NOVELA POPULAR Y CÓMIC

wonder woman readingEl cómic, el noveno arte, guarda muchas más similitudes con la novela popular de las que pueda parecer a primera vista. Al igual que ocurre con la novela popular, el cómic ha contado de forma tradicional con el rechazo de los autodenominados intelectuales, que lejos de ver en él un medio cultural serio, lo consideraban un mero entretenimiento dirigido a los niños, que no sólo no favorecía su desarrollo cognitivo, sino que únicamente servía para hacerles perder el tiempo y para llenarles la cabeza de tonterías.

Históricamente existe una percepción en ciertos círculos intelectuales de que todo aquello que gusta a un público amplio tiene que ser malo por naturaleza, mientras que si sólo unas pocas personas se sientren atraídas, debe ser bueno. Argumento absurdo, pero que persiste en la actualidad, y de forma más pronunciada en España que en otros países.

A este condicionamiento “intelectual” hay que sumar otro grave problema  específico de nuestro país, que nunca debemos olvidar cada vez que hablemos de cultura popular: la dictadura.

Inicialmente, el Régimen de Franco tuvo una postura de relativa indiferencia ante el cómic, pues era un producto cultural tan infravalorado que apenas si repararon en él.

En esta primera fase, hasta aproximadamente 1952, ni el sexo ni la violencia preocuparon en exceso al régimen, excepcto los cómics de importación, que sí tenían un mayor control por parte de la censura. Las cosas cambiaron cuando el nacionalcatolicismo cobró mayor fuerza, a partir de mediados de los años cuarenta, momento en el que el erotismo pasó a ser el enemigo público nº 1, mucho más que la violencia, que siguió sin preocupar en exceso hasta finales de los años cincuenta y, especialmente, en los sesenta.

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Diferencia entre la viñeta publicada en Italia y España de Flah Gordon

Esta omnipresente presencia del nacionalcatolicismo en todos los ámbitos de la vida hizo que empezaran a retocarse viñetas de forma constante, y así los bikinis y la ropa interior femenina se convirtieron de la noche a la mañana en manchas de cuerpo entero o en elegantes vestidos (en “Mandrake” y “El hombre enmascarado” era una constante), los pechos femeninos sufrieron una reducción de talla, y las faldas se estiraban hasta cubrir las rodillas. Uno de los ejemplos más llamativos y conocidos fue el de la Pantera Rubia un personaje que originariamente vestía un biquini de piel de leopardo, y que en España se convirtió en una discreta blusa blanca y una falda larga de piel de leopardo, vestimenta ideal para trepar a un árbol o para montar en elefante.

la pantera rubia

La pantera rubia, mucho más elegante en España

De cualquier modo, las historietas procedentes de Estados Unidos fueron las primeras damnificadas del cambio de régimen; no sólo superhéroes (Superman y Batman) sino otros personajes del género fantástico (Mandrake) y de la ciencia ficción (Flash Gordon). Todos estos personajes  habían sido publicados durante la segunda República, y con el franquismo fueron desapareciendo, debido a que mostraban personajes con poderes que parecían divinos, lo que era totalmente contrario a la fé católica, y además contenían fuertes dosis de violencia y sobre todo de fantasía que podían confundir a los inocentes niños españoles. Mención especial en este aspecto para Wonder Woman, que no contenta con ser una semidiosa, aparecía en todas sus historias atada o en situaciones muy sensuales en una de cada tres viñetas, motivo por el que era impensable la publicación de sus aventuras. A pesar de esta presión oficial, los editores intentaron esquivar la censura antiamericana cambiando los nombres de algunos personajes (Supermán pasó a ser “Ciclón”, Batman “Alas de Acero”, y Flash Gordon, “Flas”), pero estas artimañas no pudieron evitar finalmente su prohibición.

Con el tiempo el nuevo Régimen empezó a vislumbra que el tebeo era una inmejorable fuente de educación en los valores y principios del movimiento, y esto lógicamente redujo al mínimo cualquier tipo de libertad creativa por parte de los autores, que debían ceñirse a unas directrices muy estrictas, lo que tuvo como consecuencia directa la “infantilización” del cómic. El Decreto de 24 de junio de 1955 sobre ordenación de la prensa infantil y juvenil limitó al 25% la presencia de material extranjero en los tebeos, y además fortaleció la importancia de la censura, la cual afectó en primer lugar a las series cómicas que se tomaban a broma la institución familiar. Escobar tuvo serios problemas con su serie Doña Tula por este motivo.​

En 1962 nace la Comisión de Información y Publicaciones Infantiles y Juveniles, que actuó con contundencia  contra la violencia de las series de acción, hasta la definitiva prohibición en 1964 de las series de superhéroes, algo que no tuvo continuidad, pues en 1968 Vértice empezó a publicar las series de superhéroes Marvel; eso sí bajo la observancia de la siempre vigilante censura.

Con todos estos límites legislativos, no es difícil entender el tipo de cómic que podía leerse en España en la década de los años 50 y 60, pues la historieta nacional había sufrido un proceso de trivialización de sus contenidos, y el acceso al cómic extranjero en su versión original resultaba cada vez más complicado, lo que favoreció la visión de este medio como la de algo dirigido exclusivamente a niños e  iletrados.

Desde el punto de vista académico, el cómic, precisamente por su naturaleza de medio dirigido a las masas, supone un vehículo excepcional para conocer la realidad social de cada época, mucho más fiable que la mayoría de los ensayos de historia; otra característica que en mi opinión comparte con la novela popular, que al igual que el cómic llegaba cada semana a miles y miles de hogares, gracias a su distribución a través de los quioscos de prensa, y que no sólo eran leídos por su comprador original, pues entraban desde el momento de su primera adquisición en un inacabable circuito de intercambio de segunda mano.

el coyote Comic-quincenalOtra característica que une ambos mundos es que aparte del constante trasiego de ideas que se producía en ambos sentidos entre el mundo del cómic y el pulp,  durante un tiempo coexistieron series de tebeos que aprovechaban el gran éxito de las colecciones de novelas (Aventuras del FBI o El encapuchado, por ejemplo), guionizadas en algunos casos por los mismos autores que escribían las novelas. Hay que tener también presente que una buena cantidad de autores de novela popular trabajaron en mayor o menor medida para el mundo del cómic, como es el caso de Juan Bautista Lacasa Nebot (John Lack), Miguel María Astraín Bada (Mikky Roberts), Guillermo López Hipkiss, Francisco Ledesma (Silver Kane), Ángel Rodríguez Illera (Jan Hutton), Arturo Rojas de la Cámara (Red Arthur), Alfonso Arizmendi Regaldie (Alf Regardie), o Salvador Dulcet Altés (Roy Silverton) por citar tan sólo algunos ejemplos.

Con todos estos nexos comunes, resulta cuanto menos curioso que dado el vejatorio trato que sufría la literatura popular por parte de los escritores autodenominados “serios”, fueran los propios autores de novela popular  los que acabaran tratando del mismo modo a los profesionales del mundo del cómic: con desprecio. Al menos así se desprende de la mayoría de las referencias que he podido encontrar.

La palabra cómic apenas se empleaba en España en la década de los años 50-60, pues no empezó a usarse de forma habitual hasta los años 80, momento en el que comenzó a verse desde otra perspectiva y con mayor respeto. Empezaba a emplearse la palabra Arte asociada al cómic.

Antes de eso, al cómic se le llamaba generalmente “historietas”, o “tebeos”, y las pocas referencias que se hacía de ellos solía tener una connotación negativa, como la de algo dirigido al público infantil o a gente de muy baja capacidad intelectual. Si la novela popular estaba considerada como  subliteratura, el cómic era la infraliteratura de la subliteratura.

En este artículo intentaré poner algunos ejemplos de la visión del cómic dentro de la literatura popular, que en la mayoría de los casos se trata de forma muy tangencial, aunque os aseguro que nos encontraremos con más de una sorpresa.

Lo más frecuente es localizar someras menciones respecto del mundo del cómic, generalmente con connotaciones despectivas, o que sirven únicamente para poner de manifiesto lo absurdo de alguna de las situaciones que ocurren en las novelas. Comentarios del tipo:

“Esta vez, la Tierra fue atacada y no fue cosa de historietas de aventuras ni fantasía de novelistas” En busca del mundo de Luz. Clark Carrados (Espacio Mundo Futuro de Toray nº 441)

“A Hennis le hizo una gracia enorme la aparición del cuarteto. Parecía una escena de historieta cómica.” (La máquina de la vida. Lous G. Milk. Espacio mundo futuro  de Toray nº 504)

“— Claro, claro. Y nosotros, como unos héroes de historieta, descenderemos a ese pozo, hablaremos con los jefazos de la ciudad submarina, les amenazaremos con la destrucción y… ¿qué más?” (La ciudad de abajo. Clark Carrados. Espacio Mundo Futuro de Toray nº 392)

“—Cierra la boca. Vamos a ir al pueblo que vimos allá atrás. No me importa lo que digan los sabihondos. No me trago todo este cuento de que estamos fuera de la Tierra. Esto vale para los chiquillos que se leen a Superman, pero no para mí. Yo soy listo.” (Jinetes Satánicos. Peter Debry. La Conquista del Espacio nº 34).

Afortunadamente, en otras novelas, las referencias al tema son un poco más elaboradas, aunque siguen sin jugar un papel destacado en la trama.

En “Vivisección” (Espacio Mundo Futuro de Toray nº 218), Law Space hace mención directa al cómic Flash Gordon, que incluye el correspondiente pie de página explicativo, algo muy habitual en Enrique Sánchez Pascual. No se emplea el habitual tono peyorativo que solía usarse en la época, lo que hace pensar que el autor podía ser aficionado al mundo del cómic, argumento que se ve reforzado si tenemos en cuenta que su hijo (Enrique Sánchez Abulí), se acabaría convirtiendo en el célebre autor de Torpedo junto al dibujante Jordi Bernet.

Sin embargo, también podemos encontrar algún ejemplo en el que el autor recurre a  las historietas de forma un poco menos amable:

“No hay que soñar en rocambolescas aventuras espaciales, ni en guerras galácticas, ni en tremendismos de historieta infantil. El cosmos nos reserva sorpresas mucho más sencillas y, al mismo tiempo, mucho más terribles.”

Este párrafo se presenta al inicio de la novela “El Planeta Vivo”, de Law Space, nº 18 de la colección Héroes del Espacio  como una cita de un tal H. S. Thels, que no es más que otro seudónimo del mismo Enrique Sánchez Pascual. No es por cierto el único caso en el que este autor se cita a sí mismo en una novela.

Flash Gordon, héroe espacial por definición, vuelve a ser mencionado por Louis G. Milk en  “Ellos” (Espacio Mundo Futuro de Toray nº 10)

“Nos habíamos imaginado el interior de aquella nave interplanetaria repleto de aparatos científicos, de raros cuadros de mandos, pantallas visoras, sillones antiaceleración y demás cosas que pintaban en los dibujos de los “comics” para niños, en los que inevitablemente Flash Gordon se hartaba de matar seres de otros mundos, pero allí no había nada.”

Nuevamente Luis García Lecha, firmando como Clark Carrados vuelve a mencionar a Flash Gordon en “Las estrellas nos atacan” (Espacio Mundo Futuro  Nº 55):

“Una nave del espacio caía sobre nosotros. Y de que era un artefacto de tal categoría no cabía la menor duda; incluso habría sido capaz de jurar que los Wrysk habían leído las aventuras de Flash Gordon al construirla”.

El omnipresente Curtis Garland (Juan Gallardo Muñoz), uno de los autores consagrados de la novela popular española,  menciona de forma tangencial a los cómics en “Las cloacas” (La Conquista del espacio nº 196, de Bruguera), dando la sensación de que comparte la visión del cómic como algo perjudicial  para los niños:

—Oh, mamá. Sabes que a Jackie no le dejarían entrar a ver una película semejante. Tienen que ser invenciones suyas o de los comics.

 —No, eso que contó hoy no recuerdo haberlo visto en un comic, hija

….

—Imagine que vio un simple rapto, cometido por delincuentes habituales, y lo adornó con algún recuerdo de un filme de ciencia-ficción o un comic de esos que deberían prohibir a los niños —rezongó Harding.

Resulta llamativo que Curtis Garland, gran amante de toda cultura popular, y conocido entre otras cosas por buscar la inspiración para sus libros en la literatura o el cine, tenga tan pocas referencias al mundo del cómic en su obra.

En “Visitantes del futuro” (nº 299 de La Conquista del Espacio) Adam Surray nos aporta una destacada referencia.  Aunque los cómics no tienen ningún protagonismo en la novela, el autor aprovecha para dar pruebas de su conocimiento del medio. No debemos olvidar que Adam Surray es un gran aficionado –y coleccionista- del mundo del cómic clásico.

“George Smith, el recepcionista del edificio, alzó los ojos del comic-book. En su caballuno rostro se reflejó una ancha sonrisa. Era un individuo locuaz. Simpático. De infantil aspecto. Todos conocían su afición por el «comic». «The Phantom», «Superman», «Little Lulu», «The Lone Ranger»…”

El tal George Smith parece un alter ego del propio autor, que trabajaba en la recepción del hotel familiar, compaginando esa tarea con la escritura de novelas populares durante las largas noches en que debía permanecer tras el mostrador de la recepción.

Lem Ryan (Francisco Javier Miguel Gómez), el más joven de los escritores de novela popular también emplea en “Y ella le avisó…” (Héroes del espacio nº 123) la figura del cómic para poner de manifiesto hechos imposibles y absurdos.

“— Yo no hablo de esos zombis que nos presentan las viejas novelas y comics de terror. Esos seres son fruto de la mente de unos novelistas con demasiada imaginación en sus calenturientas cabezas.”

En “Los cazadores” (Héroes del espacio nº 4), Burton Hare (José María Lliró Olivé) hace una doble referencia al mundo del cómic:

“—       Por supuesto, no es una nave de la Tierra, eso sí que es seguro, así que si llevaba tripulantes quizá fueran esos hombrecillos verdes, con antenas en la cabeza, que pintan en las historietas infantiles.”

……

—        No comprendo una sola palabra, amigo — gruñó —. Habrá que empezar por el principio, como en las historietas de Tarzán… Yo, Dan. Dan, ¿comprende? Yo — insistió, golpeándose el pecho con el dedo—, Dan. Ella, Theda. Theda, mujer.

Nuevamente Luis García Lecha, bajo el seudónimo de Glenn Parrish, saca a relucir el cómic en varias referencias de su novela “En busca de un mundo nuevo”, nº 39 de La Conquista del Espacio de Bruguera.

El protagonista de la novela es Tiff De Kxorb, un hombre que resulta proceder de otro planeta y que se siente fascinado por las historietas de la Tierra:

“—Estas historietas de ciencia-ficción —contestó él—. Jamás he visto tal cantidad de disparates en menos espacio, aunque, eso sí, están maravillosamente dibujadas.

—Tiff, el autor de la historieta la ha escrito e ilustrado de acuerdo con la forma en que piensa será el mundo de mañana.”

……

“—¿Otra vez divirtiéndose con las historietas de ciencia ficción, Tiff? —preguntó jovialmente.

Tiff se puso en pie y corrió hacia ella para aliviarle del peso de los paquetes.

—No, esta era una historieta cómica, de esas que se ve a un tipo con un cartucho de explosivo en las manos, le estalla y lo deja tiznado y con las ropas destrozadas. Muy bueno, Doris, muy bueno —dijo Tiff, riéndose todavía.

—¿Le gustan las historietas cómicas? —preguntó ella, sonriendo.

—Mucho, Doris. Nunca había visto nada semejante hasta que vine a Santa Clara.

—Vamos, vamos, no me diga que en Kxorb no se publican historietas cómicas. Pero, ¿en qué país vive usted?

Tiff suspiró.”

A partir de este punto pasamos a un nivel distinto: en estos casos el cómic pasa de servir de mera referencia a adquirir un protagonismo mucho mayor en el desarrollo de la historia.

Inventor de Personajes - Clark.CarradosClark Carrados. Inventor de personajes. La conquista del espacio de Bruguera nº 191

Randy Chyver es un dibujante de historietas gráficas (así se denomina en la novela) que de forma repentina se ve involucrado en una aventura que parece sacada de una de sus obras. Cuatro extraños hombres intentan secuestrarlo, pero es rescatado en el último momento por una bella mujer llamada Slinia que, a bordo de una epecie de submarino volador, le lleva hasta el espacio exterior, explicándole que necesitan su ayuda en Uhlum, su planeta de procedencia, situado a 800 años luz de la Tierra, para salvar a la reina Arthior de una conspiración.

Lo más curioso del tema es que Chyver es el autor de una obra en la que aparecía un planeta llamado Uhllum, y la conspiración de la que le habla Slinia se parece mucho a un argumento que empleó es otro de sus cómics, “Denia, reina de Mathwun”.

Slinia le explica que precisan de su imaginación y sus dotes como dibujante de historietas para salvar su planeta, gracias a la intervención de un “Materializador”, un aparato que permite que se haga realidad cualquier cosa que se dibuje. Un aparato que lógicamente puede emplearse para el bien…y para el mal.

Una novela cuyo argumento recuerda un poco a Flash Gordon, pues al final trata de un terrícola que es reclutado para salvar otro planeta, pero al final la historia acaba siendo  un auténtico derroche de imaginación, con enredos de cambios de cuerpo incluídos, y en la que el dibujante de cómics (palabra que por cierto se menciona una sola vez en toda la obra) tiene un protagonismo absoluto. Eso sí, no hay menciones a obras clásicas a lo largo de la novela, y yo me quedo con la sensación de que el tema podía habe dado para mucho más a poco que el autor hubiera homenajeado a los grandes títulos de la historieta.

Silver Kane matrimonio spectroEl honorable matrimonio Spectro. Silver Kane. Selección Terror de Bruguera  nº 16

Era sólo cuestión de tiempo que Francisco González Ledesma, guionista de El Teniente negro, Inspector Dan o Glen Derby entre otras célebres colecciones de historietas, introdujera de un modo u otro el mundo del cómic en alguno de sus múltiples novelas de quiosco.

Dudley, un dibujante y guionista cuyo trabajo es diseñar personajes para las películas de terror británicas (se supone que la Hammer), acaba de comenzar la publicación de una historieta con su último personaje, un hombre de aire fantasmal y facciones afiladas que responde al nombre de Spectro. Este personaje, el más realista que ha dibujado en su vida, se ha convertido en una auténtica obsesión para él, hasta el punto de que constantemente cree verlo junto a su no menos siniestra esposa, la Sra. Spectro.

Por este motivo, Dudley alquila la más siniestra mansión del condado de Kent, a las afueras de Londres, con la idea de encontrar el reposo necesario para recuperar la cordura. Hasta allí se trasladan Dudley, su esposa Mónica, y Marta Liverpool, su joven ayudante y auténtica protagonista de la novela, que nada más ver la siniestra casa alquilada por su jefe, empieza a pensar que no debería haber dejado en sus manos la gestión del alquiler.

A los pocos días de aterrizar en su nueva residencia, Marta empieza a comprobar que Dudley, lejos de haber dejado atrás el recuerdo de Spectro, sigue obsesionado con él, primero dibujándole constantemente, y después asegurando que ha vuelto a verle observándole desde la niebla subido encima de un carruaje de caballos.

Sorprendentemente, una serie de extraños sucesos empiezan a convencer a Marta de que algo sobrenatural está sucediendo a su alrededor, y que tal vez su jefe no esté finalmente loco.

El principal problema es que los Spectro no parecen conformarse con realizar fantasmales apariciones, pues su presencia física es cada vez más palpable, hasta el punto de que en una recepción en el Museo Livingstone, Marta habla en persona con la Señora Spectro, que incluso la invita a visitarla en su residencia en Mahatma House.

Cuando Marta se decide a investigar qué se oculta en Mahatma House, descubre un mundo que no podía ni imaginar.

Como vemos, nos encontramos con una versión pulp terrorífica de “Seis personajes en busca de autor”, la famosa obra de teatro de 1921 de Luigi Pirandello en la que una serie de personajes, fruto de la imaginación de un escritor, muestran su anhelo de existir, pues por desgracia el autor jamás llegó a plasmarlos por escrito en una obra.

Aquí son dos personajes de cómic de terror –el matrimonio Spectro- los que pugnan por abrirse camino en el mundo real.

Lo inquietante de este tipo de argumentos –que por supuesto ha sido empleado en diversas ocasiones tanto en la literatura como en el cine-  es que un personaje de ficción debe comportarse siempre de la misma manera; su realidad no puede ser distinta. Necesita repetir exactamente su actuación tal y como es; y lo preocupante es que es precisamente el autor el que le dota de una determinada forma de actuar. En el caso del matrimonio Spectro, sus personajes fueron concebidos como crueles asesinos, y como tal deben comportarse.

Por desgracia, este prometedor argumento se ve lastrado por la habitual tendencia de dar explicaciones racionales a los hechos aparentemente sobrenaturales, y el libro acaba acaba enredándose en una trama llena de incoherencias. De haber mantenido la premisa inicial, podría haberse convertido en una de las mejores historias de la colección.

Adam surray comic de terror“Cómic de Terror” Adam Surray. Selección Terror de Bruguera nº 376

No es casualidad que haya dejado esta novela, ya comentada en este mismo blog, para el final, pues supone desde mi punto de vista una obra maestra que mezcla a la perfección los mundos del cómic y de la novela popular. Sólo alguien como José López García, que conocía ambos mundos –como profesional en el caso de la novela popular y como coleccionista en el caso del cómic- era capaz de realizar esta genial combinación.

Charles Williams es un joven dibujante enamorado de los comics clásicos que no consigue publicar ninguna de sus obras, por considerar los editores que su anticuado estilo no se ajusta a los gustos del público actual, ávido de historias eróticas y de terror sanguinario.

Aunque no necesita el dinero, ya que es el heredero de una gran empresa que le permite vivir de las rentas, Charles se encuentra absolutamente frustrado por no conseguir publicar sus obras, lo que unido al pequeño detalle de que está un pelín desequilibrado, le lleva a planear una obra maestra del cómic acorde con los tiempos modernos, y para ello decide basar sus dibujos en asesinatos reales que permitan captar la esencia del terror en sus viñetas. Inspirado, decide matar mujeres que se llamen igual que las novias de sus héroes de cómic favoritos: The Phantom, Mandrake, Rip Kirby… y para ello tira de guía telefónica buscando las víctimas que se ajusten a las características físicas de estas heroínas de papel.

El inspector de policía Roger Feldman tendrá que atar cabos partiendo del primer crimen, el asesinato de una mujer llamada Diana Palmer, cuyo destrozado cuerpo aparece al lado de una peculiar calavera dibujada con su propia sangre en la pared.

Una espléndida novela con protagonismo absoluto para el psicópata, plagada de referencias sobre el mundo del cómic, materia que insisto conoce sobradamente el autor, y con una de esas portadas que ya de por sí convierte el libro en una joya.

Nos encontramos sin duda con el mejor ejemplo de mestizaje entre cómic y literatura popular, dos mundos destinados a entenderse.

Como siempre, según vaya descubriendo otros títulos en los que el mundo del cómic juegue un papel destacado en el argumento, iré actualizando la reseña.

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JUICIO A HUGO WAST

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Hugo Wast, el cura sin sotana

“La muralla que ataja a un

ejército, es sobrepasada 

por una hormiga.”

Supongo que a muy poca gente que lea este artículo le dirá algo este nombre, pero Hugo Wast fue en su día uno de los autores más vendidos de Argentina, traducido a 15 idiomas, y publicado con bastante éxito en diversas colecciones de literatura popular en España, entre las que destacaría la Colección Obras maestras de la Editorial Juventud. Probablemente estemos hablando del primer escritor argentino de bestsellers, que además se caracterizó por ser uno de los precursores de la autoedición: él era el propietario de todos los derechos de sus obras, y él mismo gestionaba la publicación, distribución y promoción  de sus obras en Argentina y en el resto del mundo.

Hugo Wast es un anagrama de Ghustawo, supuesto nombre sueco inventado por el autor (el nombre real en sueco sería Gustav), muy aficionado a la mitología escandinava, y que empleó a partir de su tercera novela ya de forma permanente.

hugo wast la que no perdonoSu nombre real era Gustavo Adolfo Martínez Zuviría (Córdoba, 23 de octubre de 1883 – Buenos Aires, 28 de marzo de 1962), un escritor y político argentino de gran fama en su día y que ha ido cayendo en el olvido, en parte por el paso del tiempo, y en parte, una vez más, por motivos ideológicos que explicaré más adelante. Simpatizante del franquismo español, alcanzó gran notoriedad por sus novelas, algunas de las cuales fueron adaptadas al cine; y por su labor pública como diputado y ministro de Justicia e instrucción pública (en 1944 durante la dictadura del general Pedro Pablo Ramírez), cargo éste último desde el cual implantó la enseñanza -aunque no obligatoria- de la religión católica en todas las escuelas de Argentina. En su época una parte de Argentina se refería a él de forma despectiva como “el cura sin sotana”, pues una de las principales características de sus obras es la defensa de la fé cristiana.

Martínez Zuviría creía que la literatura tenía una misión pedagógica y de formación espiritual. A su entender, “por arriba de la libertad del artista están los deberes del hombre para consigo mismo, para con la sociedad, para con Dios”. De ahí que sus obras estuvieran cargadas de mensajes moralizantes.

Una novela, por el solo hecho de representar la vida, enseña, bien o mal, aunque su autor no lo haya pretendido. No es un cuadro ni una estatua, es toda una cadena de principios y de consecuencias que se transmiten al lector como incitaciones al bien o al mal. Por consiguiente el novelista no tiene derecho de escribir cualquier cosa, so pretexto de arte”.

El mismo autor presumía de que sus hijos podían leer cualquiera de sus obras sin que sintiera vergüenza por nada que apareciera en ellas.

Gustavo nació y estudió en la ciudad de Córdoba, en el seno de una familia adinerada con una importante tradición militar. Inició sus primeros estudios en el Colegio Santo Tomás, perteneciente a la orden de los escolapios; ya allí mostró vocación por la literatura, y publicó alguna obra juvenil en los periódicos locales, mostrando ya un el gran talento que desarrollaría más tarde.

En 1902 comenzó a estudiar derecho en la Universidad de Santa Fe, pero sin abandonar su afición por la literatura, escribiendo durante las vacaciones su primera novela, “Alegre”, que vería la luz tres años más tarde. Escribió también teatro, poesía y ensayos, en uno de los cuales defendía por cierto el creacionismo del dogma católico frente a la teoría de la evolución. No debe extrañar a nadie este hecho, pues incluso hoy en día continúa habiendo detractores de la teoría de la evolución de Darwin, y a principios del siglo pasado era algo generalizado.

Antes de convertirse en abogado en 1907, ya había publicado un volumen de versos y otro de cuentos; en esta misma época ya era un gran defensor del catolicismo. En ese mismo año publica su segunda novela y otro libro de poesía, aún firmados con su nombre verdadero.

En 1908 se casa con Matilde de Iriondo, eligiendo Europa para su luna de miel; en Roma fue recibido por el papa Pío X en audiencia pública y recibe la bendición a su matrimonio. A su regreso obtuvo plaza de profesor en el Colegio Nacional de Santa Fe, población que convertiría en su hogar, y donde un año más tarde se convertiría en profesor de la Universidad recientemente inaugurada.

hugo wast flor de duraznoFascinado por la mitología escandinava, escogió para su tercera novela, “Flor de durazno”, el seudónimo de Hugo Wast, un anagrama de su nombre de pila modificado inspirándose en la grafía sueca: «Ghustawo». La novela es un drama muy del gusto de la época que le catapultó a la fama; su adaptación al cine por Francisco Defilippis Novoa en 1917 fue también un gran éxito de taquilla, y permitió el debut de Carlos Gardel en el cine.

Entre 1910 y 1920 continuó una intensa actividad literaria, a la vez que se iniciaba en política en el PDP (Partido Demócrata Progresista), fundado por Mariano Demaría. El PDP era una coalición de socialdemócratas y conservadores, con los que se presentó a la vicegobernación de la provincia de Santa Fe, junto con Lisandro de la Torre, aunque fueron derrotados. Antes de ser elegido diputado nacional en 1916, se hizo cargo de la dirección del periódico Nueva Época de Santa Fe, labor que abandonó al aceptar el cargo público. Ese mismo año publica una de sus mejores novelas: “La casa de los cuervos”.

En 1918 publicó “Valle Negro”, novela que fue premiada por la Real Academia Española, y para la que Miguel de Unamuno tuvo muy buenas palabras, considerándola una novela para cualquier público y época.

Hugo wast caricaturaeuropeaEn las siguientes elecciones, en 1920, al no salir reelegido, regresa a Santa Fe y vuelve a ocupar su cátedra en la Universidad de Santa Fe. Poco después abandona el PDP (Partido Demócrata Progresista), pues considera que está girando en exceso hacia la izquierda, y Don Gustavo era muy conservador. Durante la década 1920-1930 se dedicó casi exclusivamente a la literatura, publicando algunas de sus más conocidas novelas: “Los ojos vendados”, “El vengador”, “La que no perdonó”, “Pata de zorra”, “Una estrella en la ventana”, o una de sus obras más célebres, “Desierto de piedra”, que consiguió el Gran Premio Nacional de Literatura y  fue traducida a numerosos idiomas.

En 1927 se marcha temporalmente de Argentina, recorriendo junto a su  esposa y sus 12 hijos durante 4 años Europa y Estados Unidos. En 1928, durante su estancia en España, fue elegido miembro de la Real Academia Española. En nuestro país ya le habían publicado varias de sus novelas, y había conseguido alcanzar una fama importante.

No volvería a Argentina hasta después del golpe militar de 1930, en que el general José Félix Uriburu -antiguo compañero de militancia en el PDP- depuso tras un golpe de estado al presidente Hipólito Yrigoyen, iniciando de este modo un periodo llamado Década Infame por los argentinos (1930-1943). En 1931 la dictadura militar nombró a Gustavo Martínez Zuviría director de la Biblioteca Nacional (en Buenos Aires), cargo que desempeñó durante casi un cuarto de siglo, hasta que en 1955 renuncia al cargo con el gobierno de Juan Domingo Perón. Durante ese tiempo, Hugo Wast continuó publicando obras, con el mismo grado de implicación con la iglesia católica que había mostrado hasta entonces, hasta el punto que en 1935 recibió la Orden de San Gregorio Magno, otorgada por el papa Pío XI, como premio al valor religioso de su obra literaria.

hugo wast kahalPrecisamente en 1935 se publica “El Kahal”, novela que con los años sería la principal culpable de la fama de antisemita que ha ido relegando a Hugo Wast al fondo de la memoria colectiva. En la novela, ambientada en Argentina, la de los judíos está regulada en todos sus detalles por un tribunal, el Kahal, que dirige todas sus actividades e impone sanciones a quienes no obedezcan sus órdenes. El libro hace referencia a un Kahal supremo, con sede en Nueva York, al que se responsabiliza de forma indirecta de dirigir de forma siniestra a todos los judíos del mundo. La obra fue un éxito entre los crecientes círculos antisemitas y nacionalistas de Argentina, y supuso un escándalo​ para la comunidad judía local, que denunció públicamente al autor. El efecto de todo esto es  que  aumentó enormemente la popularidad de Martínez Zuviría, y empezó a generarse su fama de antisemita.

Por esa misma época, Martínez Zuviría colaboraba en una revista que se autodefinía como anticomunista y antijudía (la revista Clarinadas), que difundía informaciones sobre una supuesta conjura mundial judeocomunista. Esta publicación recibió encendidos elogios en Der Stürmer (“el atacante”) ―el principal órgano de prensa del nazismo en Alemania―.​ En 1937 firmó también un manifiesto de apoyo a la insurrección de Francisco Franco en España, simpatizando con la “reivindicación heroica de la nacionalidad, la religión y las glorias tradicionales de su patria”.

hugo wast 666Unos años más tarde (1942) se publica la novela “666”, en la que en cierta forma se equipara la expansión del comunismo y el judaísmo internacional con el advenimiento del Anticristo.

El prestigio de Martínez Zuviría estaba en ese momento en su apogeo; de esta época datan la mayoría de sus colaboraciones con el cine, adaptaciones de sus novelas “La que no perdonó” (1938), ”La casa de los cuervos” (1941), “El camino de las llamas” (1942) y “Valle negro” (1943). ​ En 1944, sin embargo, el cónsul alemán en Argentina fue descubierto realizando tareas de espionaje para el Eje, y se revela públicamente en la prensa que contó con la ayuda de Martínez Zuviría, lo que le obligó a renunciar a su cargo de Ministro. La derrota del Eje en la II Guerra Mundial empeoró su situación, pues quedó marcado con la etiqueta de nazi.

La acomodada situación de Martínez Zuviría, con una importante fortuna familiar a la que sumó los abultados ingresos por derechos de autor de su obra literaria y la jubilación como diputado nacional, le permitió dedicarse en exclusiva a escribir en estos últimos años, especialmente sobre temas religiosos. En 1954 recibió la condecoración de la Gran Cruz de Alfonso X el Sabio del gobierno franquista. Hacia fines de esa década su salud comenzó a declinar visiblemente a causa de una infección pulmonar. El 28 de marzo de 1962 falleció en su casa, y fue enterrado en el panteón familiar del cementerio de la Recoleta. Cuando murió se habían vendido más de tres millones de ejemplares de sus libros.

En 2010, en Argentina se reabrió un gran debate sobre Hugo Wast que ya venía de atrás, pues se propuso cambiar el nombre de una calle de la ciudad de Córdoba que lleva su nombre, sustituyéndolo por el nombre de una de las representantes de Abuelas de Plaza de Mayo, Sonia Torres. La idea finalmente no se aceptó. Entre los argumentos esgrimidos para la supresión de su calle se subrayaba el presunto carácter antisemita de algunas de las obras de Wast, ya comentadas un poco más arriba.

hugo wast oroVolvemos de este modo a un tema recurrente en este blog: el destierro al olvido de autores por motivos ajenos a la calidad de su obra. En Argentina, desde los años 90, se inició una auténtica cruzada para borrar de la historia de la literatura a este autor, llegando al extremo de retirar algunos de sus títulos de librerías por orden judicial, con el argumento de que fomentaban el antisemitismo. No sólo eso, sino que de repente toda su obra carecía de valor literario, hasta el punto que simplemente se le ignoraba a la hora de hacer una relación de escritores argentinos.

Vaya por delante que al igual que me ha ocurrido con otros escritores de los que he hablado en este blog defendiendo su recuerdo, discrepo radicalmente de muchos de los contenidos ideológicos de este autor. Lo único que pretendo es defender la memoria de su obra, y rechazar totalmente cualquier tipo de censura. Creo sinceramente que la solución no pasa nunca por retirar libros, ni olvidar autores. Lo que hay que hacer es educar a las personas de forma que tengan la capacidad de discernir los contenidos de esos libros, y entender que lo que hoy resulta inaceptable, podía verse de forma muy distinta años atrás.

En el caso  de Hugo Wast, se le acusa de antisemitismo. ¿Se le ha ocurrido a alguien de los que quieren quemar con antorchas los libros de este autor leer “El mercader de Venecia”, de Shakespeare?. No creo que sea fácil encontrar un libro tan antisemita como este, y no he escuchado nunca a nadie decir que hay que derribar todas las estatuas dedicadas a Shakespeare, ni que haya que retirar su obra de las librerías.

¿Ha leído alguno de ellos Tintín en el Congo?. Si esto no es una apología del racismo, no sé que puede serlo.

Cualquier persona que lea estas obras tiene que tener la formación para entenderlas. La sociedad actual, al menos tal y como yo la entiendo, debe defender la igualdad entre las personas, sin distinguir sexo, raza o religión, pero esto no ha sido siempre así (ni por desgracia ahora), y lo que hay que tener es la capacidad de razonar y analizar el contenido de nuestras lecturas, que nos permitan diferenciar lo que está bien de lo que no. Si un libro es antisemita o racista, tengo que tener la capacidad intelectual de verlo, y no la imposibilidad de leerlo porque hayan destruido todos los libros con contenidos “inadecuados”. Si queremos enseñar a nuestros hijos que todo el mundo es igual, lo que hay que hacer es explicárselo, no ponerles una venda. Que opinen, que juzguen ellos mismos, y si ven normal cómo se comporta Tintín en el Congo, algo no va bien.

Si hablamos de machismo, por ejemplo, creo que es obvio que el pensamiento actual no tiene nada que ver con el de la España de los años 50 (aunque hay todavía mucho camino por recorrer). La práctica totalidad de la novela popular española de los años 50 a 70 debería desaparecer de la faz de la tierra con esta política de borrar del mapa todo aquello que se considere políticamente incorrecto. ¿No es mejor leerlo con ojo crítico, y así poder entender mejor cómo han ido evolucionando las cosas desde la perspectiva social?

Por otra parte, no conozco tan a fondo la obra de Hugo Wast como para poder opinar sobre su pensamiento real al respecto, pero sí puedo dar algún dato objetivo al respecto que hace que por lo menos nos planteemos si realmente era tan antisemita como dicen.

Las novelas por las que se acusa al autor de antisemita son básicamente tres: “El Kahal” (1935), “Oro” (1935) y “666” (1942).  Parece que se olvida que Hugo Wast tiene una extensa producción literaria, en la que la mayoría de sus obras nada tienen que ver con los judíos, y que tres títulos no llegan al 5% del total de sus novelas.

En estas tres obras, se habla de una conspiración judía para dominar el mundo, pero desde un punto de vista de ficción. Por poner un ejemplo, tanto en en “El Kahal” como en “Oro” se nos describe a modo de novela casi policial una conspiración judía para apoderarse de Buenos Aires en el lejano futuro de 1950 con técnicas alquimísticas para fabricar oro y arruinar las finanzas capitalistas.

La realidad es que Gustavo Martínez Zuviría (el “cura sin sotana”) era un encendido defensor de la Iglesia Católica, convicción que anteponía a cualquier otra cosa, y su pensamiento sostenía que había que amar al judío como prójimo, pero odiar la Sinagoga. Él estaba convencido de que el judaísmo era una traición a Jesús, y lo manifestó en multitud de ocasiones, tanto de palabra como en diversos artículos en revistas. Así que veía a los judíos como personas, iguales al resto, pero rechazaba su religión. Esta es una diferencia muy sustancial con el nazismo, que no consideraba personas a los judíos, ya que los deshumanizaba hasta el extremo de que su exterminio no suponía ningún dilema moral. Mientras que Hugo Wast veía al judío desde un punto de vista religioso, los nazis lo hacían desde un punto de vista racial.

Lo que sí parece claro es que el escritor aprovechó la corriente antisemita que recorría el mundo en aquellos años (1935), con el nazismo incipiente, para publicar El Kahal y Oro, y aprovechar así para criticar la religión (que no la raza) judía.

Este supuesto pensamiento de Gustavo Martínez no es imaginación mía. En el propio prólogo de “El Kahal”, el propio autor lo explica perfectamente:

Con la misma razón podemos decir que si el odio al judío es anticatólico, porque debemos amarlo como a prójimo, el odio a las doctrinas de la Sinagoga, autoridad civil y religiosa del judaísmo, que persigue la destrucción de la Iglesia Romana y pretende establecer en todo el mundo el imperio de su espíritu, abolido por Cristo, y el dominio del oro, instrumento de opresión de los pueblos, ese odio, mejor dicho, ese toque de somatén contra la Sinagoga, es auténticamente católico

El que se ofenda por estas palabras y defienda que decir que el católico debe odiar la religión judía (que no a los judíos) es antisemitismo, debería empezar a recoger firmas para quemar todos los ejemplares de la Biblia, plagada de pasajes en la misma línea, o peores.

El mismo Jesús se dirige a los judíos diciéndoles que “Vosotros sois hijos del diablo” (Jn 8, 38-44)

O San Esteban, que al referirse a los judíos dice lo siguiente: “Los cuales también mataron al Señor Jesús, y a los Profetas, y nos han perseguido a nosotros, y no son del agrado de Dios, y son enemigos de todos los hombres” (1 Tes, 2,15)

La publicación de las novelas “El Kahal” y “Oro” fue prohibida en la Alemania nazi, pues concluían con la redención de algún judío gracias a la intervención del buen cristiano de turno. Los nazis no podían permitir  bajo ningún concepto la idea de que existía la posibilidad de redención para un judío.

Esto va claramente en contra de algunas teorías que defienden que estos dos novelas llegaron a España por mediación de la Embajada de Alemania en Burgos, que habría comprado 40.000 ejemplares para su difusión por los países de habla hispana.

Curiosamente, en alguno de estos libros se muestra una aversión similar por el Islam, que sin embargo no ha sido objeto de ninguna crítica. ¿Está mal mostrar aversión por el Judaísmo pero no por el Islam?.

En “666”, escrito en 1942, con Gustavo Martínez ya absolutamente inmerso en el tema religioso, el autor profetiza la reconstrucción del imperio islámico, con las siguientes palabras:

El haber fomentado el panislamismo se nos muestra ahora como la más terrible equivocación de los hombres en la historia. Hoy forman una sola nación enemiga de Cristo veinte naciones, desde los montes Atlas hasta el golfo de Tonkín: Marruecos, Libia, Egipto, Arabia, Persia, Irak, Afganistán y casi toda la India; cien grados de latitud con 700 millones de hombres que perseguirán a Cristo hasta la muerte, soberbios y sin contrición“.

En resumen, en las mencionadas obras de Hugo Wast está claro que el autor no siente simpatía por el Judaísmo ni por el Islam, por la sencilla razón de que son las religiones que compiten con el cristianismo, pero eso no quiere decir que desee mal alguno a las personas que profesan dichas religiones.

¿Deberíamos quemar todos los libros editados en la actualidad que critican abiertamente a la Iglesia católica o al Islam? (y hay bastantes). Yo creo que no, siempre y cuando inviten a la reflexión y al debate dentro del marco legal.

Ahora bien, si alguien expone abiertamente que hay que matar a todos los judíos, católicos, o musulmanes, gays, o el colectivo que sea, eso rerpresenta un claro delito tipificado por la Ley de incitación al odio que nada tiene que ver con la crítica realizada en el sano ejercicio de la libertad de expresión.

Que conste que quiero dejar claro que yo soy el primero que en muchos casos no lo tengo claro. ¿Es posible que me guste la obra de alguien totalmente contrario a mi forma de pensar, hasta el punto de que lo considere inmoral o incluso deleznable –y no me refiero a Hugo Wast, con el que puedo no estar de acuerdo, pero tampoco le considero ningún monstruo-?. Pues me temo que sí, por los motivos que ya expuse en la reseña de este mismo blog “Olvidemos a Tomás Borrás”.

Para acompañar este artículo dedicado a Hugo Wast me he inclinado por comentar “La casa de los cuervos”, obra que me parece muy representativa de este autor, por su mezcla de costumbrismo y tragedia, y por su ambientación en la Argentina de la época de las revoluciones, allá por 1877.

Sin embargo, invito al lector curioso para que le dé una oportunidad a la obra de este –para mí- buen escritor, y disfrute de las aventuras del sargento Chaparro (probablemente su personaje más conocido, una especie de D’ Artagnan argentino), de la mezcla de drama/historia de novelas como “Myriam la conspiradora”; o de la divertida  “Pata de zorra”, que narra las aventuras de Don Triboniano, un serio profesor de derecho romano empeñado en casar a su hermana Maclovia.

hugo wast casa cuervosTítulo: La casa de los cuervos

Autor: Hugo wast

Colección Obras Maestras  S/N. Editorial Juventud.

Portada: Desconocido

1ª edición: 1929

Don Serafín Aldabas es un maestro de escuela de Santa Fé, un viudo que a duras penas subsiste en compañía de su bella hija Rosario gracias a la exigua subvención que recibe del gobierno.

Serafín es un buen hombre, humilde y ajeno a cualquier cosa relacionada con la política, orgulloso de su escuela, su hija Rosario y su reloj “Losada”, su propiedad más preciada. Un día, una improvisada reunión en su casa a la que acuden  Patricio Cullen, Pedro Montarón y el capitán Francisco Insúa (del que está perdidamente enamorada Rosario), provoca que, de forma involuntaria, Serafín se vea envuelto en una conspiración para iniciar una revolución contra los actuales dirigentes, cuya cabeza más visible son el gobernador Servando Bayo y el sagaz comisario de policía Braulio Jarque, quien tiene firmes sospechas de que algo se está tramando.

Hay que señalar que la revolución de la novela es en cierta forma una disputa entre familias, de forma que en la historia priman los sentimientos enfrentados que afrontan los personajes, como Syra, la hija de Don Pedro Montarón, que duda entre ser fiel a su padre, uno de los líderes revolucionarios, o a su prometido, Carmelo Borja, secretario del comisario Jarque. Syra sabe que la revolución se pondrá en marcha aprovechando precisamente su propia ceremonia nupcial, a la que está invitado todo Santa Fé, incluyendo el gobernador y el resto de mandatarios locales. La tragedia pronto caerá sobre el pueblo.

La casa de los cuervos que da nombre a la novela (llamada así porque son dos cuervos amaestrados los que cuidan de los rebaños de ovejas) es la hacienda propiedad de Braulio Jarque, y que tendrá un destacado papel en la trama. Allí vive Gabriela, la joven e infeliz esposa de Jarque, una mujer que se casó con el comisario fruto de un compromiso pactado por su padre, y que vive alejada de su marido en compañía de su madre. Fruto del fallido intento de golpe revolucionario, su esposo y su hermano (Carmelo Borja) resultan muertos por la mano del capitán Insúa, que herido de gravedad acaba llegando a la casa de los cuervos, donde es acogido por Gabriela y su madre, que no sospechan que están curando al asesino de su familia. Un auténtico drama romántico, muy Shakespeariano, con un estilo realista que, en contra de lo que podría parecer, no ha quedado anticuado, y que a mi personalmente me ha fascinado.

MIENTRAS TANTO, AL OTRO LADO DEL MUNDO (V): HUGH B. CAVE

CaveHugh Barnett Cave (11 de julio de 1910 – 27 de junio de 2004) fue uno de esos escritores estadounidense que vienen a ser el equivalente de nuestros autores de bolsilibros. Al igual que éstos, Cave escribió en prácticamente todos los géneros, aunque posiblemente destacara de forma especial en sus obras de terror y ciencia ficción (por mucho que a él le pese, pues no le gustaba que le encasillaran en ningún género).  Mientras que los autores de novela popular española  desarrollaron su carrera escribiendo novelas de pequeño formato que se vendían en los quioscos, en Estados Unidos este tipo de literatura pulp se publicaba en las clásicas revistas que contenían relatos de menor longitud.  Hugh B. Cave fue uno de los más prolíficos escritores de este tipo de revistas en los años 20 y 30, vendiendo un número de relatos que oscila entre 800 y 1.300 relatos de todo tipo de géneros: western, fantasía, aventura, crimen, romance y no ficción; de estos últimos especialmente relatos bélicos.

cave thrilling mistery aprilAdemás escribió más de 40 libros de longitud tradicional, principalmente bélicos, de aventuras y de horror.

En su carrera dentro del pulp empleó, aparte de su nombre auténtico, un buen número de seudónimos, como James Pitt o Margaret Hullinwall, y sobre todo el de Justin Case (cachondo seudónimo que aquí traduciríamos como “Por si acaso”), bajo cuyo nombre creó al ladrón de guante blanco “The Eel”, un personaje del que publicó al menos 16 relatos cortos en las diversas revistas con la denominación Spicy (picantes) entre 1936 y 1942. En concreto las historias publicadas que yo conozco del que es posiblemente su personaje más célebre fueron las siguientes:

1.”Eel Trap” (in Spicy Adventure Stories, June 1936)

2.”The Evil Flame” (in Spicy Mystery Stories, August 1936)

3.”Dark Temple of Torment” (in Spicy Adventure Stories, January 1937)

4.”River of Blood” (in Spicy Adventure Stories, April 1937)

5.”Cavern of the Damned” (in Spicy Mystery Stories, May 1937)

6.”Eel Poison” (in Spicy Detective Stories, August 1937)

7.”Death Wears No Robe” (in Spicy Detective Stories, October 1937)

8.”The Eel Slips Through” (in Spicy Detective Stories, December 1937)

9.”Eel Bait” (in Spicy Adventure Stories, February 1938)

10.”Prisoner of Tituan” (in Spicy Adventure Stories, April 1938)

11.”The Widow Wears Scarlet” (in Spicy Detective Stories, October 1940)

12.”Annie Any More” (in Spicy Detective Stories, March 1941)

13.”The Second Slug” (in Spicy Detective Stories, July 1941)

14.”A Pile of Publicity” (in Spicy Detective Stories, January 1942)

15.”Eel’s Eve” (in Spicy Detective Stories, April 1942)

16.”Eel’s bum” (in Detective Stories, May 1942)

cave thrilling_mystery_193603Hay que señalar que el propio autor comentó en una entrevista que había escrito más de 20 historias protagonizadas por The Eel, así que este listado está casi seguro incompleto, a menos que fallara la memoria del escritor.

Respecto al seudónimo Justin Case, el autor explicó que cuando le ofrecieron escribir historias para revistas Spicy (picantes), estaba también trabajando con su propio nombre para una revista seria como era el Saturday Evening Post, así que pensó que era mejor emplear un seudónimo para este tipo de revistas, peor consideradas por los círculos literarios. Inicialmente pensó en usar Barnett (que es lo que significa la B. de su nombre), pero se acabó inclinando por el gracioso “Just-in-Case”. Jamás empleó por este motivo su nombre real en las revistas Spicy.

cave pulp2La madre de Cave era una mujer inglesa nacida en la India, muy culta y gran lectora, que conoció personalmente a Rudyard Kipling. Le puso el nombre de Hugh a su hijo en honor a Hugh Walpole, su autor favorito.

El motivo por el que su madre nació en la India fue que su padre fue  responsable de la construcción de gran parte de la estructura ferroviaria de la India, e incluso llegó a ser alcalde de Bombay.

Con los años, su madre se hizo enfermera, y prestó sus servicios para el ejército inglés en Sudáfrica durante las guerras Boer. Allí se casó con Tom Cave, el padre de nuestro protagonista, con el que posteriormente se instaló  en Inglaterra.

cave horrorstories35septNacido en Chester, Inglaterra, Hugh B. Cave se trasladó durante su infancia con su familia a Boston, Massachusetts, poco después del comienzo de la Primera Guerra Mundial.  Hugh contaba entonces con 4 años y medio. Consiguió la nacionalidad estadounidense en 1935.

Ya instalados en Boston, Cave estudió en la Brookline High School donde ya empezó a escribir, siguiendo el ejemplo de su hermano Geoffrey (4 años mayor que él), y tras graduarse, pasó a la Universidad de Boston con una beca, pero lamentablemente tuvo que abandonar los estudios de forma precipitada cuando su padre resultó gravemente herido al ser atropellado en la calle. Para ayudar a la familia empezó a trabajar para una imprenta, en el que sería el único trabajo fijo que tendría en su vida –al margen de sus años como corresponsal de guerra-, pues abandonó este empleo a los 20 años tras sufrir un accidente de tráfico para comenzar su carrera como escritor, algo para lo que estaba predestinado desde muy joven, pues con apenas 15 años ya escribía relatos del Oeste, con uno de los cuales ganó un premio de relatos cortos del Boston Globe.

cave death stalks nightEl trabajo en la imprenta le sirvió de práctica, pues era un chico para todo que, entre otras cosas, debía corregir e incluso reescribir los manuscritos que enviaban los autores, además de diseñar cubiertas y escribir todos los textos de la contraportada. Mientras tanto, escribía poesías que intentaba vender por su cuenta.

He leído versiones contradictorias sobre cual fue el primer relato que Cave consiguió vender. Según algunas fuentes, éste sería “I Name Thee, Cave“,  publicado con 16 años cuando aún estudiaba en el Brookline High School; aunque en otras fuentes se cita “Island Ordeal“, escrita a los 19 años durante 1929 cuando todavía trabajaba en la imprenta. Puedo confirmar que la segunda versión es la auténtica, pues el propio autor lo explicó en 1997 durante una entrevista. Vendió “Island Ordeal” a la revista Brief Stories. A partir de ahí no paró de vender cuentos.

cave - weird tales july 1932Durante la década de 1930, Cave vivió en Pawtuxet, Rhode Island, una población cercana a Providence, donde vivía H. P. Lovecraft, autor al que no llegó a conocer nunca en persona, pero con el que mantuvo durante un tiempo un debate por correspondencia sobre la ética y la estética de la escritura para las revistas pulp.  Por desgracia esa correspondencia no se ha conservado.

Sobre el contacto real con el genio de Providence,  el propio Hugh B. Cave lo aclaró en una entrevista, en la que en respuesta a si conoció a Lovecraft, dijo lo siguiente (perdón por mi traducción):

cave Horror Stories Cover-1935-03Nunca le conocí, pero le escribí dos o tres veces, cunado se suponía que me iban a nombrar presidente de Rhode Island del American Fiction Guild, aunque finalmente la cosa quedó en nada. Era una organización que se gestó en Nueva York. Me preguntaron si me interesaría ser el Presidente de la delegación de Rhode Island y por ese motivo escribí a H.P. Lovecraft para preguntarle si querría unirse al proyecto. Él me contestó en un correo en el que amablemente me dijo que no estaba interesado. A partir de ahí intercambiamos un par de cartas más, eso fue todo.”

Nota: la American Fiction Guild era una asociación que reunía a los escritores y artistas de revistas en busca de la defensa de sus intereses comunes.

cave - Terror Tales Cover-1934-10De la correspondencia de Lovecraft con otros autores (Derleth, James F. Morton y F. Lee Baldwin) en las que menciona a Cave, se deduce que sí tuvieron en las pocas cartas que se intercambiaron un intenso y agrio debate sobre el presente y el futuro de la literatura pulp, y sus puntos de vista opuestos fueron los que provocaron que Lovecraft no accediera a la solicitud de Cave. Lovecraft, que tenía una buena imagen de Cave como escritor, le reprochaba que la mayor parte de la literatura pulp se hacía con muy poco interés por parte de los autores, que sólo buscaban cobrar rápidamente su cheque, sin importarles la calidad de sus trabajos, y preveía que esta dejadez literaria acabaría matando al pulp. Cave sin embargo defendía que nadie en su sano juicio escribía por otro motivo que no fuera el dinero. Tal vez por estas discrepancias en 1935 Lovecraft publicó tan sólo dos relatos cortos, y Cave al menos 12; y tal vez por esta diferencia de criterios Lovecraft es una leyenda de la literatura, y no demasiada gente recuerda quien es Cave.

De cualquier modo, y para completar la conexión con Lovecraft, dos relatos de Cave se asocian habitualmente con los mitos de Chtulthu: “La Isla de la Magia Oscura” (publicada en Agosto de 1934 en Weird Tales) y “El Reloj de la Muerte” (1939).

cave - detective_tales_193802Cave, a pesar de este enfrentamiento epistolar, tenía muy buen concepto de Lovecraft como escritor: “Creo que a veces se admira a Lovecraft por razones equivocadas. Sus imitadores intentan copiar su prosa, cuando lo que deberían hacer es capturar su creatividad y su habilidad para arrastrar al lector hasta un clímax final. Su trabajo ha perdurado porque es diferente, y no sólo porque August Derleth y otros admiradores hayan mantenido viva su memoria”. (Traducción mía del fragmento de una entrevista al autor)

Con la llegada de la Segunda Guerra Mundial, Cave ejerce de corresponsal de guerra en la zona del Pacífico y en el Sudeste asiático, abandonando temporalmente su labor como escritor de pulps, aunque escribió algún libro en el que relataba sus experiencias como corresponsal, entre ellos “Long Were The Nights”, considerada como una de sus obras de mayor calidad, sobre la batalla de Guadalcanal. A raíz de este éxito, el ejército de los Estados Unidos le encargó otros cuatro libros bélicos en la misma línea. Tras el fin de la contienda, Cave se traslada a Haití, donde permanece durante 5 años, y donde escribe un manual sobre el vudú que está considerado como uno de los mejores libros existentes sobre el tema, y después se establece en Jamaica, donde administró con éxito una plantación de café, aunque siempre compatibilizándolo con su carrera como escritor, en la que regresó a la escritura de relatos para revistas pulp.

cave - terror talesEn los años 50 y 60 el público perdió interés por la literatura pulp, pues la televisión pasó a ser el centro del entretenimiento popular, lo que no evitó que Cave siguiera escribiendo, aunque sin conseguir publicar con tanta frecuencia como en años anteriores. Gracias a esa situación, Cave aprovecha para escribir el que sería su mayor éxito de público, a partir de sus experiencias en Haití, que dieron como resultado “The Cross on the Drum” (1959), una historia interracial en la que un misionero cristiano blanco se enamora de la hermana de un sacerdote vudú negro.

En este periodo de su carrera, Cave se dedica a escribir para otro tipo de revistas muy distintas de las que le resultaban familiares, pero que eran las únicas que tenían unas ventas aceptables: Collier’s, Family Circle, Ladies Home Journal, Redbook y Saturday Evening Post.  En esta última publicación, publicó en 1959 “The Mission“, su cuento más popular, que fue editado posteriormente en formato de tapa dura y traducido a varios idiomas.

cave - Murgustruum redicionEn la década de los 70 Cave se ve forzado a regresar a los Estados Unidos, después de que el gobierno de Jamaica confiscara su plantación.

Tras su regreso a su país adoptivo, la popularidad de Cave tuvo un resurgimiento cuando la Carcosa Press de Karl Edward Wagner publicó “Murgunstrumm and Others”, una reedición en tapa dura de los mejores relatos pulp de Cave publicados en los años 30.  Cave se mudó a Florida y siguió publicando de forma regular material original hasta aproximadamente el año 2000, ganando incluso el World Fantasy Award por su trayectoria profesional en 1999.

Gracias a ese relanzamiento de su carrera como escritor de literatura popular publicó varias novelas de fantasía con bastante éxito de ventas: “Legion of the Dead” (1979), “The Nebulon Horror” (1980), “The Evil” (1981) y “Shades of Evil” (1982), “Lucifer’s Eye” (1991) y “The Mountains of Madness” (2004).

cave - weird tales may 32En el año 2000 se reimprimieron sus relatos publicado en Black Mask con el título de “Long live the dead”.

El 27 de junio de 2004, cuando Cave tenía 93 años, fallece en Vero Beach, Florida. Sus restos fueron incinerados.

Siempre que se habla de la obra de Hugh B. Cave (que es casi nunca) se suele decir que era poco menos que un mercenario que lo único que quería era vender realtos como churros, auque también se dice que era un experto en transformar las ciudades rurales de Estados Unidos en paisajes góticos, y a sus líderes y habitantes en siniestros demonios.

cave - Strange Tales-1932-06La realidad es que Cave era muy bueno desde el punto de vista comercial. Sabía lo que quería el público, y sobre todo, lo que le comprarían los editores. Sobre este punto dijo en una entrevista  en sus últimos años que “los editores lo que querían es cualquier excusa para que la heroína se desnudase, y cuanto antes, mejor. Eso quería decir que podías escribir frases diciendo ‘ella estrechó apasionadamente su cuerpo generosamente dotado contra el mío’, aunque, por supuesto, siempre era mejor que la chica estuviera en ese momento medio desnuda. Ahora lo llamarían machismo, y me temo que era eso, pero a pesar de todo era muy inocente“.

Pero se consideraba por encima de todo un escritor. Reconocía que una parte importante de su trabajo era vender los relatos a las editoriales, pero primero tenía que escribirlos, y en ello ponía todo su esfuerzo.

cave- weird tales 1934Lamentablemente no conozco tanto su obra como para poder opinar, pues no es sencillo encontrar su obra en castellano, y ni siquiera en inglés, pues la mayor parte de los originales que poseía el autor se perdieron en un incendio. De hecho, Barnes & Noble, con motivo de la reedición de parte de su obra, solicitó públicamente a cualquiera que tuviera una revista con relatos del autor que se la facilitara para poder escanearlas.

Entre los relatos que he tenido ocasión de leer me gustaría destacar un cuento muy corto llamado “Two were left”, protagonizado por un niño esquimal y su perro husky, que han quedado aislados en un iceberg que se ha desprendido. En la historia, el niño, deseperado por el hambre, es consciente de que debe matar a su perro para comérselo, antes de que a éste se le ocurra hacer lo mismo con él. Un bellísimo relato, alejado del tipo de historias por las que se hizo famoso Cave,  que seguro que gustará a los amantes de los animales.

Cuando le preguntaron al autor sobre lo que opinaba de la literatura pulp, Cave era consciente que dentro de esas revistas se publicaba mucha mediocridad, pero también insistía en que se podían leer relatos muy buenos. Defendía que eran historias que tenían un principio, un desarrollo, y un final, algo que gustaba a la gente y que les incitaba a leer, lo que les servía para escapar durante un rato de una realidad que era muy dura en esa época. Estaba convencido de que si el Pulp hubiera sobrevivido, muchos de los actuales escritores de éxito hubieran comenzado sus carreras en este mundo, que representaba una gran oportunidad para descubrir nuevos talentos.

Marisa Villardefrancos: su vida

Marisa villardefrancos2Entre los años 40 y 60 la escritora Mª Luisa Villardefrancos alcanzó una enorme popularidad entre el público español, tanto por su extensa obra escrita como por los diversos seriales radiofónicos que guionizó, en una época en la que la radio representaba el principal entretenimiento de los españoles. De forma silenciosa desapareció de la escena pública a finales de los años 60, sin dejar apenas rastro.

A día de hoy, no demasiada gente sabe quién es, a excepción de aquellos que oyeron o leyeron sus historias en la época en que fueron escritas, y es una profunda injusticia –otra más-, dada la calidad de una buena parte de su obra que bien merecería una reedición.

Aunque esta falta de reconocimiento es algo compartido con el resto de escritores de novela popular española, en el caso de las mujeres es aún peor, debido a que, salvo raras excepciones, el mundo editorial, gobernado por hombres, las obligaba a centrar su obra dentro del género romántico, sin lugar a dudas el más menospreciado de los géneros literarios.

Marisa villardefrancos -la-omnipotente-princesa-sofiaComo dijo una vez Luisa María Linares-Becerra y Martín, otra escritora a la que espero dedicar una reseña, “El término novela rosa es un invento que se hizo en España para desprestigiar a unos cuantos autores. En todo caso, la novela rosa sería todo el cine norteamericano hasta hace quince años”.

María Luisa Villardefrancos Legrande nació el 12 de octubre de 1915 en Vedra, un pueblecito cercano a Santiago de Compostela. Con tan sólo cinco años contrajo la poliomielitis, enfermedad que marcó su vida para siempre. Para suplir sus carencias físicas que le impedían participar de los juegos de los demás niños, Mª Luisa se dedicó a la lectura y al estudio, desarrollando de esta forma su ya de por sí gran inteligencia, y preparándose para lo que se convertiría en su pasión y profesión: la escritura.

La propia escritora lo explicó en una entrevista en 1957: “Yo me di cuenta de que era más débil que las demás niñas; comprobé que sus juegos me cansaban y, entonces, quise aventajarlas en algo y aprendí a leer… A los cinco años, después de sufrir el ataque de parálisis, ya sabía escribir. Al poco tiempo, empecé a narrar cuentos…”.

Siendo aún muy joven, la familia al completo (sus padres, Luis Villardefrancos Calé, y María de los Dolores Legrande Camino, su hermana Gloria y ella misma) se trasladó a Madrid, ciudad en la que pasaría la mayor parte de su vida, hasta que se trasladara a Alicante a finales de los años 60, cuyo clima cálido podía paliar los efectos del fuerte reuma que sufría desde hacía unos años. Allí permanecería hasta su fallecimiento el 20 de junio de 1975.

Según cuenta la propia Mª Luisa en una entrevista de 15 de abril de 1951 para la revista Chicas, sus primeros cuentos datan de los 7 años y que el primero publicado es “La tragedia de un reloj”, en la revista  Galicia en Madrid. Sobre su infancia, cuenta: “era una niña tremendamente imaginativa y bastante delicada de salud. Mi ocupación predilecta y mi gran pasión era la lectura. Aprendí sola a escribir, copiando caracteres de imprenta. Y cada vez que soñaba despierta…lo escribía. Mi primer cuento apareció cuando yo tenía dieciséis años. No me hizo mucha gracia ver mi nombre impreso; yo escribía para mí, para satisfacción personal. Después, ya sabes, Fernández Flórez dijo que yo poseía ternura para escribir y me aconsejó que me dedicase a la literatura juvenil…”.

La mención a Wenceslao Fernández Flórez se refiere a que el famoso escritor leyó un cuento suyo cuando la autora tenía tan solo 16 años, y le animó personalmente a que siguiera escribiendo.

marisa villardefrancos-siberia-tomo-3En el libro de la autora “Niños en la Historia” (una historia de España dirigida a los maestros de escuela), publicado en 1956, hay un prólogo de Wenceslao Fernández Flórez en el que explica como en cierto modo ejerció de padrino literario de Mª Luisa: “Conocí a la autora cuando ella era una adolescente, y entonces me dio a leer algunos cuentos de encantadora fantasía, que ella ilustraba también…”.

Por cierto que este mismo libro lleva una dedicatoria a su padre, “amigo, colaborador y consejero de todos mis trabajos”. Parece ser que el padre de Mª Luisa (que desconozco en que año falleció) también escribía, y le aconsejó en sus inicios.

En Madrid cursó estudios superiores de magisterio, como su madre, y su vocación didáctica se reflejaría en buena parte de su obra, que incluye guías para maestros.

Marisa Villardefrancos siberia 1Después de un periodo del que poco se sabe de la escritora, incluyendo la guerra civil española, Maria Luisa entra a colaborar en el grupo editorial de Consuelo Gil Roësset (editorial Cid), en parte gracias a la recomendación de Wenceslao Fernández Flórez, primero en los semanarios Chicos y Mis Chicas, y posteriormente como una más dentro del amplio plantel de escritores de la colección Biblioteca Chicas, donde sin lugar a dudas se encuentra lo mejor de la producción de la autora. Esta colección Biblioteca chicas, que generalmente se asocia de forma simplista y despreciativa con el género “rosa”, contiene por cierto muchas agradables sorpresas en cuanto a calidad literaria (entre otras varias obras de mi admirado Enrique Jarnés Bergua y algún otro célebre autor que prefiero no desvelar en esta reseña), con obras cuya tématica va mucho más allá del género romántico.

Cuando ya la autora estaba entregada profesionalmente a la escritura, fallece su madre en 1944, con tan solo 56 años. Sería su primera gran pérdida. En 1948 le dedica su libro “Lluvia de estrellas”, con estas breves pero sentidas palabras: “Quiero dedicar este libro a una humilde Maestra Nacional…A la memoria de mi madre, maestra…”.

Simultaneando su trabajo en la editorial Cid, Mª Luisa escribió varias obras de teatro en colaboración con su querida hermana Gloria, que debía ser en aquellos momentos su principal soporte afectivo. El mismo 1944 le dedicó en un libro las siguientes palabras: “A mi hermana, que aprendió a leer en mis cuentos y a soñar en mis fantasías”.

Marisa Villardefrancos programa teatroAsí, en 1949 se representa en el Teatro Alcázar “El arpa mágica de Amal”, una comedia infantil original de María Luisa Villardefrancos. Luis Sánchez Polak, Tip, hace de Selim, y su hermana Gloria Villardefrancos es una de las princesas protagonistas.

La temporada 1949-1950 se representa en el Albéniz “El milagro de Nochebuena”, y en la 1952-1953 en el mismo teatro “La princesa del salón secreto”.

Su amada hermana Gloria, que falleció a mediados de los años 50, debía representar un tema especialmente doloroso para Maria Luisa, hasta el punto que ninguno de sus conocidos sabe ni el momento ni la forma en que falleció, pues era incapaz de hablar de ello.

marisa villardefrancos el brezalSu participación como escritora en la editorial Cid, especialmente a partir de  inicios de los 50 en la colección Biblioteca Chicas, sería el detonante que le haría sumamente popular, especialmente a raíz de las posteriores adaptaciones que se hicieron en la radio de algunas de sus sagas literarias más conocidas. En este fértil periodo literarario encontramos obras muy distintas de lo que era habitual, con argumentos que se atrevían a tocar temas de actualidad, históricos e incluso políticos, y con un profundo conocimiento de los mismos que dejaban ver que era una mujer muy culta. En la Biblioteca Chicas escribió algunas sagas de mucho mérito, entra las que destacan tres novelas protagonizadas por la Teniente Jefferson durante la II Guerra Mundial (tema que le fascinaba y del que era gran conocedora), “Siberia”, obra dividida en tres tomos ambientada en la Rusia imperial, y sobre todo su trilogía de novelas iniciada con “Almas en la sombra”, ambientada en la Inglaterra de Cromwell y con gran influencia de “Rebeca”, de Daphne Du Maurier.

Esta fructífera etapa de Mª Luisa duró hasta 1960 (su última novela en Cid es “La cumbre de Kichinjunga”), año en que la autora se marcha por motivos desconocidos a Bruguera, donde comienza a publicar multitud de títulos en sus diversas colecciones de novela romántica, aunque con una calidad muy inferior a la de su anterior etapa, en la que podía dedicar más tiempo a cada novela, y sin tantas normas que restringieran su creatividad.

Marsa villardefrancos el acantilado almas perdidasParece ser que los últimos años de María Luisa fueron muy tristes, con toda su familia ya fallecida, y su día a día un tanto penoso tanto por cuestiones de salud como por la precariedad económica a la que se vio sometida, pues sus ingresos se le iban prácticamente en medicamentos. A pesar de haber experimentado años atrás una gran fama y éxito cuando la radio popularizó sus novelas, la salud le limitó bastante, pues sus manos estaban inutilizadas por el reuma, lo que la obligaba a dictar sus novelas a un magnetófono para que una secretaria (y al parecer a veces sus amigos) las pasaran después a máquina. Además, en la recta final de su carrera como escritora, estaba atada a un rígido contrato con la Bruguera que le exigía la entrega de tres a cuatro novelas al mes, siempre dentro del género romántico y sometida a las habituales normas de la ediorial, que limitaban su libertad a la hora de escribir. Por sus propias declaraciones, llegó a odiar tener que escribir novelas románticas en esta etapa de Bruguera, de cuya calidad además no estaba nada contenta, pero la necesidad le obligaba a seguir a un ritmo desenfrenado, especialmente para alguien con tan delicado estado de salud.

A pesar de todas estas visicitudes, por lo que he podido ver en todas partes, Mª Luisa debía ser una persona entrañable que supo rodearse de un grupo de buenos amigos que supieron darle el cariño y apoyo que necesitaba en estos últimos años de su vida.

Marisa falleció en San Vicente del Raspeig (Alicante) a causa de una negligencia médica. Era alérgica a la penicilina, y aun sabiéndolo, los médicos se la inyectaron, cuando, al regreso de un viaje a Madrid se puso enferma repentinamente, con fiebre muy alta. Al quitarle la aguja ya estaba muerta.

Tardaron tres días en enterrarla, debido a que era cataléptica y había repetido en muchas ocasiones que era su deseo que esperasen antes de darle sepultura, pues tenía pánico a ser enterrada viva (lo que no era tan extraño en esos años).

Actualmente sus restos reposan en el cementerio de San Vicente del Raspeig, con una humilde lápida en la que figura el siguiente epitafio, escrito por su amigo Vicente Maciá Hernández: VIVIÓ PARA LOS DEMÁS. Hermosas palabras.

La información que figura en este artículo la he obtenido principalmente de un  magnífico trabajo sobre la autora escrito por Enrique Martínez Peñaranda [Marisa Villardefrancos y los años de la Radio. Arbor, Madrid, CSIC, 2006]; y de una ilustrativa y emotiva entrevista de Estrella Cardona Gamio a Vicente Maciá Hernández, buen amigo de la escritora, que se puede buscar fácilmente en internet.

Dudo que Enrique Martínez, Vicente Maciá o Estrella Cardona lean alguna vez este pequeño blog, pero desde aquí quisiera que este artículo no sólo sirva de humilde homenaje a María Luisa Villardefrancos, una extraordinaria mujer que supo sobreponerse a todo tipo de adversidades, sino también a todas aquellas personas que hacen posible que conozcamos algo de estos escritores de los que trata este blog. Y entre estas personas se encuentran Enrique, Estrella y Vicente, a quienes no conozco personalmente, pero a los que me gustaría darles las gracias, pues han rendido con sus palabras y sus actos el mejor homenaje que pueda recibir nadie. Muchas Gracias por mantener viva su memoria.

Marisa villardefrancos la casaa de la nieblaTítulo: La Casa de la Niebla

Autor: Marisa Villardefrancos

Colección Biblioteca de Chicas nº 165. Editorial Cid

Portada: Xelia

1ª edición: Enero 1958

 

        Esta era una mujer que iba al mercado y le cogió la noche por el monte, y oyó tocar a misa, y mirando mirando, vio una iglesia y fue para allí para cumplir así con su devoción.

         Estaba toda llena de gente; pero por más que se afanaba por verles la cara, no podía, y al finalizar le pidió a una mujer que si le podía echar una mano a la cesta para subirla a la cabeza, y en el movimiento que hizo la otra para ayudarle se dejó ver, y entonces la pobriña se sintió que mismo se le helaba la sangre en las venas y creyó que se caía al suelo perdidos los sentidos…

Aquella mujer no tenía cara y la miraba con unas cuencas vacías de calavera, llenas de una luz azul como la de esos fuegos que andan por la noche por los cementerios. Salió la vendedora aterrada, comprendiendo que había asistido a la misa de ánimas, que es al filo de la media noche, y ocurriéndosele mirar denro del cesto, encontró la mano que el alma en pena le había echado: una mano yerta, agarrotada en el borde, fría y dura…una mano de muerto…”

Este fragmento, que parece sacado de las Leyendas de Becquer, y que podría haberse extraido de cualquier obra de la colección Selección Terror, pertenece en realidad a “La casa de la niebla”, una novela de sentimientos más que romántica de Marisa Villardefrancos que –no os hagáis ilusiones- no es de terror, pero que sirve para comprobar que estas escritoras encasilladas en la novela romántica hubieran sido capaces de escribir cualquier otro tipo de género.

Podría haberme inclinado por comentar alguna de las grandes trilogías que publicó la autora en esta colección, pero he preferido escoger para esta reseña una novela autoconclusiva que puede servir mejor como iniciación al lector. Lo primero que hay que destacar de la obra es que está muy bien escrita, con una prosa mucho más depurada de lo que suele ser habitual en la novela popular, y con múltiples referencias literarias e históricas que muestran el elevado nivel cultural de la autora. El Cid, Alejandro Magno, Pedro I el Cruel, Fausto y muchos más célebres personajes encuentran sus correspondientes referencias a lo largo de las páginas de esta historia, al igual que podemos encontrar poesías de Antonio Machado, o Tagore, lo que demuestra que el potencial destinatario de estas obras no era tan analfabeto como algunos siguen empeñados en afirmar.

Resulta curioso que mientras que se suele atacar a la novela popular con el argumento de que empleaba un estilo demasiado directo, sin apenas recursos formales, a la novela romántica se le suele culpar justo de lo contrario, de emplear demasiadas florituras estéticas en su narrativa.

Por poner un ejemplo, este es un fragmento de la novela:

Toda la luz había acudido a fisgar en el alegre gabinete de Doña Adela, en donde tomaban el desayuno

Posiblemente en otro género literario de la novela popular cualquier autor optaría por una frase mucho más simple y directa, del tipo En el cuarto de Doña Adela había mucha luz.

Jan e Irene son dos hermanastros, hijos de padres distintos,  que se ven en una difícil situación económica.La madre de Jan era una viuda polaca que sobrevivió junto a su hijo a un campo de concentración, y que acabó casándose con el padre de Irene, un médico viudo que le atendió a su llegada a España. Tras casarse, los cuatro convivieron felizmente, hasta que Jan fue enviado a Francia para cursar sus estudios.

El fallecimiento de ambos progenitores deja a los hermanos en una delicada situación económica que obliga a Jan a marchar a América en busca de fortuna, motivo por el cual se dirigen a Galicia para dejar a Irene al cuidado de su tía Isaura hasta que encuentren el momento de volver a reunirse.

Isaura es una estricta mujer que vive en una hacienda conocida como La casa de la niebla, donde sobrevive en precarias condiciones económicas en compañía de sus dos hijas, Emma y Marucha. Desde un primer momento Irene puede comprobar la rígida moral de su tía, que nunca aprobó el matrimonio de su hermano con una extranjera, y que además no ve con buenos ojos la estrecha  relación que mantienen Jan e Irene.

Según avanza la novela vamos descubriendo a partir de la correspondencia que van intercambiándose que Jan está enamorado de su hermanastra –con la que no le une ningún vínculo de sangre-, mientras que Irene sólo ve en Jan a su amado hermano.

La situación en la casa empieza a complicarse, pues Isaura, movida por sus propios intereses económicos, intenta a toda costa que Irene contraiga matrimonio con Don Juan Ramón, un hombre que acaba de regresar de Cuba con una gran fortuna y que se ha encaprichado de la bella joven, que por el contrario no muestra el más mínimo interés por él, pero que no puede evitar que le corteje gracias a la constante intervención de su tía.

Otros destacados personajes de la novela son los señores de Pardo, adinerados propietarios de Casa Grande, la más lujosa villa del pueblo que ocupan cuando vienen a descansar de Madrid; Julio, un practicante que se enamora de Marucha, una de las primas de Irene; y sobre todo, Javier, el señorito de la Casa Grande, un melancólico joven que vive en Madrid, sobrino de Adela, el ama de llaves, con el que Irene entabla una estrecha amistad que acaba derivando en algo más profundo, y que le descubrirá por primera vez en su vida el amor y el dolor del rechazo.

Las mujeres del libro son personajes complejos que se encuentran desamparadas en un mundo gobernado por los hombres, en el que parece que están destinadas a casarse con el primero que les resulte conveniente sin importar lo que piensen. A pesar de ello, en la novela muestran una fortaleza de carácter y un punto de rebeldía que muy pocas veces puede encontrase en otros géneros, en los que en la mayoría de los casos el papel de la mujer se reduce al de un florero decorativo que abandonará todo con la única finalidad de que el héroe de turno acabe sentando la cabeza.

El resto de personajes tampoco resultan ser los típicos estereotipos. El personaje de Don Juan Ramón me ha parecido muy elaborado. Podría pensarse que su papel se reduciría al del hombre malvado que acosa a la desvalida Irene con la intención de obligarle a casarse con ella, pero resulta ser un hombre pragmático que sabe que Irene jamás la querrá, y lejos de intentar engañarla, se esmera en convencerla de forma sincera de que el amor es algo secundario en un matrimonio.

Querida niña, muy pocas cosas en este mundo se hacen por amor. Por regla general nuestras ilusiones se ven siempre frustadas. A mí no me importa la razón por la que se case usted conmigo, con tal que pueda presentarla en todas partes como mi mujer. Le aseguro que el cariño vendrá después”.

La casa de la niebla” es un folletín dramático muy bien escrito, que refleja fielmente la vida rural de una aldea de Galicia llena de supersticiones en los años 50, y muestra una serie de aspectos que a mí al menos me han parecido muy interesantes e incluso sorprendentes. Por un lado, la relación entre los dos hermanos, que roza el incesto. Aunque son hermanastros de padres y madres distintos, la estrecha relación que mantienen no deja de resultar escandalosa, especialmente para la mentalidad de la época, en la que ya es extraño de por sí encontrarse este tipo de familia reconstituida.  Por otro lado,  a lo largo del libro se emplea el gallego constantemente, y además se muestra una España que en ocasiones roza la miseria en la que la situación económica obliga a la gente a emigrar a América en busca de fortuna. Resulta extraño que la censura no metiera la tijera sobre algunos de estos puntos.

Decir que “La casa de la niebla” es una novela rosa es lo mismo que decir que “2001 una odisea en el espacio” es una película de marcianos, o que “Cien años de soledad” es otra novela rosa. Hay mucho más de lo que parece a simple vista, pues no es tan sólo una historia de amor –que la hay-, sino que es también una novela costumbrista y social, y repito que la insistencia en despreciar este tipo de obras considerándolas única y exclusivamente como historias tontas de amor para mujeres, no es más que ignorancia, y posiblemente machismo.

Yo soy de la teoría de que a veces se aprende mucho más de historia en estos libros que en cualquier sesudo ensayo científico, en los que te inundan de nombres de importantes personajes y de fechas de batallas –por supuesto datos muy importantes-, pero que olvidan explicar cómo era el día a día de la gente normal: que comían las clases bajas, cómo vestían, la forma en que trabajaban, cómo se divertían, o la forma en que se relacionaban las personas entre sí. La mayor parte de las novelas históricas fallan precisamente en estos aspectos, que son en los que incide precisamente la literatura popular.

Seguro que hay muchísimas novelas de este género de muy mediocre calidad, estoy convencido de ello, al igual que en el resto de géneros, pero eso no es un argumento para denostar de forma global a la novela romántica.  Ahora bien; que guste o no, eso ya es una simple cuestión de preferencias, muy respetables todas ellas.

Gran parte de la información que figura en esta reseña la he obtenido de  https://letralia.com/ciudad/cardonagamio/34villardefrancos.htm

LA HOMOSEXUALIDAD EN LA NOVELA POPULAR

Homosexuales portada 1973Desde la implantación del cristianismo en nuestro país, la homosexualidad ha sido considerada a lo largo de la historia como una anomalía, un acto contra natura que debía ser castigado con dureza. Esta concepción procede de la visión cristiana de la sexualidad, que implica que el acto sexual debe estar dirigido única y exclusivamente a la procreación; visión por otro lado fomentada por los grandes señores medievales que precisaban de constantes remesas de siervos para las labores del campo y para sus ejércitos, y la única manera de cubrir las constantes bajas era incrementando la natalidad entre sus súbditos.

Homosexuales codigo penal 1848Desde la edad Media, la homosexualidad ha sido sancionada en España con penas muy severas –incluyendo la muerte- hasta que llegamos a 1848, año en que se aprueba por primera vez un código penal en el que la sodomía no es considerada como delito, hecho que se mantuvo en las nuevas versiones de 1850, 1860 y 1870. ​ Esta supuesta legalidad no se traducía en una aceptación real, pues la práctica habitual era emplear otras leyes, como las de «escándalo público» o sobre las «faltas contra la moral, el pudor y las buenas costumbres» para sancionar la práctica de la homosexualidad con multas económicas de diversa cuantía.

homosexuales ley-de-peligrosidad-socialAprovechando este periodo de relativa relajación legislativa, se produce en 1901 el primer intento de matrimonio de una pareja del mismo sexo en España del que se tiene constancia registral. El 8 de junio de 1901, Marcela Gracia Ibeas y Elisa Sánchez Loriga, dos mujeres, contrajeron matrimonio por al Iglesia en La Coruña al hacerse pasar una de ellas por hombre, aunque al final fueron descubiertas y tuvieron que huir de España, debido a la imposibilidad de encontrar empleo y a las burlas y homofobia de sus contemporáneos. El matrimonio por cierto nunca fue anulado, debido a que nunca se consideró válido, y del hecho en el registro figuran a día de hoy como marido y mujer.

La homosexualidad como delito fue reintroducido en el código penal de 1928, durante el reinado de Alfonso XIII, con la redacción del artículo 616 del título X:

El que, habitualmente o con escándalo, cometiere actos contrarios al pudor con personas del mismo sexo será castigado con multa de 1.000 a 10.000 pesetas e inhibición especial para cargos públicos de seis a doce años”.

Hay que tener en cuenta que una multa de 1.000 a 10.000 pesetas era una cantidad desmesurada para la época, por lo que sólo los más ricos podían permitirse su pago, lo que motivaba que en la mayoría de los casos la multa se convertía de hecho en varios años de cárcel.

Este código penal fue derogado el 13 de abril de 1931 por la Segunda República, que reintrodujo el anterior de 1870. En 1932 se publicó un nuevo código penal que seguía sin mencionar la homosexualidad, lo que legalizaba las relaciones sexuales entre hombres, con la excepción del ejército. A pesar de este cambio normativo en la República, la homosexualidad continuaba siendo un tema tabú que no contaba con movimientos sociales organizados que defendiera sus derechos. En esta época, a pesar de no ser ilegal, sí fue perseguida y marginada por la sociedad española, no sólo por los sectores de ideología más conservadora, sino también por la izquierda, que empleaban la homofobia para atacar a la aristocracia y a la Iglesia. Desde el punto de vista médico –con Gregorio Marañon a la cabeza-, la práctica habitual era que se oponían a la criminalización, pero  consideraban la homosexualidad como una enfermedad para la que había que encontrar la cura.

Tras la guerra civil, la dictadura de Franco no dio sorprendentemente prioridad a legislar como delito la homosexualidad de forma expresa, preocupado como estaba por suprimir cualquier tipo de resto ideológico contrario al Régimen mediante la represión política. No obstante, se empleaba la ley de Vagos y Maleantes impulsada por consenso durante la II República para “el control de mendigos, rufianes sin oficio conocido y proxenetas” para sancionar cualquier práctica homosexual que se detectara. Debemos recordar que aunque la homosexualidad aún no era delito de manera oficial, a Federico García Lorca se le fusiló por “rojo y maricón”. El orden no lo sé.

Una vez que la represión política había hecho efecto y dejó de ser una prioridad para el Régimen, el 15 de julio de 1954 se modifica la mencionada Ley de Vagos y Maleantes para introducir –ahora sí- un apartado específico sobre la homosexualidad:

“A los homosexuales, rufianes y proxenetas, a los mendigos profesionales y a los que vivan de la mendicidad ajena, exploten menores de edad, enfermos mentales o lisiados, se les aplicarán para que cumplan todas sucesivamente, las medidas siguientes:

  1. a) Internado en un establecimiento de trabajo o colonia agrícola. Los homosexuales sometidos a esta medida de seguridad deberán ser internados en instituciones especiales, y en todo caso, con absoluta separación de los demás.
  2. b) Prohibición de residir en determinado lugar o territorio y obligación de declarar su domicilio.
  3. c) Sumisión a la vigilancia de los delegados”
homosexuales tefia

Campo “de trabajo” de Tefía

Estos establecimientos de trabajo y colonias agrícolas eran auténticos campos de concentración, como el de Tefía en la Isla de Fuerteventura (un antiguo aeródromo que se reconvirtió en centro de reclusión), en la que los presos tenían que trabajar bajo condiciones inhumanas hasta caer agotados y sufrían palizas, castigos corporales y hambre. ​Aproximadamente 5.000 personas fueron detenidas por tener un comportamiento gay durante el franquismo, condenados a trabajos en centros similares.

homosexuales ley-de-peligrosidad-socialA pesar de esta represión, en los años 60 se producen en España una serie de movimientos en las grandes ciudades y poblaciones como Sitges o Ibiza que dan una visibilidad a los gays que preocupa al Régimen de Franco, lo que lleva a un nuevo cambio legislativo que desemboca en la aprobación de la ley sobre Peligrosidad y Rehabilitación social de 1970.

Serán declarados en estado peligroso, y se les aplicarán las correspondientes medidas de seguridad y rehabilitación los que realicen actos de homosexualidad”. Así se pronunciaba esta ley sobre Peligrosidad y Rehabilitación Social, que situaba a los homosexuales en el mismo nivel que los proxeneteas, toxicómanos, traficantes de drogas, o pandilleros, por citar tan sólo algunos ejemplos. El texto, fue aprobado para “corregir los defectos observados en el sistema” y con “el primordial compromiso de reeducar y rescatar al hombre para la más plena vida social”.

La Ley establecía penas que iban desde multas hasta penas de cinco años de internamiento en cárceles o centros psiquiátricos para la «rehabilitación» de los individuos.

Como consecuencia, los homosexuales no sólo eran sometidos al aislamiento social en manicomios y prisiones, sino que los condenados no podían reintegrarse en la sociedad hasta que no se hubiera evaluado su “curación“, por lo que, no podían beneficiarse de indultos, amnistías, redención de penas o libertad condicional como otros presos.

El tema del aislamiento vino dado por las teorías de un médico con gran influencia en el Régimen de Franco llamado Valentín Pérez Argilés, que dijo que la homosexualidad era una enfermedad contagiosa, y por lo tanto la solución pasaba por el aislamiento total, a la confinación del enfermo a lugares remotos y alejados de la sociedad sana y pura del franquismo.

Los “invertidos sexuales” se catalogaban en genuinos congénitos (o de nacimiento) y los ocasionales (o viciosos). Tan excepcional como la ley fue el tratamiento carcelario que recibieron. El régimen estableció dos penales específicos, uno en Badajoz y otro en Huelva, donde se enviaban a los pasivos y los activos respectivamente; y en la mayoría de las grandes cárceles había una galería para “invertidos”. En estos establecimientos, se pretendía reconducir la orientación sexual de los presos mediante lo que se denominó terapia de aversión: tras estímulos homosexuales se daban descargas eléctricas, que cesaban cuando había estímulos heterosexuales.

También hay evidencias de que se llegaron a practicar lobotomías para “curar” a los homosexuales, y el propio Juan José López-Ibor se jactó de algún éxito en este sentido en alguna conferencia médica.

Hay constancia documental de que aproximadamente 1.000 personas fueron conducidas a estos centros de reeducación.

Una prueba de la aceptación social real de la homosexualidad al morir Franco es que ni el indulto del 25 de noviembre de 1975 ni la amnistía del 31 de julio de 1976 beneficiaron a los homosexuales que habían sido detenidos fruto de la mencionada Ley de 1970. Nadie se acordó de ellos.

El martes 26 de diciembre de 1978, el Gobierno de Adolfo Suárez puso fin a la ilegalidad de la homosexualidad en España. El debate parlamentario llevó a la supresión de algunos artículos de la ley franquista sobre Peligrosidad y Rehabilitación social de 1970 que incluía a aquellos que practicaban la mendicidad, la homosexualidad, el vandalismo, el tráfico y consumo de drogas, la venta de pornografía, la prostitución y el proxenetismo, inmigrantes ilegales y a cualquiera que fuera considerado peligroso social por el régimen (284 votos emitidos, 278, A favor y 6 abstenciones). Por tanto, inicialmente la homosexualidad se eliminó como delito, siendo derogada la Ley definitivamente diecisiete años después, el 23 de noviembre de 1995, pero socialmente aún quedaba mucho camino por delante.

Tras este breve repaso de la evolución legislativa, podemos analizar ahora cómo ha evolucionado la forma en que la sociedad veía a los homosexuales en España, y como siempre, no hay termómetro más fiable que la novela popular.

Lo primero que quiero dejar claro es que considero que no hay que cargar las tintas en modo alguno sobre los autores responsables de los contenidos que podréis leer a partir de este momento. Desconozco el pensamiento real de cada uno de ellos en lo que respecta a la homosexualidad, pero desde luego hay que considerar que los autores son fruto de una época en la que las cosas se veían de manera muy diferente a la actual, igual que ocurre con otros temas como el racimo o el machismo. Estos libros son el fiel reflejo de un momento determinado de la historia, y juzgar a estos autores es tan absurdo como culpabilizar a los escritores de la Roma imperial de no defender el derecho de los esclavos.

I.G lectte la demenciaAntes de iniciar el repaso por las novelas de ficción, me gustaría señalar –para contextualizar- lo que se dice de la homosexualidad en uno de los característicos bolsilibros de carácter divulgativo que proliferaban en la época; en este caso “La demencia, en el umbral de la locura” (1977), nº 14 de la Biblioteca Rápida de Easa, de I. G. Lectte, un supuesto especialista en la materia que no es otra que Isabel González Lectte, una habitual de la novela popular española, que destacó en la novela romántica y también en el Terror.

El libro es un supuesto manual técnico de conductas que la propia autora define como “al límite de la locura” que incluye temas como la toxicomanía, las crisis afectivas, la neurastenia, la cleptomanía, la epilepsia…y la homosexualidad.

Respecto a esta última, la autora indica que “La homosexualidad en la mayoría de los casos, es casi siempre un mal involuntario en el que se cae por un fallo de los educadores durante la edad infantil, o como consecuencia de algún trastorno mental.

Cuando un niño acusa en su infancia unas inclinaciones y gustos puramente femeninos, hay que someterlo sin pérdida de tiempo a los cuidados de un médico adecuado”

El libro sigue al pie de la letra las teorías de Gregorio Marañon, que concluyó que la falta de educación era un factor determinante para caer en la delincuencia y la homosexualidad, y que la mayoría de los enfermos que la padecían  tenía un coeficiente intelectual inferior al tipo medio de los españoles y que además sufrían de neurosis.

Creo que este libro, que repito que no es de ficción, puede darnos una idea exacta de la situación en 1977. Y ahora vamos a lo que importa, a la visión de la literatura de ficción.

En los primeros años de la novela popular es muy difícil encontrar el más mínimo  rastro de la homosexualidad, al margen de unos pocos personajes secundarios que se mencionan muy por encima. Hasta los años 70 la homosexualidad era un tema tabú que resultaba sumamente incómodo, de modo que la mejor opción literaria era obviarla. Además, la censura resultaba especialmente férrea en los temas morales, de forma que cualquier mención a algún personaje homosexual era eliminada. Sobre este punto he tenido oportunidad de revisar muchos expedientes de censura, y no he encontrado ni una sola corrección derivada de la aparición de personajes homosexuales. El motivo es claro, y no es otro que la propia autocensura que se imponían los autores para evitar problemas con la censura en la publicación de sus obras. Resultaba tan obvio que los personajes homosexuales tan sólo podían ser un obstáculo para la autorización de la novela, que ni se molestaban en ponerlos. Lo máximo que suele encontrarse son expresiones indirectas al respecto, como que alguien tiene un rostro afeminado, o cosas parecidas.  Los hombres son todos muy masculinos, y las mujeres muy femeninas, y las historias de hecho siempre tienen que acabar con planes de boda. En estos primeros años no creo que sea sencillo que se mencione la palabra homosexual, o lesbiana, o nada similar. Mucho menos gay, término que en Estado Unidos empezó a emplearse con asiduidad en los años 60, pero que en España no se introdujo hasta muy avanzados los 80.

Para hacernos una idea de este tipo de referencias indirectas, encontramos este fragmento en “Asesinatos en el estadio” (1951), de Peter Debry, nº 46 de la colección Servicio Secreto de Bruguera, referido a un personaje que aparece de forma tangencial en la historia:

“—Ha mortificado al muchacho —comentó Vespa, al marcharse el argentino—. Y es un buen chico.

—Poquita cosa para mí. No me gustan los hombres que se perfuman y son incapaces de pelear por lo que desean.”

O esta otra de “Cadáveres ambulantes” (1951), también de Peter Debry, nº 66 de la misma coleccón:

—No puede ser, Buck; no puede ser. Usted no es un afeminado cobarde. Usted no puede ser un vergonzoso cobarde.

Más extraño es el caso de “Epidemia de plomo” (1962), del que he tenido conocimiento gracias a Gerard Martínez, un gran aficionado a la literatura popular. En esta novela, nº 86 de colección Gangsters! de Rollán, de Fred Hercey (Fernando Orviso Hercé), hay un gangster claramente homosexual al que el protagonista se dirige constantemente llamándole marica. El único motivo que explica que este personaje sobreviviera a la acción de la censura es que es malvado y tiene el final que merece.

De cualquier modo, hasta los 70 se evita de forma generalizada cualquier mención a los homosexuales. Esto cambia radicalmente al entrar en dicha década, en la que empieza a ser frecuente la aparición de personajes gays, aunque eso sí, siempre con connotaciones negativas o como elemento humorístico –de burla, más bien-,  empleando en muchas ocasiones las palabras marica, desviado, y demás términos homófobos para referirse a este colectivo.

En “Un ataúd forrado de rojo” (1972), nº 1.160 de Servicio Secreto, de Bruguera, Silver Kane hace referencia a una pareja de hombres casados, y en una de las más extraordinarias notas a pie de página que he podido ver en un bolsilibro, hace el siguiente comentario al respecto –no sé si con la intención de burlárse de la censura- :

Las reciente leyes inglesas, en efecto, toleran inexplicablemente las uniones entre personas del mismo sexo, y atribuyen a esas uniones una serie de efectos civiles, como sucesiones hereditarias, donaciones, domicilio oficial, etc. Ni que decir tiene que ningún país ha imitado hasta ahora tal extravagancia”.

Como curiosidad respecto al tema de la homosexualidad en estos años, Angel Torres Quesada confesó en una entrevista que creó el personaje de Alice Cooper –eje de algunas de las historias que conforman su famosa saga del Orden estelar- para tocarle las narices a la censura, porque en las dos primeras páginas en las que sale se ve cómo el oficial está enamorado del comandante de la nave. Lo primero que uno piensa es que el oficial es homosexual, hasta que se descubre que el comandante es Alice Cooper, y que es una mujer. En 1972, año en el que comenzaron a publicarse estas novelas, hubiera sido impensable dar el protagonismo de una historia a un homosexual.  No obstante debo destacar que en la obra de este gran autor aparecen con bastante frecuencia personajes homosexuales (lesbianas principalmente), y reciben un trato bastante aceptable para lo que podía esperarse en estos años. Quien quiera verlo con mayor detalle no tiene más que leer “Destino: Deneb IV”, “La plataforma de los Dioses”, o “La Batalla de Sarkamat”, obras en las que se hace referencia al lesbianismo de forma bastante moderada.

En “La hija de Frankenstein” (1973), nuevamente de Silver kane, nos encontramos con uno de los mejores ejemplos posibles de la idea que existía en estos años sobre la homosexualidad, derivada de la visión médica de la época: la de que eran enfermos que precisaban de una cura, muy en la línea que ofrecía la Ley de 1970, según la cual los homosexuales debían ser internados para recibir un tratamiento que corrigiera su conducta.

Uno de los personajes del libro, amigo del protagonista, es un detective llamado Michael que es gay (afeminado, según la terminología de la época), algo muy inusual en la novela popular, pues no se trata de un villano, sino de un personaje que está en el lado correcto de la ley. Pues bien, por una serie de avatares que tendrá que descubrir el lector, recibe un tratamiento médico con un extraño efecto secundario, pues de repente le empiezan a atraer las mujeres. Sí, sí, habéis leído bien.

—Debe ser el tratamiento que me han dado, chico. No sé qué me pasa… Pero ahora me doy cuenta de que las mujeres son preciosas y de que están en el mundo para algo.

Tuc musitó:

—Pues eres el que más ha salido ganando, cuerno… ¡Ya era hora de que comprendieses! ¡Ya era hora de que quitases de tu despacho todos aquellos tipos haciendo gimnasia y lo llenaras de chicas en bikini!

—Así lo haré —prometió Michael—. Así lo haré en seguida, muchacho. Todos aquellos tíos sacando músculo… ¡Uf! ¡Qué pesadez!

Y salió con él.

Pero, de pronto, se acordó de algo.

Gimió:

—Muchacho, ¡será un desastre!

—¿Por qué?

—¿Y lo preguntas? Voy a perder todos mis clientes. ¡Los perderé todos! ¡Toditos! ¡Todooooos!

El autor emplea el tema de la homosexualidad como elemento humorístico, ajeno a la realidad que debieron vivir, víctimas de una legislación que los consideraba “personas peligrosas”.

Homosexuales hermanos gaylorNo es la única ocasión en la que Silver Kane –muy aficionado al uso del humor en suis libros-  emplea este recurso en sus obras. Como curiosidad, una de sus obras del Oeste se llama “Los hermanos Gaylor”, y aunque el contenido de la obra no tiene nada que ver con la homosexualidad, el apellido de los hermanos unido a la portada, da mucho que pensar.

En “La maldición de Kaaleenx” (1975), nº 272 de La Conquista del Espacio de Bruguera, Kellton Mc Intyre nos lleva al «Transpace-15», en una peligrosa misión a bordo de un transporte de uranio que parte desde el lejano asteroide Boor, en el confín de la Vía Láctea, en compañía de una tripulación compuesta por 7 personas que por diversas causas tienen  pocos motivos para continuar viviendo. Uno de ellos es Marley, “Un desesperado. ¿Cuál era su culpa? Había nacido siendo homosexual.

Un personaje que como es habitual acaba de muy mala manera:

“Pensaba en Marley, profundamente agobiado.

En Marley, el homosexual, en Marley, un ser humano al fin, que había vivido una existencia miserable, abandonado de todos, despreciado y escarnecido; en Marley, que jamás había conocido el amor. En Marley, finalmente, que creía en Dios con intensidad desesperada.”

El mismo esquema es empleado de nuevo por Kellton McIntyre en “Cita en Ganímedes” (1981), nº 545 de La Conquista del Espacio. En esta novela, nuevamente hay una tripulación compuesta por personas desesperadas, entre las que se encuentran “Kardiss, un homosexual lleno de frustraciones, infeliz hasta la médula; Jones era un negro, un ser que perseguía desde siempre una integración honorable… que jamás conseguiría; Payne… un viudo grotesco, un suicida, que lloraba a su esposa muerta como un bebé, que se incluía en todos los lances peligrosos, ansioso por hallar la paz de la muerte.”

Es decir, que la visión de Kellton Mcyntire sobre los homosexuales es que son personas frustradas condenadas a la desesperación por su condición.

En “Los ojos de la Gorgona” (1977), nº 201 de la colección Selección Terror de Bruguera, Curtis garland introduce dos personajes homosexuales (un hombre y una mujer), cuya presencia está justificada por el desarrollo de la trama. Cuando se publica la novela, nos encontramos en plena transición, pero la homosexualidad seguía siendo vista como una anomalía, y de hecho en la novela  los dos personajes mencionados son malvados, y su sexualidad no deja de ser más que otra característica de su anómala conducta criminal.

En “Amazonas de la Galaxia” (1978), nº 431 de la colección La Conquista del Espacio, Curtis Garland nos traslada al planeta Lesbos, que como os podéis imaginar, está poblado por criaturas lesbianas que engañan a los hombres con fines reproductivos. Nuevamente homosexual=malvado, algo habitual en los libros de Garland.

Lady Killer” (1979), nº 923 de la colección Punto rojo de Bruguera, es una novela policiaca de Albert Rossbund en la que el detective Sommars investiga el brutal asesinato de una mujer, en el que la principal sospechosa es otra mujer a la que se vio huir del escenario del crimen. Todas las pistas conducen a una serie de clubs donde se reúnen homosexuales, transexuales y demás “desviados” (literal de como viene en el libro), y en donde deberá realizar sus pesquisas el detective. Esta novela la considero muy representativa, pues ya se habla con normalidad de la existencia de locales donde se reúnen los homosexuales, aunque eso sí, considerándolos de forma despectiva. Fiel reflejo de esos años, en los que la sociedad aún consideraba a los homosexuales con desprecio.

Como era de esperar, Joseph Berna, que siempre aportaba un punto picante a sus historias,  también nos da su versión sobre la homosexualidad, en la novela “Las Brujas de Atox” (1980), nº 501 de La Conquista del Espacio, una historia en la que el protagonista llega a un planeta poblado única y exclusivamente por mujeres, que son lesbianas, pero simplemente porque no hay hombres:

—Sí, pero no se me había ocurrido pensar que…

—¿Que fuéramos lesbianas?

—Eso —tosió Kevin.

—Lo somos a la fuerza, no por vicio.

—Sí, claro.

—Algunas mujeres terrestres también lo son, y no lo entiendo, la verdad. Si en Atox hubiese hombres, nosotras no seríamos lesbianas, estoy segura.”

Nuevamente la homosexualidad es una anomalía que podría evitarse, y se asimila con un vicio.

Clark Carrados es de los escritores muy poco dados a mencionar la homosexualidad en sus novelas, pero rebuscando se puede encontrar alguna referencia como la que aparece en  “Arde, Tierra, arde” (1981), nº 596 de La Conquista del Espacio. En una fecha tan avanzada, con la democracia ya en marcha, el autor escribe acerca de una cárcel en la que mete en el mismo saco a los homosexuales con todo tipo de delincuentes:

“”En la granja número 866-A había de todo: ladrones, asesinos, estafadores, violadores, homosexuales, desertores… pero la evasión era imposible.”

En “Cita en el invernadero”, selección terror nº 433 de Lou Carrigan, ya en plenos años 80, se observa una clara evolución en la visión que tenía la sociedad sobre la homosexualidad, que ya no era delito; una sociedad en la que empezaban a convivir la aceptación y el rechazo al respecto.

“- Ha venido a decírmelo la lesbiana.

-¿Quién?-Se sorprendió Emil.

– La viuda Hidoine.

-Ya. Bueno, Claudine, querida, creo que no deberías decir esas cosas. En primer lugar, cada cual puede hacer lo que le guste, y en segundo lugar, no tienes ninguna base para decir que Madame Hidoine es lesbiana.

– ¿Cómo que no tengo ninguna base¿Y la cadenita?

-¿Qué cadenita?

-¡La que lleva en el tobillo derecho!….Tú ya sabes lo que dicen que llevan eso son…pues eso.

En la misma línea Lou Carrigan introduce otro personaje gay en la novela “El comprador de recuerdos“, (Selección Terror 469), de 1982. Al igual que ocurre en el título anterior,  la homosexualidad se contempla desde dos puntos de vista enfrentados, pues mientras para unos personajes (curiosamente son siempre los femeninos) es una aberración, para otros les resulta indiferente, contemplándola como un aspecto más de la libertad humana.

Volvió la cabeza hacia la dama, que acababa de darle un golpecito en un brazo.

—Es una lástima, ¿verdad? —dijo la dama.

—¿El qué? —se desconcertó Helmutt.

—Lo de ese hombre. El muchacho es guapo, pero el de más edad es… o parece otra cosa. Lástima, sí.

Helmutt volvió a mirar a la pareja. El muchacho decía algo agitando una mano. En la muñeca destellaba un grueso nomeolvides de oro. Aunque quizá destellaban más los espléndidos y casi infantiles ojos del bello rubito.

De pronto, Helmutt comprendió. O creyó comprender: eran dos homosexuales.

Volvió la cabeza de nuevo hacia la dama, y, tras encoger los hombros, dijo:

—Creo que la entiendo, Madame, pero allá cada cual con sus cosas.”

No siempre Lou Carrigan tiene una visión tan abierta sobre la homosexualidad, y como muestra dejo este fragmento de “La gran evolución”, nº 737 de La Conquista del Espacio, publicado ni más ni menos que en 1985:

“—Pues sigo diciendo que es un asco. Y además, la señorita Parks tiene un polvo de muerte.

—Quizá el señor Wonderline sea homosexual.

—¡Hombre, no! — llegó al colmo de la pena el sargento Gruson.

—Los hay así —movió los dedos Albert como formando racimo, con las puntas hacia arriba—. Hoy día hay más maricones que cocos en una selva. Sobre todo entre los tipos con dinero, como es el caso del señor Wonderline… Ahí viene Denis.”

Son incontables los ejemplos que podemos encontrar, especialmente en los últimos años de la novela popular, pero creo que van todos en la misma línea, de modo que nos permiten ver la evolución al respecto, y confirmar que afortunadamente las cosas han cambiado en estos años, y mucho, por más que se empeñen algunos en decir que seguimos igual que en el franquismo.

Una prueba definitiva de que la novela popular es un fiel reflejo de la sociedad de cada época es “El Corsario Escarlata” (2003), de Donald Curtis. A finales de los 80 la novela de quiosco prácticamente había pasado a mejor vida, con unas pocas excepciones como la de la colección Piratas de Astri a la que pertenece esta novela.

Debido a la extinción de este tipo de literatura, no es posible analizar de forma completa la evolución del mundo gay dentro de la literatura popular, cuya visión se reduce a los años oscuros, por llamarlos de alguna manera.

Pues bien, en esta novela hay un destacado personaje homosexual que nada tiene que ver con lo que hemos visto hasta ahora, tratado desde una perspectiva que se corresponde con los años en que fue publicada, lo que demuestra que los autores se iban adaptando a cada época, dando al público en cada momento lo que esperaban ver.

Vuelvo a repetir que no se debe juzgar a los autores que se mencionan en esta reseña por lo que escribieron hace muchos años, en una época muy diferente en la que además no podías desmarcarte del pensamiento oficial. Estoy convencido de que si hoy siguieran escribiendo, tratarían el tema de forma distinta. Lo único que hacían era reflejar una realidad social.

LOS LADRONES DE GUANTE BLANCO EN LA NOVELA POPULAR

Rocambole2La imagen que tenemos del personaje del ladrón de guante blanco es la de un hombre muy atractivo, de vida aparentemente intachable, por lo general perteneciente a la nobleza, que lleva una doble vida secreta, pues dedica sus ratos libres a robar las joyas de los más ricos con la intención de destinar las ganacias a causas altruistas, o simplemente como un desafío personal. En sus robos jamás emplea la violencia, y siempre consigue eludir la acción de la justicia gracias a una astucia y habilidad fuera de lo normal.

Tal vez el origen de esta figura debamos buscarlo en Rocambole, un personaje literario mitad aventurero, mitad ladrón, creado por el prolífico escritor francés del siglo XIX Pierre Alexis Ponson du Terrail. Este olvidado personaje, cuyas primeras aventuras se publicaron entre 1857 y 1858 en el diario “La Patrie” bajo el título de “Los Dramas de París”, forma parte de los inicios del folletín literario.

Rocambole

Edición española de Rocambole

Rocambole inicialmente se presenta a los lectores como un personaje con connotaciones claramente negativas, pues es el aliado del malvado Sir Williams, al que finalmente asesina al darse cuenta de su maldad, motivo por el que acaba en prisión. Sin embargo, es a partir de la cuarta novela de la serie, cuando el personaje sufre un cambio radical, al escapar de prisión arrepentido de sus actos anteriores, convirtiéndose en un ladrón ingenioso y caballeresco que roba a los ricos para dárselo a los pobres, y que a modo de firma personal deja en el lugar de sus robos una sota de corazones.

Raffles_25A partir de ahí E. W .Hornung, cuñado de Arthur Conan Doyle, crearía en 1898 a Arthur J. Raffles, como contrapartida de Sherlock Holmes,  estableciendo de forma definitiva los principios que definen la figura del ladrón de guante blanco; es decir, la de un hombre que aparentemente lo tiene todo y que por diversos motivos, siempre nobles, se dedica a cometer robos esquivando eternamente a la policía gracias a su habilidad e inteligencia. No es difícil ver la influencia de Sherlock Holmes en Raffles, con el que comparte muchos puntos en común: tiene a su propio Watson (Harry “Bunny” Sanders); habla varios idiomas de forma fluida y puede imitar multitud de acentos; es un maestro del disfraz; su ego es enorme, lo que le lleva a cometer robos imposibles por el único motivo de demostrar que es capaz de realizarlos; e incluso tiene su propia muerte y posterior resurrección literaria.

raffles 1929Un Raffles que como todo el mundo sabrá dio lugar en España a una serie de novelitas  “inspiradas” en este personaje. Recomiendo al que quiera más información sobre este folletín hispano que se de un paseo por el que es sin lugar a dudas uno de los grandes blogs de la literatura popular, que no es otro que el Desván del Abuelito, pinchando en el siguiente enlace: https://eldesvandelabuelito.wordpress.com/2012/12/16/5479/.

Tras la aparición de Raffles surgirían personajes similares, pero que no alcanzaron un éxito que les permitiera sobrevivir al paso del tiempo.  Entre éstos destacaría Les 21 jours d’un neurasthénique (1901) de Octave Mirbeau; libro por cierto publicado en España en 2017 en el que Georges Vasseur, el neurasténico del título, narra diversos encuentros con personajes de todo tipo, uno de los cuales es Arthur Lebeau, un ladrón de guante blanco. El autor, Octave Mirbeau (1848–1917), fue un periodista y crítico de arte que además escribía obras de ficción; un anarquista al que me gustaría destacar por alguna de sus frases, que creo que están a día de hoy más vigentes que nunca:

Octave_Mirbeau

Octave Mirbeau, el anarquista que creó a un ladrón de guante blanco

 “Los corderos van al matadero. No se dicen nada ni esperan nada. Pero al menos no votan por el matarife que los sacrificará ni por el burgués que se los comerá. Más bestia que las bestias, más cordero que los corderos, el elector designa a su matarife y elige a su burgués. Ha hecho revoluciones para conquistar ese derecho”.

Una cosa que me asombra prodigiosamente, es que, en el momento científico en que estoy escribiendo, tras las innumerables experiencias y los escándalos políticos, pueda todavía existir en nuestra querida Francia un elector, un solo elector, ese animal irracional, inorgánico, alucinante, que consienta abandonar sus negocios, sus ilusiones o sus placeres, para votar a favor de alguien o de algo”.

arsenio lupinNo obstante, la figura del ladrón de guante blanco no alcanza la inmortalidad hasta que Maurice Leblanc da a luz en 1905 al que es probablemente el más popular de los ladrones de guante blanco: Arsenio Lupin. Este personaje consiguió en Francia una inmensa popularidad, similar a la de Sherlock Holmes en el Reino Unido, alcanzando un total de 20 títulos publicados, a los que debemos añadir cuatro secuelas más (autorizadas) escritas por Boileau-Narcejac. La mención al famoso de los detectives no es casual, pues Lupin llegaría a enfrentarse a él en uno de sus relatos, aunque bajo el nombre de Herlock-Sholmes, para evitar problemas legales. Difícilmente alguien podría relacionar a ambos personajes.

La figura de Arsène Lupin (nombre original de Arsenio) engrandece las características del ladrón de guante blanco: un hombre elegante y seductor; de gran cultura; experto en boxeo y todo tipo de artes marciales; y que sin embargo se dedica a robar, eso sí, siempre a los más ricos y sin emplear la violencia, ejerciendo de auténtico Robin Hood para los más desfavorecidos.

Fantomas1911Tras el enorme éxito de Arsène Lupin se produjo una auténtica invasión de ladrones de guante blanco literarios, entre los que cabe destacar a Fantomas, el personaje creado en 1911 por por Marcel Allain (1885-1970) y Pierre Souvestre (1874-1914), que llegaría a protagonizar 32 novelas y múltiples adaptaciones  al cine y televisión. He de señalar que la inclusión de Fantomas en esta reseña puede no ser acertada, pues este personaje tiene ciertas características que le alejan del concepto de ladrón de guante blanco, pues mientras que en éste último la no violencia es una de sus señas de identidad, Fantomas no duda en ser implacable cuando lo considera necesario, y de hecho en ocasiones se muestra como un sádico sin compasión. No obstante, su origen aristocrático, y el hecho de ser un protagonista que se dedica al crimen, me ha convencido para incluirlo aquí.

Otros ladrones de guante blanco a mencionar son Simon Templar, alias El Santo, el personaje creado por Leslie Charteris en 1928 que alcanzó gran fama gracias a la serie de Tv protagonizada por Roger Moore; y más adelante Henrý Prince, personaje de Cecil Freeman Gregg que apareció en los años 30 en tres novelas.

Lógicamente en la novela popular española la aparición del ladrón de guante blanco es un recurso muy habitual, pues permite a los autores mezclar de forma sencilla acción y misterio con un toque de romanticismo que sólo pueden aportar estas figuras literarias, envueltas de un halo de misterio muy característico, pues los ladrones de guante blanco son hombres intrépidos que cometen delitos, sí, pero siempre movidos por causas nobles.

Audax 02aaResulta inevitable no destacar entre los ejemplos de este tipo de personajes en la literatura popular a Audax, el personaje creado por Pedro Victor Debrigode que inició su andadura en 1946 protagonizando un total de 6 títulos, y  que bien merecería una reseña independiente. En esta serie de historias, Lord King es un distinguido coleccionista de antiguedades, un joven aparentemente apocado que vive en Nueva York  junto a su ama de llaves –Grumpy- y la sobrina de ésta –Baby- , su bella y eficiente secretaria, y que oculta tras esa fachada a un intrépido ladrón de guante blanco.

marido a medianocheEl romanticismo que envuelve a los ladrones de guante blanco permite que sean personajes con cabida en prácticamente cualquier género literario, y como muestra nos encontramos con “Marido a medianoche”, de María Adela Durango, una novela romántica publicada en 1968 en el nº 975 de la colección Rosaura de Bruguera. En la novela un ladrón de guante blanco se cuela en el apartamento de la protagonista, Nicol Veguer, una estudiante de derecho que denuncia el suceso a la policía, que no logra descubrir la identidad del ladrón. Por azares de la vida Nicol descubre que el ladrón no es otro que un compañero de facultad llamado Carlos Sort, un enigmático joven al que intentará reconducir por el buen camino, llevándose de paso alguna que otra sorpresa. Obviamente el tema del ladrón de guante blanco tan sólo sirve de fachada para organizar la habitual historia romántica, pero resulta interesante su presencia en un género tan aparentemente ajeno como es la mal llamada novela rosa.

Curtis Garland volvería a emplear la figura del ladron de guante blanco en “Halcón de plumas de oro”, nº 1.590 de la colección Servicio Secreto de Bruguera. En esta ocasión el protagonista del libro es un ladrón al que llaman “El halcón”, un hombre que roba a los ricos para dárselo a los pobres, y que recibe el encargo de recuperar el desaparecido Halcón de las Plumas de Oro, una estatua que forma parte de la milenaria ceremonia de coronación al trono de un exótico país árabe. El destino de un país está en sus manos, en una compleja  trama de política internacional en la que hay muchos intereses en juego.

Aparte del obvio homenaje al Halcón Maltés representado por la estatua, la novela es una nueva revisitación a la tradicional figura del ladrón de guante blanco en la que destaca su vertiente de intrépido y noble aventurero.

Y por último, me gustaría añadir la reseña de una curiosa novela de Terror de Curtis Garland en la que el protagonista es un ladrón de guante blanco clásico.

curtis garland Gabinte doctor sangreTÍTULO: EL GABINETE DEL DOCTOR SANGRE

AUTOR: CURTIS GARLAND

COLECCIÓN SELECCIÓN TERROR Nº 211 . EDITORIAL BRUGUERA

1ª EDICIÓN 1977

PORTADA: Desilo

Hay que reconocer que la portada de Desilo, la autoría de Garland, y un título tan llamativo hacen que resulte imposible comenzar a devorar esta terrorífica novela.

Con tan sugerente título, homenaje al mítico film de Robert Wiene, “El Gabinete del doctor Caligari” (1920), nos adentra Juan Gallardo Muñoz en una historia que mezcla todo tipo de ingredientes, empezando por médicos que recuerdan a Jack el Destripador (al que se menciona en el libro), hasta ladrones de guante blanco al más puro estilo de Raffles, el famoso personaje creado en 1890 por E. W. Hornung, cuñado de Arthur Conan Doyle. La comparación con Raffles no es gratuita, pues en más de una ocasión el autor se refiere a este personaje –y a Arsenio Lupin-  de forma expresa.

En la novela, ambientada en el Londres de 1975, James S. Quayle es un doctor especializado en cirugía que tiene su consulta en Francis Street, una calle cercana a la Catedral de Westminster. Nada más comenzar la historia se nos muestra un feroz asesinato a cargo del buen doctor, que con la complicidad de su rubia y exhuberante enfermera Gladys acaban con la vida de Sally Kane, una camarera que ha tenido la desgracia de acudir a la consulta médica equivocada.

Nos encontramos por tanto con uno de esos libros en los que el misterio no gira alrededor de quién es el asesino –que queda identificado en las primeras páginas-, sino de los motivos por los que se cometen los crímenes, lo que no quita para que haya alguna que otra sorpresa en lo relativo al asesino.

Tras este primer capítulo en el que se nos da una primera pincelada del asesino, descubrimos que Sally Kane (¿algún parentesco con Silver Kane?) no es la única víctima de un asesino que tiene en jaque a Scotland Yard. Por si no fuera suficiente la aparición de un nuevo asesino en serie de mujeres, la brutalidad de los crímenes devuelve al público la memoria del más tristemente famoso asesino de todos los tiempos, un Jack el Destripador que aparentemente ha regresado del Infierno, pues todas las víctimas aparecen con el corazón, hígado y riñones extirpados, con una precisión que apunta a que se enfrentan con alguien con grandes conocimientos médicos.

Justo en este momento conocemos a un ladrón de guante blanco al que llaman “El Enigma”, un virtuoso especializado en robar joyas en hoteles de lujo, que tiene la desgracia de ser sorprendido por la policía en plena faena dentro de una habitación en la que nuestro protagonista se encuentra de forma fortuita con el cadáver de la señora Kimball horriblemente abierta en canal con precisión quirúrgica.

Tras conseguir escapar a duras penas descolgándose por la ventana mientras la policía derriba la puerta, recala en la habitación de Hazel Marsh, una doctora que sorprendentemente decide creer la versión del ladrón, y en lugar de entregarle,  le ayuda a escapar del cerco policial que rodea el hotel haciéndole pasar por su marido. Posteriormente la doctora Marsh le explicará el motivo de tan extraña conducta, al confesar que ella misma perdió de la misma manera a una de sus mejores amigas 10 años atrás, en 1965, a manos del doctor Sangre, nombre con el que Hazel se refiere al siniestro asesino que está convencida ha vuelto desde el pasado. Hazel le pide a Enigma que en pago por no haberle entregado a la policía, le ayude a descubrir la verdadera identidad del Dr. Sangre.

Uno de los ejes de la novela es sin lugar a dudas la figura de Enigma, todo un prototipo de la figura del clásico ladrón de guante blanco:

Imaginaba que eso de los ladrones de guante blanco estaba ya en desuso…

—Las viejas modas siempre vuelven —rió el ladrón—. Como el charlestón, los pulp o las películas mudas… ¿Por qué no había de volver un Arsenio Lupin o un Raffles?”

Enigma resulta ser -¡Oh, sorpresa!- un aristócrata llamado Sir Ronald Duncan, que se dedica a robar las joyas de ricos sin escrúpulos para entregar el dinero a todo tipo de causas altruistas, sin que la policía haya sido capaz de detenerle hasta el momento. En resumen, un clon de Lord Lister, alter ego de Raffles.

La investigación de los crímenes se complica para Scotland Yard, que busca un asesino con conocimientos médicos, pues justo la noche de la muerte de la Sra. Kimball se estaba celebrando en el hotel una convención de cirujanos, lo que aumenta el número de sospechosos. Una policía que por cierto no ha relacionado las muertes que se están produciendo con el asesinato de otras cinco personas cometidos 10 años atrás a los que se refiere la doctora Marsh.

¿Por qué se están cometiendo los crímenes? ¿Por qué han vuelto a producirse pasados 10 años? ¿Habrá romance entre Enigma y la doctora Marsh?. Y lo más importante de todo, ¿Aparte de mi suegra lee alguien este blog?.

Como es habitual en Garland, la novela está plagada de todo tipo de referencias literarias y cinematográficas que son siempre un deleite para el aficionado. A lo largo del libro se mencionan a Jack el Destripador, Sherlock Holmes, Arsenio Lupin, Raquel Welch, Jekyll y Hyde, Houdini…

Resultaría muy tentador pensar que el nombre de James S. Quayle pudiera ser un homenaje del autor al actor John Anthony Quayle, que participó en “Asesinato por decreto”, la película en la que Sherlock Holmes investiga los crímenes de Jack el Destripador. En dicho film el actor interpreta a Charles Warren, principal responsable de la policía en el momento en que se cometieron los crímenes del destripador; y curiosamente en la novela de Garland el principal responsable policial de la investigación del Dr. Sangre es el Superintendente Warren… Todo encajaría si no fuera porque Asesinato por decreto se estrenó en 1979, es decir, dos años después de la publicación de la novela de Garland.

Gabinete doctor CaligariYa que ha salido el tema, me gustaría recomendar a todo el que no la haya disfrutado, que no deje de ver “El Gabinete del Doctor Caligari”, la revolucionaria y fascinante película de 1920 de Robert Wiene, toda una lección de cine y el máximo exponente del expresionismo alemán. Para los que les dé mucha pereza ver una película de 1920, en el año 2005 se estrenó un remake de la misma a cargo de David Lee Fisher, que a mi personalmente me ha parecido un buen homenaje al original.

Por otro lado, la novela de Curtis Garland no guarda relación alguna con la película en lo que se refiere al argumento.

En la vida real encontramos a otro Dr. Sangre que nada tiene que ver con el siniestro personaje de la novela, sobrenombre con el que se conocía a Norman Bethune, un médico canadiense que formó parte de los 1.700 canadienses que se ofrecieron como voluntarios dentro de las brigadas internacionales para luchar en la guerra civil española (1936-1939) a favor del bando republicano, y de los cuales fallecieron 721. A este médico se atribuye la introducción de una innovación médica extraordinaria que se ha incorporado a todos los servicios médicos militares del mundo: la primera unidad móvil de transfusión sanguínea  en combate.  “Que la sangre busque a los heridos” era su lema; una pemisa que ha salvado miles de vidas desde entonces, pues una de las principales causas de muerte en combate era precisamente la pérdida de sangre durante los traslados de heridos a los centros médicos.

El Servicio Canadiense de Transfusión de Sangre se instaló en una mansión de 15 habitaciones en el número 36 de la calle Príncipe de Vergara de Madrid, a sabiendas de que los bombardeos de Franco respetaban los barrios residenciales de los más ricos. Allí organizó un servicio de captación de donantes de sangre que tuvo una respuesta masiva por parte de la población civil, lo que permitió el éxito de su iniciativa, aunque el servicio apenas funcionó durante seis meses, pues harto de lo que él consideraba una jerarquía absurda del ejército republicano, Bethune se marchó a China en 1938, donde acabaría muriendo de una septicemia.

QUERIDOS ROEDORES

las ratas asesinasMusofobia: aversión, asco o miedo irracional a los ratones, ratas, y en algunos casos, otros tipos de roedores.

Esta es la definición –que por cierto no recoge el Diccionario de la lengua española- que da la psicología a esta particular fobia, objeto de esta de esta reseña.

Las ratas despiertan un miedo ancestral muy extendido, debido a que son animales asociados históricamente a la transmisión de enfermedades –la peste negra entre otras-, además de por su voracidad, que más de una hambruna han provocado a lo largo de la historia, y que además ha dejado diversos episodios de ataques a humanos que aparecen de forma recurrente a lo largo de los años.

Tanto el cine como la literatura han explotado en multitud de ocasiones este tema, con mayor o menor fortuna, y como es lógico, los escritores de novela popular, siempre atentos a cualquier cosa que pueda servirles de inspiración, no podían ignorar a estos animales como punto de partida de alguno de sus relatos.

La dificultad como siempre es seleccionar dentro del caótico mundo de la novela popular unos cuantos títulos que nos permitan observar la visión de sus escritores sobre nuestros queridos roedores, sin que se pretenda realizar en ningún caso un listado exhaustivo de las obras protagonizadas por estos simpáticos parientes de Mickey Mouse, pues sería una tarea que requeriría una dedicación exclusiva durante un largo periodo de tiempo.

A. thorkent la amenaza de los muridosEn el género de la ciencia ficción nos encontramos de forma obvia con “Las ratas”, nº 120 de la colección Espacio de Toray, del gran H.S.Thels (Enrique Sánchez Pascual), novela que comentaré en otro momento. Algo menos obvia resulta “La amenaza múrida”, nº 322 de La Conquista del Espacio, de A. Thorkent (Ángel Torres Quesada), autor de culto al que ya dediqué una reseña en este mismo blog. En realidad esta novela es el segundo título de una trilogía protagonizada por los attolitas, una raza de ratas inteligentes —múridos es el término científico empleado en la saga—  que a punto están de provocar, por mediación de uno de sus miembros (un científico loco llamado Traoll), la extinción de la humanidad. Aunque  Ángel Torres incluyó el primer título del ciclo (“Invasor del más allá”, nº 143 de La Conquista del espacio) dentro del universo del Orden Estelar, la realidad es que nada tienen que ver con la misma. A pesar del peso de la presencia de ratas gigantes e inteligentes, la historia es un relato de ciencia ficción, con viajes en el tiempo incluidos, que no busca resaltar el lado terrorífico de estas criaturas, así que no me detendré sobre estos tres títulos, y me centraré en el género de terror.

Curtis Garland - Las ratas están locasEn este género nos encontramos con “Las ratas están locas” (1976), del omnipresente Curtis Garland, nº 181 de la colección Selección Terror de Bruguera.

La novela comienza con una cita de Confucio que todos y cada uno de nosotros debiéramos aplicarnos hoy en día:

“Si al odio respondemos con el odio… ¿qué otra cosa nos quedará… sino odio?”.

La historia se desarrolla en el año 1988,  en un futuro marcado por la inestabilidad entre las grandes potencias y por la presencia de un grupo terrorista llamado “Guerrilla de Activistas del odio” que sinceramente no tiene ninguna relación con la trama. El protagonista de esta peculiar novela de terror es Alex Miller, un periodista que recibe una enigmática invitación del premio Nobel Arístides Markiewicz para la “Asamblea de la Ciencia” que se celebrará la Noche de fin del año 1988 en Hatetower (premonitorio nombre), una aislada residencia en las Montañas Rocosas, con la promesa de que durante la velada se notificará un avance científico que cambiará el curso de la historia.

Con su habitual narrativa plagada de todo tipo de citas y homenajes, que van desde Bertold Brecht, Frankenstein, o James Hilton (autor de “Horizontes Perdidos”), Curtis Garland nos regala una historia que perfectamente se podía haber publicado en la colección de Servicio Secreto, pues mezcla elementos de diversos géneros en los que prevalece el de espías, y donde no puede faltar el contrapunto sentimental, representado por Crystal Jones, prometida del protagonista, y por una misteriosa y bella mujer llamada Delta.

Durante la velada se desvela que el famosos descubrimiento científico no es otra cosa que el virus del odio, creado por Markiewitz con la intención de acabar con la humanidad, y para ello tiene previsto expandirlo empleando un peculiar ejército: miles de ratas inoculadas con el virus.

Tras ser informado del plan completo, Alex Miller es expulsado de Hatetower, a sabiendas de que por mucho que cuente en el exterior nada puede hacerse para frenar el diabólico plan de Markiewitz. El problema es que Alex regresa con la memoria parcialmente borrada, y –para sorpresa de su prometida Crystal- acompañado de una despampanante secretaria llamada Delta que no se separa de Alex; un personaje que resultará ser la clave de la novela, y con la que resulta sencillo empatizar en su odio a la humanidad.

A lo largo del planeta comienzan a producirse inexplicables ataques de ratas aparentemente dotadas de gran inteligencia a humanos, que resultan infectados de una rabia sin curación posible y que les lleva a atacar a otras personas. El apocalipsis ha comenzado.

Lou Carrigan Tiempo muertoTiempo muerto” (1983), de Lou Carrigan, publicado en el nº 542 de Selección Terror, juega con el asco que provocan las ratas más que con el miedo en sí.

En la novela, Wade Ritman (de profesión dibujante, especializado en ilustración de portadas)  es un hombre que descubre aterrado una cabeza de rata en el fondo de la botella de leche que acaba de beberse. La sorpresa es que después de realizar una enérgica reclamación en el supermercado donde compró la botella, y donde por cierto conoce a la inevitable pelirroja de ojos verdes que se encarga de dirigir el establecimiento, Wade se encuentra al regresar a su casa el resto del cuerpo de la rata decapitada dentro del bolsillo de una chaqueta. Si la historia ya os tiene completamente intrigados, aviso que no es nada con lo que viene después, cuando el protagonista recibe una caja en cuyo interior aparece una cabeza humana chorreando sangre que resulta ser de plástico. Todos los indicios apuntan a que es el propio Wade quien está cometiendo estos extraños actos, lo que le hace temer por su cordura, y le lleva a contactar con un antiguo compañero de Universidad, un psiquiatra llamado Orson Copley, que tratará de ayudar a su amigo a encontrar la verdad de esta extraña situación.

La realidad es que Lou Carrigan lo borda en esta intrigante novela que parte de un hecho intrascendente que poco a poco va complicándose cada vez más. Una historia en la que destaca un sentido del humor poco habitual en su obra, y en la que el autor vuelve a poner el foco en el porqué de los crímenes antes que en el quién, algo muy habitual en Lou Carrigan,  que se preocupa siempre de meterse dentro de la mente del asesino para intentar entender sus motivaciones.

Clark Carrados el gato y las ratasEl gato y las ratas” (Selección Terror nº 165, 1976) es una peculiar novela de Clark Carrados. Un hombre llamado Bertie Vinceton se encuentra en una situación económica desesperada, cuando recibe un extraño encargo a cambio de 24.000 $: debe conseguir la mano izquierda de una mujer joven que haya fallecido recientemente. Cuando Vinceton se encuentra de regreso de un cementerio tras haber cumplido con su cometido, es asaltado por dos ladrones de bancos que le matan para robarle el coche, llevándose consigo una caja en el asiento trasero con el macabro cargamento. Poco después los dos atracadores mueren en extrañas circunstancias.

Al mismo tiempo, Mavis Gleville acude al despacho del detective privado A. Smith para encargarle que busque a su hermana Bárbara, que ha  desaparecido. Bárbara se casó hace unos años con  un estrafalario científico llamado Joshua Neagle, que dice que Bárbara se ha fugado sin dejar rastro, y Mavis sospecha que en realidad la ha asesinado. Tras explicarle a Mavis que se ha equivocado de oficina y que en realidad él es pintor (de hecho es portadista de libros, lo que resulta curioso porque en más de una ocasión Carrados introduce un portadista en sus historias), decide ayudarla a descubrir qué ha ocurrido con Bárbara, sin sospechar que las cosas no son ni mucho menos lo que parecen.

Pronto se descubrirá que alguien está cortando la mano izquierda de jóvenes mujeres, pero la pregunta es ¿Para qué? ¿Qué ocurrió con Bárbara Gleville?.

El motivo por el que incluyo esta novela –muy recomendable, por cierto- en esta erseña sobre las ratas es que tienen un escabroso y fundamental papel en el desenlace de la historia, junto al gato del título, mucho más importante de lo que puede parecer a primera vista.

Ada Coretti-Del-suelo-brotaba-la-muerteEn “Del suelo brotaba la muerte” (1975), nº 138 de Selección Terror, Ada Coretti nos aporta su terrorífica visión del miedo a las ratas. La presencia de esta escritoria es una firme garantía de encontrar sangre y vísceras a mansalva.

La novela comienza con un prólogo ambientado en 1899 en una pequeña localidad imaginaria llamada Maggawin, con una macabra historia en la que un joven matrimonio regresa a su casa para descubrir que cientos de ratas han devorado a su bebé, al que habían dejado plácidamente dormido en su cuarto. Un  espantoso suceso que por desgracia ha ocurrido en la realidad en más de una ocasión, sin ir más lejos en Johannesburgo en 2016, después de que una madre dejara solo en casa a su bebé durmiendo en la cuna para irse de fiesta.

Tras este inicio, la historia se traslada a 1971, con el ingeniero Frank Milde de vacaciones en una casa de campo a 200 Km de Maggawin. Allí conocerá a la bella Carol Powers y a su peculiar familia, incluyendo a su tío Cecil, un jorobado que vive solo en la misma casa donde se produjo la siniestra muerte del bebé del prólogo 70 años atrás, y donde Cecil ha advertido a su sobrina Carol que no debe acercarse jamás.

La familia de Carol se compone de su padre James, y sus tres hermanos, Paul, Michael y el mencionado Cecil. Su madre falleció años atrás arrollada por un tren. Una madre que primero fue novia de Cecil, y que después estuvo casada sucesivamente con los otros tres hermanos, siendo James, el padre de Carol, su último marido antes de su muerte.

Cecil acaba hospitalizado como consecuencia de un accidente de tráfico, al cuidado de su sobrina, única persona de la familia con la que se relaciona. Cuando Frank acude un día al hospital con la intención de volver a ver a Carol, le comunican que se fue hace días, y que le ha dejado una nota que dice lo siguiente:

“Estoy muy asustada. Me llevan a vivir a la casa de piedra, a Maggawin. No sé exactamente por qué, pero tengo el presentimiento de que no saldré de allí con vida… a menos que venga usted a ayudarme. Créame, no tengo a nadie más a quien recurrir. Acabo de darme cuenta de que estoy sola en este mundo.”

Sin dudarlo, Frank conduce hasta Maggawin, donde descubrirá un lúgubre pueblo en el que sólo destacan sus malolientes cloacas, la siniestra casa de Cecil, y un manicomio. A partir de ese momento se verá envuelto en una serie de macabros sucesos.

Una novela que es un buen ejemplo de la ingente mezcla de elementos que suelen abundar en la novela popular, con siniestras leyendas, locos, mayordomo, un botín de 20 millones de dólares procedente del robo de un banco, y por supuesto, ratas asesinas.

Lou Carrigan ven a charlar esta noche 1En “Ven a charlar esta noche” (nº 281 y 486 de Selección Terror de Bruguera), de Lou Carrigan, nos encontramos –en mi opinión- con una de las mejores novelas de toda la colección, en una historia en la que nuestras amigas las ratas vuelven a tener un papel decisivo.

Claudine Debré es una mujer mayor que vive sola en su desvencijada casita en el Montmartre de París, en condiciones de gran precariedad económica. Interiormente culpa de su situación a su nuera Monique, a la que considera responsable de haber alejado de su lado a su querido hijo Claude, un marido enamorado que desconoce que su esposa le es infiel con otros hombres.

Lou Carrigan ven a charlar esta noche 2Tras recibir la inesperada visita de Marie Mortier, una antigua amiga que intenta ayudarla económicamente encargándole un traje, Madame Debré comienza a tramar en su imaginación un siniestro plan para dehacerse de su nuera con la ayuda de unos inesperados cómplices: unas ratas que han anidado en su desván y a las que ha comenzado a alimentar como si fueran sus mascotas. Al principio Claudine sueña con invitar a Monique y hacerle subir al desván con cualquier excusa, haciendo que le muerda una rata, pensando que así morirá víctima de la rabia. Al comprender lo absurdo de su plan, se convence de una posibilidad aún mejor cuando un terrible accidente en el que Claudine tiene parte de culpa provoca que su amiga Marie muera de un golpe en el desván, convirtiéndose en alimento de miles de ratas que han ido anidando entre las paredes de su casa, atraídas por la comida que cada día dejaba a su grupo de mascotas.

Lou Carrigan ven a charlar esta noche 0A partir de este momento, Claudine pone en marcha un plan que afecta no sólo a Monique, sino también a sus amantes, a los que considera que debe matar para vengar el honor de su hijo.

Una gran novela, con magníficos personajes, mucho más definidos y creíbles de lo que suele ser habitual en esta literatura, que demuestran que a veces la bajeza de los sentimientos humanos supera con creces el horror que pueda producir cualquier monstruo imaginario.

Hace ya tiempo que considero a Lou Carrigan uno de los autores de mayor calidad en prácticamente todos los géneros en los que participó –aunque tengo la sensación de que la ciencia ficción no se encontraba entre sus preferencias-.

A diferencia de la mayoría del resto de autores de la novela popular, demuestra una especial maestría en la definición de sus personajes, y un gran dominio del  ritmo en sus libros; y por lo general consigue evitar los precipitados finales tan característicos de esta literatura. Si alguien se molesta en leer alguno de los libros de Lou Carrigan de mayor extensión (de la colección Murder Club por ejemplo), descubrirá un escritor que nada tiene que envidiar de la mayor parte de escritores de novela policiaca que arrasan en la actualidad.

Lou carrigan pecados capitalesPor fortuna, los lectores que tengan interés en este título, que recomiendo sin luga a dudas, pueden encontrarla en el segundo volumen de “Los pecados capitales” que la Asociación A.C.H.A.B ha publicado recientemente, acompañada de una buena selección de novelas del mismo autor relacionadas cada una de ellas con uno de los pecados capitales.

Por supuesto que hay muchas otras novelas de terror en las que los roedores tienen mucho que decir, como “Ratas hambrientas y otros relatos”, de Franklin Ingmar  (nº 99 de la colección Easa Terror), o “Las devoradoras”, de César Torre (nº 103 de Easa Terror), pero creo que con lo explicado nos podemos hacer una idea del tema. Y ahora os dejo que me ha parecido oir el ruido de unas patitas correteando por el techo….

DESILO, Y LA REIVINDICACIÓN DE LOS PORTADISTAS

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¿Vampirella en el espacio?

Uno de los principales reclamos para vender las múltiples novelas que inundaban los quioscos de prensa en la edad de oro de la novela popular eran sus llamativas portadas, cuya finalidad era trasmitir al posible lector de un solo golpe la sugestión de todo el libro, sintetizando en una sola imagen el contenido. En este sentido, uno de los grandes encantos de este tipo de portadas en la novela popular española es que era muy habitual que la ilustración de la cubierta no tuviera absolutamente nada que ver con los hechos que posteriormente ocurrían en la historia.

Hoy en día, en una buena parte de los coleccionistas de este tipo de literatura prima más la portada que el propio contenido de las novelas, y no es de extrañar si nos atenemos al altísimo nivel de los artistas que las realizaban.

desdilo Oeste bolsillo610Con este escenario, es sorprendente la falta de atención que han merecido estos ilustradores en nuestro país, artesanos de un oficio que lamentablemente se encuentra en vías de extinción, con un panorama editorial donde, salvo honrosas excepciones, las portadas de los libros suelen ser imágenes de archivo o de agencia.

Para subsanar esta falta de atención –al menos en mi blog-, me he propuesto rendir homenaje a estos auténticos pintores, con reseñas dedicadas en exclusiva a los mismos, y para empezar, no se me ocurre nadie mejor que Desilo, uno de mis favoritos, a pesar de que sé que cuenta con un buen número de detractores.

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El autor, un pintor con mayúsculas

Desiderio Babiano Lozano Olivares firmó su obra como Babiano, Desilo y sobre todo como Lozano Olivares, tanto en lu labor como ilustrador como en la de historietista.

Empezó su carrera como historietista y cartelista durante la Guerra Civil para progresivamente especializarse como ilustrador de libros desde 1940 hasta 1985, ejerciendo su profesión en las más conocidas editoriales españolas: Cantín, Editorial Molino, Hymsa, Furest, Caralt, Janés, Gustavo Gili, Toray, Vergara, Cumbres, Éxito y Bruguera. También publicó en Francia para Hachette, siendo su aportación decisiva en la historia de la ilustración por su su versatilidad y su capacidad de innovación.

desilo Terror738Nació en Madrid el 25 de marzo de 1909, hijo de Julio Babiano Carrasco y de Antonia Lozano Olivares y fue el menor de tres hermanos. A los doce años abandonó la escuela para empezar a trabajar como botones en el Banco Central. Su abuelo, que descubrió y valoró sus capacidades por el dibujo y la pintura a una edad muy temprana, le regaló sus primeros utensilios: papel, pinceles y una caja de acuarelas, sembrando de este modo la semilla de lo que más tarde llegaría a ser su verdadera vocación y profesión.

De espíritu crítico y comprometido, la llegada de la República en 1931 le brindó un espacio para el desarrollo de sus múltiples inquietudes y el inicio de la Guerra Civil le llevó a integrarse en las Juventudes Socialistas Unificadas donde junto a Bardasano y otros, dibuja y firma como “Babiano” para periódicos, folletos y especialmente carteles destacando en el campo del cartelismo político; el lenguaje del cartel era un medio ágil, sintetizador e impactante que transmitía todos los mensajes urgentes desde todos los ámbitos culturales, sociales y políticos.

desilo Rosa956A partir de 1940, liberado del campo de concentración de Albatera (Alicante), gracias al ingenio, valor y tenacidad de su esposa, Manola Rodríguez, rehicieron su vida en Barcelona. Pintó tranvías, casetas de baño y paredes hasta conseguir reiniciar su labor gráfica, esta vez con el nombre artístico compuesto por los dos apellidos de su madre: Lozano Olivares. Reinició así una trayectoria creadora y artística de gran trascendencia, orientada a la edición de libros y revistas ilustradas, a la vez que en ningún momento renunció a su compromiso político en la lucha antifranquista por la libertad y la democracia, hasta el punto de que fue detenido y encarcelado en dos ocasiones por motivos políticos.

desilo Sercicio Secreto683Uno de sus primeros trabajos como ilustrador lo realizó en Publicaciones Nuevocine (Ediciones Cinema / Ediciones Grafidea S.L.) y fue uno de los creadores gráficos del cuaderno de aventuras Bravo Español; otros trabajos suyos fueron publicados en la prestigiosa revista infantil Chicos y fue el responsable gráfico de casi la totalidad de las ilustraciones de la revista Ímpetu, uno de cuyos directivos entonces era Manuel Sacristán.

Ilustró varios libros de literatura juvenil épica y de aventura, como La espada invencible, Atila y La Isla del Tesoro con litografías de una gran calidad y belleza para Ediciones Cantín. Ilustró para Hymsa cuentos infantiles y, en la revista Lecturas (1943-56), historias y relatos cortos. Para Editorial Molino (1943-1957) fue el inolvidable autor de las ilustraciones de colecciones de cuentos infantiles y de aventuras para adolescentes así como uno de los más innnovadores artistas gráficos de las colecciones policíacas, de aventuras y misterio que publicaba la editorial en su Biblioteca Oro

desilo Molino K_M_319A inicios de los años cincuenta ilustró novelas para diversos editores como Furest, Caralt, Janés y Gustavo Gili y, durante más de una década (1953-63), ilustró para la Editorial Toray innumerables portadas de novelas selectas. Durante 1954-57, desde México, Editorial Cumbre/Éxito editó una colección de libros de aventuras de escritores ilustres con sus portadas e ilustraciones y le siguió en 1959-60 una colección ilustrada en 12 volúmenes con el título “Mi libro encantado”. En 1959, para Editorial Vergara ilustró una serie de títulos para su colección de literatura clásica.

Realizó portadas e ilustraciones en prácticamente todas las colecciones de la Editorial Bruguera, desde los años 50 hasta su fin en la década de los 80. Para esta editorial se prodigó en diversidad de estilos tanto en colecciones de calidad para literatura clásica y contemporánea como para sus colecciones de novela popular de los más diversos géneros: oeste, policíacas, ciencia ficción y terror. Muchos de sus trabajos se publicaron sin firma y otros quedaron registrados con el seudónimo de Desilo. También realizó pequeñas colaboraciones en Ediciones Victoria, Editorial Mateu y Veron editor en la primera mitad de la década de los 80.

 

Con posterioridad a su fallecimiento, ciertas editoriales como Ediciones B, con sede en Barcelona, y otras subcontratadas y ubicadas en Latinoamérica, siguieron reeditando sus portadas e ilustraciones hasta nuestros días, parece ser que sin liquidar derechos de autor, algo por desgracia muy habitual en el mundillo editorial.

desilo oeste 6Desilo es un artista del que inexplicablemente he oído en muchas ocasiones comentarios no excesivamente positivos respecto a su calidad. Este ilustrador autodidacta, revolucionario en su época por su innovadora forma de entender la ilustración, experimentó con todos los recursos gráficos posibles: la pluma y el pincel para la tinta; buriles para los grabados en litografías y huecograbados; los pinceles y la espátula para el óleo; pinceles para la acuarela, el gouache…

Espero no ser el único aficionado que encuentra las portadas de Desilo maravillosas, con un estilo único capaz de captar el movimiento como nadie, con figuras que derrochan expresividad a pesar de la consciente falta de detalle con la que retrata a sus personajes, y con un uso de las luces y las sombras francamente innovador.  Desde aquí invito a todo aquel que lea esta reseña a que busque por internet sus ilustraciones, un legado que permanecerá para siempre.

La mayor parte de la información que figura en esta reseña la he obtenido de la estupenda página http://lozanoolivares.blogspot.com.es/p/blog-page.html, cuya visita considero obligada a toda persona que quiera conocer mejor al autor.

 

EL REGRESO DE ADAM SURRAY

Adam surray

José López García, un “monstruo” de la novela popular

En primer lugar me gustaría explicar que esta reseña lleva gestándose desde hace más de un año, momento en que tuve conocimiento de la futura reimpresión de algunas de las más destacadas obras del escritor a cargo de ACHAB, una Asociación de la que ya he hablado en otras reseñas, y cuyo empeño por ejercer de auténticos resucitadores del bolsilibro no deja de asombrarme.

Gracias a este proyecto tuve la suerte de poder contactar personalmente con el autor, al que ya había dedicado varias reseñas en este mismo blog, y del que tenía un más que notable concepto como escritor.

Adam Surray noche de mosntruosA raíz de estos contactos, recopilé toda la información que pude, fruto de la cual surgió este artículo, cuya publicación decidí retrasar para hacerlo coincidir con la salida de Noche de Monstruos, pues cualquier cosa   –por muy pequeña que sea- que pueda servir para que el autor tenga el reconocimiento que merece me parecía una acción de justicia.  Es un autor que de verdad  merece ser conocido. No os arrepentiréis.

La edición de Noche de Monstruos es una buena oportunidad para tener un primer y terrorífico acercamiento con Adam Surray, pues recopila 6 de sus obras del género de terror, que yo al menos considero bastante representativas, incluyendo la imprescindible “Cómic de Terror” , desde mi punto de vista una de sus novelas más logradas.

Ya sé que habéis oído cosas. Que Surray es el maestro del terror más sangriento. Que introdujo el gore, término hasta la fecha exclusivo del cine,  en la literatura de quiosco. Tal vez incluso leyerais en alguna recóndita página de internet que tras las oscuras historias de Adam Surray se ocultaba una siniestra sociedad secreta.

Dejadme que os explique.

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2.000 Maniacos, clásico del gore

Aunque podemos considerar que el origen del Gore se remonta a la compañía teatral del “Grand Guignol” de Max Maurey, que comenzó a ofrecer al público en Francia allá por 1899 escenas de matanzas y mutilaciones de brutal violencia, realmente es Herschell Gordon Lewis, un director de cortos pornográficos, la persona considerada como el precursor del “Gore” cinematográfico (término empleado por primera vez por él mismo), con su película  “Blood Feast” (1963), un largometraje producido por David Friedman, con una trama muy modesta (dos chicos que veneran a una diosa egipcia sacrifican muchachas extrayéndoles las vísceras), realizada en nueve días de rodaje con un presupuesto de 70.000 dólares, que recoge los elementos característicos del cine de este género: actores no profesionales, chicas con poca ropa, una fotografía deplorable, música inaudible, medios insuficientes, diálogos absurdos, y, sobre todo, chorros de sangre y tripas a mansalva.

Tras esta no muy conocida película vendría una cinta mítica: “2,000 Maniacos” (1964), a la que le seguirían una larga lista de subproductos que aprovecharon su éxito, hasta el rodaje de una de las obras maestras del cine de terror contemporáneo, “La noche de los muertos vivientes” (1969), de George A. Romero.

Las bases del gore quedaron así establecidas, en un género cuya principal finalidad es engañar al espectador, haciéndole creer que las brutales escenas de mutilación que se muestran en pantalla son reales, mediante el empleo de unos efectos especiales cada vez más sofisticados. Unos espectadores a los que cada vez resulta más difícil sorprender, y que precisan de escenas más y más violentas para saciar su inagotable sed de sangre.

Adam-Surray-Los-discípulos-de-SatánLógicamente en la España franquista este tipo de películas era impensable, así que el gore llegó a nuestro país, como otras muchas cosas, con años de retraso; eso sí, con un ímpetu desmedido, y con un público ávido de experiencias fuertes que hasta el momento no habían podido experimentar. Se pasó de este modo de la más férrea censura a la época del destape y a la exhibición de la violencia sin ningún tipo de límite, sin que en muchos casos tuviera ningún tipo de justificación para el desarrollo de la trama.

Y en este contexto apareció Adam Surray.

El autor se incorporó tarde a la novela de quiosco, en 1968,  primero en la editorial Rollán,  en lo que se supone debía ser el relevo generacional de los escritores consagrados, y su llegada supuso un importante soplo de aire fresco, al adoptar un estilo más moderno, más cercano al nuevo público, que deseaba nuevas experiencias.

Cuando Surray pasó a escribir para Bruguera en 1972, con el franquismo en clara decadencia, la censura había bajado la guardia de manera ostensible, hecho que se vio acrecentado con el posterior fallecimiento del dictador en 1975. Todos estos sucesos coinciden con el nacimiento de la mítica colección Selección Terror en 1973, en la que el escritor destacaría poderosamente por la originalidad de sus argumentos y por su característico uso del “gore” que iría creciendo con el paso del tiempo. Junto con Ada Coretti es probablemente el escritor que mejor uso dio a las escenas de violencia extrema en sus libros.

Adam-Surray-Simposium-de-horrorSería muy sencillo para el lector caer en la tentación de imaginarse a José  López García, el hombre detrás del seudónimo de Adam Surray, autor de algunas de las más originales y sangrientas novelas de terror de la literatura popular española, como una especie de Norman Bates, sonriendo tras la recepción del hostal familiar donde trabajaba, mientras su cabeza no paraba de imaginar nuevas maneras de morir para los protagonistas de sus historias.

Nada más lejos de la realidad. Tras el prolífico Adam Surray se esconde en realidad un hombre humilde y cabal, amante de su familia, un trabajador incansable que continúa felizmente casado con la misma mujer de la que se enamoró allá en 1970, y que en la actualidad dedica todo el tiempo que puede a su maravillosa nieta de 10 años, precoz asesora informática que enseña al asombrado José el manejo de internet y del Ipad, permitiéndole no descolgarse del mundo virtual en el que nos movemos. Un buen escritor, pero sobre todo una gran persona.

Aunque José nació en La Coruña el 7 de Mayo de 1943, su familia se trasladó a Valencia cuando contaba tan sólo con 6 años. Tras unos duros inicios en los que sus padres fueron construyendo un negocio familiar a base de préstamos que en la época rozaban la usura, su esfuerzo concluyó con un hostal de su propiedad de 38 habitaciones y con un restaurante en la planta baja. Valencia se convirtió de este modo en su ciudad adoptiva, y el hostal en su hogar.

En 1950 inicia su etapa escolar en el colegio Calderón de la Barca, y posteriormente en los Dominicos, pero se ve que los estudios no eran lo suyo (los tebeos y las novelas de Curtis Garland y Keith Luger que inundaban su habitación ganaron la batalla a los libros de texto), y sus padres decidieron ponerle a trabajar en la recepción del hostal poco después de finalizar el Bachiller.

adam surray un crimen para dos asesinosEn 1964 presta el servicio militar obligatorio, destinado a carros de combate en Bétera, pasando de Cabo furriel a cabo primero, y examinándose de sargento, aunque finalmente fue licenciado el 30 de Abril de 1966, por lo que volvió a la recepción del hostal familiar.

Desde muy joven se sintió atraído por el mundo de las letras, al que se enganchó después de leer de una tacada la colección completa del Coyote, y no perdía la ocasión de presentarse a todos los concursos de cuentos y narración de los que tenía conocimiento, especialmente las Olimpiadas del Humor patrocinadas por el Ayuntamiento de Valencia,  hasta que en 1968 escribe su primera novela de quiosco: “Pistolero sin fortuna”, publicada por Rollán ese mismo año en el nº 46 de la colección Winchester. Al principio Surray limitó su producción a títulos del Oeste, hasta que en 1969 entrega su primera novela policiaca –su género favorito-, “Un crimen para dos asesinos“, que fue aceptada y publicada en el nº 1.013 de la colección FBI, con muy buena acogida por parte de editores y lectores. Meses más tarde le seguiría “Muerte a ritmo pop“, segunda de sus novelas policiacas que motivó una curiosa anécdota con la editorial, pues a raíz del envío de esta novela, Rollán le llamó para decirle que en la historia no aparecía por ningún sitio el FBI, lo que iba en contra de las normas de la colección. Surray, ignorante de este requisito, contestó sorprendido que no tenía ni idea de que tuviera que figurar el FBI, y que de hecho en su anterior novela, la citada “Un crimen para dos asesinos”, tampoco se mencionaba ni de pasada por ningún sitio a la agencia gubernamental, lo que no fue un obstáculo para su publicación. A raíz de este toque de atención, el resto de títulos que escribió para la colección tuvieron el protagonismo del correspondiente agente federal.

Adam surray muerte a ritmo de popEn esta época se produce un hecho que influyó en el futuro como escritor de José López García. Al poco tiempo de comenzar a escribir para esta editorial conoció a Enrique Montoro Sagristá, el célebre Henry Keystone, un veterano escritor que también trabajaba para Rollán, procedente de la desaparecida editorial Valenciana. Parece ser que cuando Keystone se enteró de que había empezado a trabajar para la editorial otro escritor valenciano, movió cielo y tierra para  conseguir su dirección, hasta que finalmente consiguió ponerse en contacto con él.

Lamentablemente José no pudo mantener demasiada relación con él al margen de unas cuantas charlas amigables, pues el escritor falleció en 1985, años después de que Rollán quebrara, dejando sin trabajo a todos sus colaboradores, entre ellos un Enrique Montoro que quedó muy afectado, pues profesionalmente se dedicaba en exclusiva a la literatura, y de pronto quedó privado de medio alguno para ganarse la vida. Tanto José López García como Antonio Vera Ramírez (más conocido como Lou Carrigan), con el que también mantuvo contacto el autor,  siguen hoy en día convencidos del gran impacto que tuvo el cierre de Rollán en el fallecimiento del escritor.

José recuerda con gran tristeza aún hoy en día la breve nota que apareció en la prensa valenciana  “Enrique Montoro Sagrista, escritor de novela popular que firma a con el seudonimo de Keith Luger“, con un periodista incapaz siquiera de documentar el seudónimo correcto del autor.

adam surray satanas clubEl fin de los bolsilibros de Toray y Rollán, sumado a que acababa de formar una familia tras casarse en 1970,  con dos hijos al cumplirse el tercer aniversario, supuso un punto de inflexión para Adam Surray como escritor, pues habiendo vivido tan de cerca el desamparo de Henry Keystone, comprendió la precariedad de esta profesión, y de este modo decidió no dedicarse en exclusiva a la literatura, lo que le llevó a compaginar la novela popular con el negocio familiar hasta su jubilación, hecho éste más que sorprendente cuando comprobamos la gran extensión de la obra del autor, favorecida, eso sí, por las largas horas que el escritor pasaba detrás del mostrador de la recepción del hostal.

El propio José comenta con nostalgia su vida como pluriempleado:

Alguna noche incluso escribía novelas en la recepción. Estaba descuartizando a la chica de turno y aparecía algún cliente binguero (el bingo en aquellos años era la gran novedad); pero las noches eran tranquilas para escribir. Muchos agentes comerciales (especie ya extinguida), clientes asiduos, eran fans de Surray. Me solicitaban novelas  sin percatarse de que había un kiosco en la esquina. En fin… ¡que tiempos!

Algunos de los clientes eran habituales y conocidos durante años. Los había también fijos. Estos sí conocían mi faceta de escritor. Las tardes-noches eran muy largas. Las habitaciones no tenían tele en los 60…En la cafetería, junto con un gin-tonic, se hablaba de muchas cosas. Menos de política, claro. Algunos clientes incluso me sugerían argumentos. Otros bromeaban sobre mis novelas de terror: Oye, Pepe, cuando llegas a casa… ¿tu mujer no grita al verte aparecer?”.

Supongo que si los nuevos clientes que entraban en aquellos días al hostal se hubieran imaginado que el amable recepcionista que asomaba del mostrador estaba en aquel momento visionando en su cabeza espantosas formas de morir asesinado para los personajes de sus libros, sin duda se hubieran dado la vuelta para salir corriendo hasta perder de vista Valencia.

adam surray asesinato por correspondenciaAdam Surray trabajó para las principales editoriales de novela popular de la época: se incorporó en 1968 a Rollán, en un momento en el que la editorial comenzaba su declive; en 1969 a Toray; en 1972 en Bruguera, tras finalizar su relación laboral con Toray tras su suspensión de pagos en Septiembre de 1972 (el último nº de la colección FBI, el nº 1220 “Asesinato por correspondencia”, es obra suya); y en 1974 con producciones editoriales, para la que sólo escribió 11 títulos, pues su política editorial no acabó de convencerle.

En 1977 colaboró también con la editorial Andina, donde le publicaron fundamentalmente reediciones de las colecciones policiacas y del oeste de Rollán, a excepción de “Satanás Club”, nº 107 de la colección Easa Terror, único original que escribió para la editorial.

Adam Surray El circo del horrorA Bruguera le debe sin lugar a dudas su máxima popularidad, pues es en esta editorial donde se mantuvo más años en activo, y donde despuntó especialmente con sus novelas de terror, género que insisto no era el favorito del escritor –de hecho era el último en sus preferencias-, pero por el que posiblemente acabe siendo más recordado por los lectores, por ser uno de los precursores del gore hispano. Debo aquí reivindicar también la obra policiaca del escritor, relegada injustamente a un segundo plano por su éxito en el terror, pese a que su calidad en nada desmerece del resto de su obra.

Como curiosidad sobre la forma de escribir de Surray, uno podría pensar que conocía a la perfección las ciudades en las que se desarrollaban las historias, pero la realidad es que escribía a partir de mapas de distintas ciudades de Estados Unidos que le facilitó la compañía PANAM, y para las ciudades italianas, habituales en algunos de sus libros,  de mapas obtenidos del consulado italiano en España.

En la década de los 80, cuando Bruguera ya había declarado la suspensión de pagos (el 7 de junio de 1982 para ser exactos), se produjo un nuevo boom de la novela de kiosco, con espectaculares tiradas en sus colecciones de terror y de ciencia ficción, pero pronto se pudo comprobar que se trataba tan sólo de un espejismo.

En 1986 se produjo el fatídico cierre de Bruguera, que como muy bien dice el escritor, “terminó con deshonor”. Adam Surray, el escritor de tan sólo 43 años, decidió desaparecer, dejando paso a José López García, el hostelero, el padre de familia. Tan sólo participó desde entonces en el concurso de Cuentos de La Felguera, quedando en 1988 entre los finalistas con el relato “Juntos en la soledad“. Nunca más volvería a escribir.

En palabras el propio autor: “Me hubiera gustado dedicar más tiempo a escribir. No me arrepiento.

Me van a permitir una reflexión que alguno considerará estúpida. A mí también me hubiera gustado que Adam Surray le hubiera dedicado más tiempo a escribir, que hubiera abandonado el negocio familiar y nos hubiera permitido disfrutar de un mayor número de sus extraordinarias novelas; pero cuando te detienes a pensar en el cariño con el que el autor habla de su familia, y cómo hablan sus amigos de él (entre ellos el gran Joseph Berna), uno no puede más que rendirse a la evidencia de que tomó la decisión acertada.

Eso sí, por suerte nos dejó un enorme legado que podemos seguir disfrutando.

Muchas gracias, Adam, muchas gracias, José.

LA COLECCIÓN PROEZAS DE ROLLÁN

Proezas tamboresSi en la reseña dedicada a la colección Bazooka comentaba que el bélico era un género minoritario en la literatura de quisco, el de aventuras tuvo todavía mucha menos trascendencia, a pesar de lo cual  la mayoría de las editoriales lanzaron –con mayor o menor fortuna- alguna colección dedicada a este género.

No quiero decir con esto que el de aventuras fuera un género despreciado por el público, pues está claro que algunos de los personajes más populares de la novela de quiosco española se enmarcan dentro del mismo, como El Pirata Negro, de Arnaldo Visconti, o El Encapuchado de Guillermo López Hipkiss.

Las colecciones de aventuras a las que aludo en esta reseña son las que no tenían un protagonista único.

comandos alan kensingtonLa editorial Valenciana lanzó a principios de los años 50 (no he sido capaz de saber el año exacto) la colección Comandos, que es la que tuvo un mayor recorrido en número de títulos dentro del género de aventuras, aunque la realidad es que este dato es un poco tramposo, pues la temática de la colección era preferentemente bélica, a pesar de que incluyó títulos de aventuras propiamente dichas.

Además de Comandos, en los años 50 esta misma editorial publicó  la colección Florida, que también aunaba distintos géneros, predominando en este caso los títulos del Oeste, incluyendo algunos de aventuras.

pantera la muerte ocultaEntre 1955 y 1956 Bruguera publicó la colección Congo, maravillosa serie de aventuras en África que lamentablemente alcanzó el escaso volumen de 26 títulos, una clara prueba de que el género no acababa de cuajar entre el gran público, al que resultaba difícil sacarle del oeste americano.

Previamente la editorial había lanzado la colección Pantera, que incluía algunos títulos de aventuras, pero que se centraba de forma muy clara por el Oeste, por lo que no se puede considerar una colección de aventuras.

De hecho, Bruguera no volvió a acercarse al género hasta 20 años después, realizando un nuevo intento con la colección Tam-Tam, que tampoco consiguió un gran éxito, aunque alcanzó la nada despreciable cifra de 88 títulos, y tiene el mérito de haber contado con Curtis Garland entre sus autores, lo que siempre es una garantía.

Tam tam Lou-Carrigan-La-caja-negraEn 1952 la editorial Rollán, especializada en esos momentos en colecciones policiacas y del Oeste, decidió ampliar su catálogo, y lanzó al mercado una nueva colección que sí puede ser considerada de aventuras –aunque también incluyó títulos del género bélico-, intentando captar un público más amplio al que no llegaba con el resto de sus colecciones. Parece que lo consiguió, pues la colección Proezas alcanzó la cifra de 116 títulos, aunque incluso sobre este tema existen dudas, pues según otras fuentes (La novela Popular de Robel), el número sería de 113.

De la colección destacaría tres aspectos que la convierten desde mi punto de vista en la mejor de todas las que se publicaron en este género –a excepción de Congo, por la que siento una especial predilección- :

  • Los autores de la colección son los habituales de Rollán, lo que nos permite ver a escritores como Eddy Thornie/Edward Goodman, Frank McFair, O. C. Tavin, J. Tell o Alf Manz -por citar sólo algunos-, desenvolviéndose en un género en el que no estamos acostumbrados a verlos. Ya os digo que sorprenderán a más de uno. Además está el añadido de que se sumaron otros autores ajenos al resto de colecciones de Rollán, como es el caso de mis admirados J.M. Díez Gómez, el autor de Alce Blanco y Black Boy, Jack Grey (Rafael Segovia Ramos), Tomás Borrás, o el enigmático An Old sailor, uno de los más peculiares seudónimos que he tenido la oportunidad de ver, y del que desconozco a quién corresponde en realidad. Como aspecto negativo, por los años en que fue publicada la colección, no se habían incorporado todavía a la editorial escritores como Donald Curtis, Jeff Lassiter, Lou Carrigan o E. Jarber, lo que nos privó de la posibilidad de ver obras de estos genios de la novela popular en una colección de aventuras.
  • Aunque habrá opiniones para todos los gustos, algunas de las portadas de la colección son auténticas obras de arte, lastradas eso sí por la pésima calidad del papel, habitual por otra parte en Rollán, lo que hace que sea prácticamente imposible encontrar ejemplares en buenas condiciones.
  • La temática de la colección. Se pueden encontrar novelas bélicas, aventuras marinas, africanas, en el polo norte, de espionaje, y casi cualquier cosa que se os ocurra, pero siempre orientadas a la aventura, lo que la convierte en una colección muy interesante.

La relación de las novelas que componen la colección es la siguiente, aunque advierto que no está completa, y contiene un misterio que explicaré más adelante:

TITULO

AUTOR

Escritor

1 La jungla en armas Alf Manz Alfonso Rubio Manzanares
2 La nube sombría Frank Mc Fair Francisco Cortés Rubio
3 Supervivientes Eddie Thorny Eduardo de Guzmán espinosa
4 Infierno en Kenya O.C. Tavin Octavio Cortés Faure
5 Vuelve un hombre F. N. Graw Fermín Narvona Marzo
6 El Pacífico Amarillo Frank Mc Fair Francisco Cortés Rubio
7 Cerco de odio Edward Goodman Eduardo de Guzmán espinosa
8 Fondo de cieno Fel Marty Félix Martínez Orejón
9 Infierno en la tierra Eddie Thorny Eduardo de Guzmán espinosa
10 Evasión F. N. Graw Fermín Narvona Marzo
11 Peligro latente O.C. Tavin Octavio Cortés Faure
12      
13 El honor del sol naciente Frank Mc Fair Francisco Cortés Rubio
14 Sangre en el hielo Edward Goodman Eduardo de Guzmán espinosa
15 El último amanecer Lewis Haroc Luis Rodríguez Aroca
16 Kahoolawe O.C. Tavin Octavio Cortés Faure
17 Perlas Rojas Paul Coster Pablo Cortés Hernando
18 Oro negro A. G. Murphy Antonino González Morales
19 En la vorágine Eddie Thorny Eduardo de Guzmán espinosa
20 Apátridas Richard Jackson Eduardo de Guzmán Espinosa
21 Vuelo sobre el Ruhr F. N. Graw Fermín Narvona Marzo
22 Doris en peligro Paul Coster Pablo Cortés Hernando
23 La avalancha O.C. Tavin Octavio Cortés Faure
24 Tierra sin esperanza Edward Goodman Eduardo de Guzmán espinosa
25 Misión Internacional J. D. Gómez José María Díez Gómez
26 La cumbre del diablo Douglas McWild  
27 La plaga Eddie Thorny Eduardo de Guzmán espinosa
28 Ruta de Birmania Alv Cortroa Alvaro Cortés Roa
29 Asesinato en Tokyo F. N. Graw Fermín Narvona Marzo
30 Bajo falsa bandera H. A. Wayttorn Federico Mediante Nocedoa
31 La retirada O.C. Tavin Octavio Cortés Faure
32 Lobo Negro Jack Grey Rafael Segovia Ramos
33 Romance bárbaro de Emiliano Zapata Edward Goodman Eduardo de Guzmán espinosa
34 Tiger Frank Mc Fair Francisco Cortés Rubio
35 El Guardaespaldas Jim Tell José Miguel Téllez González
36 Ambición Eddie Thorny Eduardo de Guzmán espinosa
37 Murió dos veces O.C. Tavin Octavio Cortés Faure
38 Secreto robado Anthony Benson Antonio Benítez García
39 El reino del paraíso Richard Jackson Eduardo de Guzmán Espinosa
40 El ciego de Trieste O.C. Tavin Octavio Cortés Faure
41 Exodo Eddie Thorny Eduardo de Guzmán espinosa
42 El rey de Wall Street John L. Martyn Juan Losada Martín
43 Misión de Guerra A. Rolcest Arsenio Olcina Esteve
44 ¡Acorralado! Díez Gómez José María Díez Gómez
45 La voz del deber Eddie Thorny Eduardo de Guzmán espinosa
46 Frente al destino O.C. Tavin Octavio Cortés Faure
47 Tinieblas Frank Mc Fair Francisco Cortés Rubio
48 El capitán guerrillero Robert Deaf Roberto Taub Lamarque
49 Suceden cosas raras Tomás Borrás  
50 Aventureros O.C. Tavin Octavio Cortés Faure
51 La nave fantasma Pierre Irving  
52 Safari Jim Murray Jaime Muela González
53 Eskimo Frank Mc Fair Francisco Cortés Rubio
54 Dos mundos Louis Sand  
55 La tumba verde Louis Rock Luis Rodríguez Aroca
56 Carne llagada Jan Hutton Ángel Rodríguez Illera
57 Contrabando de guerra Pat Richardson  
58 Tres rufianes O.C. Tavin Octavio Cortés Faure
59 Mañana moriremos Edward Goodman Eduardo de Guzmán espinosa
60 4 hombres y la muerte Alv Cortroa Alvaro Cortés Roa
61 Un grupo de héroes Anthony Benson Antonio Benítez García
62 De noche y a traición Edward Goodman Eduardo de Guzmán espinosa
63 El hombre de las nieves Ralph O´Alons  
64 Sangre en el asfalto Fel Marty Félix Martínez Orejón
65 Entre el amor y la ley Angelo de Tarturis Agustín de la Torre Tagarela
66 Horas de angustia Lewis Haroc Luis Rodríguez Aroca
67 ¡Redención! Bill O´Creigh Guillermo García López
68 El abogado Anthony Benson Antonio Benítez García
69 ¡Deshonor! Albert Lazar Alberto Lázaro Méndez
70 Jugando con la muerte Jim Murray Jaime Muela González
71 Secuestro en formosa An Old Sailor  
72 El destino se burla Louis Sand  
73 La legión maldita Richard Jackson Eduardo de Guzmán Espinosa
74 Odisea Albert Lazar Alberto Lázaro Méndez
75 Con la soga al cuello Jan Hutton Ángel Rodríguez Illera
76 El mar y yo Frank Mc Fair Francisco Cortés Rubio
77 Huellas en la arena Fel Marty Félix Martínez Orejón
78 Noche sin aurora Edward Goodman Eduardo de Guzmán espinosa
79 Contrabando Herman Tellgon José Miguel Téllez González
80 Persecución Anthony Benson Antonio Benítez García
81 Jugándose la vida O.C. Tavin Octavio Cortés Faure
82 Cita en la frontera Lewis Haroc Luis Rodríguez Aroca
83 Peros contra Buitres A. de Tarturis Agustín de la Torre Tagarela
84 La epopeya del Pacífico And old sailor  
85 El diablo amarillo Frank Mc Fair Francisco Cortés Rubio
86 El invencible Alv Cortroa Alvaro Cortés Roa
87 Equipo de espías Anthony Benson Antonio Benítez García
88 Fruto Prohibido Richard Jackson Eduardo de Guzmán Espinosa
89 Cebo de alimañas Fel Marty Félix Martínez Orejón
90 Un infierno en el Sahara Frank Spey Francisco Espeita Lamata
91 Un hombre a la deriva O.C. Tavin Octavio Cortés Faure
92 Acosados en Babelthuap Fel Marty Félix Martínez Orejón
93 Cruel alternativa Fred williamson  
94 Una mujer decidida Anthony Benson Antonio Benítez García
95 Garimpeiros Jim Murray Jaime Muela González
96 Regresan los vencidos Louis Sand  
97 Petróleo, arena y sangre Edward Goodman Eduardo de Guzmán espinosa
98 Tambores en la jungla Herman Tellgon José Miguel Téllez González
99 Kimango, el diablo blanco Fel Marty Félix Martínez Orejón
100      
101 Hombres sin patria Fel Marty Félix Martínez Orejón
102 La huida Richard Jackson Eduardo de Guzmán Espinosa
103 Bandas de terror An Old Sailor  
104 Por una apuesta Lewis Haroc Luis Rodríguez Aroca
105 Jaque al valiente Alv Cortroa Alvaro Cortés Roa
106 Odio en el circo Angelo de Tarturis Agustín de la Torre Tagarela
107 A vida o muerte Fred williamson  
108 La máscara china Herman Tellgon José Miguel Téllez González
109 Tierra sin ley Jan Hutton Ángel Rodríguez Illera
110 Simiente de oro Angelo de Tarturis Agustín de la Torre Tagarela
111 Corriendo el amok O.C. Tavin Octavio Cortés Faure
112 Después de la derrota Jan Hutton Ángel Rodríguez Illera
113 El Kabaka de Uganda John L. Martyn Juan Losada Martín
114 ¡Delatados! Herman Tellgon José Miguel Téllez González
115 El rey de los siete mares Richard Jackson Eduardo de Guzmán Espinosa
116 Duelo al infinito Alv Cortroa Alvaro Cortés Roa

Proezas listadoComo puede apreciarse, falta por completar el nº 12, y el nº 100. Advierto desde ya que hay diferencias con el listado que se publicó en el libro de Robel dedicado a la novela popular. He procurado comprobar uno a uno los títulos que he puesto en este listado.

El nº 12 es un misterio inexplicable en esta colección. Aparte de que jamás he podido ver en ningún sitio dicho nº, en todos los ejemplares que he podido ver de la colección (y son bastantes), que incluyen un listado de números anteriores, en todos ellos la lista pasa del nº 11 al 13.

Proezas Misión internacionalDesconozco el motivo de este hecho, pero es posible que el supuesto nº 12 no pudiera salir a los quioscos por algún tema relacionado con la censura, y el nº 13 ya estuviera impreso. Si alguien puede aportar algo al respecto, le estaría muy agradecido.

Del nº 100 tampoco he podido localizar el título, pero ya aviso que no es el que figura en el listado de Robel.

El nº 1 de Proezas correspondió al “inaugurador” oficial de Rollán: Alf Manz (Alfonso Manzanares Rubio), al que ya dediqué una reseña en exclusiva en este mismo blog, y que no volvió a escribir ninguna novela más de la colección, pero que se ve que era el encargado de marcar la línea en la que debían moverse las series de la editorial.

A modo de presentación de Proezas, la Editorial recogió el siguiente texto al inicio de este primer título:

EDITORIAL ROLLAN

Saluda

a todos sus lectores, vendedores y distribuidores de España, Hispanoamérica, Estados Unidos, Marruecos español y Guinea, y le ofrece este primer número de PROEZAS, la colección creada expresamente para aquellos, tanto mujeres como hombres, que, por su educación refinada, sólo gustan de obras que contengan:

argumento de palpitante actualidad, realismo en las reacciones psicológicas, acción intensa y dramática, emotivo y sincero romanticismo, exactos ambientes exóticos, profunda humanidad, enseñanza moral y espiritual, calidad y altura literarias.

Y este es el nuevo rumbo que inicia Colección PROEZAS, en beneficio de los lectores entendidos y amantes de la buena literatura moderna.

¡Que maravilla estas presentaciones que le hacían sentir al lector como alguien único!.

Proezas Supervivientes

Eduardo Guzmán, uno de los grandes autores de la novela popular

Por cierto, para el joven lector que acceda a este blog, extrañado de ver que la colección se publicaba en el Marruecos español, decirle que en 1953, año de publicación de la novela, España ejercía un protectorado sobre las regiones marroquís de Rif, Yebala, y Cabo Juby, conforme a los acuerdos firmados con Francia en 1912 que se plasmaron en el Tratado de Fez. Un polémico protectorado que provocó que entre 1923 y 1927 se desatara la guerra del RIF, en la que por cierto España y Francia emplearon de forma masiva el gas mostaza contra los rebeldes bereberes. Tras ser contenida a duras penas la rebelión, el protectorado franco-español se mantuvo hasta 1956, devolviéndose la última parte del territorio ocupado (Ifni) en 1969, cuando la ONU presionó a España hasta el punto que Franco tuvo que dar su brazo a torcer.

 

alf manz la jungla en armas.jpgTítulo: La Jungla en Armas

Autor: Alf Manz

Colección Proezas  Nº 1. Editorial Rollán

Portada: Desconocido

1ª edición: 1953.

Volviendo al tema, que no es otro que la reseña de la novela, “La jungla en armas” recoge uno de esos episodios de la II Guerra Mundial no demasiado conocidos por el gran público, como es la invasión japonesa de los territorios ingleses en Asia, en concreto, en este caso, Singapur. Digo que no es un episodio muy conocido por una sencilla razón: al inicio de la guerra los japoneses pasaron por encima de los ingleses, y como es bien sabido, los vencedores de las contiendas tienen una cierta propensión a pasar por alto las derrotas y magnificar las victorias.

Como muy bien dijo Churchill, “Espero que la historia acabe dándome la razón, especialmente si la escribo yo”.

prince of wales

El orgulloso Prince Of Wales

Para situarnos en el contexto en que se desarrolla la novela, en 1940 las fuerzas japonesas habían ocupado el norte de la Indochina francesa, a lo que  Estados Unidos respondió con un embargo de petróleo y de metales necesarios para la industria bélica. En medio de las negociaciones entre ambos países, los militares japoneses movilizaron sus tropas al sur de Indochina, amenazando directamente a los intereses británicos y holandeses en la región. Esto provocó que Washington considerara que Japón estaba utilizando las negociaciones como una mera distracción, a pesar de lo cual se continuaron los contactos diplomáticos, especialmente porque el General Douglas MacArthur solicitó al Presidente Roosevelt que ganara tiempo para fortalecer el ejército desplazado en Filipinas.

Por su parte, ante el ataque japonés en Indochina, los británicos empezaron a temer por Singapur, ya que su caída significaría la pérdida del control que ejercían sobre el océano Índico. Por este motivo el Almirantazgo Británico decidió enviar una poderosa fuerza naval a Singapur con fines disuasorios frente a las pretensiones japonesas.

Proezas dibujo

Ilustración interior de la novela

Dicha fuerza fue la llamada Fuerza Z, al mando del Almirante Sir Tom Phillips, apodado Almirante Thumb (Pulgar), por su baja estatura. Sir Phillips contaba con el acorazado Prince of Wales, el crucero de batalla Repulse, y cuatro destructores (Electra, Express, Encounter, y Jupiter). Aunque inicialmente estaba previsto enviar el portaaviones Indomitable, una avería lo impidió, un detalle que podía haber cambiado radicalmente el curso de los hechos que sucederían posteriormente.

Los mandos japoneses tenían desde un principio claro que existían tres fuerzas disuasorias en el sudeste de Asia: la Flota estadounidense del Pacífico (en Hawai), la Fuerza Aérea estadounidense del Lejano Oriente (Filipinas) y la Fuerza Z británica (Singapur).

A finales de noviembre de 1941, Japón, envalentonado por la derrota de las fuerzas aliadas en Europa, se decide a atacar simultáneamente a los Estados Unidos, Tailandia, y a las colonias británicas y holandesas en la región.

El 7 de diciembre de 1941 se produce el ataque a Pearl Harbor por parte del Japón, quedando la flota del Pacífico fuera de combate temporalmente, y simultáneamente, en las Filipinas, la Fuerza Aérea del Lejano Oriente es mermada en tierra durante un bombardeo sorpresa.

Para el 8 de diciembre, solamente la Fuerza Z continuaba ofensivamente operativa, representando un serio peligro para los desembarcos japoneses en Malasia y Tailandia, iniciados horas antes del ataque a Pearl Harbor.

El 7 de diciembre de 1941, el Prince of Wales y el Repulse llevaban cerca de una semana en el estrecho de Johore, y allí llegaron las noticias de los ataques japoneses contra Estados Unidos.

El 8 de diciembre se tuvo noticias de que los japoneses desembarcaban al norte de Malasia, específicamente en Kota Bharu, Patani y Singora. En este momento surge la duda entre mantenerse seguros en Singapur o atacar a la flota de desembarco japonesa en el golfo de Siam. A pesar de la opinión de Philips, que consideraba que la flota británica era insuficiente para disuadir a los japoneses de su ataque, y que podía verse expuesta ante las fuerzas japonesas, se decide finalmente una salida “prudente”  con el fin de destruir a los convoyes de suministros japoneses. Phillips solicitó cobertura aérea al Vice-Mariscal del Aire Conway Pulford, comandante de la RAF en el Lejano Oriente, pero fue rechazada, ya que las principales bases aéreas británicas en Malasia ya habían sido capturadas por los japoneses. Aunque Phillips había dejado claro que el apoyo de cazas o aviones de reconocimiento era importante, continuó con el plan, probablemente para no frustrar las expectativas generadas alrededor de la Fuerza Z. Este error se pagaría muy caro.

La Fuerza Z sale a la media tarde del día 8 de diciembre, con el objetivo de situarse en un punto intermedio entre Nakhon y Singora para interceptar los convoyes japoneses.

A las 1:45 de la tarde del 9 de diciembre, el submarino japonés I-567​ detectó a la Fuerza Z y transmitió la ubicación más de una hora después, el mal clima había imposibilitado la transmisión inmediata del mensaje. El Contraalmirante Sadaichi Matsunaga, comandante de la 22ª Flotilla Aérea ordenó que los bombarderos se armaran con torpedos.

En la madrugada, 96 bombarderos horizontales y torpederos han despegado de Saigón, ayudados por diez aviones de reconocimiento. El Almirante Kondo considera que no es posible hundir estos grandes barcos solamente con aviones, pero cree que es posible dañar al enemigo mientras su flota se acerca con sus unidades para rematar la situación.

Al detectar aviones de reconocimiento, el comandante Phillips ordenó el regreso a Singapur.

El HMS Tenedos, que había sido enviado en misión de reconocimiento, informa haber sido bombardeado por aviones mientras regresaba a Singapur, pero no sufrió daño alguno. El Tenedos está a apenas 175 millas al Sudeste de la fuerza Z y le indica a Philips que un gran número de fuerzas se dirigen  hacia el grueso de la flota.

Mientras, ningún avión de reconocimiento japonés lograba detectar a la Fuerza Z.

Matsunaga les había dicho antes de salir:

“Es una oportunidad dorada que no se dará en mil años.”

No obstante, a las 10:15, un avión de reconocimiento japonés detecta a la flota enemiga a 120 km al sureste de Kuantan, transmitiendo su posición:

“Grandes barcos enemigos a la vista, 4° latitud norte, 104° 55′ latitud Oeste.”

Los tres Grupos Aéreos Genzan, Mihoro y Kanoya detectan el mensaje de los aviones de reconocimiento y se dirigen hacia la flota desde distintas direcciones.

Mientras, los radares de los navíos ingleses detectan la fuerza aérea en aproximación y se toca zafarrancho de combate. En ese momento la tripulación inglesa todavía estaba muy confiada, gracias a las poderosas defensas antiaéreas Pom-Pom de sus navíos, y que hasta la fecha los japoneses jamás habían bombardeado barcos desde el aire de forma efectiva. Todavía no sospechaban que venían armados con torpedos.

A las 11:00 aparecen los primeros bombarderos sobre el Repulse, recibiendo a la primera una bomba en la popa que no merma su capacidad de ataque.

hundimiento-del-acorazado-HSM-Prince-of-Wales-528x390.jpg

El triste final del Prince of Wales

Poco después, el Prince of Wales es atacado por aviones torpederos Mitsubishi G3M1 tipo 96 “Nell”, que se adentran audazmente en medio de una auténtica cortina de fuego antiaéreo, lanzando sus torpedos. Dos de ellos impactan en el Prince of Wales, causando graves daños en el barco.

A pesar de que se solicitó en ese momento desesperadamente apoyo aéreo a Singapur, únicamente se recibió la ayuda de seis cazas Brewster Buffalo, muy inferiores a los cazas japoneses en la región.

Poco después, el Repulse se acerca al Prince of Wales para ofrecer asistencia, pero en ese momento, llega el Grupo Mihoro, que le ataca de forma fulminante. Luego, el grupo de Kanoya logra impactar con tres torpedos al ya malogrado Prince of Wales y con otros seis en el Repulse, lo que es el fin para estas naves.

El Capitán Tennant ordenó a sus hombres abandonar el Repulse, pero él se niega a dejar el puente. Sus oficiales lo toman de los brazos y lo arrastran hacia afuera. ​ A las 12:33 se hunde.

El Prince of Wales, que ya ha recibido cinco torpedos, es atacado por bombarderos horizontales a las 12:44. Solamente una bomba hace impacto en el barco de 35.000 toneladas, pero es suficiente para sentenciar definitivamente al barco, apodado HMS Unsinkable (Inundible).

Aun así continúa atacando y al recibir nuevas oleadas de torpederos, logra derribar dos, explotando uno encima del acorazado. El destructor Express se acerca entonces al Prince of Wales y empieza a transferir náufragos borda con borda en una audaz acción. El Capitán Leach y el Almirante Phillips permanecen en el puente, despidiendo a los hombres, y a las 13:20, se hunden con el acorazado, que en su momento fue testigo del hundimiento del HMS Hood.

Los japoneses consiguieron 11 impactos de torpedo de los 49 lanzados. Cinco fueron para el Prince, y el resto para el Repulse.

Las pérdidas de vidas ascendieron a 840 marinos ingleses, 513 del Repulse y 327 del Prince of Wales.

Al día siguiente, un avión del Grupo Kanoya regresó al lugar del combate y arrojó dos coronas funerarias, una para honrar a los japoneses muertos y la otra para los británicos ahogados.

La destrucción de estos grandes navíos por bombarderos demostró que la edad del acorazado había llegado a su fin. Dos importantes naves enemigas habían sido destruidas y solamente se habían perdido cuatro aviones.​ Los miembros de la Fuerza Aérea en Tokio demostraron que el poder naval aéreo tendría un papel clave en la guerra naval.

La pérdida de la Fuerza Z dejó a la región sin ningún navío aliado de importancia capaz de hacer frente a los desembarcos japoneses, que se llevaban a cabo en todas partes. Singapur quedaba entonces como una base naval sin barcos que proteger, aunque en este momento era claro que el ataque japonés vendría desde tierra, atravesando Malasia. Una Malasia que los japoneses ocuparon en tan sólo 6 semanas, para vergüenza de los británicos.

El Primer Ministro británico Sir Winston Churchill fue informado en su cama del desastre. Más tarde escribiría en sus memorias:

“En toda la guerra nunca recibí un golpe más directo… No había navíos estadounidenses o británicos de importancia en los océanos Índico y Pacífico, excepto los sobrevivientes de Pearl Harbor, que se estaban retirando a California. En este vasto territorio de aguas, Japón era supremo y en todos lados nosotros estabamos débiles y desnudos.”

Con esta catástrofe naval para Inglaterra, que se cita de forma expresa en la novela de Alf Manz, las fuerzas británicas en Asia estaban desamparadas ante el poderío de Japón. En este punto, con el cerco japonés a Singapur, comienza la novela “La jungla en armas”, cuyo título coincide por cierto con el de una película de 1939, ambientada en 1906 en Manila, dirigida por Henry Hathaway y protagonizada por Gary Cooper.

El capitán John Stanley, capturado por las desalmadas tropas japonesas al mando del cruel comandante Yoshuka, es obligado a mirar mientras fusilan al Padre Ezequiel (un inocente misionero, amigo de John) y a varios huérfanos. Cuando cree que ha llegado su turno de morir, le informan que va a ser intercambiado por un espía japonés, prisionero de los ingleses.

De vuelta en Johore, con los japoneses rodeando a los ingleses, Stanley recibe un peligroso encargo: deberá hacerse cargo de una misión de infiltración en Malasia, para, con el único apoyo de un grupo de guerrilleros chinos, sabotear las posiciones japonesas en la retaguardia, y fomentar un ambiente de rebelión entre los nativos para cuando llegue el momento. Muy interesante que en la novela recibe como instrucción adicional que debe asegurarse de que los guerrilleros no se puedan atribuir el éxito de la operación, para impedir que pasada la guerra Malasia pueda lograr la independencia de Inglaterra.

Lo primero que hay que señalar es que nos encontramos con un protagonista completamente atípico. Stanley, de padre inglés y madre oriental, es leal al ejército británico, pero públicamente se muestra en absoluto desacuerdo con la política imperialista de Gran Bretaña, nación por la que se siente despreciado por su condición de eurásico. Este hecho es realmente inusual, pues en la novela popular el patriotismo de los protagonistas está siempre fuera de lugar.

Otro punto más espinoso, que a mi me resulta especialmente interesante, es la defensa que se hace en esta novela de la España de Franco, aprovechando cualquier excusa en el desarrollo de la historia. Este tipo de cosas era bastante habitual, especialmente en los años 50, aunque es cierto que en la editorial Rollán eran especialmente propensos a “hacer la pelota” al Régimen. Yo tengo una teoría al respecto, aunque reconozco que no tengo pruebas que me permitan confirmarla.

Si analizamos la nómina de autores habituales de Rollán, es fácil comprobar que un buen número de ellos eran personas que por diversos motivos habían quedado marcados por el Régimen de Franco, en ocasiones incluso con penas de cárcel por razón de su ideología. En este blog ya he hablado de algunos de ellos, entre los que claramente destaca Eduardo de Guzmán (Eddie Thorny/Edward Goodman), pero hay muchos otros ejemplos, como Alv Cortroa, Lewis Haroc, o C. Wheg Zheravla (Cristóbal Vega Alvarez), que escribía desde la cárcel, y mientras Manuel Rollán le iba anticipando dinero para pagar a su abogado.

proezas 31En resumen, Manuel Rollán Rodríguez tuvo el valor de dar una oportunidad de oro a muchos autores que habían quedado deshauciados como escritores, siendo privados por el Régimen de Franco del ejercicio de su profesión. Es de suponer que Manuel Rollán temiera llamar la atención del Régimen por este motivo, y la mejor manera de evitarlo era ser los más patriotas entre los patriotas. El hecho de que trabajaran “rojos” en la editorial no debía notarse en modo alguno, y por ese motivo la línea editorial era muy clara en la defensa del catolicismo y los ideales de Franco.

Como muestra, os dejo este fragmento de la novela objeto de esta reseña, en un momento en el que el capitán Stanley se enfrenta a sus superiores cuando le ofrecen ascenderle a Mayor, y éste lo rechaza, ofendido por el modo en que le tratan los ingleses por su condición de eurásico:

“¿Cómo puede compararse el imperio británico con el Imperio Español? En América, en África y en la misma Asia, estúdiese el caso de las Filipinas, los españoles consideraron hermanos a los indígenas, sin importarles la barrera del color, y legitimaron sus uniones como Dios manda, porque ellos eran católicos, la religión verdadera. Donde Inglaterra puso desprecio, amor turbio y avaricia, los españoles pusieron caridad, amor digno y generosidad.”

Entiendo que al lector actual le pueda parecer ridículo, e incluso deleznable, este tipo de panfletos, pero si uno es capaz de distanciarse un poco, y de analizarlo desde un punto de vista estrictamente sociológico, el tema es apasionante.