Albert Hall de Londres para homenajear al escritor. Entre la multitud, una famosa medium inglesa llamada Stelle Roberts dijo que vio entrar a Conan Doyle a la sala y sentarse junto a ella.

Los meses posteriores, muchos mediums aseguraron haber entrado en contacto con el escritor; sin embargo, tuvieron que pasar cuatro años para que, finalmente se realizara una sesión espiritista multitudinaria con la finalidad de escuchar lo que sir Arthur Conan Doyle tenía que decir desde el más allá.

El 28 de abril de 1934, un medium llamado Noah Zerdin invocó a Arthur Conan Doyle en medio de una multitud en Aeolian Hall de Londres y, con ayuda de un fonógrafo, grabaron la voz del escritor (o al menos eso decían ellos). Para los muy curiosos, se puede encontrar en internet la supuesta grabación de esa sesión.

El caso de Charles Dickens es algo distinto, pues realmente en el escritor confluían el escepticismo y la curiosidad por el mundo de lo sobrenatural; una curiosidad que le llevó a obsesionarse con el tema, algo por cierto muy habitual, y que estoy convencido más de uno de los que lean este artículo habrán experimentado de jóvenes si es que en algún momento tuvieron una época de participar en Ouijas.

Dickens asistió a numerosas sesiones de espiritismo organizadas por El Club de los Fantasmas (una sociedad fundada en Londres en 1862 dirigida a investigar fenómenos paranormales, y de la que formarían parte años después Arthur Conan Doyle, el poeta W.B. Yeats, o Algernon Blackwood entre otros), con la intención de convencerse de que todo era un fraude, pero lo cierto es que en su interior quería creer que ese mundo existía.

El Club de los fantasmas sigue existiendo en la actualidad, por cierto.

Lo paranormal es de hecho un elemento muy importante en la carrera literaria de Dickens. A lo largo de su vida escribió más de dos docenas de historias de fantasmas, muchas de ellas pequeños relatos incluídos dentro de novelas más extensas, como Los papeles póstumos del Club Pickwick (mi obra favorita de Dickens), Nicholas Nickleby, o Casa desolada, aunque probablemente sus historias fantasmales más conocidas sean sin duda Un cuento de Navidad y El guardavía. En el primer capítulo de la novela David Copperfield se dice que el niño nació un viernes a las doce de la noche y que podía ver fantasmas.

Como curiosidad, de todos es conocido que Charles Dickens falleció en 1870, dejando inacabada su obra El misterio de Edwin Drood, una de esas obras malditas sobre las que se han escrito miles de teorías.  Pues bien, en 1872 comienza a circular una historia según la cual el fantasma de Charles Dickens habría contactado con un médium americano llamado Thomas P. James, para dictarle el final de El misterio de Edwin Drood. El propio James afirmaba haber sido un incrédulo del mundo del espiritismo (algo que se demostró que era falso, pues asistía regularmente a sesiones), hasta que un día asistió casualmente a una sesión y cayó en trance, y con un lapicero empezó a escribir una extraña comunicación que le transmitía el propio Dickens, diciendo que desde el mismo día de su muerte había buscado a un médium para dictarle el final de su novela, y que por fin había encontrado uno adecuado. Además, el escritor le habría propuesto que le dedicara horas, y que Dickens se encargaría de ir dictándole el final de la novela. Cumplió el mandato que recibió y según algunas versiones el resultado de fue asombroso, pues aseguran que el estilo con el que finalizó la novela era tan parecido al del propio Dickens que parecía que el final de la obra había sido escrito por el propio autor desde el otro mundo. Yo personalmente me he negado siempre a leer cualquiera de las múltiples versiones que existen sobre el final de la obra incabada de Dickens, así que no puedo opinar al respecto.

Me gustaría aprovechar para recomendar desde aquí la lectura de La Soledad de Charles Dickens, una infravalora novela de Dan Simmons en las que se nos ofrece una interesante versión de los últimos días de Charles Dickens a raíz de un accidente ferroviario que le cambió la vida, y en la que se presenta una fascinante explicación sobre el misterio de Edwin Drood.

¿Y qué pasa con el espiritismo en la literatura española? Hay que tener en cuenta que el espiritismo ha sido considerado durante muchos años un tema tabú en sociedades como la española, fuertemente influenciadas por la religión católica, ya que el mundo de los espíritus choca frontalmente con las premisas de la religión.

Aún así, en consonancia con lo que estaba pasando en el resto de Europa, llega en 1853 a España el fenómeno de las mesas giratorias, con toda la parafernalia habitual de la época, y entre abril y julio de ese mismo año se desata una auténtica epidemia espiritista, que llama la atención incluso de la prensa médica y científica de la época.

La propia reina, Isabel II, acompañada del resto de la familia real, se deja seducir por el fenómeno, y celebra en su residencia de Aranjuez una sesión, contando con la presencia de una familia vecina de la localidad, famosa por sus dotes como mediums.

Por supuesto Su Majestad y el resto de la familia real permanecen ajenos físicamente al experimento, manteniéndose observantes a distancia, haciendo que participen directamente sus criados, oficiales y caballerizos.

Becquer ¿Espiritista?

A nivel literario, podemos encontrar rastros del espiritismo en la mayor parte de las leyendas de Gustavo Adolfo Bécquer (1836-1870), en cuya obra el mundo no visible tiene una constante presencia, y del que hay indicios de que podría haber participado directamente en sesiones espiritistas que estaban comenzando a celebrarse en España. Posteriormente, autores como Valle-Inclán (1866-1936), especialmente en La Lámpara Maravillosa y en Ligazón; o Eduardo Zamacois (1873-1971), que, sobre todo en su fascinante “El Otro” (1910), también deja muestras del mundo del espiritismo en su obra. En esta terrorífica novela, Adelina y su amante Juan Enrique Halderg, asesinan al doctor Riaza, el impotente y sádico marido de Adelina. Al recomponer sus vidas juntos, comienzan a sentir una presencia acechante que a mi me recuerda a la figura del Horla de Guy de Maupassant. La sombra del muerto, del otro, parece interponerse entre su amor, hasta el punto de convertirse en un íncubo que va reconquistando a la viuda y debilitando la virilidad del amante, que poco a poco va enloqueciendo y acaba suicidándose después de haber matado a Adelina. Una fascinante novela que invita a que el lector se plantee diversas cuestiones sobre el más allá.

Versión cinematográfica de “El otro”

Otra autora que se tomó muy en serio el tema fue Carmen de Burgos (1867-1932), más conocida como Colombine, pionera del periodismo y de los derechos de la mujer, publicó en 1922, “El Retorno: novela espiritista”, en la que recoge sus experiencias espiritistas vividas en Portugal, narradas en un tono serio que en ocasiones parece una novela de terror. No es la única obra de Colombine relacionada con el mundo del Más Allá, como ocurre también en “La voz de los muertos” o en “Los endemoniados de Jaca”. Otra de esas autoras totalmente borradas de la historia a raiz de la irrupción del franquismo que merece la pena recuperar.

También me gustaría mencionar la visión de la literatura más bohemia sobre el fenómeno del espiritismo, que en ocasiones no se tomaba demasiado en serio el fenómeno.  Pío Baroja confesó haber asistido a varias sesiones espiritistas, que suelen tener como resultado, según recuerda en sus Memorias, “que alguna criada quede misteriosamente encinta, a resultas de sus supuestos encuentros con los espíritus”.

Por supuesto otro caso similar es el de mi admirado Emilio Carrere, que en novelas como El Sexto sentido o Un crimen inverosímil da muestra de su interés por el tema, pero no parece acabe por tomárselo demasiado en serio; y qué decir de Pedro Muñoz Seca, que en La Plasmatoria (1935) resucita a Don Juan tenorio en una desternillante parodia de una sesión espiritista.

Para terminar esta “breve” introducción, me gustaría mencionar la figura de Amalia Domingo Soler (1835-1909), la gran dama del Espiritismo español, y que fue en su momento la máxima defensora de un movimiento que no se limitaba únicamente al terreno de lo sobrenatural, sino que acabó convirtiéndose en todo un movimiento político. Como prueba, en un congreso espiritista internacional celebrado en Barcelona en 1888 y del que Amalia fue vicepresidenta, se aprobaron una serie de principios del movimiento, y que en esos momentos resultaba absolutamente revolucionario. Por citar tan solo algunos de estos principios, se incluían la Reinvindicación de la igualdad entre géneros y liberación de la mujer; Enseñanza laica; la abolición completa de la esclavitud; la supresión gradual de las fronteras políticas o el desarme de los ejércitos, sin olvidar que se pedía la Interpretación del espiritismo en calidad de religión laica, antiautoritaria, igualitaria y socializadora.

Creo importante destacar el peligro que la Iglesia católica vio en el creciente interés por el espiritismo, en tanto en cuanto podía suponer una grave competencia, y de hecho en España se produjeron constantes enfrentamientos que ahora no viene al caso detallar.

La Carta Encíclica del Santo Oficio del 1856 alertó contra la evocación de las almas de los difuntos, así el 4 de agosto de 1856, vista la difusión del fenómeno del Espiritismo, el Santo Oficio declaró “ilícita, herética y escandalosa, la práctica de evocar las almas de los muertos, y recibir sus respuestas”.

El 1 de febrero de 1882, la Sacra Penitenciaría declaró ilícito incluso tan sólo asistir a las sesiones y a los juegos espiritistas.

El Catecismo de S. Pío X de 1905 recoge que “Todas las prácticas del espiritismo son ilícitas porque son supersticiosas y no están inmunes de la intervención diabólica, y por eso fueron justamente prohibidas por la Iglesia”.

Lógicamente, la guerra civil española y el inicio de la larga dictadura de Franco supusieron un parón en seco del incipiente movimiento espiritista en España.  La Iglesia católica veía en este tipo de movimientos un enemigo claro, y dada la estrecha relación Iglesia-Estado que se estableció durante la dictadura de Franco, el espiritismo desapareció, al menos oficialmente. Todos los libros espiritistas fueron prohibidos, y retirados de las librerías.

El 1 de marzo de 1940, apenas un año después de acabar la guerra civil, apareció la “Ley sobre la Represión de la Masonería y el Comunismo”, que extendía todos sus preceptos a otras organizaciones como la espiritista. Aunque esta Ley no consideraba la pena de muerte, establecía penas de cárcel de hasta treinta años de cárcel, destierro, y la inhabilitación perpetua y absoluta para cargos de dirección de empresas y organismo públicos y privados.

La censura empezó a actuar, de modo que ninguna nueva publicación pudiera incluir entre otras cosas, ningún aspecto que supusiera una defensa del espiritismo.

Con este marco jurídico y social, ya podéis imaginar el margen que tenía la novela popular de posguerra para incluir cualquier referencia al espiritismo, que solo podría aparecer para ser ridiculizado y siempre asociado como un elemento oscuro o terrorífico. Precisamente, uno de los logros de la Iglesia católica a lo largo de este gris periodo de la historia de España fue lograr que la gente viera el espiritismo -que recordemos que nació curiosamente como una corriente científica y como un movimiento casi filosófico- como un fraude que podía poner en peligro nuestras almas.

Como suele ser habitual en este tipo de artículo que se centran en un tema concreto, no pretendo bajo ningún concepto el realizar una relación exhaustiva de novelas en las que aparezca el espiritismo. La novela popular es sencillamente inabarcable, y por ello únicamente quiero dar unas pequeñas pinceladas de cómo se trataba el tema.

Aunque siempre ha sido habitual en la novela popular la presencia de fantasmas, la censura no permitía la aparición de elementos espiritistas, entendiendo como tal la convocación voluntaria de los espíritus para hacerles preguntas. Tan sólo a partir de los años 70, con la dictadura dando sus últimos coletazos y la censura ya muy suavizada, es cuando podemos encontrar referencias claras al espiritismo en la novela popular de quiosco, y como es lógico, de forma casi exclusiva en el género de terror, pues en este momento la imagen del espiritismo ya era la de algo clandestino y terrorífico.

En mi búsqueda sobre novelas populares que traten el espiritismo, he localizado bastantes referencias, de las que sólo mencionaré unas cuantas, intentando recoger el mayor número posible de autores, entre los que encontraremos a Curtis Garland, Silver Kane, y, sobre todo, Ralph Barby, sin lugar a dudas el autor que en más ocasiones recurre a este tema, que intuyo conocía muy bien.

Por lo que he podido saber, gracias a la propia hija de Curtis Garland (muchas gracias, Mercedes), Juan Gallardo Muñoz, acompañado de su esposa Teresa, tuvo de forma ocasional contacto con el mundo del espiritismo, al participar en varias sesiones que imagino que en aquellos años debían practicarse en domicilios particulares de forma clandestina. Por lo visto, lo dejaron porque se estaba convirtiendo en algo muy intenso, una sensación que creo que puede entender perfectamente todo el que de joven haya participado alguna vez en sesiones similares o con la célebre Ouija. Algo que empieza como un juego, puede convertirse en una peligrosa obsesión. Para todos los que conocemos mínimamente la obra del autor, no sorprende descubrir el hecho de que se interesara en un momento dado por el espiritismo, en una persona de amplia cultura que aparentemente sentía curiosidad por absolutamente todo lo que le rodeaba. Mercedes me comentaba que pensaba que su padre tenía para muchas cosas una mentalidad de finales del siglo XIX, momento en el que el espiritismo experimentó su mayor auge. Yo simplemente creo que era un genio atemporal.

Lo que daría yo por conocer a fondo los detalles de esas sesiones de espiritismo en las que participó Curtis, y saber a quién se invocaba.

El caso es que la experiencia debió dejarle huella, pues es bastante frecuente encontrar referencias al espiritismo en sus obras, y aunque trata el tema desde un punto de vista terrorífico, al menos en sus novelas no resulta ser un fraude, y se nota que dominaba la materia por la cantidad de detalles que aporta.

Ya en la primera novela que publicó para la colección Selección Terror (Anoche salí de la tumba, nº2, 1973), hay una escena al respecto, con la esposa de un hombre recién fallecido haciendo una sesión espiritista para contactar con su marido. En ella aparecen todos los elementos típicos de una sesión de este tipo, con el círculo de manos, la médium, e incluso la mención a un espíritu burlón.

En Viaje hacia el horror (Selección Terror nº 187, 1976), se hace mención a realizar una sesión de espiritismo a bordo del Sally Ann, uno de esos barcos malditos de los que ya hablé en una reseña de este mismo blog dedicado al Terror en alta mar.

En Morgana (Selección Terror Extra nº 18, 1983), la histortia gira alrededor de Morgana de Wilders, una mujer acusada a finales del siglo XIX de practicar espiritismo y convocar a los muertos. Durante la novela se produce alguna sesión de espiritismo, con un interesante comentario de uno de los protagonistas: “Hacer una sesión de espiritismo no es delito aquí, salvo para el reverendo Moore”, en referencia a la visión de la Iglesia sobre el tema.

En Dinastía diabólica (Selección Terror nº 487, 1982), el autor nos ofrece una curiosa visión científica del espiritismo que no chocaría con la religión:

Si existen los espíritus, es que existe otra vida. Si esa otra vida existe, es que existe Dios. Y si existe Dios, existe el demonio, del mismo modo que, si existe el Bien, tiene por fuerza que existir el Mal.

Una conjetura fría y lógica —aceptó el regente de Morgenstein—. Pero yo no digo que los espíritus sean obra simplemente de la existencia de otra vida ultraterrena, sino que pueden materializarse, quizás, a través de nuestra propia mente.

—Ya veo. El espiritismo, según eso, seria simplemente un fenómeno parapsicológico, creado por la mente humana.

—Es posible científicamente, ¿no?

—Por supuesto. La ciencia sólo admite esa clase de fenómenos como resultado de una sugestión o de un hecho parapsicológico, obra del propio ser humano. Pero la ciencia no siempre lo explica todo.”

Permítanme que no me extienda más con Curtis Garland, para dar paso a otros autores.

Un caso muy interesante es el de la novela Sonata maquiavélica (Punto Rojo nº 258 de Bruguera, 1967), de Frank Caudett (Francisco Caudet Yarza), un autor que era íntimo amigo de Juan Gallardo Muñoz, así que cabe la posibilidad de que compartieran en algún momento afición por el mundo del espiritismo.  Lo interesante de esta novela es que se publicó en 1967, en medio de la dictadura de Franco, aunque es cierto que en estos años la censura ya no era tan incisiva como unos años atrás.

En la novela, en la que por cierto aparece un personaje llamado Kent Davis (uno de los pseudónimos de Juan Gallardo Muñoz), dos mujeres que no se conocen entre sí reciben una misteriosa llamada telefónica en las que les aseguran que pueden contactar con sus maridos, recientemente asesinados y decapitados, a través de una médium, y para ello les invitan a que acudan clandestinamente a un viejo caserón aparentemente abandonado, con la amenaza de que, si se lo cuentan a alguien, se reunirán con sus maridos en el Más Allá.

Una interesante premisa no tan bien desarrollada en la que el espiritismo y la Sonata pathétique n° 8 de Beethoven tienen un protagonismo decisivo, y en la que, como no podía ser de otra forma en esos años, se muestra una imagen del espiritismo como un fraude para sacar dinero a la gente.

En Yo volví del más allá (Punto rojo nº 1.119 de Bruguera), de Rocco Sarto, se nos presenta a Elmer Fallon, considerado el mejor médium de Nueva York, un hombre que ha recibido un mensaje de los espíritus en el que le avisan de que va a ser asesinado. A través de Fallon se manifiesta una tal Gloria Mendoza, un espíritu que vuelve del Más Allá para vengarse, ordenando a tres hombres que atraquen un banco…

Lou Carrigan nos presenta al principio de Juegos de Cementerio (Selección Terror nº 440, 1981) a ocho personas que se encuentran alrededor de una mesa realizando una sesión de espiritismo, haciendo las clásicas preguntas que el espíritu responde dando un golpe en la mesa cuando la respuesta es afirmativa. Los protagonistas de la sesión se la toman a modo de broma, haciendo preguntas absurdas y aprovechando para meter mano a la chica que tienen al lado. Se presenta por tanto el espiritismo como un juego de mesa más, sin ningún viso de verdad. A partir de aquí la novela toma derroteros distintos, muy interesantes, en una historia que perfectamente podría haber sido adaptada para un episodio televisivo de Alfred Hitchcok presenta. Muy representativa esta novela para reflejar esa visión del espiritismo como un juego, que tan de moda se puso en los años 70 y 80 en España. Por lo que he podido leer de Lou Carrigan en el género del terror, es un autor que huye de los argumentos sobrenaturales, posiblemente porque considera este tipo de elementos un mero fraude, y por ello recurre con frecuencia al típico Mad Doctor en sus argumentos.

Silver Kane recurre al espiritismo en Tres noches con los espíritus (Nº 333 de Punto Rojo de Bruguera), una novela supuestamente policiaca, pero que podría haber sido publicada perfectamente en Selección Terror, algo que ya he comentado en otras ocasiones. En la novela, la clásica historia sobre una herencia con cláusula excéntrica, los herederos se ven obligados a pasar 3 noches en una siniestra mansión, en la que no se les ocurre otra cosa que celebrar una sesión de espiritismo. Nuevamente vuelve a recurrirse al tema como un elemento terrorífico.

El siempre interesante Burton Hare también nos deja una interesante historia de espiritismo en Cita con los espíritus (Selección Terror nº 197, 1976). Una historia que se desarrolla en una mansión del siglo XVIII llamada Shadow House ya promete de antemano. Allí ha decidido ir a vivir un millonario espiritista llamado Robert Huntsville con su nueva y flamante esposa, Eva Allen, y con ellos se encuentra temporalmente de visita su prima Patricia, una periodista que quiere escribir sobre la siniestra casa. Una noche, Patricia cree sentir una extraña presencia en su habitación, y tras comentárselo a sus anfitriones, su primo Robert decide realizar una sesión de espiritismo en la casa esa misma noche junto con un matrimonio amigo de Eva que también está de visita. Robert intenta convocar el espíritu de su fallecido hermano George, dando lugar a una terrorífica trama que no destriparé.

El caso es que vuelve a emplearse el espiritismo como algo siniestro, ofreciendo esa visión de que el intentar contactar con los difuntos siempre trae consecuencias funestas.

Del mismo Burton Hare nos encontramos con La venganza de los espíritus (Selección Terror nº 580, 1984), donde volveremos a tener otra terrorífica sesión de espiritismo en una noche de tormenta dirigida por Amos Lundgrem, con el habitual círculo de manos alrededor de una mesa redonda que se mueve sola. Amos Lundgrem invoca a su fallecido hermano Geoffrey. Pues bien, puedo confirmar que La venganza de los espíritus no es más que la reescritura de Cita con los espíritus. Se han cambiado los nombres de todos los personajes, y se ha hecho una nueva redacción, por lo que en apariencia son dos novelas diferentes, pero el argumento es prácticamente idéntico en ambos casos.  Aquí la casa se llama Black House en lugar de Shadow House, pero se repite lo de la prima viviendo con el matrimonio reciente, el millonario espiritista, la sesión en la que se invoca al hermano muerto, y el desenlace de la historia. Los autores de bolsilibros eran unos genios en esto de colar obras antiguas como nuevas, aunque hay que reconocer que en este caso el engaño no es tan evidente como en otros que hemos analizado en este mismo blog, y en los que apenas se cambiaba nada.

Ada Coretti, reina del Gore (con permiso de mi admirado Adam Surray), también nos regala una peculiar sesión de espiritismo en Los muertos quieren vivir (Selección Terror nº 556, 1983), una historia en la que no faltan las habituales escenas truculentas de la autora y en la que una especie de mago llamado Orson Wyn, que dice tener entre otros poderes el de devolver la vida a los muertos, organiza una sesión para invocar el espíritu de una joven muerta recientemente con la intención de resucitarla. Sin ser exactamente una sesión espiritista de las que estamos analizando, en el libro sí se hace mención al espiritismo más convencional, aunque de una forma superficial que denota que no es un tema que dominara la autora.

El autor que he dejado para el final es Ralph Barby, que probablemente sea el que más títulos tiene relacionados con el espiritismo, y que demuestra conocer el tema en profundidad.

En Pensión de París (Selección Terror nº 189, 1976) tienen gran protagonismo Marguerite y Hortense Magenta dos ancianas hermanas que regentan una pensión parisina, y que comparten una gran afición por el espiritismo, que practican con unos extraños instrumentos.

En Foto Sex (Selección Terror nº 173), la joven Lumiére asiste aterrada a la horrible e inexplicable muerte de su anciana tía, que está a su cuidado, y acaba encerrada en un centro psiquiátrico. Al poco tiempo la dejarán salir al no haber pruebas en su contra y un joven policía encargado del caso intentará ayudarla a investigar la extraña muerte de su tía, de la que el principal sospechoso es un misterioso espiritista llamado Joverek.

En Regresa a tu sepulcro (Selección Terror nº 397,  1980) un grupo de personas deciden realizar una sesión espiritista en la Maison des Arbres, una vieja casa de huéspedes a la que han llegado de forma accidental,  y deciden contactar con el espíritu más cercano. El autor da todo tipo de detalles sobre el desarrollo de una sesión espiritista, con las habituales palabras de invocación, y el código de golpes para las respuestas del espíritu invocado (Tres golpes es presencia, un golpe, sí; dos, no), demostrando una vez más que conoce bien el tema.

El caso es que a la invocación responde una joven llamada Aurore, que dice no estar en paz en el mundo del Más Allá.

En la novela Alguien pintó el mal (Selección Terror nº 425, 1981), el juez Cunning saca de forma clandestina durante la noche a Dorothy Ambross con la complicidad de la enfermera Laura Berner. Los tres se dirigen a una pequeña isla, donde son recibidos por Aldo Wassermann, sobrino de Florence Wassermann, en el único caserón que ocupa la isla. El motivo de tan extraña reunión: celebrar una sesión de espiritismo en el caserón, que tiene fama de estar encantado, y el motivo de llevar a Dorothy es que supuestamente es una médium extraordinaria. El plan es celebrar la sesión para contactar con una tal Natalie Norton, para descubrir al hombre que la asesinó dos años atrás.

En el libro toma un gran protagonismo el espiritismo, y se hace referencia a temas como los supuestos poderes de Hitler como Medium, o al empleo del espiritismo en la resolución de ciertos crímenes.

En Profesor de espiritismo (Selección Terror nº 348, 1979) nos encontramos con un moderno edificio de oficinas llamado Midas Buiding en el que se están produciendo una serie de extraños sucesos sobrenaturales de los que parece ser responsable un horrendo fantasma. Los dueños del Midas Building recurren al profesor Wassermann, catedrático universitario, experto en espectrología, ocultismo y otras ramas de la paraciencia, para que intente resolver el misterio, y por supusto tendremos una sesión de espiritismo clásico, con su círculo, médium, y toda la parafernalia habitual. Ralph Barby vuelve a dar muestras de conocer perfectamente el mundo de la parapsicología y del hipnotismo, y nos obsequia con la siguiente reflexión de boca de uno de los protagonistas de la novela:

El espiritismo no es una afición para quien cree en ello, sino una doctrina, aunque para la mayoría de la gente sea una estupidez y un engaño. Claro que muchos de los que pueden decir tales cosas sobre los espiritistas no irían con uno de ellos a un cementerio y de noche

Esta novela es un perfecto ejemplo de algo que no habría sido posible publicar durante la dictadura, dado que da una visión del espiritismo casi como una rama científica, algo impensable unos años atrás.

Otra muestra más que prueba el amplio conocimiento de Ralph Barby en temas parapsicológicos es Mis amigos los muertos (Selección Terror nº 320, 1979), en la que, aparte de múltiples referencias al espiritismo, adquieren una gran importancia en la trama las psicofonías.

En Oui-ja para Recordar (Selección Terror nº   609) Nadia Darwis, una mujer con un trauma infantil oculto, acaba de salir de un hospital psiquiátrico, donde ha permanecido ingresada durante dos meses por orden judicial tras haber sufrido un extraño accidente. Al reincorporarse al trabajo, empieza a rehacer su vida con un grupo de nuevas amistades, a los que les ofrece pasar un fin de semana en una alejada casa de montaña propiedad de sus padres que se encuentra en Black Hills, cerca de un lugar que llaman el cementerio de los gambusinos. La intención de Nadia es afrontar sus traumas infantiles, que sospecha están asociados con esa casa familiar, pues allí murió su hermano Louis ahogado cuando tan solo tenía 8 años. De este modo, Nadia y sus nuevos amigos Maxwell, Micky, Sheila, Peter, Arthur, y Lizzy, inician un viaje que tendrá funestas consecuencias, pues cuando están allí, Sheila propone jugar a la Ouija, lo que, como ya os podéis imaginar, no acabará nada bien. Otra gran historia de Ralph Barby que consigue momentos verdaderamente inquietantes a lo largo de la trama, especialmente la sesión de ouija, que a mi al menos me causó auténtico miedo.

Es interesante el tratamiento que se da a la Ouija en la novela, pues coincide con la imagen popular que existe sobre la misma. Lo que supuestamente no es más que un simple juego, acaba siendo una prueba individual para todos aquellos que presumen interiormente de no creer en el Más Allá. Si me atrevo a jugar con la Ouija, me demuestro a mi mismo que todo eso no son más que tonterías. El problema es que casi todo el mundo se da cuenta de que en el fondo no tiene tan claras sus ideas al respecto.

No quiero extenderme más, porque hay muchas más novelas de Raph Barby en las que emplea el espiritismo como un recurso importante dentro de sus tramas (Las maravillas de ultratumba, Carta a los espíritus de los muertos, Tengo miedo, ayúdame…).

Es una lástima que no puedo comentar una novela de la colección Easa Terror llamada Ouija (nº 208 de la colección), obra de Russ Tryon, seudónimo de Francisco Cortés Rubio, más conocido en el mundillo de la novela popular como Frank McFair, un autor que me interesa especialmente y del que me hubiera encantado mostrar su visión del espiritismo. Por desgracia, no dispongo de un ejemplar de la novela.

Y sin más, queridos lectores, tras haberos invocado, apago las velas, y rompo el círculo de manos.

Alberto Sánchez Chaves. Abril, 2021.

LA REALIDAD SUPERA A LA FICCIÓN (IV): RICHARD SHARPE SHAVER Y LOS MUNDOS DE LA LOCURA

Supongo que los lectores de este blog entienden perfectamente la diferencia entre fantasía y realidad, a pesar de vivir en un mundo en el que la sobreinformación a la que estamos expuestos nos haga a veces imposible distinguir dónde se encuentra la frontera entre lo real y lo imaginario.

Pues bien, voy a exponer un curioso caso en el que una famosa revista Pulp hizo creer a sus lectores que una serie de fantásticos relatos eran completamente reales.

La mítica Amazing Stories fue la primera revista estadounidense que se dedicó de forma exclusiva a publicar relatos de ciencia ficción. Lanzó su primer número en abril de 1926, publicada por la editorial Experimenter Publishing, propiedad de Hugo Gernsback. Antes de su aparición ya se publicaban relatos de ciencia ficción en otras revistas, pero Amazing fue la primera en dedicarle un espacio exclusivo, lo que contribuyó a consolidar el género dentro de la literatura Pulp, en la que hasta entonces reinaban el western, la aventura, y el género policiaco.

El hecho es que Amazing Stories se convirtió en una revista de referencia mundial, logrando sobrevivir a todo tipo de incidencias y cambios hasta su definitiva desaparición en el año 2005.

Precisamente uno de los mayores cambios que experimentó la revista se produjo por la súbita aparición de Richard Sharpe Shaver. En septiembre de 1943, un lector de Amazing, comenzó a mantener correspondencia con Raymond A. Palmer, el editor de la revista desde 1938. Este lector no era otro que Richard Shaver, que en sus cartas narraba una serie de fantásticos hechos que aseguraba haber vivido en primera persona. Tan fascinantes resultaron ser sus narraciones, que Palmer acabaría convenciéndole para que escribiera algo para la revista, con la peculiaridad de que decidió darse un giro editorial de 180 º al empezar a venderse los relatos publicados como hechos reales.

Richard Shaver, a principios de los 70´

¿Pero quién era Richard Sharpe Shaver?

Richard nació el 7 de octubre de 1907 en Virginia, ciudad en la que pasó sus primeros años hasta que su familia se traslada a Berwick (Pensilvania), en el año 1910. Cuarto hijo de cinco de Ziba y Grace Shaver, sobre su infancia y juventud no hay demasiados datos, aunque por lo visto, el hecho de que su madre escribiera posesía y que su hermano mayor ya vendiera desde muy joven diversos cuentos a publicaciones de poca monta, le inculcaron desde muy pequeño el interés por la literatura. Resulta inquietante que, según comentó el propio Richard en una carta, desde muy pequeño tenía dos amigos imaginarios -uno bondadoso y otro malvado-, con los que hablaba constantemente.

Dibujo de Sphie Gurvitch
Dibujo de Sophie Gurvitch

En 1929 se traslada a Detroit con su familia, ciudad en la que empieza a buscarse la vida, en labores tan dispares como hacer de modelo posando desnudo en clases de pintura, o fabricando alcohol en la bañera de su casa en plena ley seca. En 1930 se introdujo brevemente en una organización comunista, y comienza a dar clases de pintura en una escuela en la que acaba conociendo a Sophia Gurvitch, una mujer cuatro años mayor que él, de ideología comunista y nacida en Ucrania con la que contrae matrimonio en 1932 (el 29 de junio, para ser precisos). A finales de ese mismo año nace su hija Evelyn Ann Shaver. Según relata el propio Shaver, en 1932 empieza a trabajar en una fábrica de coches, lugar donde empieza a experimentar una serie de sucesos inexplicables que acabarían narrados en la revista Amazing Stories. Según contaba Shaver a Palmer en sus cartas, “empezó a notar que una de las pistolas de soldar de su lugar de trabajo, debido a algún fenómeno extraño de sintonía en torno a la bobina, le permitía escuchar los pensamientos de los hombres que trabajan a su alrededor”.  No sólo eso, sino que días más tarde empezó a oír telepáticamente cómo una serie de entidades malignas en profundas cavernas del interior de la tierra sometían a alguien a horrendas torturas. En cartas posteriores Shaver ofreció todo tipo de detalles de cómo de cómo decidió abandonar su trabajo en la fábrica para convertirse en un vagabundo durante unos años, hasta que en su peregrinaje descubrió por primera vez el mundo de las cavernas ocultas de la mano de una mujer ciega llamada Nydia.

Eso es lo que Shaver contaba en sus cartas a Palmer.

La realidad es que, como podéis imaginaros, Shaver desarrolló un problema de salud mental y en 1934 se produjo una grave crisis: en febrero de ese mismo año murió de una neumonía su hermano mayor, Taylor Victor Shaver (Tate), al que estaba muy unido, lo que posiblemente influyera en un empeoramiento de la enfermedad de Richard. A partir de ahí empezó a decir que su hermano había sido asesinado, fruto de una conspiración.

Para ser más precisos, Richard estaba convencido de que un demonio llamado Max era el responsable de la muerte de Taylor, e incluso aseguraba que la cosa que le mató -y que ya habría matado a mucha más gente-  le perseguía desde entonces y hablaba con él constantemente.

El 16 de julio de 1934, lo llevaron a la sala de emergencias del Detroit Receiving Hospital, donde dijo que sentía que lo vigilaban y lo seguían y que temía que los médicos lo envenenaran. El 27 de julio, su esposa solicitó que lo ingresaran, y el 17 de agosto fue admitido en el Hospital Estatal de Ypsilanti, una institución que en aquellos años lo mismo funcionaba como residencia de ancianos que como manicomio.

Aunque en la mayor parte de los sitios que pueden consultarse siempre se lee que el paradero de Shaver en los siguientes ocho años es un misterio, la verdad es que sí hay bastante documentación al respecto. La confusión viene porque Ray Palmer expresó en una entrevista en 1977 y en su obra autobiográfica The Secret World, que Shaver había pasado este tiempo en un estado catatónico en una institución psiquiátrica.  La realidad es que Shaver efectivamente ingresó en el hospital estatal de Ypsilanti en 1934, pero fue dado de alta en 1936.

Ese mismo año, poco antes de que Shaver saliera del hospital, su esposa Sophia, que tenía tan sólo 33 años, murió electrocutada en su apartamento. En ese momento su marido seguía ingresado en un hospital mental, y su hija, que tenía tan solo dos años, estaba hospitalizada en el Herman Kiefer Hospital, con escarlatina. Dos hombres la encontraron muerta en la bañera, con un calentador eléctrico dentro del agua. Oficialmente se consideró un accidente. Su hija fue acogida por sus abuelos maternos, quienes también recibieron la custodia en 1937, dado el estado mental de Richard.

Podemos imaginarnos a Shaver, recién salido del hospital, encontrándose con la muerte de su esposa, y con unos abuelos maternos que posiblemente le culparían de la muerte de su hija, y que bajo ningún concepto querían que se acercase a Evelynn, convencidos de que estaba completamente loco.

Evelynn vivió por tanto con sus abuelos, que le dijeron que su padre había muerto. De este modo creció sin un recuerdo de su padre, y ni tan siquiera su apellido, pues se crió como Evelyn Ann Gurvitch y más adelante pasó a ser Evelyn Ann Bryant, tras adoptar el apellido del hombre con el que se casó, y con el que se fue a vivir a Israel. Nunca volvió a ver a su padre en vida, aunque acabó sabiendo toda la verdad, y en 2003 visitó su tumba, donde reposa junto a su última esposa, Dorothy.

La horrenda situación que se encontró Richard al salir del hospital le hizo enloquecer completamente, y acabó huyendo, deambulando por todo el país como un vagabundo, víctima de todo tipo de visiones, trabajabando aquí y allá en cualquier chapuza que le saliera, y finalmente, metiéndose en problemas con la ley, pues fue detenido en 1937 en canadá, donde fue sorprendido como polizón en un barco mercante.

A principios de 1938 fue deportado desde Canadá y enviado al Grafton State Hospital en Massachusetts (de donde por lo visto intentó fugarse para ir a ver a su hija), y posteriormente transferido al Ionia State Hospital para criminales mentales en Michigan, donde permaneció otros 5 años, y donde por lo visto recibió sesiones de electroshock, algo que por cierto explicaría en parte sus visiones de los Deros torturando a humanos con avanzadas tecnologías. En mayo de 1943 fue dado de alta, y nada más salir comenzó a enviar las primeras cartas a Amazing Stories.

Durante este período de confusión, en el que apenas podía distinguir el sueño de la realidad, es cuando Shaver imagina su contacto con la niña ciega Nydia, y su visita al mundo subterráneo de Lemuria, con sus avanzadas máquinas de tiempos pasados ​​y los siniestros habitantes que aún acechaban por allí.

El caso es que cuando Richard escribió su primera carta a Amazing Stories en 1943, vivía con sus padres en Barto (un pequeño pueblo de Pensilvania), trabajando como operador de grúa en Bethlehem Steel. El 10 de junio de ese mismo año fallece su padre Ziba, en una muestra más de que la desgracia parecía acompañar a Richard.

En el número de enero de 1944, Amazing Stories publica una carta de Richard -apenas media página-, en la que éste aseguraba haber descifrado un lenguaje ancestral que él mismo bautizó como Mantong, y que resultaba ser en su opinión una prueba definitiva de la existencia de Atlantis. Intrigado por esta rocambolesca carta, fue el propio Palmer el que solicitó a Shaver más información al respecto, a lo que éste respondió con una serie de cartas en las que narraba sucesos cada vez más extraordinarios.

Se ve que Palmer se aficionó a mandar cartas, y no sólo a las revistas, pues el 29 de enero de 1944 se casa en segundas nupcias con Virginia Fenwick, una mujer de Brownsville, Texas, a la que conoció precisamente en un intercambio de correspondencia.  Virigina era una mujer polifacética (pianista, escritora, y cantante) que pensó haber encontrado un alma gemela en Richard, especialmente por el amor que ambos compartían por la literatura. En el anuncio de su boda Richard se presentaba como escritor, e incluso especificaba que su último trabajo, “Warning to Future Man” (el embrión original de I Remember Lemuria) acababa de ser aceptada para su publicación en una popular revista de ficción.

El matrimonio con Virginia fue muy efímero, y duró apenas unos meses. Supongo que Virginia descubriría muy pronto la cruda realidad de la enfermedad mental de Richard.

Virginia Fenwick, la segunda esposa

La historia narrada por Richard en sus cartas a Amazing, haría pensar a cualquier persona cabal en la existencia de un trastorno mental, pero parece ser que donde la mayoría de nosotros ve una enfermedad, Palmer vio una oportunidad, y convenció a Richard de que escribiera su historia para publicarla en Amazing. Lógicamente Palmer tuvo que retocar la historia de Shaver dotándola de una estructura más literaria y eliminando ciertos pasajes que resultaban demasiado estrafalarios o simplemente inaceptables para la época en lo referente a escenas de sexo, sadismo y antropofagia.

Dicho y hecho. En marzo de 1945 se publica en la revista Amazing Stories el relato I Remember Lemuria, primera entrega de lo que vendría a conocerse como The Shaver Mistery, toda una serie de relatos en las que el autor narraba su terrorífica experiencia personal con una antigua civilización que escondía una avanzada tecnología en las más profundas cavernas bajo la superficie de la tierra. El origen de dicha civilización se encontraba en los antiguos titanes y atlantes, que mucho antes de la aparición del hombre ya habitaban un mundo subterráneo que fue abandonado tras la desaparición de los continentes de Lemuria y la Atlántida. Una raza extraterrestre colonizó posteriormente este mundo primitivo, pero también tuvieron que abandonar la Tierra por el efecto de las radiaciones solares, dejando tras de sí unas criaturas que acabarían evolucionando en dos especies diferentes: una bondadosa llamada Teros, y otra maligna a la que Shaver bautizó como Deros, a los que consideraba responsables de la mayoría de las catástrofes y enfermedades a las que se enfrentaba la humanidad.

Insisto en que lo chocante del tema es que estas historias eran presentadas como historias reales (muy reales para Shaver, que siempre defendió que todo era cierto, pero que tuvo que suavizar el relato porque la verdad era demasiado espantosa), algo que supuso un cambio radical en una revista que hasta la fecha vendía sus publicaciones como ciencia ficción.

El caso es que esta aparente locura supuso un gran éxito de ventas, iniciando una corriente que acabaría denominándose “Shaverismo”, y que incluso hoy en día sigue vivo en algunos exóticos movimientos, como el nuwaubianismo, una particularísima secta religiosas supremacista negra fundada por Dwight York con creencias tan originales como que Hollywood narra eventos reales en todas las películas de ciencia ficción, aunque disfrazados para que nadie crea a quienes saben la verdad; o que los blancos hacen que las bebidas alcohólicas sean baratas para que los negros puedan acceder a ellas y de esa manera sus órganos puedan preservarse mejor para ser usados posteriormente en trasplantes para blancos. Simplemente fascinante. De verdad que recomiendo al lector ampliar información sobre el nuwaubianismo porque sus directrices ideológicas no tienen desperdicio.

Tras la publicación en 1945 de I Remember Lemuria, Amazing Stories continuó publicando un relato de Shaver mensualmente, siempre con la etiqueta de mezcla de realidad y ficción, comenzando así una espiral de éxitos que culminaría en una edición especial en junio de 1947 dedicada exclusivamente al Shaver Mystery. Para hacernos una idea del bombazo que supuso el Shaverismo, Amazing Stories pasó de recibir 40 o 50 correos de lectores al mes, a una media de 2.500 (la mayoría de ellos de gente que aseguraba haber pasado por experiencias similares a las de Shaver), y la revista llegó a alcanzar una tirada de más de 50.000 ejemplares.

El mítico I Remember Lemuria

La explicación de este éxito es en realidad muy sencilla: el hecho de que se presentara la historia de Shaver como cierta supuso un alivio para miles y miles de personas que oían voces en su cabeza, en una época en la que apenas se sabía nada de los trastornos mentales. Si la historia de Shaver era real, eso significaba que no estaban locos, que era como se consideraba en esos años a una persona que oyera voces.

El problema es que el éxito económico fue acompañado de una feroz crítica por parte del resto del sector editorial, que comenzó a ridiculizar a la revista y a todos los lectores que realmente pensaban que detrás del Shaverismo había algo real. Dos demoledores artículos de burla publicados en 1946 en Life y Harper’s, hicieron que el propietario de la editorial exigiera a Palmer -que acabaría siendo despedido- que limitara la cantidad de material relacionada con Shaver en la revista, lo que provocó que el exótico autor acabara despareciendo de Amazing Stories, y que la revista volviera a su senda original de publicar historias de ciencia ficción. Tras ser despedido, Palmer funda en 1947 por su cuenta Clark Publications, editorial desde la que lanzaría la revista Fate en 1948, para seguir publicando relatos que se intentaban hacer pasar como ciertos, especialmente sobre supuestos avistamientos de Ovnis, un fenómeno que se puso muy de moda a partir de 1947, en una clara prueba de que Palmer en realidad era un oportunista que supo ver las posibilidades comerciales de este tipo de relatos. De hecho, ya fuera de Amazing Stories, Palmer continuó publicando algunas historias de Shaver en diversas revistas de su nueva editorial, pero con una repercusión mucho menor de la que logró en años anteriores.

Afortunadamente para los lectores actuales, La Biblioteca del Laberinto publicó en 2010 por primera vez en España un compendio de los relatos pertenecientes al ciclo de los Misterios de Shaver, con el título Recuerdos de Lemuria, en una de esas maravillas a las que nos tiene acostumbrados esta valiente editorial. Por lo visto, en el nº 4 de la revista Delirio, del año 2009, Oscar Mariscal publicó un artículo sobre el Shaverismo, pero por desgracia no he podido conseguirlo. Sabiendo de dónde procede, estoy convencido de que aportará una información mucho más completa y jugosa que la que aparece en este artículo.

¿Y qué pasó con Richard Shaver?

El diagnóstico clínico de Shaver nunca ha quedado claro, pero todo parece indicar que padecía algún tipo de esquizofrenia o trastorno bipolar, y que probablemente no siguiera un tratamiento adecuado en su vida.

Tras salir del hospital psiquiátrico, inicia la mencionada etapa como autor para Amazing Stories, al amparo de su gran valedor, Raymond A. Palmer, un periodo que. como ya hemos indicado, dura hasta 1947. En los siguientes años, Shaver siguió publicando relatos Pulp más convencionales en otras revistas, e incluso alguna nueva entrega de los misterios de Shaver en las publicaciones de la nueva editorial de Palmer. De los primeros, he tenido oportunidad de leer “La ciudad de los hielos”, coescrita junto a Chester Geier (1921-1991), una historia ambientada en el continente antártico que reincide en las habituales obsesiones de Palmer: mundos subterráneos, y civilizaciones olvidadas cuyos descendientes han evolucionado a dos razas antagónicas (una bondadosa y sabia, y la otra, hacia la maldad más pura).

A finales de los años 50 la figura de Shaver cae prácticamente en el olvido, a pesar de que Palmer seguía haciendo de vez en cuando referencia a su obra desde la revista Fate, ligando en ocasiones el fenómeno Ovni con el Shaverismo.

A mediados de 1960, Shaver se mudó a Summit (Arkansas) con su tercera esposa, Dorothy (1911-1985), una mujer de la que no he podido obtener información alguna,  y con la que siguió viviendo hasta el final de sus días. Shaver afirmó en esta época haber descubierto una evidencia física clara de la existencia de extraterrestres en lo que él denominaba “libros de piedra”, que no eran más que unas piedras que consideraba que habían sido creadas por antiguas razas avanzadas, y en las que podían encontrarse incrustadas imágenes y textos legibles que sólo él parecía entender. Estaba convencido de que estaba logrando descifrar lo que consideraba era una auténtica biblioteca atlante prehistórica.

Uno de los cuadros de Shaver

Además de escribir sobre estos “libros de piedra”, realizó una serie de pinturas basadas en las imágenes de las rocas, y más tarde se pasó a la fotografía (la gente le acusaba de que sus pinturas eran una libre interpretación de las piedras), todo ello porque le desesperaba que los demás no conseguían ver lo mismo que él.

El 5 de noviembre de 1975 muere Richard Shaver. Fue enterrado en el cementerio de Layton en Yellville, condado de Marion, libre por fin de las voces que le persiguieron hasta el fin de sus días.

Tras su muerte, Shaver ganó cierta reputación como artista y sus cuadros y fotos se acabaron exhibiendo en Los Ángeles, Nueva York, y otras importantes ciudades de Estados Unidos, alcanzado su obra precios nada desdeñables.

Su esposa Dorothy, con la que en apariencia vivió un feliz matrimonio, falleció en 1985. 

Me gustaría dedicar este artículo a un amigo llamado Sergio, que, por desgracia, ya no está entre nosotros.

A ti, Sergio, y a todos los que como tú han oído alguna vez en su vida voces que nadie más podía oir.

Para todos los que recordáis Lemuria; tal vez los locos seamos el resto.

Alberto Sánchez Chaves. Abril, 2021

FRED HERCEY: ¿TERROR EN EL FBI?. UN RETRATO DE FERNANDO ORVISO HERCE

El blog vuelve a centrarse en lo que considero debe ser su principal objetivo, que no es otro que facilitar información de autores de novela popular de los que se habla muy poco, por no decir que han sido prácticamente olvidados. En este caso centro mi atención en Fernando Orviso Herce, un escritor sin grandes pretensiones que firmó una nada desdeñable producción de novelas populares (más de 500 títulos) del Oeste, policacas, bélicas, terror, o incluso románticas, bajo los pseudónimos de Fred Hercey (principal nombre empleado para sus novelas en Rollán), Alex Colins, y los menos conocidos Fred H. Collins (empleado exclusivamente en la colección Los Intocables) y Eduardo de Rioja (en las pocas incursiones que realizó en la novela romántica, de las que sólo escribió tres títulos).

Fernando Alejandro Orviso Herce nació en Logroño en 1926, ciudad en la que también falleció a los 81 años de edad en 2007.

Como es habitual en los autores de los que habla este blog, le tocó vivir tiempos difíciles. Quedó huérfano de padre con tan sólo 2 años, y de madre con 8, lo que provocó que unas tías suyas se hicieran cargo de él y de sus dos hermanos (la mayor, Carmen, y Eduardo, que fallecería en Rusia enrolado en la División Azul). En tan difíciles circunstancias no pudo terminar ni siquiera los estudios primarios, pues tuvo que ponerse a trabajar de carpintero con tan sólo 13 años.

Algo muy importante en la vida de Fernando es que sus tías eran taquilleras en un teatro y un cine de Logroño, lo que hizo que prácticamente cada día al salir del colegio acabara viendo una película tras otra esperando a que sus tías finalizaran su jornada laboral. El propio autor reconoció en una entrevista para ETB la importancia vital del cine en su posterior obra literaria. “Cuando tendría 7 u 8 años recuerdo haber visto Doctor Frankenstein en el cine y que luego me dejaron mis hermanos solo en casa”. También recordaba haber visto el estreno de King Kong y Tarzán de los monos, así que podemos hacernos una idea del tipo de películas que marcaron la infancia del autor.

Siendo todavía muy joven (desconozco si sus tías fallecieron o eran demasiado mayores), Fernando va a vivir con su hermana Carmen y su marido Miguel, que se hacen cargo de él hasta que el autor se casa con Matilde Fernández, con la que acabaría teniendo dos hijas. A sus nuevos padres adoptivos dedicó su primera novela: “A mis queridos hermanos Carmen y Miguel, con mi más profundo cariño”.

Volviendo a la carrera profesional de Fernando Orviso, empieza a trabajar de carpintero con 13 años, aunque el oficio sólo le dura dos meses, tras ser despedido al plantear una reivindicación salarial. Consigue entrar en una ebanistería como aprendiz, y poco después en una fábrica de conservas donde estuvo dos años haciendo prácticamente de todo, para terminar en una fábrica de radiadores de automóviles, donde consiguió la categoría de especialista, y donde permaneció durante 22 años hasta que decide dedicarse en exclusiva a la literatura a principios de los años 60, en un momento en el que el mercado de la novela popular estaba a pleno rendimiento y se podía ganar bastante dinero. 

No le duró demasiado la alegría, pues hacia mediados de los años 70 la novela popular empieza su declive, y Fernando tiene que volver a un trabajo más tradicional, primero en una fábrica de muebles, y finalmente en una bodega de denominación de origen, donde acabaría prejubilado a los 58 años de edad (en 1984), como consecuencia de una fuerte artrosis, lo que no impidió que continuara escribiendo durante un tiempo. Hacia 1974, Plaza & Janés le encargó la redacción de una historia de la Guerra Civil española, y pasó a escribir un tipo de literatura muy diferente del que venía practicando, inclinándose por la investigación histórica. La realidad es que muchos de esos nuevos proyectos –entre ellos la historia de la Guerra Civil- no vieron finalmente la luz. Entre estos proyectos destaca “Páginas Negras de la Historia”, que a causa de la censura franquista (que por entonces daba sus últimos coletazos) no fue publicada.

Respecto a cómo se introdujo en el mundo de la literatura una persona que ni siquiera terminó los estudios primarios, comenzó escribiendo durante su servicio militar en Burgos para el periódico El Escopín, y como se vio que le cogió el gustillo, escribió tras licenciarse una primera novela en 1944 (con tan sólo 18 años), que fue rechazada por la editorial: “No está mal, pero es preciso ir al grano. Sin grandes parrafadas ni encendidas retóricas”. Esa novela, “Falsos cadáveres”, sería reescrita por el autor varias veces, hasta que finalmente fue publicada por Rollán en 1959 (supuestamente en FBI, pero no he localizado el número, aunque fue reeditada en 1960 en Selecciones FBI en su nº 67).

Lejos de desanimarle, esas palabras hicieron que el autor siguiera escribiendo, intentando corregir los errores de ese primer intento, y así consigue publicar su primera novela en 1945, firmada como F. Orviso, con tan sólo 19 años: Jinetes del destino, número 29 de la colección Texas de la barcelonesa editorial Ameller.

A partir de su entrada en la por entonces poderosa Rollán, comienza a publicar de forma regular, primero de forma más espaciada (recordemos que alternaba la escritura con su trabajo en la fábrica de radiadores), hasta que consigue contratos para escribir por encargo hasta dos novelas por semana, momento en que decide dedicarse en exclusiva a escribir.

En esos momentos, el autor cobraba un fijo de 2.500 pesetas por novela del Oeste y 3.000 por policiaca, además de un 5% del porcentaje del total de ventas, por lo que de media acababa cobrando unas 10.000 pesetas por novelita. El hecho de que las ventas influyeran de forma directa en el dinero que el autor acababa cobrando provocaba que los mismos autores se preocuparan por calar los gustos de los lectores. El propio Fernado Orviso aseguró que realizó una encuesta entre el publico, para llegar a la conclusión de que los lectores preferían en el género policiaco no saber quien era el asesino hasta el final.

La mitad de las novelas del autor son del género del Oeste –el propio autor dijo en una entrevista que era el que más le gustaba-,  que además era el más demandado por las editoriales en esos años. Aún así, tengo la sospecha de que el autor empezó a sentir una cierta preferencia por el policiaco (género que empezó a publicar a finales de los años 50) y el terror (a partir de 1972), supongo que cansado de escribir tantas novelas del Oeste, y muy influido sin duda por sus largas sesiones de cine en su infancia.

Reconozco que no he podido leer ninguna novela del oeste del autor, pero me ha llamado la atención que él mismo decía que sus protagonistas siempre salían en defensa de los oprimidos, en particular de los negros y de los indios, algo que resulta cuando menos sorprendente para esos años.

Desconozco el motivo de la elección de sus seudónimos de Fred Hercey (Rollán) o Alex Colins (Bruguera), pero el caso es que el propio autor explicó en una entrevista que eran las editoriales las que le pedían que firmara con un seudónimo.

La mayor parte de su obra se publicó en Rollán y en su sucesora Andina (ahí publicó 5 títulos nuevos, y le reeditaron dos novelas ya publicadas en Terror Rollán), con el pseudónimo de Fred Hercey, y ocasionalmente como Fred H. Collins, aunque también publicó un total de 82 títulos en Bruguera firmando como Alex Colins.

Fernando supo entender muy bien el mensaje que le habían trasladado al rechazar su primera novela: Las historias debían transcurrir de forma rápida, estaban dirigidas a un lector no culto y buscaban el único fin de la diversión, de la evasión de la vida cotidiana, de sus problemas, sus presiones y sus carencias.

Por mucho que se critique desde ciertos ámbitos la literatura popular por su ausencia de calidad (algo que tampoco es cierto en todos los casos), no debemos olvidar que efectivamente iba dirigida a un tipo de público muy diferente del actual, y en un marco educativo que aún estaba muy lejos del grado de alfabetización del que gozamos hoy en día (aunque a ratos parezca que hemos dado un paso atrás). Se buscaba un objetivo muy definido, que no es otro que entretener. Gracias a ello, miles de españoles se introdujeron en el mundo de la lectura, y posteriormente darían el salto a otro tipo de literatura más elaborada. En la mayoría de los casos, esas novelas se maltrataban, se tiraban o se cambiaban por otras, pero la realidad es que lo que está claro es que se compraban para ser leídas. Aunque suene absurdo, no todos los libros tienen esa finalidad tan clara. Pensad en cuantos libros tenéis en casa que no habéis leído, y que probablemente no leeréis nunca. Con estas novelas, eso no pasaba: la comprabas, la leías, y a por otra.

Fernando Orviso Herce, un hombre sin apenas estudios, supo captar muy bien ese espíritu, conectando con el gran público a través de un estilo sencillo, pero muy ágil y con argumentos que enganchaban al lector desde las primeras páginas.

Afortunadamente, Fernando Orviso explicó brevemente de dónde sacaba las ideas para sus novelas, y la forma en que moldeaba las tramas. Nunca salió de España, así que no conocía de primera mano las localizaciones donde situaba sus historias. Su inspiración venía del cine y de otros libros, y de la documentación que amablemente le envió la embajada de EEUU (un ejemplar de la Constitución y un mapa detallado con los parques naturales y las reservas indias). “Te informabas un poco, no ibas a decir que en Montana había indios Sioux, porque eso no era así, o que en Texas había cheyennes, porque no era así”. Otras veces se basaba en experiencias personales, cambiando lugares y nombres: “El río Ebro, con el monte Cantabria, ha aparecido en más de una novela que he escrito, pero con otro nombre. Y también algún personaje, como Juanito el Manco, que tiene un bar y que ha salvado a mucha gente de morir ahogada en el Ebro”.

Hasta tal punto llegaba el tema, que él mismo decía que “El 20% son personajes ficticios, de la imaginación, y el 80% son amigos, vecinos, compañeros de trabajo o personas que has conocido alternando por ahí. Si a alguno le tienes inquina, le pones el personaje de malo o lo ridiculizas. A esos personajes es mejor dejarlos vivos, así sufren más”.

Una cosa muy llamativa de este autor es que –según decía él mismo-, al margen de su círculo más estrecho, siempre mantuvo en secreto que se dedicaba a la novela popular. Explicaba que le encantaba cuando iba a a un quiosco y veía a alguien comprando o cambiando sus novelas, o cuando iba a Barcelona y veía gente leyéndolas, aunque “nunca confesó ser su autor a aquellas personas que le leían por la calle, en los bares y en los trenes: Quizá yo sea muy sencillo pero me parecía una fanfarronada abordarla y decir que el autor de esa novela era yo”.

Esa humildad se dejaba ver también cuando hablaba de su falta de formación académica: “Yo reconozco que no tengo capacidad para intentar cosas más profundas. Pero yo quería escribir y ver mi obra en una librería”. A mi personalmente me parece una actitud para quitarse el sombrero, y cada vez me repele más cuando leo en algún sitio críticas feroces contra este tipo de autores o de literatura. Una cosa es que no guste, que lo entiendo, y otra muy distinta es que se falte al respeto a unas personas que lo único que pretendían era entretener y de paso ganarse la vida haciendo lo que les gustaba. ¿Podemos decir todos lo mismo?.

En una entrevista concedida al programa Detrás del Sirimiri de la televisión autonómica vasca, el autor pronunció unas palabras que para mi definen perfectamente a muchos de los autores de novela popular en España: “Todos nacemos para la aventura en la realidad, aunque no la hagamos nunca”. Porque seamos sinceros, la mayoría de estos escritores tuvieron que enfrentarse a tiempos muy difíciles, y tuvieron que adaptarse a lo que se les viniera encima. Que gente sin estudios como puede ser el caso de Fernando Orviso acabaran haciendo leer a millones de personas escribiendo cientos de títulos en periodos de tiempo ridículos, es, más que una aventura, un milagro.

Y volviendo al título del artículo, alguno se preguntará del porqué ese ¿Terror en FBI?. La explicación es que una de las principales características de la colección FBI de Rollán es que tenía una estructura narrativa muy clásica y definida. Las historias debían estar protagonizadas por un agente del FBI y debía predominar la acción sobre cualquier otro aspecto. Podía haber un componente de misterio, pero sin presencia de lo sobrenatural en los argumentos, a diferencia de otras colecciones como Punto Rojo o Servicio Secreto de Bruguera, donde es relativamente fácil (sobre todo en Punto Rojo) encontrar fusiones de géneros, especialmente del policiaco y del terror, incluso sugiriendo componentes sobrenaturales en las tramas.

Eso hasta que a raíz de la elaboración de este artículo me encontré con El hombre lobo, de Fred Hercey (Nº 699 de FBI, 1964). Tanto el título como la sugerente portada de Prieto Muriana invitaban a hacerse ilusiones, pero la realidad es que en esta colección ya había encontrado casos similares que acababan resultando ser tradicionales novelas sin rastro de terror en sus páginas, como por ejemplo El hombre de Whitechapel, de O. C. Tavin (nº 115 de FBI), en la que soñaba con encontrar a Jack el Destripador, sin éxito.

El caso de El hombre Lobo es completamente diferente. En la historia la presencia de un  hombre lobo es crucial, y no sólo eso, sino que hay otros elementos sobrenaturales presentes en la trama, como el fantasma sin rostro de un soldado confederado, un siniestro manicomio sobre el que parece girar toda la trama, o una supuesta maldición que afecta a la familia Garland…

La novela comienza con el agente federal Hen en busca del rastro de otro agente llamado Hardestey, del que no hay señales de vida desde que fuera enviado a investigar a varias personas acusadas de diversos fraudes, todas ellas desaparecidas en las cercanías del manicomio de Foot Hill. El caso es que la investigación de Hen le lleva a bucear hacia una gruta submarina donde encuentra el cadáver de Hardestey flotando atado a un bloque de cemento, y, lo peor de todo, a un hombre lobo y a un esqueleto vestido con el uniforme confederado que acaba disparándole, hiriéndole de muerte. Tras salir a duras penas de la gruta, acaba falleciendo, no sin antes comunicar su descubrimietno a sus superiores del FBI.

El agente Zachary Hume es enviado para intentar desentrañar tan extraño misterio, en una trama en la que pronto se verá envuelto en la maldición del último de los Garland, que incluye la presencia del fantasma de un soldado confederado, y del hombre lobo que le asesinó.

Lógicamente esta historia de corte sobrenatural, en la que se deja ver claramente la inspiración cinematográfica que comentaba al inicio de este artículo, ha llamado mi atención, y ha provocado que me fije en otras novelas del autor en FBI y Agente Federal, cuyos títulos o portadas invitan a pensar que tal vez El Hombre Lobo no sea una excepción. Terror en Madison City, El lago de la muerte, La casa de las montañas, o El último de su promoción son algunas de estasnovelas que espero ir descubriendo poco a poco. Si alguien las ha leído, le invito a que comente de qué van. Tal vez nos encontremos con alguna que otra sorpresa.

Tras la lectura de esta novela, está claro que el autor no es literariamente Cervantes, ni tampoco de lo mejor que he podido leer en este tipo de literatura, con un estilo excesivamente sencillo y directo, pero la realidad es que sabe captar la atención del lector desde las primeras páginas, cumpliendo a la perfección con su objetivo, que no es otro que entretener.

No quisiera acabar este breve retrato de Fernando Orviso Herce sin dar las gracias a los periodistas que en su día publicaron diversas entrevistas con el autor, y que han sido la fuente de este artículo, que no ha tenido más mérito que hacer un compendio de aquello que he considerado más interesante, a fin de hacer más accesible la información biográfica sobre el autor.

En particular, muchas gracias a Julia Cibrián por su artículo publicado en el diario Nueva Rioja en 1974, a Miguel Ángel Rojo por su artículo de 1981 publicado en El Correo Español, y a Antxon Urrusolo por otro artículo del mismo diario publicado en 1986. Sin ellos, probablemente no habría llegado a saber nada de la persona que estaba detrás de Fred Hercey.

EL COMISARIO X, DE BERT F. ISLAND

En el año 1962, una desconocida editorial de Barcelona llamada Cibeles se unió a la fiebre por publicar novelas populares, y para ello optó por traducir una serie de novelas protagonizadas por el Comisario X, un curioso personaje surgido de la pluma de un tal Bert. F. Island, un pseudónimo atribuido durante mucho tiempo a Paul Alfred Müller (Halle, 18 de octubre de 1901 – Murnau am Staffelsee, 1 de enero de 1970), un autor alemán que alcanzó gran popularidad en su país por sus sagas policiacas por entregas y por sus obras de ciencia ficción.

Paul Alfred Müller, trabajó en su juventud como maestro de escuela primaria desde 1923 hasta 1930, año en que fue nombrado jefe del departamento de construcción de la Escuela Superior Alemana de Oficios de Leipzig. ​

A principios de la década de 1930, Müller comenzó a escribir compatibilizando esta afición con su trabajo de profesor en la escuela de oficios. Una de sus primeras obras conocidas fue la serie de libros Sun Koh, que obtuvo un gran reconocimiento por el público.

Sun Koh (Subtitulada como El heredero de Atlantis) es una serie de novelas por entregas de fantasía que tuvo una duración de 150 escritos por Müller con el seudónimo de Lok Myler entre 1933 y 1936 para la editorial Bergmann-Verlag en Leipzig.

La serie alcanzó tres ediciones hasta 1945, con importantes correcciones de texto desde la segunda edición, así como otra edición en forma de libro. Tras la guerra, se publicaron tres ediciones más en Alemania, Austria y Suiza, con un formato abreviado que eliminaba de la obra todas las expresiones racistas y nacionalistas alemanas que inundaban la versión original. Entre 1978 y 1980 se realizó una importante reedición en formato de bolsillo, bajo el seudónimo de Freder van Holk.

En la primera entrega de la serie, un hombre vestido con un pijama aterriza con un paracaídas en Londres. Es Sun Koh, el Príncipe de la Atlántida, último superviviente del continente perdido que lleva sobre sus hombros un gran peso, pues según las antiguas leyendas, la Atlántida emergerá del océano nuevamente. Sun Koh sólo tiene un breve recuerdo del hotel Excelsior de Londres, y por ello se dirige hacia allí, donde  conocerá a los que se convertirán en sus fieles  compañeros de  aventuras: el pequeño y descarado botones Hal Mervin y el boxeador Jack Holligan, un hombre de la tribu yoruba, que desde ese mismo momento pasa a ser llamado Nimba. También conoce a su archienemigo, el mexicano Juan García, responsable de la muerte de sus padres, y de cuyas garras Sun Koh tendrá que liberar a su amor eterno, la bella Joan Martini.

A lo largo de toda la serie, Sun Koh deberá afrontar multitud de peligros y aventuras (150 números dan para mucho), pero finalmente conseguirá derrotar a García y poner pie en el continente renacido, justo en la última entrega de la serie, titulada como no podía ser de otra forma,  “Atlantis”.

Animado por este inesperado éxito que supuso un auténtico boom editorial, decidió dedicarse de pleno a la literatura, tanteando todo tipo de géneros. Escribió novelas de misterio, del salvaje oeste, de aventuras, y por supuesto, ciencia ficción, tal vez el género por el que sea más recordado (si es que alguien lo recuerda) en la actualidad.

Siguiendo la estela de Sun Koh,  escribió otra serie de novelas por entregas sobre un personaje llamado Jan Mayen, el señor de la energía nuclear (entre 1936 y 1938), pero su éxito quedó muy lejos de la del primero.

En 1948 se mudó a Murnau am Staffelsee, en Baviera. En esta ciudad, donde ya permanecería hasta su muerte, siempre se mantuvo activo literariamente, intentando repetir un éxito que nunca llegó a materializarse. La serie der Eroberer des Weltalls (Rah Norten, el conquistador del espacio) empezó a perder fuerza a los 20 episodios, y también escribió otras sagas policiacas como las protagonizadas por Mark Powers y el Kommissar X, objeto en teoría de este artículo. Con toda esta actividad que le permitió vivir holgadamente de la literatura, se mantuvo hasta el día de su muerte, el 1 de enero de 1970.

Müller escribió y publicó bajo diversos seudónimos. La serie Sun Koh se publicó originalmente con el nombre de Lok Myler, pero la realidad es que tras su muerte se decidió ponerse a la venta bajo el nombre Freder van Holk, pseudónimo más famoso del autor, y que ya había empleado ocasionalmente en alguna novela de corte fantástico. También empleó de forma residual otros seudónimos como PA Müller, PA Müller-Murnau, Lok Müller, Jan Holk y Werner Keyen.

En total, a lo largo de su carrera Müller escribió varios cientos de novelas de entretenimiento de todo tipo de géneros, e incontables relatos cortos.

La serie del Kommissar X fue firmada como Bert F. Island, un pseudónimo que repito se asignó durante un tiempo de forma exclusiva a Müller (y de hecho en internet hay varios sitios donde aún sigue dándose esta información como cierta), pero la realidad es que es un pseudónimo editorial que fue empleado por un buen número de autores para publicar las múltiples entregas del Comisario X.

Centrándonos ya en la serie del Comisario X (Kommisar X en el original), nació como un intento de aprovechar el éxito de Jerry Cotton, sin duda alguna el personaje policiaco más famoso de la literatura popular germana.

Hay una importante laguna respecto a cuantos títulos protagonizó el Comisario X (no penséis que la falta de información sobre la novela popular es algo exclusivo de España), aunque sí parece haber unanimidad respecto a que la saga empezó en 1958. Alguna fuente indica que en total se escribieron 620 novelas del personaje, aunque la página más completa que he podido encontrar sobre el tema detalla que hasta 2019 se habían publicado ni más ni menos que 1.740 entregas.

El primer número del Comisario X, publicado en 1958, se tituló Das Attentat (El Asesinato), y fue escrito por C. H. GUENTER (24/03/1924 – 5/06/2005), probablemente el autor más destacado de la serie, al menos en cuanto a número de títulos escritos. Que se conozcan, hay más de 20 autores que escribieron obras del comisario X empleando el pseudónimo de Bert F. Island, y eso sin contar que hay muchísimos títulos que no están atribuidos a un autor en particular.

El caso es que lo que está claro es que Paul Alfred Müller es tan sólo una pequeña parte de Bert F. Island, y ni siquiera la más importante (de hecho sólo hay 26 novelas de las 1.740 cuya autoría esté oficialmente atribuida al autor, aunque probablemente escribió más).

Entre 1965 y 1971 se hicieron siete películas de Kommissar X con Tony Kendall como el relajado detective privado de la ciudad de Nueva York Joe Walker contra el capitán de policía de la ciudad de Nueva York Tom Rowland interpretado por Brad Harris. Yo sólo digo que empecé a ver una de estas películas, y la abandoné a la mitad de lo mala que me pareció.

Los títulos publicados en en castellano por la editorial Cibeles que conozco son los siguientes:

TITULOTITULO ORIGINAL
1El hombre que todo lo sabíaEiner weiss alles
2El próximo eres túDer Nachste Bist du
3Más Rápido que una bala 
4Muertes a medianocheMitternacht und der Tote
5A sangre y FuegoUm Kopf und Kragen
6Rumbo al infiernoKursaenderung Hoelie
7La muerte en escenaDen Mord noch einmal 
8Rumbo hacia lo desconocidoDer Weg ins Ungewisse 
999 años de cárcel99 Jahre Zuchthaus
10Un hombre en la sombraDer mann im schatten
11Un lugar en el infiernoMit eddy karussell gefahren
12Sólo una hoja de papelNur ein blatt papier
13El hijo del Gángster 
14Vértigo 

Respecto a la figura del Comisario X, nada mejor para conocerle que reproducir el texto explicativo que acompaña a la contraportada de todos los títulos de la colección:

¿Quién es el Comisario X?

Jo Louis Walker, más vulgarmente conocido por el nombre de Comisario X, nace a la fama a raíz de una intervención desconcertante. Cuando a los 22 años nuestro hombre había llegado de Corea, herido en la contienda armada, la policía neoyorquina andaba desesperada en la búsqueda de un gangster tan famoso como sanguinario; se habían empleado todos los medios para echarle el guante, pero el fracaso fue completo, con gran escándalo de la prensa y la opinión pública. Entonces el “Comisario X” estudió el caso, investigó pacientemente, y… al poco tiempo captura al que era considerado el enemigo público número uno.

El éxito fue tan resonante que todos los periódicos de los EE.UU. publicaron su fotografía. El “Comisario X”, decía la prensa, es el mejor detective de la Unión y su mente es tan poderosa como elocuentes sus puños. No hay para él caso difícil o insoluble. Joven, audaz, inteligente y enamorado de su profesión, Jo no es, sin embargo, un dechado de perfecciones o un ser sobrehumano. Es un hombre de nuestro tiempo, sencillamente, pero a quien le repugnan las fechorías de toda índole, y que en presencia del malvado o del ladrón, su ser vibra de indignación.

El Cuerpo de Policía del Estado de Nueva York lamenta haberse desprendido de Jo. Esto ocurrió hace años y cuando los senadores protestan por tal hecho, la respuesta es sólo: “Jo era un poco violento”, mas esta versión no es exacta. Jo es un experto en la lucha —adora el boxeo— pero valora muy alto la agudeza del espíritu y puede decirse que su intuición o su penetrante poder deductivo le hacen innecesario, en la mayoría de las veces, recurrir al extremo poder de su cuerpo, enjuto y ágil.

No quisiera acabar el artículo sin hacer una aclaración. Empecé a escribir este artículo a raíz de encontrar una de las novelas de la serie en un puesto de la Cuesta de Moyano. Nunca había oído hablar del personaje, lo que motivó que investigara un poco, y me animó a intentar dar a conocer en el blog lo poco que descubriera sobre él, ya que no encontré demasiada información en internet en castellano. De hecho me costó bastante trabajo realizar el listado de novelas de la colección de la editorial Cibeles.

La sorpresa me la llevé cuando buscando información sobre una de las novelas de la serie el buscador me llevó al blog Una Plaga de espías, una página que he consultado en multitud de ocasiones y que en esta ocasión se me había pasado por alto en mi búsqueda inicial. Allí resulta que hay un excepcional artículo (de hecho dos, pues hay otra entrada dedicada a las películas de la serie) dedicado al Comisario X, así que considero de justicia aclarar que ya existía una información pública previa sobre el personaje (incluyendo un listado al que poco nuevo he aportado en este blog), del que dejo enlace, y la recomendación de que lo visitéis con atención, pues merece mucho la pena.

http://unaplagadeespias.blogspot.com/2011/04/series-invitadas-comisario-x-cibeles.html

EL CAPITÁN PANTERA, DE PEDRO VICTOR DEBRIGODE

Si tuviéramos que elegir un personaje icónico fruto de la fértil imaginación de Pedro Víctor Debrigode, sería sin lugar a duda Carlos Lezama, protagonista de El Pirata Negro, en mi opinión la mejor serie de aventuras de novela popular que se ha publicado en España, con permiso de El Coyote de José Mallorquí y El Encapuchado de Guillermo López Hipkiss.

Pero al margen de este inmortal y noble pirata, Pedro Víctor Debrigode dio a luz a otros excepcionales personajes de los que seguro acabaré hablando en el blog, y que, con mayor o menor éxito, protagonizaron algunas series de gran interés literario. Uno de estos personajes es el Capitán Ross Maloney, más conocido como El Capitán Pantera.

Para esta colección, editada por Publicaciones Lux (una filial de Bruguera), el autor empleó la firma de P.V. Debrigode, alcanzando la serie un total de 10 números, aunque se anunciaron otros dos más que, al menos que yo sepa, no llegaron a publicarse nunca. La gran pregunta es si llegaron a escribirse, pero, conociendo a Debrigode, con total seguridad los habría reciclado en cualquier otra colección. Me inclino por pensar que en su momento no se escribieron más que diez títulos, especialmente porque el nº 10 El infierno del Pacífico -presunto último título de la colección-, finaliza con la aparente muerte del protagonista, algo que como veremos más adelante no está tan claro.

La gran duda existente con esta colección es en qué años se publicó, pues una de las características de la editorial LUX es que no figuraba esa información en sus publicaciones. Según algunas fuentes, los 10 títulos se habrían publicado entre 1946 y 1948, pero en otros sitios figura 1943 como año de inicio de la serie.

La colección tenía un formato de 14,5 X 19 cm, y contaba con unas atractivas portadas en color e ilustraciones interiores en blanco y negro a cargo del dibujante Girbau

En concreto los títulos de la colección del Capitán Pantera son los siguientes:

TITULO
1 Piratas modernos
2 La ley del hampa
3 La hija de Yuan-Kang
4 La muerte viaja en yate
5 Terror en el Jai-Alai
6 El tiburón malayo
7 Las siete perlas
8 La isla prohibida
9 Boomerang
10 El infierno del Pacífico
11 Idilio entre nieblas (anunciada, pero no publicada)
12 Gangsters de Asia (anunciada, pero no publicada)

Todos estos títulos estaban protagonizados por el pelirrojo Ross Maloney, natural de Kansas, estado que abandonó a los 16 años en busca de aventuras, embarcándose como grumete a bordo de un mercante. El infortunio le conduce a ser capitán de barco con tan sólo 21 años, primero del Furia, embarcación destinada al contrabando, una actividad que abandonaría posteriormente para dedicarse al comercio (ladrones honestos, como lo define el propio protagonista). En los últimos números de la colección el Furia será sustituido por el Panther, su nueva embarcación. Nuestro héroe se verá envuelto a lo largo de las 10 entregas que duró la colección en una serie de peligrosas aventuras ambientadas en los exóticos mares del Sur, en unas tramas que a mi personalmente me recuerdan mucho a Terry y los Piratas, el inmortal cómic de Milton Caniff.

Estas historias se desarrollan a principios de los años 20. En la primera entrega de la colección (Piratas modernos, supuestamente publicado en 1946), un imberbe Ross de 18 años se encuentra en Shangai sin dinero, tras haber sido abandonado por el patrón de la goleta donde prestaba servicios como grumete. Tras conseguir un trabajo como sparring de un boxeador llamado Perry Carter, Ross inicia uno de esos viajes literarios en los que un inocente muchacho se convierte en dos años en un hombre hecho y derecho a base de coraje y golpes, hasta que tras una serie de visicitudes acaba conociendo al temible Yuan Kang, dueño de una gran flota y rey del crimen de Shangai, gracias al cual consigue el puesto de capitán del Furia, un barco de contrabandistas, en el que acabará acompañado de sus dos fieles lugartenientes (el viejo Tian, siempre abierto a dar sabios consejos; y el corpulento luchador Ling, que se inclina más por la acción directa), y una tripulación de 90 fieles piratas chinos dispuestos a morir por él en cualquier momento.

Yuan Kang por cierto se convertirá en uno de los mayores enemigos de Maloney a lo largo de la serie.

Como no podía ser de otra forma en este tipo de literatura, no podía faltar el elemento femenino, representado en esta ocasión por una serie de interesantes mujeres que tendrán en mayor o menor medida continuidad a lo largo de la serie: Mei-Hsi, una bella joven que ayuda a nuestro protagonista cuando más lo necesitaba, pero que tal vez no sea lo que aparenta; Margaret Simpson, una mujer que Ross considera que está fuera de su alcance, por su alta condición social; Guillermina Van Bloeng, una rica heredera holandesa; Chiao Yun, la pérfida hija de Yuan Kang; la misteriosa Sandra Vronin; o la seductora Patsy Brend.

Hasta aquí estaríamos hablando de una colección más -de gran calidad, eso sí, como es habitual en cualquier obra de Debrigode-, pero sin nada que la diferencie de tantas otras colecciones de aventuras.

La sorpresa llega cuando descubrimos que Ross Maloney no aparece exclusivamente en la colección del Capitán Pantera (gracias a Armando Boix por esta información). En 1945 Bruguera comenzó a publicar una colección de 16 números llamada Superhombres que alternaba cuatro protagonistas distintos: Espectro (4 títulos); Doctor Niebla (2 títulos); El Fantasma (4 títulos); y Red Colt, el ametrallador (6 títulos). Estos dos últimos personajes fueron obra de Debrigode.

Pues bien, en la serie de Red Colt se narra la historia de un elegante abogado de 32 años (también boxeador, por supuesto) que ha jurado vengar la muerte de Nelly, su reciente esposa, víctima del fuego cruzado entre dos bandas de gangsters. Dado que no puede hacer nada desde el punto de vista legal, decide tomarse la justicia por su cuenta, con el beneplácito de Angus Mac Callum y Jossie Flats, dos inspectores que están hartos de ver cómo los convencionales métodos policiales no sirven de nada contra el mundo del hampa. Desde la primera novela de esta serie (Un inglés entre gangsters, 1945) aparece un personaje de unos 40 años llamado Ross Maloney, el adinerado propietario de un club de Saint Louis llamado Plantation Club; un hombre de misterioso pasado que se presenta a sí mismo como un antiguo contrabandista de alcohol y que se convertirá en el principal amigo y aliado de Red Colt en su lucha contra el crimen. Para los que tengan dudas de que se trata del mismo personaje, hay un momento en la novela en la que Ross Maloney habla de un antiguo amor de adolescencia del que sigue enamorado, una mujer a la que dejó más de 20 años atrás cuando su “carácter aventurero le llevó a otros ambientes”. Este detalle concuerda con el Ross Maloney del Capitán Pantera que se enrola con 16 años en un mercante.

Toda duda queda despejada cuando en La danza de la muerte (último título de Red Colt), Maloney hace referencia a que conoce el empleo del cuchillo de hoja candente como cauterizador por su etapa como explorador. Poco después comenta que “un muy íntimo amigo mío, tan feo como yo soy y de mi edad, y creo que lleva mis mismos nombres, en su mocedad surcó en todas direcciones los ríos asiáticos, mandando barcos chino repletos de macacos llamados piratas. A aquel mozo pecoso le llamaban Capitán Pantera”.

Por el contenido de las novelas de Red Colt y la edad del personaje, sus aventuras se inician a finales de los años 30, poco antes antes del estallido de la II Guerra Mundial, y terminan como hacia 1940 (en El evadido de Sing Sing se hace referencia expresa a este año).

Los títulos de Red Colt el Ametrallador son los siguientes:

  • Un inglés entre gangsters. (nº 1 de Superhombres)
  • Pánico en Hollywood. (nº 4 de Superhombres)
  • Noches de Chicago. (nº 6 de Superhombres)
  • El evadido de Sing Sing. (nº 8 de Superhombres)
  • La muerte viste smoking. (nº 10 de Superhombres)
  • La danza de la muerte. (nº 14 de Superhombres)

En todas ellas Ross Maloney tiene presencia, en unos casos con gran protagonismo, y en otros con apenas alguna referencia.

El tema es que dependiendo del año de publicación de El Capitán Pantera (ya he indicado antes la confusión existente al respecto), nos encontraríamos que Red Colt sería una continuación de las aventuras de Ross Maloney (en el caso de que hubiera empezado a publicarse en 1943), o, por el contrario, que El Capitán Pantera fuera una especie de Orígenes Secretos del personaje, en el supuesto de que hubiera empezado a publicarse en 1946.

En cualquiera de los dos casos, está claro que Maloney es un personaje que encandiló al propio Debrigode, hasta el punto de emplearlo en series totalmente distintas y aprovechando dos momentos muy diferentes en la biografía del personaje (sus inicios y su madurez).

Lo peculiar del caso es que ya hemos dicho que el último número de la colección de El Capitán Pantera (El infierno del Pacífico) finaliza con la aparente muerte de Ross Maloney hundiéndose en el mar:

Muerte. Le pareció agradable la idea de morir. Eso era. Moría…Solo, en una canoa que crujía al embate de las olas, desorientado, sin brújula…

Los que mueren en lenta agonía ven desfilar su vida en rápida proyección, donde unos trazos faciales evocan los muchos acontecimientos que les rodearon al sonreír, hablar, amenazar…

Poco después se estrellaba y desmenuzaba en múltiples maderos, reventada por su choque contra las rocas.

Unos rojos cabellos sucedían la aparición de la tela blanca. Hundíanse y por unos segundos sólo había olas y encajes de espuma.

Para Ross Maloney el mundo había dejado de existir. El infierno del Pacífico le había vencido.”

La realidad es que Maloney -no sabemos cómo- consigue salvarse para vivir más adelante sus aventuras con Red Colt que terminarían tras seis números en La danza de la muerte, cuyo final deja entrever que las aventuras de ambos personajes iban a continuar, algo que no sucedió por el cierre de la colección Superhombres de Bruguera.  

Pero la cosa no acaba aquí, porque el Capitán Pantera tendrá al menos otra aparición posterior, esta vez en la mítica colección Servicio Secreto de Bruguera, concretamente en su nº 123, Tres en el infierno (1952).

En esta novela, ambientada durante la Segunda Guerra Mundial, vuelve a aparecer un maduro Ross Maloney de 45 años, ahora Capitán de la marina norteamericana, que se presenta a sí mismo como exgrumete, contrabandista, y en su día capitán en Shangai de un barco llamado Furia. No hay el más mínimo atisbo de duda al respecto de que se trate del mismo personaje.

Maloney comparte el protagonismo de la novela con el joven y bravucón Kirk Silverston, alguien que recuerda mucho al joven Capitán Pantera por su arrojo e inteligencia.

Ambos deberán llevar a cabo la operación “3 en el infierno”, para cortar el suministro de munición antiaérea en la costa de Zuiderzee, una tarea casi suicida en la que hasta el momento han fracasado todos los grupos que lo han intentado con anterioridad.

Debo decir que la novela está bien, pero creo que se desperdicia la ocasión de haber dado un digno final al personaje de Ross Maloney.

Otra curiosidad que he descubierto gracias -como no- a Jesús Cuadrado es que el dibujante Antonio Pérez Carrillo publicó en 1954 una serie de cómics titulados El Capitán Pantera con un protagonista y temática que recuerdan mucho a las novelas de Debrigode, aunque el autor nunca acreditó que fuera una versión en viñetas del mismo personaje. En el cómic de Carrillo, el protagonista también se llama Ross Maloney, y es capitán de un barco llamado el Panther (segunda embarcación del personaje original de Debrigode), así que creo que las coincidencias son demasiadas.

Posteriormente, ya en los años 70, Carrillo retomaría el personaje, rebautizándolo como El Tiburón, supongo que para esquivar las suspicacias por los derechos del personaje.

Con todo, no pierdo la esperanza de volver a encontrar a Ross Maloney en alguna de las muchas novelas de Peter Debry que me faltan por leer, en las que tal vez se cubran algunas de las lagunas que hay en la biografía del personaje (¿Cómo sobrevivió al naufragio del último nº del Capitán Pantera?, ¿Se nos contará su vida como contrabandista de licor durante la ley seca?, ¿Cómo acabó siendo propietario del Plantation Club?…), o incluso -ya soñando- se nos narre un digno final que esté a la altura de su leyenda. Un capitán pirata merece un final épico.

Alberto Sánchez Chaves. Madrid, marzo 2021.

SILVER KANE Y EL MISTERIO

Este blog ha dedicado un buen número de reseñas a obras de terror de Francisco González Ledesma, conocido en el mundo de la literatura popular como Silver Kane, y que más tarde acabaría convirtiéndose en uno de los más afamados autores españoles de novela negra gracias a su inmortal personaje del comisario Ricardo Méndez. Pero esta reseña no va de novela negra (género en el que Ledesma se convirtió en una leyenda), sino de misterio o suspense, entendiendo estos términos como aquellas narraciones en las que prima la incertidumbre en el lector acerca de determinados sucesos que se producen en la trama.

Con la idea de analizar su obra de misterio dentro de la novela de quiosco, he considerado oportuno realizar la reseña de unas cuantas de sus obras de la colección punto rojo de Bruguera, con el fin de encontrar elementos comunes que permitan describir las principales señas de identidad del autor en este género. El motivo por el que las reseñas son de la colección Punto Rojo no es otro que en esta colección primaba (especialmente en los 300 primeros números)  el misterio mezclado con el terror, mientras que la colección Servicio Secreto se inclinaba más por el policiaco de acción, la novela negra y el espionaje, dejando en un segundo plano el componente de misterio.

Como resumen, estas pueden ser algunas de las principales características de la obra de misterio de Silver Kane:

  • No existen grandes diferencias entre las novelas del autor publicadas en Selección Terror con las publicadas en Punto Rojo. En ambos casos se entremezcla el misterio y el terror, introduciendo supuestos elementos sobrenaturales que acaban teniendo una explicación más o menos racional. Y con ese más o menos quiero decir que las soluciones son a veces tan exageradamente estrafalarias que resultaría más creíble la presencia de hombres lobos, muertos vivientes, o vampiros. Debemos reconocer que explicar el supuesto ataque de un hombre lobo con pirañas metidas por el asesino en una bañera (esto pasa en una de las novelas el autor) requiere una buena dosis de transigencia por parte del lector.
  • A diferencia de la mayoría de autores que situaban la acción de sus novelas de forma casi exclusiva en Estados Unidos o en Inglaterra, Silver Kane recurría de forma frecuente a Francia y a su cultura, país que conocía muy bien y al que se sentía muy ligado.
  • La importancia de las mujeres es crucial en la obra de Silver Kane, con un protagonismo muy superior a lo que era habitual en la literatura popular, que les asignaba un papel completamente secundario, pues prácticamente aparecen para ser salvadas por el protagonista masculino de turno y acabar casándose con él. Silver Kane reserva a las mujeres en muchas de sus obras el protagonismo absoluto.
  • En buena parte de sus novelas Francisco González Ledesma introduce curiosas anécdotas históricas, citas de personajes famosos o interesantes notas a pie de página que ponen de manifiesto la gran cultura del escritor.
  • La enfermedad mental es un elemento muy presente en la obra de Kane: en muchos de los argumentos del autor es un instrumento para sembrar dudas en el lector acerca de si los hechos que se producen en la trama son reales o fruto de la enfermedad, y de forma muy especial se juega con la idea de un muerto que regresa del más allá. Gran número de títulos del autor se desarrollan en buena parte en manicomios.
  • Otra fijación del escritor son los cuerpos embalsamados o cadáveres dentro de un ataúd. Es llamativo la cantidad de historias de Kane en las que hay alguna escena en la que aparece en extrañas circunstancias un ataúd o el cuerpo momificado de alguien, algo francamente curioso si tenemos en cuenta que estamos hablando de novelas de misterio.
  • El humor es otro recurso habitual en la obra de Kane, especialmente con chistes relacionados con las mujeres, muy del gusto de los hombres de los años 60-70, y empleando un tono absolutamente desenfadado en sus diálogos, hasta el punto que en alguna de sus novelas puede dar la falsa sensación de que no se toma muy en serio a sí mismo. Por poner un ejemplo de hasta donde llega el humor del autor, Javier Garrido Tyla descubre una divertida anécdota en la novela del Oeste ¡Pistoleros Alerta!, de 1973: en ella, el autor, forofo reconocido del Club de Futbol Español (ahora Espanyol), incluye un personaje llamado Cruyff (que acababa de fichar ese año por el Barcelona, gran rival de su equipo), al que se encarga de ridiculizar constantemente.
  • La irregularidad de su obra es una de las más llamativas características del autor, que alterna obras notables con mediocridades fruto de las prisas o la desgana, hasta tal punto que puede dar la sensación de encontrase con autores diferentes. A pesar de ello –o gracias a ello-,  representa para el lector de Kane un incentivo adicional descubrir con cada lectura si se encontrará a un Kane en horas bajas o en estado de gracia.
  • En la obra de Silver Kane asoma de vez en cuando la crítica social sobre temas complicados de tratar en los años en que fueron escritas sus novelas (años 60-70), como la violencia de género, la drogadicción, o la prostitución; algo más propio de la novela negra , género por el que el autor se decantaría en el futuro.
  • Una curiosidad de Silver Kane es que no sólo es el principal pseudónimo de Francisco González Ledesma, sino que además se convierte al mismo tiempo en protagonista de algunas de sus propias novelas: Semana Negra (Servicio Secreto nº 306); Recuérdame al morir (Servicio Secreto nº 360); Ataúd B-4 (Servicio Secreto nº 610); El lago de Satanás (Punto Rojo nº 311) y En el Reino de los Muertos (Punto Rojo nº 365), con la posibilidad de que aparezca en más títulos. 

Y sin más, pasamos a la ronda de reseñas.

TITULO: UN SOLO ATAUD

AUTOR: SILVER KANE

PUNTO ROJO Nº 1 EDITORIAL BRUGUERA

1ª EDICIÓN ABRIL 1962

PORTADA: DESILO

En la editorial Bruguera la colección Selección Terror no existía y Servicio Secreto andaba por el número 610 cuando se publicó el primer número de Punto Rojo. Esta colección pretendía distinguirse de Servicio Secreto recopilando obras que incidieran en los elementos de misterio, dejando el espionaje y la acción para la primera publicación.

La novela que inaugura Punto Rojo se inicia con un inquietante velatorio, en el que Magda, nuestra protagonista, mantiene una animada conversación con Percy sobre el Más Allá, nada extraño si no fuera porque Percy es el cadáver de su prometido, recientemente fallecido de un infarto.

La señora Fremont, tía de Magda, pronto se encarga de contarle a un viejo amigo de Percy que su sobrina estuvo ingresada en un manicomio, víctima de terribles alucinaciones que le hacían escuchar voces del más allá, y aunque ya había recibido el alta, la muerte de su prometido parece estar haciéndole recuperar su malsano comportamiento.

El amigo en cuestión se llama Clive Sanders (no confundir con el famoso personaje de Silver Kane, Clive Murdock), un antiguo compañero de Percy de los Servicios especiales de la Armada durante la guerra de Corea, que nada más ver a Magda cae absolutamente enamorado.

Tras un solemne funeral en el que se envía el cuerpo de Percy al fondo del mar, la acción se traslada al Worthington College, un enorme y siniestro caserón de finales del siglo diecinueve situado en una población al Norte de Nueva York. Si sois de los que pensáis que lo ideal para recuperarse de una pérdida es empezar a trabajar como maestra de francés en un siniestro caserón  cercano a un hospital de salud mental y a un cementerio donde antiguamente se enterraban a los marinos, no os resultará extraño si os digo que es justo aquí donde ha ido a parar Magda en busca de tranquilidad.

El doctor Kinsey, gran amigo del fallecido Percy, es el director del hospital mental próximo al Worthington College, y se ha comprometido a vigilar el comportamiento de Magda por si vuelven a apreciarse en ella síntomas de alucinaciones.

El Worthington es el típico colegio de disciplina inglesa, dirigido por la estricta Señorita Ulster, donde van a parar los alumnos problemáticos, un lugar siniestro de largos y oscuros pasillos que muestra su aspecto más sombrío en cuanto desaparecen los estudiantes de las aulas.

Colegio siniestro, hospital mental, cementerio…con esta ambientación ya os podéis imaginar lo que se avecina en esta sorprendente novela –porque ya aviso que la trama no acaba siendo lo que parece-, una gran elección para inaugurar una colección en la que los amantes del suspense se pueden  encontrar grandes sorpresas.

Interesante un pasaje de la novela en la que se trata abiertamente el tema de los malos tratos, algo para nada habitual en los años 60. Clive Sanders, cumpliendo una promesa realizada a una amiga asesinada por su marido, que le propinaba constantes palizas, avisa a una mujer llamada Sally de que se aleje de su novio, pues es otro maltratador.

                       – “¿Por qué seréis así los hombres? ¡Qué asco!

                       – No te lo discuto. Los hombres damos tanto asco que te conviene estar lejos de  nosotros. Al menos de los tipos como Quimby.

                        – Sois unos bichos que sólo servís para pagar las facturas. Pero, eso sí, lo de pagar, no hay nadie que lo haga tan bien como vosotros.”

Cuando Sally le pregunta a Clive dónde está el hombre que asesinó a su amiga, éste le dice que en la cárcel, a lo que ella contesta: 

                         – “Muy poco. ¡Sólo la cárcel por matar a golpes a una mujer! ¡Merece la silla eléctrica!”

Por cierto que por casualidades de la vida, huyendo de su peligroso prometido, Sally se verá envuelta en la trama con no muy buenas perspectivas. Como muy bien dice la novela, “si una chica que se ganaba la vida enseñando las piernas a los hombres, ha venido a morir a un sitio donde se enseña el latín a los niños, tiene que existir alguna razón”.

Otro aspecto interesante y poco habitual es la mención al cine pornográfico clandestino: “Se proyectaban allí películas rigurosamente prohibidas, películas pornográficas, cuyos personajes fijos eran siempre parejas que sostenían relaciones extraordinariamente amistosas. Un público formado casi exclusivamente por jovenzuelos y por viejos perversos que estaban de vuelta de todo, asistía, babeante, al espectáculo proyectado en la pantalla. A Clive le repugnó pensar que por el solo hecho de entrar allí pudiesen tomarle por uno de aquellos degenerados de siete ojos.”

Muy extraño que se haga en la novela mención al tema de los malos tratos y al de la pornografía, lo que demuestra el interés del autor por la novela policiaca como vehículo de crítica social, algo muy característico de la novela negra, pero excepcional en la novela popular, que huía de grandes complicaciones. Prueba del temprano interés del autor por la novela negra es que se cita en la novela a Mickey Spillane, célebre escritor americano creador del personaje de Mike Hammer (y para los aficionados al cómic, guionista del Capitán Marvel original –ahora Shazam- y del Capitán América)

TITULO: EL HORROR Y TU

AUTOR: SILVER KANE

PUNTO ROJO Nº 16 EDITORIAL BRUGUERA

1ª EDICIÓN AGOSTO 1962

PORTADA:

Frank Purdom es un detective privado que está a punto de casarse con su prometida Marjorie, una estupenda mujer a la que conoció cuando un año atrás acudió en busca de sus servicios profesionales contratándole para que buscara a su madre desaparecida. Aunque de la suegra no hubo rastro alguno (que astuto, Frank…), en su lugar encontró el amor.

A pesar de que la boda es al día siguiente, y de que Frank aún se encuentra recuperándose de un disparo que le ha paralizado una pierna, el detective acude a su despacho para rematar algunos papeleos pendientes.

Quiere el destino que justo esa tarde recibe la visita de una cliente que quiere contratarle para que le ayude a resolver un extraño misterio: desde hace un tiempo sueña con que huye de un hombre cojo, y que en la huida se encuentra el cadáver de su hija metida dentro de un ataúd colocado delicadamente en un claro en mitad del bosque con un cirio encendido.

Lógicamente, Frank recomienda educadamente a la buena señora que lo que debe hacer es acudir a un psiquiatra y no a un detective, y le invita a abandonar su despacho, pero justo en ese momento aparece Marjorie y se descubre que esa mujer es en realidad su madre desaparecida. La alegría es enorme, pues Marjorie descubre que su madre sufrió un ataque de amnesia que le hizo olvidarse de todo, pero al verla de nuevo, recupera la memoria.

El caso es que la boda se celebra, y los novios se marchan a una retirada cabaña para pasar una tranquila luna de miel. La primera noche, Marjorie desaparece de súbito, y cuando Frank, alarmado, se pone a buscarla, la encuentra dentro de un ataúd en mitad del bosque, junto con un solitario cirio encendido.

Horrorizado, Frank sube al coche para acudir a la policía, con la sorpresa de que se encuentra a Marjorie esperándole vivita y coleando en el garaje.

A partir de aquí comienza una trama que pondrá en duda la cordura de nuestro protagonista, que se encontrará con siniestros hombres cojos, cadáveres que aparecen y desaparecen, mucho, mucho misterio, y algunas perlas de humor, tan típicas del autor.

Como es habitual en Silver Kane, el brillante planteamiento inicial se acompaña de un vertiginoso desarrollo que hace que el lector devore literalmente la novela de una sola tacada para llegar a una solución final que a mi personalmente me parece bastante tramposa, pero es un tema tan habitual en la novela popular que francamente no le doy importancia. De hecho, cada vez disfruto más del surrealismo de Kane, que convierte la lectura de cada uno de sus libros en toda una aventura.

TITULO: CUATRO PUERTAS ROJAS

AUTOR: SILVER KANE

PUNTO ROJO Nº 46 EDITORIAL BRUGUERA

1ª EDICIÓN ABRIL 1963

PORTADA:

El ladrón profesional Jimmy Logan recuerda su infancia junto a sus primas Ketty y Sigrid en la siniestra casa de su abuelo Archibald, una antigua abadía rodeada de tumbas situada en la costa sur de Inglaterra en la que pasaban las largas tardes de verano jugando a quien veía antes un fantasma en la ventana. Una casa en cuyo piso superior se encontraba una enorme biblioteca de la que salía un largo pasillo flanqueado por cuatro puertas rojas, a los pies de una de las cuales apareció el cuerpo asesinado de su abuelo, sin que jamás se encontrara al culpable del crimen.

10 años después, su bella prima Ketty ha sido condenada a muerte por asesinar a su esposo, y le pide a Jimmy que acuda a la prisión de Broadmoor para hacerle una sorprendente revelación: su abuelo había hecho un testamento que estaba oculto en la casa familiar, y había dejado instrucciones de que no se abriera hasta justo dentro de una semana. Según Ketty, el abuelo le dijo que en el testamento legaba su inmensa fortuna a Jimmy, Sigrid, ella misma y a su difunto marido, un amigo de su abuelo con el que se había empeñado que debía casarse. Lo peor de todo es que al parecer el testamento incluía una cláusula según la cual todos los bienes debían repartirse entre los herederos vivos a la fecha de apertura  del testamento.

El motivo por el que Ketty le cuenta esto a Jimmy es porque quiere que encuentre el testamento, y lo haga aparecer en la caja fuerte del despacho de su marido, con la idea de que parezca que él lo conocía y ella no, para utilizarlo en su defensa justificando que le mató en defensa propia, pues su marido pretendía asesinarla para quedarse con su parte de la herencia.

Jimmy, que siempre ha estado enamorado de su prima Ketty, decide ayudarla, lo que le obliga a regresar a la casa de su  abuelo y a buscar el testamento en las misteriosas habitaciones de las cuatro puertas rojas, pero no lo hará solo, pues su otra prima, Sigrid, también tiene sus motivos para acudir a la casa. Sigrid, que por supuesto es una chica que aparte de estar como un queso, tiene una peculiar afección visual, y arrastra un turbulento pasado que provoca que unos matones la anden buscando.

Juntos, entrarán a descubrir los secretos de la casa de las cuatro puertas rojas, sin sospechar que lo primero que se encontrarán detrás de la primera puerta es una mecedora con el cuerpo embalsamado de su abuelo; un cuerpo que a la mañana siguiente ha desaparecido sin dejar rastro.

El relato tiene un inicio y un planteamiento apasionante, con una complejidad muy superior a lo habitual, y con el autor luciéndose en la ambientación terrorífica, pero por desgracia, según avanza la trama, da la sensación de que comienza a improvisarse todo de forma muy precipitada, con la aparición de personajes de forma repentina, sin orden ni concierto, lo que hace que el ritmo de la novela sea demasiado irregular. Ya he comentado que una de las características de Kane es precisamente esa irregularidad en su obra, alternando muy buenas ideas con desarrollos mediocres que lastran la calidad media de sus libros. Personalmente considero esta novela una de las más flojas de las que he podido leer de Kane.

TITULO: EL ASESINO DE LAS DOCE EN PUNTO

AUTOR: SILVER KANE

PUNTO ROJO Nº 531 EDITORIAL BRUGUERA

1ª EDICIÓN ABRIL 1971

PORTADA: ¿?¿¿?

Si hay algo en lo que destaca Silver Kane es en meterse al lector en el bolsillo desde la primera página de sus obras. Consciente de la necesidad de enganchar cuanto antes al lector, el autor suele tener unos inicios absolutamente contundentes. Valga de ejemplo el primer párrafo de El asesino de las doce en punto.

Anoche soñé que entraba en el reino de los muertos.

Siempre había creído que el mundo de los muertos sería algo siniestro, aterrador, lleno de tinieblas. Siempre había creído que oiría gritos ululantes en la noche. Que me contemplarían facciones macabras desde la oscuridad. Que manos descarnadas se tenderían hacia mí, surgiendo de jirones de niebla.

Reconoced que es difícil resistirse a seguir leyendo después de este inicio tan a lo Rebeca de Daphne Du Maurier.

Pues bien, todo lo anterior no es más que parte de una alucinación reiterativa que lleva días teniendo el protagonista de la novela, Stirling. En estas visiones, oye a una mujer llamada Nancy, que habla de una mansión con habitaciones ocultas en las que se encuentran cadáveres de familiares fallecidos años atrás. Estos hechos, en apariencia sobrenaturales, se entienden mejor si tenemos en cuenta que Stirling es un policía que se encuentra ingresado en un manicomio, al cuidado del doctor Stanton, tras haber caído en las garras de la droga como consecuencia de haber llevado demasiado lejos una heroica misión de infiltración en el mundo del hampa, en la que debía hacerse pasar por un drogadicto.

La novela, que nuevamente podría haber sido publicada como de terror,  va alternando el supuestamente imaginario relato de Nancy con el internamiento de Stirling, de modo que el lector irá descubriendo poco a poco la verdadera relación entre ambas historias, según avanza la investigación que lleva a cabo el propio Stirling desde el mismo manicomio sobre los hechos que se desprenden de la narración de Nancy.

Una guía turística del Sur de Estados Unidos convence a Stirling de que el lugar que aparece en sus alucinaciones existe en la realidad, lo que le lleva a fugarse del manicomio hasta la pequeña localidad de Wilbur, cuya descripción se ajusta hasta en el más mínimo detalle a lo que ha escuchado en sus alucinaciones de boca de Nancy.

Todo esto lleva a Stirling a una siniestra mansión en un recóndito pueblo de el Sur de Estados Unidos, guiado por una misteriosa voz escuchada desde el otro extremo del país. El misterio está servido.

¿Cómo es posible que Stirling oyera la voz de Nancy? ¿Qué es en realidad lo que está sucediendo en Wilbur?.

En 2007 esta novela fue reeditada como parte del volumen recopilatorio “Recuérdame al morir”, editado por La Factoría de las Ideas, y que reunía tres novelas cortas policiacas de Silver Kane, en un loable pero aislado intento por recuperar el espíritu del pulp hispano.

TITULO: UN PEDAZO DEL MÁS ALLÁ

AUTOR: SILVER KANE

PUNTO ROJO Nº 559 EDITORIAL BRUGUERA

1ª EDICIÓN ENERO 1973

PORTADA: JORGE SAMPERE

John Bowery es un detective privado que se encuentra de camino a Fresno, a donde se dirige para sustituir al señor Palmer, dueño de una Agencia de detectives.

Tras resultar imposible encontrar un hotel donde pasar la noche, pues están todos abarrotados de soldados que van de camino a las bases del Pacífico en dirección a Vietnam, un conocido de Palmer le envía a una residencia de jovencitas situada en Yucca Valley, con la instrucción de que pregunte por Miss Forsyte.

Como ya os podéis imaginar Miss Forsyte no es la típica institutriz mayor y estirada, sino que resulta ser una despampanante mujer de 26 años que está encargada de gestionar la escuela femenina, que está a punto de cerrar definitivamente sus puertas.

Sorprendentemente, Miss Forsyte no pone ninguna pega a que John pase la noche en la escuela, y le facilita una cama en una de las salas que empleaban de forma habitual las alumnas.

En mitad de la noche, John ve que entra en la sala otra escultural mujer cuyo comportamiento resulta sumamente inquietante, pues ríe como una loca mientras dice en voz alta  “No hay muertos… Los muertos están entre nosotros… Los muertos siguen en nuestras habitaciones, se sientan a nuestras mesas…”.

Después oye a otra mujer distinta realizando extraños cánticos. John decide no entrometerse, y permanece en su cama sin moverse, pensando que la casa está habitada por locas y borrachas, y con la única idea en mente de salir corriendo de allí en cuanto amanezca.

Finalmente cae rendido, y al despertar a la mañana siguiente, se encuentra en su cama el cadáver de una de las jóvenes de la noche anterior, con la garganta destrozada.

Aterrorizado, baja las escaleras, para encontrase en la planta baja con el cadáver de Miss Forsyte, colgado boca abajo y con el cuerpo abierto en canal. De la tercera mujer que vio por la noche, no hay ni rastro.

A sabiendas de que la gente le considerará el asesino, pues todas las pruebas apuntan hacia él, decide huir en su coche, alejándose alocadamente en dirección a Fresno, hasta que se queda sin gasolina en mitad del desierto. Para suerte o desgracia, el destino decide que el primer coche que se cruza con él es el de la policía, que le lleva hasta la gasolinera más cercana, que por supuesto está en la localidad de la que acaba de huir por la mañana.

En el camino el policía le explica las leyendas que circulan sobre el pueblo, relacionadas con unos muertos desenterrados de una cueva, con todo tipo de alucinaciones provocadas por el desierto, y con una compañía teatral de guapísimas chicas que años atrás pasó por la localidad.

Agobiado por los remordimientos, John confiesa al policía todo lo que ha pasado desde su llegada al pueblo, pero cuando acuden a la escuela de señoritas, no encuentran señal alguna de los salvajes asesinatos ocurridos la noche anterior. Además, el policía le dice que Miss Forsyte es una estricta mujer cuya descripción en nada se parece al monumento que le invitó a hacer noche en la escuela. Todo parece haber sido una terrible alucinación.

Tras llegar a Fresno, John recibe su primer encargo como detective: debe investigar al marido de una tal Sra. Mortimer para reunir pruebas para su divorcio. Cuando se entrevista con ella, la Sra. Mortimer (que está estupenda, por supuesto) se muestra esquiva, y le informa que ya no está interesada en divorciarse de su marido, un adinerado abogado con una extraña afición por la arqueología.

Justo cuando sale de casa de su ex cliente, a John le da un vuelco al corazón cuando ve en la acera de enfrente a la tercera joven que entró en su cuarto la horrible noche de los asesinatos, la única que no apareció muerta a la mañana siguiente en la escuela femenina.

Esto es tan sólo el principio de una compleja historia que llevará a nuestro protagonista de vuelta a la escuela para señoritas de Yucca Valley, a enfrentarse con la siniestra verdad y con un pedazo del más allá.

Y por cierto, la novela contiene interesantes referencias a Charles Manson y a los asesinatos de Sharon Tate y de Robert Kennedy, e incluso una cita de Rommel, en una de esas muestras de cultura que deja de vez en cuando en sus novelas el Sr. Ledesma:

“El desierto es como un mar”. Esto no lo había dicho un cualquiera, sino nada menos que el mariscal Rommel, el jefe del “Afrika Corps”, quien comprendió que un día que sobre los arenales no había que emplear las tácticas del ejército de Tierra, sino las tácticas de la Marina. Y bien que le resultó durante mucho tiempo… Definitivamente, Rommel fue uno de los hombres que, en este mundo, mejor conocieron el desierto.

TITULO: NO PREGUNTES LA HORA AL MUERTO

AUTOR: SILVER KANE

PUNTO ROJO Nº 638 EDITORIAL BRUGUERA

1ª EDICIÓN ABRIL 1974

PORTADA: ALBERTO PUJOLAR

John Milton Craven es un joven de 23 años que acaba de ser repatriado de Vietnam tras sufrir una grave herida en una pierna, y buscando empleo comienza a trabajar para el Washington Post gracias a Tony Adams, un hombre al que años atrás había salvado la vida al donarle sangre cuando intentó suicidarse tras la horrible violación y asesinato de su esposa a manos de los secuaces del hampón Sammy Müller.

El problema es que Tony Adams parece estar totalmente desequilibrado desde la muerte de su esposa, pues aparte de pequeños detalles como que sigue viéndola por la ventana y de que recibe mensajes suyos, Tony lleva un cadáver en la parte trasera de su coche, y continúa obsesionado con la idea de encerrar a Müller, asegurando que tiene oculto un testigo que le llevará a la cárcel.

Como prueba para poder entrar a trabajar en el Washington Post, John tiene que escribir tres crónicas para que Tony les dé el visto bueno, y para ello le entrega unas cintas con ideas para artículos que ha ido recopilando el propio Adams en los últimos meses.

La primera idea grabada, narrada por una misteriosa voz femenina,  trata sobre unos traficantes de droga que emplean máscaras africanas para ocultar la mercancía y poder pasar así la frontera, con la peculiaridad de que una de las máscaras está recubierta con la piel de la mujer de uno de los camellos que recibe la mercancía, asesinada por los narcotraficantes en venganza por haber abandonado la organización.

Poco sospecha John que a partir de aquí todo se va a complicar hasta extremos insospechados, comprobando que la historia acerca de la máscara de piel humana grabada en el magnetófono es real, lo que le lleva a oir las otras dos historias, con el fin de comprobar si también pueden ser ciertas. Y todo esto sin la posibilidad de que Tony Adams le aclare algo, pues parece haber desaparecido de la faz de la tierra.

Resulta sorprendente  la compleja trama de esta novela, muy alejada de los sencillos planteamientos en los que solía moverse la literatura de quiosco, orientada a un público poco amigo de complicarse la existencia.

Realmente no queda claro si esta complejidad es fruto de una sesuda planificación por parte del autor, o más bien fruto de la improvisación. Sea como sea, el resultado me ha parecido notable, con una intriga que acaba encontrando una convincente explicación final.

TITULO: LA MUERTE COLOR DE LLUVIA

AUTOR: SILVER KANE

PUNTO ROJO Nº 672 EDITORIAL BRUGUERA

1ª EDICIÓN ABRIL 1975

PORTADA: MIGUEL GARCÍA

Mónica es una joven que vive en la mansión familiar en compañía de su tío Patrick, después de que hace unos años su madre Silvia asesinara a un hombre con un cuchillo y fuera encerrada en el manicomio de Black Hill, una institución mental para enfermos peligrosos que sigue un peculiar procedimiento de curación.

Una noche, Mónica tiene una horrible pesadilla en la que ve a su tío Patrick asesinando con un cuchillo a su tía Evelyn, fallecida años atrás en un accidente de aviación. El problema es que las pesadillas comienzan a ser cada vez más habituales; unas pesadillas en las que la lluvia siempre es sinónimo de muerte, exactamente iguales a las que empezó a tener su madre poco antes de volverse loca, lo que hace temer a Mónica que puede haber heredado la enfermedad de su madre.

De hecho, su tío Patrick, preocupado por su sobrina, le convence de la necesidad de comenzar a tratarse.

Mientras tanto, un escritor fracasado llamado Taylor Flynt conoce de forma accidental a Mónica, quedando absolutamente enamorado. A partir de ese momento decide ayudarla sin que ella sepa nada de su intervención.

Locos que salen del manicomio de alta seguridad como Pedro por su casa, asesinatos de doncellas bajo la lluvia, un cuadro de Millet, cadáveres que aparecen y desaparecen, misterios del pasado…. No falta de nada en esta novela, muy del estilo de Silver Kane, lo que incluye surrealistas explicaciones a los misterios que se van presentando a lo largo de la historia. No quiero destripar demasiado acerca de la trama, pero para que os hagáis una idea del nivel de sucesos estrafalarios, se explica la aparición de un cadáver dentro de los jardines del manicomio argumentando que el asesino lo descuelga desde un helicóptero en mitad de la noche, y esto no es lo más raro que encontraréis en esta novela. Pulp en estado puro.

En la novela se encuentra también una fascinante y extensa nota del autor a pie de página en defensa de la psiquiatría, una especialidad médica vista con desconfianza en esos años en nuestro país, pero que en Estados Unidos experimentaba un gran auge.

TITULO: TRES NOCHES CON LOS ESPIRITUS

AUTOR: SILVER KANE

PUNTO ROJO Nº 333 EDITORIAL BRUGUERA

1ª EDICIÓN 1968

PORTADA: DESILO

La novela comienza con El Sheriff local acompañando en coche a una bella joven llamada Norma hasta una alejada casa de estilo francés que domina lo alto de una colina cercana a la población de Kinder, en Lousiana (población que por cierto existe). Una vez allí, Norma le pide al Sheriff que la deje sola.

La casa, en la que Norma vivió hasta cumplir 10 años, era propiedad de su tía Eleanore Deville, recién fallecida en un atentado en el avión en el que viajaba. Norma ha regresado ahora para cumplir con las últimas voluntades de su tía. Como no puede ser de otra forma en este tipo de novelas, el testamento incluye una de esas excéntricas clásusulas que hacen que nos frotemos las manos.

Eleanor tenía cinco sobrinos, y el testamento establece que todos sus bienes -una inmensa fortuna- se repartirán a partes iguales entre ellos, siempre y cuando pasen tres noches juntos en su casa a partir del día en que Norma cumpla la mayoría de edad, y ese día es justo hoy. Todo el que muera o abandone la casa antes del tercer día, perderá todo derecho sobre la herencia.

De este modo, Norma, Ethel (una joven viuda obsesionada con los espíritus), Rock (un rufián que acaba de salir de prisión), Alan (un alcohólico consentido)  y Bates (un veterano de la guerra de Corea que quedó mudo por la explosión de una granada)  -los cinco sobrinos de Eleanore- se disponen a pasar tres noches juntos que no olvidarán en lo que les resta de vida, lo que para algunos de ellos no será demasiado tiempo.

En la novela hay un sexto personaje, el habitual héroe masculino, que en este caso corresponde a Bob Halloran, un afamado periodista que iba camino de entrevistar a Robert Kennedy, y que por un accidente de coche se verá envuelto de forma involuntaria en esta siniestra historia.

Por supuesto la casa en la que van a convivir es muy tranquilizadora, con todo intacto pero cubierto de polvo, con un espantoso alarido que resuena de vez en cuando, y con un cementerio familiar en la parte trasera…y claro, lo lógico es hacer una sesión de espiritismo.

Para aquellos lectores curtidos que están acostumbrados a este tipo de excentricidades en la novela popular, hay que añadir que Norma tiene un defecto de nacimiento que le impide cerrar los párpados, lo que hace que esté condenada a tener siempre los ojos abiertos, incluso mientras duerme (esto por cierto, existe en la realidad, y se llama lagoftalmos); y además, en los alrededores de la casa de los Deville se cometieron unos años atrás una serie de asesinatos a manos de un asesino que mataba siempre descalzo dejando una huella de seis dedos…

No cuento más de la novela, para no destripar una historia que una vez más podía haberse publicado perfectamente en la colección de Selección Terror, lo que no quita que el misterio esté presente en todo momento.

Hay un detalle de la novela que me ha parecido genial por lo estrafalario, y es que Bob Halloran está en proceso de divorciarse de su esposa porque han tenido un hijo negro. Hay una conversación sencillamente impagable entre Bob y su aún esposa Alma, que acabará teniendo su explicación en la novela:

         – Me casé contigo enamorada como una loca. Nunca hubo otro hombre en mi vida y nunca más lo habrá. Tú y yo somos sanos, somos blancos, es un castigo del cielo el que hayamos tenido un hijo negro.

       – Alguien debió explicarte que, en ese y otros aspectos, se suele saltar una generación. Que el color de piel del abuelo puede transmitirse no al hijo, sino al nieto.

       -Yo no sabía nada de eso. Yo sólo sabía que estaba enamorada de ti. Para casarme creí que era suficiente. Además, el hijo es nuestro, y tú lo sabes. No es ninguna monstruosidad tener un hijo negro.

        -Para los que viven en Alabama, sí —dijo bruscamente—. Un hombre que trate de prosperar en el seno de una sociedad racista, debe tener en cuenta esas cosas. Yo no he inventado eso de que la gente se clasifique según el color de su piel. Cuando nací, la cosa ya estaba inventada, y tengo que amoldarme a ella. Un hijo negro me hundirá. Por eso he pedido el divorcio.

Y todo esto en 96 páginas que son un verdadero torbellino de diversión.

Y sin más, finalizo este artículo, con la seguridad de que no será la última vez que hable de Silver Kane, un autor que cada vez me gusta más.

BUSCANDO AL MONSTRUO DE LA LAGUNA NEGRA DEL QUIOSCO

        Cuando hablamos de monstruos clásicos, a todos nos viene a la cabeza Drácula, Frankenstein, el hombre Lobo, o la momia, pero existen otros monstruos cinematográficos y literarios que, sin alcanzar la grandeza de los mencionados, también forman parte del imaginario popular. Entre éstos se encuentra sin lugar a dudas el monstruo de la laguna negra, una criatura mitad humana mitad anfibia que, a diferencia de otros grandes mitos nacidos de la literatura, tiene su origen en el cine.

La década de los 50´ se caracterizó en el cine por el auge de las películas del género de terror y ciencia ficción. Los avances tecnológicos permitieron filmar todo tipo de ideas imposibles de realizarse hasta la fecha, gracias al uso de ingeniosos efectos especiales, y también gracias a logrados maquillajes. En esta década es cuando se produce la aparición del monstruo de la laguna negra, que acabó protagonizando tres títulos que alcanzaron un notable éxito de público, en gran parte, gracias a la novedosa pantalla tridimensional (3-D). Esta propuesta tecnológica brindaba a los espectadores una experiencia inédita mediante la utilización de unas gafas especiales, que causó un furor sin precedentes, pero que no duraría mucho, ya que hacia 1953 los espectadores se quejaban de fuertes mareos y dolores de cabeza después de las proyecciones, lo que supuso la muerte de esta novedad cinematográfica, que no obstante intenta resucitar cíclicamente, y que incluso en la actualidad, con una increíble mejora en el sistema 3D, no acaba de cuajar del todo. Pues bien, la trilogía que nos ocupa hizo un interesante uso del 3D en los cines, lo que sumado a una buena dirección y una cuidada producción, provocó un enorme éxito de la franquicia.

La criatura de la Laguna Negra tiene una naturaleza científica, por lo que no tenía el carácter sobrenatural de la mayoría de los monstruos clásicos, ya que viene a ser un eslabón perdido de la evolución.  El resultado: una criatura mitad humano y mitad pez, con unas manos/garras palmípedas que mejoraban su habilidad para nadar, y a la vez le servía de arma; y con una especie de dientes de sierra recorriéndole la espalda que le proporcionaban una apariencia amenazante y a la vez le aportaba estabilidad al nadar.

Además el monstruo tiene unas características escamas que le aseguran un fuerte escudo defensivo. En la cabeza, tipo casco, destacan unas branquias que le permiten respirar bajo el agua. Respecto a sus pies tipo aletas, le facilitan nadar a gran velocidad, y caminar en tierra firme cuando sea preciso (normalmente para secuestrar a una bella mujer).

En resumen, una abominación que se transformó en una figura clásica del cine de terror y ciencia ficción, pero que ha envejecido muy mal, perdiendo la condición de monstruo por el camino para convertirse en un icono pop relanzado con la más moderna y exitosa “La forma del agua”, de Guillermo del Toro, una película que rinde homenaje al monstruo más clásico al amparo de una historia romántica.

La primera película de la trilogía fue Creature From the Black Lagoon (El monstruo de la Laguna Negra, 1954), dirigida por Jack Arnold. En la misma, un paleontólogo desentierra una monstruosa mano prehistórica en el Amazonas, enviándose una expedición para buscar el resto del fósil. Los exploradores están liderados por el científico David Reed (Richard Carlson) y por un empresario llamado Mark Williams (Richard Denning). Pronto se encontrarán con un ser lleno de escamas que vive en un hábitat acuático llamado la Laguna Negra, y que no parece muy contento con la visita del ser humano, a pesar de lo cual, el muy bribón se obsesiona con la bella Kay (Julia Adams), que también forma parte  del grupo explorador. En la película abundan las escenas bajo el agua, que supieron aprovechar al máximo la primitiva tecnología de 3D de la época.

La segunda de las películas, Revenge of the Creature (El regreso del monstruo, 1955) también fue dirigida por Arnold.  En ésta, la trama se centra en los preparativos para la captura de la criatura en un afluente del Amazonas, y en su transporte a un acuario de Florida. Allí se intenta domesticarla con técnicas que suponen una auténtica tortura a la criatura durante su cautiverio. Esta vez, la criatura, que no es tonta, se siente atraída por la bella Helen Dobson (Lori Nelson). Finalmente, el monstruo se las arregla para escapar de su prisión, desapareciendo en el mar. Aunque esta secuela no tuvo tanto éxito como la primera entrega, personalmente considero que tiene una fuerza visual impresionante, superando en calidad al título inicial de la saga.  El uso de las sombras me parece brillante. Aunque también fue filmada en 3-D, la película, salvo unas pocas copias en Estados Unidos, se proyectó en salas en 2D, ya que en 1955, año de su estreno, la tercera dimensión había perdido el interés para el gran público por los motivos expuestos anteriormente.

The Creature Walks Among Us (1956) fue el tercer título de la serie, estrenado en España como El Monstruo camina entre nosotros. No la he visto, así que no puedo opinar, pero por lo que he podido leer, se considera la más floja de la saga. Fue dirigida por John Sherwood, un ex-alumno de Arnold. En la película, la criatura sufre en tierra graves quemaduras que debilitan su armadura, y dos científicos descubren que bajo las escamas hay un animal herido que respira con dificultad. Durante toda la película la criatura intenta llegar al agua para curar sus heridas.

Como prueba de la gran popularidad del personaje, tuvo un encuentro con los cómicos del momento en Abbott and Costello Meet the Creature from the Black Lagoon. Cualquier monstruo que no haya tenido una entrega cinematográfica con Abbott y Costello no merece la calificación de clásico.

El gran éxito de las películas de la criatura de la laguna negra motivó la aparición de innumerables intentos de repetir el personaje, manteniendo una estructura casi idéntica. The Phantom from 10,000 Leagues (El fantasma de las 10.000 leguas, 1956) presenta un monstruo fruto de una mutación,  y  The Monster of Piedras Blancas (El monstruo de Piedras Blancas, 1958), una película americana dirigida por  Irvin Berwick, en la que vuelve a presentarse un ser prehistórico con una apariencia idéntica a la del monstruo de la laguna negra.  Estos son tan sólo dos ejemplos de una larga lista de subproductos de la época, pero la cosa no acaba ahí, pues cuando pensábamos que la criatura era ya tan sólo un recuerdo para nostálgicos, en 1982, John Landis convenció a Jack Arnold para dirigir un remake de la película, que incluía la aparición de dos criaturas, una malvada y destructiva, y otra bondadosa. La película fue finalmente cancelada.

En 1992 John Carpenter también lo intentó, Peter Jackson en 1995, e Ivan Reitman en 1996, pero sus proyectos tampoco salieron adelante.

Finalmente, Guillermo del Toro, un director que se autodefine como un amante de los monstruos, estrenó en 2017 La forma del agua, una clara reinvención del monstruo de la laguna negra, por mucho que gran parte del público sólo vea en el film el origen de Abraham sapien, el personaje de Hellboy.

Ahora que conocemos a este monstruo que forma parte de la cultura popular, cabe preguntarse acerca de su presencia en la literatura de bolsillo. ¿Aparece el monstruo de la laguna negra en los populares bolsilibros?. Para responder esta pregunta, me he puesto a investigar, y como no podía ser de otra forma, he acabado encontrando al monstruo, aunque no con tanta frecuencia como me esperaba. Sabido es que la literatura de quiosco encontraba su inspiración en todo tipo de literatura y cine, y aparentemente una criatura como la del Lago Negro es muy del gusto de la época, y sin embargo pocos de nuestros habituales autores mostraron su   –llamadlo como queráis-  versión/homenaje/copia.

Como siempre digo en estos casos, esta reseña no pretende en ningún caso realizar una relación exhaustiva de novelas en las que aparezcan criaturas similares a las de la laguna negra. Es imposible. Simplemente pretendo mostrar algunos títulos que sirvan  de muestra para comprobar la visión de los autores, y la forma en que se adaptaron al formato del bolsilibro. Si con el tiempo voy descubriendo nuevos títulos, los incorporaré a la reseña.

En Largo viaje hacia la nada (1974), de Curtis Garland (La conquista del Espacio nº 201) el protagonista narra cómo ha llegado a ser el único ser humano superviviente sobre la Tierra. Nos encontramos en el año 277 Después de Cero, dentro de un búnker hermético, donde Paul, nuestro héroe, ha permanecido dormido desde que sus padres le introdujeran siendo un adolescente, aislándole de la radiación. Tras despertar de su letargo, transcurren otros 7 años en los que Paul comienza a ser víctima de una enloquecedora soledad dentro del búnker, hasta que un día suena una alarma que le avisa de que otro ser vivo ha entrado en el refugio. A partir de este momento, nuestro protagonista –que pasa a ser llamado Zero por exigencias del guion- deberá afrontar todo tipo de peligros provocados por la radicación que ha campado a sus anchas durante más de doscientos años, que incluyen a unos seres anfibios cuya descripción se ajusta mucho a la de la criatura del lago negro.

Sin embargo, esta es una aproximación muy tangencial al monstruo de la laguna negra por parte de Curtis Garland, que rendiría ya sin tapujos un homenaje como dios manda a la criatura en Los ojos de la iguana (Colección Tam Tam Nº  20, Bruguera, 1982), que os recomiendo leáis si alguna vez tenéis la suerte de poder haceros con un ejemplar. Curiosamente en la colección de Selección Terror, donde empleó todos los mitos cinematográficos que se os puedan ocurrir, no aparece ningún título protagonizado por alguna criatura similar. Supongo que, al igual que yo, Juan Gallardo Muñoz consideraba que El monstruo de la laguna Negra era más una película de aventuras que de terror.

Los ojos de la Iguana narra una expedición a lo más remoto de la selva amazónica de Brasil, organizada por la bella Lizabeth Vaughan para buscar a su padre, desaparecido hace un año junto a su ayudante Karl Walters después de anunciar que estaba a punto de descubrir algo que cambiaría el mundo para siempre. Por supuesto Lizabeth no se encontrará sola, pues contará con la inestimable ayuda de su amigo Robin Bradley y la del Mayor Scott Kingsby, un exmilitar escocés que ahora se gana la vida como mercenario. No cuento nada más, pero es esta una novela más que recomendable, una prueba más de que Curtis Garland era capaz de manejar con maestría prácticamente cualquier género, y de hacer interesante hasta las instrucciones de una tostadora, si hubiera recibido el encargo de escribirlas.

En el género del terror, El estanque, de Ralph Barby (Selección Terror nº 255, 1978) era, por la portada, la opción más probable para encontrarse con el monstruo de la Laguna negra, y sin embargo resulta ir por otros derroteros que nada tienen que ver, lo que no quita que la novela tenga elementos muy interesantes, que comentaré en otra reseña, pues en este blog soy muy partidario del reciclaje.

En Puerta a la Muerte (Nº 208 de selección Terror), de Alf Regardie (Alfonso Arizmendi Regaldie, 1911-2004), una pelirroja llamada Nancy Lester intenta conseguir una foto del monstruo del lago, un ser de leyenda que mucha gente afirma haber visto, pero del que no existe ninguna prueba. Cuando se encuentra en el lago, es atacada por un enorme hombre con una máscara monstruosa que intenta violarla, librándose únicamente gracias a la oportuna aparición de Patrick Baker, un joven que casualmente pasa por allí para visitar a su tío William Locksley, que resulta que acaba de fallecer sin él saberlo. Una olvidable novela de un autor del que se nota demasiado que no se siente nada cómodo en el género del terror, y que además nada tiene que ver con el monstruo de la Laguna Negra, salvo las referencias que se hacen al inicio de la historia para despistar al lector.

Sin embargo, en La bahía del Horror (Selección Terror nº 454, Bruguera), de mi querido y recientemente desaparecido Joseph Berna, el autor nos presenta con su habitual estilo picantón una criatura mitad humana, mitad anfibia muy similar al Monstruo de la Laguna Negra, acosando a tres parejas que viajan a bordo del Mary Ann. Tras ser asesinado en cubierta uno de los hombres por la fuerza de las garras de la criatura, el resto intenta huir, pero el barco no consigue abandonar la bahía donde se encuentra, debido a una inoportuna avería en las hélices del barco. Los dos hombres restantes harán guardia constante sobre la cubierta, por si la criatura vuelve a atacar.

Como en la película, el monstruo también secuestra a una de las chicas, y dando muestras de una inteligencia casi humana, la abandona en la playa para atraer al resto del grupo a su terreno.

El autor nos regala de este modo, con sus habituales toques de humor y su erotismo desatado, este entretenido homenaje al monstruo de la laguna negra, pero que carece, de lejos, de la fuerza del personaje original.

Pero Joseph Berna no se conforma con esta novela, pues descubrimos que Terror en el Lago Negro (Selección Terror nº 398, Bruguera) es una nueva versión de nuestra criatura. En la novela, un joven llamado Francis es arrastrado hasta el fondo del lago negro mientras nada en compañía de su novia Sandy bellows, que a duras penas consigue huir. A partir de ahí, un periodista llamado Bert Rialson se encargará de investigar la muerte de Francis, encontrando –esta vez sí- a un monstruo mitad humano mitad pez, con una apariencia que recuerda mucho –pero mucho- a nuestra querida criatura cinematográfica, aunque ambas tiene un origen muy diferente.  El monstruo de la novela también parece sentir una especial debilidad por secuestrar mujeres guapas, y sin embargo no tiene el más mínimo reparo en descuartizar a todo hombre que se ponga en su camino, especialmente cuando se inicia la caza de la criatura por parte de la policía local. Como curiosidad en la novela hay un personaje llamado Edward Morley, un científico cuyo nombre coincide con el de un célebre químico y físico nacido en 1838. ¿Casualidad?.

Con su habitual humor (de verdad que me he reído a carcajadas, especialmente con las escenas relacionadas con la futura boda del protagonista), y su inevitable sesión de escenas erótico-festivas (aunque hoy resulta ridículo era lo que se reclamaba en la época), Joseph Berna nos brinda un más que correcto homenaje a nuestro monstruo acuático, y ya de paso, a La novia de Frankenstein. Cuando leáis la novela, podréis comprobarlo. 

Con suerte, la editorial Matraca, que está en la actualidad reeditando las novelas de Terror de Joseph Berna, recuperará estas novelas. Para aquellos que estéis interesados, os recomiendo que visitéis  https://www.matracaediciones.com/ y comprobaréis que este valiente editor está realizando una labor impagable, logrando un fondo editorial más que interesante para cualquier aficionado a la literatura pulp.

Y de momento, hasta aquí este artículo sobre la criatura del lago negro, con la esperanza de volverla  a ver en un futuro próximo, en cuyo caso, actualizaré la reseña.

Alberto Sánchez Chaves. Febrero, 2021. 

Dedicado A José Luis Bernabéu López, el inmortal Joseph Berna.  Te echaremos mucho de menos.

LA ¿CIENCIA FICCIÓN? POLICIACA DE KEITH LUGER

A raíz del descubrimiento de la novela de Keith Luger “El Ser de otro planeta”, nº 23 De la colección Scotland Yard de la editorial Alhambra, a la que dediqué un artículo en este mismo blog, comprobé sorprendido que era posible encontrar novelas de ciencia ficción camufladas dentro de colecciones policiacas, porque sin lugar a dudas “El ser de otro planeta” es una novela de ciencia ficción. Este hecho representaba una rareza,  pues mientras que la fusión de Policiaco/Terror era algo habitual  –especialmente cuando aún no existían colecciones dedicadas al Terror- , la aparición de la ciencia ficción en colecciones ajenas al género era una intrusión poco habitual. El único caso en este sentido lo representaba la colección SIP, Spacial Police, que se caracterizaba precisamente por mezclar lo mejor de ambos mundos hasta el punto de constituir un auténtico subgénero fruto de este mestizaje.

Recientemente Juan Carlos Canalda, nombre imprescindible en todo lo referente a la novela popular de ciencia ficción, publicó un artículo sobre lo que él llama muy acertadamente “novelas huérfanas”, refiriéndose a títulos de ciencia ficción que fueron publicados en colecciones de géneros diferentes, y entre los ejemplos que menciona figuran varias de las novelas de las que hablo en este artículo. Invito desde aquí a todo el mundo a visitar su imprescindible página web http://www.jccanalda.es

El caso es que la lectura de “El ser de otro Planeta” despertó mi curiosidad acerca de la posibilidad de localizar casos similares, así que me puse a indagar al respecto. Quiero destacar desde aquí que los lectores tendrán la oportunidad de leer este extraño y apasionante título de Luger gracias a la reedición que en breve publicará ACHAB, junto con una excelente selección de obras del autor. Una gran noticia, sin lugar a dudas, y posiblemente la única posibilidad que tendrá el lector para poder acceder a esta novela que se ha convertido en un auténtico lujo por la imposibilidad de conseguirla. Para el que tenga interés, le recomiendo que se pase por este enlace, en una iniciativa de la que soy un firme defensor, pues creo que están realizando una labor impagable por recuperar la memoria de los autores de la novela popular.

http://amigosdelbolsilibro.blogspot.com/

Dentro de la ingente producción literaria de Keith Luger (Miguel Oliveros Tovar, 17 de marzo de 1924 ​ – 16 de noviembre de 1971) encontramos en colecciones policiacas un montón de títulos que a simple vista pudieran ser de terror (“Anoche vi un espectro”, “El motel de los fantasmas”, Horror en la casa del crimen”, “La casa de los fantasmas”, “La noche de los monstruos”, “Me casé con un vampiro”, o “Un castillo con vampiro”,  entre otras).

De las que he leído, puedo decir que de terror tienen muy poco, algo nada sorprendente si tenemos en cuenta que el autor –que se prodigó en todos los géneros habidos y por haber- no publicó ni un solo título en una colección de terror.

Respecto a los títulos del autor con reminiscencias a la ciencia ficción a los que hace referencia este artículo, estos son los que he localizado:

 “Orden: acaben con los terrícolas” (nº 793 de Punto Rojo de Bruguera y 136 de Archivo Secreto de Bruguera).

Los hombres de la cuarta dimensión” (Nº 432 de Punto Rojo).

Una mujer llamada Venus” (Nº 1.071 de Servicio Secreto de Bruguera)

Mañana se acaba el mundo”. (Nº 706 de Punto Rojo y 62 de Archivo Secreto)

El ojo del cíclope”. (Nº 697 de Punto Rojo y 47 de Archivo Secreto)

Las hijas de Neptuno” (Nº 489 de Punto Rojo)

El objetivo de este artículo no es otro que ir añadiendo reseñas de las novelas, para analizar si realmente aparecen componentes fantásticos en la trama, o todo queda en una ciencia ficción interruptus limitada al título.

En primer lugar, señalar que Una mujer llamada Venus queda descartada totalmente dentro de la categoría de ciencia ficción.  La historia –bastante entretenida, por cierto-, gira alrededor de un detective privado llamado Mike Roland que busca por encargo a una mujer llamada Venus Foster, una corista que desapareció cuando fue contratada para trabajar en un club en Jefferson City. Una convencional novela detectivesca que como se puede observar, no contiene ningún elemento fantástico.

Como suele ser habitual en esta página, un gran conocedor del mundillo de la novela popular (muchas gracias, Alex Stark) me hizo una interesante puntualización, pues estaba convencido de que al menos Los hombres de la cuarta Dimensión y Las hijas de Neptuno se escribieron para la colección de La Conquista del espacio, no sólo por el contenido claramente de ciencia ficción, sino por el diseño de las portadas, muy característico de la primera etapa de La Conquista del Espacio.

TITULO: OBJETIVO: ACABEN CON LOS TERRÍCOLAS

AUTOR: KEITH LUGER

PUNTO ROJO Nº 793 EDITORIAL BRUGUERA

1ª EDICIÓN 1966 en Archivo Secreto (La edición de Punto Rojo es de 1977)

PORTADA: DESCONOCIDO

Pierre Bresson es un guionista de cine que accidentalmente es secuestrado por un hombre que a punta de pistola le obliga a llevarle hasta París, huyendo de unos misteriosos hombres que le persiguen. En mitad del trayecto, cercados por sus perseguidores, el hombre se lanza del coche en marcha mientras Pierre continúa su camino. Preocupado por el incierto destino de su secuestrador, Pierre decide regresar al punto desde el que se arrojó del vehículo, y allí le encuentra moribundo a causa de la fuerte caída. Con sus últimas palabras le entrega un papel que lleva oculto en el tacón de un zapato, y le ruega que se lo entregue en París a una tal Anne Marieque vive en Rue Margueritte, 277.

El papel en sí tan sólo recoge un enigmático y en apariencia absurdo mensaje:

“Por lo cual, yo repito ser preciso

Que declinen los átomos un poco,

Para que no parezca introducimos

Movimientos oblicuos, que reprueba

La razón verdadera; es evidente,

Y ven los ojos, que los cuerpos graves

Seguir no pueden dirección oblicua

En su caída; ¿Pero qué ojo agudo

Verá que no se apartan de la recta?”

Como suele ocurrir en estos casos, la curiosidad es un veneno que se introduce en la sangre, y así comienza para Pierre una loca aventura en la que se verá envuelto en una enmarañada trama de espionaje internacional.

¿Y la posible ciencia ficción?. Me temo que nos encontramos con una clásica novela de espionaje en la el único elemento fantástico que aparece es la existencia de un virus capaz de crear malformaciones en todos los fetos humanos.

A pesar del disgusto que puede suponer para aquellos lectores que esperaran encontrarse con una novela de ciencia ficción oculta, el libro resulta francamente interesante, a lo que hay que añadirle las múltiples citas cinematográficas que aparecen amparadas por la profesión de guionista del protagonista de la novela.

Otro hecho interesante es una velada crítica que introduce el autor acerca de las políticas editoriales, aprovechando precisamente que su protagonista es un guionista:

El productor de mi próxima película me había dicho que mi guión erea un desastre. Les diré en qué consistía el desastre. El protagonista moría. No se quedaba con la chica, no había beso final, ni música gloriosa. El protagonista moría en medio de un silencio, con dos balas en el estómago, arrastrándose por el suelo tratando de llegar a casa de su amada.

Eso era imposible según mi productor. El chico tenía que burlar los plomos. Ni siquiera un rasguño. Y luego, silbando alegremente, debería ir al encuentro de la muchacha que le había tocado el corazón….”

Este tipo de exigencias era habitual en la novela popular española, en la que el protagonista debía acabar siempre en los brazos de su amada, que por lo general tenía un papel decorativo durante la historia.

Y por si lo estáis dudando, “Orden: acaben con los terrícolas” acaba con Pierre abrazando a la chica de la que se ha enamorado, que como no podía ser menos es una mezcla de Sofía Loren y Briggitte Bardot.

TITULO: LOS HOMBRES DE LA CUARTA DIMENSIÓN

AUTOR: KEITH LUGER

PUNTO ROJO Nº 432 EDITORIAL BRUGUERA

1ª EDICIÓN: AGOSTO 1970

PORTADA: JORGE NÚÑEZ

Nuevamente un sugestivo título invita a pensar en una historia de ciencia ficción encubierta en una colección policiaca como es la de punto rojo, si bien ya he comentado que en la misma tuvieron cabida (especialmente en los 150 primeros números) un buen número de historias que perfectamente podrían haber visto la luz en la mítica Selección Terror, si no fuera porque aún no había sido lanzada al mercado.

Más extraño resulta el caso objeto de esta reseña, pues desde ya anticipo que Los hombres de la cuarta dimensión es, sin discusión posible, una novela de ciencia ficción, por lo que resulta sorprendente su aparición en Punto Rojo, cuando la propia Bruguera disponía ya en el mercado de una colección dedicada en exclusiva a este género, ya que desde mayo de 1970 los lectores podían encontrar La Conquista del Espacio en los más selectos quioscos de su ciudad.

En la portada de la novela, a cargo del correcto Jorge Núñez, aparece una mujer aterrorizada por una serpiente de la que surgen rayos luminosos de sus ojos, una surrealista escena que se ajusta de forma rigurosa al contenido de la historia.

John Emerson y Ruth Harris se encuentran de camino a Nemo, una pequeña población donde se disponen a pasar su luna de miel. Todo transcurre con normalidad hasta que Ruth palidece al ver a la salida de la agencia de alquiler de coches en Springfield (sí, el hogar de los Simpsons) a una mujer llamada Bárbara Lancáster con la que coincidió en el laboratorio donde trabaja, nada extraño si no fuera porque Bárbara falleció en un horrible accidente tres años atrás.

Tratando de tranquilizar a su esposa, John se acerca a la mujer, que amablemente le dice que se llama Glenda Connors, que trabaja en un laboratorio cercano, y que no conoce de nada a su esposa.

Convencida de que tiene razón, Ruth decide esa misma noche acercarse al centro experimental de Jackson mientras deja a su marido durmiendo, con el fin de averiguar quién es realmente Glenda Connors, sin sospechar que su curiosidad le llevará a su propia muerte, o algo incluso peor.

Tras enterrar a su esposa, un desolado John inicia su regreso a Nueva York, pero justo cuando está a punto de coger su vuelo, cree ver a la propia Ruth andando por el aeropuerto…

Una muy curiosa novela, plagada de la habitual ingenuidad de este tipo de historias y con intrigantes personajes como el comisario Troy Malden o el doctor Reisner, aunque también cuenta con fascinantes detalles, como la teoría que propone que el único motivo por el que envejecemos es porque somos conscientes del paso de los años. No me extiendo más por no destripar la historia, que creo que merece la pena descubrir.

TITULO: MAÑANA SE ACABA EL MUNDO

AUTOR: KEITH LUGER

ARCHIVO SECRETO Nº 62 (REEDITADO EN PUNTO ROJO Nº 706). EDITORIAL BRUGUERA

1ª EDICIÓN junio 1965

PORTADA: DESILO

Burt Finney, reciente ganador del Gran premio de Humor negro por su novela “No más guerras”, es un joven y brillante periodista del Star, periódico en el que está recibiendo una fiesta de despedida, pues ha decidido dedicarse en exclusiva a la literatura. Como curiosidad comentaré que el Star es un periódico que aparece de forma recurrente en varias obras de Keith Luger. De hecho es el diario donde trabaja Alex Carrigan, un periodista que protagoniza varias novelas del autor.

El director del periódico, John Adams, recibe en ese momento una misteriosa llamada que le traslada un escueto mensaje: Mañana se acaba el mundo. Por supuesto Adams piensa que todo se trata de una broma de Finney, y cuelga de mala manera al anónimo informante, pero poco después el hombre al que llamaremos Sr. X vuelve a llamar, asegurando que no se trata de una broma, y como prueba le anticipa a Adams tres hechos que van a suceder en tres ciudades diferentes del mundo tan sólo dos minutos después de la llamada.

En Bombay, en la avenida Clive, arderá el hotel Victoria dejando un gran número de víctimas.

En Nueva York, estallarán las calderas del barco que esté más próximo al edificio de las Naciones Unidas.

En El Cairo un tren saltará de la vía, produciendo un descarrilamiento.

Tras este fatídico vaticinio, el Sr. X le dice que volverá a llamar en una hora, y cuelga el teléfono.

Como os podéis imaginar, los tres hechos se cumplen tal y como pronosticó el misterioso Sr. X, lo que hace que su aviso de que mañana se acaba el mundo  ya no tenga ninguna gracia.

El Sr.X cumple su palabra, y vuelve a llamar una hora más tarde a la redacción del Star, para reiterar su aviso de que el mundo acabará mañana. Asegura haber sido él el que ha porvocado los fatales hechos que profetizó, y de hecho da a Adams una nueva prueba irrefutable de que puede hacer lo que quiera en cualquier lugar del planeta. Su plan es terminar con el mundo porque la humanidad no merece vivir, dejando únicamente vivos a un hombre y a una mujer para que empiecen desde cero.  El Sr. X quiere que el Star lo anuncie en la edición matutina.

Burt Finney, John Adams, la bella caricaturista Marion Ratigan, y el profesor Oscar Conway disponen de 24 horas para salvar el mundo de alguien del que ni siquiera saben si es humano.

No contaré más, pero sí decir que nos encontramos con otra novela que perfectamente podría haber sido publicada como Ciencia Ficción, y que es todo un ejemplo de lo que debe ser el pulp más alocado: científicos de apellido alemán, chicas explosivas, apuestos y valerosos héroes, inventos imposibles, amenazas orientales…y el humor; ese humor que siempre es una garantía en Keith Luger.

TITULO: EL OJO DEL CÍCLOPE

AUTOR: KEITH LUGER

ARCHIVO SECRETO Nº 47 (REEDITADO EN PUNTO ROJO Nº 697). EDITORIAL BRUGUERA

1ª EDICIÓN FEBRERO 1965

PORTADA: ANTONIO BERNAL

Estamos en 1964. Milton Moore, piloto de profesión,  se encuentra en Londres, ciudad en la que se encuentra casualmente con una rubia escultural llamada Janet, que resulta ser actriz de teatro clásico. Tras ser rechazado por la chica, Milton se retira cabizbajo a su hotel. Resulta que Janet está esperando a un tal Lord Trevelyan para convencerle de que financie una obra llamada “Oh, abuelita, has matado con arsénico a siete maridos, pero recuerda lo que le pasó a Barba Azul con su octava mujer”.

Ya en el hotel, en mitad de la noche Milton oye un horrendo grito procedente de la habitación contigua. Al acercarse a ver qué ocurre, se encuentra sorprendentemente con la bella Janet, que en estado de shock le cuenta que Lord Trevelyan ha sido convertido en cenizas mientras cenaban en la  terraza de la habitación por un rayo procedente de un gran ojo aparecido de la nada.

Aunque Milton piensa que Janet está loca, decide ayudarla (supongo que si hubiera sido fea le habría mandado a paseo), y pronto se verá envuelto en una peligrosa odisea.

La cosa empieza a resultar verdaderamente sospechosa para Milton cuando descubre que en la siguiente habitación también ha desaparecido de forma misteriosa otra mujer sin dejar ni rastro; o mejor dicho, dejando como único rastro restos fundidos de un metal que no parece de este mundo. Milton decide por su cuenta y riesgo investigar a Lord Trevelyan, que parece ser el epicentro del misterio, lo que le llevará hasta el Instituto de Investigaciones espaciales Walter Griffith, en Pleasant.

Una curiosidad de la novela que ha llamado mi atención es que mientras Milton y janet viajan en tren rumbo a Pleasant, comparten sitio con una mujer llamada Molly Tashman que dice ser aficionada a los crímenes reales, y menciona tres casos de los que yo no he logrado obtener información alguna: el hornero de Oxford (que según esta mujer descuartizó a su esposa en 117 trozos); una tal Eleonora Roth, que resultó ser un hombre disfrazado de mujer que asesinaba a las criadas a las que contrataba, ofreciéndolas en sacrificio sobre un altar dedicado a la diosa Hécabe; y un diplomático que después de asesinar a su secretaria la llevaba descuartizada en la valija diplomática cuando iba de vacaciones.

¿Estaba Keith Luger pensando nuevos argumentos para sus novelas o es posible que sean sucesos reales?

Es un detalle que resulta chocante, pues no tiene nada que ver con la historia principal de esta novela, que nuevamente yo calificaría no sé si de locura o de ciencia ficción, por la cantidad de elementos extravagantes que contiene, en una historia que parece fruto de la improvisación, y aún así, muy divertida, siempre que uno sepa entrar en el juego que supone adentrarse en este tipo de literatura.

TITULO: LAS HIJAS DE NEPTUNO

AUTOR: KEITH LUGER

PUNTO ROJO Nº 489

1ª EDICIÓN SEPTIEMBRE 1971

PORTADA: JOSÉ TRIAY

La misteriosa aparición del cadáver de tres jóvenes sin aparente relación entre sí despierta el interés del director del Star, el periódico donde trabaja el afamado periodista Alex Carrigan, un personaje que ya protagonizó ¿A que hora te mataron, Marilyn Monroe?, del propio Keith Luger.

El tema es que tres chicos menores de 20 años han aparecido ahogados en un corto periodo de tiempo en tres playas distintas del sur de California. Aunque ninguno de los cuerpos presenta signos de violencia que hagan pensar en que puedan haber sido asesinados, hay circunstancias que hacen sospechar al director del Star que puede haber una conexión entre las muertes, y para investigar el suceso envía a su periodista estrella, Alex Carrigan, que no acepta el encargo de muy buena gana, pues no ve tan claro que se trate de algo más allá de un trágico accidente.

Pronto cambiará de opinión cuando tras una ardua investigación descubra que en las tres muertes parece estar involucrada una misteriosa y bella mujer rubia de ojos verdes con la que los fallecidos parecían estar viéndose; una mujer que en unos casos llamaban Perla, Nereida, Sirena o Marina…

La investigación va viento en popa, y además nuestro protagonista  encuentra la siempre agradable compañía de Eva Harris, una compañera de trabajo del Star. El único problema es que Alex Carrigan está destinado a convertirse en la próxima víctima de la misteriosa sirena.

Otra interesante historia que va mucho más allá de unos simples asesinatos, en una trama que mezcla elementos del género policiaco con la más pura ciencia ficción.

Como suele ser habitual en el blog, este artículo será actualizado si aparecen más novelas del autor de tinte fantástico en colecciones policiacas.

Alberto Sánchez Chaves. Febrero 2021.

 

ISABEL GONZALEZ LECTTE Y ANTONIO MARTINEZ TORRE: UN MATRIMONIO DE NOVELA

En alguna ocasión he logrado a través del blog facilitar información inédita de algunos autores de los que poco o nada se sabía, principalmente gracias a haber contactado con familiares directos que me escribían tras la lectura de algún artículo dedicado a ellos.

El problema es que por cada uno de esos humildes logros me he visto frustrado en multitud de ocasiones ante la imposibilidad de avanzar en mis averiguaciones, como me ocurría con los autores objeto de este artículo. Ambos escritores fallecieron sin que aparentemente nadie se acordara de ellos: primero Antonio, siendo su esposa la única que le dedicó unas palabras en su esquela; y recientemente la propia Isabel, a la que ya nadie dedicó ni una esquela. Yo llevaba más de un año intentando localizar a Isabel González, hasta que me enteré de su fallecimiento en Mayo de 2020. La realidad es que siento tristeza al ver que ambos se han ido sin ser conscientes de que aún quedaba gente que les recordaba con cariño; algo que ha sido siempre uno de los principales objetivos de este blog.  Como veremos a lo largo del artículo, las cosas no son siempre lo que parecen.

Aunque tarde, he decidido publicar este artículo, a sabiendas de que es una tarea inconclusa, como homenaje a Isabel González Lectte y Antonio Martínez de la Torre, uno de esos matrimonios que formó una compacta sociedad literaria dentro de la novela popular. No es un caso único, y espero poder dedicar un día un artículo a estos matrimonios “de quiosco”.

Antonio Martínez Torre escribió con los pseudónimos de César Torre, A. M. Torre, y Tony M. Tower, destacando en los géneros de terror y policiaco; mientras que su mujer Isabel González Lectte alcanzó gran popularidad en la novela romántica con los pseudónimos de Patricia Montes y Bárbara San Román, aunque también hizo breves  incursiones en otros géneros firmando como I. G. Lectte.

José Mallorquí y Antonio Martínez

De lo poco que puedo decir de ellos es que fueron amigos íntimos de José Mallorquí desde 1954 hasta que éste falleció (1972), y de hecho el inmortal autor del Coyote veraneó durante años en Santander con su familia, momento que aprovechaba para visitarles, pues en esta ciudad tenían Isabel y Antonio su residencia en la calle Argentina, muy cerca de la estación de trenes y del puerto. Prueba de la estrecha relación que mantuvieron es que su hijo, el también escritor César Mallorquí, les dedicó una de sus obras más famosas, Las Lágrimas de Shiva (obra que por cierto recomiendo a todo el mundo, así como su reciente continuación, El círculo escarlata).

Este libro está dedicado a Isabel González Lectte y Antonio Martínez; o, lo que es lo mismo, a Patricia Montes y César Torre, mis dos santanderinos favoritos, mis queridos amigos de siempre.”

Desde aquí quiero agradecer a César Mallorquí su generosidad por la información que me facilitó sobre estos autores, a los que conoció muy bien gracias a los mencionados veraneos en su infancia y juventud.

Por desconocer datos de Isabel y Antonio, no sé ni su fecha de nacimiento, pero expondré la información que he podido obtener de ellos.

No puedo asegurar quien fue el primero del matrimonio en adentrase en el mundo de la novela popular, pues tanto Antonio como Isabel empezaron a publicar por la mismas fechas. Tengo la sensación de que Isabel empezó primero, en 1952, y fue ella la que introdujo a Antonio en Bruguera. Las primeras obras del autor en este género de las que tengo constancia son de 1953, en colecciones de la editorial Bruguera como Pantera (Nº 21, Tempestad en Oriente; y nº 31, Cinto fúnebre, ambas de 1955) o Servicio Secreto, en las que firmaba sus obras como Tony M. Tower. En Servicio Secreto publicó 13 novelas, la primera de ellas, Huracán en el Caribe (nº 111), en 1953, y la última, El Arquero (nº 290),  de 1955.

Las novelas publicadas en Servicio Secreto fueron las siguientes:

TÍTULO AUTOR
111 Huracán en el Caribe Tony M. Tower
131 Misión en Casablanca Tony M. Tower
137 El secreto de Rocky Mountain Tony M. Tower
148 Dos cruces en la nieve Tony M. Tower
164 La muerte llegó al amanecer Tony M. Tower
179 Pasaporte al infierno Tony M. Tower
212 La consigna es matar Tony M. Tower
225 El gran Miller Tony M. Tower
230 Enviado especial Tony M. Tower
234 Un hombre va a morir Tony M. Tower
244 El pánico del siglo Tony M. Tower
271 Manos de oro Tony M. Tower
290 El arquero Tony M. Tower

Como curiosidades de estas primeras novelas, el título original de Misión en Casablanca era Affair en Casablanca; el de El Pánico del siglo era La amenaza de “Escorpión”;  la novela Tempestad en Oriente, se titulaba originalmente Tempestad sobre Chica-chica, y Cinto fúnebre era originalmente Funeral por un cinturón.

Aquí dejo unas imágenes de las notas manuscritas del autor para su primera novela, así como del original mecanografiado que Antonio conservaba en su domicilio.

Autorretrato de Antonio Martínez Torre

Ahora toca comentar uno de esos temas confusos tan habituales en la investigación sobre novela popular. En algunas de las fuentes que he podido consultar se considera que Antonio Martínez de la Torre y Antonio Martínez Torre son una misma persona. Quiero dejar claro en este artículo que se trata de dos escritores distintos.

La importancia de este hecho viene al caso porque Antonio Martínez de la Torre publicó en 1950 un libro titulado ¡Lánzate al cielo!, un manual de iniciación politicosocial publicado y patrocinado por la Delegación Nacional del Frente de las Juventudes, en lo que hubiera supuesto el estreno literario de Antonio. Este es un dato interesante, porque Antonio Martínez de la Torre se presenta en dicho libro como maestro Nacional. Dicho libro ganó el premio nacional Luis Mª Sobredo de 1949, un premio que se entregaba anualmente a maestros que demostraran “su labor de apostolado por conseguir un espíritu nacional fuerte y unido, e instalar en el alma de las futuras generaciones la alegría y el orgullo de la patria”.  A los ganadores les daban un flamante  diploma.

Sobre este punto, debe quedar claro que estamos hablando de dos autores diferentes, y me remito a las pruebas que lo demuestran:

  1. Antonio Martínez Torre guardaba los originales de sus primeras novelas, y sin embargo no hay rastro de la obra mencionada con anterioridad de Antonio Martínez de la Torre, algo extraño teniendo en cuenta que sería su primera obra.
  2. La esquela del autor figura a nombre de Antonio Martínez Torre. En todos los documentos del autor a los que he tenido acceso (múltiples originales de sus novelas), siempre aparece como Antonio Martínez Torre. Ni una sola vez aparece como Antonio Martínez de la Torre.
  3. La prueba definitiva es que César Mallorquí y Miguel Cos (dos personas que conocieron bien al autor) me confirmaron que no era maestro, sino oficinista, por lo que está claro que no pueden ser la misma persona.

El hecho de que Antonio tuviera un trabajo de oficinista (intuyo que era funcionario), me hace pensar que sólo se dedicaba a la literatura de forma accesoria. Esto también encaja con la producción literaria del autor, que, no siendo desdeñable, no se acercaba a la de otros autores de novela popular que se dedicaron de forma exclusiva a la literatura. Para el que se pregunte del porqué estoy convencido de que Antonio era funcionario, me baso en el testimonio de César Mallorquí, y por el contenido de Cerrado por vacaciones, una novela de César Torre cuyo protagonista es un funcionario santanderino que trabaja en una oficina, y que en un momento dado de la historia dice que “tiene que volver a la oficina antes del día 5 para pagar a los pensionistas”.

Tras su breve paso por Bruguera (las últimas novelas de las que tengo constancia en esa editorial son de 1955), Antonio continuó empleando el pseudónimo de Tony M. Tower para la editorial Dólar, a la que se incorporó poco después de que José Mallorquí publicara un único título en la colección CIA (nº 150, CIA bajo la bandera estrellada).

En concreto, las novelas publicadas por Antonio Martínez Torre en la colección CIA de Dólar fueron las siguientes:

TÍTULO
157 Circuito Clandestino
164 Operación Plutón
211 Se interpone el CIA
215 Murallas de silencio

Todas ellas se publicaron con el nombre de Tony M. Tower, salvo el nº 215, en la que empleó T. M. Tower.

La familia Mallorquí con Antonio e Isabel

A partir de 1956, el autor pasa a trabajar en otras editoriales empleando el que se convertirá en su pseudónimo más popular: César Torre. Un pseudónimo que estoy convencido tiene mucho que ver con el hijo de sus amigos José Mallorquí y Leonor, nacido en 1953.  Con ese nombre firma novelas policiacas, de espionaje, Oeste (género en el que se le recuerda especialmente por su serie El Implacable, aunque escribió un buen nº de títulos del género en las colecciones de Toray), romántico (publicó al menos una novela en la Biblioteca Chicas de editorial Cid), Ciencia Ficción (1 título en Galaxia 2001), y sobre todo, Terror (41 novelas de la colección Easa Terror llevan su firma).

Por su importancia yo destacaría dos series:

  • Dentro del Oeste, El implacable, un curioso personaje justiciero que armado con un látigo recuerda a ratos a El Coyote y que protagonizó una serie de al menos 31 numeros publicada por Toray. La peculiaridad de este personaje es que se trata de un pistolero desfigurado y con amnesia que se pone una máscara de cuero para impartir justicia. Sólo he podido leer una novela de la serie, pero me ha resultado bastante curiosa. César Mallorquí me comentó que su padre no sólo se convirtió en amigo de Antonio e Isabel, sino que además fue algo así como su mentor literario.
  •  La editorial Toray, dentro de su colección Espionaje, dedicó 13 novelas al personaje de Peter Adan, un espía fruto de la imaginación de Antonio Martínez, firmadas como César Torre. (El resto de la colección estuvo protagonizado por “Spy”, de Peter Kapra).

Una curiosidad es que el autor publicó una obra de ciencia ficción en la colección FUTURO con el seudónimo de A.M. Torre: El visitante de Saturno (nº 22, 1954). Hay que recordar que la colección Futuro, pionera de la ciencia ficción en España, fue una iniciativa de su amigo José Mallorquí, así que está claro que fue éste el que le pidió que escribiera algo para su colección. Yo dispongo de un ejemplar firmado por el propio autor (no a mí, obviamente).

Como suele ocurrir en estos casos, las novelas populares de César Torre son trabajos que en muchas ocasiones no destacan por su calidad. Tienen un estilo excesivamente sencillo, acorde con el público al que iban dirigidos, lo que puede dar una imagen de muy baja calidad como autor. Siempre insisto en que este tipo de literatura debe ser juzgada con generosidad, dadas las limitaciones de espacio (nº de páginas) y tiempo (debían redactar las novelas en tiempo récord) con las que debían lidiar sus autores, y que además en muchos casos se buscaba de forma voluntaria un estilo de escritura muy directo y sencillo que pudiera ser fácilmente digerido por los consumidores de novela popular. Se buscaba entretener, no ganar el premio Nadal.

Como A.M. Torre firmó al menos una novela policiaca para la célebre G.P Policiaca (de Germán Plaza), una colección de mayor calado que los habituales bolsilibros, que publicaba en su mayor parte traducciones de autores extranjeros consagrados, como Erle Stanley Gardner, Peter Cheyney, G.K. Chesterton, Ellery Queen, etc; y en la que era muy raro ver obras de autores nacionales (que yo recuerde también había algún título de Tomás Salvador).  Esta novela, Tobogán (nº 47 de la colección, 1958) debía encontrarse entre las favoritas del propio autor, pues guardaba varias copias en su domicilio.

Tal vez la novela que permita juzgar más objetivamente la calidad literaria del autor la encontremos en la colección Antena de la editorial Cid. En ésta, César Torre publicó un único título al que claramente dedicó una mayor atención, dado el formato más amplio de esta colección.

En esta novela, Cerrado por asesinato (Colección Antena, nº 20, 1957), César Torre nos regala lo que para mí representa una auténtica joya, destacable de forma especial por la rareza que supone que la acción se desarrolle en España, y con protagonistas españoles. Manuel y Elena son un matrimonio sin hijos que decide ir a pasar sus vacaciones en un hotel del Monte Corona, en Santander (un paraje de extraordinaria belleza que curiosamente conozco, y que estoy convencido el autor habría visitado en más de una ocasión). Manuel es un anodino funcionario, y Elena un ama de casa aficionada a las novelas policiacas, especialmente a las de Agatha Christie. La lectura de este tipo de libros provoca que, para desesperación de Manuel, Elena imagine constantemente la existencia de misteriosos crímenes en cualquier hecho aparentemente común. De este modo, cuando el matrimonio inicia sus vacaciones, Elena centra su faceta detectivesca en dos inglesas que se alojan en el mismo hotel. La sorpresa llega cuando una de las inglesas aparece muerta, aparentemente por un accidente en la bañera. Elena se lanza a investigar esta muerte con métodos detectivescos más que cuestionables (y que el lector deberá descubrir). Lo que Elena no puede imaginarse es que Manuel está involucrado en el asesinato y que con cada paso que da en su investigación, empuja un poco más a su marido hacia la cárcel….

La novela tuvo una adaptación cinematográfica de 1961, Cerrado por asesinato, en la última película que dirigió José Luis Gamboa, con las actuaciones de Rafael Alonso, Mara Cruz y Alfredo Mayo.

Curiosamente, es posible que el género por el que sea más conocido César Torre sea el Terror, gracias a su importante aportación a la colección Easa Terror, a la que contribuyó con 41 títulos. Debo decir que yo he leído algunas de sus novelas en esta colección, y en mi opinión son de lo más flojo del autor, aunque es cierto que sólo he leído 3 de ellas, lo que impide que pueda opinar con una base sólida.

Aquí os dejo una relación de sus novelas de terror:

Titulo  
3 La venganza que llega de la tumba    
8 Crisantemos para un vampiro    
14 Cuando el horror despierta    
18 El corazón del rayo    
23 Los extraños habitantes de la noche    
26 El ahorcado    
42 Plenilunio sangriento    
48 Los hijos del cataclismo    
52 Pálpito mortal   
65 Horror en negro y oro    
68 Belleza letal    
77 Delirio satánico   
86 De terror también se muere    
96 El infierno me ha elegido    
103 Las devoradoras  
112 En fuga hacia el horror  
135 La cabeza del degollado  
142 Delirante  
154 Los herederos de la maldición  
158 Los hombres potenciados  
167 “Ellos” Reedición Nº 27 Terror Rollán
171  Vacaciones en el infierno  
178 Las bestias no duermen  
190 Miedo súbito  
198 El futurólogo  
202 El límite  
211 La noche es para asesinar  
218 El intruso  
228 Horror salvaje  
230 Terror bajo el sol ardiente  
241 Signum diabolicus  
246 La isla de los muertos vivos Reedición Nº 33 Terror Rollán
255 Los niños de la noche polar  
258 Maleficio  
261 Horror exótico  
268 El fuego del diablo  
270 El farero  
273 El monstruo encadenado  
279 “Muerte en rock”  
281 Los profanadores  
286 Hasta el fin del horror Reedición Nº 47 Terror Rollán

Antonio Martínez de la Torre falleció en Santander el 12 de Abril de 2011, dejando viuda a su mujer Isabel, que le dedicó unas breves palabras que para mí me bastan para saber el tipo de relación que existió entre ellos: “Esposo mío; gracias por tantos años de amor y lealtad”.

Foto que figuraba en las novelas de la autora en Bruguera

En el caso de su esposa, Isabel González Lectte, vuelvo a tener más sombras que certezas sobre su biografía.

Ni siquiera tengo claro quién fue el primero del matrimonio en publicar en Bruguera, pues ambos comenzaron hacia 1952/1953. Yo tengo la impresión de que Isabel fue la primera, pero no puedo confirmarlo. El hecho es que, visto ahora desde la lejanía, podemos decir con rotundidad que Isabel tuvo mucho más éxito que Antonio como escritora.

De los pocos datos biográficos que puedo aportar sobre ella, es que tuvo al menos dos hermanos: María Piedad, fallecida en 2008, y José Manuel, al que Isabel dedicó su novela Sonrisas entre lágrimas (Colección Pimpinela nº 399, 1954).

“A mi hermano José Manuel, cuya vida Dios ha querido marcar con una tragedia tan semejante a la del protagonista de mi novela. Con el deseo de que también logre hallar algún día la felicidad.”

José Manuel debía tener una gran importancia para Isabel y su marido Antonio, que también le dedicó su primera novela, Huracán en el Caribe:

A José Manuel, que tantas novelas ha leído durante su larga estancia en el hospital militar, le dedico esta mía como pequeño homenaje a su valor y abnegación”.

Retrato de Isabel realizado por su esposo

De ambas dedicatorias, y del contenido de la novela que le dedica Isabel, se desprende que José Manuel debió quedar manco en la Guerra (no sé si en la Guerra civil o en la División Azul). El mismo César Mallorquí me había confirmado previamente que Isabel tenía un hermano manco al que llegó a conocer personalmente de niño, que vivía en el mismo edificio que Isabel y Antonio, así que es de esperar que tuviera una relación estrechísima con el matrimonio.

El primer libro que publicó Isabel González (al menos que yo tenga constancia) fue Una mujer con pasado (1952), nº 135 de la colección Rosaura de Bruguera; firmado con el pseudónimo de Barbara SanRomán. En mi poder está una de las copias que la autora guardaba en su domicilio.

Desconozco completamente la formación y experiencia previa de Isabel como escritora, pero el hecho es que a raíz de este primer título, siguió publicando novelas –siempre románticas- en las distintas colecciones del género de Bruguera: Pimpinela, Rosaura, Amapola, Alondra…, con títulos como Hielo en los ojos, No soy una frívola, La Araña dorada, Sonrisas entre lágrimas, El hombre del tren, Pasos bajo la lluvia o Errores humanos, por citar tan sólo algunos. Lo que sí está claro es que desde el principio Isabel tuvo una producción mucho más extensa que su marido Antonio, lo que parece confirmar que éste debía tomarse la literatura como una fuente de ingresos adicional, mientras que Isabel pudo dedicarle mucho más tiempo.

También parece claro que algún problema debieron tener con Bruguera, pues hacia 1955 ambos abandonan la editorial a la par. Mientras que Tony M. Tower se convierte en César Torre, Bárbara SanRomán se convierte en Patricia Montes, pseudónimo con el que Isabel alcanzaría su máxima cota de popularidad, especialmente gracias a su extensa producción en la Biblioteca de Chicas de la editorial Cid.

César Mallorquí me contó un hecho interesante sobre el nacimiento de Patricia Montes. Por lo visto, en 1953, Leonor, la madre de César, ayudaba a su esposo José Mallorquí en la editorial Cid haciendo informes para la lectura de futuras publicaciones en la colección Biblioteca de Chicas. Uno de los manuscritos llamó mucho su atención. Correspondía a una autora santanderina llamada Isabel González de la que no habían oído hablar nunca, aunque por lo visto (y como he explicado anteriormente) ya había publicado otras novelas con pseudónimo. De esta forma José Mallorquí escribió a Isabel para comunicarle lo mucho que le había gustado su novela, y así comenzó una relación de amistad que duraría hasta la muerte de Mallorquí, primero de forma epistolar, y posteriormente en persona cuando la familia comenzó a veranear en Santander.

Original mecanografiado de Mar Salvaje

Sobre el cambio de pseudónimo, es interesante el hecho de que en todos los originales que Isabel enviaba a las editoriales constaba el título de la novela y el seudónimo con el que las firmaba. En todas las novelas, menos en el de Hay espinas en el camino, primera novela de Isabel que finalmente sería publicada bajo la firma de Patricia Montes (nº 61 de Biblioteca Chicas de editorial Cid). Es de suponer que cuando la escribió todavía no sabía qué nombre emplear. Es más que probable que este fuera el manuscrito que llamó la atención de José Mallorquí y su esposa Leonor del Corral.

La colección Biblioteca de chicas permitía a las/los escritores un mejor desarrollo de las tramas, dando lugar a obras de calidad muy superior de lo que normalmente podía encontrarse en los bolsilibros tradicionales, con muchas menos páginas. Recordemos además que era bastante habitual encontrar historias que se dividían en dos volúmenes, por lo que su extensión acababa siendo muy similar a la de cualquier novela tradicional. Es por ello que autores como E. Jarber, Marisa Villardefrancos, Pedro Roger, y muchos otros, dieron de lo mejor de su producción en esta colección, que desde luego merece una mayor atención por parte del aficionado.

No pretendo realizar un listado de todas las novelas de Isabel, pues su obra es muy extensa, pero en Biblioteca de Chicas encontramos evocadores títulos como El rencor, Virginia Keller, Calladamente en la sombra, Casanova Risk, Nació para ser mujer, El tiempo borró las sombras, y muchos otros que inundaron durante años los quioscos, y de forma muy especial desde 1956 a 1965. La primera novela de Patricia montes en esta colección fue su nº 61 Hay espinas en el camino (1956), y la segunda, Mar Salvaje (nº 66), novela de la que tengo el original mecanografiado por la autora. En total, escribió 65 novelas para esta colección

Como he comentado antes, era frecuente encontrar en la colección Biblioteca de chicas novelas de larga duración que eran divididas en varios volúmenes. Patricia Montes era una habitual de este formato, con títulos de dos volúmenes como El Caballero de Jamaica, El Edén Sombrío, Querido Río, Boda de un rebelde, El hombre que amó demasiado, o Dueño y señor (Tres volúmenes), llegando a alcanzar novelas de hasta cuatro volúmenes, como en el caso de María Magnolia (nº 589 a 601 de Biblioteca de Chicas).

Otra colección muy interesante es Magnolia, publicada por ediciones Clíper a mediados de los años 50, en la que Isabel firmó con el Pseudónimo de Patricia Montes títulos como Nació para ser mujer (Reeditada posteriormente en en nº 237 de Biblioteca de chicas), 39 horas de escándalo (que intuyo es la misma novela que 39 horas agitadas, publicada años después en Biblioteca de chicas), El tiempo borró las sombras (reeditado en nº 231 de Biblioteca de chicas), Mis amigos los Sterling, Mi esperanza eres tú (reeditada en nº 243 de Biblioteca de Chicas), o Secuestro en California (nº 1 de la colección, y que años después se reeditaría en el nº 245 de Biblioteca de chicas). Es de suponer que la presencia de José Mallorquí en Clíper publicando El Coyote tuviera mucho que ver con el aterrizaje de Isabel en la editorial.

Un joven César Mallorquí, con su madre Leonor, Antonio, e Isabel

Para entender el tipo de novelas que escribía Isabel González, nada mejor que el pequeño resumen que figura en una de sus novelas, El tiempo borró las sombras:

“Mónica tuvo que agradecerme varias cosas. La primera de ellas ser tratada como un ser humano. Cuando yo llegué allí, comía por los rincones, deambulaba por el bosque como una salvaje y cuando la pobre cometía una torpeza era azotada sin piedad.”

Sus historias eran dramas marcados por tremendas tragedias en los que finalmente vencía el amor, tras superar todo tipo de obstáculos en apariencia insalvables. Gracias a este tipo de historias, Patricia logró un público fiel que buscaba semana tras semana sus novelas en los quioscos.

La autora también publicó en la colección Pueyo de novelas selectas (Un complicado amor y El hombre que no sabía sonreír, nº 532 y 586 de la colección) y en diversas colecciones románticas de Rollán, e incluso se atrevió con una obra de terror para la colección Easa Terror (el nº 283, Horror electrónico, en la que se comprueba que el terror no era el punto fuerte de la escritora), alguna del Oeste (Joaquín Murieta, en la colección Forjadores del Oeste de Easa, una colección de biografías de famosos personajes del Oeste) y con varios libros de corte divulgativo publicados por Andina en las colecciones Su futuro y Biblioteca Rápida Easa, colecciones en las que por cierto también participó su marido firmando como César Torre.

Isabel González Lectte falleció a los 98 años en Mayo del fatídico 2020, de puntillas, sin llamar la más mínima atención. Parece increíble que una mujer que en su día tuvo una auténtica legión de seguidores –que eso sí, ni sabían cómo se llamaba en realidad- pueda desaparecer sin dejar rastro, hasta el punto de que lo que figura en este artículo es todo lo que puedo decir sobre ella. Su marido se había ido hacía años, dejándole sola, pues no tuvieron hijos; sus hermanos, fallecidos también años atrás, y aunque a primera vista pudiera pensarse que nadie quedaba ya para dedicarle ni siquiera una esquela en el periódico local, la realidad es que fue la propia Isabel la que manifestó su deseo de que no se diera publicidad alguna a su fallecimiento, como si no quisiera dejar rastro de su paso por la Tierra.

Desconozco los detalles, pero gran parte de sus recuerdos personales acabaron en un rastrillo del centro de Santander. Retratos, manuscritos originales, copias de las novelas que guardaban con gran cuidado, acabaron expuestos un domingo cualquiera en cajas de cartón desperdigadas por el suelo, a la espera de despertar la atención de algún paseante curioso.

El destino ha querido que una pequeña parte de esos recuerdos, de esas vidas, acabaran en mis manos, dando pie a este pequeño homenaje.

Gracias a ellos puedo imaginarme perfectamente a Isabel y a Antonio, sentados cada uno en su rincón preferido de su casa de Santander en la calle Argentina, con el sonido constante de sus máquinas de escribir trabajando durante horas para cumplir los plazos de entrega de su próxima novela, mientras fuera la lluvia golpea las ventanas, y comentando de vez en cuando en voz alta entre ellos; él sus crímenes imaginarios, ella sus amores imposibles, en lo que sin lugar a dudas tuvo que ser un matrimonio de novela.

Ahora por fin vuelven a estar juntos. Nosotros seguiremos sin saber demasiado de unas vidas que ellos prefirieron mantener en el anonimato. Tal vez sea mejor. Lo único que me apena es no haber podido trasladarles en persona que aún sigue habiendo gente que recuerda sus novelas, y que su obra tuvo mucho más impacto del que nunca pudieron pensar.

La sensación inicial que tuve al comenzar la investigación para este artículo es que apenas nadie recordaba a Isabel y Antonio. Nada más lejos de la realidad. He podido comprobar de primera mano que han dejado una profunda huella en unas cuantas personas, entre las que empiezo a incluirme. César Mallorquí y Miguel Cos Vallina –ambos escritores- son una prueba de ello. El primero les dedicó una de sus obras más famosas,  Las lágrimas de Shiva; y el segundo, su primera novela, Painalli, el mensajero de los pies rápidos (2014), una apocalíptica novela que por cierto me envió amablemente el autor, y que empecé a leer sin especial atención buscando la dedicatoria. Cuando me di cuenta, la había devorado en el fin de semana. Que sepas que ya estoy buscando tu segunda novela, Tudaisa.

Esta es la dedicatoria de Miguel:

“Gracias Antonio Martínez Torre (Cesar Torres) por esas tardes escuchando tus palabras y todos esos recuerdos de tu vida que compartiste conmigo, por todo lo que me enseñaste y por esa puerta a la ilusión que abriste en mi cabeza cuando solo era un niño, nunca te olvidaré, te echamos en falta amigo; a tu esposa Isabel González Lectte (Patricia Montes) espero que disfrutes con Painalli y muchas gracias por el trato que recibo siempre que estoy a tu lado, y por ese trébol de cuatro hojas que guardaste tanto tiempo para mí, sin duda ha funcionado su magia Isabel, todavía le observo con nostalgia. A vosotros os dedico esta obra porque sin ninguna duda es gracias a vosotros que haya llegado hasta aquí, jamás podré pagaros todo lo que me habéis aportado, nunca os olvidaré, os quiero.”

Lo que sí tuve claro según iba avanzando en el artículo, es que cualquier cosa que pudiera escribir yo iba a resultar un pobre homenaje para dos personas que creo sinceramente merecen algo mucho mejor.

A Miguel Cos Vallina, le quiero dar las gracias por respetar escrupulosamente los deseos de Isabel y Antonio, y por demostrarme que ambos estaban muy lejos de haber sido olvidados. Muchas gracias, Miguel, por conservarlos en la memoria.

A César Mallorquí tengo que agradecerle no sólo la infinita paciencia que ha tenido conmigo facilitándome una información que me hubiera sido imposible obtener de otro modo. Si ya resulta increíble que un reconocido escritor dedique una parte de su tiempo a responder las preguntas de un desconocido,  el que me haya permitido compartir fotografías familiares en las que aparecen Isabel y Antonio, y que accediera a dedicarles unas palabras en mi blog, dice mucho de la calidad humana del autor, y sobre todo del profundo cariño que atesoraba por los sorprendentes protagonistas de este artículo.

Con estas palabras –el verdadero homenaje a Isabel y Antonio- , que a mi me han conmovido profundamente, finalizo este artículo. No había otra forma.

Recordando a Isabel y Antonio

            Isabel González y Antonio Martínez fueron los mejores amigos de mis padres, José Mallorquí y Leonor del Corral. Su amistad, al principio epistolar, comenzó en 1953, cuando mi padre felicitó a Isabel (vía postal) por una de sus novelas. Pero creo que se conocieron personalmente más tarde, a comienzos de los 60, cuando mi familia comenzó a veranear en Santander, cosa que hicimos durante cuatro o cinco años. Largas vacaciones norteñas de uno e incluso dos meses. Y siempre acompañados por Isabel y Antonio.

            ¿Qué recuerdo de ellos? Recuerdo su casa, a las afueras de la ciudad, en el número 18 de la calle Argentina (luego cambió a Colombia 7). Era un chalé de dos plantas, rodeado por un jardín y dividido en dos viviendas; en la de abajo vivían ellos y en la de arriba el hermano de Isabel. De su casa, lo que más recuerdo es el olor, olor a humedad. Pero no era desagradable, al contrario: a mí me parecía cálido y envolvente, como si densificara el aire. También recuerdo los muchos libros que había en esa casa. Era un hogar que olía a humedad y a cultura.

            De Isabel recuerdo su dulzura, su voz suave y calmada, su serenidad. Era guapa de un modo discreto, tenía los ojos claros y la piel muy blanca, casi transparente. De los dos, ella fue la que más éxito literario tuvo; sin embargo, jamás la oí hablar de su obra. Era como si no quisiera sobresalir, como si prefiriera el anonimato, ocultándose tras sus seudónimos; sobre todo tras esa Patricia Montes, que era ella y al mismo tiempo no lo era. Cuando evoco a Isabel, me invade una ola de calidez.

            De Antonio recuerdo su sentido del humor, su ironía. Era un brillante conversador, culto, inteligente, divertido. Mis padres solían decir que era más interesante como persona que como escritor. No lo sé, pero puedo asegurar que era una persona muy interesante. En cierta ocasión, siendo yo niño, paseaba con él por una playa y encontramos en la orilla una esfera de cristal transparente. Antonio me explicó que era un flotador para redes de pesca; ahora son de plástico, pero a comienzos de los 60 eran de cristal. Me llevé la esfera a Madrid; aún la conservo, en un estante del salón, y cada vez que la veo recuerdo a Antonio.

            Tras morir mis padres, perdí el contacto con Isabel y Antonio. Los visité un par de veces en Santander, y nada más. A comienzos de los 90, cuando inicié mi propia carrera como escritor, adquirí la costumbre de enviarles un ejemplar de los libros que publicaba. Antonio me respondía por carta, alabando amablemente mi trabajo, e Isabel añadía unas líneas cariñosas al final. En 2002 les dediqué mi novela Las Lágrimas de Shiva, ambientada en el Santander de los 60. En esa ocasión hablé con ellos por teléfono. Creo que fue la última vez que hablamos.

            En 2006 contraje una grave enfermedad que me mantuvo fuera de juego durante varios años. En 2011, ya repuesto, una noticia en forma de esquela llegó a mi ordenador: Antonio había muerto. Intenté telefonear a Isabel, pero nadie respondía a mis llamadas. No tenía forma de localizarla. Siete años más tarde, un desconocido –Miguel Cos- se puso en contacto conmigo y me contó que Isabel estaba ingresada en una residencia. El año pasado me volvió a contactar para informarme de que Isabel había fallecido. Tenía 98 años.

            Hace poco, Alberto Sánchez me contó que varias cosas pertenecientes a Isabel y Antonio –manuscritos, fotos, dibujos, etc.- habían aparecido en un mercadillo. Eso me entristeció. Ellos no tuvieron hijos, tampoco tenían mucha familia. ¿Quién heredó su casa y sus posesiones? ¿A quién le importaban tan poco sus libros, sus manuscritos, sus recuerdos, como para venderlos de saldo? Es como si hubieran demolido su pasado y, de paso, también un poco el mío. Es triste.

            No hay ninguna esquela que recuerde la muerte de Isabel. Ella no lo quiso. Había decidido no dejar rastro de su existencia; ni siquiera sus libros eran suyos, pues pertenecían a Patricia Montes y otros seudónimos. Quería sumirse en el olvido…

            Pues lo siento, Isabel, pero en mi caso no lo has conseguido. Te recuerdo con inmenso cariño, igual que recuerdo a tu querido Antonio. Y jamás os olvidaré.

            César Mallorquí

            Invierno de 2021

Antonio Martínez Torre e Isabel González Lectte, un matrimonio de novela

SERVICIO SECRETO DE BRUGUERA

Para los aficionados a la novela popular policíaca Servicio Secreto de Bruguera es probablemente la colección más conocida de todas las que pasaron por los quioscos, motivo por el que hasta ahora no había publicado una relación de los títulos de la colección. Esta colección mantuvo durante años una dura pugna con FBI de Rollán por alcanzar el liderazgo de las ventas. Con el tiempo, ha logrado perdurar mucho mejor en la memoria de los aficionados que la serie de Rollán, en parte por los autores que participaron, en parte por sus portadas, y sobre todo porque siempre ha sido mucho más sencillo encontrar información del mundo Bruguera que del mundo Rollán.

La colección Servicio secreto empezó su andadura en 1950 con la ya mítica La Brigada de los suicidas, del gran Peter Debry (Pedro Victor Debrigode), para mí uno de los más grandes autores de novela popular de todos los tiempos, y al que ya he dedicado algunos artículos.

El último título, el 1.796, Diana con silueta de un hombre, del añorado Joseph Berna, se publicó en mayo de 1985, poniendo fin a 35 años de historia. Para el que le parezca que 1.796 títulos es una cifra increíble –que lo es- y hay que tener en cuenta que la colección Bisonte de Bruguera alcanzó los 1.963 números. Esto puede dar una idea de la importancia que tuvo la novela popular en esos años.

La colección fue cambiando con el paso de los años tanto de precio (desde las 5 pesetas iniciales hasta las 75 pesetas de su última etapa) como de formato, pero nada es eterno, y se vio abocada al cierre.

No pretendo enrollarme demasiado, pues la única finalidad de esta reseña es facilitar el listado de la colección, así que siguiendo con la reseña anterior dedicada a la colección Punto Rojo, añado una relación de autores y títulos de Servicio Secreto, para que pueda servir de consulta a cualquier aficionado/coleccionista.

Como suele ser ya habitual, añado una relación de los títulos escritos por cada autor:

AUTOR NOMBRE Nº Obras
Clark Carrados Luis García Lecha 189
Keith Luger Miguel Oliveros Tovar 185
Silver Kane Francisco González Ledesma 148
Peter Debry Pedro Víctor Debrigode Dugi 137
Lou Carrigan Antonio Vera Ramírez 111
Burton Hare José María Lliró Olivé 81
Curtis Garland Juan Gallardo Muñoz Creu 80
Mark Halloran Jordi Gubern Ribalta 77
Donald Curtis Juan Gallardo Muñoz Creu 57
Ralph Barby Rafael Barberán Domínguez 54
A. Rolcest Arsenio Olcina Esteve 51
Joseph Berna José Luis Bernabéu López 45
Alar Benet Juan Alarcón Benito 43
Joe Mogar José María Moreno García 41
Alf. Regaldie Alfonso Arizmendi Regaldie 40
Vic Logan María Victoria Rodoreda Sayol 40
Kelltom McIntire José León Domínguez Esteban 35
Frank Caudett Francisco Caudet Yarza 32
Cliff Bradley Jesús Navarro Carrión-Cervera 29
Adam Surray José López García 28
Mikky Roberts Miguel María Astraín Badá 23
Albert Rosbund Alberto Rosbund Izquitino 21
George H. White Pascual Enguídanos Usach 21
Kent Miller Mariano Molins Mallol 20
Vic Peterson Pedro Víctor Debrigode Dugi 18
Frank McFair Francisco Cortés Rubio 16
Jack Grey Rafael Segovia Ramos 16
Tony M. Tower Antonio Martínez Torre 13
Tony Wanton Francisco Defauce Quesada 12
Frank Lewis Orlando García Mateos 11
Charles Mitchel Carlos Miguel Martínez 9
F. P. Duke Fidel Prado Duque 9
Ray Lester Juan Mora Gutiérrez 9
Red Harland Juan Lozano Rico 8
Fred Gorham José Moreno Martínez 6
J. Dixon Jacinto León Ignacio Ruiz de Cárdenas 5
Sterling Graham Jacinto/Jorge León Ruiz de Cárdenas 5
Alan Carson Joaquín Ruiz Catarineu 4
Clifford Hilton Fernando Diego Castillo Visca 4
Ernie Parker Ernesto Pérez Más 4
Al Mason Mariano Gómez Rueda 3
Francis Rod Francisco Rodríguez Fenz 3
H. Onson Jacinto León Ignacio Ruiz de Cárdenas 3
Louis G. Milk Luis García Lecha 3
Robert Allyson Oscar Montero Albalat 3
Rogers Kirby Ángel Gordón González 3
Andreus Castle Andrés Castillejo Osuna 2
Ben Bryons Francisco Benito Briones 2
Bruno Shalter Jordi Gubern Ribalta 2
Geo Dugan Pedro Víctor Debrigode Dugi 2
John Lack Juan Bautista Lacasa Nebot 2
Lucky Marty Enrique Martínez Fariñas/ Jesús Rodríguez Lázaro 2
Meadow Castle Prado Castellanos Alentorn 2
O. C. Tavin Octavio Cortés Faure 2
Rocco Laser José Luis López Grau 2
Rocco Sarto Pablo di Massó Sabolo 2
Ada Coretti Isabel Irigaray Echevarri 1
Alex Wilkie Alberto Luis Perez 1
Alfred Grass Alfredo Julio Grassi 1
Arnaldo Visconti Pedro Víctor Debrigode Dugi 1
Black Morán José Luis de Blas Moreno 1
Clo Mensy Clotilde Méndez Simón 1
H. Armstrong César Ocaña Garau 1
J. A. Dose Juan Arturo Sedó Argüí 1
Jim Tell José Miguel Téllez González 1
John L. Martin Juan Losada Martín 1
Lee Calloway   1
Lewis Haroc Luis Rodríguez Aroca 1
P. Newman José María Carbonell Barberán 1
Peter Kapra Pedro Guirao Hernández 1
Red Lowell Carlos Clarimón Lafarga 1
Rex Preston   1
Richard Harvey Leopoldo Cánovas Canito 1
Robin Carol Antonio Ferris Abellán 1
Ronald Mortimer Manuel González Cremona 1
Taylor Nummy Francisco González Ledesma 1
W. Catanzaro Julio Pérez Blasco 1

Queda pendiente de dilucidar la identidad de Lee Calloway y Rex Preston. Yo al menos no he logrado desvelar quién se esconde tras ambos pseudónimos.

Para no variar, los principales autores de la colección vuelven a ser los sospechosos habituales de Bruguera: Luis García Lecha (Clark Carrados y Louis G. Milk), Miguel Oliveros Tovar (Keith Luger), Pedro Victor Debrigode (como Peter Debry, Arnaldo Visconti, Vic Peterson y Geo Dugan), Francisco González Ledesma (Silver Kane y Taylor Nummy), Juan Gallardo Muñoz (Curtis Garland y Donald Curtis) y Antonio Vera Ramírez (Lou Carrigan).

Sin más, aquí va el listado completo de la colección:

Titulo Autor
1 La brigada de los suicidas Peter Debry
2 Entre tinieblas Jack Grey
3 Servicio especial Tony Wanton
4 Sirenas tropicales Peter Debry
5 El hotel de los crímenes Jack Grey
6 Los cuatro ases Peter Debry
7 La noche de Bright Garden A. Rolcest
8 El castillo de los ahorcados Peter Debry
9 ¡Contraespionaje! Tony Wanton
10 Peces de platino Peter Debry
11 La hiena blanca Jack Grey
12 Gángsters en Casablanca Peter Debry
13 Una mano en la sombra F. P. Duke
14 Valses tétricos Peter Debry
15 La libélula de cristal Kent Miller
16 Los buitres negros Peter Debry
17 El monstruo Jack Grey
18 En busca de una cabeza Peter Debry
19 El gas R 350 Kent Miller
20 La atómica en Hollywood Peter Debry
21 La onda mortal Kent Miller
22 Misión en Extremo Oriente A. Rolcest
23 La zorra del desierto Tony Wanton
24 La bella del Bósforo Peter Debry
25 Rechazados por la muerte Jack Grey
26 La isla corazón Peter Debry
27 Agente novel Al Mason
28 Los diablos del Ártico Peter Debry
29 Misión en los Balcanes Ernie Parker
30 M. I. 5 Tony Wanton
31 Con pasaporte robado F. P. Duke
32 El pulpo humano Peter Debry
33 El amuleto de Kali Kent Miller
34 La pequeña tonkinesa Peter Debry
35 Corea Tony Wanton
36 Piratería moderna Peter Debry
37 Pánico en Nueva York Alex Wilkie
38 Un pistolero en el F. B. I. Peter Debry
39 Héroes anónimos F. P. Duke
40 “Dama Dinamita” Peter Debry
41 Yo acuso Tony Wanton
42 Llamada al amanecer Kent Miller
43 El secreto del tratado de química F. P. Duke
44 Doctor Borgia Peter Debry
45 Los diablos de Wakefield Kent Miller
46 Asesinatos en el estadio Peter Debry
47 El soplo de la muerte Jack Grey
48 La implacable amenaza Tony Wanton
49 Una pista difícil Jack Grey
50 Oscuro dominio Tony Wanton
51 ¡Sabotaje! Kent Miller
52 La muerte lenta Peter Debry
53 Operación «La Negra Fred Gorham
54 Platillos volantes Peter Debry
55 Bautismo de fuego Kent Miller
56 Aviones sin rumbo Peter Debry
57 Un loco en la sombra A. Rolcest
58 El encapuchado gris Jack Grey
59 La tela de araña Kent Miller
60 La operación «Greif» A. Rolcest
61 Sabotaje en Persia John L. Martin
62 Secuestros en Nueva York Fred Gorham
63 La maraña sangrienta Jack Grey
64 El vampiro de Brooklyn Peter Debry
65 Tráfico criminal Kent Miller
66 Cadáveres ambulantes Peter Debry
67 Tanques para Tobruk Ernie Parker
68 Remitente : Los Ángeles J. Dixon
69 Gongo Kong Peter Debry
70 Chantaje trágico Jack Grey
71 Tiburones del Tritón Peter Debry
72 Acción en Oriente Kent Miller
73 Balas perdidas Peter Debry
74 Muerte en los rostros A. Rolcest
75 Acorralado Tony Wanton
76 La muerte en cada minuto Al Mason
77 Tobillos de oro Peter Debry
78 Guerra en la jungla Jack Grey
79 Crucigramas sangrientos Fred Gorham
80 Los muertos no mienten Peter Debry
81 Orden de invasión A. Rolcest
82 La vida empieza mañana Rex Preston
83 Naipes siniestros Peter Debry
84 El F. B. I. en la cárcel Jack Grey
85 Cita con la muerte Mark Halloran
86 Suez Tony Wanton
87 K. O. Fred Gorham
88 Tres en el cielo Tony Wanton
89 Ruta salvaje Peter Debry
90 Un capitán de comandos F. P. Duke
91 La ley del machete Peter Debry
92 Stanley, el simple Jack Grey
93 Calavera de plata Peter Debry
94 Doble triunfo F. P. Duke
95 Horas trágicas Peter Debry
96 El fantasma asesino Jack Grey
97 La dama de los nenúfares Peter Debry
98 Convictos de traición Red Harland
99 El secreto de Daniel Hardy Francis Rod
100 Crimen en el subway A. Rolcest
101 Tráfico en diamantes Red Harland
102 La fiera acosada Peter Debry
103 Pacto entre llamas A. Rolcest
104 Corsarios anfibios Peter Debry
105 Hampa dorada Jack Grey
106 Trágica apuesta Peter Debry
107 Al dictado del odio A. Rolcest
108 Los evadidos de Cayena Peter Debry
109 Siete horas de vida Silver Kane
110 La banda de la zarpa Peter Debry
111 Huracán en el Caribe Tony M. Tower
112 Pacto mortal Kent Miller
113 Infierno en Filipinas Robin Carol
114 El caso del caimán Peter Debry
115 La emisora fantasma Ernie Parker
116 La legión diabólica Kent Miller
117 Arsénico y estilete Peter Debry
118 Rondando el peligro Francis Rod
119 Terror en Malaca A. Rolcest
120 Morir es muy fácil Mark Halloran
121 La red del dragón Peter Debry
122 Traficantes de muerte F. P. Duke
123 Tres en el infierno Peter Debry
124 Luna roja Lewis Haroc
125 Los buitres del Támesis Kent Miller
126 ¡Indochina! A. Rolcest
127 Pistas sangrientas Peter Debry
128 Héroes en Creta A. Rolcest
129 Guantes de goma Al Mason
130 Los muertos no hablan Jim Tell
131 Misión en Casablanca Tony M. Tower
132 El plan “Erizo” Peter Debry
133 Okinawa, paraíso sangriento Kent Miller
134 Intriga en la India Francis Rod
135 Noventa horas en blanco George H. White
136 Tres hombres en la nieve A. Rolcest
137 El secreto de Rocky Mountain Tony M. Tower
138 Espías en acción Andreus Castle
139 Buitres sobre Hollywood Red Lowell
140 Muerte en el Bronx Red Harland
141 El infierno flotante Kent Miller
142 La hora fatal Tony Wanton
143 El sector condenado A. Rolcest
144 Demasiado tarde Andreus Castle
145 ¡Traición! Kent Miller
146 Hechiceros de muerte A. Rolcest
147 Lucha en la sombra Alar Benet
148 Dos cruces en la nieve Tony M. Tower
149 Convoy en ruta A. Rolcest
150 Burlando a la muerte Alar Benet
151 La colina del silencio Red Harland
152 Muertos en la selva A. Rolcest
153 Un hombre alto Red Harland
154 Cerco de fuego Kent Miller
155 Una tumba en Dunkerke A. Rolcest
156 El presidiario Red Harland
157 Veracruz Cliff Bradley
158 El viento barre la niebla Red Harland
159 La isla de los muertos A. Rolcest
160 Mau – Mau Keith Luger
161 La última jugada Red Harland
162 Reto a la muerte Kent Miller
163 Espías en Túnez Ernie Parker
164 La muerte llegó al amanecer Tony M. Tower
165 Cerco a Damasco A. Rolcest
166 Sangre en el Danubio Kent Miller
167 El pingüino asesino Keith Luger
168 El caso de las mellizas Vic Peterson
169 Un cadáver tras sus huellas Alar Benet
170 Una bala para cinco Vic Peterson
171 La ciudad maldita Alar Benet
172 Espectros en la bolera Vic Peterson
173 La fosa esta abierta Bruno Shalter
174 Trágica herencia Alar Benet
175 Cerco de sombras Donald Curtis
176 Aprendices de detective Vic Peterson
177 Asesinato en el Waldorf Alar Benet
178 El caso del Landrú californiano Vic Peterson
179 Pasaporte al infierno Tony M. Tower
180 Cita en tierra de nadie A. Rolcest
181 El criminal nunca escapa Alar Benet
182 Caza Mayor Cliff Bradley
183 Réquiem por Nan Mark Halloran
184 La muerte borra las huellas Vic Peterson
185 Barrera de sangre Jack Grey
186 Llegó la muerte Mark Halloran
187 El inspector fantasma Alar Benet
188 Operación Sirena Silver Kane
189 Los gángsters mueren jóvenes Mark Halloran
190 Donde los hombres mueren Cliff Bradley
191 Una rubia en París Mark Halloran
192 Brigada de choque A. Rolcest
193 El “gang” de “Medio Rostro” Peter Debry
194 Con la muerte a la espalda Alar Benet
195 Testigos siniestros Peter Debry
196 Vacaciones de sangre Alar Benet
197 Operación caimán Peter Debry
198 El novato Silver Kane
199 Héroes sin nombre Peter Debry
200 Buscando la muerte Cliff Bradley
201 Piratas de frac Peter Debry
202 Tromba de fuego A. Rolcest
203 Agencia de secuestros Peter Debry
204 Costa bárbara Arnaldo Visconti
205 Misión desconocida H. Armstrong
206 Cota 30 Mark Halloran
207 La isla inexplorada Geo Dugan
208 El caso del verdugo chino Vic Peterson
209 El sindicato del crimen Keith Luger
210 El heraldo de la muerte Vic Peterson
211 Misión secreta Alar Benet
212 La consigna es matar Tony M. Tower
213 Pasaje a Oriente Donald Curtis
214 Tres sombras en el suelo Alar Benet
215 El gas – terror Keith Luger
216 Secretos atómicos Fred Gorham
217 Cementerio flotante Geo Dugan
218 La araña tiende sus redes Fred Gorham
219 Ellos, los muertos Charles Mitchel
220 Tres fantasmas Peter Debry
221 Un cadáver a medida Charles Mitchel
222 Yo fui asesinado Donald Curtis
223 La hora de los traidores Mark Halloran
224 El suicida asesinado Vic Peterson
225 El gran Miller Tony M. Tower
226 Operación Cobalto Donald Curtis
227 Acepto el desafío Alar Benet
228 Diez centavos por su piel Charles Mitchel
229 Planetas sangrientos Vic Peterson
230 Enviado especial Tony M. Tower
231 La ciudad perversa Keith Luger
232 Opio fresco Mark Halloran
233 Profesión : Fugitivo Vic Peterson
234 Un hombre va a morir Tony M. Tower
235 La casa del silencio Taylor Nummy
236 Murieron de pie Mark Halloran
237 K. O. mortal Alan Carson
238 Cuidado con los muertos Sterling Graham
239 La “bomba” de diamantes Alar Benet
240 Sin tiempo que perder Donald Curtis
241 ¡Bienvenida, muerte! Mark Halloran
242 Zona prohibida Richard Harvey
243 Lo siento, querida Donald Curtis
244 El pánico del siglo Tony M. Tower
245 La sombra de “madame” Cliff Bradley
246 Tres balas Alan Carson
247 El gang de los luchadores Vic Peterson
248 Trabajo peligroso Keith Luger
249 Rescate en Tonkin Peter Debry
250 Tabaco inglés Mark Halloran
251 Bar Aventura Vic Peterson
252 Gángsters en Nueva York Alar Benet
253 La muerte ataca a traición Sterling Graham
254 La dalia gris Donald Curtis
255 No se admiten coronas Mark Halloran
256 Morir amablemente Vic Peterson
257 El canto del hacha Charles Mitchel
258 Un cadáver a medida J. Dixon
259 La dama del cabello platino Donald Curtis
260 Solución ayer J. Dixon
261 Cuatro zonas en Berlín Alar Benet
262 Soldados secretos Mark Halloran
263 Ron amargo Peter Debry
264 Fácil de matar Mark Halloran
265 La muerte sobre ruedas Peter Debry
266 Al norte de Haití Vic Peterson
267 La ciudad condenada Mark Halloran
268 Pánico en la ciudad Alar Benet
269 Estiletes vengadores Rogers Kirby
270 El Buda de marfil Alan Carson
271 Manos de oro Tony M. Tower
272 No dispares, querida Charles Mitchel
273 La muerte roba diamantes Cliff Bradley
274 Horizontes febriles Peter Debry
275 Grupo de asalto Sterling Graham
276 Minutos antes de morir Peter Debry
277 El hombre azul Mark Halloran
278 Los marcados del Caribe Peter Debry
279 La muerte da una cita A. Rolcest
280 Asesinato sin asesino Alar Benet
281 Piedad para sus almas Silver Kane
282 La ronda de los chacales Vic Peterson
283 Cuando la muerte ríe Mark Halloran
284 Devuélvanme mi ataúd Silver Kane
285 Nadie elige su suerte Charles Mitchel
286 Frente a su propia sangre H. Onson
287 Los muertos susurran Vic Peterson
288 Ronda de ladrones Cliff Bradley
289 Las rubias mueren así Keith Luger
290 El arquero Tony M. Tower
291 ¡Este es el culpable! Rogers Kirby
292 Operación silencio Silver Kane
293 Noche de angustia Alar Benet
294 Técnico en raptos Peter Debry
295 Flores sobre mi tumba Keith Luger
296 Catástrofe en Ginebra Mark Halloran
297 Deuda siniestra Alar Benet
298 Las vacaciones del fiscal Vic Peterson
299 Con sudario de nylon Mark Halloran
300 Tras la pista del difunto Peter Debry
301 Cercados por la muerte Alf. Regaldie
302 Pupila azul Clark Carrados
303 Tumbas en Tampico Mark Halloran
304 Cerco de traidores Alf. Regaldie
305 Veneno para la señora Keith Luger
306 Semana negra Silver Kane
307 Sangre latina Mark Halloran
308 Los esqueletos del armario Peter Debry
309 Flecha de plata A. Rolcest
310 Ataúd para dos Mark Halloran
311 Unidos en el crimen Keith Luger
312 Saber perder Charles Mitchel
313 Siniestra ambición Alf. Regaldie
314 Argos 3 no contesta Keith Luger
315 A tus órdenes, inspector Alar Benet
316 Noche de París Cliff Bradley
317 Metralla para todos H. Onson
318 Siete tumbas en Indochina Peter Debry
319 Sangre y plomo en el Pentágono Mikky Roberts
320 El fiscal tiene miedo Clark Carrados
321 La muerte llega con retraso Alar Benet
322 El sargento Harry H. Onson
323 Un crimen y un beso Keith Luger
324 El expediente B-25 J. Dixon
325 Gesta de audaces Alf. Regaldie
326 Flores en tu funeral Donald Curtis
327 Astucia diabólica Alf. Regaldie
328 El 1313, número de la muerte Peter Debry
329 Cha cha cha Mark Halloran
330 Turismo sangriento Peter Debry
331 Crimen, Sociedad Anónima Mikky Roberts
332 Puños y gatillos Peter Debry
333 Blanco para morir Donald Curtis
334 Asesino sentimental Peter Debry
335 Muerte a plazos Keith Luger
336 Pillos de siete suelas Cliff Bradley
337 Operación Marihuana Peter Debry
338 Jugando a muertos Mark Halloran
339 Soy un tipo duro Keith Luger
340 El gang de las actrices Peter Debry
341 Sabotaje en Las Vegas Robert Allyson
342 Los detectives mueren jóvenes Peter Debry
343 Muerte para dos Mark Halloran
344 La rubia de los gatos Mikky Roberts
345 Bajo la piel del lobo Peter Debry
346 Los asesinos duermen Mark Halloran
347 Humo de muerte Mikky Roberts
348 La jungla de los muelles Peter Debry
349 El robo de la “Mona Lisa” Clark Carrados
350 En la lista negra Mark Halloran
351 Cadáveres en la ruta Sterling Graham
352 Nueve muertos y medio Silver Kane
353 Tres dalias negras Peter Debry
354 Misión de guerra Sterling Graham
355 La muerte abstracta Peter Debry
356 “Rock and Roll” J. Dixon
357 Lobos en Harlem Mark Halloran
358 Con sudario de niebla Mikky Roberts
359 La muerte en Bikini Peter Debry
360 Recuérdame al morir Silver Kane
361 Yo, el asesino Keith Luger
362 La mina de las ánimas Peter Debry
363 Reactores malditos Mark Halloran
364 El novato agresivo Peter Debry
365 Veinte dólares de tiempo Alan Carson
366 Trágica intriga Alf. Regaldie
367 La novia fatal Peter Debry
368 Pura dinamita Keith Luger
369 Voluntarios de la muerte Alf. Regaldie
370 Plomo al por mayor Peter Debry
371 Matando con música Donald Curtis
372 Cuando Eva dispara Peter Debry
373 La gente implacable Cliff Bradley
374 Tan solo unos muertos Mikky Roberts
375 Piratas de puerto Peter Debry
376 Edición en rojo Donald Curtis
377 Siniestro secreto Peter Debry
378 Uno para la silla Keith Luger
379 El sentimental Mark Halloran
380 Morir por etapas Peter Debry
381 Caballero de fortuna Keith Luger
382 Duerme bien, querida Mark Halloran
383 Misión en los trópicos Donald Curtis
384 La contraseña F. P. Duke
385 Máximo secreto George H. White
386 ¡Matadme, si podéis! Keith Luger
387 Las damas matan riendo Peter Debry
388 El cheque falsificado F. P. Duke
389 Manhattan Donald Curtis
390 Destino: La fosa Peter Debry
391 Un cadáver sin dueño Mikky Roberts
392 Bésame, muerte Donald Curtis
393 Contrato con la muerte Peter Debry
394 Los muertos vuelven de noche Silver Kane
395 Asesinatos en la oficina Peter Debry
396 Las olas tienen un secreto Mark Halloran
397 Alarma en el canal George H. White
398 Anuncios para la muerte Keith Luger
399 Yo, el difunto Peter Debry
400 Crímenes en primavera Mark Halloran
401 Los muertos no se quejan Mikky Roberts
402 ¡Tiren a matar! Keith Luger
403 Los insobornables Alf. Regaldie
404 El hombre que no era nadie Keith Luger
405 La asesina Peter Debry
406 ¡Cacen a ese espía! Keith Luger
407 Tras el telón del hampa Peter Debry
408 Tarde para morir Mark Halloran
409 Siniestra espiral Donald Curtis
410 Eslabón de sangre Mark Halloran
411 Los sospechosos investigan Peter Debry
412 Hombre acosado Keith Luger
413 Pronóstico mortal Mark Halloran
414 La cicatriz delatadora Peter Debry
415 Un centavo por mi piel Donald Curtis
416 Reportaje especial Mikky Roberts
417 Un muerto en cada ventana Silver Kane
418 Moriré mañana Donald Curtis
419 Silencios de tumba Mark Halloran
420 Trust del crimen Alf. Regaldie
421 Al margen del terror Donald Curtis
422 Cadáver con faldas Mark Halloran
423 Eterna es la noche Donald Curtis
424 Muerte bajo los focos Mark Halloran
425 La dama usaba veneno Donald Curtis
426 Duérmete, querida Silver Kane
427 Muerte en mambo Donald Curtis
428 El trono del muerto Silver Kane
429 Dinero maldito Keith Luger
430 Muere, cariño, muere Silver Kane
431 Un cadáver en la maleta Robert Allyson
432 ¡Con garras y dientes! Keith Luger
433 La marca del tío Sam Clark Carrados
434 ¿Quién va a matarme? Robert Allyson
435 Negocio en quiebra Mikky Roberts
436 Terror en Argelia Alf. Regaldie
437 La guerra empieza esta noche Silver Kane
438 Operación Iceberg George H. White
439 La gran venganza Keith Luger
440 La telaraña de cristal Donald Curtis
441 Los labios sellados Clark Carrados
442 Las curvas del peligro Donald Curtis
443 Furia asesina Keith Luger
444 R. I. P. en Dakar Mark Halloran
445 Negra Navidad Donald Curtis
446 Saludos para el ahorcado Silver Kane
447 La salida del infierno Keith Luger
448 La muerte acosa Alf. Regaldie
449 Trece horas Donald Curtis
450 Se tiñeron de rojo Keith Luger
451 Huellas que acusan Clark Carrados
452 Los tenebrosos Donald Curtis
453 Cinco gatos negros Silver Kane
454 Con la vida marcada Mark Halloran
455 Lo pagó con sangre Keith Luger
456 La noche tiene un secreto Silver Kane
457 Muerte en el vacío Mark Halloran
458 En la trampa Keith Luger
459 Horror en Broadway Donald Curtis
460 Los satánicos Silver Kane
461 La rubia desaparecida Keith Luger
462 Corona de muertes Mark Halloran
463 Secuestro sensacional George H. White
464 Nosotros, los fantasmas Silver Kane
465 Negro es el abismo Mark Halloran
466 Pasaje sin destino Donald Curtis
467 Secuestro Clark Carrados
468 Barrio francés Mark Halloran
469 Rififi en Miami Keith Luger
470 ¡Divórciate y muere! Donald Curtis
471 Yo lucho hasta el fin Clark Carrados
472 Camino de la fosa Keith Luger
473 Obligado a morir Mark Halloran
474 Réquiem por mi Donald Curtis
475 Moriré esta noche Keith Luger
476 Mi pésame, nena Mark Halloran
477 Un muerto ante mis ojos Silver Kane
478 La gran amenaza Rogers Kirby
479 El signo del dragón Donald Curtis
480 La llamada de la muerte Mark Halloran
481 Nocturno con muerte W. Catanzaro
482 La rubia de la ametralladora Clark Carrados
483 Te veré en la Morgue Donald Curtis
484 El hampa se enfrenta Alf. Regaldie
485 Los poseídos Donald Curtis
486 Torbellino de emociones Keith Luger
487 Ataúd en el espacio Mark Halloran
488 Rojo es el asfalto Donald Curtis
489 Muerte de una pelirroja Keith Luger
490 Enfrentado a la muerte Mark Halloran
491 Yo, el asesino Silver Kane
492 Pistola de alquiler Mark Halloran
493 Todos lo querían muerto Keith Luger
494 Archivo secreto Mark Halloran
495 ¡Silba, muerte, silba! Donald Curtis
496 Réquiem para las rubias Joe Mogar
497 Felicidades, nena Silver Kane
498 Niebla Donald Curtis
499 Tumbas sin flores Mark Halloran
500 La vorágine Donald Curtis
501 ¡Señores del jurado! Clark Carrados
502 La pantera rubia Mark Halloran
503 La casa de la cumbre Clark Carrados
504 Funeral por un traidor Mark Halloran
505 Secuestro de una millonaria Keith Luger
506 Morir es complicado Donald Curtis
507 Danza macabra Mark Halloran
508 Un caso sin importancia Keith Luger
509 Balas contadas Mark Halloran
510 La muerta habló a tiempo George H. White
511 No soy un pistolero Clark Carrados
512 Ejecución Donald Curtis
513 Perfume de pólvora Mark Halloran
514 Un cadáver espera Keith Luger
515 Enigma para Sally Donald Curtis
516 Murmullo de muerte Mark Halloran
517 Alta tensión Clark Carrados
518 Ataúd para una rubia Silver Kane
519 Los buitres y la pelirroja Clark Carrados
520 Ajuste de cuentas Mark Halloran
521 Los cuervos se reúnen Keith Luger
522 Cruce peligroso Mark Halloran
523 Sangre escarlata Clark Carrados
524 Con entierro pagado Mark Halloran
525 La muerte se viste de seda Donald Curtis
526 Las rubias son peligrosas Keith Luger
527 El miedo y la furia Clark Carrados
528 Sangre tropical Mark Halloran
529 Nadie para contarlo Charles Mitchel
530 Un cuchillo espera Mark Halloran
531 Si muriese al amanecer… Donald Curtis
532 Desde esta tumba oscura Silver Kane
533 Una cruz para cada muerto Mark Halloran
534 Caliente es mi sangre Donald Curtis
535 ¡Sentenciados! Keith Luger
536 El asesino ha muerto Mark Halloran
537 Pasaje para la tumba Clark Carrados
538 Un cadáver en el Bronx Joe Mogar
539 Aquel jueves negro Mark Halloran
540 Cadáveres a mi paso Keith Luger
541 Belleza para morir Mikky Roberts
542 Los ojos de la serpiente Charles Mitchel
543 Oferta para el asesinato Keith Luger
544 Enterrad vuestros muertos Mark Halloran
545 La piel a tiras Clark Carrados
546 Un centavo por mi vida Keith Luger
547 Las estrellas también mueren Mikky Roberts
548 Crimen al amanecer Keith Luger
549 La dama X Donald Curtis
550 Rastro de sombras Mark Halloran
551 Congo, hora cero Silver Kane
552 Muñecas siniestras Donald Curtis
553 Himno de funeral Meadow Castle
554 La tigresa y yo Keith Luger
555 La tumba esta servida Clark Carrados
556 Cómoda en su ataúd Mark Halloran
557 Balas para ti, dulzura Keith Luger
558 Los muertos viajan Mark Halloran
559 Red escarlata Donald Curtis
560 La muerte en el aire Meadow Castle
561 Margarita negra Clark Carrados
562 Pasos en la noche A. Rolcest
563 Muerte en tus brazos Mikky Roberts
564 Muramos juntos, querida Silver Kane
565 Hampa brillante A. Rolcest
566 Dos hacia la muerte Donald Curtis
567 Horror atómico Mark Halloran
568 Dólares y balas Clark Carrados
569 Reportaje para el crimen Donald Curtis
570 Vendaval en Laos A. Rolcest
571 Intriga diabólica Mikky Roberts
572 La chica del calendario Clark Carrados
573 ¡Ella sabe demasiado! Donald Curtis
574 El asesino cuidadoso Mikky Roberts
575 No dispares, preciosa Joe Mogar
576 Duerme para siempre Donald Curtis
577 Un cadáver inquieto Clark Carrados
578 Réquiem por mi esposa Joe Mogar
579 Blues para el muerto Donald Curtis
580 El tributo del desierto A. Rolcest
581 El hombre que murió dos veces George H. White
582 Roja Navidad Clark Carrados
583 Sin aliento Mark Halloran
584 Huellas en el mar A. Rolcest
585 ¡No quiero morir ahora! Keith Luger
586 Se alquila una tumba Silver Kane
587 Radiación Clark Carrados
588 Sangre sobre mi Mikky Roberts
589 La muñeca rubia Joe Mogar
590 Maquillaje para morir Donald Curtis
591 La muerte madruga George H. White
592 ¡Pórtate bien, querida! Joe Mogar
593 Los muertos necesitan hielo Clark Carrados
594 Una mujer en la sombra Keith Luger
595 Funeral Donald Curtis
596 Buitres de Chicago Joe Mogar
597 Yo, el juez Clark Carrados
598 Muerte, Sociedad Limitada Alf. Regaldie
599 El asesino blanco A. Rolcest
600 La dama del aspa roja Clark Carrados
601 Muerte para una damisela Joe Mogar
602 La cueva de los muertos A. Rolcest
603 El pasado amenaza Cliff Bradley
604 Conspiración Clark Carrados
605 Noche amarilla A. Rolcest
606 Un regalo para el muerto Silver Kane
607 La clave escarlata Clark Carrados
608 Un muerto acusa Alf. Regaldie
609 Las damas también matan Joe Mogar
610 Ataúd «B-4» Silver Kane
611 Muerte por correspondencia Clark Carrados
612 Reto a una ciudad Keith Luger
613 Sangre en Broadway Alf. Regaldie
614 La ofrenda del diablo A. Rolcest
615 Sonata de sangre Clark Carrados
616 La nieve es roja John Lack
617 El mar devuelve sus muertos George H. White
618 La espada y la balanza Clark Carrados
619 La muerte aguarda en Hong Kong Lou Carrigan
620 A las 11: Sesión de tiro Clark Carrados
621 Gángsters en Broadway Joe Mogar
622 Los pasatiempos de Ivette John Lack
623 La muerte viste de blanco A. Rolcest
624 La hija del gángster Clark Carrados
625 No te fíes de las damas Joe Mogar
626 El tributo de la muerte A. Rolcest
627 La muerte llegará a las seis Keith Luger
628 La chica bajo el farol Clark Carrados
629 El loco de la linterna roja George H. White
630 Ella pendía de una soga Keith Luger
631 Condenados a muerte Clark Carrados
632 La dama del bolso rojo Joe Mogar
633 Una mujer en la niebla Clark Carrados
634 Yo morí el año pasado Keith Luger
635 Juguetes diabólicos George H. White
636 Duelo de cerebros Clark Carrados
637 O.A.S. Silver Kane
638 Mi propia ley Joe Mogar
639 Pasto de la muerte Clark Carrados
640 Idilio sangriento Joe Mogar
641 Crimen en el ring Keith Luger
642 A tu salud, asesino Keith Luger
643 Luz verde en el Mekong A. Rolcest
644 La muchacha china Joe Mogar
645 El diamante rojo Clark Carrados
646 Cianuro para el asesino Keith Luger
647 Evasión Clark Carrados
648 ¡Han fusilado a mi esposa! Joe Mogar
649 Un vestido lleno de sangre Keith Luger
650 Marea de sangre Clark Carrados
651 Una estrella con problemas Mikky Roberts
652 Ratas del muelle George H. White
653 Lanzados al infierno Clark Carrados
654 La Venus dorada A. Rolcest
655 Leyenda de una mujer muerta Keith Luger
656 Secreto de estado Clark Carrados
657 Viento salvaje A. Rolcest
658 Sangre en el asfalto George H. White
659 Balas perfumadas Keith Luger
660 Sinfonía en nueve corto Peter Debry
661 Morir siempre es fácil Lee Calloway
662 Una mujer muerta A. Rolcest
663 Atraco imperfecto Clark Carrados
664 El gran silencio A. Rolcest
665 Cuchillo al cuello Keith Luger
666 Piratería George H. White
667 Tumba cerrada A. Rolcest
668 Tiros por la espalda Clark Carrados
669 Asesinato P. Newman
670 ¡Soy inocente! Frank Lewis
671 Hermandad siniestra Donald Curtis
672 El hijo de la niebla Silver Kane
673 Sombrero de copa Frank Lewis
674 Solo mueren los otros Peter Debry
675 Testigo de su muerte Joe Mogar
676 Silencio de muerte Frank Lewis
677 Máquinas de matar Alf. Regaldie
678 Una sombra al acecho Clark Carrados
679 Melodía para un gangster Silver Kane
680 Crimen en el circo Frank Lewis
681 La estatua y la charca Clark Carrados
682 Siempre es peor morir Peter Debry
683 El hotel de las brumas Silver Kane
684 El cielo se tiñó de sangre George H. White
685 Seis testigos sentenciados Peter Debry
686 La muerte me buscaba Alf. Regaldie
687 Puños de granito Mikky Roberts
688 Horas en rojo Clark Carrados
689 El asesino se disculpa George H. White
690 Gángsters en Borneo Peter Debry
691 Los traidores de Brooklyn Ben Bryons
692 La muchacha de Birmania Joe Mogar
693 Twist para el asesino Keith Luger
694 Manos culpables Frank Lewis
695 Manos para la venganza Clark Carrados
696 La muerte baila twist Alf. Regaldie
697 Reportaje de un asesinato Frank Lewis
698 Las rubias mueren llorando Silver Kane
699 Muerte en el fichero Clark Carrados
700 Fuego maldito Mikky Roberts
701 Crímenes en la ciudad Frank Lewis
702 La gran estafa George H. White
703 Discoteca criminal Peter Debry
704 Volcán sin fuego Clark Carrados
705 Silencio sobre mi tumba George H. White
706 Cuatro espías van a morir Peter Debry
707 El cuadro robado Frank Lewis
708 Fuego en Saigón A. Rolcest
709 La bola negra Clark Carrados
710 Serenata para tigresas Peter Debry
711 Cada hombre en su tumba Silver Kane
712 Eva y los gorilas Peter Debry
713 Una mujer para la tumba George H. White
714 Salvaje y tierna Sofía Peter Debry
715 Ha muerto una rubia Alf. Regaldie
716 Morir no me importa Alar Benet
717 Una piedra al cuello Clark Carrados
718 Fugitivo de la muerte Burton Hare
719 Los muertos no hablan Alf. Regaldie
720 En la tela de araña Mikky Roberts
721 Ejercicio para diez dedos Clark Carrados
722 La muerte viaja en taxi George H. White
723 La mafia y yo Peter Debry
724 No importa morir Burton Hare
725 Furia blanca A. Rolcest
726 No quisiera ser el muerto Silver Kane
727 Para ti, el cadáver Burton Hare
728 El hombre impasible Alar Benet
729 Pesadilla Silver Kane
730 Horror es mi nombre Clark Carrados
731 Siempre mujeres Joe Mogar
732 Muñeca de sangre Silver Kane
733 Los muertos viajan Mark Halloran
734 La muerte elige Donald Curtis
735 Ámame y muere Louis G. Milk
736 Objetivo: un millón Clark Carrados
737 Detrás del silencio Silver Kane
738 Ataúd para un espía Keith Luger
739 La muerte viste harapos Alf. Regaldie
740 Extraño chantaje Burton Hare
741 Una mano en la niebla Silver Kane
742 Demasiados criminales Burton Hare
743 Un hotel en el infierno Silver Kane
744 Antes de que mueras… Keith Luger
745 Infierno en el barrio chino Alar Benet
746 La mujer y el diablo Clark Carrados
747 Ventana peligrosa Burton Hare
748 La chica que murió tres veces Louis G. Milk
749 Persecución en París Cliff Bradley
750 Las armas del mal Burton Hare
751 Masacre en Florida Keith Luger
752 Recuerdo para una muerta Silver Kane
753 Vértigo en el cerebro Keith Luger
754 El odio viste de negro Ben Bryons
755 Al borde de la tumba Burton Hare
756 Muerte al sol Clark Carrados
757 Enviado especial de la muerte A. Rolcest
758 Asesinos implacables Alf. Regaldie
759 Preparado para la fosa Silver Kane
760 Agente X-27 Alar Benet
761 A tres minutos de la muerte A. Rolcest
762 Operación ‘Mercury’ Alf. Regaldie
763 Sangre y honor Silver Kane
764 Todos querían matarlo Alf. Regaldie
765 Cerco de metralletas A. Rolcest
766 Condenado a vivir Peter Debry
767 A la muerte le gusta el jazz Burton Hare
768 La rata Clark Carrados
769 La isla maldita Alar Benet
770 Lunáticas y gorilas Peter Debry
771 Alianza de sangre Clark Carrados
772 Reunión de traidores Burton Hare
773 ¡Yo no maté a Forrest! Alar Benet
774 Cerco en el Vietnam A. Rolcest
775 En Hollywood también se muere Burton Hare
776 La ley del soborno Alar Benet
777 Corrupción en Florida Burton Hare
778 Los diablos fugitivos Louis G. Milk
779 Los cuervos del paraíso Burton Hare
780 Saigón: peligro de muerte Frank Lewis
781 Diez años después Clark Carrados
782 La calle que no existía Silver Kane
783 La muerte llega a las Bahamas Burton Hare
784 El fuego en las manos A. Rolcest
785 Aquí, el muerto Alf. Regaldie
786 Muerte al traidor Alar Benet
787 Flores para la muerta Silver Kane
788 Mientras llega la muerte Burton Hare
789 El miedo embotellado Keith Luger
790 Muere en silencio, Ketty Silver Kane
791 La muerte jugó conmigo Burton Hare
792 ¿Quiere usted casarse con el asesino? Keith Luger
793 La casa entre la niebla Silver Kane
794 Falta un cadáver Alar Benet
795 La muerte es un buen negocio Burton Hare
796 Morir suavemente Silver Kane
797 Las mujeres también matan Alf. Regaldie
798 Al filo de la muerte Alar Benet
799 El séptimo infierno Silver Kane
800 La negra noche del miedo Burton Hare
801 Derby sangriento Alar Benet
802 Demasiado linda para morir Silver Kane
803 La muerte sigue mis huellas Burton Hare
804 En nombre del muerto Peter Debry
805 La muerte pide el divorcio Burton Hare
806 Asesinato en el Expreso Frank Lewis
807 El crimen no compensa Burton Hare
808 Guillotina para mi cliente Keith Luger
809 Defensa fatal Burton Hare
810 Recuerdos para el difunto Silver Kane
811 Lista mortífera Clark Carrados
812 Reto al gángster A. Rolcest
813 Contabilidad sangrienta Burton Hare
814 Una noche en Black Tower Silver Kane
815 La jornada de la muerte Alf. Regaldie
816 Tumbas en mi casa Peter Debry
817 Rostro de muñeca Silver Kane
818 La locura del doctor “Z” Keith Luger
819 La muerte en celuloide Alar Benet
820 Las gaviotas lo saben George H. White
821 Una celda en San Quintín Cliff Bradley
822 El caballo de ajedrez Alf. Regaldie
823 Las huellas del terror Burton Hare
824 El hombre de Little Rock Silver Kane
825 Tiempo para matar Keith Luger
826 Organización criminal Frank Lewis
827 Llorarás a tus muertos Burton Hare
828 La pagoda china Silver Kane
829 Una mujer diabólica Alar Benet
830 Llamando al peligro Clark Carrados
831 Muerte en la azotea Burton Hare
832 La orgía de los gángsters A. Rolcest
833 Alta infidelidad Cliff Bradley
834 Protagonista: Clive Silver Kane
835 El extraño crimen del fuego Burton Hare
836 Nudo escarlata Frank Caudett
837 Todas quieren matarme Silver Kane
838 La sombra de míster Smith Alar Benet
839 El crimen S. A. y yo Alf. Regaldie
840 Una pelirroja de recambio Keith Luger
841 La casa de las modelos Silver Kane
842 Escrito en el polvo Clark Carrados
843 Pasaje para el infierno Peter Kapra
844 Detective por error Clark Carrados
845 Los pies en el infierno Silver Kane
846 El «Conde» Frank Caudett
847 Un ataúd como obsequio Keith Luger
848 Preparando un asesinato Vic Logan
849 La ciudad secreta Silver Kane
850 Trampa en la oscuridad Burton Hare
851 Affaire internacional Alar Benet
852 Algo más que un atraco Burton Hare
853 Un cuchillo para la señora Silver Kane
854 Operación Kasbah Frank Caudett
855 La hora negra Alf. Regaldie
856 ¡Cítese conmigo! Silver Kane
857 Un lugar donde morir Burton Hare
858 Héroe peligroso Peter Debry
859 Intermedio fatal Alfred Grass
860 Lo mataré con mis manos Silver Kane
861 El galeón sumergido Mikky Roberts
862 Sangre en la Costa Azul Black Morán
863 Trampa diabólica Burton Hare
864 La tigresa china Silver Kane
865 Asalto para tres hombres mancos Keith Luger
866 Buda rojo Ralph Barby
867 A ciegas hacia la muerte Silver Kane
868 Un criminal anda suelto Alf. Regaldie
869 Con la piel de un muerto Frank McFair
870 La dama del expreso Alar Benet
871 Noche de terror Burton Hare
872 El emperador Silver Kane
873 Luna vieja llama a Calígula Ralph Barby
874 Un ciclón llamado Ana Keith Luger
875 Una sombría noche Burton Hare
876 Tres mujeres y algo más Joe Mogar
877 Un infierno en el Caribe Silver Kane
878 Genocidio Frank Caudett
879 La última oportunidad de Johnny Laurent Silver Kane
880 Espionaje en Corea Alar Benet
881 Un trébol de cuatro muertes Keith Luger
882 Asesino Kendall Alf. Regaldie
883 Con olor a muerte Alf. Regaldie
884 ¡Cuidado con el loro, es un espía! Keith Luger
885 La seductora muerte Burton Hare
886 Un ataúd para cada difunto Frank Caudett
887 La red amarilla Silver Kane
888 Cuando todo termine Burton Hare
889 Sentencia mortal Alf. Regaldie
890 Operación Plomo Caliente Keith Luger
891 Doctora cosmógono Frank Caudett
892 El silencio se paga Alf. Regaldie
893 Crimen para una dama Joe Mogar
894 Extorsión o muerte O. C. Tavin
895 El testamento escrito a fuego Clark Carrados
896 Un safari para cazarme Keith Luger
897 El Lord y el dragón O. C. Tavin
898 El comité del crimen Burton Hare
899 Bungalow 111 Frank Caudett
900 ¿Amnesia…? Joe Mogar
901 Un fulano llamado Denis Frank Caudett
902 Crimen de la cancha Ralph Barby
903 Vivir para matar Burton Hare
904 Contrabando humano Alf. Regaldie
905 Orgía de resucitados Frank Caudett
906 Cuatro mujeres justas Keith Luger
907 El rapto de una dama Burton Hare
908 Ku, Klux… Sangre Frank Caudett
909 Silla E para B.B. Alf. Regaldie
910 Un zodiac modelo 1966 Joe Mogar
911 Drogas & piel de plátano Frank Caudett
912 El sádico de Boston Keith Luger
913 Protagonista: la muerte Burton Hare
914 Mariposa de salón Joe Mogar
915 No toquéis a las siamesas Mikky Roberts
916 La octava víctima Clark Carrados
917 Sudando entre cocoteros Ralph Barby
918 La sangre deja huella Burton Hare
919 Cabalgando sobre un tigre Clark Carrados
920 Bajos fondos Mikky Roberts
921 Las mujeres también mueren Alar Benet
922 Usted es una fresca, Brigitte Keith Luger
923 Jeroglífico mortal Clark Carrados
924 Muerte en ye-yé Frank Caudett
925 Anderson, investigador privado Frank McFair
926 La muerte dejó rastro Alf. Regaldie
927 Vacaciones a tiro limpio Ralph Barby
928 Bajo la sombra del ciprés Frank Caudett
929 Los ángeles negros Alar Benet
930 Desafío al F.B.I. Silver Kane
931 ¿Hallo? F.B.I. al habla Frank McFair
932 … Y Velda dijo no Joe Mogar
933 Un clima extraño Alar Benet
934 Misión en Vietnam Silver Kane
935 Jaque a una mujer Vic Logan
936 Balas perfumadas Keith Luger
937 WE 3-3.100… ¡Mark Lester al habla! Frank Caudett
938 Al servicio de la OTAN Silver Kane
939 Muérase y el resto es «Cosa nostra» Keith Luger
940 La pirámide de hormigón Ralph Barby
941 Muera en Hong Kong, es más barato Keith Luger
942 La hija del espía Silver Kane
943 Necrópolis S.A. Frank Caudett
944 Las mujeres pelean mejor Keith Luger
945 Las brujas Silver Kane
946 Un crimen y un beso Keith Luger
947 Crimen en el profundo sur Silver Kane
948 Una ducha fría y un muerto caliente Keith Luger
949 Las cuentas del diablo Clark Carrados
950 ¡No quiero morir ahora! Keith Luger
951 La muerte baila en Copacabana Ralph Barby
952 La larga y trágica noche Frank McFair
953 ¿A qué hora le mataron, míster Luthero King? Keith Luger
954 Esposas robot Peter Debry
955 Un cadáver espera Keith Luger
956 Huellas en la arena Silver Kane
957 Hace falta un muerto Peter Debry
958 El crimen del jaguar rojo Joe Mogar
959 Película de un crimen Clark Carrados
960 Pistolero sin pistolas Silver Kane
961 Tras las propias huellas Frank McFair
962 El festival del crimen Keith Luger
963 La tercera mujer Vic Logan
964 Traficantes del miedo Peter Debry
965 Espía a la italiana Keith Luger
966 La puerta negra Silver Kane
967 Crimen en casa del senador Keith Luger
968 Lobos del asfalto Vic Logan
969 Cerebro incógnita Frank Caudett
970 El pasillo de las mujeres muertas Silver Kane
971 Un hombre asustado Vic Logan
972 Muere como quieras Peter Debry
973 El fiscal y la ladrona Clark Carrados
974 Lucha sin piedad Alar Benet
975 Mi viuda es peligrosa Peter Debry
976 Una «hippie» con cianuro Keith Luger
977 La fotografía Frank Caudett
978 Extraña noche Vic Logan
979 El demonio en el cerebro Silver Kane
980 Liquidando… que es gerundio Frank Caudett
981 S.O.S. Ralph Barby
982 Enredo diabólico Vic Logan
983 Tenebrosa Bárbara Peter Debry
984 Cazador de hampones Ralph Barby
985 Simplemente una chica llorando Frank McFair
986 El asesino del pijama rojo Frank Caudett
987 Después del asesinato Vic Logan
988 Consigna: ¡matad al muerto! Silver Kane
989 Noches de insomnio en Hollywood Ralph Barby
990 Una más, una menos Peter Debry
991 Muerte para una rubia Joe Mogar
992 El asalto más grande de la historia Keith Luger
993 Doble trampa Ralph Barby
994 El verdugo debe ir a Rusia Silver Kane
995 Ciudad de pesadilla Vic Logan
996 Crimen para luna de miel Burton Hare
997 Sin coartada Vic Logan
998 La muerte cumple veinticinco años Silver Kane
999 El rey de los narcóticos Ralph Barby
1000 Yo y mi lío Made in USA Silver Kane
1001 Damas de la mafia Peter Debry
1002 El acusado esta difunto Clark Carrados
1003 El caso de la doctora Frank McFair
1004 Muere una hippie Ralph Barby
1005 Fue por el beso de una telefonista Frank Caudett
1006 El crimen de la corista Keith Luger
1007 El hampa se moderniza Ralph Barby
1008 Nadie escapó a su suerte Silver Kane
1009 El exterminador Burton Hare
1010 Cáncer nº 2: ¡estupefacientes! Frank Caudett
1011 Espía a la fuerza Burton Hare
1012 Muerte a sangre fría Keith Luger
1013 De sangre ardiente Clark Carrados
1014 Un cadáver en la sombra Keith Luger
1015 Sexta parte de un asesinato Clark Carrados
1016 Granujas y pillastres Cliff Bradley
1017 El hotel de la muerte Vic Logan
1018 ¿A que hora te mataron, Sharon Tate? Keith Luger
1019 ¡No me mates otra vez! Clark Carrados
1020 El inspector Vic Logan
1021 Alguien lloró su muerte Ralph Barby
1022 Saldo deudor: la vida Clark Carrados
1023 Millones de lucecitas Silver Kane
1024 Portadora de muerte Peter Debry
1025 Cuenta corriente para morir Clark Carrados
1026 ¡Que hermosa eres, muerte! Keith Luger
1027 Trágica reunión Vic Logan
1028 Intruso en las tinieblas Peter Debry
1029 Interpol llama a Lisboa Ralph Barby
1030 ¿Que pasó con Guss Devening? Kelltom McIntire
1031 El demonio en la frente Silver Kane
1032 Un tigre, tres ingenuas Peter Debry
1033 En el fondo de una bañera Ralph Barby
1034 Muerte de una mujer seductora Keith Luger
1035 Tumbas olvidadas Ralph Barby
1036 Un asesinato de más Peter Debry
1037 El detective del millón Ralph Barby
1038 Una minifalda en la noche Joe Mogar
1039 El laberinto Silver Kane
1040 El asesinato de Hellen Vic Logan
1041 Muerte en todas partes Burton Hare
1042 El caid Silver Kane
1043 Tse Ling, de Shanghai Joe Mogar
1044 Los crímenes del difunto Silver Kane
1045 El odio mata Burton Hare
1046 La suplantación Vic Logan
1047 El diabólico doctor Frog Clark Carrados
1048 ¿Has visto a Molly? Joe Mogar
1049 Las tinieblas del odio Burton Hare
1050 El cebo Keith Luger
1051 Los guerrilleros Silver Kane
1052 El secuestro del avión Nueva York – Moscú Keith Luger
1053 De paseo con un tigre Clark Carrados
1054 Asesinato en Wall Street Joe Mogar
1055 «Asesinerama» en negro Burton Hare
1056 Piratas del Amazonas Cliff Bradley
1057 Agente enigma Vic Logan
1058 Vuelta al infierno Burton Hare
1059 ¿Por que matar a Paula? Joe Mogar
1060 …A hierro muere Burton Hare
1061 El comando Silver Kane
1062 Noches de fuego y muerte Burton Hare
1063 El cuarteto de la muerte Clark Carrados
1064 “M” de mafia Kelltom McIntire
1065 Rapiñadores del aire Peter Debry
1066 El gato y las brujas Cliff Bradley
1067 Alfa Centauro Joe Mogar
1068 Escapando a la ley Vic Logan
1069 Morir en la sombra Lucky Marty
1070 Diez días después de agosto Cliff Bradley
1071 Una mujer llamada Venus Keith Luger
1072 Solo valgo para morir Silver Kane
1073 La vuelta del exterminador Burton Hare
1074 De entre las sombras Curtis Garland
1075 El cianuro es cosa de mujeres Keith Luger
1076 Una voz entre las sombras Silver Kane
1077 Philadelphia express Joe Mogar
1078 El peor delito Ralph Barby
1079 La novia se manchó de sangre Keith Luger
1080 El hombre del juicio final Silver Kane
1081 La carta numero siete Curtis Garland
1082 Golpe maestro Vic Logan
1083 Matty, un vagabundo cualquiera Frank McFair
1084 Viaje al Más Allá Silver Kane
1085 Psicodélico Curtis Garland
1086 Los bandidos de Boot Hill Cliff Bradley
1087 Pandilleros espectrales Peter Debry
1088 Un feo asunto Burton Hare
1089 El gerifalte Cliff Bradley
1090 El crimen pinta posters Curtis Garland
1091 Cinco años de tensa espera Frank McFair
1092 Un ataúd en la Casa Blanca Silver Kane
1093 Travesía hacia el pánico Curtis Garland
1094 La primera bala Burton Hare
1095 M-31, misión «Fuego Verde» Curtis Garland
1096 Avernus Silver Kane
1097 El dossier escarlata Curtis Garland
1098 Su muerto no la olvida Keith Luger
1099 Mortajas doradas Peter Debry
1100 El infierno de la droga Cliff Bradley
1101 El fin de la maldición Clark Carrados
1102 ¿A que hora te mataron, Marylin Monroe? Keith Luger
1103 No hay reglas en el juego Frank McFair
1104 Oriente medio Curtis Garland
1105 El dragón amarillo Ralph Barby
1106 El cuadro Vic Logan
1107 Crimen en las estrellas Silver Kane
1108 Cepo para un lobo Clark Carrados
1109 Oculto en la fosa Joe Mogar
1110 Pantalla siniestra Peter Debry
1111 El muerto hablará a las cinco Keith Luger
1112 Un trabajo loco Cliff Bradley
1113 El hombre de Cocody Silver Kane
1114 Fugitivos en la jungla Peter Debry
1115 Mi encantadora asesina Keith Luger
1116 He matado a alguien Curtis Garland
1117 El planeta Silver Kane
1118 Sangre en Venecia Burton Hare
1119 Maestro en trampas Frank McFair
1120 Esfinge Curtis Garland
1121 Un infierno de mujeres hermosas Keith Luger
1122 Roja es la venganza Kelltom McIntire
1123 El presidente que no existió Curtis Garland
1124 “Bronco” Blasco Peter Debry
1125 Setecientos mil dólares Cliff Bradley
1126 Después de mi asesinato Curtis Garland
1127 La muerte bajo siete llaves Clark Carrados
1128 El reloj Vic Logan
1129 Si yo soy tonto, Maquiavello se chupaba el dedo Ralph Barby
1130 Mi muerte fue una fiesta Keith Luger
1131 Las sendas del infierno Silver Kane
1132 Si algo me ocurriese… Frank McFair
1133 De mente a mente Curtis Garland
1134 Pioneros de Atlántropa Peter Debry
1135 Organización siniestra Clark Carrados
1136 Antimateria Curtis Garland
1137 Operación: Águila viajera Ralph Barby
1138 Un secreto mortal Cliff Bradley
1139 Crimen en primera persona Curtis Garland
1140 Cuatro de Alcatraz Peter Debry
1141 La dinamita que hizo «pfff» Clark Carrados
1142 Réquiem por un espía Burton Hare
1143 El espía que llegó del sol Silver Kane
1144 ¿Se llama usted John, amigo? Vic Logan
1145 El manuscrito del “destripador” Curtis Garland
1146 En el umbral del infierno Burton Hare
1147 Bajo siete llaves Clark Carrados
1148 “Terror story” Adam Surray
1149 Descapotable peligroso Vic Logan
1150 El sello de los asesinos Clark Carrados
1151 Huracán de violencia Burton Hare
1152 Laberinto de asalto Curtis Garland
1153 Osario en el Caribe Peter Debry
1154 Muerte en las nubes Joe Mogar
1155 El hombre que mató a J. F. Kennedy Adam Surray
1156 Experto en fantasmas Peter Debry
1157 Cuatro mujeres y un cadáver Cliff Bradley
1158 Como malditas ratas Frank McFair
1159 El signo 13 del zodiaco Curtis Garland
1160 Un ataúd forrado de rojo Silver Kane
1161 El vampiro que guardaba el oro Clark Carrados
1162 Mau – Mau Keith Luger
1163 Casualidad Vic Logan
1164 Los espías verdugos Ralph Barby
1165 En Harlem algo se masca Frank McFair
1166 Luz verde para el asesino Clark Carrados
1167 El preso que surgió de la noche Joe Mogar
1168 Perdido cadáver, gratificaré devolución Silver Kane
1169 Frente al terror Adam Surray
1170 Diamantes por las nubes Clark Carrados
1171 Trabajo peligroso Keith Luger
1172 La noche de la furia Cliff Bradley
1173 Nudillos de plata Peter Debry
1174 Desde el libro de los muertos Curtis Garland
1175 El asesino es ciego Peter Debry
1176 La muerte escondió un secreto Silver Kane
1177 El hombre del pelo ensortijado Vic Logan
1178 Todos los muertos estrenaron corbata Silver Kane
1179 Han matado a un federal Ralph Barby
1180 Argos tres no contesta Keith Luger
1181 Bajo su propia bandera Cliff Bradley
1182 … Y Nueva York fue destruida Curtis Garland
1183 La pólvora huele mal Clark Carrados
1184 La vuelta al mundo en ochenta muertos Silver Kane
1185 Dulce muerte en Miami Beach Adam Surray
1186 El hombre que llegó de la noche Vic Logan
1187 Un maldito bribón Cliff Bradley
1188 ¡No te burles de la maldición! Clark Carrados
1189 Pura dinamita Keith Luger
1190 El infrasalario de la ley Ralph Barby
1191 Asesinos de vieja escuela Burton Hare
1192 El círculo vicioso Clark Carrados
1193 La misteriosa Stella Joseph Berna
1194 Ajedrez humano Curtis Garland
1195 Diez dólares de papel Vic Logan
1196 La nueva ola de Scotland Yard Clark Carrados
1197 Yo, el asesino Keith Luger
1198 La chica del F.B.I. Adam Surray
1199 Los muertos pueden matar Kelltom McIntire
1200 En pugna con la muerte Vic Logan
1201 No juguéis con los gángsters Kelltom McIntire
1202 La mano de fuego Clark Carrados
1203 La muerte dentro de mí Curtis Garland
1204 Secuestro de una chica guapa Clark Carrados
1205 F.B.I… ¡Jaque mate! Curtis Garland
1206 ¡Matadme, si podéis! Keith Luger
1207 El espía que bajó al infierno Adam Surray
1208 Diario de un hombre asesinado Vic Logan
1209 El club vampiro Joseph Berna
1210 Top secret Ralph Barby
1211 La noche del dragón Burton Hare
1212 Madrugada mortal Curtis Garland
1213 El hombre que no podía escapar Peter Debry
1214 ¡Tiren a matar! Keith Luger
1215 Vuelan cuervos sobre el dinero Clark Carrados
1216 Díganle que no he muerto Kelltom McIntire
1217 Buen viaje, Míster Kissinger Silver Kane
1218 La ley descansa en Miami Joseph Berna
1219 Un lobo entre chacales Peter Debry
1220 Trueque de cadáveres Ralph Barby
1221 A toda presión Clark Carrados
1222 La muerte acecha en París Joe Mogar
1223 La ley de los rufianes Peter Debry
1224 La gran venganza Keith Luger
1225 Correo mortal Clark Carrados
1226 La llave 77 Ralph Barby
1227 Trampas para cazar buitres Cliff Bradley
1228 Retrato de una dama sin rostro Clark Carrados
1229 Ya es hora de morir, Harry Kelltom McIntire
1230 Morir de miedo Peter Debry
1231 La ejecución será a las seis Curtis Garland
1232 Muerte de una pelirroja Keith Luger
1233 Angustia Vic Logan
1234 Sorpresa, oh querida sorpresa Ralph Barby
1235 El precio de un asesino Burton Hare
1236 Falso accidente Vic Logan
1237 La tigresa y yo Keith Luger
1238 El filo de las tijeras Curtis Garland
1239 El sindicato del mamporro Joseph Berna
1240 Horóscopo: morirá mañana Keith Luger
1241 Amor con sangre entra Burton Hare
1242 Perro rabioso con diploma Silver Kane
1243 Firmado: “Spectro” Curtis Garland
1244 Todas murieron llorando Silver Kane
1245 Círculo sangriento Clark Carrados
1246 Dinero maldito Keith Luger
1247 Todos están muertos Kelltom McIntire
1248 El hombre que compró terror Vic Logan
1249 Asesinato en el mundial – 74 Curtis Garland
1250 Cita con el asesino Keith Luger
1251 Asesino por afición Clark Carrados
1252 Lo siento por tus huesos Silver Kane
1253 Misión comprometida Vic Logan
1254 Chantaje contra una viuda Keith Luger
1255 ¡S.O.S. bomba atómica! Clark Carrados
1256 Watergate Curtis Garland
1257 ¡Buen trabajo, Sheridan! Joseph Berna
1258 Un secuestro en las estrellas Silver Kane
1259 Aficionado al asesinato Keith Luger
1260 Es peligroso saber demasiado Vic Logan
1261 Armas, esmeraldas y Kung-fu Ralph Barby
1262 Las damas de la muerte remota Curtis Garland
1263 El muerto se esta quejando Keith Luger
1264 ¡Abrázame, muerte! Burton Hare
1265 Prohibido asesinar en domingo Adam Surray
1266 Agente 2000 Curtis Garland
1267 Muy alto, muy rubio, muy muerto Keith Luger
1268 Funeral con los gastos pagados Silver Kane
1269 Petróleo y sangre en el Sinaí Curtis Garland
1270 Misión en solitario Vic Logan
1271 Una camelia roja Keith Luger
1272 Terrorismo en Irlanda Curtis Garland
1273 Un refresco de sangre y piña Silver Kane
1274 Vivir de la violencia Clark Carrados
1275 Karate contra Kung-fu Curtis Garland
1276 El frío del miedo Keith Luger
1277 Una dulce canción en el infierno Silver Kane
1278 Misión en la isla del canguro Joseph Berna
1279 Craig tiene un plan Kelltom McIntire
1280 Lo pagó con sangre Keith Luger
1281 Un paraíso para cada difunto Silver Kane
1282 Mariscos a la heroína Kelltom McIntire
1283 Safari en la ciudad Burton Hare
1284 Anoche vi un espectro Keith Luger
1285 La dama del callejón Burton Hare
1286 El hilo de Ariadna Joe Mogar
1287 Un avispero en Londres Ralph Barby
1288 Terror en los mundiales Silver Kane
1289 Susan debe morir Keith Luger
1290 Ejecutor sobre Washington Curtis Garland
1291 Oro sucio Kelltom McIntire
1292 ¡Esto va en serio, nena! Ralph Barby
1293 Moriré esta noche Keith Luger
1294 La casa del fuego eterno Silver Kane
1295 El intermediario Vic Logan
1296 Tiempo de morir Adam Surray
1297 Carta de un traidor Keith Luger
1298 A la caza de Míster G Kelltom McIntire
1299 Todos eran traidores Clark Carrados
1300 Mi bella asesina Curtis Garland
1301 Funeral por un mercenario Burton Hare
1302 ¿Quiere usted morir conmigo? Keith Luger
1303 Demasiado para un negro Kelltom McIntire
1304 Conspiración perfecta Vic Logan
1305 La llamada de Siva Joe Mogar
1306 La olimpiada de los espías Keith Luger
1307 ¡Haga el favor de morirse! Silver Kane
1308 Cadáveres a go-go Ralph Barby
1309 Operación “Riñones al jerez” Joseph Berna
1310 Un extraño perfume a cadáver Keith Luger
1311 Círculo de tinieblas Kelltom McIntire
1312 Sabotaje en Oriente Medio Curtis Garland
1313 Made in Chicago Adam Surray
1314 Secreto oficial Silver Kane
1315 Crimen para supersticiosos Keith Luger
1316 Llanto por un espía Ray Lester
1317 Imperio de codicia Joseph Berna
1318 El hombre de los ojos de pez Clark Carrados
1319 Noches de amor y crimen Keith Luger
1320 Jungla de millonarios Ray Lester
1321 Un millón de dólares por Brigitte Joseph Berna
1322 Los muertos lo pasaron en grande Silver Kane
1323 Primer premio: una fosa Keith Luger
1324 Un ataúd con ruedas Ralph Barby
1325 Un muerto caprichoso Clark Carrados
1326 Los salvajes de la moto Ralph Barby
1327 ¡Mátame un poco, despacio! Clark Carrados
1328 Una pelirroja para el desayuno Keith Luger
1329 ¡Bien por el doctor Sullivan! Joseph Berna
1330 Siempre rezo por mis muertos Silver Kane
1331 Sobra un ataúd Burton Hare
1332 Yo llenaré ese ataúd Keith Luger
1333 Podríamos despertar en el infierno Kelltom McIntire
1334 El caso “Ali Baba” Clark Carrados
1335 Operación chantaje Alf. Regaldie
1336 Encuesta para un escándalo Keith Luger
1337 Brigada 77 Adam Surray
1338 «Comando terrorista» Ray Lester
1339 La drogadicta Joe Mogar
1340 El envío de Ámsterdam Clark Carrados
1341 Ha muerto una actriz Keith Luger
1342 El asesino las prefiere rubias Joseph Berna
1343 La muerte telefoneo de noche Silver Kane
1344 Matanza en una ciudad del vicio Clark Carrados
1345 El gemido del viento Keith Luger
1346 Hawai Hotel Joseph Berna
1347 ¡Chao! Ralph Barby
1348 Los demonios del paraíso Silver Kane
1349 Un guardaespaldas para Sally Joseph Berna
1350 Ataúd para un espía Keith Luger
1351 Ella y sus gorilas Ray Lester
1352 Rosas negras para morir Curtis Garland
1353 No morirás tres veces Kelltom McIntire
1354 Crimen para una embustera Keith Luger
1355 El hombre que volvió del infierno Burton Hare
1356 La danza de los sepultureros Silver Kane
1357 Murder Film S.A. Adam Surray
1358 Ojos de gata Keith Luger
1359 Llévame flores a la Morgue Ralph Barby
1360 Terror en Montreal ’76 Curtis Garland
1361 ¡Primer premio : Muerte! Clark Carrados
1362 ¿Donde están las joyas, Marlowe? Joseph Berna
1363 Telegrama de un muerto Keith Luger
1364 El arte de saber perder Kelltom McIntire
1365 El asesino mejor pagado de EE.UU. Silver Kane
1366 El teatro de la muerte Clark Carrados
1367 El hacha del carnicero Keith Luger
1368 Una mujer en la trampa Frank McFair
1369 La hora de los muertos Alf. Regaldie
1370 El fantasma de Baker Street Curtis Garland
1371 Un muerto de mucha clase Keith Luger
1372 Un funeral por todo lo alto Silver Kane
1373 Soy un agente, sí, pero… ¡de seguros! Joseph Berna
1374 Invierno caliente Vic Logan
1375 Sangre para una ópera rock Curtis Garland
1376 Rififí en Miami Keith Luger
1377 Cazadora de espías Ray Lester
1378 La muerte no espera Clark Carrados
1379 El club de la metralleta Joseph Berna
1380 Así mueren los espías Keith Luger
1381 Torrenegra Clark Carrados
1382 El asesinato del profesor Lesgard Vic Logan
1383 Di adiós al cadáver Silver Kane
1384 La cita de los muertos Burton Hare
1385 Luna de miel con la muerte Keith Luger
1386 El negro manto de la muerte Clark Carrados
1387 La clave está en Munich Curtis Garland
1388 El pintor, la rubia y el osito Joseph Berna
1389 Caviar para un espía Keith Luger
1390 Un sucio tinglado Ray Lester
1391 Que no se enfríen los muertos Silver Kane
1392 El primero en morir Kelltom McIntire
1393 Muerte en un día de lluvia Keith Luger
1394 Curso de asesinato acelerado Adam Surray
1395 El vagabundo del otoño Frank McFair
1396 A ciegas por entre las brumas Kelltom McIntire
1397 El fantasma está servido Keith Luger
1398 Esta misma noche, la muerte Kelltom McIntire
1399 Ese hombre sabe demasiado Vic Logan
1400 Ese muerto no soy yo Clark Carrados
1401 El enigma de los siete muertos Curtis Garland
1402 Me casé con un vampiro Keith Luger
1403 Sexy-killer Silver Kane
1404 Dinero, podrido dinero Kelltom McIntire
1405 Alguien llamado «X» Curtis Garland
1406 Negro es el terror Keith Luger
1407 Monumento a un asesino Clark Carrados
1408 Los señores de la muerte Kelltom McIntire
1409 Concierto en calibre 38 Clark Carrados
1410 El finado no te olvida Keith Luger
1411 Van hacia la muerte Burton Hare
1412 Reza antes de morir Silver Kane
1413 Intriga en Houston Joseph Berna
1414 Díselo con balas Clark Carrados
1415 Asalto para tres hombres mancos Keith Luger
1416 Basura en vuestras tumbas Silver Kane
1417 Cuanto más muerta, más guapa Albert Rosbund
1418 El fontanero es un espía Joseph Berna
1419 Botín: un muñeco de nieve Lou Carrigan
1420 Alguien más en la oscuridad Adam Surray
1421 Asesinato en la frontera Bruno Shalter
1422 Hong-Kong: ida y vuelta Lou Carrigan
1423 La torre del silencio Silver Kane
1424 ¡Guerra a S.W.A.T.! Clark Carrados
1425 Tres muertos en la piscina Lou Carrigan
1426 ¡Duérmete, querida! Silver Kane
1427 Mundo feliz Lou Carrigan
1428 El enemigo público Nº 1501 Silver Kane
1429 Las caras de la muerte Lou Carrigan
1430 El diablo en Saint Just Curtis Garland
1431 Monóxido de carbono Lou Carrigan
1432 ¡Matad al fugitivo! Burton Hare
1433 Cita con un fantasma Keith Luger
1434 Ventana a la noche Curtis Garland
1435 ¡Matad a la rata! Silver Kane
1436 Siempre estamos muriendo Lou Carrigan
1437 El muerto no tiene coartada Adam Surray
1438 Réquiem por Nan Mark Halloran
1439 El cangrejo Joseph Berna
1440 En la mente de un espía Lou Carrigan
1441 Mordieron su dulce piel Silver Kane
1442 Ver a Elsa y morir Keith Luger
1443 Felices sueños, querida Lou Carrigan
1444 ¡Muerto a estribor…! Joseph Berna
1445 Anti-espía K – 7 Keith Luger
1446 Barrio francés Mark Halloran
1447 Dorada sombra de muerte Burton Hare
1448 Plan “Alas de oro” Lou Carrigan
1449 El cianuro es muy indigesto Clark Carrados
1450 ¡Cuidado con el loro, es un espía! Keith Luger
1451 El oscuro hotel del infierno Silver Kane
1452 Ese tipo que toca la armónica Lou Carrigan
1453 Trampa por partida doble Vic Logan
1454 La muerte de Sandra Keith Luger
1455 Horas de terror Curtis Garland
1456 El gran traidor Lou Carrigan
1457 Moroco Murder Silver Kane
1458 Horror en la casa del crimen Keith Luger
1459 Lamento por una rubia Burton Hare
1460 El disco rojo Clark Carrados
1461 Vivir eternamente Lou Carrigan
1462 ¡No juegues con mi muñeco! Ralph Barby
1463 Te mataré a media noche, querida Keith Luger
1464 Cita en Miami Adam Surray
1465 Un bello jardín en alguna parte Lou Carrigan
1466 El escudo del asesino Clark Carrados
1467 La fiesta del terror Keith Luger
1468 El carnicero de Montmartre Curtis Garland
1469 Muerte bajo cero Albert Rosbund
1470 Última visita de la condesa Lou Carrigan
1471 Chinatown 77 Albert Rosbund
1472 Se matan mujeres por poco precio Keith Luger
1473 Bala fundida en oro Clark Carrados
1474 Juguetes rotos Lou Carrigan
1475 Lluvia de oro Kelltom McIntire
1476 «H» de horror y homicidio Keith Luger
1477 Veterano del amor Ray Lester
1478 Asesinatos en primer grado Lou Carrigan
1479 A la muerte le gusta el tu-tu Ralph Barby
1480 Un armario macabro Keith Luger
1481 Contrato para un asesino Curtis Garland
1482 El festival del crimen Keith Luger
1483 El espía y la muerte Ralph Barby
1484 La casa de las cuatro mil delicias Silver Kane
1485 El club del crimen Curtis Garland
1486 El reloj de la hora final Clark Carrados
1487 Espía a la italiana Keith Luger
1488 Un sucio asunto Albert Rosbund
1489 Hoy por ti, mañana por mí Lou Carrigan
1490 Sabor a muerte Clark Carrados
1491 La rubia asesina Lou Carrigan
1492 Un ataúd para mi solo Silver Kane
1493 «Motel Arcoiris»: coto de caza Lou Carrigan
1494 La muerte se viste de novia Keith Luger
1495 Dadle caviar al tigre Silver Kane
1496 ¿Donde estás, Sally? Adam Surray
1497 Un millón por cabeza Clark Carrados
1498 Crimen en casa del senador Keith Luger
1499 7 tiros para 7 asesinos Clark Carrados
1500 Los tentáculos del terror mundial Curtis Garland
1501 Mis puños no se venden Joseph Berna
1502 Hembra de fuego Clark Carrados
1503 La muerte insaciable Lou Carrigan
1504 Réquiem por un senador Albert Rosbund
1505 Alarma general Lou Carrigan
1506 Una muñeca de sangre caliente Burton Hare
1507 Nueva York – Berlín sin regreso Adam Surray
1508 Un abrigo de piel de hembra Silver Kane
1509 Al filo de la memoria Kelltom McIntire
1510 No siempre se gana Albert Rosbund
1511 El asalto más grande de la historia Keith Luger
1512 La red llena de peces Lou Carrigan
1513 El asesino de la torre Eiffel Adam Surray
1514 Cementerio para dos Joseph Berna
1515 La chica de las manos de oro Clark Carrados
1516 No piropees a la muerte Albert Rosbund
1517 Las guapas mueren primero Silver Kane
1518 Huellas imborrables Clark Carrados
1519 Un castillo con vampiro Keith Luger
1520 Jugada suprema Kelltom McIntire
1521 Atila cabalga de nuevo Ray Lester
1522 Operación Utopía Adam Surray
1523 El caso “Sésamo” Clark Carrados
1524 Asesino a precio fijo Silver Kane
1525 ¡Buen viaje, Jill! Kelltom McIntire
1526 Detective story Albert Rosbund
1527 Artista invitado Lou Carrigan
1528 Un crimen y un beso Keith Luger
1529 Diana Dubbs, abogado defensor Clark Carrados
1530 El hombre del millón de rostros Curtis Garland
1531 Furia, fuego y sangre Clark Carrados
1532 Chicas y balas Albert Rosbund
1533 ¡Doctor, querido doctor! Joseph Berna
1534 Estas solo, cuando estas muerto Albert Rosbund
1535 El asesino firma su crimen Clark Carrados
1536 La máscara de cristal Adam Surray
1537 Cortina de humo Albert Rosbund
1538 Broadway story Curtis Garland
1539 Peces del infierno Curtis Garland
1540 Gente caprichosa Lou Carrigan
1541 Todos los meses en Grecia Lou Carrigan
1542 Un caso cerrado Albert Rosbund
1543 Saliendo del huevo, querida Ralph Barby
1544 El espía que surgió de la cama Joseph Berna
1545 Vidas en subasta Clark Carrados
1546 Muerte repetida Curtis Garland
1547 Los diamantes de la corona Lou Carrigan
1548 El caso de la dama ultrajada Adam Surray
1549 Cráneo de acero Curtis Garland
1550 Alto, guapo, moreno y golfo Lou Carrigan
1551 Sentencia mortal Kelltom McIntire
1552 El sueño muerto Burton Hare
1553 Murder story Albert Rosbund
1554 Este mundo desagradecido Lou Carrigan
1555 Cerdos por todas partes Ralph Barby
1556 El caso de la mujer duplicada Clark Carrados
1557 Navidades rojas Kelltom McIntire
1558 El cadáver invitado Clark Carrados
1559 El enemigo publico Nº 1 Adam Surray
1560 Porno muerte Albert Rosbund
1561 El dinero no tiene olor Clark Carrados
1562 Los lobos de Chaux – Laville Kelltom McIntire
1563 ¿Quién mató al bastardo? Ralph Barby
1564 Siete naipes negros Clark Carrados
1565 Venecia, parada y muerte Adam Surray
1566 ¡Tercera guerra mundial! Curtis Garland
1567 Galería de la muerte Kelltom McIntire
1568 Sheila es la clave Albert Rosbund
1569 El muerto desayuna en la cama Joseph Berna
1570 La princesa y el pescador Clark Carrados
1571 Red siniestra Adam Surray
1572 Una cueva de ladrones Clark Carrados
1573 Jaque mate al almirante Ralph Barby
1574 Fiebre del sábado trágico Albert Rosbund
1575 «Hong-Kong» Jim Curtis Garland
1576 Las páginas amarillas Clark Carrados
1577 Muriendo serás feliz Lou Carrigan
1578 Días de sangre y furia Clark Carrados
1579 Rapsodia en rojo sangre J. A. Dose
1580 Asesinos sin fronteras Ralph Barby
1581 Yo, culpable Albert Rosbund
1582 Chantaje al mundo Curtis Garland
1583 Asesinos a proa Adam Surray
1584 Tu vida vale un millón Clark Carrados
1585 Un sangriento enigma Albert Rosbund
1586 Gritos pavorosos en la noche Ada Coretti
1587 Tonto a la vista Lou Carrigan
1588 La dama, su mayordomo y el asesino Clark Carrados
1589 El pájaro repugnante Lou Carrigan
1590 Halcón de plumas de oro Curtis Garland
1591 Jenny Tucson, detective privado Clark Carrados
1592 Solo caen los tontos Ralph Barby
1593 Clínicamente asesinado Lou Carrigan
1594 Infierno sin salida Albert Rosbund
1595 Días de poder y gloria Clark Carrados
1596 Chantaje entre tiburones Ralph Barby
1597 Visita al zoo Lou Carrigan
1598 Regalo de bodas Clark Carrados
1599 Corrupción Albert Rosbund
1600 Un cadáver en el anzuelo Clark Carrados
1601 Harter, investigador privado Clifford Hilton
1602 Cuidado con las señoras Lou Carrigan
1603 La curva donde querías morir Frank Caudett
1604 Con la cabeza en las manos Clark Carrados
1605 Operación Centauro Clifford Hilton
1606 Las bestias humanas Lou Carrigan
1607 «Rouge Baiser» Frank Caudett
1608 Juramento anual en Ponza Lou Carrigan
1609 Se muere solo dos veces Curtis Garland
1610 Un cubo lleno de basura Lou Carrigan
1611 Juego de tramposos Clark Carrados
1612 Pregunten a Johnny Almeida Kelltom McIntire
1613 Granja experimental Lou Carrigan
1614 El tigre y yo Clark Carrados
1615 Un hombre llamado Samurái Lou Carrigan
1616 Chantaje criminal Albert Rosbund
1617 Juerga en Montecariño Lou Carrigan
1618 Cena de traidores Curtis Garland
1619 Profesor de sinvergüenzas Lou Carrigan
1620 El pasado de Betty Bell Clark Carrados
1621 Viento demencial Curtis Garland
1622 La amiga del presidente Lou Carrigan
1623 Ira, fuego y destrucción Clark Carrados
1624 Las damas del «Loving Club» Lou Carrigan
1625 Tráfico de armas Clifford Hilton
1626 Ordenes son órdenes Lou Carrigan
1627 Invulnerable Curtis Garland
1628 Por teléfono desde Las Vegas Lou Carrigan
1629 La fórmula KG – 202 Joseph Berna
1630 La muerte de Tom Nolan Clark Carrados
1631 Tres cadenas perpetuas Kelltom McIntire
1632 La ruta de la fortuna Lou Carrigan
1633 La chica de los diez millones Clark Carrados
1634 Juegos del paraíso Lou Carrigan
1635 Ella no existía Curtis Garland
1636 ¡Mata, si quieres vivir! Clark Carrados
1637 Mil veces espía Lou Carrigan
1638 Modelo para un asesinato Clark Carrados
1639 Ni muerto te olvidaré Lou Carrigan
1640 Alias «El reptil» Curtis Garland
1641 No puedo creérmelo Kelltom McIntire
1642 Operación Chimpancé Lou Carrigan
1643 Cabeza de oro Clark Carrados
1644 La pieza en la madriguera Lou Carrigan
1645 Nuestro hombre en Tampico Adam Surray
1646 La magia de Pepe Chang Lou Carrigan
1647 Me maté a mi mismo Curtis Garland
1648 Al encuentro de los ángeles Lou Carrigan
1649 Telaraña entre sombras Curtis Garland
1650 Nido de espías Clifford Hilton
1651 La tercera de la izquierda Lou Carrigan
1652 Vegetales asesinos Curtis Garland
1653 El muerto no está para bromas Joseph Berna
1654 Pájaros negros Clark Carrados
1655 Consejero matrimonial Lou Carrigan
1656 ¿Quién es mi asesino? Clark Carrados
1657 La gran serpiente Lou Carrigan
1658 La sargento Brown, culpable de asesinato Clark Carrados
1659 El asesino salta a la comba Joseph Berna
1660 Rubíes por diamantes Lou Carrigan
1661 Disparo de ida y vuelta Clark Carrados
1662 Buscando a Jennifer Adam Surray
1663 Gente de oro Curtis Garland
1664 Experiencia premortuoria Lou Carrigan
1665 Un crimen en mi escalera Frank Caudett
1666 Mortalmente tuya Lou Carrigan
1667 Despedida de sangre Burton Hare
1668 Espía de pacotilla Lou Carrigan
1669 Una prójima de cuidado Clark Carrados
1670 Espía por afición Joseph Berna
1671 Final de ruta: la tumba Clark Carrados
1672 La cucaracha Lou Carrigan
1673 Tiburones de tierra firme Clark Carrados
1674 No lleves luto por mí Lou Carrigan
1675 Maremoto Kelltom McIntire
1676 El canto del pavo real Lou Carrigan
1677 Luto por una rubia tonta Clark Carrados
1678 Emergencia bélica Lou Carrigan
1679 Doble ó nada Lou Carrigan
1680 Los siete del miedo Curtis Garland
1681 Una mujer como carnada Lou Carrigan
1682 Naranjas de la China Lou Carrigan
1683 Tráfico de sangre y fuego Burton Hare
1684 Plataforma espacial Lou Carrigan
1685 Chasquido mortal Ralph Barby
1686 El asesino recibe a las ocho Clark Carrados
1687 Asesinato en palacio Lou Carrigan
1688 El veneno del escorpión Curtis Garland
1689 Vestida para morir Clark Carrados
1690 Jugando el juego Lou Carrigan
1691 Sally Shadd, asesinada Clark Carrados
1692 La reina Midas Curtis Garland
1693 El príncipe Rachmaninof Lou Carrigan
1694 Sudario de espuma y mar Burton Hare
1695 El odio no muere Lou Carrigan
1696 Muñecas para jugar Lou Carrigan
1697 Claves para morir Lou Carrigan
1698 Un «Rolls» a la puerta Clark Carrados
1699 La guerra en serio Lou Carrigan
1700 Beirut, 40 º a la sombra Frank Caudett
1701 Joven guapa rica y asesina Clark Carrados
1702 El hundimiento del Stella Maris Lou Carrigan
1703 ¡Adiós mundo cruel! Lou Carrigan
1704 Un cadáver asesino Burton Hare
1705 Un tipo cínico como yo Ralph Barby
1706 Rosas para una tumba vacía Clark Carrados
1707 Cerco sangriento Adam Surray
1708 Muertos de risa Lou Carrigan
1709 No molesten al tigre Lou Carrigan
1710 ¿Qué muerte prefieres? Lucky Marty
1711 Pantaleón y las asesinadoras Frank Caudett
1712 Los amos del terror Curtis Garland
1713 Osiris Frank Caudett
1714 Brindis por la muerte Kelltom McIntire
1715 Una flor en la mano del muerto Lou Carrigan
1716 Los pajaritos ciegos Lou Carrigan
1717 La ciudad volará a las seis Curtis Garland
1718 El observador Lou Carrigan
1719 El oro de Fort Knox Joseph Berna
1720 El superbebé Joseph Berna
1721 Los nidos de la muerte Lou Carrigan
1722 La feria de los espías Rocco Laser
1723 Los verdugos no deben amar Burton Hare
1724 Oscar al peor actor Frank Caudett
1725 Travesti en Miami Lou Carrigan
1726 Adiós al servicio Rocco Sarto
1727 Violencia a tope Frank Caudett
1728 Morgan tiene un problema Lou Carrigan
1729 Mejor disparar que hablar Clark Carrados
1730 Marimba, tierra de amores Lou Carrigan
1731 Espías a bordo Joseph Berna
1732 No importa matar en jueves Rocco Laser
1733 Death, please Frank Caudett
1734 Un panal de rica miel Lou Carrigan
1735 Una ladrona con clase Clark Carrados
1736 El camarero es un espía Joseph Berna
1737 Contactos de confianza Lou Carrigan
1738 ¡No es un juego! Clo Mensy
1739 Las cosas buenas de la vida Lou Carrigan
1740 Alguien que no existe Curtis Garland
1741 Guerra inolvidable Lou Carrigan
1742 Max, el dragón Joseph Berna
1743 Con cobertura diplomática Frank Caudett
1744 Encuentro en Istambul Lou Carrigan
1745 Réquiem para un soñador Rocco Sarto
1746 Periodismo sangriento Burton Hare
1747 Crimen pasional Lou Carrigan
1748 Agente muerte Curtis Garland
1749 La casa de los mil ojos Clark Carrados
1750 Especial para tristes Lou Carrigan
1751 … Y en polvo te convertirás Lou Carrigan
1752 Asepsia Frank Caudett
1753 Complot escalofriante Lou Carrigan
1754 La isla de los espías Curtis Garland
1755 Quién roba a un ladrón… Lou Carrigan
1756 Tony García, agente de la CIA Joseph Berna
1757 Millonaria por un día Clark Carrados
1758 Zorros del mercado sucio Ralph Barby
1759 Para piano y metralleta Joseph Berna
1760 Confidencia por confidencia Lou Carrigan
1761 Pájaros llameantes Curtis Garland
1762 Un beso olvidado Lou Carrigan
1763 Salvajes civilizados Ray Lester
1764 Misión en Atlantic City Joseph Berna
1765 No me cuentes tu vida Lou Carrigan
1766 La espía que me odiaba Joseph Berna
1767 Amor mío, vamos a Río Lou Carrigan
1768 Juegos de azar y muerte Clark Carrados
1769 Ayer y mañana Lou Carrigan
1770 300.000 años en globo Lou Carrigan
1771 Novato, si; pero tonto, no Ralph Barby
1772 Nunca mates en domingo Clark Carrados
1773 Operación relámpago Joseph Berna
1774 Ganador y colocado Lou Carrigan
1775 Robin Farr, bandido generoso Clark Carrados
1776 Un millón de libras por Mandy Joseph Berna
1777 Asesinato artístico Lou Carrigan
1778 Mano de plata Clark Carrados
1779 Flores para los cerdos Lou Carrigan
1780 Un taxista en apuros Joseph Berna
1781 Máquina de matar Curtis Garland
1782 Operación «Tam – Tam» Clark Carrados
1783 La muerte hace turismo Ralph Barby
1784 Los espías mienten siempre Lou Carrigan
1785 A cambio, muerte Burton Hare
1786 El festín de los asesinos Clark Carrados
1787 ¡Bésame, muerte! Donald Curtis
1788 «Octopus» contra «Estrella de mar» Lou Carrigan
1789 El asesino siempre es puntual Clark Carrados
1790 Morir por el gas GS-20 Joseph Berna
1791 El agente secreto Ronald Mortimer
1792 Huellas peligrosas Lou Carrigan
1793 Genocidio en negro Joseph Berna
1794 Lo que se da, no se quita Ralph Barby
1795 Un favor a la humanidad Lou Carrigan
1796 Diana con silueta de un hombre Joseph Berna